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lunes, 19 de enero de 2026

Por una cabeza

 Terig Tucci fue un notable músico argentino que acompañó con su orquesta  a Carlos Gardel  en las películas que filmó en Nueva York. También le transcribió al papel la música que creaba Carlos, y relataba así el nacimiento del ahora popularísimo: "Por una cabeza": 

-"Suena el teléfono a las tres de la mañana. Medio dormido levanto el receptor y oigo la voz de Gardel que me dice con evidente satisfacción:                                                                        -¡Ché viejo, acabo de encontrar una melodía macanuda para el tango "Por una cabeza".         Y procedió a cantármela ipso facto.

No sé si sería porque todavía no me había despertado del todo, que al oír por teléfono el fruto de mi inspiración, ni la melodía ni la letra me hicieron mucha impresión; y así se lo dije.            Algo amoscado Gardel me contestó con fina ironía:                                                                      -Mirá, Beethoven, vos te quedás con tus corcheas y semifusas, pero no te metás conmigo en asuntos de matungos.                                                                                                                                                                                    

 
                                  Alberto Castellanos, Terig Tucci, Gardel y Pettorossi. 
                                                    

Me causó gracia la comparación beethooveniana y comprendí que nadie como él -carrerista de caballos empedernido y dueño de un dispendioso stud- podía hablar con más autoridad de temas hípicos; nadie como él podía conocer la emoción de ver a su caballo llegar victorioso al disco, ni sentir desaliento por verlo flaquear en el momento mismo en que un esfuerzo supremo lo hubiese colocado en la categoría de ganador".

Como rezan los versos de Alfredo Le Pera para el tango que mezcla el amor y las carreras de caballos, musicalizado por Carlos Gardel:

Por una cabeza, de un noble potrillo
Que justo en la raya, afloja al llegar
Y que al regresar, parece decir
No olvides, hermano
Vos sabes, no hay que jugar
Por una cabeza, metejón de un día
De aquella coqueta y risueña mujer
Que al jurar sonriendo el amor que está mintiendo
Quema en una hoguera
Todo mi querer

Por una cabeza, todas las locuras
Su boca que besa
Borra la tristeza
Calma la amargura
Por una cabeza
Si ella me olvida
Qué importa perderme
Mil veces la vida
Para qué vivir

Cuántos desengaños, por una cabeza
Yo juré mil veces no vuelvo a insistir
Pero si un mirar me hiere al pasar
Su boca de fuego
Otra vez quiero besar
Basta de carreras, se acabo la timba
Un final reñido ya no vuelvo a ver
Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo
Yo me juego entero
Qué le voy a hacer

Por una cabeza, todas las locuras
Su boca que besa
Borra la tristeza
Calma la amargura
Por una cabeza
Si ella me olvida
Qué importa perderme
Mil veces la vida
¡Para qué vivir...!

La versión de Carlos Gardel es insuperable. Lo cantó en la película "Tango Bar", su película póstuma. Fue estrenada el 5 de julio de 1935, en Nueva York, pocos días después del accidente que le costó la vida. En Buenos Aires el estreno fue el 22 de agosto de 1935.

                                








viernes, 16 de enero de 2026

La milonga y yo

 La letra es de Leopoldo Díaz Vélez y la música de Tito Ribero (Alberto Amado Ribero).  La milonga y yo fue concebida a pedido de Tita Merello, que la cantaría en la película Esto es alegría. dirigida por Enrique Carreras y estrenada en 1968. Tito Ribero le puso música. El propio Leopoldo Díaz la cantaba con la orquesta de Armando Pontier en los bailes de Carnaval del Centro Lucense, en 1980. 

   Y es un tema más de Díaz Vélez dedicado al sitio donde se milonguea a tope. Algunas de sus creaciones que versan sobre el tema y que muestran su sensación al respecto, creo que quedan perfectamente claras: Muchachos, comienza la ronda, En el salón, A bailar el tango, Salimos a bailar, Mil novecientos diez, Muchachos se armó la milonga.


La grabó Tita Merello, acompañada por la orquesta de Carlos Figari, en 1968.



lunes, 12 de enero de 2026

A BUENOS AIRES



En tu baraje gringo, ciudad mía,
vas perdiendo tus zarzos y tu brillo
tu malevaje está en la taquería
y apolilla en orsay tu conventillo.

Sos cadenera flor sin berretines
que currás a los cuores con tu rango; 
Pero el choma que aceita tus patines
es canchero y varón, se llama tango.

Mis escoberos siempre harán candado
y en mi bobo de zurda sin falsía
aunque te dieron juego marquillado
pa' mi valés más que una maría.

Yo seguiré scruchando en tu lunfardo
sin monseñor, ni jirafa, ni bandera
mi voz altillera será el bardo
que te cante la rima más canera.

Cuando llegue el final, si la de blanco
me lleva con el cura antes que al hoyo,
que el responso sea en lunfa, así lo manco.
Yo no aprendí el latín, de puro criollo.

Y así estarás feliz, matina y sera,
más contenta que santo en la leonera.


EDMUNDO RIVERO





domingo, 11 de enero de 2026

A JARDÍN FLORIDO

Este valsecito folklórico tuvo mucha pegada popular  cuando lo interpretaron "Los del Suquía". Su autor, Raúl Fernando Montachini, nacido el 28 de Noviembre 1947 en El Arañado, Córdoba, fue cantor y compositor. Es el autor de varios clásicos del folklore, aunque ninguno llegó tener el éxito  de "A Jardín florido", que fue incluso interpretado por orquestas típicas.

Lo curioso es que "Jardín Florido", era en realidad un personaje cordobés llamado Fernando Albiero Bertapelle, muy popular en las calles céntricas de Córdoba por su elegante vestimenta a toda hora y por su talante piropeador a las mujeres que circulaban por la calle, cerca suyo. Allá por el año 1936 fue cuando la gente comenzó a observarlo con curiosidad por esa faceta tan extraña para la época.

                                                   

 "Jardín Florido"
                                                                     

Curiosamente, su manera de despachar piropos a la damas que encontraba en su trayecto no provocaba rechazo, por el contrario, ella sonreían por su desparpajo y manera de adularlas. Hubo que rebuscar en publicaciones antiguas para descubrir, en la revista "Mistura", que vivía en el barrio Alta Córdoba. Exactamente en la calle Antonio del Viso 738.

"Jardín Florido" trabajaba de camarero en Confiterías del centro de la ciudad cordobesa, al llegar desde su pueblo. Gracias a un político que conoció, logró ser contratado para esa misión en el Jockey Club de esa ciudad, que venía ser un refugio de la aristocracia cordobesa en aquella época. Y allí fue refilando su manera de andar por la calle luciendo sus "presuntos blasones".

Le gustaba salir siempre de frac, galera en la cabeza y un llamativo bastón cuya empuñadura era una bola de marfil. Pero también se enganchaba en la solapa un pequeño y llamativo ramo de flores, que completaban un perfil sumamente llamativo y del que derivaría su sobrenombre de "Jardín florido", tan conocido en toda la ciudad.

                                             


Y en su caminata por las calles no cesaba de piropear a las damas atractivas que pasaban cerca suyo, con frases únicas, distintas, elegantes y elogiosas. Lo conocían y en general aceptaban sus palabras galantes porque eran distintas, novedosas y pronunciadas de forma cariñosa, a la vez que tomaba con la mano su galera y la levantaba un poco, a modo de saludo. 

Con el tiempo fue progresando y se compraría un coche de lujo, al que le agregaría floreros a los costados. Fallecería en 1968, pero por mucho tiempo su figura quedó viva en la memoria de sus paisanos y en la de las mujeres que sonreían por su elegante estilo piropeador. 

El valsecito de Montachini lo recuerda siempre, algo que seguro, ni se imaginaría Jardín Florido. También tendría de título "Caballero de  ley".

Calle 9 de julio esquina Rivera Indarte,
corazón elegante de mi docta ciudad,
donde late la vida al compás de los gritos
de un lustrín y los versos de un cieguito cantor.

Con su paso altanero se acerca el viejecito
que guarda veinte abriles dentro del corazón.
¿Quién no lo conoce? Ahí va Jardín Florido,
en el ojal prendido su infaltable clavel.

El piropo elegante que el caballero brinda
a la cordobesita que acaba de pasar,
la niña se da vuelta y esboza una sonrisa
que es como una caricia para el galán de ley.

Pasaron muchos años y el centro de la docta
lo vio todos los días sus calles caminar
y se fue marchitando el clavel en su pecho,
a la Dama de Negro no pudo galantear.

Galantería fina, piropos respetuosos,
quedaron en el aire del centro cordobés
y un clavelito blanco se fue rumbo al olvido,
murió Jardín Florido, caballero de ley.


El conjunto folklórico cordobés "Los del Suquía", lo grabaron en 1971.

                         


      El Cuarteto de Punta y Taco, lo registró en forma instrumental en 1974 y se hizo viral en la milonga.   
                                             

                  

                                                 
                          


viernes, 9 de enero de 2026

De Caro recuerda a Cobián

 -Corre el año 1922.                                                                                                                                             

Como profesional y compositor, Cobián ha llegado al pináculo, ubicándose su nombre en lo más alto, con nuevas producciones que afluyen de su incontenible caudal. A "Mi refugio" le siguen "Snobismo" y "Almita herida", cantado por todas las bocas y difundido por todas las orquestas. 

Después de actuar en diferentes conjuntos (entre ellos el de Fresedo) Cobián forma nuevamente una orquesta propia, que integran: Pedro Maffia y Luis Petruccelli (bandoneones), Humberto Costanzo (contrabajo), Agesilao Ferrazzano y Julio De Caro (violines). Este debut se realiza en el "Abdulla Club" con un éxito sin precedentes. Amplía su conjunto, para grabar con Remo y Astor Bolognini. Y la verdad es que la orquesta de Cobián hizo época.

                                      

Juan Carlos Cobián

A fines de 1923  Cobián parte a Norte América para hacer flamear el tango con todos los honores que su gran maestría le prestase. Ejecutando también música de jazz. Y a fe que lo consigue ampliamente, no sólo como  artista de cartel, sino además con su proverbial caballerosidad, clase y desprendimiento de millonario; pues bohemio, tan pronto recibía su dinero, lo volatilizaba, arguyendo siempre que se practicaba un sólo lema: "Vivir y dejar vivir". romántico al extremo, su vida oscila afectivamente, muy a menudo, dejándole como saldo hondas heridas...

Regresa a la patria después de permanecer también en Europa algún tiempo, y actúa en radio "El Mundo" con el terceto nº1, integrado por él,  Ciriaco Ortiz y Cayetano Puglisi. Más tarde, en la misma emisora, lo hace con un gran conjunto, al par que inaugurando la boite "Charleston" de la calle Florida, centro de la flor y nata de nuestra sociedad.

Allí da a conocer "Nostalgias", tango suyo que traspasa fronteras en el orbe, pues su melodía es purísima, de diáfana inspiración, demostrando a las claras, que su producción jamás declinó. Le sigue "Nieblas del Riachuelo"... Casi todas sus obras llevan letras del extraordinario Cadícamo. Más no obstante poseer este fecundo patrimonio, comienzan sus actuaciones a verse entorpecidas y con ello... el vía crucis en el trabajo... De esto puedo hablar, por haberme ligado a él una estrecha e inalterable amistad.

Cobián enfrentó valientemente su mala racha tan injusta en este especial caso. Sus leales amigos, uno de ellos Carlos Muñoz (Carlos de la Púa), distinguido periodista, el que suscribe y otros, entre ellos Cadícamo, tratamos de abrirle una brecha para ubicarlo nuevamente dentro de su justo marco, pero por desgracia, sin conseguirlo. No encontrando eco en quienes pudieron respaldarlo artísticamente.

                               


 

Así pasó el tiempo, en un presente sombrío, que no pudo doblegar a Juan Carlos, sostenido en la esperanza de mejores alboradas. Y en esa gris espera, tan prolongada pero sobrellevada con altura, saboreando a solas sinsabores y penurias... llega para él la hora de su liberación material, el 9 de diciembre de 1953, encontrándose a su lado, Juan Carlos Lamadrid, Martínez y el que suscribe. 

Tocándome a mí, recoger su último suspiro, por haberse alejado del lecho por instantes, los comunes amigos. Debo destacar como justo recuerdo, cuánto se preocupó Juan Carlos Lamadrid, en esas tristes circunstancias, evidenciando una vez más sus sentimientos hacia tan carísimo amigo. Durante esos días no se despegó de Cobián.

No olvidaré las noches en que solíamos ir a comer los tres juntos, cuando Lamadrid trataba de infundirle buen ánimo, sabiendo de las vicisitudes que pasaba Cobián en tan especial momento. Debo agregar que Lamadrid, atento al aniversario de la muerte de Juan Carlos, se ocupa personalmente de que se le rinda homenaje a su querida memoria.

(Del libro de Julio De Caro: "El Tango en mis recuerdos".)

 

lunes, 5 de enero de 2026

Las noticias del día.

 

            





Cambalache

 Si Discépolo levantara la cabeza y viera lo que está pasando en el mundo, reescribiría este tango inmortal que siempre nos  despertará y nos mostrará las tremendas realidades que nos despiertan cada día. Las interminables guerras, los dirigentes incapacitados o destructivos, las invasiones de países para apoderarse de sus riquezas. O lo último del Presidente de Estados Unidos, tomando prisionero al Presidente de Venezuela y, descaradamente, yendo a apropiarse de las riquezas de su país.

En su magistral tango "Cambalache", compuesto en 1934, define muy bien los horrores de su época y retrata al siglo veinte como un modelo de maldades, la mezcla de calamidades y muestra como los seres humanos son manoseados y explotados sin vergüenza ni conmiseración. Y en las primeras dos sílabas de su poema, lo deja bien claro. Muy claro.

Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé
En el quinientos seis y en el dos mil también
Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos
Contentos y amargados, valores y dublés.

Hubo una lucha entre Luis César Amadori y el productor cinematográfico Ángel Mentasti por el estreno de este tango. Y la pulseada la ganó Amadori. El primero quería estrenarla en su película "El alma del bandoneón" que se estrenó en febrero de 1935. Pero Amadori le propuso un debate entre ambos, y mientras ello sucedía, La "Negra" Bozán lo estrenaba en una revista musical "Esmeralda al 4000".
                                    
                              


Cambalache se convertiría en un símbolo de lo que era corrupción pública, por lo que sucedió con los gobiernos de aquellos años. Y pese al tiempo transcurrido, el mensaje discepoleano no pierde fuerza ni se difumina en el olvido. Por el contrario, permanentemente podemos retrotraernos a sus versos para retratar tantas maldades insolentes, como él decía. Y seguimos revolcaos en un merengue...

Pero que el siglo veinte es un despliegue
De maldad insolente, ya no hay quien lo niegue
Vivimos revolcados en un merengue
Y en un mismo lodo todos manoseaos

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor
Ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador...
Todo es igual, nada es mejor
Lo mismo un burro que un gran profesor.

Hoy  podemos indignarnos por las actitudes prepotentes de Trump, pero los argentinos también hemos pasado por momentos muy duros, difíciles, cargados de corrupción y gobiernos ineptos y por eso Discepolín se convierte en un relator histórico, dado que su tango perdura después de casi un siglo de su estreno. Por lo que encierra, simbólicamente, que toda Sudamérica lo ha vivido en algún momento.

No hay aplazaos ni escalafón
Los inmorales nos han igualao
Si uno vive en la impostura
Y otro roba en su ambición
Da lo mismo que sea cura
Colchonero, rey de bastos
Caradura o polizón

¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón!
Mezclao' con Stavisky van Don Bosco y La Mignon
Don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín
Igual que en la vidriera irrespetuosa
De los cambalaches se ha mezclao' la vida
Y herida por un sable sin remache
Ve llorar la Biblia contra un calefón

Todos los que nombra fueron personajes famosos. Algunos, delincuentes, otros boxeadores, militares, el "Al Capone argentino" y, en general, monta un cambalache de figuras que ornamentan el tango. Y cuando vivimos esta historia actual de Donald Trump y sus deseos de ser el Rey del planeta, nos viene a la memoria el gran Discépolo y qué versos maestros se podría mandar con este peligroso personaje.

Siglo veinte, cambalache, problemático y febril
El que no llora no mama y el que no afana es un gil
Dale nomás, dale que va
Que allá en el horno nos vamo' a encontrar
No pienses más, sentate a un lao'
Que a nadie importa si naciste honrao'
Es lo mismo el que labura
Noche y día como un buey
Que el que vive de los otros
Que el que mata o el que cura
O está fuera de la ley.


Podemos escuchar a Julio Sosa, con la orquesta de Armando Pontier, interpretando el tango de marras. Lo grabaron el 25 de febrero de 1958.

                                 


                              

La sensibilidad vs. El virtuosismo

 


Que se busca en la música? La mujer podrá buscar el placer de escuchar la música, pero deberá buscar la música no en el aire, sino dentro del hombre. Cada bailarín contará una historia diferente con un mismo tema. Cada hombre siente y escucha distinto. Y lo que cada mujer responde y expresa es único. Tal vez por eso la sensibilidad y el descubrimiento en el tango no tiene límites.

Cuando el hombre sigue a la música, el tiempo fuerte de un tango se escucha muy claro, pero a veces ese instrumento que lo lleva (comúnmente el bandoneón o el piano), puede dejar paso al llanto de un violín, o cambiar la respiración gimiente del bandoneón y su ritmo estirado. Cada persona escuchará diferente, eso es cierto, pero el músico y la música nos cuentan cosas, habría que escuchar, no solo en sus tiempos fuertes, y ver si nos pide pasos marcados y figuras todo el tiempo; o si nos sugiere un silencio, un ralentizar del paso, marcar con suavidad o buscar la pasión en el siguiente compás.

Pisar en la estructura métrica musical no es suficiente. Técnicamente quizá se puedan meter más de tres pasos en un tiempo, pero tal vez habría que buscar algo que nos conmueva en la música y luego medir la velocidad. Encontrar la conexión de la compañera, o compañero tanto en un paso, como en un silencio. En el tango como en la vida, la cantidad, no es necesariamente calidad. Creo que cuando se escucha más, uno puede elegir mejor la elección de un paso adecuado. Como si la música nos dijera que paso usar. Es por esto que las estructuras coreográficas no sirven a no ser que bailemos siempre el mismo tema.

Imagino en un mundo ideal, a todos los hombres que guían la danza, teniendo posados sobre los hombros, como voces de la conciencia, dos pequeños angelitos dibujados por Sábat: un Pichuco de un lado y un Pugliese del otro. Ya ellos nos dirán que hacer. Y por supuesto, la mujer agradecida.

(Extracto de una nota de Manuel González)