domingo, 1 de julio de 2012

Gavito

Murió en su ley: bailando tango hasta el final. Se había criado en la Avellaneda provinciana, calles de tierras, zanjas llenas de agua estancada. Había vendido diarios, estudiado el bandoneón, trabajado en pozos de petróleo en la Patagonia y a los 17 bailaba el rock sin parar, eléctricamente.

El baile, le tiraba el baile, presentía que ésa sería su vida. Bailar.

Y bailaba tango en Comodoro Rivadavia con una profesional de la noche y el espectáculo.

Después se enloquece viendo bailar en Unidos de Pompeya a Tin, un reo de ese barrio que baila el tango en alpargatas, pero ¡Cómo lo baila! era una luz de rápido. El mismo que estaría en televisión con Eduardo Arquimbau. Lo quiso imitar. Y corría en la pista. Una noche el viejo Márquez le tiró del saco y lo paró. "Pibe, al tango hay que esperarlo". Gavito no entendió el mensaje.

Tres años después se lo encuentra bailando en Almagro. Se le acerca y : "Maestro...". Éste lo ataja y le dice: "Venís a preguntarme qué hay que esperar? -Gavito se queda helado- "...¿Qué hay que esperar?  Que la música te llegue a vos. No la corras".

Inolvidable lección que aplicó de ahí en más llegando a ser el maestro de los adagios, de las cadencias, del silencio de la música.                                                                      

Tuvo profesores, entre otros el genial Alfredo Alaria que le enseñó infinidad de cosas sobre el baile: la prolijidad, las rodillas, la posición, los pies.

Y se convierte en bailarín de Miguel Caló que le enseñó a escuchar a los instrumentos, durante el baile. Después los viajes, por más de 90 países. Se casa con Mirta que tiene 17 años, él 25 y bailan por todo el mundo. Cuarenta años viajando y bailando. Hablaba 4 idiomas, además del suyo y chapurreaba otros.  Compartió escenario con Bob Hope, Charles Aznavour, Johny Holliday, Roberta Flack.

Se separan amistosamente con Mirta. Baila folklore con boleadoras, Bagdad, Teherán, Arabia Saudita, Kuwait, Dakar;  se casa con Helen Campbell, tiene una hija en Escocia...seguirá viajando... Y alcanzando por fin su estilo, con Hellen.

Y el mundo lo admira y lo aplaude como el gran bailarín del tango. Carlos Gavito dejá su máxima: "Cuando el hombre baila, ella debe ser la reina, sólo así él podrá ser el rey".

Julio Fernández Baraibar contará sus experiencias en la milonga, cuando ya es el bailarín admirado por todos y Gavito entra, saluda y se queda sentado, con los amigos.

"Recién cuando la pista comienza a tener espacios en blanco, cuando los novatos se han retirado, cuando nadie baila a contramano ni hace pasos que molesten  a las otras parejas, a eso de las tres y media de la mañana,  Gavito sale a bailar".

El espectáculo Forever tango con él de figura tuvo una duración impresionante en Broadway. Y se exhibieron en numerosos países con gran éxito. Pero en sus retornos, seguía siendo el amigo de sus amigos milongueros en Sunderland, La Ideal, Niño Bien o Cánning.

Confesaba: De “Forever Tango” siempre fui el menos aplaudido, pero yo terminaba de bailar y la gente se iba al baño a llorar.

El cáncer de pulmón lo fue carcomiendo y murió en el 2005 con 62 años. Helen y Evita estuvieron a su lado en el final.

Quiero recordarlo en Forever Tango, con Marcela Durán bailando: A Evaristo Carriego. Para que lo que vean como  bailarín de espectáculo. Pero Gavito siempre se reconoció más como milonguero que como bailarín. Y yo.
   

                                      






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