viernes, 31 de mayo de 2019

Varchausky y Gobbi

Ignacio Varchausky: "La orquesta de Gobbi es la gran Enciclopedia del tango"

El músico revela los pormenores del material que dio origen a Gobbi inédito, el nuevo disco de la Orquesta Escuela Emilio Balcarce. Particularidades e influencias de la obra del mítico compositor y director.
                              
 

 En la gala de graduación de su decimocuarta camada, la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce interpretó diez temas recuperados de uno de los músicos más influyentes y maravillosos que dio el tango: Alfredo Gobbi. Producido por Ignacio Varchausky, fundador y director artístico de la formación, que está dirigida por su titular, Víctor Lavallén, y con la participación como invitado de Osvaldo Piro, la noche prometía ser inolvidable.
El disco ya lo es. "La escuela (que depende de la Dirección General de Enseñanza Artística del Ministerio de Cultura de la Ciudad) existe hace 18 años –explica Varchausky–. Desde el principio hemos tratado de codificar los elementos musicales y estilísticos que hacen al género, específicamente al lenguaje de la orquesta típica. Todos los capos con los que pudimos contar siempre pusieron todo su conocimiento,  herramientas y archivos personales para que pudiéramos acceder a esos materiales, y transmitirlos a las nuevas generaciones”.
El contrabajista y director de El Arranque agrega: "Estudiar los estilos de las orquestas es la excusa para que los nuevos músicos pudieran practicar y entender el vastísimo repertorio de articulaciones y herramientas que tiene el tango. En ese contexto, la típica de Gobbi siempre fue la orquesta de todas las orquestas.  Para muchos músicos del tango la orquesta de Gobbi es la gran enciclopedia del tango. Eso se debe a que no maneja una estructura mecánica que repite siempre los mismos elementos, sino absolutamente lo contrario: incluye elementos que tienen otros como D’Arienzo, Di Sarli, Pugliese, Piazzolla, y al revés: ellos incluyen elementos de Gobbi en sus orquestas. Escuchás la orquesta de Gobbi y es un sinfín de sorpresas, de detalles que te puede llevar toda una vida descubrir. Todo está en su lugar correcto y en su justa medida”.
                              

La fascinación de quien conduce desde hace años Ayer hoy era mañana (de lunes a jueves a las 23, FM 92.7), cuando uno escucha el disco se convierte en sentido de realidad: es de una exquisitez tan singular como la del mismo Gobbi, de quien se contó que era capaz de tirarse al piso para marcarle el movimiento y el apoyo de pies a los pianistas. "No es que nunca habíamos estudiado a Gobbi, por el contrario. Pero teníamos estas grabaciones tocando el piano a través de acetatos originales de la época; incluso hoy están en YouTube. Ese material lo presenta tocando otro instrumento, abajo del escenario, debajo de los estudios de grabación comerciales, tocando un instrumento que no era realmente su instrumento, contando cómo había compuesto sus temas; era la intimidad más pura, irreductible. Y nosotros hicimos nuestro mejor esfuerzo para tratar de respetar esa intimidad".
Ese mejor esfuerzo consistió en varios músicos puestos a transcribir en partituras lo escuchado, para pasárselas a otros, que desde su propia escucha aprobaban, sugerían o modificaban lo que el colega había escrito para que luego eso pudiera ser grabado en Gobbi inédito. "Creo que lejos de armar un sonido enorme, brillante, nos acercamos a la idea que tuvo el propio Gobbi. Y los temas orquestales van de la mano".
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Varchausky resume su satisfacción como académico y docente. "Cualquier persona que dedica buena parte de su vida a investigar una temática o un personaje tiene una vinculación, por un lado intelectual,  por otro emotiva, pasa a ser parte de su vida: estas grabaciones me acompañan en su formato original desde hace 20 años. Que esté de por medio toda la juventud, la escuela Balcarce con alumnos y alumnas logrando un producto musical tan profesional es conmovedor. Significa un montón de cosas para la música argentina, para una tradición que pasa a otra generación, para la idea de que con un buen plan de trabajo las cosas salen bien". «
Por Belauza -TIEMPO ARGENTINO - (18 de noviembre de 2018)



      

jueves, 30 de mayo de 2019

Bajo un cielo de estrellas

Los valsecitos le han dado un ingrediente vital al mundo del tango. Por su musicalidad, su bailabilidad y algunos versos que se han quedado instalados en el corazón de tangueros y milongueros de ambos sexos. Esos valsecitos que canturreaban las muchachas mientras fregaban la ropa o lavaban los utensilios de cocina. Que se escuchaban en cafés y fondas de los barrios, interpretados por fueyes, guitarras y cantores anónimos. Y se silbaban por las calles.

Hay innumerables ejemplos de este género que se han extendido a diversos países del mundo, porque los pinchadiscos de turno, siempre deben tener un stock oportuno para introducirlos en las tandas que separan la polenta intrínseca, emotiva, de los tangos, ingresando la cuota necesaria de ritmo y alegría vivificantes que se advierte en los giros y sonrisas de los bailarines moviéndose al compás de un valsecito..

                                 
En aquella hornada impresionante e irrepetible de los años cuarenta, germinó Bajo un cielo de estrellas. Con los versos tan emotivos y nostálgicos de José María Contursi y la música que ostenta una sensibilidad rítmica y melódica que le da alas a la letra, la va envolviendo e iluminando, y a la vez devolviendo una época que caducó pero que dejó huella en el poeta y también en todos nosotros.

Mucho tiempo después de alejarme
vuelvo al barrio que un día dejé
con el ansia de ver por sus calles
los viejos amigos y el viejo café...
En la noche tranquila y oscura
hasta el aire parece decir:
"¡No te olvides que siempre fui tuya
y sugo esperando que vuelvas a mí!"

¿Quién no ha pasado por una situación así? El regreso al pasado, la  alquimia de aquel romance iniciático con su temperatura emocional, las rememoraciones semicaóticas, esa casa cuya puerta está  fijada en la memoria, la reverberante chatarrería sentimental... y toda la liturgia del recuerdo desteñido ante la vista actual de aquellas calles, del viejo café conde se reunía la barra de amigos, las anécdotas, vendaval de ilusiones y las frases que se fueron quedando grabadas para siempre....
José María Contursi

En esta noche vuelvo a ser
aquel muchacho soñador
que supo amarte
y con sus versos te brindó sus penas...
Hay una voz que me dice al oído:
"¡Yo sé que has venido por ella...por ella"
Qué amable y que triste es a la vez
la soledad del arrabal
con sus casitas y sus árboles que pintan sombras...
sentir que todo, que toda la nombra,
¡qué ganas enormes me dan de llorar!

La vista de las cosas que quedaron atrás y ya no pueden volver duplican la persuasión de estar ausente. La noche tibia que se insinúa en la penumbra deja paso a la revelación que  traen esos escenarios particulares, llenos de fantasmas, de sueños, ronda de voces y emociones. El corazón  guarda una sustancia especial, el temblor de una pasión, palabras derramadas convertidas en cenizas... Y en esas calles que le devuelven viejos sueños, él intenta espantar aquellos recuerdos..

Bajo el cielo cubierto de estrellas
un fantasma parezco al pasar;
no he de verme jamás con aquella
que tanto me quiso ¡y hoy debo olvidar!
en la noche tranquila y oscura
hasta el aire parece decir:
"¡Para qué recordar que fui tuya
si yo ya no espero que vuelvas a mí!"

Lo grabó Miguel Caló con su nueva orquesta y el cantor Alberto Podestá, el 12 de marzo de 1941. Hacía cerca de 3 años que Caló no grababa y éste fue su primer registro en 1941 y el debut de Podestá, que venía de San Juan y tenía entonces ¡16 años!

                                        

                              

                                     

martes, 28 de mayo de 2019

BIEN MILONGA

            El tango es el tango... no hay vuelta que darle
            con cuello o pañuelo, lo mismo es gotán,
            que el traje no dice la estirpe del rango
            ni gesto guarango pinta el arrabal.
            
            El tango es el tango... por más que le pongan
            ribetes compadres o cintas de amor.
            El tango es el tango si tiene milonga
            no importa que sea de ayer o de hoy...
                         Juan B. Gatti


Los martes madrileños son más lindos en las nochecitas de BIEN MILONGA. Porque desde las 21 a las 0 horas, con una música que te incita a milonguear, y que selecciono especialmente, le damos cuerda a los remos y al cuore en la pista de la Casa de Aragón (Pza. República Argentina nº 6). Con Charo atendemos especialmente a los amigos entrañables que nos visitan cada semana.

                                           
Y como precalentamiento, nos damos una vuelta por esas milongas donde están de moda las exhibiciones de distintas parejas. Como por ejemplo, la que integran Soledad Rivero y Lucas Páez que en este tour por Francia, se lucen al compás del tango Quejas de bandoneón, que interpreta el quinteto dirigido por Daniel Binelli .

                                         
Un saltito a Zagreb (Croacia) para ver en el Festival de Tango de dicha ciudad, realizado en el Hotel Esplanade, a Sebastián Achával y Roxana Suárez. Los mismos se hacen  aplaudir  girando al compás del Valsecito criollo, por la orquesta de Juan D'Arienzo.
                                        

 Y nos vamos despidiendo, al paso por Helsinsky -Finlandia. Por esos lares están exhibiéndose Roberto Zucarino y María Ester Bogado, que, acompañados por el Ville Hitula Quartet, se mandan a la pista con esta Milonga de mis amores.

                                         

Ahora nos toca a nosotros exhibirnos en la velada de questa notte y... ¡chau pinela!
       

sábado, 25 de mayo de 2019

Roberto Goyeneche


"El arrabal ha muerto"  

Cuando empieza a cantar, alza la mano derecha a la altura de la mejilla y mantiene el micrófono en la izquierda, frente a los labios; fraseando cuidadosamente, modulando con empecinamiento cada silaba; inmóvil, agazapado en el centro del escenario. Pero la quietud no dura. A medida que desgrana la primera canción de la noche, entra en calor y camina de un extremo al otro del escenario, gesticulando; elude por momentos la luz de los reflectores, acerca el micrófono al bandoneón sobre el que Ernesto Baffa se adormece, tenso, con "El motivo" y dice la frase final, desatando un estallido de aplausos. Después, ya no elige el repertorio. Para seguir manteniendo el nervioso entusiasmo del público se dedica a complacer los pedidos más numerosos o estentóreos que, invariablemente, brotan de la oscuridad. Finalmente, secándose el sudor con un pañuelo, entrega el micrófono a uno de los integrantes del quinteto. Sin embargo, debe permanecer en el escenario: no son necesarias demasiadas protestas para que desgrane un último tema y pueble el silencio casi religioso de Caño 14, uno de los más antiguos reductos tangueros de Buenos Aires. 


Allí, Roberto Polaco Goyeneche (44, dos hijos) desempolva este espontáneo rito, dos veces cada noche, colmando las apetencias de un público que lo identifica, cada vez más, con el arquetipo del cantor de tangos. Es que este porteño, nacido en el barrio de Saavedra, que desde los once años participó de cuanto concurso de cantores tuvo a mano, hizo sus primeras armas como profesional en el conjunto de Raúl Kaplún, para recalar finalmente en la orquesta de Aníbal Troilo, se ha convertido en el candidato obligado para ocupar el lugar que, en la imaginería popular, dejara vacante, a su muerte, el uruguayo Julio Sosa. Una condición de ídolo que Goyeneche niega sin demasiado entusiasmo pero que SIETE DIAS pudo palpar, la semana pasada, cuando, entre las once y media de la noche y las siete de la mañana, deambuló con él por la ciudad, aquilatando la expectativa que lo rodeaba y el fervor que acompañó sus dos presentaciones en el sótano de la calle Talcahuano.

NI GUAPOS NI FAROLES
Dogmático, apasionado a veces, aunque extremadamente cauto en sus opiniones sobre la gente del ambiente tanguístico, exhibe, sobre todo, una empecinada vocación ("Si yo no hubiese cantado tangos —calcula—, el sueño de mi vida hubiera sido hacerlos") y un perfeccionismo a toda prueba. "Nunca me dejan satisfecho mis grabaciones —confiesa—. Pienso que el que se siente realizado se estanca, se mecaniza, no brinda todo. Y en este asunto de cantar, como en cualquier orden de la vida, eso es importantísimo". 

Lo cierto es que tal vez haya sido esa insistencia, esa búsqueda constante del matiz ideal para cada canción, para cada frase, lo que ha contribuido a imponerlo con un repertorio que cualquier entendido rotularía "difícil". Porque desde 1962, cuando abandonó la tutela de Pichuco para presentarse como solista, Goyeneche se empeñó en acentuar su preferencia por una línea melódica que, hasta entonces, había obtenido escasa repercusión popular. "Mi orgullo es un repertorio que no habla de faroles ni de guapos —descarta—. Es que el 99 por ciento de los chicos de ahora ignora el significado de gerla, manroca, postalina. Estamos en otra época y, de alguna manera, el arrabal ha muerto. No quiero decir que el tango haya cambiado (siempre hubo temas de mucha calidad), sino que yo constantemente busqué tangos que tuvieran poesía" - filosofía-.

Por eso no extraña que a la hora de nombrar poetas se agolpen los nombres de Alfredo Le Pera, Homero Manzi, Cátulo Castillo, Homero Expósito o Enrique Cadícamo, ni que sus tangos predilectos sean El motivo, Mimí Pinzón, Fuimos. En cuanto a músicos tampoco duda. "La línea más importante se llama Aníbal Troilo —dogmatiza—. Fijate: María, La última curda, Garúa, Romance de barrio. ¿Qué te parece?"

Faltan pocos minutos para la una de la mañana y Atilio Stampone, pianista del quinteto que lo acompaña, da la señal para iniciar la primera entrada. En veinte minutos interpreta seis temas y llega al bar esquivando las manos que se alargan en la oscuridad para retenerlo, cuando todavía no se han apagado los aplausos que coronaron Balada para un loco. "Este Piazzolla es un tipo fabuloso —se exalta—. Un hombre llamado a sacar orejas del burro. Un desasnador sensacional que está tocando en el año 3000, no en el 2000. Por eso me da risa la gente que dice: Cuando Piazzolla toca un tango nadie puede reconocerlo. ¿Cómo que no pueden reconocerlo? Lo que pasa es que nuestra cultura musical está bastante baja. Todavía nos falta mucho". Y se consuela: "Bueno, no hay que olvidar que somos un país muy joven".
                            
Goyenehe y Piazzolla

 Hijo de un músico —Roberto Goyeneche, autor de tangos que todavía mantienen su vigencia: Pompas de jabón, El metejón, Yo te perdono, De mi barrio—, el Polaco no olvida que la búsqueda formal encarada por su padre (determinó que, en su tiempo, se lo conociera como "el de los acordes japoneses"; por eso, en parte, R.G. siente la obligación de solidarizarse con los innovadores. "Claro que me gustan Los Beatles —sorprende—. Me gustan porque tienen calidad. Es cierto que por ahí andan en la tapa de un, long play caminando descalzos por la calle y yo a esa metáfora no la entiendo; pero musicalmente son genios. Lo que pasa es que detrás de ellos hay una pila de imitadores que no son otra cosa que anormales con matrícula, y, parte de la juventud los apoya. Pero lo que no se sabe es que a mí también me vienen a ver chicos que tienen nueve o diez años. Y ésa es gente que dentro de unos años va a estar en lo mío."

LA TUEROUITA DE GARDEL
"Contale lo del Martín Fierro", lo insta José Tiscornia, un hombre que frecuenta el ambiente tanguero desde hace 35 años; tiempo más que suficiente como para andar "chivo con el Sol y ser amigo de la Luna", según repite a cada rato. "Cierto, en 1968 me dieron el Martín Fierro al mejor cantante del año —lo complace Goyeneche—. La primera y única vez que ese premio lo gana un cantor de tangos." Es que aparte de sus presentaciones diarias en Caño 14, dos programas de televisión lo cuentan entre sus atracciones; trajín que, agregado a sus escapadas al interior, actuaciones teatrales y regalías discográficas, le permiten redondear unos 3.400.000 pesos viejos mensuales, cifra de la que debe descontar la comisión del representante y el honorario de sus músicos. "Claro que gano guita —confirma—, pero no la que la gente cree que gano. La gente se cree que yo gano 30, 40 millones de mangos y eso no lo gana nadie. Pero así también se va." Nada más exacto. Generoso y despreocupado, no es mucho lo que ese respetable ingreso le permitió acumular: apenas un par de propiedades y un Chevrolet Impala que lo enorgullece: "Me costó cinco palos y medio".

No fue siempre así, por supuesto.
"Tuerca de alma" —así se define—, trabajó como chofer de colectivos, camiones y taxis, aparte de militar en las huestes de un taller mecánico. "Cuando cantaba con Horacio Salgán, era taxista —memora—. No te olvidés que en ese tiempo con la música no se ganaba un mango y había que parar la olla. Fue a mediados de la década del 50 —cuando se incorporó a la orquesta de Troilo— que las cosas mejoraron, no sólo desde el punto de vista económico, sino fundamentalmente profesional. 

El Polaco y Pichuco

"Es que yo nunca estudié canto —se despreocupa—. Para mí, la música son pajaritos parados en un alambrado y, en ese sentido, el gordo Pichuco me enseñó mucho. Me enseñó a cantar las comas, los puntos, a no acentuar equivocado. Vos decís, por ejemplo, ... sueño con el pasado que añoro y es sueño con el pasado que añoro. Cosas que uno aprende escuchando hablar a Aníbal Troilo, quien, además, canta muy bien. El te dice: Pibe, escuchá esto y vos lo aprendés. Aprendés el idioma, el chamuyo." Una pasión por su maestro que no le impide considerar la existencia de nuevos compositores y letristas de calidad. "Y cantores también —se impacienta—. Sin ir más lejos, acá, en el Caño, hay un pibe —Rubén Juárez— que es un fenómeno. ¿Y quién lo conoce? Pero de aquí a un año lo van a conocer todos y de aquí a dos años les va a romper la cabeza a todos."

—¿Empezando por Gardel? . ..
—Gardel, no, dejalo. Gardel no era un cantor de tangos. Era un mecano, un robot que tenía tuerquitas, resortes. No se puede cantar como cantaba ese tipo. Fue el cantor más grande del mundo. Mirá: decían que pronunciaba mal, que decía targo, por ejemplo. Pero también decía tango. Lo que pasa es que reemplazaba la ene por la ere para aprovechar el aire. Una cosa que se descubrió hace poco y que él la sabía de antes. Hay una grabación, no sé si de Beniamino Gigli o de Enrico Caruso, que dice "Ura furtiva lágrima", en lugar de "Una furtiva lágrima" y ahí nadie tiró la bronca, no había defecto de dicción. Gardel fue un superdotado al que Dios le dijo: "Vaya y cante".

LOS CABALLOS Y LOS BOMBONES
A las tres y media de la mañana termina su segunda y última presentación. Deambula un rato por el local. Le cuenta un chiste a Nelly Vázquez y busca, después, el frío de la calle Talcahuano, donde tropieza con una joven que viste maxifalda. "Pero mirá cómo le queda —lloriquea, viéndola irse—. ¡Es horrorosa! Yo prefiero una minifalda chueca que una maxi con piernas hermosas. Por lo menos veo lo que pasa. Además, el que inventó esa moda debe ser un puritano, un chupacirio, un hombre que aborrece a la mujer. En serio, no le pueden gustar las mujeres. Los amigos lo deben llamar "Juanita" o "Martita."

Un grupo de trasnochadores lo rodea festejando sus palabras. Firma un par de autógrafos y gana la protección de un bar de la calle Charcas. "Esto me hace acordar cuando cantaba con Salgán —revive encaramado sobre un taburete—. Estábamos en uno de esos pueblitos perdidos cuando viene alguien y me dice: Mire Goyeneche, yo soy hincha suyo a muerte. Tengo todos los discos que grabó. Todos, todos. Me falta uno solo: Alma de loca. Yo recién empezaba y era el único que tenía grabado."


De alguna manera, la hora afloja las inhibiciones y el cantor acepta, por primera vez en la noche, intentar definirse con un poco de melancolía. "Todo lo que sé me lo enseñó la vida, la calle... —filosofa—. Me quedé sin padres cuando era muy chico: son situaciones espirituales que golpean. Pero no me puedo quejar. La gente me conoce, no sólo como cantor de tangos, sino como hombre de bien. Un tipo al que no le gusta la grosería ni es fanfarrón."

Enciende un cigarrillo y muestra, como disculpándose, sus dedos manchados de nicotina. "Por eso, si estoy en una reunión donde hablan de física nuclear —retoma—, un tema del que yo no sé nada, me callo la boca y escucho para aprender algo. ¿Sabés que hay gente que cree que el hombre no llegó a la Luna? Es que los caballos no comen bombones. Son los mismos que dicen que este país es una porquería. ¡Pero si es el mejor país del mundo! Y ni hablar de esta ciudad: si no existiera y hubiera que construir una, teniendo en cuenta el gusto de cada individuo, te juro que la íbamos a hacer más o menos aproximada a la actual." Se levanta, paga la cuenta y camina hacia la puerta. "Cómo será de bueno este ispa que de día lo rompemos y a la noche, mientras dormimos, se compone solo —exagera—. Vamos a tomar un café por ahí. Me encanta ver cómo se arregla."


Revista Siete Días Ilustrados
28.09.1970
  
NOTA: Vale la pena aclarar que Roberto "Polaco" Goyeneche no era hijo ni tenía vinculación alguna con el pianista y compositor Roberto Goyeneche, como cita, erróneamente el periodista en la nota.