sábado, 31 de enero de 2015

BIEN MILONGA

El tango nació como danza, antes de que se consolidara la música del género como tal. Eran los bailarines quienes impulsaban a los empíricos músicos de la primera época, para que siguiesen con ritmo sus evoluciones danzantes. La poesía del tango llegó dos décadas más tarde, incluso, cuando Pascual Constursi la instituyó con Mi noche triste.

La danza es una de las tres patas del tango, pero es el basamento sobre el cual se ha ido erigiendo el edificio instrumental. Con la aparición de músicos de conservatorio y poetas de alto vuelo, se consolidó finalmente este género musical que ha tenido y tiene protagonistas de bien ganado prestigio en las tres ramas del mismo: Música, danza, poesía.

                                       


Como la lluvia fina ha ido calando despacio pero sin tregua, y como decía Manuel Romero en su tango La canción de Buenos Aires:

Este es el tango, canción de Buenos Aires,
nacido en el suburbio, que hoy reina en todo el mundo... 

Lo escribió en 1933 y el tiempo le ha dado la razón. Porque hoy se baila prácticamente en el mundo entero y lo ejecutan músicos de todas las procedencias. Y yo que empecé a bailarlo a los 14 años y en plena juventud recorrí las mejores milongas porteñas, que alterné con los grandes del tango en noches interminables e inolvidables, sigo tirando del hilo con las grandes obras que nos legaron aquellos músicos, poetas y cantores. Y BIEN MILONGA es el refugio donde lo bailamos bien debute.

                         
                                   
Y para ir calentando motores con vistas a la milonga de esta noche, nada mejor que ver, por ejemplo, a la gran Alejandra Mantiñán bailando con Martín Ojeda, en Aló Lola, uno de los buenos lugares para zambullirse en  las noches porteñas. Bailan el tango En tus brazos, de Carlos Zárate y Marvil (Elizardo Martínez Vilas), por Alfredo De Angelis con el cantor Oscar Larroca.


                                                 

                              

viernes, 30 de enero de 2015

Armando Pontier

Hoy vuelvo con este excelente instrumentista de bandoneón y enorme compositor que ha dejado un largo collar de perlas en la discoteca tanguera. Títulos que bastarían para ponerle el cartel definitivo de Grande. Es más, yo creo que no se le han reconocido totalmente sus enormes méritos en tal sentido, aunque sí se le haya enaltecido como músico, porque lo demostró sobradamente en la Orquesta de las estrellas de Miguel Caló, en la que formó con Enrique Mario Francini, en la suya propia, y en la que sirvió para acompañamiento y lucimiento de Julio Sosa, a quien apoyó cuando era un perfecto desconocido en Buenos Aires y lo descubrieron en un café del barrio de Chacarita por recomendación del poeta y recitador  Raúl Hormaza, incorporándolo a la orquesta que formaba con Francini.

                                                 


Pontier se llamaba Puntorero y su padre italiano, le compró un viejo bandoneón medio escashato, en aquellos cambalaches de la calle Libertad donde se vendían todo tipo de objetos y prendas de segunda mano e anche piú. Con él aprendió a manejarse en el Conservatorio Iberoamericano de su pueblo bonaerense de Zárate. El músico alemán Juan Ehlert que había anclado por ese lugar a orillas del Paraná al enamorarse de una joven de la localidad, los fue juntando a todos los chicos jóvenes e integró con ellos una orquesta (Francini, Stamponi, Cristóbal Herreros, Pontier) que llegarían a Buenos Aires para actuar en la famosas Matinées de Juan Manuel.



Allí los escuchó casualmente Miguel Caló que estaba en el estudio acompañando a Elena Lucena y los contrató a todos. A Pontier debió esperarlo que terminara el servicio militar que estaba haciendo en ese momento y se incorporaría algo más tarde que sus compañeros. Pontier recordaba que en esa época, cada vez que tenían un día franco en la colimba, se largaban desde Zarate a ver a Aníbal Troilo y volvían a la noche en tren para hacer los 88 kilómetros de distancia ccon la capital.

                                               
La admiración que siempre tuvo por Pichuco, la declaraba sin ambages: "Es que el tango no es virtuosismo, sino que tiene que salir de adentro. Por eso siempre prefería una sola nota suya y no una descarga de notas que otros muchachos que han estudiado, sin duda, pero que les falta sensibilidad. Si un intérprete logra erizar la piel de quien lo escucha, consiguió lo más importante, su propósito. Por eso el Gordo fue siempre un superdotado. ¡Y le sobraba técnica, ojo!". Por eso no era de extrañar que le dedicase un tango a Troilo, que llamó Pichuco, y que grabó la orquesta Francini-Pontier en 1946.


Charlé varias veces con él y otros amigos en los intervalos de su actuación con Sosa en la Confitería Richmond. Tenía su pinta, era muy simpático y se cuidaba. Por eso solía pedir un café o un té, cuando nos sentábamos en una mesa alejada del escenario. Era un agradecido a Troilo porque le había grabado su tango Milongueando en el cuarenta, en el año 1941, cuando él todavía no había saboreado las mieles del éxito personal. Pero eso fue sólo el prolegómeno. Pichuco también iría llevando al disco un carretel de hermosos temas de Pontier: Cada día te extraño más y Corazón no le hagas caso (ambos con Carlos Bahr); A bailar, Trenzas, Margo, El milagro (con su paisano Homero Expósito), Tabaco (con José María Contursi), que lo fueron elevando en la consideración general y que tuvieron todos ellos un eco enorme que les permite seguir airosamente en el candelero.

                                            
Armando Pontier al frente de su orquesta en 1956. Arriba, sus cantores Sosa y Florio.

En 1969 incluso, Pichuco, con el Polaco Goyeneche grabó los temas de Nuestro Buenos Aires, un grupo de temas que Pontier realizó con Federico Silva. Con este poeta compondría un tema que llegó a tener unas 300 grabaciones de artistas de todo el mundo: ¡Qué falta que me hacés!. En este rubro de compositor, Pontier alcanzó una altura comparable a los grandes del género. Por la belleza de todos estos temas y porque siempre pensó en aquella inmensa legión de milongueros que llenó clubes, cabarets y confiterías céntricas para bailar al compás del tango.

Es por eso, sobre todo que hoy lo vuelvo a traer al Blog a este gran músico que se suicidó increiblemente en el mediodía de la Navidad de 1983, cuando contaba apenas 63 años y su vida parecía un remanso de paz junto a la familia y los amigos. Grabó acompañando a numerosos cantores como Sosa, Goyeneche, Hugo del Carril, Marino y tuvo en su orquesta a grandes como Podestá, Sosa y Rufino más algunos destacados: Ferrari, Darío, Gloria Díaz, Maidana, Florio, Durán, Real, Chiqui Pereyra y otros.



 Hoy lo recuerdo con un instrumental suyo: Milongueando en el cuarenta, grabado con su orquesta y Pecado, ese tango que compuso con Francini y Bahr y que, convertido en bolero, fue un éxito sensacional, grabado por infinidad de intérpretes. En este caso y en tiempo de tango, lo canta con su orquesta, Alberto Podestá.

Armando Pontier - Milongueando en el cuarenta

Armando Pontier- Pecado - Alberto Podestá






miércoles, 28 de enero de 2015

Chiqué

Este tango fue compuesto en 1920 por el bandoneonista Ricardo Luis Brignolo, y ahí sigue airoso en la consideración de los actuales músicos, y en las piruetas de los bailarines en las milongas de los diversos países  que crecen día a día. O noche a noche. A Brignolo, su amigo  Arolas le puso el apodo de La Nena, por su costumbre de vestirse elegantemente, con tutti i fiocchi, y en ese rubro competían permanentemente, dado que el Tigre del fueye también las gastaba en ropa y aditamentos.

Como casi todos aquellos músicos de su época, Brignolo debió trabajar para ayudar a la manutención del hogar materno, al fallecer el progenitor, y lo hacía como colocador de azulejos. Tenía dieciocho años cuando acudió con amigos a un Café de Suárez y Necochea, del barrio de la Boca, donde estaba tallando fuerte el tango, con los parroquianos sentados en  torno a las mesas, y el palco donde se ubicaban los músicos, por lo general intuitivos.

                             
Ricardo Luis Brignolo en 1934


Esa noche tocaban el Tano Genaro (Genaro Expósito) con su bandoneón, junto al pianista norteamericano negro  Harold Philips, y el joven Brignolo se sintió atraído fuertemente por el sonido del fueye y los movimientos que realizaba el Tano en la ejecución. Por eso en un intervalo de su actuación, se le acercó a Expósito para pedirle que le diera algunas lecciones, porque le gustaba mucho ese instrumento. El Tano no sabía música y le dijo que no podía enseñarle, pero ante la insistencia de éste, aceptó darle algunas lecciones, como también haría con Anselmo Aieta, aunque años más tarde el Brujo comentaría que el "maestro" lo tenía para cebar mate.

Así comenzó Ricardo Brignolo su carrera ascendente y estudiaría solfeo para ampliar sus conocimientos. En 1914 decidió dedicarse exclusivamente a la música y debutaría en una café de Entre Ríos, entre Cochabamba y San Juan, a 100 metros de "El estribo". Lo acompañaban el pianista Nicolás Irulegui y el violinista Pascual Gnochi.  El año que permaneció en ese palco le sirvió de lanzadera para escalar posiciones rápidamente, para lo cual estudió a fondo los secretos del fueye y terminaría escribiendo un Método  para aprender a tocar el bandoneón, algo que se echaba en falta porque muy pocos conocían a fondo las características tonales del fueye en su totalidad.

                                         
Además de sus dotes musicales, no estaba exento de inventiva poética y lo demostraría al escribir sobre la música de Alfonso Lacueva,  la letra del tango Íntimas que Carlos Gardel consagraría y grabaría en 1926 y 1930. Y entre los varios temas que le dieron lustre como compositor, destaca sin duda Por seguidora y por fiel, con letra de Esteban Celedonio Flores, que Gardel registró en el disco en 1930 y que trascendió a su época en la voz de distintos cantores.


Pero su apellido quedaría grabado en la historia del tango por su exquisito tema instrumental: Chiqué. El nombre del mismo produjo en principio algunos interrogantes, pero él mismo le aclararía a Francisco García Jiménez el significado. Es de la época en que tocaba en "La olla popular", una Academia de baile situada en la Calle Sarmiento entre Cerrito y Libertad. Se llamaban así remedando con retintín a las colas de gente sin trabajo que acudía a buscar comida en esos sitios  de ayuda.

En la noche de Buenos Aires de entonces, como resultado de primera guerra mundial, muchas mujeres francesas habían sido traídas al país por maquereaux franceses que colocaban a sus pupilas en prostíbulos y que también se ganaban la vida acompañando a los bailarines que debían pagarles diez centavos por pieza bailada. En ese salón Brignolo escuchó a una de ella recriminarle a su acompañante ocasional: "No hagas chiqué", cuando bailaban. Brignolo le preguntaría luego por el significado de la palabra en cuestión y cuando ella le explicó con movimientos exagerados de su cuerpo lo que quería decir, entendió que se refería a los aspavientos teatrales del bailarín en cuestión.

                                 


Y entonces relataría luego como surgió el nombre de este tango que pegó fuerte de entrada:

-Yo había volcado en la pieza un fantaseo que me parecía de muchas ínfulas para un bailable.  Sonaba bien aquello, pero  lo encontraba pretencioso. Y como para curarme en salud, le puse Chiqué de título..

El tema pasó con nota el examen de la oreja de músicos y milongueros y fue grabado por numeros conjuntos. Entre otros: Julio De Caro (con quien tocaría Brignolo en su orquesta gigante), Francisco Canaro, Sebastián Piana con un trío vocal, Cátulo Castillo (1929), Francisco Lomuto, Aníbal Troilo (en dos oportunidades), Francini-Pontier, José Basso, Osmar Maderna, Roberto Zerrillo, Eduardo Del Piano, Juan D'Arienzo, Nicolás D'Alesandro, Lito Escarso, Roberto Pansera, Osvaldo Pugliese, Osvaldo Requena con su cuarteto, Ciriaco Ortiz con su trío, Ástor Piazzolla o la selección Nacional de Tango, entre muchos otros. Cabe recordar que durante la dictadura de 1943, la censura prohibió numerosos tangos que debieron cambiar el título o diversas palabras, y Chiqué fue retitulado entonces como El elegante.

Hoy recuerdo a este tangazo con dos de esas grabaciones. La de Aníbal Troilo del 3 de marzo de 1944, que fue todo un suceso. Y la de Francisco Canaro, del 11 de septiembre de 1929.

Chiqué - Aníbal Troilo

Chiqué - Francisco Canaro

lunes, 26 de enero de 2015

Dino Saluzzi

Para varios expertos es el músico argentino vivo más importante y representatativo. Curiosamente, no es popular y en algunos países se lo reconoce mucho más que en el suyo propio. Su padre, conocido músico salteño, le regaló a Dino un bandoneón cuando éste tenía siete años y como sus hermanos, todos se impregnaron del espíritu del progenitor y estudiaron a fondo los diversos instrumentos, que les fueron confiados.

Hay que tener en cuenta que nació en un pequeño pueblito salteño que está a más de 600 metros de altura y no llega a los 5000 habitantes, porque cada tantos años algún movimiento sísmico destruye algunas casas y lleva precariedad a sus habitantes. Ali también nació Ariel Petrocelli, destacado músico y uno de los grandes poetas del folklore argentino. Dino se trasladó a la capital de su provincia cuando tenía 14 años y allí conoció a Ciriaco Ortiz, cuando éste yiraba por diversos lenocinios con su fueye, y quedó "tocado".

                                                   
 
Su manejo del bandoneón era muy fluido y sus concepciones musicales y el espíritu lleno de talento lo llevaron a Buenos Aires en 1955. Se incorporó a la orquesta de Enrique Mario Francini y su nombre comenzó a circular entre la gente del ambiente. En la orquesta coincidiría con otros dos fenómenos del fueye: Calixto Sallago y Julio Ahumada. Éste último se encargaría de transmitirle los secretos del instrumento que aún no dominaba y lo pulió en todo sentido, igual que al formidable Julio Pane. De allí en más iría pasando por las orquestas de Carlos García, Alfredo Gobbi, Héctor Varela, Lorenzo Barbero, Joaquín Do Reyes, Roberto Caló y mantendría largas noches envinadas a puro piano y fueye con el inolvidable Osvaldo Tarantino, a quien conoció en su etapa con Alfredo Gobbi.

Pero Saluzzi no dejó de estudiar nunca y también se formaría en percusión y se integraría en la formación de la Banda de Policía, como arreglador e instrumentista de música de cámara y temas sinfónicos. Su espíritu le impulsaba a otras metas y se integró en la Orquesta Estable de Radio El Mundo, mientras comenzaba a perfilar sus primeros conjuntos que ejecutaban especialmente música relativa "a lo agreste del campo donde se había criado", como él sugería. Siempre fue un paso más allá y comenzó a viajar en 1977 a Japón con la orquesta de Francini en una larga gira y sus arreglos fueron muy importantes para los espectáculos teatrales que dieron en numerosas ciudades niponas.

                                             
Dos grandes del fueye: Julio Pane y Dino Saluzzi

Cuando el tango entra en una etapa de declive, como Pîazzolla forma diversos conjuntos y encara otras metas que lo llevan a distintos países hasta que ingresa  al sello alemán ECM (Editions of Contemporary Music) del legendario productor Manfred Eicher.  Que no sólo lo contrata sino que además le señala a grandes músicos que pueden acompañarlo en sus conciertos y grabaciones. Así le produce un disco con Marc Johnson, el contrabajista norteamericano que tocaba con Bill Evans.

Perfeccionista, incorformista, su nombre suena con fuerza en lugares tan disímiles como Canadá o Hong Kong, donde es admirado. O en Oslo donde también actúa y graba. Su arma es la inseguridad, y a la vez la fuerza motora que lo impulsa a mejorar siempre en lo artístico. Considera a toda la música como integradora de su arte, pero no olvida nunca ni al tango ni al foklore, aunque haya grabado jazz o sinfónica. En el tango grabó con la fantástica contrabajista alemana Anja Lechner un disco que incluye ocho tangos, la mayoría suyos y uno maravilloso de Vicente Greco, Ojos negros, imperdible. Anja descubrió el tango, visitó Buenos Aires y se enamoró de esta música.

                                       
Dino saluzzi y Anja Lechner tocando Ojos negros.


También tengo un registro de Dino donde toca con su familia. Félix Zenón, hermano, clarinetista y saxofón, que ha recorrido el mundo haciendo música en oquestas sinfónicas y de todo. Lo llaman Cuchara y también fabrica boquillas de clarinete y saxo. El disco se hizo en 1991, luego de un largo tour por países europeos. E intervienen en el mismo, el resto de la familia, hijos y sobrinos. José María Saluzzi en guitarra, Matías Saluzzi; bajo y contrabajo. También invitados como el conocido percusionista italiano Umberto Trombetta Gandi, Gabriel Said y Anja Lechner. En los últimos treinta años ha tocado y grabado con músicos del calibre de Al Di Meola, Rosamunde Quartet, Charlie Mariano Enrico Rava, Gato Barbieri, Thomazs Stanko, Metropole Orchestra dirigida por Jules Buckley o Mariano Mores y tantos otros.

                                        

 Como dice acertadamente el crítico Daniel Bagnera: ".Musicalmente culto y refinado, su secreto es quizá no haber ‘salido’ realmente nunca de su pueblo. Ese provincianismo universal tan de Chagall, Chejov u otros genios, unido a su privilegiada mente cosmopolita, hace de su música algo tan cercano al hombre contemporáneo de cualquier lugar, urbano o rural, hasta el punto de que, por ir a un extremo, el propio Pedro Almodóvar cogió de Cité de la Musique los dos últimos temas de ese disco para ambientar dos de los momentos cruciales de Todo sobre mi madre (al parecer, sin el consentimiento de Saluzzi, no sé en qué quedó aquello; espero que se resolviera entre ambos, que es lo que a priori uno desea entre dos tíos tan talentosos)".

                                           
El familiar Dino Saluzzi Group

Dino se acaba de presentar en el Café Vinilo de Palermo, en Buenos Aires con su grupo familiar y algunos refuerzos, tocando temas de su último disco producido por ECM, El valle de la infancia, que no se vende en Argentina.. En él hay diferentes músicas, e incluso el tango Loca Bohemia de Francisco De Caro. Y desde el escenario adelantó con sus palabras: "Tengo la obligación de tomar riesgos", lo que lo emparienta con Ástor Piazzolla a quien siempre reverenció por su inventiva y vanguardismo.

                                     

Yo los invito a escuchar los dos temas citados en la nota: Ojos Negros,con Anja Lechner, que es un verdadero placer auditivo y sensorial. Y con su familia y el tano percusionista U.Gandi: la milonga de Pedro Laurenz: Milonga de mis amores.

Ojos negros. Dino Saluzzi-Anja Lechner

Dino Saluzzi group - Milonga de mis amores

sábado, 24 de enero de 2015

BIEN MILONGA


Sábado a la tarde, te planchás el traje, 
te cortás el pelo, después te afeitás,
con bastante crema te hacés dar masajes.
gomina y colonia, luego te peinás.                         

Lista tu figura, llegada la noche,
te vestís ligero después de cenar,
con un cigarrillo prendido en los labios
sales de tu casa te vas a bailar...

Ya sabés como te cantaba Angelito Vargas con D'Agostino estos versos de Carlos Lucero, que llevan música de Víctor Felice. El tango se llama Bailarín de contraseña, que los había, porque muchos muchachos andaban justitos de fondos y necesitaban que les tiraran un cable para entrar sin pagar. Las ansias de milonguear les podían y se mandaban con una fe grandota en sus habilidades.

Los tiempos han cambiado y ya no quedan bailarines de contraseña, aunque siempre hay gente lista. Y nosotros tenemos una Milonga que atrae a milongueros de ambos sexos por la música, las comodidades del aparcamiento en la misma puerta, el piso y el ambiente. Tanto en los sábados a la noche, como los martes. Ambas comienzan a la misma hora.


                                               



Y para tomar impulso bien milonguero, en la página de hoy en el Blog, podemos ver a esa magnífica y elegante pareja que forman el turco Murat Erdemsel y la hawaiana Michelle en Austin. Bailan: Yo quiero cantar un tango de José Nieso, Miguel Nijensohn y José María Suñé, por Pedro Laurenz y la voz de Alberto Podestá.

Pura clase.


                                                
 Como colofón, me gustaría recordarles que Murat, además de maestro del tango, es muy buen pintor de arte moderno. Y para que puedan apreciarlo, acá pueden ver su cuadro tanguero titulado Organito de la tarde.

                                 
                           


                                    






viernes, 23 de enero de 2015

Todo corazón

En la nota que realicé en el Blog sobre el destacadísimo médico, investigador, docente y violinista -de tango- Pablo Chiale, comenté que el mismo Chiale en un encuentro con el músico Juan de la Cruz Bringas, decidieron grabar un elepé en el año 2006, para lo cual formaron una orquesta, que llamaron Todo corazón. El producido económico de estos dos discos irían a parar a dos entidades de Bien público: La Fundación de Ayuda al Enfermo Cardiovascular y la Fundación de Investigaciones Cardiológicas Einthoven. El mismo Pablo Chiale compró muchos de esos discos que luego vendería entre sus colegas. Este compacto contiene 15 temas. En los primeros ocho la orquesta está dirigida por Carlos Pazo. En los siete restante, la dirige Mauricio Marcelli que además es el violín solista.

Para sintetizar voy a explicar los  integrantes de las dos orquestas que se formaron y sus integrantes, además de los temas. En el folleto que acompaña al compacto, reseñan todo esto y que acá reproduzco. Incluso algunas de las fotos que lo acompañan, que están tomadas por Enrique Snider.

                           
Todo corazón dirigida por Marcelli. Pablo Chiale es el que levanta el pulgar.


-La Orquesta Todo Corazón surgió como idea del encuentro fortuito de un músico (Juan de la Cruz Bringas) y un médico cardiólogo (Pablo Chiale) quien había incursionado en su juventud en esta disciplina artística como violinista.

Gestado con una finalidad solidaria, colaborar con la tarea de dos entidades de bien público –Fundación de Ayuda al Enfermo Cardiovascular y Fundación de Investigaciones Cardiológicas Einthoven- la orquesta se organizó y creció con la incorporación progresiva de músicos de jerarquía que pusieron a disposición de esas entidades, desde el primer momento y con total generosidad, su talento y capacidad artísticas.

                                          


-Así se plasmaron dos discos: Música desde el corazón y Tangos para vos... de todo corazón, que tuvieron amplia difusión y repercusión en el ámbito médico y recibieron el beneplácito de muchos músicos prestigiosos que, enterados del propósito que animó a sus colegas, los adquirieron para cooperar con ambas Fundaciones.

- Este nuevo disco de la Orquesta Todo Corazón, llamado Latidos se concibió con la intención de lograr una difusión más vasta de temas de nuestra música abordados con un nivel de excelencia en las orquestaciones y la interpretación. En esta oportunidad la Orquesta Todo Corazón fue dirigida por los maestros Carlos Pazo y Mauricio Marcelli y contó con los siguientes integrantes:

                                    


Orquesta estable:
Bandoneones: Carlos Pazo, Héctor Lettera, Lautaro Greco y Alejandro Prevignano.
Violines: Mauricio Marcelli, José Votti, Lázaro Becker, Juan Bautista Bringas, Andrea Gasparini y Dr. Pablo Chiale (que además es el violín solista en la orquesta dirigida por Carlos Pazo). Viola: Juan de la Cruz Bringas. Violoncello: Myriam Santucci.
Piano: Emiliano Greco. Contrabajo: Gerardo Scaglione. 


El compacto contiene 15 temas. En los primeros ocho la orquesta está dirigida por Carlos Pazo. En los siete restante, la dirige Mauricio Marcelli que además es el violín solista y son suyos los arreglos de los mismos. En uno de los temas: Sueño de juventud, está Nicolás Ledesma al piano, y a su vez Leopoldo Federico es el bandoneón solista en tres de los temas..

                                         
Marcelli y Pazo saludan al final de la presentación del disco


Para ilustrar esta página y aprovechando el regalo de mis amigos Eduardo Sibilin y Carlos -de Flores- (los porteños lucimos como una marca en orillo, el origen barrial), los invito a escuchar tres temas del CD Latidos. Primero, el tango de José Pascual: Arrabal, con dirección y orquestación de Carlos Pazo. Y a continuación, de Ástor Piazzolla: Triunfal. Y para completar, con la participación del cantor Carlos Gari: Mi tango triste de Aníbal Troilo y José María Contursi. En estos dos temas la dirección y  arreglos  son de Mauricio Marcelli, que además es el violín solista.

01- Arrabal - Orq. Todo corazón

09- Triunfal- Orq. Todo corazón

10- Tango triste- Orq. Todo corazón-Carlos Gari



















jueves, 22 de enero de 2015

Enrique Mario Francini

En aquella camada de músicos que vinieron de Zárate, Campana, Rosario, Guaminí, para apuntarse en la familia que sostenía la enorme popularidad del tango, estuvieron algunos como Armando Pontier, Héctor Stamponi, Enrique Mario Francini, Julio Ahumada, Alberto Suárez Villanueva, Emilio Barbato, Antonio Ríos, que descollarían en la gran década del cuarenta, aunque llegaran con muchas ilusiones y pocos recursos económicos.

Por eso se fueron amontonando en la famosa Pensión "La Alegría" de la calle Salta 321, casi esquina Moreno, de Humberto Cerino. A la misma  se subía por una larga y empinada escalera, como recordaba el estupendo bandoneonista Julio Ahumada, dado que estaba en los altos de una casa grande. Y allí se fueron juntando otros músicos llegados de provincia, como Parodi, Trivizi, Howard, Scorticatti y algunos más. Luego se irían diseminando, ingresando en diversas orquestas del momento, unos con mayor fortuna que otros, pero la Pensión los siguió albergando hasta que conseguían posicionarse en una Buenos Aires que crecía vertiginosamente.

                                 
Ya es muy conocido el destino que les correspondió a todos ellos, pero hoy quiero volver con el gordo Francini, un personaje único, excepcional violinista y gran persona, con el cual compartí gratos momentos en Caño 14, especialmente. Allí mantuvimos charlas muy lindas en los intervalos de su actuación junto a Chupita Stamponi, el gran amigo que conocía de Campana y que lo fue hasta su muerte, precisamente en Caño 14, cuando cayó fulminado mientras tocaba el violín junto a él.

El recuerdo más duro, la imagen que no se me borra, es la  que vivimos en el Palco levantado en el camino a Ezeiza, el día que volvió Perón al país, luego de un prolongado exilio. Yo estaba como periodista y Francini llegó con unos músicos del Colón a tocar para la enorme multitud que rodeaba al palco. Y cuando estaban precisamente en plena interpretación, comenzó un brutal tiroteo de uno a otro lado del palco. Ellos estaban en el escenario, expuestos,  y nosotros apoyados en la pared del palco.

Armando Pontier, Enrique Francini y Héctor Stamponi

Nunca me pude olvidar cómo tuvieron que echarse cuerpo a tierra los músicos para que no los alcanzaran los disparos que pasaban sobre ellos y dejaban una estela de terror. Francini abrazado a su violín, de cara al piso, y todavía me parece increíble que hayan podido salvar sus vidas en medio de aquel impresionante tiroteo.Pero hoy no me gusta evocar aquellos momentos de angustia de los cuales nos costó mucho salir y abandonar ese palco donde pensábamos que se iba a disfrutar una gran fiesta popular.

Cuando los dos amigos Francini y Pontier se separaron en 1955,  después de haber gozado de una bien ganada fama con la orquesta que formaron en 1945, al salir de la formación inolvidable de Miguel Caló, tanto al uno como al otro les iría muy bien artísticamente. Francini no paró nunca de trabajar, colaboró con orquestas importantes, y con el Quinteto Real, del cual fue también fundador, viajó tres veces a Japón, donde era  reconocido como un músico excepcional. Francini realmente fue un virtuoso del instrumento y se lo puede considerar como uno de los más grandes dentro del tango, junto a Elvino Vardaro y Simón Bajour.

                                                 
Con el quinteto Real en Japón. Francini está junto a Laurenz y su esposa.

Hoy he estado escuchando a su orquesta de los años cincuenta y realmente es digna de admiración, por el sonido, los arreglos y sus intervenciones. Ahí destacaba el fueye de Julio Ahumada (buenísimo), el piano de su amigo Juan José Paz y otros elementos, además de cantores como Alberto Podestá (eran como hermanos con Francini)  y Roberto Rufino. Es un placer escuchar cómo suena esta orquesta y para compartirlo con ustedes les dejo dos temas.

                                     


El primero es un tango instrumental de Julio Ahumada que no entiendo como no tuvo mayor difusión Se llama El gurí,  y lo grabó el 7 de marzo de 1956. El término gurí, es de origen guaraní y significa muchachito. Y a continuación va Melodía oriental, un tango de Enrique Cadícamo, Roberto Zerrillo y Juan Carlos Howard. Lo llevaron al disco el 3 de abril de 1957 y lo canta Roberto Rufino.

10 - El gurí - Enrique Mario Francini

19- Melodía Oriental- Francini-Rufino