jueves, 21 de noviembre de 2019

Envío a Celedonio

    Modo compadre de cantar, modo compadre de vivir, modo compadre de alcanzar hazañas, en todas te inscribís con un estilo ganador atesorado en calles con aire de selva y color de aventura, y en donde pedir perdón era ceder hombría. Por tu vitalidad, por tu fervor, por tu alegría, por tu desenfado, por tu manera clara de exponer el sentimiento, sos de la raza de los poetas colonizadores. Pese al riesgo de que algún pedante se encabrite aguijoneado por el prurito del escándalo, te diría que de haberte interesado por otra temática que no fuese exclsivamente la del barrio y sus criaturas hubieses podido ser una especie de Walt Whitman con antecedentes en Carriego.

     Los poetas comúnmente estás devorados por la melancolía. De ella se amamantan y estructuran su vivir. Consiguen como respuesta atrapar unos versos, cincelar alguna imagen, y con eso se engañan, se extasían como pájaros hipnotizados por una copa de verdor irreemplazable. Porque lo más hermoso de la vida no está allí en sitio de clausura, sino en todo lo demás que corre, fluye, brilla y se desparrama en las corrientes generales de las cosas.

    A esa madre de enfermos y románticos, de delicados y exquisitos le rendiste obediencia en la medida que correspondía. La calle, la misma calle que a tantos otros convierte en malandrines o en horteras o en guapos de relieve efímero, a vos te dio la necesaria fiereza como para no dejarte arrinconar por el equívoco juego de las palabras, te dio el atrevimiento, el temple que se adquiere en el baldío o en la esquina tumultuosa. como para hacerle un guiño tierno y callejero a las tinieblas que se suelen amontonar entre las sienes de los conjurados del verso y la metáfora.

    Kid Cele, ¿a quién le habrás dado el puñetazo más certero en tu corta pero tan comentada carrera pugilística? Pienso que no fue el rival circunstancial que te fijó la cartilla boxística, sino el escéptico de cigarrillo y café que no creía en la demoledora fuerza de tus versos. ¡Qué ganchos, qué uppercuts los de tus letras! Con Mano a mano diste en el plexo de la gloria, con Corrientes y Esmeralda en la mandíbula de la inmortalidad. Hay otros aciertos en tu carrera de autor-boxeador que arroja piñas con indeclinable justeza en el esquivo rostro de la fama. Con lo nombrado basta ¿o acaso no basta un pétalo para denunciar la calidad de la rosa originaria?

    Cele, sé de memoria cualquiera de tus letras. desde la prepotente de Margot hasta la rezongona y bravía de Mala entraña. La exactitud de tu léxico es la de un atleta que baja una marca. Sabés definir con certeza sin otra retórica que la que manda tu lunfardo, y en los períodos de cada estrofa te manejás con la comodidad de una paloma en la mitad del cielo. Nadie te superó en oficio, en la maestría de construir leyendas y personajes, adversidades y fortunas dentro del rígido perímetro de los octosílabos. Tenías el poder que se asimila leyendo a los clásicos de la lengua, pero a tu Garcilaso lo educaste en el tango que salpica desde el empedrado, y a tu marqués de Santillana lo convertiste en plebeyo que necesitaban las generaciones de una ciudad portuaria.
                                                                                                   

    Tu cédula de identidad, tu marca de fábrica está en tu canto a Villa Crespo. Allí luce como nunca tu estética del chamuyo letrao, que tantas veces por afectado y pretencioso se aleja de lo verdadero.

    Desde hace tiempo hay academias que enseñan a escribir en verso. Desconozco la técnica de la enseñanza, pero una duda me hace abrir los párpados. Estos maestros de la imposible ¿no confundirán gramática con arte, el peso de una frase con los imponderables de una imagen, regímenes de acentuación con el orden angélico de lo inefable?

    En ese canto al barrio, Cele, además de cumplir con el primer precepto, que es el de deleitar, introducir como al descuido una academia de poesía en cada cuarteta, sobre la misma marcha de los versos desarrollás tu propio Siglo de Oro entremezclado con la mistonga musa. Nos revelás, en fin,  que esta ciencia es lo más parecido a un juego, a una costumbre natural entre los hombres.

    Se dice que por respeto a las grandes figuras de tu época preferiste ampararte en el vocabulario de la calle. ¿Será verdad? ¿No habrá sido una astucia de tu parte mezclar lenguaje culto y lenguaje popular, sabiendo que en esa identificación estaba el detonante que reclamarían los jóvenes de un tiempo posteior al tuyo?

    Poeta de una milonga escrita para patios, cultor de la amistad papusa y de la lira rante, siempre serás el taura de la canción maleva, el intérprete máximo del arrabal vestido de mistonguería, el bardo milonguero cuyos versos sigue entonando, hoy como ayer, Carlitos.

                                                                             OSVALDO ROSSLER


    

martes, 19 de noviembre de 2019

BIEN MILONGA

         Así es el tango

         En el llorar,
         garganta de bandoneón.
         En el bailar,
         taquito repicador.
         Ya lo sabés,
         eso es todo lo que expresa y más,
         el tango embarullao
         de mi ciudad.

                   Homero Manzi



Martes 19 de noviembre y nos aprestamos para vivir otra noche súper milonguera en la pista tan bien puesta de la Casa de Aragón-Madrid. BIEN MILONGA  funciona a full desde las 21 a las 0 horas, con el repertorio clásico, para los bailarines de tango, que convoco a través de los discos.

      

Como de costumbre me doy el consabido rodeo por otras pistas lontanas con el fin de ir afilando los remos para la velada de esta nochecita.

Y así me planto en el Winter Tango Nápoles, de Italia, donde la pareja que integran Noelia Hurtado y Carlos Espinoza, bailan el tango El Tigre Millán, por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Alberto Reynal..
                                  

Acto seguido  me mando a las hermosas islas griegas. Más concretamente al Lesbos Internacional Tango Meeting. Allí,  la dupla local: Loukas Balokas-Georgia Priskou, son los que se lucen con este valsecito: Bailando me diste un beso, por Francisco Canaro, su orquesta y sus cantores Alberto Arenas y Mario Alonso.
                                     
Ahora un salto lungo hasta llegar al Singapur Internacional Tango Festival. Porque así puedo  disfrutar viendo a Sebastián Arce y Mariana Montes bailando la milonga: Reliquias porteñas, interpretada por un conjunto invitado al festival. 

                                         
¿Viste todo lo que te despierta el tango milonguero? Esta noche nos sarpamos...

domingo, 17 de noviembre de 2019

Muchacha

Domingo de valsecitos que alegran el alma y combaten el frío invernal. La pista de baile se convierte en un aleteo de cuerpos que danzan girando al ritmo de esas grabaciones que son como la música que florea el pentagrama. La nostalgia romántica nos inunda de títulos que vibraron en mi infancia, adolescencia y primera juventud. Esos valsecitos que preparaban para los novios en la fiesta de casamiento. Los que tocaban guitarreros y fueyes orejeros en su recorrida por los cafés de los barrios para pasar luego el platito... Los cantores que daban la serenata a las novias a punto de casarse.

Es cierto que Lágrimas y sonrisas, La loca de amor, Un placer, Desde el alma, El aeroplano, Orillas del Plata, Pabellón de las Rosas y tantos otros, fueron los primeros que entraron en los oídos y el corazón de los porteños. Los que abrieron el camino para que flamearan en el repertorio de las Orquesta típicas. Desde entonces, el memorial nos recuerda que han florecido infinidad de páginas con este ritmo alegre, contagioso,  en su travesía dentro del espíritu y el entramado tanguero.

                           
Homero Manzi

Homero Manzi, con su paleta descriptiva, la fuerza mineral de la palabra, dibujando a esos personajes heridos y melancólicos, bucea en la arena del olvido, retoma las viejas costumbres del barrio, capta la zozobra de lo genuino en el dolor de una muchacha abandonada por el amor que creía eterno y hurgando en esas batallas del desamor, compone este valsecito, al que Félix Lipesker le puso música.

Muchacha, me han dicho
que sufres de amor,
que a veces muy sola
te han visto llorar.
Que pasas las tardes
detrás del balcón,
leyendo las cartas
de aquel que no está.

Qué importa, muchacha
si un día se fue,
sin causa de enojo
sin causa de adiós. 
Muchacha, la tarde
se ha puesto a llover,
Cerrá, cerrá
el balcón...

La fulgentes pavesas de ilusiones se van apagando. La realidad y el deseo chocan abruptamente en el corazón de la muchacha. El desgarro, la zona de sombras, también las viviría el gran poeta y hombre de letras y cómo no iba a comprender el dolor de ella. Por eso intenta disipar en la frustrada novia los pensamientos autodestructivos que conoce de cerca. Las cosas transitorias, el esplín que la consume en su laberinto sentimental, le dan pie a Manzi para ejercer de poético consejero, con verba impulsiva.

No sigas triste,                                             
buena muchacha,
no te conformes
al desengaño.
Ahoga ese llanto
que todo pasa,
pasan las penas
como los años.

Falsas promesas,
versos mentidos,
cartas lejanas
versos perdidos.
Todo, muchacha
se irá al olvido,
cuando otro nombre
te haga soñar.


Manzi y Félix Lipesker compusieron juntos éste y otros hermosos valsecitos como: Gota de lluvia, Romántica, Más allá y Tu nombre. Todos realmente deliciosos como Muchacha, que grabara Francisco Canaro con su orquesta y el cantor Eduardo Adrián, el 29 de diciembre de 1942. Y que podemos escucharlo ahora mismo.

                            

martes, 12 de noviembre de 2019

BIEN MILONGA

Muchachos, en esta milonga
un fueye rezonga llamando a bailar
y cada vez  que escucho un tango
parece que ella me está hablando.
¡Qué cosas tiene el corazón!
Uno se ríe del amor
y al fin por él vive penando.
   Carlos Russo


El fueye, el piano, el contrabajo y los violines, anche el cantor, nos llaman a bailar todos los Martes en BIEN MILONGA. Un clásico en Madrid desde hace seis años, que arranca a las 21 y sigue hasta las 0 horas, con la música que nos hace volar y soñar en la pista, en un ambiente entrañable. José María y Charo te reciben en la Casa de Aragón, sita en Pza. República Argentina nº 6.


De paso cañaso y a modo de aperitivo, ya sabés que me gusta darme un rodeo por esas pistas milongueras del ancho mundo, donde no hay golpes de estado, sabés, y el tango nos redime de tantas atrocidades que vemos, leemos y escuchamos a diario. 

Arranco por el Gante Tango Festival, en esta ciudad belga, para ver a Fabián Peralta y Josefina Bermúdez Ávila, que saltan al ruedo con el tango: Mi vida en tus manos, por la orquesta de Rodolfo Biagi, cantando Hugo Duval.
                                                          

Un piccolo viajecito hasta Nantes (Francia), instalándonos en Las Noches blancas del Tango. Y allí vemos en acción a Magdalena Gutiérrez y Germán Ballejo, bailando el valsecito Isabelita, por la orquesta de Enrique Rodríguez. Canta Armando Moreno.

                                     
El regreso a Bélgica. Concretamente a La milonguita, en Bruselas. Acá podemos ver en acción a Mariela Sametband y Guillermo Barrionuevo luciéndose en una milonga: El desafío. Interpreta la orquesta de Aníbal Troilo, cantando Fiorentino y Alberto Marino.

                                      
¿Viste qué lindo? ¡Pues esta noche nos toca a nosotros gastar suela a rolete!

domingo, 10 de noviembre de 2019

El Tano Marino

-¡Pero este pibe tiene la voz hecha para los tangos!
Asomado a la puerta entreabierta desde una habitación contigua, José Razzano le dice así su fervor al viejo amigo Bonessi que da su cotidiana lección de técnica vocal a un tanito adolescente a quien Dios le ha dispuesto que en la garganta guarde una joya.

-Mis padres y mis hermanos, todos cantaban muy bien. Los viejos eran sicilianos. Sabían óperas enteras de memoria; y los domingos en la sobremesa de las grandes comidas familaires, cantaban ellos y todos cantábamos, cuando vinimos de Italia a Salta, y más tarde en el Barrio de las Cañitas, entre Palermo y Belgrano.

                               

   Hijo de Ángel Marinaro y de Ángela Musso, Vicente Alberto Marinaro -será Alberto Marino- ha nacido en Verona. Recibió su agua bautismal en el sur paterno, y abrió los ojos a la niñez en el norte argentino. A despecho de ese principio tan peregrino, la vida despunta para él en Las Cañitas, con su vago trasfondo de  chaquetillas y de aprontes que fulgura desde el hipódromo vecino y el revuelo de los chiquilines imberbes y compinches como él, alrededor de las carambolas y los pucheritos de veinte centavos -exquisitos- en la Fonda El Agua Sucia de la placita Falucho.

   -Los sábados a la noche, yo cantaba tangos en el café de la calle Chenaut, con uno muy preferido: Se marchita un clavel. ¿Por qué?: porque en casa siempre hubo Tango. Mi cuñado tenía discos de la Falcón y de Corsini. Aunque a mí me hacía delirar cuando mandaba a la fonola unos gardeles. También me encantaba escucharlos a Charlo y a Alonso; Tango de primera me iba a buscar al Germinal donde Vardaro con Pichuco, Huguito y Pascual impartían sus magias...

                         

    Poco después viene lo de Razzano, cuando yo estudiaba impostación, respiración y vocalización con el maestro Bonessi, y los debuts en público - a los diez y seis años- en el cine Palermo y en la radio Mitre. Por ser Marinaro era "de mare": así que empecé llamándome Alberto Demare. Canté luego con  varias orquestas, desde la de Emilio Balcarce hasta la de Emilio Orlando, que tocaba en radio El Mundo.

   Ahí me escuchó Pichuco con quien debuté, como quien dice, antes de debutar, el 1 de diciembre de 1942, porque ligado todavía a la orquesta de Orlando, fui a la celebración de un aniversario del Palermo palace, donde actuaba Troilo. Y el público, conociendo que yo ya tenía firmado contrato con el Gordo, empezó a pedir que subiera al palco. Y subí. Esa noche canté Pa' que bailen los muchachos y Mi noche triste. El primer disco, el 4 de abril de 1943, fue Tango y copas.

                                     

   Troilo me contaría tiempo después: "Cuando lo escuché a Marino me quedé absorto con su voz. Pero hubo otra cosa: milagrosamente encontré en su manera  un dejo gratísimo del gallego Lesende a quien yo había querido para mi orquesta al principio. Y lo más notable era que Marino jamás lo había escuchado al Gallego".

   Tres años después Alfredo Gobbi lo va a llamar así: "La Voz de Oro del Tango". Tenía mucha razón; rara vez -acaso nunca- desde Gardel se ha sentido en el parnaso lírico de Buenos Aires una voz tan hermosa, plena y brillante, rica de tesitura e impecable de vibrato y de afinación como la de "El Tano Marino". Esa voz que ahora encauza gorjeos y rulos y "yeites" del más lírico abolengo tanguista en versiones que son clásicos desde el pique del estreno (Farolito de papel, María, Recuerdos de bohemia, Príncipe, Tres amigos, Cuando tallan los recuerdos, La luz de un fósforo)

   Y capacitan su fama para que una noche de 1946 al surgir solista con la orquesta de Emilio Balcarce -en uno de los números de mayor clase de su tiempo-, el tránsito de la calle Corrientes deba ser interrumpido para ofrecer su absorto tributo legendario a ese Tita Ruffo emporteñado que borda con el oro de su corazón el oro de su garganta.

       "Qué habrá sido de Lucía
        tan mía
       ¡y tanto como la amé"

Horacio Ferrer 

                                          

                                                

jueves, 7 de noviembre de 2019

Aquellas orquestas

El tango está de moda hoy día en numerosos países del mundo. Hay bandoneonistas japoneses, chinos, rusos, franceses y bailarines de diversas naconalidades que figuran como maestros, dan clases y se muestran en exhibiciones. Nunca hubo semejante expansión del género, tal como sucede ahora. Y lo más notable de todo, es que seguimos bailando con las orquestas de los años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo pasado.

Es evidente que ello no sucede con otros géneros que saltaron de sus fronteras originarias y tuvieron éxito en diversas latitudes, como el jazz, por ejemplo. Y podríamos seguir con el bolero, el pasodoble, la mazurca, la polca, el mambo, el baión y tantos otros que tuvieron su momento de esplendor y hoy no se los baila ya y apenas se escucha algún que otro tema añejo de ésos.

                                         
Lo más notable, lo impresionante, lo que es digno de llamar la atención, es que en estos momentos se puede bailar un Troilo o un Pugliese en Eslovaquía, Canadá, Rumania, Puerto Rico, Tokio, Hong Kong, San Francisco, Cali, Sudáfrica, Belgrado, Islas Canarias o Manchester, por citar ciudades del mundo al voleo. Por todos esos reductos tangueros desfilan grandes cantidades de milongueros de ambos sexos y discjocjeys con su maleta cargada de temas de las grandes orquestas típicas del cuarenta/cincuenta especialmente.

Es algo que seguramente ni soñaron aquellos músicos geniales que nos dejaron semejante legado en forma de grabaciones. Sobre todo para aquellos que no lo vivieron en la época gloriosa del género. Recuerdo al respecto las palabras del pianista Carlos García, cuando le preguntaron por los músicos de antes o los de ahora, y respondió:
-Los de antes, pero sólo porque son más. Eran, en realidad, más tangueros, vivían más inmunizados, impermeables a todo otro sonido que no fuera el del género.

                                     
La calle Corrientes era una fiesta continua de boliches tangueros y los carteles anunciaban a Pichuco, a Salgán, a Fresedo, D'Arienzo, Gobbi. Y las radios pasaban tango a todas horas. Por la noche desfilaban las grandes orquestas por las principales emisoras radiales. Alfredo de Angelis estuvo más de 20 años en el Glostora Tango Club, por ejemplo. Los sábados lo hacían por el racimo de clubes sociales que había en la capital y el Gran Buenos Aires. Eran multitudes acudiendo a esas milongas impresionantes de Típica y Jazz.

La orgullosa desmesura del tango  -que tuvo bajones muy importantes- está en los seis/siete mil registros discográficos ideales para bailar, que se construyeron en dichos años y que se han convertido en la sinfonía del universo. Esa capacidad de transmisión emotiva que tiene el tango a través de sus compositores, poetas, músicos, cantores, pone el énfasis en la pasión y por eso reviven una y otra vez en el corazón de los que estaban, están y se van acercando al tango como escuchas o para bailarlo.
                         


Produce quizás la misma emoción que ver la obra de un grande de la pintura en el Museo. La caja de Pandora de donde sale lo que necesitamos para iluminarnos en la pista, abrazados con la pareja de turno. O sentarnos y escuchar aquellas grabaciones mientras tomamos un café o mate y le damos manija a los recuerdos. El poder de vivificación que tienen esos discos.

Y entonces llega lo más importante. La grandeza y la capacidad de hechizo del artista. Todas esas orquestas, aunque interpretaran la misma pieza, lo hacían de una manera distinta. Cada una con su estilo y personalidad. Las orquestas de Pugliese, D'Arienzo, Troilo, Di Sarli eran geniales y no se parecían en nada. Como  sucedía entre ellas con  las de Tanturi, Fresedo, Demare, Biagi, Caló, Laurenz, D'Agostino, Maderna, Gobbi,  Donato, Sassone, Francini-Pontier, Salgán, Basso, Do Reyes, Mancione, Enrique Rodríguez, Ricardo Malerba, etc.  Los que tenemos raíces tangueras las identificamos de inmediato en los primeros compases. Y eso no tiene precio. No eran imitadores, creaban su forma interpretativa y eso los destacaba.


Incluso podemos retroceder unos años y comprobaremos que se puede bailar muy bien con las grabaciones de Francisco Canaro, de Lomuto, de Firpo, la Típica Victor y demás. Evidentemente, sabiendo escoger las piezas  que se prestan para la milonga. Pero también, y eso es lo remarcable, son distintas entre sí. Los imitadores no jugaban en las grandes canchas, en los mejores escenarios, en los clubes importantes, pero tenían su público, sobre todo  los que tocaban al "estilo D'Arienzo".

La maravilla de aquella época histórica se hilvana también con una poesía impulsiva, vigorosa, el acervo común que funge de conexión entre el alma, la música y la voz. Y cómo sumaban los grandes cantores de orquesta. La maravilla incluso, era que Fiorentino no cantaba como su compañero Marino, ni Floreal como Rivero, y lo mismo sucedía con otros dúos de voces: Mauré-Echagüe, Iriarte-Berón, Dante-Martel. Rufino-Podestá,  Chanel-Morán, Bustos-Valdez, Ortiz-Amor, Maciel-Diaz, Goyeneche-Deval, Sosa-Ferrari, Ledesma-Lesica, Durán-Florio... Excelentes intérpretes, de gran personalidad, que le dieron un colorido especial a los temas que interpretaron, cada uno en su tesitura vocal.

                                     

 Esos miles de grabaciones que tienen la capacidad de empujarnos a la pista desde hace tantos años y siguen golpeándonos en el cuore, es la energía gravitante que se desprende de la obra de músicos, compositores, arregladores, poetas y cantores que construyeron una obra fantástica, irreemplazable. Por su estatura, el atavismo que nos impregna de nostalgia y la atmósfera en que nos envuelve.

martes, 5 de noviembre de 2019

BIEN MILONGA

          Quiero bailar este tango
           para sentirte más mía
           para dejar en tus brazos
           mi amor, mi sangre, mi vida...
           Porque este tango, querida,
           es el tango del amor...

                 Sara Rainer




Martes de BIEN MILONGA en la pista entrañable de la CASA de ARAGÓN (Plaza República Argentina, nº 6-Madrid). Allí le damos cuerda al cuore y a los remos, gracias a esa maravillosa música que quedó en los discos, en las década del treinta, cuarenta y cincuenta. Ideal para milonguear a tutiplén. Como lo hacemos nosotros, desde las 21 a las 0 horas.
       
                                   
Después de la presentación, nada mejor que recorrer esas milongas y festivales que proliferan por todos los mapas y así ir calentando motores con vistas a la que nos espera esta noche de luna.

Así me planto en Rotterdam-Holanda. Allí están Sofían Saborido y Pablo Inza, que en esta exhibición, bailan el tango Pensalo bien por la dupla D'Arienzo-Echagüe.

                                      
Un saltito hasta El Belgrado Tango Encuentro-Serbia y en este caso son Sebastián Jiménez y María Inés Bogado, los que se lucen al compás del hermoso valsecito: Adoración, por la orquesta de Rodolfo Biagi, y sus cantores Hugo Duval y Carlos Heredia-. 


Y cierro en el London Internacional Tango Festival, de la capital inglesa. Los maestros Sebastián Arce y Mariana Montes dan cátedra bailando La milonga de Buenos Aires por la orquesta de Pirincho Canaro y la voz de Ernesto Famá.

                                        
¿Y, qué me contursi?  ¿No te dan ganas de enfilar para BIEN MILONGA?