domingo, 18 de noviembre de 2018

Reinaldo Yiso

Algunos de nosotros podemos dar fe de aquella época de aprontes juveniles, de los picaditos de fútbol y esos tangos que resonaban en nuestras orejas y que nos refilaban el cuore, por las pinturas que se mandaba el cantor de turno, redondeando el buril del poeta-letrista o coplero. Sí, algunos de aquellos tangos hicieron escala en nuestra adolescencia y los canturreábamos con fervor, después de escucharlos seguido por la radio.

Reinaldo Yiso fue uno de los autores que nos contaban las cosas cotidianas, con una brocha cercana, sin metáfora, sin gran poesía, pero que se hacían rápidamente un hueco en el silbo y el canto porteño. Bastaría citar, de su prolífica producción El sueño del pibe, con música de Juan Puey, que nos tocó de lleno, porque en el barrio fuimos muchos los que recibimos esa citación del club importante para la prueba que tanto prometía... ¡Y qué emoción conllevaba esa sencilla cartita-invitación!
                                          
                                           
Reinaldo Yiso
 
O sea, Yiso estaba radiografiando con sus versos, los metejones populares, la vida cercana, íntima, de la ciudad que estaba creciendo.  Sí, los barrios estaban llenos de futbolistas, boxindangas, cantores, guitarreros y fueyes en ciernes, muchos de los cuales rondarían la fama, el éxito, las páginas de periódicos y revistas. Así se fueron armando el tango, el fútbol, la poesía. las milongas de los clubes, los bailarines que comenzaban su formación en aquellos patios de las casas-chorizo y de allí saltarían, con su empilche a las noches milongueras. Y ellas, repiqueteando su taquito en la vereda, también a los bailes de relumbrón.

Yiso fue proyecto de futbolista, en el Oeste Argentino y en las inferiores de Vélez Sarsfield. Una grave lesión truncó sus sueños, pero sirvió para darle cuerda a su ingenio chamuyador y poético. Sin llegar a las alturas de García Jiménez, Cadícamo, Bahr, se las ingenió para saltar de su barrio de Liniers al centro y enganchar sus versos primeros con músicos como el bandoneonista y compositor  Juan Antonio Puey, debutando con Por eso canto yo, en 1941. Un tango que hizo camino, al estrenarlo Ricardo Tanturi con la voz de Enrique Campos, grabándolo el 6 de agosto de 1943.

                       

Y entonces confirmó que contenía la sustancia barrial,  el impulso de fijar en su mirada todo lo que le ofrecía el álbum de fotos de la mente. El sueño del pibe sería la confirmación. Su vecino, Roberto Chanel, no sólo hizo historia grabándolo, sino que le sirvió de palenque para arrimarse a las generosas arterias tangueras de la orquesta de Osvaldo Pugliese que ya hacía roncha en los estrados y en las vitrolas.

Precisamente, no sólo habrá de concretar la forma de los futuros tangos que irá delineando, sino que incluso Pugliese lo contrata como presentador y glosador, dándole el pase definitivo a la fama noctámbula. El poeta logrará  otorgarle esa forma del verso cargado de paisaje a los pequeños aconteceres, transitar con su pluma sobre las casas suburbanas y llegar al centro con un racimo de  estrofas que se harán tango, lo tocarán las orquestas, los cantarán las mejores golas y los discos  le darán el barniz definitivo.

Un infierno, maravillosamente cantado por Floreal Ruiz,  El tango es una historia, Cuando no te tenga más, El clavelito, Soñemos, Cantemos corazón, Desagradecida, Cómo le digo a mi vieja, Glorias del ayer, la mascota del barrio, Este es tu tango, Más allá del corazón, Vos y yo, Lágrimas de sangre, Una limosna de amor, Medias blancas,  Pero te sigo queriendo, La número cinco, Un Tormento, No la traigas, Milonga de cien esquinas, La Porteñita, son algunos de los 520 temas registrados por Reinaldo Ghiso (su verdadero nombre), en SADAIC. Incluso, varios de esos temas lo firmó con el nombre de su esposa: Sara Rainer.

Alguna vez conté cómo pergeñó Bailemos, viendo a una pareja que se deshacía entre lágrimas en la
pista de mis lontanos 18 años, de la Boite Montecarlo. Y como en el tren lo fueron armando en el viaje al barrio de  Liniers, con su amigo, el fueye Pascual Mamone. La apretada melodía y la certidumbre que preste refugio a la mirada, se convierten en el fugaz instante del verso, en una historia tierna y vital. La gente con su pequeña vida, está en los temas del vate de Liniers.

Colaboraron con él compositores como: Ricardo Tanturi, Anselmo Aieta, Edgardo Donato, Juan Pomati, Ángel Cabral  Leo Lipesker, Jorge Dragone, Enrique Rodríguez, Jorge Caldara, Enrique Alessio, Artiuro Gallucci, Héctor Stamponi, Sánchez Gorio, Carlos Lazzari, Joaquín Do Reyes, Donato Racciatti, Dante Gilardoni, Luciano Leocata, Francisco Rotundo, Víctor Braña, Santos Lipesker, Roberto Caló, Ricardo Pedevila, Félix Lipesker, Ángel Amato y una larga lista, además de cantores como Carlos Dante, Alberto Morán, Roberto Chanel, Alberto Podestá, Roberto Rufino.

La historia del Tango le reserva a Reinaldo Yiso un lugar importante ganado a pulso.





jueves, 15 de noviembre de 2018

SALGÁN

    Los pocos que han asistido a sus ensayos -y los propios ejecutantes- se confabulan, admirativamente, en el asombro. Alguien explica: "Se dice por ahí que tiene un aire a Fresedo. Otros -qué sé yo!- le encuentran alguna semejanza con Troilo. Para mí, no se parece a nadie. Lo que se dice, a "nadie".

   
    La cuestión es que al cabo de unas pacientes sesiones de ensayo (este joven director prueba hasta dos y tres posibilidades diferentes de arreglo orquestal para un mismo pasaje del tema, nunca visto) debuta en la Confitería Diamante, de Rivadavia y Castelli, una de las orquestas más llamativas, más originales y sin vuelta, más importantes que haya tenido el tango y la música argentina toda. ¿Quién la dirige?

    -Yo tenía, la verdad, cierta fama de loco.
    - ¿Por qué?
    - Bueno, porque estudiaba armonía y contrapunto, también -además de perfeccionarme en el piano - estudiaba órgano, saxofón y contrabajo. Para peor, probablemente me lo daba los anteojos, tenía, digo yo, alguna fisonomía intelectual.

    -¿Y que pasaba con todo esto?
    - Lo previsible: cada vez que me aparecía por los cafés donde se tocaba Tango, me miraban de reojo y con un poco de recelo. Como si yo -todavía lo recuerdo y me causa gracia- fuera una especie de taxidermista de la música. ¿Qué me dice?

    Corre 1944, cuando este loco, Horacio Salgán, porteño nacido en la calle Gallo, 28 años, delgadito, de tez morena, conversador de charla rápida y conceptos tajantes, lector de Alexis Carrel y de Ortega y Gasset, forma por primera vez una orquesta típica.

     -En realidad, desde la adolescencia había estado en el Tango. A los 18 o 19 años -época en que compuse mi primer tema: Del 1 al 5- fui pianista de Roberto Firpo. Le confieso: el de esa orquesta de Firpo ha sido uno de los pocos estilos que verdaderamente sentí afín a mi sensibilidad. Mucho me gustaba esa orquesta. Honda tristeza, ¡qué tango! ¿no es cierto?

   
    -Eso como ejecutante. ¿Y como arreglador?
    -Digo yo que habrá sido allá por 1933... Sí, en 1933 le escribí a Miguel Caló un arreglo -el primero mío de Tango- sobre Los indios, de Francisco Canaro: fue también uno de los primeros arreglos formales, por así decir, que se hicieron. Entonces no se arreglaba; se estilaba que los segundos violines y los segundos bandoneones pusieran unas voces paralelas a las primeras.

    -Por qué tardó casi diez años, entonces, en hacer su propio conjunto?
    -Porque a mí siempre me gustó toda la música. Y entonces derivé mis inquietudes a otros géneros: estudié el contrabajo porque quería tocar en orquestas sinfónicas para poder vivir la emoción de interpretar a los grandes. Estuve en el folklore, ¿recuerda al dúo Martínez-Ledesma?, toqué con ellos como pianista un tiempo. En fin, y hasta formé, escribí y ensayé una jazz propia, que no llegó a debutar.

(De una entrevista de Horacio Ferrer a Horacio Salgán)
  


martes, 13 de noviembre de 2018

BIEN MILONGA

    Yo soy la milonga
    derramo alegría,
    amor y armonía
    que da el arrabal.
    Mi cuerpo se quiebra
    con este canyengue
    que es fuego y fiebre
    e invita a bailar.
      José. H. Staffolani



Martes 13, no te cases ni te embarques, que decía Luis Rubistein, pero venite a la milonga que es un día para el disfrute. Dejá que silben los vientos y apuntate, que cada noche bien bailada es un masaje al cuore, y un placer. Como el valsecito de Vicente Romeo.

En la Casa de Aragón-Madrid, sito en la Pza. República Argentina nº 6, disfrutamos en un hermoso salón y la selección musical que no falla nunca, porque si fuiste milonguero de verdad, no le podés errar a  los temas que le enchufás en la oreja a los bailarines, para que le dén rienda suelta a sus remos.

                             

Para ir entrando en calorcito nada mejor que tomarnos el buque rumbo a milongas y festivales varios y junar como la escolasan algunas parejas de fuste por esos pagos del globo terráqueo milonguero.

Arranco por Rumania,. En el Tango Cazino Festival, bailan Rita Caldas y Vasco Martins, el tango Olvídame, por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Alberto Echagüe.

                                   
                                     


Me doy un salto a Halle, en Alemania, donde están Clarisa Aragón y Jonathan Saavedra, en el festival de dicha ciudad. Y se mandan con este clásico valsecito: El aeroplano, por la orquesta del rey del compás: Juan D'Arienzo.

                                   
                                         
El toque final de la fiesta milonguera es en San Francisco-U.S.A. Concretamente en el Nora's Tango week. Y los encargados de la exhibición son Magdalena Gutiérrez y Germán Ballejo que van con el motor fuera borda, bailando la milonga Meta fierro, por Juan D'Arienzo y su orquesta.
                                       
     
                                       
 Y, sí, te agarra el fierrito, ¿viste? Dale, andá preparando el empilche para esta night.                                  

lunes, 12 de noviembre de 2018

Aquella orquesta de las Estrellas

Así como Miguel Caló estuvo a punto de irse a las manos con Osmar Maderna, cuando el pianista le anunció que se alejaría de la orquesta para formar la propia -como recordaba Alberto Podestá-, en los casos de Domingo Federico, Enrique Mario Francini y Armando Pontier, que pasaron por la misma situación, el propio Caló les ofreció su ayuda y todo lo que necesitaran para que les fuera bien como directores.

Incluso Alberto Podestá, que debutó con su orquesta a los 16 años, recién llegado de su provincia -San Juan-, arrancando con el nombre artístico de Juan Carlos Morel, emigraría de la misma para pasar a la de Di Sarli, de allí a la de Pedro Laurenz y volvería a cantar otra vez con Caló, dejando verdaderas creaciones en el disco con esta formación. Incluso, confesaría públicamente que en ella encontró a  dos amigos que lo fueron para toda la vida: Francini y Pontier, con quienes formó cuando ellos constituyeron su propia orquesta.

Francini, Federico, Podestá, Caló, Pontier y Berón
                                      
Tanto Francini como Pontier llegaron a Buenos Aires con la orquesta juvenil del  músico alemán, Juan Ehlert, que había llegado a Zárate con un conjunto, se enamoró de una joven en la ciudad y se quedó a vivir allí, junto al Paraná. Creó un Conservatorio y varios chicos que pasaron por sus clases, como Pontier, Cristóbal Herreros, Francini,Stamponi,  terminarían fusionando sus conocimientos cuando llegaron a Buenos Aires en la orquesta juvenil del maestro de Bremen para actuar en radio.

La imagen los muestra ya grandes y consolidados individualmente. Domingo Federico, que aprendió a tocar el bandoneón con Pedro Maffia, después de pasar por orquestas como la de Juan Canaro y otras, es contratado por Miguel Caló como primer bandoneón de su conjunto. Y algo sabría Caló de bandoneonistas porque él lo había sido, y exitoso, antes de empuñar la batuta.

Federico, no sólo se reveló como un excelente fueye conductor, en la línea que formó con Pontier, José Cambareri y Felipe Riccardi. Aportó además su gran calidad de compositor, nutriendo a la orquesta con composiciones propias como : Saludos (que Caló adoptó como tema-presentación), A bailar, Tristezas de la calle Corrientes, Percal, Yuyo verde, Al compás del corazón, Yo soy el tango.

                           
Lo mismo podría decirse de Pontier: El vals soñador, Corazón no le hagas caso, Cada día te extraño más, Bien criolla y bien porteña, Margo. O de Francini: Bajo un cielo de estrellas, Pobre negra, Mañana iré temprano, Lluvia de abril, El mismo dolor, Óyeme. Temas que fueron garantía de éxito en la etapa que formaron en la recordada "Orquesta de las estrellas".

Cuando, en 1945, Francini y Pontier forman su rubro orquestal, separándose amistosamente como queda dicho, llevan de cantores del conjunto a Raúl Berón y Alberto Podestá, camaradas en la orquesta de Caló. Debutan con gran éxito en el recordado Tango Bar de la calle Corrientes al 1200. Automáticamente son contratados por Radio El Mundo en horarios centrales, graban discos y actúan en numerosos clubes los fines de semana, para atracción de los milongueros.

 
La orquesta de Francini-Pontier con Raúl Berón y Alberto Podestá, sus cantores.

Domingo Federico formó su propia orquesta en 1943 y también tuvo un largo recorrido con la misma dejando 142 grabaciones registradas. Por razones personales dolorosas se radicaría en Rosario, en 1957, donde no sólo tuvo orquesta sino que formó a numerosos futuros bandoneonistas que darían que hablar en la Universidad de Rosario. En 1980 lo declararon Ciudadano Ilustre de la ciudad.

Y vamos a la foto de arriba. Están Enrique Francini, Domingo Federico, Alberto Podestá, Miguel Caló, Armando Pontier y Raúl Berón en radio El Mundo, durante el año 1963. Allí todos los jueves, a las 21  horas, durante tres meses se produjo la "resurrección" de la Orquesta de las estrellas. Los viejos amigos que volvían a juntarse para reeditar aquellos éxitos de los años cuarenta que siguen bailándose en las milongas de todo el mundo. Sólo eran ellos seis, pero constituían un lujo tanguero.



Incluso se editó un disco con las emisiones radiales y en el mismo se pueden escuchan aquellos diez éxitos de la época de oro de la orquesta de Caló: Lejos de Buenos Aires, Mañana iré temprano, Esquinero, El vals soñador, En la calle, Elegante papirusa, Margo, La maleva, Bien criolla y bien porteña y Saludos.



                                 

                         



jueves, 8 de noviembre de 2018

Los dueños de la noche

Una evocación de aquellos que pertenecieron a la noche de Buenos Aires, que conquistaron al público bohemio: De Caro, Piazzolla, Troilo, Goyeneche.


   La noche tuvo muchos dominadores desde Julio De Caro y Aníbal Troilo hasta Ástor Piazzolla, pasando por Fresedo o Salgán. Las voces se sucedieron hasta llegar las de Goyeneche, el nervioso Polaco que sabe enternecernos con Garúa y el despliegue tan lúcidamente renovador de Susana Rinaldi. Para mí hubo algo de partida en la prematura entrada de Troilo, "Pichuco", en un viaje estático que lo separaba de la vida.


   Había visto aparecer su cara adolescente en los miles y miles de ejemplares de Crítica. ¿Qué les pasará a algunos grandes intérpretes de la música popular? Encontrar algo que no está explícito en el misterio y la maravilla del sonido ordenado. La música no dormía nunca dentro de Pichuco. La tenía que sacar noche afuera en aire recortado, redondeado y teclas de fábula.

    El tango le trajo contratos, un montón de plata, soberbias encamadas con mujeres incontables, el amor hasta el fin de Zita y la amistad atropellando el fondo de la noche en extrañas, cada vez más extrañas noches, prolongadas al dar espaldas a la madrugada. Había millares de copas y algo más, para desarraigarlo. Quería salirse fuera de su cuerpo gordo, de sus dedos mágicos, tal vez de la vida, que se lo había dado todo. Se quedó excesivamente quieto.

                                     


   Estuve a vistarlos en su departamento del centro para hablar de un tango que no hicimos nunca. Estaba como indiferente. Me dijo que no alcanzaba a caminar el largo balcón que se establecía frente a nosotros. Los centenares de noches con Homero Manzi y conmigo y con Barquina podrían estar a sus pies como otras tantas cosas inefables y muertas.  Homero, una noche, "bien adobado", pero sin perder la noción profunda del mal que lo desgarraba, se ensangrentó los puños rompiendo un espejo en el que no podía soportar su rostro. O no podía entender cómo estaba signado por una muerte cruel, inevitable. El viaje de Pichuco no consentía esas alteraciones. Era un viaje quieto, cuyos ocultos resortes nadie podría adivinar del todo.

                           
   Alcanzó a orejear el mundo, y un poco de lo que está atrás de las cosas. Quiso a la gente, se lo expresó con tangos, y la gente lo adoraba. Saliéndose de la vida tenía ya más vida que la que iba mostrando con agonía y delicia bien medida de aire, en el fuelle que lo hizo "El Bandoneón Mayor de Buenos Aires". Su cara de luna se quedaba colgada, durante la ejecución, de quién sabe qué extraño cielo.

Petit de Murat, Lucas Demare y Homero Manzi durante la ilmación de La guerra gaucha
   El violín celestial de Francini, la orquesta y la amistad de Julio De Caro, al que antes de conocerlo ya le agradecía el hacerme posible durante el tramo de sus melodías y bailando ese lado imposible que busca el sentir enamorado. Juan Carlos Cobián aporreando el viejo Gaveau color cereza de mi casa de Belgrano mencionan mis noches de Buenos Aires con un tuteo que no permiten las grandes creaciones sinfónicas de los instrumentistas que siempre han estado en ella. Y que ha comentado como nadie Jorge D'Urbano.

Ulyses Petit de Murat (De "La noche de mi ciudad". Emecé.)

martes, 6 de noviembre de 2018

BIEN MILONGA

    Aunque una luz al instante
    cambia el paisaje de veras,
    a bordo de mis zapatos 
    sigo gastando las suelas.
    Ya encanecidas mis sienes
    pero el verano en mis sueños,
    a bordo de mis zapatos
    cruzo la vida y la quiero
                  Eugenio Majul

Martes, 6 de noviembre, y como siempre Bien Milonga te abre sus puertas para que a bordo de tus tamangos cruces la pista y disfrutes. Para eso te ponemos una música de compases milongueros al mango, en la Casa de Aragón (Pza. República Argentina nº 6-Madrid), donde le damos cuerda a nuestros cuores desde las 21 a las 0 horas.

                            


Y también nos mandamos un rodeo por esas pistas donde el tango ha prendido con fuerza, aunque no se comprendan los versos que lleva en sus entrañas. La música alerta los oídos y agiliza las piernas. Y suenan familiares los apellidos D'Arienzo, Troilo, Tanturi, Di Sarli, Pugliese, Donato, Biagi é anche di piú...

Por ejemplo, y para constatar cómo se ha internacionalizado el tango argentino, nos plantamos en el Festival de Lodz, Polonia. Allí toca la orquesta rusa Solo Tango,"a lo Fresedo"; canta nuestro impagable Ariel Ardit y bailan Sebastián Achával y Roxana Suárez el tango Buscándote.

                                


Reviviendo la resaca de estos días que viví en Madrid con el gran Miguel Ángel Zotto, amigazo de ley, lo podemos disfrutar en Remanzacco, Udine, Italia, bailando con su bella pareja, Daiana Gúspero, El viejo vals, por la orquesta de Francisco Rotundo cantando Floreal Ruiz y Enrique Campos.

                                        
Y a bordo de mis zapatos me intalo en Bruselas para ver cómo gastan suela Los Totis: Christian Márquez y Juana Sepúlveda, que se mandan con esta milonga: Sacachispas, por la orquesta de Julio De Caro, que canta Luis Díaz.

                                              
Y me voy a preparar los tarros para la velada de esta noche... ¡Me salgo de la vaina por milonguear!                                            

lunes, 5 de noviembre de 2018

Tania. Un cascabel radiante

   Era la síntesis -y suma- del ingenio popular español y la picaresca porteña. De su tierra trajo la gracia, que prodigaba a borbotones. Sus años en Buenos Aires y su mundo bohemio le regalaron la socarrona agudeza.

   Su nombre está ligado al de Discépolo, con quien vivió los últimos 24 años del genial autor.

   Pero Tania tenía vida propia. La tuvo siempre. Desbordaba alegría cuando cautivó a Discépolo en el Folies Bergère, allá por 1927, cantando Esta noche me emborracho.

                                       


   Venían de mundos muy distantes. Él, entonces un tanto tímido todavía bajo la sombra de su hermano mayor Armando. Ella, un cascabel radiante: "Me mandó flores, me mandó bombones. para mí, esas cosas no tenían importancia, porque eran tiempos en que los admiradores mandaban cosas más importantes que flores y bombones. Me parecía un asunto muy romántico, pero para una mujer como yo, joven, con 24 años, ya eran muchas flores, muchos bombones, mucho té...".

   La traté mucho en su casa de la avenida Callao, donde vivió con Discépolo. Tenía la sabiduría generosa de quien sabe mucho pero no lo demuestra. Conocía los recovecos de la vida, de una vida intensa, desbordante. Una vida de alegrías y de penas, como cuando murió su únicahija, de la que no hablaba, y los amigos no preguntábamos para no rememorar su pena.

   Siempre estaba de fiesta, alegre, elegante, coqueta, aún vestida "de entrecasa". Jamás la escuché que hablara mal de alguien. Le dolía, sí, el olvido de aquellos desmemoriados que ponen tasa a la amistad y al afecto. Pero no lo decía.

                              
Tania y Discépolo. Una pareja que siempre dio que hablar.


   Estaba siempre actualizada. No era la anciana (¿se puede usar con Tania la palabra "anciana"?...) que hablaba del pasado. Sus comentarios de la actualidad eran desopilantes. Quería saber por qué Menem había discutido con Alfonsín o que iba a pasar con Clinton "por esa  cosa que le ocurrió con la Mónica...".

   Pero el tema recurrente era Discépolo. No porque ella lo trajera a colación en sus charlas, sino porque sus amigos nos deleitábamos con sus historias y en especial su relato de cómo iniciaron su vida juntos.
"No me decía que vendría a mi casa a tomar café o... a lo que fuera...¡Más claro no se lo puedo decir..."! Hasta que un día me dijo:
-Alquilé un departamento chiquito pero lindo en la calle Cangallo, cerca del Tropezón. Abajo vivía Roberto Noble, un gran periodista, y me contó que había un departamentito disponible y lo alquilé. Ya vivo ahí, pero solo. No con mi hermano. ¿Porque no venís a tomar un café. Y fui. Pero por las dudas, me llevé una valijita con un deshabillé. un batón muy mono lleno de encajes, unas chinelas y unas cosas más como para al día siguiente levantarme e irme a mi casa.

                           
   Por lo general llegábamos a su casa al caer la tarde. Nos esperaba con sanwichs y con un whisky que repetíamos con insistencia a pesar de las protestas de mi mujer. Antes de la cena, le pedía un Tango.

   Cantar era para Tania una necesidad fisiológica. Y lo hacía de maravillas, con una afinación envidiable. Cantaba con la voz, con sus ojos, con sus gestos, con sus silencios. Sabía que el tango cuenta una historia y hay que decirla, no gritarla. La transmitía palabra por palabra. De ahí ese fraseo tan particular que dosificaba con la experiencia que sólo enseña el tiempo.

   Vivía haciendo planes. ¡Y para concretarlos!... Hace muy poco me decía: "Tenemos que preparar una gira por España. Quiero cantar en Toledo, donde nací, y en Valencia, donde pasé mis primeros años. Allí están mis sobrinas a las que quiero mucho. Y no nos olvidemos de París..."

   Después de los tangos, venía la cena. Asombraba su apetito. Nunca supo si el hígado formaba parte de su cuerpo y su metabolismo.  Y durante la comidda volvía a repasar sus planes.  "No te olvides de llamar a España para preparar la gira".

   Ser amigo de Tania fué uno de los privilegios que me regaló la vida.

   Dicen que tenía 98 años... tal vez 105... ¿Qué importa? Tania fue un mito y los mitos tienen sólo presente.

Antonio Rodríguez Villar.

La escuchamos a Tania cantando el tango Desencanto, de Enrique Santos Discépolo y Luis César Amadori. La acompaña la orquesta dirigida por  Enrique Santos Discépolo