martes, 23 de mayo de 2017

Bien milonga

                                                                                            Muchachos, comienza la ronda
      que el tango invita a formar.
      ¿Quién al oir el arranque
       de un son tan brillante
         no sale a bailar?
                 Leopoldo Díaz Vélez
                                                                                          
Los martes milongueros iluminan los bosquejos de la semana que se presenta con calores y emociones para todos los gustos. Aunque el placer de una buena milonga adelanta en sus preferencias a todos aquellos que tienen la inmensa dicha de bailotear tandas de tangos, milongas y valsecitos. Es algo que uno lleva prendido en el alma y aunque pasen los años, la pasión no se deslíe en una sfumatta, sino que crece con el correr de las milongas.

No necesito explicártelo demasiado porque ya conocés ese sentimiento, lo vivís y vas junando el almanaque, los yornos de la settimana y calculando adonde te mandás para darle gusto al cuerpo y pista lunga a los remos. Ya sabés que en la CASA de ARAGÓN, situada en la Pza. República Argentina, de Madrid, los martes le sacamos viruta al piso, con tutti, de 21 a 0 horas. Y ahí te esperamos.

                                          


Para no perder la costumbre y porque los seguidores del blog me incitan y quieren ver cómo la tallan en el parqué las parejas de fuste, me doy el consabido repaso por pistas lontanas y así vamos sacando conclusiones.

Por ejemplo, si me planto en el Showdance Argentine Tango, de Moscú y me topo con la pareja rusa integrada por Aleksandr Yakushev e Irina Ostroumova... Que se arrancan, en este caso, bailando el tango Recuerdo, por su autor, Osvaldo Pugliese, su orquesta, y el cantor Jorge Maciel. Manyá qué estilo manyá.

                                                 


Y me rajo a Tokio - Japón para ver a esta dupla: Cristian Andrés López-Naoko Tsutsumizaki en acción.  Cristian, argentino, que tiene su estudio de tango en la capital japonesa,  la hace de goma a su novia y pareja de tango: la nipona Naoko, en Tanguera, por la orquesta de Mariano Mores. Los ponjas se quedan atónitos cuando él la enrolla como Messi a la pelota, con la zurda. Cosa'e locos...

                                                                                


Y ahora una pareja que las gasta grosas. Los rusos  Nichael Nadtochi y Eleonora Kalganova. Están en un salón de Washington -Estados Unidos-, y se mandan con la milonga: Cuando un viejo se enamora, por la orquesta de Francisco Canaro, cantando Carlos Roldán.

                                         


Y ya te di la manivela necesaria para que digas "Presente", en la cita milonguera de esta noche de luna. Las estrellas ya las viste acá. Ahora te mandás un buen empilche, tarros milongueros y a bailar que son dos días...                                   

lunes, 22 de mayo de 2017

Enrique Dumas



Tenía 73 años, estaba en plena forma y acababa de actuar en el Festival de Doma y Folklore de Jesús María, a unos 700 kilómetros de Buenos Aires. El cantante argentino Enrique Dumas falleció en 2009 a causa de un ataque cardiaco. Aún mantenía el tono recio de su gola tanguera y la pinta de galán maduro que le había caracterizado y que le permitió triunfar en escenarios tangueros, televisión, teatro y cine. 

Conoció la fama ya a los 20 años, cuando el tango, cercado por las dictaduras de turno, estaba dejando paso al rock y otros ritmos. Y justo él, que había comenzado a cantar a los 14 años en la Dixieland Jazz con el seudónimo de Hugo Randall, terminó siendo puntal del resurgimiento de la música porteña por su estampa, simpatía, el timbre recio de voz y su estilo interpretativo.

                                            
    

Enrique Rodríguez Acha -su verdadero nombre- nació en La Plata y, con Julio Sosa y Edmundo Rivero, relevó a los barítonos atenorados, de voces melodiosas, dándole otro acento al tango.El pianista Carlos Figari, tras abandonar la orquesta de Aníbal Troilo, empezó una nueva andadura en 1955 junto con esta joven revelación que enseguida se ganó los aplausos de los amantes del tango y de las damas, que lo eligieron como paradigma del galán cantante, que alternaba los temas jocundos  con las letras que detallaban pequeñas infamias de nuestra vida.. 

Lo vi seguido con dicha orquesta de Figari en la Confitería Richmond de la calle Suipacha. Y me lo encontraba también en el Balneario El Ancla, de la ribera deVicente López. Con los años coincidiríamos en Canal 9 de televisión, en la sala de maquillaje, o en los pasillos y daba gusto charlotear con él por su buen humor y gracejo. Era un tipo entrañable.

                                    

Radio Splendid les consagró rápidamente, aunque fue gracias al auge de las cadenas de televisión privadas argentinas que el estilo y la simpatía de Dumas se impusieron con fuerza. Actuó en programas de mucha audiencia como Esquina de tango, La familia Gesa, Yo te canto Buenos Aires, El show de Antonio Prieto y Grandes valores del tango, entre otros. 

Se zambulló en el teatro junto a Olinda Bozán y Alberto Anchart, en una versión de La muchachada del centro; en Buenos Aires de seda y percal, con músicos y colegas destacados como Mariano Mores, Néstor Fabián o Susy Leiva. También se lució en el legendario sainete El conventillo de la Paloma, o en Aplausos, con Libertad Lamarque y Juan Carlos Thorry.

En la década de los sesenta participó en varias películas, entre otras: Bicho raro, Flor de piola y Viaje de una noche de verano. Encarnó en teatro nada menos que a Santos Vega, el personaje poético de Rafael Obligado que compitió con el Martín Fierro de José Hernández. Participó también en Tangos en El Dante, junto a Aníbal Troilo y Tito Lusiardo; Yo canto a mi Argentina, con Mores, Lusiardo y Héctor Gagliardi; Buenos Aires, todo tango, con Beba Bidart, Horacio Salgán y Ubaldo de Lío, y una larga lista. En 2003, viajó a Japón acompañando a la orquesta conducida por el bandoneonista Carlos Galván y volvió a registrar un gran éxito. También cantó con el maestro Osvaldo Pugliese.

                           
Con Virginia Luque en Grandes Valores del Tango
                                         

Había sobrevivido a un infarto dos décadas atrás y a un terrible accidente de automóvil, que sufrió cuando regresaba de una gira. Se caracterizó por su sentido de la amistad, el amor por su familia -aunque teminó separado de su esposa, la locutora-presentadora Colomba, con quien tuvo tres hijos--, y los que tuvimos la suerte de coincidir con él en televisión o en radio apreciamos siempre esa campechanía que fue su santo y seña y no abandonó, ni en los instantes de mayor éxito.

Dumas dejó muestras de su profesionalidad y buen gusto en la película Buenos Aires, sos tango, en la que aparece cantando e interpretando secuencias junto a Aníbal Troilo, Edmundo Rivero y Beba Bidart, además de otros artistas.

En 1961 se independizó y, como solista, logró sus mayores éxitos aunque volvió a grabar con Figari y  conjuntos como Mariano Mores, Osvaldo Requena  o Roberto Pansera. Realizaba giras por Argentina junto a su íntimo amigo, el locutor Silvio Soldán, hasta el infarto final. Dejó numerosos temas grabados y, especialmente su imagen cantora en programas de televisión y en películas que filmó.

Como ejemplo, acá lo vemos cantando en el programa de Canal 9 "Grandes valores del Tango", acompañado por la orquesta de Osvaldo Pugliese -a quien le recuerda una anécdota-, en el tango de Héctor Marcó, Graciano Gómez y José García: Esta noche de luna.


                                      

Y con Virginia Luque se despachan varios tangos, acompañado por la orquesta que dirige Armando Cupo desde el piano.

                                          

                                             
                                                  


sábado, 20 de mayo de 2017

Chiqué

                                                                           Un sábado más, un sábado más
                                                                           sobre Buenos Aires, un sábado más.

Así como lo describía Chico Navarro en la capital porteña, sucede en Madrid y en tantos puntos del orbe con las milongas sabatinas que entibian las noches y madrugadas a puro tango, milonga y valsecito. En Chiqué también te reservamos ese espacio lúdico donde podés tomar clases -previa anotación-, a partir de las 20 horas del sábado, y milonguear tupido desde las 21 hasta las 0.30 hs.

La Casa de Aragón de Madrid, nos permite danzar en su salón, con hermoso piso de madera, espejos y música expresamente bien milonga. Además ofrece su elegante restaurante, la terraza que da a la Fuente de los delfines, en la Plaza República Argentina; el bar y sus instalaciones. La completa, que dirían en Buenos Aires, disfrutando de un sábado más a pura milonga. Por eso te invitamos a que compartas este espacio con todas las excelencias que te ofrece.

                                   


Para ayudarte a despuntar tu bagaje milonguero, no hay nada mejor que llevarte a pasear por distintos escenarios con el fin de que admires la fuerza expresiva de algunas parejas, el vendaval prodigioso de sus exhibiciones, estilos sugerentes, originalidad con tensión y chispa, sumada a la brillantez rítmica con que acometen la interpretación de lo que les va sugiriendo la música de la orquesta.

Arranco con los argentinos Alejandro Berón y Verónica Vázquez. Se lucen en unos salones del barrio de  Plantage -Amsterdam- Holanda, bailando el valsecito Temo, por la Orquesta Típica Victor, cantando Mario Corrales (que luego se llamaría artísticamente Mario Pomar).

                               

Continúo con una pareja rusa que se mueve de maravillas en la pista de baile. Son Dmitry Vasin y Ester Omerova, en el Showcase de Tango argentino. Y lo hacen bailando A Evaristo Carriego, en la versión de la orquesta Luis Bravo Forever Tango.

                                

Y para cerrar este abanico de muestras artísticas sobre el tango bailado, te dejo con la miel en la boca. porque vas a disfrutar con las travesuras de Sebastián Arce y Mariana Montes (¡Qué pedazo de pareja!). Es de hace unos años pero tiene una frescura total. Mirá cómo se lo pasan bailando la milonga De mis tiempos, por la orquesta de Francisco Canaro. ¡Una pasada!...

                                       


¿Que me contursi? Si no te agarró el embale, es porque andás algo hipotenso. Seguí viéndolos un rato y después me batís la justa...

viernes, 19 de mayo de 2017

Abel Córdoba


    -Yo tuve la suerte de incorporarme a la orquesta de Osvaldo Pugliese cuando la misma estaba atravesando unos de sus mejores momentos. Estaba integrada por el tano Ruggiero, Penón, Lavallén y Plaza en bandoneones. En los violines estaban Cacho Herrero, Balcarce y el uruguayo Julio Carrasco. En la viola, Norberto Bernasconi y Quique Lannó, en el bajo Alcides Rossi y, por supuesto, Osvaldo en el piano. Y yo vine a la orquesta. Debuté el 10 de Octubre de 1964 traído de la mano del negro Luis Mela, el recitador en la orquesta que me había escuchado cantar en mi ciudad, en San Francisco, en una confitería de aquel pueblo.

                              


   Me dijo: "Pibe, tenés que bajar a Buenos Aires porque sería importante que te escuchen los muchachos de la orquesta, que están realizando un certamen para tratar de incorporar una voz joven", porque yo también fuí joven. Entonces viajé a la Capital y tuve la suerte de llegar a una final donde participaron dos muchachos de aquí, uno de Rosario y el cuarto era yo. Así que dimos todos la prueba en la sala de Callao 11, que Don Osvaldo y los muchachos escucharon con suma atención a todos los postulantes que estábamos. En ese último día sale el negro Mela a los minutos de realizar la acostumbrada conferencia donde se votaba y dice: "Por unanimidad ha quedado elegido el cantor de Córdoba". No reaccionaba que el único que venía de esa provincia era yo, así que tuve la enorme satisfacción de integrarme a la orquesta. 

El siguiente sábado debuté en la misma y fué una emoción impresionante. Tenía que suplir a Alfredo Belusi, que no iba a ausentarse de la orquesta, íbamos a estar los tres, Maciel, que estaba en esa época, Belusi y yo, pero como me incorporaron a mí, Alfredo se "tomó el raje" volviendo con la orquesta de José Basso con la que ya había estado unos años atrás, así que desde esa época quedé incorporado a esa gran orquesta de tanta jerarquía, que fue la de Don Osvaldo, hasta los últimos días (1995). 
                                 


Tuve la suerte, al poco tiempo de haber debutado, de hacer una presentación de dos meses, una temporada hermosa en el teatro Maipo, que todavía era un teatro de revistas importante, donde estaban Tita Merello, Marrone, Dorita Burgos, las hermanas Ponce, Maruja Montes, Alfredo Barbieri... todas importantes figuras de aquella época. Dos meses después tuve la enorme satisfacción de hacer una gira por Japón, lugar al que fuimos por sesenta días y la gira duró cinco meses, así que nos fue muy bien. Bueno, esto es como realizar el sueño del pibe, en esa época era como jugar en la primera de River o Boca. 

El primer tema que grabé con la orquesta fué el hermoso tango de Oscar Zito Fresedo y Márquez, Enamorado estoy. Yo no lo cantaba, pero como era un tema melódico y me querían encarrilar por esa línea me lo hicieron grabar. A lo mejor, algo que no todos saben, es que en esa grabación no estuvo Don Osvaldo en el teclado y la parte de piano la realizó Armando Cupo, porque Osvaldo tenía la mano lastimada por una caída que había tenido. Así que grabamos un doble. Ese mismo día grabó Maciel -no recuerdo que tema (*)- y también los instrumentales La cabrera y Charamusca

                                
Con la orquesta de Pugliese en RE FA SI de Mar del Plata y otros artistas.1971

Inmediatamente después grabé un tema de Javier Mazzea, Como aprender a quererte. Después vendría Whisky, el tango con el cual rendí la prueba y que todavía me piden. Yo no tuve caballito de batalla. El tango estaba medio de capa caída, cuando yo entré ya estaba la nueva ola. Anteriormente a mi llegada, los cantores estaban cinco o seis años con las orquestas, se hacían su nombre y se desvinculaban para encaminarse como solistas, porque era más conveniente. Yo no tuve esa oportunidad, siempre me quedé en la orquesta, no había muchas alternativas, además estaba muy cómodo. 

También me piden los tangos Después, Callejera, Bien de abajo... Si yo tuviera oportunidad de grabar, haría este último tema, es un tango que me gusta mucho y tiene una letra (Héctor Negro) importantísima y una música (Arturo Penón) excelente. Cuando vine a Buenos Aires me fui a vivir a una cueva de un amigo del negro Mela, ahí en la calle Cerrito, donde ahora por la modificaciones urbanas está la avenida 9 de Julio. Estuve allí hasta que me gané los primeros mangos y me mudé al Hotel Casino que quedaba en Carlos Pellegrini y Santa Fe y fíjense ustedes que al poquito tiempo que yo había ido a vivir a ese hotel aparecieron cinco zaparrastrosos que venían de Rosario, que eran Los Gatos, la agrupación de Lito Nebbia. 

                           
Abel Córdoba, Adrián Guida y Osvaldo Pugliese
  
 
La semana antes de debutar me invitaron a presenciar una actuación de la orquesta. En el micro iban Gloria y Eduardo y el maestro de ceremonias, que era Julio Jorge Nelson. Entonces yo estaba por ahí cerca en el ómnibus y el tano Ruggiero le dice a Julio: "Mirá, este pibe va a debutar el sábado que viene pero no sabemos como llamarlo". Julio Jorge se da vuelta y me dice: "¿Cómo te llamás?. Yo le respondí: Abelardo González. Entonces me preguntó de dónde venía y yo le respondí que de Córdoba. Yo nací en Caballito, pero a los cuarenta días me piantaron para Córdoba, así que por adopción soy sanfrancisqueño. Julio espontáneamente dijo: Abel Córdoba, a los muchachos le gustó y quedó así".


Y vale la pena volver a escuchar aquel tango con el que ganó la prueba para estar durante 31 años, como cantor de la orquesta de Osvaldo Pugliese. Se trata de Whisky, de Héctor Marcó, que grabó con la orquesta en septiembre de 1965.

Whisky - Osvaldo Pugliese-Abel Córdoba


(*) El tango grabado en esa oportunidad por Jorge Maciel fué "Decime, Dios, ¿dónde estás?".

Nota: Este texto pertenece al Seminario Tango y Sociedad "Un siglo con Osvaldo Pugliese, ética y estética", que el Foro Argentino de Cultura Urbana desarrolló en la bodega del Café Tortoni de Buenos Aires entre el 3 de Agosto y el 23 de Noviembre de 2004.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Leo Lipesker

Se llamaba León Lipezker, era hijo de un matimonio ruso de Odessa que llegó a Rosario, Argentina, escapando de las penurias europeas del momento y donde tendrían seis descendientes, de los cuales cuatro se dedicaron con éxito a la música: Félix, León (que le quitaría artísticamente la ene final a su apellido). Santos y Freddy. Los dos últimos se deicaron preferentemente al jazz, aunque el popular Santos Lipesker, tocara el bandoneón, escribiera algunos tangos, militara en orquestas y grabara también esta música.

Leo estudió el violín, bandoneón, saxofón y clarinete y siguió los pasos de su hermano Félix, bandoneonista,  que se enrolaría tempranamente en la orquesta de Julio De Caro. Con 13 años, Leo  ya estaba instalado en Buenos Aires y sería primer violín en la orquesta de Pedro Maffia, e incluso participaría de la gira que hizo la misma por Chile en 1935, y en la que también formaba su hermano Santos, tocando el bandoneón y el clarinete.

                                       


De allí saltaría a la formación de Miguel Caló, que ya palpitaba los futuros éxitos de su orquesta de las estrellas, y luego de las actuaciones con un trío en el exterior, se enrolaría en la orquesta de su hermano, Roberto Caló. En la misma lo ví varias veces cuando estaban en la confitería Nobel, donde yo acudía a bailar. Y se lucía Leo Lipesker en los solos de violín que le marcaba el pintón director.

Siempre supo aunar las aspiraciones artísticas con las comerciales. En 1959, formó el cuarteto Los notables del tango, con Leopoldo Federico, Omar Murtagh, y Manuel Flores (lo reemplazaría Osvaldo Berlingieri)  y daría un gran salto de calidad al conformar el Primer Cuarteto de Cámara del tango. Para ello alistó a Hugo Baralis como segundo violín, Mario Lalli en viola  y José Bragato en violoncello. Leo era el primer violín y los arreglos se los encargó a Pascual Mamone.

                                              

Tuvieron  notables audiciones, grabaron en los ellos Odeón y Microfón, temas como Recuerdo, Lo que vendrá, La cumparsita, Loca bohemia, Todo corazón, La bordona y Sueño azul, entre otros. Luego formaría su propia orquesta, acompañaría a Roberto Rufino, formó un Sexteto con Osvaldo Requena y comenzaría a despachar éxitos como compositor, aprovechando su unión con Alejandro Romay en "Grandes valores del tango", que salía por radio Libertad. Entre sus trabajos, registró un CD con temas de Mariano Mores, utilizando el respaldo de éste, y como directivo de un sello lanzó un larga duración con voces jóvenes del tango.

                                   


En la ristra de composiciones que fue cosechando se mezclaron piezas de distintos géneros populares. Entre los tangos que firmaba con el seudónimo de Riel, se destacaron El último guapo y Sueño malevo (con Abel Aznar), La porteñita, Puede ser que no te rías y Milonga de cien esquinas, con Reinaldo Yiso, Todo es amor, con Alejandro Romay, Eslava con Pascual Mamone, Una historia más , con Raúl Hormaza y José Basso,  o Tuyo es mi corazón, con Héctor Stamponi. Su alianza con Romay y su perfil profesional en la Editorial Julio Korn, le permitieron la difusión y popularidad de estos temas, que seguramente no merecieron tal éxito, en su mayoría. Pero, en su faceta de músico, no se le pueden negar las virtudes que atesoró y que demostró en los distintos trabajos que desarrolló.

Podemos apreciarlo en dos temas. Con el Cuarteto de cámara del tango en La cumparsita. Y con su orquesta, en los temas instrumentales de Mariano Mores, Cada vez que vez que me recuerdes y Cristal, en un mismo registro.

Cuarteto de cámara - La cumparsita

Leo Lipesker Orquesta_Cada vez que me recuerdes-Cristal

martes, 16 de mayo de 2017

Bien milonga

                    ¿Quien fue el raro bicho   
                     que te ha dicho, che pebete,
                     que pasó el tiempo del firulete?

                 


Sí, hoy tendremos una nochecita ideal para firuletear en Bien milonga, desde las 21 hasta las 24 hs., en la Casa de Aragón, de Madrid, situada en la Plaza de la República Argentina nº 6.  El tiempo ayuda, se afloja la vestimenta, las gambusas están bien lubricadas porque el tiempo asoleado invita a estirarlas, corriendo, o en tranquilas caminatas por estos parques floridos. Y la música termina de encendernos el ánimo para milonguear duro y parejo.

Crear y consolidar un ambiente milonguero y entrañable no es tarea fácil y en Bien milonga lo tenemos curtido y armado con los milongueros que nos visitan a diario, en este cuarto año de nuestra andadura. Los elementos que nos han hecho perdurar en el colectivo, están a la vista: una buena pista de madera lustrada, música bien milonga, la atención y los buenos bailarines de ambos sexos, claro.

                                     



Y para ir preparando el cuerpo con vistas a questa bella notte, los invito a repasar algunos momentos firuleteros de esas parejas de fuste que acuden a festivales y lucen su arte en exhibiciones muy aplaudidas y comentadas por los espectadores de las mismas.

En este trance, me planto en Malmöe, en el sur de Suecia. Allí veo a Daniel Carlsson bailando con Sigrid Delicatessen van Tilbeurgh en el Festivalito de tango de dicha ciudad. Y lo hacen al compás de Muchacha, el tango que grabara la orquesta de Héctor Varela, cantando Argentino Ledesma.




Vos ya conocés mis gustos y los bailarines que me piaccen por su forma de interpretar, de moverse en el encerado, de tener ese touch que los distingue, sin caer en mamarrachos que los despinten. Bueno, tá bien, por eso insisto con esta muchacha Sigrid, a la que le diría, como González Castillo:
-Francesita / que trajiste pizpireta,/  sentimental y coqueta/ la poesía del quartier...". Ya sabés que el quartier, es el barrio, en español.
Ahora la Griseta de marras está bailando con Murat Erdemsel y sigue subiendo escalones de popularidad. Entre ambos se lucen bailando en la Galería Ideal de Viena, Austria, el tango Uno, por la orquesta de Aníbal Troilo, cantando Alberto Marino.
                                         




Y para terminar con lujitos recurro siempre a nuestros Sebastián Arce y Mariana Montes que la saben lunga y te dejan con ganas de correr a la pista, después de verlos en acción. En este caso están en Amberes, Bélgica y entre otras cosas se mandan la milonguita Todos te quieren, por Ángel D'Agostino y su orquesta milonguera. Junalos...

                                       


Vos, dejá nomás, que algún chabón
chamuye al cuete y sacudile tu firulete,
este arabesco que en el alma
la milonga nos bordó...
Es el compás criollo y se acabó.  







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lunes, 15 de mayo de 2017

Argentina, patria del bandoneón

   El Bandoneón llegó a Buenos Aires en el bagayo de un inmigrante alemán, quién jamás pudo suponer que con él traía el instrumento que andaba buscando la emoción porteña para poder desparramarse por el mundo. Y así fue que una noche, allá por el 1900, cuando todavía los muchachos se recostaban en las paredes de las esquinas para que no se derrumbaran y se ataban el pescuezo con un pañuelo para que no se les cayera la cabeza al escupir fuerte por el colmillo,

   El alemancito se sentó en el patio de su conventillo, para llorar en manga de camisa, sobre las notas largas de su "Bandoneón", un dramita de inmigración, de ausencia y de distancia. Y sin quererlo, las notas litúrgicas de su fueye, desangradas en la desolación de los patios porteños, repercutieron en el corazón de las costureritas sentimentales y temblaron en los dedos ligeros de las barras, como si hubieran nacido para repicar compadronamente sobre el doble teclado de aquel lindo aparato.
Dicen que un día, Domingo Faustino Sarmiento trajo de Italia una yunta de pajaritos grises, y al poco tiempo Buenos Aires era una jaula de gorriones. Asi también un día el arrabal se pobló de bandoneones.                                               

   Buenos Aires se le entregó, a condición de que primero, se le entregara el "bandoneón". Y así fue que empezó a rezongar como si llevara adentro el alma atormentada de un garabito. Y se emocionó en la noche de las cortadas, como si hubiera nacido a la luz de un farol, y compadreó en el alarde de una serpentina, como si en él chiflaran los gorjeos de las patotas. Y entonces, ya no fué más bandoneón. En el registro civil de los almacenes, lo bautizaron mandoneón, y para ser más chorro y más porteño, le acomodaron un mote de prontuario; "alias", Fueye.

Homero Manzi
   
    Y en los barrios de Buenos Aires, aparecieron las manos que habrían de estirarlo como nadie. Vicente Greco, Pacho, el ruso Antonio, Pepín, Santa Cruz, Chiappe y el pibe de oro, ese pibe que a los doce años con un par de brazos que apenas podían abrazarlo, sacó al fueye sonidos secretos, dulzuras desconocidas, armonías inéditas: Pedro Maffia. Luego vendrán otros, y luego también serán superados,para nuestro bien.

   El bandoneón es un alma que tomó forma de gusano a fuerza de arrastrarse detrás de un amor imposible. Cuando estaba por morirse de pena en una esquina olvidada del mundo, las caricias de las manos criollas, lo ayudaron a sufrir su congoja. Al hambre de su pena solitaria, el tango le entregó el pan de una amistad derecha y compañera. El suburbio lo emborrachó en sus copas para hacerlo olvidar. Los compadritos lo llevaron a sus fiestas para ahuyentarle los recuerdos malos. Y Juan de Dios Filiberto, que tiene algo de fueye en su arrugada silueta, le compuso un himno de homenaje: "Quejas de Bandoneón"


   El bandoneón es un órgano de Iglesia con alma requintada, que siguiendo la estrella rea de su destino, se escapó de una catedral disfrazado de fueye, para poder ambular por la noche de la calle Corrientes. Por eso desde que él se entreveró en el tango, las milongas adquirieron una solemnidad religiosa, y por eso cuando sus hermanos recogen los sonidos y talla solo el bandoneón, la canción de los barrios parece un misal taura. Y por eso también, Pascual Contursi, poeta de suburbios, le rezó un Padre Nuestro: "Bandoneón Arrabalero".

Pedro Maffia
   
   Enrique Santos Discépolo, se ha ganado el título de inspector honorario de las emociones de Buenos Aires. Envuelto en un mínimun de materia, recorrió las calles o se sentó a tomar un café, dispuesto a requisar cuanta emoción circulara sin patente.

   Nervioso, flaco, afiebrado, pura nariz y talento, de pronto ha encontrado algo que buscaba; una canción, un grito, un gesto; se lo pone debajo del brazo y en su casa lo hace bailar sobre el piano, para inspirar las teclas. Es el drama que un borracho olvidó sobre una mesa o un lío que descubrió por la rendija de una persiana. Una noche oscura, al cruzar una calle del suburbio, Discépolo tropezó con el alma del bandoneón que se había escapado de la caja; entonces hizo un tango: "Alma de Bandoneón".


    Pedro Maffia, inició su vida en el piano. Pero aquel armatoste era demasiado grande para la honda humildad de su espíritu. Sus dedos ligeritos resbalaban inútiles sobre la dentadura del teclado. Es que Maffia, necesitaba un instrumento más pequeño, para hacerlo llorar de emoción en el temblor de una caricia. Un instrumento que lo pudiera tener entre los brazos, para llevarlo más cerca del corazón. Tal vez por ello eligió el bandoneón. Y por ello también, cuando aún era un pibe, ya sabía pasearlo como nadie por los carcomidos tinglados de los cafés de Buenos Aires, entre el humo de la admiración. Ese instrumento se le adentró tanto en su cariño, que al ejecutarlo era como si estrujara un pedazo de su alma.

   Cuando un instrumento se ha moldeado de tal forma al perfil filosófico de una ciudad, solo cabe hacerlo nuestro definitivamente, para que en sus días futuros, pase de una mano a otra, como entrando en cada casa a hacerse amigo y maestro a la vez. Las esperanzas que se derramaron en él, dieron nacimiento a más hermanos.

                                           
Aníbal Troilo

   Quizás alguien piense que no encaja en el desequilibrio del modernismo, porque tiene cara de viejo y está vestido de negro, que es su manera de pasar desapercibido. Si algún día sus hermanos fueran a dejar de ver nacer nuevos bandoneones de las manos de sus creadores, un día se terminará de hacer, el último bandoneón. Lo demás va a ser historia, y cada uno de ellos, aferrándose a las manos de quienes lo acarician, pedirán que ésta patria que los cobijó, sepa que no puede repartirse en versos si no hay quién aprenda a darle vida en aires porteños.

Haceme dos cajas con punta en ochava,
que puestas de frente, aferren los pliegues
y encierren el aire para mi pulmón.
Que asomen mis teclas con mueca sonriente,
y que al apretarlas, un peine de bronce,
libere los flecos de mi propia voz.
Que un muchacho loco me aprenda en sus dedos
y que de sus manos nazca una emoción.
Y en mi frente negra, que se frunza el ceño
de la filigrana de un fileteador.
Que mi nacarada suerte peregrina,
sepa que las manos que mi fueye estira,
dejan por sentada mi ciudadanía,
en cada latido de mi corazón

   Si alguien inventó un día esa jaula de pájaros..! ¿Qué otra alma sensible podrá volver a adivinar sus secretos para envolverla en el fervor de aquel primer encuentro..?

                                                                   HOMERO MANZI

La historia, que debería ser nuestra historia, esa a la que se ajustan las descripciones de los vencedores, es la que nació en Alemania y se escribió en Argentina antes de 1900. Y los argentinos hemos vencido sobre el destino de un instrumento sentenciado a morirse de sueño. Y porque ya llegó al tinglado de los más famosos escenarios del mundo y es escuchado con respeto, se abre ante nosotros el verdadero dilema. Lo que antes era el tesoro de un país, hoy es la búsqueda desenfrenada del resto del mundo por conseguir los mejores exponentes de lo que nos dio ese sabor sentimental.

Y los bandoneones salen gota a gota del país, sin pasaje de regreso.

Cada día son menos los que nos quedan, cada día son menos los mejores instrumentos, que tendrían que ser nuestro mejor orgullo.

Cada vez que me entero que en el exterior se vende un bandoneón traído por un tanguero que quiere hacerse de unos pesos, se arruga dentro de mi pecho este pequeño fueye que nos dejó su apariencia de juguete navideño, que se resiste a pensar que vamos entregando la ilusión que nos dejó alguno de esos tres Reyes Magos. Se van vendiendo uno a uno, y ya quedan los imprescindibles para continuar la tradición.

Que su voz no se pierda en los vientos de otros cielos. Que la ausencia de su voz no nos resulte un ausente más entre tantas presencias que damos por perdidas. A ver, argentinos...no vendamos también el alma..!

¡Este es un bien, no renovable..!

                                                                    ACHO MANZI