martes, 23 de septiembre de 2014

Por la vuelta

Enrique Cadícamo fue el más prolífico de los grandes autores que tuvo el tango. Con su estilo sencillo pero llegador, pintó todo lo que tuvo aquel Buenos Aires en el que vivió casi cien años. De cualquier anécdota extraía los versos para un tango y la más notable era que todos sus temas tenían inmediato eco popular. Gardel le grabó nada menos que 23 obras.

Bohemio, trasnochador, mujeriego, muy vigilante de su soltería que se habían prometido con Ángel D'Agostino ser eterna en ambos, y que al final sucumbió ante el amor. Pero antes había caminado las capitales europeas, países sudamericanos y Estados Unidos. Los derechos de sus obras le permitían ser todo un chevalier errant,  aprovechando su charme y su verso y darse los lujos que soñó de arranque, cuando se instaló con su familia en Buenos Aires.

                                                



Hoy les vengo con este gotán porque me lo recordó la deliciosa  peli de Juanjo Campanella que utilizó una estrofa del mismo como título (El mismo amor... la misma lluvia...), y en la que brillaron Riki Darín y Soledad Villamil. A Darín le dí hace unos años el "Sos Gardel" en Madrid y pasamos una velada estupenda, con mucha gente.

El mismo Cadícamo contaba los avatares que lo empujaron a realizar ese verso. Había estado viviendo ocho meses en Manhattan, con Juan Carlos Cobián y los sueños se habían venido abajo por la bohemia de ambos y encima, el divorcio de Cobián con una señora norteamericana. Entonces Enrique decidió sacar el pasaje en barco para volver a Buenos Aires. El gran pianista de Pigüé llegó a tiempo al puerto para despedirlo con un gran abrazo fraternal. Y la vida seguía...

                                         


Pensar que muchos años más tarde de aquella historia,  llegaba yo apurado al aeropuerto Kennedy, para embarcarme a Madrid, y me lo encuentro a Cadícamo apoyado en una puerta. Me parecía un sueño.
-Enriquito, ¿que hacés acá? ¿Te dejaron de seña?
-Pibe, ¿adónde vas?
-Me rajo a Madrid, se me pianta el avión...
-Esperá, esperá, aguantá un cachito...
Y estuvimos charlando de apuro porque se me iba el avión, al que subí de milagro, y pese a ello me dió tiempo para parlotear un ratito. Me hubiese quedado una semana hablando con él.

Y vuelvo a lo que narraba Cadícamo cuando volvía de aquella aventura con Cobián, en 1938:

  -Durante la travesía, a medida que me iba acercando a Buenos Aires, sentía deseos de que el barco se detuviera, que desviara su ruta o que tardara una eternidad en llegar. Al salir para New York había dejado algo que no entraba en mi valija: una amistad sentimental -sin cartas durante la ausencia- que me parecía haber olvidado, pero que ahora al acercarme volvía a tomar cuerpo y forma de mujer; una muchacha a quien había conocido en años anteriores, muy joven y que continuaba siéndolo a pesar de haber dejado correr despreocupadamente diez años desde que nos conocimos.

   Aquel afecto que era necesario borrar, había nacido en la noche, entre un rumor de tangos con humo de cigarrillos y copas. Una aventura juvenil que yo consideraba terminada. Dejarla más tiempo significaría más tarde un remordimiento.Recuperar la libertad perdida era el problema. No encontrábamos la fórmula para resolverlo. ¿Qué era lo que nos había detenido tanto tiempo? ¿Costumbre? ¿Inercia? Quizás un terco fragmento de amor.

                                             


   Al desembarcar fui a vivir por unos días al departamento de la calle Camacuá 25, que ocupaba mi familia. (...) Aquel departamento en la calle Uruguay al 600 que tiempo atrás había alquilado para mí y del que ella tenía una copia de llaves, se lo dejaría tal cual estaba. Sólo sacaría algunos libros del anaquel y algunos apuntes y papeles de los cajones. Le propondría algo original para terminar aquello. Por ejemplo, dejarla en posesión del departamento y retirarme. En última instancia, sólo esta chance. Con su lápiz de labios escribí en el espejo de la cómoda: "Hotel Continental". El primero que llamara perdería aquella cruel apuesta....

   Ninguno de los dos llamó, ni ella por teléfono, ni yo con los nudillos en su puerta. En la primera y cruel semana de prueba no hubo reacción de ambas partes. En la segunda, menos dura que la anterior, lo mismo. No necesitamos una tercera. Aquello, cada día que transcurría se iba convirtiendo en un recuerdo lejano.

-Como una romántica evocación, pude, después de aquella insólita gimnasia sentimental proclive a producir un cortocircuito en cualquier sistema nervioso, volver a mis tareas colaborando con José Tinelli en un tango que titulé: Por la vuelta.

                                                               

Después de recordar la aventura sentimental de Cadícamo, y sus avatares, creo que lo lógico es que volvamos a escuchar este tango que lleva música del pianista, director y compositor José Tinelli.

Y esa gran artista que es María Graña, lo canta en el programa: "Grandes valores del tango", acompañada por la orquesta del Canal. 



                                                   

    




lunes, 22 de septiembre de 2014

Salimos a bailar

Hoy se me metió este tango en el balero y llevo cantándolo toda la matina. Son cosas algo inexplicables, porque en las milongas casi no se pasa, y no es un tema que tenga gran difusión. Pero a mí me gusta la letra, por lo bien que pinta el romance milonguero y la descripción que va haciendo en el desarrollo del mismo. La interpretación de Juan Carlos Godoy, ese cantor de Campana, sobreviviente de la época del oro del tango, que sigue dándole a la gola, con sus 92 floridos años, es impecable y le da realce al tema.

La letra le pertenece al fecundo creador Leopoldo Díaz Vélez y la música al bandoneonista Juan Pomati, con quien a los 21 años escribí mi primer verso de tango, al que él le adosó la melodía, y que se perdió en la niebla de los tiempos. Díaz Vélez fue un temprano verseador que le fue agarrando el gustito a la poesía, mientras el padre lo familiarizaba con el tango. Con el tiempo se haría cantor y también crearía temas de largo y exitoso recorrido.
                                                     
Díaz Vélez con Silvana Gregori


Alcanzaría con nombrar a La milonga y yo, Entre tu amor y mi amor, Muchachos comienza la ronda,  Boliche de cinco esquinas, 1910, En el salón, Si es mujer ponele Rosa, Quien tiene tu amor,  Embrujo de la ciudad, Qué habrá sido de Lucía, Que no saque el tres, El picaflor del oeste, y una parva interminable de canciones de todos los ritmos, folklore, temas dedicados a ciudades, provincias y clubes de fútbol. Y además de todo ello y de la obligada bohemia, de cantar con diferentes orquestas, le gustaba la milonga y por eso escribía versos como éste del título:

Mientras solloza el tango y estás conmigo,
será como ninguna la noche de hoy.
Te queda tan pintado ese vestido
que estás resplandeciente en el salón.
Tu andar y tu sonrisa me han embrujado,
dejame confesarte lo que sufrí
pensando en este baile tan esperado
sabiendo que estarías cerca de mí.


                                                    
Leopoldo Díaz Vélez con uno de sus mayores éxitos

También, como  era muy observador, cuando cantaba con la orquesta de Armando Pontier en el Centro Lucense de Olivos (adonde fuimos tantas veces con la barra), con Los Dados Blancos, con la de Francisco Requena,  Emilio Orlando o Eladio Blanco entre otras, no perdía detalle de lo que pasaba en la pista de baile y de allí surgieron varios de sus versos. Entre ellos: Salimos a bailar.

¿Salimos a bailar, sueño querido?
que tengo tantas cosas que decir;
no importa que te envuelva el torbellino
del baile, cielo mío y sufra más así.
¿Salimos a bailar, sueño querido?
que en cofre de oro traigo para vos,
este cariño santo que para darte vivo

y esta esperanza mía de que me des tu amor.

Hace unos años formé una Compañía de teatro en Madrid y actuamos en diferentes ciudades de España. Uno de los muchachos que trabajaba en la misma, era ahijado de Leopoldo Díaz Vélez y me contó bastantes anécdotas de su padrino. Especialmente destacaba que era el alma de las fiestas familiares en el barrio de de Palermo, donde vivían, y que en ellas cantaba, recitaba y llevaba la batuta.  Y me dijo que gracias a Tita Merello, la página que más ingresos le dió fue La milonga y yo. Y mi amigo odiaba a Juan Manuel Serrat, porque decía que le había robado la parte de: "Vamos subiendo la cuesta / que arriba la noche / se viste de fiesta..."

                                      


Incluso hubo un juicio por plagio, pero como no había similitud musical salvo esas tres frases, Díaz Vélez perdió el juicio y debió pagar las costas y a los abogados. Pero hoy estamos con este tema suyo que incluso me está haciendo bailar solo en mi escritorio, porque Tanturi tiene un ritmo que se presta para ello y te contagia rápidamente.

El mechoncito rubio sobre tu frente
te hace una cara dulce y angelical,
estando así, los dos estrechamente,
mil rosas de ilusión florecerán.
La noche tiene un alma iluminada,
dejemos dentro de ella la sensación
feliz de nuestras almas enamoradas
al mágico conjuro del corazón.


Y entonces los invito a ustedes a prenderse en la escucha y contagiarles mi entusiasmo milonguero. La orquesta de Ricardo Tanturi, cantando Juan Carlos Godoy, lo grabó el 30 de septiembre de1957.

157- Salimos a bailar - Tanturi-Godoy


Y como estamos con el ánimo milonguero, me rajo con mis sentimientos hacia Gricel, el hermoso salón de la calle Rioja donde aterrizo en mis regresos.  Les quiero mostrar a esta pareja mayor, -Marta Doctorovich y Luis Anchava-  para destacar la elegancia con que bailan el tango de Raúl Kaplún y José María Suñé: Una emoción, por Tanturi-Campos. La señora es una delicia moviendo los pies, además.

                                          


sábado, 20 de septiembre de 2014

La Beba

Por algo estudió igual que su padre en el mismo piano Fóster alemán, regalo del abuelo Adolfo, y que hoy se exhibe como joya auténtica en "La casa del tango". En su libro, Beba Pugliese asegura que "la música es un bálsamo que nos hace revivir toda emoción, reflejando todos los estados de ánimo.  La música del tango es alegre, imaginativa, despliega todo tipo de matices, es descriptiva".

Hablo seguido con Beba porque es una mujer encantadora, con un bello sentido de la amistad. Y también aprovecho los regalitos fotográficos, recuerdos hermosos,  que nos deja en la Barra del Tango que capitanea Roberto Mancini, el que fuera gran cantor de Caló o De Angelis, entre otros. Acá la vemos en su 12ª cumpleaños junto a Papá Osvaldo y Mamá María Concepción.

                                                  


Primero quiso ser bailarina y estudió danzas clásicas. Luego le agarró el gustito al piano, y ver ensayar en su casa la orquesta de Don Osvaldo es un lujo increíble y emocionante. Lo describe muy bien en su libro, como la creación del tangazo Negracha, que mientras lo componía y ensayaba en el piano, le iba pidiendo a Beba su opinión sobre el mismo.También recuerda cuando iba con su primos y bailaban en el Club del barrio. En realidad estudió en serio y pudo ser pianista clásica, pero el tango la fue enganchando y suele darnos conciertos que son muy aplaudidos por la gente.

Algunas veces veraneaban en Mar del Plata. La orquesta de Pugliese cumplía algunos contratos veraniegos y de paso, aprovechaban la ocasión y disfrutaban de la playa, como se ve en este registro fotográfico, en que el maestro está con Beba y su nieta María Carla, en La Perla. Don Osvaldo se pone la gorrita de la nena al revés, como la usaba ella y la feliz mamá, Beba, sonríe feliz.


Ya les conté  que Beba baila muy bien el tango. Incluso lo hizo  en el escenario, con Roberto Herrera, a modo de anécdota porque en esa gira había acudido con su orquesta. En una oportunidad que estuvo en Madrid, le hicimos un pequeño homenaje en un  boliche argentino y bailé con ella, comprobando in person que se mueve muy bien en la pista.

Cada tanto, cuando tiene poco trabajo y le da el piante, se da el lujo de ir a alguna milonga y mover los remos al compás de esos discos que nos empujan a todos en la pista. Estuvo, por ejemplo, en el Club Oeste, de la calle Juan Bautista Alberdi. donde yo milonguée cuando era muy jovencito, y donde arrancó nada menos que Nélida Roca, la que fuera escultural vedette de la calle Corrientes.

Y acá la vemos bailando con un milonguero -Rolo- con la cancha libre que le dejaron para que pudieran florearse a piaccere. Se lucen con  el tango de Francisco Caffiero, Cachirulo,  por Aníbal Troilo y su orquesta de los cuarenta.




 Digamos que es una anécdota, simplemente, y para corroborar que tiene alma milonguera. Pero lo suyo es el tango bien tocado. Y dirigiendo su orquesta y con sus vocalistas, Darío Vitale e Isabel Mendoza, la podemos disfrutar en una hermosa selección de temas.

                                               

       ¡Muy groso, Beba!                                             






jueves, 18 de septiembre de 2014

Tiempo de Fiore

Su nombre siempre permanecerá unido al de Pichuco. Esos seis maravillosos años en la orquesta de Troilo sirvieron no sólo para edificar una idolatría, sino también, para que setenta y pico de años más tarde, esas obras que fermentaron juntos, iluminen las pistas de baile de todo el mundo, y el corazón emocionado de los tangueros. .

Porque Francisco Fiorentino era bandoneonista, músico, y su voz, sus interpretaciones, eran absolutamente musicales, aunque en algunos casos sonaran farragosas. Al fin de cuentas también Pichuco en ocasiones embarraba un poco la cancha para emerger en pinceladas  gloriosas que ponían la piel de gallina a los músicos de la orquesta y a los oyentes. El tono era lo que importaba, ése tono.

                               


Séptimo hijo de tanos inmigrantes, todos los hermanos tuvieron que salir tempranamente a trabajar para contribuir a parar la olla en la humilde casa del barrio porteñazo de San Telmo, donde vio la luz. También el barrio le dió el baño de tango que fue creciendo en su sangre. Ayudante de sastre y bandoneonista de afición, su hermano Vicente le daría las primeras lecciones del instrumento que completaría el afamado Minotto Di Cicco, primer fueye de la orquesta de Francisco Canaro.

Pensar que lo ví siendo un chico, en Radio Belgrano, a la que me llevaba cada tanto un muchacho del barrio que conseguía entradas. La imagen que me quedó para siempre fue su interpretación de Tabernero con José Basso, esa tarde-noche, y el hecho de que antes y después de cada tema se introducía una pastilla en la boca que luego, al intervenir, expulsaría.

La percha de Fiore junto al Toto Rodríguez. Orquesta de Troilo en Radio Splendid
                                                  
Yo pienso que Fiore es Troilo y que esa media docena de años que estuvo en la orquesta la gozan y gozaron muchas generaciones de tangueros/milongueros. Son inseparables. ¿A quien le puede importar que haya cantado con Canaro, con D'Arienzo, Cobián, Julio Pollero, con Fogelman-Gorrese en Europa, con Maffia, con Roberto Zerrillo, con Vardaro-Pugliese, o con los Poetas del Tango, o con Ricardo Malerba o Daniel Álvarez. O que haya tocado el fueye con Canaro o con la Típica Fiorentino que dirigía su hermano Vicente. Ése no era el tano Fiore, era otro tipo. Nada que ver. No hay más que escucharlo en grabaciones.

                                             


Fue Fiore desde el 1º deJulio de 1937, cuando debutó con la flamante orquesta de Aníbal Troilo en el cabaret Marabú de la calle Maipú. Esa orquesta a la que además asesoró en la vestimenta aprovechando su antiguo trabajo de aguja, tijera y el centímetro de tomar medidas. Pichuco le prestó su voz pequeña y su sentimiento al nuevo vocalista. Fue un trasvase mágico que lo reconvirtió cuando le faltaban tres meses para cumplir 32 años de edad. Y Fiore pasó a ser como el fueye de Pichuco, el piano de Goñi, el violín de Sapochnik o el contrabajo de Fazio (o el de su sucesor: Kicho Díaz). Por algo Raúl Garello, que fuera primer fueye de Troilo comenta: "Pichuco fue un cantor frustrado. ¡Cómo cantaba! El decía que si no fuera por esa voz de papel de lija, se hubiera dedicado a ser cantor. Por eso hacía cantar todo lo que tocaba!..".

                                  
Fiore de blanco junto a Pichuco en Montevideo. Ya estaba Piazzolla en la orquesta

Y Fiore dió cuatro años de ventaja de cara a la posteridad. Porque después del primer disco de la orquesta en Odeón, en 1938 -dos instrumentales- , recién comenzaron a grabar en la RCA Víctor el 4 de marzo de 1941. Dos temas grabado con la voz de Fiorentino: Yo soy el tango y la milonga Mano brava. Orillaba entonces los 36 años, o sea, nacía como cantor para los que escucharían sus gorjeos entre el lujoso swing de Goñi al piano, y el contracanto del fueye de Pichuco. Grabaciones que con el tiempo servirían para llenar el currículo de Pichuco y su llamada: Orquesta de los cantores.

Alberto Morán, en aquellos descansos de la Confitería Montecarlo, donde yo decía presente varias noches a la semana, cuando se desvinculó de Pugliese me hablaba de Fiore con una real emoción. "Fue todo un maestro -me decía-, al principio yo cantaba en su estilo. Luego, lógicamente fui encontrando el mío, pero me tenía atrapado. Cada vez que lo escuchaba en temas como Te aconsejo que me olvides o En esta tarde gris, se me volaban los pajaritos...".

                                                       
Troilo-Fiore. Una dupla para la leyenda del tango


El tango inicial que cantó Fiore con Troilo en el Marabú, fue Sobre el pucho, de Piana y González Castillo y el último: Adiós Pampa mía. Ninguno de los dos fue grabado. Pichuco mismo se emocionaba cuando le hablaban de su primer cantor y recordaba que sus hinchas juntaron muchas firmas para que lo reintegrara pero el Tano ya volaba hacia el olvido, que iría haciendo parada en su orquesta que dirigía Piazzolla y luego Spitalnik, con Basso, Mancione,  o Puglia-Pedroza...

Ya nunca más fue ese Tano Fiore que cantó con Troilo. El que se mordía el pañuelo en los ensayos porque no enganchaba la entrada a tiempo o se trabucaba y obligaba a la repetición. O sanateaba en algún momento para seguir a la orquesta. Nada importaba. Su voz era otro instrumento de la Típica de Troilo. Incluso había dejado atrás la etapa de los estribillistas y con Pichuco inauguró la era de las letras cantadas enteramente, o al menos la primera y segunda parte. También fue protagonista de la dupla de vocalistas definitivamente consolidadas. Si hasta Troilo fue cambiando para dejar atrás aquellos años de Fiore. Era otro Pichuco siempre creciendo, pero el principio nunca pudo olvidarlo.

                       
Ensayando en Radio El Mundo
                 

Murió en un accidente del auto en que viajaban, en Mendoza, en setiembre de 1955. Al día siguiente yo estaba en la sede de SADAIC, de la calle Lavalle, con mis amigos, el Gordo Draggi y Osvaldo Bregaglio, sobrino de los Pizarro que triunfaron en Francia, para recordarlo. Infinidad de gente del ambiente e hinchas suyos, llenaron incluso la calle. Con él se nos fue toda una época inolvidable del tango, que sobrevive genialmente en esos discos eternos.

Puedo poner cualquiera de los temas que grabó con Pichuco, aunque por esta vez, acudo a dos inéditos de la dupla que quedaron como él, en la cuneta. De José María Contursi y Pedro Laurenz: Vieja amiga.  Y del mismo Contursi, Enrique Francini y Héctor Stamponi: Bajo un cielo de estrellas.

Sí, tienen algo de ruido, pero ¿a quién le importa eso hoy?

2- Vieja Amiga - Troilo-Fiorentino

1- Aníbal Troilo- Bajo un cielo de estrellas - Fiorentino


miércoles, 17 de septiembre de 2014

El Polaco

Lo veo en ajadas imágenes de televisión, lo escucho en grabaciones con Salgán, con Pichuco, con Garello y me sigo emocionando como en aquellas inolvidables noches de Caño 14, cuando lo acompañaba Atilio Stampone al piano, y en las cuales, como diría Manzi: "En cada verso pone su corazón". Fue único en su estilo, en su manera renovadora de decir las letras que los poetas habían pautado en tango. Entendió como nadie la fuerza tremenda de algunos versos.

                                                         

Cuando se fue transformando en diseur, por sus malas noches, por su ronca garganta, por el físico debilitado, nos llegaba de igual manera al cuore porque le salía del alma. Y todas sus interpretaciones eran maravillosas, no queríamos que terminara nunca la función. Nos tocábamos con los amigos en la mesa,  para subrayar un gesto suyo, una palabra deletreada con semejante emoción, que nos dejaba un buraco en el cuore.

Alguna vez conté que una noche, allá por el 72, en un night club de Olivos, me regaló un acetato donde, acompañado por guitarras, canta el tango de Mario Battistella y Ángel Maffia: Sueño querido.  Lamentablemente, con las mudanzas uno va perdiendo tantas cosas, que dan ganas de llorar, como dice el tango. Tenía un par de fotos con él, que también volaron como el disco dedicado cariñosamente.

                                     
Yunta de oro. El Polaco y Pichuco

Pero también aproveché aquella noche lunga para estirar el diálogo y fue entonces que me iría contando su admiración por cantores como Floreal Ruiz e incluso Tony Bennet. Le gustaba mucho en el Tata y en el norteamericano, su manera de frasear cantando. Justo el aspecto que Goyeneche  supo llevar al grado máximo. Y era justamente lo que más admirábamos de él: cómo podía retrasarse ex profeso en una palabra y de repente alcanzar a la orquesta con una clase admirable. Sus tempos rubatos en ese sentido fueron admirables y únicos, casi bandoneonísticos.

Y de Gardel, por supuesto, hablaba sin parar y me contaba cuando escuchaba la radio con su madre, y en los discos, él lo acompañaba a dúo, siendo apenas un adolescente. "Es inalcanzable -decía-, le sobraba gola pero Gardel usaba la media voz como nadie. Su  musicalidad venía en el envase con él. Podía cantar a capella, que daba igual, la música y la voz las ponía él. Las dos a la vez. Un genio. Además a cada verso le daba su entonación, la expresión,  su real sentido, captaba rápidamente la intención del poeta. Es irrepetible. I-rre-pe-tible..." -remarcaba-.

                                 
El Polaco Goyeneche cantando con Piazzolla, que lo ubicó entre los más grandes


Dejó unos 2.800 temas grabados.Y lo mismo acentuaba los versos dramáticos, los sarcásticos, melódicos, sentimentales, como los tangos bien reos. Respecto a su oído privilegiado que le permitía entrar en la partitura de la orquesta a tiempo, aunque no supiera música, aclaraba que en su etapa inicial con Horacio Salgán aprendió a distinguir uno por uno, los elementos de la armonía musical, sin errarle a una sola nota.

Hoy estoy copado con el Polaco y para reafirmarme en mi fanatismo por él, lo vuelvo a ver gracias a las viejas reproducciones de televisión,. Entre otros cantando el tango de Enrique Cadícamo y Aníbal Troilo. Garúa, ideal para esta matina de llovizna en Madrid.

Acá lo vemos en Montevideo, en el programa de Miguel Ángel Manzi, el conocido animador uruguayo, que le presenta a Donato Racciatti y a Tito Cabano, el autor de Un boliche.


                                          
Y para comprobar una vez más toda la polenta de su interpretación, lo vemos en Canal 9, en el famoso programa Grandes valores del tango, presentado por Silvio Soldán. Muchas noches, después de hacer mi intervención en el Noticiero del Canal, me quedaba a verlo a él y otros intérpretes, auunque tuviera ganas de irme a casa, después de un día de mucho ajetreo.

Lo acompaña el conjunto que dirige desde el piano Armando Cupo -la orquesta del Canal- y realiza una interpretación memorable del tango de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera: Volvió una noche.

Im-pre-sio-nan-te.

                                                 

martes, 16 de septiembre de 2014

Ismael Spitalnik

Ese tangazo que compuso a principios de la década del cincuenta, me sigue sirviendo para darle nombre a la Milonga que tengo en Madrid y que lleva precisamente el nombre de su creación: Bien milonga. Lo grabaron magistralmente tanto la orquesta de Aníbal Troilo como la de Osvaldo Pugliese y en ambos casos hizo el arreglo del mismo. Además, en ese momento integraba el formidable cuarteto de bandoneones de la orquesta de Pugliese junto a Víctor Lavallén, Mario Demarco y el Tano Ruggiero.

Aunque no tenga un lugar destacado en la memoria colectiva tanguera, Spitalnik fue un músico de gran intuición, con algunos estudios, que a sus 11 años de edad, tocaba en el conjunto juvenil que dirigía ese gran maestro Alejandro Junnissi, que lo orientó y que incluso le prestó el primer bandoneón que tocó este porteño del barrio de La Paternal.

                                               


Hijo de humildes inmigrantes lituanos; la que sería su madre, llegó a la Argentina para juntar algún dinero y posibilitar el posterior viaje de su novio. Con él se casaría en Buenos Aires, cuando cumplieron las Bodas de oro y luego de tener ocho hijos argentinos. Ismael se dedicó a la música con afán, y Jacobo Fischer le daría clases de armonía, que le servirían para destacar como un gran innovador en la superación de las orquestas que vino con el fermento de los años cuarenta.

                                         
Lavallén, Demarco, Pugliese, Ruggiero y Spitalnik


Pasó por la filas de la orquesta de Juan Carlos Howard y Mario Landi, que actuaban en el cabaret Sans Souci  y entró a la puerta grande del tango, cuando ingresa como segundo bandoneón en la orquesta de Ángel D'Agostino en 1940. Allí comienza a perfilar su futuro de gran arreglador. Lo increíble es que, paralelamente a su trabajo de músico se diploma de químico industrial.

Cuando estaba con D'Agostino da a conocer su primera obra: Todo terminó, con letra de Mario Soto (que era presentador de la orquesta de Pugliese), y en colaboración con Alfredo Attadía. Lo grabó D'Agostino con la voz de Angelito Vargas el 14 de diciembre de 1942.

                                             


Un año más tarde lo convoca Horacio Salgán para su formación y ya ocupa el atril del primer bandoneón. Es la época en que prueban a Edmundo Rivero y se quedan asombrados con la enorme categoría del cantor que llegó tarde al éxito, mereciéndolo mucho antes. Spitalnik se irá con Miguel Caló cuando se produce la desbandada de la Orquesta de las estrellas, y en seguida sucederá a Ástor Piazzolla como director de la orquesta que acompaña a Fiorentino.

Esta experiencia junto a Fiore, de quien fue gran amigo, le sirve para volcarse en el acompañamiento de cantores como Raúl Iriarte, Aldo Calderón o Hugo del Carril. A la vez se tomó un largo descanso para dedicarse a componer y arreglar. Lo hizo para las orquestas de José Basso, Francini-Pontier, Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y otras.

                                                       
En 1946, dirigiendo la orquesta que acompaña a Fiorentino


Bastaría escuchar algunos arreglos que hizo para la orquesta de Pichuco, para calibrar su enorme categoría: La viajera perdida, Orlando Goñi, Ojos negros o Cafetín de Buenos Aires. También trabajaba en orquestaciones standard para la Editorial Julio Korn con las que pudo contribuir al desarrollo de las nuevas ideas musicales que iban mostrando las orquestas.

Después de varios años alejado de los escenarios, Osvaldo Pugliese lo llamó para integrar su orquesta a mediados de los cincuenta. Hay comentarios nefastos que adjudican a la imposición del Partido Comunista, su integración al conjunto de Pugliese, de quien era correligionario. Como si no hubiese acreditado capacidad de sobra para ocupar ese sitio. Años de trabajo permanente y giras por Japón y otros países, le llevarían a dejar la orquesta para estar cerca de su familia.

Aunque volvería con su Septimino y más viajes exitosos por todo Japón con el mismo, tiempo después. Spitalnik no deja una gran obra como compositor, pero sus títulos avalan su valía en ese apartado: Además de los citados: Fraternal, Gente amiga, Anónimo, San Pedro y San Pablo (con letra de Julio Huasi), Bandoneón melancólico, Bordoneos, El troesma (dedicado a Pugliese), Duendes en la noche, Historias, Juan Pueblo, Presencia tanguera, Nostalgia bardiana, Un simple vals, Juan Tango, Vivir con todo y algo más (con Amanda Velazco) o Vacío (con Mario Soto), entre otros.

                             
Spitalnik al final, con su septimino


Quiero recordar a este excelente músico, que se retiró tempranamente, y lo hago con dos joyitas suyas: Fraternal, título que alude a su sentido progresista y sentido de la amistad. Lo grabó entre otros Alfredo Gobbi con su orquesta el 26 de agosto de 1954. Y dedicado a los músicos de la orquesta de Pugliese: Gente amiga, que éste dejaría en el disco con su orquesta  el 2 de enero de 1958.

Fraternal - Alfredo Gobbi

04- Gente amiga - Osvaldo Pugliese

lunes, 15 de septiembre de 2014

Rivero se va de la orquesta de Pichuco

Pichuco había desoído todos los consejos, desechado todas las advertencias, al decidir incluir una voz grave en su orquesta, la de Edmundo Rivero. La oreja de los tangueros no estaba acostumbrada a ese tipo de cantores y Horacio Salgán en su día lo había comprobado, cuando las grabadoras se negaban a admitir a Rivero en su orquesta, que también iba a contracorriente.

Ocurrió en 1947, cuando Alberto Marino deja la orquesta de Pichuco, y parecía convertirse en un vacío imposible de llenar. Troilo compartió alguna noche con Edmundo Rivero, lo escuchó cantar acompañado de su guitarra y el fueye del Gordo, y al final firman su incorporación al conjunto, formando dúo de cantores con Floreal Ruiz.

                                               
Pichuco con sus dos grandes cantores Edmundo Rivero y Floreal Ruiz


El debut sería el 3 de abril de aquel año, en el cabaret Tibidabo de la calle Corrientes. Buenos Aires asistió a la definitiva consagración del resistido cantor y en esos tres años con Pichuco dejaría una huella inolvidable. Y 22 grabaciones que pasarían a convertirse en una herencia impagable y en recuerdos maravillosos, idealizados por la nostalgia. Como por ejemplo, Sur o La viajera perdida, dos tangos donde la argamasa de orquesta-cantor, conforma un todo  imposible de mejorar.

En 1950, empujado por Troilo rumbo a la consagración definitiva como solista, Rivero se marcha de la orquesta, pero ambos se constituyeron en amigos para siempre. Se reencontrarían en escenarios y emisoras, en entreveros y homenajes. Y cada vez que pudieron colaborar lo hicieron sin preámbulos, la palabra de uno y otro estaban por encima de cualquier documento. Y nunca padecieron ni juntos ni separados, el agravio del olvido. 

                                  
Julio Jorge Nelson presenta a Pepe Corriale, Di Sarli, Troilo y Rivero

Edmundo Rivero recordaba así aquella época:

. Es que los años de Troilo son como una película que se hubiera filmado con otra velocidad. Sus grandes figuras, Manzi, Discépolo, el propio Gordo parecieran comerse la escena. Y sin embargo , todavía quedan en primeros planos estrellas de reparto como pudieron ser Barquina, o Paquito "El llevador". Pasan por mi mente cien duendes de la noche ida: colegas cantores, músicos, gente de teatro, mezclados con hinchas anónimos (o famosos), mangueros, vividores, plomos. Todo parecía andar a mil por hora, hasta el país, en aquel año cuarenta y siete.

                                       
 

. ... El año cuarenta y siete lo tenía a Discépolo  todavía en plenitud, polémico, ya jugado políticamente. Pero ese mismo año trajo también tristezas: había partido otro grande, Celedonio Flores, el letrista más admirado por mí, hasta entonces. Uno de los que despidió sus restos fue Homero Manzi, ya también herido de muerte. Poco después él me iba a dar a cantar su verdadera despedida, ese milagro suyo y del Gordo Troilo que se llama Sur.

Cuando Rivero deja la orquesta de Pichuco, éste lo despide en la radio con unas sabias y hermosas palabras y Edmundo canta el tango de Gardel, Pettorossi y Le Pera: Silencio.

Podemos escucharlo en esta grabación inédita:

Edmundo Rivero - Silencio . Con despedida A. Troilo

                                       

Y años más tarde en uno de los tantos reencuentros, Pichuco con su fueye y Roberto Grela con la guitarra, tocando a la parrilla, lo acompañan en otro inédito; el tango de Pacual Contursi y Samuel Castriota: Mi noche triste.

Edmundo Rivero - Mi noche triste - con Troilo-Grela

¡Qué años aquellos!