jueves, 30 de octubre de 2014

Alberto y Fernanda

Me gusta seguir la evolución de las prejas de bailarines que van asomando en el firmamento y confirmar que lo que de bueno apuntaban en sus apariciones primerizas,  se va consolidando y les conduce hacia la madurez interpretativa. Siempre y cuando que se ajusten a los cánones del tango de salón, bien macerado y de allí sigan creciendo y macerando su baile.

Alberto Sendra y Fernanda Japas son una de esas parejas que he seguido desde hace un tiempo y ya llevan quince años trabajando juntos y luciendo su arte por diversos países. Uno y otro comenzaron por separado a practicar esta danza, debido a su pasión juvenil por el tango. Un día se encontraron como pareja, bailando un tango por la orquesta de Aníbal Troilo y la cosa discurrió con toda naturalidad. La química funcionó y Cupido hizo el resto. Desde entonces también son pareja de vida.

                                     


Los he visto bailar en Grisel y me parecieron una dupla consolidada y afecta al tango-salón, lejos de los estereotipos del tango-espectáculo. Se nota que lo sienten y en los primeros escarceos, la dupla Miguel Ángel Zotto-Milena Plebs, que iluminó a tantos bailarines con aspiraciones, fue como un modelo para ellos. Y siguieron esos moldes de siempre, rehuyendo el tango electrónico con el que no comulgan para nada. El año pasado hicieron una gira por Italia y Francia y recibieron cálidos elogios.

Para que ustedes puedan juzgar su calidad tanguera-danzante, los vemos bailando en Milán el tango de Bernstein y Fernández Blanco: El abrojito, Por Osvaldo Pugliese y la voz de Alberto Morán.
                                                

                                  

Tienen una hija y a medida que ella va creciendo les permite viajar a distintos destinos adonde los convocan para festivales y clases. Han armado su propia Academia, pero también dan clases en algunos clubes. Aprendieron con buenos profesores y han asimilado la savia del tango de salón bien bailado, que transmiten a sus alumnos, la mayoría de los cuales se han transformado en sus amigos.

                                 

Por eso en estos dos meses de Setiembre-Octubre los tenemos bailando y difrutando de las clases con alumnos de los países que visitan. Son jóvenes y tienen mucho camino que recorrer. Y yo, personalmente, me alegro que sigan saliendo bailarines milongueros de calibre grueso para transmitir su sentimiento por el tango de siempre.

Acá los tenemos, en el año 2010, bailando en Sunderland el vals de Enrique y Fernando Lupi: Dichas que viví, por Rodolfo Biagi, cantando  Andrés Falgás.                           

                                      

Y cerramos la página de hoy, llenitos de gotán, con éste de Guillermo Fernández: Deseo. Lo canta el propio Guillermo acompañado por su Orquesta. Y lo bailan Alberto Sendra y Fernanda Japas en el Salón Canning.

¡Felicitaciones pareja!


                                         

miércoles, 29 de octubre de 2014

¿Donde estás corazón?

Este tema que está considerado como Patrimonio de la humanidad, nació como canción y así recuerdo que lo cantaba mi madre cuando yo era chico. Su autor es un catalán que vivió muchos años en Argentina, Chile y México. Se llamaba Luis Martínez Serrano y estudió música en el Conservatorio de La Prensa, en Buenos Aires, con los destacados maestros Ernesto Drangosch y Alberto Williams. Tenía siete años de edad cuando sus padres se trasladaron a vivir en Argentina y el chico ya seguía las influencias de su padre músico, que lo mandó a estudiar.

Este artista polifacético, sería luego locutor en Chile, actor de radioteatros, y director de orquesta. Regresaría siempre a Buenos Aires, pero le agarró el gusto a los viajes y vivió en México largas temporadas. También se enrolaría en compañías itinerantes de zarzuelas, operetas y revistas. La ciudad de su infancia lo esperaba siempre y sería pianista de la cancionista Teresita Zazá (Teresa Marval Torres), que le estrenaba los tangos que iba componiendo. Teresita Zazá era natural de la ciudad de Plasencia en Extremadura, España, pero le había tomado el gusto al  tango y tenía gran éxito.

                                         

El tema que me ocupa hoy fue parido como canción por Luis Martínez Serrano y tuvo gran repercusión en México, donde lo creó, y España. Lo estrenó precisamente el barítono Daniel Arroyo en el Teatro Regis de la ciudad de México, en la revista "México a la vista", acompañado por la orquesta dirigida por Martínez Serrano en el año 1924.

Dos años más tarde el bandoneonista Augusto P. Berto recala en México en una larguísima gira con la compañía teatral de Camila Quiroga, y al frente de su trío típico, que actuaba en los intervalos. Habían pasado por varios países antes de llegar allí, estuvieron en las Antillas y llegarían a Estados Unidos. Remo Bolognini, el famoso violinista que integraba el conjunto, se quedó en Nueva York donde se dedicaría con notable éxito a  la música sinfónica.

En México, Berto, autor del célebre tango La Payanca, escuchó la canción de Martínez Serrano, conversó con éste, a quien conocía de Buenos Aires, y le dijo que le gustaría trasladarla a ritmo de tango, cosa que éste aceptó con mucho gusto. El acuerdo fue que Berto percibiría el 50% de los beneficios, cada vez que se ejecutase como tango. Al llegar a Buenos Aires ya tenía armada la melodía y desde el arranque fue un éxito absoluto, cuando lo estrenó en los carnavales.

Augusto P. Berto al frente de su celebrado Quinteto.

Ignacio Corsini con sus guitarras le dió el empujón definitivo grabándolo en 1930. Pero la lista de quienes hicieron lo mismo es larguísima. Charlo lo registró con las orquestas de Francisco Canaro y Francisco Lomuto. Tito Schipa, Juan Arvizu, Ada Falcón con la orquesta de Francisco Canaro, Mercedes Simone con orquesta, Julio De Caro cantando Pedro y Juan Lauga ¡en francés!; Teófilo Ibáñez con la orquesta de Roberto Firpo; Miguel Caló con Raúl Del Mar y versos de Héctor Gagliardi; Armando Pontier con Oscar Ferrari, Leo Marini, Irusta-Fugazot-Demare,  Blanca Mooney con Luis Stazo, Azucena Maizani,  o Alberto Castillo, entre muchos otros, que le dió un nuevo impuso en 1949, grabándolo con su orquesta dirigida por el bandoneonista Ángel Condercuri.

                                       


En México se filmó una película con el nombre de este tema, y el leit motiv del filme es la canción. Rosita Quintana y Miguel Aceves Mejía tienen papel relevante en el mismo. Luis Martínez Serrano en uno de sus retornos a Buenos Aires, coincidió algunos meses con Carlos Gardel, actuando ambos en el Teatro Florida. Pero Gardel no accedió a grabar el tema pues ya lo habían hecho otros artistas y él prefería estrenarlos o que tuviesen poca difusión.

                               
Hoy lo traigo en tres versiones. El grupo español Mocedades lo interpretó y grabó con mucho eco, en su estilo original. También traigo la de Francisco Lomuto con Charlo del 31 de marzo de 1928. Y Antonio Rodio, cantando Alberto Serna el grabó el 23 de mayo de 1944.

Mocedades - ¿Dónde estás corazón?

¿Dónde estás corazón? _ Charlo con Francisco Lomuto

03- ¿Dónde estás corazón?-Antonio Rodio-Alberto Serna

martes, 28 de octubre de 2014

Piazzolla y Borges

La unión artística de estos dos genios pareció significar en su momento, una proeza imposible, de resultados maravillosos en el aspecto artístico. Por la enorme poesía borgiana y el impresionante talento creador de Piazzolla. Pero en el trato tuvieron varios choques, incomprensiones, y además el CD no consiguió salir de una zona oscura. Ni uno ni el otro guardaron buenos recuerdos de aquella aventura que además contó con la colaboración artística de Edmundo Rivero y Luis Medina Castro.

Ástor le contaba a mi querido amigo y compañero Natalio Gorín: "Hay un disco en mi obra que va a perdurar muchos años, por la música y fundamentalmente por las poesías de Jorge Luis Borges. Se llama "El Tango", que incluye también "El hombre de la esquina rosada". Para mí fue un honor asociarme artísticamente a una figura de esa dimensión mundial. Cuando la obra salió a la calle tuvimos algunas diferencias. Borges llegó a decir que yo no entendía el tango, y mi réplica le endilgó a Borges no entender nada de música.  Era un hombre autoritario, quizás prepotente en algunas cosas.

                                       


-Yo recuerdo que lo invité a mi casa para hacerle escuchar toda la obra, antes de que se grabara. Me senté al piano y fui tocando Jacinto Chiclana, Nicanor Paredes, El Títere, y todo ese conjunto de temas. Fue cuando le dije que había compuesto toda la música a la manera del 900, menos la Oda íntima a Buenos Aires. Borges me contestó que él de música no sabía nada, ni siquiera  diferenciar entre Beethoven y Juan de Dios Filiberto. No sabía quién era quién, y además no le interesaba. Después salió opinando como un gran experto. Creo que era un mago. Yo nunca he leído poemas más bellos que los que escribió Borges, pero en materia de música era sordo".

Lo curioso es que ese disco, realizado en 1965,  estuvo descatalogado durante mucho tiempo y no había manera de conseguirlo en las disquerías porteñas. Durante su realización, Piazzolla invitó a Borges a su departamento en la Avenida Entre Ríos, cuando vivía allí con su esposa Dedé Wolf y sus dos hijos, para que fuese escuchando los resultados. Incluso Ástor, como algo excepcional, le hizo entonar algunas milongas a Dedé  con el propósito de que su admirado Borges fuese compenetrándose de esas melodías que estaba componiendo para sus versos.

                                     


Pero el poeta, en sus contactos íntimos, fue mucho más lejos que Piazzolla y manifestó su desprecio por el músico, secundado por su madre, Doña Leonor,  a quien esa música le sonaba a samba brasileño. Públicamente, Borges  llegó a decir que "Piazzolla no siente lo criollo". Bioy Casares en sus memorias no se queda corto y cuando en sus diálogos con Borges se mofaban de todo el mundo, cuenta que éste último llegó a apostrofar a Piazzolla como Ástor Pianola...

Porque Borges con su gran amigo Bioy se despachó a gusto, y éste se limita solamente a transcribir algunas de sus frases contra el músico.
-"Es un bruto y tan vanidoso -le decía Borges-. Uno de sus tangos se llama Melancólico Buenos Aires. ¿Te das cuenta qué animal? No son tangos ni nada; él los llama tangos porque si los presentara como simple música, los músicos se le vendrían encima; en cambio, como innovador de tangos lo toleran y hasta lo fomentan...

                                 


 Yo me mato de risa repitiendo todo ésto porque eran así. Tanto Piazzolla como Borges. Típico de dos genios.Sus raptos les llevaban a esos dicterios definitivos y sentenciosos.

Mejor olvidemos un rato  tales rencores y vamos a escuchar una parte de aquel CD fantasma llamado: El Tango, con Ástor Piazzolla, su quinteto y el recitado del Negro Luis Medina Castro

Ástor Piazzolla & Jorge Luis Borges: El Tango







lunes, 27 de octubre de 2014

Borges y el tango procaz

Mucho se ha dicho y escrito sobre la relación de Jorge Luis Borges con el tango. Yo no soy precisamente de los que creen que el gran escritor supiese mucho al respecto. O poco. Pero su sobrino Miguel Torre Borges, en su libro: Apuntes de familia. Mis padres, mi tío, mi abuela, que editó Alberto Casares en el año 2004, en sus páginas habla de los tangos que le gustaban a ese escritor que, como tal, admiro profundamente y tengo toda su obra, que releo constantemente. Y voy a esas páginas que escribió su sobrino para conocer los tangos que le gustaban a Borges.

Tango y lunfardo
 Me enseño a jugar al truco. recitaba las coplas para cantar la flor, desde la clásica "Por el río Paraná...", pasando por la cuarteta criolla que evoca a la paradoja de Zenón: "Una carrera corrieron/el sapo y la comadreja,/ y el sapo, al aventajarla;/ le dijo flor en la oreja", Y la idílica: "En los jardines de Diana/tengo una rosa en botón,/conservate casta y pura/Si querés llamarte flor". (N de la R.: Soslayo algunas muy fuertes, bien de café para no molestar a nadie).




Milonga y tango
 Del truco y el lunfardo, saltamos fácilmente al tango. Empecemos por "...y oigo el eco/de esos tangos de Arolas y Greco/ que yo he visto bailar en la vereda...". Me acuerdo que de Arolas le gustaban Comme il faut, Derecho viejo, El Marne, y especialmente Una noche de garufa.  Aunque Tío conversó sobre los orígenes del tango con los hermanos de Vicente Greco, y no le disgustaban Rodríguez Peña, La viruta y El Estribo, sospecho que usó el nombre del compositor sólo para rimar con eco...
También conversó con José Saborido la letra de La morocha, según mi tío, desmerecía la música y Felicia era para él un tango lindísimo, y con Ernesto Ponzio no suelo oír Don Juan sin recordar con precisión un pasado apócrifo..
A esos tango primordiales habría que agregar El caburé, El cuzquito, El flete, El Maldonado, El torito, El entrerriano, Hotel Victoria... tangos que oía como en éxtasis, cerrando los ojos y acompañando los acordes con movimientos del torso y de los pies. Para muestra bastan unos pocos tangos; lo que vino después -esto lo escribió ya en 1925-: Fue el tango actual, hecho a fuerza de pintoresquismo y de trabajosa jerga lunfarda.Pero definitivamente prefería la milonga Señor Comisario, Mate amargo, Pejerrey con papas, La puñalada, Cara pelada, Kyrie eleison, El carrero y el cochero.

De Villoldo al tango
 Pero si de escuchar tangos se trataba, volvía siempre a los antiguos tangos dichosos, ejecutados por tríos de flauta, violín y acordeón, de los que entonaba los estribillos: De L'Abbaye la espiantaron/ y la razón no le dieron,/ pero después le dijeron/ que era por falta de higiene,/ pues la pobrecita tiene/ una costumbre asquerosa,/ que no se lava la cosa/ por no gastar en jabón..., de Teisseire, Entrada prohibida.                                          
 Quisiera ser canfinflero/ para tener una mina,/ metérsela con benzina/ y hacerle un hijo aviador,/ para que bata el record/ de la aviación argentina, de Aróstegui, El Apache argentino.
"Payanca de mi vida/ no te apresures/ que el polvo que te echo/ quiero que dure..." , de Berto, La payanca.                                                 
Y cómo nos divertíamos con el título velado de algunos tangos, aunque a veces velado a medias: La cara de la luna, Las siete palabras, Sacudime la persiana, Empujá que te van a abrir, Tirá la cadena, Qué polvo con tanto viento, Dos sin sacar, y los obvios El fierrazo y el choclo.

El tango oriental
 Un entreacto oriental. Cuando en 1956 fuimos a Montevideo, le pedí a Tío que me recomendara algún tango, para comprarlo. Me contestó sin vacilar: Cartón ligador, claro, La cumparsita era demasiado obvio y además no le gustaba para nada-. Fui al Palacio de la Música, en 18 de julio,  para comprarlo y se lo pedí al vendedor. Lo trajo, pero resultó ser la partitura, no el esperado disco de pasta. Por mi cortedad la compré lo mismo, y al día de hoy no sé de dónde sacó mi tío esa inesperada precisión, del mismo modo que yo nunca logré todavía escuchar el famoso Cartón ligador de Edgardo Donato.

                                         

Gardel y Borges
 Se dice que a Tío no le gustaba Gardel. No fue así, le gustaba su manera de frasear, que, a juzgar por su arrobamiento cuando yo, por ejemplo, le hacía oír nada más que los versos "Rechiflao en mi tristeza,/ hoy te evoco y veo que has sido...", le llegaba bien hondo. Lo que le desagradaba de él eran su endiosamiento póstumo, su aspecto físico -lo veía parecido a Perón-, la tontería de muchas de las letras de sus canciones, la sensiblería del tango canción.
 Una lista de las letras preferidas de Gardel con guitarras sería ésta: de Manzi, Milonga del 900 y Milonga sentimental; de Celedonio Flores, Mano a mano y Margot; de Contursi, Flor de fango, Mi noche triste e Ivette, inmortalizado en nuestra familia por la versión de la querida amiga Quica González Acha; de Alfredo Le Pera, el estilo Guitarra, guitarra mía; y de Manuel Romero, Fume compadre -también lo cantaba Quica, sin olvidar Polvorín. Una vez que  mi tío no me había sentido llegar, lo encontré en su cuarto entonando a voz en cuello: "parejero de mi vida, lindo zaino de ojos vivos...".
                            
También, en algún momento, le gustó Jorge Vidal, porque casi cantaba como Gardel, pero no era Gardel. Y fuimos a un local en la calle Corrientes a escucharlo cantar Puente Alsina y Tres amigos: "Dónde andarás, Pancho Alsina( ¿Dónde andarás Balmaceda?/ Yo los espero en la esquina/ de Suárez y Necochea...!". El coronel Isidoro suárez, como pasando el aviso, siempre está cerca.
 Cerrando el capítulo tanguero: ya en época tan temprana como la llamada Guardia Nueva, la ese italiana y la copiosa gesticulación italiana de los cantores sobresaltarían a tal punto a mi tío, que equipararía los tangos que ellos interpretaban a la monstruosidad de las estridencias operísticas.-


Y yo creo que para iluminar este relato de Miguel Torre Borges, podríamos escuchar a Edgardo Donato con su orquesta y su tango: Cartón ligador, que grabó el 17 de septiembre de 1951. Francisco Canaro lo había dejado impreso en la placa en 1929. Y por Héctor Stamponi y su cuarteto: Comme il faut de Eduardo Arolas, grabado en 1975.

155- Cartón ligador - Edgardo Donato.

215- Comme il faut - Héctor stamponi y su cuarteto

sábado, 25 de octubre de 2014

Maravillosos recuerdos

Resulta emocionante ver y escuchar a todos estas grandes figuras del tango, reunidas excepcionalmente para festejar el 22º aniversario de Grandes Valores del Tango, en Canal 9 de Buenos Aires, dirigido por Silvio Soldán. Además me lleva a recordar mis últimos tiempos en la Televisión argentina. Cuando terminábamos el Noticiero de las 21 horas, yo me demaquillaba y muchas veces me quedaba un rato para presenciar justamente este programa tan exitoso.

Un programa que, vale la pena recordarlo, nació de la mano de Alejandro Romay, cuando era locutor de Radio Libertad. En esa emisora lo ideó el que luego sería dueño de Canal 9. Al pasar a la televisión el nuevo propietario, le dejó ese espacio de radio, a la locutora Lidia Sánchez que también lo conduciría con mucho acierto. Además ella se había casado con el cantor Lalo Martel y estaba metida de lleno en el tango, aunque luego el matrimonio terminaría en divorcio.

                                     


El programa radial dió sus primeros pasos en el año 1951, y se transmitía al mediodía cuando la gente estaba almorzando y no había televisión todavía. En 1963 debutaría en televisión, con Hugo del Carril como conductor. Sería relevado por Juan Carlos Thorry y finalmente por Silvio Soldán, que le dió un aire renovador al espacio y supo conectar con el público y los artistas.

Grandes valores del Tango pudo soportar la presión de las dictaduras de turno, el fallecimiento de algunos grandes, los bajones del género y pese a ello logró estar cerca de cuarenta años en pantalla. El pianista Armando Cupo -con quien compartí lindas charletas cuando dirigía la orquesta del flaco Morán en la Confitería Montecarlo, de Corrientes 1218-, fue el director de la orquesta estable de la emisora. Incluso intervenía en la selección de de nuevos valores para presentarse a los concursos que también existieron en el programa, y de los cuales surgieron voces nuevas que conseguirían su lugar en las marquesinas tangueras.

                                     


Casi no quedan registros de toda aquella increíble época, pero la gente de TANGODE ORO, ha conseguido rescatar este hermoso documento en el que grandes valores del tango acuden a la celebración del cumpleaños del programa. A mí me resulta emocionante verlos otra vez y en an algunos casos siento como un nudo en la garganta.

Imperdible.




Me traen infinidad de recuerdos lindos. Con Jorge Vidal nos encontramos en Estados Unidos, en diciembre de 1968, cuando yo estaba con Oscar Bonavena, para cubrir su pelea con Jose Frazier, en Filadelfia. Lo festejábamos mucho porque Jorge, cada vez que venía de Nueva York -donde estaba residiendo entonces- nos hablaba con un tono gardeliano. Y le traía vituallas de un carnicero argentino a Ringo.

Virginia Luque hacía la delicia de los televidentes tangueros en Casino Philips. El director del programa mostraba a veces solo una parte de su rostro en primer plano mientras entonaba sus tangos más celebrados. Jugaba con sus labios, las pestañas arqueadas y el alma de su interpretación. Armando Cupo reemplazó varias veces a Osvaldo Pugliese cuando éste estaba fuera de servicio, en la cárcel de Devoto o en otras, por sus ideas políticas. Incluso lo hizo en alguna grabación de la orquesta. Por eso se manda ese cacho de tango con el estilo Pugliese y el troesma lo acompaña zapateándolo, como hacían sus músicos y sus seguidores.  Se lo nota feliz a Don Osvaldo.

                                      

Alberto Morán hace esa inolvidable parte de El abrojito, como si estuviera cantando con Pugliese o acompañado por la orquesta de Cupo en los 50. Y pone todo, como siempre hizo para deleite de su gran público, especialmente las damas. Y así van desfilando todas las figuras. José Basso pide Ahi va el dulce, de Juan Canaro, porque lo usaba de fondo, como presentación de su orquesta.

Son diez minutos de volver a vivir momentos inolvidables transcurridos con todos estos personajes del Tango. Y reiero mi agradecimiento a la gente poseedora del material: TANGODEORO, por haberlo puesto a disposición de los tangueros para que se inunden de recuerdos imborrables.

¡Buen fin de semana!




                                                







viernes, 24 de octubre de 2014

José Basso-Floreal Ruiz

Construyeron juntos una hermosa etapa, de la cual quedó el fruto de cuarenta grabaciones, en las cuales se puede apreciar, tanto el talento pianístico y de dirección por parte de Basso, como la voz inconfundible, creadora, fraseadora y con esa gama de matices que sabía aplicar el Tata a cada tema, ya fuese de envergadura sentimental o dramática. Fue  sin duda uno de los más grandes en el canto.

Así lo reconocieron muchos de sus contemporáneos y el propio Goyeneche que lo tuvo de modelo, junto a Gardel y Rufino. Floreal -nombre que le puso su padre anarquista-, cantó desde chico y con su amigo desde niños, el que luego sería famoso como Hugo del Carril, animaron muchas noches de serenatas y fiestas, en su barrio de Flores. Debutaría profesionalmente con la orquesta de José Otero.

                                       
Alfredo Belussi, José Basso y Floreal Ruiz en 1957.


No tengo nada que ver con ese músico, pero sí con mi amigo del barrio, Piraña, como le conocimos los pibes más chicos cuando era el arquero del equipo de los mayores. Con los años nos fuimos perdiendo y al final terminamos comiendo asados en una quinta de Haedo, de un amigo común, en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires.  Floreal Ruiz, en su final, durmió un tiempo en el bulín de Piraña que lo acompañó hasta la muerte. Osvaldo Pugliese y su hija, Beba que le dedicó un tango a Pirañeta, como le llamaba el maestro de Villa Crespo, también fueron muy amigos de él. Piraña me contaría muchas cosas de la vida de Floreal, sobre todo de lo mal que lo pasó en su última etapa.

José Basso dió la gran campanada cuando fue llamado por Aníbal Troilo para su triunfante formación, con la tarea de  reemplazar nada menos que al Pulpo Orlando Goñi, lo que parecía una sucesión muy difícil de sobrellevar. A todo ésto Pichuco lo había observado atentamente con su oído privilegiado, cuando  actuaban las grandes orquestas en el desafío de Ronda de ases, y Pepe Basso ocupaba el sillón del piano en la orquesta de Alberto Soifer, que tocaba en los intervalos.

                                               


Fue, seguramente quien mejor interpretó aquel estilo que dejó sentado Goñi, aunque lógicamente Troilo ya buscaba otros horizontes, entraban nuevos cantores y cambiaban algunos músicos. Sobre todo la llegada de Alberto Marino y Floreal Ruiz, y el alejamiento de Fiorentino -una baraja ganadora-, también influyeron en los nuevos destinos de la orquesta de Pichuco, aunque continuó su carrera ascendente hacia la idolatría de los porteños, sin prisa y sin pausa..

Basso, se separa de Troilo en 1947, luego de cuatro años de grandes halagos artísticos, para formar su propia orquesta, que arrancó ganando. De entrada tiene sitio en la radio, graba de inmediato con sus primeros cantores, Ortega del Cerro y Fiorentino, y anima bailes con enorme tirón. Recuerdo unos carnavales en el Centro Lucense de Olivos, al que acudimos una noche con amigos de la barra y en los que estaba precisamente José Basso con la orquesta en su apogeo.

                                           


Hoy estuve escuchando temas de esta orquesta con Floreal y extraigo, dos que no son nada del otro mundo, pero a los que ellos saben cómo sacarle lustre. Se trata en primer término, del tango de Alejandro Romay y Roberto Rufino: En el lago azul, grabado el 9 de marzo de 1959. La orquesta realiza una gran creación y sobre todo -algo que acostumbraba mucho  Basso- introduce en la segunda parte una adaptación del vals número 9 de Chopin.

Y también podemos escuchar a la dupla en el tango de José Basso, Floreal Ruiz y Ángel Cabral: Tu beso y nada más, grabado el 14 de abril de 1961. Curiosamente, el que clama por ese beso es el autor de la letra, Cabral consagrado por sus más de 200  tangos, valses peruanos y criollos y que fuera un bohemio inclaudicable hasta el final. Guitarrero, cantor, e anche piú. Precisamente este tango surgió durante un pucherete en el que participaban los tres autores.


Atenti.

08- En el lago azul . José Basso-Floreal Ruiz

013- Tu beso y nada más- Floreal Ruiz con José Basso.




jueves, 23 de octubre de 2014

Copes y María Nieves

En varias oportunidad he hablado de esta genial pareja que desafió a todos los prejuicios, los comentarios y la historia. Porque Copes fue el visionario que divisó la espectacularidad del tango como danza coreográfica en el escenario, más allá de la repetida exhibición del hombre y la mujer floreándose al compás de un tango o una milonga.

Él entendió, comprendió la fuerza que  contiene el tango como danza de pareja, y estudió para superar aquellas antañas performances. Y no sólo lo consiguió, sino que le abrió las puertas a los futuros bailarines para que se superaran y lograran éxitos que parecían estar sólo destinados para otro tipo de danzas internacionales.

Hoy que el tango triunfa en todas partes, creo que vale la pena recordar estos dos nombres cúlmines, por aquellas hermosas noches en que los disfruté en Caño 14, y por esa estela que dejaron para que nuevas parejas de bailarines los siguieran y volvieran a relucir el nombre del tango.

                                   


El Negro Copes fue quien comprendió que arriba del escenario podían estar varias parejas bailando, aunados en una coreografía colectiva.  Él supo crearla y María Nieves fué disciplinando su cuerpo para llegar a ser la gran bailarina de tango que fue. Y sigue siéndolo como milonguera, retirada de las tablas aunque cada tanto asoma su figura en algún espectáculo o da alguna clase magistral.

Juan Carlos Copes (¿Te acordás Negro cuando jugamos en la cancha de San Lorenzo los  Artistas vs. Periodistas por el anivesario de la Radio argentina y vos la yugabas de lateral derecho?), arrancó en el Teatro Nacional con varias parejas que fue preparando y resultó, no sólo una novedad sino también, todo un bombazo en plena calle Corrientes.

Es muchacho de familia muy humilde, criado en una casa de madera en Mataderos, o en un conventillo de Floresta, y en una casa primaria de material y calles de tierra en Villa Pueyrredón, supo tener fuerza y visión para labrar su futuro. Hay que entender todo esto para comprender mejor su afán de superación y la conducta que tuvo para jerquizar la danza del tango, en lugar de emprender el mal camino.

                              
Copes-María Nieves y su compañía saludando al final de un show.

Como pasa con tantas parejas, el destino los fue separando. Es muy difícil compaginar la vida artística con la familiar, cuando están juntos en ambas. Le pasa a la mayoría de las parejas de baile. Pero María Nieves, superadas las primeras etapas de despecho y de rencor lógicos por las aventuras de Copes, reconoce que lo de ambos fue maravilloso, único, ejemplar.

-Juan quería llegar lejos y lo consiguió, conmigo al lado -recordaba María-. De Atlanta saltamos a los escenarios del centro, viajamos por países de América, comíamos como podíamos, la cosa era difícil, pero él se lo propuso porque quería ser como Gene Kelly.  Y llegamos al programa de Ed Sullivan. Él consiguió aunar a varias parejas y lo practicamos mucho para realizarlo en el escenario. No había antecedentes, fue la locura de Juan. Y nunca dio un paso atrás, siempre al frente hasta nuestra separación.

                               


Las autoridades de la Ciudad la declararon Ciudadana ilustre, y María pronunció estas sencilas pero expresivas palabras: "Si hay algo que tiene que ser Ciudadano Ilustre, es el Tango. La primera vez que lo bailé, de los pies se me metió en la piel, de la piel en la sangre, y de la sangre al corazón. No importa la acrobacia, hay que poner el bobo (corazón). Pero yo me expreso con los pies, no con las palabras".

Como milonguero, admiro todo lo que hicieron Copes y María Nieves, y el sacrificio que conllevó su enorme desafío. La compañía Tango argentino, con la pareja incluída, marcó el cénit y el tango llegó a Broadway entre ovaciones y teatro lleno. Fue el arranque de la nueva etapa de florecimiento del género que sigue mostrando cada día nuevos brotes. A los dos los tenemos vivitos y coleando, afortunadamente, y siguen dando que hablar por su trabajo diario.

Hoy, como homenaje a ambos, podemos recordamos con una nostalgia tremenda, por todo aquello que trajeron, en estas escenas del filme de Leo Fleider Esta es mi Argentina, de 1974.