miércoles, 17 de diciembre de 2014

Antonio Agri

Fue uno de los grandes violinistas que tuvo el tango a lo largo de su historia. Tanto, que en 1974 terminó enrolado en la Orquesta Sinfónica del Teatro Colón, cuando estaba pensando más en el retiro que en seguir iluminando con el sonido de su violín los distintos teatros y recintos de distintos países donde se presentó, generalmente en los conjuntos varios que fue armando Ástor Piazzolla.

Nació en Rosario, estudió el instrumento y música con el profesor Dermidio Guastavino, pero le bastó poco tiempo para comprender y madurar la magia del violín basado en su formidable intuición que lo llevó a inscribirse entre esos virtuosos que le precedieron: Vardaro, Kaplún, o Francini. A los 15 años ya estaba tocando en un cuarteto de Córdoba y luego se alinearía en las principales orquestas típicas de Rosario, en actuaciones que compartía con su ingreso en la Sinfónica de Rosario.

                                           


Fue en 1962 cuando lo llama Piazzolla para integrar su Quinteto Nuevo Tango, sucediendo a otro fenómeno: Simón Bajour. Fue un violinista, comprovinciano suyo, Nito Farace, quien se lo recomendó a Ástor. Y éste comprendió rápidamente la valía de Agri, dándole libertad para que luciera sus grandes virtudes de solista. Le contaba  Piazzolla a Gorín. "Hay cosas inolvidables. Vardarito tocaba dos notas en el violín y parecían las dos notas del Gordo Troilo, lo mismo Agri, o cuando Tarantino se largaba a tanguear con el piano, se me ponían los pelos de punta...". En esa galería lo ubicaba al rosarino, y ya es decir...

Durante unos diez años estuvo enrolado en todas las locuras musicales de Piazzolla y con él se haría conocer en Europa o Estados Unidos. Sus solos de violín le permitieron conquistar seguidores en los distintos donde actuó. El violinista ucraniano -nacionalizado estadounidense- Isaac Stern, considerado uno de los más grandes del Siglo XX, le dedicó unas emocionadas dedicatorias y le dijo personalmente, que para él había sido un enorme placer escucharlo.

                                            
Chamuyando con otro crack del violín: Hugo Baralis


A su vez, el virtuoso violinista italiano Salvatore Accardo, reconocido mundialmente, le prestó a Antonio Agri su Stradivarius para que pudiera usarlo en una grabación que hicieron con Piazzolla en Italia. En Londres grabó como invitado solista, con la Royal Philarmonic, y en París ofrecieron un concierto él y Paco de Lucía en guitarra, que arrancó ovaciones interminables en el público.

                                 


Paralelamente a sus distintos trabajos, participó en distintas orquestas que lo requirieron, como las de Osvaldo Fresedo, Horacio Salgán, Aníbal Troilo, Mariano Mores, Roberto Pansera, Atilio Stampone, José Basso, Héctor Varela, Alfredo De Angelis, Daniel Binelli e incluso estuvo con la orquesta del bandoneonista Alberto Caraciolo. También formaría en conjuntos que acompañaron a Edmundo Rivero,  Roberto Goyeneche, Virginia Luque o Tita Merello. En París formó un quinteto con Juanjo Mossalini. Con el impresionante cellista Yo-Yo-Ma, participó en la grabación de Soul of Tango, dedicado íntegramente a obras de Piazzolla y realizó diversas giras de presentación-promoción por Estados Unidos, de dicho disco.

                                             


Fue distinguido con el Premio Konex en los años 1985, 1995 y 2005, éste último a título post-morten, ya que falleció en 1998. En 1986 fue declarado Ciudadano ilustre de Rosario. En 1976 constituyó como director, su Conjunto de arcos (violines, violas, cellos y bajos) en el que volvió a lucir toda su maestría y ese buen gusto que siempre lo distinguió en la interpretación.

                                 


Hoy, como  estuve repasando su CD La conversación, extraigo dos de esos temas y les invito a escucharlos  atentamente, porque son una delicia. En este caso, les dejo Libertango, el famoso tema de Piazzolla, interpretado por un cuarteto de cuerdas -en el que luce su violín- y grupo rítmico. Y con Roberto Goyeneche, realizan esta interpretación que arranca lagrimones: Viejo ciego, de Cátulo Castillo, Piana y Manzi.

11- Libertango - Antonio Agri

03- Viejo ciego- Antonio Agri-Roberto Goyeneche




martes, 16 de diciembre de 2014

Del tango al vals

En el vademécum tanguero, hay infinidad de piezas que cambiaron de nombre y de destino, con el correr de los tiempos. Francisco Canaro, en ese sentido, fue uno de los que encontró nuevo enfoque para algunos de los tantísimos temas que fue capaz de ir tejiendo, aunque no faltaron quienes, entre otras cosas, lo acusaban de comprar sus composiciones a diversos músicos.

Horacio Salgán fue el más certero en rebatir esas hipótesis convertidas en leyenda, al afirmar: "Si las compró, se las compró todas al mismo, porque tienen su impronta en cada una de las piezas que firmó". Y que fueron muchas a  lo largo de su longeva carrera dentro del tango y otros ritmos en los cuales también incursionó, siguiendo la moda de sus tiempos.

                                           

Varios de sus temas los transformó con el tiempo. Nueve puntos pasó a ser un tango sinfónico llamado Pájaro azul. La llamada se convirtió en Halcón negro y luego al agregarle letra: Rosa de amor. La polla se transformó en Madreselva con letra de Luis César Amadori.   En 1927, compuso un tango instrumental que tituló: París, en homenaje a la Ciudad Luz que había visitado en los primeros meses de 1925. Para aquella aventura formó una orquesta con los siguientes músicos: Carlos Marcucci y Juan Canaro en bandoneones, Rafael Canaro en contrabajo y serrucho; Romualdo Lomoro en la batería y el propio Pirincho como violinista y director.

Ese tango instrumental, París, que grabó con su orquesta el 23 de mayo de 1927, no tuvo mayor repercusión y caería rápidamente en el olvido, aunque el propio Canaro intentara reflotarlo una y otra vez sin resultados favorables. Motivo por el cual decidió eliminarlo de sus actuaciones.

                                         
Canaro y su madre Rafaela
   
Por esa época estaba pensando en crear un tango o vals para dedicarlo a su sufrida madre, que viviendo en extrema pobreza supo criar y cuidar a los diez hijos que fue teniendo en Uruguay y Argentina. Lo cierto es que Pirincho supo reconocérselo, les compró una casa amplia a sus progenitores e incluso pudo enviar a su madre a Italia para visitar a toda la familia que había quedado allí. .

Ella se llamaba Rafaella Gatto, y había llegado a Uruguay con 8 años de edad. Era natural de Ceraso, un pueblito de Salerno en la provincia de Campania. Incluso Pirincho llegó hasta allí en 1926 para conocer el pueblo y a la nonna materna, que aún vivía y con quien se fotografió y compartió dulces momentos.

                                                     
Pirincho en Ceraso con su abuela


Canaro se sentía en deuda eterna con su mamma y quería dedicarle ese tema y tiró algunas frases musicales pero no terminaba de arrancar y le comentó el asunto a su pianista, Luis Riccardi. Éste le dijo que su tango París, quizás podía servir como punto de arranque porque tenía una parte de la melodía que era ideal para un valsecito.

Y entonces Pirincho insistió en encontrarle la vuelta hasta que lo consiguió y compuso un valsecito realmente hermoso que tituló Corazón de oro, para simbolizar lo que sentía por su madre. Jesús Fernández Blanco, poeta nacido en Cuenca de Campos, pueblo de Valladolid,  España, aunque muy acriollado porque llegó a Buenos Aires siendo un niño, le dijo que le pondría unos versos. Jesús fue amigo de Gardel que le grabó dos temas suyos: El barbijo y Calor de hogar.

                                                   

La letra que ideó para Corazón de oro, arranca así:

Con su amor mi madre me enseñó
a reír y soñar,
y con besos me alentó
a sufrir sin llorar...

En realidad, Francisco Canaro grabó el vals en forma instrumental el 19 de mayo de 1928 y de la misma manera lo haría luego con el Quinteto Pirincho. Luego haría más versiones del tema  e incluso lo grabó cantando Charlo. Y para que paren la oreja y busquen la música del hermoso valsecito dentro del tango París, les dejo las dos versiones.

Francisco Canaro - París (1927)

Corazón de oro - Francisco Canaro







lunes, 15 de diciembre de 2014

Rivero y Mores

Ya tienen sus estatuas en San Telmo estos dos próceres del tango. Y Marianito cerca de cumplir los 97 años, la ha tenido en vida, lo cual no suele ser muy frecuente, y menos tratándose un hombre del tango.

La estatua del gran cantor (1911/1986), está ubicada desde este sábado 12 de diciembre, en la plazoleta de la avenida Independencia y Balcarce. Y numerosos tangueros se hicieron presentes en la ceremonia que da lustre a ese entrañable y porteñazo  barrio de tango.

                               
Oscar Del Priore. Muni Rivero y Luis Alposta rodean la estatua del cantor


Y aprovecho para recordarlo en unas palabras suyas cuando se vino abajo su creación personal del Viejo Almacén, aunque luego con gran empeño lograrían ponerlo nuevamente en pié.

-No sólo lo vi nacer y crecer sino que hasta me tocó verlo caer y levantarse. Allí es donde cada noche he dado lo mejor de mí. entiéndase bien, no se trata de que uno pueda cantar con mayor o menor fuerza, calidad o sentimiento una canción en un lugar o en otro. No para mí al menos, que aprendí a no cantar sino aquello que me emociona siempre, desde la primera vez. No me refiero a ese tipo de diferencia sino a la falta de límites: ni de tiempo, ni de repertorio, ni de tema (por censurado que esté).

-Han sido muchas las noches en que mi actuación se ha extendido porque el público y yo lo necesitábamos, porque "sentíamos" esa especial comunicación que no puede explicarse. Y otras veces, no pocas, ya cerradas las puertas me he quedado cantando por placer, como un aficionado, para un pequeño auditorio de amigos y gente del propio Almacén: músicos, mozos y hasta empleados que postergan con gusto su propio horario de limpieza. Es un boliche raro el Almacén, como un hogar que en pocos años se ha ido llenando no sólo de fantasmas queridos sino de nuevos hijos, de hermanos recuperados, de amigos sin apuro...                                     

                            
Gabriel Mores y Muni Rivero con la estatua de Mariano Mores


A cien metros del emplazamiento de la estatua de Rivero, se colocó la de Mariano Mores. Está en la esquina de Balcarce y Chile, dando incio a un circuito tanguero que dará lugar a muchas visitas por el barrio, tanto de tangueros porteños como de extranjeros que acuden a Buenos Aires a bailarlo.

Marianito, como le hemos llamado siempre, ha sembrado de partituras maravillosas nuestro tango, y muchos de sus temas siguen dando la vuelta al mundo. Melodías imperecederas que ha construido de forma instrumental, o en colaboración con poetas. Aunque generalmente, en este último caso,  ha elaborado primero la música y sobre ella, grandes poetas le han puesto letra.

De su vasta y bella producción extraigo algunos títulos  como Tanguera, Taquito militar, Por qué la quise tanto, Uno, Sin palabras, Gricel, La calesita, Cristal,  Frente al mar, El firulete, Tu piel de jazmín, Oro y gris, Cada vez que me recuerdes, El patio de la morocha, Linda, Adiós Pampa mía, Déjame no quiero verte más, Una lágrima tuya, Yo tengo un pecado nuevo, o los dos tangos que compuso sobre letra previa de Enrique Cadícamo: A quién le puede importar y Copas,  amigos y besos.

                                            
Mariano con su nieto Gabriel, cantante, músico y compositor.

A Mariano siempre le atrajo un  tango más bien internacional, muy efectista, como me lo confesó en una oportunidad y sus actuaciones recibieron siempre los plácemes del público porque les daba esa espectacularidad que siempre mantuvo con la orquesta, en sus presentaciones. Hace tres años que se retiró de los escenarios pero su nombre sigue vigente junto a sus hermosas melodías.

Al recordarlo por este acontecimiento que nos alegra, y mucho, lo vemos interpretando al frente de  su orquesta, el tango que compuso con Rodolfo Taboada: Por qué la quise tanto. Y lo canta Hugo Marcel, con esa tremenda voz que lo caracterizó siempre. 

                                             

Y en un día así, no puede faltar ese tango enorme de Aníbal Troilo y Homero Manzi: Sur, cantado por su gran creador, Edmundo Rivero. Una vez le preguntaron si no le aburría cantar siempre este tango, que le pedían continuamente. Y con su sencillez habitual, respondió: "No, siempre lo canto como si fuera la primera vez. Cierro los ojos y me instalo en esa belleza de letra y música".

                                 
Juan Carlos Copes, Aníbal Troilo, Alba Solís y Edmundo Rivero.


Yo tampoco de canso de escucharlo porque para mí es EL TANGO. Me emociona esa pintura magistral que hicieron dos genios. Pichuco y Homero, que  retrata la Pompeya de la infancia del gran poeta..

                                                

                                  

sábado, 13 de diciembre de 2014

BIEN MILONGA

Estas noches otoñales se prestan para calentar el físico y el alma en una Milonga. Y ésta que llevamos en la Casa de Aragón de Madrid, es ideal por la comodidad del acceso, parking sin problemas y Metro en la misma puerta.
Además, el próximo sábado 20 de diciembre, haremos un Curso Intensivo de dos horas llamado: Iniciación al tango. Para aquellos que aún no han tenido oportunidad de familiarizarse con esta danza única, se realizará de 19 a 21 hs., previo a la milonga que comienza precisamente a las 21. Para apuntarse al curso debe acudirse a la Casa de Aragón o comunicarse por teléfono.

                                           


Y vamos a la que nos espera esta noche, para emborracharnos de Tango..

                                                

viernes, 12 de diciembre de 2014

Alejandra

Sí, estamos en la Semana grande del Tango y tengo que volver a traer a estas páginas a una mujer, en este caso, bailarina y de muchos quilates. Porque ha paseado su arte milonguero por el mundo entero, imparte clases en su Estudio de Roma, viaja todo el año para actuar en grandes Festivales, en Teatros, al aire libre, y siempre nos deja  un postgusto maravilloso por sus interpretaciones. Ésas que llevan la rúbrica de La Mantiñán,  con los distintos compañeros que tiene en cada reunión.

Sus definiciones sobre el tango-danza deberían tenerse en cuenta para el presente y el futuro inmediato por el valor que encierran tales reflexiones. Ha cumplido 30 años como profesional y su entusiasmo, su entrega, no decaen porque en la pista o el escenarios se siente Reina. Y lo es.

                                 

Basada en su experiencia, en diferentes reportajes, dice cosas como éstas:

-Aprender sin pensar es inútil... Pensar sin aprender... peligroso. Por eso, si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo y así la vida no sólo será querer todo lo que ambicionas, sino querer y respetar todo lo que has logrado...

-Para enseñar, no tengo definición, tengo un concepto. El concepto es entender que el cuerpo entiende una lógica motriz y autónoma, y cuando vamos en contra de su propia función, llámese tango, salsa o ballet, nunca nos deja llegar a nuestro propio limite. Eso nos genera frustraciones, y no nos deja viajar en el elixir de la danza. Yo predico por una danza libre de tensiones y posiciones no naturales, de eso se trata mi forma de enseñar.

                                      Homenaje a sus 30 años de bailarina profesional

-Del tango me quedaron grabadas muchas cosas, pero lo que más me impresiona es la intensa necesidad general de vivir una vida opuesta a su realidad, es como un escape, una especie de puerta a la felicidad. La gente está sonriente, se siente importante y especial, y aunque todos lo somos, muchas veces, no lo sentimos. Sin embargo, en el tango es casi un estado natural. Eso es lo que no solo me ha sorprendido siempre, sino que me sigue sorprendiendo cada vez.

- En la milonga se aprende todo. Por ejemplo, los códigos. Lástima que se están perdiendo, si no se perdieron ya. Cuando yo empecé queríamos cumplir con los ritos que conservaban los más grandes. Con el tiempo esos viejos se fueron muriendo y quedaron otros que, muy acertadamente, empezaron a apoyar a la juventud, pero tal vez demasiado, porque se convirtieron en abuelitos con una mentalidad de “Todo lo que hace el nene está bien”. Eso permitió que toda una generación de jóvenes, no tuviera que pasar por todo lo que tuvimos que pasar nosotros, que no tuvimos videos ni maestros con pedagogías modernas. Eran todas cosas medievales, del tipo de: “No, eso es una mierda, pibe, es así (mueve los brazos), ¿ves?
Ahora tenés un maestro obsesivo, que busca la estética, que estudia, que compara, que va a pilates…


                                       
 

Entre los bailarines destaca a Pablo Verón, Pugliese es su orquesta preferida, y Antonio Todaro -como afirman muchos de sus colegas- fue el gran maestro. Y les deja su consejo a los que buscan el placer en la pista de baile:

-Sentí. Pensá si lo que sentís te hará grande, y dejate ser. 

A esta gran artista, reina del tango, le deseo otros 30 años de presencia dentro de la danza y que siga repartiendo genialidades y consejos a los milongueros del futuro.

La vemos en el Festival de Elba, la isla italiana. Es de Julio de este año, y baila con Aoniken Quiroga su tango preferido: Tormenta. El gran tema de Enrique Santos Discépolo por Carlos Di Sarli y la voz de Mario Pomar.

                                             

Y en otro "toquecito Mantiñán", la vemos con el ancho Aoniken (que tiene un enorme mérito, claro), bailando la milonga de Raúl Aguirrezabalaga: La cicatriz, por Juan D'Arienzo y la voz de Alberto Echagüe.

                                                                     

jueves, 11 de diciembre de 2014

El Polaco con Baffa-Berlinghieri

Ya era el gran solista, el cantor de las noches y madrugadas de Buenos Aires, el que acompasaba sus frases llenas de música y barrio, con el compás que marcaba su pie derecho. El que contaba en lugar de cantar, pero ¡cómo lo contaba! Su presencia en el escenario era algo mágico, un rito, metiéndose adentro de la letra, arengando al fueye, colocando las comas, los puntos, los signos de admiración o interrogación que están escritos en el poema. Inventándole un nuevo tono a cada tango.

Cantaba  el texto a su manera de diseur, como se lo sugería su cuore y su estado de ánimo artístico, pero siempre respetando a muerte el acompañamiento y el color de los versos. Había cantado con Horacio Salgán y con Aníbal Troilo, maestros de vocalistas, que le enseñaron todo lo que encierra el tango. La noche, el sentido definitivo de los versos de tango que exprimió al mango y le agregó sus silencios a ritmo,  convocantes de la respiración contenida de sus oyentes, que le dieron un sello único.

                                                     
Con Ángel Paya Díaz y Horacio Salgán en sus comienzos


Aunque hubo algunos agoreros y poco dotados para la crítica que lo descubrieron en sus últimos estertores de vida, ignoran lo que había detrás de su historia grande. Mejoró casi todos los temas que cantó y los acompañó con el graficismo de sus manos y el gesto artístico que dotaba a la frase del dramatismo o ternura que no habíamos descubierto hasta él.

Raúl Garello, que compartió tantos discos con Goyeneche, recordaba cuando grabaron El Gordo triste, dedicado por supuesto a Aníbal Troilo, y que hicieron poco después de la muerte de Pichuco. -Habitualmente se grababa playback y él ponía la voz. Cuando cantó fue una de las veces en  que lo vi más emocionado. Lo normal es que se vuelva al control a escuchar la toma, pero ahí no hubo dudas. Era ésa. Después de cantar salió del estudio, agarró su abrigo y escapó. "Esto es una barbaridad, queda así", dijo. Se fue sollozando. Esa grabación le llegó tanto que ni siquiera la escuchó. Y quedó así.

                                                 
Con la orquesta de Troilo en el Marabú


Y yo he contado en mi libro ABC DEL TANGO - Biografías de grandes figuras (Editorial Corregidor) lo que un día nos relatara en Madrid, el cantante cubano Pablo Milanés. Decía que Goyeneche era el cantor que más le había impresionado en su vida. Y éso que lo conoció en el declive de su carrera artística, cuando estaba perseguido por sus achaques y la mala vida. Había perdido esa coloratura que lo distinguía y se había opacado la potencia de su voz.  Decía Pablo:

-Fuimos a verlo con mi esposa, Fito Páez y la actriz Susú Pecoraro. Goyeneche andaba con varias dolencias, estaba realmente mal de salud y no iba a salir al escenario. Al final se animó y subió. Cantó algunos tangos, y lo hizo de tal forma que aquello fue la emoción más grande de nuestra vida.
Los cuatro acabamos llorando sobre la mesa a lágrima tendida.

                                                               
Ensayando con Osvaldo Pugliese


Dejó unos 2.800 temas grabados, según la contabilidad de Luisa, su esposa. A mí me regaló una noche en una boite de Olivos, el acetato que grabó con tres guitarras acompañándolo, de Sueño querido, el tango de Ángel Maffia y Mario Battistella. Escucharlo en cualquier momento es volver a sentir aquellas sensaciones únicas. Un cantor que no se pareció a ninguno. Con ese fraseo y el uso de los tempos rubatos casi bandoneonísticos que manejó como nadie.

                                                       


Meto la mano en la discoteca y extraigo un elepé que grabó con el conjunto de Baffa-Berlinghieri en 1967. Y escojo dos temas que me trasladan a las noches de Caño 14 o Michelángelo. El primero: Tango de otros tiempos. La letra es de Ulderino Caserio y la música de Alberto Marino y Washington Reyes. Y a continuación, Ese muchacho Troilo, de Homero Expósito y Enrique Mario Francini.

El Día Nacional del Tango lo reclama.

01- Tango de otros tiempos - Roberto Goyeneche

07- Ese muchacho Troilo - Goyeneche-Baffa-Berlinghieri


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Roberto Takafumi Sugiura

Este cantante japonés que reúne unos atributos artísticos muy especiales, nació en 1970 en una de las ciudades más importantes de ese país  llamada Nagoya. Se recibió en la Universidad de Otani, en la Facultad de Ciencias filosóficas. Su vida experimentó un vuelco radical cuando descubrió el tango y se dio cuenta que le venía como anillo al dedo para expresarse en el mismo con unas acertadas virtudes vocales. Las  que le llevarían a la Argentina en 1993, para conocer a su ídolo, Roberto Rufino, quien lo apadrinaría y agregaría su nombre: Roberto, a la identidad del joven artista Takafumi Sugiura.


Creo que vale la pena, como presentación, verlo cantando con la Orquesta Color Tango Tolosa, dirigida por el contrabajista Amílcar Tolosa (ex integrante de la Orquesta de Osvaldo Pugliese) y co-digirida por el primer violín Mauricio Marcelli, y en el que militan otros nenes como el recientemente fallecido Pocho Palmer en bandoneón, Julio Peressini en violín, Alejandro Prevignano en bandoneón, y varios músicos de nivel.

En este caso el increíble ponja, que tompió el molde de sus paisanos,  nos canta con la orquesta el tango de Juan Carlos Howard, Roberto Zerrillo y Enrique Cadícamo: Melodía oriental. Atenti.

                                          

Yo creo que acá valdría la pena introducir la nota que hizo sobre este muchacho, la periodista Karina Micheleto en Página 12 en 2005,  y que es muy ilustrativa para conocerlo.


-Un día, Takafumi Sugiura decidió que se llamaría Roberto. Fue en honor a su maestro, el primero que lo invitó a cantar tangos sobre un escenario, Roberto Rufino. Y también a Goyeneche, otro de sus ídolos, a quien conoció en Japón y empezó a imitar casi como diversión. A primera vista, Roberto Sugiura es un personaje gracioso. Eso si uno se apresura a juzgar por detalles como el moñazo atado a su garganta o la camisa a pintitas turquesas que luce bajo su saco. O por la forma en que pega el grito desde la mesa del bar: “¡Che, moza, otro cortado!”, o se larga a cantar de viva voz un tango distinto a manera de respuesta a cada pregunta. Puede que todo eso sea parte del personaje. Puesto a hablar sobre su pasión, la historia es otra. Además de ser cantante de tangos, Sugiura estudió filosofía. Tamaño cóctel lo habilita a sentencias tales como: “Yo cuando canto quiero morir, sufrir, matar”. “Muchas veces pensé en suicidarme. Por eso mi voz no es alegre. Tiene gusto de muerte.” “Elijo el tango porque tiene dos virtudes: es masoquista y sádico. Las dos cosas a la vez.”

                                      


- Para explicar por qué estudió filosofía, Sugiura se pone a cantar: “Yo aprendí filosofía, dados, timba, y la poesía cruel...”. A su lado, Amílcar Tolosa apunta que lo hizo con final puglieseano. Algo de bueno tendrá Sugiura para que Tolosa, director de la Orquesta Color Tango, formado en las filas de la de Pugliese, afirme sin dudar: “Los cantantes japoneses de los últimos 45 años fueron tres: Ranko Fujisawa, Ako Ikwo y Roberto”. Sugiura dice que Tolosa es su “padre de Buenos Aires”. Junto con Color Tango grabó aquí un CD y un DVD que presentará en su próximo viaje, en unos meses.
Sugiura vino por primera vez en 1993, con un solo objetivo: escuchar a Rufino en vivo. Gracias a un amigo violinista consiguió su teléfono, habló con su ídolo y hasta cantó con él un tema suyo, Quién lo habría de pensar. En ese encuentro, Rufino lo llamó “tocayo Roberto”, y así le dejó asignado el nombre artístico. Sugiura jura que aprendió español escuchando letras de tango y cuenta que su primer encuentro con la Argentina fue un tanto decepcionante. “Cuando vine en el ’93 el tango aquí estaba muerto. Preguntaba por Caño 14 y no estaba más. Preguntaba por la gente que admiraba en los discos y se había ido afuera. Era muy triste”, recuerda.

                                         

- Sugiura dice que prefiere armar su repertorio con temas que no se cantan mucho, Eras como la flor de Rufino, El tigre Millán de Canaro. Y con los que no son amables en sus letras. Nada de El día que me quieras: los suyos son los tangos trágicos, de amores desencontrados, habitados por historias como la suya. “Una vez amé de verdad. A una violinista japonesa. Casada. Sigue casada. Nos queremos. Una historia muy triste”, cuenta Sugiura y canta el tango Soñemos: “Yo sé que es imposible quererte y adorarte, que es un pecado amarte y darte el corazón...”
–Desde lo filosófico, ¿qué es lo que lo atrae del tango?
–No hay explicación. Pero el tango guarda sentimientos especiales. Le canta a la pasión más negra, no al amor rosa, que no existe. En el tango está toda la vida, con sus verdades más profundas: verdad, ilusión, mentira, amor, celos, odio, rencor, suicidar, matar, morir, hambre, pobreza. Plácido Domingo dijo que la ópera cuenta en cuatro o cinco horas lo que el tango dice en tres minutos. Y tiene razón.
–¿Y por qué fascina tanto a los japoneses? Uno los imagina bastante diferentes al porteño que habla en las letras de tango.
–No sé. Yo puedo hablar por mí, no por todos los japoneses. Mi carácter es muy fuerte. Cantando soy un torero (se para y escenifica. “Desde que te fuiste estoy lloraando todos los días...”, canta). Yo canto fuerte, trágico, porque para mí el tango tiene sadismo y masoquismo. Me gusta porque están los dos juntos. Hoy tengo muchas ganas de cantar. Antes estuve muy mal. Tengo un problema: sufro depresión. Muchas veces pensé en suicidarme. Y como el tango es pasión negativa, angustia, lo siento cercano. Por eso mi voz no es alegre. Es fuerte. Y tiene gusto de muerte.

                                              


- También hay tangos que cuentan historias felices.
–El tango feliz no me llama la atención. El día que me quieras no es para mí. Yo cuando canto quiero morir, sufrir, matar. Quiero contar historias como la mía.
–¿Qué lo acerca y qué lo aleja del ser argentino del que hablan las letras de tango?
–Me gusta la manera de pensar del argentino. Muy nihilista. Eso de: “Oye mi amigo, ¿por qué pones tanta azúcar en el café? Porque, Roberto, la vida es amarga”. No me gusta que los argentinos sean tan cerrados. Yo viví dos años en Miami, conozco Puerto Rico, Cuba, allí es diferente, te conocen dos minutos y ya te dicen hermano. Los argentinos son más fríos, más desconfiados. Tendrán sus razones.
Ahora Sugiura tiene una novia argentina, Laura, que está tramitando el pasaporte para acompañarlo a su próxima gira por México. La conoció hace dos meses en un bar, intercambiando historias de vida parecidas a las del tango. El cantor dice que Laura lo está ayudando a olvidarse de esa violinista japonesa. Y que está preparado para lograr lo que se propuso. “Tengo sangre de tango. Recuerda lo que te digo: el año que viene voy a ser muy famoso. Estoy trabajando mucho por este sueño. Mira”, dice, y muestra un anillo de oro que tiene grabadas dos palabras: “La Victoria”.


                                                  

 Y acá, después del inteligente reportaje y descripción de Karina, les sigo contando yo. En Colombia. Takafumi descubrió el bolero y comenzó a cantarlos con mucho éxito, compartiendo escenario con otros artistas famosos en Cuba. En Puerto Rico, de la mano de Danny Rivera se encontró con la cumbia y en México con la ranchera. Se estableció en Miami con una importnnte agencia y lo promocionaron con giras y discos en Centroamérica y también en Sud y Norteamérica. Lo colocaron en programas estelares que tienen un millón de seguidores y hoy es un gran artista internacional que incluso lleva a Japón todas estas inquietudes artísticas y vende carradas de discos..

Y miralo al muchacho cantando estos temas mexicanos con un gusto tremendo. Un crack.