viernes, 24 de febrero de 2017

Vieja amiga

Esta maravillosa página de dos enormes personajes que tuvo el tango: Pedro Laurenz y José María Contursi nos sigue iluminando en las noches milongueras por la polenta contagiante que contiene. Tanto en la música como en los versos del poeta, que cambió el lunfardo fundador de su progenitor en el género, por un lenguaje más culto, emparentado con los Manzi y Le Pera, y que irradió en infinidad de páginas. Muchas de ellas dedicadas a su amor imposible -Gricel-,  que llenaron toda una época y siguen vigentes en el gusto popular.


Entre ambos bordaron cuatro temas, uno mejor que el otro: Es mejor perdonar, Como dos extraños, Milonga de mis amores y el citado Vieja amiga. Los versos del Catunga que fueron musicalizados por el gran bandoneonista se estrenarían en los carnavales de 1938, en las instalaciones del Club Atlético Boca Juniors, comenzando un viaje interminable que lo convertiría en record de ventas discográficas de su época. Solamente la partitura alcanzaría los 7000 titulos vendidos.

                                                   
Pedro Laurenz

La letanía de los versos sigue desmayándose en la nostalgia del amor interrrumpido y muestra la desesperación del reencuentro que no logra el efecto balsámico esperado:

                                                             
 ¡Ves!... He tratado inútilmente                             
José María Contursi
de alejarme y olvidar...

Hoy... que hay arrugas en mi frente 
siento más la soledad... .

Tal vez, al notarme avejentado


pensarás que vengo a verte

porque estoy desesperado...
¡No!... Ya los años me enseñaron 
 a templar mi corazón...



No he venido a suplicarte

ni un poquito de cariño...
ni a que expliques tu silencio
tus mentiras o tu olvido...
No es posible, vieja amiga
nuestras vidas acercar.
Sólo vine para verte
para verte, ¡Nada más!

Pedro Laurenz llevó al disco esta joya el 12 de mayo de 1938, con la voz de Juan Carlos Casas y, como está expresado más arriba, fue un impacto tremendo. En la partitura, el tema está dedicado al locutor y poeta tanguero Roberto Miró y al boxeador chileno peso pesado: Arturo Godoy.  Curiosamente, Aníbal Troilo lo incorporó a su repertorio, con Francisco Fiorentino cantando los versos. Lo ejecutó en Radio El Mundo y en veladas bailables pero resolvió no llevarlo al disco, porque la interpretación de Laurenz-Casas le pareció insuperable.  

Y creo que no le erraba en su apreciación, aunque Fiore lo canta muy bien, pero el estilo entra en la órbita de aquella vibrante grabación de Laurenz y se destiñe un poco en la comparación. Floreal Ruiz, lo rescata con José Baso en la grabación del 27 de agosto de 1957 y le insufla nueva vida a este hermoso tema. Canaro lo había registrado en forma instrumental el 22 de agosto de 1938, y Hugo Del Carril, entre otros intérpretes, lo llevó al disco, acompañado por la orquesta de Tito Ribero ese mismo año. Creo que ese lote de registros junto al de Mercedes Simone en Odeón (7/9/1938), rescatan la belleza de este tema que cierra así José María Contursi: 

 No he venido a suplicarte                                                  
ni un poquito de cariño
ni a que expliques tu silencio,
tus mentiras o tu olvido...
No es posible, vieja amiga
nuestras vidas acercar...
Ya me voy ... y aquí te dejo
¡Toda mi felicidad!...

Y la música de Laurenz, además de exaltarnos en las tenidas milongueras,  obra el milagro de crear un tema que resistirá el óxido del tiempo y volverá siempre en nuevas versiones que le insuflarán nueva vida. De momento podemos revivir esta obra en la versión radiofónica de Troilo con Fiore, que no llegó al disco, y la interpretación de Hugo Del Carril

 
Vieja amiga_ Aníbal Troilo-Fiorentino




















miércoles, 22 de febrero de 2017

Una noche de garufa

Escojo éste, porque fue el primero de los tangos que inventó Eduardo Arolas y en el mismo ya planeaba su indudable genio creador, recogiendo todo el influjo emocional de esta música, que palpitaba en los barrios del sur de Buenos Aires. Hijo de franceses, criado en Barracas, bautizado en la guitarra y consagrado en el bandoneón, fue el primer prócer que distinguí del universo tanguero gracias a las páginas suyas que escuchaba a mi hermano en los discos de Roberto Firpo o Juan D'Arienzo.

A los veinte años comencé a escribir sobre su trayectoria, entregado, y nunca cedí en esta admiración por su obra. Temas suyos como La cachila, Suipacha, Lágrimas, El Marne, Maipo, Comme il faut, La trilla, Catamarca, La guitarrita, La cabrera, son suficientes para consagrar a un autor. Y la lista de Arolas  es mucho más larga, sobresaliendo en pasajes de varios de sus temas, que llaman muchísimo la atención, dado el déficit que suponen  su pobre formación musical y la carencia de conocimientos para pautar esos sonidos maravillosos en el papel.

                                           


En el diario La Nación del 1º de junio de 1961, aparece una crítica en la cual señala los valores musicales de varios tangos y porque su técnica  crítica indica que ya se considera al tango, desde su punto de vista, al par de la música culta. "Tanto en El Marne como en El recodo, las tres primeras partes fueron tratadas continuando los lineamiento del texto original. destacándose en el tema de Eduardo Arolas el contrapunto entre el piano y los bandoneones de la cuarta parte,  y el tutti final, rebosante de empuje y sonoridad".

Una noche de garufa fue su ópera prima y Francisco Canaro en su libro, narra aquel inicio prometedor, con el título:  "Cómo conocí a Eduardo Arolas"
 
   -Una noche de 1909 cayó al café Royal, donde tocábamos, un jovencito con varios amigos, que no venía en tren de guerra, sino de cordialidad, pues llegaba provisto de un bandoneón. Tenía pinta de compadrito "high life" pues llevaba  sombrero gris claro con  cinta y ribertes negros,  requintado sobre la frente, y vestía traje de cuadritos blancos y negros, trencillados de negro y el pantalón  con ancha franja del mismo color y en la botamanga del mismo tres botoncitos de nácar, chaleco de fantasía fileteado y corbata plastrón, decorada con un vistoso alfiler....

                                           
Orquesta de Arolas (centro, abajo) en Montevideo. 1918


 El mismo Canaro cuenta que al terminar la actuación de su trío, descendieron del palco y se juntaron con Arolas y sus amigos. Como uno de ellos manifestó que Arolas había compuesto un tango, Canaro y sus músicos le propusieron que se los hiciera escuchar, cosa que éste hizo de inmediato.
   -Colocó sobre sus  piernas una mantita de terciopelo negro con sus iniciales, coquetamente bordada.  Acomodó el bandoneón y ejecutó con muchísimo gusto el mencionado tango que había compuesto y bautizado  con el nombre de Una noche de garufa, que en realidad era muy bueno y nos entusiasmó mucho.

El trío de Canaro fue el primero en darle difusión y según su director, como Arolas no sabía pautar  música, él mismo le escribió la partitura para violín y, posteriormente el flautista y compositor  Carlos Hernani Machi se encargó de la parte de piano. Arolas se lo dedicó a su amigo Prudencio Aragón, en la partitura que en 1911, Ediciones Balerio, dedicara a este tango inicial del Tigre del bandoneón. En 1913, el propio Arolas lo graba por vez primera en Odeón, como inicio de su obra discográfica.

                                      


Vale la pena señalar que, cuando compuso su primer tango, Arolas tenía apenas 17 años. Que alcanzaría a vivir 32 complicados años, con sus tangos, las prostitutas, el alcohol y la traición de una de ellas  con su hermano, algo que le causó un profundo dolor. Viajó a Uruguay, a Francia, donde compuso sus últimos temas y donde encontró la muerte temprana.  Fue sepultado en un cementerio parisino en 1924, y treinta años más tarde sus restos llegaron a Buenos Aires. Con un amigo, acompañamos a la comitiva que paseó los mismos por su viejo barrio de Barracas y permaneció un rato frente a la placita Herrera, donde vivió con sus padres y hermano.

Era como un homenaje que le debía al autor de unos 120 temas, la mayoría de los cuales están en la base del tango moderno y constituyen un legado maravilloso. Hoy lo recuerdo una vez más en este tema, no porque sea el más logrado de su producción, sino por lo que representa como iniciación de un período de creación que ha sido fundamental para el desarrollo del tango.

Ricardo Tanturi con su orquesta lo grabó el 6 de mayo de 1941 y así lo bailan en Lo de Celia.

                                           

lunes, 20 de febrero de 2017

El genio de Mores

Es indudable que Mariano Mores, al margen de sus capacidades como intérprete, fue un compositor con una imaginación musical fuera de lo común. Su obra contiene piezas esenciales del género, un melodismo especial y una vibración que lo señalan abiertamente, tanto para crear piezas instrumentales de alto vuelo, como  acompañando a versos que hicieron historia en el género y pueden considerarse como piezas maestras del mismo.

En la fecunda década del cuarenta fue mostrando su talento y dejando gotear una cuerda especial que lo distinguiría especialmente para siempre: Adiós pampa mía, Una lágrima tuya, sin palabras, Uno, Muchachita porteña, Gitana, Copas, amigos y besos, Déjame no quiero verte más, Tan sólo un loco amor, Yo sólo sé, Cuartito azul, Cafetín de Buenos Aires, No llores nunca más, El estrellero, Tan sólo un loco amor, El Patio de la morocha, Mulatada, La calesita, A quién le puede importar, Yo sólo sé, con diferentes poetas o los tangos que que compuso con José María Contursi: En esta tarde gris, Cada vez que me recuerdes, Cristal,  Gricel, Tu piel de jazmín, Cobarde.

                                 



La mayoría fueron éxitos de orquestas y cantores que estaban de onda y sirvieron para comprobar como se aliaban  música y versos para devenir en paisajes musicales de la historia del tango, que siguen demostrando su salud en nuevos registros o en los discos que guardaron tanta belleza. Si bien en su trayectoria musical, más allá de la etapa con Canaro donde despuntaría sus virtudes, le confirió a sus formaciones un aire distinto, con inclusión de instrumentos tímbricos poco habituales en el tango.

Él mismo confesaría que quiso salir del rígido concepto de lo que se conocía como "orquesta típica" y buscó darle un aire más espectacular, para lo cual contó con la colaboración inestimable de Martín Darré. Un músico fundamental en su trabajo, que sería quien le escribiera los arreglos orquestales tan llamativos que buscó Mores en su formaciones y que fueron definiendo su talento musical y forma de entender el tango como música, "aunque respetando siempre su carácter popular....", como me explicaba en una charla que tuvimos en Madrid. Fue cuando vino con su orquesta y realizaron en Teatro un hermoso espectáculo compartido con Ariel Ramírez y su conjunto.

                                            
La orquesta de Francisco Canaro en Radio Carve. Mores está  en el piano.


Pero hoy quiero destacar cuatro pegadas impresionantes que tuvo como compositor y que sacudieron los años de plomo del tango, que sucedieron a finales de los cincuenta y los sesenta. Ëpoca en que las grabadoras le dieron la espalda a este género, que fue desapareciendo de las emisoras, las orquestas debieron achicarse por falta de trabajo, y las milongas que poblaban los barrios de Buenos Aires, congregando a la masa de bailarines de ambos sexos, también tuvieron que dar paso a otros ritmos y cerrar sus puertas.

En aquellos momentos de "quietud", Mariano Mores tuvo el talento necesario para pegar cinco aldabonazos, que le devolvieron momentáneamente al tango su popularidad. fueron: Taquito militar, de 1952, que excedió a aquellos años, Tanguera, el instrumental que dió a conocer en 1955, El firulete, tango milonga estrenado en 1958, Por qué la quise tanto, estrenado en la obra "Estrellas en el Avenida", Teatro Avenida, en 1961, y en 1963: Frente al mar. Estos tres últimos llevan letra de Rodolfo Manuel Taboada.

                                       
"Remotos acordeones despliegan en la noche sus pájaros de bruma.."


Taboada fue un conocido periodista que firmaba muchas de sus notas con seudónimo. Guionista de cine y televisión, humorista, productor de espectáculos, que nos dejara páginas recordadas en revistas de entretenimientos. Compuso además con Mariano Mores, otros temas como Ahora te llaman Lulú, Ché cuñao, que bronca da, Me robaron la luna, Sayonara dijiste, Rosa de barro, que tuvieron menos repercusión. Además, escribió los versos de Una tarde cualquiera, que lleva música de Roberto Puccio y Tu nombre y nada más, tango con música de Lucio Demare.

Pero lo que quería destacar en esta nota, es el impacto de esos cuatro temas que produjo Mariano Mores entre 1955 y 1963, años oscuros para el devenir del tango, que lograron volver a ponerlo en órbita, demostrando el talento mayúsculo de su creador y que nos desvelan esas costuras tan personales que a lo largo de su longeva carrera apuntó siempre.  Una personalidad especial, distinta, que sirvió para enriquecer las alforjas tangueras, agrandando las vías de llegada al público.

Los invito a recordar estas creaciones en distintos muestrarios: Por ejemplo, en la película: La voz de mi ciudad, dirigida por Tulio Demicheli en 1953, se puede ver al Mariano Mores, actor y músico estrenando su tan exitosa Taquito Militar, junto a otros actores del filme.

                                           


Acá, vemos la escena de la película  "Buenas noches Buenos Aires", de 1964, dirigida por Hugo Del Carril, donde éste canta el tango "Por qué la quise tanto"

                                

Y como muestra de lo que se puede llegar a alcanzar con un tema de éstos, la pareja de bailarines integrada por Sebastián Arce y Mariana Montes, nos brindan en la televisión italiana una versión digna de Hollywoood, del tango de Mores: Tanguera.

                                         

Video Rai.TV - Ballando con le stelle 2012 - Sebastian Arce e Mariana ...

www.rai.tv/.../ContentItem-0bd7e0a8-4a35-459a-9ed6-fb3d7023...
17 mar. 2012 - Sebastian Arce e Mariana Montes - Tango nuevo a Ballando con le stelle. ... Rai - Radiotelevisione Italiana Spa Sede legale: Viale Mazzini, ..                                         
                                        

                                       
                                                          

                                                          

sábado, 18 de febrero de 2017

BIEN MILONGA


                                                                               
                                                                                            


   "El tiempo pasa de largo
     cuando te abrazo en un tango.
    Mientras se quiebra
    la voz de la orquesta
     que dice de tango y amor".
             Carlos Bahr-José Basso    
                                                                                      
Bailar en esta milonga tiene premio. Un premio íntimo, fecundante de la danza, como lo es la música que seleccionamos para levantar vuelo en la pista. La clave de todo, aunque haya gente que no termine de entenderlo, pero los años de milonguero nos dan chapa, y sabemos cómo se calientan los ánimos y las piernas de los bailarines, apuntando alto en la elección de la música.


Y así tenemos siempre a punto y con muy buen ambiente esta milonguita que, con mucha ilusión y feliz resultado, seguimos haciendo los martes en la Casa de Aragón de Madrid, sita en la Plaza República Argentina, nº 6, de 21 a 24 hs. El mes próximo, en fecha que anunciaremos, también regresamos con la de los sábados, en el mismo sitio y con novedades que movilizarán a los que quieren aprender y mejorar su nivel y también para los que quieran gozar con la milonguera noche sabatina. Al tiempo.

                                                 


Para calentar motores, ya sabés que me gusta yirar por al ancho mundo y ver parejas danzando al compás de un tango, un valsecito o una milonga. Es una manera de darle cuerda a al cuore y a los remos y de paso cañaso, ver cómo en los diferentes países del mapa, ha calado hondo el instinto milonguero y la música que explotó hace unos ochenta años. Sí, y sigue siendo la fuerza motora que nos impulsa.

Y dicho esto, arranco entonces en una sala de Copenhague -Dinamarca- M2tango Studio. Allí la pareja que integran Mette Munk y Martin Neumann Pedersen, se lucen con este tango que empuja lindo: Seguime si podés, por la orquesta de Don Osvaldo Pugliese.

       


 Acá podemos observar a la pareja Dimitris Biskas and Mariana Patsarika. que tienen estudios en Francia y Grecia, como se mueven al compás de la Milonga brava que interpreta Francisco Canaro, con la voz del cantor Roberto Maida.

                                       

 Y ahora me intalo en esta milonga de Pekín -China.  Son Esteban Peng y Emilia Jia, los que se bailan el valsecito: Tu vieja ventana, por la orquesta de Ricardo Tanturi. Cantan Enrique Campos y Roberto Videla.


                                        

    Y ya tenés la completa per questa matina.  Es para que te dés un poco de manivela y vayas lustrando los tarros pensando en este martes de BIEN MILONGA. Seguro que irás bien preparadito para mover los remos a compás y elegantemente. Hablando en money: Bien clásico pa'no desentonar, ¡Decí que sí!                                    







                                  

viernes, 17 de febrero de 2017

MARIANA FRESNO

Las milongueras tienen ese no sé que, ¿viste?, que diría Ferrer y es grato  encontrarnos con algunas de las que han logrado que el tango forme parte de las noches de bailarines de otros países. Ella vive en Nueva Yok, tiene una Milonga, se muestra en exhibiciones y lleva años dándole alas a sus sueños, desde que comenzó viajando a Japón por dos meses con apenas veintidós años y un compañero de veinte.

Porteña del barrio de Saavedra, el tango le trasnmitía cosas, cuando lo escuchaba por radio, aunque sus padres le decían que esa música era "cosa de viejos". Pero aquellas letras se le fueron metiendo y hoy que es una reconocida profesora y bailarina, sigue pensando que los tangos con letra tienen algo que la impulsa en la pista


 -Soy tradicional -dice-. Me gusta el tango que aprendí hace 20 años. Las poesías que contienen  me llegan, me iluminan, creo que van con la historia de cada uno. Recuerdo perfectamente el primer tango con letra que me impactó. Fue Rondando tu esquina, por Osvaldo Pugliese y Roberto Chanel. Me pegó fuerte y me quedó. Y aún hoy, después de tantos años, le sigo encontrando un atractivo especial, un ingrediente muy emotivo. Además, mi abuela me enseñó a cantar: El Día que me quieras...

Estudiaba danzas y música, el tango estaba lejos, muy lejos en el fervor popular, pero como trouvaille decidió tomar clases con Juan Carlos Copes nada menos. Estuvo un tiempo con él, aunque le faltó el poder vitalizador y aglutinador de la milonga y no  logró entrar en el espíritu bailable del género. Tenía 16 años y el tango no arrastraba entonces a la gente joven, era en el año 93. Los padres no le permitían salir de noche y dejó las prácticas porque no le llenaban. La llama se le encendió años más tarde en el antiguo Parakultural. Había maestros jóvenes, se juntaron unos cuantos alumnos de su edad y fue cuando entró a comprender la magia de la milonga.

                                     



   -Recién empezaban los Naveira y otras parejas. Me gustaba Miguel Ángel Zotto que hacía unas cosas muy buenas en teatro, con su hermano Osvaldo comencé a bailar entusiasmada y la milonga me pegó duro. Tuve mucha suerte, justo agarramos el boom, y no había casi profesores. No se daban clases. Los que más sabían nos enseñaban vocacionalmente. Pero lo escuchaba a Teté y le gustaba hablar de tango. Aquellas charlas me marcaron. Yo quería saber cosas de tango y los mayores te las transmitían.  Me acuerdo que desayunaba con Geraldine Rojas, que era menor y alguno de los mayores y nos quedábamos embobadas.

-Antes teníamos otros tipo de contactos, conocíamos los domicilios, nos juntábamos, nos dábamos manija entre nosotros. Salía de casa a tomar una clase con Mingo Pugliese y me pasaba la noche entera en diversas milongas. Volvía a casa a las 7 de la mañana, emocionada y me iba a trabajar. Mi papá me iba a buscar a la milonga, yo le rogaba: "Dejame otra tandita". Entonces él se iba al coche a esperarme y yo seguía embobada, milongueando. Cuando por fin me iba al coche, estaba dormido, ¡pobre!

                                       


Una historia que hemos atravesado tantos milongueros. Ella está agradecida a la gente grande que en las milongas la sacaban a bailar y le enseñaban los secretos de esta danza. Sunderland, Gricel, y tantos lugares que se iban formando con los nuevos tiempos del tango, le permitieron vivir la aventura del descubrimiento a una edad, en el tango, que pega fuerte. Y se le quedó para siempre en el alma. Se considera tradicional y seguidora de la danza que aprendió hace 20 años. Admiradora de Carmencita Calderón, su mirada hacia atrás le permite entender muchas cosas sobre el tango bailado.

   -El tango moderno no me emociona. El baile para mí tiene que ver con sentirte mujer o sentirte hombre. Yo sigo en mi idea. Comprender la relación entre el hombre y la mujer. La esencia, en el concepto tradicional, cómo se comunican. En el baile profundizo todo eso, y en las clases lo desarrollo con estas bases. No tengo pareja fija en Nueva York y prefiero bailar con argentinos.

                             

                                   
   -No tengo prejuicios en este tema pero me cuesta bailar en exhibiciones con norteamericanos que no conocen los códigos del baile, ignoran lo que dice la poesía que está interpretando el cantor... No sé, soy muy purista en éso. En el año 2004 vine con El Indio, Pedro Benavente, a Estados Unidos para trabajar en tango. Ya había estado con él en diversas ciudades de Europa, con bastante éxito. Pero en este último caso decidí dejarlo por problemas familiares. Me vine a Nueva York que no conocía, para tener una idea.. Formé pareja con un chico que  y me fue bien. Y desde entonces acá estoy. Pero insisto, me gusta bailar con argentinos que lo sientan muy adentro. Cuando viene Copello bailo con él. Ahora llegará José Garófalo, que también fue maestro mío y este mes bailaré con él.

                                                   
Mariana en Canning

   -La milonga de Canning me motiva, aunque la hayan cambiado bastante. Cuando vuelvo a Buenos Airres, voy allí y me siento en casa. Algunos me recuerdan con mucha nostalgia y añoranza. Y pienso que me gustaría volver con ochenta años a esos lugares donde comencé a bailar tango. Me sigue emocionando escuchar historias de tango. Cuando fuimos a Japón, había un bandoneonista argentino que recordaba infinidad de cosas de su época que me daban vuelta. Es que el tango tiene tantas historias maravillosas...



La vemos bailando con El Pibe Sarandí, esta milonguita antigua: El cachafaz.


                                       
                                































































































































































































































































































































































































































miércoles, 15 de febrero de 2017

LA PISTA Y EL ESCENARIO



“Pensar es el mayor error que un bailarín puede cometer. No hay que pensar, hay que sentir”. 
                                                                                            Michael Jackson
                                       

He aquí el gran dilema. ¿Qué tango quieren bailar los que llegan para aprender esta danza única?  Por lo general, arriban a las clases soñando con emular a los que han visto en televisión, en cine o en un teatro o show,  haciendo contorsiones de malabaristas. En su ingenuidad creen que eso es lo que deben aprender para largarse a bailar. Lo hemos visto tantas veces que, la verdad, cansa  repetir siempre lo mismo y aconsejarles que contengan sus ansias en la pista y aprendan a caminarla para no parecer que chapotean en almíbar. 

Los jóvenes, además, cargan en su equipaje esa polenta propia de cuerpos en constante desarrollo y necesitan mostrar su equipaje milonguero, equivocadamente, es cierto, pero todos tuvimos veinte años y sabemos lo que ello representa.  Cuesta convencer a esos muchachos que lo que ellos pretenden desarrollar debería encaminarlos hacia profesores que les enseñasen ese tipo de baile artístico, que no podrán realizar en sitios donde no hay espacio para hacerlo. Un baile más efectista, atlético y exaltado, que interiorizado. Y que, de todos modos tendrán que pasar por el primer escalón que es aprender a bailarlo. 

                                               


Juan Carlos Copes, que saltó de la pista, como milonguero, al escenario –y en las dos fue un crack-,  lo dice  muy claro: “La clave del milonguero es la creatividad, la imaginación, la improvisación.  Con veinte figuras dominadas a la perfección, se pasa la noche bailando y se desarrollan de cien manera distintas. Se deja llevar por la música. En la milonga, a la única que hay que convencer es a la mujer que se lleva en brazos. El escenario es distinto. Los bailarines profesionales tienen que someterse a una disciplina coreográfica. Allí el desafío es con el público. Y el público cambia todos los días”.

Y su maravillosa compañera de aquellos años de éxitos internacionales sin tregua, María Nieves, aconseja a las chicas que empiezan. “En la milonga rendíamos examen todas las semanas. A veces volvíamos con Juan (Copes) y en el colectivo se le ocurría un paso nuevo. Bajábamos y empezábamos a ensayarlo. Ahora que soy veterana, voy a una milonga y bailo desde que llego hasta que me voy, Transpiro como una loca. En cambio en el escenario bailo dos piezas y quedo destruida. El tango es la única danza libre donde cada uno puede crear los pasos que su imaginación le dicta, de acuerdo a las necesidades del ritmo y la melodía, pero también influye el afecto que se transmite a la pareja.”

                                             


Esa diferencia entre el tango de pista y el escenario, parientes lejanos,  estriba sencillamente en que para bailar el tango social de todas las noches, debemos crear o improvisar, que es la gran base diferencial de esta danza. Sentir una especie de vibración. Para el escenario se necesita una coreografía donde cada paso está señalado en la misma. Como todas las personas tienen su propia forma de expresarse física y mentalmente, hay bailarines sensuales, dinámicos, suaves, lentos, violentos, que van delante de la música.  Y la pareja de turno debe adaptarse a estas personalidades, hasta que se comulga con alguien que encaja dentro de su baile. 

Ése es otro de los alicientes que tiene el tango. Cuando se logra acoplar con la persona adecuada a nuestra manera de hacerlo y sentirlo, la cosa fluctúa con naturalidad y allí es donde se encuentra el verdadero placer del tango bailado. Cuando se conecta con la emoción y alcanzan piernas de pájaro. Quizás, fundamentalmente, existan falencias en algunos  de los profesores que han surgido como hongos desde que el tango se transformó en algo rentable para ellos. 

                                        



Graciela González, la morocha que formó esa inolvidable pareja con Pupi Castello, que hoy organiza unas clases muy apropiadas, recuerda así sus primeros pasos y todo lo que aprendió en esa época.
 -Cuando yo empecé a bailar, en el año 88, todos bailaban bien, fundamentalmente porque nadie se parecía a nadie. Cada bailarín era diferente, por eso bailar con cualquiera de ellos representaba un desafío. Era una clase de tango en sí misma. Me acuerdo que los miércoles, en Sunderland, Portalea hacía una práctica a la que iban Pupi, Lampazo, Villarazo, Cacho Pistola, el turco José, Petróleo, el mismo Portalea. Tenían tanta cancha estos tipos para hacer cualquier cosa, que una se dejaba llevar, porque era fácil seguirlos. Era “a ver con qué va a salir éste hoy…”, era el asombro, la sorpresa. Ese factor sorpresa se perdió”.

Es cierto que los tiempos han cambiado. En aquella época, el tango era todo un rito y un metejón profundo de los porteños. Hoy se vive con un estrés tremendo, la gente llega agobiada a la milonga y se han entremezclado los muy buenos bailarines con los mediocres, cosa impensable en los años dorados, el paraíso perdido de una milonga con pedigrí, como Huracán, Atlanta,  Sp. Buenos Aires, Premier, Villa Malcolm, Estrella de Maldonado, Villa Sahores, Glorias Argentinas y tantas otras. La gente se agrupaba por manada y cada cual sabía dónde estaba su cada quien. 

                                           


O sea, en Huracán estaban la pista grande y la chica (que también era grande). Los mejores, mujeres y hombres, bailaban en la grande y los menos dotados en la chica. Y La cosa se establecía con naturalidad. Los buenos no iban a la más pequeña porque sabían del seguro fracaso bailable. Y los otros no se atrevían a caminar un par de metros hacia la grande porque sabían que plancharían. Era una cuestión de protocolo sabio y natural que sucedía en todos los clubes. Los más cotizados acudían a las mejores milongas donde encontraban parejas con las que combinaban como un gin-tonic, y los otros a lugares donde era fácil encontrar pareja, pero sin pretensiones de alcanzar un nivel superior de baile, lo que no les conllevaba un sentimiento de alteridad. 

La oferta y la demanda. El escalafón natural, que hoy no existe, salvo contadísimos sitios en Buenos Aires. Ese estado de ánimo musical que supera el peligro de la monotonía. Como sucede a menudo con esos crescendos orquestales que nos elevan en la pista Una promesa de felicidad, para decirlo con las  palabras del propio Stendhal. El tango sigue siendo el sound track perfecto para estos tiempos de zozobra, por todo lo que contiene como reservorio íntimo, en su minuciosa cartografía. Y la ausencia lo ha depurado del efecto narcótico de la costumbre.  Solo hay que ponerle un marco para que se mueva. 

“Del pasado aprendiste a ser futuro”. Pablo Neruda a Vinicius de Moraes.
                              
                                                                                        José María Otero

(De mi libro "Perfiles milongueros)