martes, 23 de abril de 2019

BIEN MILONGA

   Quiero música maestro, se lo pido por favor
   que esta noche estoy de tangos.
   Voy a hacerle un expediente al corazón
   que tenga compás y canto...
   Puede tanto la rutina de una vida siempre igual,
   la costumbre puede tanto,
   que esta noche, liberado del perfume de oficina
   ¡quiero música maestro hasta morir!

                   Homero Expósito


Noche de martes, noche BIEN MILONGA. Como siempre, en la hermosa y bien cuidada pista de la Casa de Aragón, en Madrid (Pza. República Argentina nº 6). Desde las 21 a las 0 horas milongueamos con tutti y alimentamos al cuore con la música que he preparado para esta velada, post semana santa.

                                 

Por eso, después de esta mini vacaciones, seguimos dándole a los remos y echamos una mirada sobre algunas pistas, donde lucen sus figuras y su andar, esas parejas que la sacan lustre al piso y a la música que bailan.

Arranco en Ottawa-Canadá, para ver a Ricardo Viqueira junto a María Plazaola, mostrando sus dotes  a los sones de esta milonga: No hay tierra como la mía, por la orquesta de Francisco Canaro, cantando Ernesto Famá.
                           

Ahora me las tomo rumbo a Estambul-Turquía, total es gratis... Y así podemos disfrutar con la pareja que integran Sebastián Achával y Roxana Suárez. Allí, en el Çirâgan Palace, bailan el tango A mis compañeros, que interpreta la orquesta de Don Osvaldo Pugliese.


Otro viaje, a Nantes, dans la France, para ver en este caso a Germán Ballejo y Magdalena Gutiérrez bailando este valsecito: Isabelita, por la orquesta de Enrique Rodríguez cantando Armando Moreno.

                                          

De vuelta en Madrid, preparamos el empilche para esta nochecita en Bien Milonga.                                                                               

lunes, 22 de abril de 2019

El Polaco

El tango tuvo cantores de gran envergadura vocal, musical y con el sentimiento adherido a su piel para poder interpretar esos versos que hilaron poetas que dibujaron los pequeños aconteceres, las venturas y desventuras del amor, el paisaje barrial y la pasión de la vida. Gardel inventó la manera de cantar el tango y fue el más grande. Pero transmitió tanto con su voz y su estilo único, que creó una herencia maravillosa.

Es difícil elegir al mejor -dejando siempre a Gardel fuera de la competencia, porque es imposible superarlo-, pero hay un ramillete de grandes voces que no admiten discusión. Siempre, para mí, estarán Charlo, Floreal Ruiz, Edmundo Rivero, Raúl Berón y Roberto Goyeneche en ese podio imaginario, y aclarando que hay muchos otros que me encanta escucharlos y que atesoraron grandes cualidades. Los Vargas, Chanel, Rubén Juárez, Fiorentino, Jorge Falcón, Mauré y otros.

                             
Al Polaco lo disfruté personalmente en tantas noches de Caño 14, especialmente, porque ahí estaba en su salsa. Se comía el escenario y transmitía un tango que nos emocionaba a todos, incluso cuando su voz se había ido desfigurando por los años, el tabaco, y los abusos en las madrugadas interminables. Sus gestos, la energía, intensidad, el poder de sugestión con que le daba vida a las estrofas envueltas en música, su zapateo marcando el ritmo y la frase, eran algo diffícil de explicar para quien no lo haya vivido en persona, disfrutándolo.

Bastaría recordar lo que me contó, en Madrid,  el cantante cubano Pablo Milanés al respecto. Me decía que el Polaco Goyeneche había sido el cantor que más lo había impresionado en su  vida. Y vale la pena tener en cuenta que lo conoció en el final de su carrera, cuando su voz había perdido la coloratura que le diera tanto brillo, justo tres meses antes de su muerte:

-Fuimos  con mi esposa, Fito Páez y la actriz Susú Pecoraro a escucharlo. Goyeneche andaba muy mal de salud, tenía varias dolencias y nos anunciaron que no iba a salir al escenario. Pero finalmente se animó y subió para nuestra alegría.  Cantó algunos tangos y lo hizo de tal manera que aquello fue la emoción más grande de nuestras vidas... Terminamos los cuatro llorando sobre la mesa a lágrima viva.

Goyeneche cantando con la orquesta de Troilo en el club Comunicaciones

Es muy importante esta confesión por tratarse de artistas acostumbrados a actuar ante multitudes o en pequeños recintos. Y uno de los grandes méritos del Polaco, además de saber escoger su repertorio, es que se expresaba con total naturalidad y con el mismo nivel de expresión interpretativa, con temas de tesitura dramática, sentimental, satírica, romántica o melódica. Tenía un sentido innato del ritmo. Incluso, a semejanza de algunos bailarines, podía ralentizar la frase y alcanzar de nuevo el compás acelerando el desarrollo del texto.

Sus nueve años junto a Aníbal Troilo le dejaron marca. Tenían el mismo sentido del respeto por el barrio, la manera sentimental de entender la vida, la amistad, el tango. Y nadie supo darle a sus cantores el acompañamiento para que pudieran dar todo lo que llevaban adentro, como Pichuco. Fue el Gordo, quien terminó de acelerarle el camino al estrellato. El Polaco maduró definitivamente en su orquesta, entrevió todas las posibilidades de expresión que tenía. Terminaría convirtiéndose en todo un diseur.

-El Gordo fue único e irrepetible -decía Goyeneche-, cuando nació rompieron el molde. Musicalmente lo sabía todo sobre el tango. Y cuando se ponía a entonar con su media voz te daba una verdadera lección de canto, porque tocaba fundamentalmente los sentimientos.  Con él aprendí a valorar aún más la poesía y a darle a cada palabra todo el peso que tenía. Además te cuidaba, te mimaba,  y eso que él era el más grande de todos. Y a la hora de la verdad, el más bueno y el más humilde. Con un profundo respeto por el público. ¡Y qué oreja tenía!

                                    

Como a sus otros cantores, también supo abrirle las puertas para que se lanzara como solista rumbo a la fama definitiva. Atrás habían quedado su etapa de chófer de colectivo, de taxis, su triunfo en un concurso de su barrio, el debut con la orquesta de Raúl Kaplún a sus 18 años y la recomendación de Alberto Podestá a Horacio Salgán para que lo probara en su orquesta. Tendría allí de compañero al Paya Ángel Díaz, dos cantorazos que transmitían intensamente lo que cantaban. Y vendría el llamado de Pichuco para reemplazar a Jorge Casal que tenía problemas de laringe.

Dejó 14 registros discográficos con Salgán, dos de ellos a dúo con el Paya Díaz. Con Pichuco serían 27, tres de ellos a dúo con Ángel Cárdenas, otro con Elba Berón y otro con Roberto Rufino, aunque luego volverían a reunirse para grabar un LP con doce temas. Además, por supuesto de actuaciones con el cuarteto de Troilo-Grela que nos ponían la piel de gallina.  Grabó con infinidad de músicos y conjuntos.

                            
Dejó con estas orquestas una cantidad impresionante de temas grabados. Tuve la suerte de que me regalara un acetato del tango Sueño querido, de Mario Batistella y Ángel Maffia, donde canta acompañado por tres guitarras.  Ocurrió una noche en una boite de Olivos, en 1972. Allí me diría, entre otras cosas:

-El tango es la música y la poesía del pueblo. Es nuestras vidas. Mis viejos laburaron para criarme y se fueron muy jóvenes, no me vieron cantar. Cuando canto estoy reviviendo historias que me tocan fuerte, de cerca... El cariño de la gente me ayuda. Los siento cerca.

                                  
Se despidió de este mundo en agosto de 1994, a sus 68 años. Y lo tenemos presente siempre. Siempre. Vale la pena volver a recordarlo en las palabras que le dedicó una gran juglaresa, como Mercedes Sosa:

-Hoy se usa mucho la palabra maestro. Pocos la merecieron como él. Goyeneche fue un maestro del fraseo.  Fue un personaje muy importante en la historia de nuestra música. Yo recuerdo que hace muchos años lo fui a ver a un lugar que quedaba en Carlos Pellegrini, entre Posadas y Libertador. Verlo cantar era algo tremendo, impresionante. Después tuve la suerte de cantar con él Los mareados. fue algo admirable.
En una ocasión me lo encontré en un avión. A él no le gustaba estar fuera de la ciudad, se sentía raro. Ni siquiera le interesaba estar por América latina. El amor que sentía ese hombre por Buenos Aires era monumental.  La pasión que despertó en la gente tenía su razón de ser. No era una persona común, era el Polaco de todos. cantaba, decía, leía. sabía de la inmensa importancia de las palabras en el tango, tenía ese conocimiento de los grandes. Hay muchos que no lo tienen: afinan y nada más.
En cambio el Polaco conocía el sentido de cada palabra que cantaba. ese hombre tenía un poder muy extraño.

Lo recordamos cantando el tango de Mariano Mores y José María Contursi: Cristal. Lo acompañan Néstor Marconi en bandoneón y Ángel Ridolfi en contrabajo. Grabado en el cine-Teatro Ópera, el 22 de agosto de 1987.

                        
                                      

                                 

viernes, 19 de abril de 2019

Tres esquinas

Ya conté en este mismo blog, hace 4 años, cómo nació este bellísimo e inagotable tango de Ángel D'Agostino, Enrique Cadícamo y Alfredo Attadía. Incluso,  recordaba que Ángel D'Agostino lo había creado como instrumental para un sainete llamado Armenonville, poniéndole de título Pobre piba. Una noche en la boite Chez Nous, después de la actuación lo extrajo de sus papeles y se lo hizo escuchar a Cadícamo para ver si podía ponerle versos.

                           

 Y así nacería lo que resultaría un suceso tremendo de la orquesta de D'Agostino con la voz de Ángel Vargas. Tan estupendamente logrado, que pese al éxito obtenido y a tantísimos discos vendidos, ninguna orquesta quiso repetir la experiencia de llevarlo a su repertorio. Porque D'Agostino, Vargas, Cadícamo, y Attadía con sus variaciones acompañando al recitado, habían realizado una obra genial, perfecta. Una pintura tan linda, el almacén de palabras y música, la poesía zahareña de la calle, que diría César Tiempo, y la interpretación de Angelito Vargas, que parecía describir una esquina de su barrio natal, Parque Patricios.

Ya sabemos que el título y la simbología paisajística que emplea Cadícamo para crear su verso y su estremecimiento emocional, la divisó en aquella esquina de las avenidas Montes de Oca y Osvaldo Cruz, donde estaba el café Tres esquinas, luego llamado Cabo Fels. Pero además caminó por el barrio, vio a esas muchachas de delantal que iban o venían de las numerosas fábricas que había en la zona (Noel, Pittaluga, Canale, Bagley, Chocolates Águila, Fabril Financiera, Almacenes de Pescado Santa María, etc.).

La esquina de Montes de Oca y Osvaldo Cruz - foto Germán García Adrasti
                         
También los corralones donde se guardaban los carros y los caballos que  se usaban para distribuir mercaderías, las casitas bajas con jardín adelante, rosales, malvones... La noche tenía una postal distinta y esos esforzados obreros, muchos de ellos inmigrantes, ya habían adoptado las costumbres porteñas y tomaban mate bajo la sombra que da el parral, algo que no faltaba en aquellas casas-chorizo, a la entrada, y del que se extraían los racimos de uvas. Cadícamo lo dice revelando todo ese decorado humano y pintoresco que tenían los barrios del sur porteño.

Yo soy del barrio de Tres esquinas
viejo baluarte de un arrabal,
donde florecen como glicinas
las lindas pibas de delantal...
donde en la noche tibia y serena
su antiguo aroma vuelca el malvón
y bajo el cielo de luna llena
duermen las chatas del corralón...

Sí, así era aquel barrio de Barracas que caminé en mi adolescencia, cuando acompañé alguna vez a mi padre a visitar a un paisano de su pueblo español. De todos modos, los que vivíamos en Parque Patricios, estábamos envueltos en un paisaje parecido, aunque alejado del Riachuelo, que era la frontera de Barracas con Avellaneda y el sur de la provincia de Buenos Aires. Y el tango sonaba en nuestros oídos con la misma llamada y frecuencia, en toda la zona sur de la capital.

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental...
Soy de ese barrio que toma mates
bajo la sombra que da el parral...
En sus ochavas compadrié de mozo,
tiré la daga por un loco amor,
quemé en los ojos de una maleva
la ardiente ceba de mi pasión.

                       


Cadícamo no tocaba de oreja, vivió en Floresta, pero conoció toda la algarabía y energía de esos barrios. Sus giros, sus hallazgos sentimentales, la vigencia del tango en la urbe... Todo ello cobra vida en esas historias rimadas mostrando un arrabal con la nostalgia del inmigrante, el almacén de la esquina, el bullicio juvenil, decorado y gestos vivos que atraviesan el tiempo, percibiendo muy bien el pulso de la época. Y coloreando la grisura de los barrios pobres.

Nada hay más lindo ni más compadre
que mi suburbio murmurador,
con los chimentos de las comadres
y los piropos del Picaflor...
Vieja barriada que fue estandarte
de mi arrojos de juventud...
Yo soy del barrio que vive aparte
en este siglo de Neo-Lux.

Qué emoción ver D'Agostino, a Cadícamo, a Attadía, la orquesta y a Angelito Vargas cantándolo. Una marcha atrás en el tiempo que me sumerge  en recuerdos hermosos de todo tipo. Sobre todo por haber conocido a varios de ellos...

                                 

                            

martes, 16 de abril de 2019

BIEN MILONGA

       Soy milonguero de ley,
       me gusta el tango arrastrao,
       el que al bailar amargao
       hace gozar al alma. 
       Soy milonguero de ley;
       ¡Milonga mía!
       vos solamente sabés
       de la alegría que me vendés. 

                  Mario César Gomila


Semana Santa  y nada mejor que festejar de arranque esta noche en BIEN MILONGA. Porque estamos con ánimo de celebración y una noche milonguera al mango nos levanta el ánimo y nos impulsa en la pista de madera bien cuidada, de la CASA DE ARAGÓN, en Madrid. Desde las 21 a las 0 horas, con la música seleccionada por este ñorse milonguero, nos movemos y ascendemos mentalmente a la cima de los sentimientos.

                               
Me voy de viaje en forma virtual para calentar motores con vistas a la que se viene esta nochecita de abril, y nada mejor que ver cómo las gastan los muchachos y muchachas que siembran pasos y alma milonguera por distintas pistas de este planeta Tierra.

Me planto como parada inicial en Mocú, la capital rusa, donde Sebastián Arce y Mariana Montes han sentado sus blasones para que el tango progrese velozmente entre las huestes de bailarines locales. Los podemos ver bailando el tango El adiós, por la orquesta de Osvaldo Pugliese, cantando Jorge Maciel.


Acto seguido me desplazo a la ciudad francesa Montpellier. En la milonga La Pituca,  de dicha ciudad, están Ariadna Naveira y Fernando Sánchez, luciéndose a los sones del Valsecito criollo, que interpreta la orquesta de Juan D'Arienzo.


El cuore y lo recuerdos me tiran para atriqui y no puedo dejar de verlos cada tanto. De cuando formaban esa parejita juvenil que deslumbró a todos, incluídos los milongueros veteranos. Son Javier Rodríguez y Geraldine Rojas. Ellos dejaron su marca genial en algunos videos, uno de los cuales los muestra bailando la milonga La espuela, por la orquesta "Los solistas de D'Arienzo", en la Confitería "La Ideal".

                                                                                     
Y ahora nos toca a nosotros. ¡Esta noche a gastar suela en BIEN MILONGA! ¡Sí señor!

domingo, 14 de abril de 2019

Los bailongos machistas

Es cierto que en esa década del treinta, aquí o allá, en una radio o en un salón, en un set de filmación o en una grabadora, iba a tener oportunidad de conocer a la mayoría de los famosos. pero aun así, la verdad... la verdad, yo los iba a conocer a ellos, pero ellos a mí todavía no tanto.

   Desde el punto de vista de la canción, la década se caracterizó por el apogeo y el final físico de Carlos Gardel pero, musicalmente, así como los veinte marcaron la era renovadora de Roberto Firpo, los treinta iban a ser copados por los aportes de Julio De Caro, famoso ya por sus obras y su sexteto, desde mucho antes. Con él iba a cruzarse también mi camino pero bastante más tarde. No podía todavía soñar con pararme delante de los fueyes de los dos Pedros: Maffia y Laurenz.

                         


   Empezó a funcionar el cambio el dúo con mi hermana Lidia Eva (nombre artístico Eva Rivero). hacíamos algunas actuaciones racdiales y, cuando en casa lo permitieron, también estuvieron anunciados los "Hermanos Rivero" en alguna cartelera de lugar "decente". Los sitios que descartaba el dúo los podía atender en cambio el guitarrista o el cantor Edmundo Rivero.

   En uno de esos bailes formativos (perdón: con entrada paga), me tocó presenciar una escena memorable, de las que hacen parar la música y hasta el vuelo de las moscas. Sucedió en un barrio bravo, de esos que todavía tenían guapos de paso cortito y rítmico, tipos que andaban siempre pegaditos a las paredes. Uno de aquellos temidos malevos sacó a bailar, como correspondía, a una de las muchachas más lindas del aile y, no bien habían hecho la primera corrida los interrumpió otro hombre:
-Con permiso -dijo-. Y le dio a la mujer un cachetazo que resonó en el silencio que el mismo agresor había inaugurado.

   La mujer se hizo a un lado llorando, y entonces el guapo, sin perder la frialdad preguntó:
   -¿Por qué le pegó a la dama?
   -Porque se negó a "salirme" a mí y enseguidita nomás "le salió a usté".
   -Si fue así, tiene razón, hizo bien, fájela nomás.

   El guapo miró a la mujer como buscando confirmación o desmentida y debe haber opinado que el llanto no cambiaba la cosa. así que la dejó plantada, hizo una seña de "aquí no ha pasado nada" y volvimos a hacer el tango "da capo". Los dos hombres se fueron juntos, pero no a pelear sino a compartir en el bar una caña quemada. "La ley de la milonga" podría ser el título ¿no?

                         


   Y sin embargo, en años de andar "amenizando" bailongos de todas las categorías, casi nunca me tocó presenciar más que discusiones y riñas menores. Si supe de alguna cosa grave nunca fue a la vista, como si los rivales estuviesen de acuerdo en no dar el feo espectáculo de amasijarse.

  Lo otro habrá sido en lugares que no vi o en tiempos que no viví, pero me parece que esos duelos fanfarrores, históricos, con padrinos o testigos, eran moda de otro ambiente o fantasía venida de las cintas de los "cow boys". El criollo es más sobrio para estas cosas.

EDMUNDO RIVERO / De su libro "Una luz de almacén")

viernes, 12 de abril de 2019

El Tango es cultura

Va siendo hora que se le reconozcan los méritos a la música popular que en Argentina y Uruguay lleva alimentando la memoria y el paisaje ciudadano desde hace más de 130 años. Es cierto que ha tenido altibajos pero una y otra vez ha renacido con más fuerza, y después de esos inviernos en que otros géneros y el desinterés de gobiernos y discográficas lo van opacando, retorna con bríos primaverales, y con la polenta vital de las viejas y eternas grabaciones que demuestran cotidianamente su clase ancestral.

Hce muchos años que el tango  se expandió por toda América y ganó el corazón de europeos y japoneses. Pero hoy día se ha extendido y ramificado como nunca antes, y se baila se toca y se canta en casi todo el mundo. Las milongas multitudinarias de los años cuarenta/cincuenta en Argentina, han encontrado su réplica infinita y ya no sorprende el nivel de muchos milongueros de Rusia, Turquía, Estados Unidos, Canadá, China o Japón,  y de tantos otros lugares del mundo.

Milongueros chinos bailando en un barrio de Pekín

La música de Astor Piazzolla ha encontrado eco en orquestas sinfónicas que interpretan sus tangos en Teatros no habituados a este tipo de música. Hay orquestas rusas, turcas, norteamericanas que imitan los estilos de Pugliese, D'Arienzo, Di Sarli. Bailarines de ambos sexos, formados en la escuela del ballet, se han volcado a la secta tanguera porque el baile de pareja es único, impactante en este tipo de género popular.

Maestros  argentinos de ambos sexos viajan permanentemente por infinidad de países, impartiendo clases de esta danza y haciendo notar su trabajo en el resultado final, en muchos casos. Como el de Sebastián Arce y Mariana Montes en Rusia. La misma  Mariana Montes, Miguel Ángel Zotto, Daiana Gúspero, Aoniken Quiroga,  Alejandra Mantiñán  en Italia. Podría nombrar muchos otros casos pero dejo estos nombres en Rusia e Italia como ejemplo.

Precisamente fueron los italianos quienes llevaron a Félix Picherna como discjockey y lo pasearon por todo el país, musicalizando milongas y festivales. De este modo fue sembrando conocimientos, sabiduría sobre el oficio y preparando el terreno en los años noventa para la revolución que llegó con las nuevas hornadas de milongueros y musicalizadores. La obra de Picherna evitó los errores que se cometieron en otros países europeos por colegas novatos y desconocedores de las orquestas bailables.

                           
La cumparsita, el Choclo, A media luz, Nostalgias, Mi Buenos Aires querido, Cambalache, son páginas legendarias que recuerda todo el mundo, porque las cantaban, bailaban o silbaban sus padres, sus tíos, sus abuelos. Pero con la gran revolución y propagación  del tango, ahora Osvaldo Pugliese, Juan D'Arienzo, Carlos Di Sarli, Aníbal Troilo, Ricardo Tanturi, Miguel Caló, también son nombres familiares para muchas personas que abrazaron la causa de la danza del tango y tienen incluso sus orquestas preferidas para bailar  en otros países lejanos. 

La poesía es una de las tres patas del género. Ese fugaz instante del verso, cantado por tantos intérpretes brillantes, es también un toque al corazón y deja su poso en la marea de la melodía. Hubo poetas maravillosos que unieron su destino al tango, como Homero Manzi, Cátulo Castillo, Homero Expósito, Alfredo Le Pera, Enrique Santos Discépolo, Francisco García Jiménez, Enrique Cadícamo, Celedonio Flores y muchos vates que orlaron el destino del mismo.  Como los que les fueron sucediendo: Eladia Blázquez, Horacio Ferrer, Héctor Negro y otros.

Quién, en el mundo no repitió alguna vez aquello de: "Que es un soplo la vida. que veinte años no es nada...". O "Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir, y al fin andar sin pensamiento...". "Hoy vas a entrar en mi pasado...".  "Tus ojos son oscuros como el olvido, tus labios apretados como el rencor...".  "Igual que en la vidriera irrespuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida...".  "Y es todo, todo, tan fugaz, Que es una curda, -nada más- mi confesión"... Y podríamos recordar esos octosílabos golpeadores de Pascual Contursi: "Percanta que me amuraste",  y Celedonio Flores; "Rechiflao en mi tristeza".


Las películas de Carlos Gardel llevaron el espíritu del tango a todos los rincones y abrieron puertas, desnudaron la poesía que encerraba, transmitieron sentimientos, el aire de nostalgia y pasión que genera. Eduardo Arolas y Agustín Bardi en aquella etapa iniciática del tango, parieron páginas maravillosas, invencibles al paso del tiempo. El edificio instrumental que armaron con los Delfino, Cobián, Fresedo, De Caro, sirvió de sustento a todo lo que vino después y cimentó las futuras hornadas que harían historia y dejarían un legado invalorable que nos sigue iluminando, empujando en la pista, compensándonos de las malas noticias. Vale la pena recordar, con ellos,  a los brillantes compositores que ha tenido y también a los grandes arregladores que embellecieron tants páginas.

El tango es ARTE. Por todo lo que encierra en su prontuario y su espíritu. Por la música, el verso y la danza.Casi nunca ha tenido el apoyo de los que manejaron la cultura, debió soportar la invasión de fugaces ritmos extranjeros que  fueron respaldados por las casas discográficas, en detrimento del género nacional. Pero termina ganando todos los combates y retornando pleno de salud y energías, mientras las musiquitas que lo relegaron cayeron en el olvido. Algún día ocupará el lugar que merece en los despachos ministeriales, en clases de música y en el Teatro Colón que se dignó abrirle circunstancialmente sus puertas con un éxito rotundo..

                               
De momento sigue ganando batallas porque el ARTE  y la CULTURA siempre terminan imponiéndose a las modas, y el Tango está en el corazón no sólo de los rioplatenses, sino también de grandes legiones de tangueros y milongueros de todo el mundo. Como dijo Leonardo da Vinci: "La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte".

martes, 9 de abril de 2019

BIEN MILONGA

     Hermano te ha vencido el modernismo, 
     tu figura de ayer también cambió,
     solo queda en tus compases melodiosos
     el pasado corazón a corazón.

     Ya te alejaste del suburbio que te viera
     bajo la luz palpitante de un farol,
     que perfilaba tu figura caprichosa
     bailando a los acordes, de un organito al son

                            Juan F. Mazzaroni

Martes 9 de abril. Esta noche la coqueta pista de la Casa de Aragón nos recibe para milonguear a tutiplén, desde las 21 a las 0 horas. Con la música bien milonga de este muchacho que lleva años en el encerado y en los secretos de esta danza, y la sociedad con Charo para recibir a los visitantes ansiosos de buena música y leña al mono...

                                    

Como ya es costumbre en Bien milonga, me doy una vuelta por otros lares y así vichamos como algunas parejas  mueven los remos al compás de nuestra entrañable música y esas orquestas imbatibles e interminables que nos dan changüí para el lucimiento ante la masa.

Nada mejor que arrancar por la matriz, y un lugar polenta es el grato Palais de Glace porteño. En este caso son Jorge García -veterano milonguero, hermano del Flaco Dani- y Susana Soar, los que se mandan con esta milonga: La espuela, por la orquesta de Juan D'Arienzo.

                        
Un salto groso a la Escandinavia europea y a sacar pase en el Frostbite Tango Festival de Helsinsky-Finlandia. Acá son Magdalena Gutiérrez y Germán Ballejo quienes se lucen bailando el tango Comparsa criolla por la Típica de Ricardo Tanturi.

                                    
Ahora vuelo a Londres aunque sea en forma virtual y pese al Brexit con que los locales se quieren divorciar de Europa. Vale la pena ver en acción a María Inés Bogado y Roberto Zuccarino, girando al compás de un valsecito: Miedo, que interpreta Juan D'Arienzo, su orquesta y el cantorazo Héctor Mauré.


Ya viste estilos y géneros, Y ahora qué esperás: ¿La carroza? Dale, empilchate y venite