viernes, 1 de agosto de 2014

Un tango por tres

De jovencitos nos gustaba mucho lo de discutir sobre cual era la mejor interpretación de determinados tangos, valses o milongas. Éramos hinchas de las orquestas y de los cantores como si se tratase de equipos de fútbol, porque en los barrios anidaba un gran fervor por nuestra música, esa en la que militábamos de niños por influencias familiares, por los muchachos mayores, la radio con sus programas tangueros o los discos que mi hermano compraba cada dos por tres.

Hoy casualmente estaba escuchando un tango del año 1928, que tiene diferentes versiones y me gustan mucho. Me refiero a Pobre mascarita, de Calógero Salvador Granata y el pianista uruguayo Orlando Romeo Romanelli. Agustín Magaldi fue el primero en grabarlo acompañado por sus guitarristas, el 16 de febrero de 1928, convirtiéndolo en gran éxito.

                                         
Agustín Magaldi con sus guitarristas

Como acotación al margen, vale la pena señalar que Calógero Salvatore Granata, nacido en Italia, era hermano del destacado trompetista argentino Roy Granata. Los padres de ambos, italianos, se radicarían en Buenos Aires, donde tendrían a Roy y otro hijo más.

Yo suelo pasar la versión muy milonguera que realizó Juan D'Arienzo con su orquesta y el cantor rosarino Juan Carlos Lamas, y que grabaron el 29 de diciembre de 1942. La pista se pone al completo con esa terminal nerviosa que le imprime el rey del compás a sus músicos y que realmente contagia hasta escuchándolo en casa, cuando lo milongueo en solitario.

                                   


También hay una grabación del pianista y compositor Julio Pollero, con su orquesta, pero en este caso se trata de una versión instrumental que no desmerece de las otras citadas. Además tiene un acento musical agradable y hasta me gusta bailarlo porque se presta perfectamente. Pollero lo grabó con su orquesta un mes depués que Magaldi, el 15 de marzo de ese año 1928.

Creo que vale la pena escuchar estas tres versiones tan disímiles entre sí, pero muy lindas las tres.

Allá vamos, dijo Ramos.

Pobre mascarita - Agustín Magaldi

 12- Pobre mascarita - Julio Pollero

Pobre mascarita - Juan C. Lamas con Juan D'Arienzo







jueves, 31 de julio de 2014

Miguel Orlando

Su sobrino nieto, Mario Orlando, es uno de los mejores musicalizadores de las milongas porteñas y charlando con él, en el Salón La Argentina, me recordaba precisamente a este bandoneonista, a quien llamaban El Pibe, porque empezó tocando de pantalones cortos y con mucho tino.

Entró con paso firme entre los integrantes de la generación de 1910, luego de haber comenzado con la guitarra pero estudiando luego a fondo el bandoneón en un Conservatorio de su barrio. Tocó en fiestas familiares, en cafés de la zona pasando a continuación  el platito y en el año 1924, la popularísima revista Caras y caretas, lo destaca entre varios bandoneonistas de postín, como una de las grandes promesas del instrumento.

Destacaría en orquestas como las de Roberto Firpo y Julio De Caro, nada menos. En la de Firpo hacía yunta con Juan Bautista Guido, "El lecherito" de Parque Patricios. y también formaban allí figuras de la talla de los violinistas Elvino Vardaro y Cayetano Puglisi y el contrabajista Ángel Corletto.

                                 
Miguel Orlando de pie. Debajo Minotto y Juan Canaro


Para los grandes festejos carnestolendos de ese año veinticuatro, lo convocaría Julio De Caro, integrándose en una gran orquesta que tocaría en el Confitería L'Aiglon de la calle Florida. La increíble fila de bandoneones estaba formada por ocho nenes de primera: Pedro Maffia, Luis Petrucelli, Ricardo Brignolo, Miguel Orlando, Luis Minervini, Ángel Danessi, Luis D'Abraccio y Nicolás Primiani.

Y no menos geniales eran los violines de Julio De Caro, Manlio Francia, Agesilao Ferrazzano o Antonio Arcieri. Una orquesta gigante que contaba con dos pianos, al frente de los cuales estaban Francisco De Caro y Roberto Goyheneche (que moriría al año siguiente con apenas 27 años). En contrabajo estaban el Negro Leopoldo Thompson y Olindo Sinibaldi.

                                       
Orquesta de Francisco Canaro en el Florida de París.


Miguel Orlando pegó el salto rápidamente y una temporada después formaba su propio conjunto para actuar en el Maipú Pigall de Maipú y Corrientes. Alineó en la misma a Juan Bautista Guido a su lado otra vez; a Elvino Vardaro, Cayetano Puglisi, Rodolfo Biagi y el contrabajista Hugo Baralis (padre del que arrancaría con Aníbal Troilo en el Marabú).

Con su nombre ya saludado por los colegas, Francisco Canaro lo llamó y viajó a Francia. Pirincho había sido contratado por un empresario norteamericano de dancings y teatros  para tocar en el Club Mirador de Nueva York, de la Séptima avenida. Entonces debió reforzar la orquesta que dejaba en París al mando de su hermano Rafael, que actuaba todas las noches en el Florida Dancing. Y para ello, llegaron de Buenos Aires, Lucio Demare, Miguel Orlando y otros músicos.

                                             


En sus Memorias, Francisco Canaro cuenta irónicamente sobre Orlando: "Cuando llegó a París no le gustó en abasoluto y quería volverse enseguida a Buenos Aires. Y después resultó que se quedó veinte años en la capital francesa". Esa orquesta la integraban: Miguel Orlando, Ricardo González y Pedro Polito en fueyes: Agesilao Ferrazzano, Domingo Demare (padre de Lucio), y dos franceses, en violines;  Lucio Demare al piano y Rafael Canaro dirigiendo y tocando el serrucho.

Ya instalado y gozando las mieles de París, Orlando formó su propia orquesta que tallaría fuerte en lujosos cabarés parisinos como Lido, La coupole, y grabaría discos, además de viajar a otros lugares de Francia y Europa con su orquesta. El que sería famoso tenor Tino Rossi, todavía joven, se incorporó al conjunto y Miguel Orlando no regresaría a su Buenos Aires querido hasta el año 1946. Fallecería en 1955.

                                     


Y los invito a calibrar el nivel de su orquesta, en dos grabaciones realizadas en Francia. El tango de Vicente Greco La viruta, en primer término, realizado en 1941. A continuación el tango de Alfredo Le Pera y Enrique Santos Discépolo: Carillón de la Merced, que canta Roberto Maida.

15- La viruta - Miguel Orlando

Miguel Orlando- R. Maida - Carillón de la Merced





miércoles, 30 de julio de 2014

Tanguera en la guerra civil española

María Luisa Carnelli fue una revolucionaria en el buen sentido de la palabra. Se dedicó al tango cuando en su casa de La Plata sólo podían escucharlos los varones, y a escondidas. Se casó apenas terminados los estudios secundarios. Tuvo un hijo y se fue con el niño a vivir sola a Buenos Aires. Escribió versos desde adolescente, y aunque provenía de una familia burguesa que tuvo diez hijos, ella se identificaría con ideas de izquierda. Escribiría tangos de mucho éxito,  muchos en lunfardo, que firmaría con el nombre de su hijo: Luis Mario o Mario Castro, para no incomodar a su familia, en sociedad con destacados músicos. Toda una audacia inconcebible para la época. Y terminaría viviendo con Enrique González Tuñón, en concubinato, palabra despreciable si las hay. Cuando se produce la Guerra civil española, siente que su deber es estar allí para apoyar al Gobierno de la República, y como corresponsal de la Revista Ahora y colaborando en el Diario El Sol de Madrid, se instala en la capital deEspaña.Con Raúl González Tuñón recorrerían trincheras, asisten a la resistencia heroica de Madrid y toman partido por republicanos junto a  grandes figuras de la intelectualidad española. La Editorial Renacimiento, de Sevilla,  rescata en un libro esta crónica enviada por la escritora argentina.

                                                                                 

Tanquistas
La historia recogerá un día los hechos y detalles de la más grande epopeya que han conocido los pueblos. Desde otra perspectiva, , haciendo distancia para abarcar en toda su magnitud el hecho grandioso, las generaciones que nos sigan -y para las cuales se ha luchado con singular heroísmo-, clasificarán y valorizarán en su justa medida todos y cada uno de los episodios que han jalonado de gloria, de admiración y de sacrificio estas largas  y cruentas jornadas de lucha. De esta lucha en la que se juega no sólo el destino del pueblo español: también el destino de todos los pueblos del mundo.
  ¡Todo para perderlo o todo para ganarlo! Con la victoria, la felicidad, la libertad y la paz. Sin ella, la esclavitud, las cárceles, la miseria, la expatriación. ¡No hay otra disyuntiva! Y esta realidad, esta verdad, está clavada en el pecho de cada luchador antifascista. Cada soldado nuestro, por propia determinación y por absoluta comprensión de lo que esta guerra significa, se ha impuesto a sí mismo la consigna de "vencer o morir". Consigna que no encierra el vacío de una frase más o menos marcial, sino que es la síntesis de una aspiración que va más allá de la muerte.  ¡Victoria! Victoria de la juventud sobre la decrepitud; victoria de la justicia sobre la desigualdad y la iniquidad.  Victoria lograda a costa de dolor, de sangre y de sacrificio, pero fecunda y magnífica por sus proyecciones grandiosas en el espacio y en el tiempo.

La máquina y el tiempo
 El tanque. El tanquista. ¡Qué páginas de legendario heroísmo se escribirán un día para rendirles el homenaje que se merecen! Esta es la más vigorosa expresión de la guerra. Esta es la guerra en su más fuerte y aparatosa dramaticidad. La máquina, y el hombre que maneja y domina la máquina.  Coloso de acero que avanza siempre, triturando piedras, surcando baches, segando árboles con el ímpetu de un huracán, arrollando obstáculos para ir a clavar allí en donde el enemigo se agazapa, el arpón de su cañón y su ametralladora.
  El tanque hizo su aparición por primera vez, como arma formidablemente mortífera, en la guerra europea.  Fue cuando en los campos de Francia los bandidos imperialistas disputaban sus intereses entre ríos de sangre.
  Hoy el tanque lo tenemos aquí, pero para defendernos y aniquilar precisamente a los bandidos imperialistas, que pretendieron aplastarnos con ellos....


El vuelo de un moro
En esta mañana nublosa y desapacible, la silueta de los tanques se recorta potente bajo el cielo y ante el horizonte de Castilla. Junto a los carros, una treintena de tanquistas, y con ellos, eje y nervio de las máquinas  y los hombres, el camarada Domingo Díaz, panadero en sus primeros años de juventud, luego cabo licenciado del ejército y ahora capitán; el teniente técnico camarada Damián Rueda y el comisario Cayetano Guerra.
  Uno tras otro voy mirando todos los rostros, muchachos en la fuerza pujante de su juventud, hombres en la edad viril, curtidos hoy en la guerra y ayer en las cárceles y el trabajo ilegal. Al azar elijo a dos: José Marco y Tomás López.
  -A ver, ¿qué tenéis de interesante para contarme?
  La pregunta, así de sorpresa, los desconcierta un poco. ¡Hay tanto para contar! Retroceden a lo más inmediato, a las acciones en el Cerro del Águila.
  -Subimos nueve veces, nos tiraban con antitanques, con bombas, con ametralladoras. Pero la nuestra, en fuego de abanico, les causaba una mortandad enorme. Un moro, con veleidades de antitanquista (eso sólo lo pueden hacer los nuestros), se acercó con bombas para contenernos. Le apunté con el cañón, y una mitad del cuerpo fue en busca de Mahoma y la otra en busca de Alá.
  Y José Marco acaricia el cilindro de su cañón para premiar un mérito que sólo es suyo: el de su decisión y su coraje.

Y cuando se lance al asalto...
  -Anoche hemos reconquistado un tanque que se nos quedó allí, paralizado, pero no inútil, cerca de Las Rozas. A media noche, bajo el incesante fuego del enemigo, a quien le arrebatamos su presa. hicimos la operación. Momento bravo. Los antitanques, lanzando lengüetazos de llama,  agujereaban de estelas rojizas la oscuridad. Fuego, fuego por todas partes, de fusil, de ametralladora, de bombas; pero enganchamos y nos trajimos a nuestra máquina, con doce agujeros en su torrecilla, hasta nuestro campo. Pronto quedará en condiciones de entrar nuevamente en combate y lo lanzaremos de nuevo contra las fortificaciones del Cerro, contra Garabitas,  contra esas líneas, que tendrán que romperse, fatalmente, cuando nuestros tanques y nuestros hombres se lancen al al asalto, en el empuje final y decisivo...
  Mientras esto me dice el capitán, yo sigo la sinuosa marcha de un tanque que baja y sube entre las piedras.  En lo alto de su torrecilla, los muchachos tanquistas, con los ojos y el pensamiento fijos en el horizonte. El viento de la libertad orea sus frentes. El tanque  se transforma ante mis ojos y cobra la apariencia de un tractor. ¡Por esto-me digo- por esto es por lo que lucha la juventud!

                                                                                              María Luisa Carnelli
                                                                                    Madrid, 25  de abril de 1937


                                                   


 Al recordar a esta intelectual que se adelantó en años a la liberación de la mujer y mostró talento y valentía a raudales, la recuerdo con dos de sus tangos. Azucena Maizani canta Se va la vida, de María Luisa (lo firma con el nombre de su hijo, Luis Mario, y la dupla Edgardo Donato-Roberto Zerrillo. Estrenado por la Ñata gaucha en 1929, lo grabaría al año siguiente. Y su gran éxito: Cuando llora la milonga compuesto con Juan De Dios Filiberto. Lo grabó entre muchos otros Ricardo Tanturi cantando Osvaldo Ribó el 16 de agosto  de 1950.

Se va la vida - Azucena Maizani

146- Cuando llora la milonga- Tanturi-Ribó

martes, 29 de julio de 2014

Malena

La mujer hermoseada en los versos de Homero Manzi, sigue fermentando hipótesis y debates sobre la verdadera protagonista que pintara el poeta. Iluminada  en ese tangazo que creó con una no menos bella música de Lucio Demare y que Aníbal Troilo con la voz de Fiorentino, estrenaría en los carnavales de 1942 y llevaría al disco el 8 de enero de ese año..

Los amores tremendos que tuvo Homero dan el pie necesario para que las antenas se disparen. Por su parte, Nelly Omar, indudablemente cortejada por Manzi, también aportó lo suyo, asegurando que esos versos estuvieron destinados a ella. Otros afirman que la cancionista realmente receptora de esos florilegios, fue Azucena Maizani.

                                   


Lo cierto es que Malena existió y yo la conocí en el boliche Mi refugio, pegado a Radio El Mundo, cuando ya era representante de artistas, y llevaba además de su cartera una serie de carpetas. Alfredo Gobbi me la presentó. Fumaba mucho y tenía la voz como cansada.

                           
La imaginaria Malena con Manzi y Demare, por Sábat
                        
No menos certera es la afirmación es que la notte è lunga da passare, y que muchas veces nos hemos enamorado fugazmente de la protagonista que canta o baila, en alguna boite o en un escenario. Si a ello le agregamos la tremenda imaginación de Homero, su facilidad para llevar al papel unas estrofas mágicas y transformar lo liviano en definitivo, no tenemos porque dudar de que la destinataria de los versos, fue esa noche, Malena, o  Elena Tortolero, en un local de Porto Alegre o San Pablo.

Porque también juega su papel en estas historias la lejanía de la tierra de uno, la aventura, la nostalgia, la necesidad de sentir una determinada compañía. Manzi volvía de México, en una misión encomendada por SADAIC. En ese año 1941, los aviones no tenían la suficiente autonomía  de vuelo y debían realizar varias escalas entre un punto y otro cuando se trataba de largas distancias, como ésta de México-Buenos Aires.

                                             


Un enamoradizo como Homero, bien pudo sentir el cosquilleo del tango en su interior, ser más receptivo por estar lejos de su casa, de sus amigos, y la soledad de su mesa requiriéndole una compañía. Y la protagonista, o sea, la mujer que cantaba en ese local, hurgar en sus sentimientos, sin siquiera proponérselo. Lo cierto es que Manzi llegó a Buenos Aires con los versos pergeñados en el hotel y ese papel arrugado con el membrete del alojamiento, lo puso en manos de Lucas Demare para que se lo diera a su hermano Lucio, a ver si le podía encontrar una música.

Elena Tortolero cantó con la orquesta del bandoneonista uruguayo Héctor Gentile y grabaron varios temas en Brasil. Incluso afirman que tuvo un romance intenso con el director. También actuó en Buenos Aires, y varios lugares del interior, cuando había una gran  cantidad de cancionistas de relieve que acaparaban el interés del público. Llegó a grabar incluso con la orquesta del bandoneonista Luis Petrucelli.

                                                   
Malena de Toledo en su madurez


Más allá de todas las especulaciones y leyendas, y ya que estamos en el trance, los invito a escuchar a la protagonista: Malena de Toledo, con la orquesta de Héctor Gentile, en el tango de Francisco De Caro y María Luisa Carnelli: Dos lunares  (que lleva el subtítulo de Nadie sabe). Y con el conjunto de Luis Petrucelli, Volvé, de Edgardo Donato y Luis Bayón Herrera.

2- Dos Lunares - Malena de Toledo-Héctor Gentile

4- Volvé - Malena con Luis Petrucelli

lunes, 28 de julio de 2014

La pulpera de Santa Lucía

Este valsecito de Héctor Pedro Blomberg y Enrique Maciel, fue la obra que encumbró definitivamente al cantor Ignacio Corsini. Una pareja despareja, porque Blomberg era alto, rubio de ojos celestes y Maciel, era negro, descendiente de esclavos y dicen que su verdadero apellido era Marshall y lo trajo su abuelo de Estados Unidos.  Escritor de fuste el primero, literato, poeta, periodista. Músico de sangre, guitarrista, pianista, compositor, el segundo.

                                         


El Negro Maciel fue presentado a  Blomberg por un amigo común en el Luna Park y formarían una formidable dupla autoral, de la cual se nutrió especialmente Corsini,  el caballero cantor, nacido en Italia.Los temas que produjeron en sociedad Blomberg y Maciel no tienen desperdicio:

El adiós de Gabino Ezeiza, Violines gitanos, La viajera perdida (gran creación de Troilo con Edmundo Rivero, grabándolo el 20 de octubre de 1949), La mazorquera de Monserrat, Tirana unitaria, Siete lágrimas, La guitarrera de San Nicolás, Los jazmines de San Ignacio, La canción de Amalia, La china de la mazorca, Me lo dijo el corazón, No quiero ni verte, La que murió en París, Abandonada, El vendedor de calandrias, El beso de Manuelita, Enamorado, Barrio viejo del ochenta, Lamento araucano, Rosa morena, La bordadora de San Telmo, El sauce, La Parda Balcarce, Los cantores del Yeruá, Tirana unitaria, Patios porteños, Bailecito del sur, Aquella noche de luna, El boyero de Lobos,  Blanco y celeste, China de la mazorca, Almas viajeras, El viento blanco, Loca de amor, Santos lugares, Noche de año nuevo, Santa Rosa de Lima.

                                     
Enrique Maciel

 Y La pulpera de Santa Lucía. Prácticamente todos temas de la época rosista con ese fondo tan particular. El talento poético de Blomberg se conjuntaba perfectamente con las creaciones musicales del Negro Maciel, que además era uno de los guitarristas (con Eduardo Pagés y Rosendo Pesoa) que  le daban a Ignacio Corsini el clima ideal para su lucimiento, aunque la base rítmica de los músicos la dirigía siempre  Maciel, un tipo muy querido por su simpatía y hombría de bien.

La Pulpera fue el primer tema que le entregó Blomberg a Maciel para que le adosara la música, y éste, una vez realizada la misma, lo ofreció al empresario Pascual Carcavallo, recomendado por el actor Juan Sarcione,  para estrenarlo en la obra La sangre de mis guitarras. El mismo Maciel cantó el valsecito ante el empresario y sus asesores musicales, acompañado al piano por Salvador Merico.  Pero el tema fue rechazado ante la desazón del Negro.

                                           
Héctor Pedro Blomberg en la radio


Ignacio Corsini lo estrenaría en Radio Prieto y el eco fue impresionante. La gente pedía el bis por teléfono y tanto el disco como la partitura se vendieron por millares, Fue algo tremendo. Corsini lo llevaría al disco el 19 de junio de 1929. Desde entonces no ha detenido su marcha y lo siguen ejecutando orquestas, tríos, cuartetos y lo entonan cantores y cancionistas.

Héctor Pedro Blomberg nació en Buenos Aires, y murió a los 66 años en casa de la calle Caseros 732, donde habitó con su esposa Elena Smith. La madre del poeta fue una notable escritora y traductora paraguaya, Ercilia López, nieta del Presidente Carlos Antonio López y sobrina del Mariscal Francisco Solano López. Por la rama paterna heredó la pasión del mar. Su padre fue el ingeniero Pedro Blomberg,  y su abuelo el noruego Juan Blomberg, descendiente de varias generaciones de hombres de la mar.

                                                       
Corsini, adelante, con Pagés, Pesoa y Maciel


Una mañana de 1911, Héctor Pedro Blomberg paseaba por el puerto de Buenos Aires y al contemplar un transatlántico que estaba detenido allí, se detuvo y le preguntó a uno de los marineros.
-¿A que hora parte?
-Al mediodía - respondió el aludido.

A toda prisa fue hasta su casa, llenó una maleta y le dio un beso de despedida a su azorada madre.
-¿Adónde vas hijo?
- A Noruega mamá...

Tenía entonces 21 años, esa aventura duró dos años y sería la primera que emprendería entre tanta literatura y canciones populares.

                             

                                   
A 85 años de aquel suceso que popularía Ignacio Corsini, los invito a escuchar una vez más el famoso vals, que dió luegar a intensas investigaciones buscando averiguar quién era la misteriosa Pulpera de Santa Lucía, surgida de la imaginación poética de Blomberg. La recreamos en la voz de su creador. Y también lo traigo en ese hermoso tango de la dupla de marras: La viajera perdida, dedicado a una sobrina del prócer Domingo French. Lo grabó con su trío de guitarras el 8 de marzo de 1930.

438- La pulpera de Santa Lucía - Ignacio Corsini

483- La viajera perdida - Ignacio Corsini



domingo, 27 de julio de 2014

Manzi en valsecitos

El primer vals porteño lo compuso Homero Manzi (Homero Nicolás Manzione), cuando tenía apenas 14 años. Lo tituló ingenuamente: ¿Porqué no me besas?. El autor de la música fue un bandoneonista de Boedo, muy querido en el ambiente, Francisco Caso, aunque le pusieran el seudónimo increíble de Basura.

Las peripecias de la vida, las casualidades, el destino, quisieron que fuera precisamente Caso, músico de la guardia vieja, quien presentara a una pareja indisoluble: Troilo y Manzi. Dos compadres en el mejor sentido. Dos hombres que se admiraban mutuamente y que producirían páginas memorables.

                                         
                             

Pero hoy estoy con los valsecitos, quizás porque  es domingo, el sol del 27 calienta lo suyo, la piscina me está esperando y mientras tanto le doy cuerda a la vitrola, a los recuerdos y los valsecitos me impregnan su contagiosa alegría. Hasta los bailo solo porque te llaman a la pista, como los pájaros a sus hembras en primavera cuando están en celo. Y como vivo pegado a un parque también conozco esas llamadas de amor.

               


La vida de Homero Manzi fue breve, apenas 43 años y medio, pero le dió tiempo para ser periodista, glosista, político (uno de los fundadores del mítico grupo FORJA dentro del radicalismo), guionista y director de cine, uno de los creadores  del legendario sello Cinematográfico Artistas Argentinos Asociados, gremialista y autor de una parva maravillosa de tangos, valses y milongas.

Repito que hoy escuccho varios de sus  valsecitos, me acuerdo de algunas de sus creaciones y la lista es impresionante. comenzando por Desde el alma al que le introdujo nueva savia, cuando le puso distinta letra para una película. O Ensueño, ese tema que hizo con Antonio Sureda, que me trae tantos recuerdos de mi niñez y adolescencia y que era inevitable cuando en los casamientos sonaba el llamado: ¡Que bailen los novios!

Y repaso: Esquinas porteñas, con Piana,  que alguna vez me hace lagrimear. A su memoria con Sureda, Tu pálida voz, con Charlo. Romance de barrio, con Troilo. Parece mentira, con Francisco Canaro, que Nelly Omar -su fallido amor- reverdeció, cantando en el Luna Park al cumplir los 100 años de edad. Llorarás llorarás, con Hugo Gutiérrez. Paisaje, con Piana. Volverás, ¿pero cuando?, con Sebastián Piana. Un instante, con Hugo Gutiérrez, que es un llamado de amor incendiario, Páginas bellísimas, imperecederas, luminosas. Como el Valsecito de antes que hizo con Antonio Sureda. O Un día llegará, con Carlos Di Sarli.

                                         



Y Una vez en la vida, con Mario Maurano y Alfredo Malerba, otro silbido de amor: "Llegarás, ya lo sé, / llegarás a mi lado una vez. / Llegarás y después / partirás para siempre tal vez. / Una vez, nada más, / una vez en la vida vendrás..... Reclamo que vuelve en  Lluvia  con los primos Pedro y Ángel Maffia. "Volverás otra vez del recuerdo / al nidal de mi fe desolada, / y estará tu canción amarrada / con hilos de lluvia que llora mi amor..".

Homero decía: "Los temas de mis canciones son siempre recuerdos personales. Me resulta difícil escribir fantasiosamente. No tengo ese don". Entonces me pongo a bucear en esas letras sublimes, bien adobadas musicalmente, indagando en sus aventuras, escarceos sentimentales tan bien descritptos poéticamente. Y mi mente gira con los valsecitos. Como hice anoche con dos de ellos, precisamente.

En otra oportunidad este hombre de letras confesó: "Por eso yo, ante ese drama de ser hombre del mundo, de ser hombre de América, de ser hombre argentino, me he impuesto a la tarea de amar todo lo que nace del pueblo, de amar todo lo que llega al pueblo, de amar todo lo que escucha el pueblo."

                                  


Y vaya si lo demostró. Con el bandoneonista rosarino Félix Lipesker pergeñaron unas exquisteces  en ritmo de vals: Tu nombre, Más allá, Muchacha, Los dos, y los que milongueé anoche: Romántica compuesto en 1938.: "Romántica incurable, te recuerdas? / esa noche en las luces de la fiesta / nos juramos amor, mientras la orquesta / lloraba en las cadencias de aquel vals...".

Tuvo un éxito impresionante de ventas y al año siguiente lo completaron con Gota de lluvia, otro ramillete de bellezas: " Las sombras de la tarde vendrás trayendo tu evocación / Las voces de la brisa dirán tu nombre como un rumor, / en el jardín del alma renacerá una flor / y temblarán las manos al presentir tu amor...". Qué fuerza, qué alma.

Escuchamos Romántica por Francisco Canaro, cantando Roberto Maida, grabado el 22 de agosto de 1938. Y Gota de lluvia por Francisco Lomuto, con la voz de Jorge Omar, grabado el 10 de enero de 1939.

Romántica - Francisco Canaro - Roberto Maida

210- Gota de lluvia - Francisco Lomuto-Jorge Omar



viernes, 25 de julio de 2014

Fernando Lamas / Piazzolla

Extraña combineta. Pero real. Ástor Piazzolla llegó a Nueva York en 1958 con muchas ideas y proyectos musicales que bullían en su cabeza. Pero las cosas no funcionaron como pensaba y lógicamente, tenía que trabajar para sobrevivir.

La prueba está en que se resignó a armar un show con Juan Carlos Copes y María Nieves, que debutaría en el Waldorf Astoria de Nueva York. Allí sonaban a extravagancias y me lo imagino a Piazzola tragando saliva, justo él que no quería saber nada de bailarines y pretendía un tango lejos de las pistas de baile.

                                     
Copes, María Nieves y Piazzolla
                 

Actuaron también en el Chateau Madrid neoyorquino en 1959, con la incorporación de Santiago Ayala, El Chúcaro, y Norma Viola, con los que armarían aquel show de las boleadoras. Ana Itelman pergeñaba los números de baile. Luego vendría el salto a Puerto Rico con bastante suceso en el Club Flamboyan, hasta que le llega a Ástor la noticia de la muerte de su padre, que le comunica su esposa Dedé por teléfono y al volver a Nueva York se encierra en el departamento compartido y en menos de una hora compone el Adiós Nonino que repetiría constantemente en su carrera, como la imagen del padre que se le aparecía una y otra vez en el regreso a la Nueva York de su infancia.

                     

                                        
        
Pero antes de todo ello, está ese trabajo que debió hacer, aceptando la oferta de Roulette, de arreglar dos temas de un álbum gestionado por MGM que estaba destinado a promocionar y afianzar la figura de gran Latin lover, con que habían aureolado al actor argentino Fernando Lamas. Los dos temas en que tuvo que trabajar fueron Mujer (Playera) en el que figuran como autores Lamas y Piazzolla.

En realidad, pareciera ser una adaptación que realizara Ástor sobre la obra Andaluza, de Enrique Granados. Y el otro tema, es el clásico de Juan De Dios Filiberto y Fernán Silva Valdés: Clavel del aire. Por supuesto no pasó gran cosa con este disco de Lamas acompañado por la orquesta dirigida por Glenn Osser, que sólo alimentaría los sueños de sus fans. Pero a Piazzolla le sirvió para realizar otro tipo de trabajos para este sello, que tenía varias ramas, y finalmente grabar allí su propia obra.

                                                 


La historia de Fernando Lamas es de película. Manuel Romero había citado a Osvaldo Miranda para arreglar su intervención en la película Navidad de los Pobres, que el dirigiría., con Niní Marshall e Irma Córdoba. Le estaba contando a Miranda que le hacía falta un actor para el papel de traidor, cuando en ese momento entra en  la Confitería Nóbel de la calle Corrientes, donde se habían citado, Fernando Lamas, para hablar  por teléfono. Lo saluda a Miranda porque se conocían "de algún lado".

A Romero le gustó la pinta y le pregunta a Osvaldo, quién era ese tipo. Y éste responde: "Sé que está trabajando en un radioteatro en Radio Belgrano con Blanca del Prado". Romero nervioso, porque Lamas ya se había ido le reclama: "Ubicalo y traémelo". Miranda va a la radio, no lo encuentra porque ese día no trabajaba y le dan su dirección de Coghlan donde se encuentran y arreglan. Luego se convertirían en grandes amigos e incluso Lamas, con el tiempo, triunfador en Estados Unidos, lo invitaría a visitarlo allí.

                                         
Ava Gardner, Fernando Lamas y Lana Turner
       

A partir de esa película de Romero en 1947, filmaría diez más en dos años. La última fue La historia del tango en 1949, con Virginia Luque y Juan José Míguez. Lamas había sido muy buen nadador e incluso participó en un campeonato en Brasil de donde volvió cargado de medallas y regalos de una millonaria que se enamoró del metro ochenta seis del apolíneo deportista.

Se casó con la actriz Perla Mux y tuvieron una hija, Cristina. Separados, y como buen latin lover, vuelve esposado de Montevideo con la heredera de un magnate. Con ella, Lidya Babachi, tendría otra hija, Alejandra. Había filmado en Argentina con estrellas mexicanas como Dolores Del Río y Elvira Ríos, y otra vez la suerte que toca el timbre de su casa. La productora Republic Pictures viene a Buenos Aires a contratar actores argentinos para la película The avengers que dirigiría en Hollywood John Auers y se llevaron a Roberto Airaldi, Osvaldo Miranda y a Lamas que peleó duramente el sitio con Armando Bo, otro que había sido destacado deportista. Y con quien hicieron gran amistad.

                                               
Fernando Lamas con Greer Garson


Osvaldo Miranda, gran amigo, me contó mil historias de Lamas y podria haber hecho un libro con sus anécdotas. Casi todas geniales.  De los tres que fueron , sólo Airaldi hablaba inglés y Lamas recordaba algo del secundario. Cuando entró en las oficinas de la Metro, se había puesto las mejores pilchas y apareció como ganador. Estaba allí Lana Turner que quedó prendada de él. Sería la primera en caer. Vivió con la hermosa Lana y filmó como actor, solicitado por ella como compañero, en La viuda alegre.

                                  
Con Lana Turner bailando un tango

Después se fueron enamorando de él Arlene Dahl con quien tuvieron a su hijo, Lorenzo, y más tarde Esther Williams su última compañera, aunque en el camino hubo muchas famosas más. No volvió nunca a la Argentina, como le escuchó Miranda cuando el avión levantó vuelo desde Morón ("Chau Buenos Aires, no vuelvo nunca más") y advertido de su cercana muerte, en Los Ängeles, mandó llamar urgentemente a su hija Cristina, tal cual me lo contó Miranda. Llegó justo para despedirlo. Tenía 67 años cuando el cáncer de páncreas lo devoró, a este latin lover y bon vivant cuya vida fue toda una película.

Hoy recuerdo a esa dupla: Lamas-Piazzolla en los temas Mujer y Clavel del aire, que arregló Ástor allá por 1958.

La vida es un tango.

127 - Mujer - Fernando Lamas

128- Clavel del aire - Fernando Lamas