viernes, 18 de octubre de 2019

Santiago Adamini

Es como una deuda personal que tengo con este  personaje del tango. Porque allá en mi lontana juventud cantaba, silbaba y bailaba varios de sus temas que estaban de moda y me gustaban mucho. No está recordado en relación a sus méritos, quizás,  en la historia del tango y por eso me place evocarlo, porque no sólo quedó instalado en los capullos de mi memoria, sino que recuerdo a aquellos comentaristas de tango anunciando un tema y sus correspondientes autores. Eran también las viejas costumbres de barrio, con la oreja atenta al aparato. Y su nombre era reiterado en los anuncios.

Bastaría, quizás, con recordar que su primer tango de éxito fue nada menos que Tras cartón, con Anselmo Aieta, aportando Adamini, en este caso, los versos. Ello ocurrió en 1929, y lo grabó Carlos Gardel con las guitarras de Aguilar y Barbieri. Figura también como autor, además de los dos citados, nada menos que  Benito Bianquet, El Cachafaz, pero, por  los datos que yo tengo, fue más bien una atención de los verdaderos creadores del tema, por motivos de amistad. A Adamini le gustaba bailar y se entreveraba con el Cachafaz en variadas milongas, compartiendo mesa con él.

Santiago Adamini y Armando Baliotti

Además se la rebuscaba con la guitarra, tenía parola fácil y sabía ganarse su lugar en los medios. Y lo mismo se las arreglaba escribiendo todo tipo de versos, que rasquetéandolos en la viola. Con el pianista y director del barrio de Boedo, Armando Baliotti, supo estrechar fuertes lazos de amistad, siendo ambos luchadores fervientes por los derechos autorales y por ello figuran entre los directivos de SADAIC, durante un tiempo prolongado.

Pero además crearon una sociedad que acertó plenamente en la creación de tangos que adquirieron rápida y lunga popularidad: A las siete en el café, Trasnochando, Como nos cambian los años, Yo me presento aquí, Barrio Norte y la milonga Señores yo soy del centro . Temas que estuvieron en las partituras que ejecutaban distintas orquestas y cantores, por su expresividad, melodía y llegada al público.

                                    
Lo cierto es que Adamini fue un prolífico autor. Incluso navegó en diversos ritmos, el foklore, la cumbia, ritmos tropicales, boleros, pasodobles y varios más. Con Tránsito Cocomarola compuso chamamés de éxito. Pero no me quiero apartar del tanguero. Y voy rastreando la esencia porque en su obra hay páginas de mérito y vale la pena recordarlas.

Por ejemplo podría citar:El cocherito, con Ángel D'Agostino y Alfredo Attadía, No tienes corazón, valsecito con Nicolás Vaccaro y Alberto Tavarozzi; Patios de antaño, milonga, con Juan Cambareri; Para mí lo mismo da, con los hermanos Talián. El valsecito Nací para tí, con Julio de Caro; Y no llores más, con Jorge Caldara; el valsecito: Ya viene el invierno, con Anselmo Aieta.

En la milonga que hizo con Tito Ribero: A diez centavos la pieza, recuerda y rubrica su pasado milonguero, dando por sentado que supo ganar fama de buen bailarín, además de andar 15 años al lado de El Cachafaz. Dice en en una parte:


Gascón era la academia                                             
de los guapos de Palermo,
y fue Thames el porteño
milongón de Villa crespo.
El Olimpo con Sarmiento,
Puente Alsina y El Dorado,
fueron ronda de los hombres
que tantas mentas dejaron.

No sé si debo decirles
que fui rey de esas milongas,
bailarín de meta y ponga
con cartel de enamorado;
un porteño que ha sellado
con bravura y entereza,
 el tiempo en que se fichaba
a diez centavos la pieza.   

No quedan dudas de que era un milonguero consumado y en ese sentido la sabía lunga, porque la vivió. Y todo eso lo vuelca en éste y otros temas de su vasta cosecha. Hombre de tango que fue Presidente de SADAIC durante seis años, también dirigió una revista de sucesos a lo largo de 15 años, y tuvo cargos de mucha importancia en los sellos discográficos Odeón y Pampa. Su perfil de periodista está ligado también a su condición de poeta.

Porteño del barrio de Palermo, nació en 1895, falleciendo en 1969.  Podemos recordarlo en este tango que compuso con Baliotti: A las siete en el café, por la orquesta de Miguel Caló, cantando Jorge Ortiz, grabado el 20 de enero de 1943.
                              


martes, 15 de octubre de 2019

BIEN MILONGA

          ¿Salimos a bailar, sueño querido?
          que tengo tantas cosas que decir,
          no importa que te envuelva el torbellino
          del baile, cielo mío, y sufras más así.
          ¿Salimos a bailar, sueño querido?
          que en cofre de oro traigo para vos,
          este cariño santo que para darte vivo
          y esta esperanza mía, de que me dés tu amor.

                          Leopoldo Díaz Vélez


Nosotros también salimos a bailar esta noche en BIEN MILONGA. La pista de la madrileña Casa  de Aragón nos espera y desde las 21 le daremos duro a las suelas, con la selección milonguera que he preparado. Esperamos otro lleno como en estas últimas veladas y ese ambiente tan entrañable, marca de la casa, que alegra y tonifica las tres horas que pasamos bienmilongueando....

                                          
Ya sabés que como precalentamiento suelo pasearme por distintos escenarios, pistas de todo tipo y parejas que también le sacan viruta al piso y le dan cuerda al cuore milonguero.

Arranco en el Studio Tango Montreal (Québec-Canadá), donde lucen garbo y figuras, Gastón Torelli y Moira Castellano. En este caso bailando el tango Color cielo por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Armando Laborde.
                                          
           

Sigo por el Norte del continente americano. En este caso, estoy en el Chicago Mini Tango Festival. Y son Daniel Arias y Alicia Pons, los que salen al ruedo y bailan la milonga Flor de Monserrat, que interpreta Rodofo Biagi, su orquesta y Alberto Amor.


Sigo en los Estados Unidos, pero poniendo la marcha atrás en el tiempo, recuerdo a un amigo que nos dejó. Fue uno de los mejores bailarines que ha tenido el Tango: Osvaldo Zotto. En estas imágenes aparece en el Miami Tango Fantasy Festival, bailando con su compañera de entonces; Lorena Ermocida. Y se mueven al compás del valsecito Desde el alma, por la orquesta de Osvaldo Pugliese.


Esas imágenes me hacen  traquetear los remos en el piso. ¡Qué noche nos espera!                                                                               

domingo, 13 de octubre de 2019

Las voces del tango

Es un aspecto muy importante del tango y hoy tengo ganas de hablar de ellos. En otro momento también hablaré de ellas. Con sólo mencionar lo que significó Csrlos Gardel, la chapa internacional que le dió al género, su pinta galana, las películas que filmó en Francia y Estados Unidos, los casi mil registros discográficos que nos dejó, ya estaría inmortalizado. Pero además deberíamos recordar que fue el inventor del tango cantado. Y que, para más gloria suya, sin saber música, supo arreglárselas para firmar con Alfredo Le Pera,  Battistella, Celedonio Flores, Razzano y otros, infinidad de tangos y piezas folklóricas que trascendieron a su época, componiendo la música..

Fue el gran modelo, el descubridor, el inventor de la génesis cantable del tango. Melódicamente un portento, pero además trabajó la voz, estudió con el maestro Bonessi y lo mismo lució acompañado por guitarras que teniendo detrás una orquesta. Sí, fue el gran maestro y aunque su registro vocal fue cambiando con los años, también adquiró más carpeta en todos los sentidos y tenía razón aquel crítico que dijo, cuando lo escuchamos en el disco: "Cada día canta mejor".

Carlos Gardel e Ignacio Corsini cantando a dúo

En esa aventura iniciática hubo dos voces que lo acompañaron en el camino del alumbramiento y la proyección del tango cantado. Fueron Ignacio Corsini y Agustín Magaldi, dos estilos totalmente distintos entre sí e incluso en la comparación con Gardel. Pero fueron muy importantes. Poseedores ambos de eso que llamamos "personalidad artística", dejaron su impronta y permitieron atisbar que el tango tenía diferentes formas de interpretación pero que todas podían ser válidas cuando eran acompañadas por cualidades canoras, modulación e interpretación de los correspondientes versos.

Charlo fue, quizás, un compendio de todos ellos. Tuvo cosas de Gardel: la pinta, el galán de cine, su faceta impresionante de compositor, esa manera de frasear que lo llevó al virtuosismo y además el dominio de varios instrumentos (Guitarra, acordeón, piano), que incluso le permitió llevar al pentagrama tantos temas de Anselmo Aieta que éste le marcaba con su bandoneón. Su capacidad de transmisión emotiva, le permitió grabar con las orquestas de Canaro y Lomuto unos 570 temas, sin trabajar en dichas orquestas, además de los registros propios. Fue un cantorazo en toda regla.

Charlo grabando con Francisco Canaro
                                   
Era la época de los estribillistas, que sólo cantaban una parte de los temas. Generalmente la segunda. Fue Canaro quien comenzó a tener dos cantores, le seguirían otros directores y así el tango creció con ellos y los grandes poetas que tuvo el género encontraron el antídoto al inexorable olvido en la interpretación de los excelentes vocalistas que se fueron alineando en las distintas orquestas y que cantaron sus versos, muchos de ellos, de diversas raigambres, que tuvieron la generosa acogida del público..

Cada uno tiene sus gustos y todos son respetables. Pero yo creo que en el rubro de los vocalistas de tango, Floreal Ruiz, Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche y Raúl Berón sons las muestras magistrales de cuatro estilos y voces totalmente distintas, que están en un escalón superior, y merecen figurar como precursores de una estética que los llevó al podio y la muestra está en los registros discográficos que nos dejaron. No es casualidad que los cuatro hayan estado en la orquesta de Aníbal Troilo, como Fiorentino o Rufino... La oreja del Gordo fué especialísima.

                                 

Edmundo Rivero y Floreal Ruiz cuando cantanban en la orquesta de Troilo

Pero además, tuve la suerte de disfrutarlos in person, de vivir sus interpretaciones personalmente y puedo dar fe de cómo nos llegaban. Maestros, sin duda alguna, y sin que ellos tuvieran esa noción de lo que representaban, aunque la salva de aplausos premiaran sus actuaciones en vivo. Ese abanico de pasiones que subyacen en el tango, y, en este caso concreto, en la poesía que se inventó Pascual Contursi y que tuvo continuadores y renovadores magistrales, necesitaron de estos intérpretes para que su obra, la densidad de esas páginas, viviesen aquel momento de esplendor en el cual los cantores fueron artesanos de la trascendencia del tango.

Además,  hubo en ese mapa sentimental y el lenguaje que florea el pentagrama otro caso muy trascendente y digno de recordar permanentemente, como lo hacemos. Yo diría casi milagro: El encuentro de director y cantor, de orquesta y vocalista que parecieron nacer el uno para la otra. Los casos de D'Agostino-Vargas, Troilo-Fiorentino-Marino, D'Arienzo-Echagüe, Pugliese-Chanel-Morán, De Angelis-Dante-Martel, Tanturi-Castillo-Campos, Di Sarli-Rufino-Podestá, Caló-Berón-Iriarte, Fresedo-Ray, Biagi-Ortiz, Canaro-Maida, José García-Rojas, Malerba-Medina, Rodríguez-Moreno, Lomuto-Omar, Francini-Pontier-Julio Sosa, Demare-Miranda, Héctor Varela-Ledesma-Lesica-Lavié...

                                         

La  capacidad del encantamiento del ritmo con esa voz especial tanguera, entrando en el momento justo y cantando a compás, son la esencia misma del tango, el exorcismo que nos impulsa en la pista, nos convocaba en la radio, nos deslumbraba en los palcos de los cafés o de los lugares como Caño 14, donde pasé tangas noches. Esos poetas: Manzi, González Castillo, Celedonio, García Jiménez, Cadícamo, Cátulo, José María Contursi, Discépolo, Expósito, Romero, Dizeo, Marcó, Rubistein, Bahr, Sanguinetti, Camilloni y tantísimos otros, necesitaron de estas voces para que su obra alcanzase el reconocimiento a su gran aporte intelectual.

Y si bien no todos son ruiseñores los que cantan entre las flores, el paisaje se presta para que muchos que no están en ese primer plano, también se luzcan con la añeja estrofa, la imagen poética evocadora, el paisaje musical que nos sigue acompañando y emocionando. Ya dije que sobre gustos no hay nada escrito y respeto todas las opiniones. A mí, por ejemplo, al margen de los nombrados, me gustan mucho Ricardo Ruiz, Ángel Díaz, Héctor Mauré, Roberto Mancini, por ejemplo. Y el Jorge Casal que cantaba en la orquesta de Florindo Sassone. Porque con Troilo, luego tuvo muchos problemas de garganta. Y ya más hacia aquí, las de Rubén Juárez o Ariel Ardit, entre muchas otras. Afortunadamente la trilogía tanguera: Música-poesía-baile, tuvo a  tantísimos cantores que siguen vivos en el día a día de los que escuchamos aquellos discos y los bailamos. Y nos tintinean en el cuore como si estuvieran presentes.



viernes, 11 de octubre de 2019

Mañana

        Por Buenos Aires voy caminando,
        cantando un tango por Buenos Aires.
        Todos luchando cuerpo a cuerpo por un mango
        pero yo, cantando un tango por Buenos Aires.
        Voy a buscarte para encontrarte
        en esa esquina de San Telmo sin ochavas.
                                       Homero y Virgilio Expósito


    No es correcto hablar de tanguedad o de tanguidad porque los sufijos -dad, -edad e idad sólo se dan en  nombres abastractos derivados de adjetivos. De algún modo hay que nombrar, sin embargo, la sustancia del tango, el hipojéimenos, que decía Aristóteles; la quidditas, que decía Santo Tomás de Aquino, aquello de lo cual solemos decir que es compadrón, que es sentimental, que es porteño, que es viril, que es malevo, que es dormilón, etc. Por eso, algunos han creado la palabra tanguedad o tanguidad. Podríamos preguntarnos, entonces, qué es la tanguedad, pero preguntémonos qué es el tango, cuál es la sustancia.

    Las respuestas son muchas. Para unos, el tango es el dos por cuatro, cosa que, por lo general, firman refiriéndose al cuatro por ocho; para otros, es una entidad bailable; para Borges es una memoria de bravuras; para éstos es la voz de Gardel emergiendo victoriosa del tocadiscos; para aquéllos es un arresto de virilidad. Los hay que no discriminan esencias, cualidades, sino cronologías, y lo mismo le da la fachenda de Villoldo que las lágrimas de Contursi, lo mismo la vivacidad de El Choclo que la lentitud abolerada de Nostalgias pero afirman que el tango termina allí donde parece haber concluído su propia aptitud para renovarse, y así unos se quedan en Firpo, otros avanzan hasta De Caro, algunos perseveran hasta Salgán y poquísimos llegan hasta Piazzolla.

                               


    Y bien, ¿cuál es la sustancia del tango, lo que subyace al ruido, por lo general armonioso, de las orquestas; a las voces transidas de los cantores; al alarde de los bailarines? ¿Acaso la tristeza, la melancolía, o la nostalgia? No, porque el tango ya era tango cuando era alegre; en realidad, nació alegre, demasiado alegre tal vez.  ¿Cambió acaso su sustancia cuando se puso sentimental y llorón? Nadie, salvo Borges, osaría decir tal cosa. Es que ni la alegría ni la tristeza, ni el compás cuadrado, ni las estilizaciones, ni la síncopa, ni el analfabetismo orejero, ni el virtuosismo son la sustancia del tango. La sustancia del tango es la aptitud para expresar los sentimientos del porteño y, por extensión, del argentino.

    Y así, cuando el porteño, al cabo de desangrarse en guerras, necesarias e innecesarias, buscó la alegría en la juerga, el tango nació juerguista... Y cuando el porteño -que ya cargaba tanta sangre gringa- se mimetizó con  con la nostalgia inmigrada, el tango se hizo sentimental, sin dejar por eso de ser tango, como el porteño no dejaba de ser porteño. Y cuando la enseñanza gratuita y obligatoria comenzó a desencompadrar al porteño, el tango también se desencompadró.

                               


    Y cuando los medios de comunicación en masa comenzaron a internacionalizar los sentimientos de la gente, el tango internacionalizó su melodía. Y cuando el porteño, un poco por educación y otro poco por mimetismo, comenzó a sentirse un poco más culto, el tango también arrojó la ingenuidad al desván y se refinó en los alambiques de Galván, de Piazzolla, de Stampone. A lo largo de ese proceso, el porteño, que siguió siendo porteño, no perdió su sustancia, ni perdió la suya el tango. Que siguió siendo tango.

    Pero el proceso no ha terminado. Si el porteño de hoy no es el de ayer, tampoco es el de mañana. Y tampoco es el tango de mañana este tango de hoy, que a algunos les parece la última Thule. Porque, si el porteño cambia, el tango no puede quedar inmóvil sin perder su sustancia.

    Si se quiere un tango eterno hay que admitir un tango cambiante, porque la sustancia del tango no reside en el dos por cuatro, ni en el cuatro por ocho, sino en el cambio. Y el cambio permanente exige la permanente búsqueda, la experimentación permanente. Si se quiere un tango eterno hay que admitir la fatalidad de no bañarse dos veces en el mismo tango, como el tango debe admitir la fatalidad de no expresar dos veces al mismo porteño. El porteño, el tango -diría Heráclito- no son, devienen. El devenir es su sustancia.
                                                                                                         José Gobello




jueves, 10 de octubre de 2019

Julián Centeya recuerda a Homero Manzi

    
HOMERO MANZI
   
Te procuro en el barrio de la luna amistosa,
con la cita en la esquina del antiguo almacén.
De espaldas a los números, que no devuelven rosas,
nuestro origen fue el mismo, aquel del terraplén.
Crepitar de guitarras en un manso desvelo,
pespunteando milongas y siempre el corralón.
Cómo nos pesa ahora, la ausencia de aquel cielo
que inventamos, Homero, ayer, en la canción.
Vinculados a nubes, chiquilines descalzos,
y en el barrio ¿te acuerdas? sólo pasa una vez.
Angulosas memorias me invaden, y rebalzo
de ternuras que acaban de brotarme recién.


Era Pompeya, sí, claro, era Pompeya,
la calle Centenera, la esquina Tabaré.
Pero te digo, Homero, que era aquella 
latitud de mi sangre, de tu alma, lo sé.
Por el duro empedrado de Famatina, al este
la novia quinceañera con cita de portón.
Y el corralón que tuvo la chatita celeste, 
y la luna de siempre, plateando el paredón.
El hueco allá por Cachi, de noche la laguna, 
y aquel coro de sapos redoblando un dolor.
Pensando en estas cosas de pronto siento una 
tristeza que me anula, es cuando hablo de vos.

 























De cuando caminábamos la calle Monasterio,
hablábamos de tango, que la ciudad un día
llevaría en su entraña. "Estar en el misterio..."
(me acuerdo de qué modo profundo lo decías).
Y Boedo, ¡qué cosa! Fue nuestra la aventura
de hacernos al paisaje que devolviste en "Sur".
¡Qué importa haber caído, luchado, en esta
dura via crucis de la vida, sin un rayo de luz!
¿Qué fue de la muchacha aquella que me amaba?
¿Y qué de los amigos? ¿Y de uno, qué fue?
Celina, aquella rubia... Celina se llamaba...
Su nombre era de cielo, me acuerdo que la amé.

Vivir es irse un poco de uno y de todo.
Avanzar hacia el hielo y nunca más saber.
Es cuando sin ser uno, se habrá alcanzado
el modo de habitar una nube, y ya nunca volver.
Homero Manzi, ausencia, Homero Manzi, no.
Otra vida es tu vida, yo bien sé, no te has ido.
Concurro con mi verso, te repito que yo
me cito con tu sombra en el barrio querido,
aquel del alto cielo que hemos compartido
y que de pronto un día se nos hizo canción.

JULIÁN CENTEYA.

   

martes, 8 de octubre de 2019

BIEN MILONGA

 Esta noche hay una fiesta
 como aquella en que trajiste
 tus grandes ojazos tristes
 y tu vestido de tul

 Ejecutaba la orquesta
 "Sollozos de bandoneón"
 y al apretarte en mis brazos
 sentía tu corazón.
             E. Martínez Vilas


Martes 8 de Octubre: BIEN MILONGA celebra su sexto aniversario en la pista de la CASA de ARAGÓN madrileña. Lo vamos a festejar con el bullicio y la alegría pertinente. Música, baile, morfi y chupi... Como debe ser. Porque en esta sala nos aquerenciamos y acá tenemos un ambiente entrañable que se merece la fiestaza.

                                      


SEXTO ANIVERSARIO   

Es martes, no te indispongas                                   
que te espera un escenario
en el noctámbulo horario
pa’milonguear meta y ponga.

Sí, cuando el fueye rezonga
se nos enciende el lunario
milonguero, en gran muestrario,
con lo que el pincha disponga.

Porque el tango es inventario
que en la historia se prolonga;
como recuerda un notario                    

de nuestra vida  bailonga:
¡Hoy Fiesta de aniversario!
¡A brindar en BIEN MILONGA!


Y sigo yirando por esas pistas del mundo donde se varean las parejas que dan exhibiciones, hoy tan de moda. Arranco en Buenos Aires, donde  podemos ver a Clarisa Aragón y Jonathan Saavedra en La baldosa,  bailando este valsecito: Visión celeste, interpretado por la orquesta de Juan D'Arienzo.




Acto seguido me instalo en el fantástico Palacio Ferstel, de Viena (Austia), donde están los maestros Sebastián Arce y Mariana Montes. Que nos deleitan moviéndose al compás de un tango y una milonga. Esta noche de luna, por Osvaldo Pugliese  cantando Jorge Maciel y Bien porteña, que ejecutan Los Reyes del tango.

                                                                               

Y esta noche se hará longa: festichola en Bien Milonga!                         

                                              

domingo, 6 de octubre de 2019

Discos de Gardel

En este tango de Horacio Sanguinetti y Eduardo Del Piano, pretendo, especialmente recordar al poeta popular. Uno de los más prolíficos de aquella añorada década del cuarenta, que dejó una enormidad de títulos y que desapareció de la vida pública como un fantasma, debido a una tragedia familiar que protagonizó en primera persona. Motivo por el cual, debió escaparse a Uruguay, ayudado por gente importante del ambiente, esfumándose su rastro para siempre. No hay ni siquiera una foto suya.

Fabricó éxitos plasmados en sociedad con diversos compositores y lo cierto es que sus creaciones estuvieron presentes en las interpretaciones de las más diversas orquestas típicas y cantantes de ambos sexos. Entre sus muchos sucesos, así a vuelapluma podría citar: Tristeza marina, Nada, Por unos ojos negros, El hijo triste, Bailarina de tango,  Flor de lis, Princesa del fango, Bohardilla, Novia provinciana, Arlette, Era en otro Buenos Aires, Ivon, Palomita mía, El embrujo de tus ojos, Flor de tango, Barro... y la lista continúa pese a que sólo escribió su obra a lo largo de trece años..

                             


En este tango Sanguinetti utiliza aquella antigua costumbre de escuchar los discos de Gardel en el tocadiscos como una vuelta de tuerca a historias que dejaron huellas y cicatrices al protagonista, en el devenir del tiempo. A la vez Gardel pasa a ser una especie de antídoto al inexorable olvido. La dialéctica acción-reacción.  Cómo ahogar su melancolía, disfrutando a la vez y sintiéndose vívido en sus recuerdos por la gran interpretación del cantor, en el alto voltaje de su imaginación.

No siento tanto que mi vida es triste y sola
cuando escucho en la victrola
viejos discos de Gardel.
Los tangos del ayer
reviven sin querer
amores marchitados por el tiempo.
Y casi olvido que mis sienes están grises
escuchando Cicatrices,
Nunca más o Un tropezón.
Y trae la emoción
amarga del dolor
el tango No te engañes corazón.

Evidentemente cita temas  que reverberan las peripecias emocionales del personaje. Como un conjuro de la afirmación de la vida cuando algunos sueños se han roto y queda el poso. Reflexiona sobre la vida, sus ilusiones y sus fracasos. La victrola y Gardel martillan su corazón y sus recuerdos. La impotencia de contemplar la tribulación de la mujer, como una deriva natural del fracaso del amor.

Dice la voz
sentimental:
Mi Buenos Aires querido...
Y regresan los recuerdos
de mis vueltas por la vida
y de aquella vieja herida
de un amor.
En cada tango su huella...
En cada tango mi estrella...
Y por eso mi alma llora
cuando escuho en la victrola
discos de Carlos Gardel.

                                 


La materia dócil de la memoria, regresa por  la magia artítisca del gran cantor. Es un doble cauce, un doble efecto. La emoción de escucharlo y lo que, además, influye en su ánimo y su nostalgia. La representación de la vida y sus evanescentes retornos. Y no le pasaba solamente a este poeta popular que sabía embocar frases y formas... Muchos nos sentimos retornando al pasado con ciertas canciones. Ese mosaico de realidades e imágenes que enfocan tiempos diversos, surgen del sentimiento y al vestirse con el ropaje musical, borronean, convocan olvidadas ilusiones y amarguras.

¡Los discos viejos me recuerdan tantas cosas!
Calles viejas y barrosas
que ha olvidado el corazón...
La pálida canción
con cálida emoción
me lleva por la sombra de otro tiempo.
Es un puñado de recuerdos desteñidos
que del fondo del olvido
vuelven hoy a revivir.
Nostalgias de un querer,
el barrio del ayer
y rostros que ya nunca han de volver.

Hay varias versiones de este tango y a mí me gusta mucho la interpretación de Ricardo Tanturi, su orquesta y la voz de Enrique Campos que le da vuelo a los versos de Sanguinetti (Horacio Basterra). Lo grabaron el 3 de mayo de 1945. ¿Lo escuchamos?