lunes, 30 de mayo de 2016

Un vals para Teté

Comienzo la semana con un recuerdo del amigo Teté, más conocido como el rey del vals. Por supuesto, referido al valsecito porteño. Falleció hace muy poco tiempo, después de haber brillado como bailarín y profesor en la resurreción del tango, ocurrido en los años ochenta/noventa del siglo pasado. Cuando los veteranos lograron volver a darle vida a los clubes de barrio y salones del centro, y transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones que no conocían el tango bailado.

Así recuperó, a marcha forzada, la música nacional, el tango argentino, la algarabía social del baile, las conocidas como milongas, que poco a poco comenzarían a poblar los lugares importantes de la ciudad. Todo ello gracias al triunfo de la revista: Tango argentino en París y luego en Broadway. Como si el destino volviera a repetir la historia del resistido género que necesitó triunfar en los salones parisinos de Madame Rezkè en la capital francesa, hace unos cien años,  para que las autoridades argentinas, le levantasen la veda y por fin pudiera escucharse y bailarse sin censuras en la ciudad porteña.

                                                   


Teté, apodo de sus años infantiles, se llamaba Pedro Rusconi y se crió en Nueva Pompeya, ese barrio separado por tres calles, de Parque Patricios, mi hábitat juvenil. Aprendió como tantos de mi época, con los mayores, y su refugio era Unidos de Pompeya, el club que mexclaba boxeo y tango en sus entrañas y donde imponía su elegancia el flaco Tin, que lo vareó a Teté y a muchos otros y a quien  ví algunas veces en el Club Huracán cuando solía venir a mostrar su excelente registro milonguero.

Teté, se hizo famoso en muchos lugares, especialmente por su interpretación del valsecito porteño. Tenía un estilo algo antiguo, pero lo interpretaba con el alma. El valsecito se bailó en las milongas durante años del modo original, con giros constantes. Fue en los años cincuenta cuando algunos milongueros de los barrios del sur (Pompeya, Soldati) comenzaron a bailarlos con pasos del tango.
     
                                   
Silvia y Teté


En esa época, los que ponían la música (todavía no había llegado el vocablo anglófilo: discjockey), lo hacían con discos de pasta de 78 rpm, y pasaban los dos temas del mismo. Ya fueren dos tangos como un tango y un vals, o una milonga. Luego uno de jazz o música entroamericana o brasileña. Y así sucesivamente. Entonces, estos muchachos decidieron bailar todo con pasos de tango, para aprovechar la noche, y poco a poco esa costumbre se generalizó en el caso de los valsecitos.

Teté mamó toda esa cultura milonguera y fue uno de los que manejaron el timón en Buenos Aires y Europa, en el regreso del género a las pistas porteñas, dando clases a la enorme cantidad de hombres y mujeres que se aprestaban a formar en las filas del tango-danza. Su nombre se hizo muy popular y fueron especialmente aplaudidas sus exhibiciones con Silvia Ceriani, su útltima compañera, bailando valses porteños, y también tangos, por supuesto.
               
                                 
                                             

Daniel Tonelli -con la valiosa ayuda de Marcelo Turrisi en la post producción-, realizó este filme documental sobre los valsecitos y las historias de Teté en las milongas. The Argentina Tango Society produjo la obra y así quedan reflejadas hermosamente todas estas historias de tango que son joyitas para guardar.

Dale Teté!








                                  

sábado, 28 de mayo de 2016

Milongueando que es gerundio

Casualmente, esta noche no tenemos la milonga de los sábados en la casa de Aragón de Madrid por razones de organización, pero volvemos el martes con tutti: música para revolear los camambuses y las polleritas cortonas, aupadas a unos tacos de aguja alucinantes. Los que marcan el compás en la hermosa pisa de madera lustradita que se nos ofrece para darle gusto al cuerpo. Un descansito sabatino nos viene bien para reponer fuerzas y hurgar en la discoteca buscando esa música maravillosa que nos moviliza.

Una milonga es BIEN MILONGA cuando la música está a tono con los participantes y los impulsa permanentemente a la pista. Hay países donde no se le da la importancia que este apartado realmente tiene, y los resultados se notan en la respuesta anodina de los bailarines. Hay que darles manivela y una selección que les haga galopar el corazón con prisa y sin pausas. Así lo entendimos desde que entramos precozmente en la milonga y así seguimos, conquilleando los oídos de la parejas.

                                      
Mariana Montes y Sebastián Arce

          
Y hablando de parejas artísticas, hoy estoy emberretinado con la que forman desde hace 18 años, nada menos, el santiagueño Sebastián Arce y la porteña Mariana Montes. Anda ambos por los 37 años,- Mariana es un año mayor-  y han recorrido infinidad de países llevando sus espectáculos, sus clases y sus exhibiciones tan festejadas. Sebastián es pupilo de Juan Carlos Copes y Mariana aprendió con un par de profesores, guiada por el sentimiento que le producía el tango.  Me encanta verlos y coincido con la apreciación que tienen de esta danza y la manera de enseñarla. Por eso pueden tener escuelas en Italia o en Rusia. Los resultados que obtienen con sus alumnos son inmejorables.

Vamos a verlos en exhibiciones recientes para completar esta reseña. Podemos arrancar con este tango: Tigre viejo, por la orquesta de Osvaldo Fresedo y la pareja en acción.


                                                          

Ahora una milonga para subir los decibeles. La ejecuta la orquesta de Ángel D'Agostino y la canta Ángel Vargas: Compadreando. Lo bailan dentro de un Festival, en Karlsruhe -Alemania-

                    
     

Y un valsecito que siempre alegra los corazones. En este caso se trata de Viejo portón por el Sexteto Milonguero.

                                                                        

viernes, 27 de mayo de 2016

Leyendas del Tango danza

Es muy lindo y emotivo ver a todos estos muchachones que supieron bailar el tango como milongueros y no pensaban entonces en que un día esta danza se convertiría en algo universal, un imán que nos ata a la pista con una fuerza maravillosa. En sus días jóvenes integraban aquella masa bulliciosa y empilchados de primera, que descorchaban sus ilusiones tangueras en noches y madrugadas de un calibre superior. Porque Buenos Aires tenía clubes sociales, salones y confiterías que desbordaban sus instalaciones con gentíos de hombres y mujeres ansiosas de mostrar sus perfiles ganadores, su glamour y su destreza con las piernas, impulsadas por un cuore porteñazo.

Daniel Tonelli y Marcelo Turrisi, con Silvina Damiani como coordinadora, lograron unir en este filme documental a algunos de los sobrevivientes de aquella fauna milonguera, devenidos en maestros. Y transmisores del clima tan especial -que vivimos muchos de nosotros-, a las nuevas generaciones que intentan mostrar sus habilidades y formas distintas, aunque la música siga siendo la misma, porque esas grabaciones son un tesoro artístico que jamás debería perderse.

                                                 


El baile del tango ha sobrepasado las fronteras de los barrios, del centro, de la ciudad porteña y del Río de la Plata. Ha desbordado incluso todas las previsiones y hoy se baila con mucha destreza en innumerables ciudades del mundo. Los maestros llevaron en sus maletas el ropaje y la música, además de los conocimientos y la pasión. El resultado está a la vista. Se podrá argumentar que faltan algunos personajes en el filme pero, para mí, el resultado es notable. Y emocionante.

Porque yo he vivido en mis carnes y mi cuore, todo ese proceso de formación y el desfile por tantos clubes milongueros, más el descubrimiento con mis18 asombrados años de las confiterías del centro. Afincado especialmente en la Montecarlo, de Corrientes y Libertad, así como en los salones del Club Atlético Huracán, frente al Parque Patricios, mis noches milongueras constituyen un recuerdo maravilloso e inolvidable.

                                             

Aprendí como casi todos estos bailarines, en el club del barrio con los muchachos mayores que nos enseñaban los secretos del baile del tango, milonga y vals. Primero hacíamos con ellos la parte de la mujer (a las chicas no les permitían salir de noche para estas "prácticas", que se hacían en todo Buenos Aires). Cuando ya dominábamos esa parte, pasábamos a conducir nosotros, alentados por ellos, los mayores. Y me inicié en las milongas de los clubes del barrio: Chárleston, Alianza, Parque Patricios y otros, antes de dar el salto ritual a la gran milonga del Club Huracán en sus modernos y hermosos salones. Con grabaciones los domingos, y con las grandes orquestas los sábados y los maravillosos carnavales. Y después, la ronda por los grandes clubes-milonga de la época...

                            

                       

Todas estas cosas las revivo cuando veo a estos veteranos que tuvieron parecidas vivencias y siguen mostrando sus sapiencias, tantos años después. Yo lo hago en Madrid, lejos de aquellos escenarios de mis andanzas juveniles. Me encanta el documental de The Argentine Tango Society, y se los paso para que puedan apreciarlo. Dura una hora.


                                             





















                                                 

miércoles, 25 de mayo de 2016

Cátulo Castillo

Es uno de los nombres más importantes que engrandecen y jerarquizan al tango. Hijo del patriarca de Boedo, José González Castillo, heredó de éste su copiosa creatividad, algo de su espíritu anarquista y una personalidad que le permitió tener infinidad de amigos en el tango y la cultura argentina. Fue además muy buen boxedor amateur, violinista y una proyección de poeta que no sacó a relucir hasta que falleció su padre, a quien musicalizó algunas de sus obras.


Escribir acá sobre toda su extensa obra me llevaría muchísimo tiempo y excedería el propósito del blog, que es pintar aspectos importantes del tango, sin acudir al trabajo enciclopedista que reservo para mis libros. Pero no resisto la tentación de traerlo una vez más a este rinconcito y mostrar las facetas más penosas que debió soportar. Lo traté bastante en la época que yo trabajaba con Antonio Carrizo en radio El Mundo. Su programa, con el actor Luis Medina Castro, iba inmediatamente luego del nuestro y algunas veces solía cruzarse a la vereda de enfrente, cuando finalizaba,  donde nos quedábamos almorzando y hablando de todo, con Carrizo. Ahí, se arrimaba y conocí su personalidad tranquila, cálida, reflexiva y lo admiré aún más.

Tenía Cátulo 4 años, cuando su padre debió exiliarse en Valparaíso -Chile-, por problemas políticos y malvivieron en una casucha, con un pobrerío rodeando aquel contingente humilde y configurando el clima mágico que lo iría envolviendo para siempre. El primer premio en un concurso de sainetes y la amnistía le permiten a Don José volver a su casa de Boedo, donde lo visitaba todo un ágora intelectual, con personalidades como los González Tuñón, Nicolás Olivari, Dante Linyera, Martínez Cuitiño, Riganelli, Betinotti, García Velloso y muchos otros que iluminarían el futuro de Cátulo.

                                             


Con apenas 17 años, le pone música a unos versos de su padre que se convierten en Organito de la tarde, el tango que sacude al ambiente tanguero. A los 22 forma una orquesta que dirigirá en Sevilla y se lleva a los tres hermanos Malerba, a Miguel Caló, el cantor Roberto Maida, otros dos músicos y él como violinista-pianista-director. Allí graban varios temas y volverá a Europa con su padre y un elenco teatral, 3 años más tarde. Al regreso obtiene una cátedra importante en el Conservatorio Municipal y comienza a despacharse como poeta en tangos que harán historia: Te llama mi violín, Dinero dinero, Color de barro, Camino del Tucumán, Anoche, Domani, La madrugada... Es uno de los autores más prolíficos que ha dado el tango en su historia. Y narra en ellos historias que recuerdan pasajes de vida, acuarelas sentidas, pintadas a puro corazón.

Escribirá en revistas y periódicos, canciones para películas, libros, guiones y lidera la causa gremial desde SADAIC, haciendo homenaje a la trayectoria paterna. Perón, siendo presidente, lo conoce cuando pese a todos sus pergaminos tenía un auto destartalado. Lo nombra Secretario de Cultura y ordena que le compren un auto aceptable. Todo va bien hasta la revolución de 1955, cuando los militares gobernantes le declaran la guerra al tango y a Cátulo lo echan de todos lados, prohiben pasar sus temas por radio y no puede cobrar los derechos de autor porque SADAIC fue intervenida.

                                                      
Cátulo Castillo y el presidente Perón

Entonces deciden con su mujer vender todo y se van a vivir a una casita por el apartado Camino de Cintura, lejos del centro y los barrios. Apenas tenían visitas. Cátulo se dedica a cuidar a todos los animales abandonados de la zona y llegó a tener 95 perros, 19 gatos, 200 gallinas, y dos corderitos. Prohibió matar a ningún animal y sólo comían los huevos de las gallinas. Venían los vecinos trayendo animales para que los curara, y decidió estudiar veterinaria. También se puso a pintar cuadros y acuarelas sin tregua, estudió grafología y astrología. Leía las manos de quien se lo pidera y le pronosticó a Menem que sería presidente del país, cuando éste vivía en La Rioja.

Un día se produjo el desbordamiento del río Matanza, se inundó la casa hasta los dos metros de altura, perdieron todas las pertenencias, aunque ellos pudieron salir en un bote. Y con su espíritu luchador, sin mirar atrás, comenzó a producir tangos que dejarán una huella profunda en los porteños, como La última curda o Desencuentro con su amigo Aníbal Troilo.

                                       
Pichuco y Cátulo

Un día resolvió llevarle todas sus medallas al profesor Silva, un atrólogo amigo suyo, para que con ellas, luego de fundirlas,  hiciese una sola. Éste le haría una que llevaba, el Sol, simbolizando a Leo, el signo de Cátulo. Del otro lado una serie de números que en principio, no decían nada. Pero Cátulo quiso saber que significaban y Silva le confesó: "19 de octubre de 1975, día de tu muerte". Ese día Cátulo deció echarse una siestita porque estaba cansado, como le dijo a su esposa... No volvió a abrir los ojos.

¡Ya sé! ¡No me digás!:
La vida es una herida absurda,
y es todo, todo, tan fugaz
que es una curda -nada más-,
mi confesión.


Dale, Polaco...

                                                   




lunes, 23 de mayo de 2016

Inspiración

Recuerdo siempre la impresión que me producía la grabación de este tango por la orquesta de Aníbal Troilo que lo registró el 3 de mayo de 1943. Yo lo "descubrí", años más tarde por supuesto, en aquellas inolvidables audiciones radiales que pasaban y comentaban discos de orquestas típicas, cantores o cancionistas, y agregaban algunos datos. No era un tango muy ejecutado por los conjuntos en boga de la época y esta versión de Pichuco, con hermoso arreglo de su bandoneonista Ástor Piazzolla, revivió un tema que estaba bastante olvidado. Miguel Caló con arreglo de su pianista Osmar Maderna también dejaría un lindo registro, en enero del 43.

Más tarde, en otra de aquellas charletas, fuí desovillando los pormenores de un tango tan distinto en su envergadura y envoltorio que se fue poniendo de moda en los años cuarenta, más de veinte años más tarde de su aparición. Lo estrenaría el cuarteto de Augusto P. Berto en el Bar Central de Avenida de Mayo y Tacuarí, en 1918. Su autor, Peregrino Paulos, era violinista del conjunto, y su hermano menor Niels (Nelson) actuó en algún momento como pianista del mismo.

                                    

                                         
El título, por entonces, de este tango era 6ª del R.2. Venía a sintetizar el recuerdo del lugar donde había hecho la "colimba" Niels, y quería decir: "Sexta compañía del Regimiento 2 de Infantería". En 1922 Roberto Firpo se interesa por el tango y Niels Paulos decide entonces cambiarle el título por el más apropiado de Inspiración, recordando así a su hermano que también dejó otro tango para la historia: El distinguido ciudadano. Berto, con su conjunto  grabó otros temas de su violinista Peregrino, como Lamentos de un criollo, El rastreador y L'Abbaye, que homenajeaba a un famoso cabaret de la época donde había actuado con la orquesta.

Peregrino Paulos, hijo de un músico español y madre danesa -como lo aclararon Oscar Del Priore e Irene Amuchástegui, en su libro: "Cien tangos fundamentales"- moriría muy joven, apenas pasada la treintena de años y no pudo asistir a la consagración de su tango. Incluso estuvo largo tiempo internado por el mal que lo llevaría a la tumba. La resurrección de Inspiración sobrevino en la grabación de Pedro Maffia en el sello Brusnwick del cual era director musical, en 1929.

                                       


Precisamente, conversando un día Maffia con Luis Rubistein, mientras tomaban un café, el célebre bandoneonista le comentó lo difícil que sería ponerle letras a Inspiración. Con su proverbial audacia y decisión, Luis le jugó un café a que él le ponía versos. Aceptó Pedro y Rubistein salió volado a buscar precisamente inspiración para un tema muy complicado en tal sentido. Pocos días más tarde, el autor de Charlemos le trae el resultado de su obra. En principio Maffia se rió pero luego advirtió que podía hacer un suceso y así se armó la historia.

Agustín Magaldi, que tenía gran éxito, era artista de Brunswick y a él le llevaron letra y música de Inspiración. Magaldi puso manos a la obra, lo ensayó con sus guitarristas y lo grabaría en 1931 con la orquesta de Brunswick, que en ese momento dirigía Juan Polito, debido a las obligaciones artísticas de Maffia. Luego de esos ensayos lo registraron con la orquesta y también intervinieron los guitarristas de Magaldi. Pocas veces se ha cantado este tango que también lleva un recitado. Lo hicieron Libertad Lamarque, y la orquesta de Adolfo Carabelli con el cantor Alberto Gómez  el 7 de junio de 1932.
                  
      
Precisamente lo podemos escuchar en las versiones de Magaldi y la de Carabelli-Alberto Gómez.

12- Agustín Magaldi - Inspiración

19- Inspiración - Adolfo Carabelli con alberto Gómez

sábado, 21 de mayo de 2016

Sigrid y Murat

Para un milonguero no hay nada más emocionante que bailar con la milonguera adecuada que te sube los decibeles, te empuja y te da piolín para que te enrosques con ella en una tanda maravillosa. Por eso es tan importante que la mujer que baila tango, lo sienta íntimamente, lo disfrute en plenitud y transmita a su compañero las señas vitales para que, entre ambos, dibujen a piaccere, con sentimiento, y con las alas que parecieran tener en determinados momentos.

Horacio Sanguinetti, en su Bailarina de tango, compuesto con el violinista, director y arreglador, Oscar De la Fuente, pinta a esa milonguera con palabras exactas. La presenta con su pollera de satén y color negro, de charol y tacos altos los zapatos, y dibujando garabatos, del ritmo que se adueña, su estampa de porteña. Lo hace con trazos hímnicos y merecidos, porque siempre fueron la fuente de inspiración de los milongueros que las codiciaron y las disfrutan en la pista. Y culmina su dibujo de esta guisa:

Sigrid y Murat

Sacerdotisa del tango,                                                    
sacerdotisa sentida.
Rito es la danza en tu vida
y el tango que tú amas
te quema en su llama.

Sacerdotisa del tango,
que en los salones de rango,
bailas en brazos de un hombre
que luce el renombre
de gran bailarín.


Es siempre así y lo experimento los sábados y martes en los salones de la CASA DE ARAGÓN,a partir de las 21 horas.Y hoy traigo este tema a la página para celebrar el encuentro de esos dos grandes bailarines de tango que han confluído en pareja, al menos para sus brillantes exhibiciones. Uno y otra tenían pareja de baile, pero las rupturas inevitables ha derivado en su encuentro y uno no puede dejar de admirarlos por el savoir faire y elegancia con que se mueven.

Son Murat Erdemsel y Sigrid Van Tilbeurgh, quienes se exhiben en distintos festivales y aunque hayan nacido en Turquía y Francia, respectivamente, sus estilos  son realmente hermosos y no me canso de verlos en acción, juntos. Para arrancar en esta matina ya veraniega de Madrid, me voy al Festival de Tarbes, donde firman una gran interpretación del tango: No te apures, Carablanca, por la orquesta de Lucio Demare y el cantor Juan Carlos Miranda

                                 

Sigo viaje, para verlos en plenitud. Cada uno tiene su estilo, en el baile del tango, y hay muchos muy buenos. Ellos dos han conseguido sus formas y se han ganado al público de los Festivales. Como sucede, por ejemplo, en Estocolmo, Suecia, en la reciente primavera. Acá se mandan con La maleva, por la orquesta de Rodolfo Biagi

                                        


Y ya que estoy metido en el baile, bailo con ellos, con la imaginación, a cuenta... Ahora estoy de forma virtual en Lausana, Suiza. Y este caso acometen, para gozo del público con un valsecito: Quisiera amarte menos, por Francisco Canaro, cantando Ernesto Famá.
 .

                                   
Delicatessen.                                      

viernes, 20 de mayo de 2016

Condena

En la historia del género, hay numerosos tangos que llevan doble título. Entre otros puedo citar a El once/A divertirse. Argañaraz/Aquellas farras. Lita/Mi noche triste. La guitarrita/Qué querés con esa cara. La polla/Madreselva. Nueve puntos/Pájaro azul. La llamada/Halcón negro/Rosa de amor. 6ª del R.2/Inspiración. Nada más/Callejas solo. Y podría seguir un rato pero con estos ejemplos creo que alcanza.

Y cuento esto, porque el tango del título, perteneciente a Enrique Santos Discépolo y el pianista-director-compositor, Francisco Pracánico, fue cambiando de nombre según las circunstancias que lo rodeaban. Que no fueron exitosas en su comienzo, cuando Discépolo lo estrenó en el Teatro Argentino, en 1929. Se trataba de una compañía de espectáculos musicales encabezada por Discépolo y Pedro Maffia, y este tango se llamaba entonces: "En el cepo". Prácticamente pasó inadvertido entonces.

El propio Enrique lo explicaba, de este modo.

   -En este tango yo he querido pintar la situación de un hombre que está pobre, caído, sin recursos, no teniendo nada y ambicionándolo todo. He querido colocar a este hombre frente al mundo, viendo pasar la vida que corre, los placeres que nublan, y se retuerce en la impotencia de ver que no son para él. He visto tantas veces en la calle al hombre de traje raído, de cara desencajada, de andar medroso que ve pasar a una mujer envuelta en crujir de sedas y se muerde pensando que será de cualquier otro, menos de él. Y el automóvil que pasa brillando de insolencia y que nunca podrá ser para él.

   -Y he sentido el dolor de ese hombre que está como "en un cepo". Debatiéndose en la impotencia, en la envidia y el fracaso. Y ese enorme y concentrado dolor del hombre encadenado en su triste destino, frente a la felicidad que pasa sin tocarlo, es lo que he querido hacer llegar bien y hondo; torturadamente, pero sin llorar-

    -"En el cepo" contenía en la música y en la idea, la potencia de "Yira yira". Hacía tres años que le estaba dando vueltas. Pero no salía. Y eso que surgió, tal vez, como el más espontáneo, como el más sentido, como el más mío de mis tangos. Porque, éste sí que está inspirado en un momento de mi vida. Venía, yo, en 1927, de una gira en la que nos había ido muy mal. Y después de trabajos, fatigas, contratiempos y luchas, regresaba a Buenos Aires sin un centavo. Me encontré con mi hermano Armando -también en un mal momento- y me fuí a vivir con él a una casita de la calle Laguna (barrio de Floresta). Allí surgió Yira yira, en medio de las dificultades diarias del trabajo amargo, de la injusticia del esfuerzo que no rinde, de la sensación de que se nublan todos los horizontes. De que están cerrados todos los caminos.


En el año 1931, dirigiendo su propia orquesta, Discépolo repone su frustrado tango: En el cepo. Pero lo hizo en forma instrumental y sin título. No le encontraba la vuelta. Francisco Canaro se lo pide para grabarlo, tres años más tarde,  porque estaba necesitando material , y le pregunta entonces a Discepolín, que nombre le había puesto al tango,y éste le responde

-Vos me echaste un S.O.S en el Festival del Luna Park para que pudiera juntar fondos para irme a Europa con Tania y podés ponerle el nombre que quieras.

Estaba muy ocupado en su primer viaje a Europa, que arrancaría embarcando el 14 de diciembre de 1934, y ya no quería distraerse con nada que no fuera el viaje. Con el dinero recaudado en aquel gran festival, Discépolo y Tania tenían el dinero para estar en Europa. Le faltaban 300 pesos para los pasajes y se los prestaría Luis César Amadori (se los devolvería con propina). Aquella inolvidable noche del Luna Park, Discépolo presentó su espectáculo: Historia del tango, que duraba dos horas y dirigió una orquesta de 60 músicos que le cedieron de sus respectivas orquestas: Canaro, Lomuto, Donato y De Caro.

Canaro lo grabó entonces en forma instrumental el 16 de noviembre de 1934, con aquel título que se le escapó a Discépolo en el diálogo: S.O.S.

                                      
Canaro, Discépolo y Troilo


En el año 1937, Discépolo desarrollaría sus famosas charlas por radio y dirigiría una orquesta gigante en la que formaban jóvenes músicos como Héctor Varela y Aníbal Troilo, entre otros, para acompañar las historias. Luego se presentaría en el cine Monumental y otras salas con la orquesta y el cantor Rodríguez Lesende. En los bailes de carnaval del Teatro Colón, compartiría cartel aquel año con la jazzband de Adolfo Carabelli y grabaría varios temas para el sello Victor. En estos registros estaban tres temas suyos: Cascabel prisionero, Desencanto y Condena, sus flamantes creaciones. Éste último se desprendía de sus antiguos títulos y se encaramaba en la predilección de los porteños. Canaro con la voz de Roberto Maida y su título definitivo lo grabaría el 8 de noviembre de 1937.

                                               


 El 17 de noviembre de 1937, se estrenaba la película: Melodías porteñas,  que dirigía Luis Moglia Barth, con argumento de René Garzón y guión del director y Discépolo. A su vez, éste tendrá un papel destacado en la película, y la actriz y cantante Amanda Ledesma canta dos temas, uno de ellos es precisamente Condena. La secunda un trío dirigido desde el piano por Héctor Chupita Stamponi.

Yo quisiera saber
qué destino brutal                                                               
me condena al horror
de este infierno en que estoy...
Castigao como un vil
pa'que sufra en mi error,
el fracaso de un ansia de amor. 
Condenao al dolor
de saber pa'mi mal
que vos serás...nunca, no pa'mí...
que sos de otro y que hablar...
es no verte ya más,
es perderte pa'siempre y morir

Aquellos padeceres en el apartado barrio de Floresta, infestado de lagunas y casitas precarias, habían quedado atrás y el tango Condena había logrado al fin llegar a su exitoso destino. Les traigo dos grabaciones. La de Canaro de 1934 que tituló S.O.S. y la de Amanda Ledesma con su título definitivo.


S.O.S. - Francisco Canaro y orquesta

Amanda Ledesma - Condena