jueves, 23 de noviembre de 2017

A Mercedes

Hoy vuelvo con otro valsecito que levanta la temperatura en las pistas de baile, da mucho juego a las parejas y además de la excelente interpretación de la orquesta de Juan D'Arienzo y el brillante cantor Héctor Mauré, aúna calidades en la música y los versos. Estos últimos le pertenecen a Venancio Clauso y la hermosa melodía al violinista Hugo Gutiérrez.

Ya en otras oportunidades hemos comentado que al músico citado, algunos le atribuían autorías ajenas que firmaba por su cuenta y que en realidad eran de Vicente Geroni Flores, quien las componía y  se las vendía. A mí me suena absurda tal teoría, por la cantidad y calidad de poetas que colaboraron con él en temas exitosos. El caso de Homero Manzi, Carlos Bahr, Cátulo Castillo, Homero Expósito, por citar algunos. Y me cuesta mucho creer que tales personajes admitieran semejante trasgresión.

Hugo Gutiérrez

Se da además el caso curioso, de que Venancio Clauso, fuera quien instó reiteradamente a Hugo Gutiérrez para que se presentase a un concurso de cantores, porque además del violín se manejaba muy bien en el tema vocal. Gutiérrez , a quien conocí en el café El Águila y charlé largo rato una tarde, junto con mi amigo que era ahijado suyo, se apuntaría a dicho concurso que patrocinaba el limpiavajillas Puloil y terminaría ganándolo entre unos tres mil postulantes. Toda una hazaña.

Y hablando del autor del poema que cito en el título, aunque haya quedado relegado en las bibliografías tangueras, lo cierto es que se trató de todo un personaje, nacido en 1896, que trabajó en periodismo, en programas radiales, compuso temas para películas y se apuntó, como prolífico autor, con temas populares que hicieron camino, como La marcha nupcial (con Armando Tagini), o el valsecito Para tí madre, con música del fueye José Mocciola, exitazos ambos de De Angelis con Carlos Dante.

Venancio Juan Pedro Clauso
                                       
Además compuso con Roberto Firpo, tangos que éste llevó al disco: Mascarada, Hilacha, De madrugada, La bordadora. Incluso firmó otros con Cátulo Castillo, Osvaldo Fresedo, Tito Ribero, Enrique Rodríguez,  Maruja Pacheco Huergo, Enrique Delfino, Antonio Polito y demás. Su valsecito Clyde, en sociedad con Héctor Bates estuvo en repertorios de Fresedo, Canaro, el sexteto de Di Sarli y Carabelli.

Pero hoy quería mostrar su aptitud para pintar la imagen de un amor juvenil perdido, añorado y vivificado con ternura. Lejos de esas estampas tangueras que acusan y buscan castigar la traición y la deslealtad. Estos versos rezuman cariño, nostalgia y belleza en la acuarela del valsecito que musicalizara Hugo Gutiérrez.

Gentil figulina, sutil y graciosa,
mejillas teñidas de vivo arrebol...
Tenía las manos de nieve y de rosa,                                  
había en sus ojos destellos de sol...
Se aunaban en ella la gracia francesa,
la sangre criolla que es toda pasión,
el alma española que es toda franqueza,
todo en ella era una ensoñación.

¡Mercedes cantaba! ¡Mercedes reía!,
la gracia del cielo sembraba en redor,
sus ojos chispeantes de ingenua alegría
hablaban a mi alma de cosas de amor...
¡Mercedes!, fragante varita de nardo,
ponía en mis horas aromas de paz...
¡Mercedes!, su ausencia es un dardo
que siento en mi pecho, porfiado y tenaz...

                       


En el capítulo final de los versos se produce la despedida inesperada y la consiguiente desazón que provoca la misma. Preguntas al destino, a la vida, a las circunstancias que rodearon el triste desenlace sin remedio. Pero la evocación sigue manteniendo el tono melancólico que no despinta nunca la imagen añorada del amor perdido para siempre. Incluso hasta culpándose de no haber alcanzado el nivel ideal para ella.

Razón de mi vida, su amor y sus besos
al irse... qué lejos me siento de Dios,
perdí para siempre su dulce embeleso,
se fue sin siquiera decirme un adiós.
Tal vez fuí muy poco...tan grande era su alma,
¿adónde habrá ido su nido a construir?
con ella se fueron la dicha, la calma
y sin ella no encuentro razón de vivir.


 Juan ´D'Arienzo lo llevó al disco, en una hermosa versión, con la citada voz de Mauré, el 27 de diciembre de 1943. Con el paso del tiempo, cuarenta y siete años más tarde, sigue manteniendo incólume su atracción, tanto para bailarlo como para solazarnos escuchándolo. ¡Atenti!

A Mercedes - Juan D'Arienzo-Héctor Mauré




martes, 21 de noviembre de 2017

Bien milonga

Compás floreado de tango
que al apretarme en tus brazos,
me está encendiendo en los  labios
una palabra de amor.
Otro tango si no es tarde
para bailarlo los dos,
si son de un ritmo que late
lo mismo que un corazón.
                      Carlos Bahr

Martes a la noche, tango en BIEN MILONGA, desde las 21 horas en la Casa de Aragón de Madrid (Pza. República Argentina nº 6). Y justito hasta la medianoche, cuando ya los cuores milongueros están a tope y los remos calentitos como dos choripanes recién salidos de la parrilla. Porque la música nos exalta, nos invita y nos lanza a la pista de madera sin descanso. ¿Planchar? ¿Pero... qué es éso?

                                  


Te vamos a dar el envión correspondiente paseándonos por distintas pistas europeas, así se te hace lunga la espera hasta las 21 horas. Comienzo el yiro y  me instalo en Bari-Italia, para que disfrutes con esta pareja de fenómenos que son Sebastián Arce y Mariana Montes. Nos sorprenden una vez más con su clase y este hermoso tema que bailan: La peregrinación, de Ariel Ramírez, con pasos de tango.

                           

Acto seguido, voy a darme una vueltecita por Dinamarca, uno de los primeros países que visité en este vecchio continente, en los años sesenta. Y en el Copenhage Tango Festival vemos a esa dupla que rezuma elegancia: Murat Erdemsel y Sigrid Van Tilbeurgh. Se mueven y giran a los compases del histórico valsecito, Rosas de otoño. Lo toca la orquesta de Carlos Di Sarli y canta Alberto Podestá.


                                        

Ahora me espiro a Moscú, pero no al Kremlin, sino a un festival de gotán. Allí Ruben y Sabrina Veliz, estimulados por los acordes del  conjunto ruso Solo Tango, se exhiben con esta milonguita. ¡De prima!

                                        
¿Y? ¿Te subió la tensión? ¿Le agarró velocidad a tu cuore? Lógico, tu cuerpo pide milonga y dale el gusto que esta noche te esperamos para que te desfogues en la pista. Andiemo!      

domingo, 19 de noviembre de 2017

Carlos Figari

Fue uno de los seis pianistas titulares que tuvo Aníbal Troilo a lo largo de los 38 años al frente de su orquesta, lo que  denota la capacidad técnica y el peso de su temperamento y musicalidad dentro de la misma. Máxime si valoramos la influencia que tiene el piano en todos los conjuntos típicos. La permanencia en la formación de Pichuco durante siete exitosos años, confirma todo lo que hemos apreciado en este músico que no ha tenido la aureola de otros colegas y su presencia dentro del tango se ha ido esfumando en los tiempos, dejándolo en un injusto semi olvido.

Sin embargo, este muchachito del barrio de San Telmo, que estudió en el Conservatorio Troiani, ya mostró sus promisorias credenciales al ser convocado por Antonio Sureda para actuar en su conjunto en 1933. Carlos Alberto Figari tenía entonces apenas 16 años y ya lucía su dominio del teclado en las Matinées Callao, por LR2. Cuatro años más tarde, en otra orquesta del mismo director, seguía firme al piano, y Jorge Ortiz, que fuera luego vocalista de Biagi y Caló, era el cantor del conjunto, con su nombre real: Juan Alessio.

                               
Carlos Figari -izq-., a sus 16 años en la orquesta de Antonio Sureda
         
Figari,  con sus promisorios veinte años estaba enraizándose en el tango, que le atrajo desde niño, por los guitarreros de su barrio, las mentas de Anselmo Aieta, el crédito de San Telmo y la fuerza popular que entreveía en el género. Un directivo de la radio lo recomendaría a José García, el director de los Zorros Grises como se dió en llamar a esta conjuntada orquesta, por el color de los trajes que usaban sus músicos. Y allí fue  a marcar otra muesca en su enfilada carrera hacia objetivos mayores.

Curiosamente, si progresaba en sus objetivos musicales, no era por su impactante personalidad, sino por sus condiciones, dado que estaba dotado de una modestia algo excesiva, cosa que pude comprobar personalmente en las veces que tomé un café con él, en la Confitería Richmond de la calle Suipacha, donde ya lucía al frente de su afiatada orquesta en 1956.

                                             


El hecho de que lo convocara Ástor Piazzolla para el piano de la orquesta que dirigía acompañando a Fiorentino era la señal que evidenciaba sus dotes. Había hecho relucir su nombre y Francisco Canaro lo llamaba para reemplazos, cuando faltaba Mariano Mores, dedicado al cine.Y no era de extrañar que, al alejarse José Basso de la orquesta de Troilo, éste decidiera convocar a Figari en su reemplazo. Lo había estudiado y le parecía el indicado para llevar el instrumento tan importante en su conjunto.

Carlos Figari demostró siempre un excelente estilo conductor, madura sonoridad y excelente pulsación. Con Pichuco confluyeron manifiestas afinidades de temperamento musical y se entendieron desde el primer día. Dialogaron con frecuencia y durante los siete años que permaneció en la orquesta de Troilo, la misma grabó 96 temas. Entre ellos dos deliciosos tangos instrumentales de su autoría: A la parrilla (1949) y Tecleando (1952).

                               
Troilo y Figari preparando un tema para la orquesta

Lamentablemente fue la época en que Pichuco grababa en el sello TK  y el propio Figari me lo recordaba en una de aquellas conversas que tuvimos en la Richmond:
   -El sonido no era bueno. Discutimos mucho con los técnicos del sello. Troilo se ponía mal cuando escuchábamos los acetatos y les reconvenía, pero no había caso, no tenían los aparatos adecuados y fue una gran pena porque fueron muchos temas que se grabaron con el sonido inapropiado.

Pese a ello, fue una etapa de bastante trabajo con Troilo, en teatro, cine, radio, bailes y registros discográficos. Hasta que en abril de 1955 da el salto y se instala al frente de su orquesta, con un joven cantor Enrique Dumas, que pronto alcanzará los primeros planos. Además de la Richmond, los encontré muchos domingos en el Balneario El Ancla, de Vicente López, donde íbamos a disfrutar de las bondades del río y las instalaciones de aquel lugar. Recuerdo que Dumas iba acompañado de una bella mujer de cabello plateado.

                                    
Troilo, Figari y la yunta de cantores: Berón y Casal

La orquesta gustaba aunque no dejó muchos temas grabados, apenas veinte registros. Además de Dumas también estuvieron otros cantores como Héctor Omar y Ricardo Argentino. El conjunto lo integraron: Armando Calderaro, Marcos Madrigal, Héctor Vitale y Domingo Crego en fueyes; Carlos Arnáiz, Reynaldo Nichele, Armando Ziella, Edgardo Mataruco, Nito Farace y Rodolfo Fernández en violines; Pablo Melfi en contrabajo, Leopoldo Marafiotti cn cello, Luzzi en viola  y Figari al piano. Pajarito Calderaro también ejercía de arreglador.

Incluso Figari era requerido para acompañar a otros artistas como Edmundo Rivero o Tita Merello. Con el bajón del tango fue deshaciendo su orquesta y formando conjuntos pequeños. Así mantuvo su presencia en radio del Pueblo, acompañando con un trío a Tania, o en El Viejo Almacén, de su amigo Edmundo Rivero.
Paulatinamente fue desapareciendo de escena, pero dejó un grato testimonio entre los seguidores del tango y los músicos que lo trataron y valoraron su capacidad y humanidad.

                                     


Hoy lo traigo al Blog para recordarlo al frente de su orquesta. y escojo dos de los temas que registró: De Mariano Mores: Tanguera, grabado el 16 de octubre de 1957. Y cantando Enrique Dumas, el tango Bien jaileife, de Marinucci, Luchessi y Vicente Demarco, llevado al disco en 1955.

Tanguera - Carlos Figari

Bien jaileife - Carlos Figari-Enrique Dumas 




jueves, 9 de noviembre de 2017

¿Por qué La bordona?

ASÍ NACIÓ ESTE TANGO

   - Pienso que la esperanza de encontrar una frase musical interesante que dé la posibilidad de componer un nuevo tema, está bailoteando todos los días en la mente del compositor. Esto puede ocurrir, movido por un estado de ánimo muy especial, por sentimientos, lugares, costumbres, hechos o cosas que nos da o nos quita la vida.

   Motivado por esa circunstancia suele aparecer el tema, como ocurrió con la idea del título: "La bordona". El "cantor nacional" (Gardel, Magaldi, Corsini, etc.) acompañado por guitarristas como introducción a una milonga, estilo, o canción campera, comenzaban con una serie de acordes graves apoyados sobre una o dos notas graves pulsadas con el pulgar. Las cuerdas de ese registro, en el piano, como en la guitarra, eran bordonas.

                              
Emilio Balcarce


   Compuse entonces un bordoneo que me sirviera como introducción a una melodía con sabor nacional, también como puente para el desarrollo de la misma, desembocando luego en un tema de contraste con fuerte sabor porteño y volver de nuevo al bordoneo inicial. Por eso compuse "La bordona", bajo estos parámetros y como me lo dictaba el corazón en ese momento.

Así es como Emilio Balcarce, violinista, bandoneonista, compositor, arreglador y Director, narraba cómo diseñó esta belleza de tango que grabaría Pichuco en tres oportunidades, con el arreglo del propio Balcarce (Emilio Luis Sitano). En ese momento Balcarce integraba la orquesta de Osvaldo Pugliese, y la cosa derivó en un momento complicado para el propio Pugliese y el autor del tema, cosa que ya he tratado en este blog pero que hoy vuelvo a repetir.

                                      

   -Yo lo escribí estando con Pugliese. Un día se lo mostré y el maestro me dice:
-Está bien..., pero ¿por qué no me traés algo más tipo Si sos brujo?

Un año más tarde me lo encuentro a Troilo en un bar de Corrientes y Paraná y le comento que tengo un tanguito y que me gustaría conocer su opinión. Yo ya había orquestado temas para Pichuco, y  enseguida el Gordo lo llamó a Berlingieri y fuimos a tocar La bordona al piano de Radio Splendid.

Pichuco lo escuchó dos veces y sentenció:
-Está muy lindo,. Hágale el arreglo nomás.

   -A la semana empezaron a tocar y al mes y pico lo grabaron. Entonces, todos hablaban del tema, se escuchaba mucho.... Dos Osvaldo no me dijo nada pero yo me dí cuenta que estaba molesto por la situación, pero molesto consigo mismo. Hasta que un día me dijo: "Ahora tenés que hacer un arreglo para nosotros".

                                      

Aníbal Troilo con su orquesta lo grabó por primera vez, el 6 de mayo de 1958, sin usar su famosa goma de borrar en los arreglos y respetando la partitura tal cual la había diseñado Balcarce. Pugliese lo llevó al disco tres meses más tarde, el 6 de agosto. Y en la barra discutíamos cual de las dos había sido la mejor versión de este tangazo del hombre que estuvo 20 años en las filas de la formación de Pugliese.

Hoy les invito a esacuchar la tercera versión de La bordona que registrara Troilo con su orquesta, el 25 de abril de 1963.

La bordona - Aníbal Troilo


  

martes, 7 de noviembre de 2017

Bien milonga

     Sos de cuna humilde
     y has paseado el universo,
     sin más protocolo 
     que tu música y tus versos. 
     Para abrirte paso 
     has tenido que ser brujo,
     por tus propios medios
     lograste  tu triunfo
    Tango que sos un encanto
     hoy   vive tu canto 
     en mi corazón

Martes 7 de noviembre. Bien milonga te abre sus puertas, su encanto, su piso de madera milonguera y su ambiente posta, para que puedas hamacarte con una pareja de turno o la fija, al compás de una música que te llena el cuore y te mueve los remos. Ya sabés que en esta milonguita que hacemos en la Casa de Aragón de Madrid, de 21 a 0 horas, en la Pza, República Argentina nº 6, frente a la Plaza de los delfines, no tenés pérdida.

Acá se milonguea tupido y la selección musical está a cargo de un experto en la materia. No hay baches y la cosa pasa por exprimir la emoción de los milongueros que acuden a BIEN MILONGA y que conocen por propia experiencia cómo se acarician los cuores de los bailarines, empujándolos en la pista con una selección imperdible e impagable.

                                      

Y para ir calentando motores con vista a la velada noctámbula, me doy una passegiatta por las milongas del mundo, donde se rinde culto a esta danza y a esta música, que han capturado los corazones de tantos milongueros.


Por ejemplo, me planto en la milonga "I Portici", de Bologna-Italia, donde podemos apreciar bailando a la pareja integrada por Cesira Micheli y Giovanni Eredia. En este caso se lucen con el valsecito Dichas que viví, por la orquesta de Rodolfo Biagi, cantando Andrés Falgás.

                                                                      

Sigo viaje. Me tomo el buque rumbo a Taipei, la ciudad más poblada de China. Y el yiro merece la pena porque me encuentro allí, en el Festival  de dicha  localidad, a Javier Rodríguez y Fátima Vitale.  Dos de primera...Podemos apreciarlos en su salsa, cuando se mandan con la milonga  Por la huella, también por la orquesta de Biagi, pero esta vez, cantando Carlos Saavedra.



Como me gusta apuntar alto, recalo otra vez en Italia. Pero cambio el paisaje y rumbeo en ritornello hacia  Catania, pleno Sicilia. Estamos en el Catania Tango Festival y nada menos que la pareja integrada por Murat Erdemsel y Sigrid Van Tilbeurgh, nos brindan una bella exhibición. Bailan el tango Una vez, por la Orquesta Típica Victor, donde canta Ortega del Cerro.



 

No me dirás que no te dí manivela para atraerte como un imán a Bien milonga esta noche... Te esperamos, dale...

lunes, 6 de noviembre de 2017

Francisco Gorrindo

Este poeta que afincó su obra en el tango, dejó páginas de verdadero impacto popular, y muchas de ellas siguen goteando sobre las calles porteñas. Incluso ahora, con la expansión bailable del género, también abren trocha en temas que orquestas como las de D'Arienzo y Biagi, dejaron buriladas en registros milongueros al mango. Por ello, y aunque su nombre no tenga la resonancia de otros colegas, es importante destacar la fuerza vital de algunos de sus tangos.

El caso de Las cuarenta, un tango atado al palenque de las obras de larga duración, por la polenta de sus versos y la emoción y experiencia que aflora en los mismos. El guitarrista Roberto Grela, le puso música a la poesía de Gorrindo en 1936 y a comienzos del 37, Azucena Maizani con su potente voz dramática lo estrenaba entre grandes aplausos en el teatro Nacional. Francisco Lomuto con su cantor Jorge Omar también lo instaló rápidamente en el gusto popular.

                          
Francisco Gorrindo


Julio Jorge Nelson, con quien tuve una linda relación luego que fuera mi jurado en el programa "Odol pregunta", contaba cierta historia sobre este  tango, que hablaba de un incesto entre hermanos, con el embarazo de la chica y la tragedia familiar que ello desencadenó, en La Plata. Según esta versión, Nelson se la transmitió a Gorrindo y éste lo llevó al verso que haría furor. Es posible, dado que en todo cancionero, muchos temas llevan una historia real escondida en los mismos.

Gorrindo vivió siempre en la localidad bonaerense de Quilmes, donde nació,  y aunque iba seguido a Buenos Aires, nunca dejó su barrio y viajaba los 20 kilómetros que lo separaban de la Capital Federal, nocheando y pasando muchos momentos con los amigos que le granjeó el tango. Como Juan D'Arienzo y los músicos de su orquesta. Con ellos creó temas que incorporó con gran éxito el Rey del compás a su  repertorio, llevándolos al disco con mucha fortuna.

                                       

Los casos de Dos guitas y Paciencia que firmó con el propio D'Arienzo. Éste último lo dejaría el director en el disco tres veces, con Enrique Carbel, Alberto Echagüe y Horacio Palma. Con Domingo Moro, bandoneonista de D'Arienzo, compusieron otro golazo: Ansiedad, grabado por la orquesta y la voz de Echagüe. Con Juan Polito, el pianista, firmaron La bruja, otro acierto de Alberto Echagüe. Con Rodolfo Biagi, de quien sería gran amigo, hicieron Magdala, que fue la primera grabación de Armando Laborde con D'Arienzo. Agustín Magaldi también grabó Paciencia.

La sociedad con Biagi le permitió a Gorrindo disfrutar de otros éxitos como Gólgota, Por tener un corazón, Perdón, todos grabados por el pianista de San Telmo, además de Magdala que también lo registró con la voz de Jorge Ortiz. Con Ricardo Tanturi firmó La vida es corta, con el cual se luciera Alberto Castillo y que sigue siendo carne de milongas. Franciso Lomuto musicalizó otro de su grandes aciertos que tuvo largo recorrido en el repertorio de orquestas y cantantes: Mala suerte. Con Enrique Rodríguez, crearon el tango Dejame ser así, grabado por la orquesta del autor de la música, cantando el Chato Flores. Y por supuesto, dejó otras obras firmadas que tuvieron difusión. Entre ellas las primeras, que le grabaría Mercedes Simone. Como la hermosa canción: Verano que compuso Gorrindo con Joaquín Mauricio Mora.

Quizás en Dejame ser así, le estuviera mandando un mensaje de vida a su novia, Emma Lepanti.

Yo soy como los cardos del potrero
curtido por los vientos y del sol,
pero también capaces de dar flores, 
dejame seguir siendo como soy.

                             

Precisamente ella, que sería su esposa y madre de los tres hijos del matrimonio, a su muerte lo definía como "muy, pero muy desordenado con respecto a su producción... Lo mismo le sucedió con los discos, se los fue regalando a sus amigos..." Lo cierto es que Gorrindo fue un bohemio, descendiente de abuelos navarros del Valle del Roncal, que hizo sólo la escuela primaria, pero leyó mucho, perdió pronto a su padre, cantó en serenatas, fue adicto a la lectura, escribió muchos versos, y murió a los 55 años, aquejado de  cáncer, dejando un tendal de amigos y una hermosa familia.

Hoy lo recuerdo musicalmente en dos temas. Primero escuchamos Magdala, cantado por Héctor Mauré, acompañado por la orquesta de Jorge Dragone, en una grabación de 1971. Y Por tener un corazón, por Rodolfo Biagi, su orquesta y Hugo Duval, grabado el 4 de octubre de 1951.

Las cuarenta - Héctor Mauré

Por tener un corazón - Rodolfo Biagi-Hugo Duval



sábado, 4 de noviembre de 2017

Paisaje

Homero Manzi y Sebastián Piana, como Cobián-Cadícamo o Aieta-García Jiménez, tienen en común haberse constituído, también, en una dupla que con su alquimia sembraron en la historia del tango páginas hermosas, perdurables, imprescindibles. El pescante, Esquinas porteñas, Mano blanca, Volverás pero cuando, Buenos Aires colina chata, Pajarito ciego, Ay de mí, De barro, Canto de ayer, Serenata gaucha, Viejo ciego, Tango,  Dale dale, De ayer a hoy, Juan Manuel,  Noches provincianas son algunas de las muchas obras que crearon con sus respectivos talentos cohesionados.

Y toda esa ristra de milongas que hicieron camino y engrasaron el ingreso de las mismas en el vademécum tanguero  y en las pistas de baile: Milonga sentimental, Milonga de Puente Alsina, Milonga de los fortines, Mañanera, Betinotti, Milonga del 900, Milonga triste, Pena mulata, Papá Baltasar, Carnavalera. Todas verdaderos modelos del género, del cual supieron ser escuela y resuenan en ellas  los ecos más extremos de su obra: la elegía y el ropaje instrumental que definió las formas definitivas de la milonga porteña.

Homero Manzi
Sebastián Piana
Pero hoy me vuelco con este valsecito que reúne todos los ingredientes necesarios como para atraparnos y hacernos girar, embelesados en la pista, o escuchándolo en la vitrola. Es del año cuarenta y tres y Homero, el poeta, le canta a un cuadro colgado en la pared. Un cuadro que representa un paisaje y que está estrechamente vinculado a su peripecia sentimental. En el tango es muy frecuente este ingrediente, pero también en otros géneros musicales, porque se trata del  amor, nada más y nada menos, en sus distintas facetas. Y Manzi lo refleja mirando el cuadro que compró en una tarde.

Te compré una tarde, paisaje lejano,
el marco dorado y el tema otoñal,
Te colgué en el muro, frente a su retrato,
frente a su retrato que ya no está más.
Es tal vez por eso que recién me angustian
tu tono velado, tu sombra, tu gris,
tu cielo techado de nubes y bruma,
tu parque llorando con lluvia de abril.

La sombra de Dorian Grey asoma en los versos de Manzi que musicalizaría Piana. En cierto modo podría interpretarse como un reconocimiento del poeta a la pintura y a los pintores. Que le sirven, a la vez,  para poder expresar sus sentimientos amorosos, ésos que Homero plasmó en tantos temas inmortales y decisivos en las letras de tango.

¿Quién será, quién será
que en tu tela pintó
la quietud otoñal del pinar?...
¿Y esa luz de olvido,
y el confín perdido,
y el camino herido de azul
y la soledad?...

¿Quién será que una vez
te encontró como sos
y logró comprender tu color?...
¿Qué alma, qué alma buena
vió la pena, pena,
de la nube gris,
del camino azul,
del dolor de abril?...

                                       


Uno se imagina la sombra de una rama que se está moviendo como una aguja de reloj sobre la hierba en la inmovilidad del tiempo, la ilusión que se degrada en tedio, el amor que está empezando a ser mimado por la indiferencia. Cada comparación, cada metáfora, afilada de poesía,  ilumina la escena y los pormenores de los personajes, con el chasquido exacto de un disparo fotográfico. Como en el cuadro otoñal que describe Manzi.

Soledad de nadie colgada del muro,
hoy sé que mi vida lo mismo que vos,
sólo es un paisaje lejano y oscuro
sin plata de ensueño, sin oro de amor.
Somos..., sí, lo mismo, con igual destino...
garúa borrosa de un día de abril.
Un nido vacío y un viejo camino
y un aire de ausencia muy triste y muy gris.

Hermosa parábola dibujada por el poeta de Añatuya, que Sebastián Piana aderezó con música de valsecito y que llevaría al disco Pedro Laurenz con su orquesta y la voz de un jovencito (19 años) Alberto Podestá, el 6 de agosto de 1943. Existe también una genial versión de Lidia Borda y Ariel Ardit con la orquesta El arranque, realizada en vivo, que vale la pena verla, escucharla, una y otra vez. Van las dos.

Paisaje - Pedro Laurenz-Alberto Podestá