miércoles, 23 de abril de 2014

El Cachafaz

Sus mentas de bailarín trascendieron a su tiempo y siempre se lo recuerda, aunque no haya documentos fílmicos que lo muestren en plenitud. Apenas un par de apariciones brevísimas en las películas Tango (1933), y Carnavales de antaño (1940). En la primera baila con una jovencita Carmencita Calderón y en la otra dirigida por Manuel Romero, con Sofía Bozán, que no era bailarina.

Con esa costumbre tan porteña de poner apodos a la muchachada, a él lo simbolizaron con ese vocablo que allá se usa para definir al descarado o pícaro. Y su pinta lo ayudó para el mote. Como El Tigre Millán ("Picao de viruela, bastante morocho, / encrespao el pelo lo mismo que mota") que definiera Francisco Canaro, este hombre de Boedo, hijo de francés y cordobesa, criado en un conventillo de Independencia y Boedo, cargaba con esos rasgos.

                                           


Como todo personaje que ingresa en el marco de la leyenda, muchas de las cosas que se cuentan sobre sus hazañas, orillan el umbral de lo agrandado o deformado. Se dice que en el barrio solía armar líos y crearle problemas a sus padres. Pero quienes han vivido en el sur porteño, en aquellos infrahumanos falansterios, conocen las humoradas y picardías que las barras de muchachos urdían para mejorar las tristes vidas que sobrellevaban sus progenitores. 

Es fácil imaginar que Ovidio José Bianquet -su nombre- no tuvo profesores de tango más que la mescolanza con los más grandes para urdir pasos y seguir las melodías de aquellos tangos iniciáticos ya que en 1900, él tenía apenas 15 años. Y sacaba todo con gran facilidad. Época tumultuosa, que Francisco Canaro en sus Memorias, recuerda así:

                                           


-Al independizarme de Vicente Greco, formé un terceto con José Martínez como pianista y Pedro Polito en el bandoneón. Con este flamante conjunto debuté en el teatro Olimpo, situado en la calle Pueyrredón 1461. En 1915 la sala se transformó en Academia de Baile, donde se abonaba diez centavos por pieza para bailar y, al efecto, la Empresa, para dar mayor ambiente a su finalidad tenía contratadas varias bailarinas. (...)
Concurría con suma frecuencia a los bailes del Olimpo un personaje que ya gozaba de cierta popularidad: Benito Bianquet "El Cachafaz" (n. de la r: lo de Ovidio es otra muesca para su leyenda), a quien no se le cobraba la entrada, porque era una verdadera atracción; cuando él bailaba, la concurrencia entusiasmada le formaba rueda y él se floreaba a gusto haciendo derroche en las figuras del típico tango de arrabal. Puede decirse sin temor a hipérbole, que "El Cachafaz" fue indiscutiblemente el mejor y más completo bailarín de tango de su tiempo. No tuvo maestro de baile, su propia intuición fue la mejor escuela de su estilo. Era perfecto en su porte, elegante y justo en sus movimientos, el de mejor compás, en una palabra. El Cachafaz , en el tango, fue lo que Carlitos Gardel como cantor: un creador; y ambos no han tenido sucesores, sino imitadores.

                                           
El Cachafaz con Sofía Bozán

  Está claro que Pirincho no fue bailarín y que esta exégesis debemos tomarla como propio de alguien que admira algo que no domina, pero no olvidemos que con el tiempo, Canaro siempre tendría en su espectáculo a parejas de bailarines como Miguel Bucino y su compañera, Lalo y Julia Bello, etc.
Carmen Micaela Riso de Cancelieri, más conocida por Carmencita Calderón (apellido de su abuela materna) formó con El Cachafaz, el dúo más taquillero de su época. Debutaron con la orquesta de Pedro Maffia en el Teatro de San Fernando y con Francisco Canaro desfilaron en los escenarios de numerosas provincias y países.

Cuando hablé con ella y la pinché a propósito  diciéndole que había bailarines mejores que El Cacha, saltó como leche hervida.
-¡Por favor, no diga eso! El cacha fue el más grande de todos. Nadie puso inventar tantos pasos como él. Y ninguno igualó su elegancia.
El Cacha le llevaba 16 años de diferencia,  la trataba de usted y le presentaría en "su oficina" -una mesa del Café de Corrientes y Talcahuano-, a Carlos Gardel, Enrique Muiño, Elías Alippi, Tito Lusiardo y otras figuras de la época. Fue su última pareja. Bailaron juntos casi 10 años y Bianquet entraría definitvamente en la leyenda el 7 de febrero de 1942, cuando cayó víctica de un síncope cardíaco, en su camarín del Rancho Grande de Mar del Plata, apenas momentos después de haber bailado en el escenario el tango Don Juan, con ella. Tenía 57 años.

El Cacha con Carmencita Calderón
En su curriculum estiban numerosas anécdotas de todo calibre. Incluso viajes a Estados Unidos y Europa para dar clases, todo un adelantado en ese sentido. Alguna vez conté que el autor de tantos tangos famosos, Santiago Adamini, era también milonguero y en una oportunidad, estando ambos en una sala de baile, el Cachafaz le dijo que andaba "mal de fondos". Adamini que llegaría a ser presidente de SADAIC, fue a ver a Anselmo Aieta y le pidió que lo incluyera al Cacha como compositor de Tras cartón, un tango que acaban de componer entre ambos, para que se ganara unos pesos. Aieta accedió de inmediato y enseguida lo grabarían Francisco Canaro en forma instrumental y Carlos Gardel, para ayudarlo.

Y para terminar esta semblanza del Cachafaz, voy con otro recuerdo de Canaro de los años 15/16.

                                     


-Los sábados y domingos pasábamos a tocar en un salón de baile de la calle Granada (Hoy Boulogne Sur Mer), entre Viamonte y Tucumán y donde ganábamos cinco pesos cada uno. Luego se puso difícil y pasamos a ganar cuatro pesos por noche; pero nosotros seguimos tocando a pesar de que, además de trabajar arriesgábamos  la vida, porque en esos locales de baile era frecuente que se armaran broncas descomunales.  Precisamente, recuerdo  que una noche hallándose en una mesa El Cachafaz con "El Paisanito" y otros amigos, apareció otro bailarín de tango, "El Rengo Cotongo, guapo el hombre y según decían de averías y de mal vivir; lo acompañaban otros sujetos de pinta no muy recomendable, quienes se se ubicaron en una mesa próxima a la de El Cachafaz. El Rengo Cotongo traía también a su compañera de baile. 

-Empezaron a beber en ambas mesas, y entre baile y baile lanzaban indirectas alusivas a El Cachafaz, y se originó un desafío. Querían dilucidar y dejar sentado cuál de los los dos era mejor bailarín. Se concretó la apuesta y el primero en salir a bailar fue El Rengo, quien pidió que tocasen El entrerriano. El apodo le venía porque rengueaba de una pierna, pero en realidad bailando no se notaba la renguera (...) Salió el famoso Rengo haciendo filigranas, aclamado por la barra que lo acompañaba y por los contertulios que simpatizaban con él y terminó la pieza entre grandes aplausos.

...Y le tocó a Cachafaz, quien pidió que tocasen "El  choclo". Salió con su garbo varonil y con su postura elegante haciendo con los pies tan maravillosas "fiorituras" que sólo faltaba que pusiera su nombre, pero dibujó sus iniciales entre atronadores aplausos y "vivas". Al verse El Rengo y sus compinches desairados en su desafío, ahí nomás empezaron a menudear los tiros y se armó la de San Quintín. En medio del barullo nosotros no sentíamos más que el ¡Pim, paf..pum!... y las balas pegaban en las chapas de hierro que cubrían la baranda del palco donde nosotros tocábamos, viéndonos obligados a echar cuerpo a tierra hata que amainó el escándalo con la presencia de la policía que arreó con todo el mundo a la comisaría...

Y podemos ver esta escasa secuencia donde baila El Cachafaz con Carmencita en la película Tango, entre otros parejas, con el estilo de entonces.

                                    


lunes, 21 de abril de 2014

El tano Puglisi

Fue una figura familiar en la orquesta de Juan D'Arienzo, con esos largos solos y el sonido que emitía su violín conocido como "la vaca" en el ambiente. Sus solos los reservaba D'Arienzo para las tesituras graves, y aunque para los expertos se reducía notablemente su talento, y era la contrafigura de lo que él había aspirado como músico maravillosamente dotado; para los bailarines, esa mezcla con los staccattos de los bandoneones y la marcación permanente del piano, nos parecía genial.

Claro, los milongueros tenemos un prisma distinto para medir la temperatura musical de las orquestas y así como para algunos hay conjuntos que no nos mueven a levantarnos de la silla, hay otros que nos sacan a empujones. Y el de D'Arienzo fue uno de ellos. Incluso ese rumor del "violín mojado", tan utilizado por sus violines,  induce sabiamente e influye en los movimientos de la pareja.

A la izquierda de D'Arienzo, festejando el cumpleaños de éste.
Cayetano Puglisi nació en Messina (Sicilia, Italia) y fue el mayor de tres hermanos dedicados todos a la música desde niños. Tenía siete años cuando su familia llegó a Buenos Aires como inmigrantes pobres. Y siguió estudiando música con el maestro Carlos Pessina, como lo hacía en su país natal. A los doce años recibió una beca del diario La Prensa, para perfeccionarse en Europa, pero los avatares de la Primera Guerra Mundial, torcieron su destino. Y afortunadamente para el tango, porque con apenas trece años, el pequeño violinista ya tocaba en bares de la Boca. Y en un trío infantil que completaban Carlos Marcucci en bandoneón y Pedro Almirón al piano, siempre en horarios vespertinos.

                                         

El tano Puglisi siempre estuvo encuadrado entre los críticos y sus colegas como un evolucionista y lo encaraman en el podio de los más dotados y estudiosos. Elvino Vardaro, que compartió filas de violines con él en la orquesta de Firpo, y fue gran amigo suyo,  nos decía un día en radio El Mundo, en un programa que yo compartía con Antonio Carrizo. "El problema que tuvo fue que con D'Arienzo siempre ganó muy buen dinero y eso le permitió tener una vida digna. Al fin de cuentas el inmigrante siente esa necesidad de tener siempre los pies bien apoyados. Pero no era la música que él hubiera querido hacer".

                                 

Roberto Firpo, gran figura del tango en su época, lo vio en el Café Iglesias y se enamoró de sus cualidades. Tenía apenas 14 años y su estatura lo hacía incluso menor. Al alejarse Ferrazzano de la orquesta, Puglisi ya pintaba para primer violín, toda una hazaña, cosa que haría a sus dieciseis años.  Y Firpo le dedicaría su tango "El talento", patentizando la admiración que sentía por él. Lo llamaría Enrique Delfino para unas grabaciones y también Francisco Canaro. Con la anuencia de Firpo tocaba en ambas orquestas a la vez.

Repentinamente Firpo decide dejar un tiempo el tango para dedicarse a las finanzas y con los elementos de su disuelta orquesta, Puglisi arma un Sexteto que graba en la Victor y actúa en el Maipú Pigall. Integraban ese sexteto evolucionista: Luis Cosenza al piano, Federico Scorticati y Pascual Storti (luego Domingo Triguero) en bandoneones, Puglisi -director- y Octavio Scaglione en los violines, y su hermano menor José Puglisi en contrabajo.

                                     


Ese conjunto tenía un sentido totalmente distinto a aquellos en los cuales había intervenido, un sonido decareano que mereció los plácemes del ambiente. Duraría apenas dos años esta formación, aunque dejaría su sello indeleble en el surco y la necesidad le hizo regresar a la orquesta de Canaro con quien permanecería tres años. En 1934 formaría nueva orquesta en la cual estaban elementos como Orlando Goñi al piano, Alfredo Calabró y Toto Rodríguez en los fueyes, Mauricio Mise y Juan Bianchi junto a él en la fila de violines, y Antonio Rodríguez Lesende era el cantor.

Como no pudo entrar en las grabadoras deshizo esta orquesta y fue pasando por las filas de Cobián, integró con éste y Ciriaco Ortiz el Trío Número uno, fue músico estable de radio El Mundo y también tocó en la orquesta de Julio De Caro. Sería en 1940 al irse todos los músicos de D'Arienzo para ponerse bajo la dirección del pianista Juan Polito, cuando el Rey del compás forma nueva orquesta y lo convoca a Puglisi para la misma.

Ciriaco Ortiz, Juan Carlos Cobián y Cayetano Puglisi
Nada menos que 28 años estuvo este fenomenal violinista en la orquesta triunfadora de DÁrienzo. Y aunque no compartiera las premisas musicales del director, supo amoldarse a la misma con la humildad que siempre lo caracterizó y así lo vimos en infinidad de milongas y actuaciones. Cuando daba el paso al frente para efectuar esos solos que minimizaban su talento, los milongueros veíamos crecer su pequeña figura y agigantarse con el instrumento.

                              
Hoy lo traigo del recuerdo con dos temas del Sexteto que dirigió entre 1928 y 1930. El tango de Vicente Gorrese y Bernardo Germino: Criolla linda y de Gerardo Matos Rodríguez: La cumparsita, versión en la cual buceará luego D'Arienzo. Ojo al piojo. Ambas grabaciones son del año 1929.

03- Criolla linda - Sexteto Puglisi

01- La cumparsita- Sexteto Puglisi




domingo, 20 de abril de 2014

Redención

Es una hermosa página de Alfredo Gobbi, que lamentablemente, nunca llegó a grabar con su orquesta. Existe una grabación suya en solo de piano, que fuentes fiables dicen que está realizada sin conocimiento suyo. Está tomada en Radio El Mundo en una época en que Gobbi había entrado en un profundo misticismo y se le escucha decir que lo dedica a Jesús de Nazareth.

Alfredo Gobbi tocaba y componía también en el piano
                                   
-Tocaba el piano con tres dedos y sonaban cosas bellísimas -dijo Piazzolla-, como un valsecito que me había dedicado a mí. También tuve una enorme desgracia, porque una vez Alfredo vino hasta mi casa, yo no estaba, y me dejó la música de ese vals por debajo de la puerta, escrito de manera primaria, con lápiz. Cuando la encontré empecé a estudiarla, la analizaba, y pensaba para mí: qué belleza, cómo me gustaría componer como este hombre. La desgracia fue haber perdido esa hoja, nunca me lo voy a perdonar. Al poco tiempo, murió. Fue enconces cuando yo escribí "Retrato de Alfredo Gobbi".


Hace unos años la historiadora Nélida Rouchetto le dejó a Ignacio Varchausky, contrabajista, productor musical y fundador de la Orquesta El arranque, la partitura de ese tango: Redención. Se la había entregado a ella Mario Demarco, que fuera primer bandoneón de Gobbi y arreglador del tema. "Cuidala mucho que es un tesoro",  le dijo Demarco a  Nélida

Uno de los primeros temas que grabó Piazzolla con su Quinteto en 1961, fue precisamente Redención. Integraban el mismo, Piazzolla en bandoneón, dirección y arreglos; Jaime Gosis en piano; Oscar López Ruiz en guitarra, Elvino Vardaro en violín y Quicho Díaz en contrabajo.

                                               

-Él vino hasta los estudios de la RCA el día de la grabación -proseguía Piazzolla refiriéndose a Gobbi-, y le gustó mucho mi versión, porque le respeté hasta los solos de bandoneón. Que haya incluido ese tema en mi primer LP con el Quinteto no es casualidad. Para mí Alfredo fue el padre de todos nosotros, los que hicimos el tango moderno.  Fue un gran intuitivo, pero escribía arreglos muy interesantes. Yo digo siempre que Gobbi le inculcó el estilo a Pugliese y Pugliese le inculcó el suyo a Gobbi, y de ese ir y venir nacen todas las cosas lindas de la década del treinta, que van a explotar después en el cuarenta.

Yo tengo una versión radial grabada de Redención por Alfredo Gobbi con su orquesta y también la del solo de piano. Pero les dejo la del Quinteto de Piazzolla que nos muestra toda la capacidad creadora de ese bohemio genial que fue Alfredito Gobbi.

-10- Redención - Ástor Piazzolla -Quinteto




viernes, 18 de abril de 2014

José González Castillo

 San Juan y Boedo de hace mucho tiempo. Allí, frente a la casa de Don José González Castillo, estaban las chapas de un teatro popular y, más allá, las pantallas de los primeros cinematógrafos suburbanos y también los bares con palco a ras del suelo desde donde ágíles dedos trepaban por las escalas del bandoneón hasta llegar al tango.

 San Juan y Boedo de hace mucho tiempo, y José González Castillo mirando desde la esquina hacia ninguna parte.¡Claro! desde la barranca se presentía, hacia el sur, la presencia de Pompeya y de Puente Alsina, con sus curtiembres y sus chimeneas y sus inundaciones; y, hacia el Norte, el último pedazo de Almagro, escenario propicio de José Betinotti, el pequeño muchacho zapatero que inventó, vaya a saberse cómo, la primera canción de Buenos Aires; y al otro lado, Cochabamba arriba, las calles anchas y las quintas y las copas altas de los árboles y hasta retazos de alfalfares misteriosos; y por San Juan, ganando al río, el San Cristóbal bravo, lleno de mostradores y de escudos de comité y de canchas de taba y de pedanas a cuchillo, para la esgrima canalla y temeraria.
                                       

 Y a los cuatro rumbos, casas sin salas, y corredores profundos, y huecos sembrados de vidrios y de latas viejas, y hombres traídos por los mares, y mujeres con pañuelos atados a la cabeza, y muchachos argentinos que estaban plasmando, sin saberlo, al hijo nuevo de la patria vieja. Y, sin duda, este mismo cielo de hoy y esta misma noche y las estrellas de siempre y el mismo calor de barrio, un poco vida pobre y otro poco pintura de sainete.

 Boedo era entonces algo así como un paso pesado que diera Puente Alsina para llegar al centro. González Castillo comenzó a querer ese barrio cuando sus disfrazados carnavales traían rodajas y versadas en chatas de cuatro riendas, y cuando las ideas y las banderas rojas, en una confusa esperanza de justicia, salían en busca de la redención negadas, y cuando hasta sus escenarios llegaban nombres de la ciudad iluminada -Pablo y Orfilia Rico-, y cuando las guitarras ardían en milongas y cuando comenzaban a rodar los tangos de Pacho desde sus cafetines.

                                       

  Tal vez ningún hombre, ni hoy ni nunca, vuelva a pasearse cómodamente por las calles de Boedo como González Castillo. Tal vez nadie consiga dominar sus múltiples facetas como él lo hiciera. No sé cómo llegó a sus calles ni he intentado saberlo, pero un día ancló en el barrio ese pesado andar de su talento, y los chicos y las mujeres y los ladrones y los estudiosos y los obreros supimos que Boedo había encontrado a su poeta, a su dramaturgo, a su inspirador, a su amigo. Tal vez la adolescente amistad con las guitarras -Curlando, Gabino, Cazón y Betinotti- le dieron ese ángulo de estética criolla que muy pocos consiguen. Tal vez las noches del café de "Los Inmortales" -Carriego, Darío, Charles Soussens, Florencio- amoldaron sus formas, su filosofía. Tal vez las plataformas abigarradas de los tranvías que atravesaban el ocaso, púlpitos de la picardía, acercaron su corazón hasta la tolerancia comprensiva del pecado ajeno. Tal vez la pobre gente que quedó sin destino en medio del fracaso fue la que entregó el tema de las primeras obras que eran también protestas.

                                                       


 Así, hecho hombre, atravesando la carne cotidiana y vulgar de los que sufren, llegó a los libros grandes de los grandes y a la hora de su página alta. Pero el tránsito sobre las llagas y la tensión heroica de la lucha,  de la protesta, de la indignación, fatigaron su pulso y, como renunciando a la gloria mayor que ya tenía, fue reduciendo día a día sus ambiciones hasta acomodar sus horizontes a la geografía humilde del barrio que no habrá de olvidarlo.

 Así lo encontró mi amistad de muchacho asombrado y lo siguió mi admiración. Así lo cultivé hasta la última hora, viéndolo trabajar en su Universidad de Boedo, o en la Peña Pachacamac, desparramando cultura a lo Sarmiento y empujando la vocación teatral de los humildes que llegaban hasta su prestigio con hambre en la boca y en el corazón.

 Y luego, cuando el barrio dormía y apenas si las luces de los barrios nocturnos lo veían volver hasta su casa, iba, debemos creerlo, tejiendo los versos de los cantares que entregaba al uso de la gente con la secreta intención de que, a través de ellos, aprendieran a mirar el cielo, y los callejones, y los faroles y esas lunas sangrientas del verano que se hundían detrás del decorado de los conventillos.

 En ese viaje nocturno y desolado de su alma, lo solíamos encontrar sus amigos más jóvenes, que éramos también amigos de Cátulo, su hijo, boxeador y estudiante, y lo acompañábamos hasta la puerta, ante la cual hablábamos de la vida y del arte con pasión de muchachos; y él rejuvenecía a propósito, para mezclarse humildemente con nuestras esperanzas.

Cátulo y su padre en España
 Hace once años que ha muerto. La noticia me encontró frente a la máquina de escribir de una revista porteña y, de pronto, como impulsado por el deber, sin que nadie me lo pidiera, le hice la despedida necrológica.

 Mientras mis dedos golpeaban en las teclas heladas, comenzaron a desfilar por mi alma las cosas que él más quiso: su calle, sus obras, sus versos populares y sus hijos -Cátulo Gema y Hugo-. Los tres heredaron lo que él tenía adentro, la fortuna de su corazón: Gema la bailarina, continuó su pasión por los escenarios; Hugo, la humildad permanente de su amistoso corazón sencillo y Cátulo, este querido Cátulo de nuestra generación, su sed de saberlo todo y su amor por el verso que canta y ennoblece, que evoca y fija, que descubre y que exalta. Por ese verso auténtico que se eterniza en el preciso instante en que lo silban las esquinas y lo musitan los labios del pueblo.

                                    

 ¡José González Castillo! La antorcha de tu alma, fraccionado en la realidad de tres antorchas, prosigue iluminando en ellos tres, que prolongan tus sueños y tu sangre y que al cumplirse en esa filial tarea justifican tu enorme amor de padre y de poeta, que fue una misma cosa, porque era el mismo amor.
                                                                                    Homero Manzi, 1º de abril de 1949.

Y para completar esta maravillosa semblanza de Hombero sobre este gran hombre de la cultura, les dejo dos tangos de su autoría. Papel picado, con música de su hijo Cátulo, que grabó Ricardo Tanturi con la voz de Osvaldo Ribó, el 26 de enero de 1948. Y de González Castillo con Sebastián Piana, Sobre el pucho, grabado por Francisco Rotundo cantando Floreal Ruiz, el 10 de setiembre de 1951.

13- Papel picado- R. Tanturi-O.Ribó

Sobre el pucho- Francisco Rotundo-Floreal Ruiz




miércoles, 16 de abril de 2014

La Valentina y el Burlesque Tango

Bajo este rótulo un tanto ambiguo se esconde una explosión de juvenilia que se inserta en las filas del tango, sin provenir del rock ni de otros géneros all'uso nostro. Son seis jóvenes capitaneados por la cantante que trae del pasado algunos fantasmas y los hace revivir en su interpretación.

Valentina (Odriozola) tiene mucha frescura, dones artísticos y una vis cómica sumamente atractiva, que recibe la respuesta positiva del público. Ese desenfado para recrear antiguos  temas que galvanizaron a Tita Merello, a la Bozán, a Ada Falcón o Nelly Omar encuentran en esta joven a una convincente discípula que ya ha cosechado aplausos entusiastas en países como Venezuela, Colombia o Uruguay, y también en la misma Buenos Aires y lugares del interior.

                                                

Los músicos que la acompañan no son mancos aunque estriben también en ese estilo arrabalero y a veces murguero, que le da un color especial al conjunto. Gastón Goldberg y Adrián Massara son los guitarristas del elenco. Ambos con estudios superiores y que ya han compartido escenarios con profesionales de alto nivel. Daniel Moggio es el violín. Egresado como maestro de la escuela de Música Juan Pedro Esnaola, además de actuar, es docente. Gabriela Nieto toca el violoncello: profesora, pianista, egresó con nota del Conservatorio Superior de Música de la Ciudad de Buenos Aires "Ástor Piazzolla". Y el percusionista Nicolás Moggio hace un poco de todo y estudió batería con José Wilkys.

                                                       

Volviendo a La Valentina, ella misma me cuenta que: "El tango me gustó desde pequeña, desde que un cassette de Carlos Gardel llegó a mis manos. Inmediatamente me puse a cantar todos los tangos que escuchaba. Y los repetía una y otra vez..., a veces la única interrupción eran los guisos humeantes de mi abuela. O los partidos de carta y trucos con mis abuelos.

-El grupo comienza como un trío: Dos guitarras, Matías y Gastón y la voz: una "sotreta" como diría mi abuela. Comenzamos a sacar un repertorio de tangos al terminar el colegio y entramos a tocar en lugares para la familia y los amigos, en principio.

                               


-Con el transcurso del tiempo se fueron sumando compañeros al grupo: Gabriela en cello, Lisandro en guitarra, Daniel en violín, y fuimos ampliando el repertorio. Ya no eran sólo tangos de Gardel, sino que descubrí a la gran Tita. Y ella me ayudó a atravesar muchas barreras. Su personalidad, su lucha, y te aseguro que soy más resistente que resistida.

-Finalmente el grupo creció, tuvimos la suerte de embarcarnos a otros países donde nos recibieron con mucho amor y pasión. Y logramos grabar el primer disco de La Valentina y el Burlesque Tango. Lo presentamos en todos lados durante el 2013, culminando el cierre en diciembre, en el Teatro del Viejo Mercado, en la mítica zona del Abasto donde seguramente tantas veces Gardel y Tira habrán compartido huellas.

-En lo personal estoy orgullosa de estar acompañada por mis compañeros músicos, por tanta gente de todas las edades y géneros que se acerca a nuestros shows a darnos su aliento. Y a la vez, de poder transitar este camino con alegría y pasión.... El futuro será otra historia.

                                          
Por lo pronto el tango no la ha apartado de sus estudios y se ha recibido de abogada. Pero no creo que de momento ejerza tal función. El tango la ha atrapado fuerte, ha estudiado canto con tres profesoras destacadas y el resto lo hacen su vocación, su lealtad al arrabal, al cacho de suburbio que aún palpita en algunas zonas, el tono, la dicción barrial, los modos naturales del género y el sabor de una época.

Confieso que me gustan el estilo y el desenfado. El tiempo irá haciendo el resto. Pero vale la pena abrirle un crédito a esta muchacha y a los jóvenes músicos que le dan el pie justo para que calce su interpretación.Al fin, todos los tangos hacen el tango, porque la tanguedad nunca se da entera, decía el maestro José Gobello.

Podemos ver a valentina en Arrabalera, el tango de Sebastián Piana y Cátulo Castillo, como lo hacía en 2008.



Y más acá en este especie de milonga-candombe, que homenajea a un barrio porteño: Balvanera. Está compuesto por los integrantes del conjunto, y es un video clip grabado en la Plaza 1º de mayo, en el cual también interviene el cantor Nico Favio. Les dejo el enlace:


Burlesque Tango BALVANERA - YouTube

www.youtube.com/watch?v=Qt1xEouJt48
17/11/2013 - Subido por Burlesque Tango
La Valentina y el Burlesque Tango junto a NICO FAVIO "BALVANERA" - VIDEO Dirección/edición: Diego ..

Y finalmente la/los disfrutamos en Se dice de mí, la milonga de Francisco Canaro e Ivo Pelay. Vale la pena.



                                     


                                                                              
                     

martes, 15 de abril de 2014

Carlos Dante

Fue otra de las celebridades tangueras que emergieron del porteño barrio de Boedo para trascender no sólo en la calle Corrientes que diplomaba definitvamente a los artistas populares, sino incluso en Europa. Hacia allí viajaría empujado por Francisco Canaro para que se enrolara en la orquesta de su hermano Rafael, que era una especie de sucursal de las de Pirincho.

De estilo sobriamente expresivo, con mucha musicalidad en su característica voz de tenor, el barrio le dió los fundamentos y la expresión que requiere este género, dado que se necesita calle para abordar el tango y varios vecinos suyos como los Caló, los Canaro y otros, supieron rápidamente de sus cualidades canoras.

                                                 

Cuando D'Arienzo lo recibió en su incipiente orquesta por indicación de la grabadora, apenas contaba 22 años y ya había estado cantando con Francisco Pracánico, con Pedro Maffia, con Aieta y otros músicos y guitarreros. Incluso dejaría su sello en el surco grabando con el acompañamiento de guitarras. Lo suyo era apenas un esbozo, porque no estaba muy seguro de que llegaría a destacado profesional del canto, y por ello dudaba entre ser futbolista -y tenía condiciones-  o seguir los estudios, de noche en el Colegio Carlos Pellegrini.

De repente la manivela del destino, y Francisco Canaro lo escucha en la orquesta de Maffia y le habla para viajar a Francia donde tenía varias orquestas que conducían sus hermanos Rafael, Juan y Mario. El mismo Dante recordaría que como estaba de novio con  Celia Alonso -que sería su compañera eterna en la vida-, y permanecería en Europa seis meses, decidieron casarse y viajaron juntos a París en una inolvidable luna de miel y trabajo.

En esa época Europa era un mercado que reclamaba tangos y la voz de Dante se hizo conocer en en el Empire de París, donde Gardel había dejado una huella imborrable. Después Niza, España (allí grabaría 36 temas), Lisboa, Berlín, Atenas y otras ciudades cercanas. Los seis meses de contrato se fueron extendiendo casi hasta los cuatro años, en que de acuerdo con su esposa, decidieron que la experiencia había sido maravillosa en todo sentido pero ya extrañaban Buenos Aires y decidieron regresar en barco como final de una aventura inolvidable.

                               


Y en 1933 ya estaba Carlos Dante Testori (que se había quitado el apellido para adoptar su nombre artístico) otra vez con su amigo del barrio, Miguel Caló, actuando en salas céntricas,  grabando con Francisco Canaro y hasta formando dúo con Pedro Noda, que había sido compañero de dupla con Agustín Magaldi, a sugerencia de Agustín Irusta. No pasaría gran cosa en este terreno y pensando en alargar la familia, se buscó un trabajo bien remunerado en YPF y decidió dejar el canto, con el cual no había logrado consolidar una posición económica..

Entonces se produce un hecho fundamental en su vida. Alfredo De Angelis, se estaba convirtiendo en todo un capo del tango con su orquesta, y recordaba que lo había conocido a Dante en un teatro de Lanús, donde habían establecido una amistad. Se había ido Floreal Ruiz de la orquesta y De Angelis le pidió a Néstor Rodi -su presentador y glosista- que lo fuera a buscar a Dante a su casa para incorporarlo a su triunfal formación.

Carlos Dante, Alfredo De Angelis y Julio Martel
Finalmente Rodi logar establecer contacto con Carlos, que cuando escucha la oferta de éste, responde
-Oiga, ¿usted me está cargando?...
Entonces Rodi le insistió que De Angelis lo quería para su orquesta y ante las dudas y las reticencias de Dante para volver a moverse artísticamente en la noche, a sus 38 años de edad, para terminar de ablandarlo, el Director le propuso un pacto: Hacer un contrato de tres meses y si no estaba conforme, se iba. Y así volvería al canto para realizar la mejor etapa de su carrera. El pacto de tres meses se alargó a ¡trece años! No sólo fue la mejor parte de su vida artística, sino además la que le permitió cumplir el sueño de la casa propia, un hermoso chalet en el barrio Naon de Mataderos, y el abrazo estremecedor de su público en el recordado Glostora Tango Club.

                                         

Mi gran amigo y excelente cantor de Alfredo De Angelis, entre otros conjuntos, Roberto Mancini, me dice que Dante, como Gardel, sacó lo mejor de sí mismo en su última etapa artística. O sea, creció como cantor. Es probable que De Angelis haya tenido mucho que ver en ello porque le hizo cambiar el registro (Se nota en la interpretación de Remembranzas) y supo hacer florecer todo su talento interpretativo. Una afinación perfecta, gran profesionalidad y estilo propio. Decía el Director que a veces le costaba un poco agarrar la melodía, pero cuando la tenía no la perdía jamás. Ni le recordaba un furcio, ni que olvidase la letra. Un profesional ejemplar.

                                      
Con Julio Martel fonformaron el mejor dúo que existió en el tango. Todos los temas que interpretaron en yunta (Martel subió un poco más el tono, a sugerencia de De Angelis), constituyeron éxitos impresionantes que cantaron y bailaron il tout Buenos Aires. Luego, con la salida de Martel, repetiría dupla con Oscar Larroca, pero fue muy distinto, aunque siguieron vendiendo a  lo loco. Carlos Dante dejó con la orquesta de Alfredo De Ángelis nada menos que 139 composiciones. Una colección maestra sobre cómo interpretar el tango. Y luego diría: "me retiré a tiempo". Efectivamente, había hecho historia y fue a disfrutar su jubilación en familia y con miles de recuerdos imborrables. Aunque siguió actuando esporádicamente porque lo requerían de todas partes y numerosos músicos.

La época de los grandes éxitos de De Angelis-Dante-Martel
Vamos a recordar  a este maestro y caballero del tango en dos temas con la Orquesta de Alfredo De Angelis: Para qué te quiero tanto, de Juan Larenza y Cátulo Castillo, grabado el 13 de noviembre de 1945. Y Para mí lo mismo da, de Alberto y Eduardo Talian y Santiago Adamini, registrado el 29 de marzo de 1946.

Para qué te quiero tanto - De Angelis-Dante

Para mí lo mismo da - De Angelis- Dante


lunes, 14 de abril de 2014

Dioni d'Amaral

O acaso aquel romance / que solo nombra / cuando se pone triste / con el alcohol...

Esta extremeña nacida en La Mancha española como Dionisia Gómez Amelia,  pero criada en ese pedazo de tierra que linda con Portugal y Andalucía, comenzó a cantar tangos en el 2000. Había regresado a su país el argentino que la había enamorado en Extremadura y le dejó impregnados todos esos sentimientos que genera el tango y que bucean en el desamor.

Más, muchísimo más extrañan mis manos extrañan mis manos tus manos amantes...

                            

En realidad, ella se había preparado para otra cosa ya que cosechó una vasta cultura y es doctora en geomorfología, lo que la llevó a impartir sus conocimientos en diversos congresos internacionales del género. Su madre portuguesa, le transmitió su cariño por el fado y su padre los entresijos de la copla andaluza. La música la llevaba puesta y cantar era un pasatiempo necesario para su alma. Incluso comenzó a cantar el tango con un grupo español, en el que fungía un acordeón en lugar del bandoneón. Y recuerda que su primera interpretación fué el recitado de Apología del tango.

¿Por qué / me atormento por vos / y mi angustia por vos / es peor cada vez?...

                                       
Anclada en Buenos Aires, instalada en un departamento del barrio de Palermo, decide cantar y contar las imágenes que el tango atesora con fidelidad de crónica, sobre todo  cuando narra las peripecias del desamor. Coincide con su paisano Ramón Gómez de la Serna, en el momento en que éste "siente que el tango merece respirarse, que él no se conforma con menos y que, cuando te atrapa, nada puedes hacer para defenderte..."


La abandoné y no sabía / que el corazón me engañaba / y hoy que la vengo a buscar / ya no la puedo encontrar... /¡A dónde iré sin su amor!

                                   
Así aprendió a mirar, a amasar sus ganas, y su representación del tango pasa a ser el resultado de una necesidad expresiva. Secundada por las guitarras de Jorge Caruso y Guillermo Martel (apellidos bien tangueros), más el bandoneón de Alejandro Guerschberg, descubre que el desgarro del tango, de la copla andaluza y el flamenco mismo, han abrevado en una misma fuente nutricia: la del dolor y el desengaño. Y entonces saca un disco "Malquerer de tango y copla", en 2012, donde mezcla tangos acoplados con coplas tangueadas. El quejío que brota de su garganta, lo lleva en su venas y en el resultado final convergen los protagonistas del pasado convertidos en fantasmas.

Hoy estarás / como nunca lejos mío, / lejos de tanto llorar...

                            
Confiesa que le apasiona la historia del tango y su imaginario y ha indagado en su larga historia. Todo ello la lleva a participar en tertulias y congresos donde se discute desde la raíz, la fuerza de su música y lo tremendo de una poesía que  ha cautivado a gente del mundo entero. Sobre todo percute en él  una drástica melancolía por todo aquello que se lleva el paso del tiempo.

Vamos a escucharla en el tango de José María Contursi y Armando Pontier: Tabaco. Y en el vals de Homero y Virgilio Expósito: Absurdo.

05- Tabaco - Dioni d'Amaral

14- Absurdo - Dioni d'Amaral