jueves, 23 de mayo de 2019

UN MILLÓN DE VISITAS...


Son las que acaban de completar en mi Blog: Tangos al Bardo. Una página que comencé a escribir el 25 de febrero de 2012, un poco a la bartola, hasta que vi que la posibilidad de contribuir no sólo a la difusión del tango en su conjunto (Música, verso, baile), sino también como una contribución a mi experiencia tan importante sobre el género. Porque en mi vida he conocido a grandes personajes del Tango, he bailado en vivo con las orquestas de lujo que embellecieron y eternizaron esta música en registros discográficos que siguen alimentando la pasión milonguera, ahora en los puntos más increíbles de este Planeta tierra y después de tantos años sigo militando en sus filas.

¡Y lo que les costó! Porque los baches que ha tenido en su historia el tango, obligaron a desintegrarse a aquellos maravillosos conjuntos, cada uno con su sello personal, su estilo, su marca registrada. En mi época de chiquilín lo mamé a través de la radio, que era la gran compañera de las familias, cuando no existía aún la televisión. Había numerosos programas radiofónicos en los cuales se hablaba de tango y se escuchaban los temas. Mi hermano era fanático de D’Arienzo y del cuarteto de Roberto Firpo que sintonizaba por las mañanas en radio del Pueblo, en un programa que conducían Roberto Palazón y Alcira Muso.

Y recuerdo otras emisoras donde estaban Julio Jorge Nelson (“El éxito de cada orquesta”) en radio Mitre, Antonio Cantó, Roberto Pozzi (buen amigo) en radio Libertad, Roberto Casinelli, Juan Zucchelli, Roberto Giménez, Leonel Godoy y tantos otros que desfilaban por los micrófonos y nos deleitaban con historias, anécdotas y la música. En los barrios había cantores aficionados, fueyes y guitarreros orejeros, que siempre se prendían en fiestas que se celebraban en los patios de aquellas casas con emparrado a la entrada y muchas macetas con plantas florecidas. Algunas veces los muchachos grandes de la barra llevaban aquella vitrola portátil a las cuales había que darles manija, a la plaza del barrio, y ponían tangos, milongas y valsecitos sentados en la hierba. Mi hermano aportaba un par de álbumes y así podían estar dos o tres horas, con los comentarios de rigor. Porque eran hinchas de orquestas y cantores, como si se tratara de equipos de fútbol y siempre terminaban discutiendo.
Yo me crié en ese clima. Un muchacho más grande que yo, a quien encontré en el colectivo y con quien jugaba en el equipo del barrio, de regreso a casa, me dijo un día:
-Hoy ensayamos en el Charleston entre los muchachos para la milonga, ¿Por qué te no te apuntás?
El Chárleston quedaba en 50 metros de casa, al lado de Transportes Rabbione, de la calle Uspallata. Y esa noche debuté en el baile de tango. Tuve que hacer la parte de mujer, que me explicaron pacientemente hasta que la aprendí tan bien, que varios querían usarme de pareja para practicar pasos. Cuando ya dominaba los movimientos acompañantes, pasé a “llevar” y aprendí la técnica y tantos secretos… Así era como se aprendía a bailar en los años cincuenta, con los mayores. De ahí viene esa errada afirmación de que los hombres bailaban entre ellos. Quien vivió aquella época, sabe que abrazarse entre hombres, besarse como se estila hoy día, era imposible en aquella época. Máxime cuando más atrás aún, los hombres usaban sombrero para salir a la calle, para ir a fiestas, a salones y para bailar.  ¿Cómo iban a bailar dos hombres, con sombrero y abrazados? Es no conocer lo que era el porteño de entonces.

                                                                                                                                                        
Incluso, se ignora que fue Aníbal Troilo quien fue implantando, sin quererlo, esa costumbre del beso en la mejilla a la gente de la noche que se le acercaba. Pichuco era sumamente respetuoso -lo he comprobado varias veces personalmente-, pero su manera de saludar a los amigos era con un abrazo y un beso en la mejilla. Y todo el mundo de la noche lo aceptaba por tratarse de Troilo. Pasaron años hasta que esa costumbre se fue transmitiendo entre la gente de la noche, tangueros casi todos y con el paso de los años llegó a la calle, a los campos de fútbol donde los jugadores se daban un beso al saludar o al festejar un gol. La televisión hizo el resto y hoy día se ha extendido a distintos campos del mundo, como algo natural.

Los locutores radiales tenían una costumbre que para mí fue vital. Cuando anunciaban un tango, o después de finalizado, no sólo daban el nombre del mismo, la orquesta, el cantor, si lo hubiera, sino también el o los autores del mismo. Y de tanto escucharlos se me fue pegando. Y como mi hermano compraba revistas de tango que había entonces: El Cantaclaro, La canción moderna, Cantando, Sintonía, El alma que canta, etc., también me quedaban las letras, anécdotas, historias y demás. Y un día utilizaría todo ese material memorizado.

Alrededor de mi casa había varios clubes de barrio, que eran el refugio de la juventud. El Alianza, Uspallata, Parque Patricios. En estas pistas comencé a foguearme de pibe. Los sábados solían exponer una obra teatral, por un grupo de aficionados y al finalizar, “Gran Baile Social”, donde se fraguaban noviazgos, romances y demás. Fue como mi plataforma de lanzamiento. Incluso, cuando necesitábamos mostrar nuevos avances milongueros, tenía la plataforma ideal: El Club Atlético Huracán, en la Avenida Caseros, frente al Parque Patricios, que tenía una sede Social espectacular. Para mí fue una de las mejores milongas de los años cincuenta, y ojo, que recorrí muchas, las más conocidas. Por su escenario desfilaron todas las grandes orquestas de tango: Pugliese (el que más veces actuó), D’Arienzo, Troilo, Di Sarli, Gobbi y otras. Las siete grandes noches de carnaval-siete, fueron espectaculares con unas mil personas bailando en las varias pistas del club, a las típica y jazz. Allí aprendí que había que “obtener diploma” para bailar con las mejores. Y empecé de abajo, como se debe, hasta llegar a milonguear con las “diosas” del club. En el salón grande bailaban los mejores y en el salón chico (eran enormes) los menos hábiles. Era algo natural, nadie lo programaba.

Me llama la atención que se hable tango de los clubes de Saavedra y Villa Urquiza y se deje de lado a un Club como Huracán, donde iban los jóvenes Gloria Y Eduardo, Juan Carlos Copes, Teté, Tim, y tantísimos milongueros y milongueras de todos los barrios. Con la barra no faltábamos a la milonga con grabaciones de los domingos a la noche. Y cuando se anunciaba la presencia de una gran orquesta en día sábado nos preparábamos con mucho mimo para estar bien empilchados y pasar una velada de ésas que se recuerdan. Una de las costumbres era copiar algunos pasos que habíamos descubierto en otros milongueros y después, salir de la milonga y quedarnos practicando con los muchachos en la esquina del barrio, bajo el farol de la esquina, de madrugada, hasta que lo sacábamos y lo incorporábamos a nuestro repertorio. Así llegué a tener un arsenal impresionante de figuras, que con el tiempo fue borrando de mi memoria quedándome con las justas para bailar con pasión y estilo.

Los muchachos más grandes se iban poniendo de novios, desertaban de la barra milonguera, de los partidos de fútbol y como dice el tango “me largué por esos barrios a encarnar el espinel”. Comencé a recorrer clubes y a bailar en todas partes, yendo sólo, con una fiebre tremenda. La lista es muy larga. Puedo nombrar: Social Rivadavia, Premier, Oeste, Terremoto de Barracas, Villa Malcom, Fulgor de Villa Crespo, Estrella de Oriente, Sportivo Pereyra, Palacio Rivadavia, Pista de Lima, Barracas Central y un largo etcétera. También en el Palacio de las Flores, Centro Asturiano, Unione e Benevolenza, Centro Lucense de Olivos… Después debuté en las Confiterías del Centro. Montecarlo fue mi preferida. Con el flaco Morán y la orquesta de Armando Cupo. Con Tito Martín y Mario Cardy y su trompeta. Anduve por la Nóbel, la Dominó, Novelty y otras. Hasta que las milongas fueron desapareciendo lenta pero firmemente…

Fue cuando llegó la invasión del rock, después también el bolero, el mambo y diferentes ritmos y el tango fue bajando su listón. Pero yo lo llevaba como abrojito prendido. Un día escribí una carta a los organizadores de “Odol Pregunta”, ofreciéndome a concursar sobre la historia del tango. Me llamó el que llevaba el tema, un anticuario, le caí bien y me mandó a ver a Julio Jorge Nelson en radio Mitre para que me tomara una prueba. Entre tango y tango, cuando se pasaban los avisos comerciales salía fuera del estudio y me acribillaba a preguntas. Pasé la prueba, me felicitó y me dijo: “Por mí, vas seguro al programa”. Y así fue. En esa época dirigía el programa televisivo de enorme audiencia, Augusto Bonardo. Cacho Fontana era el locutor comercial.  En la primera tanda debí responder 5 preguntas. En la segunda: 4. Empezaron a venir los coleccionistas, gente de muchas partes y me invitaban a sus casas, sorprendidos de que un muchachito joven supiera de tango. Me traspasaron conocimientos, datos, me regalaron un par de libros. Y yo seguía progresando… Un día vino a mi casa el anticuario que me había tomado y me dijo que se retiraba porque habían designado a otro director, en la Agencia y me deseó toda la suerte del mundo.

El nuevo director me llamó a la agencia y me dijo que venía de Estados Unidos, me contó una historia y me dijo que me convenía tomar el dinero que había ganado y retirarme porque desde el próximo programa él iba a crear un concurso sobre Gardel y no podían haber dos temas de tango. Decidí seguir… total. Allí conocí a Francisco García Jiménez que era el jurado de las preguntas sobre Gardel y pude conversar un rato largo con él. Resultado, me hicieron una pregunta capciosa que no podía tener una respuesta firme, no daba lugar y me eliminaron aunque me quedé con la mitad de lo que llevaba ganado. Fue una trampa vergonzosa. Me hicieron reportajes en revistas y en programas radiales como el de Zucchelli. Muchos años más tarde un amigo me recomendó en Madrid a una persona que venía a vender la fibra óptica y que por favor lo atendiera. Anduve tres días con él, se le veía mal por la ropa que llevaba y un día le dije: ¿Vos no te acordás de mí?  Me miró una y otra vez y puso cara de no conocerme realmente. Cuando le dije que yo era el que él había eliminado de “Odol pregunta” se quiso morir. No lo podía creer y me pidió mil disculpas. Y dio la casualidad que yo ya era periodista y Jefe de deportes en canal 9, entre otras cosas cuando Odol decidió patrocinas una serie semanal. “Boca Juniors contra un equipo del interior”. Y Podolsky, el dueño de Odol firmó para que yo fuera el presentador, relator, comentarista… Cosas de la vida…

                                                                                                                                                 
Con Chupita Stamponi en Madrid
Al tango lo seguí como oyente. Iba mucho a Caño 14 y tuve buena relación con Aníbal Troilo, con Rubén Juárez, con mucha gente del tango, como Rodolfo Lesica, Raúl Lavié, Julio Camilloni, Manolo Sucher, Enrique Francini, Carlitos Almada, Chupita Stamponi, Biagi,  Miguel Bucino, Alfredo Bigeschi (compañero en “La Razón”), Ángel D’Agostino, Alberto Castillo, Libertad Lamarque (La traje a Madrid para un homenaje), Enrique Campos, Ángel Cárdenas, Horacio Ferrer y tantos otros. Y sobre todo Alfredito Gobbi que me cobijó bajo sus alas y me regaló su generosa amistad. O Roberto Mancini, casi un hermano para mí. Recorrí mundo como periodista y me encontré con gente del tango: Attadía, Raúl Iriarte, Antonio Rodio, Armando Moreno, Fontán Luna, Jorge Vidal. Estuve con Pugliese en Madrid y en Buenos Aires. Con Beba, su hija, entrañable amiga. Incluso bailé con ella en la capital de España. Con Edmundo Rivero estuve en la radio y en Mónaco. Comí un par de veces con Cátulo Castillo y Tony Carrizo, cuando trabajé en Radio el Mundo con este último. En mi porgrama de radio desfilaron varios de ellos así como Julio De Caro (Me regaló su libro biográfico dedicado), Piazzolla  y más.

Con Ariel Ardit
Mi alianza con el tango  viene de muy atrás y cuando volvió con todo, en los años noventa del siglo pasado, me desboqué y bailé durante horas y horas en Buenos Aires. Viajaba seguido y me recorría las principales milongas. Sobre todo Almagro y Niño bien. Era amigo de Osvaldo Zotto, a quien presenté en un espectáculo y con Miguel Ángel nos fue uniendo también una gran amistad. Incluso prologó mi libro: “La llamada del Tango -Una danza mágica”. Lo cierto es la lista de grandes amigos que me dejó el tango, es interminable. Y paro de nombrar porque siempre me dejaré alguno en el tintero. Cuando tenía 18 años yo era el que pasaba la música cuando organizábamos en el club un festival para comprar equipos de fútbol.  Y lo sigo haciendo ahora en Bien Milonga desde hace seis años y en otras que he tenido en Madrid. Para mí es muy fácil porque lo llevo en el cuore y en la memoria y me es fácil seleccionar lo más bailable y los que son ideales para escuchar. Y quiero dejar bien claro que jamás existieron el Tango milonguero, Tango de salón y todos los apelativos que se le han adosado ahora. Era simplemente Tango. No era lo mismo bailar en un salón grande, de club, que en el reducido de confitería, por la estrechez de éste. Pero no cambiaba de nombre, jamás. Se bailaba distinto, con poquitos pasos, en los boliches del centro, porque no había espacio, hasta la madrugada. Al que llamábamos tango “liso” sin figuras era el que se bailaba en los estratos sociales altos, porque no dominaban las figuras y para no desentonar en su ambiente y convertirse en “milongueros”, que durante años fue sinónimo de vagos, atorrantes y demás caricaturas. Los que le ponen apellido al tango, actualmente lo hacen con fines publicitarios, simplemente o por desconocimiento y repetición. Eso sí, lo que se llamaba antes “tango fantasía”, en exhibiciones, hoy se denomina “tango escenario”, y es otra cosa. Y, ¡ojo! los discjockeys de aquellos años gloriosos eran seres invisibles. Jamás los veíamos ni sabíamos quienes eran. Pero no fallaban. Conocían los secretos de las milongas y los yeites de cada orquesta.

Y así, a vuela pluma, cuento mi historia tanguera, paralela a otras de mi vida para explicarle a todos los que frecuentan este Blog, que hoy llega al milón de visitas, nada menos, con 1657 notas publicadas, porqué puedo hablar de tango, que es una parte importante de mi existencia y porque intento transmitir mis vivencias y la información que poseo, de muchos estudiosos, a todos aquellos que buscan conectarse con las raíces y con la realidad del tango. Porque lo he vivido, lo he escuchado, lo he bailado entre aquellas multitudes del cincuenta, donde se circulaba con mucho orden y respeto. Todos aquellos códigos los mamamos a rajatabla. Y quizás como consecuencia de una experiencia real y madurada, hoy tengo un millón de visitas en TANGOS AL BARDO:

martes, 21 de mayo de 2019

BIEN MILONGA

   Pero escuchá, fijate bien
   prestale mucha atención,
   y ahora batí si hay algo igual
   a este compás compadrón.
   Batí por dios, si este compás
   repicadito y dulzón,
   no burbujea en la piel
   y te hace más querendón.
           Rodolfo M. Taboada


Martes 21 de mayo, día para reeditar las entrañables veladas milongueras en la Casa de Aragón -Madrid. Allí donde BIEN MILONGA te recibe desde hace seis años, para que le dés máquina a tu cuore y a tus remos, desde las 21 a las 0 horas, con la música que selecciono especialmente con esa finalidad.


Vamos a viajar un poquito y de paso cañaso, vemos cómo se mueven las actuales parejas de tango en distintos salones del ancho mundo. Así vamos preparando el balero para el ritual noctámbulo.

Por ejemplo,  nos piramos a Seúl, la capital surcoreana, donde nos encontramos a la dupla Magdalena Gutiérrez-Germán Ballejo, que se manda en  una exhibición bailando el tango Mi tango triste, por la orquesta de Aníbal Troilo, cantando Alberto Marino.

                              
 El siguiente desembarco es en Londres. Allí, en el corazón de Inglaterra, están Los Totis -Virginia Gómez y Christian Márquez- que giran con garbo al compás del valsecito Irene, por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Walter Cabral.

                                     
La última parada es en Moscú, epicentro de Rusia. En este caso son los cordobeses Jonathan Saavedra y Clarisa Aragón los que se lucen con la música de la orquesta rusa Solo tango en esta milonga: Arrabalera, al estilo del Quinteto Pirincho.

                                       
Y no me digás que no te estoy dando manivela para esta nochecita del martes...                                                          

domingo, 19 de mayo de 2019

Luis Rubistein

¡Qué personajes albergó el tango! Lo remarco teniendo en cuenta, entre tantos otros, la personalidad, facundia y versatilidad de Rubistein, para desempeñar tareas dispares y tan productivas para él y para artistas, inversores y para el pueblo, que canturreó y silbó sus temas. Y además, con el agregado de que tres de sus hermanos: Oscar (Oscar Rubens), Mauricio (Maury) y Elías (Elías Randall), también incursionaron el tango y en el caso de Oscar y Elías dejaron páginas de éxito continuado.

Eran hijos de una humildísima familia de origen judío, provenientes de Ekaterinoslav, en Ucrania.  Ante la ola de antisemitismo que invadía Europa huyeron a la Argentina y se establecieron en la Capital. Llegarían a Buenos Aires con 3 hijas. ´El padre era un modesto zapatero remendón y se afincaron en un conventillo del barrio de San Cristóbal. Nunca imaginarían que tendrían siete hijos más, cuatro de los cuales se dedicarían con éxito al tango.

 El apellido original era Rubinstein, pero el exceso de trabajo en el puerto de Buenos Aires que no daba abasto recibiendo barcos de inmigrantes de toda Europa,  hizo que a numerosas personas recién arribadas, algunas con papeles deteriorados, les cambiarían, por error,  el nombre original. Luis se crió en la calle, ejerció diversos oficios transitorios, fue expulsado del colegio y le gustaba cantar. Lo hizo en algunos tabladillos, el Parque Goal, donde a sus once años llegó a ser nombrado como El Petit Gardel. Y de paso gambeteaba su condición de tratamudo. Incluso llegó a cantar brevemente con D'Arienzo a los 17 años..

A sus 18, aprovechó que había conocido a Anselmo Aieta en un café de la Corrientes angosta, se ganó su amistad y  el "Brujo del fueye" se lo llevó a vivir en una habitación que le sobraba.  Luis le dió unos versos para que les pusiera música. Aquel primer tango suyo se llamó: Estoy borracha, que estrenó y grabó Rosita Quiroga en 1926. A partir de ese momento no cesó nunca de crear tangos con diferentes compositores o con música propia, pese a no conocer los secretos del pentagrama.

Guillermo Barbieri, el guitarrista de Gardel quiso enseñarle a pulsar la guitarra, y más tarde intentó lo mismo Ángel Greco, pero no era esa su vocación. Parecía que le falta tiempo para lograr sus metas, entre los trabajos, la bohemia y la falta de sueño.  En 1930, Carlos Gardel le dio un empujón a su faz poética, grabándole el tema que compuso con el bandoneonista Juan Bautista Guido: Tarde gris, acompañado por sus guitarristas Aguilar, Barbieri y Riverol. Incluso a pedido del propio Gardel, le hizo los versos -a su manera- para las canciones extranjeras:Yo beso vuestra mano, señora y Amor pagano, que el cantor llevó al disco.

Una muestra de su talento innato queda demostrada en el hecho de que logró entrar como periodista en la revista La canción moderna, que luego se transformaría en Radiolandia y llegó a dirigir Sintonía, una revista  dedicada a la radio y el tango. Al fallecer su padre, se convertiría en el Jefe de la familia y estando ya instalados en la calle Tejedor, del bajo Flores, resuelve crear allí una Academia artística, a la cual le dedicaría grandes esfuerzos y finalmente se trasladarían a la Avenida Callao 420, pleno centro porteño.

La misma pasaría a llamarse PAADI (Primera Academia Argentina de Interpretación. Había descubierto a un jovencito tocando la pianola en el Balneario Municipal y lo contrató como profesor de piano. Sería en el futuro Mariano Mores, que compondría el Trío con Myrna Mores  -sería su esposa- y la hermana de ésta, y adoptaría el apellido artistico de ella.
                                                                                                                 

Eva Duarte, Luis Sandrini, Tita Merello, Mercedes Simone, Carmen Duval, las mellizas Legrand, Aída Luz, músicos, artistas, cantores, desfilaron por dicha Academia. Sus hermanos comenzaron a escribir tangos que tenían eco popular, y entonces decidió fundar la Editorial Select que funcionaría en el mismo edificio de Callao y en la cual editaban sus obras todos ellos. Fue incluso, uno de los fundadores de SADAIC con Canaro, Lomuto y otros, para defender los derechos de los autores.

Y mientras tanto seguía componiendo temas a toda máquina. Conoció a la que sería su bella esposa en un corso de carnaval, se casaron a los 3 meses, muy al estilo dinámico de Luis y le dedicó un par de temas. Entre ellos: En tus ojos de cielo, que musicalizó Osmar Maderna y que sería un exitazo en la versión de Raúl Berón con Miguel Caló. Cuando empezó a ganar dinero se compró un piso en la calle Bulnes por el que  desfilaban todos sus amigos. No había orquesta ni cantor que no tuviera un tema suyo en su repertorio. Incluso la pegó con los versos que le puso al tango Inspiración, por una apuesta que hizo con Pedro Maffia y que grabaron Agustín Magaldi y Libertad Lamarque.

 Entre su impresionante cantidad de temas exitosos podemos citar al voleo: Charlemos, Yo también, Rosa de tango,  Castigo, Ya sale el tren, Dominio, Ciego, Serenata, Carnaval de mi barrio, Jamás, El último adiós, Gitana, Tu perro pekinés, Olvido, No me lo digas, Un amor, Plomo, Dos ojos tristes,  Mentiras, Cuatro palabras, Si tu quisieras, Dos palabras por favor, Cautivo, Morena, Igual que ayer, Venganza, Criolla linda, Marion, Ya lo ves, Rebelión, Celos, Nada más, Cadenas, De Antaño y una extensísima lista. Muchos de estos temas llevan letra y música suyas. Y también la firma de  compositores como Mores, Caló, Bruni, Pracánico, Ricardo Malerba, Donato, Visca, D'Arienzo, Scorticati,  Rodio, Juan Polito, Platerotti, Vardaro, De la Fuente, Antonio Polito, Scianmarella, Enrique Rodríguez, Maurano, Baliotti, Alfredo Malerba, Attadía, Kaplún, Aieta y tantos otros.

Un día descubrió que en aquella gran película Gilda, con Rita Hayworth y Glenn Ford, habrían plagiado el tema suyo y de Pracánico: Si tú quisieras. Pensó en hacerle juicio a la productora yanqui Columbia Pictures. Muchos amigos le aconsejaron que no lo hiciera, porque no tendría chance alguna de ganarlo y sin embargo, lo hizo. Se jugó. ¡Y lo ganó! 

De repente comenzó a sentirse mal y no mejoraba. Se realizó unas radiografías del tórax y se las llevó a su amigo, el prestigioso doctor Finochieto. Le dijo que era de un primo suyo y le pidió su opinión-
-Tumor típico, canceroso... le pueden quedar dos años de vida -sentenció el médico

Con una entereza tremenda, cerró PAADI y montó nueva empresa: LUIS RUBISTEIN Y COMPAÑÍA. Aprovechando su gran condición de vendedor y su simpatía, como justo estallaba el boom de venta de lotes y terrenos, comenzó a comprar y revenderlos en parcelas y en muy poco tiempo cosechó muchísimo dinero. A los dos años le encontraron un tumor en el cerebro. Intentaron operarlo sin éxito y sólo pudo habitar 15 días en su nueva casa de Callao 353. Al lado compró un departamento para su hermano Elías.

Luis Rubistein con su esposa y sus hijos Elena y Tito

Les dejó una fortuna a su mujer y dos hijos, Tito y Elena.  Elena, entrañable amiga mía, me contaba que  su padre, antes de fallecer, les había dejado dos cartas para cada uno de ellos, y que un día las descubrió de casualidad, a la muerte de su madre..  "Fue como un fogonazo, una verdadera conmoción". Luis Rubistein tenía 46 años cuando falleció y también nos dejó su legado a todos los tangueros                                                    




viernes, 17 de mayo de 2019

Pedacito de cielo

Esta belleza de valsecito me trae tantos recuerdos, tanta nostalgia de mi infancia. Vivíamos en una de aquellas casas abiertas, con vistas al cielo y el toldo para mitigar el sol del estío. La vecina de al lado cantaba cuando estaba en la pileta lavando ropa o cubertería y tenía una voz hermosa, para mi oreja de chiquilín. Los tangos  estaban flotando en el aire a través de la radio, pero ella me acariciaba el cuore cuando cantaba Yuyo verde o este valsecito..


Homero Expósito con su paleta mágica y la música de dos fenómenos como Enrique Francini y Chupita Stamponi lograron este impacto en 1942. Que se hizo viral en las interpretaciones de Troilo-Fiore o Caló-Podestá. Y revivió en  la remake del Polaco Goyeneche acompañado por la orquesta de Atilio Stampone  O de Salgán-Rivero.. Los tres amigos que llegaron de Zárate y Campana, con sus alforjas llenas de sentimiento, pasión y sentido poético y musical, a la Capital,  firmaron una página que se eterniza en las emisoras radiales y en el bagaje discográficos de los disc jockeys que seleccionan los temas milongueros en las pistas del mundo.

Ese gran escritor y filósofo que fue Ernesto Sábato desmenuzando los méritos poéticos de Expósito, dice, después de desbrozar algunos de sus temas que tocan distintas temáticas:

-No significa que Expósito no haya tocado la tesitura del lamento amoroso, el olvido ante el fracaso, el tiempo que se va, los reproches y quejas de amor, tan típicos de la época.  Pero todo dicho en un lenguaje novedoso y personal, y esto es lo que no siguieron los letristas y los caducos convencionalismos, o a una falsa vanguardia, enferma de literatura, pretenciosa y con vergüenza de su propia barroca cursilería...

Homro Expósito, el poeta que renovoó el lenguaje en los versos de tango
                                         
Porque también en esta hermosa pieza, Homero Expósito recrea y se adensa en aquel romance  juvenil que sigue con su ronda de voces y emociones en el itinerario poético que se instaló en su espíritu y en su pluma, al ritmo de las obsesiones, con sus cargas de desamor y angustia, con su desesperación y sus fracasos. La memoria es una facultad de la inteligencia, pero al mismo tiempo algo movedizo, fluctuante y para nada constante. Pero el caso del poeta de Zárate, confirma que los recuerdos más lejanos viven más claros. Y los va cincelando en una red discursiva que atrapa y emociona.

La casa tenía una reja
pintada con quejas y cantos de amor.
la noche llenaba de ojeras
la reja, la hiedra y el viejo balcón.

Recuerdo que entonces reías
si yo te leía mi verso mejor.
Y ahora, capricho del tiempo,
leyendo esos versos lloramos los dos.

El vate tiene esa magia para retener los momentos y el clima temporal y emocional. y los revive con fluencia lírica inspirado por el fundamento melancólico de nuestra existencia. La elegía de los sueños rotos, el desasosiego ante el poso de lo cotidiano y el implacable rebobinaje de aquellos momentos que dejaron una herida profunda en su alma, reviven en los versos de Pedacito de cielo. Un título que ya, de por sí, encierra toda una historia profunda, desasosegante. Un paraíso íntimo, desvanecido...

Los años de la infancia pasaron, pasaron                         
Enrique Mario Francini y Héctor Luciano Stamponi
la reja está dormida de tanto silencio.
Y en aquel pedacito de cielo
se quedó tu alegría y mi amor.
Los años han pasado, terribles, malvados,
dejando una esperanza que no ha de llegar.
Y recuerdo tu gesto travieso
después de aquel beso robado al azar.

Los domados sentimientos afloran en la memoria y se hacen historia a través de unos versos y una música. Conocemos el espesor y la profundidad del recuerdo juvenil agrietado, pero de ella nunca tuvimos noticia. Se convirtió en un fantasma que retorna en versos, en mensajes cifrados. La rememoración no es igual, apenas si sustituye al dato y el recuerdo cambia con los días, se transforma. Es como una obsesión y el quiste del desamor se convierte en una llaga. Porque el poeta que escribe estos versos padece el agravio del olvido. Pero la describe y ubica a ella con metáforas propias de su manantial literario. La elocuencia hecha música por Stamponi y Francini hace el resto.

Tal vez se enfrió con la brisa
tu cálida risa, tu límpida voz.
Tal vez, se escapó a tus ojeras
la reja, la hiedra y el viejo balcón.

Tus ojos de azúcar quemada
tenían distancias  doradas al sol,
y hoy quieres hallar como entonces
la reja de bronce temblando de amor.

Podemos revivirlo en la interpretación grabada de Aníbal troilo, su orquesta y Fiorentino, que fue llevada al disco el 1 de septiembre de 1942.

                                            




martes, 14 de mayo de 2019

BIEN MILONGA

     Ella, es una sombra
     que nubla mi frente....
     Ella, en mis cuartetas
     Ella, en mis angustias...
     Ella, en mi dolor de poeta...
     Como raíces, 
     de tangos grises
     está en mi corazón.
             Enrique Cadícamo


Sí, las parejas de tango tienen una historia detrás. Historias que, además,  se escriben diariamente en cada milonga. aunque sólo sean parejas fugaces, de una o dos tandas... Como la magia que arrastran los tangos, las milongas y los valsecitos que bailamos todos los Martes del año en BIEN MILONGA.

Desde las 21 a las 0 horas, con la música que selecciono, exclusivamente bailable, disfrutamos de esos compases rítmicos y de la coqueta pista que nos aloja en la madrileña CASA DE ARAGÓN (Pza. República Argentina nº 6.). Con Charo atendemos a todos los amigos que nos vistan para que pasen una velada entrañable.

                                  
Ya saben que para ir poniendo los motores en marcha desde temprano, paso revista por diversas pistas milongueras y así pispear a esas parejas que lucen sus figuras y su estampa en diferentes lugares.

Arranco con un reencuentro espectacular. El de Murat Erdemsel y Michelle Lamb que, al menos en esta ocasión, y después de mucho tiempo separados, vuelven a mostrarse juntos. Los vemos bailando La cumparsita, por la orquesta de Carlos Di Sarli.. La ocasión tan especial fue en el Valen Tango Hilton, de Portland, estado de Oregon, Estados Unidos.


El siguiente paseo es por la ciudad de Reading, en Inglaterra. Acá están en el Festival de dicha city, Magdalena Gutiérrez y Germán Ballejo. La pareja que, en este caso, se luce a los compases del valsecito Mi romance, que interpreta la orquesta de Ricardo Tanturi, con la voz de Alberto Castillo.

                                       
Y la última passegiatta de hoy es por Trieste, la ciudad italiana del norte. En este caso para disfrutar con la exhibición de los troesmas Miguel Ángel Zotto y Daiana Gúspero, que se ganan los merecidos aplausos bailando la milonga No hay tierra como la mía, por Francisco Canaro, su orquesta y el cantor Ernesto Famá.
     
                                                   
Y...¡A bailar!...¡A bailar!... que la orquesta se va...

domingo, 12 de mayo de 2019

Armando Laborde

Pese a que cantar con la orquesta de Juan D'Arienzo no era una tarea fácil, tuvo sin embargo varios intérpretes destacados, como lo fueron Héctor Mauré, Mario Bustos, Jorge Valdez, Alberto Echagüe y otros que supieron adaptarse perfectamente al estilo eléctrico, restallante, del Rey del compás. Armando Laborde no sólo fue uno de los que pudieron lucirse en esta orquesta que congregaba multitudes, sino que además, terminó siendo el que dejó más registros discográficos con D'Arienzo. Nada menos que 145 temas.
Armando Laborde

Se llamaba José Atilio Dattoli, era un muchacho de barrio, de esos que abundaban entonces, que cantaban en la calle con los amigos, en el café de la esquina, mientras transcurría su adolescencia y temprana juventud. Tenía linda pinta, alto, sonrisa abierta de par en par y las muchachas lo admiraban por esas dotes naturales, mientras que la barra lo instaba a cantar. En aquellos conjuntos espontáneos que se armaban en su barrio de Palermo, con músicos empíricos pero entusiastas, alternaban en algún club social o en fiestas improvisadas.

Laborde no tuvo escuela, no fue a ninguna academia de canto, lo suyo fue algo natural, surgido del apogeo del tango en aquellos años en que abundaban los cantores, futbolistas y boxeadores en todos los rincones porteños. Y los amigos lo alentaban para que llegara a alguna orquesta de las muchas que había entonces. Tuvo pequeñas oportunidades: con Manuel Buzón y cuando estuvo a punto de ingresar a la de Ricardo Tanturi, al marcharse Alberto Castillo de la misma.

Un amigo habló con el pianista de la orquesta, Armando Posada, y le comentó que Laborde podía ser el reemplazante ideal. Ëste lo comentó con Tanturi y lo convocaron para una prueba. Parecía que podía ser, pero justo llegó de Montevideo Enrique Campos (en ese entonces cantaba como Enrique Ruiz en Montevideo), y el director decidió que era el reemplazante ideal de Castillo.

Su destino, empero,  estaba escrito, sería cantor. Y Alberto Tavarozzi, violinista, director, compositor, al que Gardel le grabó 4 temas: Esta vida es puro grupo, Gotas de veneno, Media Noche y Te fuiste hermano, lo escuchó cantar a Laborde en unn encuentro casual y le prometió un encuentro con D'Arienzo. Éste ya le había grabado un tema suyo "Almanaque de ilusión". Pasaban los días, no había novedades, hasta que un día lo llama y le comunica que D'Arienzo, le va a tomar una prueba.

La orquesta de Juan d'Arienzo en 1945 con sus cantores Laborde y Echagüe

En el momento que Tavarozzi habla con D'Arienzo y le insiste en que lo pruebe al "muchacho que promete", el director lo tenía casi comprometido a Carlos Bermúdez, para reemplazar a Héctor Mauré. Pero aceptó la sugerencia de Tavarozzi y lo citó a  una prueba en radio El Mundo, a ese "muchacho pintón y de muy buena voz", del que le hablaba. Y fue un mal trago para el nervioso aspirante porque D'Arienzo no apareció a la cita. Aunque al día siguiente lo llamó por teléfono y quedaron en hacer esa imponente prueba.

 Laborde entonces era un desconocido en el ambiente y por más que se le notaban las buenas condiciones, D'Arienzo dudaba mucho y el aspirante debió cantar durante más de una hora, recibiendo finalmente el beneplácito de Fulvio Salamanca y del propio director. Su estampa y el hecho de que fuera todo un descubrimiento, una voz nueva, bien modulada, melódica, lo ayudaron en el trance. Lo mandó a ensayar dos temas con el pianista Juancito Díaz, a la casa de éste. Y sobre la marcha,  carcomido por los nervios del debutante, deja en el disco con D'Arienzo sus dos primeros registros: Color cielo y Magdala, dos tangos que fueron toda una pegada y que grabó con la orquesta el 26 de diciembre de 1944, un día después de la Navidad.

Lo curioso del caso es que a D'Arienzo no le gustaba el nombre de su nuevo cantor y no había pensado en un seudónimo artístico. Estaba ya en Montevideo para las actuaciones de fin de año y del sello grabador lo llamaban para saber el nombre del cantor y poder imprimirlo en las etiquetas del disco. Iban en el autobús que los transportaba desde Carrasco a Montevideo, D'Arienzo se para, le pregunta al conductor su nombre.: "Armando Laborde", responde éste. Y dándose vuelta le dice a su nuevo cantor: "Listo, te llamarás así". Bien a lo D'Arienzo.
                                                  
El dúo Osvaldo Ramos-Armando Laborde con D'Arienzo
Lo cierto es que Laborde tenía muy buenas condiciones y las supo aprovechar. El ritmo de D'Arienzo no permitía demasiados lujos y eso pudo conspirar en su contra, pero a cambio de eso, dejó su marca en los éxitos de la orquesta y logró una cantidad impresionante de registros ganadores. Estuvo con D'Arienzo desde 1944 a 1950. Se va con Héctor Varela, que deserta y forma su propia orquesta, y completaa 24 temas grabados. Retorna a las filas del Rey del compás en 1952. Luego forma rubro con Echagüe (constituyeron un excelente dúo), retorna con Varela y en 1964 vuelve una vez más con D'Arienzo y permanecerá en la orquesta hasta el 74.

Dejó numerosos y merecidos sucesos con la orquesta  que llenaba clubes, salones, vendía discos a rolete, realizaba giras impresionantes, sus presentaciones en radio El Mundo o Splendid tenían una tremenda repercusión y en venta de discos fue insuperable. Algunos de los temas de Laborde siguen llenándonos la oreja y el cuore cuando los bailamos: Yuyo brujo, Color cielo, Pájaro sin luz, Se apagó una estrella, Lenguas de fuego, Una y mil noches, Cruz Maidana, El vino triste y tantos otros. Incluso sus grabaciones y actuaciones en dúos con Alberto Echagüe y Osvaldo Ramos fueron de muy buen nivel.

Podemos recordarlo en este tango de Carlos Waiss y Benamín García: Yuyo brujo.

                  
                     


martes, 7 de mayo de 2019

BIEN MILONGA

  Seguí... muchacha seguí
  tu taconear compadrito...
  Seguí... que en cada pasito 
  pierdo yo mi corazón
  Seguí... seguí bailando nomás
  que en cada corte y quebrada
  nos grita la muchachada
 ¡Déjenlos solos bailar! 

Como en BIEN MILOGA, la de los martes en la Casa de Aragón, de Madrid, que está en la Plaza República Argentina nº6. Allá también podemos lucir estampa milonguera desde las 21 a las 0 horas, en un ambiente ideal para compadrear y chamuyar con los amigos y amigas que nos frecuentan semanalmente. 


Con el fin de ir preparando el estofado nochero, nada mejor que visitar algunas pistas milongueras y ver a esas parejas que se pusieron de moda y se exhiben en festivales y encuentros, buscando estimular a las masas que acuden a dichos eventos.

El primer paso lo damos en Hannover-Alemania. Allí están el turco Murat Erdemsel y la francesa Sigrid Van Tielburgh que bailan el tango Viviani, ejecutado por la orquesta de Don Carlos Di Sarli.

   
Un saltito a Belgrano, la capital Serbia, para ver en acción a Carlitos Espinoza y Noelia Hurtado, bialando un valsecito: Cuatro palabras, por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Héctor Mauré.

                                         
Y ahora al Moscú Tango Holiday, porque en Rusia están milongueando lindo. Están acá la pareja que integran Jonathan Saavedra y Clarisa Aragón. Los acompaña el conjunto ruso "Solo tango" y se bailan la milonga Arrabalera.



El viajecito culmina esta night en Bien Milonga. Sí, ahora nos toca a nosotros...