domingo, 23 de junio de 2019

Fuimos

Esta es otra página más de las muchas que jalonan mi paso por las filas del tango a lo largo de los años, mezclándose con el periodismo, la poesía, la literatura, el baile, la música, las grandes figuras del género que tuve la suerte de conocer y tratar... La cantidad de noches que he bailado con muchas de aquellas orquestas en vivo... Incluso he intervenido en programas de radio, en los que siempre estaba presente la música del Río de la Plata.

En este caso fue la invitación de una gran artista Leire Mayendia, para que junto con Charo Aparicio -mi compañera en la conducción de BIEN MILONGA- concurriéramos un domingo a la mañana al estudio de un  notable pintor, con el fin de llevar allí un trabajo artístico, en este caso fotográfico, a cargo de Leire. La obra tenía como destino una exposición en Ia Real Academia de España en Roma y posteriormente en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Calle Alcalá 13. Madrid.

                      

Tres de estos cuadros fotográficos fueron realizados en Roma y los otros tres en Madrid. El hecho de haber sido escogidos para la muestra por la artista fue un motivo de orgullo y alegría a la vez. La explicación que Leire nos dio fue muy sencilla:

-Para mí, elegiros tenía que ver con toda la crónica que traes tú en tu vida como escritor y periodista y con el deseo de representar una pareja de baile de otra generación. El tiempo que se asienta con el tango y la mirada retrospectiva.


La obra está enmarcada y  cubierta con vidrio. Realmente es una joyita, por los detalles, como las otras cinco que están expuestas en la sección llamada .CALCOGRAFÏAS. Estos cuadros tienen unos dos metros de alto por 80 cm. de ancho, aproximadamente.

La exposición se inauguró el 6 de junio con gran presencia de visitantes y artistas y estará abierta hasta el día 14 de julio, de 10 a 14 / 17.20 hs.
Los domingos y fstivos de 10 a 14 hs.

Vale la pena ir a verla antes que se termine la misma.                                    

viernes, 21 de junio de 2019

Marcas

La sociedad entre el poeta Carlos Bahr y el bandoneonista, director, compositor, arreglador, Héctor María Artola, permitió que entre ambos pergeñaran varias páginas para el andamiaje del tango, que mantienen toda su vigencia en la mayoría de los casos. A la vez certifica el acierto en dichas obras que tuvieron y tienen mucha repercusión, como Desconsuelo, Equipaje, Yo soy la milonga, Tango y copas, No me debes ni te debo, Rienda al corazón y la que hoy traigo a la palestra: Marcas.

He escrito varias páginas sobre Bahr, a quien tuve la suerte de conocer y tratar,  y me place poder seguir mostrando y valorando aspectos de su extensa e impresionante obra autoral. Un poeta que militó en la fundamental renovación literaria del tango y estuvo presente en la plenitud del mismo. Sus temas estribaron en los atriles de casi todas las orquestas típicas y cantores y cantantes femeninas de renombre le sacaron lustre.

                           


También he bosquejado la figura sobresaliente en todos los órdenes de su trabajo musical, de Héctor Artola, que comenzó tocando el fueye en orquestas de su Uruguay natal. Llegó a formar con Arolas en Montevideo, después de haber estudiado órgano, piano, flautín y bandoneón. Viajaría a Europa con la orquesta Bianco-Bachicha, acompañó a Irusta-Fugazot-Demare y ya en Buenos Aires, integró varias orquestas, entre ellas de la Francisco Canaro. Sería bandoneonista, arreglador  y director de la orquesta estable de radio El Mundo, y un día lo dejaría para dedicarse a la escritura y dirección orquestal. En ese sentido también sería un avanzado, que junto a Argentino Galván, marcarían la renovación del tango con sus arreglos.

En este tango que los unió, Carlos Bahr, de largo bagaje lírico en el vasto predio tanguero, recorre el eterno tema del amor no consumado, con ese estilo tan propio, de la línea sentimental que lo recorre, expresada con una aparente sencillez de construcción pero que le llega emocionalmente al intérprete vocal y también al oyente y al bailarín que lo interpreta en la pista.

Marcas que un amor dejó en mi vida
y un rencor que no te nombra
y un dolor que no te olvida.

Saldo torturante de un pasado
que dejó de ser feliz
entre tus manos.

En la brevedad y capacidad de síntesis, también se atisba el buril poético. La instantaneidad fragmentaria nos dibuja el escenario y el peso de la memoria frustrada por el final del amor. El epitafio. También brota el resentimiento porque aún no está  cicatrizada la ruptura sentimental. Los versos sencillos, cortos, sirven de introito y nos preparan para develar toda la tristeza del personaje que encarna en este caso, supuestamente, el autor.

Marcas que dibujan en mi cara                                    
Carlos Andrés Bahr
ese gesto que delata
las pasiones que me azotan.
Mientras a mi lado va la vida
embriagándose de amor y de ilusión.

La atmósfera nos atrapa y nos invita a descubrir el enigma que encierra la historia. El dolor y la confusión del protagonista nos lleva a conocer el desarrollo y final de su malograda historia. No hubo un amor pasajero y previve el estado emocional del reproche y la certidumbre de que la memoria del dolor es incurable. La realidad muestra atisbos de la emoción que embarga en su complejidad melancólica, a la persona que está contando. su drama amoroso. Y al final rinde cuentas a la vida de su pesadumbre con frases certeras, tremendamente logradas.

Rigor de tu desamor
que me dejó
para escarmiento....
La marca de dos pasiones
que anulan mi vida
con fiero tormento.
Bajo un dolor que lastima
con puñales de recuerdos.

En chairas de su abandono
afila mi encono
su terco rencor.


La metáfora final es restallante y ampara sus largas esperas. Quién no recuerda la chaira del carnicero que éste usa para afilar su cuchillo antes de deslizar su filo en la carne...

Hay una buena versión de este tango, por Rodolfo Biagi, su orquesta y su cantor Jorge Ortiz.

                             

martes, 18 de junio de 2019

BIEN MILONGA

    A tango limpio sentirás
    su respirar, su palpitar
    y lo demás es emoción,
    ya lo sabrás si sos varón.

   A tango limpio es la cosa
   tango limpio y corazón.

          José Luis Bocacci


Sí, esta nochecita, en la que comienza a asomarse el verano, bailamos a tango limpio, a valsecito alegre y a milonga milonguera, en nuestro espacio de los martes madrileños. La pista de la Casa de Aragón se nos queda a veces pequeña por el entusiasmo de nuestros amigos bailarines, por el encanto de las milongueras... Pero la pasamos bien debute, como reza el tango de Aroldi, entre las 21 y las 0 horas en que bajamos el telón con La cumparsita, como debe ser.

                                   

La vista habitual de  algunas exhibiciones de profesionales, nos sirven como acicate para la velada danzante de esta noche. Recorriendo pistas, ponemos la marcha atrás porque realmente es un placer revivir aquellos primeros pasos de la parejita juvenil que nos asombró a todos. Javier y Geraldine no sólo maravillaron en Buenos Aires, sino que incluso fueron contratados para bailar en diferentes países y acá lo podemos comprobar una vez más. Estaban en Turín-Italia, y bailan el tango Corazón, por la orquesta de Carlos Di Sarli.

                                    
Volvemos a la actualidad con otra pareja argentina que viene haciendo demostraciones por el mundo. Son Ricardo Calvo y Sandra Messina en el Festival de Tango par la Côte, en Francia. Se deslizan por la pista al compás del valsecito Bajo un cielo de estrellas,  por la orquesta de Miguel Caló, cantando Alberto Podestá.
                                     
Vamos a a disfrutar ahora a tres parejas argentinas de gran fuste y ver cómo las gastan bailando esta milonga que ejecuta la orquesta típica Tango Sonos en  la clausura del Festival de Invierno, en Gaillard- Francia. Son Sebastián Arce-Mariana Montes, Miguel Ángel Zotto-Daiana Gúspero y Germán Ballejo-Magdalena Gutiérrez. ¡Qué tripleta!
                                        
                             
Después de ver a estas parejas nos asaltan las ganas de saltar ya a la pista... ¿A que sí?

viernes, 14 de junio de 2019

Entrevista a Juan Carlos Copes

"El misterio del tango está en el abrazo"


Juan Carlos Copes, no es necesario aclararlo, es un ícono del tango bailado, un referente en el mundo de nuestra danza porteña. El hombre que llevó el tango a los escenarios y desde entonces da cátedra en todas partes. Siempre a tono con los tiempos, nunca fue un tanguero anclado en la melancolía, sino un innovador audaz  Y hoy, cerca de los ochenta, sigue teniendo unos cuantos proyectos. Historias de una vida intensa. Memoria de un grande de la danza porteña-

Revisar su currículum impresiona. La cantidad y calidad de obras, proyectos e ideas que Juan Carlos Copes puso en marcha a través de su vida, nos hablan de un personaje inquieto, creativo, de gran iniciativa. Un talento del tango que trabajó con los más grandes (Canaro, Troilo, Goyeneche, Piazzolla, Libertad Lamarque, entre muchos)  y con  figuras internacionales de primer nivel (Carlos Saura, Plácido Domingo, Liza Minelli, Irak Mukahamedov), se codeó con los mejores del espectáculo del mundo, y recibió premios a lo largo de todo el planeta. “Introductor de la Milonga en Nueva York” (1965), “Premio Discepolín a la Trayectoria Artística” (1983); Premio ACE por la Coreografía de “Gotán” (1995-1996);  Premio “Estrella de Mar” en 1995, 1997 y 2001 por “Gotán”, “Entre Borges y Piazzolla” y “Copes Tango Copes”; son algunas de las muchísimas distinciones nacionales e internacionales que recibió. En 2000 la Legislatura porteña lo nombró “El bailarín de tango del siglo XX”.

Llega puntual al encuentro. Es un hombre serio y amable,de porte elegante. Parece más joven de lo que es, y al primer contacto da la impresión de que nos conociéramos de siempre, porque empieza a rescatar de la memoria una catarata de recuerdos que vuelca en la charla con precisión asombrosa.

Agil y atento en la conversación, Copes empieza a contar su historia, plagada de pasiones y aventuras.
Nací en el año 31 en el barrio de Mataderos, barrio de tango. Como usted sabe, los mataderos y el puerto fueron los lugares en que el tango nació como baile. Los trabajadores que para distraerse de sus faenas diarias o de su trabajo pesado en la ribera, buscaban distracciones, iban a pasar un rato a esos lugares donde había mujeres y se bailaban mazurcas, habaneras…música alegre…El hibridismo del tango se produce entre la habanera, la milonga y el candombe…Entre las búsquedas del inmigrante y del criollo surgió este baile, como una identidad que los reunió para siempre.
¿Y cómo era su casa?
Muy pobre, pero feliz. Mis padres fueron muy nómades. Después nos mudamos a Floresta, donde hice la primaria, y luego a Villa Pueyrredón, donde descubrí el tango. Salíamos de farra, ya siendo adolescente, y nos íbamos con los muchachos a Parque Norte, que estaba en la esquina del Jardín Zoológico. Y ahí descubrí a personajes increíbles. Quedé loco viéndolos bailar. Había capital en esos lugares para poder tener una orquesta de tango y otra de jazz, y nosotros teníamos capital también para gastar unos manguitos. Y eso que yo trabajaba en el Ministerio de Educación y estudiaba en el industrial, pero a la noche me escapaba a la milonga.
Hubo en su familia un flautista que tocaba tango
Si, Juan Berti, que era el papá de mi madre. Fue el primer flautista del tango.
Y qué más recuerda de aquellos años
La imagen más fuerte es la de mi abuelo. Un hombre imponente, con faja, sombrero, al que yo veía gigante. Para mí era “Jacinto Chiclana” (personaje de Borges, un guapo de Balvanera), porque yo lo veía así, por supuesto con la perspectiva de esa edad. Me acuerdo de tantas cosas lindas….los hornos de ladrillos...y del silbido…El silbido es otra de las cosas que perdió el porteño. Antes todo el mundo silbaba. En mi casa yo me crié en un ambiente pobre pero digno y alegre, donde todo el mundo silbaba. Mi vieja, mi viejo, mi hermano, yo de pantalones cortos, todos silbábamos el tango.
Se recibió finalmente en el Industrial?
Sí, mi padre me anotó en una Escuela de Artes y Oficios en Retiro, que hoy es el Industrial número 7. Hice los cuatro años allí y me recibí después de mucho estudiar. Eran los tiempos de Perón.
¿Usted fue peronista?
No, no fui peronista. Pero reconozco muchas cosas buenas de Perón y creo que si hubiera seguido concentrado en lo suyo…o Eva Duarte hubiese vivido más…no sé, uno se va dando cuenta de ¡qué estadista hubiera sido!, porque lo que vino después de él hasta ahora, mejor ni hablar.
                                                                                                                 
Me decía antes que empezó a aprender observando en la milonga…
Sí. Mirando y asimilando. Practicando y ensayando, una y otra vez. Y al principio, por supuesto, no nos animábamos a sacar a bailar. Hasta que empecé a foguearme. Iba a un lugar y sacaba a una chica que estaba en la punta y bailaba, después sacaba a otra del otro extremo del salón, le rompía los pies, pobre, y después buscaba a otra de otra punta, y así. Bailaba con cuatro y me iba a otra milonga. Era la única forma de practicar y de aprender.
Y vio grandes bailarines amateurs
Si, eran increíbles. De ellos aprendí a pisar, a deslizarme. Y a descubrir que cada uno debe encontrar “su” manera de bailar el tango.  Por eso se dice que el tango es una danza de improvisación, porque lo que uno siente le va saliendo al bailar. Es la pura verdad. Nadie puede decir “así” se baila el tango, nadie tiene derecho a decirlo. A mí me gusta, casi le diría, deslizarme, mientras bailo.
En cuanto al aprendizaje, si te gusta, es un primer punto a favor. El segundo, tener una compañera que te pueda seguir. Y después, aprender a caminar el tango, aprender algunos códigos, tres o cuatro. Una salida, hacerle hacer un ocho a la mujer. Porque el tango nace en el hombre, que es el que tiene más responsabilidad, el que tiene que llevar a la mujer. Y el baile son cuatro piernas y un solo cuerpo. A partir de ahí, podés hacer poco pasos, muchos pasos, ningún paso, pero caminás, sabés caminar el tango….y podés bailar con tu compañera.
¿Cómo eran las milongas de esa época?
Las milongas eran fabulosas. La gente bailaba por todos lados. Yo viví los tiempos de la llamada “Moda Divito”, aquella de los sacos con grandes solapas, hombreras e infinidad de botones, corbatas grandes, en fin… Y nos tuvimos que comprar a crédito dos trajes a la moda porque si no, las minas no te daban bola. Había que ir con “el uniforme”. Había un uniforme para el milonguero. Estaba la casa de los zapatos,  la de las corbatas –que eran como las que usaba Alberto Castillo-. Era una locura…había tipos que tenían botones hasta en las bocamangas de los pantalones.
En 1951 usted ganó un Campeonato de Tango muy importante
Si, en el Luna Park Un gran campeonato para aficionados al tango.
¿Había profesores de tango ya?
Yo, cuando empecé, conocía a solo dos profesores. Eran Julia y Lalo Bello, que era una pareja que bailaba con Troilo, D´Arienzo, Pugliese y otros. Y Lalo era español…y ellos como artistas, al igual que todos los artistas, fueran actores, cantantes o músicos, así como todo el pueblo, sabían bailar el tango….Ellos fueron los primeros que viajaron a Japón, con Canaro. Todos bailaban tango. Y usted sabrá que hubo grandes actores como Enrique Muiño y Elías Alippi, que fueron muy buenos bailarines. Hasta concursaban con El Cachafaz, entre ellos.
¿Cómo bailaba El Cachafaz?
Y… bailaba un tango muy 2 x 4. Medio a los saltitos.  Porque fíjese que cuando baila en “¡Tango!”, con su compañera, ella baila con una pollera hasta el suelo, y con esa pollera ¿cómo hace un gancho?...Es como decía (Alberto) Castillo “ahora una corrida, una vuelta, una sentada…”, era el tango bien dos por cuatro.
Pero bueno, “El Cachafaz” fue un grande. En una época sin medios de comunicación tan masivos, por algo llegó a ser tan famoso. Y murió en Mar del Plata, en el ´42.
¿Cuál es el secreto de esa seducción tan intensa que genera el tango?
En el caso de la música, su belleza, cuando se trata de buen tango. En cuanto al baile, el abrazo, no hay otra Ahí está el misterio. Vos estás en algún lugar, en la milonga, y sacás a una mujer a bailar, y el ínfimo tiempo que transcurre entre que te levantás de la silla y vas a buscarla: ¿cuánto es?, ¿quince segundos?...y vos a los quince segundos ya estás abrazándote a una mujer que no conocés. Esa posibilidad de íntima comunión que da el abrazo es el secreto del tango.
¿Y cuándo empezó a trabajar como profesional de la danza?
Fue de la mano de un gran empresario como fue don Carlos A. Petit, que me contrató para hacer temporada en el Teatro El Nacional y en el Tabarís. ¿Sabe lo que era eso?...Al Tabarís iba mucha gente de alto nivel. Todos los artistas internacionales que venían a la Argentina iban al Tabarís a ver sus espectáculos.
Yo llevé el argumento al escenario, con tango y con milonga, por primera vez en el 57 y 58. Lo hice con Francisco Canaro en la calle Corrientes en un espectáculo que se llamó “Tangolandia”. Después todos empezaron a copiar la idea de las coreografías en los escenarios.
¿En esa época, ¿quién era su ídolo?
Bueno, el más grande ídolo mío en el baile fue Gene Kelly, a quien tuve la suerte de conocer y abrazar cuando vino a vernos en Los Angeles, cuando hacíamos “Tango Argentino”, en el ´86. Por un intermediario me citó a su casa y yo fui, y no lo podía creer, estar ahí, con ese monstruo, en su residencia de Beverly Hills. Casi me muero. Me regaló fotos firmadas y dedicadas, me trató como a un par, y elogió mi baile. Y me sugirió que hiciéramos algo con alguna comedia musical con música de Cole Porter o algún compositor popular norteamericano.


Fue en los años sesenta que usted empieza a viajar, ya con su compañera, María Nieves, y actúan en Broadway.
Claro. Ya en el 59 habíamos estado en Nueva York con Astor (Piazzolla). Debutamos en el "Waldorf Astoria" y "Chateau Madrid" en New York".
El dueño del Teatro City nos probó para hacer una producción con folklore y tango. Me acuerdo que ahí, para las bailarinas había régimen militar. Eran setenta u ochenta chicas, ocho horas de ensayo, tres funciones por día. La cosa es que trabajamos mucho tiempo en los Estados Unidos. El productor –un griego- que nos contrató para Nueva York y Broadway, me conocía de un tiempo antes cuando yo fui a estudiar al Carnegie Hall danza contemporánea, donde estudié un poco de acrobacia, con sogas, con elementos que eran necesarios para incorporarlos como bailarín.
Y tengo entendido que estudió cine
En Estados Unidos hice también un curso de dos años en el Instituto de Cinematografía de Hollywood. No lo hice con la intención de filmar películas sino con la idea de ponerme a tono porque ya veía que la televisión era el futuro, y yo filmaba todo, por todas partes, para registrar lo que veía, como un documentalista. Tengo ese título colgado en la pared.
Estuvo trabajando también en la Cuba de Fulgencio Batista, y estuvo ahí unos días antes de la entrada de Fidel Castro en La Habana
Exactamente. Antes de Estados Unidos, lo que hablábamos antes, habíamos pasado por Brasil, por Venezuela, y estuvimos en La Habana justo antes del triunfo de la revolución. Tres días antes llegamos a El Salvador y fuimos testigos de lo que pasaba en Centroamérica, la Revolución Cubana se expandía con la irrupción en el mercado de la “Cuba Libre”, aquella bebida hecha con Ron y Coca Cola que fue muy popular. Mi objetivo era Nueva York. Primero pasamos a Mejico y a Puerto Rico. Cuando llegamos a Nueva York Astor me llevó de la oreja a ver “Amor sin barreras”. Y estando allí nos enteramos que había muerto el padre de Astor. Al poco tiempo, un día fui a la casa y Dedé, su mujer, me dijo “dejálo que está en el piano”…y resulta que estaba creando “Adiós Nonino”, que es una maravilla y en la actualidad del tango es como “La Cumparsita” en el mundo. Es uno de las obras por las que más nos reconocen afuera.
Usted fue el primero que bailó una obra de Piazzolla.
Claro. “Verano Porteño”.
¿Y cuándo vuelve a La Argentina?
Bueno, hicimos en el 66 un espectáculo de Tango y Folklore,  y después debuto en Caño 14 en el 68, con Julián Plaza. Trabajamos al año siguiente con Pichuco.  Inventé en esos años el concepto "Tango Show", que fue rápidamente copiado en todos los boliches para dar pie a la nueva incursión del tango-danza en el menú porteño
¿Por qué los porteños que bailan tango son una minoría actualmente?
Es vergonzoso que eso pase. Porque vaya usted a Brasil y verá cómo todos los brasileros bailan samba. Hubo de alguna manera una intención, muchas veces, a través de la historia, de marginar al tango. Hubo tres décadas, tal vez tres generaciones que no vivieron el tango. Las orquestas se redujeron, perdieron mucho trabajo. Se transformaron en formaciones de pocos integrantes. Y la invasión de otras músicas lo hizo mucho menos popular. Y durante tres décadas se hizo muy difícil, lo perdimos un poco, como si no fuera un patrimonio de todos nosotros. Y ahora lo declararon Patrimonio de la Humanidad, y me causa algo de gracia…porque luchábamos tanto en aquel entonces para hacerlo resurgir…los bailarines y los músicos. Recordemos que alguna vez, mucho antes, hasta se prohibieron los tangos que tuvieran letras con expresiones del lunfardo…Así que hay que reconocer que siempre al tango le pusieron palos en la rueda quienes estuvieron a cargo de la cultura del país. Eso generó también que los grandes poetas pudieran demostrar que eran capaces de escribir poesía de alto vuelo. Cadícamo, Discépolo, Homero Expósito…los grandes poetas que dio el tango, que llenaron al tango de hermosas metáforas.
¿Y por qué piensa que se da esa situación de desidia oficial?
No sé. Miré, yo conocí mucho a Cadícamo. Y él tenía el proyecto de hacer una gran comedia musical con muchas cosas que tenía escritas…un hombre que además había viajado por el mundo, uno de los más grandes poetas que dio el tango. Y tuvo una audiencia oficial con Menem, que lo derivó a otra persona. Y todo quedó en la nada. No le dieron bola, en una palabra.
No sé, en nuestro país cuesta mucho, es un país en el que es todo muy difícil. Hay bailarines y gente que enseña en todas partes y lamentablemente, tengo que decirlo, el tango no tiene sponsors. No hay Coca Cola, marcas de hamburguesas, ni nadie que apoye al tango a gran escala. Y las autoridades oficiales no hacen nada…Ahora, hace un par de años que le dan manija al tango, aprovechando el flujo turístico, con los campeonatos, pero hacia adentro se hace muy poco.


 Hace muchos años, se insistía en mostrar al tango lejos de la realidad, exagerando la estética de farolito, el lengue y el sombrero…¿no le parece?
En aquellos años los programas televisivos de tango, como uno muy conocido que no quiero nombrar, muy visto por la audiencia, no servían para conquistar al público. Mostraban un tango antiguo y conservador, un poco retrógrado, y eso no servía para seducir al público.
A usted no le gusta que le digan “Maestro”, porque entre otras cosas dice que no hay una “Magistratura” del Tango. ¿Sería necesaria una magistratura o algo parecido?
No sé. Enseñarles a los bailarines también quién fue Villoldo, quién fue Arolas, quién fue Piazzolla. La otra vez unos bailarines muy jóvenes estaban bailando “Escualo” y les pregunté ¿saben qué es esto?, y no sabían que estaban bailando a Piazzolla.. Yo en su momento propuse armar una escuela de bailarines ante las autoridades de la ciudad, y tampoco me dieron ni bola.
¿Y tiene algún nuevo proyecto?
Si, en un espectáculo en Tango Porteño, donde antes estaba el cine Metro, en ese local enorme tan bien ambientado. Vamos a hacer un espectáculo dentro de pocos días que, por lo que ya probamos, es maravilloso, con una puesta en escena impresionante. Lo único que exijo es hacer solo una función por noche. Va a ser un homenaje a Juan Carlos Copes, conmigo en vivo, algo muy lindo…(*) Ya lo han hecho con Troilo y con otros personajes.
Y hay otras cosas dando vueltas que no quiero todavía confirmar, pero que, como siempre, van a ser novedosas. Pronto me voy a dar un seminario en Porto Alegre, también voy a estar en Salta, por algunos compromisos que contraje. Y además, estoy preparando un nuevo libro sobre mi vida y mi trayectoria.
Hoy en día, su pareja de baile es su hija Johana, que ya tiene vuelo propio.
Sí, ella es como la compañera perfecta. Estoy muy orgulloso.
¿Cómo cree que lo va a recordar la historia del tango, dentro de cien años?
Creo haber sido un precursor. En cuanto al tango de escenario, en cuanto a la enseñanza en algunos ámbitos, en mis recorridas por el mundo. Porque agradezco a Dios haber viajado tanto y conocido a tanta gente. Y espero que me recuerden como a un pionero, un hombre que dio todo por el tango, con pasión. Y con eso me alcanza.

Entrevista: Javier Salaberry - Julio de 2012

(*) El espectáculo al que se refiere Juan Carlos Copes fue estrenado la semana del 10 de mayo de 2010.


martes, 11 de junio de 2019

BIEN MILONGA

         Quien no quedó suspirando
         siguiendo tus vueltas
         soñando... soñando...
         Si habrás oído palabras de amor
         milonguerita de barrio.
         Pero tu amor era el tango
         y el tango vivía
         en tu corazón.  
                Reinaldo Yiso                                 

 Martes 11 de junio, noche milonguera en la hermosa pista de la Casa de Aragón (Pza. República Argentina nº 6 -Madrid). Como siempre, desde las 21 a las 0 horas, le damos con tutti a los remos, con la música bien milonga que preparo con celo, y así cada velada es una piccola fiesta que nos impregna el cuore.
                                      

Como de costumbre, previamente me doy una vuelta por pistas lontanas y así vamos calentando motores con vistas a questa bella notte. Y mientras, nos entretenemos viendo a esas parejas que muestran sus firuletes en distintos festivales.

En primer término podemos plantarnos en el Holydays Tango Moscú-Rusia, para ver en acción a la dupla que integran José Luis Salvo y Carla Rossi. Son quienes bailan un tango: Oigo tu voz, ejecutado por la orquesta de Ricardo Tanturi, cantando Enrique Campos.


Ahora nos trasladamos a Atenas, la capital griega. Allí están Pablo Verón y Cecilia Capello, que realizan esta exhibición, bailando el Valsecito de antes, por la orquesta de Juan D'Arienzo.

                                           
Y nos pegamos un salto a Nueva York. Estamos en el Mil pasos Milonga, de la ciudad norteamericana. En este caso Melissa Sachi y Cristian Palomo los que saltan al ruedo con la milonga: Parque Patricios, por la orquesta de Francisco Lomuto, cantando Fernando Díaz.

                                         

Y ya velando armas para esta nochecita bien milonga ¿viste?                                     

domingo, 9 de junio de 2019

D'Arienzo y sus orígenes

Por su impronta, sus modales, la manera de dirigir a la orquesta, los tangos reos que cantaba Echagüe y que hicieron huella en su época, por todos estos rasgos típicos, D'Arienzo siempre dio esa imagen de tipo de barrio, pícaro, atorrante, jodón, pasional y vivaracho. Siempre dispuesto a la exageración, a la broma, incluso con los cantores (Mario Bustos no le soportaba esas cosas) aunque la orquesta siempre marchara al ritmo vibrante que lo catapultó al éxito.

Pero los hechos dicen que fue criado en una familia de clase media alta y no anduvo correteando por las calles como se puede pensar. Sus padres eran italianos: Alberto D'Arienzo y Amalia Améndola y fue el primer vástago que trajeron al mundo, cuando vivían en Hipólito Yrigoyen (entonces Victoria) y Virrey Cevallos, cerca del Congreso Nacional -que todavía no estaba inaugurado., en el porteño barrio de Monserrat. Juan nacería el 14 de diciembre de 1900.

Juan D'Arienzo y su madre Amalia Améndola

El padre era representante comercial de firmas importantes, y su madre tenía un hermano: Alfredo Améndola, que era el principal accionista de las firmas discográficas Atlanta  y Electra, unas de las primeras empresas grabadoras de Argentina: Éste ayudaría mucho a su sobrino cuando empezara a llevar al disco los temas con su primera orquesta.

El padre quería para Juan y los dos hijos que llegarían tras él: Ernani y Josefina, unos estudios que les garantizasen el futuro económico que él había logrado. Y se empeñó en ello. La madre había estudiado música, tocaba el piano y tenía uno en su casa, con el cual influiría decisivamente en la formación de sus hijos. Con el tiempo Juan, violinista, a quien apodarían El grillo, por sus pizzicattos, sería estrella del tango, Ernani pianista y baterista de Jazz, y Josefina, pianista y soprano.

                                   

 Ya vivían en la calle Pichincha, cuando Juancito, a sus 12 años estudiaba violín en el Conservatorio Mascagni, con el maestro Pane. Los continuaría, coincidiendo con el Colegio Primario, en el Instituto Thibaud-Piazzino, con el profesor Fassano. Y sería en esa época cuando formaron un trío Infantil con Ángel D'Agostino y Bianchi, que actuaban los domingos en el Teatrito Grand Guignol, que funcionaba en el jardín Zoológico. Y su madre aplaudiendo entusiasmada.

Lo que vale la pena destacar es que Juan siempre cumplió con los requerimientos paternos. No sólo estudiaba sino que también se puso a trabajar tempranamente. Lo hizo en una Casa de música, como vendedor, tocando piezas con el violín o el piano, para entusiasmar a posibles compradores. Avelino Cabezas, dueño del establecimiento, se quedaría prendado de las dotes vendedoras del pequeño Juan, que incluso continuaría estrechando su amistad con Ángel D'Agostino, dado que ambos se reencontrarían en otra casa de música de Sarmiento y Cerrito, en la cual lograron activar las ventas, gracias a sus demostraciones, que tanto sorprendían a los posibles compradores.

                                   

Todo esto viene a demostrar que el éxito posterior de Juan D'Arienzo, que sigue incólume tantos años después, e incluso trasladándose con sus grabaciones a muchísimas pistas milongueras del mundo, se desarrolla desde temprana edad y lo consigue en base a su sacrificio personal. dedicándole horas al estudio, al trabajo y a la música. Cumpliendo con el pedido y apoyo de sus padres. Y aunque terminado el bachillerato, desistió de ingresar en la Universidad, pese a la insistencia de su progenitor, su berretín mayor pasó a ser la música por sobre todo.

Con 18 años se integra en la orquesta de Carlos Posadas, el músico negro que creó tangos tan exitosos como El tamango, Cordón de oro, Retirao, El jagüel, y que actuaba en el Teatro Avenida. La muerte repentina de éste, hizo que volviera a juntarse con su compinche Ángel D'Agostino, y al año siguiente, vuelven a tocar en otro teatro, con una importante compañía -Arata-Simari-Franco-, a la vez que acompañan a los bailarines El Mocho y La Portuguesa en distintos salones.

                             

El siguiente paso es la música internacional. Formará en  la Jazz Select Lavalle -del cine homónimo- y en la del banjoísta Nicolás Verona.  Se reencuentra con el tango en la formación de Anselmo Aieta (Aieta y sus ases), que integraban el director y Navarro en fueyes, D'Arienzo y Cuervo en violines, Luis Visca al piano y Corletto en contrabajo. En el cine Hindú recibieron el aplauso sostenido de los fieles que acudían cada noche a escucharlos.

La senda estaba marcada y D'Arienzo ya no se separaría del tango. Formaría orquesta con Luis Visca, como binomio director y, más tarde, con el viaje de Visca a  Europa, la orquesta queda a su mando. Cuando retorna el pianista, vuelven a ser socios-directores y finalmente queda D'Arienzo al frente y se consagrará definitvamente en el escenario del Chantecler, el famoso cabaret de la calle Paraná, desde 1930, hasta el cierre del local en 1960.

                     

 Lo cierto es que dejó un legado formidable en forma de registros discográficos  que, desde 1928 a 1975, suman 1001 grabaciones, nada menos. D'Arienzo rompió con todo: con la forma de dirigir, implantando una marcación rítmica  frenética, acentuando por igual los cuatro tiempos del compás y mezclándolo  con los nerviosos  rellenos del piano (Biagi, Polito, Salamanca), los bandoneones en stacatto encarando las variaciones y los solos de violín de Cayetano Puglisi, resaltando sobr el resto.

Batió records de venta de discos, de programas radiales, de taquilla en cada presentación que realizara en clubes porteños o del resto del país y Uruguay. Los analistas musicales no consiguieron amansar su polenta instrumental, y no sólo se impuso a todas las críticas en su tiempo, sino que sigue convocando bailarines a la pista con su ritmo musical imperioso.. Bastan dos compases de un disco suyo para que la milonga se altere, y es como un llamado imposible de desatender, por su elevado voltaje emocional.

Podemos recordarlo en estas imágenes filmadas en el Chantecler, para la película "El cantor del pueblo", dirigida  por Antonio Ber Ciani, y estrenada en enero de 1947, con Roberto Quiroga, Tito Lusiardo, Mario Fortuna, María Esther Buschiazzo y otros. D'Arienzo interpreta acá el tango de Eladio Blanco y Héctor Varela:  Don Alfonso. Tito Lusiardo  termina bailándolo con su compañera.