domingo, 19 de octubre de 2014

La Orquesta del CSMA

A veces uno tropieza con realidades inesperadas, pero lindas. Y estos jóvenes de Zaragoza tocan el tango con una ilusión contagiante, hermosa. La sigla CSMA, encierra al Conservatorio Superior de Música de Aragón, que aglutina a músicos en formación, dentro del mismo centro, proveniente de diferentes lugares de la región, o de Comunidades cercanas..

Como los sábados organizo una Milonga en la Casa de Aragón de Madrid, me invitaron a escucharlos hace un tiempo,  y me quedé sorprendido del nivel que tienen y cómo ejecutan el tango argentino, aunque los acordeones reemplacen a los fueyes. Porque entre los muchos y variados instrumentos que se estudian en el Conservatorio, no hay cátedra de bandoneón.

                                     


Pero vean, escuchen lo que hacen dos de los chicos de la orquesta, con el piano, un violín y el tango de Matos Rodríguez: La cumparsita.

                            
                                            

- El Director del Centro, explica que el Conservatorio pretende ser un centro vivo, con una permanente revisión y evaluación de sus planteamientos, y abierto a las nuevas ideas que se generan constantemente en el mundo. El prestigio del CSMA, alcanzado como Centro de referencia internacional en la enseñanza superior musical, no es fruto tan sólo de un grupo humano de excelente profesores del más alto nivel internacional, sino, conjuntamente a ello, por la actitud y compromiso de estos grandes músicos en obtener resultados tangibles, tanto en la calidad sobre los estudiantes, como en la incidencia directa sobre la sociedad actual.

Los invito a escuchar a la orquesta, interpretando el tango de Osvaldo Pugliese: La yumba. El pianista del tema anterior pasa a tocar el violín y deja a su compañera en el teclado. Mirá si los viera Don Osvaldo a estos galleguitos....



-La actitud de  trabajo implica la máxima exigencia docente junto a actuaciones públicas ante la sociedad, y que sirvan como muestra del trabajo realizado y una aportación de calidad a la cultura. El músico necesita de la experiencia creativa, más allá de su estudio y desarrollo personal. Los conciertos son un indicador claro de la calidad y sentido de todos los esfuerzos realizados.

En esto estoy absolutamente de acuerdo, vistos los resultados.   Acá ejecutan el tangazo de Julián Plaza: Nostálgico. Y a mí me emocionan por tratarse de chicos que no son tangueros.  Pero que muestran el alcance de su nivel musical.

                                         

-La orquesta del Sinfónica del CSMA tiene como vocación, ser la imagen del Centro, un espacio de integración de todas las sensibilidades artísticas, con un planteamiento profesional donde los estudiantes vislimbren su futuro inmediato, con repertorios alternativos, desde lo sinfónico a lo operístico (Y tanguero, agrego yo). El CSMA, como centro que acoge a todas la grandes formaciones orquestales, y aúna experiencias y músicos formados en  su ámbito, traza el camino para el  futuro desarrollo de agrupaciones estables aragonesas. 

Visto el nivelazo de estos jóvenes, yo les pediría que agreguen la cátedra de bandoneón. Por allí han pasado maestros argentinos de la talla de Rolando y Sebatían Prusak o Gustavo Beytelmann, gente que ha incluído en la introducción del tango en la orquesta del CSMA, y el desarrollo del mismo.

Y los dejo con la milonga de Julián Plaza: Morena, por estos futuros maestros. ¡Aplausos por favor!

                                      
                                                   


Como frutilla del postre, los dejo con el tango de Pedro Laurenz y Julio de Caro: Orgullo criollo. Acá ya interviene con su bandoneón Claudio Constantini y la participación de Gustavo Beytelmann. Al finalizar el tema la siguen con Todo corazón de Julio De Caro. ¡Feliz Domingo!

                                         
                                                      

viernes, 17 de octubre de 2014

Ramayón

Homero Manzi desempolvó en 1944 esta historia que convirtió en el tango de marras. Encierra un trágico novelón, una muerte joven, un tango de la guardia vieja: Joaquina, y toda una leyenda de esa meretriz de muchas mentas, la China Joaquina Marán. Que era quien acompañaba al protagonista del tema de Manzi, en el momento de su asesinato, mientras bailaban. 

Resuenan en baldosas los golpes de tu taco.
Desfilan en corridas por patios de arrabal.
Se envuelve tu figura con humo de tabaco
y baila en el recuerdo tu bota militar.

La China Joaquina era una morochaza de postín, de andares sinuosos, sensual al mango, que provocaba el afán sexual de los clientes de Mamita (Concepción Amaya), en su casa de Lavalle 2177. Era un sitio de bailes y de citas posteriores, en la cual tocaban músicos de la época como Sergio Mendizábal (hermano de Rosendo), Luis Teisseire y el Gordo Mauricio, entre otros. 

                                 
                                    

Mamita tenía buenas pupilas, seleccionadas, pero la preferida era Joaquina, porque además de su porte, era la mejor bailando. Al lugar concurría gente de la alta sociedad, jóvenes que se entretenían milongueando y luego desbravaban sus deseos en locales próximos. Se bailaba en el salón comedor y la dueña del lugar no dejaba entrar a cualquiera. Seleccionaba a sus clientes, buscando conformar un núcleo homogéneo, de clase media alta, para evitar broncas y entreveros.

Refleja nuevamente tu pelo renegrido
en salas alumbradas con lámparas de gas.
Se pliegan tus quebradas y vuelven del olvido 
las notas ligeritas de Arolas y Bazán.

Joaquina Marán, cuando salía del bulín de Concepción Amaya,  solía frecuentar otros lugares de baile. El Café Orión, en Palermo era uno de sus preferidos. Pero también visitaba otras casitas, como la de María la Vasca, en Carlos Calvo y Jujuy, donde solían actuar tríos y cuartetos que tocaban tango, a fines del siglo diecinueve y principios del veinte. Manuel Campoamor, pianista, autor de La cara de la luna, solía ser el músico habitual allí. 

Ramayón ya no estás con tu noche
tras el blanco calor del pernó.
Ya no pasa trotando tu coche,
ya no brilla tu bota charol.


Fernando Ramayón era un joven de familia adinerada, que seguía la carrera de abogacía.Tenían tierras en la provincia de Santa Fe, y el muchacho estaba en esa provincia de paso, cuando volvió a Buenos Aires para festejar su cumpleaños número 22, al día siguiente. Después de la reunión familiar se citó con algunos amigos buscando alargar a noche y divertirse en lugares non sanctos. Así recalaron en un local de Balvanera, en el cual relampaguearon las miradas entrecruzadas entre Fernando y Joaquina. De inmediato él la sacó a bailar y coparon la parada, porque ambos bailaban realmente bien y se entendían de maravilla. 

La barra se fue apuntando con otras mujeres, pero el número fuerte de la noche eran Ramayón y Joaquina. Todos los miraban con envidia. Además de su juventud, el muchacho tenía pelo renegrido, alta estatura, calzaba zapatos de charol y vendía sonrisas. Ella se le entregó en el abrazo y se notaba la complicidad reinante entre ambos.

                                           
Y no está con su traje de raso
la que entonces por buena y por leal,
afirmada en tu inmóvil abrazo
fue también tu pareja final.

Cada uno de los integrantes de la patota de niños bien, fue ligándose a algunas de las chicas y poco a poco se irían disgregando y despidiéndose con guiños de ojos, cada cual con su conquista. Fernando y Joaquina, cada vez más entusiastas en su baile y en su abrazo, se hablaban a la oreja en cada pausa de la orquesta y finalmente quedaron en salir juntos. La parada final era la casa de Joaquina.

Los llevaba un carruaje que pararon a la puerta, y ellos en la parte de atrás, mientras el mateo azuzaba al caballo, se abrazaban y besaban con pasión. En el camino, Joaquina le propuso hacer la última parada en "Los cuartos de Adela", en Avenida Alvear y Acevedo, de Palermo, donde incluso se bailaba y se bebían entonantes copetines. 

Aplauden tu elegancia las palmas de otro tiempo.
Las cuerdas empolvadas resuenan otra vez.
Y en el fugaz milagro de un breve encantamiento
reviven la ceniza de todo lo que fue. 

El alcohol, el abrazo de los cuerpos bailando y el deseo, ansioso, flotando por todos los poros, denotaban la urgencia de la pareja. En un momento determinado, entra al local un sujeto de avería, conocido en el ambiente como el Ñato Posse, aunque en realidad se llamaba Juan Bautista Passo. Había estado preso por sus andanzas delictivas, pero gracias a sus contactos con un caudillo del Partido Conservador, para quien prestaba servicios, salía rápido de la cárcel. 

El hombre había sido un tiempo amante de Joaquina, y cuando la vio bailando estrechamente con el muchacho, se le dispararon los celos. Ella lo advirtió y temía lo peor, porque lo conocía bien. Intentó rebajar la tensión, deshacer un poco el abrazo cuando lo divisó, pero el tipo estaba volado y sacando un bufoso le disparó un balazo mortal a Ramayón, que le entró por la nuca, provocándole la muerte instantánea. Ocurrió el 1 de febrero de 1898.

 El periódico al día siguiente revela: "...la identidad del prófugo homicida: Juan B. Passo (el Ñato Posse). El crimen había tenido lugar en los célebres Cuartos de Adela - Café, Posada y Sitio de Baile, ubicado en Avenida Alvear y Acevedo, de Palermo". En esa edición, también se agregaba: "Se ha pretendido que los celos determinaron la agresión porque una mujer del comercio alegre acompañaba al que murió". 

Un plomo de venganza te busca de repente.
Se aflojan los resortes violentos del compás.
Se pinta en tu pañuelo la rosa de la muerte
y el tango del destino te marca su final.

                                      

Joaquina Marán fué también pareja del cómico-músico Pablo Podestá, que terminó perdiendo la razón e internado en un Hospicio. E incluso de Maco Milani, un hombre de muy buena posición económica, bailarín de mentas y habitué de los lugares de diversión de la haute societé. Tampoco este hombre tan conocido en ambientes nocturnos tendría buen final. 

La propia Joaquina tendría su propia casita a principios de 1900. Allí tocaba y cantaba el guitarrista Juan Belarmino. Precisamente, el día del cumpleaños de la madama del sitio, Belarmino le dedicó un tango compuesto para ella, con su nombre: Joaquina. Y en la partitura lo deja claro: "Dedicado a Joaquina Marán". Belarmino fue muy apreciado en el ambiente de los músicos e incluso le dedicó un tango a su compadre Carlos Posadas: El gringo. 

 El tango Joaquina había pasado al olvido hasta que Juan D´Arienzo, en su búsqueda constante de temas de la Guardia vieja, lo rescató y grabó con su orquesta en 1935. Posteriormente volvería a hacerlo en 1943 y 1953. La historia de Ramayón la he ido reconstuyendo durante un tiempo en libros, relatos, periódicos y comentarios. Julián Centeya me acercó su versión un mediodía.


Cristóbal Herreros
El bandoneonista Cristóbal Herreros (Nacido en Barcelona, criado en Campana), que llegó a la Capital en aquella troupe de Juan Ehlert y la barra juvenil genial de Francini, Pontier, Stamponi y Expósito, le puso música a la letra de Manzi. El encuentro ocurrió cuando éste con su Sexteto estaba acompañando a Nelly Omar y ella le pediría a Homero alguna letra para que Herreros le pusiera letra. Y Manzi le dió la de Ramayón. Morán lo cantaba con la orquesta de Herreros pero no lo grabaron. Libertad Lamarque lo estrenó en la radio y tampoco lo llevó al disco. Finalmente Nelly, con su conjunto de guitarras lo grabó el 12 de noviembre de 1997.

                                             


Creo que como epílogo, vale la pena escuchar Joaquina, por la orquesta de Juan D'Arienzo, en su segunda versión del 23 de noviembre de 1943, y la grabación de Ramayón por Nelly Omar. 









 

lunes, 13 de octubre de 2014

Lisette

Esta niña emocionaba cuando era pequeña, y ahora que tiene nada más y nada menos que 14 adolescentes años, uno no puede menos que maravillarse al verla manejándose ante el público tocando el violín, el piano, la flauta...¡el bandoneón! o...cantando.Y lo hace con una naturalidad asombrosa. Incluso cuando cuenta que su abuelo alemán llegó a la provincia de Córdoba contratado por una firma comercial y lo impactó un tango que había escuchado. Y se quedó a vivir en la hermosa provincia argentina.

                                   



A Lisette Grosso Schmid, nacida el 21 de enero de 2000, le sucedió algo parecido cuando tenía apenas dos años. Había asistido a un concierto del Cuarteto de cuerdas de Roma y sintió algo especial que le llevó a hacer todo tipo de ocurrencias llamando la atención del público asistente al acto. A tal punto que sus padres le regalaron un violín de juguete para que se entretuviera.

El juguete le aburrió enseguida, se distraía tocando el piano de su abuelo, y entonces recibió un violín de verdad, que era lo que quería. Enseguida comenzó los estudios serios de música y dos años más tarde, con el grupo Suzuki realizó su primera presentación en el Teatro cordobés San Martín.

                                       
La pequeña Lisette con Raúl Lavié


Bueno parece una película, porque también estudió francés, inglés, flauta, bandoneón, piano, expresión escénica y canto, con profesores especializados como éstos que acá figuran:

Violín: Jonás Perea Muñóz
            Alan Chevalié
            Guadalupe Tobarías
            Mauro Asís
Canto: Rosana Pampiglione
            Esteban de Reyes
            Norma Rizzo
Piano: Giuliano Mosello
           Jorge Bailo
           Ana Belén Disandro
Bandoneón: El Maestro Carlos Nieto
Flauta Dulce: Ricardo Carbajal
Flauta Traversa: Fernando Canata


Ella misma relata parte de su historia y toca en una plaza pública cordobesa, de mañana, con viento, e incluso canta el tango de Cadícamo y Barbieri, "Anclao en París", para un reportaje en el programa de Lalo Mir. Increíble. ¡Tenía 11 años!!!

                                            


A esta altura ya recibió numerosas distinciones, y a los 9 años, pulsó el violín invitada por Esteban Morgado, en su orquesta, durante el Festival Lunas de Tango de La Falda. Porque con este instrumento se defiende divinamente como podemos apreciar en este video. Acá tenía 10 años y toca Por una cabeza, de Gardel y Le Pera en el Auditorio Nacional de La Falda, en los festejos del Bicentenario..

                               


Ha cantado con Raúl Lavié, con Guillermo Fernández, con Jairo, con Juan Darthés, con el acompañamiento del maestro José Colángelo o acompañada por su propio bandoneón, una proeza difícil de igualar. Además, como cuenta su padre, ya de niña leía las partituras con toda naturalidad y se le quedaban en la cabeza. "Decía que tenía la música dentro de su cabeza cuando apenas tenía dos o tres años y nos parecía rarísimo", recuerda su progenitor. Acá la difrutamos en "Gracias por venir", el programa de Lalo Mir, haciendo Malena con el fueye y su gola. Raúl Lavié y Guillermo Fernández la aplauden con los ojos y el cuore.
                                     



Intento redondear un poco la imagen artística de esta niña. La vemos hace un año (hoy tiene catorce), tocando Adiós Nonino, de Ástor Piazzolla, en una fiesta del Rotary Club, en el Hotel Tres Pircas, de Huerta Grande.

                                            



Y un final breve pero muy emotivo. No hay más que ver la cara del Negro Lavié cuando Lisette toca y canta el tema de  Laurenz y el Catunga Contursi: Como dos extraños. 

¡Qué maravilla!



                                                                       

viernes, 10 de octubre de 2014

Desde el alma

Página emblemática dentro del vademécum tanguero, este valsecito fue creado por una muchachita uruguaya como Vals Boston, una especie de pariente del vals vienés, pero más lento, monorrítmico, melodioso. Ella se llamaba Rosa Clotilde Mele (1897-1981), había nacido en Montevideo, y cuando tenía dos años de edad, sus padres italianos se radicaron en Buenos Aires con toda la familia.

Rosa era la menor de los hijos y de pequeña sintió una gran atracción por la música. Tocaba el piano  de oído a los cuatro años, hasta que la llevaron a estudiar y se recibió de profesora de piano y luego concertista en el Conservatorio Thibaud-Piazzini, con medalla de oro. Nunca dejó de estudiar piano, compaginándolo con el colegio primario.

                                             


Escribió numerosas piezas, pero a los 14 años, compuso ese Vals Boston, romántico, pegadizo, que entraría en la historia del género, relegando a la infinidad de piezas que compondría a lo largo de su vida con el nombre artístico de Rosita Melo. En 1922 contrajo Matrimonio con Víctor Piuma Vélez, poeta y escritor, que le puso letra a todas las composiciones de Rosa. Aunque, curiosamente, la única que trascendió fue la primera de ellas, ese valsecito juvenil que sigue vigente en todo el mundo.

La primera letra  del vals la escribió Piuma, pero tampoco tuvo recorrido. Fue en 1948, cuando Homero Manzi la llamó por teléfono a su domicilio del Bajo Flores, para pedirle que pusieran conjuntamente unos nuevos versos al valsecito, que cantaría Hugo del Carril en la película Pobre mi madre querida, donde intervenían la actriz italiana Emma Gramática, el citado Hugo y Aída Luz, entre otros. Esta nueva letra fue firmada por Manzi y Piuma, pero evidentemente está el estro de Homero en esas líneas que pasarían a la historia a partir de dicha fecha.

                                               



Lo cierto es que Roberto Firpo tuvo también una porción de mérito grande en la trascendencia del valsecito, porque lo transformó en el pentagrama dándole un aire inconfundible a vals porteño y así lo grabó con su orquesta abriéndole camino a la fama.

El segundo tiempo del valsecito, arrancó cuando Osvaldo Pugliese estaba con su orquesta realizando una larga gira por todo Japón que duraría cuatro meses, en el año 1979. Los músicos, en un momento determinado comienzan a sentir  el acoso de la nostalgia por su casa, su familia, su objetos personales. En ese estado de ánimo, cuando llevaban un par de meses de viaje, Pugliese les propuso a sus compañeros, realizar un nuevo arreglo del vals de Rosita.

                                             



Pusieron manos a la obra y el resultado final refleja, no sólo el talento de esos músicos, sino también la impronta de la lejanía, esa especie de melanco que algunas veces atravesamos. Y el arreglo obtuvo un premio impresionante. Fue un éxito total apenas llegó a las calles porteñas. Le dió a Desde el alma una sobrevida merecida por todo lo que representa la pieza. En las milongas arrancó ganando y muchas parejas de bailarines profesionales lo llevaron al escenario.

Como muestra, podemos disfrutar a la pareja Osvaldo-Zotto-Lorena Ermocida, bailándolo en Vancouver - Canadá.

Qué cosa linda.

   


Y como esa versión que realizó la orquesta de Pugliese dió tantísimo juego -lo sigue dando- veamos en este caso lo que hacen los chicos de Corporación Tango, con Desde el alma.


                                                                             


Y como dicen los vendetutti que se apilan en los bondis de Buenos Aires para vender sus mercancías "...Y por si esto fuera poco...", mientras siguen extrayendo el material que agregan a la oferta, de regalo, también este vals tranformado en leyenda tiene su poso mágico.

Mediante un prodigioso ensamblado,  los pueden revivir y hasta hacérselo bailar retroactivamente  a Fred Astaire y Cyd Charisse. El resultado final: Una belleza increíble.

¡Pero, qué bárbaros!

                                   
                                     

jueves, 9 de octubre de 2014

Firuletear de bandoneón

Hoy tengo este tango metido en la oreja, en el cuore, y de paso cañazo, me lo bailo solo en el salón, porque me parece una belleza y la versión que hiciera de este tango la orquesta de Pedro Laurenz con la voz de Juan Carlos Casas, es de prima. El fueye de Laurenz te arrastra , te lleva, te empuja. Me parece un tema que debió tener más llegada y mereció figurar en las partituras de otras orquestas.

La música del mismo  le pertenece al bandoneonista Ángel Domínguez y la letra al uruguayo -y peluquero- José Rótulo, que tantos éxitos cosechó escribiendo para la orquesta de Alfredo De Angelis. Esta dupla produjo otros temas que tuvieron largo recorrido. Uno de ellos: Como tú, fue un golazo en la interpretación de Edmundo Rivero con la orquesta de Pichuco, y de Raúl Berón con Francini-Pontier. También hicieron en colaboración Santa mía, un tango que grabarían Francini-Pontier, cantando Alberto Podestá, y Juan Sánchez Gorio con la voz de Osvaldo Bazán.

                                         


Le letra de este tango no es nada del otro mundo, apenas una simple apelación a los desamores comunes que se insertan en las letras de las canciones, pero la música de Domínguez, y sobre todo la vibrante interpretación de esa orquesta maravillosa que brilló a finales de los treinta hasta  mediados del cuarenta, le da un tono brillante que lo exprime y le saca toda la esencia. Y acaba permeando en el alma de la pareja de bailarines, cuando el bandoneón de Pedrito ejerce de instrumento obbligatto.

                                     
La orquesta de Pdro Laurenz. A su izq. Bermúdez y Domínguez

Ángel Domínguez fue un excelente bandoneonista, que entró en la orquesta de Pedro Laurenz, reemplazando al saliente Armando Blasco. Por su capacidad, estilo y polenta, se complementó fenomenalmente con Laurenz y esa etapa que duró hasta el año 1944 fue de gran relieve para la orquesta. Luego pasaría a la formación de Francini-Pontier, marcando otro mojón importante en su carrera, apuntándose en la formidable dupla que hizo con Armando Pontier en la fila de fueyes y destacando con Juan José Paz, al piano, en algunos arreglos realmente notables.

                              
Ángel Domínguez en la Orquesta Francini-Pontier, a la derecha de Pontier

Domínguez, nacido y criado en el barrio porteño de San Telmo,  estudió bandoneón con Alejandro Scarpino y posteriormente armonía con el malogrado Roberto Peppe. Comenzó de niño y pantalones cortos tocando en la orquesta de Antonio Polito, y su foja de servicios lo muestra como integrante de orquestas de pedigrí: Ángel D'Agostino, Osvaldo Pugliese, Elvino Vardaro, Joaquín Mora, Florindo Sassone, Alberto Mancione, Ástor Piazzolla y Osvaldo Manzi.

Dirigiría su propia formación para acompañar al cantor Roberto Chanel, y seguiría viaje por las suyas en un nivel destacado, incluso como Director musical estable de Radio Splendid. Fue muy apreciado en el ambiente por su capacidad como arreglador y acompañante de diversos antores y por los temas que llegó a grabar con su orquesta. Algunos de ellos como El embrollo, de Gilardi, o Si sos brujo, de Balcarce alcanzan un hermoso vuelo lírico. Falleció joven, con 56 años, y curiosamente este hermoso tango que hoy me ocupa, fue el primero que compuso.

FIRULETEAR DE BANDONEÓN



Firuletear que tienes la dicha
de llevar en tus notas mi canción
-como si fuera un murmullo de amor-
a la pebeta que espera.

En tus caricias llevas prendido
los acordes de un tango compadrón
para decirle al oído que yo
estoy muriendo de amor.

Junto a tu lado fui feliz,
-¡más ciego un día!-
Por unos ojos olvidé que te quería.

Hoy, ni el amor de aquellos ojos me queda…
Pagué, ya ves, con la traición que te diera.
Sueño de amor, que convertí en llanto…
¿Por qué me fui y te quería tanto?
¡Vuelvo a buscar en tu pecho nuevamente
calor de nido para mi corazón!

Yo sé corazón
que vas a llorar…
Tal vez, porque no supe quererla,
más hoy, estoy penando por verla,
ya ves corazón, ¡que hoy voy buscando tu perdón!


Pedro Laurenz lo grabó con su orquesta el 2 de diciembre de 1942, cantando Juan Carlos Casas.  Lo escuchamos y no resistimos la tentación de mover los remos al compás de esta maravilla.


El Negro Miguel Montero lo llevó al disco el 12 de marzo de 1970, acompañado precisamente por la orquesta de Ángel Domínguez. Lo hizo en otro tempo más lento y acá lo podemos apreciar.