miércoles, 4 de mayo de 2016

Homenaje a Horacio Salgán

Se merecía largamente el gran maestro del tango, esta fiesta de homenaje que se le brindó el sábado 3 de marzo de 2012 en el gran Teatro Colón, donde él con su madre, y contando apenas 6 años, concurría a presenciar y escuchar las óperas que luego influirían en su enorme talento musical. Porque, cuando tocaba con su orquesta, en los años 40, su hinchada estaba compuesta por músicos de tango que iban a presenciar sus actuaciones, por todo lo nuevo que aportaba al género. Por eso fue tan respetado a lo largo de su carrera, pese a todas las zancadillas que le pusieron en las grabadoras, emisoras de radio y televisión.

Tuvo grandes cantores gracias a su oído privilegiado y descubiertos por él antes que fueran famosos. Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, Ángel Díaz, Horacio Deval, Carlos Bermúdez, Jorge Durán, Oscar Serpa y otros de menor trayectoria. Luego de algunos años de oscuridad en que se dedicó a la enseñanza, volvió con nuevos bríos en el maravilloso Quinteto Real que formaron con Pedro Laurenz, Enrique Mario Francini, Ubaldo de Lío y Jorge Ferro (luego reemplazado por Kicho Díaz).

                                       


Fueron aplaudidos hasta el delirio en Japón, adonde viajaron en varias oportunidades, y los lugares donde actuaban en Buenos Aires, estaban colmados de seguidores que disfrutaron de aquellas maravillas que crearon con el Quinteto Real. También en teatro lució su jerarquía con Aníbal Troilo en la obra de teatro estrenada en el Teatro Odeón en septiembre de 1963.

Horacio Salgán -de ancestros negros, como él mismo afirma-, debutó con su primera orquesta en 1944 y anduvo dando cátedra en distintos escenarios de Europa y Estados Unidos. Y confirmaba lo de sus seguidores cuando explicaba:

-Soy, como se dice normalmente, un tipo afortunado. Pienso que gran parte de mi éxito se lo debo a mis colegas. Desde siempre, desde cuando la mayoría de las mesas de los los lugares en que actuaba, estaban ocupadas por músicos. Mi orquesta no tenía barra de seguidores, pero la presencia de músicos de tango, sí que era gratificante para mí y mis compañeros de la orquesta.

                                   
Horacio Salgán, su orquesta y el cantor Ángel Díaz., junto a Leopoldo Federico

Tuve la enorme suerte de verlo con su conjunto en aquella velada maravillosa de 1972 en el Teatro Colón donde actuó con su orquesta. Y también ocuparon el escenario las de Aníbal Troilo, Florindo Sassone, el Conjunto 9 de Ástor Piazzolla, Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, el Sexteto Tango. El espectáculo se desarrolló bajo la conducción y presentación de mi entrañable amigo y compañero: Antonio Carrizo, fallecido hace poco.

En la presentación que les muestro al final, todo fue realizado con el asesoramiento del maestro que prefirió verlo desde su casa  por televisión, por el miedo a la emoción que pudiera  suscitarle esta mirada hacia atrás. Su hijo César lo reemplazó en el piano y los integrantes de la orquesta son citados al final del homenaje que produjo Gustavo Mozzi.

                                       
Quinteto Real: Salgán, Laurenz, Francini, De Lío y Kicho Díaz


Don Horacio Salgán cumplirá 100 años el próximo 15 de junio y nada mejor que recordar este homenaje a uno de los grandes creadores que ha tenido el tango en su historia.


























                                            

lunes, 2 de mayo de 2016

Discépolo en París

Mucho se ha hablado y escrito sobre este amargo filósofo del tango, actor, charlista, autor teatral, director de teatro y cine, gran amigo de sus amigos y auxilio de muchos necesitados que recurrían a él para aliviar sus penurias. Justo a Discepolín que siempre vivió en el alambre, sólo, o en su matrimonio con Tania. Lo pasó mal cuando quedó huérfano de padre y madre y tuvo que ir a vivir a la casa de unos parientes que tenían reglas muy estrictas. Se iría después con su hermano mayor Armando y la familia, en la calle Rioja.

Y poco a poco su talento, fraguado en las inclemencias de la vida, en lecturas y tertulias de intelectuales que se hacían en la casa de su hermano mayor, Armando, o en la acera de enfrente, en casa del pintor Abraham Vigo. Allí concurren, Juan Palazzo, autor teatral tempranamente fallecido, y personajes bohemios y de espíritu anarquista, el escultor Riganelli, el pintor Fabio Hebecquer, su colega Torre Revello, Benito Quinquela Martín, Juan de Dios Filiberto, Santiago Stagnaro, pintor y gremialista del puerto, el Negro Techera y otros. Lungas y fecundas madrugadas con Riganelli cebando mate y el grupo discutiendo de política y arte mientras devoraban las medialunas y bizcochitos restantes...

                                         


Así se formó el muchacho triste que comenzaría a trabajar como actor en pequeños papeles, llevado por su hermano Armando, director, autor y creador del teatro denominado grotesco criollo. Un género dramático, de raíces itálicas, que dejó páginas históricas. Enrique iba creciendo, siempre raquítico, había vivido con mucho dolor las masacres de la conocida como Semana Trágica en 1919, y ello se había instalado para quedarse en su espíritu, rebelado ante la injusticia.

Sus primeros tangos no tuvieron mayor trascendencia. Arrancó con Bizcochito, compuesto con Letra de José Antonio Saldías y lo crearon en un pueblo  entrerriano, en una tarde de lluvia. Años más tarde diría en una entrevista en la revista Radiolandia:

-Un tango puede escribirse con un dedo, pero necesariamente se escribirá con el alma, porque un tango es la inimidad que se esconde y es el grito que se levanta airado, desnudo. Está en el aire como el vuelo curvo de los pájaros, está en la pared descascarada que muestra una llaga de ladrillos y en la esquina más distante y en las plazas y en los baldíos.

                                             
Margarita Solá, Gladys Rizza, Enrique S. Discépolo y Tania


Después vendrán lentamente: Que vachaché, en 1926, donde ya da rienda suelta a sus convicciones y la tristeza que lo envolverá ante las desigualdades de la sociedad y la ceguera de los políticos en el poder. Recién con un tango humorístico, dos años más tarde: Esta noche me emborracho, recibe la alternativa de parte de intérpretes y públic. Ese tango prolongará su éxito, incluso lejos de Buenos Aires. Le siguen Chorra (de la misma cuerda), Malevaje, Soy un arlequín, Alguna vez (letra de García Jiménez), Los sarcásticos Victoria y Justo el 31... y por fin le brota de las entrañas ese Yira yira, que dará la vuelta al mundo. Y seguirán las páginas que lo perpetuarán. Algunas de ellas serían: Confesión, Secreto, Tres esperanzas, Cambalache, Desencanto, Tormenta, Martirio, Infamia, Uno, Sin Palabras, Canción desesperada, El choclo o Cafetín de Buenos Aires, compuestas en sociedad, tanto como letrista o compositor, o solo.

Lo curioso es que, pese a ser hijo de un músico (el italiano Santo Discépolo), Enrique no sabía música y se las veía para poder ponerle la melodía a temas suyos o de otros autores, porque desconocía la notación. Y entonces, cuando estaba en casa, leyendo o duchándose, comenzaba a "cantar" el tema y en cuanto podía salía corriendo a buscar al amigo que se lo transciribiera al papel. Iba cantándolo por la calle o silbándolo, sin importarle lo que pensaran los transeúntes que cruzaba a su paso. Generalmente era su amigo, el pianista Lalo Scalise, pianista de renombre, quien le trasladaría su ingenio a la partitura.                                      
                                    
                                        


 Un día decidirá que es hora de viajar a Europa con Tania para darse a conocer allí. Sus amigos del ambiente le organizan entonces un gran Festival en el Luna Park para recaudar fondos que agregarían a la flaca billetera del gran poeta y actor de Buenos Aires. En el mismo, Discépolo presentó su Historia del Tango con 60 músicos, proveniente de numerosas orquestas. Y estuvieron Francisco Canaro, Julio De Caro, Francisco Lomuto, Fernando Ochoa, Ernesto Famá, Ignacio Corsini, Azucena Maizani, Edgardo Donato, Alberto Vila y otros, que cantarían los temas, incluída Tania.

 Discépolo, Tania, Lalo Scalise, empresarios y amigos partieron por fin a Europa en el barco Oceanía, el 14 de diciembre de 1935, con rumbo a España. Recién arribados a Madrid, entre Lalo y Enrique convocaron a músicos españoles para seleccionar a los que integrarían la orquesta. Finalmente quedaron los 25 que acompañarían a Scalise y que dirigiría Discépolo. Actuarían con gran suceso en el teatro Casablanca y el Teatro de la Música. Luego vendría Barcelona con otro exitazo, Portugal y pasarían por Marruecos, camino de París.

Tania, Discépolo y Consuelo Salvador a punto de embarcar rumbo a España
En la capital francesa, se establecerían durante el invierno de 1936, y las cosas estaban difíciles, el Sindicato de músicos exigía que figurasen 5 ejecutantes franceses por cada extranjero. También se  ofrecieron varios argentinos que estaban varados en la capital de Francia. Les obligaban a vestir de gauchos y a éso se opuso terminantemente Discépolo, que terminaría ganando la batalla. La recepción del público no era la esperada, por las dificultades del idioma y aunque no les fue mal, les quedó un regusto un poco amargo. Pese a que la realidad no había sido para nada negativa.


 De todos modos el sello francés Pathé les invitó a grabar varios discos y así lo hicieron, antes de ver fracasados sus intentos de actuar en Roma y el posible regreso a España, frustrado por el arranque de la terrible guerra civil. Debido a lo cual Discépolo, Tania y Scalise hicieron las maletas y regresaron a Buenos Aires, a mediados de 1936, previa escala en Río de Janeiro donde disfrutaron del buen tiempo y el calor del público brasileño que los obligó a estirar durante dos meses su estadía en el país hermano.

Discépolo, Scalise al piano, Tania y la orquesta grabando en Pathé de París

Como un resumen de toda aquella gira, tan especial para Discépolo y Tania, quedan los temas registrados en en el sello Pathé, con la orquesta gigante de franceses, españoles y argentinos. De ellos extraigo dos tangos, precisamente de Discépolo: Alma de bandoneón, que canta Tania, acompañada por la orquesta. Y el instrumental Confesión. En ambos casos llevan letra de Luis César Amadori, aunque el segundo no fue cantado en este disco.

02- Alma de bandoneón - Orq. Discépolo canta Tania

04- Confesión - Orq. Discépolo


sábado, 30 de abril de 2016

Bailongo de los domingos

La censura del gobierno militar le obligó a canmbiar títulos y letras a los tangos y milongas que bañaban a la ciudad de Buenos Aires, convertida en una gigantesca pista de baile. Por eso Castillo lo grabó con Tanturi, bajo el título de arriba y Demare con Berón tuvo que hacerlo como: El baile de los domingos. ¡Qué rayada tenían las cabezas aquellos censores que nunca se identificaron con el tango argentino! Siempre prefirieron los ritmos extranjeros, sobre todo si venían del Norte...

Francisco García Jiménez, eminente poeta del tango, compuso este tango con el violinista y feliz compositor: Oscar Arona. Pinta divinamente aquellas milongas del cuarenta dado que Tanturi-Castillo lo grabaron en mayo de 1943 y Demare-Berón lo hicieron dos meses más tarde.  Y la pieza termina así:


Alardes de bordador                                                           
dibuja el pié                                                            
y afirma el brazo su fé
de vencedor.
Y atrás suspiran los ecos
de Bardi y de Greco
su eterna emoción.
Lindos tangos del ayer
las historias que ha de haber
enredadas en sus flecos...
Viejas quejas de pasión
renovando parejas
con este son.

Lo típico. Como ayer, anteayer y hoy. La diferencia es que ahora las milongas pululan en el mundo entero, aunque sigan sonando esas hermosas e invencibles piezas de los años cuarenta. Hoy tenemos la nuestra: BIEN MILONGA, en la Casa de Aragón de Madrid, situada en la Plaza República Argentina, nº 6, como todos los sábados y martes a partir de las 21 horas.

                                       


Y como tentempié quiero que desfilen por la página algunas parejas argentinas amigas que bailan divinamente. Como por ejemplo, el porteño Leo Calvelli y la salteña Eugenia Usandivaras, que en Crest (Francia) se mandan con el tango Mala junta, por la orquesta Color Tango.

                                 

El santafecino y tocayo Mariano Otero, rdicado en Madrid, y su pareja madrileña Alejandra Heredia, bailan el foxtrot Zapatos rotos, por Enrique Rodríguez y el cantor Ernesto Falcón, en tiempo de milonga-candombe. Y lo hacen genial, en la ciudad alemana de Leipzig

                                         

Y la pareja de porteños, radicados en Madrid, Ezequiel Herrera-María Antonieta Tuozzo, en el Círculo das Artes de Lugo- España, nos deleitan con el vals: En tu corazón por la orquesta de Juan D'Arienzo y el cantor Alberto Echagüe


                                           

viernes, 29 de abril de 2016

Maleza

Hoy también voy con letras de tango que subliman el género, como éste de Cátulo Castillo y Enrique Munné, que tiene dos versiones muy buenas: una de Osvaldo Pugliese con Alberto Morán y otra de Osvaldo Fresedo, cantando Oscar Serpa. A mí me encanta la versión de Pugliese, por el estilo de la orquesta y esa interpretación del Flaco Morán. Éste se lucía maravillosamente en las primeras grabaciones con el maestro de Villa Crespo, con una entonación distinta, más suave que la de sus últimos tiempos en la orquesta, cuando lo hacía dejándose el alma y la piel en el micrófono, desgarrándose en la interpretación,  para locura de su legión de admiradoras.

La letra de Cátulo se baña en aguas poéticas similares a Nada, el tema del tristemente desaparecido Horacio Sanguinetti (Basterra), que lleva música de José Dames, y escrito un año antes. Es decir: la vuelta a la casa de la antigua novia para buscar sus rastros y el encuentro con la misma, vacía, abandonada, y la hierba crecida, despiadada, con el herrumbre sobre los hermosos recuerdos del pasado.

                                              
Cátulo Castillo

Pero, aunque sean de similar estilo, me encantan los dos, porque describen fielmente esa imagen traslúcida del abandono y el paso de los años, oxidando todos los recuerdos emotivos de una pasión que ya fue, y que no volverá. Entonces nos convertimos en contempladores de la fugacidad de los sentimientos y de la ajada juventud perdida. Y el dolor del protagonista se refleja en la maleza del jardín abandonado hace tiempo. Un tiempo que fue luminoso.

MALEZA 

Si la ausencia me cerró su portón                                          
con malezas del olvido...
Si está mudo su aldabón
juguetón,
yo ni sé porque he venido...
La maleza del jardín
y las ruinas del balcón
me lastiman con su esplín...
Si su mano ya no está...
Si en el sueño de mi empeño
más maleza crecerá.

La sensación del vacío, del ocaso del tiempo, la pintura sin abalorios verbales, pero crudo en su descripción, nos sumerge de lleno en una página modélica que me sigue cautivando. Sobre todo en la voz de Morán (der.)

Fue torpeza de mi amor                                      
celo amargo que cubría
la vida mía...
Maleza oscura
de mi locura,
como un veneno
lento, y lleno
de dolor y rencor...
Maleza vana
del corazón...
Como la herrumbre de su persiana...
Como el musgo que creció...
¡Como el mal que su ventana,
cerró!

El asalto constante a lo efímero, con el adorador de falsos brillos y definitivamente náufrago existencial, de espíritu dubitativo y nostálgico. Imágenes alborotadas que rebotan contra la realidad del abandono, que no perdona.

Por hacerme daño así, yo partí...
sin saber de que la hería.
Sin pensar que con la ausencia, perdí
todo lo que más quería...
Ya está oscuro el callejón...
ya está mustio su jardín,
silencioso el aldabón,
y hoy que vuelvo a su portal,
mi tristeza es la maleza
de un recuerdo que hace mal.


                                         


A esta hermosa pintura de la desolación de los sentimientos, le puso la música ideal, el pianista y compositor rosarino Enrique Munné. Osvaldo Pugliese con la voz de Morán lo grabó el 28 de mayo de 1945. A su vez Osvaldo Fresedo con el cantor Oscar Serpa, lo llevó al disco el 6 de noviembre del mismo año. Voy con ambos registros.

Osvaldo Pugliese-Alberto Morán - Maleza

Maleza - Osvalso Fresedo-Oscar serpa

miércoles, 27 de abril de 2016

Seguime, corazón

Aunque esté bastante olvidado, Jesús Fernández Blanco,  que llegó chiquillo a la Argentina, con su familia procedente de Cuenca de Campos, ubicado en Tierra de Campos, provincia de Valladolid (España), se adaptó no sólo al habla porteña, sino que escribió tangos gauchazos memorables como El barbijo o sentimentalmente entrañables como Calor de hogar, que les grabara Carlos Gardel. Temas realizados con Andrés R. Domenech y Eugenio Carrére, respectivamente.

Su pequeño pueblo natal apenas alberga hoy a unos 220 habitantes, y lo que siempre me ha llamado la atención es el vocabulario gauchesco maravilloso que utilizó en algunas de sus letras. Como ejemplo puedo nombrar a Lonjazos, la citada: El barbijo, o Telarañas, hermosamente construídos. O El contrapunto, con Julio De Caro. Además creó éxitos como El abrojito, con música de Luis Bernstein, Tierrita, con Agustín Bardi, o La payanca, con Augusto P. Berto.

                                                 


Fernández Blanco, fue autor de piezas escénicas para el teatro, antes de volcarse al tango y escribir su primer tema con el pianista rosarino Andrés Domenech: El gaucho se va, en 1923. Fue la señal de partida para un creador que construyó unas doscientas obras, con músicos como Juan Canaro,  Alfredo Pelaia, Samuel Castriota, Humberto Canaro, Ansemo Aieta, Mario Canaro, Antonio Sureda, Eduardo Arolas, Roberto Firpo, Francisco Canaro (Corazón de oro), Andrés R. Domenech, Luis Teisseire, y muchos más. Hasta con Imperio Argentina.

Fue uno de los fundadores del Círculo de Autores y Compositores de Música de Argentina y hoy quiero recordarlo en este tango del título, que suelo pasar en la milonga por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Juan Carlos Lamas, grabado el 27 de octubre de 1942. Los versos son realmente curiosos porque es difícil encontrar a alguien que le dé manija al cuore y le diga que lo siga a él. Genial. Y el final, más curioso aún. Ni el tordo Favaloro se lo podría imaginar en sus sueños más remotos


SEGUIME, CORAZÓN 

Amigo corazón, vos has llorao
apenas una duda te mordió,                                           
y estás como los maulas, arrugao,
sin chance pa'seguir, la ruta del dolor.
Al verte sollozar acobardao
quisiera yo arrancarte de un tirón,
y en este mundo ingrato, que sólo da tormentos,
más libre que los vientos, vivir sin corazón.

Yo no sé nada de cobardes agachadas
porque en las  malas, mi serena juventud
es como un cóndor con las alas desplegadas
que siempre busca las alturas y la luz.
No me hacen mella los amargos desengaños
y si querés que no te arranque de un tirón,
por el camino de las penas y los años
sin lágrimas de maula, seguime corazón.

Y en el final le entra a dar consejos al propio cuore, como si el hombre fuese un psicoanalista que le está dando manija a su motor, y termina amenazándolo, caso de continuar en ese trance de achicada.

Amigo corazón si ves nublao
tu cielo de esperanzas y de amor,
las nubes son un mísero tinglao
rompelo y vas a ver, que arriba brilla el sol.
Si vos querés seguir acobardao
un día sin dolor te arrancaré,
y luego de arrojarte, cual pasto de las fieras
feliz con mis quimeras, sin vos yo seguiré.

Después de los consejos: el amasijo. Se arrancaría el corazón a lo macho, como se lo arrancaron a Juan Lavalle. Es surrealista pero muy bien construído. Me encanta. Y la música que le adaptó Baldomero Suárez, le da el realce justo. Es evidente que este poeta, transitó el camino de los tangos dulces, gauchos, arrabaleros, compadres o humorísticos con la misma solvencia. Y aunque haya pasado de moda, me encanta revisar la arquitectura de sus versos, como los de este tango que estrenó Libertad Lamarque en radio.

Hay una grabación de Alberto Marino con la típica de Armando Pontier acompañándolo. Está la citada de D'Arienzo-Lamas y una de la Típica Victor con el cantor Juan Carlos Delson.Incluso hay un registro del cantante colombiano Noel Ramírez que lo grabó con orquesta.Yo traigo la versión de Alberto Gómez, acompañado por la orquesta de la Victor, que fuera grabada el 6 de diciembre de 1933.

Seguime corazón - Alberto Gómez








lunes, 25 de abril de 2016

De Caro, Gardel y Chaplin

En agosto de 1972, lo tuve a Julio De Caro en mi programa de Radio titulado: Dialogando con swing, que iba por Radio Argentina, los domingos desde las 8.30 hasta las 12 del mediodía. Por ese micrófono también pasaron otros personajes importantes y tangueros de primera línea, así como artistas y deportistas de prestigio. Pero, en esa oportunidad, De Caro -que tenía 73 años, hacía tiempo que estaba retirado, vivía en Mar del Plata y tenía muchos problemas para expresarse porque el violín corneta, con su apoyatura, le había dañado las cuerdas vocales y le costaba expresarse-, me hizo además un hermoso regalo: su libro "El Tango en mis recuerdos", que además tuvo el detalle de dedicármelo.

Hoy vuelvo a abrir las páginas de dicho ejemplar y me encuentro con esta hermosa historia de su estadía en Niza, Francia, en el año 1931 y su reencuentro con Gardel, además de detallar cómo lo había conocido personalmente tiempo antes en Buenos Aires.

                             


MI ENCUENTRO CON CARLOS GARDEL EN FRANCIA

   En varias oportunidades había podido escuchar a Carlos Gardel en Buenos Aires, cuando su aquel famoso dúo con José Razzano, y rendido admirador del "Zorzal criollo", por su personalísimo estilo, firme lo seguía en sus actuaciones desde el anonimato de la platea.
   Sabiéndolo en el Teatro Esmeralda (hoy Maipo), me fui un domingo por la tarde; terminada la función, sin ser yo un cazador de autógrafos, aún bajo el influjo de esa voz, golpeé en su camarín para pedirle una fotografía.
   Tratando de ubicarme, cual si me conociese de alguna parte, preguntó:
   -Decime criatura...¿vos...tocás con Arolas?
   -El mismo, señor.
   Bueno, ...te daré mi mejor foto (que me entregó con un abrazo)

                                           
La mesa del Palais de la Mediterrranée con Gardel y Chaplin juntos


NUESTRO DEBUT  EN NIZA

   Instalada la orquesta en el escenario, medio descorrido el telón, y yo a punto de hacer mi primera presentación en el "Palais de la Mediterranée", impresionado por la dimensión de aquel salón colmado de público, sentí vacilar mis piernas... , y no era para menos poderse a duras penas, mantener en pie ... por sobrehumano esfuerzo. En ese crucial instante, abierto el cortinado, se dejó oír una voz en francés, partiendo de la multitud, requiriendo un miuto de silencio:

   -Señoras y señoes, he viajado ex profeso desde París a esta maravillosa Costa Azul, no esta vez para admirar su paisaje, sino para acompañar en su noche de debut a este compatriota mío, gran intérprete del tango argentino en su patria que, al igual que yo, les brindará lo mejor de su espíritu en la música,  y ya que ustedes me dispensaran el aplauso del éxito, pido otro para Julio De Caro sabiéndolo de antemano merecedor de él, por ser su orquesta típica, bajo su conducción, en la actualidad una de las mejores (textuales palabras). A vuestro criterio dejo el consagrarlo  también, en esta noble y grande Francia, después que valoren su actuación y composiciones suyas.

   Terminado el discurso, ya acostumbrado a la luz de los reflectores, pude localizar a Carlos Gardel, parado al lado de su kilométrica mesa, cuyos invitados serían unas cien personas, entre damas y caballeros, destacándose elegantísimo dentro de su impecable frac; y, aparte de su voz, hasta hoy jamás igualada, diré en su honor que también su persona fue milagro de evolución, quedando muy atrás y en el olvido, aquel "Morocho del Abasto" de los primeros tiempos.
   Su perfecta dicción, queriendo hablar con propiedad, sin esfuerzo ni afectación alguna, como también en el saber llevar la prendas del vestir, y aseguro sin temor de equivocarme que, de haber tenido el cultivo necesario en sus años infantiles, habría sido grande  en cualquier otro renglón profesional, si la vida le hubiese tendido una mano; pero mejor dejarlo como Dios quiso, porque así tuvimos al cantor de todos los tiempos, y este regalo no nos lo quita nadie.

                                  
El sexteto De Caro, con los cantores Luis Díaz y Marambio Catán

  -Tras sus palabras de enorme aliento, renació mi calma, cambiando de inmediato la primera pieza programada, "El entrerriano", por "Tierra negra" (de Noli y Graciano de Leone) la que, atacada en su comienzo por Laurenz con una llamada de bandoneón, fue tal el impacto en el auditorio que aún resuena en mis oídos aquella ovación.
   Nuestra labor debía durar media hora, y prolongada a la fuerza, otra media más, cerrando con un pedido de Charlie Chaplin (Carlitos), ahí presente, empeñadísimo en bailar "El monito", tango que tuvo que ser bisado infinitas veces.
   Referente al tango "El monito", a éste debería clasificarlo como una jugarreta del destino, pues solicitado ya por Francisco Canaro, artista entonces del sello "Max Glücksman", para enviar un tango al concurso que dicha marca organizase, decidí hacerlo con el mencionado, aún inédito. Sólo diré que no fuí clasificado entre los primeros, pero a poco y por sí solo, uno de los predilectos del público, máximo juez siempre, aún hoy, dentro del corazón del pueblo y, a juzgar por el monto de los derechos de autor y tiraje de sus ediciones, agregando que debí incluirlo como broche final de mis actuaciones, dado el insistente pedido, no pudiendo jamás bajar del palco sin haberlo interpretado.

                                    
Chaplin, Gardel y Carlyle Robinson (Antiquehistory-net)

---Aunque la finalidad de nuestra orquesta, al contratarnos, fue exclusivamente para ser escuchada (como concierto), este empeño del astro inglés me hizo quebrantar lo propuesto y, en menos "de lo que canta un gallo", tras cartón, retirando las mesas los mismos ocupantes, enloquecidos con la brillante idea del astro, lo siguieron y con ello, a partir de esa apoteótica velada, por doquier fuéramos acompañándonos del éxito, precedidos por la prensa con los más halagadores comentarios. 

   Como "nobleza obliga" creo no equivocarme al decir que, en parte, tanto laurel ofrendado se debe a la espontánea y generosa presentación de Carlos Gardel; sin ella, quién sabe si lo habríamos logrado.... Entre otras personalidades estelares  que conocí personalmente ahí, mencionaré a Jack Hilton, grande del jazz como director de orquesta, dejándole varios discos míos en recuerdo de aquel saludo amistoso que me enviase a la Argentina, con el director técnico del sello "Victor" y con Francisco Canaro, cuando fuera a EE.UU.

Por su entusiasmo "decareano" fue un "hincha" fiel, siguiéndome en mi trayectoria, al ligarnos más esta amistad tan inusitadamente comenzada. El resto de nuestra gira por la Costa Azul puede conocerse en el libro de Luis Rey.


Chaplin se hace el monito y Gardel y César Romero (parado) se descostillan de risa.
                                         

Creo que sería bueno escuchar El Monito por el Sexteto de Julio De Caro para revivir aquella escena con los vahos del recuerdo que nos traen las palabras de su creador. Lo grabó en esa oportunidad, el 6 de julio de 1925.

El monito- Sexteto de Julio De Caro


  

sábado, 23 de abril de 2016

Porteño y bailarín

Y sí, porque me hice en un barrio porteño, tanguero y milonguero y esos yeites no te abandonan jamás en el camino, por más fronteras que cruces, aviones que subas y amigos que conozcas en el camino de la vida. Es como ser hincha de un club de fútbol. Podés divorciarte, tener nuevas familias, vivir en otros países, cambiar de nacionalidad, pero... seguirás siendo hincha de ese club hasta la muerte. Bueno con el gotán te pasa lo mismo, ¡que querés que te diga! Y el que se arrimó a otros hobbies, ritmos y costumbres lejanas...¡que se embrome!.

Bueno, mirá que va en serio, eh. El tango se te mete en el cuore,  lo tenés como abrojito prendido (Morán lo cantaba), y te ilumina de recuerdos, de noches vividas y vívidas.Y si seguís en la onda, ¿qué más lindo podés encontrar que milonguear en lugares como BIEN MILONGA, la sala que llevo en la Casa de Aragón de Madrid, todos los martes y sábados, desde las 21 hs. Y para entonarme y ponerme en órbita, lo escucho a Mario Pomar cantándolo con el troesma Di Sarli.

Porteño y bailarín
me hiciste, tango, como soy
romántico y dulzón.
Me inspira tu violín,
me arrastra el alma tu compás,
me arrulla el bandoneón...

¿La cazaste? Bueno si todavía estás en ayunas con la que te estoy batiendo, acompañame a recorrer algunas milongas de mi Buenos Aires querido, donde se despunta a muerte el arte de mover los remos llevado en vilo por orquestas que te hacen soñar. Ah, ¿no me creés?... Peor para vos. Yo me largo por esa pistas que guardan rastros de antiguas pisadas de bailarines y bailarinas gloriosas.

Y hoy te lo hacen así:

Por ejemplo, Carolina Bonaventura y Martín Ojeda que nos deleitan en en la Sala Porteño y bailarín, de la calle San José, bailando precisamente ese tango del título y que da nombre a la milonga. Junalos.

                                                 

¿Vas entrando en órbita? Bueno, seguimos avanti, visitando estos lugares que tienen historia, y a su vez la hacen para décadas posteriores. Ahora la juego de reculié y en esta vista atrás, vuelvo con el fallecido milonguero del barrio de Pompeya, Teté Pedro Rusconi - pupilo del legendario Flaco Tin-, que con Silvia se mandan este valsecito: Claro de luna, por Pirincho Canaro cantando Eduardo Adrián.


                                         

 Y para culminar la ronda nochera, dos milongueros de rompe y raja, Elina Roldán (¡Morocha liiiinnnnda!) y Pancho Martínez Pey, se mandan con la milonga Parque Patricios (Isa!) por Francisco Canaro y la voz de Ernesto Famá.

                                        
 

¿Me hace falta agregar algo más? Sí, como cantaba Gardel: Venite p'al barrio y tendrás milongas...