martes, 16 de julio de 2019

BIEN MILONGA

    El tango es el tango... no hay vuelta que darle
    con cuello o pañuelo, lo mismo es gotán,
    que el traje no dice la estirpe del rango
    ni el gesto guarango pinta el arrabal.

    El tango es el tango por más que le pongan
    ribetes compadres o cintas de amor,
    el tango es el tango si tiene milonga,
    no importa que sea de ayer o de hoy.
                         Juan Bautista Gatti


Sábado 16 de junio y Bien Milonga nos cita en la poblada pista de la Casa de Aragón (Pza. República Argentina nº6-Madrid), para que desde las 21 a las 0 horas nos marquemos una velada milonguera a tope, con la música seleccionada por este veterano de tantas noches a puro gotán, valsecito y milonga. Después de unas vacaciones de playa, sol y mar, los remos piden cancha.

                                     
Y siguiendo la ronda de costumbre para ir templando ánimos, arranco por la porteña Avenida Entre Eíos. Porque allí, en la milonga Cachirulo, bailan María Inés Bogado y Roberto Zuccarino el tango Y la perdí. Lo interpretan Aníbal Troilo, su orquesta y el gran Floreal Ruiz.

                             
Me espiro a Londres, la capital inglesa para ver en acción a Gustavo Rosas y Gisela Natoli que se mandan al ruedo con la milonga Reliquias porteñas, por la orquesta de Francisco Canaro.


Y cierra el desfile la pareja de los troesmas Gustavo Naveira y Giselle Anne, en Seattle,(Washington)- Estados Unidos. Y lo hacen bailando este Valsecito criollo, por la orquesta de Juan D'Arienzo.

                                                                             

Si yo ya venía con ganas de bailar, viéndolos a todos estos... ¡vueloooooo!!!!!

lunes, 15 de julio de 2019

El bandoneón mayor de Rosario

Antonio Ríos recibió elogios de los más encumbrados músicos del tango, como Aníbal Troilo, que lo destacó como el mejor fueye del país. También Ástor Piazzolla era un gran admirador de su talento. Pero cuando alcanzó el éxito en Buenos Aires, prefirió partir hacia un destino oscuro.

La historia del tango es un entramado de misterios y leyendas. Desde el tiempo de extramuros hasta los salones del centro, su historiografía se ha encargado de exaltar a personajes e historias cargados de romanticismo. De esa estirpe es el bandoneonista rosarino Antonio Ríos. Estirpe que, por cierto, no se ciñe a ningún género, sino que convoca a los mejores sin discriminar foros. Vagabundo como Blaise Cendrars, libre como Julián Centeya e irrepetible como Charlie Parker, Ríos pertenece a un universo al que sólo tienen acceso unos pocos elegidos.

                           


Desde pibe
Antonio Ríos nació el 13 de junio de 1917 en las inmediaciones de Salta y España, y al comenzar la dura década del 30 debutó en la orquesta de su maestro, don Abel Bedrune. Uno de los chicos con los que compartió filas por entonces fue Julio Ahumada, a quien deberíamos agregar al limbo artístico que apuntamos recién. Además, Ríos y Ahumada nos convocan de modo particular pues sus nombres representan lo más cabal de lo que se ha denominado Escuela Bandoneonística Rosarina.
En 1937, Antonio desembarcó en la Capital de la mano de Juan Rezzano, y el inmediato reconocimiento que le brindaron sus pares le valió la posibilidad de ser convocado por orquestas como la de Antonio Rodio. A ella ingresó como primer bandoneón y arreglador y compartió plantel con músicos de la talla de Tití Rossi, Jaime Gosis, Eduardo Rovira, Juan José Fantín, Luis Bonnat o Héctor Chupita Stamponi. Además, allí debutó en el disco como compositor —el 16 de julio de 1943— cuando con la voz de Alberto Serna registraron su tango Corazón, qué has hecho, con letra de Oscar Rubens.

Mientras tanto, Antonio formó parte de la legendaria Pensión La Alegría, a la que llegó por recomendación de Enrique Mario Francini. Durante una etapa residieron allí, además de Antonio y el mismo Francini, tangueros de leyenda como Julio Ahumada, Armando Pontier, Emilio Barbato, Guillermo Uría, Argentino Galván, Alberto Suárez Villanueva, Enrique Munné o Alberto Allegro, además de otros tantos músicos provincianos que llegaban a Buenos Aires.
Luego se produciría el encuentro con el inolvidable Orlando Goñi, en cuya agrupación ofició de primer bandoneón y arreglador, además de tener que ejercer como pianista cuando al Pulpo Goñi “se le hacía tarde”. Luego Ríos, quien también había comenzado a realizar arreglos para la recordada orquesta de Edgardo Donato y para la Editorial Edami, fue convocado por el cantor Roberto Rufino como director de su acompañamiento. Debe destacarse lo significativo de este hecho, ya que Rufino era por entonces una de las figuras rutilantes del dos por cuatro en Buenos Aires. Actuaron en el Café Nacional y en Radio Belgrano, y realizaron giras por distintas provincias.
Luego, Antonio formó su propia orquesta con Pablo Lozano como vocalista. Sin embargo, la experiencia duró apenas ocho meses pues, persiguiendo su destino errabundo, en medio del éxito se trasladó a Bahía Blanca, donde estaba radicado su hermano Guillermo. Así era Ríos: tal vez, inexplicable.

El genio trashumante
En la ciudad del sur bonaerense desarrolló una destacable tarea docente (uno de sus alumnos de bandoneón fue Roberto Achával) e incluso volvió a formar orquesta. Pero pasado el año, decidió que era hora de marcharse. Así fue que desembarcó nuevamente en su ciudad natal. En Buenos Aires se dijo entonces: “Su vuelta a Rosario se interpreta como un renunciamiento ¡al primer plano que le corresponde!”.
Así, emprendió otra vez la dirección orquestal e inauguró una nueva etapa no solo para su carrera artística, sino también para el tango rosarino. En compañía de su colega Omar Torres, que de modo coincidente también desembarcó en la ciudad a fines de la década del cuarenta, le imprimieron al mundo musical de Rosario un sello de originalidad y creatividad determinantes. Fueron pilares en la búsqueda de formas propias y en el abandono de las orquestaciones estándar. Por otra parte, amén de su probidad como ejecutantes, demostraron también gran pericia como arregladores.
Por otra parte, durante los primeros años de la década del cincuenta, la orquesta de Ríos impulsó y dio solidez a algunos de los más grandes músicos rosarinos de las décadas siguientes. Allí estuvieron figuras ilustres como Rodolfo Cholo Montironi y José Brondel en bandoneones, y Antonio Agri -después, ladero de Astor Piazzolla- y Norberto Auteri en violines.

                              
Año 1944. La orquesta de Orlando Goñi, café El Nacional. Ríos es primer bandoneón

El poeta del tango
Para 1955 la situación para las orquestas típicas era muy difícil. Mantener un gran plantel era cada vez más complicado y, por ello, se comenzaron a conformar conjuntos reducidos para facilitar las contrataciones. Así fue que surgió Los Poetas del Tango.
El conjunto estaba conformado por Antonio Agri en violín, Omar Murtagh en contrabajo, José Cacho Puertas en piano y el propio Antonio Ríos en bandoneón, arreglos y dirección. Como cantor, oficiaba Raúl Encina.
En lo musical, el cuarteto resultó un mojón ineludible en la evolución del tango de la ciudad. A los arreglos y la técnica impactante de Ríos, se sumó el aporte de ejecutantes de máxima calidad. No solo ganaron de inmediato el favor del público, sino también de otros músicos, que noche a noche presenciaban sus actuaciones.
Requeridos por el Sello Trío, grabaron tres discos, que contenían joyas como Amurado (P. Maffia-P. Láurenz), Orgullo criollo (P. Laurenz-J. De Caro), Mal de amores (Pedro Laurenz), Lo que vendrá (Ástor Piazzolla) y Griseta (Enrique Delfino), en forma instrumental, y Desorientado (Miguel Caló-Marvil-Oscar Rubens), el único que incluía la intervención del cantor.
Algún tiempo después fueron contratados desde Buenos Aires, donde realizaron actuaciones en la Boite King y Radio Belgrano. Las crónicas relatan que la presentación en LR3 se realizó a estudio lleno y con una cantidad de maestros que iban a ver nuevamente el genial bandoneón de Ríos. Entre los asistentes, por ejemplo, se encontraban Horacio Salgán, Ubaldo De Lío, Héctor Varela y Leopoldo Federico.

Entrando al derecho
Durante los años siguientes, y de nuevo en Rosario, Antonio conformó algunos dúos de bandoneón y guitarra con Carlos Peralta y con su cuñado Carlos Velázquez. Posteriormente, formó un dúo de fueyes con el Cholo Montironi e hizo giras por Santa Fe y provincias aledañas. Mientras tanto, con el agregado de músicos de la ciudad como el guitarrista Carlos Padula y el pianista Dino Cassano, acompañaron a un buen número de cantores, entre quienes estaban Rubén Galván, Oscar Juárez, Rubén Maldonado y Rubén Lenarduzzi.
Pero el mundo con el que Antonio había interactuado se iba diluyendo. El tango ya no tenía la presencia de antaño y las posibilidades laborales eran demasiado pocas. Y aunque la dimensión de su nombre le permitía cierta ventaja sobre sus pares, su impenitente bohemia lo llevaba a temporadas cada vez más extensas de retiro etílico.

En medio de todo esto, recibió un enorme reconocimiento cuando en 1970 Ástor Piazzolla lo convocó para la grabación de Recuerdos de bohemia (Enrique Delfino), con un arreglo especial realizado por el marplatense para cuatro bandoneones. Junto a Piazzolla y Ríos intervinieron nada menos que Leopoldo Federico y Rodolfo Mederos.
También por entonces comenzó a grabar en Buenos Aires con Roberto Grela en dúo de bandoneón y guitarra pero la serie quedó inconclusa debido a que Antonio, súbitamente y como ya era costumbre, dejó todo y regresó a Rosario.
Durante los años siguientes su nomadismo se agudizó. Pasó temporadas enteras en localidades como Corral de Bustos (Córdoba) o Firmat, a las que llegaba por alguna invitación puntual y se quedaba por largo tiempo. En Firmat, a poco de estar, Antonio se hizo habitué de un club donde solía tocar algo en el piano y tomar algunas copas. Un día crudo de invierno, llegó algo desabrigrado y un parroquiano le preguntó si no tenía frío. La respuesta del gran bandoneón quedó en la memoria popular: “Soy tan pobre que ni frío tengo”.

Durante sus últimos años, su actividad artística fue quedando limitada a pensiones de estudiantes, peñas o reductos puntuales de admiradores o amigos. Algún rincón de La Sexta también lo supo cobijar cuando el festín de la feria hería su fina sensibilidad artística.
Con su salud ya muy deteriorada, falleció en las últimas horas del martes 13 de agosto de 1991.
Con él, se había ido el pedazo más auténtico del corazón musical rosarino.

El elegido de Piazzolla
Antonio Ríos y Ástor Piazzolla se mostraron siempre una mutua y profunda admiración. En el texto principal ya hemos hecho referencia al reconocimiento del rosarino por la música de Ástor, pero debe destacarse que la cuestión también funcionaba a la inversa. Y eso ha quedado plasmado no solo en la citada convocatoria para la grabación del famoso arreglo especial de Recuerdos de bohemia, sino también en otros registros, como las cartas que el Gato (así le decían a Ástor) cruzó con Leopoldo Federico discutiendo la actualidad del tango y su futuro: “(...) Sigo enamorado de Maffia, Láurenz, Gobbi, Troilo, De Caro, Salgán y sobre todo vos, Leopoldo Federico... Te insisto Gordo, el tango no está muerto, son los tangueros los que lo matan... Yo insisto, en el cuarenta estábamos nosotros y nadie nos enseñó nada, y de toda esa camada de músicos fabulosos salimos nosotros. Arregladores como Galván, Artola, Pepe, Orquesta Buenos Aires, Caló mismo, Di Filippo, Ríos (el rosarino bandoneonista), Francini, Gosis, Goñi, Gobbi... que salieron a matar y mataron. Hoy si vivieran esos mismos estarían cambiando el tango, estoy seguro...”.

Lautaro Kaller (Diario La Capital- Rosario)

SanTango en Septiembre-Madrid


jueves, 27 de junio de 2019

Romántica

Como milonguero, yo creo que los valsecitos son una especie de frutilla de postre, que viene a servirse después de una abundante ración de tangos y el picoteo de alguna milonga. Es la alegría de la familia. La música que nos induce a los movimientos circulares, a la sonrisa, al vértigo, a la constatación de que el baile puede ser un lenitivo para el cuerpo y la mente.

Se baila desde el alma, como si tuviéramos un corazón de oro y viajáramos en el aeroplano, es realmente un placer seguir su música contagiosa, con pasión, porque ese valsecito de antes nos lleva a bailar con una palomita blanca y sus vibraciones del alma, todo un paisaje, con los amigos, como cuando estaba enamorado, con aquella muchacha; son como flores del alma bajo un cielo de estrellas, esa fuerza que tiene el viejo vals, vivir un momento y recordar que bailando me diste un beso...

                                    
Sí, la ristra de valsecitos que adornan el vademécum tanguero son una maravilla y adornan con su alegría y su ritmo el entramado orquestal. Y muchos de estos valsecitos contienen además una trama poética que los hace inolvidables y persistentes en nuestros corazones. Homero Manzi hizo los versos de algunos de ellos y la mayoría se niegan a pasar al olvido.

Bastaría citar: Romance de barrio, Valsecito de antes, Paisaje, A su memoria, Llorarás, llorarás..., Gota de lluvia, Tu pálida voz, Desde el alma, Más allá, Esquinas porteñas, Tu nombre, El vals de los recuerdos...  O el que hoy nos llega en su alegoría, para  valorar en toda su dimensión la paleta poética del gran vate nacido en Santiago del Estero y aporteñado para siempre desde su llegada a Nueva Pompeya. El sur de la ciudad que nunca olvidó.

                             

Con el bandoneonista y profesor de música Félix Lipesker compusieron algunos valsecitos, entre ellos este que traigo a la palestra y que es una delicia poética y musical. Sobre todo por como va dibujando Homero el recuerdo del primer encuentro en el baile de carnaval y aquel valsecito que los unió en la pista de una manera romántica y expectante de cara al futuro.

Romántica incurable, ¿te recuerdas?
esa noche en las luces de la fiesta,
nos juramos amor mientras la orquesta
lloraba las cadencias de aquel vals..
Romántica incurable, ¿te recuerdas?
nuestra danza fue un sueño de locura,
y tus ojos brtillaron de ternura
entornados detrás del antifaz.

Todos llevamos en el alma recuerdos de ese tipo, aunque, claro, no podemos describirlos como lo hace Manzi, con esa poesía que nos atrapa y nos araña el cuore. Es como si lo estuviéramos viviendo en su lucidez descriptiva, con el caudal de emoción que nos incita a escucharlo una y otra vez en las diferentes interpretaciones que se han hecho del mismo. Con lenguaje culto, el lirismo que porta en toda su temática tanguera y esos brochazos luminosos.

Serpentinas del vals                                    
enredando mi ayer,
hoy me han hecho soñar
con tu viejo querer.
Serpentina del vals
que arrastrando mi amor,
me han dejado el dolor
de saber que no estás.

Y el final con toda su liturgia nostálgica en el roce fugaz del beso que prometía un amor eterno y se fue esfumando como se esfumaron tantos sueños de carnaval... Entre disfraces, alegrías, valsecitos y promesas, dejando una estela inolvidable que el poeta esculpe de una manera que nos atrapa y nos inserta en la imagen fotográfica de aquel encuentro romántico que pasó  Y vuelve en la memoria...

Pasabas entre muchas mascaritas
arrastrando el rumor de tu alegría,
y entre todas, tu sóla me atraías
envuelta en el carmín de tu disfraz.
Romántica incurable, ¿te recuerdas?
al volver del jardín, cabeza loca,
me dejaste la marca de tu boca
como un sello feliz del carnaval.

Una joyita de versos envueltos en la romántica música de Félix Lipesker que al bailarlo parece que seguimos la estela del protagonista. Entre las varias versiones del mismo, está la de Francisco Canaro con el cantor Roberto Maida, grabada el 22 de agosto de 1938.


martes, 25 de junio de 2019

BIEN MILONGA

         Yo llevo el tango en el alma
          me arrebato cuando llama
          de algún fueye el rezongar.
          Porque los pies se me van
          si lo que suena es un tango,
          y en el andar de la vida
          cuantas veces pasé el trapo,
          al florearme en una pista.
          Y no me puedo frenar
          porque me tira el compás.
                           Carlos Bahr

Martes 25 de junio, y nosotros seguimos iluminando las nochecitas de los martes madrileños con Bien Milonga, para que se floreen los muchachos y las muchachas que lucen arabescos y postura en la pista. Con la música que les pongo de compañía, los cuores laten en ritmo 4x8 y los valsecitos y las milongas nos suben la temperatura al mango.


 Es cierto que en muchas partes se cuecen habas hoy día.... quiero decir, se baila tango como nunca, porque la fiebre porteña se ha contagiado en forma grosa a todas las latitudes del planeta.

Podemos ver por ejemplo lo que sucede en Bélgica durante el Bruselas Tango Festival. Allí, dos parejas de renombre: Carlos Espinoza-Noelia Hurtado y Germán Ballejo-Magdalena Gutiérrez, se hacen aplaudir bailando el tango El cencerro por la orquesta de Juan D'Arienzo.

                                
Un viajecito a Udinese, en Italia y allí en Milonga Inolvidable, están Sebastián Achával y Roxana Suárez que se empinan bailando el valsecito Pabellón de las Rosas, también por el Rey del compás y su conjunto.
                                          

Y un paseíto hasta el Festival de Prayssac, en Francia, donde podemos ver a Gisela Natoli y Gustavo Rosas, bailando esta Milonga brava, que interpreta la orquesta de Francisco Canaro, cantando Roberto Maida.



La verdad: ¡De diez! Y ahora nos toca dibujar a nosotros. ¡Esta noche....sí sí sí sí sí!!!           

domingo, 23 de junio de 2019

Fuimos

Esta es otra página más de las muchas que jalonan mi paso por las filas del tango a lo largo de los años, mezclándose con el periodismo, la poesía, la literatura, el baile, la música, las grandes figuras del género que tuve la suerte de conocer y tratar... La cantidad de noches que he bailado con muchas de aquellas orquestas en vivo... Incluso he intervenido en programas de radio, en los que siempre estaba presente la música del Río de la Plata.

En este caso fue la invitación de una gran artista Leire Mayendia, para que junto con Charo Aparicio -mi compañera en la conducción de BIEN MILONGA- concurriéramos un domingo a la mañana al estudio de un  notable pintor, con el fin de llevar allí un trabajo artístico, en este caso fotográfico, a cargo de Leire. La obra tenía como destino una exposición en Ia Real Academia de España en Roma y posteriormente en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Calle Alcalá 13. Madrid.

                      

Tres de estos cuadros fotográficos fueron realizados en Roma y los otros tres en Madrid. El hecho de haber sido escogidos para la muestra por la artista fue un motivo de orgullo y alegría a la vez. La explicación que Leire nos dio fue muy sencilla:

-Para mí, elegiros tenía que ver con toda la crónica que traes tú en tu vida como escritor y periodista y con el deseo de representar una pareja de baile de otra generación. El tiempo que se asienta con el tango y la mirada retrospectiva.


La obra está enmarcada y  cubierta con vidrio. Realmente es una joyita, por los detalles, como las otras cinco que están expuestas en la sección llamada .CALCOGRAFÏAS. Estos cuadros tienen unos dos metros de alto por 80 cm. de ancho, aproximadamente.

La exposición se inauguró el 6 de junio con gran presencia de visitantes y artistas y estará abierta hasta el día 14 de julio, de 10 a 14 / 17.20 hs.
Los domingos y fstivos de 10 a 14 hs.

Vale la pena ir a verla antes que se termine la misma.                                    

viernes, 21 de junio de 2019

Marcas

La sociedad entre el poeta Carlos Bahr y el bandoneonista, director, compositor, arreglador, Héctor María Artola, permitió que entre ambos pergeñaran varias páginas para el andamiaje del tango, que mantienen toda su vigencia en la mayoría de los casos. A la vez certifica el acierto en dichas obras que tuvieron y tienen mucha repercusión, como Desconsuelo, Equipaje, Yo soy la milonga, Tango y copas, No me debes ni te debo, Rienda al corazón y la que hoy traigo a la palestra: Marcas.

He escrito varias páginas sobre Bahr, a quien tuve la suerte de conocer y tratar,  y me place poder seguir mostrando y valorando aspectos de su extensa e impresionante obra autoral. Un poeta que militó en la fundamental renovación literaria del tango y estuvo presente en la plenitud del mismo. Sus temas estribaron en los atriles de casi todas las orquestas típicas y cantores y cantantes femeninas de renombre le sacaron lustre.

                           


También he bosquejado la figura sobresaliente en todos los órdenes de su trabajo musical, de Héctor Artola, que comenzó tocando el fueye en orquestas de su Uruguay natal. Llegó a formar con Arolas en Montevideo, después de haber estudiado órgano, piano, flautín y bandoneón. Viajaría a Europa con la orquesta Bianco-Bachicha, acompañó a Irusta-Fugazot-Demare y ya en Buenos Aires, integró varias orquestas, entre ellas de la Francisco Canaro. Sería bandoneonista, arreglador  y director de la orquesta estable de radio El Mundo, y un día lo dejaría para dedicarse a la escritura y dirección orquestal. En ese sentido también sería un avanzado, que junto a Argentino Galván, marcarían la renovación del tango con sus arreglos.

En este tango que los unió, Carlos Bahr, de largo bagaje lírico en el vasto predio tanguero, recorre el eterno tema del amor no consumado, con ese estilo tan propio, de la línea sentimental que lo recorre, expresada con una aparente sencillez de construcción pero que le llega emocionalmente al intérprete vocal y también al oyente y al bailarín que lo interpreta en la pista.

Marcas que un amor dejó en mi vida
y un rencor que no te nombra
y un dolor que no te olvida.

Saldo torturante de un pasado
que dejó de ser feliz
entre tus manos.

En la brevedad y capacidad de síntesis, también se atisba el buril poético. La instantaneidad fragmentaria nos dibuja el escenario y el peso de la memoria frustrada por el final del amor. El epitafio. También brota el resentimiento porque aún no está  cicatrizada la ruptura sentimental. Los versos sencillos, cortos, sirven de introito y nos preparan para develar toda la tristeza del personaje que encarna en este caso, supuestamente, el autor.

Marcas que dibujan en mi cara                                    
Carlos Andrés Bahr
ese gesto que delata
las pasiones que me azotan.
Mientras a mi lado va la vida
embriagándose de amor y de ilusión.

La atmósfera nos atrapa y nos invita a descubrir el enigma que encierra la historia. El dolor y la confusión del protagonista nos lleva a conocer el desarrollo y final de su malograda historia. No hubo un amor pasajero y previve el estado emocional del reproche y la certidumbre de que la memoria del dolor es incurable. La realidad muestra atisbos de la emoción que embarga en su complejidad melancólica, a la persona que está contando. su drama amoroso. Y al final rinde cuentas a la vida de su pesadumbre con frases certeras, tremendamente logradas.

Rigor de tu desamor
que me dejó
para escarmiento....
La marca de dos pasiones
que anulan mi vida
con fiero tormento.
Bajo un dolor que lastima
con puñales de recuerdos.

En chairas de su abandono
afila mi encono
su terco rencor.


La metáfora final es restallante y ampara sus largas esperas. Quién no recuerda la chaira del carnicero que éste usa para afilar su cuchillo antes de deslizar su filo en la carne...

Hay una buena versión de este tango, por Rodolfo Biagi, su orquesta y su cantor Jorge Ortiz.