jueves, 6 de julio de 2017

Cacho Tirao

Oscar Emilio Tirao, nacido en Berazatagui (Buenos Aires), el 5 de abril de 1941, falleció en Buenos Aires el 30 de mayo de 2007. Dio conciertos en todo el mundo, acompañó a grandes artistas, fue un guitarrista excepcional y formó en el célebre quinteto de Astor Piazzolla.
   
En un país que ha dado enormes ejecutantes de guitarra, el hecho de que haya sido considerado por numerosos especialistas como el más completo de todos, da una idea de lo que ha representado Cacho Tirao para la música. Con guitarra española y con guitarra americana, la excepcional calidad de su sonido, el fraseo casi mágico y una extremada sensibilidad en la acentuación lo consagraron tempranamente y mereció la cita de infinidad de estrellas del canto y la música recabando su talento impresionante.   

                                               


No en vano el maestro Joaquín Rodrigo al escucharlo en un festival guitarrístico  en Arlés, Francia, le sugirió que hiciera el equivalente a Concierto de Aranjuez pero con la música de Buenos Aires y así surgió su Concierto para guitarra clásica y sinfónica y Conciertango Buenos Aires.  Porque una de las peculiaridades de este impresionante músico es que fue admirado por los tangueros, los clásicos, los adictos al jazz, o los seguidores de la música folklórica argentina, la judía, la religiosa o de la bossa nova. 

Formado por su padre que tenía una academia en la localidad de Berazategui, a los 4 años ya se había familiarizado con el instrumento (“Aprendí las notas antes que el abecedario”) y a los 6 ganaba un premio. Como también dominaba el saxofón y el clarinete, tocó en orquestas de jazz y cuando su padre le presentó a Andrés Segovia en Radio El Mundo con 8 años, sintió que una luz intensa guiaría de ahí en más su camino. El gran maestro español se radicaría en Montevideo y marcaría la estela de innumerables músicos latinoamericanos.

                                
Quinteto Piazzolla. O.Manzi.Tirao, Kicho y Agri

 Paco de Lucía, compañero de actuaciones de Cacho  le comentó: “El toque que tienes, lo has sacado de Segovia”. Escuchándolo en el programa Argentinísima donde Tirao ejecutaba folklore, Atahualpa Yupanqui, que no era manco, le soltó con su agudeza habitual: “Un gallego diría que tiene usted demasiados dedos en la mano”. Ello le sirvió de reflexión y se fue volcando hacia la introspección  y  la emoción. También le sirvió escucharse en el coche camino de Mar del Plata: “¡Que barbaridad, cuántas notas…!”, 

Modificó el mensaje y así fue como hizo llorar a muchos espectadores con su interpretación intestinal del Ave María de Schubert.  Acompañó a artistas como George Maharis, Josephine Baker, Raphael, hizo los conciertos de la Misa Criolla. Viajó por el mundo con Los 5 latinos.Su ductilidad le llevó a grabar con músicos de todos los géneros sin ensayo alguno, encerrado en los estudios, sin hora de salida. A los 12 años dio su primer concierto, recibió un  premio, formó en orquestas de tango y de jazz y a los 16 era solista del Teatro Argentino de La Plata, comenzaba a grabar jingles publicitarios y entraba en el mundo del tango. 

                               



Ástor Piazzolla lo convocó para su célebre Quinteto, en el que estuvo 3 años,  y en 1970 grabaría en vivo con la orquesta los cuatro temas que Astor  bautizó a la manera vivaldiana: Verano porteño, Otoño porteño, Invierno porteño y Primavera porteña. También tocó y grabó con Piazzolla su operita María de Buenos Aires. El gran bandoneonista se había maravillado con el registro que Cacho había hecho de su Adiós Nonino e incluso le hizo unos arreglos especiales para él y lo instó a que grabara mucho más. Así los discos de Cacho Tirao han llegado a los 37 y de Recitales espectaculares que conducía por Canal 7,  llegó a vender 1 millón de copias. 

El último que hizo fue  con su hija Alejandra en los cantables –Renacer- y luego de pasar los dos peores momentos de su vida. En un disparo accidental de pistola que creyeron de juguete, Alejandra mató a su hermano Gabriel y la pérdida de su hijo lo llevó al músico a refugiarse en la religión evangelista, afirmando que su fe lo había salvado. En 1970, durante un concierto en la localidad de Adrogué, cayó fulminado por un infarto cerebro-vascular que derivó en una hemiplejía, los médicos dudaron de que pudiera salvarse y pensaron que nunca podría volver a tocar. De 104 kilos que pesaba bajó a 70 y ya no pudo dejar el bastón. 

                                          


Fueron 5 años de duro trabajo para volver a acariciar la guitarra. Una muestra de su capacidad la expone en 1971 con su primer disco: Mi guitarra, tú y yo, en el cual dejó patente ese sonido guitarrístico mezcla de concertino virtuoso y el músico popular, tocando el banjo, el laúd barroco  de 15 cuerdas, la guitarra de 12 cuerdas, la española, el cuatro y el charango. Viajó por todo el mundo, fue admirado por Leo Brower, el Mono Villegas, Rodolfo Mederos , Davaid Caswell, Joaquín Rodrigo –a quien le dedicó un tema- Atahualpa, Eduardo Falú, Piazzolla  o Paco de Lucía con quien realizó muchos conciertos. 

Delicadeza y disonancia se superponen provocando ondulaciones sonoras que duran en los espacios de silencio. Los tangueros nos emocionamos cuando recreamos en el compact sus versiones de Adiós Nonino, Romance de barrio, Milonga de mis amores o Sur, donde acaricia, encapsulando, las modestas dulzuras, la esencia de la vida. El lenguaje musical  anuncia y da sentido a lo que sucede. Y con ello acentuamos nuestras nostalgias y abrimos nuestras ventanas porteñas a las tibias aguas primordiales.

Lo podemos escuchar y recrearnos con sus interpretaciones. Primero, Adiós Nonino, de Ástor Piazzolla y a continuación la milonga de Mariano Mores: Taquito militar. Y porqué no, en Recuerdos de la Alhambra.

Adiós Nonino - Cacho Tirao

Taquito militar - Cacho Tirao 

Recuerdos de la Alhambra - Cacho Tirao

martes, 4 de julio de 2017

Bien milonga

                              Tango que sos un encanto
                               de quien escucha tus sones,
                               tango que atraes corazones,
                               con tus dulces cantos
                               y tus bandoneones.
                               Sos de cuna humilde,
                               y has paseado el universo,
                               sin más protocolo,
                               que tu música y tus versos



Martes a la noche, Madrid, un sitio para despuntar el vicio de bailar el tango, y BIEN MILONGA nos acoge en su refugio para recibir la madrugada con la sensación de haber pasado una noche entrañable. La Casa de Aragón, en la capital española, justo frente a la hermosa Plaza de los delfines, es el sitio escogido y apreciado. Allí escuchamos música milonguera al mango y la pista de madera es el lugar donde trazamos nuestros dibujos, nuestras ansias bailables y todo el sentimiento que nos desborda.

 Es la magia del tango que nos convoca y nos imanta. Y el tiempo vuela. Por eso es bueno estar en el arranque y no perdernos ninguna tanda. Cada orquesta, cada tema, la música, la poesía, los integrantes de cada orquesta, los arregladores, los cantores, los instrumentos, rezuman las épocas gloriosas e imbatibles que ha tenido el tango, y bailar esos temas nos sumerge de pronto en un pasado glorioso que ha vuelto con toda la fuerza y la polenta que encierran aquellas grabaciones del 40/50.

                              



Ya sabés que los días de milonga me gusta yirar por distintas pistas de este problematizado planeta, para mostrarte cómo sienten y bailan el tango en distintos festivales y encuentros. La atención de los espectadores, ver cómo disfrutan lo que están viendo, sus ganas de entrar en la pista, es el espejo que demuestra la atracción de esta danza y su influencia mágica.

Arranco hoy en  la milonga Tango amor, de Estocolmo-Suecia, con la pareja radicada en Escandinavia, que integran Anna Sol y Aldo Velasquez. En este caso, bailan el tango Tal vez será su voz, por la orquesta de Lucio Demare, cantando Raúl Berón.


                                              

 Me voy ahora a Berlín, y me planto en la milonga: Nou tango. En este caso son Marie-Anne Morin y Özgür Karahan que se mandan con: No hay tierra como la mía. Milonga que interpreta la orquesta de Francisco Canaro con la voz de Ernesto Famá.

                                         


Y para cerrar esta panoplia de exhibiciones, me traslado a Gante -Bélgica-, donde la pareja integrada por Laura D'Anna y Sebastián Acosta, bailan el tango Trasnochando. Lo ejecuta la orquesta típica El afronte y canta Marco Bellini.

                                          
                                             


Y a las 21 horas comenza Bien Milonga... ¿Te la vas a perder?                              

lunes, 3 de julio de 2017

Tango negro

En mis libros, conferencias y escritos diversos, siempre he defendido la negritud fundacional del tango. Frente a la avalancha de refritos varios donde se le da otro nacimiento a la música popular porteña, he estudiado en profundidad todo lo referido a los inicios del tango y cada día es más firme la tesis de los musicólogos, que defienden la influencia de los esclavos negros y sus descendientes, no sólo en la música de Buenos Aires sino incluso en la de otros países de América.

El jazz en estados Unidos, la guajira en Cuba, la cumbia en Colombia, el frevo, la batucada y otras danzas de Brasil, tienen origen negroide. De hecho, las palabras Tango, Milonga, canyengue, zamba, mandinga, son de origen africano. Buenos Aires fue el puerto adonde llegaban barcos con esclavos negros, que se subastaban y se despachaban  para diferentes ciudades y países limítrofes. Los esclavos que eran llevados a Argentina, procedían de etnias del Golfo de Guinea y el sur de Sudán. El lugar donde los encerraban antes de embarcarlos se llamaba "Tangó", que significa: espacio cerrado.

                                 

Tango. Pintura de Pedro Figari


El diccionario de la Academia Españdola de la Lengua en su edición de 1899, definía al Tango como "una fiesta de negros y danza  o de gente del pueblo en América", y daba como segunda acepción: "La música de esa danza". Repasando libros, encuentro en el Diccionario Gardeliano de mi amigo y compañero José Barcia, firmado junto a Enriqueta Fulle y José Luis Macaggi, estos apuntes al respecto:

-Un recorte del diario Crítica, sin fecha  pero con presumible ubicación a comienzos de 1930, recoge una síntesis de la exposición realizada por Enrique González Tuñón, en el salón de actos de la Facultad de Ciencias Económicas. Uno de los párrafos de esa charla propone una definición  que más de medio siglo después continúa siendo inquietante:

-"Los escritores de la nueva generación -dijo González Tuñón- hemos adjudicado al tango su exacta jerarquía en nuestra sensibilidad. Hemos proclamado orgullosamente cuando se nos negaba toda importancia y trascendencia, que el tango es nuestra única tradición racial, y vengo a repetirlo ahora, cuando los jóvenes gravitan sensiblemente en la vida artística, cultural y universitaria del país.

                                             


Nada negro ni blanco

- Ya no es habanera ni nada negro ni blanco, ya es el tango argentino. Rechaza todo lo que no sea él: como el cante hondo, no admite muchas cosas que parecen estar en su camino y no lo están, desde la malagueña a la coplilla modosa, sin el personal desgarro de lo hondo. Ese tango cantado que nace en alpargatas, es recusado en los salones que después han de recogerlo como el más sabroso engendro autónomo. El tango comienza a cantarse en los boliches, esos almacenes de bebidas y de todo lo que son paradores o ventas de los caminos intrazados...

-"No se le encuentra lo que tiene de italiano, porque no lo tiene, porque es la superación del italiano, que al llegar a la Argentina abandona la melodía y entra en lo barroco de tipo español -de pelo negro- y por ende en lo criollo, y pega en él porque el italiano quizá desde hace siglos tenía el deseo de lo desparejo, de lo prosaico versificado, del romper la lindura" (Ramón Gómez de la Serna. Ob.cit.)

-Negritud del tango

-"La injerencia del negro en el nacimiento del tango es más que evidente (..) En el carácter de la música creada por los negros luego del trasplante, se advierte también un impulso de sobrecompensación. Parececería que el individuo, para asegurar su supervivencia anímica, llegara a expresar alegría, que es precisamente el estado anímico complementario del que realmente experimenta. La música del ragtime es invariablemente alegre, y sólo por momentos, sin perder la precisión rítmica, adquiere una sensualidad, una insinuante coquetería que no es más que la instancia previa al salto del felino, al rodeo que antecede a la explosión eufórica, bulliciosa...

-No existe un solo rag, ni ninguna de las clásicas tres partes que integran los ragtimes, escritos en tono menor, que es de típica sugerencia melancólica. Todo el género fue compuesto en modo mayor. Lo mismo sucedió con los primitivos tantos de autor anónimo, como Andáte a la Recoleta, recopilado por tradición oral por el musicólogo Carlos Vega, quien lo ubicó alrededor de 1880 como el tango más antiguo, y Señora casera. Mientras el tango fue "cosas de negros" no perdió la alegría ni la picardía.

-Cuando lo adoptó el blanco, el criollo y el hijo del inmigrante que vio frustradas sus ilusiones de "hacer la América", el tango empezó a introducir, primero el modo menor con un eventual  trío en modo mayor, como sucede con El choclo, de Villoldo, para luego sumergirse en letras que hablan de decepciones, traiciones, ultrajes, miserias, alcohol, cárcel, soledad y del dolor existencial de la ciudad.

-En el sainete rioplatense y en los espectáculos revisteriles de la década del veinte, algunos tangos pretendieron acercarse, por conducto de la comicidad de sus letras, a esa primitiva línea jocosa.  Únicamente lograron  una mueca, una sonrisa amarga. El futuro del tango estaba en el dramatismo, en la tragedia de la urbe" (Tango y Ragtime, por Pompeyo Camps. Ed. Servicio Cultural de los EE.UU. Buenos Aires 1978)

El tango citado por Carlos Vega como el primero del género: Andate a la Recoleta, tenía una letrilla anónima que decía:



Andate a la Recoleta
decile al recoletero,
que preparen una bóveda
para este pobre cochero.

 Si... Si... Si...
que Gaudencio se va a fundir,
No... No... No...
si Gaudencio ya se fundió.   

Parados en los estribos,
con un letrero que dice
“Calle de Estados Unidos”

 Si... Si... Si...
que esta noche me toca a mí.
No... No... No...
que mañana le toca a usted 


Y la música del mismo, barnizada en la modernidad del Cuarteto Polenta, dirigido por M. Meyer, suena así:

Andate a la Recoleta - Cuarteto Polenta






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sábado, 1 de julio de 2017

Juan Carlos Thorry

Fue muchísimo más famoso por sus dotes de comediante, por la cantidad impresionante de películas que filmó, generalmente comedias, en la cual fungía de galán-protagonista, casi siempre, que como cantor o autor de temas de éxito. Su periplo cinematografíco abarca cincuenta años, desde su debut en El caballo del pueblo (1935), donde interpretó el papel que estaba destinado a Gardel. Incluso dirigió varios filmes, actuó en teatro, fue conductor en Televisión. Alternó en Comedias musicales de éxito, cantó en Estados Unidos, filmó en Venezuela, México, España.

Además de su ingente producción artística, también fue famoso por sus romances con artistas conocidas y hermosas, como su esposa Analía Gadé, con quien  se estableció durante un tiempo en España y entre ambos concretaron numerosos trabajos, antes de la separación. Previamente había estado casado con la hermana de la actriz Olga Zubarry. Tuvo otras cuatro compañeras, la última sería la actriz Alma Vélez, con quien fundó una Escuela de Teatro y tuvieron incluso su propio teatro, en la localidad de San Antonio de Padua (Buenos Aires), donde fallecería con 91 años de edad.

                                     


Pero hoy lo traigo al blog, porque su andadura inicial la fraguaría en el tango. Él mismo contaba que cuando estudiaba Derecho, con otros compañeros de la Universidad, por las noches acudían a los cabarets de moda y se dedicaban a bailar tango con las orquestas de moda. El bichito del tango lo traía desde su pueblo bonaerense -Coronel Pringles- porque su padre era guitarrero y se juntaba con músicos y cantores del pago y le enseñó los primeros gorjeos.

Se llamaba José Antonio Torrontegui. En uno de estos refugios nocturnos, el Florida Club, conocería a Osvaldo Fresedo con quien mantendría larga amistad. A su pianista José María Rizzuti le haría conocer un tango que había compuesto primariamente y lo llamó Pensando en tí. Rizzuti le pasaría el tema a la partitura, adecentándolo y de este modo debutaba como autor, para alegría suya y de su progenitor, a quien le hizo llegar el tema grabado por la orquesta de Fresedo, precisamente el 10 de mayo de 1927. El mismo Thorry interpreta los versos en aquel registro.

                                             


Saltando peldaños en su promisoria vida artística, en 1934, cantaba con la jazz del uruguayo Rudy Ayala y lo designaron como presentador de un espectáculo que se transmitía por radio París, haciendo ambas funciones. Allí conoce a Rodolfo Biagi que era pianista, entonces, de la orquesta de Juan Canaro, que actuaba con Ayala en el espectáculo. En un intervalo, mientras conversaban junto al piano, Biagi le hizo escuchar un tango que acababa de componer. A Thorry le gustó y le preguntó si podía ponerle versos, a lo que el pianista accedió. Rápidamente Thorry tomó apuntes y así nacía el tango Indiferencia que D'Arienzo grabó con la voz de Alberto Echagüe. Francisco Canaro se le adelantó seis meses y lo llevó al disco el 28 de marzo de 1939. Cuando Biagi forma su propia orquesta, lo graba, cantando Jorge Ortiz, cuatro años más tarde. La letra de Thorry llega cargada con una vividez oral, pasada por el tamiz de experiencias personales. Un paisaje interior de desolación.

                                         


El otro impacto en su trayectoria de autor tanguero, ocurrió a fines de 1939 cuando coincide con Edgardo Donato en radio El Mundo, donde presenta a la orquesta del violinista. Charlando antes de la actuación, Donato le hace escuchar un tema nuevo que había escrito y Thorry se entusiasma. Le pide que le deje escribirle una letra y si le gusta, la incorpora al tema. Con el vistobueno del director Thorry la termina en tres días y se la lleva, mereciendo la aquiescencia de Donato, cuando comprueba que música y versos casan a la perfección. El tango se llama Mi serenata, que el autor de la música graba con su orquesta y las voces de Lita Morales y Romeo Gavio (Gavioli), el 11 de enero de 1940. Lo  repetiría más tarde con Podestá-Almada. También lo registrará, entre otros Francisco Canaro con Francisco Amor. Y Osvaldo Pugliese con Miguel Montero y Jorge Maciel lo renueva fenomenalmente y lo graba el 2 de septiembre de 1955. Lo bailé en vivo varias veces con la orquesta.

 Otros temas que firmó Juan Carlos Thorry fueron, el vals Mamá, yo quiero casarme, con Julio De Caro y Carlos Marcucci. Tu amor y mi obsesión, con Leo Lipesker. Qué importa, con Ricardo Tanturi, en cuya orquesta militó como primer cantor de la misma. Tu promesa, una canción campera con Rodolfo Biagi. Vida querida, con Eduardo Scalise, tema del cual se sintió muy orgulloso.

                                               


Paralelamente a sus trabajos en cine, teatro y televisión, también despuntó su amor por la música popular, como presentador de "Grandes valores del Tango", durante mucho tiempo. Fue locutor, animador radial con el seudónimo Juan de la Púa y sobre todo un tipo muy querido en el ambiente por su permanente jovialidad.

Hoy lo recuerdo tangamente con dos de sus temas. Vida querida, por Osvaldo Fresedo con su orquesta y Ricardo Ruiz. Y Mi serenata, por Osvaldo Pugliese y las voces de Maciel y Montero.

Vida querida- Osvaldo Fresedo_Ricardo Ruiz

Mi serenata - Osvaldo Pugliese-Maciel-Montero


jueves, 29 de junio de 2017

Desencuentro

Esta hermosura de tango llegó en 1962, cuando el género estaba de capa caída y sólo lo sostenían temas como Desencuentro, para mayor gloria del Polaco Goyeneche y Roberto Rufino, en sendas grabaciones de estos dos jilgueros criollos con la orquesta de  Baffa-Berlingieri y Pichuco, autor de la música, respectivamente. Se aliaron precisamente Troilo y Cátulo Castillo en la composición del tema que sigue dando dividendos por ese heroísmo de cotidianeidad que tienen tantas letras de tango, acompañadas por la música precisa que las realza aún más.

Antes habían enchufado entre ambos otros golazos como María, en 1945. Milonga del Mayoral, Retrechera -habanera-, Una canción y Patio mío, en 1953.  La cantina, en 1954. La última curda, de 1956. A Homero, dedicado a Manzi, en 1958. Vals del carnaval (1961). Y a mí qué, de 1962. Le siguieron: Milonga de la Parda y El último farol, de 1969. Fujiyama para Virginia Luque en 1988. Y Testamento tanguero, que no tuvo difusión.

                                       
Cátulo Castillo y Aníbal Troilo, una maravillosa sociedad autoral

La alianza entre estos dos pilares del tango se extendió al teatro donde consiguieron éxitos notables con espectáculos como El Patio de la Morocha, Caramelos surtidos o Tango en el Odeón. La obra construída por estos personajes básicos, fue muy importante para mantener encendida la llama de la música popular porteña, y gotear durante más de cuarenta años, éxitos insoslayables que reviran en un viaje espiritual por el tiempo debido al magnetismo y empatía de ambos. Destellos de escritura y frases afortunadas y magnetismo de la música que las acompaña. El lenguaje musical  anuncia y da sentido a lo que transmite la letra.


Estás desorientado y no sabés
qué “trole” hay que tomar para seguir.
Y en este desencuentro con la fe
querés cruzar el mar y no podés.
La araña que salvaste te picó
¿qué vas a hacer?
Y el hombre que ayudaste te hizo mal
¡Dale nomás!
Y todo el carnaval
gritando pisoteó,
la mano fraternal
que Dios te dio.

Tremendas palabras que fijan la desazón e incertidumbre del ser humano, ante la insolidaridad, los males que afligen a la sociedad, el personaje angustiado, asustado del porvenir, desalojado del presente. Cátulo enfoca el desconcierto derivado del recóndito comportamiento humano. Hay más instrumental clásico del poeta: la inmediatez, la memoria, la resistencia, la erosión moral.

¡Qué desencuentro!


¡Si hasta Dios está lejano!

Llorás por dentro
todo es cuento, todo es vil.
En el corso a contramano
un grupí trampeó a Jesús...
No te fiés ni de tu hermano,
se te cuelgan de la cruz...
                                    
Los seguidores del tango, a lo largo del tiempo, saben que las voces, los temas, son los que nos tocan el corazón. Y eso lo hace la poesía: tocarnos el corazón, así como sucede también con muchos temas instrumentales o la música que acompaña a las versos, contrapunteándolos como en este caso y tantos otros. Por eso los poetas saben mirar a la gente y a la historia y así han sembrado páginas memorables como este Desencuentro que hoy me ocupa y que tiene su lugar ganado en el corazón del pueblo.
 
Quisiste con ternura, y el amor                            
te devoró de atrás hasta el riñón.                     
Se rieron de tu abrazo y ahí nomás              
Te hundieron con rencor todo el arpón.
Amargo desencuentro,
porque ves que es al revés...
Creíste en la honradez
y en la moral...
¡Qué estupidez!
Por eso en tu total
fracaso de vivir,
ni el tiro del final
te va a salir.


Tremendo final. Sé que Pichuco se entusiasmó muchísimo cuando leyó los versos completos y se esmeró en la composición.Lo grabaría con su orquesta y Elba Berón en los cantables, el 9 de febrero de 1962. El 5 de junio de 1963 lo registraría con un retornado y pletórico Roberto Rufino. Por su parte, Roberto Goyeneche, convertido en cantor solista, lo instaló como pieza clave en su repertorio y lo hemos gozado tantas veces, en la interpretación de este tango, que vale la pena volver a verlo y escucharlo. Lo cantó con acompañamientos varios, pero acá podemos escuchar la grabación que hizo de este tango, el 22 de agosto de 1968 secundado por la orquesta de Baffa-Berlingieri.


Desencuentro - Roberto Goyeneche







  

martes, 27 de junio de 2017

Bien milonga

Y nunca mejor dicho. Sí, Ismael Spitalnik quiso afirmar con el título de su tango, el alma milonguera que tenía el tema que había compuesto. Luego sonaría a música celestial en las versiones de Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo y sus orquestas. Igual que nos invita al baile, todo el material que seleccionamos para los asiduos concurrentes a nuestra milonga de los martes -Bien Milonga- en la Casa de Aragón de Madrid.

Es la música que hemos mamado desde siempre, la que nos movilizó a la milonga en nuestra hermosa juventud. Cuando en Buenos Aires había concurrencias impresionantes a esa fiesta del pueblo que acudía a clubes, salones y confiterías para bailar en vivo con las grandes orquestas o con los discos que guardaban las alhajas musicales que hoy suenan en las milongas de los distintos países y continentes que se han agregado a la cofradía.

                                     

Para demostrarlo y como aperitivo de la milonga de esta noche, me doy una pasegiatta por esas pistas del mundo donde disfrutan y aprecian el sentimiento que nos une a hombres y mujeres milongueras, y que saben cultivar esa emoción que nos invade, cuando suena la música familar a la oreja y el cuore.

Y arranco con esta pareja amiga, Leo y Eugenia, que supieron  dejar una linda estela en Madrid y en Italia, para afincarse con su escuela en Metz, Francia. Acá podemos verlos en el Festival de Kerallic, en la Bretaña francesa, organizado por Le Temps du Tango. Y bailan con su elegancia y savoir faire, el valsecito Temo, por la Típica Victor, cantando Mario Corrales.

                                      
Y sigo con mis paisanos argentos. Aunque no hago distingos en el arte de bailar tango y la prueba es que por esa columna han desfilado bailarines de todos los países. Los que saben valorar el arte que encierra esta danza. Ahora los invito a presenciar cómo se pasean por la pista Sebastián Achával y Roxana Suárez. Están en el festival de Lödz, Polonia y  se mueven Bien D'Arienzo con esta orquesta y el tango Yapeyú.

                                        
Y cierro con una milonguita que baila la pareja integrada por José Fernández y Martina Waldman, campeones mundiales de Tango Escenario. Se trata de La milonga de Buenos Aires por la orquesta de Francisco Canaro, cantando Ernesto Famá. Y se me van los remos se me van...

                                        

Supongo que te habrá subido la tensión... Vení a descargar esta noche en Bien Milonga. Ci veddiamo.

lunes, 26 de junio de 2017

Emilio Balcarce

Tocar el violín durante veinte años con Osvaldo Pugliese no sería tan destacable, si no se tratase de unas de las orquestas más geniales que ha dado el tango y que  renace cada noche en las pistas milongueras del mundo. Emilio Balcarce se llamaba en realidad Emilio Juan Sitano y aunque cargaba 93 años en sus espaldas, seguía dirigiendo la Orquesta Escuela de Tango y formando jóvenes músicos para ejecutar  la música rioplatense, cuando lo sorprendió el adiós a este mundo.

Nacido y criado en el barrio porteño de Villa Urquiza, el maestro Pugliese solía definirlo certeramente: “Tiene las esencias tangueras a flor de piel”, y ello mismo podría servir de epitafio a la tumba de este violinista, bandoneonista, compositor, director y arreglador que a los 17 años de edad ya dirigía una orquesta de jóvenes mayores que él. Al mayor que tenía 32 años, lo llamaban “El viejo Lalli”, lo que indicaba la precocidad de sus integrantes, e incluso del cantor, Alberto Demari, que años después se incrustaría en la historia grande del tango con Aníbal Toilo como Alberto Marino.   

                            


Curiosamente, a pesar de haber estudiado el violín a instancias de su padre que se peleaba con un modesto mandolín para darle cuerda a su  afición por la música, terminaría amigándose también con el bandoneón que compraría su progenitor y gatillándolo a escondidas de éste. Siendo un adolescente debuta como violinista en el conjunto de Ricardo Ivaldi y enseguida pega un salto de calidad alineándose en la fila de cuerdas de Edgardo Donato, el autor de A media luz

 Cuando el cantor Alberto Castillo, ídolo de multitudes, emprende su carrera solista en 1943, desvinculándose de la orquesta de Ricardo Tanturi, le confía la dirección de su conjunto. Esto explica la pronta madurez del joven que lleva en sus venas este arte enredado con la vida y que le permite tocar su instrumento, armonizar y hacer arreglos para el grupo. Lo mismo le sucederá con su amigo Alberto Marino que se aleja de Aníbal Troilo y le encarga el manejo orquestal al músico que surgió con el fervor de la generación de 1940 y a la que representó hasta el final. 

                                           
Dirigiendo la orquesta que acompañaba a Alberto Castillo.

Porque a todo ello le agregaría su faceta de brillante compositor, e iría sembrando páginas memorables como Si sos brujo, Bien compadre, Que habrá sido de Lucía, Por una muñeca, Cuando caigan las hojas, El apronte, Luna y misterio, Vamos tropilla,  Embrujo de la ciudad, Por dos caminos, Sideral,  La conciencia, o El tobiano, con un aire pampeano este último, que era lo que le pedía Pugliese a sus músicos. Balcarce en sus décadas militando con el gran maestro, se impregnaría de la marcación milonguera que se identifica con la onomatopeya yumba (acentuación en el primer y tercer tiempo de cada compás de cuatro) y que rápidamente distinguen los bailarines. 

El maestro de Villa Crespo lo convocó a su orquesta en 1949.  La integraban Camerano, Herrero, Carrasco y Balcarce en violines, Aniceto Rossi en contrabajo; Ruggiero, Gilardi, Caldara y Castagniaro en bandoneones y Pugliese al piano. Balcarce aportará también sus capacidades como arreglador, y en ese sentido, sus trabajos más relevantes serían Bien compadre, en 1949, El tobiano, Pasional, Si sos brujo, Caminito soleado, Por una muñeca,  La bordona, Nonino, Candombe blanco y Cardo y malvón, entre los varios que realizó a lo largo de sus veinte años en el conjunto.


Era la única orquesta que trabajaba como cooperativa, y todos los integrantes componían, arreglaban, orquestaban y cobraban según su trabajo. Y cuando a Osvaldo Pugliese se lo llevaban detenido por sus ideas (era miembro del Partido comunista) y lo tenían unos meses en la cárcel de Villa Devoto o en un barco anclado en el puerto por la dictadura militar, la orquesta seguía actuando sin pianista y con un clavel rojo en el piano colocado por uno de sus miles de hinchas ruidosos y exaltados que los seguían a todas partes. 

                                            



Llegó un momento en que el tango estaba cercado por los milicos a los que les apestaba lo nacional popular y la cultura, y el mismo Pugliese les dijo que la orquesta no podía sostenerse y allí con la escisión de seis grandes músicos, nació el Sexteto Tango en el que militaría Balcarce, con aroma apugliesado pero con marcación rítmica distinta. Con la orquesta o el sexteto recorrería el mundo y serían atracción enorme en Japón donde estuvieron varias veces. Conoció a su esposa Lidia en un baile en el Club San Lorenzo de Almagro, él dirigiendo su orquesta y ella cantando en la Jazz Santa Anita, como Linda Baxter.

En su larga trayectoria dentro de la música popular, tuvo su propia orquesta con Jorge Durán como cantor, también formó otra con Amadeo Mandarino, y además de notable autor, fue reclamado por conjuntos de fuste en su brillante faceta de arreglador. Colaboró en este sentido con las de Francini-Pontier, Alfredo Gobbi, Aníbal Troilo, José Basso, Leopoldo Federico y otras destacadas. Porque además de sus estudios de violín, también estudió armonía, contrapunto y fuga con el maestro Juan Ehler.

                                       


Ya estaba retirado y radicado en Neuquén cuando un músico joven, Ignacio Varchauvsky,  decidió formar la orquesta Escuela de Tango en el año 2000 y le confía el timón del conjunto patrocinado por la Municipalidad. Y allí estará hasta el 2008, ahora con el fueye, dirigiendo, enseñando, trasmitiendo su instinto, su “polenta”, y sus grandes conocimientos:

-La transmisión del tango ha sido oral. Hay pocos arreglos escritos. Si yo quiero indicar cómo se hace un ligado tengo que cantar. Lo único que podemos escribir es rubato (tiempo robado) o muy expresivo , o cosas por el estilo, pero eso no basta para imprimir la idea porteña de tocar. La idea es que los muchachos asimilen el sabor, la expresión y los acentos de esas orquestas típicas, no para copiarlas sino para que tomen como punto de partida de su propio desarrollo- decía en una nota de Clarín-, explicando su brillante trabajo en la orquesta Escuela de Tango. 

Todo su talento queda expresado en el dibujo de ese tango maravilloso: La bordona -que Troilo grabó en tres oportunidades y sin borrarle una sola nota al arreglo de Balcarce-. Hermoso tema, con esa reminiscencia de frontera urbana, la solercia milonguera y el dramatismo de la ciudad. De la ciudad  porteña que lloró su despedida, como llora a los que supieron transmitirle su honda sensibilidad tanguera.  

Podemos ver a este notable y querido personaje del tango dirigiendo por última vez a la Orquesta Escuela de Tango, y presentado por Ignacio Varchauvsky.