miércoles, 23 de julio de 2014

Carlos Bahr

Dentro del Parnaso de los poetas o letristas del tango, a lo largo de su historia, este vate ocupa un lugar importante, ganado a fuerza de calidad en su lunga producción. Es de lo que vienen a rebufo de los Manzi, Cátulo, Expósito, el Catunga Contursi, Celedonio, González Castillo, Discépolo, Le Pera, pero con laureles propios conseguidos en base a versos de cuidada elaboración, fácil recordación y que han entrado en el corazón de los tangueros.

Él mismo contaba que reflejaba emociones que le acontecían a otras personas o a él mismo. Le gustaba la literatura y devoró muchos libros. Nunca dejó de hacerlo. Y no le daba gran valor a su extensa obra, aunque haya logrado sucesos perdurables que se siguen cantando y bailando. Días pasados hablaba de su tango Prohibido. Pero además su mejor carta de presentación está en los numerosos temas que calaron hondo en aquella porteñidad ávida de obras nuevas.

                                        
Carlos Bahr

En su extensa hoja de servicios encontraremos delicias como: Sosiego en la noche, Muriéndome de amor, Sin balurdo, Tomá estas monedas, Equipaje, Tango y copas, Mañana iré temprano, Soledad la de Barracas, No te apures Carablanca, Monotonía, Humillación, Amor y vals, Desconsuelo, Marcas, Me están sobrando las penas, Corazón no le hagas caso, Dame mi libertad, Valsecito, Precio, Donde estás, o Nada más que un corazón, que dedicaría a su esposa y que en la primera parte arranca con esta hermosa declaración de amor: "Nada más que tu cariño / es lo que quiero, / es el milagro que a la vida / le reclamo como premio / por tanta herida...!". Como Gracias, que compuso con Elías Randall (Rubistein) en 1946 y también se lo dedicó: "Gracias, / porque al borde del abismo / cuando estaba ya perdido / animaste mi esperanza..."..

                                                                                 


A Carlos Bahr me lo presentó una noche en el Café, Manolo Sucher, con quien hizo varias páginas de gran pegada popular. Cuando el inquieto de Manolo se levantaba para ir a hacer alguna broma en otra mesa, o a charlar con alguna dama del ambiente, yo me iba enterando de su vida. Era un hombre de muy buena presencia que confesaba con algo de vergüenza no haber llegado a sexto grado. Pero esa carencia la compensaría con el hecho de hartarse  de leer toda clase de libros, lo que le permitiría alcanzar el caudal de cultura que despacharía luego en versos.

 

Nació en la Boca, donde había estado la vieja cancha de River, antes de mudarse a Núñez. Aquellas troupes de inmigrantes que se arracimaban en el puerto porteño buscando su nuevo lugar en el mundo propiciaron que Bahr fuera hijo de un alemán y una belga, y nieto de una francesa. Augusto, su padre, era capitán de un barco ballenero que atracaba en la Boca y cuando Carlos apenas alcanzaba los once años, se perdió de vista para siempre. El hombre había decidido partir hacia su patria para combatir en la Primera Guerra Mundial. Y pese a todas las gestiones, jamás pudo Carlos saber dato alguno de sus andanzas y de la suerte corrida en aquella contienda.


Como muchos otros colegas, Bahr comenzó haciendo letras para las comparsas carnavaleras de su barrio siendo un adolescente. Trabajaría en la Escuela de Mecánica de la Marina. De paso chapurreaba el piano en su casa. Comenzó componiendo con el bandoneonista y director de la orquesta que acompañaba a Mercedes Simone, Roberto Garza (José García López), algunos de los temas que llegaron a conocerse, como Fracaso que grabaría la gran cancionista platense.  En un concurso de SADAIC ganaría el primer premio de milongas con Milonga compadre, a la que puso música José Mastropietro y llevó al disco Pedro Laurenz con el cantor Juan Carlos Casas, el 12 de mayo de 1938.

Como anécdota me quedó  dejó un lindo recuerdo personal.  En una de las dos conversas que tuvimos me elogió la corbata y de inmediato me dispuse a sacármela para regalársela, cosa que él intentó de todas maneras impedir. Al final la aceptó entre risas, pero me dijo que para no "dejarme en yanta", al menos me dejaba la suya para que pudiera recorrer la noche sin fallas en la vestimenta.

                                                                 
Hará unos cuatro/cinco años quise completar su biografía para un libro y me contacté con su hija, Inés María,  que es odontóloga. Gentilmente suspendió su trabajo y a lo largo de dos días fue contándome  pasajes importantes de su vida familiar. Bahr conoció a la que sería su novia, Lina Ferro, que era cancionista, en Radio Porteña. Luego de un cálido noviazo se casaron y del matrimonio nacerían Carlos Alberto (arquitecto) e Inés María. En el momento de la boda, Carlos Bahr tenía 40 años y Lina apenas superaba los 20. Recién dieciseis años más tarde, tendrían hijos y Lina fue la segunda. Por ello no tenía muchos recuerdos de su padre, pero sí me comentó que los que iban seguido a su casa eran Manolo Sucher o Fulvio Salamanca, con quienes compondría numerosos temas de éxito. Y también me dijo que disecaba mariposas, armaba cuadros con ellas y las vendía. Otra cosa, que salía mucho para poder colocar sus temas.

Su gran éxito, curiosamente,  fue Pecado, un bolero al que pusieron música Enrique Francini y Armando Pontier ("Aunque sea pecado te quiero / te quiero lo mismo / aunque todo me niegue el derecho me aferro a este amor"). Fue un suceso internacional que cantarían grandes del género como Caetano Veloso, Los Panchos, Lucho Gatica, María Bethania, Olga Guillot, Leo Marini.

 Yo valoro estrofas preciosas de Equipaje (con Héctor Artola): "Un sobrante de ternura / que no tuvo en quien quedarse..".O Marcas, con el mismo músico: "Marcas que tu amor dejó en mi vida / un rencor que no te nombra / y un dolor que no te olvida...". Con Pontier, pegaron varios sucesos. Cada día te extraño más, fue uno de ellos. "He querido borrarte de mi vida / y en cada pensamiento / te encuentro cada día. / He querido callar mi sentimiento / mostrando indiferencia / limando tu recuerdo..".

Escribió mucho, en SADAIC dejó 275 obras declaradas, 60 inédidas, 70 editadas,  y 127 editadas y grabadas. Es uno de los grandes que transitaron las partituras de tango y cuyos versos nos persiguen con nostalgia en las grabaciones que reitero, o en la pista de baile.

Podría poner tantos temas suyos que me rechiflan pero elijo dos al voleo. Me están sobrando las penas, al que le pusieron música Argentino Galván y Pepe Basso. De entre los buenos registros que existen del mismo, escojo éste del Polaco Goyeneche con el Sexteto Tango, grabado el 6 de diciembre de 1983. Y acto seguido, Muriéndome de amor, que compuso con Manolo Sucher. Lo recordamos por José Basso con la inconfundible voz de Floreal Ruiz, grabado el 9 de octubre de 1956.


03- Me están sobrando las penas - R.Goyeneche

064- Muriéndome de amor - José Basso -Floreal Ruiz

lunes, 21 de julio de 2014

Un amor

Este tango romántico, que tiene letra de Luis Rubistein y música de Mario Maurano y Alfredo Malerba, lo hicieron especialmente para el lucimiento de Libertad Lamarque en la película Cita en la frontera. La misma se estrenó el 25 de septiembre de 1940, día de la primavera en Buenos Aires, y en la misma la  dama de la película  se debatía entre el amor de dos hermanos, protagonizados por Floren Delbene - infaltable en estos papeles, dentro de los filmes de la época- y Orestes Caviglia.

Libertad lo grabaría una semana antes, acompañada por la orquesta dirigida por el pianista Mario Maurano y de inmediato, en el mismo año se registraron dos versiones muy buenas. La de Osvaldo Fresedo con la voz de Ricardo Ruiz, y la orquesta de Francisco Canaro, cantando Alberto Amor.

                                   
              

Cuando con Osvaldo Parrondo trajimos a Libertad desde Miami a Madrid para hacerle un homenaje y entregarle el Sos Gardel de oro, primero la convencí por teléfono y luego la acompañé en Madrid. El espectáculo lo realizamos en el Bellas Artes de Madrid, donde ayer casualmente, estuve tomando algo con amigos, en la cafetería.

Con Libertad charlamos tranquilamente de muchas cosas. Le recordé cuando nos encontrábamos en la sala de maquillaje de Canal 9, donde yo trabajaba entonces. Y una de las sorpresas de aquellas  jornadas, fue que le encomendamos a Alfredo Di Stéfano, ese amigazo, que le entregara al fin de fiesta, el trofeo. Resultó que Alfredo vivía con sus padres en una casa de la calle Carabobo en el Bajo Flores y Libertad Lamarque tenía la suya precisamente a la vuelta. Y cuando salía a trabajar, la dejaba a su hija, Mirtha, en casa de la familia de Alfredo, para que jugara con las hermanas de éste.

                                     


La gran estrella se agarró el pecho emocionada al ver subir al escenario a Di Stéfano y se pegaron un abrazo muy tierno. Ella era muy conversadora y cualquier tema que sacaras, enseguida lo hilaba y encarrilaba recuerdos. Se casó muy jovencita con un apuntador del teatro, Emilio Romero, pese a los consejos de familiares y amigos. La unión fue muy corta y de la misma nació su única hija, Mirtha, que el padre se llevaría a Montevideo, en un rapto que desesperaría a la madre. Le costaría trabajo recuperarla, con la ayuda de  un abogado y varios amigos.

Luego vendría la separación y nuevo casamiento con el pianista Alfredo Malerba, con quien no tendría hijos, y que sería su apoderado durante muchos años, hasta que también el matrimonio se rompe y ella sigue sola, como Gran estrella y Novia de América, con residencia en México, Miami o Buenos Aires. Filmó una impresionante cantidad de películas, grabó más de 400 discos, cifra no alcanzada por ninguna otra estrella del tango, y me contaba que cuando tuvo problemas con el gobierno de Perón por sus diferencias con Eva Duarte, le cayó del cielo un contrato para cantar en aquella Cuba de cabarés y casinos y le pagaban mil dólares por noche. Estuvo actuando tres meses en una gran sala y de allí saltaría a México donde se convertiría definitivamente en la gran diva.

                                        

Era una persona muy agradecida, me citó a numerosas personas que la ayudaron en algún momento, y de la gente del tango tuvo palabras muy elogiosas para Enrique Santos Discépolo que le hizo la nueva letra de El choclo que cantó en Gran Casino, la película dirigida por Luis Buñuel que marca su debut en el cine mexicano junto a Jorge Negrete. También me iría nombrando a Charlo, Tita Merello, Mercedes Simone, Héctor Artola, Alberto Vaccarezza, Juan D'Arienzo ("Un fenómeno..."), Rodolfo Scianmarella y otros.

Hoy tenía ganas de recordarla con este tema del título. Y de paso cañazo, les dejo un tema donde canta a dúo con su hija Mirtha, ese hermoso tango campero de padre e hijo: José González Castillo y Cátulo Castillo: El aguacero. Las acompaña Víctor Buchino con su orquesta. Mirtha quería seguir el camino artístico de su madre pero se casó, empezaron a llegar los hijos: cuatro, y se decidió por la vida familiar.

                                                             

Y ya que estamos, también podemos recordar la muy lograda versión de Un amor, por Osvaldo Fresedo y ese cantor que me encanta: Ricardo Ruiz.

145- Un amor - Libertad Lamarque

04- El aguacero - Libertad Lamarque y su hija

Un amor - Osvaldo Fresedo-Ricardo Ruiz

sábado, 19 de julio de 2014

Bien milonga

Como el nombre del tangazo de Ismael Spitalnik. Se trata de la Milonga de los sábados que llevo en Madrid. Nos quedan dos funciones del mes de julio. La de esta noche y la del sábado 27. Después descansaremos en Agosto porque la Casa de Aragón, escenario de nuestras peripecias milongueras, cierra por reformas. Y en Septiembre, luego de unos variados chapuzones en el Mediterráneo, y varios libros devorados, arrancamos de nuevo con tutti, clases incluidas.

Pista nueva para caminarla al compás de las grandes orquestas típicas que nos dejaron su legado, restaurante y bar modernizados, y nosotros meta punta, suela y taco. Los sábados milongueros tienen ese qué sé yo, ¿viste?

                                                  

                                        
Como canta Angelito Vargas en Bailarín de contraseña, la milonga siempre fue para nosotros un atractivo de marca mayor. Y los prolegómenos (Ropa, desodorante, tamangos lustrados, gomina y demás yeites) forman parte de esas caricias al cuore, que significa bailar Di Sarli, D'Arienzo, Pichuco, Pugliese, é anche piú... 

Y...¡Siga el baile....siga el baile...!

Es una de las cosas más lindas que nos han pasado, nos volverán a pasar y sentiremos siempre esas cosquillitas en el pecho, al salir a la pista a dibujar. Y cuando estás bailando con la acompañante ideal, ésa que te incita a crear, te empuja en la improvisación constante, sentís que tocás el cielo. Aprendí a bailar tango a los catorce años, a los quince, los muchachos más grandes me empujaron al rodeo, en la milonga, y nunca termino de saciar mis ganas de bailar.

                                       
Eladia Blázquez
       
 Como dice Eladia Blázquez en su Milonga en el viento, que lleva música de Pablo Ziegler:

Y a fuerza de soñar,
nos puede hacer creer
lo fácil que es volar.

Esos versos, como casi todos los de Eladia, tienen una polenta y una sutileza onírica tremendas. Surrealismo y sensualidad en la danza y el viento.Vale la pena recordarlos.

Milonga en el viento

Viento danzarín...
que girando va
como un bailarín
que trepa en cada salto
al trampolín más alto.
Y a fuerza de soñar,
nos puede hacer creer
lo fácil que es volar.
Bailarín...
llevas en tu andar
algo muy afín,
a un aletear de alondras
danzando por milonga.

La piel de la milonga
es como un sentimiento
que enciende, que prolonga
el dulce amor del viento...
El viento ríe y llora,
la envuelve entre sus brazos,
la ronda, la enamora,
la lleva hasta el confín.
La enreda en cada paso,
igual que un bailarín.

¡Bailarín!...
Tu milonga va...
tu con ella ve...
Y en puntitas de pie
¡Ámala!...

¡Viento...Baila... Baila... Viento!


No sé porque, repaso esta maravilla de versos y pienso en Alejandra Mantiñán. La imaginación se despliega y la veo volando, empujada por el viento y encajada en el poema.

                                 
Alejandra Mantiñán y Leandro Palou

Podemos gozar viéndola bailar con Leandro Palou en un Festival en Italia, el tango de Maruja Pacheco Huergo y Virgilio San Clemente: El adiós. Por la orquesta de Osvaldo Pugliese y el cantor Jorge Maciel.

¡Qué de cositas lindas!

                                                 

Y acá los podemos disfrutar, en Sevilla,  bailando esa maravillosa milonga de Raúl Aguirrezabalaga: La cicatriz, por la orquesta de Juan D'arienzo y la voz de Alberto Echagüe en el estribillo.

Parando antenas parando...

                                           


                           






viernes, 18 de julio de 2014

Prohibido

En el tango están descriptas  muchas historias que le acaecieron a poetas, o vivencias que presenciaron, o que les fueron trasladadas y narradas por los verdaderos protagonistas. Prohibido es el título de un tango, que en sus versos describe la desafortunada peripecia amorosa de uno de sus autores, sumada al desgarro posterior. Y no precisamente del autor de los versos.

Manuel Sucher compuso este tango en 1953, con Carlos Bahr y se transformó inmediatamente en un suceso aunque no ostente grandes calidades musicales ni poéticas. Estuvo de moda largo tiempo y lo grabaron De Ángelis con Oscar Larroca, que seguía en la cresta de la ola, Canaro con Arenas, Alberto Podestá con guitarras y hasta lo cantaron intérpretes de otros lares en tiempo de bolero o balada. Tengo una muy buena versión de Héctor Palacios, cantándolo como bolero.

                                     


La historia que narra en sus versos es tremendamente real y lo peor es que le sucedió a un hombre como Sucher que hizo de su vida un canto a la bohemia, a los amores fáciles y difíciles, a las buenas comidas, la elegancia y una interminable propensión a la broma.

Los afligidos versos, le fueron narrados por Manolo Sucher a su amigo y colaborador, el vate Carlos Bahr, que dió cumplida tarea al infortunio amoroso que le narraba el músico. En este caso no se trataba de un amor de rutina sino de algo excepcional. El hombre se había enamorado de la mujer equivocada , prohibida, y lo peor es que ella le correspondía. Pero estaba casada y ella no quería separarse. Sucher no pudo olvidar nunca a esa mujer, con la cual se agarró un metejón tremendo, aunque se vieron un par de veces más, pero ella cortó de raíz los posibles futuros encuentros, para evitar males mayores.

                             
Manuel Sucher acompaña a Raúl Iriarte en 1958

 Lo conocí a Manolo y he tomado café con él en algunas oportunidades. Incluso nos invitó a una comilona a su casa a un amigo común, más el poeta Julio Camilloni y yo, que era el jovencito de la barra. Sucher era así, gracioso, dispendioso, elegante para vestir y nada austero a la hora de hincar el diente. Vivía cerca de Plaza Italia y pasamos una velada divertida porque el hombre era inagotable.

Había nacido en Rosario, estudió violín y terminó siendo pianista. Formó una orquesta con Félix Lipesker y se trasladó a Buenos Aires a comienzos de los años treinta. En general se dedicó a acompañar a cantores de ambos sexos, tuvo orquesta propia en dupla con el cantor Mario Landi, pero no se sentía nada cómodo con la obligación de salir a buscar contratos o cumplir horarios, ensayos y actuaciones.

                                   

Era un bon vivant, a la manera de un Cobián, D´'Agostino o Cadícamo, y como compositor logró embocar varios temas que le permitieron holgazanear de día, hacer el amor por las tardes, salir de noche y terminar en la madrugada a toda orquesta con una dama o una cena bien regada. Eso sí, de buen humor permanente y sin dejarse los pelos en las gateras. Huyendo de los compromisos serios. Salvo en aquella oportunidad de marras.

Entre los temas que compuso figuran algunos como Qué me importa tu pasado, Muriéndome de amor, Como el hornero, En carne propia, Carta para René, Jamás lo vas a saber, Seis días, Dónde estás, Precio, Una cita con el tango, Dame mi libertad, Nada más que un corazón, Noche de locura, Decime Dios dónde estás, con diversos letristas. Incluso realizó el bolero Quiero huir de mí, con el exitoso mexicano Roberto Cantoral.

                                       


No quería compromisos y cuando lo quiso, el destino lo impidió. Entonces siguió comiendo, libando y dándole cuerda a sus deseos sexuales. Así murió, en su ley. Depués de una cena con tutti li fiocchi, una dama acompañante y el acto sexual a continuación. Allí su corazón se plantó, y tenía 58 años.

En su tumba, en el Cementerio judío de La Tablada están escritas en la lápida, algunas estrofas del tango que narra su única derrota amorosa: Prohibido.

La vida es un tango.

                                         


                                  
Lo podemos escuchar en la versión de la orquesta de Francini-Pontier con el cantor Pablo Moreno. Fue grabado el 22 de septiembre de 1953.

Prohibido - Francini-Pontier- Pablo Moreno




jueves, 17 de julio de 2014

Blanca Mooney

Se habían ido aquellos años feraces en que la cosecha de tangos frescos, nuevos, vitales, sin fecha de caducidad se habían instalado para siempre en el vademécum del pueblo. Manzi nos había dejado a comienzos de los cincuenta y Cátulo lo recordaba en tango con unas estrofas impecables.También se había espiantado Discepolín hacia lejanos cielos y a mitad de esa década reinaban Julio Sosa y Héctor Varela con sus cantores, resitiendo la embestida de otros géneros y la desidia de las autoridades culturales y dictaduras de turno.

Las muchachas cantoras eran un ramillete que iban surgiendo de concursos de radio y eran acompañadas por la gente que seguía esperando las señales de una nueva ola que hiciera resurgir la canción popular. Y ellas lo estaban logrando con su buen gusto y aires renovadores.

Silvia del Río, Elsa Rivas, Ruth Durante, Nelly Vázquez, Susy Leiva, habían recibido el testigo  de sus ilustres antecesoras y portaban en su equipaje artístico, muchas ganas de llegar al gran público y establecerse en el podio de las elegidas.  Y lo habían logrado. Lamentablemente Susy Leiva falleció muy joven, trágicamente,  volviendo en coche de Rosario, donde había actuado.

                                     
Blanca Mooney


Blanca Mooney llegó a esa instancia, al ocupar el segundo puesto en un concurso realizado por la revista Radiofilm en 1956. Curiosamente, la ganadora Ángeles Dangell no llegaría a hacerse conocida, mientras que Blanca Nester Mooney (Su nombre real) por su voz y gusto  tan especiales fue contratada de inmediato para unas actuaciones en Radio Belgrano.

Osvaldo Fresedo se fijaría en ella y la invitaría a grabar algunos temas con su orquesta, lo que le sirvió como lanzadera a los primeros planos, dentro de la grisura de la época para nuestra música . Yo la conocí frente a Radio El Mundo, en el café donde solía arrancar las noches junto a mi amigo Pascual Barberis que entregaba trofeos a a los artistas de tango destacados.

                             
   

En la barra tanguera estaba Oscar Fresedo, hijo de Emilio,  sobrino de Osvaldo, que venía a esperar a Blanca -actuaba en ese momento en Radio El Mundo- y se iba con ella para ensayar con la orquesta de Osvaldo. Blanca era descendiente de irlandés y española y creo que sería a finales del cincuenta o principios de los sesenta cuando la conocí, gracias a Oscar que me la presentó y me impresionó. Tenía entonces 19 años apenas y su nombre cobraba fuerza en el ambiente.

Era muy dulce físicamente, atractiva, y cantaba con mucha seguridad, muy buena entonación y claridad de dicción. Luego supe que había nacido en la ciudad bonaerense de 9 de julio, a unos 270 kilómetros de la capital porteña. Su familia se trasladaría a la localidad de Banfield, y aunque en sus inicios artísticos no cantaba tango y se había recibido como profesora de piano, las casualidades del destino la empujaron hacia la canción porteña.

                                                     



Con la orquesta de Fresedo grabó tres temas que fueron muy difundidos entre enero y junio de 1959  (Julián, Arrabalero y Dónde estás). La televisión la buscaría por su figura y condiciones y a partir de allí seguiría su carrera como solista. Grabó acompañada por las orquestas de Luis Stazo, José Márquez, la Banda de la Armada, Lucio Milena,  y con Manuel Sucher - un acetato-. El total unos cuarenta y cinco temas que encierran a una artista exquisita.

Se casó y se radicó en Córdoba. Del matrimonio con Ricardo Caletti, nacieron dos hijos varones. Cada tanto reaparecía y finalmente -después de diez años de ostracismo- con la Banda de la Armada, recorrería varios países de América e incluso Estados Unidos. Con dicha orquesta grabó "Tangos a bordo" y recibió sus últimos aplausos como artista porque falleció tempranamente, con apenas 51 años después de un derrame cerebral.

                             
Blanca Mooney con la Orquesta Tangos a Bordo, en Lobos, 1977


Hoy la recuerdo con cariño y nostalgia, en dos de esos temas. Primero en el bellísimo tango de Mariano Mores y José María Contursi: En esta tarde gris, grabado en 1978 con la Banda de la Armada Argentina.  Y acompañada por la orquesta de Luis Stazo, el tango de Manuel Sucher y Carlos Bahr: Nada más que un  corazón, llevado al disco en 1972.

 Linduras. 

40- En esta tarde gris- Blanca Mooney - Banda de la Armada

26- Nada más que un corazón - Blanca Mooney






miércoles, 16 de julio de 2014

Pugliese con cuerdas

Son las grabaciones que al principio permanecieron inéditas durante un tiempo. Época de vacas flacas para el tango que venía en picada, en una de esas mareas bajas que cada tanto lo asaltan. Pero, a diferencia de otros ritmos, el tango siempre vuelve con nuevas fuerzas, nuevos instrumentistas y cantantes y nuevos impulsos.

Osvaldo Pugliese se vio obligado, como otros directores de orquesta, a darle vía libre a los integrantes de su conjunto para que pudieran buscarse recursos por la necesidad de sobrevivir y entre 1969 y 1970, él grabaría en el sello Philips unos temas con su piano y cuerdas. Estos últimos fueron: Mauricio Marcelli, Raúl Domínguez, Santiago Kutchevasky en violines; Bautista Herrera en viola, Pedro Vidaurre al violoncello y Fernando Romano en contrabajo.

                                     


El tano Marcelli fue el arreglador de los temas y el encargado también de nuclear al resto de instrumentistas. Y entre los temas grabados figura uno de su autoría, en colaboración con Timoteo Dino Saluzzi, el eximio bandoneonista salteño: Sensorial, un tango de bella factura

Con Pugliese conversé sobre esta etapa difícil, en una oportunidad que estuve con él y su gente en el Café de los Angelitos y luego en Michelángelo, adonde me invitó. Sus palabras demostraron todo el carácter que mostró a lo largo de una vida de persecuciones y prohibiciones: "Nunca hay que bajar la guardia. La vida es lucha. El tango siempre va a volver porque es la música del pueblo. Malos momentos tenemos todos, pero la fuerza del tango es tremenda".

Mauricio Marcelli, que sigue en actividad y viaja constantemente, integró la orquesta de Aníbal Troilo durante un año completo. Tuvo que dejarla porque le tocó el servicio militar, pero luego Pichuco lo seguiría llamando para grabar porque siempre quería que las cuerdas sonaran más grandes. También integra desde hace más de  veinte años la Orquesta Estable del Teatro Colón. Viajó a Japón con su propia orquesta, con Marconi, con Salamanca y el año pasado vino a Europa con la "Selección Nacional de Tango" y ese cantorazo: Ariel Ardit.

                                                 
Con el Tano Marcelli en el Bellas Artes de Madrid. Mayo 2013

Estuve esos dos días de permanencia en Madrid, charlando bastante con él. Es un gustazo la charleta  porque militó en orquestas de lujo como las de Alfredo Gobbi, Francini, Stampone, Caló, Argentino Galván. Recorrió Japón, país donde dio 61 conciertos en diferentes ciudades, o en China y toda Europa. Y hablamos, entre muchas otras cosas de esas grabaciones de Pugliese que permanecieron inéditas durante bastante tiempo. Él lo ayudó a Don Osvaldo a armar los temas que llevaron al disco y aportó el tango suyo que le gustó mucho al maestro.

Por eso hoy los invitó a catar este tango: Sensorial, por el conjunto de Osvaldo Pugliese con las cuerdas citadas. Y de yapa va otro tango precioso de la misma añada, Ciudad triste, de Osvaldo Tarantino,  que viene de perlas por la final perdida en Brasil. Si el fútbol sigue el ejemplo de Pugliese, el sol siempre vuelve a salir.

Escuchando que es gerundio.

03- Sensorial - Osvaldo Pugliese y cuerdas

05- Ciudad triste - Pugliese y cuerdas





martes, 15 de julio de 2014

Cascabelito

Este tango de lunga fama e interminable suceso, nació allá por el año 1923, cuando el alemán-chileno-argentino José Bohr (Yopes Elzer Böhr), lo creó como regalo a un español que tenía un negocio millonario en Punta Arenas (sur de Chile). Lo tituló entonces Feria franca.

Una serie de casualidades influyeron en la deriva de este tango. Bohr fue un personaje multifacético que tanto podía ser director de cine (¡de aquel incipiente cine!), actor, pianista, cantor, compositor, artista múltiple, charlista, inventor de un instrumento musical, el serrucho, que fue asombroso en su momento. Por sobre todas las cosas, Bohr fue un aventurero que solicitó y obtuvo la ciudadanía argentina cuando se afincó en el país en 1921 y logró dos éxitos fenomenales: el camel-trot Tut-Ankh-Amón, que grabaría la orquesta de Francisco Canaro con un resultado espectacular en la venta de discos, y enseguida, Cascabelito.

                               


                                               
Francisco Lomuto, que se había empleado en la casa de música Castiglioni, como encargado de tocar al piano las piezas de moda, con el fin de atraer clientes para vender estos instrumentos, partituras, discos y demás, consiguió una plaza en el vapor Cap Polonio, que hacía viajes llevando turistas desde Brasil al sur de Argentina. Formó un sexteto para ello y le cedió su plaza a Bohr en la casa de música.

Allí este artista multifacético, además de tocar diversos temas que iban saliendo al mercado, ejecutaba diariamente estas dos composiciones suyas, que lograron gran repercusión de los oyentes que se paraban a escucharlo. Ya se había hecho un nombre con el éxito de Tut-Ankh-Amón, que Gardel también grabó en 1924 con el acompañamiento de las guitarras de Ricardo y Barbieri. La letra le pertenece a Cancio Millán.

                                     
José Bohr - actor en Hollywood


La editorial Perroti sacá a la venta la partitura de Cascabelito, con su título inicial: Feria franca. El poeta y sainetero Juan andrés Caruso, que visitaba seguido la Casa Castiglioni, ya que era amigo de los dueños, escuchó este tema y le propuso a Bohr, ponerle versos. Caruso había cosechado fama con sus creaciones y el autor de la música, ni lo dudó, le dió el sí rápidamente.

Entonces Caruso, pensando en los próximos carnavales decidió crearle una letra relacionada con los mismos, que entonces representaban una fiesta maravillosa y popular, lo tituló Cascabelito y los versos se remiten precisamente a las mascaritas con que se disfrazaba la muchachada. Fue lanzado en los carnavales de 1924, y el intrépido Bohr, con un armonio portátil que le cedió la empresa y montado en un mateo, fue tocando su pieza por cuantos desfiles y palcos se montaron en Buenos Aires.

                                                   


Al día siguiente comenzaron a venderse partituras del mismo en cantidad importantes y Francisco Canaro, siempre visionario,  lo llevaría al disco de inmediato en forma instrumental. Enterado Gardel del suceso, y luego del éxito de Tut-Ankh-Amon, lo llamó a la Casa Castiglioni y a continuación de la sanata inicial divertida que  caracterizaba al Morocho, fue al grano.
-Pibe, me dijeron que sacaste un tangazo romántico que tiene que ver con el carnaval.
-Sí, Cascabelito - respondió Bohr.
-¿Porque no te venís con el pianito, nos lo pasás a mí y a los muchachos, lo grabamos,  la semana que viene está en la calle y será un flor de gol...

                                   


Efectivamente, fueron palabras proféticas. El tango que también cantaría Azucena Maizani en el Teatro logró la súbita aprobación popular que se mantiene hasta nuestros días. Gardel le grabaría a Bohr los tangos Cascabelito, Mía y Por el camino. Los foxtrots ¡Oh París, Pero hay una melena y el citado Tutankamón. Y el shimmy Los reyes del aire.

Bohr, nació en Bohn, Alemania, pasó su infancia en Turquía, donde su padre fue veterinario de caballerizas privadas y del zoológico que tenía en su Palacio el último sultán. En un reportaje que le realizara  Viviana  Gorbato en 1987, añadía que depués vivió duros tiempos en los que permaneció con su familia en Chile y se crió en Puerto Porvenir, del sur chileno, "entre 80 personas decentes y 100 prostitutas".  En ese momento confesaba tener 86 años. Falleció finalmente en Oslo, capital de Noruega.  En Punta Arenas es considerado "ciudadano ilustre".

                                         


Escuchemos dos versiones de este tango, inmune a las modernidades. La primera es la de Ada Falcón acompañada por la orquesta de Francisco Canaro, grabada el 17 de junio de 1930. Y a continuación la de Carlos Di Sarli con Roberto Rufino, del 6 de junio de 1941, que anoche precisamente lo bailé en la milonga.

Cascabelito - Ada Falcón -Fco. Canaro

Cascabelito - Di Sarli-Rufino