lunes, 8 de febrero de 2016

Negracha

Fue el primero de los tangos de ese tríptico que armó Osvaldo Pugliese, con su genio creador y de alguna manera, incluso rompedor, porque se salían de la horma general tanguera desarrollada hasta ese momento. La yumba y Malandraca serían los otros dos integrantes de esa línea media que consagrarían su estilo, ése que ya había esbozado en Recuerdo (1924), Adiós Bardi o Las marionetas. Temas de calado profundo y germinador,  magistralmente interpretados por su orquesta.

Beba, la hija de Don Osvaldo, recordaba cuando ensayaba la orquesta en su casa, y vivió aquella creación de Negracha, en sus distintas fases de composición. Ese inicio prometedor de cinco compases que prometía mucho, luego el picado de los bandoneones, las acentuaciones y la polirritmia de la orquesta que levantaba fuego en la casa. Contaba que había confusión entre los músicos al principio. No entendían bien cómo interpretarlo, discutían y algunos decían que no iba a funcionar, que no era bailable, pero Pugliese estaba muy seguro de su obra y los instaba a seguir

                                            
La orquesta de Pugliese en 1948, año de Negracha,  en el filme "Mis cinco hijos"

 Cuando lograron entender el espíritu de Negracha, se entusiasmaron, lo entraron a disfrutar, se encendían en el ensayo y lo estaban disfrutando a pleno, por lo cual el crescendo era luminoso, catárquico. Y así terminaría resultado todo un exitazo entre la masa tanguera, los críticos  y los seguidores de la orquesta. Mario Soto, que era entonces el presentador de la orquesta, le había escrito una glosa de presentación que rezaba así:

En un arranque sincero                                  
hice pa'vos este tango
que te ha de entrar hasta el mango
con sus compases cabreros.
Lo hice porque yo quiero
que él te muestre la hilacha
de esta pasión que me escracha
en medio del corazón
y manyes el metejón
que tengo por vos, ¡Negracha!

Años después Pugliese explicaría: "Uno compone un motivo, lo deja, después, a la larga lo agarra otra vez y le da una vuelta, a la larga así lo va hilando, haciéndole la masa"... El tango iba a romper con las fórmulas habituales, tradicionales del tango instrumental, porque se basaba en un dibujo breve de dos compases y a continuación se desbordaba en intercalaciones melódicas y abundantes pasajes contrapunteados, sumergidos todos sus músicos en una felicísima  reiteración rítmica que era tan admirable para los bailarines como para los oyentes y el gran número de seguidores que tenía la orquesta de Osvaldo Pugliese.

El gran musicólogo Luis Adolfo Sierra escribía sobre la Orquesta de Pugliese y en una fase se expresaba así.

-De definida filiación decareana, aportó Osvaldo Pugliese una forma de ejecución que concilia la perfecta adaptabilidad para la danza, con una concepción armónica de compleja estructura  y avanzada realización técnica. Logró con audaces y novedosas proposiciones la definición de su orquesta, cuya fuerza de acentuación rítmica reposa sobre una  singular superposición de planos sonoros, tejiendo un sutil engranaje polirrítmico, dentro del cual las diferentes secciones instrumentales  marcan conforme a distintas divisiones de tiempo, en medio de una inagotable riqueza de recursos y efectos, a veces de casi imperceptible realización.

                                 
Portada de la poipular revista El Alma que canta -1945

-Y de esa conjunción aparentemente anárquica de ritmos encontrados,  surgen los diferentes temas traducidos con admirable expresividad  en la original manera de "decir" de los solistas del conjunto, entre los que corresponde destacar el predominio del propio director en la función conductora del piano, y del primer bandoneón Osvaldo Ruggiero con su forma distinta de frasear.

Y digo yo, que toda esta afirmación técnica del maestro Sierra, puede apreciarse y saborearse en la grabación de Negracha, realizada el 24 de junio de 1948 y que fue todo un aldabonazo entre la familia tanguera de la época.

Lo escuchamos con muuuuucha atención....

031- Negracha - Osvaldo Pugliese



sábado, 6 de febrero de 2016

Este carnaval

Noche de milonga, noche de carnaval, noche de parrandas, noches de recuerdos inolvidables. Porque para los milongueros, el carnaval era una fiesta mayor. Los juegos con el agua por la tarde y la inmersión en la milonga por la noche durante siete días a todo trapo, con una orquesta de las grandes en el escenario del Club Atlético Huracán y también la de jazz, que era de agradecer cuando uno está con el ánimo propicio para la fiesta interminable.

                                           


Y hablo de Huracán, porque en sus amplísimos salones y terrazas podía reunir en una noche entre quinientas y mil personas de ambos sexos, algunos disfrazados, otros algo menos, y nos lo pasábamos genial hasta las cuatro de la matina, durante esos siete días. Di Sarli, Troilo, Pugliese, Gobbi, Pontier, fueron algunos de los directores que con sus orquestas nos llenaron de música y emociones para el disfrute en dichas ocasiones. Aquellas en que nos despojábamos de la vestimenta formal y nos movíamos más livianos y coloridos.

                                       


Numerosos tangos y milongas, de diferentes autores, fueron suceso recreando aquellos días que tenían como leit motiv a la fiesta pagana. Carnaval, Siga el corso, Después del carnaval, Carnaval de mi barrio, Todo el año es carnaval,  Carnaval de antaño, Carnavales de mi vida, Hasta el otro carnaval, Amores del carnaval, Carnavalera, Mi carnaval, Carnavalito, Bullicio del corso, La reina del carnaval, Vals del carnaval, Cuando muere el carnaval, Por esa mujer de carnaval, Siempre es carnaval, Luna carnavalera, Siempre es carnaval, Otra vez carnaval y otros que fueron quedando olvidados.

En la milonga del sábado tengo que escoger los temas bien milongueros y éste del título encaja perfectamente para mis necesidades de esta noche de carnaval, que la memoria atesora. Porque tiene un ritmo maravilloso en la orquesta de Juan D'Arienzo y la interpretación única, genial, de Alberto Echagüe. La música es Miguel Ángel Caruso y la letra es del bandoneonista, letrista y compositor  Luis Caruso, popularmente conocido como Carusito.

                                 



Este hombre, nacido en el porteño barrio de Villa Crespo en 1916, tocó en la orquesta de su tío, el famoso José Servidio, cuando era un niño y destacó tempranamente por su genio. En 1936 viajó a Montevideo y se fue quedando, haciendo toda su carrera en la vecina orilla, salvo esporádicas escapadas a Buenos Aires  por razones de trabajo o familiares. A los 23 años formó su propia orquesta y se presentó con ella en cafés, teatros y en la radio. Julio Sosa grabó con su orquesta los primeros temas que pudo llevar al disco, antes de convertirse en Buenos Aires en un cantor de arrastre fenomenal. Ídolo de su época.

                                     
Curiosamente, a la par de excelente bandoneonista, Caruso también se lucía con la pluma y así escribió temas de notable éxito como: Anselmo Acuña el resero, Y siempre igual, La fulana -en ambos roles con Alberto Mastra-, Bomboncito, Es inútil que la llores, Lilián, Lecherito del Abasto, Se va una tarde más, Aquel muchacho de la orquesta, y otros temas en los que demuestra su gran ductilidad, porque también fue un aplaudido compositor.

                                     
Caruso en la orquesta de Carlos Warren en 1938. Es el primer bandoneón, izquierda
 

No le falta imaginación para describir situaciones al ritmo del tango. Este carnaval lo termina así:

Sonríe como yo,
vamos, mi alma,
volvamos a vivir
el viejo ayer.
Qué importa lo que sientan
nuestras almas,
¡al alma! ¿quién la ve?

La grabación de D'Arienzo es maravillosamente milonguera. Emocionante. Lo que dibuja Fulvio Salamanca en el piano es fuego para el alma y los remos. Los fueyes te dan la paliza en staccatto, y Echagüe te incita cantando como sólo él lo hizo en esta orquesta. Lo llevaron al disco el 14 de septiembre de 1951 y no me canso de escuchar Este carnaval, mientras lo tarareo con los pies en el parqué de casa.

06- Este carnaval - Juan D'Arienzo-Alberto Echagüe

miércoles, 3 de febrero de 2016

Tango Argentino

Habrá que recordar perennemente a esta Compañía y a esta idea teatral que relanzó el tango en Argentina y lo consagró en el mundo. Porque en los años que se fundó Tango Argentino, una idea maravillosa, pero audaz en ese momento, la danza del tango había desaparecido de los clubes de barrio y confiterías céntricas, barrido por otros géneros como el rock o el pop y también porque tanto los sucesivos gobiernos y dictaduras, como grabadoras y prensa en general, le habían dado la espalda. Por eso es muy de agradecer la luminosa ocurrencia que tuvo Claudio Segovia, su mentor.

Este hombre debió recurrir a un fogoso argumentario para convencer a bailarines, cantantes y músicos de que el tango podía revivir, nada menos que en París y para ello debía armar una gran compañía. Hay que tener en cuenta que el tango en los años 80, sólo existía para ser escuchado en algunos lugares céntricos, o en cantinas. Caño 14 fue la gran atracción de esos años pero sus dimensiones sólo albergaban a los irreductibles tangueros de siempre, o algún turista que se animaba a penetrar en ese recinto, alejado de los circuitos de visita, porque había ido languideciendo especialmente para los bailarines, aunque todavía brillara la pareja Juan Carlos Copes-María Nieves.

                                         




Y este hombre convenció nada menos que a 33 artistas del tango -en todas sus ramas- para presentarse en una función en el teatro Chatelet de París. Buscó para ello a los sobrevivientes de la época dorada que aún seguían en la brecha. La leyenda de Troilo se había ido en 1975, y Piazzolla, invitado por Segovia, se negó y sólo quiso participar con su obra. Fué así como se fueron enganchando al proyecto, el dúo Salgán-De Lío, el Sexteto Mayor, Roberto Goyeneche, Jovita Luna, Raúl Lavié, Elba Berón y Alba Solís. Segovia buscó a los sobrevivientes más notables del tango y también contaría con Jorge Luz para hacer un monólogo cómico basado en el género popular. "Busqué a la gente que fuese más auténtica dentro del tango y no me equivoqué en absoluto", decía luego Segovia, cuando saboreaba las mieles del éxito en la capital francesa.

Copes y María Nieves, Mayoral-Elsa María, Virulazo y Elvira, María y Carlos Rivarola y Mónica y Luciano Frías fueron los bailarines encargados de revivir la magia de la danza tanguera que había quedado diluída en los tiempos y Cecilia Narova, vedette con formación clásica en el baile clásico, realizó su show particular. Los ensayos fueron arduos y siempre con un halo de duda pendiente sobre la realidad del viaje, con tamaña delegación artística de un tango ensombrecido por las circunstancias, y de un productor con dinero, que a último momento abandonó el proyecto,.

                                       
Claudio Segovia y Héctor Orezzoli, los fundadores


                                    

El director de teatro y ópera Jorge Lavelli, argentino residente y triunfador en París, le consiguió a Segovia la posiblidad de una fecha en el Chatelet y el entusiasmo creció ante la vista de algo sólido, que en Buenos Aires sonaba a fantasía, entonces. Héctor Orezzoli, productor del espectáculo, trabajó codo a codo con Segovia y además, fue el encargado del vestuario.

Por fin llegó el día soñado y la delegación se embarcó... en un avión militar por falta de fondos para los pasajes.

-Viajamos en un avión de LADE -recordaba Copes-, parando en un montón de aeropuertos militares. Tardamos 36 horas en llegar a París. Sin azafatas, con una sola comida y la gentil atención de...oficiales del ejército. En la parte delantera del avión viajaba un objeto inquietante: un misil Exocet que había fallado en la guerra de Malvinas y que iban a reparar en Francia. Atrás, amontonada en el fondo del avión, iban la compañía y el vestuario del show.

                                       
Las parejas de bailarines de Tango Argentino con las nuevas incorporaciones


La historia dirá que el 13 de noviembre de 1983, debutó en el Chatelet una compañía íntegramente argentina, que llevaba el tango a los escenarios parisienses, justo en medio de una gran nevada. El Teatro tenía 3000 localidades y hasta el día del estreno se había vendido apenas 250 entradas... El pánico cundía entre los productores y el elenco, cuando asombrosamente el Chatelet se llenó totalmente. Pensaron que el milagro se debía a los argentinos residentes en Francia pero los siguientes días, la afluencia fue tremenda. La gente hacía colas para entrar, había empujones, la crítica se deshacía en elogios,  fue un éxito tremendo. El tango había clavado su pica en Francia.

Pero, de vuelta en Buenos Aires, descubrieron que nuevamente el tango era ignorado, incluso por los críticos. Ni una sola nota en prensa, nadie se enteró en el país del tango, de que el género había revivido...otra vez en París. Y fue sólo el prolegómeno. Vendrían luego giras por Italia, Estados Unidos, ¡Broadway!. Había cambiado parte del elenco, se habían incorporado nuevos bailarines y cantantes pero el éxito siguió manteniéndose en forma impresionante. Sobre todo en Nueva York donde las críticas fueron maravillosas, asombrosas. Y grandes artistas se ubicaron en la platea para verlos y aplaudirlos.

                                   
La princesa Diana saluda a los integrantes de Tango Argentino



Fue el nuevo aldabonazo que necesitaba el tango. Un nuevo punto de partida. Volvieron las milongas en Buenos Aires. Los más veteranos guiaron a los jóvenes que se incorporaban a las filas del tango, renacieron clubes y confiterías y surgirían nuevas compañías artísticas que pasearían el tango por el mundo. La danza caló hondo en numerosos países y crearon afición. Llegaban en los noventa  a Buenos Aires turistas ávidos por aprender a bailarlo "a la argentina", y sigue creciendo con fuerza inusitada. Se crean orquestas típicas en muchos países y surgen bailarines de muy buen estilo en todas partes.

Todo eso le debe el tango a aquella compañía que plantó su bandera en París y Nueva York: Tango argentino, y a su alma mater: Claudio Segovia.

Tres años más tarde de aquella patriada parisina, en Broadway. el Sexteto Mayor, reforzado,  interpreta La cumparsita y Miguel Ángel Zotto y Milena Plebs lo bailan al estilo de Rodolfo Valentino.


                                              





sábado, 30 de enero de 2016

BIEN MILONGA

Día de milongueros; el sábado nos preparábamos temprano para bailar en vivo y en directo con esas orquestas que están vivitas y coleando en las milongas del mundo entero. Revivirlas todos los sábados y martes en la Casa de Aragón de Madrid, situada en la Plaza de la República Argentina nº6, es como un rito en el que nos transportamos a aquellos momentos mágicos, con la ayuda de la tecnología y la música envasada.

Arrancamos a las 21 horas y terminamos a las 0.30 los sábados. Los martes, Bien Milonga, va de 21 a 0 horas. El ambiente es fenomenal, la música genial y el piso de madera encerada ideal para dibujar garabatos en el piso, entre corridas, caminatas y giros para adornar la faena. Tenemos aire acondicionado o calefacción según lo demande la temperatura ambiental.


                                   
     

Con todos esos ingredientes el éxito de la noche  está asegurado y los adictos se retiran con la satisfacción de haber pasado una noche a puro tango y de haber disfrutado de la música que los alienta para mandarse a la pista.

Y hablando de milongueros, hoy quiero traer a una diosa del tango Alejandra Mantiñán, para calentar el ambiente y gozar con su arte. Hace rato que no la traigo al blog pero cada vez que la veo en acción me impregna de tal modo que me hace envidiar a los bailarines que la van acompañando en las distintas exhibiciones por el mundo.

Arranco por las hermosas y cálidas tierras de las Islas Canarias, donde la podemos ver con Aoniken Quiroga.

                                       
Y lucen sus conocidas habilidades con este tango: Mi dolor, por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Osvaldo Ramos.


 Y los vemos ahora en la milonga Obelisco, de la calle Entre Ríos, en Buenos Aires.

                                                                                     
Y acá "la gastan" con la milonga Parque Patricios por la orquesta de Francisco Lomuto, cantando Fernando Díaz.

                                      

Ahora la vemos en el aniversario de la milonga porteña Aló Lola, bailando con Martín Ojeda.


En este caso se trata del tango En tus brazos. Lo interpreta la orquesta de Alfredo De Angelis con su cantor Oscar Larroca.

Y después de estas exhibiciones a preparar los remos para esta noche de milonga.                                        

jueves, 28 de enero de 2016

La década del cuarenta

Se trata de la década milagrosa, casi mitológtica del tango, en la que confluyeron músicos, poetas, orquestas, cantores y las multitudes que seguían a todos estos conjuntos y silbaban y canturreaban sus éxitos de la semana por las calles de Buenos Aires. Fué la época en que se crearon una parva infinita de páginas que siguen vivitas y coleando en el alma de los tangueros y milongueros, por esa fuerza romántica, contagiante, vibrante, que nos acompañan hoy día con un vigor maravilloso.

Y esos milagros se crearon por el estado de gracia de unos y otros. La transmisión, el contacto, el fervor tanguero de esa época irrepetible, de cuando el tango daba cátedra en los recintos noctámbulos del centro porteño, se expandía a través de la radio y los discos. Y fermentaba en los salones bailables donde congregaban a la masa milonguera que sentía un profundo llamado interior por esa música y  esos versos que los tenía atrapados en su alma. Dicen que una imagen vale por mil palabras y esta foto muestra en las puertas del Tibidabo, de la calle Corrientes entre Libertad y Talcahuano, a muchos de los grandes próceres tangueros de aquella época dorada, reunidos en una noche de tango que tenía, en este caso, a Aníbal Troilo como protagonista. 


                                  

Y ver juntos a Ángel D'Agostino, Enrique Santos Discépolo, Cátulo Castillo, Lito Bayardo, Pedro Laurenz, Adolfo Avilés, José Razzano, Juan Aníbal Vitale (Representante de Troilo), Pedro Maffia, Miguel Bucino, Adolfo Avilés, Homero Manzi, Ciriaco Ortiz, Homero Expósito, Francisco Lomuto, Roberto Fugazot, Anselmo Aieta, Aníbal Troilo, Lucio Demare, el ex boxeador Luis Ángel Firpo, José María Contursi y Francisco García Jiménez, parece casi un milagro.

Cuánto les debe el tango a esta flor y nata de un género musical que ha superado límites, barreras y fronteras para llegar al corazón de muchachos y muchachas, hombres y mujeres, que llevan en su corazón letras inolvidables, melodías que quedan registradas para siempre en su cabeza y en sus corazones. Qué locura maravillosa los unió en una cruzada  que a diferencia de muchos otros géneros musicales populares no se fue disolviendo por el óxido del tiempo, sino que continúan iluminando las noches milongueras de Buenos Aires, San Francisco, Tokio, Seúl, Sofía, Nueva York, Shangai, Bogotá, Roma y tantas grandes ciudades del mundo.

                                                     


Y se escriben más libros de tango que nunca en la historia. Y hay programas de radio destinados en exclusividad a esta música genial. Y hay blogs, webs, revistas y periódicos tangueros. Y aparecen orquestas rusas, italianas, japonesas, norteamericanas que revisitan los tangos y las modalidades de aquellas formaciones imbatibles de los: Troilo, Di Sarli, D'Arienzo, Pugliese, con las partituras y arreglos de aquellos músicos geniales, aunque con menos integrantes. Y aparecen nuevos cantores que toman la posta de aquellos grandes del cuarenta: Fiore, Rufino, Berón, Martel, Vargas, Chanel, Castillo, Floreal, Campos, Podestá, Marino, Goyeneche, Ray, Casal, Morán, Echagüe, Iriarte.

                          
     
Y los poetas que se mandaban cada día con versos nuevos y los seguimos cantando como si estuviesen de moda. Esta imagen me devuelve muchas cosas, y realmente es emocionante. Por eso creo que las palabras sobran y es mejor traer un par de temas que nos pongan en situación y nos trasladen a la magia de aquellas noches del centro donde se juntaban tantos talentos y despachaban tangos, valsecitos y milongas para la historia.


Y así, al voleo, extraido de entre  
tantísimo material, el tango de Domingo Federico y Homero Expósito: Tristezas de la calle Corrientes, por la orquesta de Miguel Caló con la inigualable voz de Raúl Berón.Lo grabaron el 2 de septiembre de 1942. Y por la orquesta de Aníbal Troilo con el impagable Fiorentino, este tango del propio Troilo y Enrique Cadícamo: Pa'que bailen los muchachos. Lo llevaron el disco -para suerte nuestra-, el 16 de abril de 1942.

Tristezas de la calle Corrientes - Miguel Caló-Raúl Berón

013- Pa'que bailen los muchachos - Troilo-Fiore


martes, 26 de enero de 2016

El baqueano

Agutín Bardi y Eduardo Arolas enfarolaron el tango y le hicieron dar un paso adelante con sus composiciones, que aún siguen sonando como modélicas y modernas. Bardi, tiene una obra considerable, y entre todos esos títulos que le dieron chapa de ilustre, hay varios que reflejan su infancia en el campo, donde naciera. Porque su lugar natal: Las Flores -donde también vió la luz Roberto Firpo, el mismo año 1884-, situado a 187 kilómetros de la Capital, era una pampa abierta con sus gauchos y sus distancias a cielo abierto, sus ríos y arroyos. Le quedaría grabado a fuego en las retinas y la mente del pequeño Agustín cuando sus padres lo mandaron a Buenos Aires, a la casa de unos familiares, con apenas 6 años de edad para realizar los estudios en la escuela primaria.

                                   


Vivió desde entonces en el barrio de Barracas, muy cerca donde se radicaría la familia de Eduardo Arolas, con quien compartiría tantos tangos y valses de Waldteufel para los capitanes que llegaban de ultramar y premiaban con grandes propinas a los dos compinches. Bardi comenzaría tocando la guitarra y con ella se luciría en la Comparsa de los artesanos, de su barrio, en las noches de carnaval.  Paulatinamente, y muy jovencito se fue pasando a la ejecución del violín y terminaría tecleando el piano, a al que se aficionaría definitivamente,  en los cafetines de la ribera boquense.

                                 


Vendrían su salto a a las casas de tango, los salones de baile y por fin al cabaret más lujoso de aquella época: el Armenonville,  alineándose en la orquesta de Eduardo Arolas, sentado al piano, con su bigotito y sus gafas quevedianas. A la vez, no perdería el tiempo y con mucho sacrificio se conchabó en una empresa de transportes en la cual trabajaría durante varios años.

En el ínterin iba goteando tangos que recibían el  beneplácito inmediato de las orquestas de su tiempo y de las que les sucederían. C.T.V., Lorenzo, Qué noche, Vicentito, La última cita, No me escribas, Madre hay una sola, Oiga compadre, La guiñada, Gente menuda, Polvorita, Independiente Club, El Paladín, Nunca tuvo novio, Tierrita; algunas con letras de diferentes poetas y otras solo en faz instrumental.



Pero también sus recuerdos le llevaron a esa pampa que merodeó de niño y a la cual algunas veces volvería. Y esos recuerdos los fue transformado en tangos de jerarquía que tendrían mucho éxito. Como Gallo ciego (por aquellas riñas de gallo que lo estremecieron), Pico blanco, Florcita, Cabecita negra, Golondrina, El cuatrero, Barranca abajo, El abrojo, Adiós pueblo, El buey solo, Misterio, El cuatrero, Se han sentado las carretas, El rodeo, Rezagao, El pial, El chimango, Chuzas o éste del título: El baqueano.

                                            

En su obra Facundo, Domingo Faustino Sarmiento, criado en el campo, en la provincia de San Juan, también recuerda y mitifica literariamente a estos personajes que asombraron su niñez: El rastreador y El baqueano. A éste último lo fija así en su recuerdo:

-Después del rastreador, viene el baqueano, personaje eminente y que tiene en sus manos  la suerte de los particulares de las provincias. El baqueano es un gaucho grave y reservado, que conoce palmo a palmo veinte mil leguas cuadradas de llanura, bosques y montañas. Es el topógrafo más completo; Es el único mapa que lleva un general para dirigir los movimientos de su campaña. El baqueano va siempre a su lado. Modesto y reservado como una tapia; está en todos los secretos de la campaña; la suerte del ejército, el éxito de una campaña, la conquista de una provincia, todo depende de él. (........)

                                            


Por supuesto lo describe mucho más detalladamente pero ésto ya nos da la idea del porqué del renombre de este personaje en aquellos años de peleas, contra los conquistadores, contra los indios, de unitariosy federales, de caudillos provinciales y gobierno bonaerense. Este gaucho cobraría fama legendaria. Agustín Bardi lo consagraría a su vez en un hermoso tango: El baqueano (o baquiano).

Lo grabarían Julio De Caro, Brodman-Alfaro,  Juan D'Arienzo, Aníbal Troilo, Osmar Maderna, el dúo Arias-Montes y otros conjuntos. Lo traigo por el conjunto de guitarras de Roberto Grela, grabado en 1968, y por  la orquesta de Aníbal Troilo, grabado el 12 de septiembre de 1969.

12- El baqueano - Roberto Grela y su conjunto

18- El baqueano - Aníbal Troilo






sábado, 23 de enero de 2016

Milongueando que es gerundio

Sábado asoleado y hay que preparar los tarros para esta noche de milonga. Bien lustrados y listos para una zaranda de las buenas. Porque en BIEN MILONGA se dan cita los buenos bailarines, esos que saben acariciar el piso con la suela y bailar con la cabecita alta, cuidando la figura, como lo repetía Miguelito Bucino en su tango Bailarín compadrito.

Bailás en la milonga con aire de importancia 
luciendo la elegancia y haciendo exhibición...

Y él la sabía lunga porque fue bailarín de escenario, con la orquesta de Francisco Canaro por provincias, o en países como Uruguay y Brasil. Luego terminaría siendo secretario del mismo Pirincho y tenía anécdotas como para mandarnos lungas charletas con él. Incluso nos hemos aconsejado varias veces en el Hipódromo de Palermo sobre el caballo "que no podía perder"...

                                                         


Ya saben que esta milonga se realiza todos los sábados y martes del año en la CASA DE ARAGÓN de Madrid, que está estratégicamente situada en la Plaza República Argentina nº6, en las confluencias de Serrano y Joaquín Costa. Comienza a las 21 horas y los sábados damos clases de una hora, apuntándose con anticipación.

Y para quedarnos con el tango puro de años atrás, donde mandaban efectivamente el baile al piso y la postura elegante, vamos a echar una miradita al pasado para ver cómo las gastaban  aquellos cracks de entonces.

Comenzamos con Virulazo y Elvira, la pareja de Mataderos que sirviera de ejemplo al actor norteamericano Robert Duvall para iniciarse en el baile del tango.

                                
Virulazo ya estaba mayor y no bajaba de los 100 kilos en el lomo, pero no se le pueden negar la elegancia y el dibujo del compás. Acá bailan La cumparsita, en Canal 9 de televisión.


Seguimos mirando a los grandes de antaño: Pepito Avellaneda. El capo de la milonga bailada.

                                                 
Lo vemos haciendo un contrapunto con Pocho Pizarro, ambos con sus parejas, en el Teatro Regio en 1991.

                                     
                                     
Y para cerrar esta vista Histórica, la gran pareja: Juan Carlos Copes y María Nieves.


                                    
                                       
                                            
 En el programa de Gerardo Sofovich se mandan con La cumparsita. Gran cierre.