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domingo, 14 de abril de 2024

TANGOCHOW

                                 

                                         

                        

                                      Hoy descubro que el tango es pa' los cráneos
                                      que chamuyan: "disociar", "sustentación"
                                      "redondeces" -sanatas de ocasión-,
                                      esos troesmas de  ballet o contemporáneo.

                                      Te la pasás en la pista gambeteando
                                      choganes y boleos que planean;
                                      al Astaire o al Bocca lo escanean
                                      soñando que algún Saura está filmando.

                                      Mi balero al junar el show, razona,
                                      -te juro que me cazo flor de afasia-
                                      con el breóm haciendo el Maradona
    
                                      y la nami revoleada a lo batracia,
                                      pensando en el gotán, -¡ay, la madona!-,
                                      que en vez de milonguear hacen gimnasia.

                                      jmo

                                     
                              
                                                                       

sábado, 13 de abril de 2024

DE PAICAS Y MALEVOS


Puede ser una ilustración

El rito

                              “Puedo vistear tu estampa, tu arquetipo…”
                                                                Héctor Chaponik

                                                                            
La calza en un abrazo de rante malevaje
enfunyinado el mate, con aire de shofica,
masticando compases  su sangre shomistraje,
y la paica ensobrada, lo chaira y lo replica.


El punto se embalurda d'esparo y farolea
dibujándole verduras de furca a la chirusa
que con sabia menesunda, el fato relojea
cinchándolo al breón, sarpada de carpusa.


En el orre bailetín, va diquera la papusa,
colibriando, reluciendo cartel con el  bramaje,
alardeada de musa, abrojada al pogua como chusa,             
pa' que  su Cacha choree perfil  en el baraje
arrastrando los fangruyos, ¡dequerusa!
mostrando en el leiba  prontuario sin truchaje.
 

Y en la feria del engrupe taya fuerte el misturaje
del  gavión de gacho gris y la grela rantifusa,
floriándose bajo la luna naerma, ranera y comifusa.
 
(Poema lunfa de José María Otero sobre un dibujo de Carlos Killian).

      

                                                                                                                                                        

domingo, 7 de abril de 2024

El tango y los "burros"

 


    Gardel fue el primero que entró a cantarle a su gran afición: los tungos de carrera. Y lo hizo con la misma pasión que ponía en las tribunas de la arena de “Molerpa” cuando alentaba al pingo en el cual había depositado su confianza y sus mangos. Leguisamo solo, Palermo, La catedrática, Soy una fiera, Canchero, Bajo Belgrano, Polvorín, Pan comido o Preparate p’al domingo son una clara muestra de su predilección por este deporte de apuestas que nos legaron los ingleses. 

   Ya sabemos que los porteños especialmente volcamos nuestras pasiones populares en el fútbol, tango, turf, boxeo y automovilismo. Cualquiera de nosotros, los que peinamos canas, podríamos llenar una mesa de café de anécdotas sucedidas en cualquiera de estos campos. El tango y el turf mantuvieron fidelidad mutua y podríamos metaforizar a Yatasto como el Gardel de las pistas. O decir que si hacemos una encuesta para determinar quien fue el mejor cantor de tango de la historia, Carlitos pagaría 2 pesos

                                

Gardel e Ireneo leguisamo, el gran jockey

   Con varios muchachos de la barra vimos debutar a los potrillos y potrancas de los '50, y ganar en los 1000 metros de la arena palermitana a los novatos dos años Yatasto, con la monta del “borracho” Juan Carlos Contreras y La Vestal. Época de 70.000 vociferantes apostadores e hinchas en las tribunas, cuando ir al hipódromo era considerado como un pecado en las familias humildes de los barrios porteños.

    Los enfrentamientos del gran hijo de Selim Hassan y Yuca con Forli, Branding, Pretexto o Again eran motivo de discusiones en los boliches y podían alternar con las preferencias futboleras, los fanas de Gatica o Prada, Fangio o Gálvez, o aquellas en que los milongueros se debatían entre Pugliese, Troilo, D’Arienzo , Di Sarli y hacían otro tanto con Rufino, Vargas, Floreal, Fiore, Berón, Marino.

    Siguieron fundiéndose nuestra música ciudadana y el turf y los repertorios tangueros se enriquecieron con temas como Uno y uno, Milonga que peina canas, N.P., El caballo del pueblo, Salvame Legui, Tirate un lance, El yacaré, Que fenómeno, Berretines… Y en Palermo o San Isidro uno podía encontrarse con conspicuos "burreros" como Manuel Romero, Jorge Vidal, Rodolfo Biagi, Alberto Morán, Juan D’Arienzo, Alberto Gómez, Aníbal Troilo, Enrique Dizeo, Celedonio Flores, Julio Sosa, José Razzano, Rodolfo Lesica, Miguelito Bucino, Armando Laborde.

    En los baños turcos de Colmegna o el Castelar, alternábamos infinidad de veces con Alberto Castillo, Troilo, Cárdenas, Tanturi y los jockes Eduardo Jara, Ciafardini, Ruben Quinteros, Di Tomaso, Sauro, que tenían siempre problemas para dar el peso en cada carrera..

    Una noche que tocaba Osvaldo Pugliese en Huracán, su cantor Jorge Vidal había acertado con unos boletos a la yegua Augusta y lo sacudía desde el escenario. Me lo encontré muchos años después a este ex cabo de la Marina, cuando vivía en Nueva York y se venía a Nueva Jersey para traerle unos bifachos a Oscar Bonavena que se preparaba para pelear con Jimmy Ellis. Tenía siempre en la boca la frase “Qué tal hermano!¡”, chamuyando como Gardel en las películas. 

    Con Alberto Morán anduve bastante, sobre todo cuando se independizó de Don Osvaldo y cantaba secundado por el conjunto que dirigía el pianista Armando Cupo en la Confitería Montecarlo de Corrientes y Libertad. Andar con Morán era encontrarse con las más lindas y fieles minas de la milonga que lo seguían a todas partes. Coincidimos en bastantes reuniones de Palermo. Siempre con su boquilla y sus prismáticos, La Rosa, La Verde (revistas de turf con toda la información), su empilche y su pinta bacana. 

                                       



    También coincidí en reuniones del circo con amigos como Lesica, Julio Sosa, o Bucino. Pero recuerdo la tarde que Rodolfo Biagi con su traje negro a rayas blancas estaba descartando caballos en la revista y acercándome le dije: “Troesma, tengo en fija a la yegua Serenidad”, que nos había indicado el jockey Héctor Ciafardini en los Baños Turcos Colmegna. Sonriendo me respondió: “Nó pibe, acá no puede perder Catcha con Villegas”. Hubo bandera verde y Serenidad ganó por un pescuezo a la torda de “Manos Brujas” y pagó 8 y pico.

   Ese día milagroso acerté 6 sobre 7 pero jugábamos el tres y dos de la parada absurda, . En la última me embalé con el caballo Mónaco y como Biagi al reencontrarnos me preguntó a quien jugaba y se lo dije, miró la revista y me respondió:”En esta te equivocás”. Ganó el mío que pagó 15 y monedas conducido por J. Mernies y Biagi rumbo a la salida me palmeó: “Me alegro por vos pibe, a ver cuando me pasás otro dato…”, cosa que no volvería a suceder.

    Me reenganché con los burros ocasionalmente, siendo periodista. Unos amigos de Pichuco, bastante malandrines, andaban con Alberto Fleitas, un lugarteniente de Vicente” El Cacho” Otero, uruguayo y niente que ver conmigo. El Cacho en su época de capo arreglaba carreras y Fleitas le tiraba algún hueso a estos atorrantes, que ellos me sarpaban pero había que jugar por afuera. Y así emboqué unas cuantas duplas. Tiraban al bombo a un favorito y metían un pescado en primero o segundo lugar, hasta que la Comisión de Carreras armó el bolonqui y los pararon.

                                 

Di Sarli con Leguisamo y el dueño de un caballo en un Clásico

   Un día señalado nos prometieron algo groso. Junté bastante tela y nos montamos en San Isidro. Ganó un sartenazo de ellos en la segunda pero mis “amigos” quedaron afuera. ¡Para qué! Vi como lo apretaban al elegante Fleitas (Terminaría amasijado y el rostro quemado con ácido en una calle de San Isidro) que se defendía como gato entre la leña explicándoles que ellos tampoco habían cobrado porque se le escapó el matungo al jockey y prometió revancha. “Aguanten hasta la séptima”, dijo. 

   Y yo me quedé quieto con la manteca. Terminó la sexta, Fleitas movió el ala del sombrero llamando a los quías y les dijo: “Juéguense todo al de Chamorro”. Los números no invitaban a jugarle un peso pero pensé que el tipo no se iba a arriesgar así nomás. Para colmo me encuentro a “Fosforito” De Vinnent, que era el hombre de La Razón en el Hipódromo. 

   De Vinnent era francés, había sido amigo de Gardel y era íntimo de Leguisamo. Hombre enjuto, con anteojos de vidrio culo de sifón, me quería mucho y en el Diario que compartíamos,  nos buscábamos  siempre para charlar. Me apuntó “Me dijo el maestro que no puede perder”. El tungo de Legui se llamaba El Once, pero no le comenté nada sobre el “mío” y le agradecí el dato. 

    Cuando levantaron la pizarra me quería morir. El nuestro pagaba como 70 pesos y si ganaba me llevaba lo que nunca imaginé de un hipódromo por la parva de “tolebos” que tenía en el bolso. Resumiendo: en mitad de la recta, Chamorro los pasó como postes y se fue derecho... por afuera atropelló uno pero se abría y se abría y yo no paraba de gritar… Bandera verde con el de afuera. 

   Para todo el mundo: “Ganó fácil el de los palos”. Luego de una espera larguísima, ponen el número y ganador…. El Once…, por ventaja mínima. Fue mi casi adiós a los burros, porque para colmo, tres días más tarde le sacaron la carrera a El Once por doping y sancionaron por un año al cuida. Y yo había hecho trizas los boletos, todos a ganador. 

   Lo que dije antes: ¿Quién no tiene anécdotas de este tipo? Pero al tango no lo dejé y cuando vuelvo a Buenos Aires y me mato en las milongas con la música de aquellas grandes orquestas, siento que estoy bailando en el cincuenta aunque los garrones estén “cachuzos" y patinen y tartamudeen en una corrida.


José María Otero

abril de 2007

(Traigo esta página mía escrita y publicada en 2007, que un caradura se la ha apropiado en parte y la firma como suya. Seguramente jamás pisó un Hipódromo, pero es especialista en robar creaciones de otras personas. No pongo su nombre porque no quiero hacerle publicidad, pero tengo numerosos testigos sobre mi autoría y varios ya se ofrecieron a intervenir. Incluso un amigo de toda la vida que esa tarde estuvo conmigo en el HP y que no podía creer lo que le acabo de contar sobre el robo de parte de esta nota por Bruno Passarelli, que, cuando sucedió esta anécdota tenía 10 años. Porque nació en 1941 y la carrera que cito ocurrió en 1951. Al hipódromo no se podía entrar antes de los 18 años de edad. Por ello cuando sospechaban de alguno, que era menor, le pedían su cédula de identidad o L.E... Ahora la cambió -por mi denuncia-, y atribuye mi vivencia personal de esa tarde a dos personajes del tango... ¡Qué caradura!) 




martes, 2 de abril de 2024

Chirusa

     Juan D'Arienzo y Nolo López compusieron este tango que al primero le daría muchas satisfacciones, grabándolo con su orquesta en 1928, 1940 y 1958, y los cantores Carlos Dante, Alberto Reynal y Jorge Valdez, respectivamente. Curiosamente, parece un tango hecho a la medida para Alberto Echagüe que estuvo tantos años en la orquesta, y sin embargo nunca lo interpretó. 

   Me contaba Antonio Carrizo, que en una oportunidad lo cantó Echagüe en radio El Mundo, y D'Arienzo le guiñó el ojo al finalizar, en señal de aprobación. Pero los hechos muestran que, por lo que fuera, no llegó nunca al disco. Y,  de todos modos, con los vocalistas citados, Chirusa tuvo el éxito merecido porque pegó fuerte y siempre estuvo en el repertorio del Rey del compás

                                    

  Nolo (Manuel) López


   Los versos sencillos de Nolo López, que fue actor, debutando en 1923 en la compañía teatral de Antonio Daglio, tienen gancho. También destacaría con los versos del tango de los hermanos Edgardo y Osvaldo  Donato: El huracán.  Y escribió las letras de Misa rea, Mi pecado, el vals Cabeza de novia, grabado por D'Arienzo-Echagüe o Adiós para siempre, que fue un éxito de D'Agostino-Vargas.

   El tango Chirusa fue estrenado por la orquesta Los Ases, en el cine Hindú, de la calle Lavalle y sirvió de aperitivo a la versión del compositor de dicho tango, Juan D'Arienzo que lo tendría durante tantos años en su repertorio, como prueba de la aprobación popular, En la primera versión con Dante, todavía la orquesta no tiene el ritmo que la haría tan exitoso y al escucharlo lo notamos desde los primeros compases.                          

                                                                                                                               

   

    La palabra chirusa, es lunfardo, define a la muchacha de condición humilde.  En sus versos Nolo López va narrando como la muchacha del barrio es seducida por un hombre que le promete una vida de lujo, con palabras tiernas. La letra no tiene mucho rebusque, yendo al grano con su historieta repetida y el barrio simbólicamente le advierte de su perdición al marcharse con el Don Juan que la envuelve con sus promesas.

Chirusa, la más linda de las pebetas,
tejía sus amores con un Don Juan;
él, con palabras buenas y cariñosas,
le prometió quererla con loco afán.

Confiada en sus promesas, una mañana
ató toda su ropa y se marchó;
cegada por el lujo siguió la caravana
y el alma del suburbio así gritó:

¡No dejes a tus viejos!
Cuidado ché, Chirusa;
el lujo es un demonio que causa perdición,
y cuando estés muy sola
sin una mano amiga
has de llorar de pena tirada en un rincón.

   Pero esta letra sencilla y reiterada tantas veces, se agigantó con la música que le adosó D'Arienzo, convirtiéndose en un gran éxito de la orquesta. La mejor demostración de ello está en las etapas que llevó este tango al disco, desde los primeros tiempos de la orquesta hasta casi el final. Y ni te cuento el movimiento que despierta en la pista de baile cuando suena por los altavoces... También lo grabó Canaro con Ernesto Famá.

   En la película Tango, de 1933, sale la orquesta de D'Arienzo, interpretando este tango:

                                         

 
 
 
Y lo escuchamos en la versión grabada por D'Arienzo, con Jorge Valdez, el 29 de octubre de 1958             

               
                                

        

                             

            -                  

viernes, 29 de marzo de 2024

El Candombe

       El candombe es mucho más que un género musical. Para sus practicantes es una forma de vivir, un estado de ánimo, una cultura. Si bien es original de la actual Angola, de donde fue llevado a Sudamérica durante los siglos XVII y XVIII, por personas que habían sido vendidas como esclavos  en los reinos de Kongo, Anziqua, Nyongo, Luango y otros, a traficantes principalmente portugueses, adquirió su actual fisonomía en el Rio de la Plata y zonas aledañas durante los siglos XIX y XX.

   Los mismos portadores culturales del candombe colonizaron Brasil (sobre todo en la zona de Salvador de Bahía) y Cuba, pero las distintas historias que siguieron dando estas dos regiones, separaron el tronco común originario dando origen a diversos ritmos que hoy son muy distintos, aunque similares. Fue en las grandes barriadas negras de Buenos Aires y Montevideo donde esta música se desarrolló.

   En la ciudad de Buenos Aires, en los últimos años del siglo XVIII había diez mil habitantes entre mestizos, guaraníes y españoles y veinte mil africanos Kongos, Luangos, Mandingos, Carabalís. El sonar de los tambores era permanente, según crónicas jesuitas, tanto que el Virrey prohibió el uso del tambor, pues actuaba como aglutinante cultural frente a la clase dominante.

                               

Candombe en San Telmo - Buenos Aires

   Sin embargo fue en Montevideo, y en el siglo XX, donde el candombe se convierte en lo que es hoy. La razón es simple. La mayoría de los negros argentinos y uruguayos entremezclaron la cultura global de ambos países. Sus ritmos frianos (tango, milonga, malambo) y sus rasgos culturales (añoranza, gesticulación, permanente vivir en el presente, pensar que todo va a cambiar mañana y otros) se mezclaron con el fondo cultural común de estos países.

   Pero en los conventillos de Montevideo pervivieron grupos de familias extensas que se fortalecieron en torno al candombe, y en menor medida otros ritmos como el Afro y la Macumba, los que pasaron a ser mucho más que música. Así el candombe se convirtió en emblema, representativo de la negritud. El candombe actual originado en Uruguay es derivado de ritmos africanos ejecutados por negros esclavos de la época colonial. Este género se ejecuta principalmente en la capital del país oriental.

   Según el historiador uruguayo Vicente Rossi "en el lustro 1895/90 los candombes desaparecieron. No solamente el pueblo perdió interés por ellos, sino que los negros criollos, sostenedores de esa única tradición, disminuían sin reemplazarse, por no ser raza inmigratoria de ese color...". Rossi sostenía que el vocablo candombe, "es una adaptación onomatopéyica que el negro ha tomado del silabario brevísimo de sus ritornelos cantables, silabario que inventaba con dicción bozal, evocando los ritmos del terron nativo"

                               

Grupo de candombe en las calles de Montevideo

   Hoy se asiste a un resurgimiento, junto a los portadores tradicionales que aún respetan la ley del tambor (los que nunca tocan la madera, los que callan cuando el mayor "rezonga"). Hoy se asiste a un fusión con otros ritmos (jazz, rock, beat, salsa, reagge, rap, etc,) y a una expansión. Esta última es debido sobre todo a los movimientos migratorios.

   Los negros de Montevideo han vuelto a Buenos Aires, donde se vuelve a escuchar el tambor en San Telmo, en La Plata, y en general en las barriadas que rodean Buenos Aires. Desde hace años el Negro Katunga, La hermandad Bonga, Los hermanos Oliver del Abasto y tantos otros han reencendido  la semilla del candombe en los negros argentinos. Y de Montevideo, aún más, buscándose la vida en los lugares más remotos, los candomberos hacen escuchar el cuero en Nueva York, La Habana o París. 

   Inicialmente, su práctica corría exclusivamente por parte de los negros, quienes tenían destinados lugares especiales llamados tangís. Este vocablo origina en algún momento del siglo XIX la palabra "tango", aunque todavía sin su significado actual. Porque será el vocablo "tangere" (Tocar un instrumento), el que marcará el nombre definitivo del flamante género musical.

   Posteriormente surge La Comparsa, que es la agrupación que congrega a los personajes típicos del candombe como son La Mama Vieja, El Gramillero, El eascobero y un numeroso cuerpo de baile representado por bailarines de ambos sexos, vibrando con el ritmo generado por La cuerda de tambores. También se les llama popularmente tamboriles, aunque esto delata que quien la emplea no es conocedor del tema. En Uruguay se festeja EL DÍA DEL CANDOMBE, cada 3 de diciembre, desde el 2006.                                 

   Las orquestas típicas revivieron el candombe y acá traigo dos ejemplos. Francisco Canaro con su orquesta interpreta el que compuso (letra y música) y grabó con su orquesta y el cantor Carlos Roldán, el 12 de mayo de 1943. Lo tituló: Candombe.

                                    


   Juan D'Arienzo llevó al disco el 23 de noviembre de 1943 con su cantor Juan Carlos Lamas,  de Carmelo Santiago y Pintín Castellanos: Candombe rioplatense.