martes, 10 de julio de 2012

Pichuco 98

Son los años que cumpliría Aníbal Troilo si aún estuviera físicamente con nosotros.

Espiritualmente está más vivo que nunca. Basta ir a cualquier milonga del mundo para bailar su música.
Y escucharla saboreando un mate con algún amigo, no tiene precio.

Pichuco es como de la familia de todos nosotros, los porteños tangueros. De oreja o milongueros. O ambas cosas a la vez.

Es como Gardel, cada día canta mejor, con su fueye.

Y para aquellos que lo conocimos, que compartimos una mesa, un chamuyo, una noche con él, el recuerdo es más groso.

Por eso en su noventa y ocho cumpleaños me puse a escribirle un poema lunfa, que era el idioma que hablaba él. Salvo que estuviera una mujer presente porque era todo un caballero en esas instancias.

Y me salió así.


  
DOGOR
(Una pintura de Pichuco)
                                                                   No ves que está de olvido el corazón
                                                                                                            Homero Manzi

Se amasija de luna la piojosa
Pa’embroyarse en un raje batemusa.

Desenfunda la jaula calzándola a babucha
Franeleándola con mimo y en chancleta
La mano zurda jotrabando de barreta,
el espiro relojeándose en su trucha,
un blondo escabio que empuja y que lo scrucha
aunque el hombre sobrado de carpeta
las dibuja de prima a las aletas
del  fueye roncador que desestucha.

Porque nació con destino de fueyero
y al lado un ángel ñericompa y porteñero
custodio de sus manos gardelianas.                                               

El insomnio lo inunda de quimeras
La nostalgia entre grillos se entrevera
Y un espiche p’adentro, de sotana
la conversa con el cuore batilana.
Ensiya el alma, en puro sentimiento
como si fuera deschavando un testamento,
refalando en  el teclado sus macanas:
De los orsay que acusa el manyamiento,
de falopas y faso, de timbas pecoranas…
Su fueye bate el justo a ese lamento
blanqueando al alba confesora su nirvana.

Y entonces Pichuco le refila melodías
a la ferramenta que lofió de guacho
Por Fiore, por Floreal, por los muchachos
Por las Milonguitas que cantó en María,
dando changüís,  gatiyando entre güiscachos,   
Y cincela, ensoñado, gloriosas troilerías.
La piedad está tayada en ese escracho
que enfarola la fetén tangomanía..

                          JMO

Y el gomía de Mataderos, Ángel Yonadi le pone su sabia gola al poema, como es costumbre en él. Imperdible su chamuyo.Acá abajo le pueden prestar la oreja a este recitado de zurda.






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