sábado, 21 de julio de 2012

Naranjo en flor

Homero Expósito, poeta perteneciente a la generación dorada del cuarenta, fue el más original y genuino de todos ellos.

Vivió sus tangos junto a compositores, arregladores, cantores, ejecutantes. Heredero de las pinturas cromáticas, romanticistas, de Homero Manzi y el dramatismo grotesco de Discépolo, supo burilar su propio estilo a punta de talento, creando páginas distintas e inmortales que señalan latitud temperamental de su poesía.                                                                                

Pueblito de provincia, Margo, Óyeme, Trenzas, Percal, Tristezas de la calle Corrientes, Yo soy el tango, A bailar, Yuyo verde, Al compás del corazón, Afiches, marcan un sendero de alta poesía envuelta en música de tango, que vivía  Homero, codo a codo con aquella inmensa masa de creadores afiebrados de la época.

Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras aunque no llegó a diplomarse y siguió leyendo, nutriéndose.

En 1951 viaja a España y luego a París donde permanece un tiempo.

En un viaje anterior,en 1944,  escribe un verso y se lo envía a su hermano Virgilio: "Andá poniéndole música a esta primera parte, que después escribo la segunda y la primera bis y te la mando".
Homero Expósito
Virgilio que era pianista, le responde: "Con esto ya tenés el corazón del tema. Acá ya dijiste todo, Hace una primera y una primera bis cortitas, que ya está."

Virgilio contaba que era tan meticuloso que cambiaba 60 o 70 veces las letras, porque siempre le encontraba un defecto.     

Pocos saben que Homero tuvo un amor no correspondido, en Zárate, donde se crió, junto al Paraná, que siempre retornaba a su cabeza. Nunca lo superó del todo. Lo recordaba en el hermoso Yuyo verde, uno de mis favoritos: "Íbamos perdidos de la mano /bajo un cielo de verano / soñando en vano...".

O en ese valsecito, Pedacito de cielo,  que lleva música de sus frates Stampone y Francini: "Recuerdo que entonces reías/ si yo te leía / mi verso mejor / y ahora, capricho del tiempo, / leyendo esos versos / lloramos los dos..."


Lo crucé muchas noches en pleno centro porteño a las 3 o 4 de la mañana paseando a su perro.


Siguió el consejo de su hermano y le agregó unos versos cortitos para la primera y primera bis y se las mandó. Éste le puso música y Naranjo en flor, grabado por Troilo con Floreal Ruiz en 1944, derramó su nostalgia poética sobre Buenos Aires, convirtiéndose en un clásico para siempre.

Hay muchas versiones hermosas de este tango. Yo lo traigo al Polaco, con el acompañamiento de Néstor    Marconi, en una presentación que hizo en el Ópera.






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