martes, 17 de julio de 2012

El Mortero del Globito

El tango y el fútbol son pasiones hermanadas de los argentinos, especialmente de los porteños. Carlos Gardel registró varios temas futboleros, aunque él prefería otra cancha: la de los caballos de carrera.

Hoy vengo con un tango que cantaban los mayores del barrio, en mi época adolescente. El Club Atlético Huracán tiene el estadio y la  Sede social en Parque Patricios, ésta última justo frente al Parque. Y allí le dí cauce a mis iniciáticos yeites milongueros, a los 16 años, con chicas y muchachos que venían de todos los barrios para bailar tango en sus hermosos y espaciosos salones.

La letra de este tango pertenece, curiosamente, a un poeta de estirpe: Francisco García Jiménez y la música al bandoneonista y director Miguel Padula, autor también de Lemita, en homenaje al arquero de San Lorenzo: Lema, que era bajito de estatura, pero salió campeón con su equipo en 1933. Y de Cabecita de oro, dedicado a Roberto Cherro, futbolista de Boca Juniors.

Herminio Masantonio, "El mortero del Globito", como lo tildó García Jiménez, había comenzado en el boxeo, también muy popular en aquellas barriadas de entonces, y luego dió cauce a su alma de delantero centro y goleador. Es el tercer máximo goleador de la historia del futbol argentino con 255 goles.

Era fuerte, aguantaba todos los golpes, y a la vez muy noble. Solamente se enojaba ante la injusticia y si le pegaban a un compañero, especialmente a Tucho Méndez que jugaba a su lado con 17 años y ya era un crack. Y les voy a contar una historia que vale la pena.

En el Campeonato Sudamericano de 1935 intervinieron 4 equipos. Uruguay, Argentina, Chile y Perú. Argentina ganó a Chile y Perú con sendas goleadas y llegó a la final con Uruguay que ganó esos dos partidos anteriores por la mínima.

 Los uruguayos tenían fama de bravos y buscaron todo el partido de provocar a Masantonio, que iba al frente como loco, pero, se fue aguantando todo los golpes y las palabras.. Los celestes se pusieron arriba 3-0 y el partido estaba prácticamente liquidado, aunque Lorenzo Fernández, el caudillo uruguayo, seguía buscándolo a Masantonio. En una jugada le hacen falta al argentino Diego García, el juego sigue y cuando Masa va a rematar a gol, Fernández lo zancadillea de atrás y además al verlo en el suelo lo trata con palabras insultantes.                                           

¡Para qué! Masa se levanta y lo lleva a puñetazo limpio unos cuantos metros, hasta que Fernández logra hacer pie y se dan a lo bestia. La pelea fue histórica y se comentó durante años. Los compañeros de ambos hacían rueda y como en el tango: "Los dos guapos se trenzaron en el Bajo". El adjetivo guapo señala al valiente, al temerario, por aquellos lares.

En la peluquería de mi barrio estaban las fotos de aquella pelea y yo no paraba de mirarlas, de niño.

El caso es que, cuando Masantonio tenía apenas 46 años, caía abatido por un cáncer y estaba internado en el Hospital Rawson de la Capital. Y llegó una tarde de Montevideo, a verlo, Lorenzo Fernández. Se abrazaron, lloraron, rieron y al despedirse, quedaron en verse en alguna parte...

Así se cerró la historia de aquel duelo entre dos guapos de verdad. De dos hombres de agallas.

En su día le dediqué este poema al buenazo de Masantonio que tiene una calle y un parque a su nombre en el barrio que lo idolatró.


                 

                 MASANTONIO                  
                                                                                “Y grita la barra de Parque Patricios:
                                                                                 ¡Tirá Masantonio!, ¡Herminio tirá....!”,
                                                                                                              El mortero del Globito
                                                                              


El afirmado mocetón que ansioso ensaya

el cross al esternón en una esquina

del ring, tiene el corazón en otra laya.


Su oficio vive sin pasión y en tanto afina

el derechazo puntual al oponente,

intuye el escenario que a él lo anima.


Las vueltas de la vida y de repente,

los guantes los archiva, se retoba;

los cambia por botines refulgentes


y en la Quema, festejan sus goles por arroba

y él disfruta junto a Tucho de asistente,

su terca vocación de centrofóbal.


Y ahora escuchamos el tango de marras, grabada por la Orquesta Típica Víctor con la voz de Alberto Gómez, el 9 de mayo de 1933. Las variaciones finales de Freddy Scorticatti son de órdago.


21- El Mortero del Globito



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