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domingo, 1 de mayo de 2022

Lo vi en tus ojos

    Se trata de un tango que no ha tenido trascendencia, es uno más dentro de la  impresionante maleza tanguera. En esa abundancia de temas que nos han dejado para la posteridad permanente, es normal que haya muchas páginas oscurecidas y que merecerían salir a la luz. Y conste que no me gusta presumir de "descubridor", porque en el tango está todo descubierto. Sobre todo si hablamos de la discográfica bailable, algo que me ocupa permanentemente. 

    En este último aspecto, ya sabemos que hay muchos discjockeys recién llegados al tango que presumen de descubrir páginas pocos conocidas (para ellos, claro) y nos los enchufan en la milonga, cuando dentro  del género hay temas para escuchar, temas para bailar y otros que no han logrado prender en ninguna de las dos opciones y por eso sólo son descubiertos por algunos aprendices que llegaron tarde.

                                     


   Lo vi en tus ojos es un tango que tiene algo que lo hace muy atractivo, tanto para escucharlo como para bailarlo. Lo curioso del caso es que sus autores, tanto el letrista Ángel Luis Colombini como el compositor Emilio Pistocchi, no aparecen en las guías tangueras. Este último, incluso tiene algunas páginas más en su haber y pese a ello es un desconocido para el público y la gente de tango.

   Por eso me llama aún más la atención este tema tan bien logrado por la Típica Víctor  y el cantor Alberto Carol, quien tampoco tiene un curriculum destacable, aunque militó en la orquesta de Alberto Mancione y grabó 6 temas con la Victor. Son detalles que suman para que nos detengamos en esta página que suelo pasar en la milonga, con los parabienes de los bailarines.

                                      


   Los versos de Colombini reflejan el final de la relación amorosa que él ya descubre en la mirada de ella. A partir de ahí, las palabras de la mujer completan el panorama sombrío, la desesperanza de él, con el desenlace que lo sumerge en una mezcla de rabia y de aceptación de la realidad. La potencia del paisaje suena común, pero ayudado por la música nos va sumergiendo paulaltinamente en el drama del final.

En tus ojos, yo lo vi
aquella noche,
el hastío despiadado
se cruzó como un ladrón.
Tus palabras
como puntas de alfileres,
se clavaron en mi alma
sacudiéndome de horror.
 
Hoy, en torno nuestro
todo es frío.
Sombras
de una cruel desesperanza.
Cual un naipe
arrojado con confianza,
en el truco de tu vida
está la incomprensión.
Yo,
creí posible tu amor,
en la noche de mi penar.
Hoy,
repito aquella oración,
que por ti, supe musitar.
No, no la maldigo señor,
fue la vida que la hizo así.

   La angustia del personaje está reflejada en un lenguaje módico y como diría Cadícamo: "Lo que no se entiende no es poesía...". En este caso, aunque se trate de algo tan remanido como la ruptura de la pareja, transmite una sensibilidad especial, sobre todo en el título y en la tómbola del destino que los desune. La peripecia doméstica está acompañada por una música muy sensible al andamiaje de los versos y es por eso que tiene algo que me llega... Sí, me llega...

Ves, enmudeció mi canción,
¡oh!, Jamás será para mí.
Dame de tu mano, el anillo,
Me dirás adiós, sin amargura
marioneta sin destino, sin ventura,
no busquemos al culpable
de la vida o tu dolor.


   El tema fue grabado en el sello Sonolux de Colombia por Carlos Dante, acompañado por la orquesta de Víctor Braña en 1965.  El 15 de marzo de 1944 lo registró la Típica Victor con Alberto Carol.  Curiosamente, el famoso cantante ecuatoriano Julio Jaramillo se enamoró de esta página y la grabó en tiempo de bolero, acompañado por sus guitarristas. Y lo cierto es que le quedó muy bien.

   Podemos escuchar la versión Lo vi en tus ojos, por la Típica Victor (15-3-1944), a la vez que apreciamos la interpretación bailable del mismo por Carlitos Espinoza y Noelia Hurtado.

                               

    Y a continuación la de Julio Jaramillo en tiempo de bolero.

                                           

jueves, 28 de abril de 2022

Homenaje a Manzi

    No conocí a Homero Manzi pero ahora tengo amigos que lo fueron suyos y gustan deslizar en los recuerdos con palabras y anécdotas que enriquecen la imagen andariega que de adolescente descubrí de soslayo en las calles céntricas.  

   Cuando yo era muy joven, lo tengo visto en la Confitería Real o en el Ateneo de Carlos Pellegrini, centros faranduleros, o presuroso por las veredas de  Corrientes, y una última vez -inconfundiblemente barbado- en la entrada del cine Ópera, cuando allí se exhibía su película El último payador, prolongadora de su canto a Betinotti, el payador de las madres.

                                   


   Esta postrera relación de distancia fue en 1950, poco antes de que muriera tempranamente, poco más allá de la curva de los cuarenta. Añado la posibilidad de que tal vez lo viera, sin saberlo, en el boedense café de San Juan y Loria, a cuya vuelta vivía yo de niño, ese café donde quemó horas juveniles de bohemia. 

   Pero todo eso no importa, o apenas si importa para mí, en cuanto de Homero Manzi cada porteño quiere -y puede- reclamar algo. Empero, lo mejor y definitivo que de él debe saber la ciudad, está en sus versos. El lirimo de sus tangos, milongas y valses se ensancha hasta un capítulo porteño tan densamente cálido y comunicativo como el que resulta del lejano Evaristo Carriego, a quien, necesariamente, tanto amaba Homero.

   Hay por ahí páginas de Manzi en que confiesa cómo echó por la borda iniciales pretensiones de ortodoxia literaria y se volcó a la poesía popular. De pronto, sabiéndolo o no, sin duda queriéndolo, rompió esa muralla de cemento que suele separar a los letristas versificadores de los poetas. Cierto que en la singular aventura no estuvo sólo, según se advierte en perspectiva, ya que el tango -el pico más empinado de Homero- reinvindica una prodigalidad poética que con la misma facilidad no puede ostentar el cancionero popular de otra latitudes.

   Al menos el moderno cancionero, inevitablemente entreverado a la ley de la oferta y la demanda. Discepolín, Celedonio Flores, Enrique Cadícamo son algunos de sus hermanos, y más que el director Pascual Contursi su precursor es el espiritual José González Castillo, en el centrípeto amor  al barrio -Boedo, Pompeya- y el centrífugo hálito universalista de poesía.

   Con todo, Homero es totalmente  personal y distinto, y hasta la nostalgia en que canaliza su amor por la ciudad -su paisaje, sus hombres, sus cosas- no es la sacralización del pasado sino la lámpara votiva de la niñez y la temprana juventud que cada ser lleva.  Pueden rastrearse en él las influencias emocionales de Carriego o las más severas y en el mejor sentido retóricas de García Lorca, lo que tardíamente preocupa a los críticos literarios, remisos en la admiración que Nicolás Guillén expresó sin remilgos.

   Personalmente me seduce la lectura de sus letras independientemente del canto. No es menospreciar la melodía ni descartar el placer de las voces que cantaron esas letras. Nos acompaña Gardel en Milonga sentimental o Fiorentino en Malena o Edmundo Rivero en Sur, pero en un aparte íntimo buscamos el valor autónomo de las letras de Manzi. Se encuentra y reencuentra así al poeta neorromántico que no alcanzó a publicar libros. Desde luego, hasta lo pueden descubrir los que son remisos a la canción.

                                  


   El piano del maestro Sebastián Piana y la voz de Julián Centeya concurren a una versión diferente y esencial de Homero Manzi, esta vez un Homero sin trinos, reducido a lo que simplemente se dice, a lo que siquiera se recita, a sus desnudadas palabras. Tanto Piana como Centeya tienen títulos para la experiencia, además del vínculo fraternal que los unió al poeta.

   El músico fue su amigo y en piezas memorables, su colaborador. También fue su amigo el hombre gris de Buenos Aires, en el ámbito menesteroso y mágico del barrio. En el teclado, aquél reedita confidencialmente las exquisitas notas que lo hermanan a Manzi y borda otras igualmente inolvidables de Troilo o de Demare.

   La proeza de Centeya es de otra índole: No tiene impostación de actor ni se pretende diseur, y en consecuencia acostumbra a leer o decir sus propios versos lunfardos, pero tiene la sobrada cargazón de barrio, esquina y tango que necesita para prestar su voz a Homero.

                                                                                            JOSRGE MIGUEL COUSELO

(En la parte posterior del elepé "Homenaje a Manzi", editado por AZUR PRODUCCIONES)

   Podemos escuchar a Sebastián Piana al piano y Julián Centeya recitando Voz de tango, el tango de Homero Manzi y Sebastián Piana, que es uno de los temas del disco

                            



martes, 26 de abril de 2022

Bien Milonga

                                                 Bailá este tango que al bailar
                                                 hace florecer los cinco sentidos.
                                                 Qué ensimismada y linda vas,
                                                 sí, qué linda estás recostada en mí.

   Es lo que nos pasa en los Martes madrileños de BIEN MILONGA, con esa música mágica que te penetra el alma y te lleva en volandas por la pista. El tango ya es patrimonio mundial y se baila en todos los rincones del planeta. Aunque siempre sonarán esos acordes que nos dejaron aquellos genios.


                           
     
      Y como es costumbre para ira metiéndonos en la pista mentalmente y preparando los remos para esta nochecita milonguera, nos entonamos viendo a esas parejas que lucen su garbo, sus pisadas y sus figuras en variopintas pistas del planeta.


Arrancamos en Corea. Concretamente en Tango o Nada. Podemos ver a Vanesa Villalba y Facundo Piñero, bailando allí el tango A Evaristo Carriego interpretado por por la orquesta Forever Tango. 



   El siguiente paso es en la milonga Más que tango, que se desarrolla en Parma (Italia). Allí Agustina Piaggio y Carlos Espinoza se van a lucir con el valsecito Dichas que viví por la dupla Biagi-Falgás.

                                          
   

   Y nos vamos a la bonaerense Zárate, al Ladys Tango Festival  para ver  a Johana Copes y David Palo, que se mandan al ruedo con la milonga Por la huella, por Rodolfo Biagi, cantando Carlos Saavedra.

                                         

  
Y esta nochecita, bailamos a piaccere en BIEN MILONGA. ¡Venís?

                                
                                                                   

sábado, 23 de abril de 2022

Al compás del corazón

    Este tango que fue todo un suceso en los años cuarenta y se prolonga en el tiempo, encierra una historia realmente sorprendente, imaginativa, y borda imágenes con un intenso poder de sugestión. La música y la poesía de Domingo Federico y Homero Expósito se aúnan nuevamente con su potencia estética, luego del éxito de Yo soy el tango, y logran toda una creación con este tema que dejará huella.

Domingo Federico
   

   Cuando Domingo Federico llevó la obra terminada se la mostró a sus compañeros en la orquesta de Miguel Caló, que a veces llegaba un poco tarde, y la ensayaron un par de veces, recibiendo el plácet de los músicos. Y en el comienzo de la soireé del Ocean, intentaron tocarla antes que estuviera el director, aunque como Podestá acababa de irse con Di Sarli, no tenían cantor esa noche. Y Francini se ofreció para cantarla, con los versos escritos en un papel para recordar la letra. Y gustó, arrancando muchos aplausos. 

    Cuando está ya el director al frente, nota que el público pide esa pieza que él no conoce. Les pregunta a los músicos y éstos le cuentan la historia. Entonces  Caló no sólo acepta el pedido de la gente sino que, al escucharlo decide incorporarlo inmediamente a su repertorio. Será Raúl Berón, el nuevo cantor tras la marcha de Podestá a la orquesta de Di Sarli, quien lo registra con la orquesta en un disco que tendrá mucho recorrido.

                                   

Homero Expósito

   Si ya de por sí, la anécdota es más que curiosa, la raíz del tema la supera. Porque Domingo Federico estudió medicina y estuvo cerca de recibirse. Era su meta junto a la del bandoneonista, pensando en las pasiones musicales de su padre que tocaba el violín y también se había comprado un bandoneón, que compartía con el muchachito.

    Desde el natal sitio de Parral y Gaona de Domingo, la familia se había trasladado a Carmen de Patagones en el sur bonaerense, a 900 kilómetros de la capital. Allí comenzó a estudiar el bandoneón, después de intentarlo con el violín y el piano y compartiéndolo con el secundario. Cuando regresan a la capital, el muchacho toma clases decisivas en el conservatorio de Pedro Maffia.

    Pero, a la vez, quiere también terminar sus estudios de medicina, y aunque ya ha actuado en locales céntricos con su hermana, a quien le había transmitido muchos de sus conocimientos y la acompañaba desde el piano, busca mejorar la vida familiar y la enfermedad de su madre. Y progresar en la Universidad de Medicina, por más que muchas veces acudiera sin dormir casi, debido a las noches de tango.

   Y allí le ocurre la anécdota que geminará años después en un tango de éxito. Durante una clase, el profesor de anatomía, aplicando las teorías de Luigi Galvani, hizo latir el corazón de una rana diseccionada, mediante impulsos eléctricos. Le impresionó tanto el experimento que le quedó en la cabeza durante mucho tiempo. 

                                           


    Y una noche, hablando con Homero Expósito le comenta el caso, cree que se puede hacer un tango que se llame: Late un corazón y en principio él tiene ya plasmada casi la música. Se la hace escuchar, Homero toma el monstruo y a los pocos días tiene lista la poesía que junto a los compases de Federico será un gran éxito. 

   Curiosamente, Podestá que había conocido la anécdota, graba el tema con Di Sarli, en cuya orquesta estaba desde hacía tres meses, el 9 de abril de 1942. Y Miguel Caló con Raúl Berón lo lleva al disco el 29 de ese mes. Dos golazos que seguimos bailando. El título inicial quedó como subtítulo. Y lo bailamos Al compás del corazón.

    Hay varias versiones muy buenas de este tango, pero nos vamos a ceñir a las dos que citamos en la nota. Porque son realmente para disfrutarlas una y otra vez.

                                     

Late un corazón.../ déjalo latir.../ Miente mi soñar.../ déjame soñar.../ late un corazón porque he de verte nuevamente. / Miente mi soñar porque regresas lentamente...

                                      


viernes, 22 de abril de 2022

Simplemente Pichuco

    El hogar de los Troilo suele ser muy concurrido, y aunque Pichuco se empeñe en suponer que es fácil localizarlo, "porque estoy siempre en casa", la realidad supo demostrarme lo contrario. Este reportaje fue hecho, como dije, en dos encuentros, y entre una y otra cita transcurrieron tres semanas. Es que, en el ínterin, la pareja debió viajar un par de veces a Mar del Plata para organizar sus vacaciones, que según me contó luego Troilo se interrumpirán el 20 de febrero: debe regresar a Buenos Aires.

   A pesar de la aparente calma chicha que parece rodearlo, don Aníbal estuvo muy activo en los últimos tiempos, ocupado en preparar su próximo espectáculo —Simplemente Pichuco— que habrá de estrenar el 12 de marzo en el porteño teatro Odeón. Será un reencuentro con la escena y con el público, tras nueve meses de obligado reposo a causa de su operación en la cadera; Troilo está impaciente bajo su máscara de deidad oriental.

                                        


   Campechano, para nada me pareció un hombre simple. Es más, me sorprendió su prolijidad a la hora de recordar fechas y detalles, y la extrema atención con que escuchaba mis preguntas. Es obvio que a él no se le escapa nada, aunque regale un aire de señor impertérrito. Hombre de pocas palabras y gestos mínimos, sólo de tanto en tanto se permite entornar sus ojitos, que pueden ser expresivos, como para enfatizar alguna respuesta. Parece gustoso de juguetear con sus manos pequeñas, muy pulcras, extremadamente blancas.

(De una nota de Dionisia Fontán)

   Y fue lo último que hizo musicalmente en vida: "Simplemente Pichuco". Fallecería el 18 de mayo de ese año 1975. Y nos quedaría esta muestra final de su gran obra. (Gentileza de Lautaro Kaller).

                        


jueves, 21 de abril de 2022

Julio De Caro abrió los caminos de la evolución

    La escuela decareana abrió todos los caminos de la evolución del tango. Francisco De Caro -hermano de Julio- fue quien revolucionó lo iniciado por Juan Carlos Cobián. Con él y por él quedó claramente definido que el piano debía realizar el acompañamiento armónico.

   Sin Francisco no se hubieran incorporado al tango otros pianistas como Osvaldo Pugliese, Carlos Di Sarli, Horacio Salgán u Osvaldo Tarantino. Otro tanto ocurrió con los dos bandoneonistas del Sexteto.

                               
    

   Con los fraseos breves, ligados, con morosas aberturas y cierres silenciosos en Pedro Maffia predominó el sonido íntimo y la técnica. En cambio, en Pedro Laurenz los fraseos son agrestes y su fuerte temperamento expresivo se unió a Maffia para lograr un inquietante equilibrio sonoro en duelos bandoneonísticos, en muchas ocasiones a capella y en inspiradas variaciones,

   Estos dos maestros crearon todas las posibilidades para que pudiéramos disfrutar de las virtudes de figuras cumbres como Aníbal Troilo, Julio Ahumada, Leopoldo Federico, Máximo Mori, Eduardo Rovira, Osvaldo Ruggiero, José Libertella, Dino Saluzzi, Daniel Binelli o Néstor Marconi.

   Es entonces cuando la lúcida, equilibrada capacidad de Julio De Caro complementa el enlace. Con el contracanto armónico de su violín que ejecutaba en forma envolvente, ligando con su arrastre personal todo cuanto creaban sus compañeros del sexteto famoso, logrando a su vez un sonido expresivo inédito hasta entonces.

                                


   Sin virtuosismo pero con un gran  sentido musical en donde se emsambla el sonido criollista de Bardi con el perfil ciudadano. Eso mismo que luego se encontraría en sus hijos predilectos como Alfredo Gobbi (por excelencia), Cayetano Puglisi, Antonio Rodio, Mauricio Missé, David Díaz, Enrique Francini (con evolucionado virtuosismo), Mauricio Marcelli (cuando canta la melodía sin alardes virtuosistas).

   Y, en el caso de Zsymsia Bajour, se da la perfección en la técnica violinística como concertista internacional y con admirada devoción hacia Julio De Caro en las versiones de Decarísimo (1961) -de y por Piazzolla-, y en Todo corazón (1975) junto a Armando Cupo y Luis Stazo. 

   Julio De Caro abrió los diques de la creación dentro del tango.

   Nélida Rouchetto (Revista La Maga - Agosto de 1994)

(Podemos escuchar al sexteto De Caro interpretando el tango de Francisco De Caro (letra de Dante Linyera), Loca bohemia, grabado el 14 de septiembre de 1928)  

                                


martes, 19 de abril de 2022

Bien Milonga

                                                El tanguear se te fue al corazón
                                                como un dulce secreto de amor,
                                                y es por eso que cuando bailás
                                                te trabaja una intensa emoción...

    Sí, nos pasa a todos los milongueros de ambos sexos. Es el gran secreto del tango al bailarlo: El sentimiento. Aquellos que no llegan a impregnarse el alma  de tango cuando milonguean, nunca serán un buen bailarín, aunque firuleteen tupido. En la cancha se ven los pingos y en BIEN MILONGA lo tenemos muy asumido.


                         

    Podemos darnos una vuelta por distintas milongas del mundo y ver algunas exhibiciones que nos ponen a punto para esta noche. Hay muchas parejas que desfilan bajos los focos y hoy traemos a:

   Sebastián Arce y Mariana Montes, que en el Siracusa Tango Festival demuestran su glamour y su intenso sentimiento milonguero, bailando el tango Invierno, por la orquesta rusa Solo Tango.



 Nos desplazamos a la milonga porteña Parakultural, en el Salón Canning. Allí la pareja Ricardo Calvo-Sandra Messina, se lucen bailando el tango Emancipación por la orquesta de Osvaldo Pugliese.


     Cerramos el motivador viaje virtual en el Recuerdo Tango Festival que se realiza en Varsovia (Polonia). Allí  Vanesa Villalba y Facundo Piñero bailan el tango Loca por el cuarteto ruso Solo Tango.  

                                          


   Y ese sentimiento lo volcaremos esta noche en la pista madrileña de BIEN MILONGA.