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domingo, 30 de mayo de 2021

Amor y tango

    ¿Será la nostalgia y la impotencia por las noches de milonga que llevamos sin poder vivirlas? Ya son quince meses alejados de las pistas. Para todo aquel que no frecuenta las salas de baile, y me refiero a aquellas donde bailamos los milongueros, se hace difícil entender lo que el cuore, la mente y el cuerpo nos piden, sin que podamos satisfacer esa necesidad psicofísica. También pueden añorar sus veladas bailables los que frecuentan otras modalidades musicales, pero la milonga tiene algo que es dificíl, quizás, explicarlo con palabras.

   Empecé de adolescente a madurar mi berretín milonguero. Las vueltas de la vida, el bajón del tango, las milongas que fueron cerrando sus puertas y mi pasión periodística me fueron alejando de aquel gran metejón. Pude viajar por distintos países del mundo, cubrir Mundiales de fútbol, y el tango siempre tenía su lugarcito en mi alma. Aunque ya se trataba de escuchar a las grandes figuras en algún escenario, compartir momentos especiales con ellos. El baile había quedado atrás, como tantas otras cosas.

                                     
     Hasta que en los años noventa volvió tímidamente al comienzo y con una fuerza impresionante a continuación. Y volvió a atraparme en sus redes. En mis viajes a Buenos Aires, en Madrid, en Roma, en París, vi como una enorme mancha de aceite se extendía por infinidad de países. Fue un impacto emocional tremendo. Y la mancha continuó expandiéndose Y Buenos Aires volvió a ser la meca de tantos milongueros.

   Es entonces cuando uno puede apreciar en toda su dimensión lo que representó siempre el baile en la historia del tango. Los que venimos de atrás podemos dar fe de ello, en lo que nos tocó vivir. La milonga también formó parejas, familias. Y hubo, claro, separaciones debido a ese hábito nochero. Pero es cierto que siempre flotó esa sensación pasional de enamoramiento, de coqueteo, en la coyunda del tango cuando danzamos con la persona que nos enciende pasionalmente por lo que brota de nuestro baile en común.

                                           
    Carlos Bahr no era milonguero, pero sí un poeta total, que tenía un gran poder de observación, que asistió a milongas para encontrarse con determinados compositores y su visión en este tango lo demuestra claramente. Cuántas veces habremos captado esos embrujos y entusiasmos, al desgaire de lo cotidiano, que expresa en Amor y tango, y que pìnta realidades aún cuando fuesen pasajeras. Porque la milonga tiene ese potencial tórrido, aunque muchos milongueros de alma, sepamos separar el baile de la parte amorosa.

Compás floreado de tango
que al apretarme en tus brazos,
me está encendiendo en los labios
una palabra de amor. 
Otro tango si no es tarde
para bailarlo los dos,
al son de un ritmo que late
lo mismo que un corazón.

   Quizás pueda dar una imagen engañosa para quien no es habitué a la milonga. El abrazo tiene un potencial tremendo que no se da en otros géneros musicales bailables. Acunados en el movimiento corporal, interpretando la música con los pies, el acople ritual tiene para muchos un reclame sexual, aunque el diálogo de la pareja abrazada le da al tango una presencia universal. La pista de baile semeja una representación teatral, alejada del bullicio exterior, sensual, con esa aglomeración de cuerpos que circulan estimulados por un sentimiento común. Porque el tango es sobre todo: sentimiento.
 
El tiempo pasa de largo
cuando te abrazo en un tango.
Y estoy muriendo de antojos
por besarte en esos ojos
que al mirar me están quemando.
El tiempo pasa de largo
cuando te abrazo en un tango.
Mientras se quiebra
la voz de la orquesta
que dice de tango y amor.

Compás floreado de tango
me está endulzando el acento
para decirte "te quiero"
con mi mejor expresión.
Por tu amor y donde cuadre
se hace tango mi emoción,
al son de un ritmo que late
lo mismo que un corazón.
 
   José Basso le puso música a estos versos, en 1945 y entre las grabaciones que se registraron del tango, vale la pena recordar la de Troilo-Floreal Ruiz y Caló-Iriarte. Podemos escuchar la primera citada, del 9 de octubre de 1945.

                                     



jueves, 27 de mayo de 2021

Tango

   La paleta poética de Homero Manzi describe los lugares, los hechos vividos, los personajes como Malena, Betinotti, Viejo ciego, Discepolín, Muchacho del cafetín, Juan Manuel, Negra María o Ninguna, de tal manera que los estamos viendo en la imaginación. Fue sin dudas el gran poeta que le dio al tango esos brochazos líricos que lo inmortalizaron. 

   Y de paso también quedan sus páginas flotando en la memoria de los porteños y los tangueros de todas partes que van entendiendo el alma de sus temas, los enclaves porteños, la savia del arrabal que conoció de pibe, esas metáforas pulcras y lúcidas, las nostalgias desvestidas, los muros que albergan historias de amores, de desengaños, la ternura en las evocaciones.

                                 

Homero Manzi

    Homero recordaba pasajes de su niñez y adolescencia que incidieron tanto en sus versos:

  -Desde los trece años hasta los dieciseis viví -como alumno pupilo- en el Colegio Luppi, ubicado en el corazón de Nueva Pompeya: Esquiú y Centenera. La elegante casa del Colegio -que sin duda recuerdan los habitantes del barrio, pues no hace mucho que ha desaparecido - se alzaba, materialmente, entre pantanos, baldíos, bajos, terraplenes y montañas de basura o desperdicio industrial. 
Ese paisaje de montones de hojalata, cercos de cina-cina, casuchas de madera, lagunas oscuras, verdones desparejos, terraplenes cercanos, trenes cruzando las tardes, faroles rojos y señales verdes, tenía su poesía. 
Tal vez entonces no la comprendí aunque la sintiéramos quienes robábamos pantalones largos a los mayores para poder recorrer el misterio de las noches y los almacenes con exagerado y falso gesto de segura hombría. Pero hoy, a través de la evocación, puedo reconstruir sentimentalmente aquel barrio que se dormía al costado del terraplén para cantarlo con voz de tango y pulso de nostalgia.

  Así construyó poéticamente su Barrio de tango que musicalizó Pichuco y que fue el preámbulo del inigualable Sur donde su musa deshilvana los recuerdos de tal manera que se convierte, para mí, en el símbolo, la postal póetica-musical más hermosa y representativa de esos barrios que todavía habitan en mi cuore de purrete, adolescente y juvenil: Pompeya, Parque Patricios, Barracas... 

   Manzi entendió como pocos lo que representaba el tango, la porteñería, el alma de la gente que habitaba aquellos conventillos y casas chorizo. En sus láconicas y llegadoras frases detalla como nadie el misterio del tango que ha sobrevivido a todas las épocas. La mesa asamblearia del café con sus barajas gastadas, el humo de los cigarrillos, el levantador de juego, la "fija" que falla,  el momento de la confesión íntima. Aquella Buenos Aires de corralones, de chatas tiradas por caballos mansos y aguantadores. El organito, la trifulca, el zaguán de las caricias, todo lo resume en frases cargadas de recuerdos y de Tango
   
Farol de esquina, ronda y llamada,
lengue y piropo, danza y canción,
truco y codillo, barro y cortada,
piba y glicinas, fueye y malvón.
Café de barrio, dato y palmera,
negra y caricia, noche y portón,
chisme de vieja, calle Las Heras,
pilchas, silencio, quinta edición.
 
                                
La orquesta de Pedro Maffia en Chile con Homero Manzi 


    Lo escribió como un poema para Berta Singerman que viajaba a Santiago de Chile, donde lo recitaría, en 1935. Allí coincidió con Pedro Maffia con su orquesta y cantores y Homero Manzi que hacía de presentador y glosador. El poema recitado por esa voz tan especial y la interpretación de Berta Singerman fue muy aplaudido. Más tarde, en uno de los tantos encuentros de Piana y Manzi para desarrollar sus obras, el pianista-compositor se interesó por aquel poema, Homero se lo alcanzó y Piana le pondría música. Vale la pena recrear esos versos tan detallados y paisajísticos..
 
¡Tango!
¡Piel oscura, voz de sangre...!
¡Tango!
¡Yuyo amargo de arrabal!
¡Tango!
¡Chata, pingo, luna grande!
¡Tango!
¡Vaina negra del puñal!
¡Tango! 
¡Voz cortada de organito!
¡Guapo
recostado en el buzón!
¡Trampa,
luz de aceite en el garito...
todo,
todo vive en tu emoción!

Percal y horario, ropa y costura,
pena de agosto, tardes sin sol,
luto de otoño, pan de amargura,
flores, recuerdos, mármol, dolor.
Gorrión cansado, jaula y miseria,
alas que vuelan, carta de adiós,
luces del centro, trajes de seda,
fama y prontuario, plata y amor.

   Lo grabaría Ricardo Tanturi con su orquesta y la voz de Alberto Castillo el 20 de julio de 1942. Acá lo escuchamos.

                               


 

domingo, 23 de mayo de 2021

Tango y Copas (Documental)

    Este documental es, realmente, una delicia para los tangueros. . Nos permite recordar una época maravillosa del tango. Los inicios de la orquesta de Aníbal Troilo relatado en directo por sus músicos y compañeros de aventuras tangueras. Análisis de su estilo, de otras orquestas, anécdotas.  

                                    

Sexteto de Elvino Vardaro con Jorge Fernández, Troilo y Baralis

    Desfilan personajes importantes y sus relatos se van empinando en la rueda. Hugo Baralis, Jorge Casal, Nito Farace, Jorge Argentino Fernández, Reynaldo Nichele, Angélica Ric. La idea y realización del corto es de Alberto Carpo Cortés. Fotografía y cámara: Juan Flesca. Investigación periodística: Carlos Puente. Y los responsables del mismo: Programa Inter Faces, Universidad Nacional de Tres de Febrero. Centro de Producción Audiovisual.

   Vale la pena disfrutar de este trabajo porque está perfectamente reflejado aquel tiempo del tango, en la personalidad de Pichuco, sus músicos, cantores y las señales de momentos inolvidables en distintas orquestas, compositores, músicos y temas imperecederos. 

Realmente lmperdible. Y muchas gracias a los que idearon y realizaron este trabajo.


                   



 

viernes, 21 de mayo de 2021

Mandria

    Siempre recordaré aquella mañana de domingo cuando Rosita Quiroga aceptó una invitación que le hicimos con Papaleo para que acudiera a nuestro programa "Dialogando con swing" que iba los domingos de 8 a12.30 de la mañana por radio Argentina. Se vino con la guitarra y cantó tres temas, bien arrabaleros, de esos que le dieran tanta fama en su época y charlamos lungo. 

   Mantenía la frescura de la interpretación y uno de esos tres temas fue precisamente éste que lleva versos de Francisco Brancatti y Juan Miguel Velich y música del pianista Juan Carlos Rodríguez, que fallecería dos años más tarde de su estreno. Mandria lo registró Rosita Quiroga en 1927 y fue toda una pegada porque el tema encajaba justo con su estilo tan personal y que la distinguiría siempre, especialmente con esos tangos que le fue fabricando Celedonio Flores en exclusividad. Nada menos que 24, que Rosita llevó al disco.

                                       
    En 1925, Rosita Quiroga grabó el shimmy ¡Pum, Garibaldi!, cuyos versos eran de esta misma dupla: El uruguayo Brancatti y Velich. Ambos arrancaron como cantores, después se unieron en teatro haciendo sainete con la Compañía de Comedias Victor. En ella también estaba Rosita Quiroga, Herminia Velich y otras figuras que militaban en el sello discográfico. 

   Un año más tarde de aquel tema que dio bastante que hablar en su momento, sus dos amigos Brancatti y Velich le arrimaron este tango que acababan de componer. A Rosita que era una arrabalera total y hablaba como cantaba, le encantó. Lo estrenaría en el teatro, lo cantó en radio y lo llevaría al disco acompañada de tres guitarristas, el 17 de marzo de 1927. Demás está decir que fue un golazo en toda regla y puso a Mandria en el candelero.

Rosita Quiroga con su infaltable guitarra
                                     
    Durante mucho tiempo, se interpretó el título del tango como si fuese de un maula. O sea un cobarde en palabra de tinte lunfardo. Pero mandria es un vocablo que figura en el Diccionario de la Lengua Española y que significa: Apocado, inútil, pusilánime y de escaso o ningún valor. Recuerdo también en una conferencia que dí en la madrileña Casa de Aragón, donde tengo la milonga, que uno de los asistentes, al final de la charla, me comentó que en su provincia aragonesa se usa mucho como sinónimo de vago, haragán. 

   Brancatti y Velich fueron autores además, de la letra de Amigazo, el tango que musicalizó Juan De Dios Filiberto. En los versos de Mandria, utilizan un lenguaje gauchesco, basados en el clásico duelo criollo, por el tema de la traición amorosa. Y el perjudicado en el lance del amor, le da ventajas a su rival para demostrarle a éste que es un maula. O un mandria.

Tome mi poncho... No se aflija. 
¡Si hasta el cuchillo se lo presto!
cite, que en la cancha que usted elija
he de dir y en fija
no pondré mal gesto.
 
Yo con el cabo'e mi rebenque
tengo'e sobra pa'cobrarme...
Nunca he sido un maula, ¡se lo juro!
y en ningún apuro
me sabré achicar.
     
   Todo un esquema teatral de los que solían armar en aquellos escenarios sainetescos. Tiembla un momento el paisaje campero y espigan las palabras retratando esos bretes entre paisanos donde la vida pasa a valer muy poco, dependiendo del resultado del lance. Aletea la muerte sin abalorios retóricos y en la niebla del destino el hombre se confiesa ante el rival trasmitiéndole las oscuridades de nuestra naturaleza y la hora de la derrota, asentada en la médula de las palabras. Todo un final filosófico.

Por la mujer,                                                  
creamé, no lo busqué...
Es la acción
que le viché
al varón
que en mi rancho cobijé...
Es su maldad
la que hoy me hace sufrir:
Pa'matar
o pa'morir
vine a pelear
y el hombre ha de cumplir.

Pa'los sotretas de su laya
tengo güen brazo y estoy listo...
Tome...Abaraje si es de agaya,
que el varón que taya
debe estar previsto.
Esta es mi marca y me asujeto.
¡Pa'que pelear a un hombre mandria!
Váyase con ella la cobarde...
Dígale que es tarde
pero me cobré.
 
  Creo que vale la pena recordar la creación que hizo Rosita Quiroga de este tema. 

                            


    Y también la gran resurreción que hizo de este tango Juan D'Arienzo con su orquesta y la voz de Alberto Echagüe, grabándolo el 9 de agosto de 1939. Luego lo repetiría con Mario Bustos en 1957

                                         


  

domingo, 16 de mayo de 2021

De la ribera al centro

   En la esquina de Suárez y Necochea las cantinas meridionales habían vuelto por sus fueros de apetitosos macheroni con armoniosa mandulinata y por las puertas de los cafés-concierto habían iniciado su éxodo los instrumentos del tango, junto con aquellas pizpiretas camareras que acompañaban sus acordes golpeando con los nudillos las bandejas...

   El trío del café Royal se disgrega. Samuel Castriota se va por su lado, con sus dedos pianistas y guitarreros. Toma rumbo particular Vicente Loduca y su fuelle cadencioso. Pirincho Canaro se asocia a un cofrade de la pasión musical y vecino suyo en la calle Sarandí al sur: el bandoneonista Vicente Greco. El mismo Canaro ha relatado la circunstancia especial por la cual el bandoneón ganó este excepcional ejecutante, precocidad musical que a los catorce años se lucía en flauta, guitarra y piano.

                                  

Vicente Greco y Francisco Canaro

    Unos muchachos que andaban dando serenatas, llegaron al conventillo de la calle Sarandí donde vivía Greco. Otro inquilino, un sargento de policía al que le perturbaron el sueño, se levantó indignado dando pitadas de auxilio.  Los filarmónicos huyeron, y el del bandoneón le dejó el instrumento a Greco para que se lo guardara. Como tardó un tiempo en pasar a recogerlo, Vicente se aficionó en tocarlo y con su fino oído y milagrosa intuición, comenzó desde allí a ser uno de los más destacados virtuosos del fuelle.

   Como dije arriba, Canaro se une a Greco y acompañados por el pianista Aragón y el flautista Pecci se presentan en el café El Estribo, de la calle Entre Ríos 763 al 67. En nutridas audiencias el público llena el local y desborda a la vereda y la calzada. Esto obliga a que la comisaría seccional envíe todas las noches algunos vigilantes para guardar el orden y encauzar a la abigarrada concurrencia.

El salón La Argentina

   Atraídos por el suceso del cuarteto de Greco, fueron al café dos bailarines, El Pardo Santillán y el Vasco Aín, a buscar a los músicos para que actuaran en las reuniones danzantes que ellos organizaban en el salón La Argentina, de la calle Rodríguez Peña 361. El salón La Argentina competía entonces, con ventaja, en cuanto a la afición tanguista, con otros de asociaciones mutualistas constituídas por honestos súbditos de Victor Manuel II y AlfonsoXIII.

   En Patria y Lavoro, de la calle Chile; Colonia Italiana, de la calle Paraná; Unione e Benevolenza, de la calle Cangallo; Orfeón español, de la calle Piedras; Centro de Almaceneros, de la calle Lorca (hoy Presidente Luis Sáenz Peña), etcétera. Estos se arrendaban a la heterogénea clase media del tango, en noches de entre semana o domingo a la tarde, porque los sábados estaban dedicados a las propias fiestas de sus colectividades.

                                 

Salón La Argentina que continúa siendo un refugio milonguero

    La antes aludida ventaja de La Argentina estaba en que abría especialmente sus puertas a "la milonga" en esas noches de sábado, con el obvio lleno completo. Reinaba allí el tango sin cortapisas. El lugar era como un término divisorio entre el remoto piringundín de La Tucumana, alumbrado a querosene y con el arroyo Maldonado atrás, y la coqueta casa de Madame Jeanne en la calle Maipú al norte, con moblajes Luis XV y cortinados de seda.

   El sexo fuerte de La Argentina lucía melena cuadrada, era metido de hombros y no muy bien encarado. El débil (¿débil? "hasta por ái, nomás"...) metía los contornos garbosos en ajustadas batas y polleras de chillones colores... y se perfumaba con Agua Florida. En el buffet se despachaba a pasto la ginebra y el anís.

   En el salón, cuando la puja de ochos y medias lunas había excedido todas las posibilidades, el bailarín más canchero se adueñaba del lauro escribiendo su nombre en el piso, con trazo intangible.. 

Francisco García Jiménez

viernes, 14 de mayo de 2021

Gómez de la Serna y el tango

                                        

  

    El famoso escritor vanguardista español Ramón Gómez de la Serna, famoso por sus Greguerías, fundador de la Peña literaria en el madrileño café Pombo, llegó a la Argentina en 1936, huyendo de la guerra civil. Allí se uniría con la escritora argentina Luisa Sofovich, separada y madre de un hijo. En 1925 la revista Martín Fierro de Buenos Aires le dedicó un número homenaje, con firmas de Borges, Hidalgo, Güiraldes, Girondo y Macedonio Fernández.

    Gómez de la Serna pudo editar varios libros en Argentina, colaboraría con numerosas publicaciones, aunque La Nación y El Mundo le cerraron sus páginas por un elogio que le haría al gobierno de Perón. Le gustaba mucho el tango y especialmente los versos y escribió elogiosamente sobre el género, publicando un libro. Falleció en 1963 y sus restos fueron enviados en avión a Madrid para ser sepultado en la capital de España.

 


Hoy lo recuerdo en estas diez greguerías, que sintetizan su gran estilo de escritor y también lo que significaba el tango para él.
       
   -La letra de los tangos es hija de los aedas del arroyo, mezclando sentimientos contrarios ennoblecidos siempre por la desesperanza.
      
   -Mezcla todo en estilo telegráfico, en relato atropellado de quien presta declaración con la faca clavada en el alma.
      
   -Es el desahogo de un pueblo bohemio frente a los polichinelas llenos de dinero.
     
   -Con sobriedad admirable cuenta el Tango el novelón del mal ajen
     
   -El Tango toma en serio el motivo que invoca, llora el dolor y después vienen unos pasitos burlones, un traspiés grotesco, un juego en el dolor, un hacer chacota tarareada con su propio sentimentalismo.
      
   -No hay prosa versificada como la del Tango. Se ciñe a lo próximo, a lo más veraz y tiene extravíos románticos en paisajes inmensos. Se ve que estos ciegos de la inmensidad nueva necesitan lazarillos musicales.
     
   -Las letras desmonotizan lo que la música puede tener de repetido, aunque para un buen catador es siempre diferente la partitura.
      
   -Esa ráfaga de cosa africana que va por las oscuras cuevas de la negrería hace que en Norteamérica al son de una orquesta de Jazz se escuchen parecidas letras a las de los tangos y milongas, aunque sin la poesía de lo argentino.
     
   -No se le encuentra lo que tiene de italiano porque no lo tiene, porque es la superación del italiano, que al llegar a la Argentina abandona la melodía y entra en el barroco de tipo español -de pelo negro- y por ende en lo criollo, y pega en él porque el italiano quizá desde hace siglos tenía el deseo de lo desparejo, de lo prosaico versificado, del romper la lindura.
    
   -¿Cómo ha podido Borges decir: Tango sin salida y cobarde bandoneón?

    -El Tango no es incivilizado porque es poético.


jueves, 13 de mayo de 2021

Salón La Cavour (1907)

                                              


                                                      

                                            La Cavour fue un salón de gente atrabiliaria 
                                            que existió por la calle Coronel Salvadores 
                                            entre las de Patricios y creo que Hernandarias.
                                            Barrio de pesados y de los cuarteadores. 
 
                                            Sábados a la noche "función y baile" había.
                                            Ahí, el filodramático daba Justicia Criolla.
                                            El "Centro Parlatutti", la sala conmovía
                                            y el drama hacía llorar igual que la cebolla.
 
                                           De aquel cuadro que todos llenaban de alabanza,
                                           Emilio Lola era el director de escena.
                                           Entonces los actores llevaban a la usanza
                                           de Pablo Podestá, imponentes melenas.
 
                                           Luego de la función, retiraban las sillas
                                           y el baile ya era un hecho con la Orquesta Garrote (·).
                                           Este bandoneonista hacía maravillas
                                           y a muchos de su época hizo marcar el trote..
 
                                          Y cuando las parejas salían a la pista
                                          siempre venía algún lío enancado en un corte.
                                          Y mientras daban vuelta no se perdían de vista
                                           y las provocaciones eran el gran deporte.
 
                                          Había quién traía dos damas "comodines"
                                          porque le daba el cuero para tener cuñada,
                                          y con ese tronquero y esos dos balancines
                                          se tiraba parejo cualquier chata pesada.
 
                                          Y entonces, si veía venir a un compadrito,
                                          a sacar a una de ellas, él contestaba fresco:
                                          "Esta baila conmigo..." "¿Y la otra, mocito...?"
                                          "También baila conmigo... La traigo de refresco."
  
                                          Si alguien reconocía en alguna de ellas
                                          la mujer de un amigo, ahí venía el disloque.
                                          De la interpelación venía la querella
                                          y enseguida un bochinche que temblaba el revoque. 

                                          Salían para el patio, especie de patíbulo
                                          y ahí, lavaban la afrenta del amigo engañado.
                                          Se cerraban de adentro las puertas del vestíbulo
                                          y en el suelo quedaba un hombre destripado.
 
                                         También se daba el caso de caer un pesado 
                                         con la mujer que alguien le había propuesto espiante,
                                         después se le llevaba a alguien, de invitado
                                         y le hacían pasear la mujer por delante.

                                         Y si no la sacaba a bailar, lo obligaban
                                         y era el mismo marido quien entonces decía:
                                         "Baile con mi mujer..." Y si se le negaba
                                         entonces para el patio, a pelear se salía.

                                          Había un famoso negro que le decían Chicote,
                                          bailarín de los valses bailados a la izquierda.
                                          Bailó una hora y veinte y de este capote
                                          el bailarín P.B.T. todavía se acuerda.

                                          Resistencia, Compás, Elegancia y Donaire,
                                          eran las condiciones que a todos se imponía,
                                          ¡Si habrá lustrado pisos el viejo Buenos Aires
                                          bailando aquellos valses que el fuelle traducía!

                                          El Ñato de Barracas, un carrero de antes,
                                          se ganó un gran concurso, pero dejó la vida.
                                          Un perdedor fanático, frente a los vigilantes,
                                          lo despidió a balazos, justito a la salida.

                                         Por eso, que en las noches de baile se sentía
                                         ir y venir al carro negro de la Asistencia
                                         del Argerich... Y todo un revoltijo hervía
                                         de mesas por el aire, de gritos e indecencia.

                                         La Cavour fue un salón de fama extraordinaria
                                         que existió por la calle Coronel Salvadores,
                                         frecuentado tan sólo por gente atrabiliaria,
                                         dedos ágiles, todos, en los disparadores.
 
                                                                     Enrique Cadícamo 

                                       (·) Garrote era Vicente Greco

                                               
 

lunes, 10 de mayo de 2021

La yumba

    Con este tango que creó Osvaldo Pugliese quedó marcado definitivamente el estilo de su orquesta. Si bien el mismo tiene una filiación decareana, el yumbeado de su orquesta será desde aquel año 1946 en que lo compuso y lo grabara con su conjunto, el quiebre de la síncopa que lo definirá. Lo completará posteriormente en un trío con Negracha y Malandraca compuestos en 1948 y 1949 que brillarán y destacarán en la órbita tanguera como señal de su gran inspiración ya señalada en 1924, con Recuerdo, posiblemente su gran obra maestra, cuando apenas tenía 19 años de edad.

   La orquesta de Pugliese logró siempre la adhesión entusiasta y apasionada de los milongueros de ambos sexos y eso lo he vivido en mis carnes desde mis comienzos en las pistas o bailando con su orquesta en vivo. Los pasos yumbeados, bien puglieseados, eran una marca preferida por muchos. Incluso en la barra de muchachos que yo integraba había mayoría de hinchas de su orquesta.

                                           


    En su diálogo con Arturo Marcos Lozza, Pugliese relata cómo fue la creación de La Yumba:

-Le he dado una marcación percusiva. Por ejemplo, los norteamericanos en el jazz hacen una marcación dinámica, mecánica, regular, monocorde. Para mi concepto, la batería no corre en el tango. Ya han hecho experiencias Canaro, Fresedo y qué sé yo cuántos. Pero para mí la batería es un elemento que golpea. El tango, en cambio, tiene una característica procedente de la influencia del folklore pampeano, que es el arrastre, muy aplicado por la escuela de Julio De Caro, por Di Sarli y por nosotros también. Y después viene la marcación que Julio De Caro acentuó en el primer y tercer tiempo, en algunos casos con arrastre. Y nosotros hemos hecho la combinación de las dos cosas: La marcación del primer tiempo y del tercero, y el arrastre percusivo que sacude.

   Horacio Ferrer decía que lo que Adiós Nonino es al estilo musical de Piazzolla; lo que Milonguero viejo es al estilo de Di Sarli, lo es La yumba al estilo de Pugliese. Concebida por la repetición variada y casi obsesiva de un diseño rítmico de dos compases sutilmente contrastado mediante la intercalación de pasajes melódicos, esta composición postuló una inédita fisonomía de tango orquestal.

   El cierto que la interpretación de la orquesta de Pugliese le da el tono que caracterizará a su orquesta y que este tango lo expresa tan bien. Curiosamente el maestro de Villa Crespo recordaba siempre un encuentro que tuvo con El Cachafaz, cuando tocaba él con la orquesta de Pedro Maffia en el Moulin Rouge y el famoso bailarín concurría a menudo a la sala. Luego se encontraban en las madrugadas, en un café de Corrientes y Montevideo.  Fue cuando Pugliese le preguntó:

-¿Cómo hace para bailar tan bien?
-Caminando ...- respondió el Cachafaz.

   Y la Yumba surgió como decía El cachafaz... caminando-  explicaba su creador.
 
   Beba Pugliese en su libro "Testimonio de una vida" dedicado al padre, cuenta cómo fue naciendo el tango que haría historia en la orquesta de Don Osvaldo.
 
   -Como siempre, él comenzab a silbar la idea, se sentaba frente al piano e iniciaba la ejecución y el escrito. Yo escuchaba, en ese momento, solamente el ritmo. La melodía la entonaba muy bajito y repetía "-Yum". 
Como siempre, me llama:
Be...! ¿Te gustan estos compases? Escuchalos bien.
Finaliza y le digo terminantemente:
-No entiendo lo que cantás.
 
                                
Quedó pensativo unos segundos, con las manos sobre el piano. Yo a la expectativa, mirándolo. Y arranca como veinte compases con una garra, marcando efusivamente con el pie y en cada marcación yo escuchaba que decía: "Yum...yum". Y yo seguía el ritmo con la cabeza y con el pie, diciendo también "Yum" para marcar ese ritmo terminante. Finaliza los compases y yo, de pronto, comprendiendo, quedo impactada. No sabía qué decirle, lo abracé y le dí un beso en la frente.
 
Llegando a los finales de su obra me animo a preguntarle:
-¿Pa?, ¿por qué decís yum?
-Es el ritmo que lleva a eso. vení que te lo explico en el piano, ¿es tu marcación? Fijate bien.
Y cuando comenzó me dí cuenta enseguida y los dos al mismo tiempo asintiendo con la cabeza y los pies decíamos "¡yum!". Nos reímos y le pregunto:
-Entonces, se llama Yum el tango?
-No, me contesta él.
-¿Y cómo se va a llamar - insisto
-Bueno, desde ahora se va a llamar "La yumba"

   Hasta su terminación -agrega Beba- le iba agregando ingredientes que enaltecían la obra tratando de llegar a la máxima expresión. Parecería que se explaya en un descanso, pero en su prolongación continúa con bajos penetrantes. Mientras los violines cantan la melodía, surge un arrastre casi violento donde irrumpe el piano en escalas descendentes.... Y así la obra fue construida hasta el final con el mismo carácter severo, enérgico que expresa en su inicio: esa trilogía, armónica, melódica y rítmica.

   Estrenado en el Café-Bar Picadilly, la interpretación de este tango despertó fuertes aplausos y grandes  emociones en su legión de seguidores. En los clubes donde se presentaba, cuando la orquesta hacía sonar La yumba era como un grito de alerta para los bailarines.  Osvaldo Pugliese lo grabó con su orquesta el 21 de agosto de 1946 en el sello Odeón. En 1952, la empresa inauguró sus nuevos equipos de grabación con la novedad de la cinta magnetofónica y se editaron los primeros elepés. Entonces Pugliese volvió a grabar su famoso tango, el 13 de noviembre de dicho año. Francini-Pontier con su orquesta lo grabaron con un arreglo de Argentino Galván, en un tono más melódico, el 5 de marzo de 1947.

   Podemos disfrutar escuchando la segunda versión que registró la orquesta de Osvaldo Pugliese.
 
                                     
                                 
 



viernes, 7 de mayo de 2021

Los muchachos de la orquesta

                         

                                
                                         Eran todos poetas

                                         Sentados en sus sillas con sus instrumentos
                                         las testas inclinadas y los cuerpos tensos
                                         moldeaban con sus manos la música del pueblo.

                                         Eran todos maestros

                                         Callados y en las sombras
                                         unánimes y tercos
                                         ritmaron con sus cuerpos los tangos y milongas

                                         Eran todos talentos

                                         Sus caras de realistas y románticos
                                         capaces de todos los ensueños
                                         y todas las diabluras
                                         se dormían en los solos profundos y nostálgicos

                                         Eran todos artistas

                                         Visionarios e insomnes
                                         atildados y líricos
                                         forjaron con sus pianos y violines
                                         bandoneones y chelos
                                         el canto del porteño

                                                                   Alberto Vanasco



                                        

jueves, 6 de mayo de 2021

Las Marcas del Tango

                                                            ¡Qué saben los Pichucos, Lomutos y Sassones...!

   Son los apellidos que dejaron su sello en el Tango y siguen vendiéndose sus productos discográficos, continúan sonando, destacando sus constantes Mancione y uno les da la Canaro enseguida, les Stamponi el nombre del gotán y la orquesta. Porque son todos distintos, el que sabe, escucha un conjunto y lo Caló enseguida por su estilo único. Yo también lo Firpo al instante y ésa es quizás la grandeza del Tango.Y no lo digo de Grupillo, soy muy Franco en estas cosas.

   Es necesario que Salgán a relucir estas cosas para desentrañar y profundizar en las entrañas del género con todo De Caro, porque es como vamos a conocer y valorar de modo Rotundo la realidad. Así hay que desenrrollar la Piazzolla para llegar a la Pontier del ovillo y los entretelones, en un Biagi emocional. Y conste que no hablo al Bardi, apenas ensayo un  Rossi en el historial, porque hay Maderna de sobra cuando estamos inmersos en esta música que me ganó Di Cicco. No hay que ser muy Aguilar para desentrañar su historia.

   Es sabido que hay tangueros y milongueros. Unos son Fanelli de orquestas y cantores. Los otros de ambas cosas o sólo dibujan en la pista. Yo te soy De Franco, desde pibe me ganaron las dos y me quedó la Marcucci para siempre. Realmente me da Penón que un milonga no Scalise los temas, autores, orquestas, Cantore y demás. No saben lo que se pierden:. 

                                 


                                                                                                          De angelis y santos   

   Los tangueros consagraron a San Pugliese como el Protector de los músicos. Por las calles Corrientes, Lavallén, Paraná, desfilan los fantasmas de aquellos intérpretes milagrosos que reaparecen en discos interminables. Esos que yo escuchaba en la radio cuando todavía todavía andaba en Scarpino por casa. Aieta está el secreto del éxito. No hubo ningún Ponzio Pizarro en el tango que le echara agua al fuego. Todos fueron al frente y aportaron su grano de arena.  Y nos llenaron la Plaza. Yo lo Demarco, porque lo viví.

   Echando la Visca atrás, algunos le encuentran orígenes Demare lejanos: tano, hispano, Greco, africano, hay Libertella para inventar al respecto, aunque hay mucho Gilardi.  O Nieso. Porque el tango nació en Buenos Aires y ¡Polito pa'la vieja! Ahora que estamos Baralis por la pandemia y hay tanta gente en los Spitalnik, el escuchar esas grabaciones, me vuela el Mattio y noto que los Laurenz conseguidos han sido tan grosos, que en el mundo entero se escuchan y los bailan como locos.  

   Aunque a aquella Caldara que era la milonga parece que le hubieran pasado la Sciarreta. Si no milongueamos lo escuchamos y ensayamos en casa, aunque estemos bastante aGobbiados por la cuarentena y porque  de golpe hicimos¡Kaplún!... No, no hay fiesta ni Rizzuti, ni café con los amigos. Todo está Guisado y las vacunas parecen ser el remedio Do Reyes. Pero al tango no lo para Nieso. Aunque los Díaz pasan, acabo de meter el Votti en la urna y lo único que me falta es pincharme, pa' bajar la Pansera, tomarme el Piro y Piana piana ir a milonguear y volar como una Garza, con una Grela que te siga a muerte.....
 
                                       

                                                                 Lo que Tanturi non da, Salamanca non presta.
 
    Todos bebieron y bebemos De la Fuente. El que quiere inventar un tango Nóbile, se da un Castagnaro, termina tocando al Pepe, y medio Tarantino... Ya sabés que, en casa del Herrero cuchillo de Pane. Yo Junnissi  a algunos que se apuntaron a ese "Tango Novarro" y así les fue, no pudieron sacarle Nichele. Como temas milongueros, con ese ritmo tenías que tomarte varios Aniceto y terminabas bailando un Domínguez con el Buzón de la esquina. ¿Habrán aprendido la Alessio?
  
    Los milongueros de los años cincuenta/sesenta tuvimos la suerte de bailar con aquellos músicos en directo y verlos en vivo en actuaciones. Con el agregado de que por unas chiArolas pasabas una noche mágica con una Mise en scene que pa'que te cuento. Darré lo que sea por vivir algo lejanamente Paracino. De momento solo me espera la milonga, las Dames y  milongueras, el pincha que no se Rovira "descubriendo orquestas". Al quía ese que cree "inventar" le Stampone como batía Mario Fortuna: "Garralda lo'libro que no muerden...".

   Y sí, el Cupo de la cuarentena, creo que está recontra cubierto. Lo digo de Vardaro, sé que hay que tener paciencia pero hablo entre sueños. Me veo saliendo Del Bagno, sacando la ropa del D'Amario, me arreglo bien y pico algo antes de salir. Me gusta un poco de Piazzolla con Fugazot y algo de Muzzi, un Basso de Binelli y con las Marconi del gotán.. ¡A bailar .... a bailar...!

                                                                                                               El Tango te espera.  

6 de Maglio de 2021

   

sábado, 1 de mayo de 2021

Milongueando con los cantores

    Aprendí jovencito, con los muchachos grandes de la barra a milonguear. Al lado de mi Casal había un club donde nos juntábamos a ensayar. Yo escuchaba todos los días tango en la radio, Durante mucho tiempo gracias a mi hermano. Él tenía un gran Amor por el género, todos los Díaz sintonizaba programas tangueros y tempranamente Videla historia del tango su grandeza. Devin así engancharme y un muchacho de la barra, Omar, también mayor que yo, con quien compartíamos partidos de fútbol, fue quien me invitó un Díaz a practicar en el club del Barrios, el baile del gotán.

   Recuerdo que la primera práctica fue un día de Reyes, y fue el mejor regalo que me pudieron hacer. Había que Galarce el sitio y haciendo primero de mujer, con Adrián, milonguero consumado, especialmente. Yo tranqui, Mancini, en seguida le fui agarrando la mano y al poco tiempo me sentía como Valentino en la pista y Luque sucedió fue que debuté en la milonga a mis 16 pirulos. Los muchachos me dieron la Medina justa y el Polaco Zenkis me acompañó en esa primera vez tirándome muchas Flores y sabios consejos que yo Cané enseguida. Esa noche inolvidable estrené mi primer traje con pantalones largos, color azul Marino,  que mi vieja me compró en Casas Iriarte de Belgrano y Avenida Del Río. Y los zapatos bien lustrados con Pomar y  franela. Todo un Galán. El Campos se me hacía orégano.

                               



    En aquellas Arenas movedizas del arranque, la ilusión de ser un milonguero debute me llevó a copiar pasos, ensayarlos y a Soler practicarlos durante la semana. Era como una fiebre. A veces se nos ocurría un paso nuevo y lo practicábamos en la calle, junto al Bozán de la esquina. Tuve un Ortiz bárbaro con un Moreno que en Huracán, me llevó a un costado y me marcó dos errores que cometía. Sobre todo por el temor a apretar los Bustos de las chicas que bailaban conmigo. Lo digo de Berón, me sirvieron de mucho sus palabras y con el tiempo me lo cruzaría en varias milongas. Era un tipo fornido, de Cuello ancho que bailaba con elegancia. Me guiñaba el ojo y me dijo que Ledesma al tranco largo, Lamarque mejor a la mina y Viván el compás de la orquesta.. Le di las García por sus consejos y me palmeó el hombro.
    
   Al principio bailaba con las hermanas de los muchachos del barrio, para ir ganando confianza. Sabía que no se le pueden pedir peras al Olmedo. Pero eso para escalar, lo Charlo seriamente, me sirvió de mucho. Una de ellas, muy Sosa, y fea, sin embargo bailando Pugliese era una maravilla y yo la buscaba en seguida cuando sonaba esa orquesta. Te juro que en ese trance la sentía como mi Margarita y yo Armando Duval. Y no es por tirarme Flores, es que gracias a ella, al Dante cuenta, aprendí a sentir y dosificar al mango los movimiento yumbeados de Don Osvaldo, para siempre. Ella estaba calentita como una Fugazot, conmigo... Muchos años más tarde la encontré por Plaza Lesica. Estaba avejentada, se apoyaba en un bastón y llevaba una bolsa de la compra en la mano. Me vio, abrió grande los ojos y mientras yo la estaba Miranda con ganas de saludar, ella, me dio la espalda y se fue despacito.
    
   Todavía me sentía medio aprendiz y Luque sucedió una noche me dejó un recuerdo imborrable. En el Corsini de la milonga hay de todo, barras de diferentes barrios, las chicas de un lado, los varones enfrente, la mirada, el cabezazo, el asentimiento por parte de ellas. Y en esos Ramos de gente, a veces salíamos dos o tres a la vez al “sí” de la chica, y la poníamos en un apuro. En ese caso concreto, fuimos dos, la chica me señaló a mí, para explicar que el “sí” era para mí, y el otro, un morocho fornido de pelos Cárdenas, me puso la mano en el pecho y me invitó a tomármelas. Muy Ruiz el tipo, la pista era un Calderón y la chica le Echagüe a la posible pelea que se avecinaba tomándome de un brazo y arrastrándome a la pista. El movimiento Belussi como un rayo de esa muchacha me salvó, porque el tipo – luego me enteré- era de la Isla Maciel, un Gavioli que tenía Famá de quilombero y camorrero.
  
   Aquellas noches de Luna llena, de cielos estrellados, me vieron progresar y como el del tango, cacé el Biondini y me largué por esos barrios a encarnar el espinel. Aunque yo sólo quería milonguear. Así Galé un cierto prestigio de bailarín, porque lo Godoy todo. Aprendí que el que sólo Acuña pasos, Ramos de firuletes y se Florio con ellos, no es buen bailarín. En esta Vidal milonguera es fundamental que uno Serpa compaginar elegancia, musicalidad y caminata. No salir del Carril constantemente. Hay un Linares de bailarines que todos respetan. Lo mismo que esas milongueras expertas. Las que vos, por ignorancia, pretendés llevar en el ritmo de un Ferrrari y ellas te bajan al Falcon con suavidad, para colocarte con la música. Podestá muy nervioso que ellas te calan siempre. Y el que se va a Floreal, seguro que Palma.

                                     


    No es necesario que usen Perfumes Chanel, que vistan de gala, llevan un ramo De Rosas en el cuore milonguero. A una de ellas Laborde, recuerdo que era un Martel primaveral, en el Club Almagro. Yo acababa de bailar con una  que era Larroca de Durán, o así me pareció. Pero la otra,  milonguera de prima me habrá visto algo porque noté que me campaneaba de reojo. En la milonga no era normal Soler bailar las experimentadas con los que no tenían galones, como yo, por ejemplo. La había visto en un club de Flores y era divina en la pista, una reina en el Castillo milonguero y bailaba sólo con los grosos.

    Pero esa vez se me dio y te juro, no lo podía creer. Me miró fijo, me entró como un soponcio, yo era algo tímido pero pensé: "El que no Arrieta no gana". Entonces la cabeceé flojito, apenas,  y ella asintió con la cabeza. Salí con unos nervios bárbaros y el Ortega fruncido. Al abrazarla me sonrió, me pasó suavemente el brazo por la espalda, salimos a bailar y me sentí como los Reyes del mazo. Justo sonaba Di Sarli y puedo afirmar que hay pocas cosas que Vargas más la pena que vivir un momento de esos, para un milonga de poco recorrido. 

   Fue la noche que me recibí de Milonguero. Ella me guió, me susurró: “Bailás muy bien” y se me hinchó el pecho. En esa masa Coral yo estaba bailando con la mejor. Cuando terminamos, sonrió y me dijo: “Mañana voy al Morán...” . Me estaba poniendo chapa de milonguero. Como si me cayeran encima varios Valdez de tónico.

   Te juro que esa noche no pude dormir y estuve despierto hasta el Lucero del alba. Creo que ninguna Gómez de borrar me quitaría de la memoria aquella velada con Lamas linda y más grosa milonguera. No dejaba de pensar en esa tanda del Tuerto, en la milonga donde la volvería a encontrar mañana y en el salto que había pegado. Me acababa de diplomar, no era un Ray, pero ya las milongueras veteranas me sonreían.

    Esa noche me sentí GARDEL.