Translate

martes, 12 de mayo de 2026

Pugliese: "Tursky me avisó que salió un trabajo..."

 -"Como laburante de la música, andaba como pescado que buscaba a otro pescado para comérselo, andábamos de un lado a otro.La cosa vino hilvanada del siguiente modo: En los años 37 y 38 yo andaba sin trabajo, o haciendo trabajos sueltos.

Tocábamos en fiestas de casamiento o bautismo con mi hermano, o nos enganchábamos en laburos que duraban quince días o un mes. Organizábamos conjuntos de rejuntados por el momento.  Cosas así.

                                 

 Una vez iba caminando por Corrientes  a eso de las diez u once de la noche, cuando, al pasar por el Café Germinal, que estaba al lado de El Nacional, me encontré con Valentino, un muchacho que trabajaba de representante.

Nos saludamos y me preguntó si tenía trabajo. Le dije que no. Entonces me preguntó:        "¿No querés meterte en el Germinal?"                                                                                         -Lo que vos digas - le respondí.                                                                                                   -Andá a verlo entonces al gallego (que era el dueño)                                                                    Fui  y arreglamos el debut.

Al día siguiente comencé a hablar a gente para formar el conjunto.                                              De  bandoneones estaban Alfredo Calabró, un muchacho empleado en subterráneos cuyo nombre no recuerdo y otro que se llamaba Lamura. De violines el Flaco Rolando y dos o tres muchachos más. Todos eran gente que trabajaba de músicos, como yo, y nos juntamos. 

Actuamos poco. Luego caí preso y mientras yo estaba detenido, el Chino Tursky, que hacía gestiones para encontrar laburo, me avisa por medio de una carta, que había arreglado para actuar en El Nacional. Le había dicho al dueño que yo estaba veraneando en Devoto.            Y el dueño respondió: "Pues, si no sale, comienzan lo mismo sin él". 

 

                                 

 

Yo, desde la cárcel, le mandé decir al Chino, que aceptaba. Fue Tursky quien también se encargó de ver a algunos muchachos para organizar el conjunto. 

Salí de la cárcel cinco días antes del debut. comenzamos con la orquesta en agosto de 1939 y seguimos durante un año y pico.                                                                                                                                     

A partir de ahí empezaron las audiciones por radio y los bailes en los clubes...".. 

(Testimonio recogido por Arturo Marcos Lozza en el libro "Osvaldo Pugliese, al Colón".) 


 

jueves, 7 de mayo de 2026

SUR

 "-Desde la barranca de Boedo hacia el sur, se presentían Pompeya y Puente Alsina, con sus portones, sus chimeneas y sus inundaciones; y hacia el norte, el último pedazo de Almagro, escenario de José Betinotti, el pequeño muchacho que inventó, vaya a saberse cómo, la primera canción de Buenos Aires. Y al otro lado, Cochabamba arriba, las calles anchas y los árboles verdes y hasta retazos de alfalfares y quintas misteriosas.

Y por San Juan ganando al río, el San Cristóbal bravo lleno de mostradores y de escudos de comité y de canchas de taba y de pedanas a cuchillo. "Y a los cuatro rumbos casas sin salas y corredores profundos y huecos sembrados de vidrios y de latas y de hombres traídos por los mares y mujeres con pañuelos atados a la cabeza y muchachos argentinos que estaban fundando, sin saberlo, al hijo nuevo de la patria vieja. 

Y tal vez, este mismo cielo, esta misma mañana y la estrellas de siempre y el mismo calor de barrio y un amor parecido entre sus gentes sencillas. Boedo era algo así como un peso pesado que diera Puente Alsina para llegar al centro, como también el tránsito obligado de las gentes del centro cuando querían acercar su alma hasta el Riachuelo..." .

Así me hablaba un día de 1947 Homero Manzi, talentoso amigo y camarada. En esos momentos hilvanaba su mente las estrofas de un tango que se llamaría Sur, y en esas palabras le subía la génesis desde el corazón. No era un hijo de Buenos Aires el que con tanto fervor me hablaba de un barrio porteño. Homero Manzi (apócope de su apellido Manzione), había nacido en 1907 en Añatuya,  (Santiago del Estero).

                                 

 

Pero a la vida del espíritu en vuelo, de la emoción íntima, del numen poético, nació varios años después en Buenos Aires. Muchacho sensitivo avecindado al barrio de Nueva Pompeya y educado en las aulas del siempre bien recordado colegio de los Luppi. Seguidor adolescente de Don José González Castillo, prohombre de la barriada, Manzi afirmó la vocación literaria en su cenáculo.

Y un día, ya profesor normal, abandonó por ello la cátedra, como abandonaría después la carrera de Derecho cuando lo expulsaron de la Facultad por pertenecer a los rebeldes "estudiantes de alpargatas", que en 1930 desfilaban por la calle Florida para establecer distingos con otro tipo de calzado que gobernaba "de facto" el país.

Las letras de canciones populares y lis libretos de películas con verdadera calidad, le dieron renombre exitoso. Y por otro capricho de los suyos, cuando era positivamente "alguien" en el ambiente artístico  e intelectual, se dejó crecer la barba (modalidad desacreditada por por los que la usan para conseguir que hablen de ellos). Además, su gremialismo renovador lo llevó a los más altos cargos directivos de la Sociedad de Autores y Compositores, hasta presidirla.

                                            Tangos al bardo: SUR

A fines de 1947, Homero Manzi y Aníbal Troilo (dos "gordos" de físico, con lirismo etéreo) daban los retoques finales a su tango "Sur". Letrista y músico se comprendían en la recíproca palpitación del cariño y el arte. Su anterior composición -Barrio de tango- lo demostraba. Ya entonces Manzi sospechaba que estaba herido de muerte.

En una tarde del mes de julio de ese año, cuando sepultábamos en la Chacarita al Negro Cele, el de Mano a mano, que nos tocó despedir a Manzi y a mí con sendas oraciones, en nombre de amigos y colegas de la canción popular, él me confió en un aparte que había dicho su discurso sobreponiéndose angustiosamente a un terrible dolor interno que venía a unirse con otros anteriores síntomas horribles.

Era el anuncio de un mal que no perdona. Nuestras sospechas tuvieron desgraciado aserto. Simulábamos ante él un franco optimismo en su recuperación, pero, ¿cómo podía engañarse él con su carne dolorida, sumida al tremendo arsenal médico que lo rodeaba? En ese estado de ánimo escribió "Sur". Añorando la lozana mocedad en su barriada de adopción. Partiendo de:                                                                     

                                             San Juan y Boedo antiguo, y todo el cielo                                                                                     Pompeya, y más allá la inundación..

Caminando en un sueño de retorno, hacia el arrabal que amó..                                                                                                Sur, paredón y después... Sur, una luz de almacén...

Despidiéndose del tiempo florido del idilio:                                                                                                                                Ya nunca alumbraré con las estrellas                                                                                            nuestra marcha sin querellas por las noches de Pompeya...

Más aún. despidiéndose de la vida definitivamente...                                                                                  Las calles y la lunas suburbanas y mi amor y tu ventana, todo ha muerto; ya lo sé.

En los días del Carnaval de 1948 visité a Manzi en el sanatorio donde acababa de ser operado. Le hablé del estreno afortunado de su tango. Él, hundido en el lecho, me sonreía agradecido entre las hebras de su barba, y sus ojos me decían que le gustaba más volver a la vida empujado por esas coplas de Sur que por el filoso expediente del cirujano.

Salió mucho después de aquel sanatorio, cargando la sentencia  ineluctable. Vivió tres años más, dos de ellos cayendo y levantándose, hasta el último resto de su dinamismo heroico; postrado el último. No había cumplido cuarenta y cuatro de edad cuando la muerte le quebró la ambición de hacer montones de cosas que estaban bullentes en su pensamiento...     

Para revancha de sus manes, diré que no fue una muerte sin remedio, porque él se ha salvado del olvido".

FRANCISCO GARCÍA JIMÉNEZ  ("Así nacieron los tangos")  

-Escuchamos la interpretación maravillosa de este tango magistral, único, lleno de simbolismo para los que que transitamos por el sur de Buenos Aires, caminando Parque Patricios, Barracas, Pompeya...  Aníbal Troilo y Edmundo Rivero, en la primera grabación de Pichuco (luego lo repetiría con Goyeneche), realizado el 23 de febrero de 1948.-    
 

                                 


 

             

                                                                           

martes, 5 de mayo de 2026

Pasional

Este tango hizo furor en los años cincuenta, con la interpretación de Alberto Morán en la orquesta de Osvaldo Pugliese. Las mujeres, sobre todo, dejaban de bailar y corrían hacia el escenario, donde El Flaco se desgarraba cantando estos versos de Mario Soto que musicalizaría Jorge Caldara, cuando ambos militaban en la orquesta de Don Osvaldo. 

Morán había comenzado a dramatizar todos los temas y se especializó en los desencuentros del amor. Sus fans le gritaban emocionados: "¡Caruso!...¡Caruso!...  Él se aferraba al micrófono con sus dos manos, cerraba los ojos, parecía incluso que estaba llorando y creaba un clima increíble. Muchas parejas suspendían el baile y las mujeres se sobreexcitaban al máximo.También los hinchas del Flaco.                                                                  

                                                                                                                                                        Pasional, sobre todo, fue un tema especial por el argumento tan especial del amor imperioso, de la ansiedad que imprime en la pareja, o en uno de los integrantes de la misma. Como es el caso del personaje de este tango, que Alberto Morán lo asumía como propio en la interpretación calibrada, enganchadora, que tanto rédito le daba. Me parece estar viéndolo cuando arrancaba con estos versos. 

No sabrás, nunca sabrás
lo que es morir mil veces de ansiedad.
No podrás, nunca entender
lo que es amar y enloquecer.
Tus labios que queman,
tus besos que embriagan
y que torturan mi razón.                                                                                                                  Sed, que me hace arder
y que me enciende el pecho de pasión.
Estás clavada en mí, te siento en el latir
abrasador de mis sienes.
Te adoro cuando estás y te amo mucho más
cuando estás lejos de mí. 

Tangos al bardo: Mario Soto

Mario Soto, el autor de los versos, era en esa época el presentador de la orquesta de  Pugliese, y también representante de la misma, como había sido antes con la de Ángel D'Agostino.  Es el que está a la derecha de Pugliese cuando éste firma un contrato de actuación en radio Splendid.                                                                                                          Y disfrutaba mucho con la interpretación de Alberto Morán que atrapaba a las parejas milongueras en una atmósfera emocional tan única y especial. 

Así te quiero dulce vida de mi vida.                                                                                              Así te quiero sólo mía siempre mía.                                                                                          Tengo miedo de perderte,                                                                                                            de pensar que no he de verte.                                                                                                  ¿Por qué esa duda brutalPor qué me habré de sangrarsi en cada besote siento desmayar?

Sin embargo me atormentoporque en la sangre te llevo.Y a cada instante, febril y amantequiero tus labios besar.                                                                                                                  Tus manos desatan, caricias que me atana tus encantos de mujer.Sé, que nunca más, podréarrancar del pecho este querer.

Te quiero siempre así, estás clavada en mícomo un puñal en las carnes.Y ardiente y pasional, temblando de ansiedadquiero en tus brazos morir.
 
Y en el final de los versos, el Flaco conmocionaba a todos y los envolvía en el ungüento amoroso de la historia que reflejaba el tango. Lo curioso fue cuando tiempo más tarde, Mario Soto reveló la realidad, la verdadera historia del hombre que sufre por una mina que lo enloquece...
 
-Nada que ver - contaba- porque yo me inspiré para componer este tango en dos hermanitas chiquititas y feúchas que asistían a todos los bailes de Pugliese en la zona sur, por clubes de Quilmes, Sarandí y Villa Domínico. 
Eran tímidas, insignificantes y planchaban toda la noche. Sentí algo así como compasión y recreé en silencio el tema basado en esas dos ratitas transformadas en una mina terrible".. 
 
(En 1952, Mario Soto se retiró porque lo operaron de un pulmón. Se fue a España y allí estaría 18 años viviendo en Madrid y Barcelona, dedicado a la radio y el cine. Regresaría a su casa de La Plata, y allí fallecería ).
 
-Pugliese con su orquesta y Alberto Morán, grabó este tango en 1951 y 1952.                          Escuchamos la segunda versión del 24 de noviembre del 52. 
 
                             

  

  

 

domingo, 3 de mayo de 2026

Milonguereando


 

                                                Te juro: se me piantaron los cables

                                          Cuando ocurrió algo inefable

                                          Que en la milonga principia.

                                          Un tangazo, serendipia

                                          convocándolo al charol

                                          Y un conato de arrebol:

                                          En mi lunga iridiscencia

                                          Sufrí cierta limerencia

                                          Y me atacó la elocuencia

                                          Al invitarla a bailar.

                                          La música del estéreo

                                          Nos llevó hacia lo etéreo.

                                          Parecía inmarcesible

                                          Y vivimos lo indecible

                                          Con el melifluo sonido,

                                          Serendipia que ha unido

                                          En una efímera tanda

                                          A un chabón y a la miranda

                                          Qué gotán… ¡Flor de zaranda!

 
                                                                    José María Otero