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jueves, 31 de marzo de 2022

La música milonguera

    Anoche estaba conversando de temas milongueros con un amigo argentino que recorre las pistas madrileñas y surgió el tema de la música que alienta el alma de los bailarines de ambos sexos. En ese sentido, a mí me llama la atención que algunos asistentes a Bien Milonga me digan que la música que pasamos es muy buena. 

   Y lo digo seriamente porque cuesta mucho, muchísimo entender que puedan pinchar una música que no sea milonguera, es decir la que siempre nos acompañó desde jovencitos en las pistas porteñas. Era imposible equivocarse. Ningún musicalizador de la belle époque del tango se dedicaba a descubrir orquestas o discos poco conocidos. Los dueños de la milonga lo sacarían carpiendo de su puesto. Y esa misma música es la que nos sigue iluminando y motivando ochenta/noventa años más tarde.

   En la conversa, al voleo, estábamos comentando el repertorio de las orquestas más populares. Y en el mismo siempre están firmes dos grandes del tango, dos creadores que dejaron su huella para la posteridad y para los futuros compositores: Eduardo Arolas y Agustín Bardi. Da lo mismo el ritmo febril, pausado o muy marcado de cada formación. Bardi y Arolas se adaptan a todas las orquestas típicas. Y como símbolo, en 1938, Troilo dejó un solo disco de 78 rpm en la Odeón, de un lado Comme il faut de Arolas y del otro Tinta verde, de Bardi.

                            

Club 1º de Febrero- Morón - Baile con la orquesta de D'Arienzo. Año 1938.

   Tomo una orquesta al voleo: Ricardo Tanturi. No puede faltar nunca en una noche milonguera. Porque las orquestas de su tiempo se preocupaban por brindar su música a los bailarines. El propio Tanturi compuso temas que grabó con su orquesta. Para el lucimiento de Alberto Castillo o Enrique Campos firmó temas como La vida es corta, Mozo guapo, Pocas palabras, Ese sos vos, Sollozo de bandoneón, Quién canta mejor que yo, con distintos poetas.

   En su orquesta militaron músicos que permanecieron muchos años en la misma y eso ayudó a fortalecer el esquema. Algunos de ellos como el violinista, Vicente Salerno, por ejemplo, también aportó páginas de pegada como La serenata, Qué podrán decir, El corazón me decía, Qué bien te queda y Anselmo Laguna. O el bandoneonista Vicente Salerno que también se lució con sus temas: Mi romance, El tango es el tango, Al pasar, Igual que un bandoneón, Cuatro recuerdos, Desde lejos.

   Tomo esto como símbolo. Lo mismo podría haber dicho de Ángel D'Agostino que selló su alianza con Ángel Vargas como si fueran una sociedad. Prácticamente toda su producción discográfica se basa en el dúo. Muy pocos instrumentales, para bailar necesitamos a la yunta. Y ojo, que D'Agostino tocó con leyendas como  Pacho. Y bailaba de pibe. Por eso cuidó siempre el ritmo de la orquesta, buscando que los temas de su repertorio tuvieran ritmo milonguero. 

                                      

                                 Ricardo Tanturi con sus músicos y Alberto Castillo

   Músicos de su orquesta como el bandoneonista-arreglador Alfredo Attadía, por ejemplo, aportaron temas importantes: Compadreando, El yacaré, El cocherito. Y en sociedad con D'Agostino: Entre copa y copa, Hay que vivirla compadre, Todo terminó, Y te dejé partir, Cantando olvidaré y esa maravillosa página que no puede faltar en una milonga: Tres esquinas, donde dibujó las variaciones que acompañan el recitado de Angelito Vargas. El cantor que dejó 94 temas grabados con la orquesta en seis años.

   Los violinistas que pasaron por su orquesta también contribuyeron con temas  importante. Benjamín Holgado Barrio aportó Solo compasión y No creas. Por su parte Mario Perini lo hizo con Porque me siento feliz y Pinta blanca, además del arreglo de El espejo de tus ojos. Y el bandoneonista Eduardo del Piano aportó sus tangos: De corte Criollo, Con sabor a tango y Esta noche en Buenos Aires (con D'Agostino).

   Obviamente las cuatros grandes orquestas son las que reinan en todas las milongas. Las primordiales: D'Arienzo, Pugliese, Troilo, Di Sarli, sin orden de preferencia, salvo en el final, que siempre termino con D'Arienzo porque te da el toque decisivo en el cuore y en las fibras. He puesto los dos ejemplos más arriba porque sintetizan lo que fue el tango en sus años de gloria. Los sábados había veladas en todos los barrios y rotaban las orquestas por los clubes arrastrando a infinidad de milongueros/as. Caló, Demare, Basso, Fresedo, Laurenz, Donato, Canaro, De Angelis, Francini-Pontier, Biagi y otras, cada una con su estilo,  estaban en el candelero, tanta era la prevalencia del tango.

                                 

   Es lo que debemos tener en cuenta cuando pasamos música en una milonga. Julián Plaza, músico que tocó en varias orquestas y concibió temas maravillosos, estuvo también en la de Di Sarli. Recordaba que, cuando militaba en su orquesta, el maestro les pedía a sus músicos un matiz  que de tan simple parecía complicado, al menos para los bandoneonistas que tenían influencias de Troilo o Piazzolla. Agregaba:

-Cuando en 1956 me convertí en intérprete de su orquesta, me di cuenta de que lo que parecía sencillo era difícil de interpretar. Con Troilo y Piazzolla había que tocar fuerte. Con Di Sarli, livianito. Íbamos a clubes que tenían pistas abiertas, como Comunicaciones, por ejemplo, y nos exigía que tocáramos livianito, como si estuviéramos en el estudio de la radio. El efecto de Di Sarli era lo que caracterizaba su estilo. Tocaba el tango como lo había hecho el autor, matizándolo un poquito. Los ligados, el stacatto y el matiz definían el estilo sobre la base pianística que ponía el propio director. Hoy eso no lo hace nadie. 

   El gran analista historiador del tango: Luis Adolfo Sierra, aunque no haya sido admirador de D'Arienzo, supo, sin embargo analizar su éxito: 

-La resurrección bailable del tango tuvo su protagonista en un nombre que creó una modalidad interpretativa que perdura como una característica de un estilo. Juan D'Arienzo, violinista iniciado en 1919, compartió conjuntos de tango, Ya iniciado como director, imprimió a su orquesta una peculiar forma de ejecución orientada  a atraer el interés de los bailarines. Sus proposiciones fueron esencialmente adecuadas para la danza. Una rígida marcación, tajante y acelerada, sin tregua en el permanente contraste de stacattos y silencios, destacando acentuadamente  en la mano derecha el tema de la melodía o algún contracanto sobre la misma.

  Las melenas de Ruggiero, Caldara, Gilardi y Castagniaro desparramadas sobre sus bandoneones en alarde compadre, encadenando fraseos hermosísimos, con el contracanto de los violines y la plástica rítmica de Alcides Rossi en el contrabajo, mientras el flaquito miope  empujaba  e hilvanaba todos los hilos de la compleja estructura desde el puente de mando de su piano, subliman una escena inolvidable para todos aquellos que tuvimos la suerte de vivirla. Nos siguen impactando esos sobrecogedores adagios que Pugliese embellece con un tocar íntimo, esos silencios intencionadamente hermosos. (De mi libro ABC del tango)

                                      


   Los 71 primeros registros que nos dejó Aníbal Troilo son una reliquia maravillosa para los bailarines. Ese pianista genial que fue Orlando Goñi y Pichuco con su talento, más el decir inimitable de Fiorentino con su estilo de canzonetta, convirtieron a la orquesta en una joya para escuchar y bailar. Goñi con sus síncopas y el Gordo estableciendo con él contrapuntos y contra ritmos que aún hoy estremecen y nos llevan en andas por la pista. Luego Troilo fue evolucionando y era un placer enorme escuchar sus temas, aunque ya no tendría aquel ritmo bailable con Goñi al piano, que se nos fue tempranamente.

   Creo que la cosa está muy clara. Seleccionar música para una milonga es tarea sencilla para alguien que haya mamado el tango milonguero. Y ojo, que yo bailé en varios lugares con distintas orquestas de menor nivel, en los años cincuenta y se milongueaba con gusto. Pero era una época especial, sobre todo por todo lo que representaba el tango en la sociedad porteña, y por la juventud que se adapta a lo que venga. Hoy lo tenemos todo servido en bandeja, afortunadamente, para nuestras ansias milongueras, en una discografía inmortal. El que "descubre" cosas nuevas para pinchar en la milonga es porque le faltan ese poso y el afán de aprender... 

    Está todo descubierto hace tantos años...

  

martes, 29 de marzo de 2022

Bien Milonga

                                               Buena como nadie, linda como el sol
                                               reinaba por su pinta en el salón,
                                               bailando un tango nació nuestro romance
                                               mientras la orquesta tocaba estos compases.

   Esos mismos compases que nos siguen empujando e iluminando en la milonga. Esas orquestas inolvidables que nos dejaron una ristra de temas grabados  que son oro en polvo para los bailarines. Como los que pasaremos esta noche en BIEN MILONGA  para disfrutarlos una vez más, en la pista entrañable de la madrileña CASA de ARAGÓN (Pza. República Argentina Nº 6)
 
                           
     Una vueltita por pistas diversas, lejanas, nos sirven como elemento motivador para esta noche. Así vemos estilos, lugares, entusiasmo y todo lo que conlleva una exhibición en rincones milongueros.

   Por ejemplo, nos vamos al porteño Salón Canning Parakultural, y allí la pareja norteamericana que integran Natasha Lewinger y Haris Mihai, se mandan con el tango El olivo, por la orquesta de Juan D'Arienzo cantando Héctor Mauré.
                             

   Les devolvemos la pelota y ahora son Sebastián Jiménez y María Inés Bogado, los que se plantan en el  Allegro Ballroom Milonga, Emeryville, de California (U.S.A.), y bailan el vals Viejo portón, por la orquesta de Rodolfo Biagi, cantando Teófilo Ibáñez.

                                           

   Volvemos al pago del gotán y nos instalamos en un clásico: La baldosa. Allí donde Carlitos Espinoza y Noelia Hurtado se lucen bailando la Milonga del recuerdo, por la orquesta de D'Arienzo, cantando Alberto Echagüe.
                                           

   Y aterrizamos en Madrid para disfrutar esta noche en BIEN MILONGA. ¿Te la perdés?

jueves, 24 de marzo de 2022

Carlos Rivarola

    El Martes pasado estuvimos muy afortunados por tener en BIEN MILONGA a un invitado especial. Un gran personaje del tango, que junto a su pareja ha sabido representarlo en pistas y escenarios de numerosos países del mundo, dejando siempre la marca registrada de sus capacidades y sentimientos, y ese amor por el género que los abrazó de jovencitos. Me refiero a Carlos Rivarola.

   Nuestra amiga Anabel lo acompañó esa noche para estar con nosotros y fue realmente un placer contar con un referente del tango bailado, que durante tantos años ha ido sembrando la huella de su talento, incluso en su rol de coreógrafo por el cual estuvo nominado para los premios Tony. Venía de Rusia, Irlanda, Italia, y debía volver a Rusia, pero la guerra cambió sus planes y aterrizó en Madrid. Estuve charlando un buen rato con él y recordando algunas fases de su vida artística.

                           


   Siempre sostendrá que el tango es Argentina, porque en el mundo entero cuando reconocen a un argentino, lo primero que les viene a la cabeza es: "Tango", como símbolo del país. Y él lo considera también así, en reconocimiento no sólo a los maestros y bailarines que le transmitieron sus conocimientos, sino incluso a los músicos, poetas, cantores que estamparon su marca en tantísimos temas y sus sucesores que están hoy representándolo. Es una cadena constante que lo retransmite al presente y al futuro.

   Este muchachote del porteño barrio de Villa Ballester vio despertar tempranamente su metejón con la danza. Algo familiar le quedó en el alma viendo bailar un tango a su madre con un abuelo suyo en una fiesta familiar. Y se inició en el folklore a los 8 años. Siempre recalca la importancia de los maestros y los suyos fueron Ana María Pérez, la primera, Mario Bustos que le recomendó estudiar para llegar a ser profesional y Alfredo Gurquel el maestro de ballet que lo inició en la danza y le hizo ver el sacrificio que  hacen los grandes bailarines de las danzas clásica y moderna.

   Se le abrieron tempranamente las puertas del tango que había penetrado en su alma de bailarín y cuando apenas tenía los 15 años debutó profesionalmente en el Teatro Auditórium de Mar del Plata, en un show que tenía como primeras figuras nada menos que a Hugo del Carril y Mariano Mores. Ese aldabonazo que sacudió su alma, le impregnó un poso milonguero que ya nunca lo abandonaría y burila su maestría en la materia.

   Sus veinte abriles lo muestran en programas varios de televisión, en cabarets céntricos, y compartiendo escenarios con Virulazo y Elvira, Juan Carlos Copes-María Nieves, y él apareado con Beba Bidart como compañera en teatro y televisión. En esa época conocerá en el King Club, a María del Carmen Rodríguez una hermosa bailarina, con la que formará pareja definitivamente, e incluso se casarán. 

                                

   En 1975, viajan con Nélida y Nelson, formando parte de un espectáculo que recorre varios países, como Perú, Colombia, Venezuela y que les marca el rumbo que tomarán sus vidas. Son figuras del programa de Bergara Leuman en televisión: La Botica del Tango, y en 1983, son convocados por Claudio Segovia y Héctor Orezzoli para un espectáculo que hará revivir el tango en Argentina y el mundo: Tango argentino. Primero París y luego Estados Unidos, serán escenario de aquel prodigioso espectáculo coreográfico-musical.

    El cine también les abre sus puertas y Carlos es bailarín y coreógrafo en Tango bar (1989) de Marcos Zurinaga, Naked Tango (1991) de Leonard Schrader y Tango de Carlos Saura. Por este último trabajo, Carlos  recibiría el Premio Nacional de Coreografía por parte de la Academia de Danza Cinematográfica de Estados Unidos.            

    Los espera Japón donde Carlos y María estarán bastante tiempo​, desde que en 1996, viajaron allí para dirigir Los Grandes del Tango Argentino, un espectáculo en el que estaban Copes-María Nieves, Nélida y Nelson, Mayoral y Elsa María, Carlos e Inés Bórquez y la orquesta Color Tango. Allí fundarían varias academias y clubes de tango en diversas ciudades niponas y volverían una y otra vez reclamados por los aficionados japoneses. 

                              

Las parejas de bailarines del espectáculo Tango Argentino

   Carlos sería primer bailarín, junto a Eleonora Cassano en la compañía Tangokinesis, dirigido por Ana María Stekelman, en 1998. Entre los muchos objetivos logrados con María y otros bailarines,  hay que recordar la creación Asociación de Maestros, Bailarines y Coreógrafos de Tango Argentino, en cuya organización Carlos ha sido Presidente, buscando defender los intereses profesionales de los bailarines de tango.

   Y vale la pena escuchar las palabras de Carlos Rivarola sobre el baile del tango:

   -Viviendo en las tierras que vieron nacer esta música y esta danza y, habiéndose logrado que se distinguiera al tango como “patrimonio intangible de la humanidad”; viendo el interés que causa en el mundo, teniendo en cuenta que montones de extranjeros llegan a nuestro país para conocerlo en todas sus formas, quedan inmersos en la neblina muchos temas dando lugar a profundos interrogantes.

Si se pretende que el tango no muera y sea cada vez más acreditado, a quienes realmente habría que cuidar, es a esos artistas que lo llevan en sus mochilas hasta los lugares más recónditos del planeta. A quienes lo cantan, a quienes lo enseñan y lo bailan profesionalmente, a quienes transmiten conocimientos o lo bañan en poesía, a quienes nos deleitan con compases inolvidables, a quienes en definitiva, son los embajadores del tango en el mundo.

    Podemos ver a Los Rivarola bailando en este espectáculo que se desarrolla en el Obelisco.

 

  Y, ¿por qué no? la del martes pasando en Bien Milonga, improvisando con Anabel el tango  La cachila, por la orquesta de Osvaldo Pugliese.

                                           


martes, 22 de marzo de 2022

Bien Milonga

                                                           Así se corta el césped
                                                           mientras dibujo el ocho
                                                           para estas filigranas
                                                           yo soy como un pintor.

    A dibujar filigranas siguiendo la música, es lo que hacen las parejas todos los Martes del año en BIEN MILONGA. La convidante pista de la madrileña CASA de ARAGÓN está preparada para que podamos disfrutar toda la velada, bailando esas grabaciones invencibles que alimentan nuestra pasión milonguera.

                                   

  De paso cañazo nos mandamos la tournée milonguera de los martes tempranamente para ir preparando el espiche de los cuerpos danzantes que nos reunimos esta nochecita bailable desde las 21 a las 0 horas.

Por ejemplo, nos vamos hasta el TIC TAC Tango Festival, en la hermosa ciudad de Ginebra (Suiza), donde la pareja Sigrid Van Tibeurgh-Braulio Marcos, bailan El Tigre Millán por D'Arienzo-Echagüe.


El siguiente acto es en el Bruselas Tango Festival. Y en este caso son Murat Erdemsel y Noelia Hurtado los que improvisan con el valsecito Lirio blanco, por la orquesta de Canaro cantando Ernesto Famá.


Y mi desplazo al Salón Canning de Buenos Aires para ver a un veterano milonguero, Toto Faraldo, bailando con Pamela Mármol  la milonga Clavel por la orquesta de D'Arienzo, cantando Echagüe.


Después de este calentamiento visual, nos toca a nosotros movernos en BIEN MILONGA

                                            

jueves, 17 de marzo de 2022

Alberto Soifer

   A veces nos da por pensar en nuestras historias personales. Cuántos argentinos y sudamericanos somos descendientes de europeos que huyeron de sus cruentas guerras entre 1914/1918 y 1939/45, además de las dictaduras que se establecieron en países como Alemania, Italia, España y otros lugares de Europa. Y una vez más vemos hoy como esas contiendas militares provocan muertes a granel, destrucción de ciudades y la diáspora de sus habitantes. 

   Precisamente, una familia ucraniana comandada por José Soifer, con dos hijos, huyó de Oyanka (pueblo cerca de Odessa) y viajó a la Argentina para instalarse en el pueblo bonaerense de Coronel Suárez, a unos 600 kilómetros de la capital, por ruta. El 80 por ciento de sus habitantes se dedicaban a la agricultura y la ganadería.

Alberto Soifer
                                      

   Numerosos inmigrantes alemanes se instalaron en dicha población y también una colonia judía con su correspondiente sinagoga. Don José se sintió a gusto en la pampa criolla y continuó ejerciendo su trabajo habitual de vendedor de frutas, herramientas para trabajar el campo y también compró algunos animales y aves de corral, fortaleciendo el respaldo económico, a la vez que llegaron nuevos hijos. Entrevió nuevas oportunidades, vendió sus productos y se mudó con la familia a la Capital

   Uno  de sus siete hijos fue Abraham Moisés, nacido en 1907, que con los años  adoptaría el nombre artístico de Alberto Soifer. Siguiendo los consejos paternos y el ejemplo de dos hermanos suyos que se dedicaban a la música, estudió en el Instituto Santa Cecilia, recibiéndose de profesor y con una medalla de oro como premio a sus capacidades. . 

   Y cuando empezó a tocar algunos tangos como pasatiempo, le agarró el gusto por el género, haciéndose notar tempranamente, al debutar en la orquesta de Juan Maglio Pacho, el legendario bandoneonista que arrastraba a sus hinchas en el Café Nacional de la calle Corrientes. Alberto Soifer tenía apenas 15 años y ya formaba en un conjunto de campanillas,  viviendo la fiesta en sí misma y marcando rumbos en su promisoria carrera.

La orquesta de Soifer, con Ahumada, José Basso, Quiroga y otros
                            

   Pasó por diferentes orquestas, reemplazando a Riccardi, por enfermedad,  en la de Francisco Canaro, estuvo con Fortunato Matino, con Fresedo  y en 1929, ya con una experiencia temprana, forma en el sexteto de Carlos Marcucci, que era muy celebrado y lo integraban; el propio Marcucci y Salvador Grupillo en bandoneón, Violines: Mauricio Saiovich y Luis Gutiérrez del Barrio, Contrabajo: Adolfo Krauss y Soifer al piano. 

   Tenía apenas 22 años, pero ya mostraba incluso sus capacidades de organizador y administrador, algo que no estaba al alcance de Marcucci, por lo cual, era quien controlaba ingresos y gastos. En sus primeras composiciones, estuvo un foxtrot: Suavemente, que logró gran popularidad, y a él no le causaba gracia porque lo hizo a pedido de un amigo -Hugo Zamora, autor de la letra- y él pensaba que era un tema frívolo. (Lo grabó incluso Enrique Rodríguez).

    Otro mojón muy importante de su carrera lo gestó sin saberlo Fernando Ochoa cuando les presentó a Luis Bayón Herrera y Manuel Romero. Con estos dos directores cinematográficos se introduciría en la industria del cine musicalizando todas las películas de ambos,  durante más de veinte años. También lo haría en los Teatros de revistas y sería director-organizador de Radio Belgrano. Entre los temas que creó para el cine figura "La muchachada de a bordo", que compuso para el filme del mismo nombre dirigido por Manuel Romero. Este tema se convertiría en la Marcha Oficial de la Armada Nacional.

                                    

Componiendo con Horacio Ferrer

   Formaría su orquesta propia en 1941 y llevaría de cantor a Roberto Quiroga, a quien descubrió en una tienda canturreando bajito mientras atendía a los clientes. Cuando se crea la famosa audición de radio El Mundo: "Ronda de ases", que se transmitía desde el Teatro Casino, con la actuación de las grandes orquestas, la de Soifer fue contratada para amenizar los entreactos. Incluso grabó para la RCA Victor algunos temas, pero lamentablemente fueron muy pocos. 

   Viajaría a España con su mujer y dos hijas atraído por unos contactos y aunque pensaba regresar a los pocos meses, permanecería allí nada menos que veintitrés años, trabajando en la cinematografía española y destacando por sus innumerables capacidades. Al regreso compondría con Cátulo Castillo los diez temas de la obra "Los inquilinos de la noche" y con Horacio Ferrer los de  "La ciudad de los reos". Fue directivo de SADAIC, recibió varios premios y dirigió una gran orquesta sinfónica con arreglos de Bernardo Stalman.

   En esa celebrada fertilidad del artista sin sosiego, tuvo tiempo para crear temas exitosos como: Milonga criolla, Negrito, Estrellita mía, Milongón porteño, Noches de Buenos Aires, Alondras, La Ribera, Queja de amor, La Ciudad  de los reos, Serenata a un peregrino, El zorzal, El caballo del pueblo, Mi paraguayita y otros. 

   Falleció en 1997 y hoy podemos escuchar a Soifer y su orquesta, cantando Roberto Quiroga en este tema suyo: Alondras, con versos de José María Contursi, que grabó en ritmo de tango y de vals, en 1942. En este caso, en tiempo de valsecito.

                             


   

martes, 15 de marzo de 2022

Bien milonga

                                                  Qué gusto da seguir ese compás
                                                  más hondo, mucho más
                                                  y tan amigo.
                                                  Vamos morocha a bailar
                                                  que el salón encendido
                                                  nos espera ya.
                                                         
                          
    Sí, el salón de la madrileña CASA de ARAGÓN está encendido a media luz, listo para que pasemos una hermosa velada desde las 21 a las 0 horas, con ese compás inagotable de aquellas geniales orquestas de los años 40/50, que nos dejaron un legado maravilloso para disfrutarlo milongueando.
 
                               


   Y, como de costumbre, para ir calentando la máquina, hacemos un giro por esas pistas donde el Tango ha sacado carta de local. Por ejemplo, en ésta de Francia, para ver cómo Ricardo Calvo y Sandra Messina, se mandan con el tango Argañaraz, por la típica de Héctor Varela.
                                        

   Un salto hasta San Mateo, en California (EEUU), y allí en Milonga sentimental están Noelia Hurtado y Carlitos Espinoza, bailando el valsecito Cuatro palabras, interpretado por Juan D'Arienzo, su orquesta y Héctor Mauré.
                                          

   Ahora nos instalamos en el Festival Internacional Tango Congreso, que se desarrolla en Bari (Italia). Y allí son Sebastián Arce y Mariana Montes, lo que se lucen milongueando Con flauta y guitarra. Desde el disco: Héctor Varela, con su orquesta y sus cantores Armando Laborde y Rodolfo Lesica.

 
   Seguro que ya te subió la bilirrubina y estás campaneando el reloj para esta nochecita...                                         

domingo, 13 de marzo de 2022

Improvisación

                                                                          “Tú conoces el secreto de los tangos
                                                                            y es por eso que los bailas como nadie
”.
                                                                                                        Horacio Sanguinetti


   Es la decisiva mecánica de la danza del tango que la diferencia de las otras danzas populares del mundo. Porque, mientras éstas se basan en planteamientos rígidos, el tango lo hace en la libertad absoluta para crear movimientos de pareja impredecibles, aún cuando sus pilares sigan siendo los mismos: la salida, el ocho, la caminata. 

   Para poder improvisar es fundamental el estado emocional contagiante entre los integrantes de la dupla, pero también el dominio de la técnica. Porque hay que hacerlo sobre la base de sustentación idónea, manejando los ejes en armonía y dándole alas a la inspiración. Decía Molière que “la improvisación es la verdadera piedra de toque del ingenio”, y aunque no se refiera expresamente al baile, podemos usar su frase con toda naturalidad porque concuerda con la realidad que afrontamos en la pista. 

                                    


    El coreógrafo venezolano Rommel Nieves, aunque tampoco incursione en el tango expresa su búsqueda sobre la base de la misma herramienta que sustenta nuestro baile. “Han sido 10 años de arduo trabajo alrededor de la improvisación como técnica, herramienta, alfa y omega de una búsqueda ética y estética. Desde que descubrí la improvisación es mi foco, me siento cómodo, me identifico como persona, es mi identidad. Es un camino abierto para descubrir mi fisicalidad". 

   Y entrando de lleno en los meandros del baile de tango, la frase de los Dinzel (Gloria y Rodolfo) es definitiva al respecto: “Podemos decir entonces que el tango es la disciplina de concretar los diseños necesarios para que esta insospechada danza aparezca soberbia desde la nada y hacia la nada”. 

   Obviamente, esta reflexión está muy lejos de poder interpretarse como una forma anárquica de los modos y reglas naturales que lo han formateado. Simplemente nos dice que podemos hacer imprevisible lo previsible si estamos anímica y técnicamente preparados para realizar la improvisación coreográfica en la pista, respetando el entorno y exhortados por la música. O sea, actuando en consonancia con ella. 

   Podemos entrar en trance extático o desplegar un repertorio sin fin de fantasías, alumbrados por fugaces chispas de inspiración. Extenuada o extinguida la inspiración, queda el amaneramiento y el exhibicionismo de la técnica. La improvisación obedece a la precisa digestión de la experiencia y a saber modular la intensidad de los detalles. 

   Y es muy cierto que, en esta faceta se aprecia especialmente la visibilidad del talento femenino, como coadjutora en la creación de las diferentes figuras, pausas y eje de equilibrio para la propulsión. Porque se adapta como un guante de seda al espíritu creativo del masculino, manteniendo entrambos el pulso de la actuación. 

                                             


   Entonces podríamos decir que la improvisación de la pareja en el tango, es como un vehículo movido por el deseo, cuyo motor son los sueños. Y el espacio se comba. La diferencia con una coreografía predeterminada, es que ésta se arma para componer bailes. Cada paso está marcado en la misma y si lo bailan durante cien días, saldrá siempre lo mismo. Son secuencias preestablecidas, mientras que en el Tango de pista, la mujer “escucha” las sugerencias del hombre y las interpreta y expresa. 

   Y del diálogo en común surgen el placer, la libertad y la belleza del resultado espontáneo. Siempre debería recordarse que, si a la técnica no se le suma cierta sensibilidad, el resultado final no será satisfactorio. La riqueza expresiva se revela incluso en las cadencias. La espera metafísica. En esos momentos intensos y seminales, ahondándonos en seguros laberintos. Cuando encontramos algo que vibra en esa música y permea el alma. Aníbal Troilo decía que cuando le ponía música a unos versos, “me gusta masticar la letra, ir envolviéndola en música”.

   Y eso, metafóricamente es lo que manda la improvisación del bailarín, ir envolviendo la música en su cuerpo y así desarrollar su danza, abrazado a su pareja, que debe sentir ese soplo del espíritu creador, para, a su vez volar con la imaginación hacia el paraíso de la libertad. Como muy bien sostenía Juan Carlos Copes, el tango es una danza libre donde manda la improvisación.

   Y los integrantes de la pareja, inmovilizados en esas dos notas finales: Chán chán

(De mi libro "Perfiles milongueros")

viernes, 11 de marzo de 2022

A mis manos

    No se trata de una de esas milongas que nos arrastran a la pista con su polenta canyenguera, pero vale la pena traerla a la página porque es una obra que vale la pena recordar y campanear, por su calidad. Tanto los versos del poeta Julio Camilloni como la música de Alfredo Gobbi, obran en favor de una página que tuvo su momento de difusión y que tuve la suerte de escuchar en vivo varias veces por la orquesta de su autor. 

   En anteriores páginas he comentado la especie de amistad que tuve con Camilloni, a quien tantas noches encontraba en el café que estaba frente a radio El Mundo. Teníamos un amigo común que fabricaba artículos de talabartería y el poeta se dedicaba precisamente a vender ese tipo de productos, y, entre ellos, los de mi amigo, que fue quien me lo presentó.

                                    

Julio Camilloni

   A partir de allí, muchas veces me invitó a su mesa a compartir un café o una bebida, mientras aguardaba que salieran los músicos de Gobbi, de la radio. Y yo que era un muchachito,  lo fui conociendo cada vez más y me agradaba muchísimo su cordialidad y su humildad, aunque en aquellos momentos sus hermosas páginas le iban creando a diario más popularidad.

   Previamente a esta milonga, Gobbi ya había llevado al disco dos páginas suyas:  Estás en mi corazón (música de Antonio Blanco) y Tu angustia y mi dolor (con Gobbi como compositor). Blanco, segundo violín durante años de Gobbi, había establecido gran societad con Camilloni y entre ambos seguirían creando temas de mucho calado.

   En el caso de A mis manos, fue el propio Gobbi quien le pidió el tema y decidió musicalizarlo, cosa que hacía en el piano. Le gustaron mucho los versos y en una oportunidad me confesó que se se sintió interpretado en muchas partes de la letra. En los muchos momentos que pasé al lado de Alfredo Gobbi, jamás me habló de su vida privada, aunque yo conocía algunos detalles, por gente del ambiente.

                                     


   Camilloni hurga en los dilemas existenciales y los transfunde simbólicamente en sus manos. Las mismas pasan a ser un mantra de la afirmación en la vida, cuando los sueños se han roto injustamente. Y puede ser el más extraño que hayamos visto, nuestro íntimo adversario: el otro. Partiendo del hálito poético y sirviéndose de la metáfora como herramienta, se sumerge en los amores en barrera y demás  congojas cotidianas. Las manos son las que entreabren las puertas del fracaso,.

Mis manos nacieron ciegas
y acunan sus locos sueños.
No saben que no se puede
tocar con ellas el cielo.
Por eso golpearon puertas
que a mis manos no se abrieron.
ella ya estaba lejana
y yo fui un mendigo ciego.

Mis manos fueron dos llamas
y solas se consumieron
porque ella fue indiferente
como una estatua de hielo.
Por eso las tengo ahora
como si fueran de yeso,
dos manos desesperadas
aferradas a un recuerdo.

   Las palabras se clavan y explotan como si fueran fuegos artificiales. El óxido de lo cotidiano se vuelca en la poesía desfeliz y avanza por el paisaje de la memoria. Así el poeta consigue atrapar con un lirismo descriptivo de percepciones, el espacio de una ausencia, destiñendo presentes y reviviendo amarguras. Lamentando que otros porvenires fueron posibles y quedaron malogrados. En su devastada memoria, las manos son la recurrencia. Como si ellas fueran las encargadas de guardar los secretos íntimos.

¡Ay, como se equivocaron
las ciegas manos que tengo!
Mis manos puse en las manos
de un amigo y tuve miedo.
No fueron manos leales,
se cumplió el presentimiento.
La vez que se hicieron puño
fueron dos puños de acero
y me golpearon el rostro
por no golpear rostro ajeno.

¡Ay, cómo se equivocaron
las ciegas manos que tengo!
Soldado del infortunio
llevo un brazalete negro.
¡Se llevaron a mi madre
y ellas no la detuvieron!
fue el error más lamentable
que mis manos cometieron...
Ayudaron a llevarla...
¡Nunca sabrán lo que han hecho!

¡Ay, cómo se equivocaron
las ciegas manos que tengo!

    Alfredo Gobbi con su orquesta y el cantor Alfredo del Río, la llevó al disco el 28 de marzo de 1955.
Hoy la volvemos a escuchar.

                               



martes, 8 de marzo de 2022

Bien Milonga

                                                    Bailar, pensando en tus pasos.
                                                    Bailar, porque lo sentís.
                                                    Reír, como si el cansancio
                                                    no te hiciera caso
                                                    al verte feliz. 

   Si, así lo haremos esta noche en BIEN MILONGA, la de todos los Martes del año en la siempre apreciada pista de la madrileña CASA de ARAGÓN. Desde las 21 a las 0 horas,  aprovechamos recordando a tantas milongueras y damas del Tango, que hoy es EL DÍA de la MUJER, para festejar en su nombre y con nuestras queridas amigas de incontables noches de milonga. A ellas se lo dedicamos.

                                 
 
   Por eso les quiero acercar este soneto que realicé pensando en tantas milongueras que me acompañaron y acompañan desde mis 16 jovencitos años milongueros, al día de la fecha. Hablamos de esta página dedicada a BIEN MILONGA y a tantas parejas que interpretan el tango bailado, como también el valsecito y la milonga 

                            ELLA

Este Martes acercate a Bien Milonga
porque, seguro, es tu noche de placer, 
con música invitante, que proponga,
y ese ambiente que la hace florecer. 

Ya sabés que la velada se prolonga
cuando pincha algún sabio del mettier
que siempre a la pareja predisponga
y en la pista los consiga complacer.

Esta noche la intención es reponer
cuando el fueye roncador rezonga,
a las Marion, Malena, María, Rosicler...,

porque hoy nos toca, a ella enaltecer,
con la música que el máster nos proponga, 
bailándola, en este: DÍA de la Mujer.

jm

   Sería bueno recordar que, aparte de haber conocido tantas grandes milongueras y bailado con muchas de ellas, también han aportado y aportan su esencial parte en el rubro de la enseñanza. Hay profesoras de alto nivel que consiguen grandes resultados con sus métodos y paciencia. Y ello se refleja en las pistas de baile de tantos lugares del planeta. 

   Por ejemplo, acá tenemos a Ute Neumaier, dando una clase con sus alumnas, y una milonguita.

                         
     También podemos ver en el Palais de Glace, a la gran maestra; Olga Besio, bailando con su hijo, Federico Naveira, "El tango es el tango", por Tanturi-Castillo.

                                          
  Y, ¿puede haber algo más lindo que ver a un troesma de lujo como Miguel Ángel Zotto bailando con la madre en la fiesta de su casamiento? Lo hacen al compás del tango Quejas de bandoneón, interpretado por un trío que encabeza el fueye Pocho Palmer.



Como verás, tenemos todos los ingredientes para festejar milongueando El día de la Mujer...
   

sábado, 5 de marzo de 2022

Julio Cortázar

    ¿Pero por qué, se dice uno de pronto, esa recurrencia narcisista, ese retorno del familiar a los lugares donde ya su sombra no roza las veredas de la siesta?

   Ella misma contesta y consiente, también Buenos Aires es una abstracción. De la ciudad sólo tenemos los párpados, la piel o el rechazo, la moviente superficie de los días. Inútil obstinarse, querer poseerla en lo hondo, la vida nos alcanzará para conocer casas, una casa cada tantos miles de casas, y puertas, una puerta entre incontables puertas, y cafés, allí donde páginas y páginas de la guía telefónica los alinean irónicamente. 

   ¿Y  lo demás? Hablo apenas de las cosas, de los cubos y las galerías donde murmura el inmenso enjambre de la ciudad. ¿Quién puede jactarse de conocer poco más de las fachadas que dan sobre esas calles porteñas, y unas pocas calles por las que infinitamente fluye su sangre cotidiana? Todo es inalcanzable, enigma, prohibición en la ciudad; no se puede tocar cada timbre, no se puede discar cada número, no se puede subir a todos sus autos.



    En la calle donde vivimos veinte años y que creemos tan nuestra, detrás de cada pared y cada ventana se abre el territorio de lo inalcanzable, las profundidades de los patios que no veremos nunca, y en las habitaciones que dan a cada patio las mesas de luz y los espejos que no veremos nunca, y en cada torre de aluminio y cristal los departamentos a los que no subiremos, los salones y los cuadros y las cocinas y las duchas y los balcones que no nos será dado conocer.

   No hablo más que de las cosas; estamos fuera, irremisiblemente fuera de las cosas que hacen la ciudad, y desde esta exclusión inventamos un contacto y una permanencia y un conocimiento con la secreta y admirable desesperación con que lo hemos inventado todo. Rechazados desde el fondo de los tiempos por la naturaleza venenosa, la hemos inventado amiga y servidora; rechazados por la ciudad que no es de nadie, la hemos poseído por el amor, por la violencia, por el vagabundeo, por una oscura poesía de bares y trabajo.

     También yo la invento desde aquí, desde fuera como cualquier otro, más cerca quizás que otros. Buenos aires, como toda ciudad, es una metáfora; nace a la realidad por el contacto de términos distantes y extranjeros, de alianzas secretas, de una calle y de un hombre que se encuentra en su hora, de una zaguán y una voz que indeciblemente se fusionan, y sólo así se entrega alguna vez a su habitante, cuando se la escala desde el sueño o el recuerdo, cuando se la posee con las armas de la imaginación y el mito.

                                   


   No basta con vivir en la ciudad si no se la alcanza desde el mismo rechazo, si no se entra a ella por calles que no son las de los planos. Una ciudad también es un fantasma que sólo la ingenuidad del habitante cree domesticable y próximo; apenas unos pocos saben del mecanismo interior que hace caer las fechadas y da acceso por oscuros pasajes a sus últimos reductos.

   Se puede, entonces, seguir andando y desandando, anulado el prejuicio de las leyes físicas, entendiendo y entendiéndose desde una visión y un lenguaje que nada tienen que ver con la historia y la circunstancia. como si todo fuera alcanzado desde un progresivo retorno, miro ahora mi ciudad con la mirada del que viaja en la plataforma de un tranvía, retrocediendo mientras avanza, y de tanto perfume nocturno, de incontables encuentros con gatos y bibliotecas y Cinzano y Razón sexta y cine continuado, me vuelven sobre todo los tiempos de estudiante, los bares automáticos de Constitución, la calle Corrientes de las primeras escapadas temerosas en los años treinta.

   Corrientes irreconocible hoy con sus orquestas de señoritas, sus cines largos y estrechos y una pantalla neblinosa donde personajes de barba y levita corrían por salones lujosos a pobres chicas con sombreritos y tirabuzones y a eso le llamaban películas realistas y entrada cero setenta.

   Son las rabonas en Plaza Italia con un sol caliente de libertad y pocas monedas, la penumbra alucinatoria del pasaje Güemes, el aprendizaje del billar y la hombría en los cafés del Once, las vueltas por San Telmo entre la noche y el alba, los descensos tarifados al bajo, un tiempo de cigarrillos rubios y tranvía 86, Villa Urquiza y la Plaza Irlanda donde un breve otoño fui feliz con alguien que murió temprano.

                                           

   Después vendría el Luna Park, claro, las noches de Beulchi y Mario Díaz, los números de Sur, olor de jardines y plazas en Villa del parque, paredones de la Chacarita, algún amanecer de vuelta a pie, churrascos en las parrillas del puerto, veladas del Colón, Parsifal, bancos de la Plaza Lavalle y del Congreso, asomos a los bordes, la Boca o el Tigre, pequeños países diferentes de lo cotidiano, avanzadas del gran misterio río afuera, pampa afuera.

   Y más atrás todavía, mientras la infancia se iba con los últimos pantalones cortos, una mínima visión d zona suburbana, penetrante como las imágenes que mirábamos en las lapiceras cuando el hastío d la clases nos llenaba de evasión y chocolate, esas vistas de una iglesia o un paisaje prisioneras en una pequeña lágrima de vidrio que nos pegábamos a los ojos mientras la maestra, pobrecita, se empecinaba en Vilcapugio y Ayohuma, en la inexplicable tragedia de Cabeza de Tigre. Apenas una visión prisionera en u na lágrima de vidrio, mínima como este resumen:

                                                               

                                                      La Infancia

                                                      Me acuerdo de una plaza, poca cosa:
                                                      un farol, un paraíso, unos malvones,
                                                      y ni un banco en que estar y ni una rosa.

                                                      Pero venían todos los gorriones.

   .

viernes, 4 de marzo de 2022

Mario Soto

 En esta entrega, la historia de Mario Soto, que no sólo es Pasional, sino también otros temazos, el troesma Pugliese, Laurenz, D'Agostino, George Scotto y Van Johnson. Su paso de 18 años por España y su vuelta a casita, jamás vencido.

   Es muy frecuente que en el mundo de la poesía y el canto popular, que el título de una buena obra termine sepultando en el olvido al nombre de su autor. En el gotán tenemos innumerables ejemplos, pero tal vez ninguno que haya alcanzado la dimensión de Pasional.

   No sabrás.... nunca sabrás / lo que es morir mil veces de ansiedad / no podrás... nunca entender / lo que es amar y enloquecer...

   Vos conocés, tanguero de ley, el exitazo que arrastran estos versos desde que el troesma Don Osvaldo los grabó con la voz sensiblera del Flaco Morán a fines del cinco dos. 

   Pero deschavate...¿te acordás a quién pertenecen? Hmmmm... su autor, un gomía veteranazo, que recaló hace poco en La Plata, su ciudad natal, nos dice:

   -Desde que Pasional es un éxito, dejé de llamarme Mario Soto: El tema me ayudó mucho, pero también me borró personalmente y además frenó otros tangos que, para mi gusto, eran superiores. A Pasional no me lo puedo sacar de encima.

                                    

Mario Soto cuando eran presentador de Pugliese, entre éste y Morán.

Esa loca aventura 

    ...de vivir, lo llevó a Mario a Buenos Aires en 1940. "En La Plata escribía sainetes y yo mismo los escribía y actuaba en el Salón Israelita. Un día fui a tentar suerte a la Capital Federal y me topé con un baile donde tocaba Ángel D'Agostino con Angelito Vargas. De caradura me les ofrecí y enganché como presentador de la orquesta, recitando las glosas y siendo el primero en la especialidad - dijo.

   Escribió El Yacaré, en honor del jockey Elías Antúnez, el rival de Leguisamo. Y fue su primer éxito con D'Agostino-Vargas. Después de cinco años Mario hizo transa con los músicos que "hacían un reclamo justo" y se fue con Pedro Laurenz. "Fui representante de la orquesta y eso limitó mi producción"- dice.

                                     


   En el cincuenta se unió a Don Osvaldo. "Prácticamente manejaba la orquesta, desde las presentaciones hasta el repertorio. El maestro jamás se molestó en esos avatares y yo cumplí una buena labor de presentación y representación- afirma. Allí surgió Pasional, y más tarde, en el '55, se produjo su alejamiento de la orquesta junto con Alberto Morán para forjar sociedad y continuar el éxito".

PASIONAL

Mario Soto nos revela como nació Pasional, tema que sugiere un amor ardiente con una mina fatal.

-Nada que ver -explica- porque yo me inspiré para componer este tango, en dos hermanitas chiquititas y feúchas que asistían a todos los bailes de Pugliese en la zona sur por Quilmes, Sarandí y Domínico. Eran tímidas, insignificantes y planchaban toda la noche. Sentí algo así como compasión y recreé en silencio el tema, basado en esas dos ratitas transformadas en una mina terrible. 

Después de estar con Morán y Caldara, decidí retirarme porque me operaron de un pulmón. Viajé a España y me quedé 18 años, viviendo en Madrid y Barcelona. No pude con el genio y actué en Patton junto al gran George Scott y en El Gran día del águila junto a Van Johnson, Tras dieciocho años regresé al país. Vivo de mis derechos de autor y de mi jubilación. Amo el buen trabajo, me gustan Homero Manzi y Cátulo Castillo como poetas. Soy gardeliano y me tiro contra el tango bajo y siniestro, en favor de la calidad.

(Publicado por Acquaforte, en el periódico Hoy (La Plata) el 9 de enero de 1994)

   Y yo no tengo más remedio que volver una vez más con este tema que fue un golazo impresionante por el Flaco Morán con la orquesta de Pugliese. Fui testigo, muchas veces, de cómo impactaba en las mujeres milongueras que dejaban de bailar para escucharlo al Flaco. Y Morán se aferraba al micrófono, cerraba los ojos y se mandaba estos versos que las hacía gritar de entusiasmo y emoción.

                              



miércoles, 2 de marzo de 2022

El viejo vals

    Maravilla de valsecito creado por esos dos pesos pesado del tango que fueron José González Castillo y Charlo. Uno como poeta de primerísima línea y el otro como cantor, galán y gran compositor. Esta página nacida a comienzos de la década del treinta, mereció seguramente  una mayor difusión por todo lo hermoso que contienen tanto los versos como la música.

   En aquella época que yo trabajaba con Antonio Carrizo en "Mundo diez", el programa que iba por radio El Mundo, cuando terminábamos, nos sucedía uno conducido por Cátulo Castillo con el actor Luis Medina Castro. Alguna vez conté en estas páginas que a continuación nos quedábamos almorzando y charlando largamente con Tony Carrizo en el restaurante que estaba frente a la radio.

                                        



   En un par de oportunidades, la cosa fue más lunga y el mismo Cátulo se sorprendió al finalizar su programa, cruzar y encontrarnos allí, todavía. Y se quedó a picar algo con nosotros. Yo aprovechaba para meter el tango en la conversa y recuerdo el día que le hablé de este valsecito. Cátulo coincidió conmigo en la belleza del mismo. No entendía cómo no había llegado a estar en el repertorio de diversas orquestas.

   Y destacaba el hecho de que la versión de Rotundo con Floreal y Enrique Campos era no sólo perfecta en su ejecución y el dúo de los dos cantores, sino que también se le hacía difícil a otros conjuntos y vocalistas competir con la misma. Y me contaba que había sido él mismo quien le acercó la partitura a Rotundo, a pedido de éste. 

   Yo sigo enamorado de esta página y de esa genial interpretación. El verso del padre de Cátulo, nos introduce en la magia que tiene el vals, en general. Los milongueros nos transportamos cuando suena la tanda de valsecitos y cambia todo en la pista. Es un toque sutil al corazón, a la emoción, a la algarabía social del baile. Su sentido de la belleza nos entona.

   Y el poeta arranca con la cita de uno de los mayores creadores que ha tenido el género. Nada menos que Frederic Chopin. Sus simbólicas obras trascendieron las fronteras y crearon parientes cercanos y lejanos de las mismas. Y en las pistas de baile los valses de distintas procedencias buscaron crear la espiral perfecta para el enlace de las distintas parejas. 

  

    González Castillo aguza el recuerdo del momento pasional, bailando un vals y declarándole su amor a la muchacha que giraba con él. Y es entonces cuando desarrolla una catarata de emociones enhebradas que nos van aguijoneando. Unos versos percutientes con el vals de trasfondo y un marco de precisión donde afina el sonido y el sentido de las palabras. La evocación del paisaje es magistral.

Al lánguido compás
de un vals de Chopin,
mi amor te confesé
sin ver que más,
llamaba tu interés
aquel vals...
Por eso hoy mi canción
a su mismo compás,
te llora como un bien
que ya jamás,
traerá a mi corazón
su vaivén...

   Cada compás se va engarzando con el anterior y alberga un magma estético y envolvente del que surge como una emanación sutil que convertirá la alegría en tristeza. La intensidad emotiva aspira a contener lo fugaz en una duración inmóvil y el autor va moldeando la tensión, el tiempo, en su reverberación emocional. 

Fue como un loco volar de falenas
con giros y vueltas en torno al fanal,
llenos de lumbre y nos llena
de un dulce mareo, sutil y fatal,
junto a mi pecho, tus senos
los dos corazones latiendo a la par,
fijo, impasible y sereno tu frío mirar.
 
Quién me diría que toda la gloria
de aquella gentil posesión,
era la efímera coda que al vals
le ponía mi loca ilusión,
dócil, tu mano en mi mano
mi brazo oprimiendo tu talle liviano
y en tanto mi acento
muriendo en el lento girar del valsear.

   La belleza de los versos no enturbian su contundencia, que contienen energía, magnetismo, fascinación. Y el ingenio rítmico. El halo fantasmal, perenne de la vida, flota en este valsecito maravilloso que nunca me cansaré de escuchar y bailar. Y el gran torbellino ordenado, acompañado por una musicalidad profunda e intensa, se desparrama en un final  epifánico, magistral,  envuelto en los misterios de la realidad.  

Falena de salón
mi corazón también 
(mi corazón también soñó)
sus alas de ilusión
(sus alas de ilusión)
quemó tenaz
(tenaz quemó)
girando en aquel vals
de Chopin...

Borracho de pasión
y ciego de querer
se lanza tu atracción
sin ver que más,
llamaba tu interés
aquel vals...

( Podemos escucharlo por la orquesta de Francisco Rotundo con las voces de Floreal y Campos,  y de paso ver cómo lo disfrutan bailando los maestros Miguel Ángel Zotto y Daiana Gúspero) 

                           


martes, 1 de marzo de 2022

Bien Milonga

 Novela del bailarín
que escrita está.
Un trozo en cada salón
de mi ciudad...
De la Unione al Augusteo
con ella te veo
soñando a compás.

 


   En esa recorrida milonguera, siempre está presente BIEN MILONGA, todos los Martes del año, en la convidante pista de la madrileña CASA de ARAGÓN (Pza. República Argentina nº 6). Desde las 21 a las 0 horas, bailamos con una selección musical que te llama permanentemente a bailar, sin treguas.

   Como es costumbre, también nos damos la consabida vuelta previa por diferentes pistas del mundo, en las que el Tango muestra a diario como ha ido ganando el corazón de gentes de diversos continentes.  

   Arrancamos en Tarbes, Francia. Durante la Soirée de los Maestros, podemos ver a la pareja  Ricardo Calvo y Sandra Messina, bailando el tango Emancipación por la orquesta de Roberto Álvarez.


   Un salto al Festival de Lisboa en Portugal. En este caso son Facundo Piñero y Vanesa Villalba los que se lucen con el valsecito Miedo por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Héctor Mauré.


Y nos plantamos en el Tango Encuentro desarrollado en Belgrado (Serbia). Allí, Noelia Hurtado y Carlitos Espinoza bailan con la milonga La espuela interpretada por la orquesta de Juan D'Arienzo.



   Y ahora te espera BIEN MILONGA para poder reproducir todos estos pasos en nuestra coqueta  pista.