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sábado, 21 de mayo de 2022

Atilio Talín

    Mi entrañable amigo Atilio, o Tanuca, como le llamaba Piazzolla, dado que ambos tenían raíces itálicas en su genealogía, acaba de ver editado su libro "Mi vida junto a  los grandes del tango", y es realmente un documento imperdible. En la portada se puede ver al autor junto a grosas figuras del tango que lo trataron y lo acogieron en su maraña de amigos. Porque Atilio Talín, no sólo frecuentó  y se ganó a pulso esas amistades, sino que supo hacerse un hueco importante en el mundo del tango.

                            

Atilio Talín con su flamante libro (Foto de  Juan Manuel Foglia)

   De parola sabia, veterano de noches y madrugadas junto a los grandes, lunga pinta que no desluce el paso de los años y sobre todo el tono mesurado, que siempre respeta las reglas de la intimidad. La amistad como ejercicio máximo de entendimiento, tan valorizada por los hombres de la noche, y por ese rito tácito de los porteños, fue fundamental en su andadura y por eso fue apreciado y admitido en la plana mayor  del tango. Respeto, oídos abiertos y conducta, fueron su santo y seña.

   Su padre vivía junto a la casa de Aníbal Troilo y ambos nacieron en 1914, por lo cual fueron amigos desde pibes. Y cuando Atilio tenía trece años, su padre lo llevó a la casa de Pichuco y se lo presentó.

-Acá tenés al pibe - le dijo.

   Pichuco lo abrazó, le dio un beso , le dijo "¡Qué lindo pibe" y como el papá y el Gordo eran hinchas y socios de River, iba con ellos a ver los partidos en la platea del Monumental, desde que contaba diez años de edad. Y luego conversaban con los futbolistas del equipo millonario, cosa que al chico le parecía algo maravilloso. Así fue cómo estar cerca de Aníbal Troilo le fue abriendo puertas importantes.

   Tenía ya los dieciséis, pantalones largos y Pichuco, lo ensarta en la rueda de amigos que se juntaban en el boliche de Corrientes y Paraná por las noches. Entre ellos estaban Alfredo Gobbi, locutores-animadores como Augusto Bonardo y Armando Rolón y amigos que se iban sumando.                                                                                                                             

    -Lo cierto es que Troilo fue como un padre para mí, me orientó, me cuidó y me presentó a infinidad de gente. Una de aquellas noches  salimos de allí y me llevó a la casa de Mariano Mores.

                                         




   -Pichuco le había grabado varios temas a Mores que tuvieron mucho éxito como Cristal, Copas, amigas y besos, Sin Palabras, Una lágrima tuya, Uno, El patio de la morocha... Y lo increíble y muy importante para mí fue que Mariano me tomó mucho cariño, me hizo pasar muchos momentos hermosos en el seno de su familia y de paso me dio un pequeño trabajo junto a él, como asistente. 

   Y de repente, en la conversa, Atilio me detiene y me dice: "Vos viviste esas cosas tan lindas que tenía Buenos Aires. Y yo tuve el privilegio de conocer lugares como el Chantecler, el Ta Ba Ris, que era algo impresionante. Una belleza, un lujo total: los caballeros de smoking, las mujeres vestidas de primera... ¡Qué maravilla! Ahora que repaso todo aquello, siento que Buenos Aires nunca volverá a ser lo que fue.. Algo irrepetible.".

   Pensó que debía estudiar música y fue durante un breve tiempo a la academia de los De Caro. Pero le duró poco porque los días se le ocurrían muy breves debido a las ocupaciones. Conocería y trataría a grandes del tango como Discépolo, Cadícamo, y todos lo recibían como un personaje del tango, aunque  era apenas un jovencito que crecería a toda máquina dentro de aquel ambiente inolvidable.

                                  


   -A mí me gustaba Piazzolla. Desde que escuché su tango Lo que vendrá, tocado por Troilo y su orquesta, quedé impactado. Ya le había grabado cinco temas a Astor, que era bandoneonista de su orquesta, pero Lo que vendrá me transportó. (A mí me pasó lo mismo). Y comencé a seguirlo.  Él supo instalar en los atriles de sus conjuntos un énfasis nuevo, distinto, que para muchos tangueros era un disparate.

   Yo tenía una agencia de autos importados (ahora la lleva mi hijo), y solía ir a escucharlo a la boite Jamaica, en la calle San Martín al 900. Tenía entonces el Primer Quinteto y era un lugar de culto. Actuaba también Horacio Salgán (con quien yo desarrollaría gran amistad), concurrían músicos de jazz de la talla de Lalo Schifrin,  Baby López Fürst, Jorge y Oscar López Ruiz, o el Gato Barbieri. Incluso pasaban por allí extranjeros de gran nivel como Count Basie, Ella Fitzgerald, Harry James o Burt Bacharach.

   Me hice fan de Piazzolla en una época en que tenía más contras que hinchas. Y pese a que con todos los grandes que conocí, intimé rápidamente, con Piazzolla no me animaba. Quizás por sus reacciones explosivas, que, con el tiempo descubrí que era su manera de vivir en guardia permanente, ante los ataques. Una noche escogí un auto Giuletta, de mi Agencia de coches importados y me fuí al Jamaica. Siempre hacía estas cosas para vender mis autos porque llamaban la atención.

   Cuando terminan su actuación, los músicos salen a la calle para dirigirse a otros sitios. Yo hago lo mismo y me dirijo al coche, cambiándole la mirada a Piazzolla. Éste de repente me mira junto al auto y me larga:                                                                                                          

-¡Lindo el Alfa Romeo... verdad!

                             


   Yo no lo podía creer, me temblaron las piernas. Y me dijo que desués de la música, lo que más le gustaban eran los coches. Ahí empezó nuestra relación. Lo invité a dar una vuelta por varios lugares de la ciudad, incluso por el autódromo y le caí fenómeno. Al mudarse cerca del Congreso y de mi agencia, venía seguido a charlar y me acompañaba. No sé qué le atrajo de mí, tal vez la relación con Pichuco, la organización que yo tenía de espectáculos, o la pasión que ponía en mi negocio. Lo cierto es que una tarde me dice:                                                          -Quiero que seas mi apoderado.

   Yo le cité varios nombres apropiados y él negando con la cabeza, insiste:                                   -No te pedí que me dieras ningún nombre, sino que fueras mi apoderado. Vos te encargás de los negocios y yo de la música.

   Ahí nomás me pidió la cédula y me firmó el contrato. Incluso luego pasé a ser su mánager. Mantuvimos treinta años de gran amistad y trato profesional. Fue realmente maravilloso. Hablar de todo lo que vivimos juntos en tantos lugares del mundo sería interminable. La última charla que tuve  con él fue el día antes que le diera el ataque cerebral. Estaba de buen humor. Todo lo que hubo que hacer con él y los papeles hasta su muerte fueron agotadores. Yo lo extraño cada día que pasa. 

   Vivo en el piso que que fuera suyo, con mi familia, en Libertador y Olleros. En la sala donde él tenía el piano monté un Museo Personal del Tango, con miles de recuerdos. Las vistas son al Hipódromo, al estadio de River, al Aeroparque. Y quería despedirme en esta charla contigo recordándote que me dedicó el tango Verano porteño. Y también Tango para una ciudad. Además fué padrino de mi hijo Christian y le dedicó un tango: Chris- Talín.

   

   

jueves, 19 de mayo de 2022

Mocosita

      1926. De vuelta en Montevideo y a la barra de amigos. Algunos habían seguido estudiando, se habían recibido y habían desertado. Otros seguían al firme... ¿Para qué preocuparnos de la vida? Hay que dejarla deslizarse... Mañana lloraremos igual el tiempo ido, la juventud que se fue para no volver... Entretanto vivíamos lo más alegremente posible.

   Montevideo había crecido, se había puesto pantalones largos y tenía un nuevo cabaret, haciéndole la competencia al Moulin Rouge. El "Royal Pigall"  se llamaba y se levantaba sobre las ruinas de un famoso tambo, cerrado por el Municipio junto con todos los demás tambos que estaban ubicados dentro de la ciudad.

                                       

Gerardo Matos Rodríguez

   Yo no faltaba jamás a las tertulias de cada noche. La concurrencia era de lo más heterogénea y no había despedida de soltero o festejo de algún acierto en el hipódromo de Maroñas que no se hiciese allí. Pero nosotros éramos habitués, La "barra ateniense", nos autodenominábamos. Nos querían mucho. 

   No por lo que pudiera ganar el dueño con nosotros, sino por el buen humor, el ingenio para divertirnos con poca plata, la desfachatez y la simpatía.Más vale caer en gracia que ser gracioso... dicen. El dueño, de apellido Visconti, nos servía los copetines a mitad de precio de artista: nos cobraba exactamente la mitad.

   Fue a mi vuelta de Europa que compuse Mocosita, inspirado en esas veladas y especialmente en una buena amiga, alegre y generosa, que las compartía con nosotros. Víctor Soliño, uno de los de la barra, le escribió una letra preciosa. Tiene emoción y tiene ternura. Me gusta.

                                   


   Mocosita se estrenó en el Teatro Odeón (que tiempo después fue el Royal), cantado por Pepita Cantero. Era parte de una revista desopilante: "Seguí Pancho por la vía", escrita por Roberto Fontaina y por Víctor Soliño, dos atenienses de pura cepa. 

   La noche del estreno no había una sola butaca disponible. Se ve que el agotamiento o la emoción que le produjo el éxito fueron demasiado para Pepita. A los dos días hubo que transformar a "Mocosita" en "Mocosito" y dejar que lo cantara Luisito Viapiana.

Gerardo Matos Rodríguez 

(Del libro: Yo Matos Rodríguez), por Rosario Infantozzi Durán, descendiente del autor de "La cumparsita")

   Carlos Gardel lo grabó en ese año 1926, acompañado por las guitarras de José Ricardo y Guillermo Barbieri. Alfredo De Angelis con su cantor Carlos Dante, le dieron nueva vida al estrenarlo en el Glostora Tango Club y grabarlo con gran éxito, el el 29 de abril de1949. Lo escuchamos:

                                      


martes, 17 de mayo de 2022

Bien Milonga

                                                Salir a bailar este tango
                                                es empezar a quererte,
                                                es mucho decir callando
                                                dejando que hables, tan sólo vos.
 
                                               Tu música es Buenos Aires
                                               valor, guapeza y dolor,
                                               ternura y pinta compadre
                                               querido tango, ése sos vos.

   Todo eso y mucho más es lo que encierra el tango en sí. Y cuando lo bailamos, lo sentimos profundamente. Es la clave de todo: el sentimiento. Por eso es que ha ganado un lugar privilegiado en tas milongas que hay hoy día distribuidas por todo el universo. Y en BIEN MILONGA esta noche, desde las 21 a las 0 horas lo disfrutaremos una vez más.

                              


     Como de costumbre, una passeggiata por distintos festivales de Tango nos permien ver a parejas que dan exhibiciones y muestran los atributos de esta danza tan especial.

   Por ejemplo, Nos damos una vuelta por el Tango Festival de Sofía (Bulgaria), donde Carlitos Espinoza y Noelia Hurtado bailan el tango  Rondando tu esquina, por la orquesta de Osvaldo Pugliese, cantando Roberto Chanel.

               

  Un saltito hasta el Lisboa Tango Festival (Portugal) y vemos a Roxana Suárez y  Sebastián Achával, que se mandan con la Milonga del 83, interpretada en vivo  por la orquesta La Juan D'Arienzo.

                                             


     Cerramos el viaje en el Lime Tango Café de Seúl (Correa del Sur), donde Sebastián Plñero y Vanesa Villalba giran al compás del valsecito Como la margarita, por la orquesta de Alfredo De Angelis cantando Carlos Dante y Oscar Larroca.

                                         


    Ya nos dimos manivela y ahora a prepararnos para esta nochecita en BIEN MILONGA                                                    

domingo, 15 de mayo de 2022

Las familias tangueras (2)

    Pedro Laurenz fue uno de los más grandes bandoneonistas que tuvo el género. Tal vez el número uno, al menos para mí. Y no sólo destacó en el manejo del instrumento sino que incluso tuvo muy buena orquesta y fue un gran compositor de temas exitosos. Se llamaba en realidad Pedro Blanco. Estudió violín. Su madre había estado casada anteriormente con un señor apellidado Laurenz, con quien tuvo dos hijos: Eustaquio y Félix, radicados en Montevideo. Ambos eran bandoneonistas y actuaban en orquestas uruguayas. Cuando su madre llevó a Pedrito a Montevideo para pasar unos días, los hermanos le contagiaron el amor por el bandoneón y se olvidó del violín que había comenzado a estudiar. Tenía 14 años. Estuvo radicado en Uruguay un par de años y allí comenzó a trabajar en algunos medios. Al volver se enroló en la orquesta del pianista Roberto Goyeneche y comenzó su carrera hacia el gran éxito que le esperaba por sus enormes condiciones, de bandoneonista, músico, director y compositor. Con el paso de los años, su hija: María Cristina también luciría como cancionista.

   Pascual Contursi quedó en la historia como el creador de la letra del tango. Hasta entonces, salvo algún versito que se usaba como coro, no existía la poesía en el género. Y Pascual Contursi fue el creador de la misma con una gran paleta espiritual y dramática. Solía cantar en cabarets acompañado de guitarra, al margen de su trabajo habitual. Y fue en Montevideo donde, sobre el tango Lita, del pianista Samuel Castriota, sin que éste estuviese enterado, instaló los versos de Mi noche triste. El suceso fue tan grande e inesperado que le sirvió en bandeja a  a Gardel para su debut en el tango, grabándolo, en 1917,  acompañado por José Ricardo en guitarra. Siguió llevando al disco todo tipo de canciones, pero en 1918 y 1919 grabó otros dos temas de Pascual Contursi: Flor de fango y De vuelta al bulín. Los versos quedaron para siempre instalado en el tango, y se notaba el estilo lunfardo que haría historia. Casado con Hilda Briano, tuvieron un hijo: José María, que con el tiempo, fallecido el padre, ganaría galones como locutor y buena estampa. Hasta que decide seguir el camino poético de su padre, y comienza a escribir letras de tango, aunque en un estilo muy distinto. Su histórica relación con Gricel da lugar a una serie de tangos increíbles. Y todos tienen éxito. Con Mores, con Troilo, Laurenz, Di Sarli, Fresedo y muchos otros compone temas que siguen siendo alimento de los milongueros.

                                       

Adolfo Pugliese, flautista de la orquesta de Adolfo Pérez Pocholo
  

   Adolfo Pugliese fue un flautista que tocó en orquestas de barrio y también con algunas conocidas. Trabajaba como cortador de cuero, en una fábrica de calzado, alternando su pasión musical con la necesidad de llevar dinero a la familia. Logró poner su Casa de música en la calle Ribera (hoy Córdoba) y estuvo casi siempre instalado en el barrio de Villa Crespo. En 1930 se incorporó a la orquesta de Adolfo Pérez Pocholo. Casado con Aurelia Terragno, tuvieron tres hijos: Adolfo, Alberto y Osvaldo. Estos dos últimos se dedicarían a la música. Alberto era violinista, tendría su propia orquesta, y Osvaldo, que se había decidido por el piano también se enrolaría en las filas del tango y haría historia grande en el mismo. Un tango de su hermano Alberto, El remate, lo llevaría al disco con mucho éxito. Y quedaría para siempre como una de las más grandes orquestas que ha tenido el género. Beba, hija de Osvaldo también estudió el piano, trabajó en algunos conjuntos y tuvo su propia formación. Ha escrito un libro sobre toda la historia familiar, que generosamente, me lo envió a casa.

   Los hermanos Emilio y Osvaldo Fresedo, estudiaron música en un Conservatorio del barrio de La Paternal, donde vivían y el primero, tres años mayor, se inclinó por el violín y el segundo por el bandoneón. Debutarían ambos en un trío, en el Café Paulin de su barrio y posteriormente integraron un cuarteto con Rafael Rinaldi y José Martínez. Tempranamente Emilio entrevió que le tiraba más la letra que la música y escribió en 1922 los versos de Sollozos, al cual Osvaldo le acoplaría una hermosa música, grabando el tema con su orquesta que sigue escuchándose y bailándose con placer. Innumerables temas firmados por ambos integran el carrusel de éxitos: Vida mía, Por qué, Tango mío, Volverás... Osvaldo quedó para siempre en la historia como uno de los puntales del tango. Como director, compositor de grandes páginas y por el estilo elegante y respetando los valores melódicos del género. Se enriquecería  armónicamente con el aporte  de arregladores como Argentino Galván, Horacio Salgán o Roberto Pansera basando el estilo en el papel fundamental de los violines, la conducción del piano y agregando diferentes instrumentos, como arpa, vibráfono y percusión. Sin duda, Osvaldo Fresedo hizo historia en el tango y contó con cantores ideales para su orquesta, como Roberto Ray y Ricardo Ruiz, especialmente. Oscar Fresedo, hijo de Emilio también ha creado, como letrista, varias páginas de tango. 

                                      

Pichuco con su madre y su hermano Marcos en el Zoológico.

   Aníbal Troilo fue un símbolo del tango y de todo lo que encierra en sí mismo: la amistad, la noche, la confidencia, el chamuyo, el sentimiento. Su obra, sus grabaciones, los cantores que pasaron por su formación, los músicos y el recuerdo que dejó en su paso por la vida, lo inmortalizaron. Sus padres, Aníbal Carmelo Troilo y Felisa Bagnolo, tuvieron tres hijos: Marcos, Concepción Anunciación y Aníbal.  Don Aníbal era carnicero en el Mercado de Talcachuano y Charcas y le gustaba guitarrear y cantar. Fue quien bautizó a su tercer hijo como Pichuco. Cuando éste tenía 10 años murió su padre y antes había fallecido la hermanita, de quien no tenía recuerdos. Le gustaba mucho el bandoneón que escuchaba tocar a un vecino y su madre le compró uno a plazos sin sospechar lo que llergaría a ser Pichuco con ese instrumento. Lo aprendió rápido, casi intuitivamente y fue integrando tríos, orquestas de señoritas, formó un quinteto y con Alfredo Gobbi y Osvaldo Pugliese se alternaron en conjuntos que formaban entree ellos. Creció musicalmente muy rápido y a días de cumplir los 23 años, forma su propia orquesta para debutar en el Marabú. Rápidamente escala posiciones en el ambiente, y en 1940, incorpora a su hermano mayor Marcos, como bandoneonista, a la orquesta que pronto grabará en la RCA Victor. Marcos estará con su hermano hasta 1949, es que abandona para dedicarse a los negocios. Ambos fallecerían en 1975 con un mes de diferencia.

    Alfredo Gobbi nació en Paysandú, Uruguay  en 1877 y de chico aprendió a tocar la guitarra. Así se iniciaría en el teatro como clown y músico. Incluso hizo de cómico, cantor. A los 18 años se instala en Buenos Aires y en 1900 viaja a Europa con los Hermanos Petray para representar Juan Moreira con gran éxito. Se trasladan a Francia, los abandona el empresario y Gobbi se las rebusca en distintos menesteres para juntar dinero y volver a Buenos Aires. Otra vez las giras, conoce  a Flora Hortensia Rodríguez, una tiple chilena que había llegado con una compañía española, intiman, y como estaba separado de su primera esposa, se casan y forman el dúo Los Gobbi. Logran triunfar rápidamente y viajarán a Filadelfia y a Londres para grabar discos.  La empresa Gath y Chaves los contrata para viajar a París para con el mismo objetivo.  Permanecerán 7 años  editando numerosos tangos y poniéndose de moda. Allí nace su hijo Alfredo, en 1912, que con los años hará historia en el tango.  Ángel Villoldo será su padrino de  bautismo, dado que también estaba grabando allí. Al principio, entreverado con Troilo, con Orlando Goñi y con Pugliese, interviniendo en varios conjuntos como el Sexteto Vardaro-Pugliese o la orquesta de Pedro Laurenz  hasta que forma la suya propia en 1942 con gran suceso. Por algo le apodaron El violín romántico del tango. La marcación bordoneada de Alfredo Gobbi y su violín decareano le granjearon infinidad de hinchas y el reconocimiento de  los músicos. Su hermano Virginio, tocaba el acordeón y tenía un sexteto de jazz.

   La historia de las familias tangueras me llevaría a llenar infinidad de papel. Por ejemplo  Carlos y Roque Di Sarli, los dos hermanos que llegaron juntos de Bahía Blanca a la Capital y se fueron buscando los trabajos cada uno por su lado. En 1936, Carlos, que estaba en un trío, resolvió formar orquesta y fue a ver a Roque a una boite de la calle Sarmiento -La Chaumière- donde actuaba. Le dijo que estaba buscando músicos para formar su nueva orquesta. Roque le respondió: "Ahora subimos al escenario a tocar. Fijate los que te gusten y te los llevás". Y Carlos escogió a los violinistas Goicoechea, Adolfo Pérez y al cantor Ignacio Murillo.  Y seguimos: Roberto Firpo y su hijo que quiso continuarlo. Los hermanos Vicente, Alfredo y José Sciarreta, contrabajistas que actuaron en numerosdas orquestas deprimer  nivel. Los Puglisi también hicieron historia. Cayetano, llegado de Italia cuando era niño, estudió violín en Buenos Aires y logró un nivel brillante. Incrustado durante 28 años en la orquesta de D'Arienzo, no pudo lucir demasiado sus atributos. Emilio, hermano suyo y también violinista estuvo en orquestas de Canaro o en el sexteto de Pedro Maffia. Juan Puglisi era tío de ambos, contrabajista y destacó en orquestas de Firpo, D'Arienzo y también en la que tuvo su sobrino Cayetano. No puedo dejar de mencionar a los hermanos Edgardo, Ascanio y Osvaldo Donato, -violín, cello -piano-que debutaron juntos en la orquesta Donato-Zerrillo en 1927, en Montevideo. Luego, por separado,  harían un gran recorrido en el género, ya instalados en Buenos Aires, especialmente Edgardo creador de temas históricos y director de orquestas de resonacia.

                                   



  Y hablaríamos de Mariano Mores, un genio del piano, también en la composición de páginas hermosas y hasta su trabajo como galán de películas. Se casó con Myrna  Moragues, cantante , y Su hijo Nito arrancó cantando con él y tenía futuro pero murió tempranamente aunque sus descendientes Claudia y Gabriel siguieron inscribiendo el apellido Mores en el tango. O los hermanos Fiorentino. Vicente, violinista, tuvo su propio conjunto en el que Francisco tocaba el bandoneón junto a Joaquín Mora y Harold Philips era el pianista. Luego Francisco se transformaría en un cantorazo con Troilo. Los hermanos Julio y Lalo Martel que hicieron roncha en la orquesta de De Angelis como cantores, especialmente Julio. Gigi De Angelis, la hija del director, pianista, también militó en la orquesta del "colorado" de Banfield cantando algunos temas. Los hermanos Maffia: Pedro y Ángel. bandoneonistas con pedigrí y una obra autoral de mucho nivel. Osvaldo Ramos, el último cantor de D'Arienzo, con quien estuvo diez años, después de haber pasado por las formaciones de Leopoldo Federico o Florindo Sassone. Y su hijo Osvaldo que siguió su trayectoria, ganó un Concurso de Voces en la esquina Homero Manzi, a sus 19 años y desde allí fue subiendo puestos en la consideración popular. Hoy con su orquesta dariencista "Los herederos del compás", luce su potente voz y llenan los lugares donde actúan. creo que todos estos ejemplos de familia alcanzan para demostrar el linaje.

Por eso digo que la sangre tanguera se hereda, se traspasa y se renueva.

viernes, 13 de mayo de 2022

Las familias tangueras

    A veces buscamos acotar el territorio de la identidad tanguera y es entonces cuando vamos descubriendo como este género musical porteño se fue introduciendo en las capas familiares, en una ciudad y una época histórica. Y esos retazos familiares enhebraron gran parte de la historia del tango como podemos comprobar recordando en simples trazos algunos de esos lazos tangueros.

   Los hermanos Arturo y Luis Bernstein hicieron historia. Arturo Herman, conocido como El alemán, fue el primer bandoneonista con conocimientos cabales del instrumento. Nació en Brasil pero desde chico vivió en Buenos Aires y tocó con sus conjuntos en cafés de Barracas. No sólo tangos sino incluso música clásica. De allí saltó al centro y se hizo famoso. Fue gran maestro y entre sus alumnos destacaron Carlos Marcucci y Federico Scorticati. Su hermano, Luis Bernstein, lució como contrabajista -luego de dejar la guitarra a un lado-, en conjuntos de peso como los de Arolas, Aieta, Servidio. Fue muy buen compositor y creó entre otros temas: Don Goyo, El abrojito, La casita está triste, Ojos maulas, El vasquito.

   De Caro es un rótulo de calidad en el tango. La historia lo recordará para siempre por su gran aporte a la renovación y a la vitalidad del mismo. Julio De Caro se lleva públicamente los laureles, por su capacidad de director, innovador y compositor de grandes páginas. Pero su hermano Francisco, que siempre estuvo a su lado, fue un maestro para muchos colegas que lo siguieron y admiraron por su talento. También le puso firma a numerosos temas memorables. Y Emilio y José -violinistas-  siguieron los pasos de sus hermanos y tuvieron orquesta propia, además de las composiciones que crearon. 

                                       

Julio De Caro, Francisco Canaro y Francisco Lomuto

   Los Canaro también dejaron una huella profunda dentro de la música rioplatense. Partiendo de la pobreza más absoluta, Francisco Canaro se las ingenió para trabajar desde niño en lo que fuera y para ingeniarse como imaginario violinista fabricando un supuesto violín con una lata de aceite. Esa imaginación y su tremendo esfuerzo lo llevaron a ser uno de los directores de más prolongada actuación con su orquesta. Debutó en 1916 y fue de los que consolidaron a la Orquesta Típica. Actuó en Europa, Estados Unidos, en teatro, cine y a sus hermanos, en cuanto pudo les fue comprando instrumentos musicales. Así Rafael Canaro fue contrabajista y  se instaló en Francia con su orquesta, llevado por Pirincho. Humberto Canaro fue pianista y director, además de compositor. Juan se formó con el bandoneón y debutó en la orquesta de su hermano en 1917 haciendo pareja con Fresedo, luego con Minotto y con Marcucci antes de tener su propia orquesta. Mario Canaro se dedicó al contrabajo, luego de iniciarse con el violín y luego el bandoneón. Taambién dirigió su conjunto, actuando en varios países y como compositor, entre otros temas nos dejó su tango con el Catunga Contursi: Quiero verte una vez más.

   José González Castillo vino a ser como un profeta de la poesía tanguera en el porteño barrio de Boedo, donde años después surgirían los Homero Manzi y su hijo Cátulo Castillo. Hombre de teatro, con muchas obras en su haber, incursionó en el tango desde 1918, con temas que calarían hondo. Organito de la tarde, Griseta, Silbando, Sobre el pucho. Cátulo era músico. estudió piano y violín, y se mostró como buen compositor poniéndole música a versos de su padre. Como en Organito de la tarde. Viajó a Sevilla al frente de su orquesta , en la que estaban Miguel Caló, Alberto Cima, los hermanos  Alfredo, Ricardo y Carlos Malerba y el cantor Roberto Maida. A la muerte de su padre, dejó los instrumentos y pasó a ser poeta. Uno de los más grandes que ha tenido el tango en su historia.

     Los Lomuto eran de Parque Patricios y seguirían la senda de los Canaro. Francisco, el mayor, aprendió tempranamente a tocar el piano y trabajó con su orquesta en un barco de recreo que hacía la ruta Rio de Janeiro -Tierra del Fuego. También lo hizo en diferentes casas de música, con el piano. Cuando por fin armó su orquesta y llegó al disco, comprendió que debía tener un conjunto con ritmo y enjundia y se dedicó a dirigirla, logrando un buen nivel musical y dejando cerca de mil grabaciones. Su hermano Víctor tocaba el bandóneón y se defendía con la guitarra. Viajó con Manuel Pizzarro a Francia, donde se casaría y se quedaría para siempre. Estuvo también en la formación de Bianco-Bachicha. Enrique Lomuto, pianista, tuvo su propia orquesta y fue el primero de la familia en debutar públicamente. Su hijo Daniel fue bandoneonista. Héctor Lomuto se dedicó al jazz y tuvo gran éxito como Héctor y su jazz. Oscar Lomuto, otro de los hermanos fue periodista en el diario "La Razón" durante muchos años y Secretario de Informaciones  y Prensa en el Gobierno de Perón. Escribió algunas letras de tango, entre ellas Nunca más, con música de su hermano Francisco, que le grabó Gardel en 1924.

                                     

   
    Los Malerba tuvieron distintos destinos, aunque Alfredo, Ricardo y Carlos se dedicaron a la música. En 1927 viajaron a Europa con la orquesta de Cátulo Castillo. Al finalizar sus trabajos, se disolvió la orquesta  y volvieron a Buenos Aires, aunque los Malerba decidieron quedarse en Europa. Actuando en Portugal, Carlos, violinista,  se enferma y se trasladan a Bilbao para internarlo, pero allí fallece y lo entierran. Ricardo, bandoneonista, trabaja un tiempo en la orquesta de Bachicha y Alfredo regresa a Buenos Aires para acompañar a Libertad Lamarque con quien terminará casándose. Cuando vuelve, Ricardo, forma orquesta con Nicolás Vaccaro y Fiorentino como cantor. Luego tendrá la suya propia, que actúa durante varios años en radio Belgrano. Su cuñado Dante Smurra, pianista, es clave en la orquesta.

   Los Caló eran vecinos de los Canaro y también arrancaron de abajo para llegar a ocupar un sitial importante en el tango, especialmente Miguel, que nació en 1907. Estudió en principio el violín, dejándolo por por el bandoneón con el cual debutaría como solista en el cine Independencia.  Pasó por un par de orquestas y formó la suya, aunque la abandonó para viajar a Europa con Cátulo Castillo. Al regreso la rearma, pero vuelve a viajar a Estados Unidos con Fresedo. Al retornar forma la orquesta que irá marcando rumbos. Sobre todo cuando llegan los Pontier, Francini, Federico, Maderna, y otros a la misma. Y cantores como Berón, Podestá, Ortiz. Su hermano Roberto arrancó como cantor, incluso en la orquesta de Miguel. Luego tendría su propio conjunto que tuvo bastante trabajo. Los hermanos Antonio y Armando Caló eran contrabajistas y trabajaron en orquestas de tango, como la de Miguel y otras. Pero un día decidieron formar el conjunto Tony-Armand y se pasaron a la música ligera. Juan Caló también estuvo en la orquesta de Miguel y formó con Gobbi y Orlando Goñi en un trío. Tuvo su propia formación y fue solista de bandoneón. En los setenta lo vimos al frente de una gran orquesta en Madrid.

(Continuará)

martes, 10 de mayo de 2022

Bien Milonga

                                                          Me gusta compadrear,
                                                          soy reo pa' bailar,
                                                          escuchen mi compás:
                                                          Yo soy el viejo tango
                                                          que nació en el arrabal

   El mismo tango que seguimos bailando tantísimos años después, gracias a todas las piezas que nos dejaron, los pasos que heredamos en la pista y que cada día enrola más adeptos en milongas que funcionan en tantos países del mundo. 

                              

Como lo bailaremos una vez más este Martes 10 de Mayo, en la coqueta pista de la madrileña CASA de ARAGÓN, desde las 21 a las 0 horas. Porque BIEN MILONGA lleva ya ocho años inundando de tangos, valsecitos y milongas súper bailables este recinto donde disfrutamos milongueando tupido.

 Y, como de costumbre nos pegamos unas vueltecitas por otros  lugares del mundo donde podemos ver el desfile de parejas en exhibiciones donde lucen sus atributos bailables que tanto gustan al público.

Arrancamos por la milonga Les Intanguptibles, que se realiza en Montpellier (Francia). En este caso, Clarisa Aragón y Jonathan Saavedra bailan el tango Bien milonga, por la orquesta de Osvaldo Pugliese.


Nos trasladamos el Chicago Mini Tango Festival en Estados Unidos. Allí Alicia Pons y Daniel Arias, se mandan al ruedo con la milonga Flor de Monserrat, por la orquesta de Rodolfo Biagi, cantando  Alberto Amor..


Y el salto al Festival Karlsruhe, en Alemania, para ver en acción a Sebastián Arce y Mariana Montes. la consagrada pareja que se lucen con el valsecito Viejo portón interpretado por el Sexteto milonguero.

                                           

   El aperitivo acrecienta el deseo de estar en la pista. Y en BIEN MILONGA lo disfrutaremos.

                             

domingo, 8 de mayo de 2022

Los treinta y tres orientales

    Los Treinta y Tres Orientales es el nombre con el que se conoce a los hombres que, liderados por Juan Antonio Lavalleja y Manuel Oribe, en 1825, emprendieron una insurrección para reincorporar la Banda Oriental (territorio que comprendía lo que hoy es Uruguay y parte del dominio brasileño) a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

   Dada la indefinición de la guerra entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil, ambos estados acordaron establecer un nuevo país, el actual Uruguay, por lo que el objetivo original de la lucha (esto es, la reincorporación de la Banda Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata) mutó en la independencia uruguaya y su ruptura definitiva respecto de las demás provincias argentinas. 

                                   

Juan Antonio lavalleja

   El 19 de abril de 1825 un grupo de hombres liderados por Juan Antonio Lavalleja y por Manuel Oribe, cruzaron desde Argentina, el Río Uruguay y desembarcaron en la Playa de la Agraciada, ubicada en lo que actualmente es el departamento de Soriano.

   Juan Antonio Lavalleja, considerado el Jefe de los Orientales, participó en el comienzo de la Revolución Oriental de 1811 liderada por José Gervasio Artigas, y continuó con un destacado rol en la lucha por la independencia.

   El desembarco de los Treinta y Tres Orientales es considerado uno de los hechos más importantes de la historia uruguaya, debido a que dio inicio al levantamiento oriental contra quienes dominaban el territorio, los portugueses. La lucha continuó con fervor, y el 25 de agosto del mismo año, la Provincia Oriental declaraba su independencia del Imperio del Brasil. No todos los participantes eran orientales ya que en la lista de los 33 había algunos argentinos e incluso paraguayos.

   En el año 1868, Juan Manuel de Rosas, que fuera el Gobernador de Buenos Aires, desde su exilio en Southtampton (Inglaterra), recordaba algunos datos importantes de aquel suceso:

-Recuerdo, al fijarme en los sucesos de la República Oriental la parte que tuve en la empresa de los 33 patriotas". Refiere al itinerario y el objeto aparente de su viaje, tal como queda narrado, y agrega: "Ello crea una trampa armada a las autoridades brasileras en esa provincia (la Oriental) para que no sospecharan el verdadero importante objeto de mi viaje, que era conocer personalmente la opinión de los patriotas, comprometerlos a que apoyasen la empresa, y a ver el estado y numero de las fuerzas brasileras. Así procedí de acuerdo en un todo con el ilustre don Juan Antonio Lavalleja; y fui también quien facilitó una gran parte del dinero necesario para la empresa de los 33...

                                

Juan Manuel Blanes inmortalizó la épica gesta de Los 33 orientales en un cuadro de grandes dimensiones, 3,11 x 5,74, en 1878. Buscó documentación del histórico suceso en la playa de La agraciada. Y para imprimirle más realismo al cuadro llevó arena de allí. Y al presentar ela cuadro distribuía entre los concurrentes dicha arena en frasquitos, que éstos aceptaba con muestras de interés.

    El número 33 es considerado como ideal por la masonería. Y como varios de los participantes eran afiliados a dicha secta, decidieron utilizar esa cifra como símbolo.

   Y traigo este hecho histórico a la página, porque el bandoneonista José Felipetti y el violinista Alfredo Mazzeo, para un aniversario de la celebrada gesta y al conocer algunos de los pormenores de la misma, decidieron componer un tango que la recordase. Y aunque no tuvo muchas interpretaciones, la página le llegó a Carlos Di Sarli que la ensayó con sus músicos y decidió incorporarla a su repertorio.

   Y gustó tanto que grabaría Los treinta y tres orientales en 1948, 1952 y 1955.

   Los invito a escuchar la versión registrada el 10 de junio de 1952.

                                      

   

miércoles, 4 de mayo de 2022

Paciencia

    Una y otra vez me interesa volver con este poeta, Francisco Gorrindo,  que dejó una ristra de tangos interminable y con mucha polenta. Precisamente, no pierden vigencia por su contenido y el uso emocional del lenguaje. Y aunque muchas veces esos versos quizás no son analizados en profundidad porque prima el ritmo musical, la fuerza de la orquesta-cantor interpretándolos, conviene a veces apearse de ello y analizarlos en profundidad.

    Paciencia, por ejemplo, es un tango de 1937, que lleva música de Juan D'Arienzo y la estocada musical del Rey del compás opaca un poco el laberinto emocional del poema. Aunque, claro, como milonguero, ponémelo una y otra vez por D'Arienzo-Carbel o D'Arienzo-Echagüe, que salgo disparado a la pista para  incrustarme en esa maraña musical que te envuelve y lo disfrutás como loco. 

                                   

Francisco Gorrindo

   Pero vale la pena detenernos en esos versos que señalan los distintos caminos que emprende la pareja luego del reencuentro fugaz, que prometía  mucho y se fue desvaneciendo entre los ecos del tiempo acontecido. Vemos como se inicia el viaje hacia la desesperanza y los sueños comunes averiados para siempre. En el reencuentro flotan los recuerdos de cuando y cómo hilvanaron su alianza....

   Claro que desfila el carrusel de lo vivido entre ambos con una mirada distinta, lejana... Como una melodía infinita de poso melancólico, la realidad los golpea abruptamente. El paso del tiempo demuestra lo ilusorio de tantas ilusiones hilvanadas, y el reencuentro parece echar sal en la herida. El regreso imaginado solo sirve para cauterizar definitivamente el deseo y prima el desengaño emocional.

Anoche de nuevo, te vieron mis ojos,
Anoche de nuevo, te tuve a mi lao,
¡Pa´ qué te habré visto si después de todo
Somos dos extraños mirando el pasao!
Ni vos sos la misma, ni yo soy el mismo...
Los años... la vida... ¡Quién sabe lo qué!...
De una vez por todas, mejor la franqueza
Yo y vos no podemos, volver al ayer.

   La altísima intensidad creada en el fútil intento del retorno y el poderío magnético de la presencia, sólo sirven para fermentar aún más el decisivo desencuentro. Los versos reflejan las actuales imágenes astilladas, oponiéndose a recuerdos y gestos vivos  que atraviesan el tiempo para chocar con la abrupta realidad. El calor de la compañía querida se ha diluído tras las gestas cotidianas y no hay retorno.
                                         


   Es entonces cuando el ilusionado personaje reflexiona ante la magia del instante y comprueba que creer en la utopía genera melancolía. El conflicto entre proyectos de vida distintos, no lo conduce hacia el odio, sino hacia la reflexión. El mejor antólogo, que es la realidad, termina poniendo a cada uno en su sitio y no hay rencor, sino comprensión. Sabe que nunca más volverán a ser pareja, prefiere quedarse con la imagen del retrato que imagina de ella. Y con una contención íntima, reflexiona y le dice:

Paciencia...
La vida es así.
Quisimos juntarnos
Por puro egoísmo,
Y el mismo egoísmo
Nos muestra distintos...
¿Para qué fingir?
Paciencia...
La vida es así.
Ninguno es culpable
Si es que hay una culpa,
Por eso la mano
Que te di en silencio
No tembló al partir.
 
Haremos de cuenta que todo fue un sueño,
Que fue una mentira, habernos buscao,
Así, buenamente, nos queda el consuelo
De seguir creyendo que no hemos cambiao.
Yo tengo un retrato de aquellos veinte años
Cuando eras del barrio, el sol familiar,
Quiero verte siempre, linda como entonces
Lo que pasó anoche, fue un sueño nomás.

   Me encanta el contenido y la manera de pintar la situación por un poeta tanguero de la talla de Francisco Gorrindo. D'Arienzo le puso la música ideal para consagrar el tema, que es como un golpe seco de látigo. Y yo araño en los versos para sacarles toda la sensibilidad contenida en los mismos.

   Agustín Magaldi grabó Paciencia acompañado por la orquesta de Adolfo Carabelli, el 26 de enero de 1938, ocho meses antes de su fallecimiento. Y podemos escucharlo.

                            


  Juan D'Arienzo con su orquesta lo llevó al disco en cuatro oportunidades. En 1937 con Enrique Carbel, en 1951 y 1970 con Alberto Echagüe y en 1961 cantando Horacio Palma. Lo que da una idea del éxito que tuvo este tango.

   Lo escuchamos por la orquesta y Echagüe en vivo, en una presentación realizada en el Canal 4 Montecarlo, de Montevideo- Uruguay, en febrero de 1964. 

                                         


                                            

martes, 3 de mayo de 2022

Bien Milonga

                                                      Salir a bailar este tango
                                                      es empezar a quererte,
                                                      es mucho decir callando
                                                      dejando que hables, tan sólo vos.

   Sí, cuando salimos a bailar el tango, la música nos llena el alma y nos transporta. Como suele suceder todos los Martes del año en BIEN MILONGA, que se desarrolla en la madrileña CASA de ARAGÓN.

   
   Y como es costumbre en esta página bien milonga, nos damos la consabida vuelta por otras pistas del mundo para ver a esas parejas que florecen como hongos al compás del cuatro por cuatro.   

   Así nos instalamos en el Instituto Cervantes de Francfort (Alemania), donde Juan Pablo Canavire y Sara Westin bailan el tango Argañaraz por la orquesta típica de Ricardo Tanturi. 

                             
      Nos plantamos en Salón Canning, donde, en la milonga Parakultural, bailan Daniel Inglese y Ricardo Albornoz, el valsecito Desde el alma, por la orquesta de Osvaldo Pugliese 

                                          


   Volvemos a Alemania, concretamente, esta vez, al Tango Loft Stuttgart, para ver en acción a Nolelia Hurtado y Carlitos Espinoza cuando estaban juntos y se mandaban con la milonga Sacachispas por la orquesta de Julio De Caro, cantando Luis Díaz.

                                         
   
   Ya te dí máquina. Ahora nos toca a nosotros esta noche en BIEN MILONGA.
          


domingo, 1 de mayo de 2022

Lo vi en tus ojos

    Se trata de un tango que no ha tenido trascendencia, es uno más dentro de la  impresionante maleza tanguera. En esa abundancia de temas que nos han dejado para la posteridad permanente, es normal que haya muchas páginas oscurecidas y que merecerían salir a la luz. Y conste que no me gusta presumir de "descubridor", porque en el tango está todo descubierto. Sobre todo si hablamos de la discográfica bailable, algo que me ocupa permanentemente. 

    En este último aspecto, ya sabemos que hay muchos discjockeys recién llegados al tango que presumen de descubrir páginas pocos conocidas (para ellos, claro) y nos los enchufan en la milonga, cuando dentro  del género hay temas para escuchar, temas para bailar y otros que no han logrado prender en ninguna de las dos opciones y por eso sólo son descubiertos por algunos aprendices que llegaron tarde.

                                     


   Lo vi en tus ojos es un tango que tiene algo que lo hace muy atractivo, tanto para escucharlo como para bailarlo. Lo curioso del caso es que sus autores, tanto el letrista Ángel Luis Colombini como el compositor Emilio Pistocchi, no aparecen en las guías tangueras. Este último, incluso tiene algunas páginas más en su haber y pese a ello es un desconocido para el público y la gente de tango.

   Por eso me llama aún más la atención este tema tan bien logrado por la Típica Víctor  y el cantor Alberto Carol, quien tampoco tiene un curriculum destacable, aunque militó en la orquesta de Alberto Mancione y grabó 6 temas con la Victor. Son detalles que suman para que nos detengamos en esta página que suelo pasar en la milonga, con los parabienes de los bailarines.

                                      


   Los versos de Colombini reflejan el final de la relación amorosa que él ya descubre en la mirada de ella. A partir de ahí, las palabras de la mujer completan el panorama sombrío, la desesperanza de él, con el desenlace que lo sumerge en una mezcla de rabia y de aceptación de la realidad. La potencia del paisaje suena común, pero ayudado por la música nos va sumergiendo paulaltinamente en el drama del final.

En tus ojos, yo lo vi
aquella noche,
el hastío despiadado
se cruzó como un ladrón.
Tus palabras
como puntas de alfileres,
se clavaron en mi alma
sacudiéndome de horror.
 
Hoy, en torno nuestro
todo es frío.
Sombras
de una cruel desesperanza.
Cual un naipe
arrojado con confianza,
en el truco de tu vida
está la incomprensión.
Yo,
creí posible tu amor,
en la noche de mi penar.
Hoy,
repito aquella oración,
que por ti, supe musitar.
No, no la maldigo señor,
fue la vida que la hizo así.

   La angustia del personaje está reflejada en un lenguaje módico y como diría Cadícamo: "Lo que no se entiende no es poesía...". En este caso, aunque se trate de algo tan remanido como la ruptura de la pareja, transmite una sensibilidad especial, sobre todo en el título y en la tómbola del destino que los desune. La peripecia doméstica está acompañada por una música muy sensible al andamiaje de los versos y es por eso que tiene algo que me llega... Sí, me llega...

Ves, enmudeció mi canción,
¡oh!, Jamás será para mí.
Dame de tu mano, el anillo,
Me dirás adiós, sin amargura
marioneta sin destino, sin ventura,
no busquemos al culpable
de la vida o tu dolor.


   El tema fue grabado en el sello Sonolux de Colombia por Carlos Dante, acompañado por la orquesta de Víctor Braña en 1965.  El 15 de marzo de 1944 lo registró la Típica Victor con Alberto Carol.  Curiosamente, el famoso cantante ecuatoriano Julio Jaramillo se enamoró de esta página y la grabó en tiempo de bolero, acompañado por sus guitarristas. Y lo cierto es que le quedó muy bien.

   Podemos escuchar la versión Lo vi en tus ojos, por la Típica Victor (15-3-1944), a la vez que apreciamos la interpretación bailable del mismo por Carlitos Espinoza y Noelia Hurtado.

                               

    Y a continuación la de Julio Jaramillo en tiempo de bolero.

                                           

jueves, 28 de abril de 2022

Homenaje a Manzi

    No conocí a Homero Manzi pero ahora tengo amigos que lo fueron suyos y gustan deslizar en los recuerdos con palabras y anécdotas que enriquecen la imagen andariega que de adolescente descubrí de soslayo en las calles céntricas.  

   Cuando yo era muy joven, lo tengo visto en la Confitería Real o en el Ateneo de Carlos Pellegrini, centros faranduleros, o presuroso por las veredas de  Corrientes, y una última vez -inconfundiblemente barbado- en la entrada del cine Ópera, cuando allí se exhibía su película El último payador, prolongadora de su canto a Betinotti, el payador de las madres.

                                   


   Esta postrera relación de distancia fue en 1950, poco antes de que muriera tempranamente, poco más allá de la curva de los cuarenta. Añado la posibilidad de que tal vez lo viera, sin saberlo, en el boedense café de San Juan y Loria, a cuya vuelta vivía yo de niño, ese café donde quemó horas juveniles de bohemia. 

   Pero todo eso no importa, o apenas si importa para mí, en cuanto de Homero Manzi cada porteño quiere -y puede- reclamar algo. Empero, lo mejor y definitivo que de él debe saber la ciudad, está en sus versos. El lirimo de sus tangos, milongas y valses se ensancha hasta un capítulo porteño tan densamente cálido y comunicativo como el que resulta del lejano Evaristo Carriego, a quien, necesariamente, tanto amaba Homero.

   Hay por ahí páginas de Manzi en que confiesa cómo echó por la borda iniciales pretensiones de ortodoxia literaria y se volcó a la poesía popular. De pronto, sabiéndolo o no, sin duda queriéndolo, rompió esa muralla de cemento que suele separar a los letristas versificadores de los poetas. Cierto que en la singular aventura no estuvo sólo, según se advierte en perspectiva, ya que el tango -el pico más empinado de Homero- reinvindica una prodigalidad poética que con la misma facilidad no puede ostentar el cancionero popular de otra latitudes.

   Al menos el moderno cancionero, inevitablemente entreverado a la ley de la oferta y la demanda. Discepolín, Celedonio Flores, Enrique Cadícamo son algunos de sus hermanos, y más que el director Pascual Contursi su precursor es el espiritual José González Castillo, en el centrípeto amor  al barrio -Boedo, Pompeya- y el centrífugo hálito universalista de poesía.

   Con todo, Homero es totalmente  personal y distinto, y hasta la nostalgia en que canaliza su amor por la ciudad -su paisaje, sus hombres, sus cosas- no es la sacralización del pasado sino la lámpara votiva de la niñez y la temprana juventud que cada ser lleva.  Pueden rastrearse en él las influencias emocionales de Carriego o las más severas y en el mejor sentido retóricas de García Lorca, lo que tardíamente preocupa a los críticos literarios, remisos en la admiración que Nicolás Guillén expresó sin remilgos.

   Personalmente me seduce la lectura de sus letras independientemente del canto. No es menospreciar la melodía ni descartar el placer de las voces que cantaron esas letras. Nos acompaña Gardel en Milonga sentimental o Fiorentino en Malena o Edmundo Rivero en Sur, pero en un aparte íntimo buscamos el valor autónomo de las letras de Manzi. Se encuentra y reencuentra así al poeta neorromántico que no alcanzó a publicar libros. Desde luego, hasta lo pueden descubrir los que son remisos a la canción.

                                  


   El piano del maestro Sebastián Piana y la voz de Julián Centeya concurren a una versión diferente y esencial de Homero Manzi, esta vez un Homero sin trinos, reducido a lo que simplemente se dice, a lo que siquiera se recita, a sus desnudadas palabras. Tanto Piana como Centeya tienen títulos para la experiencia, además del vínculo fraternal que los unió al poeta.

   El músico fue su amigo y en piezas memorables, su colaborador. También fue su amigo el hombre gris de Buenos Aires, en el ámbito menesteroso y mágico del barrio. En el teclado, aquél reedita confidencialmente las exquisitas notas que lo hermanan a Manzi y borda otras igualmente inolvidables de Troilo o de Demare.

   La proeza de Centeya es de otra índole: No tiene impostación de actor ni se pretende diseur, y en consecuencia acostumbra a leer o decir sus propios versos lunfardos, pero tiene la sobrada cargazón de barrio, esquina y tango que necesita para prestar su voz a Homero.

                                                                                            JOSRGE MIGUEL COUSELO

(En la parte posterior del elepé "Homenaje a Manzi", editado por AZUR PRODUCCIONES)

   Podemos escuchar a Sebastián Piana al piano y Julián Centeya recitando Voz de tango, el tango de Homero Manzi y Sebastián Piana, que es uno de los temas del disco

                            



martes, 26 de abril de 2022

Bien Milonga

                                                 Bailá este tango que al bailar
                                                 hace florecer los cinco sentidos.
                                                 Qué ensimismada y linda vas,
                                                 sí, qué linda estás recostada en mí.

   Es lo que nos pasa en los Martes madrileños de BIEN MILONGA, con esa música mágica que te penetra el alma y te lleva en volandas por la pista. El tango ya es patrimonio mundial y se baila en todos los rincones del planeta. Aunque siempre sonarán esos acordes que nos dejaron aquellos genios.


                           
     
      Y como es costumbre para ira metiéndonos en la pista mentalmente y preparando los remos para esta nochecita milonguera, nos entonamos viendo a esas parejas que lucen su garbo, sus pisadas y sus figuras en variopintas pistas del planeta.


Arrancamos en Corea. Concretamente en Tango o Nada. Podemos ver a Vanesa Villalba y Facundo Piñero, bailando allí el tango A Evaristo Carriego interpretado por por la orquesta Forever Tango. 



   El siguiente paso es en la milonga Más que tango, que se desarrolla en Parma (Italia). Allí Agustina Piaggio y Carlos Espinoza se van a lucir con el valsecito Dichas que viví por la dupla Biagi-Falgás.

                                          
   

   Y nos vamos a la bonaerense Zárate, al Ladys Tango Festival  para ver  a Johana Copes y David Palo, que se mandan al ruedo con la milonga Por la huella, por Rodolfo Biagi, cantando Carlos Saavedra.

                                         

  
Y esta nochecita, bailamos a piaccere en BIEN MILONGA. ¡Venís?

                                
                                                                   

sábado, 23 de abril de 2022

Al compás del corazón

    Este tango que fue todo un suceso en los años cuarenta y se prolonga en el tiempo, encierra una historia realmente sorprendente, imaginativa, y borda imágenes con un intenso poder de sugestión. La música y la poesía de Domingo Federico y Homero Expósito se aúnan nuevamente con su potencia estética, luego del éxito de Yo soy el tango, y logran toda una creación con este tema que dejará huella.

Domingo Federico
   

   Cuando Domingo Federico llevó la obra terminada se la mostró a sus compañeros en la orquesta de Miguel Caló, que a veces llegaba un poco tarde, y la ensayaron un par de veces, recibiendo el plácet de los músicos. Y en el comienzo de la soireé del Ocean, intentaron tocarla antes que estuviera el director, aunque como Podestá acababa de irse con Di Sarli, no tenían cantor esa noche. Y Francini se ofreció para cantarla, con los versos escritos en un papel para recordar la letra. Y gustó, arrancando muchos aplausos. 

    Cuando está ya el director al frente, nota que el público pide esa pieza que él no conoce. Les pregunta a los músicos y éstos le cuentan la historia. Entonces  Caló no sólo acepta el pedido de la gente sino que, al escucharlo decide incorporarlo inmediamente a su repertorio. Será Raúl Berón, el nuevo cantor tras la marcha de Podestá a la orquesta de Di Sarli, quien lo registra con la orquesta en un disco que tendrá mucho recorrido.

                                   

Homero Expósito

   Si ya de por sí, la anécdota es más que curiosa, la raíz del tema la supera. Porque Domingo Federico estudió medicina y estuvo cerca de recibirse. Era su meta junto a la del bandoneonista, pensando en las pasiones musicales de su padre que tocaba el violín y también se había comprado un bandoneón, que compartía con el muchachito.

    Desde el natal sitio de Parral y Gaona de Domingo, la familia se había trasladado a Carmen de Patagones en el sur bonaerense, a 900 kilómetros de la capital. Allí comenzó a estudiar el bandoneón, después de intentarlo con el violín y el piano y compartiéndolo con el secundario. Cuando regresan a la capital, el muchacho toma clases decisivas en el conservatorio de Pedro Maffia.

    Pero, a la vez, quiere también terminar sus estudios de medicina, y aunque ya ha actuado en locales céntricos con su hermana, a quien le había transmitido muchos de sus conocimientos y la acompañaba desde el piano, busca mejorar la vida familiar y la enfermedad de su madre. Y progresar en la Universidad de Medicina, por más que muchas veces acudiera sin dormir casi, debido a las noches de tango.

   Y allí le ocurre la anécdota que geminará años después en un tango de éxito. Durante una clase, el profesor de anatomía, aplicando las teorías de Luigi Galvani, hizo latir el corazón de una rana diseccionada, mediante impulsos eléctricos. Le impresionó tanto el experimento que le quedó en la cabeza durante mucho tiempo. 

                                           


    Y una noche, hablando con Homero Expósito le comenta el caso, cree que se puede hacer un tango que se llame: Late un corazón y en principio él tiene ya plasmada casi la música. Se la hace escuchar, Homero toma el monstruo y a los pocos días tiene lista la poesía que junto a los compases de Federico será un gran éxito. 

   Curiosamente, Podestá que había conocido la anécdota, graba el tema con Di Sarli, en cuya orquesta estaba desde hacía tres meses, el 9 de abril de 1942. Y Miguel Caló con Raúl Berón lo lleva al disco el 29 de ese mes. Dos golazos que seguimos bailando. El título inicial quedó como subtítulo. Y lo bailamos Al compás del corazón.

    Hay varias versiones muy buenas de este tango, pero nos vamos a ceñir a las dos que citamos en la nota. Porque son realmente para disfrutarlas una y otra vez.

                                     

Late un corazón.../ déjalo latir.../ Miente mi soñar.../ déjame soñar.../ late un corazón porque he de verte nuevamente. / Miente mi soñar porque regresas lentamente...