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viernes, 23 de septiembre de 2022

Cafetín

     Los tiempos cambian, pasan rápido. Como las modas, el cine, ciertos ritmos musicales, el azar de las vidas en tantos países de este planeta, las guerras constantes, familias desintegradas en la emigración, tiempos difíciles. Los que somos hijos de inmigrantes sabemos del tono melancólico de nuestros padres cuando recuerdan todo lo que dejaron atrás, tan lejos, tan distante.

   Además, eran conscientes de que nunca volverían a pisar aquellos lugares de su infancia, adolescencia y juventud. En las reuniones con sus paisanos y familiares cercanos retornaban los recuerdos, paisajes y términos comunes que iban dejando de lado en su adaptación a la realidad de su nueva  residencia, tan lejana y estructurada en la nueva familia que habían formado.

   El Café de la esquina era punto de reunión para muchos de aquellos inmigrantes masculinos, donde se comentaban las guerras en Europa, la política nacional y se formaban mesas de naipes con todos los juegos que habían traído de allá.: La escoba, el tresiete, el mus, la brisca, y todos los ingredientes en los comentarios, la parla, los festejos de cada jugada acertada...

                                 

Homero Expósito

   El Café fue la guarida que les permitió recrear cosas de su tierra y la transmitieron a sus descendientes. En algunos lugares del Bajo, o cercanos al puerto, en barrios de baja condición social, según el Diccionario del lunfardo, estaba lo que se denominaba como el Cafetín, o sea un lugar pobretón, alejado del centro, según el diccionario del lunfardo. 

   Discépolo consagró su Cafetín de Buenos Aires en 1948, pero un año antes Homero Expósito escribió esta notable pintura tanguera llamada Cafetín, a la que Argentino Galván le puso música. Y quedaría estampada para siempre en las notables interpretaciones de Osvaldo Pugliese, su orquesta y la voz de Alberto Morán y la de Francini-Pontier con Raúl Berón.

   Homero Expósito, gran observador, enorme poeta que le dió un cambio notable a las letras de tango, nos muestra en estos versos aquella cruda realidad de esos boliches cercanos al Riachuelo, donde los inmigrantes hablan de sus tierras, sueñan con el retorno que jamás se producirá, y el andamiaje de los grandes barcos sobre el agua ahonda las cicatrices palpitantes que deja la erosión de los sueños.

Cafetín...
donde lloran los hombres,
que saben el gusto
que dejan los mares...
Cafetín...
y esa pena que amarga,
mirando los barcos
volver a sus lares...
Yo esperaba...
porque siempre soñaba,
la paz de una aldea
sin hambre y sin balas...
Cafetín...
ya no tengo esperanzas,
ni sueño, ni aldea
para regresar...

    Muchos de estos hombres curtidos en la lucha por la supervivencia, dejaron atrás un romance, la promesa de llamada a aquella novia del pueblo, y en esa encrucijada de remembranzas, el Cafetín trasluce el sentido de la aventura humana. La neblina del recuerdo se agita en la mesa donde el desarraigo se cicatriza con copas de vino barato y los cigarrillos que ahuman el ambiente nublando el sentimiento de nostalgia..

Por los viejos cafetines
siempre rondan los recuerdos,
y un compás de tango de antes
va a poner color
al dolor del emigrante.
Allí florece el vino
la aldea del recuerdo
y el humo del tabaco...
Por los viejos cafetines
siempre rondan los recuerdos
de un país y de un amor...!
 
Bajo el gris...
de la luna madura,
se pierde la oscura
figura de un barco.
Y al matiz...
de un farol escarlata,
las aguas del Plata
parecen un charco...
Qué amargura...
la de estar de este lado
sabiendo que enfrente
nos llama el pasado...!
Cafetín...
en tu vaso de vino,
disuelvo el destino
que olvido por ti...

   La versión de Osvaldo Pugliese con su orquesta y el Flaco Morán (otro inmigrante italiano), nos dejaron esta hermosa versión. Lo grabaron el 27 de marzo de 1947. Y acá podemos volver a escucharlo.

                                 

     Y la interpretación de Raúl Berón, con la orquesta de Francini-Pontier, también es impagable. Vale la pena verlos en esta filmación de 1948.

                                           

lunes, 19 de septiembre de 2022

Así se baila el tango

    Alberto Castillo rompió el molde del cantor de tango, cuando Ricardo Tanturi lo incorporó a su orquesta en 1939. Seguramente, el propio director ni se imaginó que con su decisión estaba a punto de consumar una revolución en la agenda e historia del tango. La yunta debuta en el Palermo Palace, de Godoy Cruz y Santa Fe, y una verdadera multitud se agolpó ante las puertas del salón, quedando numerosos bailarines frustrados por quedarse afuera.  Era todo un síntoma de lo que se avecinaba.

   Hace unos años contaba Elías Randal (Elías Rubistein, el menor de cuatro hermanos, todos dedicados a a la enseñanza del arte y autores de tangos exitosos), una anécdota curiosisima:

-Un vecino del barrio (Elizardo Martínez Vilas), conocedor de que yo había compuesto algunos temas, me trajo un día una letra para que le pusiera música. Yo lo miré atentamente y le dije que ya lo haría.

                                

Elías Randal

    A los pocos días me encuentro con él y me pregunta cómo iba el tema. Le dije -mintiendo-, que iba bien.

   Como me lo encontraba a menudo, siempre había el parecido intercambio de palabras y comentarios, y la realidad era que el tema no me interesaba, no lo veía apto. 

   Lo cierto es que me lo vuelvo a encontrar y para salir del paso, le dije, mintiéndole: -"Ya lo tengo...".Y ahí nomás tomé la letra que guardaba en un bolsillo y le tarareé una melodía que me inventé en el momento. 

   El hombre se entusiasmó y me responde:

-¡Es bárbara... va a ser un golazo...!

   Curiosamente, a mí también me gustó, la memoricé y al llegar a casa la trasladé al pentagrama. Probamos un par de veces y sonaba realmente bien cuando la completé.

                                     

La orquesta de Ricardo Tanturi con Castillo en radio El Mundo

   Esa misma noche le llevamos el tema a Ricardo Tanturi que actuaba en radio El Mundo. En un café vecino a la emisoria le dí la partitura y la tarareamos.

Muy lindo...! -dijo el maestro.  Y después de la actuación la estuvieron ensayando con la orquesta y Castillo, ante mi asombro y el de mi vecino que firmaría la pieza con el seudónimo de Marvil.

   Le pusimos de título Así se baila el tango, que Ricardo Tanturi con Castillo estrenaron una semana más tarde con enorme éxito.

   El hecho ocurrió en un club del barrio de Flores donde actuaba la orquesta y Alberto Castillo, con su estilo cancherazo que tantas reprimendas le costaran del director, provocó una especie de batahola entre dos barras que se liaron a golpes cuando cantaba aquello de:

--Qué saben los pitucos, lamidos y shushetas / qué saben lo que es tango, que saben de compás..."

   El tema se convirtió rápidamente en un suceso espectacular y en un símbolo milonguero:

-Así se baila el tango /sintiendo en la cara / la sangre que sube / a cada compás; / mientras el brazo / como una serpiente / se enrosca en el talle / que se va a quebrar...

   

   Y desde aquella lejana noche de 1942, día a día se renueva el éxito en las milongas de tantos lugares del mundo donde el tango llamar a formar en la pista. Es cierto que poéticamente no es una obra de arte, pero la interpretación de Tanturi-Castillo supera con creces los brochazos descriptivos propuestos por el autor.

    Escuchamos dicha versión grabada el 4 de diciembre de 1942. Y de paso, nos marcamos unos pasitos en el piso...

                                    


jueves, 15 de septiembre de 2022

Calle Corrientes, la contradictoria

    "Y en la última pelea de la noche ..." Un espeso ciclón de gritos, aplausos y silbidos recorre las graderías del Luna Park mientras el impecable Fiorentino anuncia sucesivamente al challenger y al hombre del pantaloncito blanco. Hora, hora y pico más tarde, a lo sumo (salvo que medie un prematuro nocaut), la multitud inaugurará la primera de las 69 cuadras de "la calle más vital, auténtica y porteña de Buenos Aires", al decir de los que la conocieron angosta y de los que la heredaron ancha: Corrientes. Sesenta y nueve cuadras en que se dan la mano el mito con la realidad, la nostalgia con la juventud, el ocio con el trabajo.

   Desde Florida hasta Callao, Corrientes es sinónimo de noche. De allí en más —y en menos— es una vía eminentemente diurna, salvo uno que otro racimo esporádico de cuadras, como el del Abasto. Pero hay algo en que Corrientes no varía en toda su extensión: para sus parroquianos habituales, para sus moradores y para sus ocasionales turistas, ha sido, es, y tal vez sea siempre, la calle Corrientes, pese al título aristocrático de "avenida" que la burocracia municipal le endilgó hace ya unos cuantos años.

                           


     ¿Cómo explicar su dinámico porteñismo, que perdura a través de los años a pesar de, o gracias a, los codazos del progreso? El hecho es que cada una de las generaciones de porteños que transitaron por este siglo se apoderaron de Corrientes y la dotaron de una heterogeneidad que hizo posible lacoexistencia de personajes tan dispares como los que describen las antologías tangueras: bohemios, intelectuales, políticos, poetas, malevos, gente de teatro e innumerables etcéteras. No es de extrañar, pues, que un melenudo noctámbulo de los de ahora, mientras se balancea al compás beat de un disco de la juke-box, emita la siguiente proclama: "Esta no es la Corrientes angosta con reminiscencia de bandoneón. Ahora nos pertenece". 

   Y es verdad que la nueva generación se adueñó de Corrientes —por lo menos, de ese tramo entre Florida y Callao— y le imprimió su sello. Del pasado, sólo quedan por allí algunos bares, como el "Ramos" ("El Estaño" acaba de convertirse en restaurante con mantel y sin laudo), donde recuerdosos porteños van a evocar los esplendores de otras épocas; y la leyenda de algunas esquinas como la de Esmeralda, refugio intelectual de el hombre que está solo y espera, o la de Talcahuano, la esquina de Florencio Parravicini. Casi todo el resto fue inundado por el progreso: los famosos cafés de tango silenciaron sus orquestas y cedieron su lugar al funcionalismo de la vida moderna; el ex "Ebro" se transformó en pizzería, y similar suerte corrieron el "Tango Bar", el Marzotto", el "Germinal" y otros tantos que la guardia vieja recuerda con devoción casi mística. Sólo queda un Patio de tango, y es para turistas.

   En realidad, la noche de este sector de Corrientes no es ya tan larga como solía serlo. Cada vez se produce en menor grado la amalgama entre los últimos nocturnos y los primeros madrugadores. Salvo el fin de semana, los demás días, alrededor de las dos de la mañana, el bullicio de Corrientes se va amortiguando hasta extinguirse. Los cines y los teatros ya terminaron su función, y los paseantes rezagados son no tan sutilmente despedidos de confiterías y pizzerías con ruidosos amagos de higienización (sillas colocadas sobre las mesas, tintineos de baldes de agua y escobas).

   En aparente proceso de desaparición el pernoctante empedernido de otras épocas, la Corrientes céntrica actual no sólo presenta síntomas de "temprana" somnolencia, sino también el peligro de una mayor uniformidad de concurrentes, entre quienes descuella, por mayoría, el bando de los intelectuales que todas las noches llena confiterías, cines-arte y librerías.


    Desde Florida hasta Callao, Corrientes es sinónimo de noche. De allí en más —y en menos— es una vía eminentemente diurna, salvo uno que otro racimo esporádico de cuadras, como el del Abasto. Pero hay algo en que Corrientes no varía en toda su extensión: para sus parroquianos habituales, para sus moradores y para sus ocasionales turistas, ha sido, es, y tal vez sea siempre, la calle Corrientes, pese al título aristocrático de "avenida" que la burocracia municipal le endilgó hace ya unos cuantos años.

                                


   ¿Cómo explicar su dinámico porteñismo, que perdura a través de los años a pesar de, o gracias a, los codazos del progreso? El hecho es que cada una de las generaciones de porteños que transitaron por este siglo se apoderaron de Corrientes y la dotaron de una heterogeneidad que hizo posible lacoexistencia de personajes tan dispares como los que describen las antologías tangueras: bohemios, intelectuales, políticos, poetas, malevos, gente de teatro e innumerables etcéteras. No es de extrañar, pues, que un melenudo noctámbulo de los de ahora, mientras se balancea al compás beat de un disco de la juke-box, emita la siguiente proclama: "Esta no es la Corrientes angosta con reminiscencia de bandoneón. Ahora nos pertenece". 

   Y es verdad que la nueva generación se adueñó de Corrientes —por lo menos, de ese tramo entre Florida y Callao— y le imprimió su sello. Del pasado, sólo quedan por allí algunos bares, como el "Ramos" ("El Estaño" acaba de convertirse en restaurante con mantel y sin laudo), donde recuerdosos porteños van a evocar los esplendores de otras épocas; y la leyenda de algunas esquinas como la de Esmeralda, refugio intelectual de el hombre que está solo y espera, o la de Talcahuano, la esquina de Florencio Parravicini. Casi todo el resto fue inundado por el progreso: los famosos cafés de tango silenciaron sus orquestas y cedieron su lugar al funcionalismo de la vida moderna; el ex "Ebro" se transformó en pizzería, y similar suerte corrieron el "Tango Bar", el Marzotto", el "Germinal" y otros tantos que la guardia vieja recuerda con devoción casi mística. Sólo queda un Patio de tango, y es para turistas.

   En realidad, la noche de este sector de Corrientes no es ya tan larga como solía serlo. Cada vez se produce en menor grado la amalgama entre los últimos nocturnos y los primeros madrugadores. Salvo el fin de semana, los demás días, alrededor de las dos de la mañana, el bullicio de Corrientes se va amortiguando hasta extinguirse. Los cines y los teatros ya terminaron su función, y los paseantes rezagados son no tan sutilmente despedidos de confiterías y pizzerías con ruidosos amagos de higienización (sillas colocadas sobre las mesas, tintineos de baldes de agua y escobas).

   En aparente proceso de desaparición el pernoctante empedernido de otras épocas, la Corrientes céntrica actual no sólo presenta síntomas de "temprana" somnolencia, sino también el peligro de una mayor uniformidad de concurrentes, entre quienes descuella, por mayoría, el bando de los intelectuales que todas las noches llena confiterías, cines-arte y librerías.

                                      


INTELECTUALES Y BOUQUINISTES

   Adaptada al presente, la clásica "La Paz" se yergue circunspecta sobre la esquina de Montevideo. "Aquí vienen gente de teatro y estudiantes —aclara pulcramente don Avelino García, su propietario—. Durante un tiempo fuimos invadidos por hippies, pero ya logramos alejarlos definitivamente." (Por supuesto, más de una vez hubo trompadas allí: parece ser que los mozos exigían a los clientes saco y corbata.) Ahora, superada la "invasión", reaparecieron los dos típicos sectores, delimitados por una larga vitrina; uno perteneciente a la raza de la farándula, el otro ganado por la joven intelectualidad porteña proveniente del cine Lorraine y adyacencias.

   Otros cafés-confitería, como "El Politeama", "El Foro" y "La Giralda" ("El Colombiano" cayó bajo la piqueta) también se han convertido en importantes centros estratégicos, donde plásticos, cineastas, poetas y universitarios se dan cita para entablar el diálogo profundo o superficial.

   Aunque todavía quedan en ella algunos teatros, Corrientes ya no es "la calle de los teatros" (como tampoco lo es Broadway en Nueva York, ya que sus salas no están sobre la avenida sino en las calles que la cruzan). Las compañías teatrales argentinas se van abriendo cada vez más en abanico sobre la ciudad, pero todos sabemos que año tras año hay menos salas. Sea como fuere, el boom protagonizado por la calle Corrientes en las décadas del 20 y el 30 es ahora sólo un grato recuerdo para quienes fueron partícipes de esa era dorada. "Hubo un momento en que había 48 compañías teatrales en Buenos Aires —dice el actor-poeta Gómez Ver—. La calle Corrientes se había convertido en el escenario del mundo y recibía la visita de las compañías más importantes del exterior. El caso más llamativo es el de una compañía teatral soviética que salió por primera vez de su país, en 1929, para estrenar aquí."

   Por su aspecto y su forma de comercialización, las librerías de Corrientes presentaban antes la informalidad de una feria. Grandes y coloridos cartelones proclamaban las ventajas de la compra por docena, por kilo o por metro, mientras que los libros viejos, o de segunda mano, eran la gran tentación de infatigables hurgadores, que se lanzaban a la búsqueda de la joya literaria seguramente oculta entre truculentas novelas policiales o tratados científicos en desuso. "Mi padre fue el creador de las librerías de viejo en Lavalle y Corrientes —asegura Lito, el hijo de aquel impagable personaje napolitano que fue Rafael Palumbo—. Ya en 1910, cuando la Infanta Isabel visitó el país con motivo del Centenario, le vendimos la primera edición de La Gazeta de Buenos Ayres, impresa por los niños expósitos."

   Hoy son muy pocas las librerías de viejo que quedan en la calle Corrientes. La venta de discos y de "posters" ha desplazado casi del todo a los libros de segunda mano, relegados en la mayoría de los casos a dos o tres mesas en que sólo se encuentran volúmenes de texto superados por los sucesivos planes educacionales, libros sin abrir que no se han podido vender como nuevos, o a lo sumo alguna buena policial —de aquellas primeras— de El Séptimo Círculo, pero en todo caso jamás una antigua edición de Through the Looking-Glass con las ilustraciones originales de Tenniel, o el Cancionero Español de los Siglos XV y XVI, de Asenjo Barbieri, que hasta hace veinte años se compraban por casi centavos. Con todo, el porteño no depone su idealismo y sigue a la caza de tesoros en esas pocas mesas, hojeando, revolviendo libros y decepcionándose de salir sólo con las manos sucias.

   Al cruzar Callao, Corrientes se transforma: le dice adiós a los intelectuales para introducirse en el dominio israelita. Un negocio junto a otro, desde lencería hasta venta de máquinas de coser industriales, copan la zona. Los bares y confiterías son pocos, especialmente entre Pasteur y Pueyrredón, y la clientela es "gente de paso", según un mozo del Paulista. Durante el día el barrio asume proporciones de tumulto; hasta del interior llega a veces la gente para encontrar en los económicos comercios el artículo que luego venderá al triple en su pequeño boliche del lugar de origen. Las amas de casa porteñas suelen darse una vuelta por el "barrio judío" para comprar a mitad de precio que en el centro. A medida que termina la tarde el ajetreo decrece, y a la noche ya todo es silencio.

   Más adelante, al llegar a Boulogne-Sur-Mer, empieza a percibirse la influencia del Abasto, con sus camiones, sus cafés de trabajadores y su gritería. Allí, Corrientes no duerme nunca.

                                 


TODO TIEMPO PASADO

   Y, en la mayoría de los casos, tampoco cambia nunca: Nicola, 26 años, de mozo en el bar Torino —nueve dueños han pasado desde que él está en el lugar—, dice que los parroquianos son los mismos, a veces reemplazos de padres a hijos, pero nada más. Mingo, habitué desde 1929, en que comenzó su actividad en el mercado, añora tiempos mejores, "cuando venía en mi carro tirado por un caballo, Corrientes aún angosta, y me sentaba acá, en el Torino, sin el ruido de motores de 'esos' camiones".

   El mundo aparte del Abasto sigue unas cuadras más, entre queserías, y después Corrientes, la contradictoria, se achata. Hasta Canning, por supuesto, en que los israelitas salen otra vez a la palestra, ante el rencor innegable de los antiguos pobladores italianos y españoles de Villa Crespo, que acusan a los judíos de haberla "comercializado". Sobre la esquina de Thames está el bar "Greco" (ex "El Zorzal"), "gloria de tauras y matones", según el parroquiano Alfredo Smaderman. Ha pasado también el tiempo de los salones de baile, como el "San Jorge" y "El Trianón", en Triunvirato (hoy Corrientes) al 5400. "Barrio bravo Villa Crespo, con puñaladas como fin de fiesta", dice con una pizca de nostalgia Felipe Gregorio, publicista y asiduo concurrente al "Greco". Más acá en el tiempo, Alberto Lavaselli, organizador de la murga "Los morfones de Villa Crespo" en la década del 40, rememora los días en que "todo Buenos Aires" se volcaba al barrio y su algarabía carnavalesca.

   Por la Corrientes de los tranvías a caballo, que llegaban hasta Frías, cruzaba el arroyo Maldonado, la piqueta demolió y ensanchó. Se construyó la Juan B. Justo. Lo que se salvó cayó en manos de la evolución de las costumbres: el café "Victoria", reducto de Libertad Lamarque, es ahora un bar al paso. Idéntico destino tuvo el "San Bernardo", entre Acevedo y Malabia.

   En la abundante memoria de sus más tradicionalistas moradores se pierde la historia de este sector de Corrientes, para treparse en edificios de más de 20 pisos. Luego la calle sigue subiendo, pasa por zonas neutras que ni hoy ni ayer han aportado anécdotas ni recuerdos, para morir allí, en Chacarita, frente al ferrocarril Urquiza, entre marmolerías, broncerías y, desde luego, kioscos de flores y florerías: porque, como los hombres, también Corrientes recibe flores en el último momento de su vida.

Revista Periscopio - 30 de junio de 1970


   Acompaño la nota con este tango de Aldo Queirolo y música de Roberto Chanel: Corrientes bajo cero,  que grabara Osvaldo Pugliese con su orquesta, cantando Alfredo Belussi, en junio de 1961. 

                                    

  


lunes, 12 de septiembre de 2022

Alberto Vaccarezza

    Considero que es importante recordar la obra de este talentoso sainetero, comediógrafo, poeta, que dejó un tendal de obras teatrales y de tangos durante toda su etapa productiva. Una etapa que fue larga, homogénera, criollista y exitosa. Nacido en el barrio de Almagro el 1 de abril de 1888, pero criado en el barrio de Villa Crespo, nunca dejó atrás a esas calles donde creció y y en las cuales se fue familiariarizando con el habla de los amigos, vecinos, comerciantes y demás que habitaban aquellos conventillos proletarios, con inmigrantes europeos que buscaban un nuevo destino.

   Debutó como autor teatral cuando apenas contaba 17 años, lo que es toda una demostración de capacidad visual, imaginativa y literaria. Había trabajado como ayudante en un juzgado y esa primera  obra se llamó precisamente: El juzgado, representado por un grupo en el que aparecía como organizador un joven llamado Carlos Perelli que, con el tiempo sería un reconocido actor.

                                  


   Fue compañero de colegio de Armando Discépolo y mantuvieron una amistad cercana a lo largo de los años, aunque la obra de uno y otro era completamente distinta en su enfoque y desarrollo. A Vaccarezza se lo reconoce como el creador del sainete y siempre se desempeñó en este tipo de género chico criollo. Con el agregado de que  para estas piezas teatrales siempre escribía tangos que también entrarían en la órbita popular a través de cantantes y orquestas típicas. 

   Siguió escribiendo sus obras para el grupo de Perelli, siempre lejos de los grandes escenarios, hasta que se presenta a un concurso organizado por  el dueño del Teatro Nacional, Pascual Carcavallo. Su obra Los scruchantes (Ladrones que entran a robar en las casas), obtiene el primer premio y será estrenada en el mismo teatro céntrico en julio de 1911. Ello le abrirá para siempre la puerta grande de los escenarios.

                               



   Entre su vastísima obra cabrá destacar especialmene el éxito obtenido con la representación de Tu cuna fue un conventillo, Juancito de la Ribera, El conventillo de la paloma (estrenada el 5 de abril de 1929, record de público, en el teatro Nacional, pasó las 1000 representaciones en 1930) , Lo que le pasó a Reynoso, Cuando un pobre se divierte, Conventillo nacional, Todo el año es carnaval, Villa Crespo, El arroyo Maldonado, Murió el sargento Laprida, Todo bicho que camina va a parar al asador, Entre taitas anda el juego, Va cayendo gente al baile y una lista que supera las doscientas obras.

   Pintaba graciosamente en un versito la fórmula para crear un sainete:

                         "Un patio de conventillo, 
                           un italiano encargado, 
                           un gallego retobado, 
                           una percanta, un vivillo, 
                           dos malevos de cuchillo, 
                           un chamuyo, una pasión,
                           choque, celos, discusión, 
                           desafío, puñalada, aspamento, 
                           disparada, auxilio, cana, telón."

   Y también es muy destacable  -aparte de ser llevadas al cine varias de esas obras, su trabajo como charlista radial y poeta que vio editados tres libros suyos de versos, grabar varios poemas en disco Odeón, ser Presidente de la Casa del teatro y de Argentores (desde donde comenzaría a luchar por los derechos de autor y a solicitar a los empresarios teatrales su contribución), mantenerse durante cuarenta años como el sainetero más exitoso y escribir tangos que tendrían gran acogida. 

                          
Troilo, Vaccarezza, D'Arienzo, Canaro y Discépolo, detrás, la orquesta de Pichuco.

     Los mismos, fueron en su mayoría creados para momentos determinados de sus obras teatrales. Entre ellos podría citar  algunos como La copa del olvido, No le digas que la quiero, Padre nuestro (el gran éxito consagratorio de Azucena Maizani), Araca corazón, Botines viejos, El carrerito, Talán talán, El poncho del amor, No me tires con la tapa de la olla, Adiós para siempre, Calle Corrientes, Otario que andás penando, Atorrante, Maldonado, Francesita, Julián Navarro, El poncho del amor, Botines viejos, Muchachita porteña y otros.

   Los compuso en colaboración con músicos como Enrique Delfino (el que más temas firmó con él), Francisco Canaro; Raúl de los Hoyos, Juan de Dios Filiberto, Antonio Scatasso, Mariano Mores y otros. Carlos Gardel, gran amigo suyo, y al que despediría con un discurso a la llegada a Buenos Aires de sus restos, le grabó trece temas. Además de los que están entre los citados, también le llevó al disco su zamba  Adiós que te vaya bien y el estilo Eche otra caña pulpero, ambos con música de Delfino. 

  Alberto Vaccareza (Se llamaba Bartolomé Ángel Venancio Vaccarezza), falleció el 6 de agosto de 1959, con 71 años dejando una enorme obra teatral y tanguera, además de su trabajo incansable al frente de las entidades señaladas.

   Podemos recordarlo a través de dos temas suyos. El primero: Araca corazón, que lleva música de Enrique Delfino y lo canta Julio Sosa, acompañado por la orquesta dirigida por Leopoldo Federico.

                             


    Y el valsecito Muchachita porteña, compuesto con Mariano Mores, que grabara Juan D'Arienzo con la voz de Héctor Mauré, el 29 de abril de 1942.

                                            


lunes, 5 de septiembre de 2022

Di Sarli: El señor del tango y punto.

   Los músicos de Carlos Di Sarli recuerdan que, aunque estuvieran en medio de una actuación en la radio, cuando algún conocido o algún imprudente se ponía cerca del piano él dejaba de tocar. Además de detestar a los fisgones, Di Sarli parecía temer la revelación de sus secretos interpretativos. Hace exactamente cuarenta años se los llevó todos con él. 

   Cayetano Di Sarli Russomano -Carlos Di Sarli- había nacido en Bahía Blanca el 7 de enero de 1903. Llegó a Buenos Aires con veinte años y un par de lentes negros calzado a perpetuidad. Tocó con las orquestas de Anselmo Aieta y de Osvaldo Fresedo, entre otras. Hacia 1927 formó su primera orquesta estable (ya había dirigido un sexteto de actuación muy fugaz en el legendario cabaret Chantecler).

   A mediados del 30 partió misteriosamente hacia Rosario, donde su rastro se perdió por un buen tiempo. Y regresó para consagrar definitivamente en el 40 su estilo único, que algo más tarde le valdría el título mediático de El Señor del Tango. Lo verdaderamente extraordinario de los arreglos de su orquesta es la eficacia de su sencillez. 

                                


   En El Libro del Tango de Horacio Ferrer, el mismo Di Sarli explica: "La característica de mi orquesta es entregar la versión rítmica y sentimental de lo que el autor fijó en el pentagrama. Cuando una obra no tiene los valores que considero indispensables, prefiero no ejecutarla antes de retocar con arreglos lo que no tiene arreglo". 

    Alberto Podestá -uno de sus cantores emblemáticos, junto a Roberto Rufino- recuerda: "Él decía que el bandoneón era un órgano, que no estaba para hacer firuletes. Y a los cantores nos insistía en que cantáramos a tiempo. Podestá -la voz de muchos clásicos- destaca los hits instrumentales: A la gran muñeca, Organito de la tarde, El amanecer..

   Tuvo grandes éxitos con tangos orquestales, lo que no era habitual. El cabaret Marabú, los bailes de carnaval de los clubes Atlanta o San Lorenzo, radio El Mundo fueron algunos de los escenarios de estos éxitos -que detalla minuciosamente la biografía de Di Sarli escrita por Antonio Cantó-. Si los músicos que se incorporaban adquirían el estilo de la orquesta, era gracias a una especie de proceso de absorción. 

    El bandoneonista Félix Verdi, que tocó con Di Sarli durante 28 años, recuerda: Cuando un instrumentista ingresaba se encontraba perdido, porque él no le daba ningún tipo de indicación, lo mandaba a sentar en la fila y listo. Cuenta Verdi que en 1956, cuando la mayoría de los músicos renunciaron para formar Los Señores del Tango, los convocados en su reemplazo le sugirieron a Di Sarli: 

-¿Por qué no nos explica algo del estilo, maestro?. 

Y que él se limitó a contestar: "Ustedes toquen lo que está escrito. El estilo lo hago yo"

   Dejaría la dirección en 1959, a causa del cáncer que finalmente lo venció el 12 de enero de 1960. Cuando se sumergía en sus largos silencios, sus músicos comentaban: "Ya entró en la cámara". Verdi conoció como pocos su extraño carácter, que los lentes ahumados (con los que ocultaba la pérdida de un ojo en un episodio sobre el que existen versiones diversas) parecían volver más inescrutable. 

                                        

Verdi y Di Sarli

-Era muy retraído y, cuando algo de lo que sonaba no le gustaba, insultaba bajito a los músicos. Aunque no me olvido de esas cosas, fui muy feliz en su orquesta. Era muy bueno, pero llevaba un gran dolor adentro, por lo mucho que habían hablado de él, dice Verdi.

    Podestá, en alusión a las supersticiones sembradas alrededor del músico, comenta.: Por ahí me señalaba a alguno por la calle y me decía: "¿Ves?, a aquél le grabé un tango, y cuando me ve venir, se cruza de vereda...".

    Pero el tango es muy bueno. Para evitar pronunciar su nombre, los supersticiosos lo mencionaban como El Tuerto, El Totuer, El Ñorse y hasta Di... Pérez. En los círculos de aficionados, esos apodos y las historias ligadas a esta creencia todavía pueden escucharse. Claro que sigue siendo mucho más frecuente, e infinitamente más grato, escuchar un disco de Di Sarli.

Clarín

sábado, 3 de septiembre de 2022

Pugliese y el baile

    El maestro don Osvaldo siempre recordaba el consejo de su padre: "Cuando estés tocando acordate que lo estás haciendo para los bailarines. fijate en los pies de ellos y seguilos. De ese modo nunca te vas a equivocar en en ritmo, que debe ser bailable siempre...".

   Y vaya si siguió esa fórmula que tango éxito le dio entre los milongueros que copaban los clubes donde tocaba la orquesta y al finalizar, de madrugada salían coreando: "¡Ese...ese...ese...la barra de Pugliese!"

   Tuvo incluso una pareja de bailarines que actuaban con su orquesta en confiterías y en giras por el mundo.  Eran Vanina Bilous y Alejandro Aquino. Éste luego sería reemplazado por Roberto Herrera, que pronto alcanzaría la fama como maestro.

   Y de paso podemos ver al propio Osvaldo Pugliese insinuando un paso de tango con Vanina.

                                


   Está tomada en La Galería del Tango - Buenos Aires


viernes, 2 de septiembre de 2022

Apuntes sobre el tango “Malena”

  El inicio melódico y armónico es contundente, un intervalo de 4ª justa, ascendente y categórico, presenta con su rotundo V-I el nombre de la mujer y el título del tango. Luego sigue el verbo, la acción. En la palabra “canta”, la melodía trepa a la 3ª, se define así el modo menor y Demare lo enfatiza replicando no sólo ambas sílabas, “can-ta”, sino el artículo que sigue, "el", con la utilización de la sinalefa en la misma nota. 

   ¿Qué canta Malena? El tango, nada menos. 

   En la palabra “tango”, Demare desciende al 2º grado de la escala, que otorga a la melodía un aire modal, arcaizante, replicando nuevamente sobre esta misma nota dos sílabas, “tan-go”. Para señalar que “canta como ninguna” recurre a la 4ª aumentada, en este caso ascendente (Diabolus in Musica), que reposa fugazmente en la tónica, para desplegar luego un inquietante cromatismo con notas ajenas a la escala que desembocan en la séptima mayor con “y en cada verso pone…”, para suspender “su corazón” en dominante. 

                                  


   Casi sin modificación se repite el esquema en “A yuyo del suburbio su voz perfuma, Malena tiene pena de bandoneón”.

   La utilización de progresiones ascendentes en “Tal vez allá en la infancia su voz de alondra tomó ese tono oscuro de callejón” agiliza y tensiona el discurso, para retomar la calma (siempre relativa), en “o acaso aquel romance que sólo nombra cuando se pone triste con el alcohol.”

   Qué enorme compromiso nos propone Manzi  a los cantantes cuando escribe la metáfora “Malena canta el tango con voz de sombra”. 

   ¿Cómo cantar con voz de sombra sin caer en el estereotipo?

   ¿Cómo cantar con voz quebrada?

   ¿Cómo distanciarse de esos tópicos y, a la vez, en tanto intérprete, embeberse en esos matices y circunstancias?

   Es en estos casos donde encuentro apasionante la vinculación retórica (salvando tiempos, estilos y distancias), entre la dilucidación de los recitativos de una Pasión de Johann S. Bach, una canción amatoria de Monteverdi o un tango.

“Cuando todas las puertas están cerradas y ladran las fantasmas de la canción…”

                         


   Por cierto, es notable la inflexión de Goyeneche cuando declama “…están cerradas” con una “R” tremenda y definitiva que prepara el remate del tango.

  A propósito del ritmo, si repitiéramos como un ostinato el primer verso “malenacantaeltango…malenacantaeltango…malenacantaeltango…”, nos encontraríamos con una célula rítmica típicamente afro.

  Tal vez sea esta paradoja una de las características más bellas e interesantes de la poética de Manzi: su universo íntimo, barrial y suburbano junto con la potencia de su posición social y colectiva. 

  El modo mayor del estribillo no debe llamar a engaño, es sólo un cambio de color dentro de la tormenta. La melodía toma un vuelo de lirismo y se alcanza la nota más aguda del tango en la frase “Tu canción tiene el frío del último encuentro…” (precisamente en la palabra “último”, cuando se refiere a la última cita, nada menos). 

“Tal vez allá en la infancia su voz de alondra tomó ese tono oscuro de callejón…”

     ¿Qué le pasó a esa niña?

      ¿Qué le hicieron…?

   ¿A qué se refiere el poeta cuando cita a esas "criaturas abandonadas que cruzan sobre el barro del callejón…"?

   Creo que responder este tipo de preguntas y ahondar en esos interrogantes cuando estudiamos una obra nos ubica objetiva y afectivamente en la médula de la cuestión.

   Y tal vez nos aleje un poco de la vanidad del aplauso.

Hugo Ponce

   Para acompañar este trabajo de Hugo Ponce podemos escuchar la versión de Malena por Roberto Goyeneche, acompañado por la orquesta dirigida por Raúl Garello. Grabado el 10 de abril de 1968.

                          


miércoles, 31 de agosto de 2022

Caliente

    

Horacio Ferrer en su libro El Gran Troilo cuenta cómo –meses antes de anochecerse–Pichuco le obsequia un poema de su autoría, el que solía recitar por milonga en la intimidad de las sobremesas haciendo explícito no solo el manejo del lunfardo sino también el del ritmo y el metro (versos octosilábicos). Lo bautizó Caliente, y por amor a lxs que coleccionan figuritas troilianas aquí va el texto completo:

                                                  


Milonga linda o fulera

empilchada o bien rasposa,

caliente como baldosa

que le da el sol de verano.

Más caliente que aquel tano

que lo afanaron debute

como el loco Farabute

cuando oyó ¡macho! Y dio el grito,

más ardiente que Benito

pintando en Pedro ‘e Mendoza.

Caliente como el espiedo

que da vueltas despacito

mientras mira desde afuera

tiritando, un pobrecito.

Hirviente como la vieja

cuando le tocan la cría, 

ardiente, terca y pareja

como esta tristeza mía.

Milonga del loco Papa

de Sebastián, de Azucena,

la ñata más gaucha y buena

ardiente como una brasa,

quemante como el que pasa

sobre su cara una astilla

para entibiar la mejilla

cuando la bordona arrasa.

Celosa como leona

que le tocan al cachorro

cuando apuntado por chorro

se lo alza la policía.

Dijo alguien y ese sabía

sin ser muy inteligente, 

que la madre siempre es madre

cuando está el fierro caliente.

Milonga mía y chiquita,

que te juné desde pibe,

cuando apoyado al aljibe

que no tuve, te escuchaba.

Ya entonces adivinaba,

que hoy que te canto en el centro

todo es tuyo, más que tuyo

el fuego que llevo adentro.

 


lunes, 29 de agosto de 2022

Cafetín de Buenos Aires

    Para nosotros, el Café de barrio fue siempre el punto de reunión de la barra. En esa mesas aprendimos a jugar al truco, al mus, el tresiete y todos aquellos entretenimientos de naipes que trajeron los inmigrantes gallegos y tanos. Pero además sirvió para preparar el partido de fútbol que tendríamos el sábado o el domingo, el encuentro antes de partir en grupo a la milonga, la cancha, o para recordar las anécdotas del fin de semana.

   En todos los barrios porteños estaba ese rincón tradicional, en algunos casos en su doble vertiente de "Almacén y despacho de bebidas", separados por unos cortinados en forma de lianas, y la campanilla que avisaba de la entrada de clientes en el almacén. Y el buzón rojo de la esquina, que también servía de introito antes de mandarnos a la mesa del café para la charleta sobre el fútbol, las carreras de caballos, el noviazgo de alguno que llegaba de ver a su muchacha y los chistes que jaraneaban la reunión.

                                    


   Claro que también estaban los otros, los fecas del centro, esos que servían para matizar las noches de cine, de bailes en confiterías, a la salida de la oficina o en el regreso a Buenos Aires. Cuando vas caminando por Lavalle, la Avenida de Mayo, Esmeralda... y de pronto te encontrás con un amigo.

-¡Holaaaaa! ¿Que hacés? ¿Cuando llegaste? ¡Vamos a tomar un café y hablamos...! 

   El Café sigue siendo nuestro refugio, el lugar para expiar los pecados en la confesión íntima, los detalles de tu vida familiar, laboral, social... Y el recuerdo de los que ya no están y que compartieron momentos especiales de nuestra vida. La institución definitva de  de Buenos Aires son los cafés. Y el tango, nuestro tango, lo recuerda en muchas páginas tal cual lo sentimos, en su relación intrínseca y sentimental: 

 Entre otros: Café de los angelitos, Café Domínguez,  Café La Humedad,  Cafetín, Café de Barracas, Café, bar, billares,  Café para dos, Café Nacional, Cafecito de mi barrio, El último café...

                                  


   Enrique Santos Discépolo no podía dejar de pensar en su Cafetín de Buenos Aires. Ése que lo acogió cuando quedó tempramente huérfano, y entró en un cafetín del barrio Once, con ojos de asombro, ante la filosofía casera que descubriría allí. Era el el café Oberdam que nunca olvidaría, pero también el que le abriría sus cálidas puertas para que observase y pergeñase allí párrafos de su nuevo tango en 1948.

De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan...
la ñata contra el vidrio
en un azul de frío,
que sólo fue después, viviendo,
igual al mío...
Como una escuela de todas las cosas
ya de muchacho me diste entre asombros,
el cigarrillo,
la fe en mis sueños
y una esperanza de amor...

   En su relato confesionario, nos describe como llena su espíritu de profundas emociones en el halo fantasmal y perenne de la vida. La singularidad exclusiva de cada ser humano.... El café, ese lugar donde se le dan sentidas vueltas a la edad y la existencia. La biblioteca portátil de nuestras emociones atrapadas en las palabras de otros. El Café es la vía ideal para sus sentimientos porque la incertidumbre no cesa nunca de minarlo por dentro. Y con su perceptiva sensibilidad, reflexiona:

                                                


¿Cómo olvidarte en esta queja
Cafetín de Buenos Aires,
si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja?
En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas
yo aprendí filosofía, dados, timba...
y la poesía cruel,
de no pensar más en mí...
 
Me diste en oro un puñado de amigos,
que son los mismos que alientan mis horas:
José, el de la quimera...
Marcial, que aún cree y espera...
y el flaco Abel que se nos fue
pero aún me guía...
Sobre tus mesas que nunca preguntan
lloré una tarde el primer desengaño,
nací a las penas,
bebí mis años...
y me entregué sin luchar...

   Mariano Mores creó primero la música. Se la pasó a Discépolo para que éste le pusiera versos. Y Mores lo toca al piano y canta en la película "Corrientes calle de ensueños" . Tania lo estrenaría y grabaría luego con la orquesta de Héctor Stamponi. La versión de Troilo con Rivero lo consagraría definitivamente. Y lo llevarían al disco numerosos intérpretes. entre otros Mores-Lucero, Pîazzolla-Fontán Luna. Astor con su Quinteto, cantando Héctor De Rosas. Fresedo-Cordó, Caló-Marino, Nelly Omar, Argentino Ledesma, Hugo del Carril, Goyeneche y otros.

   Podemos escuchar la inolvidable versión de Aníbal Troilo con Edmundo Rivero, registrada el 8 de junio de 1948. 

                                     


        Y la de Roberto Goyeneche en la película "El canto cuenta su historia", dirigida por Fernando Ayala y Héctor Olivera, de 1976.

                                         


                

                      

sábado, 27 de agosto de 2022

12 Anécdotas que definen a Troilo

Nada mejor para delinear el perfil de Pichuco que recopilar lo que de él relatan sus amigos. El resultado da cuenta de su famosa generosidad, sus andanzas juveniles, sus pasiones y debilidades, sus virtudes y defectos

No puede causar sorpresa que alrededor de uno de los más grandes mitos populares argentinos como fue Aníbal Troilo, circulen infinidad de anécdotas. Sin embargo, no fue tarea fácil recolectar las más originales. Para ello hubo que rastrear entre familiares, amigos, músicos, cantantes y demás noctámbulos y recorrer —por supuesto— los lugares por donde transitó el genial Pichuco. De esa manera, tras una extenuante semana, se cosecharon medio centenar de situaciones, episodios y ocurrencias que sirven para trazar un vivo retrato de Troilo. Entre todos esos testimonios se seleccionaron doce, los que a juicio de Siete Días pintan mejor a Pichuco como músico, amigo y ser humano.



- Troilo fue un burrero empedernido. Se jugó lo que tenía y lo que no tenía. Y, por supuesto, ganó mucho y perdió también, tanto que algunos de sus amigos dicen que se patinó una fortuna a las patas de los caballos más famosos. También de los desconocidos, claro. Hasta que un día, Zita lo convenció de que no jugara más. Cuando le preguntaban, el Gordo decía: "Ya no van más, los pingos. ¡Pensar que antes hasta me jugaba los boletos del colectivo!" (Uno de sus músicos).

- Lo conocí en una fiesta. En ese entonces había una chica que hacía baile español y estaba loca por él. Yo fui confidente de ella. Cuando conocí a Pichuco me dije: ¿Y por este gordo tanto lío?. Y al final fui yo quien me quedé con él, conquistada por su hombría de bien (Zita).

- Un día fuimos a la casa de Troilo con un locutor amigo. El Gordo abrió el placard y le regaló un traje porque el muchacho se había entusiasmado con él. Si no lo paro es capaz de regalarle todo, de quedarse desnudo (Francisco Marafiotti, uno de los dueños de Caño 14)

- Cuando tocaba con Troilo, en el Marabú, solía atar un piolín en el picaporte de la puerta del camarín de las bailarinas, y cuando Pichuco pasaba por ese sitio, yo tiraba de la cuerda, se abría entonces la puerta y las chicas le protestaban al Gordo porque creían que era él quien la había abierto para espiarlas. ¡Si le habrán tirado cosas al pobre Gordo! (Astor Piazzolla).

- Enrique Santos Discépolo profesaba especial admiración por Pichuco, al extremo de inquietarlo en una oportunidad que de sopetón le dijo: "Por favor, no hagás nada más". El Gordo le preguntó extrañado: "¿Cómo?". Enrique le aclaró: "No hagas nada más, que ya lo hiciste todo" (Tania).

• El año pasado, lo encontré al Gordo cerca de su casa, y lo invité a tomar algo en el bar de un amigo. "No puedo ir —se disculpó—. Zita me espera dentro de una hora para salir". Tanto insistí diciéndole que no íbamos a demorar mucho, que al final aceptó la invitación. Pero, una vez que nos sentamos, el tiempo se nos pasó rapidísimo, y sin darnos cuenta estuvimos 27 horas charlando y tomando. De repente, el Gordo se levanta y nos dice seriamente: "Che, me voy, que Zita me está esperando para salir" (Homero Expósito).
                                            
- Yo lo he visto al Gordo cobrar millones en SADAIC, repartirlos entre veinte tipos que lo acompañaban o lo estaban esperando, llegar a su casa, y que Zita le pidiera: "Dame 200 pesos, que debo hacer unas compras". Y Pichuco, contestarle sin inmutarse: "Huyyy, vieja, no tengo ni un mango" (Rinaldo Martino, ex futbolista y copropietario de Caño 14).

- Una noche nos reunimos varios amigos con Aníbal para comer y después fuimos a un bar. La intención era tomar café. Sin embargo, junto con el café se fueron descorchando tantas botellas que todos teníamos una alegría bárbara. Por ahí, me puse a cantar sin imaginarme que toda la festichola terminaría con la llegada de la cana. Como no sirvió ninguno de los muchos —y repetidos— argumentos que intentamos, nos llevaron a la comisaría decimotercera, y de allí al Departamento de Policía. Mientras estábamos allí, al Gordo se le ocurrió preguntarle a un amigo: "Escúchame, ¿a quién venimos a sacar?" El otro, sin extrañarse, le contestó: A nadie; los presos somos nosotros" (Roberto Rufino).



- Jugamos mucho tiempo juntos al fútbol. Me acuerdo cuando lo hacíamos para Ateneo de la Juventud. El Gordo jugaba al medio, de centrohalf, y yo de insider. Era un tipo técnico, habilidoso. Las quería todas. Siempre mandando. A todos nos gritaba: "Dale, corré, patadura". Y el único que no se movía era él. (Antonio Maida, ex director de Radio del Pueblo),

- La primera vez que entrevisté a Troilo fracasé lamentablemente. Ocurrió que él no quería responder a mis preguntas y sólo me permitía escuchar y tomar whisky a la par suya. En la segunda entrevista pasó lo mismo. A la tercera noche yo tenía un poco más de práctica y aguante y tomé y parloteé de lo lindo. Lástima que a la mañana siguiente ya no me acordaba de nada de todo lo que habíamos conversado. Más tarde, en un período de abstemia, le hice un lindísimo reportaje (María Esther Giglio).

- Cuando decidimos transformar a Caño 14 en una casa de tangos, lo fuimos a ver al Gordo para que actuara con nosotros, y le ofrecimos un porcentaje de las copas que se tomaran porque de otra manera no podíamos pagarle. Enseguida, Pichuco nos dijo: "No se hagan problemas, muchachos, les pagan a los músicos y listo. Yo, si no les alcanza la guita, toco gratis. Pero no me hablen de porcentajes porque no voy a andar contando las copas. ¡Yo, contando las copas!" (Atilio Stampone).

- Tenía unas ganas de hacerlo pero no me atrevía hasta que una noche me decidí. Me paré, le pedí permiso al público, y subí al escenario. Allí, canté Sur, acompañado por Troilo. Nunca me sentí más orgulloso en mi vida (Joan Manuel Serrat).

Revista Siete Días Ilustrados
30.05.1975

miércoles, 24 de agosto de 2022

Nada más que un corazón

    He hablado de Carlos Bahr y publicado varias veces temas suyos que pegaron fuerte en pentagramas de orquestas y cantores. Ese poeta que arrancó con sus tangos a mediados de los años treinta y que se consolidaría definitivamente en los cuarenta con numerosos éxitos que lo consagrarían en el ambiente. Con Manolo Sucher (que fue quien me lo presentó en el Café que estaba frente a Radio El Mundo) crearon una ristra de tangos ganadores desde el arranque.

   El primero de ellos fue precisamente éste que hoy traigo a la palestra y que consagraría la interpretación de la orquesta de Pugliese con Roberto Chanel cantando los versos. Ocurrió en 1944 y fue el empujón final que necesitaba el vate para ingresar en la lista de los que veían recreadas sus canciones en la voz de tantos porteños que las entonaban por la calle, mientras se duchaban, o conduciendo el coche.

                             


   La poesía de Bahr,- relatado por él mismo-, es muy realista y se basa en hechos ocurridos, en general. Cosas que le sucedieron personalmente, o a amigos que se lo  contaron. Todo eso lo trasladaba al fugaz instante del verso, subordinándolo a una dimensión poética con rigor y hondura, siguiendo la estela de los viejos maestros que lo ilustraron a través de su pasión por los libros. 

   En este caso concreto está relatando un pasaje decisivo, fundamental de su vida. Había conocido a la cantante Lina Ferro en radio Porteña y luego entablaron relación en la Academia PAADI, de los hermanos Rubistein, donde ella estudiaba. Bahr pasaba seguido por allí, se enamoraron y terminarían casándose. Bahr tenía 40 años de edad y le llevaba casi 20 a su flamante esposa. A la que le dice:

Nada más...
que tu cariño es lo que quiero
es el milagro que a la vida
le reclamo como premio
por tanta herida.
Nada más...
que tu cariño es lo que quiero
pues nunca ansié mejor fortuna
que lograr esa ventura
de vivir para tu amor.

  El poeta se agita entre las premuras de la vida, las necesidades económicas y en sus tribulaciones, sin veladuras de fantasía o de engaño, se desliza en la telaraña emocional del vivir diario, barnizándolo con la influencia esencial de su musa y el amor que siente por ella. Las lindes de lo cotidiano no pueden desdibujar  el clima emocional, el  paraíso en que está instalado. Y como un mantra lo va describiendo.   
                                    

 
No puedo darte en cambio, más que un corazón
sentimental y humilde, como una canción,
podrá mi fantasía brindarte el halago
de sueños que prometen fortuna mejor.
Pero yo no tengo nada, nada más
que anhelos que hacia ti me llevan,
y aunque quiera darte un mundo
solamente puedo darte un corazón
que late por un solo amor.
 
Nada más...
que tu cariño es lo que quiero
y si lograrlo está en mi suerte
no tendré mejor empeño
que el de quererte.
Nada más...
que tu cariño es lo que quiero
es mi ambición y mi esperanza,
realizar el grato sueño
de vivir para tu amor.

   Osvaldo Pugliese con Chanel lo grabaron el 24 de Noviembre de 1944. Pedro Laurenz, su orquesta y Carlos Bermúdez lo llevaron al disco antes, el 4 de octubre de ese año. Y Roberto Goyeneche con la Típica Porteña dirigida por Raúl Garello, lo trajo de nuevo a la palestra, grabándolo el 12 de julio de 1978. Escuchamos la versión de Pugliese-Chanel.
   
                                

   Y también la versión del Polaco Goyeneche.

                                          


domingo, 21 de agosto de 2022

viernes, 19 de agosto de 2022

Los cantores de D'Arienzo

    El Rey del compás le dio mucha manija a los cantores de su orquesta. Por su rítmica y exitosa formación pasaron entre los años 1928 y 2015, 19 vocalistas, entre los que no contamos a invitados ocasionales como Libertad Lamarque, Antonio Prieto o Mercedes Serrano, que también pusieron su voz en grabaciones de la orquesta. 

   Algunos de sus vocalistas no llegaron al disco, como fue el caso de Rafael Cisca y Mario Landi. El que más temas grabó con Juan D'Arienzo fue Armando Laborde que estuvo en tres etapas distintas con la orquesta. Muchos  de sus registros discográficos son en dúo con Echagüe y también sumó otros con Osvaldo Ramos.

                           

D'Arienzo con su cantores Héctor Mauré y Juan Carlos Lamas

   Alberto Echagüe fue, sin la menor duda, "la voz" de la orquesta con el Rey del compás. El que más se identificó con el estilo nervioso, pujante, arrabalero que le imprimía D'Arienzo a su formación. Además, los tangos reos, le calzaban como anillo al dedo y logró infinidad de éxitos en forma de venta de discos con sus creaciones. Tiene apenas un tema menos que Laborde en la discografía darienzana. 

   En tren de elegir voces, me quedo sin dudas con la etapa de Héctor Mauré, que se consagró con D'Arienzo. Dejó 50 grabaciones  con esta orquesta que siguen iluminando el parqué milonguero y son muy atractivas para escuchar. Mauré se retiró de la formación para triunfar como solista, con su estilo gardeliano, pero en la milonga suenan seguidos sus registros con D'Arienzo. Ideales para la oreja, el cuore y para bailar.

                                     


   A fines de los años cincuenta y en los sesenta, el tango estaba de capa caída. Había desaparecido, casi, de las emisoras radiales, las grabadoras se se alinearon con los nuevos ritmos, las nuevas figuras de otros géneros,  y fueron cerrándose las milongas de los barrios y las orquestas, con poco trabajo, desaparecían, se achicaban y sobrevivían como podían. D'Arienzo con ojo y oído avizor enganchó a dos cantores de peso: Mario Bustos y Jorge Valdez. Especialmente con éste último siguió arrasando.

   Bustos venía con su curriculum debajo del brazo y supo aguantar los latigazos rítmicos de la orquesta, a los que no estaba acostumbrado. Valdez erra un desconocido y se ganó a todos con su voz muy musical, sus calderones finales y esos fiattos falseteados que sorprendieron tanto y que sirvieron para levantar al conjunto en general, en esa época destemplada para el tango.

   Desde 1965 hasta el final, estaría otra vez Laborde, ahora con Osvaldo Ramos, completando Echagüe en 1968 el inusual trío que encajó el director. .Esta es la lista de los cantores que militaron en la orquesta de Juan D'Arienzo y la cantidad de temas grabados por cada uno, incluídos los interpretados en dúo.

                               

Carlos Dante: Grabó 28 temas 

Raquel Notar : Grabó 3 temas 

Francisco Fiorentino: Grabó 7 temas 

Rafael Cisca: No Grabó 

Walter Cabral: Grabó 4 temas 

Mario Landi: No Grabó 

Enrique Carbel: Grabó 1 tema 

Alberto Echagüe: Grabó 135 temas 

Alberto Reinal: Grabó 16 temas 

Carlos Casares: Grabó 3 temas 

Héctor Mauré: Grabó 50 temas 

Juan Carlos Lamas: Grabó 11 temas 

Armando Laborde: Grabó 136 temas 

Rodolfo Lemos: Grabó 7 temas 

Mario Bustos: Grabó 36 temas 

Jorge Valdez: Grabó 115 temas 

Horacio Palma: Grabó 36 temas 

Héctor Millán: Grabó 9 temas 

Osvaldo Ramos: Grabó 68 temas

     

   Podemos escuchar un tango: Humillación, de Rodolfo Biagi y Carlos Bahr, grabado por D'Arienzo-Mauré el 14 de julio de 1941.

                                           


     Y esta hermosa versión de la milonga de Alfredo Marino: Del pasado, que cantan a dúo Echagüe y Laborde. Fue grabada el 24 de diciembre de 1945.

                                          


                                                         

jueves, 18 de agosto de 2022

El tango alumbra esta joyita

 


   

   Podemos escuchar de fondo el tango de Esteban Gilardi: El embrollo. Pero no hay embrollo sino una obrita de arte entre la foca y la maestra de danza.  La complicidad de ella con el animal es increíble.. 

    Para algunos se escucha de fondo a la orquesta de Osvaldo Pugliese. Para otros es la de Domingo Federico. 

    Considero que eso es lo de menos, al observar los movimientos del animal y la mujer que nos deleitan con esta deliciosa interpretación. 

   ¡Atenti!

                           

Lástima que sea tan cortita... Porque nos estábamos enganchando con la interpretación,

miércoles, 17 de agosto de 2022

Pascual Mamone

    Así como Troilo era Pichuco para todos, Biagi Manos Brujas o Goyeneche El Polaco a este bandoneonista, compositor, director-arreglador, en el ambiente se lo conocía como El Cholo Mamone. Y lo cierto es que en la década del cincuenta ya empezó a mostrar sus uñas de guitarrero haciendo numerosos arreglos para orquestas importantes que confiaban en su gran talento para el mettier. Con sus sutilezas, abriendo trochas, sin caer en estereotipos ni clichés.

   Aprendió a tocar el bandoneón de pibe. Ser discípulo de Pedro Maffia le dió la enjundia ideal para manejar el fueye y poco a poco destacar en el reino de las emociones tangueras. Tocó en un par de orquestas de aficionados en su barrio de Liniers y por mediación de un vecino que era marinero, se enganchó en un barco que hacía la travesía Buenos Aires-Nueva York, para matizar el vieja con su fueye.. En 1942 ingresó en la orquesta de su maestro, y allí alcanzaría la capacidad cognitiva y atraparía el paisaje mediático del tango.

                                              


   Su talento de arreglador pronto cobró fama en el ambiente y lo requirieron distintos directores que captaron su creatividad y el concepto estético-musical de cada orquesta. Así se desempeñó en tal función con las orquestas de Alfredo Gobbi, Osvaldo Pugliese, Pedro Maffia,  José Basso, Pedro Laurenz, Florindo Sassone, Roberto Caló, Enrique Francini y otras formaciones de la época. 

  Había tenido una amarga experiencia con un proyecto musical de gran orquesta y al fracasar la idea decidió dejar el tango y trabajar como visitador médico. Una vez pasada la rabieta, volvería al tango pero no abandonó este último trabajo que le garantizaba una entrada segura de dinero, a la vez que acompañaba a diversos cantores y cantantes femeninas con su orquesta y en grabaciones. 

   Una lista muy larga de vocalistas que incluye nombres como Miguel Montero, Nelly Omar, Hugo del Carril, Nelly Vázquez, Alberto Marino, María Volonté,  Floreal Ruiz, Patricia Lasala, Luis Linares, Chela Cordero, Carlos Maidana, Silvana Gregori... Con varios de ellos viajó por América, Europa, Japón... 

     En 1963, para el Concurso del Festival Odol de la canción, un médico amigo Juan Bautista Tiggi, le trajo unos versos susyos con el fin de que les pusiera música y así poder presentarse al Concurso. El Cholo le aceptó el pedido y se convertiría en una milonga titulada, Cuando era mía mi vieja. El tema obtuvo el segundo puesto, detrás del tango El último café, y sería grabada por  Rodolfo Lesica-Jorge Caldara, y por su gran amigo Julio Sosa, acompañado por Leopoldo Federico y su orquesta. 

    Lo conocí cuando militaba como primer fueye en la orquesta de Armando Cupo que acompañaba a Alberto Morán en su etapa de solista. Actuaban todas las noches en la confitería Montecarlo donde yo iba a bailar permanentemente y tenía mi mesita reservada pese a ser un jovenzuelo. En los descansos, alguna vez se juntaban los muchachos a charlar con el flaco Morán, con Cupo y otros músicos y entre ellos el Cholo, que era muy simpático. Yo me arrimaba al ruedo y por ahí tiraba alguna pregunta. 

   Morán lo quería a muerte porque había sido arreglador de Pugliese durante quince años, y le había hecho ese trabajo en el tango Y volvemos a querernos, de Leocata y Aznar, tema que él cantó con la orquesta de Don Osvaldo y por eso lo apreciaba tanto. Curiosamente, este último tango, que fue una pegada en su momento, también lo arregló Mamone para la orquesta de Sassone, cantando Jorge Casal, en un estilo totalmente distinto, lo que demuestra sus gran capacidad en el tema.

                                       

  Dirigió orquestas, tríos, cuartetos siempre mostrando una creatividad infinita, como en sus acompañamientos, realzando musicalmente el embrujo de la poesía tanguera. Junto a Argentino Galván fueron una pieza fundamental en los arreglos. En este apartado estuvo poseído de una cálida sensibilidad y maestría que le permitió lograr verdaderos capolavoros. Fue además, un bandoneonista destacado, de la escuela Maffia, pero con su personalidad. Admiraba el estilo Di Sarli y la personalidad musical de Pichuco con su orquesta. 

   Dirigió durante un tiempo prolongado la Orquesta de Tango de la Municipalidad de San Martín. También dirigió  La orquesta Nacional Juan de Dios Filiberto. Compuso varios tangos: Negroide, Cuando no te tenga más,  Al latir de Buenos Aires (Con Norberto Rizzi) , Te quiero más (Letra de Abel Aznar), Vislumbrando,  Con lirismo, Flauteando  y otros. Hizo los arreglos para Leo Lipesker y su Cuarteto de Cámara del tango.  

   Escribió dos libros: Tratado de Orquestación en estilos tangueros (Para formaciones tangueras) Leopoldo Federico y Atilio Stampone realizaron sendos prólogos para el mismo. También: Historias de otros tiempos y otros hombres. La Academia Nacional del Tango le otorgó el título de "Académico de honor". La Academia Porteña del Lunfardo lo declaró "Gloria del Tango"- La Universidad UCES lo nombró Padrino de "Taller Tango". La Cámara de Diputados, el 2 de agosto de 2012  lo consagró:  Personalidad Destacada de la Ciudad  por su extensa trayectoria y aporte a la cultura. 

   Podemos escuchar a Choly Cordero, cantando con la orquesta del Cholo Mamone el valsecito Ayer fue mejor, de Mamone y Héctor Negro. 

                          

         El 11 de septiembre de 2012 se realizó un homenaje a Aníbal Troilo en el teatro Maipo, con diez bandoneonistas. Cada uno de ellos interpretaba un tema de Pichuco. A Pascual Mamone le tocó Milonguero triste. Cuatro días más tarde este gran personaje del tango fallecía, a sus 91 años,  dejándonos el último recuerdo suyo en vida.