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viernes, 29 de junio de 2018

Historia y filosofía del Tango

Lo hemos comentado muchas veces, los inicios del tango son brumosos y se han inventado y tergiversado anécdotas, historias sobre la primera época, derivándola muchas veces a malandras, casas de prostitución, riñas tumultuarias, duelos a cuchillo y tantas exageraciones que derivan de hechos reales pero que son excepciones.

A los negros se les ha negado su presencia en el invento, aunque fueron ellos los que pergeñaron esta danza  e incluso participaron en la creación de la música a través de intérpretes como los Posadas, Sebastián Ramos Mejía, Plácido Simoni Alfrado,  Harold Philips, o el mismo Leopoldo Thompson, que eran descendientes de esclavos. Por eso creo que vale la pena traer al Blog esta nota que apareció en 1926 y que describe, a su modo, y seguramente con muchos errores, aquellos comienzos del tango.

                                       
                                   

 
La verdad es que algo debe existir dentro del tango. Todos los bailes nuevos se imponen. Triunfan. Y ¡adiós! El viento se los lleva... Sólo el tango va quedando, haciendo dibujos en la alfombra como las mariposas de la primavera que, según Fabre, viven muchos inviernos...
El tango, por consiguiente, como elemento de la vida humana, provee a los sabios de argumentaciones filosóficas. El primero en dar la voz de alarma ha sido el maestro de baile don Juan E. de Chlkoff, el cual, hace un año, expuso por radiotelefonía sus impresiones sobre el tango.
-El tango -dijo, más o menos- es el padre, la madre y el hijo de todos los bailes modernos. Hay en él tantas armonías, tantas figuras y tanto corazón, que el fox-trot, los blues y el charleston, no son más que préstamos del tango. A través de todas las danzas modernas, un profesor de estética puede ver fácilmente, como con rayos Roentgen, que el tango argentino es el esqueleto de esas danzas. Vale decir: siempre el tango, vestido a la yanqui, a la inglesa, a la rue de la Paix. Siempre el mismo tango con diferentes apellidos.
Muchos preguntarán:
-Pero, en efecto, el tango ¿es argentino?
Parece que la música vino con los candombes en los buques negreros que llegaron del Congo. Pero el tango, como danza, se improvisó en América -en el viejo Buenos Aires virreinal-, cuyos negros, al son del tamboril, daban saltos y hacían dengues, esguinces y ademanes, sin pretensiones de bailar, pero... bailando. 
                              
Cuadro de Pedro Figari

Consultado Chlkoff, nos ha dicho: -He escuchado una versión que me parece la más acertada. Atribuye los comienzos del tango a las danzas de la servidumbre colonial durante el virreinato. La gente de color se congregaba en bulliciosos festivales. En ellos se bebía y se cantaba sin moderación. Cuando la alegría de la fiesta llegaba al paroxismo, los concurrentes, inspirados por el alcohol, ¡mprovisaban al ritmo del tambor africano, una danza lúbrica y desordenada, en la que los pies de los danzarines trataban de seguir el ritmo sincopado de la música negra.
- ¿Y el nombre de tango?
-Parece que no es africano. Nació en Buenos Aires, en el famoso "barrio del tambor", de que habla Wilde. Me atrevo a afirmar que su nombre es palabra castellana, derivada del latín: tángere. No seria raro, entonces, que algún predicador de los que en aquella época salpicaban de latinajos sus discursos, y fundado en que esta era la única danza en la ciial las parejas se enlazaban, le hubiese llamado la danza del tocamiento, esto es, tango, de tárigere, tocar.
La explicación no es desacertada. El tango refinado y culto se introdujo en los salones, y, sin perder su gracia, se capto las simpatía de las madres modernas. De las antiguas ¡no se diga!
-¿El tango? íqué inmoralidad!
El delito más grave de que se acusa a Manuelita Rosas es el de su presencia en los candombes, viendo bailar el tango de los negros. En el libro de Carlos lbarguren vemos a la pobre muchacha presenciando, por orden de su padre, cómo las parejas de negros se derretían en el tango. Ella iba obligada por la política paterna. El tirano necesitaba que los negros de Buenos Aires -el treinta por ciento de la población- creyeran en su afecto protector. Los halagaba enviándoles a lo que más amaba: a su hija... Y cuéntase que la misma Manuelita, para no desairar a la negrada, bailó también con ellos el tango primitivo.
                     
                                  
Cuadro de Pedro Figari con los negros bailando

No se equivocaba el gran Restaurador. He aquí lo que José Antonio Wilde nos dice:
"Los negros llegaron a tener su... página negra, Vino el tiempo de Rosas, que todo lo desquició... En el sistema de espionaje establecido por el tirano, entraron los negros a prestarle un importante servicio, delatando a varias familias y acusándolas de salvajes unitarios. Las negras se hicieron altaneras e insolentes, y las señoras llegaron a temerlas tanto como a la Mazorca." (Pág. 140.)
El tango, pues, contribuyó a las luchas de la tiranía. Después, salió de los candómbes para entronizarse en el viejo barrio de San Telmo, donde estaban los Mataderos. Más tarde, pasó a la Boca de¡ Riachuelo, donde el acordeón genovés v la guitarra, introdujeron en la danza criolla un sentimiento más culto de la armonía, sin que el baile perdiera su gracia voluptuosa. Luego, el bandoneón perfeccionó sus movimientos, dándole más ensueño y purificándolo de procacidad. Apareció entonces, el primer tango escrito, que se llamó "Bartolo", y de allí saltó al escenario de los teatros nacionales, donde Ezequiel Soria hizo que lo bailaran artistas españoles como Enrique Gil, Félix Mesa, Ángeles Montilla, Julio Ruiz... Así el tango se embarcó para Europa v, impuso en los teatros de Cádiz, de Sevilla, de Barcelona y de Madrid... Surgió la "Bella Otero" y lo llevó a París, donde Liana de Pougy se enamoró de su ritmo, lo difundió como una danza bárbara entre sus canciones parisienses, y, enseguida, Mistinguett lo canonizó junto con la machicha brasileña.
Tal es la historia de nuestro lindo tango. Pero, como no hay historia sin filosofía, he aquí que el baile nacional tiene la suya.
-El baile -ha dicho Bergson- es , la ley filosófica del movimiento. Tiene entre los sexos la misma importancia de la palabra. A veces, un giro de tango habla más al alma de una mujer que diez tomos de Shakespeare.
                                          
Bernabé Simara en París

Esta opinión del elegante filósofo de la Sorbona es aprobada por el propio filósofo Chikoff, que afirma: -El tango en los salones ha traído como consecuencia una vinculación social que no existía antiguamente cuando el minué federal, tan hermoso y tan místico, mantenía a los hombres y a las mujeres separados por una frialdad que daba a las reuniones sociales la tristeza alegre de los velorios de angelitos.
El tango aristocrático, artístico, que permite hacer frases armoniosas con los pies, extingue el miedo que la mujer suele inspirar al hombre.
Esta es la verdad. El hombre, que se cree tan audaz, tan agresivo, tan valiente con las mujeres, se s¡ente tan poca cosa frente a ellas, que sólo el tango le recuerda que es el Dominador.
El baile -ha dicho no sé quién- es:
A los quince años, una necesidad orgánica.
A los veinticinco años una necesidad moral.
A los cuarenta años, una necesidad social.
A los cincuenta años, una necesidad filosófica.
A los sesenta años, ya no es necesidad.

En cuanto al tango, siempre seguirá viviendo en los salones haciendo dibujos en el aire, como las mariposas. Es inútil que otras danzas queran eclipsar su predominio. Tango viene de tángere; de noli me tángere, "no me toquéis".
El tango parece, pues, que dijera eso mismo: -"nol¡ me tángere"-, traducido a la lengua argentina: -¡Nadie me pisa el poncho!

Colaboración: NICOLÁS STRANJER

Artículo publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro.48    Marzo-Abril  2001