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domingo, 26 de mayo de 2024

Una noche de garufa

     

     Eduardo Arolas tenía apenas 19 años cuando compone su primer tema. Todavía no sabía escribir la música en el pentagrama y en ese sentido lo ayudó su intuición y  sensibilidad artística, que lo llevarían a ser unos de los grandes pilares de la historia del tango.

    Comenzaría manejando un poco la guitarra, con las clases de su amigo Muchila (Ricardo González), pero al descubrir el sonido del bandoneón, se enamoraría para siempre de este instrumento, con el cual compondría tangos históricos, infinitamente interpretados por diferentes orquestas y recorriendo muchos lugares del mundo.   

    Esos temas siguen vivos en la escucha y el baile de tantas personas, porque tienen un profundo contenido musical que nos atraen permanentemente. A medida que el tango va evolucionando debido a los nuevos arreglos y los músicos capacitados que van ingresando en las principales orquestas, los temas de Eduardo Arolas florecen con toda su carga emocional-musical.

                               


   En 1909, con sus jóvenes diecisiete años, Arolas compone el primer tango de su maravillosa colección. Tenía apenas 19 años y está dedicado en la partitura origina al pianista amigo Prudencio Aragón.

   Francisco Canaro con su orquesta sería el primero en interpretarlo y lo recordaba así: -Una noche de 1909 cayó al café Royal, donde tocábamos, un jovencito con varios amigos, que no venía en tren de guerra, sino de cordialidad, pues llegaba provisto de un bandoneón. Tenía pinta de compadrito "high life" pues llevaba  sombrero gris claro con  cinta y ribertes negros,  requintado sobre la frente, y vestía traje de cuadritos blancos y negros, trencillados de negro y el pantalón  con ancha franja del mismo color y en la botamanga del mismo tres botoncitos de nácar, chaleco de fantasía fileteado y corbata plastrón, decorada con un vistoso alfiler....

  l mismo Canaro cuenta que al terminar la actuación de su trío, descendieron del palco y se juntaron con Arolas y sus amigos. Como uno de ellos manifestó que Arolas había compuesto un tango, Canaro y sus músicos le propusieron que se los hiciera escuchar, cosa que éste hizo de inmediato.
   -Colocó sobre sus  piernas una mantita de terciopelo negro con sus iniciales, coquetamente bordada.  Acomodó el bandoneón y ejecutó con muchísimo gusto el mencionado tango que había compuesto y bautizado  con el nombre de Una noche de garufa, que en realidad era muy bueno y nos entusiasmó mucho.

      El trío de Canaro fue el primero en darle difusión y según su director, como Arolas no sabía pautar  música, él mismo le escribió la partitura para violín y, posteriormente el flautista y compositor  Carlos Hernani Machi se encargó de la parte de piano. Ediciones Balerio, imprime este tango inicial del Tigre del bandoneón. En 1913, el propio Arolas lo graba por vez primera en Odeón, como inicio de su obra discográfica.

   Francisco Canaro lo llevó al disco con su Quinteto Pirincho, el 14 de agosto de 1953.

                          








                 

AROLAS

                

                                         

                                                                                      El bandoneón, hebra por hebra /                                                                                         desenrosca la madeja larga”.                                                                                                                                                Raúl González Tuñón

                                         Desfila una densa procesión extravagaria
                               de musicantes gatillando la cosmética
                               invención de tu atril, mágicas arias,
                               en la liturgia devota. De esa herética                          
                               
                               danzaria parda que inventó tu ferramenta,
                               corcoveando el reptil en tus gambusas
                               y regurgitando calandrias y farfalas en tormenta.

                               A tu tapín shushetón, guapeando en zona intrusa,
                               cafiolando franchutas choreadas, lupanardas,
                               en un mar falopardo y pernotario, commilfó,
                               la agarró en yanta una journée  la que no emparda
                               y el sabó te mandó al mazo, con rojo el treinta y dos.

                               Me dicen... sabés, que manoplas mandingueras
                               acunan por las noches tu oruga palorrosa
                               salmodiando tangamente esa orgía barraquera, 
                               taumaturgia fundante, de furcas sarmientosas,
                               tejida bardamente … 
                                                                    … ¡y sale cada cosa!.    

                                                                 José María Otero                   



    

jueves, 23 de mayo de 2024

Década del '40

    Los bailes de Carnaval permitían comprobar la popularidad de las distintas orquestas, contratadas muchas de ellas con más de un año de anticipación. En 1944, Carlos Di Sarli con Roberto Rufino, Aníbal Troilo con Fiorentino y Ricardo Tanturi con Enrique Campos recibieron veinte mil pesos cada uno por animar lo que se promocionaba como 8 Grandes Bailes en los clubes Independiente, Racing y Huracán.

   En el caso de Independiente y Racing, actuaban en la Sede central que cada club tiene en Avellaneda y en las filiales de entrences, en los barrios de Flores y Villa del Parque.

   Ángel D'Agostino, con Ángel Vargas, recibió 18 mil pesos por compartir los bailes en Independiente (ahí Vargas estrenó el tango Esta noche en Buenos Aires, de D'Agostino, Eduardo del Piano y Avlis, -Erasmo Silva Cabrera- que se convertiría en otro gran éxito del dúo). Miguel Caló con Iriarte y Podestá, y Rodolfo Biagi con Carlos Acuña y Francisco Amor, cobraron 16.500 pesos por sus presentaciones en Lanús y Alfredo De Angelis con Floreal Ruiz y Julio Martel, 9.200 pesos en el club Sportivo Pereira.

                                     

                              La orquesta de Juan D'Arienzo con Alberto Echagüe en el Chantecler

   Las soirées y veladas danzantes con grabaciones convocaban a multitudes en los clubes de barrio y los grandes teatros del centro: El Maipo, Broadway, Avenida, Politeama y Smart, levantaban las butacas para poder convertir  sus salas en pistas de baile. Pero el apogeo del tango no se opacaba al terminar los bailes de Carnaval.

   Las orquestas volvían a su actuación en vivo en las radios, a sus presentaciones en los cafés, en los salones o en los cabarets. y especialmente en los clubes de barrio, prácticamente los siete días de la semana, una fuente de trabajo que se acrecentaba en forma proporcional al crecimiento de la ciudad hacia las afueras, hacia los suburbios que desbordaban más allá de la avenida General Paz.

   Los bailes en los clubes de barrio, eran además, el lugar ideal para evaluar la reacción de los bailarines ante el estreno de un nuevo tema, hecho que ocurría con una frecuencia hoy inigualable pero entonces necesaria ante la demanda de un público  que se renovaba y aumentaba en forma creciente.

   Si el nuevo tango, milonga, vals gustaban, el director lo incluía en sus presentaciones radiales y, si también alcanzaba aceptación entre los oyentes, recién lo llevaba al disco.

   En el Buenos Aires del cuarenta, los niños disfrutaban del potrero (el 16 por ciento del territorio porteño era baldío) y el escaso tránsito les posibilitaba que también jugaran al fútbol en las calles. Las avenidas admitían la doble mano. Había agentes controlando desde garitas y esquinas y no habían desaparecido los carros y chatas, luciendo filetes e inscripciones nacidas del ingenio popular: "No me besés que me oxido", "Si tus besos me despiertan/besame que estoy dormido", "Yo soy como el picaflor: llego, pico y me voy".

La orquesta inicial de Aníbal Troilo en el cabaret Marabú

                                

   La ambición mayor de una mujer, y en algunos casos la única, era alcanzar a ser esposa y madre, luego de recorrer las inevitables etapas de aceptar una simpatía, ser festejada y darle vía libre al pretendiente antes de que el pedido de mano ante su familia le permitiera ser novio oficial.

   La vida cotidiana del varón en los cuarenta también tenía su rutina: laburo, esquina y radio los días de semana; siestas, bailables, milonga en el club del barrio o salida al centro los sábados; y los domingos ravioles, fútbol o hipódromo,  bailables, a las 7 en el Café y sexta edición con el "fóbal" y las carreras. 

   Un acelerado proceso de industrialización provocado por la necesidad de reemplazar las importaciones que ya no podían llegar de Europa en guerra, originó una migración masiva de los habitantes del interior del país hacia Buenos Aires. De los 7 a 8 mil provincianos que por año llegaban en la década del treinta, pasaron a ser más de cien mil por año en los cuarenta. El trabajo a pleno incentivó transformaciones sociales.

   El porteño se encontró de pronto viviendo la realidad que un periodista, Dante Panzeri, supo sintetizar de esta manera: " Perón pateaba lingotes de oro que impedían su paso en los pasillos del Banco Central. Yo cenaba en el Tabarís, con champán y show por cinco pesos. Toda la zona portuaria-aduanera, desde la Boca hasta Retiro, estaba abarrotada de kilómetros de cajones de mercadería y chatarra importada.

                                            


La madera de aquellos cajones, en su casi totalidad podrida bajo la lluvia y el sol, es prohibitiva ahora para muchos muebles finos. Por veinte guitas (un café) escuchábamos en el Nacional o en el Marzotto (Separados por el ancho de la Avenida Nueve de Julio) a las más grandes orquestas populares. Al mismo costo podíamos escuchar como curioso, a los más iluminados cerebros de la intelectualidad argentina que se reunían en los cafetines vecinos a Crítica, sobre la Avenida de Mayo.

El dólar del que poco se hablaba, costaba 3.55 pesos allá por el '45. Una noche de juerga de un clase media se cubría con dos o tres pesos. Con cinco  ya se podía agregar a la noche una "mina". La entrada al fútbol valía un peso la popular y recién en 1948 pasó a tres.".

    Esa es la noche que vivió , y explicó a su tiempo, Adolfo Pedernera, uno de los más grandes jugadores que tuvo la historia del fútbol argentino. "La vida nocturna nos juntaba a todos. siempre había alguien que nos hacía estrechar la mano con un nuevo amigo. Siempre se compartía una mesa con otro compañero.

Así conocí a D'Agostino, a Pichuco, a Juan D'Arienzo, a Fernando Ochoa, al Catunga Contursi, al flaco Discépolo, al Negro Celedonio Flores, a mucha otra gente que también formó parte de mi vida. Nos reuníamos preferentemente en Pichín, en la calle Maipú, enfrente del Marabú, pero también íbamos a la Cortada de Carabelas, al Águila de Lavalle, a muchos otros sitios.

Junto a José Manuel Moreno frecuentábamos la casa que tenía Fernando Ochoa en Palermo Chico. Allí, todos los lunes saboreábamos platos típicos y nos mezclábamos amistosamente, farándula, tangueros y deportistas. Recuerdo a Francisco Petrone, Pepe Basso, Roberto Escalada, Antonio Maida, el Conejo Floreal Ruiz y tantos otros.

Fue una época hermosa y cuándo me preguntan por qué no se repite digo ahora que las condiciones de vida son más duras y si cuesta mucho ganar un peso, cuesta más gastarlo.".

                                 

  El Marzotto de la calle Corrientes

   Esa era la forma de vivir que alimentaba el tango. La radio lo introducía en todos los hogares en programaciones diarias de orquestas y cantores en vivo, desde las 10,30 de la mañana hasta las 11 de la noche. En sólo un año, en 1946, radio El Mundo contó con la actuación de 36 orquestas, entre ellas las de D'Agostino, Troilo, Tanturi, Fresedo, Francini-Pontier y Maderna.

   Los Cafés de la calle Corrientes y sus aledaños "por veinte guitas", abrían un abanico de posibilidades: El Nacional, Marzotto, Germinal, Tango Bar, Ebro, Iglesias, Domínguez. Confiterías para sentarse y escuchar: Las Richmond, Ruca, El Olmo o las convertidas en dancings como Sans Souci, Montecarlo, Nobel y Picadilly.

   Algunas orquestas llegaron a identificarse con establecimientos que las tenían contratadas. Así pasó con D'Agostino-Vargas y el Imperio (Esmeralda entre Lavalle y Tucumán), Juan D'Arienzo y el Chantecler, Carlos Di Sarli y Marabú, Aníbal Troilo y el Tibidabo. Todos estos establecimientos estaban en pleno centro, alrededor de la calle Corrientes.

(Detallado y certero texto del inolvidable amigo y colega Eduardo Rafael, extraído de "Tango  de colección", 21 de julio de 2005)

  


domingo, 19 de mayo de 2024

Troilo y Fiorentino

       En una oportunidad que Ángel Vargas fue al Marabú a escuchar a Aníbal Troilo, éste lo hizo subir al escenario y allí cantó, acompañado por la orquesta, el vals de Betinotti: Tu diagnóstico. Un momento único. Justo Pichuco  había vuelto al lugar donde debutara con su primera orquesta, el 1 de julio de 1937, en una noche ciertamente  helada, de las que no invitan a salir de casa. 

   "Todo el mundo al Marabú / la boite de más lato rango, / donde Pichuco y su orquesta / le harán bailar buenos tangos"..., rezaba el ingenuo cartel de entrada, para recibir al futuro ídolo de los porteños. José Sala, el dueño del cabaret le abría las puertas a la flamante formación sin sospechar la fabulosa carrera que le esperaba a su gordito director que diez días más tarde cumpliría 23 años.

   Ya había adelantado Troilo que quería que su orquesta fraseara en conjunto a la manera de Gardel. Y sus preferencias musicales quedan expresadas  de inmediato, cuando graba en Odeón, el 7 de marzo de 1938, su primer disco de 78rpm, con Tinta verde, de Bardi , por un lado y Comme il faut, de Arolas en la otra cara. 

                               



   Sin embargo, por un conflicto con la grabadora y por la guerra mundial recién comenzada que impedía la llegada de pasta para registrar el material y fabricar los discos, pasarán tres años sin discos suyos. Hasta que firma con la RCA Victor y comienza registrar placas con la voz de Fiorentino, el 4 de marzo de 1941. 

   Pichuco afirmaba: "El cantor debe ser un instrumento más de la orquesta. Entonces es el conjunto quien debe estar al servicio del vocalista, cuando éste llega al primer plano a cantar. Y así como se le pide a un violín o a un bandoneón, o al pianista una expresión determinada, también se le pide al cantor. Cuando Fiore no encontraba la vuelta a un matiz que yo le marcaba, de rabia mordía el pañuelo...".

   Por algo le llamaron "La orquesta de los cantores", debido a la calidad de los vocalistas que formaron en la orquesta. También reconocía Pichuco: "Fiorentino (tenía 10 años más que su amigo Troilo y era bandoneonista, incluso) fue el hombre que nos enseñó a subir a un escenario. A mostrar al público la sonrisa cordial. Y recuerdo cómo se preocupaba porque saliéramos al escenario bien peinados y bien jaileifes ante la vista de nuestros admiradores.".

   Fiore no tenía demasiada potencia de voz y su dicción era poco clara, pero en cambio manejaba la melodía como pocos y los milongueros se le siguen agradeciendo al día de hoy. Estuvo seis años junto a Troilo, alejándose de la orquesta en marzo de 1944. Por iniciativa suya el nombre de los cantores-estribillistas comenzó a figurar en las placas e incluso fue quizás el primero que cantó un tema entero.

   Ocurrió en 1934, cuando siendo estribillista de la orquesta del violinista uruguayo Roberto Zerrillo, canta la letra completa de "Serenata de amor", un tango del propio Zerrillo, con versos de Oreste Cúfaro. 

   Y Troilo será quien consolidará en la orquesta típica la dupla de cantores que, esporádicamente, había esbozado Francisco Canaro años atrás. Ello ocurre cuando incorpora a un joven de flamantes 23 años llamado artísticamente Alberto Marino, ganándole de mano a Rodolfo Biagi que ya lo tenía casi hecho para formar en su orquesta.

                                           



   La oreja musical de Pichuco ya estaba  demostrando su capacidad para seleccionar las voces que brillarían en su orquesta. La etapa triunfal de Fiorentino con Troilo se iba cerrando, pero, afortunadamente quedaron esas 60 grabaciones que empujan a los milongueros de ambos sexos en todas las milongas del mundo. Y esa música perdurará para siempre por el valor de la melodía musical-cantable expresada en esos históricos discos.

   Dicen que, "para muestra basta un botón", pero yo acá aprieto dos botones y suena primero el tango de Celedonio Flores y Alberto Acuña: "Colorao colorao", grabado por Troilo-Fiore, el 12 de junio de 1942. 

                                  


         Y a continuación este tango de Miguel Bucino. "Una carta". grabado por esa dupla genial, el 11 de julio de 1941.

                                         


                        

miércoles, 15 de mayo de 2024

Los tartamudos y los furcios

    A veces recordamos antiguas anécdotas que sirven, para sonreír un rato y pasarla bien. El tango está lleno de historias graciosas vividas por sus figuras importantes y hoy recordamos algunas de ellas junto con otras que también sucedían en el ambiente radial donde a todas horas se escuchaban a orquestas y cantores de moda en vivo, especialmente en las emisoras más importantes.

   Como dato curioso vale agregar que algunos de esos personajes eran tartamudos, como por ejemplo, el gran cantor Agustín Magaldi, el relator deportivo Yiyo Arangio o dos locutores de tanto prestigio como Valentín Viloria y Leonel Godoy. Todos ellos logaron superar su problema al enfrentarse al micrófono, aunque lejos de él siguieron con su tartamudez. 

                                 


  También el creador de infinidad de éxitos como Luis Rubistein tenía esos momentos de tartamudez cuando se ponía nervioso o quería explicarse y le costaba hilvanar las frases. Curiosamente hoy día cuesta encontrar personas con esos registros. Y Leonel Godoy fue  un brillante locutor y presentador de programas tangueros. Godoy, esposo de la brillante artista-cantante Virginia Luque, recordaba, a propósito,  anécdotas graciosas:

   -Tengo algunos furcios históricos. Una vez en radio El Mundo, anuncié a Miguel Montero diciendo que iba a cantar el tango de los hermanos Correa "Mis viejas bolas". El Negro Montero no podía aguantar las carcajadas. Por supuesto, se trataba del tango "Mi vieja viola".

   Otra vez en radio Libertad hacía un boletín auspiciado por una fábrica de cocinas. El aviso decía:

"Con  horno super gigante para asar lechones, chivitos..." Al leerlo dije: "Para asar leones, chivitos...". El avisador me llamó y me dijo: "Mirá, es grande, pero no tanto...."

   Hay muchos de ese tipo. Amelia Peñaloza era Jefa de locutores y tenía a las 8 de la mañana una frase fija que decía: "Señora, todas las mañanas, a su vajilla:  Puloil". Se equivocó y dijo: "Señora, todas las mañanas, a su vagina: Puloil...". Salía así de golpe y tenías que bancártelo. La radio es muy traicionera...

   Juan José Sierra, una de las mejores voces que tuvo radio El Mundo, dijo en una  de sus presentaciones: "LR1 radio Mingo...", y nunca supo explicar el porqué. No tenía nada para asociarlo.

   Leopoldo Costa y Antonio Carrizo coleccionaban todos esos furcios.  Tony Carrizo, con quien trabajé en El Mundo, y tuvimos una larga amistad.  me contaba algunos de ellos. 

   · Iván Casado tenía que presentar a Juan D’Arienzo y su orquesta con Juan Polito al piano, y dijo: “Presentamos a Juan D’Arienzo y su orquesta con Juan Pianito en el polo”.

                                  


   En Tokio, cuando Horacio Accavallo peleaba por el título mundial, y mientras se escuchaba como fondo la Marcha de San Lorenzo, el comentarista deportivo manifestó:Ya se acerca el pequeño gladiador a los sones de la marcha de... San Lorenzo de Almagro..."

   El popular “Corner”, seudónimo de Manuel Sojit, transmitía una pelea entre José María Gatica y el uruguayo Romero Rodríguez. En un momento dado dijo: “Gatica lo impacta violentamente en el cerebro y el “Negro” oriental cae por sus propios medios”.

    El texto municipal alertaba: “Aquellos contribuyentes que no paguen en término, serán intimados”. El “responsable” del micrófono fue mucho más allá: “los que no paguen en término, serán ultimados”.

   · La modelo Chunchuna Villafañe incursionaba como periodista cuando le tocó anunciar la visita del general Juan Carlos Onganía a Viedma. En lugar de la capital rionegrina, decidió que el Presidente de facto se trasladara a Vietnam...

  “Viaje a Mar del Plata sin gallegos. Tienda Las Valijas tiene de todo…”  (Era la tienda ";Los gallegos"-G. Brizuela Méndez, Canal 7, 1960).

   Jaime Font Saravia llegó a asegurar que un famoso producto gelatinoso (Gomina Brancato) era “el mejor fijador para el caballo”.



domingo, 12 de mayo de 2024

Roberto Rufino

    

   -Troilo vivía a dos cuadras de mi casa, en Soler entre Gallo y Agüero. Un día me mandó a llamar y me encontré con varios de sus músicos. . Doña Felisa, la mamá del Gordo, estaba cebando mate. Nos saludamos y me arrimaron media docena de temas. ¡Era una prueba!. Recuerdo que arranqué con "Farolito de papel". Yo dejé el alma en el estribillo.... "Solo quedé... yo no tenía más que a vos...".

   Y volví a causarle buena impresión.  Pero sobre todo a la mamá, que cambió varias miradas con él, aprobando con la cabeza. 

   Cuando me uní a Pichuco ya estaba formado y además los dos nos conocíamos bien, tanto en lo personal como musicalmente. Algo emocionante...

                               


   Después que Troilo-Grela tocaron en Río Cuarto, a principios de la temporada 1963, me sumé a su orquesta, donde nos entendíamos a las mil maravillas con Baffa, Mattio, Garello... ¡Pichuco!... A veces los músicos me esperaban y otras lo hacía yo. siempre con gran ajuste y un diálogo constante que la gente llegó a  captar y disfrutar.  

   Con él aprendí los silencios musicales, algo muy difícil. Troilo sabía mucho de canto y él mismo se acompañaba tarareando bajito, cuando no estaba en otro mundo, volando con sus duendes. 

   Los dos nos parecíamos en muchas cosas: no cuidábamos la guita para nada y desparramamos varias fortunas; a los dos nos salvaron nuestras esposas, Perla y Zita, que amarrocaban en las buenas, para que viéramos algún mango cuando había que apechugarla.  Aunque debemos aclarar que jamás nos faltó el laburo. 

   Los dos cinchábamos juntos por River Plate y por "Pichuco"... pero ese otro "Pichuco" que fue un burro parejito: ¡Nunca cruzó el disco con el jockey metiendo la fusta bajo el brazo!

   ¡Qué querés que te diga!... Los "chuchos", la misma camiseta, y por sobre todo, la bohemia de Buenos Aires, nos mantuvieron unidos. De tango está todo dicho: El "Gordo" es el tango, así como para mí, el tango es mi vida. Los dos somos tipos muy sensibles. Más que el aplauso necesitábamos sentir el contacto de la gente. La sensibilidad es algo que uno no busca, viene del vientre de la madre. 

   Por eso los dos sentimos el tango de una misma manera; por eso quiero al Gordo y a Di Sarli, tanto como a mis viejos.

(Del libro "Roberto Rufino - su vida y su obra" -Perla Lorenzo d e Rufino-Pedro Alberto Colombo.)

   Y escuchamos una de las grabaciones que realizó Rufino con la orquesta de Troilo. En este caso se trata del tango de Discépolo y Cátulo Castillo: Mensaje. Lo grabaron el 4 de enero de 1965.)



                                         

 

martes, 7 de mayo de 2024

El violín romántico de

 Alfredo Gobbi.

   Como Carlos Di Sarli  y Osvaldo Pugliese, llegó también Alfredo Gobbi con evidente retardo al primer plano de la consideración, entre los más cualificados cultores del tango. Una dilatada y fecunda labor como violinista y compositor, concedieron méritos propios a quien traía desde su origen la responsabilidad de haber heredado un ilustre nombre de tango.

   Porque Don Alfredo Eusebio Gobbi fue un pionero infatigable en los difíciles comienzos de nuestra música popular, y su hijo el honroso continuador de una tradición artística a la que mucho le debe el tango. La imagen temperamental de Alfredo Gobbi se refleja con caracteres inequívocos en el estilo de su orquesta. 

                                  


    Hay en sus concepciones musicales evidentemente evolucionadas, reminiscencias de viejo tiempo. Expresa Alfredo Gobbi una forma de tango que le es propia, concurriendo la original inventiva del arreglador, la expresividad de su violín romántico -de vibrato pequeño, de lánguido portamento y profunda sugestión- y el colorido inimitable de su orquesta. 

   Sin alardes excesivamente académicos, pero dentro de un tratamiento armónico de indudable calidad musical,  empleó Alfredo Gobbi para su orquesta una muy singular marcación rítmica, preferentemente lenta y acentuada. Los pasajes instrumentales, siempre ubicados con exactitud, permiten el amplio lucimiento de los solistas. 

   Y la forma de orientar la conducción del piano, guarda profunda afinidad con la de aquel creador que fue Orlando Goñi, precisamente su camarada y amigo de todas las horas de bohemia compartidas.

                                 


   La trascendente contribución de Alfredo Gobbi a la estilística del tango, encierra  ese "algo" tan suyo, y tan difícil de definir. Ese "algo" de De Caro, ese "algo" de Di Sarli (que tampoco es la refundición de dos tendencias tan dispares). es decir, ese "algo" del tango de Alfredo Gobbi, que no puede traducirse más que en la sonora belleza de su orquesta.

   La importancia conferida a los ejecutantes solistas, le permitió a Alfredo Gobbi contar, entre tantos otros, con instrumentistas como César Zagnoli, Mario Demarco, Ernesto Romero, Bernardo Germino, Antonio Blanco, Edelmiro D'Amario, Cayetano Cámara, Alberto Garralda, Osvaldo Tarantino, Lalo Benítez, Juan José Fantín, Eduardo Rovira, Omar Sansone, Roberto Cicaré, Alcides Rossi, Osvaldo Monteleone; Eduardo Salgado, Luis Maggiolo, Tito Rodríguez y Osvaldo Piro.

LUIS ADOLFO SIERRA


Y vale la pena recordarlo con ese lánguido y entrador estilo de su orquesta, en la interpretación  del tango de Pedro Maffia: Pelele. Grabado el 18 de  abril de 1950.

                           


  O en este valsecito de su padre, La entrerriana,  que grabara el 16 de mayo de 1947, cantando Carlos Heredia y Hugo Soler.

                                            




sábado, 4 de mayo de 2024

Ricardo Tanturi

 ... y su orquesta

      Los milongueros saben apreciar muy bien a las orquestas típicas y cada uno/a se siente convocado a la pista según la música que suene en los altavoces, más rítmica, más melódica, y la pareja que puede acompañarlo/a en ese momento. No hay duda que Di Sarli, D'Arienzo, Troilo, Pugliese, llevan ventaja  en el gusto popular, pero también hay otras muy valiosas, reconocidas y degustadas a fondo.
   
    En este caso estarían las orquestas de Miguel Caló, Rodolfo Biagi, Ángel D'Agostino, Pedro Laurenz, Francisco Canaro, Edgardo Donato, Enrique Rodríguez, Osvaldo Fresedo que también aportan grabaciones importantes. La lista puede agrandarse según la "oreja milonguera" del discjockey de turno. Malerba, Lomuto, José García,  Demare, Alfredo De Angelis, etc.

                                             Tango Dj - Laura Petroni - La popularidad de Ricardo Tanturi a inicios de  la década del 40 se ve reflejada en esta tapa de de la revista “Antena”,  una de las

 

   Osvaldo Requena le preguntó un día a Di Sarli cuál era la fórmula de esos pianissimos, esos arrastres que él hacía. Y éste le respondió: "Mirá a los bailarines, te colgás de ellos"... Y en esa frase queda sintetizada la importante función social-milonguera de aquellas orquestas del cuarenta-cincuenta que continúan empujándonos en la pista con sus grabaciones, pese a la cantidad de añadas que han pasado.

   Creo que la de Ricardo Tanturi, es muy apreciada por la mayoría de los/as bailarines/as como resultado de su excelente ritmo musical y del éxito que tuvo  con el binomio orquesta-cantor, al incorporar a su formación a Alberto Castillo. Fue un aldabonazo en toda regla y la famosa década del cuarenta lo consagró para siempre, como lo demuestran sus discos que no han perdido vigencia.

   Tanturi había nacido en el barrio porteño de Barracas (27 de enero de 1905) y junto a su hermano Antonio estudiaron música y formaron un conjunto aficionado que en 1924, actuaba en veladas de clubes de barrio. Formaría en 1933 un Sexteto típico al que puso el nombre de "Los indios", imitando a un famoso conjunto de Polo. Y ese apelativo lo seguiría usando siempre, incluso con la que sería su famosa orquesta. Una formación de estilo sencillo pero con mucho gancho. 

   Así se presentaría en el Alvear Palace Hotel en 1934 y seguiría desfilando por distintos escenarios, hasta que en 1936 puede incluir más músicos en su orquesta y actuará durante la temporada del verano en el  Hotel Carrasco de Montevideo. Precisamente a este albergue la dedicará su marcha: Carrasco que integra su segundo disco de 78rpm. grabado en la RCA Victor. En la otra cara estaba el tango Argañaraz.

                                   

La orquesta inicial de Ricardo Tanturi con Juan Carlos Thorry como cantor

    Su primer cantor fue Juan Carlos Thorry, que luego destacaría como actor. Posteriormente, Carlos Ortega, que en dos años con la orquesta sólo registraría un par de temas grabados, la citada marcha y el tango A la luz del candil. Pero es a fines de 1940 cuando a Tanturi le recomiendan escuchar a un cantor- médico (recién recibido) que tenía un estilo muy especial y que estaba actuando en diversos boliches. Tanturi hizo caso, fue a verlo y se engancharon mutuamente.

   Con la incorporación de Alberto Castillo, la orquesta voló hacia arriba. El cantor destacaba por sus gestos, su enpilche y la manera compadre de entonar. Debutará en el disco con el valsecito de Alfredo Pelaia: Recuerdo, el 8 de enero de 1941. Y hasta agosto de 1946, serán 36 temas suyos ganadores, los que llegan al disco. Tanturi en ese lapso solo grabó 8 instrumentales, privilegiando al cantor que vendía a lo loco.

   La consagración de Castillo con su estilo cancherazo al mango, lo lleva a la salida de la orquesta y lo esperan el cine, el desfile por los barrios, con orquestas que lo acompañan. Y Tanturi, afectado por su salida, acierta nuevamente con la llegada de su nuevo cantor, un uruguayo que había estado en diversas orquestas de su país  y ya lo acechaban un par de directores en Buenos Aires. Tanturi les ganó de mano.

   Fue otro gran acierto del hombre de Barracas. Enrique Campos era totalmente distinto a Castillo, pero muy melodioso y excelente intérprete de cada verso, por lo cual se adaptó rápidamente a la orquesta y permitió a Tanturi seguir gozando del éxito. La dupla Tanturi-Campos arranca grabando en agosto de 1943 el vals Al pasar y el tango Muchachos comienza la ronda. En total serán 53 registros de Campos con Tanturi, que seguimos disfrutando.

   Y considero importante destacar a músicos que lucieron durante muchos años en la orquesta de Tanturi y contribuyeron al éxito de la misma. Como por ejemplo al pianista y amigo de  la infancia del director, Armando Posada, que estuvo 30 años con Tanturi,.O el violinista Vicente Salerno, 28 años en la orquesta. El bandoneonista José Raúl Iglesias que lo acompañó hasta el final. El fueye Héctor Gondre, 22 años con Tanturi. O el otro bandoneón,  Francisco Ferraro que se retiro después de 17 años en la orquesta.

                                                    La nova Botica del Aleman.: Tango - Ricardo Tanturi - El caballero del Tango 

   En total, entre 1937 y 1965, La orquesta de Tanturi dejó 178 grabaciones. De ellas 12 son temas del director: Además de la citada Carrasco, compuso, con diversos poetas, La vida es corta, Mozo guapo, Pocas palabras, Ese sos vos, A otra cosa ché pebeta, Sollozo de bandoneón, Quién canta mejor que yo, Campeonato, Decís que no te quiero, Provinciana linda, Amigos presente.

   Y junto a los vocalistas citados, también desfilaron por la orquesta, las voces de: Roberto Videla, Osvaldo Ribó, Horacio Roca, Juan Carlos Godoy, Alberto Guzmán, Jorge Falcón y Blanca Bassi. Todos ellos llegaron al disco con Tanturi.

  Comprobamos una vez más el rítmico sonido orquestal y el lucimiento de sus cantores. En este caso es Alberto Castillo cantando el valsecito de Alfredo Pelaia: Recuerdo, grabado el 11 de diciembre de 1940.

                                    


 
 

   Y completo con este tango de Enrique Cadícamo y Ricardo Tanturi: Sollozo de bandoneón, que canta Enrique Campos y lo grabaron el 26 de diciembre de 1943.