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martes, 12 de octubre de 2021

Bien milonga


                                                     Cuando vibra su compás
                                                     tan marcado y tan vivaz,
                                                     no hay quien pueda resistir
                                                     los deseos de bailar.
                                                     Es su ritmo tan sensual
                                                     que entre cortes y quebradas,
                                                     toda pena es olvidada
                                                     porque su compás, es emoción.

   Es lo que tienen los Martes de BIEN MILONGA. La emoción de bailar con los grandes regalos discográficos que nos dejaron las orquestas típicas maravillosas que fondearon en el tango. Y volver a regodearnos con el abrazo distintivo y la magia de llevar el compás emparejados.

   Por eso, esta noche, estamos como de costumbre en la convidante pista de la madrileña CASA de ARAGÓN, desde las 21 a las 0 horas para darle gusto al cuerpo y al cuore.

                                    
   Como es costumbre en este día milonguero, recorremos algunas pistas que albergan al tango, con exhibiciones que entonan el ánimo y nos predisponen para nuestra salida a plaza.

   Nuestra primera parada es en el Festival de Elba (Italia) donde Aoniken Quiroga y Alejandra Mantiñán bailan el tango Mi dolor, ejecutado por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Osvaldo Ramos.

                                   
   Acto seguido, estamos en el Club Majestic Dance (Salon Baires), de Nápoles (Italia), para ver en acción a Milena Plebs y Sergio Cortazzo al compás de la Milonga brava, por Francisco Canaro y su cantor Roberto Maida.
                                          

   Un saltito a Rumania porque allí en el Tango Cazino Festival del  Cluj-Napoca, están Noelia Hurtado y Carlitos Espinoza luciéndose con este Valsecito criollo que nos dejara Juan D'Arienzo con su orquesta.
                                            

    Y ya arrancó el Martes con BIEN MILONGA en la recámara.                                         

domingo, 10 de octubre de 2021

La música milonguera

    Desde que volvió el auge del tango, en los años noventa, se ha ido extendiendo como un reguero de pólvora por todo el planeta. Cada vez son más los bailarines en los distintos países, los profesores, las parejas de exhibición, los disc jockeys, los Festivales de Tango, los Libros referidos al género o a personajes relevantes del mismo.

   Como he vivido toda esta resurrección, la he sentido hondamente y la sigo viviendo como organizador de milongas, como bailarín, conferencista, pinchadiscos en España, Argentina, Italia, Francia y otros sitios, creo que sería interesante merodear un poco en los variados aspectos que podemos recrear sobre lo que sucede en la pista. Y, sobre todo, en esa música que nos incita, nos predispone, nos llega hondamente para que podamos interpretarla en pareja con nuestros cuerpos.

   Alguna vez he comentado que arranqué bailando tango en los años cincuenta cuando todavía estaba en su apogeo. Hacerlo con aquellas orquestas en vivo: Di Sarli, Troilo, D'Arienzo, Pugliese, Gobbi, como lo disfrutamos con la barra de amigos, es algo inolvidable. Como todo esto lo revisitado en relatos anteriores, igual que mis andanzas milongueras por la enorme cantidad de clubes de barrio que había en la capital porteña, hoy prefiero poner la lente en la música.

                                    

Picherna pinchando música

   Creo que es el punto vital, fundamental, lo que nos hace pasar una buena velada o, por el contrario,  sentir que la música no nos ha impulsado debido a la errada elección de temas, por parte del musicalizador. Afortunadamente, en los noventa, en Buenos Aires, todavía estaban algunos pinchas de la belle epôque que supieron transmitir su experiencia. 

   Incluso, alguno como Félix Picherna, estaba presente y no sólo transmitió su sabiduría en ese aspecto a los que le siguieron, sino que fue contratado por organizadores de Italia que lo llevaron para allí y también dejó un gran reguero de enseñanzas en dicho país, donde me lo encontré en una milonga de Roma muy concurrida, y nos pegamos un fuerte abrazote.

   Lo curioso es que en aquella época de oro que estoy señalando, jamás supimos quienes eran los pinchas de las milongas más concurridas. En la hermosa Sede social del Club Atlético Huracán, donde solíamos ser fieles concurrentes los domingos con grabaciones, nunca vimos al que seleccionaba la música con muy buen criterio. Estaba como encerrado en una salita y desde  allí nos mandaba el  emotivo mensaje musical.

   Y así sucedía en el Sp. Buenos Aires, en el Premier, Unidos de Pompeya, Sin Rumbo, Villa Malcom, Social Rivadavia, Estrella de Oriente, Isondu, Palacio Rivadavia, Villa Sahores y tantísimas pistas repletas de milongueros de ambos sexos ávidos de regodearse y desarrollar su pasión. Podemos dar fe de que siempre nos sentíamos interpretados por el seleccionador de la música. Esa que escuchábamos todos los días en la radio y los tocadiscos de casas y departamentos.

    Debo confesar que ha costado mucho volver a sentirnos identificados, en la nueva era, con algunos aprendices recién llegados al tango y que han desempeñado esa tarea tan fundamental del pincha. Me refiero a la enorme cantidad de milongas que fueron floreciendo a lo largo de  todos estos años por diferentes ciudades de Europa. He visto de todo. Incluso a seleccionadores de música que eligieron el llamado "Tango nuevo",  para así demostrar su impericia. Y no se puede embarrar la cancha.

   

   Para un milonguero de postín es muy sencillo seleccionar las tandas. El Troilo de Goñi. El Di Sarli rítmico o el melódico, según el momento. D'Arienzo para levantar el ánimo bailarí., Pugliese instrumental. D'Agostino- Vargas. Tanturi-Castillo o con Campos según el momento y también algunos de sus escasos instrumentales. Caló-Berón-Podestá-Iriarte. Laurenz. Donato. Algún Canaro. Y ya tenés la base. Que suma agregados para rellenar los otros momentos, claro.

   Pero sobre todo: No inventen. No "descubran". Está todo descubierto en la materia desde hace más de ochenta años. No se imaginan lo que puede sufrir un/a milonguero/a durante esos 10/14 minutos del in-bailable "descubrimiento" por parte del musicalizador. No jodan con eso. Todos tenemos gustos particulares, pero lo que importa es la gente que viene a bailar y ha pagado entrada para disfrutar y no para sufrir. Lo digo por las experiencias que he ido atravesando durante años. 

   Y si  bien es cierto que hay gente con problemas económicos y el tango puede ayudarlos a sobrevivir, pasando música,  pueden acudir a expertos en el tema para que los asesoren y así no perjudiquen a los bailarines. El tango es cosa seria y por algo está de moda en todo el mundo,  con música grabada en los años cuarenta y cincuenta. La que debemos respetar y escuchar una y otra vez para formarnos una idea clara de lo que es bailable y lo que es para escuchar o para... descartar.

    

jueves, 7 de octubre de 2021

Vamos, todavía

    Juanca Tavera nos dejó unas cuantas páginas que tienen ese sabor de la melancolía, de lo porteño, de lo vivido y del alma tanguera que llevamos encima. La metafísica en la que estamos envueltos con el paso de los años. El asombro, la ternura, el futuro incierto, los declives del amor y la distopía imaginaria sobre lo que vendrá, flotan en los versos de este porteño  de Béccar, que se mandó temas de gran calado, en un momento en que el tango estaba de capa caída.

   Ya le he dedicado unas páginas en este espacio y considero que vale la pena fondear en algunos de sus versos para merodear los albures de la existencia y recordarlo así. Decía que "Generalmente escribo de noche porque los duendes son distintos. Pero cuando leo lo escrito a la luz del día, es otra cosa y comienzo con los retoques".

                                          


   Curiosamente comenzó en el folklore escribiendo chacareras y zambas para los Huanca Huá en el 72. Temas exitosos, por cierto. Pero luego aclararía que tenía vena tanguera desde pibe y que un compañero suyo del colegio le recordaría que en los recreos se la pasaba cantando tangos. Y no dudaba en recordar que era admirador de Aníbal Troilo, Carlos Di Sarli, Alfredo Gobbi y Horacio Salgán, en ese orden.

   Fue Néstor Fabián, que estaba atravesando un momento artístico importante, quien le grabó uno de sus primeros temas: Dos ilusos, con la orquesta de Osvaldo Tarantino. Y enseguida repetiría con el tema que hoy me ocupa y que lleva música de ese pianista excelente que fue Tarantino. Acá la pluma de Tavera está marcando tiempos y en ese año 1977, el género necesitaba una urgente renovación por la paulatina desaparición de grandes figuras.

   En esos crepúsculos en que la llama del amor se apaga, el alma solitaria busca aliento para superar el instante irreversible. Como el boxeador lastimado por los golpes del rival y que se la juega, peleando, para no terminar nocaut, trata de darse manija ante esos días comunes en que el recuerdo de ella lo persigue. La agonía del amor se convierte en una sombra y repercuten otros pasos en falso que derivan en una trama perturbadora, obra de la desdicha. 

Vamos, corazón, no te me quedes.
Si las piñas de la vida
te abollaron las paredes,
estás gastando tu turno de latir
empecinado en sufrir.
Deja de vagar viejas veredas
al encuentro de las horas
del amor... febril,
No ves que tengo los ojos tranquilos,
la tarde cansada
y el sol sin salir.

Por vos se me olvidó
la forma de querer,
las ganas de reír,
el tiempo de crecer; 
por vos no abrí la puerta de olvidar
ni chance que me das de andar mirando atrás.
Tal vez hay tiempo si vos lo querés,
tal vez hay un mañana y un porqué.
El vale que nos queda de ilusión
jugalo... corazón
salí de perdedor.

    En la reflexión consigo mismo, va marcando la topografía de su existencia y calibrando los lindes de la misma. La vigilia lo encuentra comprobando los años que se han ido, los deseos marchitos, los errores, las quejumbres  y esos vaivenes que lo encuentran perdido en la batalla, lejos del paraíso soñado. Y comprende que debe luchar contra todo ello. Así reflexiona en la manera de hacerlo.

Vamos, corazón, hacé la cuenta
uno a uno los eneros
van pisando los cuarenta,
y estás marcando mi tiempo de vivir
sin voluntad por seguir.
Dale con tu cuenta regresiva
hasta que uno de estos días
me dejés... tirao.
Qué par de giles, perder la alegría
del cacho de vida
que Dios nos ha dao.
 

Vamos, todavía, que en la vida
quiero un poco de alegría
para ser feliz...

   Este tango que estrenó y grabó Néstor Fabián con la orquesta de Tarantino, también lo llevaron al disco Roberto Mancini con guitarras, Guillermo Galvé, Rubén Juárez con la orquesta de Raúl Garello y otros. Hoy recuerdo la versión de Rubén Juárez. Grabado en 1979.

                      

                         

martes, 5 de octubre de 2021

Bien Milonga


                                                        Adornando los acordes                                 
                                                        de esta milonga canyengue,
                                                        va la luz de tus ojos 
                                                        que te han visto suspirar. 
                                                        Pa' que sepas mi morocha
                                                        que hay un mozo siempre alegre,
                                                        con todo tu cariño, robador
                                                        que nunca olvidará mi amor.    

   Esta noche de Martes 5 de Octubre, BIEN MILONGA festeja su octavo cumpleaños, en la coqueta pista de la madrileña Casa de Aragón. Lo haremos con todos los amigos y amigas milongueros/as que nos han acompañado durante todo este tiempo y le daremos gusto al cuerpo y al cuore una vez más.

                                     

   Como de costumbre nos damos la consabida vuelta por esas milongas mundanas para ir calentando los remos y las ganas de milonguear. 

   Arranco por el porteño salón Canning, donde Noelia Hurtado y Facundo de la Cruz bailan el tango El motivo, por la orquesta de Aníbal Troilo, cantando Roberto Goyeneche. 

      

   Me encanta la demostración que viene a continuación porque representa muchas cosas y me recuerda al barrio, a aquellas fiestas de casamiento y a esas damas mayores que llevan el baile en el alma y en sus movimientos, pese al paso de los años. Son María y Alon bailando el valsecito Corazón de oro, por el Quinteto Pirincho.

                                           


   Cierro el periplo de hoy en Varsovia, la capital polaca, para ver en acción a esta excelente dupla: Facundo Piñero y Vanesa Villalba que se mandan con La milonga de Buenos Aires, por la orquesta de Francisco Canaro, cantando Ernesto Famá.  

                                            

   Y esta noche a festeja el octavo cumpleaños de BIEN MILONGA a toda pastilla.

                                                                                                                                           


viernes, 1 de octubre de 2021

La violeta

    Un tango entrañable, sentido, descriptivo, lleno de sentimiento.  Era la época de la gran inmigración que llegaba en barcos atiborrados de italianos, españoles y otras nacionalidades que arribaban con sus escasas pertenencias al puerto porteño. La nostalgia, la morriña, las lejanías familiares, los amigos, todo ello provocaba sensaciones pesarosas en los habitantes de la nueva tierra donde echarían semillas y se radicarían para siempre.

   Nicolás Olivari, autor de los versos, fue periodista, escritor, poeta, guionista teatral, y también tanguero. Estuvo enrolado en los dos grupos literarios que se alinearon en aquella Buenos Aires de 1920 al 40: El de Boedo y el de Florida (Martín Fierro). Fue profesor de literatura y de castellano. Con su libro "La Musa de la mala pata" abrió un canal nuevo, revolucionario, por su concepción poética. Fue editado en 1926 y provocó todo tipo de comentarios.

                                      

Nicolás Olivari en su época joven y ya era periodista de fuste

   En la Dedicatoria del mismo dice: "Dedico este libro, grotesco, rabioso e inútil, a todos los empleados de Comercio de mi ciudad. Pobres seres canijos y dispépticos que nunca conocieron el amor y dividieron la vaguedad sentimental de sus vidas entre el cinematógrafo de barrio y la magnesia calcinada de Carlos Erba. Pobres seres que huelen los versos y mastican la 5ª edición de «Crítica» mientras limpian sus lapiceras en el lamentable relieve de sus traseros afilados por la inminencia de la patada patronal".

   Fue uno de los escritores que fundaron la Academia Porteña del Lunfardo. Otros libros suyos de poesía y cuento fueron, por ejemplo: Carne al sol, El gato escaldado, Los poemas rezagados, ,  Diez poemas sin poesía, La amada infiel, La mosca verde,  Pas de quatre, El hombre de la baraja y la puñalada, El almacén, La mala vida, La noche es nuestra, Los días tienen frío,  Un negro y un fósforo, Novela parroquial de Buenos Aires y su último trabajo, en el que saca a relucir su amor, el sentimiento por la ciudad en la que vivió sus 66 años: Mi Buenos aires querido. 

                                             


   Hoy me toca referirme a su nostálgico tango del título. Escribió los versos de La violeta en 1929, y en comunión con Cátulo Castillo -autor de la música- lo sacaron a la palestra rápidamente estrenándolo el cantor Roberto Maida por Radio Nacional (la que luego sería radio Belgrano), acompañado por sus guitarristas. Gardel lo grabaría un año más tarde. Luego entraría en el repertorio de orquestas y cantores.

   El propio Olivari (Firmaba a veces como Diego Arzeno) recordaba cómo se produjo la idea de este tango: 

-A pesar de mi intensa vida de periodista, nunca tuve la suerte de conocer personalmente a Carlos Gardel. La letra de "La Violeta" la escribí en un mesón antiguo de este Buenos Aires, comiendo con Cátulo Castillo, por una apuesta. Y nació al hilo, entre los spaghettis y el vino. Primeramente lo grabó Maida y luego Gardel; para mí es un motivo de orgullo personal esta distinción sin igual. Fue Cátulo quien se encargó de hacerlo grabar. 

                                   



   En la partitura original de este tango, Cátulo y Olivari dejan esta dedicatoria que cita precisamente al lugar donde se desarrolla el aguafuerte que pinta el drama del inmigrante: 

   -Al marqués Enrique González Tuñón, en agradecimiento a las tantas y tan sabrosas cazuelas de pescado con que nos habéis invitado a aquella cantina italiana de la Chacarita, musa macabra de este tango, os lo dedicamos. Conserva aún reminiscencias de pizza y queso provolone. Cantadlo, tocadlo, silbadlo; tuyo es. Los autores.

Con el codo en la mesa mugrienta
y la vista clavada en un sueño, 
piensa el tano Domingo Polenta
en el drama de su inmigración.
Y en la sucia cantina que canta
la nostalgia del viejo paese
desafina su ronca garganta
ya curtida de vino carlón.

Ë...! La Violeta, la va, la va, la va, la va...
La va sul campo che lei si sognaba
ch'era su gigin, que guardandola staba.
Él también busca su soñado bien
desde aquel día, tan lejano ya,
que con su carga de ilusión saliera
como La Violeta que la va... la va...

Canzoneta de pago lejano
que idealiza la sucia taberna
y que brilla en los ojos del tano
con la perla de algún lagrimón...
Lo aprendió cuando vino con otros
encerrado en la panza de un buque,
y es con ella, metiendo batuque,
que consuela su desilusión.

(Gigin: término genovés equivalente al italiano "gingilino": galanteador)


   Aníbal Troilo lo grabó en 1951, cantando Jorge Casal y veinte años más tarde acompañaría con su orquesta a Roberto Goyeneche grabando varios temas. entre ellos La violeta (24 de junio de 1971).Lo escuchamos.
                            







martes, 28 de septiembre de 2021

Bien milonga

      Vestido como un dandy, 
     peinado a la gomina 
     y dueño de una mina, 
     más linda que una flor.
     Bailás en la milonga 
     con aires de importancia
     luciendo tu elegancia 
     y haciendo exhibición.

             Miguel Bucino

                                                                                          

    Los Martes de BIEN MILONGA son bienvenidos en la noche madrileña, por poder volver a bailar tango después de tanto tiempo, por reencontrarnos con los amigos y amigas milongueros/as, por "sentir" esos temas que tanto nos emocionaron y motivaron en la pista. Y por ese piso de la Casa de Aragón que también nos incita una vez más, con la selección musical que es milonguera al mango. José María y Charo, los anfitriones te recibirán como siempre.

                                                


   Ya sabés que para ir calentando motores nos damos una vuelta por diferentes milongas y lugares donde reina el tango bailado. En este caso vamos con la novedad de los últimos campeones mundiales de baile: Tango pista. Son Bárbara Ferreira y Agustín Agnez los que bailan el tango "Pa'que te oigan bandoneón", por la orquesta de Héctor Varela.

                               

   Seguimos en Buenos Aires. En este caso En lo de Celia, donde hemos milongueado tantas veces cuando vamos al pago. Allí, Magdalena Gutiérrez y Germán Ballejo se mandan con el valsecito Recuerdos de la pampa, por la orquesta de Juan D'Arienzo.

                                 
   Y como cierre una milonga: Meta fierro por la orquesta de Juan D'Arienzo. La dibujan Oscar Mandangaran y Georgina Vargas.

                                       
  Esta noche la seguimos nosotros en vivo, en la coqueta pista de la Casa de Aragón, 
       

                                             

domingo, 26 de septiembre de 2021

"Pugliese fue también un romántico"

   Este es el último reportaje a Osvaldo Manzi, unos de los grandes pianistas del tango, pieza clave de formaciones que marcaron época: Troilo, Pugliese y Piazzolla. Ahora Osvaldo Manzi no está. Se fue abruptamente. Es tremendamente triste, pero también es lindo que sus últimas palabras grabadas sean sobre la lección del maestro Pugliese.

                                     


   Mi opinión personal de Pugliese, desde el punto de vista estrictamente musical: un fuera de serie. Íntegro, consecuente. Luchando contra mucha música comercial, él impuso un estilo, una forma. Y creo que marca una gran época tanguística. La suya fue una de las orquestas más tango-tango. Creo que conceptualmente su música está dirigida hacia lo bailable, sin por eso descuidar sus pretensiones armónicas.

   Pero éstas no son su verdadero objetivo. A mi juicio, el verdadero es su rítmica, su forma hacia lo bailable. Yo diría que el suyo es un tango machista. A nivel nacional me consta, yo sé: Osvaldo es un estudioso. Soy de los que cambian de maestro continuamente y siempre, o lo he encontrado estudiando a la par mía o él ya había estado ahí antes. Incluso actualmente. Pugliese no es un autodidacta o un improvisado, sino un hombre de probada capacidad técnica dentro de la música.

   Otro aporte, a mi juicio, a través de sus temas, de sus temas con letra, es que varios y determinados están consagrados a lograr una fotografía de la época con una natural pretensión de ser una proyección hacia el mañana, hacia el futuro, como un testigo. O sea que ha intentado  (y no digo resuelto la problemática, pero sí intentado) el camino de lo social a través del tango de nuestra condición social.

                         

Postal de la época en que Manzi reemplazaba a Pugliese en su orquesta

   Incluso creo, políticamente hablando, que dentro de esas letras hace notar las falencias de nuestro tiempo. Eso yo lo considero muy bueno, en cuanto a lo artístico, porque el artista, para mi opinión, no debe buscar sólo el aplauso, o el éxito, o hacer del arte una cosa para élites, sino que debe tratar  de hacer un aporte cultural, de ayudar a abrir los ojos, tanto para la gente de su tiempo como para  la del que vendrá.

   En cuanto a Pugliese compositor, sacando los temas muy conocidos, ya que todo el mundo conoce la calidad que tienen, es un compositor que que no trabaja sus obras, no anda molestando a los intérpretes con la obra bajo el brazo. Es un tipo que compone y lo deja ahí. el que descubre la obra, la toca o no. Por eso es que todo lo que ha compuesto no ha alcanzado una gran dinámica de difusión, exceptuando las obras más conocidas.

   A mí me consta, sé que sus otros hijos, sus otras obras, no tan conocidas, son tan buenas o mejores que las difundidas. El reúne todo lo que tiene que tener un compositor, y más para la época de la cual él es. Es decir: tiene esencia de tango, tiene identificación lo que hace, se sabe que es tango, con un color real y sabor a Buenos Aires, no a Río de la Plata. En lo rítmico, eso es fabuloso: tiene su propio decímetro.

   No creo que Pugliese componga solamente a través de la vena melódica, sino también a través de la melódica-técnica. Y que aparte de lo rítmico, es un gran melodista. Mucha gente cree, equivocadamente, que la esencia de la obra pugliesana es fundamentalmente rítmica y no es así. Él es también un romántico. Todas sus composiciones tienen momentos donde se traduce ese romanticismo.

   Nombrar, decir cuáles pueden ser las mejores obras, no. Eso sería parcializar. A mí me interesa la obra de Osvaldo Pugliese. Toda, en forma total. 

(Publicado en la Revista Crisis, Mayo de 1976)

Y podemos escuchar a la orquesta de Pugliese, con Osvaldo Manzi sentado al piano, debido a algunas de las veces que el director estuvo preso o desaparecido. En este caso se trata del tango de Mario Demarco Pata ancha, grabado el  13 de mayo de 1957)

                              




viernes, 24 de septiembre de 2021

A José González Castillo

Papá entre nosotros

   Nuestra infancia, pobre, se nutrió con el panorama de una vía de tren, que se alejaba debajo de nuestra casa, allá en Pasaje Viale. Era una casa quinta, para nuestros ojos maravillados de chiquillos, donde una higuera, una parra y una fuente ponían una sensación de floresta umbría. Acaso, no fuera más que un pequeño jardincito, que a través del lente mágico de nuestra pequeñez y nuestra ilusión, cobrara toda la magnífica profundidad de un bosque inexplorado.

      Una puertita de madera, creo que pintada de verde, daba al paisaje, que –en su corta dimensión-estaba atalayado por un alambre tejido que nos defendía de aquel precipicio, por donde corría la máquina infernal que “echaba humo”. Con Hugo y Gema salíamos por las mañanas, bien tempranito, a asomarnos al paisaje melancólico del tren que llega, pasa y se va. Y esa sensación extraña, mezcla de tristeza y de misterio, creo que nos quedó para toda nuestra vida.

      La primera sensación que me llega al recuerdo, acerca de papá, era la de un gigante todopoderoso, valiente e invencible. para mi celebración niña, todo el trabajo suyo era "pelear". Papá salía de casa temprano a luchar, a combatir con los demás hombres y noche tras noche, volvía victorioso. Y se me figuraba que lo miraría con admiración y temor. Con un temor misterioso y divino. Se me ocurría que era rubio. Recuerdo sus bigotes poblados y su cabellera rizada que se peinaba para atrás, mucho antes de que su cabeza se fuera despoblando y envejeciendo.

                                  


   Papá era cariñoso con sus hijos. Cuando estaba en casa, y eso fue durante toda nuestra niñez, nos llevaba junto a él, noche tras noche, y nos narraba cuentos que urdía en él, llenándonos los ojos de montañas mágicas y ríos de oro, de enanos vagabundos y de gigantes despiadados, que tenían la virtud de hacernos vivir en un mundo delicioso, de maravilla.

   Nos acostábamos soñando con sus historias y nos levantábamos con el ardiente deseo de seguir oyéndolo. Todas las mañanas corríamos los tres a su cama, y allí acurrucados entre mamá y él, aprendíamos sin querer, cual era la medida de la ternura del hogar, de estar todos, en un solo nudo...Después...un viaje imprevisto. Un coche, en una noche de lluvia. Maletas que se hacen apresuradamente, un tren que nos lleva. Campos y montañas. Un país nuevo.

   Valparaíso nos tendió su mano amiga y nos llenó el espíritu de cerros coloridos y alegres. Vivíamos en la calle Cumming 209, y tendríamos 5,4 y 3 años, respectivamente. Los tres hermanos. Sobre nuestras cabezas estaba el cementerio, y allá, en la punta del cerro, entre sarcófagos y cruces, jugábamos a las ánimas, con una despreocupación digna de héroes. Las tumbas derruidas (acababa de ocurrir un gran terremoto), los cadáveres a medio enterrar, todas las funerarias propias del lugar, para nosotros eran cosa de risa. Un motivo de juego. Un pretexto para hacer travesuras.

   Papá llegó con nosotros a Chile, sin medios de vida y con la responsabilidad de tener que darnos de comer. ¿Pero qué no podía hacer él...? ¿Acaso no fue siempre nuestro héroe invencible? Y a la semana ya estaba ubicado. Era corredor de vinos en una casa comercial, y, claro está, antes que el “pan”, tuvimos el rico “vino” chileno, a nuestro alcance. Después fundó una revista que se llamaba “Bric-a-Brac”. Era nuestro único tesoro, y nuestro mayor galardón, aquella colección de números encuadernados, que representaban toda una evolución de su vida, en un país extraño. 

   Llegar sin un cobre, y al poco tiempo ser dueño de una publicación, era obra de un espíritu como el de él, de esos que no se dejan avasallar por los contratiempos, y capaces de abrirse camino en cualquier parte. Como tuvo necesidad de aprender inglés, ya que trabajaba en una casa londinense, comenzó a tomar lecciones con un profesor negro, grandote, que venía todas las noches, y a quién rodeábamos y mirábamos con asombro. Era el primer negro que veíamos en nuestra vida. 

   Aprendió a hablarlo discretamente, en tres meses. Nuestra casita, era un rancho de madera, con un vestibulito lleno de cuadros, que daba a la calle y que llamaba la atención de los caminantes. La gente se detenía con curiosidad, a pispear nuestro humilde pero alegre alojamiento. Estuvimos tres años en Valparaíso. Acaso los más felices de toda nuestra vida.

   Nos quedó para siempre la ilusión y el color de sus cerros, con sus casitas de madera pintadas y el eterno verde de su vegetación. Un día, debimos volver a la Argentina. Los recuerdos se diluyen. Y ya estamos instalados en la calle San Juan y Quintino Bocayuva, en una casa de departamentos, frente a una feria franca. Es allí donde nos nace la sensación de la importancia de papá. Es allí, donde nos enteramos que trabajaba para el teatro y que lograba éxitos en una profesión que nos resultaba la más extraña del mundo.

   Cuando estrenaba, nos levantábamos temprano, y corríamos a su cama, preguntándole muy interesados: "¿Papá...tuviste exito anoche...?"  Decíamos exito, sin acento, así, como palabra grave. Y él, sonriendo, nos repetía de igual modo. "¡Sí! Tuve un gran exito". Cuando murió mamá, la compañera de todas las horas, del infortunio, de la pobreza y de la prosperidad, la madre de sus hijos, en una palabra, se tornó triste y quedó ensombrecido.

                             


   La calle Boedo, para la que guardaba el cariño y la tolerancia de un padre para con su vástago pequeño, fue el refugio espiritual de sus últimos años. "¡Hay que ayudar al barrio...!"-decía. Y deambulando por sus veredas, perdido entre la gente obrera, acariciaba a los traviesos chiquillos que lo saludaban al paso. No había bodegón que no conociera, ni café, en cuyas mesas no se hubiera sentado alguna vez. 

   Fue un gran amigo de los humildes, a quienes trataba de igual a igual, y su mayor satisfacción era estrechar la callosa mano de un artesano, a quien sentaba a su lado, y hacía partícipe de sus ideales y confidente de sus problemas sociales o filosóficos. Y así, encerrado en un mundo proletario, entre su casa y la “Peña Pacha Camas”, le llegó ese estado de serenidad que la vida otorga, ante la vecina presencia de la muerte.

   Y fue una mañana, tomando mate en la casa que había construido a fuerza de sacrificios y esperanzas. En la vieja casa de la calle Boedo, campo de nuestras travesuras infantiles. Allí mismo, donde aprendimos a valorarlo, con las distintas mentalidades del niño, del joven y del adulto, por las cuales atravesamos a su lado y frente a su ejemplo.

   Su muerte produjo en nuestros espíritus la sensación de la catástrofe. De aquello terrible y devastador, que no por humano y por lógico, deja de ser una especie de caos que ciega y desconcierta. Sin embargo, a través de los años, papá continúa estando con nosotros, porque la seguridad de su presencia en el más allá, se manifiesta en esa corriente inexpresable que nos ata a su recuerdo, a su espíritu, a su yo... 

   Desde aquí, desde este montón de cosas abigarradas y estériles que forman la vida de los hombres, te saludamos, amigo nuestro, hasta el encuentro en la región donde no existe ni la distancia, ni el tiempo, ni las ingratitudes de todo lo que llega, pasa y se va.

                                                                                                                     Cátulo Castillo

(Publicado en Breogán , revista  del Centro Gallego de Buenos Aires, Año XL. nº 332. Avellaneda. Enero de 1944) 

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Cualquier cosa

    Hace unos días publiqué unas palabras de Homero Manzi, en las cuales significaba que  todos sus temas provenían de experiencias, vivencias personales, porque no tenía la capacidad de inventar... Y eso, más que seguro, le sucedió en muchos casos a  algunos poetas que también hilvanaron en sus versos historias reales, perfiles humanos, desencuentros, caminos de regreso, madrugadas filosas, desventuras, traiciones.

   El tango al que acudo hoy, y que fue muy difundido por cantores y orquestas, también trae ese estado insomne del hombre que ve amputado su enamorado corazón por una traición. Está sumido en la angustia por ese rostro que se va apagando de su lado y vuelca su desazón, su frustración en imprecaciones al ver desmoronarse su universo amoroso. La mujer innominada, pasa a ser de repente "cualquier cosa"...

                                   


   El autor de los versos, Juan Miguel Velich, nacido en Santa Fe y avecindado tempranamente en Buenos Aires, fue actor, formó compañías de teatro, hombre de radio, periodista, trabajó en cine, en compañías discográficas, hizo giras, fue bailarín de tango, poeta en distintas especialidades musicales, pero afincado también en el tango fue donde enhebró obras de mucha pegada. En la imagen se lo ve con la guitarra en sus manos.

   Su amigo Carlos Gardel le grabó cuatro temas suyos: Amigazo, Por qué soy reo, Queja indiana y el que hoy destaco y que llevara al disco el gran cantor, con sus guitarristas Aguilar, Ricardo y Barbieri, durante su estancia en París, el 20 de octubre de 1928. Cabe consignar que Ignacio Corsini, acompañado por sus guitarristas, grabó Cualquier cosa un año más tarde y logró un éxito muy destacado con el mismo. 

   Podrían citarse algunas letras de tango suyo que le dieron renombre, como Mandria, Qué viejo estoy, Mala junta, Rodríguez peña, el vals Uruguaya, Sangre maleva y otras. Cualquier cosa fue retornando al candelero con los años en las versiones de Morán con Pugliese, Jorge Vidal con guitarras, Ángel Vargas con la orquesta dirigida por Armando Lacava, Domingo Federico con Enzo Valentino (en un estilo Corsini), y otros.

                               


    Lo que llama la atención es la dedicatoria que realiza Velich en la partitura original de Cualquier cosa y que destapa toda la angustia que encierra el tema que musicalizaría su hija, la cancionista, compositora, actriz, locutora: Herminia Velich. En la misma dice:

-A mi buen amigo Alberto Rada. Sé cuánto me apreciás y sabés de qué manera te estimo. Y porque conocés muy bien la causa que atormenta mi corazón, me es grato dedicarte esta obra mía, escrita en ese momento en que los hombres de mayor templanza se sienten dominados por una fuerza secreta... (vos me entendés, hermano. J.M.V.)".

                                  


   Estas palabras salidas del corazón explican totalmente la tremenda aflicción que envuelve a su autor, cuando escribió estos versos que se harían tango en voces populares, famosas, dándole el pase a la posteridad. Acá desgrano su canto lastimero, duro, acusador...

Cualquier cosa resultaste
para que un hombre derecho,
tu maldad tomara a pecho
entregándose al “splin”
Con tu acción me comprobaste
lo que de ti suponía,
que tu amor me sonreía
para lograr otro fin.
 
¡Loca mía!
Alma cruel y atravesada,
Por tu artera puñalada
Toda mi dicha perdí...
¡Quién diría!
Que tu pensamiento terco,
Te volviera flor de cerco
Y no encanto para mí.

Tus divinos ojos verdes
Mezcla de mar y de cielo,
Han dejado un desconsuelo
Que amargó mi corazón...
Quiera Dios que no te acuerdes
De volver ya que te fuiste,
Porque el daño que me hiciste
No merece mi perdón...

  Se lo vi cantar en vivo al Flaco Morán con la orquesta de Pugliese y también acompañado por Armando Cupo. El 28 de enero de 1952 lo grabó Pugliese con Morán. ¿Lo escuchamos?

                              

martes, 21 de septiembre de 2021

Bien milonga

                                                  Buena como nadie, linda como nadie
                                                  reinaba por su pinta en el salón.
                                                  Bailando un tango nació nuestro romance
                                                  mientras la orquesta tocaba estos compases...              
                                                 
                                                  Cuatro compases que alegraron
                                                  mi triste corazón
                                                  con un divino amor.

   Ya sabés que los martes de BIEN MILONGA están en la agenda de muchos milongueros de ambos sexos en Madrid y otros puntos de España cuando visitan la capital. Y hoy 21 de septiembre los esperamos con una música seleccionada para bailar sin descanso.

                                       

   Como de costumbre, para ir calentando motores, visitamos distintas pistas donde el tango ha sentado sus reales y podemos ver a parejas bailando y disfrutando de esta música genial y sensual.

   Por ejemplo, y como algo digno de reseñar, observamos milongueando a Beba Pugliese, esa gran intérprete, pianista y directora, hija de Don Osvaldo y con pedigrí de pista -bailé con ella en Madrid-. En este caso, junto a Jorge Firpo, bailan el tango La rayuela, por la orquesta de Don Osvaldo.

                             

    Y como muestra de cómo se ha ido extendiendo este género por el mundo, nos vamos a Malmöe -Suecia, y son Cecilia Piccinni y Daniel Carlsson los que se desplazan por la pista al compás del valsecito
Dichas que viví, por la orquesta de Rodolfo Biagi, cantando Andrés Falgás.

                                            

    Un saltito hasta Bellaria (Rímini-Italia), para ver en acción a dos troesmas grosos del tango bailado, incluyendo, claro, al valsecito y la milonga. Como en este caso en que Miguel Ángel Zotto y Daiana Gúspero se mandan con La Milonga de Buenos Aires, por Canaro-Famá.

                                          


   Y a preparar las pilchas, los tarros y la música para la milonga de esta noche...

                                 

sábado, 18 de septiembre de 2021

Raquel Makow

  Nació en San Francisco, California, en la primavera del año 1991.  Fue criada por un padre porteño y una madre neoyorquina.  Desde chica estuvo expuesta al arte. Comenzó a bailar Jazz, Ballet y Ballroom a la edad de los 10 años. A lo largo del tiempo se enfocó más en el Ballroom (ritmos latinos) que incluye Cha Cha, Samba, Rumba, Paso Doble y Jive.  

   A los 15 años empezó a participar en competencias, lo que la llevó a recorrer Estados Unidos y más adelante Europa.  El mismo año viajó a Buenos Aires para visitar su familia.  En ese viaje tomó sus primeras clases de Tango y asistió a su primera milonga en La Viruta.  Fue en ese momento de sentir su primer abrazo que se metió en otro mundo, un mundo de placer, olvidándose de todo el resto y enamorándose del tango.  Después volvió a su vida en San Francisco, a su mundo de Ballroom, un ambiente exigente de competencias, brillos y luces.  Pero se llevó el recuerdo y la sensación de aquella noche en la milonga, algo que quedó grabado para siempre en su corazón.

                                    

Raquel Makow

   A los 19 años se mudó a Portugal para bailar con un renombrado bailarín de Ballroom.  Juntos consiguieron el título de Campeones Nacionales de Portugal 2011.  Raquel después continuó su carrera en la República Checa y Canadá ganando otros premios internacionales.  Pero a pesar del éxito en su carrera, algo faltaba en su vida, y sin ello, su alma no se llenaba al final del día. Nunca se olvidó de esa sensación que le dio el Tango.  

   Y más y más cada día añoraba el tango y ese abrazo tan dulce de la milonga.  Sus días se disolvían entre canciones de Carlos Gardel y Juan D’Arienzo, y sintió una necesidad tan fuerte de bailar Tango que no podía resistir más.  Así que en 2013 decidió abandonar el Ballroom para mudarse a Buenos Aires y dedicarse al Tango. Se fue a Buenos Aires sin trabajo, sin saber que vida iba a llevar, todo para buscar esa sensación que le dio el Tango.

   En Buenos Aires, se dedicó a aprender, ensayar, salir a las milongas, y entregarse cien por ciento al Tango.  Fue y sigue siendo un camino gratificante y frustrante al mismo tiempo.  Descubrió que el Tango es un arte muy profundo que no se puede tapar con brillos y trucos.  En el Tango uno tiene que abrirse al otro y conectar desde un lugar mucho más íntimo que en otras danzas.  

                              

Maxi y Raquel

    Raquel fue aprendiendo más sobre ella misma mientras estudiaba y bailaba Tango.  En Buenos Aires también trabajaba como jueza de Ballroom y entrenadora de las mejores parejas de Ballroom en Argentina y Uruguay.

   Y entonces en una noche tranquila de la semana en Mayo de 2015, Raquel Makow y Maxi Copello se conocieron en la famosa milonga de Salón Canning. Pasaron toda la noche bailando con otras personas hasta el final de la noche cuando la gente se iba yendo uno por uno, y la pista se vaciaba lentamente.  Permanecieron solo los trasnochadores milongueros y ellos dos.

   Raquel se quedó quieta en su silla por primera vez en la noche. Maxi tuvo por fin una oportunidad. Se miraron a los ojos, Maxi la cabeceó y juntos entraron en la pista. Maxi la abrazó a Raquel, y ella cerró los ojos sintiendo y escuchando cada cosa que Maxi le decía con su cuerpo.  En ese instante se conocieron más profundamente de lo que hubiesen podido con palabras.  

   Pasó algo mágico que le hizo sentir a Raquel igual que como se sintió su primera vez bailando en la milonga.  De repente entró en otro mundo perdiendo la noción de tiempo y espacio.  Al seguir su intuición, Raquel sabía en ese momento que encontró a su alma gemela en el baile.  Desde entonces Maxi y Raquel bailan juntos profesionalmente, recorren mundo dando exhibiciones y comparten el mismo sueño de bailar, crear arte, y transmitir su amor por el tango a los otros

  (Podemos verlos en el Marabú, bailando el Tango Patético, de Jorge Caldara, por la orquesta de Osvaldo Pugliese)

                                            


jueves, 16 de septiembre de 2021

Barrio de tango

    Esto decía Homero Manzi allá por el año 1942, explicando su fórmula para escribir esos tangos y milongas que nunca se apagarán, por todo lo que encierran en ellos. Y apunta sobre el primer tango que firmó con Aníbal Troilo, como preámbulo del luego maravilloso Sur

   Los temas de mis canciones son siempre recuerdos personales. Me resulta difícil escribir fantasiosamente. No tengo ese don. Había un recuerdo, un aspecto de mi vida, un paisaje, que hasta hoy no había podido abordar. Lo termino de hacer en Barrio de tango. Y quiero adelantar una explicación:

 

Desde los trece a los dieciseis años viví -como alumno pupilo- en el Colegio Luppi, ubicado en el corazón de Nueva Pompeya: Esquiú y Centenera. La elegante casa del Colegio -que sin duda recordarán los habitantes del barrio, pues no hace mucho que ha desaparecido- se alzaba, materialmente, entre pantanos, baldíos, bajos, terraplenes y montañas de basura o desperdicio industrial.

Ese paisaje de montones de hojalata, cercos de cina cina, casuchas de madera, lagunas oscuras, veredones desparejos, terraplenes cercanos, trenes cruzando las tardes, faroles rojos y señales verdes, tenía su poesía. Tal vez entonces no la comprendí aunque la sintiéramos quienes robábamos pantalones largos a los mayores para poder recorrer el misterio de las noches y los almacenes con exagerado y falso gesto de segura hombría. Pero hoy, a través de la evocación, puedo reconstruir sentimentalmente aquel barrio que se dormía al costado del terraplén para cantarlo con voz de tango y pulso de nostalgia.

                                       


Al Colegio Luppi, clavado entre zanjones y rodeado de sapos; a sus muchachos que nunca he vuelto a ver; a la calle Esquiú... a Centenera... a la gente que habitaba en sus casas pequeñas; al terraplén que detenía las inundaciones; a la cancha de fútbol que se nos llenaba de agua vuelta a vuelta; al tren que silbaba melancólicamente; y a ella... que murió de tan pálida... dedico este recuerdo... Barrio de tango.

    "Nunca más tendrá el viejo barrio de Pompeya un narrador más sincero ni más profundo", diría Julián Centeya. Y sus palabras reflejan la admiración que merecen páginas como como la citada por Manzi y Sur, ese monumento al tango, ambos musicalizados magistralmente por Aníbal Troilo y llevados al disco con Fiorentino y Edmundo Rivero respectivamente.

    Pichuco ya había grabado temas de Manzi como: Malena, Papá Baltasar, y Fueye, cuando el poeta le acerca los versos de Barrio de tango. Ese ramalazo de nostalgias, la pintura llena de sentimiento por aquellos paisajes, el Colegio que ocupaba toda una especie de manzana triangular en semejantes  andurriales, los convoyes de carga que circulaban por los rieles vecinos, la inundación..., todo eso lo emocionó a Troilo, que le pondría música en una velada  iluminada con su fueye.

                                   

   Se nota en los versos entrañables de Homero, que muchas ilusiones juveniles, el descubrimiento de la temática del tango envuelta en aquellas calles, son la esencia misma  del género, porque la noche, el decorado, los boliches, permanecerían para siempre en sus retinas y en su espíritu poético. Son la válvula emotiva, sentimental que abre camino en el poema. La misma pobreza y el espíritu de sus gentes, todo reverbera en su mente cuando escribe estos versos. 

Un pedazo de barrio allá en Pompeya
durmiéndose al costado del terraplén;
un farol balanceando en la barrera
y el misterio de adiós que siembra el tren.
Un ladrido de perros a la luna,
el amor escondido en un portón
y los sapos redoblando en la laguna
y a lo lejos la voz del bandoneón.

Barrio de tango, luna y misterio;
calles lejanas, ¿cómo estarán?
Viejos amigos que hoy ni recuerdo
¿qué se habrán hecho?, ¿dónde andarán?
Barrio de tango, ¿qué fue de aquella,
Juana, la rubia, que tanto amé?..
Sabrá que sufro pensando en ella
desde la tarde que la dejé.
Barrio de tango, luna y misterio,
desde el recuerdo te vuelvo a ver...

Un coro de silbidos allá en la esquina.
el codillo mllenando el almacén
y el dramón de la pálida vecina
que ya nunca salió a mirar el tren.
Así evoco tus noches, barrio tango,
con las chatas entrado al corralón
y la luna chapaleando sobre el fango
y a los lejos la voz del bandoneón.

   Pichuco lo grabó con su orquesta y Fiorentino cantando esos versos, el 14 de diciembre de 1942, adelantando lo que haría la dupla creadora más adelante con Romance de barrio, el impagable, inmortal Sur, Ché bandoneón, Discepolín. Troilo volvería grabar Barrio de tango, cantando Nelly Vázquez el 3 de febrero de 1964 y acompañaría al Polaco Goyeneche interpretando estos versos el 6 de mayo de 1971. 
 
Podemos escuchar la versión del Polaco Goyeneche acompañado por la orquesta de Troilo.
  
                                   



martes, 14 de septiembre de 2021

Bien milonga

                                                               TANGO EL 14                                                        

                                                      Qué dicha tan singular
                                                       y qué emoción 
                                                       se siente bailando un tango
                                                       cuando el que baila es un pierrna
                                                       y con calor
                                                       se balancea al compás.
                                                       El tango es cosa divina
                                                       si se baila con pasión.
                                                       Llena nuestra alma de gozo
                                                       y nos inunda de amor
                                                                            Ángel Villoldo

   Sí, Villoldo era un adelantado y sabía lo que se siente al bailar un tango. Como nos sucede a todos nosotros en BIEN MILONGA, que nos recibe otra vez como todos los martes del año, en la coqueta pista de la madrileña Casa de Aragón (Pza. República Argentina nº 6). Desde las 21 horas hasta las 24 disfrutamos al mango de la noche milonguera. Como debe ser.

                                   
  

 
   Vamos dando una vuelta por milongas de distintos lares para ver en acción a las parejas que se exhiben por esas pistas. Por ejemplo, en el Festival de Insbruck (Suiza), Fernando Galera y Corina Herrera se mandan con el tango La bruja, por la orquesta de Juan D'Arienzo.

                                             

   Un salto hasta Croacia y en el Festival Mediterráneo de verano en Pôrec, están Noelia Hurtado y Carlitos Espinoza que se lucen con un valsecito clásico: El aeroplano, por la típica de Juan D'Arienzo.

                               

 

    Y para cerrar... otra vez Buenos Aires...! Y podemos disfrutar con esta milonga improvisada entre los jóvenes Javier Rodríguez, Geraldine Rojas con Carlos Gavito, que también ejerce de presentador, en el Congreso Internacional de Tango celebrado en la capital porteña en 2002. Bailan la milonga La trampera, por la orquesta de Aníbal Troilo.

                                       

     Y vamos calentando motores para esta nochecita...

sábado, 11 de septiembre de 2021

Valsecito amigo

   En la guarida milonguera, el valsecito es el paréntesis a la sacralidad del tango y la voluptuosidad de la milonga. Es la alegría, la agitación de sentimientos lúdicos, festivos, íntimos, contagiantes. Se nota de inmediato en los giros de la pareja y los iluminados rostros  que acompañan esos movimientos llenos de gracia. Cuando los valses porteños llevan versos, generalmente se adaptan al estilo pícaro, romántico, del género nacido en la lejana Viena y adaptado al estilo del tango, incluso en sus pasos de danza.

   Considero que su ingreso en el vademécum tanguero fue todo un acierto, desde aquellas primeras páginas como Lágrimas y sonrisas, Pabellón de las rosas o El aeroplano, que fueron marcando el rumbo de los valsecitos en el devenir del género. Compositores y poetas fueron los creadores. Orquestas, cantores, cancionistas,  los fueron incorporando a su repertorio y tanto los tangueros como los milongueros le dieron el plácet definitivo. 
                                    

                                
   Entre tantas hermosas composiciones de este tipo, me detengo en el que compusieron José María Contursi y Aníbal Troilo. Porque, aunque el ritmo, el fondo musical, tenga toda esa sensación rítmica y alegre del valsecito gracias al toque de Pichuco, los versos del Catunga Contursi hurgan en la llaga que deja el desencuentro amoroso que tanto prometía. Atrapado en esa retícula o tela de araña, sabe sin embargo calibrar todos los parámetros de la música y nos define a su modo el mensaje del vals.

Vals sentimental de nuestras viejas horas,
¡nunca te escuché tan triste como ahora!
Llegas hasta mí para aumentar mi queja,
tiene tu rondín sabor a cosa vieja...
Vals sentimental, ingenuo y ondulante,
vuelvo a recordar aquellos tiempos de antes.
Una voz lejana me acusa en tu canción,
¡valsecito... y envuelve mi emoción! 

   Cuando Pichuco debuta grabando en la RCA Victor, aquel 4 de marzo de 1941, el tercer tema llevado al disco ese día, es el tango de José María Contursi y el propio Troilo: Toda mi vida, que canta Fiorentino y es un notable suceso. Allí se fortalece la amistad entre ambos. Luego Mariano Mores le alcanzará los tangos que compone con el Catunga y que constituyen una pegada total y definitiva. Con este valsecito también la dupla Pichuco-Contursi sube otro peldaño en la consideración general y el tema se mantendrá incólume, en las pistas de todo el mundo.

                            
Troilo, Zita, José María Contursi y su esposa Alina Zárate.


   En la segunda parte, el poeta abre su corazón de par en par una vez más. Se deja llevar por la tristeza en que se encuentra sumido por la lejanía de su Gricel tan deseada. Pero no se sale de las coordenadas del valsecito, llora con él, con su música alegre, encontrándole una sensualidad casi milonguera. Sus lágrimas poéticas se van enredando entre las notas musicales y el intimismo de la maraña afectiva. La melancolía de los desencantos, con dramatización de verdadero calado vital, queda difuminada entre el cotillón y la verbena de la música.

Vuelca tu nostalgia febril, 
tu musiquita sensual,
sé que no es posible seguir
oyéndote sin llorar.
Valsecito amigo, no ves
que esta incertidumbre tenaz
que no hace más
que remover y conmover
mi soledad...
Unos ojos verdes de mar
más grandes que su ilusión,
unas ansias grandes de amar...
después... llorando una voz...
Valsecito amigo, no ves
que tu musiquita sensual
no sabe más que atormentar y atormentar
mi corazón...

Cuando llegue el fin de mi oración postrera,
quiero imaginarla, así como ella era...
Juntaré mi voz a aquellos labios suyos
mientras tu canción nos servirá de arrullo.
Vals sentimental de nuestras viejas horas,
ya no me verán tan triste como ahora.
Lentamente tus notas amigas cantaré,
valsecito... ¡y entonces moriré!

   La versión de Troilo con Fiore, grabada el 25 de marzo de 1943, es impagable. Por eso nunca nos cansaremos de escucharlo y bailarlo. Por su capacidad de emoción y transmisión. Aunque el Catunga, envuelto en el remolino de la pista llorara su pena de amor, la magia homeopática del valsecito nos convocará una y otra vez. ¿O no?