Translate

lunes, 18 de mayo de 2026

Dupla de oro: Pichuco-Fiore

 Esta yunta dejó en el disco 60 temas que siguen empujándonos -¡y cómo!- en la pista, cuando suena alguna tanda de esas. El piano de Orlando Goñi era vital en la expresión musical de la primera orquesta de Pichuco y aunque hayan pasado tantos años y la evolución de Troilo lo haya ido llevando cada vez más alto, más iluminado, y con excelentes músicos en su formación, para bailar, siempre elegiremos ésta.

El 1 de julio de 1937, está grabado  en la historia del tango como el debut de su primera orquesta en el cabaret "Marabú", de la calle Maipú entre Sarmiento y Corrientes. Los fueyes eran Toto Rodríguez, Yanitelli y Pichuco; Stilman, Nichele y Sapochnik en violines, Fassio al contrabajo, Goñi al piano y Fiorentino en los cantables.                                                                                                                          

                          Fiorentino, Orlando Goñi y Aníbal Troilo ensayando una pieza                            

El pianista genial, único, que fue Goñi, fallecido prematuramente a sus 31 años, el Gordo con su talento y el decir inimitable de Fiore, con ese estilo de canzonetta del sur de Italia, convirtieron a la orquesta en una joya para escuchar y especialmente para bailar, Aunque Pichuco diría años más tarde que la RCA Victor le adelantaba los tiempos, era Goñi con su síncopa quien movía a los enfervorizados bailarines.

Había establecido con Pichuco contrapuntos y contra ritmos que aún hoy siguen estremeciéndonos. Y los actuales milongueros de todas partes del mundo siguen apuntándose a esos 71 registros que quedaron  de aquellas primera época genial, irrepetible, aunque la evolución de la orquesta haya sido realmente de gran valía artística y musical. 

Troilo en su interminable inquietud creadora fue el primero que hizo cantar a Fiorentino la primera, segunda y tercera parte de los versos. Hasta allí los cantores eran estribillistas; hacían sólo la segunda parte. Al contratar a Alberto Marino, también estableció la yunta de cantores fijos, que, esporádicamente había esbozado Canaro años antes.

Lamentablemente por un conflicto con la grabadora y por la guerra mundial recién comenzada que impedía la llegada de pasta para registrar el material y fabricar los discos, pasaría tres años sin grabar  con su orquesta. Hasta que sale de Odeón, firma con la RCA Victor y comienza a registrar placas con la vez de Fiorentino el 4 de marzo de 1941.

                                 

Fiorentino había comenzado su carrera en el tango como bandoneonista. Había estudiado el fueye con Minotto y comenzó a tocar  en un trío con su hermano Vicente Fiorentino, que era violinista y José Martínez al piano. Luego harían un cuarteto con Joaquín Mora y Simoni Alfaro. Pasaría a la orquesta de Francisco Canaro y allí  realiza las dos funciones,  bandoneón y canto de estribillos. Cantaría luego en varias orquestas: D'Arienzo, Cobián, Pollero, Maffia y Zerrillo.

Cuando Troilo lo llama para su orquesta inicial, iba a cumplir 32 años, había andado por Alemania, Uruguay, provincias varias de Argentina y no parecía ser la voz ideal para esa orquesta debutante. Pero sucedió todo lo contrario. La magia de Pichuco (cumpliría 23 años en esos días) le daría vuelo al melodismo de Fiore que debutó en el disco de 78rpm con la milonga Mano brava y el tango de Troilo y José María Contursi: Toda mi vida

Dejaría 60 temas grabados con Pichuco, quien luego iría incorporando a su orquesta a los cantores más festejados. La orquesta bajó el ritmo bailable y se hizo más propensa a escucharla y festejar sus creaciones y arreglos. Las voces que fue incorporando, encontrarían su consagración con Troilo. La etapa de Fiore había quedado atrás, pero es la que sigue sonando en las milongas de todo el mundo.

Porque nos impulsa con las genialidades de Orlando Goñi y Pichuco, la voz melodiosa de Fiorentino y las notas que brotan de esos instrumentos que anidan en la orquesta y sobreviven en el disco. Pichuco decía sobre Fiorentino. "Fiore fue el hombre que nos enseñó cómo subir a un escenario, sonrientes y bien "jaileifes"".

Un día como hoy, en 1975, Aníbal Troilo se despidió de este mundo (En realidad se lo da como fallecido el 18 de mayo, porque eran las 12 y 10 de la noche.). Sin embargo, 51 años más tarde, sigue vivo en el disco y su dupla con Fiore es el motor que nos sigue iluminando, junto al piano de Goñi. Una de las tantas claves mágicas que tiene el tango y que se hacen inmortales para los milongueros de ambos sexos.

Con sólo un ejemplo bastaría para demostrarlo. Y lo hago con este tango de Jorge Curi y Pedro Maffia : "Te aconsejo que me olvides".  Lo grabaron el 16 de abril de 1941. ¡Una maravilla!

                                 


 

                                        

 

domingo, 17 de mayo de 2026

Malevaje

 La figura quijotesca de Juan de Dios Filiberto representó el espíritu fraternal de la Boca. Esmirriado, de andar compadre, aliquebrado el sombrero, moño caído de  poeta finisecular, poseído por un yo fuerte y malhumorado, sus excesos se veían compensados por la entrega a causas comprometidas. Su sentido de la amistad y esa lealtad oscura a las causas anarquistas que implantaron los inmigrantes del barrio.

Ellos lo volcaron al gremialismo en defensa de los intereses de músicos. Así como peleó en la huelga de los astilleros, lo hizo con los derechos autorales y estuvo en la fundación de una Sociedad de Autores Nacionales que luego sería SADAIC, donde consta que fue el socio fundador nº 36. Siempre quiso aprender más y fue integrante de la famosa tertulia del artista plástico Hebecquer, de la calle Monasterio.                                                                                                                                                                                  

Juan de Dios Filiberto

A ella concurría gente como González Castillo, Riganelli, González Pacheco, Quinquela Martín, Fortunato Lacámera, Florencio Sánchez, Armando Discépolo y su hermano Enrique. Allí trenzaría una amistad especial con Enrique Santos, y de esa amistad nacería el tango "Malevaje" que tendría una gran repercusión popular y se instalaría en el cuore de los porteños.

Filiberto había compuesto esa música, Discépolo se llevó el monstruo y pese a su intenso esfuerzo, no le encontraba la vuelta y no lograba ensamblarlo con la música. Julián Centeya me contaba las vueltas que había dado para encontrar ese "dao", en "Decí por Dios que me has dao...". El ritmo un tanto marcial de la música chocaba con el fraseo que el poeta buscaba y eso los llevó a ásperas desintonías.

Ambos fueron cediendo poco a poco, pero la fecha de entrega se dilataba y Azucena Maizani debía estrenarlo en el Teatro Maipo, dentro de la revista musical "Fiesta del Tango".

El 21 de septiembre de 1928, la cantante y Discepolín fueron a la casa del músico a exigirle la partitura definitiva, pero la casa estaba cerrada. Filiberto iba con su armonium portátil, festejando el "Día de la Primavera", con toda la gente del barrio desfilando por la calles boquenses. Al llegar la caravana a la puerta del domicilio de Filiberto, se agolparon al reconocer al ilustre dúo. 

Y se produjo un hecho histórico: Al subir, "La Ñata Gaucha", tuvo que abrir los ventanales y fue aclamada por la multitud. Los faros de los automóviles iluminaron el improvisado escenario, como en una película de Hollywood. Y presa de una gran emoción, Azucena, sin micrófono y acompañada por Filiberto, desde el balcón estrenó improvisadamente Malevaje, mientras se abrían las ventanas vecinas.                                                                                                                                                                              


Fue una noche inolvidable y la mejor manera de entrar en el reconocimiento popular.  Ese mismo año lo grabaron la Maizani y Corsini y un año más tarde lo haría Gardel. Filiberto sostenía que por sobre todas las cosas, sus creaciones debían tener sentimiento. Y es evidente que lo tenían y, debido a ello, su obra ha superado el paso del tiempo, como es el caso de este tango.

El destino me acercó a Filiberto fortuitamente. Para una fecha patria ensayamos los del Colegio Nacional Pueyrredón junto al Otto Krause, durante dos meses coralmente: El pañuelito y Clavel del aire. El día indicado Filiberto dirigió la Orquesta Porteña y hasta Juan Domingo Perón en primera fila cantó íntegramente los dos temas junto a nosotros a la manera Filibertiana: ese estilo lento, con cierta ingenua y dulzona languidez.

Cubría su calva trasladando una guedeja de pelo de una oreja a la otra, de luengas patillas, cuerpo enjuto y nervioso. El vademécum de este músico perfeccionista al extremo, se enriquece con tangos como Yo te bendigo, Cuando llora la milonga, Ladrillo, Amigazo, Botines viejos, Linyera y una extensa lista que incluye valses, zambas, gatos, canciones, rancheras y hasta un shimmy que le grabó Gardel.

Ese shimmy lo firmó como Oscar de Ramenti (revés de Mentira), pues consideraba una traición firmar música extranjera. Gardel le grabó 16 temas suyos. Dirigió la Orquesta Porteña  con inclusión de flauta, clarinete y armonio. Intervino en la película Tango, tocó en las playas de Mar del Plata junto a Quinquela, con su armonium y en Universidades acompañó a González Tuñón que lo llamaba cariñosamente San Juan de Dios.

(Podemos verlo en la película "Tango", dirigiendo su orquesta en la interpretación del tango "Malevaje", en 1933.)                                                                                                                                                                         

                                                                                                                                                       (Y también la versión de Roberto Goyeneche, acompañado por la orquesta de Raúl Garello. Grabado el 5 de septiembre de 1977. )                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

                   

 

 

martes, 12 de mayo de 2026

Pugliese: "Tursky me avisó que salió un trabajo..."

 -"Como laburante de la música, andaba como pescado que buscaba a otro pescado para comérselo, andábamos de un lado a otro.La cosa vino hilvanada del siguiente modo: En los años 37 y 38 yo andaba sin trabajo, o haciendo trabajos sueltos.

Tocábamos en fiestas de casamiento o bautismo con mi hermano, o nos enganchábamos en laburos que duraban quince días o un mes. Organizábamos conjuntos de rejuntados por el momento.  Cosas así.

                                 

 Una vez iba caminando por Corrientes  a eso de las diez u once de la noche, cuando, al pasar por el Café Germinal, que estaba al lado de El Nacional, me encontré con Valentino, un muchacho que trabajaba de representante.

Nos saludamos y me preguntó si tenía trabajo. Le dije que no. Entonces me preguntó:        "¿No querés meterte en el Germinal?"                                                                                         -Lo que vos digas - le respondí.                                                                                                   -Andá a verlo entonces al gallego (que era el dueño)                                                                    Fui  y arreglamos el debut.

Al día siguiente comencé a hablar a gente para formar el conjunto.                                              De  bandoneones estaban Alfredo Calabró, un muchacho empleado en subterráneos cuyo nombre no recuerdo y otro que se llamaba Lamura. De violines el Flaco Rolando y dos o tres muchachos más. Todos eran gente que trabajaba de músicos, como yo, y nos juntamos. 

Actuamos poco. Luego caí preso y mientras yo estaba detenido, el Chino Tursky, que hacía gestiones para encontrar laburo, me avisa por medio de una carta, que había arreglado para actuar en El Nacional. Le había dicho al dueño que yo estaba veraneando en Devoto.            Y el dueño respondió: "Pues, si no sale, comienzan lo mismo sin él". 

 

                                 

 

Yo, desde la cárcel, le mandé decir al Chino, que aceptaba. Fue Tursky quien también se encargó de ver a algunos muchachos para organizar el conjunto. 

Salí de la cárcel cinco días antes del debut. comenzamos con la orquesta en agosto de 1939 y seguimos durante un año y pico.                                                                                                                                     

A partir de ahí empezaron las audiciones por radio y los bailes en los clubes...".. 

(Testimonio recogido por Arturo Marcos Lozza en el libro "Osvaldo Pugliese, al Colón".) 


 

jueves, 7 de mayo de 2026

SUR

 "-Desde la barranca de Boedo hacia el sur, se presentían Pompeya y Puente Alsina, con sus portones, sus chimeneas y sus inundaciones; y hacia el norte, el último pedazo de Almagro, escenario de José Betinotti, el pequeño muchacho que inventó, vaya a saberse cómo, la primera canción de Buenos Aires. Y al otro lado, Cochabamba arriba, las calles anchas y los árboles verdes y hasta retazos de alfalfares y quintas misteriosas.

Y por San Juan ganando al río, el San Cristóbal bravo lleno de mostradores y de escudos de comité y de canchas de taba y de pedanas a cuchillo. "Y a los cuatro rumbos casas sin salas y corredores profundos y huecos sembrados de vidrios y de latas y de hombres traídos por los mares y mujeres con pañuelos atados a la cabeza y muchachos argentinos que estaban fundando, sin saberlo, al hijo nuevo de la patria vieja. 

Y tal vez, este mismo cielo, esta misma mañana y la estrellas de siempre y el mismo calor de barrio y un amor parecido entre sus gentes sencillas. Boedo era algo así como un peso pesado que diera Puente Alsina para llegar al centro, como también el tránsito obligado de las gentes del centro cuando querían acercar su alma hasta el Riachuelo..." .

Así me hablaba un día de 1947 Homero Manzi, talentoso amigo y camarada. En esos momentos hilvanaba su mente las estrofas de un tango que se llamaría Sur, y en esas palabras le subía la génesis desde el corazón. No era un hijo de Buenos Aires el que con tanto fervor me hablaba de un barrio porteño. Homero Manzi (apócope de su apellido Manzione), había nacido en 1907 en Añatuya,  (Santiago del Estero).

                                 

 

Pero a la vida del espíritu en vuelo, de la emoción íntima, del numen poético, nació varios años después en Buenos Aires. Muchacho sensitivo avecindado al barrio de Nueva Pompeya y educado en las aulas del siempre bien recordado colegio de los Luppi. Seguidor adolescente de Don José González Castillo, prohombre de la barriada, Manzi afirmó la vocación literaria en su cenáculo.

Y un día, ya profesor normal, abandonó por ello la cátedra, como abandonaría después la carrera de Derecho cuando lo expulsaron de la Facultad por pertenecer a los rebeldes "estudiantes de alpargatas", que en 1930 desfilaban por la calle Florida para establecer distingos con otro tipo de calzado que gobernaba "de facto" el país.

Las letras de canciones populares y lis libretos de películas con verdadera calidad, le dieron renombre exitoso. Y por otro capricho de los suyos, cuando era positivamente "alguien" en el ambiente artístico  e intelectual, se dejó crecer la barba (modalidad desacreditada por por los que la usan para conseguir que hablen de ellos). Además, su gremialismo renovador lo llevó a los más altos cargos directivos de la Sociedad de Autores y Compositores, hasta presidirla.

                                            Tangos al bardo: SUR

A fines de 1947, Homero Manzi y Aníbal Troilo (dos "gordos" de físico, con lirismo etéreo) daban los retoques finales a su tango "Sur". Letrista y músico se comprendían en la recíproca palpitación del cariño y el arte. Su anterior composición -Barrio de tango- lo demostraba. Ya entonces Manzi sospechaba que estaba herido de muerte.

En una tarde del mes de julio de ese año, cuando sepultábamos en la Chacarita al Negro Cele, el de Mano a mano, que nos tocó despedir a Manzi y a mí con sendas oraciones, en nombre de amigos y colegas de la canción popular, él me confió en un aparte que había dicho su discurso sobreponiéndose angustiosamente a un terrible dolor interno que venía a unirse con otros anteriores síntomas horribles.

Era el anuncio de un mal que no perdona. Nuestras sospechas tuvieron desgraciado aserto. Simulábamos ante él un franco optimismo en su recuperación, pero, ¿cómo podía engañarse él con su carne dolorida, sumida al tremendo arsenal médico que lo rodeaba? En ese estado de ánimo escribió "Sur". Añorando la lozana mocedad en su barriada de adopción. Partiendo de:                                                                     

                                             San Juan y Boedo antiguo, y todo el cielo                                                                                     Pompeya, y más allá la inundación..

Caminando en un sueño de retorno, hacia el arrabal que amó..                                                                                                Sur, paredón y después... Sur, una luz de almacén...

Despidiéndose del tiempo florido del idilio:                                                                                                                                Ya nunca alumbraré con las estrellas                                                                                            nuestra marcha sin querellas por las noches de Pompeya...

Más aún. despidiéndose de la vida definitivamente...                                                                                  Las calles y la lunas suburbanas y mi amor y tu ventana, todo ha muerto; ya lo sé.

En los días del Carnaval de 1948 visité a Manzi en el sanatorio donde acababa de ser operado. Le hablé del estreno afortunado de su tango. Él, hundido en el lecho, me sonreía agradecido entre las hebras de su barba, y sus ojos me decían que le gustaba más volver a la vida empujado por esas coplas de Sur que por el filoso expediente del cirujano.

Salió mucho después de aquel sanatorio, cargando la sentencia  ineluctable. Vivió tres años más, dos de ellos cayendo y levantándose, hasta el último resto de su dinamismo heroico; postrado el último. No había cumplido cuarenta y cuatro de edad cuando la muerte le quebró la ambición de hacer montones de cosas que estaban bullentes en su pensamiento...     

Para revancha de sus manes, diré que no fue una muerte sin remedio, porque él se ha salvado del olvido".

FRANCISCO GARCÍA JIMÉNEZ  ("Así nacieron los tangos")  

-Escuchamos la interpretación maravillosa de este tango magistral, único, lleno de simbolismo para los que que transitamos por el sur de Buenos Aires, caminando Parque Patricios, Barracas, Pompeya...  Aníbal Troilo y Edmundo Rivero, en la primera grabación de Pichuco (luego lo repetiría con Goyeneche), realizado el 23 de febrero de 1948.-    
 

                                 


 

             

                                                                           

martes, 5 de mayo de 2026

Pasional

Este tango hizo furor en los años cincuenta, con la interpretación de Alberto Morán en la orquesta de Osvaldo Pugliese. Las mujeres, sobre todo, dejaban de bailar y corrían hacia el escenario, donde El Flaco se desgarraba cantando estos versos de Mario Soto que musicalizaría Jorge Caldara, cuando ambos militaban en la orquesta de Don Osvaldo. 

Morán había comenzado a dramatizar todos los temas y se especializó en los desencuentros del amor. Sus fans le gritaban emocionados: "¡Caruso!...¡Caruso!...  Él se aferraba al micrófono con sus dos manos, cerraba los ojos, parecía incluso que estaba llorando y creaba un clima increíble. Muchas parejas suspendían el baile y las mujeres se sobreexcitaban al máximo.También los hinchas del Flaco.                                                                  

                                                                                                                                                        Pasional, sobre todo, fue un tema especial por el argumento tan especial del amor imperioso, de la ansiedad que imprime en la pareja, o en uno de los integrantes de la misma. Como es el caso del personaje de este tango, que Alberto Morán lo asumía como propio en la interpretación calibrada, enganchadora, que tanto rédito le daba. Me parece estar viéndolo cuando arrancaba con estos versos. 

No sabrás, nunca sabrás
lo que es morir mil veces de ansiedad.
No podrás, nunca entender
lo que es amar y enloquecer.
Tus labios que queman,
tus besos que embriagan
y que torturan mi razón.                                                                                                                  Sed, que me hace arder
y que me enciende el pecho de pasión.
Estás clavada en mí, te siento en el latir
abrasador de mis sienes.
Te adoro cuando estás y te amo mucho más
cuando estás lejos de mí. 

Tangos al bardo: Mario Soto

Mario Soto, el autor de los versos, era en esa época el presentador de la orquesta de  Pugliese, y también representante de la misma, como había sido antes con la de Ángel D'Agostino.  Es el que está a la derecha de Pugliese cuando éste firma un contrato de actuación en radio Splendid.                                                                                                          Y disfrutaba mucho con la interpretación de Alberto Morán que atrapaba a las parejas milongueras en una atmósfera emocional tan única y especial. 

Así te quiero dulce vida de mi vida.                                                                                              Así te quiero sólo mía siempre mía.                                                                                          Tengo miedo de perderte,                                                                                                            de pensar que no he de verte.                                                                                                  ¿Por qué esa duda brutalPor qué me habré de sangrarsi en cada besote siento desmayar?

Sin embargo me atormentoporque en la sangre te llevo.Y a cada instante, febril y amantequiero tus labios besar.                                                                                                                  Tus manos desatan, caricias que me atana tus encantos de mujer.Sé, que nunca más, podréarrancar del pecho este querer.

Te quiero siempre así, estás clavada en mícomo un puñal en las carnes.Y ardiente y pasional, temblando de ansiedadquiero en tus brazos morir.
 
Y en el final de los versos, el Flaco conmocionaba a todos y los envolvía en el ungüento amoroso de la historia que reflejaba el tango. Lo curioso fue cuando tiempo más tarde, Mario Soto reveló la realidad, la verdadera historia del hombre que sufre por una mina que lo enloquece...
 
-Nada que ver - contaba- porque yo me inspiré para componer este tango en dos hermanitas chiquititas y feúchas que asistían a todos los bailes de Pugliese en la zona sur, por clubes de Quilmes, Sarandí y Villa Domínico. 
Eran tímidas, insignificantes y planchaban toda la noche. Sentí algo así como compasión y recreé en silencio el tema basado en esas dos ratitas transformadas en una mina terrible".. 
 
(En 1952, Mario Soto se retiró porque lo operaron de un pulmón. Se fue a España y allí estaría 18 años viviendo en Madrid y Barcelona, dedicado a la radio y el cine. Regresaría a su casa de La Plata, y allí fallecería ).
 
-Pugliese con su orquesta y Alberto Morán, grabó este tango en 1951 y 1952.                          Escuchamos la segunda versión del 24 de noviembre del 52. 
 
                             

  

  

 

domingo, 3 de mayo de 2026

Milonguereando


 

                                                Te juro: se me piantaron los cables

                                          Cuando ocurrió algo inefable

                                          Que en la milonga principia.

                                          Un tangazo, serendipia

                                          convocándolo al charol

                                          Y un conato de arrebol:

                                          En mi lunga iridiscencia

                                          Sufrí cierta limerencia

                                          Y me atacó la elocuencia

                                          Al invitarla a bailar.

                                          La música del estéreo

                                          Nos llevó hacia lo etéreo.

                                          Parecía inmarcesible

                                          Y vivimos lo indecible

                                          Con el melifluo sonido,

                                          Serendipia que ha unido

                                          En una efímera tanda

                                          A un chabón y a la miranda

                                          Qué gotán… ¡Flor de zaranda!

 
                                                                    José María Otero

 

 

 

                      

martes, 28 de abril de 2026

Las grabaciones de Gardel

 El gran mérito de las canciones grabadas por Carlos Gardel, antes que se produjera la primera revolución electrónica, es la forma de cómo se realizaban. La grabación en cilindros y posteriormente en discos, son inventos del siglo diecinueve, cuando las ayudas eléctricas o más moderadamente electrónicas estaban todavía en un futuro no demasiado cercano.

Llegarían bien entrado el siglo veinte. Las grabaciones mecánicas o acústicas, se llevan a cabo mediante una muy simple bocina, metálica al principio, compuesta de diferentes materiales después. Y de grandes dimensiones, ante la cual ejecutaba la orquesta o actuaba el cantante. 

En la parte más estrecha de la bocina, una sencilla membrana accionaba directamente la púa que registraba los sonidos en el disco madre. No había por entonces sistema alguno para modificar las condiciones de grabación artificialmente y, aunque con deficiencias, lo registrado era el resultado directo de lo ejecutado frente al rígido cono metálico.

                                       

Para grabar canto con aquel sistema era necesario tener voz, pero voz en serio. Todo lo que registró Gardel desde 1912 hasta octubre de 1925, tanto en Odeón como en Columbia, lo hizo en sistema acústico. Recién el 26 de diciembre de 1925, grabó en Barcelona parta Odeón en el sistema eléctrico.

Sus dos primeros temas registrados  en este sistema fueron los tangos "Echaste buena", de Enrique Dizeo y Mario Bonessi, y "Mi querer", de Juan Andrés Caruso y Mario Canaro. Lo acompañó en guitarra José Ricardo. Al regreso a Buenos Aires y con las guitarras de José Ricardo y Guillermo Barbieri, comenzó a grabar con el nuevo método. Los tangos"Mi querer" y "Trago amargo" (de Julio Navarrine y Rafael Iriarte.)

Su evolución está marcada en las placas grabadas. Con medios rudimentarios al comienzo, cantando rápidos y allá arriba, metía la cabeza en la bocina del grabador y, mediante una polea, se registraba el tema en un disco de cera que estaba en la habitación lindera. Por supuesto, sin ventiladores y con tremendo calor en la temporada de verano.

En ocasión de grabar con Canaro una serie de temas, terminaría haciéndolo literalmente desnudo. Gardel, en aquella época en que el tango era una expresión marginal, casi, hizo cosas increíbles como la retransmisión efectuada el 5 de marzo de 1934, en la cual cantó para los oyentes rioplatenses. 

Lo formidable del caso es que sus guitarristas Barbieri, Riverol y Vivas lo secundaban con auriculares desde Radio Rivadavia, Gardel los escuchaba desde Nueva York, acoplaba el canto a las violas por la NBC y en Buenos Aires salía al aire por Radio Splendid. 

Introdujo el silbido en el tango, como el que improvisó durante la interpretación del hermoso tema de González Castillo y Piana: Silbando, dejándolo patentado para siempre. También usó el rulo, un equivalente al melisma flamenco, eso es: a una sílaba del versos cantabile, sustituirle la nota original por grupo de notas armónica y brillantemente unidas. 

Ya era un Gardel metamorfoseado, distinto al del comienzo. Mucho más cultivado, cambiando el registro y, con su voz privilegiada enalteciendo un género popular. El sonado recurso al que acudió para cambiar la eme o la ene por la ere ("Y al viento las carpanas..."), es un recurso seguramente tomado de la lírica a la cual fue afecto de joven. 

Edmundo Rivero, que sabía mucho de música y de canto, lo explicó cabalmente: "Con respecto a la tan cuestionada N que él pronunciaba insinuando una R, se debe a que la N es consonante líquida  y puede perder su sonoridad al encontrarse con una consonante sorda (T o P) de las que obstruyen el pasaje del aire (son oclusivas) y al pronunciar la N anterior a ellas, éste se apoya en la nariz y sabiendo que en el canto elevado esto es anti estético y reprochado, Gardel enviaba directamente el aire hacia adelante (siempre apoyada)".                                                                                                                                                                         

                                          8 ideas de Carlos Gardel en 2026 | gardel carlos, tango, tango argentino

Volver, Mi Buenos Aires querido, Cuesta abajo, Amores de estudiante, El día que me quieras, Soledad, Sus ojos se cerraron, Arrabal amargo, Volvió una noche, Rubias de New York, Lejana tierra mía, Por una cabeza, son algunas de sus canciones que sembraron el Tango por el mundo, llevando nuestro cancionero a los rincones más apartados y haciéndolas inmortales.  

El cine fue la rampa de lanzamiento definitivo y Carlos Gardel era ya un astro comparable a las grandes celebridades de su época como Bing Crosby o Mauriche Chevalier. Anthony Quinn sentenciaría un día: "Al que le gusta Bach y no le gusta Gardel, a ése... no le gusta Bach..".  

Con Alfredo Le Pera establecieron un dúo increíble de compositores. La ristra de temas inmortales que construyeron entre ellos (además de los guiones de sus películas) nos dejó un reguero maravilloso de canciones que nunca dejarán de permanecer y sonar en discotecas y emisoras. Como por ejemplo, ésta que compusieron en 1935: Lejana tierra mía.

                        


  

 

 

domingo, 26 de abril de 2026

Linyera

 En 1930, la empresa Discos Nacional, organizó un Concurso de tangos y el primer premio lo obtuvo el tango "Linyera", con versos de María Luisa Carnelli (que firmaba como Luis Mario), y música de Juan de Dios Filiberto. El tema no tuvo un gran recorrido, pero las versiones grabadas de la orquesta de Francisco Canaro, cantando Ada Falcón o Charlo, le dieron vida durante años.

El término Linyera es lunfardo, proviene del piamontés jergal lingéra: que significa: pandilla de vagabundos y éste del piamontés Llinger: pobre. Una voz traída a la argentina por los inmigrantes piamonteses, quienes repetían una canción en la que aparece la voz Lingera con el significado de "pandilla errante" y una de cuyas variantes se canta en Gabino el mayoral, de Enrique García Velloso.

                                        

  María Luisa Carnelli

 José Gobello que estudió muy bien los orígenes de nuestras palabras lunfardas y elaboró un diccionario maestro sobre el tema, nos ilustró definitivamente sobre esta palabrería que fueron incorporando a nuestra comunicación los inmigrantes de distintos países de Europa, especialmente los italianos. Los primeros de la mayoría de estos que se mudaron a Argentina, fueron campesinos norteños originarios de regiones como Piamonte. 

María Luisa tuvo problemas con su padre que rechazaba el tango "por ser una música cuyas letras estaban dedicadas al malevaje, a gente de mala raíz y mal vivientes".  Pero sus hermanos lo escuchaban a escondidas, para hacerlo le quitaban la bocina al gramófono para que apenas se pudiera escuchar el disco. Así conoció el tango. Contaba que cierta vez una hermana tuvo la ocurrencia de bailar un tango en una casa de familia y el padre la castigó por haberlo hecho.

Según aquellos que la conocieron, tenía una voz canyengue y halagadora de la zeta, era menuda y afable, conversadora, memoriosa y puntual a las citas. Fue la primera mujer letrista de tango y la más fecunda pero, por las características machistas de la época y para no contradecir a su familia, firmaba sus obras utilizando los dos seudónimos mencionados: Mario Castro (nombre de su hijo) y Luis Mario (su nombre invertido y masculinizado). 

                                         

En un reportaje lo explicó así: Mi padre, por supuesto, jamás supo que era yo quien los escribía. Él no quería que yo fuera demasiado libreEn estos versos, que musicalizó con éxito Filiberto, se pone en la piel  de aquellos vagabundos tildados de linyeras que caminaban  con su fardo al hombro, y podían pasar por las casas de barrios pidiendo limosnas. O trabajar accidentalmente en algo para volver luego a vagabundear. 

¡Cierta noche fue                                                                                                     del barrio y de mi hogar!
No quisiera recordar,
por mala estrella me alejé,
firme en el dolor,
me largué a vagar
hacia algún lugar
donde la traición
no pueda herir el corazón.

Al pasar, ¡linyera!, oigo murmurar,
los que son felices como yo no fui
tras de mí sus burlas, suelen arrojar,
tal vez sin advertir
que sobre un dolor
cien más han de abrir.
Siempre voy en pos de vana ilusión,
y al caer la noche túrbame el llorar
soñador de algún lejano acordeón,
que historia en su sonar
mi vida de azar,
mis penas de amor.


Bajo el chaparrón,
caminando sin sentir
se lavará mi corazón
del barro del sufrir.
Esperando un sol
arrastrando voy
de felicidad,
como un caracol,
mi suerte en larga soledad.

 (Escuchamos la interpretación de Canaro, cantando Charlo. Lo llevaron al disco el 3 de diciembre de 1930.)

                                     


 

                            


miércoles, 22 de abril de 2026

El bar del Morocho y el Oriental

 

Historias del café Roma, de Olavarría y Almirante Brown, La Boca, donde se presentaron Carlos Gardel y José Razzano.





Las puertas vaivén de madera siguen tan firmes como la niebla del Riachuelo que flota a poco más de dos cuadras, dejando entrever el perfil del viejo puente. El piso, aunque renovado, mantiene aquel simbólico damero blanco y negro. Y en un rincón, a un costado del mostrador de madera, una antigua máquina de café dice presente a pesar de que el vapor y el agua caliente ya no pasan por sus filtros. El local, como lo inmortalizó Enrique Cadícamo en su poema El morocho y el oriental , está “allá por Olavarría esquina Almirante Brown” y se presenta bajo el nombre de Café Bar Roma, obviamente en el barrio de La Boca.

Es cierto: en estos tiempos el lugar ya no es territorio de Cafieri, aquel vecino que tenía fama de pesado y que una noche de 1911 (hace exactamente un siglo) copó la reunión en el “histórico bodegón” para presentar a “una yunta que cantando hace primores”. Según aquella historia, para escuchar a los jóvenes cantores también entre el público estaban los payadores Hilario Cazón y Gabino Ezeiza.

Ahora, en este 2011, allí tampoco se consiguen el Priorato o el Trinchieri, dos bebidas que supieron tener presencia en el recinto. El Priorato era un vino que había tenido su origen en esa comarca catalana de España, donde las viñas todavía son el elemento clave para una marca con denominación de origen controlado. El Trinchieri, en cambio, era un vino-vermú que la Societá Anónima Trinchieri-Brosio elaboraba en la ciudad italiana de Turín.

De todas maneras, el Roma conserva mucho de aquella atmósfera de principios del siglo XX, algo que se refleja en las paredes con ladrillos a la vista o en la estantería de madera donde se exhiben algunas botellas añejas. Quizá guarden ecos de parroquianos que, después de participar en las asambleas obreras que se hacían en el cercano Salón Verdi o en el Sicilia, llegaban hasta el bar para seguir debatiendo aquellas ideas que el abogado Alfredo Lorenzo Palacios (1880/1965) había llevado hasta el Congreso Nacional. Precisamente los vecinos de La Boca eran quienes lo habían votado en 1904 para convertirlo en el primer diputado socialista de América, cargo que volvió a lograr en 1912 y en 1963, además de otros períodos como senador.
                     
                                     
Carlos Gardel y José Razzano

  

El poema de Cadícamo cuenta que esa noche de 1911 los cantores entusiasmaron a la concurrencia con canciones que “golpeaban los corazones del más taura y más compadre”. Era el tiempo de Cafieri “de cuando en el arrabal de guapo tenía cartel; y El Morocho era Gardel y Razzano el Oriental”. La imagen de Carlos Gardel sigue hoy allí, con la sonrisa intacta, imponiéndose desde un gran cuadro que está sobre uno de los muros.

Convertido en bar notable de la Ciudad de Buenos Aires, el Roma se mantiene como referente en Olavarría y Almirante Brown, donde todavía se escuchan relatos que mencionan a gente y lugares que se convirtieron en leyenda. Se habla de Francisco Canaro, Eduardo Arolas, Agustín Bardi o el “tano” Genaro Espósito. Y del “Café de La Popular”, por la fama que tenía su dueña. También, en esas mesas se sigue recordando a la carbonería de la calle Magallanes al 800, un sitio en el que un chico llamado Benito Juan Martín, que había sido adoptado por la familia Chinchella, además de hombrear bolsas en el puerto dibujaba usando carbonilla.

Pero esa es otra historia. 

De todas maneras, el Roma conserva mucho de aquella atmósfera de principios del siglo XX, algo que se refleja en las paredes con ladrillos a la vista o en la estantería de madera donde se exhiben algunas botellas añejas. Quizá guarden ecos de parroquianos que, después de participar en las asambleas obreras que se hacían en el cercano Salón Verdi o en el Sicilia, llegaban hasta el bar para seguir debatiendo aquellas ideas que el abogado Alfredo Lorenzo Palacios (1880/1965) había llevado hasta el Congreso Nacional. Precisamente los vecinos de La Boca eran quienes lo habían votado en 1904 para convertirlo en el primer diputado socialista de América, cargo que volvió a lograr en 1912 y en 1963, además de otros períodos como senador.

                                  


El poema de Cadícamo cuenta que esa noche de 1911 los cantores entusiasmaron a la concurrencia con canciones que “golpeaban los corazones del más taura y más compadre”. Era el tiempo de Cafieri “de cuando en el arrabal de guapo tenía cartel; y El Morocho era Gardel y Razzano el Oriental”. La imagen de Carlos Gardel sigue hoy allí, con la sonrisa intacta, imponiéndose desde un gran cuadro que está sobre uno de los muros.

(Clarín - 1 de Agosto 2011.)

(Escuchamos la milonga de Enrique Cadícamo y Ángel D'Agostino "El Morocho y el oriental", grabado por Aníbal Troilo con sus cantores Floreal Ruiz y Edmundo Rivero. Lo llevaron al disco el 4 de julio de 1947,)

                            





domingo, 19 de abril de 2026

Como abrazado a un rencor

Conforta poder aludir a la modestia de nuestros músicos populares de la primera hora, viéndola reflejada en uno que continúa en la brecha de la era sin premios (y con apremios). Ha llegado a conquistar el halago que se traduce en cifras. De Rafael Rossi hablo hoy. Un hombre para el cual la suma de años no cuenta más que para las fórmulas de la vida civil, pues su estampa y espíritu siguen conservando una agilidad joven.

Pertenece a una esforzada "guardia nueva" de hace medio siglo, que cinchó por el tango al lado de los primitivos, en una hora crucial que ahora calificamos de gloriosa. Siguió años en el género, apegado simplemente a la modalidad de ejecución simplista, respetuosa de la línea melódica. Vinieron nuevas formas orquestales, el perifollo se inmiscuyó en la obra; se insinuó el vanguardismo que arribaría después entre los vientos de fronda de la polémica.

                                     

Rafael Rossi

 

Rafael Rossi -que no es precisamente un hombre dado a la discusión -resguardó en el alma su "pasatismo" y trasladó su sencilla manera interpretativa a un repertorio de miscelánea, consultando el gusto de la gente del interior de la República. con sus versiones incomplicadas salió en giras y grabó discos. Tocó en trío; flanqueando su bandoneón con dos guitarras; en cuarteto, agregando violín; con orquesta, incluyendo cantores en dúo.

Tocó desde el el vals criollo al foxtrot, del pasodoble a la ranchera, del tango al bailecito boliviano. Y al sucederse los días, tocó baión, pachanga y twist. Tocó y toca, grabó y graba, para los insobornables "chacareros", que lo han convertido en una de sus simpatías. Sus giras de bailes por tierra adentro, baten récords de concurrencia. Sus discos están al tope de ventas, por encima de grandes carteles.

Y él firme en su continencia modesta, en su acento moderado de criollo, y en esa risa franca que le llena de arruguitas el rostro y muestra sus dientes sanos; alegría de hombre que puede dormir de un tirón porque no tiene cargos de conciencia ni deudas y puede esperar tranquilo - sin "metejones"- que salga de perdedora alguna potranca que le cuida su aparcero, el Pocho Lofiego. 

Tango porteño con espaldarazo uruguayo                                                                                                      

Elijo uno de sus grandes tangos. Sin alterar su elocución pareja, detallista, veraz, él me narra el nacimiento de "Como abrazado a un rencor". Yo la transfiero a continuación a mis lectores, corriendo de mi cuenta la adjetivación. En 1931 frecuentaba Rossi las tertulias nocheras del vespertino "Última hora", en cuyo plantel de redactores estaba el extinto Antonio M. Podestá; "el gauchito", para la mención cariñosa de todos los del gremio. Podestá le dio a Rossi unos versos para que los considerara:

                                 

 

Esta noche, para siempre, terminaron mis hazañas;                                                                    un chamuyo misterioso me acorrala el corazón.                                                                            Alguien chaira en los rincones el rigor de una guadaña                                                                y anda un "algo" cerca'el catre olfateándome el cajón... 

Le gustó a Rossi el asunto dramático de esa cuarteta y la que le seguía. Les puso ritmo de tango e hizo, por las suyas, la segunda parte musical. El "gauchito" Podestá le adicionó la respectiva letra, de la cuál surgiría el título.

Yo quiero morir conmigo,                                                                                                                sin confesión y sin Dios,                                                                                                            crucificao en mis penas                                                                                                                  como abrazao a un rencor... 

Un editor tradicional, Natalio Pirovano, imprimió la pieza y, a los 6 meses le dio una mala noticia al músico... ¡No se había vendido un solo ejemplar! Pero, de pronto, la situación cambió. Desde Montevideo los comerciantes musicales pedían ejemplares de Como abrazado a un rencor. ¿Qué ocurría?... Que Gardel actuaba allá, estrenó el tango y lo convirtió en un suceso extraordinario.

Tres ediciones al hilo salieron de la Editorial Pirovano para Montevideo. Al regresar Gardel a Buenos Aires, contratado por radio América -una emisora muy escuchada entonces-, su interpretación del amargo tango de Rossi y Podestá fue una de las más celebradas. Al llevarlo al disco consolidó el éxito, que ha pervivido. 

Y aquí debo decir que el recuerdo de Carlitos Gardel empañó de sentida emoción el final del relato de Rafael Rossi, que durante años colaboró con su bandoneón en los ensayos del gran cantor, pasándole a sus guitarristas los tonos de las composiciones nuevas.

Francisco García Jiménez ("Así nacieron los tangos") 

(Escuchamos la versión de Horacio Salgán con su orquesta cantando Ángel "El Paya" Díaz. Lo grabaron el 21 de junio de 1950.)

                       


 

 

sábado, 18 de abril de 2026

Historia de una foto

 Esta imagen reúne a los tangueros que se reunieron en el Hipódromo de Palermo, para asistir a la inauguración de un busto de Carlos Gardel en el circo hípico, el 24 de junio de 1985, recordando el cincuentenario de la desaparición del gran cantor.

                             


 Lo organizó la Asociación Gardeliana que presidía el juez penal en San Isidro, Víctor Sasson, reconocido fan de esta música y y que fue quien encargó al escultor y elogiado artista plástico Ernesto Bourse Herrera, la realización del mismo. 

Aprovechando la reconocida pasión "burrera" del Morocho del abasto, esa tarde se corrió también el Clásico" Carlos Gardel", en el circo palermitano, y a partir de dicho momento comienza disputarse anualmente el premio que recuerda al gran cantor, dueño de caballos de carrera y gran amigo del jockey Ireneo Leguisamo, los hermanos Torterolo y el cuidador Francisco Maschio. 

La Asociación Gardeliana se creó en una reunión realizada en el barrio de la Boca, en 1968, por Cátulo Castillo, que fue su primer presidente, y entre los socios fundadores estaban Julián Centeya, León Benarós, Juan Carlos Copes y Sigfredo Pastor. En el momento de producirse esta escena, además de Sasson, éste tenía de principales colaboradores a Edmundo Guibourg (que fuera apoderado de Gardel), Cesar Tiempo, Raúl Matera y el pintor Pérez Célis.

En la foto pueden verse a algunos personajes del tango que acudieron a esta cita hípica por la trascendencia de la misma. Parados de izq. a der.: Joaquín Do Reyes, Mineral (cronista hípico), Jorge Rigo, Víctor Visconti, Alfredo De Angelis, Claudio Matas, Eduardo Del Piano, Carlos Del Mar, Alberto Del Rosal (locutor, representante y presentador preferido de Troilo.)

Sentados, de izq. a der.: La esposa de Jorge Vidal, Jorge Vidal, Osvaldo Pugliese (que era la primera vez que pisaba un hipódromo), su esposa Lidia, y Beba Pugliese. El Hipódromo de Palermo, con acceso por Avenida Libertador 4101, fue inaugurado el 7 de mayo de 1876, bajo el nombre de "Hipódromo de Palermo", aunque en 1953 se la agregó la palabra "Argentino".

Imagen
  Gardel y el famoso jockey Ireno Leguisamo 

Gardel en 1929 grabó el tango "Palermo", de Juan Villalba, Hermido Braga y música de Enrique Delfino, cuyos versos decían: "¡Maldito seas Palermo! / Me tenés seco y enfermo, / mal vestido y sin morfar, / Porque el vento los domingos / me patino con los pingos / en el Hache Nacional..."...

En esa estrofa de notaban los vestigios del antiguo Hipódromo Nacional que estaba en lo que actualmente se conoce como "Barrio River" y ya había desaparecido. Lo inauguraron el 14 de agosto de 1887 y absorbido luego por el de Palermo. El estadio de River Plate se levanta sobre parte de aquel predio. 

El tango y "los burros" mantuvieron un constante vínculo y Gardel cantó muchos temas vinculados al turf: Por una cabeza, Soy una fiera, Bajo Belgrano, Leguisamo solo, Preparate p'al domingo, La catedrática, Polvorín o Canchero. Motivos más que suficientes para dedicarle un Clásico anual y plantar su figura entre los porteños burreros. Porque además, Gardel era un turfman hecho y derecho.

 (Escuchamos a Gardel cantando el tango del pianista/compositor  Modesto Papavero: "Leguisamo solo", acompañado por sus guitarristas.

                               


 

 

jueves, 16 de abril de 2026

El pensamiento

-Lo llamaban  "el gallego" y era criollo y morocho. El gallego Martínez. ¡Qué pianista genuino del tango! ¡Qué melodista privilegiado! Los ditirambos no son gratuitos para José Martínez., compositor de tangos como Pablo, De vuelta al bulín, El cencerro y otros más de esa calidad y además de ese exquisito "El pensamiento", del que hablaré hoy.

José Martínez vivía permanentemente en un estado de gracia inspirativo. La mirada de sus ojos buenos un poco perdida en oros cielos.  Con la sonrisa entregada, pero un poco triste. Con la palabra quieta y criteriosa, que lo hizo siempre simpático y escuchado. Pertenece a la promoción señera del tango; la que  hubo de crear la melodía al tiempo de ejecutarla..

                                         

   José Martínez
 

Fondo y forma espontáneos. La que en esta función instrumental liberó la limitación del solista de la casa de baile, del guitarrero del tabladillo o del dúo recorredor de boliches, y dio salida al camino triunfante del breve conjunto abriendo cancha consagratoria a la "orquesta típica". 

Su acompañamiento en el teclado del piano era inconfundible. Cuando en 1918 Francisco Canaro da el gran paso adelante en su carrera, como él mismo ha calificado a su primera actuación en en el cabaret Royal Pigall (hoy Ta-Ba-Ris), los dos positivos créditos de su conjunto son el bandoneonista Osvaldo Fresedo y el pianista José Martínez. Al poco tiempo se independiza Fresedo y se va al casino Pigall,  

Martínez forma orquesta propia para el cabaret L'Abbaye, de la calle Esmeralda. "Esa sí que fue una lamentable baja - confiesa Canaro-. Lo suplanté con Luis Riccardi, pianista de estudios y buena técnica..., y me tuve que aguantar las justas quejas de la muchachada. Notaban el cambio y echaban de menos el típico compás de Martínez. ¡Me costó un triunfo ir convenciendo a la clientela del cabaret". 

Ahí le dolía a Canaro, y por tanto la información es incontrovertible. Desde años atrás, Martínez tocaba habitualmente con él. Habían comenzado en trío con el bandoneonista Pedro Polito, guiando los pies danzantes de una famosa academia de las de "a diez guitas la pieza", en el desaparecido teatro Olimpo, situado en la calle Pueyrredón y Arenales. 

                                       

 

En los pisos de esas "academias" también se sacaban chispas los mejores bailarines porteños, para gusto y honra de los novatos que las frecuentaban. El piso del Olimpo conoció las suelas y los tacos de los más "tauras", mientras les daba compás desde el piano un tanguero virtuoso: ese "gallego" Martínez, morochito él, y pese al apodo, hijo y nieto de argentinos...

Una noche cualquiera le nació el apodo. ¿Cómo te llamás vos?", le preguntó alguien. Y al conocer su apellido, el otro salió por lo más cómodo: "Ajá, Martínez... Así que sos gallego vos...". El mocito era callado, de temperamento tranquilo; sonrió y se encogió de hombros. Se oyó llamar "el gallego" con tono cordial y eso le bastó.

José Martínez, pianista insuperable del tango canyengue, muchacho observador y sosegado, mostró el hilo de su inspiración en "El pensamiento", la flor pintada en el palio de un rey del pescante, que con 6 riendas en una mano transitaba triunfal sobre las piedras de una ciudad que se transformó, sin mella de la musiquita que sigue fiel a la limpia ascendencia y la antigua imagen. Como lo refleja este tango.:

Francisco García Jiménez

 

(Entre las grabaciones que existen de este hermoso tango, hoy podemos escuchar la que realizó Osvaldo Pugliese con su orquesta, en mayo de 1969.) 

                                


                                 

 

miércoles, 15 de abril de 2026

Ivette

 Este tango de Pascual Contursi lo grabó Carlos Gardel en 1920. Lo interpretarían varias orquestas y cantores  y seguiría consiguiendo su sitio  en otras etapas del género. Los versos le pertenecen a Pascual Contursi y en cuanto a la música aparecen como compositores  Julio A. Roca y Enrique Costa. Aunque después de seguir muchas investigaciones sobre el tema, creo que la música es de José Martínez.

Vale la pena entretenernos un rato con los versos que creó el autor de "Mi noche triste", para esta página, que tuvo muchos intérpretes por su polenta lunfarda. Con el deschave de un señor de clase alta que llora el abandono de su querida, envuelto en copas y recordando todo lo que hizo por ella, los regalitos que le fue dejando, producto algunos de su "mano larga", más las cremas que embellecían su rostro.

A la puerta de un boliche
Un bacán encurdelado,
Recordaba su pasado
Que la china lo dejó,
Entre los humos de caña
Retornan a su memoria,
Esas páginas de historia
Que su corazón grabó.
                                                

                                                 
 
 
El personaje de los versos tenía un bulín (habitación), donde hacían el amor con la muchacha que toda la barra amiga le festejaba, por su atractivo. Ella lo dejará por otro bacán, atribuyéndoselo el sufridor a una pavada, pero la opinión de la mujer no cuenta en la historia. Sólo es el recuerdo triste de todo lo que hizo por ella, incluso los versitos que le dedicaba. Y lo desmenuza así:                                                       

Bulín que ya no te veo
Catre que ya no apolillo,
Mina que de puro esquiyo
Con otro bacán se fue.
Prenda que fuiste el encanto
De toda la muchachada,
Y que por una pavada
Te acoplaste a un no sé qué...

 ¡Que te ha de dar ese otro                                                                                                             que tu viejo no te ha dado!
¿No te acordás que he robado
pa´ que no falte el buyón?
¿No te acordás cuando en cana
te mandaba en cuadernitos
aquellos lindos versitos
nacidos del corazón?

¿No te acordás que conmigo
Usaste el primer sombrero
Y aquel cinturón de cuero
Que a otra mina le saqué?
¿No te traje pa´ tu santo
Un par de zarzos de bute,
Que una noche a un farabute
Del cotorro le pianté.
Y con ellos unas botas
Con las cañas de gamuza,
Y una pollera papusa
Hecha de seda crepé?


¿No te acordás que traía
Aquella crema ´e lechuga,
Que hasta la última verruga
De la cara te sacó?
Y aquellos polvos rosados
Que aumentaban tus colores...
Recordando sus amores
El pobre bacán lloró..  


 (Entre las varias versiones grabadas de este tango, escuchamos la de Aníbal Troilo  con su cantor Raúl Berón. Lo grabaron en 1955.)