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miércoles, 11 de marzo de 2026

La revancha del tango

A  40 años del mítico show de Pugliese en el Colón.

El histórico concierto de 1985 cristalizó una aspiración largamente repetida en las salas populares. La orquesta sonó con autoridad y convicción, ante un público conmovido.

Por: Raúl Devera

Se cumplen cuarenta años de la noche en que Osvaldo Pugliese llenó el Teatro Colón de tango. Cuatro décadas después, aquel concierto sigue funcionando menos como una efeméride que como un punto de inflexión: no porque el tango necesitara ser legitimado, sino porque una institución históricamente asociada a las élites culturales terminó por reconocer, sin mediaciones, el peso artístico de una música que ya había alcanzado su madurez.

Durante décadas, el tango mantuvo con el Colón una relación distante y desigual. Carlos Gardel nunca cantó allí: su consagración fue masiva, popular y mediática, ajena a la validación institucional. Aníbal Troilo recibió homenajes y menciones, pero no una ocupación plena del escenario con la orquesta típica en su forma más reconocible. Astor Piazzolla sí cruzó ese umbral antes, aunque lo hizo en una zona ambigua, presentado como compositor contemporáneo más que como parte de la tradición tanguera. El género, incluso en sus figuras mayores, parecía quedar siempre un paso afuera.

Sin embargo, en los clubes, en los teatros barriales y en las salas populares, circulaba desde hacía años una consigna que condensaba una certeza estética: “¡Al Colón, al Colón!”. No era un chiste ni una provocación ingenua. Era la forma en que el público expresaba que la música de Pugliese -por su complejidad formal, su densidad expresiva y su ambición artística- ya dialogaba de igual a igual con las grandes tradiciones de la música académica. El grito no pedía permiso: anunciaba un destino.

                   

                                    Osvaldo Pugliese y su orquesta en el Teatro Colón. Una postal histórica.

Pugliese, cuando finalmente llegó a ese escenario, no cambió de registro ni de vestuario simbólico. Llevó su orquesta tal como era. Un sonido colectivo, dramático, construido desde el peso del conjunto más que desde el lucimiento individual. El piano marcando un pulso común, los silencios cargados de tensión, el fraseo arrastrado como una forma de memoria musical. El tango no entró al Colón para embellecerlo ni para adaptarse a sus códigos: entró para afirmarse.

Esa noche, el concierto siguió un repertorio pensado como un cruce entre tradición y celebración, donde se alternaron clásicos instrumentales y piezas cantadas por voces históricas de su orquesta. Abrieron con tangos como «Arrabal» y «Los mareados», siguieron obras como «Recuerdo», y pasaron por milongas de fuerte pulso rítmico antes de acercarse a los momentos más intensos del programa, con piezas que cruzaban memoria y virtuosismo.

El cierre, y quizás el momento más celebrado, fue con «La Yumba», el emblemático tango compuesto por Pugliese en 1946 que, por su ritmo onomatopéyico y su mezcla de tensión y alivio, se volvió sinónimo de su estilo. En la interpretación final, varios de los músicos que habían integrado su histórica orquesta se sumaron al conjunto, un gesto que condensó la idea de continuidad y testimonio colectivo que atravesaba toda su trayectoria. El público lo reconoció de inmediato: ovaciones prolongadas, aplausos de pie y la emoción que sigue asociando ese tema con el cruce entre música popular y gran escenario que simbolizó esa noche.

.Pugliese y la revolución

Desde lo estrictamente musical, Pugliese fue uno de los grandes revolucionarios del tango del siglo XX. Amplió las posibilidades expresivas de la orquesta típica, trabajó el contrapunto interno, reforzó el carácter coral del conjunto, su complejidad rítmica y desarrolló un dramatismo contenido que influyó decisivamente en generaciones posteriores. Su obra demostró que el tango podía ser popular y complejo a la vez, sin resignar intensidad ni comunicación.

Ese ideario estético estaba íntimamente ligado a una forma de organización poco común en la música popular argentina. Durante décadas, la orquesta de Pugliese funcionó como una cooperativa: no había patrón ni figura dominante, sino socios, reparto equitativo y decisiones compartidas. Esa estructura no fue una rareza administrativa, sino la traducción práctica de sus convicciones ideológicas. Comunista declarado, Pugliese sostuvo una coherencia infrecuente entre pensamiento, práctica artística y vida cotidiana, aun cuando eso implicara censuras, detenciones y largos períodos de marginación.

El concierto del Teatro Colón se realizó el 26 de diciembre de 1985, a poco más de dos años del regreso de la democracia. En ese contexto, el acontecimiento adquirió una dimensión que excedió lo musical. No fue una consagración tardía ni una concesión institucional, sino el reconocimiento explícito de un valor que ya estaba allí. El Colón no elevó al tango: aceptó escucharlo en igualdad de condiciones.

El gran Osvaldo Pugliese constituye un fenómeno musical y popular único.

Cuarenta años después, aquella noche conserva su potencia simbólica. No como postal nostálgica, sino como recordatorio de que las jerarquías culturales no son naturales ni eternas. A veces, simplemente, terminan cediendo ante la evidencia.

Y volvemos a aquella noche involvidable con la orquesta de Osvaldo Pugliese interpretando su tango: "La yumba".

                                 


Y también, el vals de Rosita Melo: "Desde el alma"

                                           


                                            

martes, 10 de marzo de 2026

Andá que te cure Lola

 Esta milonga la compuso allá por 1947 el bandoneonista Luis Caruso, al que algunos llamaban "Carusito" y que estuvo varios años radicado en Montevideo, donde se fue a sus 20 años. Dirigió conjuntos, volviendo cada tanto a Buenos Aires y a su barrio de Villa Crespo que lo extrañaba. Su tío era José Servidio, que le enseñaría los secretos del fueye y lo incrustaría tempranamente en su orquesta.

Carusito, era un niño cuando ingresó en la formación musical de Servidio y a los 18 años, saltó de la misma para aventurarse  musicalmente. Al viajar, más tarde  a Uruguay, encontraría el refugio definitivo, al frente de su propia orquesta. Pero antes peregrinó por distintas formaciones, de tríos, cuartetos, formándose para la batalla tanguera que lo estaba esperando.

                                         


 

Como compositor y poeta, tuvo muchos aciertos. No sólo con el tema que traigo hoy, sino también con páginas como Bomboncito, Este carnaval, Y siempre igual, Anselmo Acuña el resero, Se va una tarde más, La fulana (b), Quedó en venir a las nueve, Lecherito del Abasto, Es inútil que la llores, Para negros solamente y otros que engrosan su curriculum creador. 

Y esta milonga que compuso en 1947, con letra y música suya, levantó vuelo en la versión que hizo Osvaldo Pugliese de la misma. Incluso lo grabó con su orquesta, cantando Roberto Chanel y llamó mucho la atención por su estilo lunfardesco y el discurso del personaje. Chamuyándole a la paica que lo abandonó para enrollarse con un inglés "chicato" y recordándole todo lo que hizo por ella. 

 Luis Caruso
                                           

Che rea vestida a plazos,
con desplante de señora,
que no me “das ni la hora”
desde que “chapaste al ganso”;
acordate que este “manso”
con paciencia de “mamita”
cuando se acabó la guita
para parar el buyón,
empeñó hasta el bandoneón
para tenerte gordita...
 

La trata de rea ("de baja condición social, que se entrega con facilidad"), que pretende jugarla de gran señora por haber enamorado al incauto inglés que lo desplazó. Y recuerda que él hasta empeñó el bandoneón que era muy importante en su vida, para complacerla económicamente. Y entonces le pide que no lo mire con desprecio, subestimándolo, después de todo lo que hizo por ella. De paso muestra su negativa por una posible vuelta de la damisela.

No me mirés de reojo
por arriba de esas pieles,
yo “manyo bien tus pasteles”
pa’ que esto te cause enojo...
Cuando “con tierra en el coco”
te salvé de la “perrera”,
aunque estaba en la “palmera”
como pude te paré,
hasta que vino ese inglés
que te bajó la bandera...

Perdoname este arrebato
que no es el “guiye de un boncha”
pero “reviento de bronca”
porque hoy me dejaron “pato”...
Seguí con ese “checato”
y a mí no me “des más bola”;
y si la inglesa vitrola
deja un día de sonar
no me vengas a “escorchar”
“Y... andá que te cure Lola”.
 

Los términos lunfardos le dan más fuerza a los versos. El "guiye de un boncha", significa "chifladura, , estado del que pierde la cabeza. Boncha es el revés de "Chabón"(Torpe). Se queja de que lo dejaron "pato", o sea pobretón, y " estaba en la palmera" - mal económicamente- . A su nuevo amor lo trata de "checato" o sea : "Chicato-miope". Y si la cosa con el inglés se termina, le recuerda: "no me vengas a escorchar" (fastidiar) y andá que te cure Lola...".
Pugliese con su orquesta y  la voz de Roberto Chanel la grabó el  1 de febrero de 1947. 

 

                             

                                  


sábado, 7 de marzo de 2026

Aquellos fines de semana milongueros..

 ... con estas orquestas...


                        


              



             


jueves, 5 de marzo de 2026

Mala suerte

Francisco Gorrindo y Francisco Lomuto crearon este tango en 1939, y éste último lo grabó inmediatamente con su orquesta y el cantor Jorge Omar. El quilmeño Gorrindo, que nunca abandonó su barrio, tenía 31 años cuando se mandó estos versos que trillan sobre el desencuentro de la pareja, por la afición del "calavera" que nunca quiso abandonar su tránsito nochero.  

                                    EL QUILMERO: FRANCISCO GORRINDO, ESQUINA TANGO                                                                                        Francisco Gorrindo                                             

 Gorrindo ancló tempranamente en las huestes tangueras y se lo recordaba en el ambiente como un tipo de envergadura estirada, alta, lucía un moño coloreado y amplio en el cuello de su camisa en las noches céntricas, destacando la bonhomía que lo llevó a intimar con los grosos del tango, de la época. Su tango "Las cuarenta", que lleva música de Roberto Grela, sacudió al ambiente en 1937. 

De ahí en adelante la varita mágica de su talento creador, volvió a lucirse con tangos como "Paciencia", "Ansiedad", "Gólgota", "La bruja" y el citado que compone con el guitarrista Roberto Grela, "Las cuarenta". El que lo consagra en el ambiente y es interpretado por orquestas y cantantes, grabándolo con sus vocalistas, Canaro y Lomuto en 1937. En 1969, la versión de D'Arienzo-Echagüe le da un nuevo impulso.                                                                                                                                                                                                   


"Mala suerte", es un éxito en la versión del "Rey del compás", aunque el título aluda a la mufa" que nos empuja a cruzar los dedos, "por si las moscas...", cuando la situación pinta oscura. Tan oscura que la pareja del personaje le clava el adiós final a la relación y éste se refugia en el boliche esquinero para tapar con alcohol su penuria.

¡Se acabó nuestro cariño!, me dijiste fríamente,
Yo pensé pa' mis adentros, puede que tenga razón,
Lo pensé y te dejé sola, sola y dueña de tu vida,
Mientras yo con mi conciencia me jugaba el corazón.
Y cerré fuerte los ojos, y apreté fuerte los labios,
Pa' no verte, pa' no hablarte, pa' no gritar un adiós
Y tranqueando despacito me fui al bar que está en la esquina 
para ahogar con cuatro tragos lo que pudo ser tu amor.

Y es entonces cuando deschava su espíritu farrista, nocherniego y milonguero. La completa. También la señal de agradecimiento a la que fue su compañera, la que le aguantó sus pecados y define el cierre de la situación como una señal de "mala suerte", y con ese signo sella el mensaje, aunque reconociéndole a ella todo lo que le aportó como novia y mujer.

Yo no pude prometerte
Cambiar la vida que llevo,
Porque nací calavera
Y así me habré de morir.
A mi me tira la farra,
El café, la muchachada,
Y donde anda una milonga
Yo no puedo estar sin ir.

Bien sabés cómo yo he sido,
Bien sabés cómo he pensado,
De mis locas inquietudes,
De mi afán de callejear.
Mala suerte si te pierdo,
Mala suerte si ando solo,
El culpable soy de todo
Ya que no puedo cambiar.

Porque yo sé que mi vida no es una vida modelo,
Porque él que tiene un cariño, al cariño se ha de dar,
Y yo soy como el jilguero, que aun estando en jaula de oro,
en su canto llora siempre el antojo de volar...
He tenido mala suerte, pero hablando francamente,
Yo te quedo agradecido, has sido novia y mujer;
Si la vida ha de apurarme con rigores algún día,
¡Ya podés estar segura que de vos me acordaré!

Lomuto le embocó una música adecuada a los versos de Gorrindo y D'Arienzo con Echagüe le dieron el pasaporte definitivo al éxito -aunque no se trate de una obra destacada- grabándolo el 11 de diciembre de 1974..  

                                 


 También podemos escuchar esta versión en directo de Ricardo Chiqui Pereyra, acompañado por la orquesta de Carlos Galván.

                                           


 

                                            

  

                             

miércoles, 4 de marzo de 2026

¿A qué te recuerda esta canción?

 Soraya: 

Todos tenemos en la cabeza una especie de banda sonora de nuestra vida, canciones que nos evocan tiempos pasados, momentos que nos transportan con exactitud a un lugar específico, que nos recuerdan a una persona o incluso a una sensación.

En numerosas ocasiones ocurre que nos sentimos bien y contentos, entonces escuchamos esa canción que nos recuerda a aquel día no tan agradable o a aquella situación difícil de hace años. De repente y, como por arte de magia, nos inunda una sensación extraña, la luz que desprendíamos antes de escuchar esa melodía se torna gris y nos apagamos levemente. Seguro que os ha pasado muchas veces. También puede ocurrir todo lo contrario: nos levantamos cansados, sin ganas de empezar el día, saliendo de la cama a regañadientes, sin saber cómo vamos a afrontar todo lo que queda por delante y, entonces, escuchamos en algún lugar esa canción que nos gusta, que nos recuerda a algo feliz, que nos llena de energía como si se nos metiera dentro y nos manejara como a marionetas incitándonos a bailar. Y, sencillamente, cambia nuestro humor.

                                    

Y es que existen estudios científicos, entre ellos, el liderado por Petr Janata (Centro de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de Darthmouth), que explican qué ocurre en el cerebro cuando escuchamos canciones que nos proporcionan algún recuerdo (http://www.cooperativa.cl/noticias/sociedad/ciencia/estudio-del-cerebro-explica-como-la-musica-evoca-los-recuerdos/2009-02-24/111551.html). En este estudio, trece estudiantes de dicha Universidad, escucharon treinta fragmentos de canciones pertenecientes a listas musicales de cuando ellos rondaban entre los siete y los diecinueve años. 

Mientras tanto, Janata, mediante una resonancia funcional magnética, observaba sus cerebros y de ese modo, pudo ver que cuanto más importante era el recuerdo que le evocaba una melodía, mayor actividad registraba la dorsal del córtex prefrontal medial del cerebro. Por lo que esta zona está ligada a la recuperación de las memorias pero también a las respuestas emocionales que la música produce. Además, Janata creó mapas tonales de cada fragmento de las canciones y observó cómo la misma zona del cerebro continuaba el proceso de la melodía a la vez que iba evocando los propios recuerdos que ésta le producía; por lo que, el cerebro es capaz de “seguir los aspectos estructurales de la música”.

La música nos emociona a toda velocidad y es que, tan solo necesitamos escuchar unos cuantos acordes, para que se nos erice la piel. ¿Con qué canción te ocurre? Seguro que con más de una.

Pero la música no solo nos evoca, también nos inspira. En numerosas ocasiones no nos hace falta ver nada para inspirarnos, sino simplemente basta con escucharlo. La música puede convertirse en la mayor de las musas, es la mayor fuente de inspiración para los creativos. Grandes pintores de la historia han reconocido necesitar de la música para pintar un cuadro, para aislarse del resto del mundo y concentrarse en sus pinceladas, para conseguir esa evocación necesaria para idear una pintura. La mayoría de los escritores necesitan de su música favorita de fondo, para que sus letras fluyan y sus mentes puedan volar.                                                                                                                                                                      


Y por supuesto, la música nos transmite. Los creativos, los directores de cine, etc., los artistas en general, nos transmiten mediante la música. Eligen una melodía, según la emoción que quieran provocarnos. Y es que, pensad en una película sin banda sonora, sin nada de música. No nos diría mucho, no nos transmitiría lo mismo que lo hace al ir de la mano de un acompañamiento musical minuciosamente escogido. 

Muy diferentes hubieran sido nuestras sensaciones al ver la película “Titanic” escuchando “Wannabe” (Spice Girls) de fondo en lugar de la emotiva “My heart will go on” (Céline Dion). Por eso, la música es tan importante, porque nos hace sentir y hace que podamos hacer sentir a los demás, nos llena, nos inspira, nos hace recordar, nos hace aflorar sensaciones, nos hace ver más allá y nos acerca a otras personas. Y esto último, en plena era tecnológica, es esencial.

 

 


domingo, 22 de febrero de 2026

El Tango en el Hipódromo

 Esta foto reúne a los tangueros que se reunieron en el Hipódromo de Palermo, para asistir a la inauguración de un busto de Carlos Gardel, en ese circo hípico. Ocurrió el 24 de junio de 1985, recordando el cincuentenario de la desaparición del gran cantor.

                       

 Lo organizó la Asociación Gardeliana que presidía el Juez Penal en San Isidro, Víctor Sasson, reconocido fan de ese género musical y quien encargó al escultor y elogiado artista plástico Ernesto Bourse Herrera, la realización del mismo. 

Aprovechando la reconocida pasión "burrera" del Morocho del Abasto, esa  tarde se corrió también el Clásico "Carlos Gardel", en el circo palermitano, y a partir de ese momento se disputaba anualmente el premio que recuerda al gran cantor, dueño además de caballos de carrera y gran amigo de Ireneo Leguisamo, los hermanos Torterolo y el cuidador Francisco Maschio. 

La Asociación Gardeliana se creó en una reunión en la Boca, en 1968, por Cátulo Castillo que fue su primer presidente y entre los socios fundadores estaban Julián Centeya, León Benarós, Juan Carlos Copes y Sigfredo Pastor. En el momento de producirse esta escena, además de Sasson, éste tenía como principales colaboradores a Edmundo Guibourg -que fuera apoderado de Gardel-, César Tiempo, Raúl Matera y el pintor Pérez Celis.

En la foto puede verse a algunos personajes del tango que acudieron a esta cita hípica por la trascendencia de la misma. Parados de izquierda a derecha: Joaquín Do Reyes, Mineral (cronista hípico), Jorge Rigo -cantor y directivo de SADAIC-, Víctor Visconti (de Los Visconti), Alfredo De Angelis, Claudio Matas -cantor-, Eduardo Del Piano, Carlos Del Mar,  Alberto Del Rosal (Presentador preferido de Troilo.). Sentados de izq. a der.: La señora de Jorge Vidal, Osvaldo Pugliese (primera vez que pisaba un hipódromo), su esposa Lidia y su hija Beba Pugliese..

Gardel en 1929 grabó el tango "Palermo" de Enrique Delfino, Juan Villalba y Hermido Braga, cuyos versos arrancaban diciendo: "¡Maldito seas Palermo! / Me tenés seco y enfermo, / mal vestido y sin morfar,/ Porque el vento los domingos,/ me patino con los pingos / en el Hache Nacional...".

No hay ninguna descripción de la foto disponible.
Gardel y Leguisamo en el hipódromo de Palermo

                               

En esa estrofa se notaban los vestigios del antiguo Hipódromo Nacional, que estaba en lo que entonces se conocía como "Barrio River", y ya había desaparecido. Había sido inaugurado el 14 de agosto de 1887 y absorbido luego por el de Palermo. El estadio de River Plate se levanta sobre parte de ese predio.

El tango y los "burros" mantuvieron un constante y estrecho vínculo y Gardel cantó muchos temas referidos al turf: Por una cabeza, Soy una fiera, Bajo Belgrano, Leguisamo Solo, Preparate p'al domingo, La catedrática, Polvorín o Canchero.

Por una cabeza, hoy día es un tango famoso en el mundo entero. Motivos más que suficientes para dedicarle un clásico anual y plantar su figura entre los porteños "burreros". Porque además, Gardel  era todo un turfman hecho y derecho. 

Podemos recordarlo cantando precisamente "Por una cabeza"acompañado por la orquesta de Terig Tucci. Los versos son de Alfredo Le Pera y la música de Carlos Gardel. Grabado en 1935.

                               


  



 

lunes, 16 de febrero de 2026

Copas, amigos y besos

Una gran dupla de poesía-composición fue, por ejemplo, la de Enrique Cadícamo-Mariano Mores, que crearon este tango en 1944. Los versos de Cadícamo traquetean una vez más con la ruptura de la pareja y la añoranza constante del personaje al que la riqueza económica repentina, le llevó a dejarla. Podría resumirse con el título que José Canet le puso a su página: "La abandoné y no sabía...".

Porque realmente en su etapa bohemia y pobretona, la mujer que ahora recuerda con mucha tristeza, le ayudó no sólo a sobrevivir sentimentalmente, sino que lo impulsó para seguir adelante. Fue entonces cuando aparece la parte económica en forma casi inesperada y cuando él decide volar a su aire, disfrutando las noches, conociendo otras mujeres, perdiéndola a ella entre copas, amigas y besos...

Ella puso su grata tibieza
en mis noches de triste bohemia.
Ella puso sus flores de anemia
en mis sueños de frío y pobreza.
Mas un día llegó la riqueza
y cambió nuestras vidas. . .
Por eso entre copas, amigos y besos
la perdí por mi mala cabeza. 

                                             


 Cadícamo conoció muy bien la noche, con todos sus atractivos, la incitación que provocan esas horas donde la vida se mira de otra manera. Sobre todo para aquellos/as que no necesitan madrugar y así prolongan su ronda noctámbula entre la indefinición de los escenarios. En esta composición evocativa, fluyen rastros de una historia real, vivida por él o por otro personaje,  que se proyecta en los versos del tango.

Y hoy, la llevo en mi negro lunatismo
como un grotesco fantasma de mí mismo.
Hoy la llevo en mis ojos doloridos
como una gota de llanto contenido...
Y la llevo, ¡Señor!,
como un eco que me sigue,
como un sueño hecho cenizas,
como un cargo de conciencia,
como un dedo acusador.

Sin embargo, hoy, que tengo riquezas,
me persigue implacable el hastío,
y es que añoro esas noches de frío
y el amor de su grata tibieza.
Ella puso sus flores de anemia
en mis sueños de locas fortunas.
Ella fue mi rayito de luna
que alumbraba mis noches bohemias. 

Mariano Mores le adosó la música ideal para que los versos brillaran y entre las varias versiones grabadas de este tango, podemos escuchar la de Aníbal Troilo con su cantor Alberto Marino, grabado el 19 de diciembre de 1944.