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domingo, 22 de enero de 2023

Soledad

    Hace unos años hablé de este tango, pero usándolo como metáfora de una situación callejera que me rozaba a diario. Hoy quiero hacer el recordatorio de una página que merece ser escuchada siempre, por todo lo que encierra, y lo que significó para los futuros poetas y cantantes de tango. Los versos de Alfredo Le Pera vuelven a hacer gala de una rara penetración, gracias a su honda sensibilidad.

   El músico argentino Terig Tucci, residente en Nueva York y que acompañó en varias oportunidades a Gardel, decía sobre Le Pera: "La humilde letrilla de tango es su vehículo expresivo; en ella el poeta sugiere, pinta, conjura impresiones de colores, paisajes y costumbres argentinas con la maestría de un Picasso. Su urdimbre temática se desprende del lógico desarrollo de su narración; sus materiales están inevitablemente circunscritos a las exigencias dramáticas del momento. Dentro de estas aparentes limitaciones, nuestro poeta esculpe arabescos y filigranas dignos de un orfebre renacentista". 

                                

Carlos Gardel, Mona Maris y Alfredo Le Pera

   En Soledad, el letrismo poético del acompañante de Gardel nos sumerge en una atmósfera íntima, donde consigue atrapar con un liismo descriptivo, de percepciones, el espacio de una ausencia que lo hunde en su soledad. Las palabras parecen flotar con su recurrencia obsesiva. El vaivén emocional denota la tempertura emocional de las palabras. Y flota en derredor suyo  la imagen de aquella que deshilachó su corazón.

   Alfredo le Pera, estuvo enamorado de una bailarina, cuando hacía de comediógrafo en el Teatro Sarmiento, llamada Aída Martínez. Ella era delicada de salud, tenía problemas en las vias respiratorias y el trabajo nocturno hizo recrudecer sus males. Le pronosticaron un pronto final, debido a ello, y como último recurso, y apoyada por Le Pera, que la acompañaría a Suiza, ella moriría, internada en una clínica. ¿El recuerdo lo lleva a escribir la primera parte del tema?

Yo no quiero que nadie a mí me diga
que de tu dulce vida
tú ya me has arrancado.
Mi corazón una mentira pide
para esperar tu imposible llamado.
Yo no quiero que nadie se imagine
cómo es de amarga y honda mi eterna soledad...
En mi larga noche el minutero muele
la pesadilla de su lento tic tac.

   Pero, en realidad, el tema que lleva música de Gardel, fue creado para una escena de la película El Tango en Broadway, filmada en 1934 en Long Island (Nueva York), con argumento del propio le Pera  y dirigida por el francés Luis J. Gasnier, Para la misma, la dupla triunfadora  también compondría los temas: Rubias de New York, Caminito soleado y Golondrinas. 
                                   
                                


  Le Pera profundiza en la segunda parte sobre el drama del abandono amoroso que sufre el protagonista. La angustia lo envuelve y encerrado en su penumbra fantasmagórica imagina que ella viene caminando hacia él aunque de repente sus pasos se detienen... Hay un magnetismo esfingíaco muy poderoso que envuelve esa zona  brumosa donde se superpone el pasado al presente y el espacio al tiempo.

En la doliente sombra de mi cuarto al esperar,
sus pasos que quizás no volverán;
a veces me parece que ellos detienen su andar
sin atreverse luego a entrar.
Pero no hay nadie y ella no viene,
es un fantasma que crea mi ilusión,
y que al desvanecerse va dejando su visión:
cenizas en mi corazón.

En la plateada esfera del reloj
las horas que agonizan se niegan a pasar.
Hay un desfile de extrañas figuras
que me contenplan con burlón mirar.
Es una caravana interminable
que se hunde en el olvido con su mueca espectral,
se va con ella su boca que era mía,
sólo me queda la angustia de mi mal.

   Nadie lo puede haber cantado como Gardel. El sentimiento, la fuerza de su interpretación, más esa voz insuperable, logran el climax necesario para que impacte en todos los espectadores. Y casi noventa años más tarde lo vemos, lo escuchamos y nos sigue impresionando de esa manera tan especial... Lo acompaña la orquesta dirigida por Terig Tucci.

                            


jueves, 19 de enero de 2023

Una noche en Marabú

   De veras que hace un frío de tiritar: el inviernazo del 37 se ha venido con todo en Buenos Aires.

   -Siete grados, dijo la radio. El debut va a ser como en familia: ¡todo en contra, che!

   -No lo creo así. Por de pronto, la casa tiene su clientela. ¡Y los amigos no van a fallar! Digo yo...

                             

La orquesta de Troilo el día de su debut

   Son casi las once de la noche. Bien metidos en sus sobretodos, esos muchachos -ya se han comido un bife por ahí- sorben su cafecito caliente en el bar de Corrientes y Maipú.

   -Estuviste en los ensayos?

   -No. pero tienen que andar bien: son buenos músicos todos.

   -La única lástima, repito, es el momento. Pero mejor que suene la orquesta, ¿te creés vos que va a haber una grabadora que lo lleve? Digo la verdad: hasta la radio lo veo difícil para el Gordo. 

   -No es para tanto. Por lo menos, y durante algún tiempo tendrás esto del cabaret. Después se verá.

   -Y en una de esas se enganchan en el Nacional o en el Germinal. Mirá. ¿quién te dice que, justamente, por salir con todo el viento en contra, no den el campanazo?

   -Ojalá. Pero hay un problema, viejo: ya sabemos lo que es el Gordo con el bandoneón: un fenómeno. Ahora: eso lo valoramos nosotros. Quiero decir: vos que sos músico, aquél que está en el ambiente y éste que no se pierde una donde hay un tango bien tocado. ¿Y los demás?

   -No te falta razón. Pero yo sostengo mi palpite.

   El del palpite es flaco, sonriente, moreno, pero moreno retinto. Muchos años después -veinte-, cuando esta noche sea ya un recuerdo muy grato por cierto, y él se haya exiliado de Buenos Aires por voluntad propia, me escribirá desde Colombia:

   -Cómo podría decírselo? Para mí... para mí el Tango ¡es como una segunda naturaleza! 

   Claro que sí: eso mismo, una dimensión del alma es el Tango para Joaquín. El Negro Mora.

   Para este morochazo de treinta años, graduado en piano del Conservatorio Santa  Cecilia, intuitivo del bandoneón, que ha peregrinado como acompañante de la Maizani por España y es -en la unánime opinión de toda la gente que está en la cosa- uno de los mayores talentos melódicos que ha dado Buenos Aires. Yo soy aquel muchacho. Frío, Divina, En las sombras; Esclavo, son los temas suyos que lo ponen a la altura de un Cobián, en esa manera de sentir el Tango que comparte, tan de cerca, con Demare, con Pichuco, con Gobbi. Actualmente le dirige la música a Hugo del Carril. Hace un par de años condujo un buen trío -a la manera de Irusta, Fugazot, Demare -con los vocalistas Héctor Morel y Antonio Rodríguez Lesende.

                                 



   Lo que es una pena, es que no haya podido arreglar Pichuco para traerlo al gallego Lesende a su orquesta. Para mí, creo que también para el Gordo -Ciriaco opina lo mismo- es el mejor chansonier.

   -La idea era esa. pero Lesende trabaja muy bien en Lucerna. Y no nos vamos a engañar, querido: esto es una aventura. de todos modos Fiore va a caminar bien: sabe lo que canta. ¿Vamos?

   -Vamos.

   Pagan, se levantan, Y con el Negro Joaquín a la cabeza, el grupo cruza desde el bar hasta el cabaret que está efrente, en la vereda Este de Maipú entre Corrientes y Sarmiento. Al entrar, un letrero que suscita risitas: Esta es la boite Marabú, / la boite de más alto rango, / donde Pichuco y su orquesta / le harán bailar buenos tangos.

   Poco después, la barra de Mora ya instalada en una mesa, atiende a las palabras de presentación, el Gordo marca dos y sus sitete músicos, de irreprochable smoking, mandan el opus uno: Tinta verde, de Agustín Bardi. Sobre el aplauso cerrado, Francisco Fiorentino que se acomoda ante el micrófono y da la segunda: El carrerito, de De los Hoyos y Vaccarezza.

   -Es la gran pegada muchachos, Pichuco y Fiore ponen el número. Aquí hay orquesta para rato.

   Joaquín Mora, sacudiendo sus manotas, ratifica su palpite, ya compartido por los demás amigos de la mesa: José María Catunga Contursi, Roberto Miró, Andrés Falgás y Luisito Sierra.

   Ocurre la noche del 1º de Julio de 1937.

(De El Libro del Tango, - Horacio Ferrer)

(Escuchamos por Troilo-Fiore, la grabación inédita , del tango  de Gardel-Le Pera-Battistella: Melodía de arrabal.)



miércoles, 18 de enero de 2023

Griseta

   Cuando ponemos la marcha atrás en la discografía tanguera podemos encontrarnos con páginas como ésta, que le dan lustre al género. El tango fue compuesto en 1924 por José González Castillo -maestro de la pluma- y Enrique Delfino, genio del piano y  de la composición. Lo estrenó el 27 de octubre de dicho año el tenor Raúl Laborde en el sainete "Hoy transmite Ratti Cultura", que llevaba las firmas de Enrique Delfino y Mario Rada. Gardel lo grabó enseguida con sus guitarristas Ricardo y Barbieri.
                                           



   Griseta proviene del francés grisette que significa  obrerita, o sea una muchacha parisina de familia pobretona que en los versos del padre de Cátulo, intentando cumplir con sus sueños y, seguramente, instada y trasladada por los macrós de Marsella, se instaló en Buenos Aires sin imaginar su destino de cabaret. Soñaba con Des Grieux, quería ser Manón, como los personajes de la novela Manon Lescaut, de Antoine François Prevost D'Exiles. 

Mezcla rara de Museta y de Mimí
con caricias de Rodolfo y de Schaunard,
era la flor de París
que un sueño de novela trajo al arrabal...
Y en el loco divagar del cabaret,
al arrullo de algún tango compadrón,
alentaba una ilusión:
soñaba con Des Grieux,
quería ser Manón.
 
   Museta, Mimí, Rodolfo y Schaunard, están sacados de la novela Scènes de la vie de bohème (1851) de Henry Murger. Y González Castillo nos muestra a la soñadora muchachita como una coqueta y sentimental viajera que trae todo el relumbre del barrio, la estanqueidad social, y lo que en principio prometía ser un paraíso, el fulgor de la existencia, se desbarranca. La realidad mutante muestra los acontecimientos que han roto con las perspectivas y desgranan en el aire los restos de sueños marchitos.

Francesita,
que trajiste, pizpireta,
sentimental y coqueta
la poesía del quartier,
¿quién diría
que tu poema de griseta
sólo una estrofa tendría:
la silenciosa agonía
de Margarita Gauthier?

   El quartier, es el barrio. Margarita Gauthier, como Armando Duval, son personajes de la novela La dame aux camélias, de Alejandro Dumas (h). Y en la primera bis, la sentencia para la cabaretera que había soñado con un mundo de maravilla, es muy dura. No logró encontrar a su Duval y entre el champán y la cocaína (cocó) se duerme para siempre mientras suena un bandoneón en el local nocturno donde transcurre la parte oscura de su vida porteña. Su corazón está seco como una planta liliácea...

Más la fría sordidez del arrabal
agostando la pureza de su fe,
sin hallar a su Duval,
secó su corazón lo mismo que un muguet.
Y una noche de champán y de cocó,
al arrullo funeral de un bandoneón,
pobrecita, se durmió,
lo mismo que Mimí,
lo mismo que Manón.

    Existen infinidad de grabaciones de este tango. Tanto cantados como en forma instrumental. Podemos escuchar la versión instrumental de Osvaldo Fresedo, llevada al disco el 31 de septiembre de 1944.

                           

   Y la hermosa interpretación de Carlos Di Sarli con su orquesta cantando Roberto Rufino. Grabado el 21 de junio de 1941.

                                          

domingo, 8 de enero de 2023

Álzame en tus brazos

   Este valsecito contiene unos ingredientes realmente conmovedores en sus versos y creo que Mario Battistella, el autor de los mismos, encontró la historia en una realidad cercana, que viene envuelta en emociones atrapadas por las palabras de otros. Y así vemos cómo el nihilismo de la muerte aleja al personaje de la mujer que amaba, y lo deja sin opciones, sin ideales ni sueños.

                                      

Mario Battistella

  Siente un peso de lápida sobre su corazón desangrado ante la adversidad. Se fue de pronto el tiempo dilatado de las caricias, el tiempo del éxtasis amoroso y la espita de la melancolía lo sumerge en profundas reflexiones. Su égloga casi parece un determinismo cuando insta a su amada a volver a la tierra desde su imaginario cielo, para llevarlo con ella.

   Y entonces le cantará y le dice de sus sueños y aunque en sus pensamientos no es omninisciente, en la evocación de los momentos compartidos con tanto amor, sueña con un aetérnum o un perpétum in nuce. El calor de la compañía querida se vislumbra en el tono con que le pide que baje a buscarlo y llevarse su alma con ella para siempre. El exorcismo poético es un sueño imposible y le da un gran poder de sugestión. 

Cuando bajes a la tierra
a llevarte el alma mía,
entre tu plumaje blanco
tachonado de fulgor.
Cantaré para ti sola
con la dulce melodía,
la canción mas tierna y pura
que jamás canté al amor.

Yo he soñado con tus besos,
mil ensueños arrullando,
yo soñé con la esperanza
de poderte acariciar.
Pero tan humildemente,
como aquel que esta implorando,
la mirada de la virgen
con temor de profanar.

                                


   Larvando las ansias contenidas, va subiendo poéticamente su contenido emocional. Y entre los agujeros negros del pesar, el amor, fuente de toda imaginación ingenuista, lo lleva a  navegar en la esencial ambigüedad de que están hechas la vida y la muerte.  El Karma de la felicidad fugaz en el reencuentro, se desvanece rápidamente cuando comprueba que todo ha sido un sueño. Un hermoso y a la vez pesaroso sueño.

Cerrando los ojos yo veo tu visión,
tan bella y divina como una ilusión,
yo siento que pasas muy cerca de mí
y extiendo los brazos, diciéndote así:
Llévame contigo a un mundo mejor,
qué hago yo tan solo con este dolor,
me miras, me besas y echando a volar,
despierto de un sueño, qué triste es soñar.

  Este vals al que le puso música el pianista Héctor Gérard Cruz, fue grabado por la orquesta de Roberto Firpo, cantando Carlos Varela, el 14 de marzo de 1936. Seis años más tarde lo resucitó la versión de Carlos Di Sarli con su orquesta y Alberto Podestá, llevada al disco el 9 de abril de 1942. La podemos escuchar.

                                

miércoles, 4 de enero de 2023

Gloria

    Ya he hablado del Armando Juan Tagini en estas páginas, destacando su gran cualidad poética  en la escritura de tangos que tuvieron mucha trascendencia en el eco popular y en la interpretación de orquestas y cantores, desde que Carlos Gardel le grabara sus temas: Gloria y La gayola, el 20 de agosto de 1927. Con estos dos sucesos se fue truncando su carrera de cantor, y pasó a ser autor de numerosos tangos junto a diversos compositores. La mayoría de esos temas rubricaron el éxito inicial de sus pinturas tangueras.

                                        


   Y si hoy me concentro en el que compuso con Humberto Canaro, es porque difícilmente pueda encontrarse otro letrista tanguero que con apenas 21 años de edad lograse dos sucesos tan fuertes como los que le llevara al disco Gardel. Y que fueron el inicio de una pluma que seguirá describiendo historias que cobrarán forma en la sociedad y se instalarán en atriles tangueros.

   Gloria es una especie de revancha femenina, aunque esté escrita por un varón. Hay infinidad de tangos que hablan de la traición de la mujer y que se han popularizado. Parece que fuera algo muy común si nos atenemos a tantas páginas que tuvieron y tienen repercusión popular a través de orquestas y cantores que popularizaron el tema de la hembra que engaña al varón y lo hunde en la tristeza y desesperación.

  Las pasiones son casi todas vicariasy están perfectamente organizadas como espectáculo. En el halo fantasmal y perenne de la vida hay muchos/as que huyen del agotamiento del amor físico y de permanecer marcotizados en una paisaje mental. Al final, todas las cosas encuentran su propia forma, incluso las sublevaciones. Todo acaba cayendo en los tópicos de la vida. 

                                     


   En el caso de este tango se trata del "Señor" de muy buena situación económica, que intenta seducir a la humilde muchacha proponiéndole un mundo lleno de cosas de valor. O sea: quiere "comprarla" con dinero. Y en su respuesta, ella muestra su capacidad para valorar el amor que siente por el joven que es su novio y rechaza todas las ofertas lujosas del comprador de amores fáciles. 

Tenés vento, sos un gran señor,
pero a mí no me vas a engrupir
con tus frases de mentido amor...
Perdés tiempo... Ya podés seguir...
Desde el pique, viejo, te juné
la intención de quererme comprar,
pero soy de buen pedigrée:
a otra puerta andá a golpear.

   La chatarrería sentimental no tiene cabida en el corazón de la joven ni el terremoto espiritual que le acarrearía la venta de su cuerpo. En esa turbulenta imaaginería homoerótica se esconden las oscuridades de nuestra naturaleza... Pero ella contesta con el idioma de la sensatez, con lápidas sentenciosas y en la respuesta demuestra su desafeeción a la colonialidad del poder.

Viejito, salú, 
podés espiantar
que mi juventud 
no es flor pa'tu ojal.
La gloria que vos
a mí me ofrecés,
guardala mejor
para otra mujer...
Mi pibe no es
bacán de bastón, 
pero -has de saber---
tiene corazón, 
y soy para él,
pues bien yo lo sé:
¡no hay gloria mayor
que la del amor!

Yo no quiero farras ni champán
ni vivir en un petit-hotel 
y a la voituré que vos me das
yo prefiero un coche de alquiler...
Y un consejo sano te daré
pa'ponerle al dialoguito fin:
que comprés un peine y te saqués
del altillo el berretín.

   Podemos escuchar la versión de la orquesta de Miguel Caló, cantando Chola Luna. Fue grabado el 23 de julio de 1956.
                              

       Y la grabación de Alfredo De Angelis con su cantor Carlos Dante. Lo llevaron al disco el 28 de marzo de 1950.   
                                         
             

  

viernes, 23 de diciembre de 2022

¡Feliz Navidad y Año Nuevo!

    A todos los amigos y seguidores de esta páginas van mis mejores deseos para que pasen una Feliz Navidad y tengas un magnífico Año Nuevo!

                   



                                     

De cuore:

Joé María Otero




jueves, 22 de diciembre de 2022

El nácaru (Cuento navideño)

                                    

      De las duras entrañas de la tierra fueron emergiendo los mineros. El paisaje frío y nevado contrastaba con sus rostros ennegrecidos, aunque alegres por las sidrinas empinadas en la cueva como preámbulo de la Nochebuena en la aldea asturiana.

   El cielo encapotado presagiaba agua. Subiendo hacia el pueblo, Pepe y Saturnino El Palurdo detuvieron su marcha ante un hermoso muñeco de nieve levantado en una hondonada, junto al hórreo de Secundino Somonte.

-¿Cómo estás guaje…? -le preguntó Saturnino acariciándole.

   Y para sorpresa de ambos, la figura de nieve respondió sonriente:

-Bien.

   Pepe, extasiado ante el rostro infantil y casi humano del muñeco, permaneció contemplándolo y pensando en su primer hijo que estaba por llegar al mundo. El inanimado personaje blanco desgranó entonces palabras ininteligibles para sus contertulios:

-Ergo sum refaim. Gratis pro Deo. Némine discrepanti. Nunc dimittis servum tuu Domine…

   Terminaba de decir esas palabras cuando la lluvia intempestiva diluyó rápidamente las formas del muñeco. Sólo pareció permanecer su extraña sonrisa.

-Corramos a ver a Don Crescenciano -intimó Pepe- ...y no olvides todo lo que dijo el muñeco...

   Curiosamente, El Palurdo era analfabeto, pero tenía la extraña virtud de retener todo en su memoria.

  Detrás de la iglesia, el párroco atendía a sus gallinas.

  -Don Crescenciano -apuntó Pepe, quitándose la gorra mojada-, tenemos una historia fantástica.

   Acto seguido, Saturnino hilaba la monserga latina del muñeco, que el párroco, meditabundo, iba traduciendo para sí en voz baja.

-Yo soy Refaim (repitió este vocablo dudando) … Gracias por Dios, o sea que se ha hecho algo por amor a Dios… Decisión adoptada por unanimidad, sin discrepancias… satisfacción de morir con los anhelos cumplidos

   Cogió el bastón, la boina y el echarpe, y seguido por sus dos feligreses, fue recordando su discusión de hacía 33 años con Isaac, el zizéteta, que vivía como un ermitaño en la cima del monte con sus animales. Isaac le había amenazado entonces:

-Tendrás que venir cuando llegue el momento.

   Don Crescenciano iba explicándoles que les llamaban zizétetas a los judíos que se dedicaban al estudio de profecías, cuyo sentido buscaban descubrir. Golpearon a la puerta, jadeantes por el esfuerzo, y una voz cansada, invitó:

Adelante…!

   El hombre estaba acostado, con sus barbas ralas apuntándoles. Después de disculparse por los 33 años de separación, el párroco susurró al oído del hebreo la historia del muñeco de nieve, recalcando lo de refaim.

-Antiguos aborígenes que habitaban la Palestina- respondió quedamente el viejo Isaac, para agregar tajante: ¡-Llegó el momento…!- Y se durmió.

   Una luna brillante como nunca iluminó el camino descendente. Y hasta cantaban los mirlos. A las doce de la noche, el campanario redoblaba por la Nochebuena y Pepe sentado en la mesa familiar, no podía creer lo que anunciaban por la radio:

-Las potencias del mundo han firmado la paz definitiva y harán desaparecer todas las armas nucleares del planeta.

   En ese mismo instante, el hijo de Pepe rasgaba las carnes de su madre y hacía su entrada en este mundo. No lo hizo berreando como todos los bebés, sino con una sonrisa dibujada en el rostro. Era idéntica a la del muñecón de nieve.

   Y la cigüeña que se había quedado demorada desde el verano en el ático de la iglesia por tener un ala quebrada, cobró fuerza ante los campanazos de Don Crescenciano y las sirenas de las radios, resolviendo reanudar su camino. Bajó hasta la hondonada donde había estado el muñeco, en cuyo lugar lucía ahora un pequeño lago con peces de colores; tomó agua, apuntó hacia el horizonte iluminado por la luna y desapareció.

(Nácaru: Niño, muñeco – bable-asturiano-)

José María Otero