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viernes, 12 de agosto de 2022

Carmencita Calderón

 

La mítica compañera de El Cachafaz


   En aquellos ambientes iniciáticos del tango, de caña fuerte, de humo de tabaco espeso y ordinario, de competencia bravía, camorrera, la mujer apenas despuntaba su presencia a través de prostitutas extranjeras —en su mayoría francesas— o chicas del interior conocidas popularmente como chinas.

   La danza porteña nació bastarda, machista y orillera y a las féminas les costó su tiempo franquear esas puertas prohibidas incluso para la sociedad pacata de la época. Pero el tango supo esperarlas y les dio el salvoconducto en su aduana a las musas milongueras que venían a iluminar las nuevas pistas bailables en salones y clubes que desplazaban a academias, bailongos y cabarutes.

El Cachafaz y Carmencita
                          

    Para ello debió abandonar la procacidad de sus movimientos, transformándolos en una sustancia íntima, sensual, recoleta, que abarcaba a una comunidad cuyos sentimientos eran intransferibles y donde machos y minas compartían una pasión común. Uno y otro creaban al compás de la música, el hombre llevando, marcando compases y pasos, la mujer interpretando el modo de devolver y disfrutar en su cuerpo lo que el bailarín le estaba proponiendo.
    
   Y en este rincón nos reconforta traer por las coordenadas del recuerdo a esa viejecita que se nos fue hace muy poco, llamada Carmen Micaela Riso de Cancellieri, aunque artísticamente al haber adopatado el apellido de su abuela materna española, se la conoció como Carmencita Calderón y que durante años fue pionera y arquetipo, en la sala y el escenario, en academias, en cine, en giras, acompañando a bailarines de luenga fama y desafiando los prejuicios de la época, porque no sólo el tango era machista.

   Me gustaba tirarle de la lengua para que hablara de aquellos tiempos en que se la admiró tanto:

-Hoy día hay muchos bailarines como el Cachafaz, y bailarinas completísimas...
-¡No diga eso, por favor! El Cacha fue el más grande de todos —respondía exaltada—. Nadie ha hecho los pasos de él, nadie fue tan elegante, nadie inventó tanto...

                                 

   Carmencita, como le llamábamos todos, fue una reina pero el marketing de la época no daba más que para una jubilación mínima. Aprendió a bailar a los 13 años en casa, con su hermano Eduardo y no soñó jamás con un futuro de bailarina profesional. Una noche de 1932 acompañó a las dos hermanas menores a bailar al Club Sin Rumbo en su barrio de Villa Urquiza. La madre había muerto joven y ella acudía en calidad de celadora, aunque tenía nada más que 27 años. Unos amigos que conocían sus habilidades la pincharon para que bailara con un habitué de mucho prestigio.

-Era un señor italiano, pelado, que había quedado viudo hacía poco. Ahí me acordé que yo había visto pasar el cortejo desde la ventana de casa, en la avenida Constituyentes. No me parecía nada del otro mundo, así que les hice caso y bailé con él -recordaba Carmencita.

   El bailarín en cuestión era nada menos que Tarila -José Giambuzzi- maestro de muchos destacados, que después de unos cuantos tangos, le hizo una proposición.
-¿No querría usted bailar conmigo en mi Academia y con El Cachafaz en la suya?

   Cachafaz fue la palabra mágica y, al día siguiente, estaba ella en el café de Corrientes y Talcahuano donde paraba El Cacha todas las tardes y donde le presentaría a su gran amigo, Carlo0s Gardel y a otros de su barra como Alippi, Muiño o Tito Lusiardo, pues la primera mesa de la confitería era su secretaría.

   El Cachafaz era feo, picado de viruela, tenía una pinta casi patibularia, que lograba desvanecer cuando patinaba sus charoles por el encerado y a su lado como abrojito prendida, Carmen completaría el rubro más emblemático. Debutaron con la orquesta de Pedro Maffia en el Teatro de San Fernando, hicieron numerosas giras, sobre todo con Canaro y su Historia del Tango, y la última presentación juntos fue en 1942 en Mar del Plata.

   Después de bailar "Don Juan", en los camarines, El Cacha —55 años—, caería fulminado de un síncope. Ese año 42, en un Palermo Palace atestado, con la orquesta de  Ángel D'Agostino—que también era bailarín— y la voz de Ángel Vargas, Carmencita fue aclamada por los milongueros, haciendo pareja con El Pibe Palermo -José María Baña-.

   Siempre supo que dejarse llevar por un hombre en la pista o el escenario no es subordinarse o ser sometida por el macho, sino aceptar su conducción para poder bailar. Y así, mientras el brazo como una serpiente se enrosca en el talle que se va a quebrar, ella, en trance, navegando en la latitud del pentagrama, ignorando a veces el alarde sombrío de algunos hombres, improvisaba con ellos figuras y dibujos complicados que despertaban admiración.

   Surgida de la escuela popular, de los salones y clubes barriales, su lenguaje corporal era único, henchido de sentimiento y de una bizarra simplicidad que no se aprende en academias. No fue mujer ni amante del mítico Cacha, que siempre la trató de usted, aunque le llevaba 16 años de edad. ¡Jamás ensayó coreografía alguna! Y recordaba a su madre como la maestra secreta:

-Siempre me decía: "Levantá la cabeza y no mirés al suelo" , y me corregía la postura. Murió con 39 años, pobre, y mi padre se murió sin saber que yo bailaba tangos, porque estaba muy mal visto.

    El tiempo la gastó como a cualquier criatura pero su magisterio de avanzada pergeñó a futuro que la milonguera sabe dejarse llevar validando la propuesta del varón que baila bien. Y que merced a su sensibilidad tanguera, a su entrega y dedicación, con su propio estilo y convicción, logrará junto a él una emoción intransferible.

   La vi bailar ya muy mayor, junto a Juancito Averna, y mantenía ese fuego interior, notable precisión en el ritmo , moviéndose al compás de la música y de los erráticos dibujos que le proponía su joven compañero, con una emoción antigua y renovada. Bailó con El Cacha en la película Carnaval de Antaño, de 1940, estuvo 10 años junto a él, acompañó a otros bailarines y es reconocida generosamente por sus sucesoras.

                                     
   Carmencita trasmitía ese tango que se silbaba y se tarareaba por las calles y que su madre cantaba mientras lavaba la ropa. El que se caminaba por las pistas porteñas sin ganchos ni voleos espectaculares, pero con un abrazo intransferible, único, deslizando la suela por el piso, sin verso ni franela, porque por sobre todo lo primero era bailar y sentir el fueye del Gordo, el piano del Tuerto o el compás de Juan D'Arienzo.

    Carmencita siguió sumando, falleció centenaria, y al recrearla en ajadas fotografías , homenajeamos en su persona a todas las milongueras que acuden en las pistas al llamado ancestral del tango.

José Gobello la definió así: "Vos sos la piba sin tiempo / milonguera de alto rango, / sos eterna como el tango que te lleva en su compás. / Carmencita Calderón las baldosas se estremecen / presintiendo tus quebradas, tus corridas, tus sentadas / cuando invitan a bailar". 

Amén.

(La escribí originalmente en la revista "Gilda" y se publicó en "Todo Tango")

  Podemos ver a El Cachafaz y Carmencita bailando en la película "Tango", del año 1933, dirigida por Luis Moglia Barth. Lo hacen al compás del Conjunto de la Guardia vieja, comandado por Ernesto Ponzio, en el cual se divisa a Juan Carlos Bazán con su clarinete.

                            

miércoles, 10 de agosto de 2022

Un regalo

    Quiero agradecer públicamente a través de mi página este regalo que me ha hecho la Junta Barrial de Estudios Históricos de Villa Crespo.  Ese barrio de donde emergieron tantos próceres de la música, los versos y el baile del Tango argentino
 






sábado, 6 de agosto de 2022

La milonga y yo

   Los milongueros nos sentimos muy identificados con Leopoldo Díaz Vélez, ese poeta que fue cantor, recitador y hombre del tango desde muy jovencito, influenciado por su padre, hincha de Gardel. Con él fue a verlo al gran cantor a un teatro de su barrio Norte, y el pequeño Leopoldo contaba con apenas 8 años de edad.

   Como cantor, militó en orquestas importantes, animando milongas y recibiendo ese espaldarazo que dan las parejas bailando y transmitiendo la emoción que les producen, e iluminan, la música y el canto. Esta experiencia le sirvió -y cómo- para reproducir en tangos y milongas todo ese ambiente que hemos vivido en carne propia durante años y seguimos frecuentándolo como un antídoto para circunstancias adversas o poco atractivas.

                                 

Leopoldo Díaz Vélez

   La milonga y yo fue concebida a pedido de Tita Merello, que la cantaría en la película Esto es alegría. dirigida por Enrique Carreras y estrenada en 1968. Tito Ribero le puso música. El propio Leopoldo Díaz la cantaba con la orquesta de Armando Pontier en los bailes de Carnaval del Centro Lucense, en 1980. 

   Y es un tema más de Díaz Vélez dedicado al sitio donde se milonguea a tope. Algunas de sus creaciones que versan sobre el tema y que muestran su sensación al respecto, creo que quedan perfectamente claras: Muchachos, comienza la ronda, En el salón, A bailar el tango, Salimos a bailar, Mil novecientos diez, Muchachos se armó la milonga.

                                


    El poeta-cantor realza a los fantasmas de una época milonguera iniciática y es el nexo alquímico entre la mitología del pasado con sus paradas canyengues, y la temperatura emocional del presente que está viviendo. En toda esa chatarrería sentimental muestra a los eternos aspirantes a una gloria incierta. Alegorías de la vida humana con una atávica y diluvial simbología. Y la estirpe milonguera reviviendo en imágenes.

Con la milonga la voy de igual a igual
porque también soy milonga...
Nací en un barrio sencillo y querendón
y me fajaron al son de un bandoneón.
Cuando hubo bronca entre guapos
no siempre el más taura
quedaba de capo.
Se caminaba con aire sobrador,
Se chamuyaba al revés por diversión,
y era el piropo una industria nacional
florida y sentimental.
Con la milonga la voy de igual a igual
Somos del mismo arrabal.

   Luego vienen los confetis sintácticos, saturados de noche como si estuviera en un purgatorio existencial infestado de jergas, ruidos, músicos, bailarines. Paisajes del alma escorados que se asientan en los mitos esenciales de nuestra tradición tanguera. Para eso también se vale de la evocación de esas imágenes que nos transmite y que atan un recuerdo fáustico. La realidad siempre tiene una razón que la impulsa en el pasado acribillado de recuerdos.

Vamos, subiendo la cuesta
que arriba la noche
se viste de fiesta;
vamos, que arrullan los fueyes
y al ritmo de un tango
recuerdos nos llueven..
Veo pasar a Don Juan y El Cachafaz
Y a El Entrerriano montando El Pangaré,
Con la La Morocha agentina
Y la casquivana Ivette...
Con la milonga la voy de igual a igual
Yo soy porteño de ley.

                                         


   El epítome deja atrás los retazos del antes y el después, y se sumerge en el relato de sus noches venturosas, la burbuja de la fantasía, esas pasiones inalterables. Perdura la nostalgia, porque aferrado al cordón umbilical, hace crisol de su ejecución incrementando la fascinación  y poniendo el énfasis en la ceremonia y la  pasión milonguera. Así la convierte en una pintura cromático-romántica. 

En un convoy de San Telmo florecí
entre perfume de rosas y jazmín,
y no hubo noche de plata
que no me prendiera 
a la serenata.
Por amistades no me pude quejar
-desde el más taura al shusheta más bacán-,
Y pa´ bailar fue lo mismo en el salón
que el patio del corralón...
Con la milonga la voy de igual a igual...
Somos del mismo arrabal.
 

    La interpretación de Tita Merello, merece ser recordada porque realza el valor de esta milonga.

                      



  

jueves, 28 de julio de 2022

Cimarrón de ausencia

    Considero que vale la pena refrescar la memoria con esta milonga que basa sus versos en nuestro impagable mate criollo. Y esa palabra tan allegada: cimarrón, proviene del antiguo taíno, y se refiere a una planta silvestre. Así se ha instalado en la Cuenca del Plata, por parte de argentinos y uruguayos, cuando nos referimos al mate amargo.

   Hay tangos/milongas que están dedicados  al entrañable cimarrón que reúne a amigos y familiares junto a la pava caliente y la charleta distendida. Entre otros: El mate amargo, la milonga Tomá mate, la frase genial de Homero Expósito en su tango: Trenzas de color de mate amargo. Gardel grabó la canción: El cimarrón del estribo. Incluso Canaro también llevó al disco en forma instrumental el tango Cimarrón, por citar algunos.

                             

Marsilio Robles, 1º izq. cuando acompañaba a Oscar Alonso

    Pero estos versos del guitararista, compositor y poeta Marsilio Robles, merecen una lectura y consideración especial. Porque su poesía relaciona al cimarrón o mate amargo con las peripecias de la vida diaria. Y arranca con una sentencia realmente genial que le da color desde el comienzo a todo lo que viene después: "Cimarrón sos más amargo /que el amor que viste ausencia / y sos polvo de querencia que llevó el camino largo..."-

   La originalidad del recurso poético que cobra fuerza de milonga, nos obliga a reflexionar sobre la escasa repercusión que ha tenido el tema, pese a las magníficas grabaciones de Troilo-Marino-Ruiz, y la de Caló-Arrieta. Incluso Floreal lo grabó acompañado por la orquesta de Osvaldo Requena. Los versos siguen iluminando el camino que se harán historia con la música del pianista Juan Larenza, el mismo que compuso también con Marsilio Robles, el tango Así es Ninón.

Cimarrón, sos más amargo
que el amor que viste ausencia...
que el amor que viste ausencia,
y sos polvo de querencia
que llevó el camino largo.
En el pesado letargo
de mis soledades muertas,
tu savia es aroma incierta
de tristes evocaciones,
y es sangre que a borbotones
pierdo de una herida abierta.

                             
Juan Larenza, segundo por derecha, junto a Lito bayardo

 
     Siempre me llamó la atención cómo pueden armarse unos versos tan llegadores, que dan motivo para releerlos, reescucharlos, cantarlos y ver como la existencia diaria de una persona encuentra en el mate amargo o cimarrón, el vehículo imaginario para transmitirla a través de él. Con sus pensamientos, sus dolores existenciales, sus fracasos sentimentales. Y el diálogo mental, imaginario, las formas que usa para definir al mate 

Sos atrancao por momentos
como lágrima enredada...
como lágrima enredada,
flor agreste, tierra arada
tu sabor es pampa y viento.
Pero sos también lamento
en el sorbo'e la agonía,
y en esta tristeza mía
te derramás en la tea,
cuando a mi pulso flaquea
un rumor de lejanía.

   El final poético encandila aún más su imaginación. La delicada melancolía, de forma ascética, supera el  espesor de las apariencias. Un tendal de rimas sirven como paraguas mental en la ebullición continua del cimarrón que se hace fuerte pese a sus aparentes limitaciones. Las  mismas están punteadas por agudas observaciones que se mezclan con las tribulaciones del personaje. Y en ese tono murmurado, el cimarrón es también el trastero de los recuerdos...y la simbología de ellos.

Sos vertiente de agua mansa
que va regando el potrero...
que va regando el potrero,
tu calor es sol de enero
y tu verde es esperanza.
Sos puñal, rebenque y lanza
blandiendo en puños de gloria,
gota amarga en la memoria
del que perdió su querencia,
y estás ensillao de ausencia
como el flete de mi historia. 

   Podemos escuchar la versión de Miguel Caló con  Roberto Arrieta , grabada el  8 de julio de 1945. 

  Y la de Aníbal Troilo con Alberto Marino y Floreal Ruiz llevada al disco el 5 de junio de 1945.

                                           



miércoles, 27 de julio de 2022

Pichuco

 

                                             

Julian Centeya y Anibal Troilo

Está boqueando lunas acusadas tu fueye
en el deschave de la cosa, abierto, 
y me instalás en un hondo misterio
con el último faso y un nombre de perfil
que llueve
todavía
la inútil ternura sobre la rosa ladrillo del tiempo.
El suncho de tu tango gris
se clava en la carne de la noche y estrola.
En él con puerta, la baraja de la lágrima sola
busca un bolsillo que sea como un país.
Vengo a escucharte pero antes
archivé las espaldas. Quiero estar de frente
como un domingo claro
subdividido a patios
tajeado a medianeras 
sembrao a yecas
potentes
de nuestro Buenosaires tango.
Muerde una verdad tu fueye,
como la de no tener zapatos,
como el haber vuelto inútilmente
a la calle cortada de una frente
que un dia se nos subió a las manos.
Un día en que las cosas suceden de repente.
Tu fueye enchabona
y reintegra paisajes de barro 
y devuelve cosas.
Siempre me devolvés cosas.
Las que no te dí y son tuyas
las que no te sirven y valen por eso, 
la palabra amistosa,
la penumbra del cine Medrano,
el recuerdo
de un patio de la calle Cabrera,
el humo de afiche de nuestro cigarro
y el ir a menos, sobraos, parejos,
en este vivir que la madre ha prestado.
Te escucho y es mío el pan caliente,
la astilla que duele,
el rencor oblicuo,
aquel enero viudo,
el vidrio del ojo de la vaca,
los cuernos potentes del señalero,
la multitud - nadie,
el ultimo regreso, el cero de mi cuaderno,
la culpa del otro,
la vidriera de enfrente,
el piojo de Cesar Vallejo,
el amor confesao de Homero
al farol balanceao de la barrera
tajeando la calle en Pompeya
su barrio orillero.
En tu fueye está el ladrido esdrújulo de mi perro Chango
cuya ternura me lengueteó su sed de ñorica
y Malambo
que se murió en mis brazos.
Yo le hablaba a mis perros de vos, Gordo,
y un fabuloso entendimiento
nos juntaba.
Y yo crecí hasta perro.
Tu fueye.
Nada se parece tanto a vos como tu fueye.
Tu fueye.
Algo más: tu palabra,
tu cuore malandra,
tu sangre, tus ganas de nada,
tus curdas
y la cheno blanca
y la copa volteada.
Pichuco
en tu jaula canta llorando el pájaro de la tarde
ciego
y yo desde el hueso
bato
que sos El Bandoneón Mayor de Buenosaires.

Julián Centeya

martes, 26 de julio de 2022

Bien Milonga

Con la cadencia de un tango
se van armando mis pasos
El torso erguido y el brazo
envolviendo su figura..

Le marco un giro a su talle
y ella elegante responde
con una vuelta adelante
que me apresuro a esquivar.



   La cadencia de un tango, la marca de los pasos, los giros, las figuras, forman parte del arte milonguero que practicamos cada vez que nos insertamos en una milonga, desde hace muuuuuuchos años. Y esta noche, en que BIEN MILONGA  cierra su etapa en la Casa de Aragon, lo demostraremos nuevamente.

                                   
  Como siempre nos mandamos por esas pistas del mundo donde el tango pisa fuerte y engancha en tantas latitudes, para ir templando gaitas con vistas a esta noche milonguera.

   Arranco por el Festival Una emocion, en Sibiu (Rumania), donde Eleonora Kalganova y Murat Erdemsel bailando el tango La capilla blanca, por la orquesta de Carlos Di Sarli, cantando Mario Pomar.
                           

  Acto seguido me desplazo al European Tango Cup, en el Palacongressi de Bellaria (Italia), donde Facundo Piñero y Vanesa Villalba giran al compas del valsecito El aeroplano, por la orquesta de Juan D'Arienzo.

                                           
   Y cierro el yiro en el Limouzi Tango Festival, que se desarrolla en Limousin (Francia). Vemos a Christine Lambert y Antonio Llamas bailando con pasos de milonga el foxtrot Cebando Mate, por la orquesta de Enrique Rodriguez cantando Cruz Montenegro.

                                             

   Y ahora si, culminamos esta etapa de BIEN MILONGA en la Casa de Aragon. ¡A bailar!!!!



               

martes, 19 de julio de 2022

Bien Milonga

                                                 Pero al fin bajarás la voz

                                            y atarás tu ansiedad de distancias.

                                            y sabrás por qué, late un corazón

                                            al decir... ¡qué feliz!...

                                            Y un compás, y un compás de amor

                                            unirá para siempre el adiós.

  Es el compás del tango, el de una milonga o el del valsecito, el que nos une en la pista y nos despierta las mejores sensaciones. El que nos atrapa para siempre por todo lo que transmite, nos convoca y nos hace ser feliz durante esas horas entrañables de la velada.

   Como va a suceder por ejemplo, en BIEN MILONGA esta noche de Martes 19 de Julio, desde las 21 a las 0 horas en la coqueta pista de la CASA de ARAGON, donde los esperamos como todos los Martes del año.

                  

   Para ir calentando motores, como de costumbre, nos paseamos por distintas pistas tangueras del mundo, donde vemos a diferentes parejas en sus exhibiciones bailables. 

   Anclamos, por ejemplo, en La milonga porteña, de Napoli, Italia, donde Carlos Espinosa y Agustina Piaggio bailan el tango Milonguero viejo, por la orquesta de Carlos Di Sarli.

    Nos desplazamos hasta el Festival de Tango de Lisboa (Portugal) para ver a Agostina Tarchini y Sebastián Jiménez bailando el valsecito Vibraciones del alma , por la orquesta de Francisco Canaro.                                               

   Cerramos el viaje en el Moscow International House of Music y en este caso es una pareja local - Artem Lucyn e Irina Samoilova-, la que se manda  al ruedo con la milonga Reliquias porteñas, que interpreta la  Solo Tango Orquesta.


   Es la mejor manera de darnos manivela para lucirnos esta noche en BIEN MILONGA.