Tangos al bardo
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martes, 20 de octubre de 2026
Tango negro
domingo, 18 de octubre de 2026
Edmundo Rivero
"Con Pichuco no hubo adiós"
-El contrato con Aníbal Troilo duró tres años, el mismo plazo que fijara mi compromiso con Horacio Salgán. Pero con ninguno de ellos hubiese hecho falta un papel firmado. De Salgán ya he escrito porqué, y en cuanto a Pichuco, ya lo dijeron muchos otros, todos quienes lo conocieron. El mejor resumen, el único que yo podría hacer, es que Troilo es un ser superior.
Así lo vi comportarse conmigo y con todos, cada minuto, como si estuviese más allá de cualquier mezquindad y cualquier tontería humana. Así se mostró también conmigo, cuando me llegó el momento de dejar su orquesta.
Rivero y Troilo
Ya mucho tiempo antes había yo empezado a recibir ofertas tentadoras, pero jamás las consideré, y menos todavía se las comenté al Gordo. Al vencer el plazo de nuestro compromiso tenía en mis manos tres grandes posibilidades para pasar a actuar como solista: una era de "Federal", el máximo anunciante de la radio; otra de de la grabadora RCA Victor y la tercera, del Marabú, que había pasado a ser el cabaret de moda.
La suma de las tres era una oportunidad muy difícil de repetir, por lejos superior a cualquier cifra fija que pudiese garantizarme cualquier conjunto.
Troilo y yo lo sabíamos, pero igual jugamos a cartas vistas. No hubiese querido abandonar su orquesta, y en cuanto a él, hasta me hizo el homenaje de mostrarme su pesar con alguna lágrima de hombre. Sin embargo, fue él quien me alentó a no dejar pasar la ocasión, como un padre que, aunque dolorido, aconseja a un hijo echar a volar.
Fue bastante más que una cuestión de dinero. Pichuco no medía nada en esos términos. Era un tipo que nunca sabía lo que ganaba ni lo que gastaba; un ser diferente también en ese terreno. Yo, por mi parte, no sólo veía en el cambio una simple ventaja económica. Al fin y al cabo, nunca había alcanzado mayor éxito popular, ni más alta consideración profesional que durante ese período con él. Pero había otras cosas...
La ciudad era cada vez más esquiva a los cantores acompañados por guitarras, por buenos que ellos fuesen. Yo no iba a despreciar nunca el acompañamiento de orquestas, y menos todavía el de un conjunto y un bandoneón casi incomparables, pero el violero no se quería entregar. El purrete con herencia de guitarrero, el jovencito que no sabía si abrir más los ojos o las orejas para asombrarse con los payadores, el Rivero que rebotaba con guitarra y todo contra radios, grabadoras y directores artísticos, quería seguir en la suya.
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| Rivero cantando con Troilo |
Volver a empuñar la viola fue otra cosa que una revancha, ya con la espalda cubierta y grandes públicos asegurados. Fue hacer lo que más me había gustado en la vida, de la manera que siempre lo hicieron los míos. Para mucha gente fue en aquel tiempo, algo difícil de comprender, y para otros un mal negocio a la larga. Pero para mí fue sólo volver al camino.
Antonio Carrizo dijo hace poco que, antes del pase de Maradona nunca otro había sido más comentado que el mío aquella vez. Hay bastante de afectuosa exageración, pero de veras se habló mucho y se entendió poco, quedaron fuera del asunto cosas que Pichuco y yo no tuvimos necesidad de explicarnos.
A partir de allí, mi amistad con el inolvidable Gordo fue cada vez más íntima. No sólo quedaron en mis oídos las palabras de su despedida, sino muchas otras posteriores, toda vez que el trabajo o el afecto nos volvió a reunir. Íbamos por muy distintos rumbos cada noche y ni siquiera eso nos separó.
Cada vez que el Gordo cayó enfermo, estuve cerca de él y me alegré con cada una de su recuperaciones. Pero nunca traté de ser su compinche, porque nos habíamos elegido para ser algo más que eso: amigos de verdad.
(Publicado en la revista "LA MAGA". Año 1995.)
(Escuchamos esa maravilla de tango que compusieron Homero Manzi y Aníbal Troilo. "SUR". Lo grabó y consagró Pichuco con su orquesta y Edmundo Rivero, el 23 de febrero de 1948.)
martes, 13 de octubre de 2026
PATOTERO SENTIMENTAL
(Una obra para el Apolo.)
En los labios y la emoción de Ignacio Corsini nació el tango "Patotero sentimental". Manuel Romero -el autor de la letra-, hombre de la noche, del bailongo, de la timba, de la ágil pluma del cronista y la visión certera del teatro liviano, como asimismo su tocayo y colaborador Jovés, el inspirado músico catalán adaptado a nuestro ambiente y fogueado en cuplés y pasacalles revisteriles, sabían de sobra que no había patoteros "sentimentales".
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| Manuel Romero |
Todos eran crueles; y lo son, porque desgraciadamente seguirá habiendo patotas mientras haya cobardes asociados para arrogarse valentía. Manuel Romero, por su profesión periodística, tenía presente en el recuerdo el suceso dramático de la noche del 12 de febrero de 1911 en la Avenida de Mayo.
El pobre bohemio melenudo Abel Gutiérrez Conti -familiar atorrante inofensivo, del centro porteño-, harto de las cotidianas befas de la patota se armó de un revólver y, tras soportar esa noche una persecución despiadada de cinco cuadras por la avenida, mató de dos balazos al temerario estudiante Debenedetti, frente al número 744.
No, no había, ni hay, patoteros "sentimentales". Pero Romero inventó uno para el tango. Y el tango estaba dentro de una obra titulada "El bailarín del cabaret", que escribió para el actor cómico César Ratti, cabeza de compañía del teatro Apolo, que era además una luz bailando con corte. En la obra había, por supuesto, un cabaret. Y en la compañía actuaba el actor-cantor Ignacio Corsini. El resultado no fue una obra para César, sino un tango para Ignacio.
La creación del galán rubio
La obra se estrenó la noche del viernes 12 de mayo de 1922. En plena escena del cabaret, se alzó el rubio galán junto a la mesa que compartía con su cuadrilla en ruidosa jarana. Sobre un silencio de concentrada reflexión, cantó...
escondés bajo tu risa
muchas ganas de llorar...
El cantor transmitía a la letra, progresivamente, un acento dramático que daba veracidad al remordimiento...
en mi pecho comienza a surgir
el el recuerdo de aquella fiel mujer
que me quiso de verdad
y que ingrato abandoné...
Letra y música se aunaban en un fascinante giro pegadizo. Corsini ponía tanta convicción en su canto y su rol, que sin mucho esfuerzo el público se avino a convertir la imagen bárbara del patotero en la menos dura de un "seductor" desaprensivo. Después de la formidable ovación que coronó al tango, y en el primer bis, el patotero de Corsini era ya un convovedor amante atormentado, ganándose la ovación de la sala entera
Y la sala hizo repetir el tango por tercera vez, entre aclamaciones.
cuando ciego, la eché a rodar...!
Del otro lado del tiempo
Un día me dijo Corsini, entristecido: "¿Qué me quedó de aquellas noches triunfales? Cartitas perfumadas, promesas de bocas y ojos lindos, y un baúl de aplausos... En total, nada".
Yo podría contestarle desde aquí: ¿Y no es nada dejar algo para recordar, amigo Ignacio?...
(Francisco García Jiménez en su libro "Así nacieron los tangos")
(Podemos escuchar la grabación de "Patotero sentimental" por Ignacio Corsini, acompañado por la orquesta de Roberto Firpo, del 29 de marzo de 1922.)
(Y también la hermosa versión de Carlos Di Sarli con su orquesta y Roberto Rufino cantando los versos de Romero. Lo grabaron el 6 de junio de 1941.)
miércoles, 7 de octubre de 2026
UNO Y UNO
Este tango fue compuesto en 1929, por Lorenzo Traverso y Julio Pollero. Éste último se llamaba en realidad Julio Fava, tocaba el violín y el piano en actuaciones orquestales y había entablado una linda amistad con Carlos Gardel. Nacido en Colonia (Uruguay), debutó tempranamente como pianista en la orquesta de Francisco Canaro y luego tuvo la propia, en yunta con el violinista Agesilao Ferrazzano.
Traverso era empresario y dueño del teatro Soleil Este teatro estaba ubicado en la zona del Abasto, en Buenos Aires, y fue un importante punto de encuentro cultural e histórico. En su escenario actuaron e iniciaron grandes figuras, incluyendo al mismísimo Carlos Gardel, con quien Traverso entabló una sólida amistad que perduró en el tiempo.
Tania estrenó "Uno y uno" con éxito y Gardel que la escuchó, decidió incoporarlo a su repertorio de inmeditato. Lo grabó con sus guitarristas Aguilar y Barbieri el 8 de agosto de 1929, dándole el pase a la popularidad permanente. Ingresó en el repertorio de cantantes y orquestas y todavía podemos escuchar las versiones de Canaro-Charlo, o Francini-Pontier-Berón que siguen sonando lindo.
Los versos "le cantan la justa" al personaje que la iba de ganador con las mujeres y también en el juego. Que siempre lucía pinta y se hacía admirar por las muchachadas del conventillo. Pero la suerte se le dio vuelta y entonces aparecen todos sus defectos, enchufados por el que le canta la tosca por su venida para abajo en todos los aspectos.
pretencioso cuando curda,
engrupido y charlatán.
Se te dio vuelta la taba,
hoy andás hecho un andrajo;
has descendido tan bajo
que ni bolilla te dan.
decía siempre: "Mucha efe
me tengo pa' tayador"?
¿Dónde están aquellos briyos
y de vento aquel pacoy,
que disqueabas, poligriyo,
con las minas del convoy?
¿Y esos jetras tan costosos,
funyi y tarros de un color,
que de puro espamentoso
los tenías al por mayor?
¿Y esas grelas que engrupido
te tenían con su amor?
¿No manyás que vos has sido
un mishé de lo mejor?
de cincuenta ganadores;
ya no hay tarros de colores
ni hay almuerzo en el Julién.
Ya no hay paddock en las carreras,
y hoy, si no te ve ninguno,
te acoplás con uno y uno...
¡Qué distinto era tu tren!
miércoles, 30 de septiembre de 2026
SOL TROPICAL
Carlos Gardel nos dejó un sinfín de recuerdos que nos lo traen de vuelta permanentemente. Nació en Toulouse (Francia), se crió en Buenos Aires, se nacionalizó argentino y falleció en Medellín (Colombia). Fue prácticamente el creador del tango cantado y lo paseó por infinidad de países, incluso en las películas que filmó. Por algo se dice que "Cada día canta mejor...".
Ídolo por antonomasia, supo darle a cada verso el valor decisivo. privilegió la letra sobre la música, aunque afinaba de manera genial. Supo distinguir como nadie el valor decisivo a cada verso, mejorando la calidad de los poemas, con el agregado de tener una voz única, maravillosa. La intensidad epidémica de su voz supo distinguir el verso lunfardo, el sarcástico, el emotivo, la pintura ambiental, la dramática.
Por algo fue el ídolo de los cantores que lo fueron sucediendo en el tiempo y de músicos como Canaro, Troilo, Pugliese, Di Sarli o Gobbi, poor citar a algunos. Gardel se crió en la calle, en noches oscuras, en reuniones de timba y canto, en festejos de comité, con todas las carencias de su origen humilde, impecune, y el malandarinaje de aquellos ambientes.
Pero la calle fue su gran berretín y su escuela tanguera, además de haber sido un buen estudiante y trajinador de oficios diversos, todo le sirvió para ayudar en casa a su madre. Al fin descubriría que el tango lo llevaba puesto desde que en enero de 1917 estrenara "Mi noche triste", de Pascual Contursi y Samuel Castriota.
Después de su primera actuación en yunta con José Razzano, se larga sólo y su ascenso es impresionante, e interminable, hasta el trágico final en Medellín. Había estudiado canto con Eduardo Bonessi y su registro de barítono brillante que jamás desafina, aprende secretos vitales: impostación, técnica, respiración, inflexiones, el actuar cantando...
Pero, más allá del tango que paseó por el mundo, Gardel supo interpretar muy bien otros géneros. Y hoy lo traigo en esta rumba-canción de Alfredo Le Pera y Terig Tucci. Éste último era un músico argentino radicado en Estados Unidos desde 1925 y donde realizó su carrera. Gardel filmó varias películas en Estados Unidos y en enero de 1935, entre las varias canciones que interpreta en "El Día que me quieras", está "Sol tropical"
Se trata de una rumba que en su momento pegó fuerte. Gardel le daba lustre a varios género, no sólo al tango, y la creación de Le Pera y Tucci es una demostración de ello. La grabó el 20 de marzo de 1935
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Amor y celos
Este valsecito clásico, fue compuesto por Alfredo Faustino Roldán y el bandoneonista Miguel Padula, a comienzos de los años treinta y fue un impacto musical en toda regla. A tal punto, que instalado en el repertorio de distintas orquestas típicas, fue evolucionando en el tiempo y manteniéndose en la efervescencia de las pistas atiborradas por milongueros de distintos países.
Con respecto a los versos del vals, tuvo dos creaciones, una de Alfredo Faustino Roldán y la otra del propio Padula. Pero la que primó siempre, fue la composición musical que realmente atrapa, convirtiéndose en uno de los valsecitos triunfadores para los que no pasan los años y se mantiene siempre firme en el gusto popular.
Lo recordamos también en la grabación de la Típica Victor, cantando Carlos Lafuente. Lo grabaron el 26 de julio de 1933.
martes, 22 de septiembre de 2026
MAFFIA-LAURENZ (4)
Pedro Laurenz nació en la Boca el 10 de octubre de 1902, correteó por Villa crespo y maduró la adolescencia en Montevideo con sus hermanos, hijos del primer matrimonio de su madre. Estudió violín, pero siguiendo la estela de sus hermanos, se enganchó al fueye como autodidacto. Entendió la hermosa sonoridad del bandoneón y con su garra y sentimiento le arrancó notas y fraseos desconocidos.
A Buenos Aires había vuelto en 1922, enrolado en la orquesta del pianista Luis Casanova, con quien debutaría un precoz Alfredo Gobbi. Con Laurenz en el palco, la temperatura emocional cobró picos restallantes. Su fueye cadenero se doctoró definitivamente al desertar Maffia del Sexteto de De Caro y tomar el cieguito Blasco el relevo, machimbrando otro dúo histórico.
Laurenz lo recibió con los brazos abiertos, lo apoyó, le trnsmitió sus conocimientos y se entendieron a tal punto, que, al decidir formar su orquesta lo llevó de ladero. Ya había compuesto temas conmovedores como Amurado, Orgullo criollo o Mala junta (con De Caro),- donde firma unas variaciones finales que hicieron época-, cuando arma conjunto propio en 1934.
Su estilo extravertido, avasallante, lo transmitirá Laurenz a la orquesta, y entre aquel abanico de carteles, las viajas grabaciones del 37 al 40 descubren la polenta increíble, la colorida sonoridad del conjunto que se cotizaría altísimo en las salas milongueras. Fue tan decisivo en el tango, que seria él quien modificaría el tipo de afinación del fueye, cuando actuaba con De Caro.
De las modestas pensiones montevideanas donde debutó, saltaría con sus trémolos al Carnegie Hall, nada menos, y visitaría tres veces Japón, donde es figura de culto, con el Quinteto real ,que formaron en el 60 con Salgán, Francini, De Lío y Ferro. Para cerrar su trayectoria de más de 50 años decisivos, en los cuales jamás abandonó el estudio, como compositor dejó una huella indeleble:
Mal de amores, Berretín, Esquinero, Es mejor perdonar, Marinera, El fueye de arolas, De antaño, Risa loca, Gaucha, 24 de agosto, La revancha, A fuego lento, Motivo de vals... Con el Katunga Contursi llenaron el estuche tanguero de románticas alhajas: La genial Milonga de mis amores, Vieja amiga, Mejor es perdonar y ese tema que siempre sigue en boga: Como dos extraños.
Por su orquesta desfiflaron músicos como Pugliese, Gobbi, Mise, Colángelo, Suárez Paz o Gaviolo, entre otros. De los cantores que lo acompañaron, sin duda Alberto Podestá fue el mejor. Laurenz murió en Buenos Aires el 7 de julio de 1979 y el gran homenaje se lo darían su propios compañeros.
El sábado 7 de julio de 1979, al cumplirse 7 años de su muerte, fue recordada su personalidad y el árbol de sus tangos, en plena calle Corrientes, ente Carlos Pellegrini y Suipacha. Frente al faro liminar del Obelisco, donde vivió durante sus últimos 40 años y tantas noches me lo crucé, cuando salía de su casa con el bandonéon en ristre.
La ceremonia fue presentada por Pinky y ante casi 4000 personas, sus tangos revivieron en la interpretación simultánea de 34 bandoneonistas de cuatro generaciones distintas. Entre otros estuvieron Leopoldo Federico, De Franco, Garralda, Pansera, Pichuquito Rizzo, Rafael Rossi, Dames, Clausi, Juan Cambareri, Baffa, Condercuri, Ahumada, D'Amario, Moles, Mancione, Pontier, Paracino, Cordisco y el japonés Hoshinori Yonelama ("Carlitos").
Fue el reconocimiento de la tanguidad a uno de los músicos más importantes de su historia. Que volverá en la victrola, encaramado en el pescante de su fueye cadenero, para transportarnos desde los infinitos adoquines porteños hacia viejas esquinas de fábula.
(De mi libro "ABC Del TANGO"- Editorial Corregidor.)


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