Enrique Lary y Erma Suárez (la esposa de Héctor Varela), compusieron este tango allá por 1951, pero fue tres años más tarde, en 1954, cuando explotó el tema, interpretado por orquestas y cantantes. Y fue algo importante porque era una época luminosa para el tango que brillaba en emisoras radiales, televisión, actuaciones de orquestas en clubes, giras, y cantores con gran arraigo.
Enrique Lary Storch escribió varias letras de tango, algunas con más suerte que otras, pero en los versos de Canzoneta pinta una zona porteña donde depositaron sus sueños tantos inmigrantes itálicos que soñaban con el regreso a sus tierras. Pero el paso del tiempo demuestra lo ilusorio de tantas reflexiones, y a través de las nieblas del destino, con el desgaste anímico, buscan cauterizar el deseo, sin mengua.
La Boca... Callejón... Vuelta de Rocha...
Bodegón... Genaro y su acordeón...
Canzoneta, gris de ausencia,
cruel malón de penas viejas
escondidas en las sombras del figón.
Dolor de vida... ¡Oh mamma mia!...
Tengo blanca la cabeza,
y yo siempre en esta mesa
aferrado a la tristeza del alcohol.
Por aquellos boliches de la Boca y tantos barrios porteños, desfilaban guitarreros, cantores, y también acordeonistas, como es el caso que invoca Lary, y que seguramente lo vivió en carne propia como nos pasó a tantos frecuentadores del café de nuestras zonas. Y al inmigrante que nunca podrá regresar a su lugar natal, el caleidoscopio de lo narrativo, en este tango, lo sumerge en la íntima reflexión.
Cuando escucho "Oh sole mio"
"Senza mamma e senza amore",
siento un frío acá en el cuore,
que me llena de ansiedad...
Será el alma de mi mamma,
que dejé cuando era niño.
¡Llora, llora, Oh sole mio;
yo también quiero llorar!
Las resonancia de otras lenguas con sus efectos jergales, escarbando en el territorio de los afectos, impacta en el estado informe de pequeñas emociones. La variedad de registros, la prosa omnímoda, mantiene al alza el estado informe de la inolvidable lejanía. La realidad de los versos siempre tiene una razón que la impulsa en el pasado. Los recuerdos idealizados por la nostalgia se convierten en una gran caja de resonancia y duele el impacto oral.
La Boca... Callejón... Vuelta de Rocha...
Ya se van Genaro y su acordeón...
¡De mi ropa, qué me importa
si me mancho con las copas
que derramo en mi frenético temblor!
Soñé a Tarento en mil regresos,
pero sigo aquí, en la Boca,
donde lloro mis congojas
con el alma triste, rota, sin perdón.
(FIGÓN: Casa de poca categoría donde se guisar y venden cosas de comer. Sinónimo: Tasca, Merendero, Bodegón, Cantina, Fonda, Mesón.)
(Escuchamos la versión de Alberto Marino con guitarras. Grabado el 27 de julio de 1954.)
Y la de Juan D'Arienzo con su orquesta y el cantor Armando Laborde. Lo grabaron el 13 de agosto de 1954.
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