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jueves, 7 de mayo de 2026

SUR

 "-Desde la barranca de Boedo hacia el sur, se presentían Pompeya y Puente Alsina, con sus portones, sus chimeneas y sus inundaciones; y hacia el norte, el último pedazo de Almagro, escenario de José Betinotti, el pequeño muchacho que inventó, vaya a saberse cómo, la primera canción de Buenos Aires. Y al otro lado, Cochabamba arriba, las calles anchas y los árboles verdes y hasta retazos de alfalfares y quintas misteriosas.

Y por San Juan ganando al río, el San Cristóbal bravo lleno de mostradores y de escudos de comité y de canchas de taba y de pedanas a cuchillo. "Y a los cuatro rumbos casas sin salas y corredores profundos y huecos sembrados de vidrios y de latas y de hombres traídos por los mares y mujeres con pañuelos atados a la cabeza y muchachos argentinos que estaban fundando, sin saberlo, al hijo nuevo de la patria vieja. 

Y tal vez, este mismo cielo, esta misma mañana y la estrellas de siempre y el mismo calor de barrio y un amor parecido entre sus gentes sencillas. Boedo era algo así como un peso pesado que diera Puente Alsina para llegar al centro, como también el tránsito obligado de las gentes del centro cuando querían acercar su alma hasta el Riachuelo..." .

Así me hablaba un día de 1947 Homero Manzi, talentoso amigo y camarada. En esos momentos hilvanaba su mente las estrofas de un tango que se llamaría Sur, y en esas palabras le subía la génesis desde el corazón. No era un hijo de Buenos Aires el que con tanto fervor me hablaba de un barrio porteño. Homero Manzi (apócope de su apellido Manzione), había nacido en 1907 en Añatuya,  (Santiago del Estero).

                                 

 

Pero a la vida del espíritu en vuelo, de la emoción íntima, del numen poético, nació varios años después en Buenos Aires. Muchacho sensitivo avecindado al barrio de Nueva Pompeya y educado en las aulas del siempre bien recordado colegio de los Luppi. Seguidor adolescente de Don José González Castillo, prohombre de la barriada, Manzi afirmó la vocación literaria en su cenáculo.

Y un día, ya profesor normal, abandonó por ello la cátedra, como abandonaría después la carrera de Derecho cuando lo expulsaron de la Facultad por pertenecer a los rebeldes "estudiantes de alpargatas", que en 1930 desfilaban por la calle Florida para establecer distingos con otro tipo de calzado que gobernaba "de facto" el país.

Las letras de canciones populares y lis libretos de películas con verdadera calidad, le dieron renombre exitoso. Y por otro capricho de los suyos, cuando era positivamente "alguien" en el ambiente artístico  e intelectual, se dejó crecer la barba (modalidad desacreditada por por los que la usan para conseguir que hablen de ellos). Además, su gremialismo renovador lo llevó a los más altos cargos directivos de la Sociedad de Autores y Compositores, hasta presidirla.

                                            Tangos al bardo: SUR

A fines de 1947, Homero Manzi y Aníbal Troilo (dos "gordos" de físico, con lirismo etéreo) daban los retoques finales a su tango "Sur". Letrista y músico se comprendían en la recíproca palpitación del cariño y el arte. Su anterior composición -Barrio de tango- lo demostraba. Ya entonces Manzi sospechaba que estaba herido de muerte.

En una tarde del mes de julio de ese año, cuando sepultábamos en la Chacarita al Negro Cele, el de Mano a mano, que nos tocó despedir a Manzi y a mí con sendas oraciones, en nombre de amigos y colegas de la canción popular, él me confió en un aparte que había dicho su discurso sobreponiéndose angustiosamente a un terrible dolor interno que venía a unirse con otros anteriores síntomas horribles.

Era el anuncio de un mal que no perdona. Nuestras sospechas tuvieron desgraciado aserto. Simulábamos ante él un franco optimismo en su recuperación, pero, ¿cómo podía engañarse él con su carne dolorida, sumida al tremendo arsenal médico que lo rodeaba? En ese estado de ánimo escribió "Sur". Añorando la lozana mocedad en su barriada de adopción. Partiendo de:                                                                     

                                             San Juan y Boedo antiguo, y todo el cielo                                                                                     Pompeya, y más allá la inundación..

Caminando en un sueño de retorno, hacia el arrabal que amó..                                                                                                Sur, paredón y después... Sur, una luz de almacén...

Despidiéndose del tiempo florido del idilio:                                                                                                                                Ya nunca alumbraré con las estrellas                                                                                            nuestra marcha sin querellas por las noches de Pompeya...

Más aún. despidiéndose de la vida definitivamente...                                                                                  Las calles y la lunas suburbanas y mi amor y tu ventana, todo ha muerto; ya lo sé.

En los días del Carnaval de 1948 visité a Manzi en el sanatorio donde acababa de ser operado. Le hablé del estreno afortunado de su tango. Él, hundido en el lecho, me sonreía agradecido entre las hebras de su barba, y sus ojos me decían que le gustaba más volver a la vida empujado por esas coplas de Sur que por el filoso expediente del cirujano.

Salió mucho después de aquel sanatorio, cargando la sentencia  ineluctable. Vivió tres años más, dos de ellos cayendo y levantándose, hasta el último resto de su dinamismo heroico; postrado el último. No había cumplido cuarenta y cuatro de edad cuando la muerte le quebró la ambición de hacer montones de cosas que estaban bullentes en su pensamiento...     

Para revancha de sus manes, diré que no fue una muerte sin remedio, porque él se ha salvado del olvido".

FRANCISCO GARCÍA JIMÉNEZ  ("Así nacieron los tangos")  

-Escuchamos la interpretación maravillosa de este tango magistral, único, lleno de simbolismo para los que que transitamos por el sur de Buenos Aires, caminando Parque Patricios, Barracas, Pompeya...  Aníbal Troilo y Edmundo Rivero, en la primera grabación de Pichuco (luego lo repetiría con Goyeneche), realizado el 23 de febrero de 1948.-    
 

                                 


 

             

                                                                           

martes, 5 de mayo de 2026

Pasional

Este tango hizo furor en los años cincuenta, con la interpretación de Alberto Morán en la orquesta de Osvaldo Pugliese. Las mujeres, sobre todo, dejaban de bailar y corrían hacia el escenario, donde El Flaco se desgarraba cantando estos versos de Mario Soto que musicalizaría Jorge Caldara, cuando ambos militaban en la orquesta de Don Osvaldo. 

Morán había comenzado a dramatizar todos los temas y se especializó en los desencuentros del amor. Sus fans le gritaban emocionados: "¡Caruso!...¡Caruso!...  Él se aferraba al micrófono con sus dos manos, cerraba los ojos, parecía incluso que estaba llorando y creaba un clima increíble. Muchas parejas suspendían el baile y las mujeres se sobreexcitaban al máximo.También los hinchas del Flaco.                                                                  

                                                                                                                                                        Pasional, sobre todo, fue un tema especial por el argumento tan especial del amor imperioso, de la ansiedad que imprime en la pareja, o en uno de los integrantes de la misma. Como es el caso del personaje de este tango, que Alberto Morán lo asumía como propio en la interpretación calibrada, enganchadora, que tanto rédito le daba. Me parece estar viéndolo cuando arrancaba con estos versos. 

No sabrás, nunca sabrás
lo que es morir mil veces de ansiedad.
No podrás, nunca entender
lo que es amar y enloquecer.
Tus labios que queman,
tus besos que embriagan
y que torturan mi razón.                                                                                                                  Sed, que me hace arder
y que me enciende el pecho de pasión.
Estás clavada en mí, te siento en el latir
abrasador de mis sienes.
Te adoro cuando estás y te amo mucho más
cuando estás lejos de mí. 

Tangos al bardo: Mario Soto

Mario Soto, el autor de los versos, era en esa época el presentador de la orquesta de  Pugliese, y también representante de la misma, como había sido antes con la de Ángel D'Agostino.  Es el que está a la derecha de Pugliese cuando éste firma un contrato de actuación en radio Splendid.                                                                                                          Y disfrutaba mucho con la interpretación de Alberto Morán que atrapaba a las parejas milongueras en una atmósfera emocional tan única y especial. 

Así te quiero dulce vida de mi vida.                                                                                              Así te quiero sólo mía siempre mía.                                                                                          Tengo miedo de perderte,                                                                                                            de pensar que no he de verte.                                                                                                  ¿Por qué esa duda brutalPor qué me habré de sangrarsi en cada besote siento desmayar?

Sin embargo me atormentoporque en la sangre te llevo.Y a cada instante, febril y amantequiero tus labios besar.                                                                                                                  Tus manos desatan, caricias que me atana tus encantos de mujer.Sé, que nunca más, podréarrancar del pecho este querer.

Te quiero siempre así, estás clavada en mícomo un puñal en las carnes.Y ardiente y pasional, temblando de ansiedadquiero en tus brazos morir.
 
Y en el final de los versos, el Flaco conmocionaba a todos y los envolvía en el ungüento amoroso de la historia que reflejaba el tango. Lo curioso fue cuando tiempo más tarde, Mario Soto reveló la realidad, la verdadera historia del hombre que sufre por una mina que lo enloquece...
 
-Nada que ver - contaba- porque yo me inspiré para componer este tango en dos hermanitas chiquititas y feúchas que asistían a todos los bailes de Pugliese en la zona sur, por clubes de Quilmes, Sarandí y Villa Domínico. 
Eran tímidas, insignificantes y planchaban toda la noche. Sentí algo así como compasión y recreé en silencio el tema basado en esas dos ratitas transformadas en una mina terrible".. 
 
(En 1952, Mario Soto se retiró porque lo operaron de un pulmón. Se fue a España y allí estaría 18 años viviendo en Madrid y Barcelona, dedicado a la radio y el cine. Regresaría a su casa de La Plata, y allí fallecería ).
 
-Pugliese con su orquesta y Alberto Morán, grabó este tango en 1951 y 1952.                          Escuchamos la segunda versión del 24 de noviembre del 52. 
 
                             

  

  

 

domingo, 3 de mayo de 2026

Milonguereando


 

                                                Te juro: se me piantaron los cables

                                          Cuando ocurrió algo inefable

                                          Que en la milonga principia.

                                          Un tangazo, serendipia

                                          convocándolo al charol

                                          Y un conato de arrebol:

                                          En mi lunga iridiscencia

                                          Sufrí cierta limerencia

                                          Y me atacó la elocuencia

                                          Al invitarla a bailar.

                                          La música del estéreo

                                          Nos llevó hacia lo etéreo.

                                          Parecía inmarcesible

                                          Y vivimos lo indecible

                                          Con el melifluo sonido,

                                          Serendipia que ha unido

                                          En una efímera tanda

                                          A un chabón y a la miranda

                                          Qué gotán… ¡Flor de zaranda!

 
                                                                    José María Otero

 

 

 

                      

martes, 28 de abril de 2026

Las grabaciones de Gardel

 El gran mérito de las canciones grabadas por Carlos Gardel, antes que se produjera la primera revolución electrónica, es la forma de cómo se realizaban. La grabación en cilindros y posteriormente en discos, son inventos del siglo diecinueve, cuando las ayudas eléctricas o más moderadamente electrónicas estaban todavía en un futuro no demasiado cercano.

Llegarían bien entrado el siglo veinte. Las grabaciones mecánicas o acústicas, se llevan a cabo mediante una muy simple bocina, metálica al principio, compuesta de diferentes materiales después. Y de grandes dimensiones, ante la cual ejecutaba la orquesta o actuaba el cantante. 

En la parte más estrecha de la bocina, una sencilla membrana accionaba directamente la púa que registraba los sonidos en el disco madre. No había por entonces sistema alguno para modificar las condiciones de grabación artificialmente y, aunque con deficiencias, lo registrado era el resultado directo de lo ejecutado frente al rígido cono metálico.

                                       

Para grabar canto con aquel sistema era necesario tener voz, pero voz en serio. Todo lo que registró Gardel desde 1912 hasta octubre de 1925, tanto en Odeón como en Columbia, lo hizo en sistema acústico. Recién el 26 de diciembre de 1925, grabó en Barcelona parta Odeón en el sistema eléctrico.

Sus dos primeros temas registrados  en este sistema fueron los tangos "Echaste buena", de Enrique Dizeo y Mario Bonessi, y "Mi querer", de Juan Andrés Caruso y Mario Canaro. Lo acompañó en guitarra José Ricardo. Al regreso a Buenos Aires y con las guitarras de José Ricardo y Guillermo Barbieri, comenzó a grabar con el nuevo método. Los tangos"Mi querer" y "Trago amargo" (de Julio Navarrine y Rafael Iriarte.)

Su evolución está marcada en las placas grabadas. Con medios rudimentarios al comienzo, cantando rápidos y allá arriba, metía la cabeza en la bocina del grabador y, mediante una polea, se registraba el tema en un disco de cera que estaba en la habitación lindera. Por supuesto, sin ventiladores y con tremendo calor en la temporada de verano.

En ocasión de grabar con Canaro una serie de temas, terminaría haciéndolo literalmente desnudo. Gardel, en aquella época en que el tango era una expresión marginal, casi, hizo cosas increíbles como la retransmisión efectuada el 5 de marzo de 1934, en la cual cantó para los oyentes rioplatenses. 

Lo formidable del caso es que sus guitarristas Barbieri, Riverol y Vivas lo secundaban con auriculares desde Radio Rivadavia, Gardel los escuchaba desde Nueva York, acoplaba el canto a las violas por la NBC y en Buenos Aires salía al aire por Radio Splendid. 

Introdujo el silbido en el tango, como el que improvisó durante la interpretación del hermoso tema de González Castillo y Piana: Silbando, dejándolo patentado para siempre. También usó el rulo, un equivalente al melisma flamenco, eso es: a una sílaba del versos cantabile, sustituirle la nota original por grupo de notas armónica y brillantemente unidas. 

Ya era un Gardel metamorfoseado, distinto al del comienzo. Mucho más cultivado, cambiando el registro y, con su voz privilegiada enalteciendo un género popular. El sonado recurso al que acudió para cambiar la eme o la ene por la ere ("Y al viento las carpanas..."), es un recurso seguramente tomado de la lírica a la cual fue afecto de joven. 

Edmundo Rivero, que sabía mucho de música y de canto, lo explicó cabalmente: "Con respecto a la tan cuestionada N que él pronunciaba insinuando una R, se debe a que la N es consonante líquida  y puede perder su sonoridad al encontrarse con una consonante sorda (T o P) de las que obstruyen el pasaje del aire (son oclusivas) y al pronunciar la N anterior a ellas, éste se apoya en la nariz y sabiendo que en el canto elevado esto es anti estético y reprochado, Gardel enviaba directamente el aire hacia adelante (siempre apoyada)".                                                                                                                                                                         

                                          8 ideas de Carlos Gardel en 2026 | gardel carlos, tango, tango argentino

Volver, Mi Buenos Aires querido, Cuesta abajo, Amores de estudiante, El día que me quieras, Soledad, Sus ojos se cerraron, Arrabal amargo, Volvió una noche, Rubias de New York, Lejana tierra mía, Por una cabeza, son algunas de sus canciones que sembraron el Tango por el mundo, llevando nuestro cancionero a los rincones más apartados y haciéndolas inmortales.  

El cine fue la rampa de lanzamiento definitivo y Carlos Gardel era ya un astro comparable a las grandes celebridades de su época como Bing Crosby o Mauriche Chevalier. Anthony Quinn sentenciaría un día: "Al que le gusta Bach y no le gusta Gardel, a ése... no le gusta Bach..".  

Con Alfredo Le Pera establecieron un dúo increíble de compositores. La ristra de temas inmortales que construyeron entre ellos (además de los guiones de sus películas) nos dejó un reguero maravilloso de canciones que nunca dejarán de permanecer y sonar en discotecas y emisoras. Como por ejemplo, ésta que compusieron en 1935: Lejana tierra mía.

                        


  

 

 

domingo, 26 de abril de 2026

Linyera

 En 1930, la empresa Discos Nacional, organizó un Concurso de tangos y el primer premio lo obtuvo el tango "Linyera", con versos de María Luisa Carnelli (que firmaba como Luis Mario), y música de Juan de Dios Filiberto. El tema no tuvo un gran recorrido, pero las versiones grabadas de la orquesta de Francisco Canaro, cantando Ada Falcón o Charlo, le dieron vida durante años.

El término Linyera es lunfardo, proviene del piamontés jergal lingéra: que significa: pandilla de vagabundos y éste del piamontés Llinger: pobre. Una voz traída a la argentina por los inmigrantes piamonteses, quienes repetían una canción en la que aparece la voz Lingera con el significado de "pandilla errante" y una de cuyas variantes se canta en Gabino el mayoral, de Enrique García Velloso.

                                        

  María Luisa Carnelli

 José Gobello que estudió muy bien los orígenes de nuestras palabras lunfardas y elaboró un diccionario maestro sobre el tema, nos ilustró definitivamente sobre esta palabrería que fueron incorporando a nuestra comunicación los inmigrantes de distintos países de Europa, especialmente los italianos. Los primeros de la mayoría de estos que se mudaron a Argentina, fueron campesinos norteños originarios de regiones como Piamonte. 

María Luisa tuvo problemas con su padre que rechazaba el tango "por ser una música cuyas letras estaban dedicadas al malevaje, a gente de mala raíz y mal vivientes".  Pero sus hermanos lo escuchaban a escondidas, para hacerlo le quitaban la bocina al gramófono para que apenas se pudiera escuchar el disco. Así conoció el tango. Contaba que cierta vez una hermana tuvo la ocurrencia de bailar un tango en una casa de familia y el padre la castigó por haberlo hecho.

Según aquellos que la conocieron, tenía una voz canyengue y halagadora de la zeta, era menuda y afable, conversadora, memoriosa y puntual a las citas. Fue la primera mujer letrista de tango y la más fecunda pero, por las características machistas de la época y para no contradecir a su familia, firmaba sus obras utilizando los dos seudónimos mencionados: Mario Castro (nombre de su hijo) y Luis Mario (su nombre invertido y masculinizado). 

                                         

En un reportaje lo explicó así: Mi padre, por supuesto, jamás supo que era yo quien los escribía. Él no quería que yo fuera demasiado libreEn estos versos, que musicalizó con éxito Filiberto, se pone en la piel  de aquellos vagabundos tildados de linyeras que caminaban  con su fardo al hombro, y podían pasar por las casas de barrios pidiendo limosnas. O trabajar accidentalmente en algo para volver luego a vagabundear. 

¡Cierta noche fue                                                                                                     del barrio y de mi hogar!
No quisiera recordar,
por mala estrella me alejé,
firme en el dolor,
me largué a vagar
hacia algún lugar
donde la traición
no pueda herir el corazón.

Al pasar, ¡linyera!, oigo murmurar,
los que son felices como yo no fui
tras de mí sus burlas, suelen arrojar,
tal vez sin advertir
que sobre un dolor
cien más han de abrir.
Siempre voy en pos de vana ilusión,
y al caer la noche túrbame el llorar
soñador de algún lejano acordeón,
que historia en su sonar
mi vida de azar,
mis penas de amor.


Bajo el chaparrón,
caminando sin sentir
se lavará mi corazón
del barro del sufrir.
Esperando un sol
arrastrando voy
de felicidad,
como un caracol,
mi suerte en larga soledad.

 (Escuchamos la interpretación de Canaro, cantando Charlo. Lo llevaron al disco el 3 de diciembre de 1930.)

                                     


 

                            


miércoles, 22 de abril de 2026

El bar del Morocho y el Oriental

 

Historias del café Roma, de Olavarría y Almirante Brown, La Boca, donde se presentaron Carlos Gardel y José Razzano.





Las puertas vaivén de madera siguen tan firmes como la niebla del Riachuelo que flota a poco más de dos cuadras, dejando entrever el perfil del viejo puente. El piso, aunque renovado, mantiene aquel simbólico damero blanco y negro. Y en un rincón, a un costado del mostrador de madera, una antigua máquina de café dice presente a pesar de que el vapor y el agua caliente ya no pasan por sus filtros. El local, como lo inmortalizó Enrique Cadícamo en su poema El morocho y el oriental , está “allá por Olavarría esquina Almirante Brown” y se presenta bajo el nombre de Café Bar Roma, obviamente en el barrio de La Boca.

Es cierto: en estos tiempos el lugar ya no es territorio de Cafieri, aquel vecino que tenía fama de pesado y que una noche de 1911 (hace exactamente un siglo) copó la reunión en el “histórico bodegón” para presentar a “una yunta que cantando hace primores”. Según aquella historia, para escuchar a los jóvenes cantores también entre el público estaban los payadores Hilario Cazón y Gabino Ezeiza.

Ahora, en este 2011, allí tampoco se consiguen el Priorato o el Trinchieri, dos bebidas que supieron tener presencia en el recinto. El Priorato era un vino que había tenido su origen en esa comarca catalana de España, donde las viñas todavía son el elemento clave para una marca con denominación de origen controlado. El Trinchieri, en cambio, era un vino-vermú que la Societá Anónima Trinchieri-Brosio elaboraba en la ciudad italiana de Turín.

De todas maneras, el Roma conserva mucho de aquella atmósfera de principios del siglo XX, algo que se refleja en las paredes con ladrillos a la vista o en la estantería de madera donde se exhiben algunas botellas añejas. Quizá guarden ecos de parroquianos que, después de participar en las asambleas obreras que se hacían en el cercano Salón Verdi o en el Sicilia, llegaban hasta el bar para seguir debatiendo aquellas ideas que el abogado Alfredo Lorenzo Palacios (1880/1965) había llevado hasta el Congreso Nacional. Precisamente los vecinos de La Boca eran quienes lo habían votado en 1904 para convertirlo en el primer diputado socialista de América, cargo que volvió a lograr en 1912 y en 1963, además de otros períodos como senador.
                     
                                     
Carlos Gardel y José Razzano

  

El poema de Cadícamo cuenta que esa noche de 1911 los cantores entusiasmaron a la concurrencia con canciones que “golpeaban los corazones del más taura y más compadre”. Era el tiempo de Cafieri “de cuando en el arrabal de guapo tenía cartel; y El Morocho era Gardel y Razzano el Oriental”. La imagen de Carlos Gardel sigue hoy allí, con la sonrisa intacta, imponiéndose desde un gran cuadro que está sobre uno de los muros.

Convertido en bar notable de la Ciudad de Buenos Aires, el Roma se mantiene como referente en Olavarría y Almirante Brown, donde todavía se escuchan relatos que mencionan a gente y lugares que se convirtieron en leyenda. Se habla de Francisco Canaro, Eduardo Arolas, Agustín Bardi o el “tano” Genaro Espósito. Y del “Café de La Popular”, por la fama que tenía su dueña. También, en esas mesas se sigue recordando a la carbonería de la calle Magallanes al 800, un sitio en el que un chico llamado Benito Juan Martín, que había sido adoptado por la familia Chinchella, además de hombrear bolsas en el puerto dibujaba usando carbonilla.

Pero esa es otra historia. 

De todas maneras, el Roma conserva mucho de aquella atmósfera de principios del siglo XX, algo que se refleja en las paredes con ladrillos a la vista o en la estantería de madera donde se exhiben algunas botellas añejas. Quizá guarden ecos de parroquianos que, después de participar en las asambleas obreras que se hacían en el cercano Salón Verdi o en el Sicilia, llegaban hasta el bar para seguir debatiendo aquellas ideas que el abogado Alfredo Lorenzo Palacios (1880/1965) había llevado hasta el Congreso Nacional. Precisamente los vecinos de La Boca eran quienes lo habían votado en 1904 para convertirlo en el primer diputado socialista de América, cargo que volvió a lograr en 1912 y en 1963, además de otros períodos como senador.

                                  


El poema de Cadícamo cuenta que esa noche de 1911 los cantores entusiasmaron a la concurrencia con canciones que “golpeaban los corazones del más taura y más compadre”. Era el tiempo de Cafieri “de cuando en el arrabal de guapo tenía cartel; y El Morocho era Gardel y Razzano el Oriental”. La imagen de Carlos Gardel sigue hoy allí, con la sonrisa intacta, imponiéndose desde un gran cuadro que está sobre uno de los muros.

(Clarín - 1 de Agosto 2011.)

(Escuchamos la milonga de Enrique Cadícamo y Ángel D'Agostino "El Morocho y el oriental", grabado por Aníbal Troilo con sus cantores Floreal Ruiz y Edmundo Rivero. Lo llevaron al disco el 4 de julio de 1947,)