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viernes, 27 de marzo de 2026

Primavera porteña

                     Primavera | ©Marisol Torremocha Lopez

 

 

“Así quedaste en mí /
clavada en la raíz
remota del recuerdo”.
Mario C. Arrieta
En el ambiente densos perfumes
jacarandáes, palos borrachos; los limoneros y los lapachos
lucen sus copas enguirnaldadas.
Calle Florida, chic pasarela:
canyenguea tangos muy villoldeanos una pareja
y aroma el aire enjazminado.
Las minifaldas de las muchachas
revoloteando por esa brisa acariciante que manda el río,
copan miradas.
Algarabía de los casales:
gorriones y torcacitas; horneros, mirlos y benteveos
acarrean ramas, tejen sus nidos.
Sol de suburbio, rumor de barrio
purretes reos, con su bullanga tras la pelota,
pueblan de goles a su destino.
Bajo Belgrano tan estulero:
pingos nerviosos que en su prosapia velan el sueño
de un batacazo.
Verde setiembre, cien terracitas
fértil despliegue de estudiantinas alborotadas
tocando a diana.
Plazas porteñas, chuchos saltones
ladran inquietos marcando al bardo su territorio
de ciudad en celo.
Perfil de ardores palermitanos:
Mbucuruyáes, botes, senderos; sudan los cuerpos
labrando músculo hacia el verano.
Santa Maria de los Buenos Aires; es primavera.
 
JOSÉ MARÍA OTERO


jueves, 26 de marzo de 2026

La casita de mis viejos

 Enrique Cadícamo: "Cobián estaba a cargo de la asesoría musical de la Editorial Ricordi y un día me telefonea pidiéndome que me acerque allá, a San Martín al 500, para escuchar un tango que acaba de componer. Aquella sería nuestra primera colaboración.

Llego a su despacho y luego de invitarme con un café, me hace escuchar al piano una melodía, tan de su estilo que me agradó muchísimo, pidiéndole que la repitiera a fin de compenetrarme y de retenerla en mis oídos. Comencé a tomar un "monstruo" de la misma y al probar sus acentos, notamos que funcionaba perfectamente dentro de la medida musical.

Cobián se entusiasmó con el "monstruo" y se puso a cantarlo. Al terminar me dijo muy convencido de que lo dejara tal cual estaba, porque ya era una letra. Le rogué que habláramos en serio porque había que mascar mucho aquello para sacar una letra presentable.

Yo alquilaba un pequeño departamento en Talcahuano 309. Habiendo quedado desocupado el del piso de arriba y sabiendo que Cobián buscaba uno para mudarse, lo llamé para que viniera a verlo. A los pocos días lo tuve de vecino. 

                             

   Juan Carlos Cobián
 

Nos comunicábamos de balcón a balcón proyectando el programa de la noche, Yo escribía unos sketchs para una revista teatral que encabezaban María Esther Pomar y Segundo Pomar, en la sala del teatro Astral y su debut se produjo el 12 de diciembre del 31.

La nuestra era una bohemia de camisa de seda y gomina. Quizás hayamos sido con Cobián unos de los primeros "sin-sombreristas"; esto le hacía exclamar muy divertido: "Nos van a tomar por legionarios". En ese tiempo se denominaba así a una legión juvenil político-nacionalista cuyo líder era Carlés, que se identificaba precisamente en las calles por no usar sombrero.

Poco tiempo después le llevo la letra de su tango al que había titulado "La casita de mis viejos". El mismo fue estrenado por una cancionista llamaba Ïtala Ferreyra, que actuaba en el Teatro Buenos Aires con la compañía revisteril de Jardel Jércolis. "La casita de mis viejos" fue publicada por Ricordi.

                                                   

 

Tania se hallaba actuando en el Teatro Maipú. Una tarde fuimos a visitarla a su domicilio de la calle Cangallo 1700, donde vivía con Discepolín, con el propósito de hacérselo conocer. Cobián se sentó al piano y comenzó a ejecutarlo. Discepolín era la primera vez que lo escuchaba tocar. Le miraba las manos prodigiosas, aladas, llenas de recursos técnicos, asombrado...

Pensando quizá cómo se atrevía a tocar él con un dedo ese mismo teclado que ahora Cobián hacía sonar como una orquesta. Cuando concluyó, sin duda impresionado por el vigor de su pulsación, Discepolín le dijo felicitándolo a su manera: "¡Sos un caballo...!"

Pocos días después Tania lo estrenó en el Maipú". 

(Enrique Cadícamo: "Mis memorias".) 

(Entre las numerosas grabaciones de este tango, podemos escuchar la de Julio Sosa con la orquesta de  Armando Pontier. Grabado el 12 de agosto de 1958.)

                                       


 

                              

 

lunes, 23 de marzo de 2026

Las 22 figuras de la Guardia vieja

 El tiempo de la Guardia vieja puede considerarse aquel que se extiende desde la gestación del tango hasta su primera evolución musical. Este período abarca de su indescifrable origen a 1920. Por tal motivo, las figuras de esa época tienen el mérito de haberse convertido en precursores y fundadores del tango. A continuación, se consignan sus nombres, sus fechas de nacimiento y muerte y las obras que crearon y que por más tiempo trascendieron.

-Rosendo Mendizábal (1868-1913). El entrerriano, don José María, Rosendo, Z Club, Don Padilla. 

-Ángel Villoldo (1868-1919). El choclo, El porteñito, El esquinazo, Cuidado con los cincuenta, El torito.

-Carlos Posadas (1874-1919). El jagüel, El tamango, Cordón de oro. 

-Alfredo Antonio Bevilacqua (!874-1942). Venus, Emancipación, Independencia, Primera Junta. 

-José Luis Roncallo (1875-1954). El purrete, El rosario, La cachiporra.

-Enrique Saborido (1876-1941). La morocha, Felicia, Papas fritas.

-Alfredo Eusebio Gobbi (1877-1938). El sanducero, El tigre, Bajale la mano al negro, Tocá fierro. 

-Manuel O. Campoamor (1877-1941). Sargento Cabral, La cara de la luna, En el séptimo cielo. La metralla.                                                                                                                                                                               

                             Vicente Greco y su orquesta típica, con Canaro de violinista

                         

-Juan Maglio Pacho (1880-1931). Sábado inglés, Armenonville, Un copetín, Royal Pigall, Tango argentino. 

-Luis Teisseire (1883-1960). Entrada prohibida, La Nación, Muy de la plataforma, El rubito.

-Roberto Firpo (1884-1931). Didí, El amanecer, El apronte, Argañaraz, La marejada, Honda tristeza.

-Domingo Santa Cruz (1884-1931).  Unión Cívica, Hernani, Pirovano.

-Ernesto Ponzio (1885-1934). Don Juan, Ataniche, Quiero papita, Culpas ajenas.

-Prudencio Aragón (1886-1964). El piñerista, Mate amargo.

-Manuel Aróstegui (1888-1938). El apache argentino, Champagne tangó, El Cachafaz, El granuja. 

-Vicente Greco (1888-1924). El pibe, El morochito, Rodríguez Peña, Ojos negros, La viruta, Racing Club, El flete, Popoff.

-Juan Carlos Bazán (1888-1936). La chiflada, Pampa, La timba.

-Francisco Canaro (1888-1965). Pinta brava, El chamuyo, El alacrán, Charamusca, El opio, Madreselva, Carasucia, La última copa, Sentimiento gaucho, Halcón negro, Pájaro azul.

-Augusto Pedro Berto (1889-1953). La payanca, Don Esteban, Azucena.

-José Martínez (1890--1939). Pablo, La torcacita, El cencerro, Canaro, De vuelta al bulín, Polvorín, El pensamiento.

-Arturo De Bassi (1890-1956). La catrera, El caburé, Manón, El romántico, Don Pacífico

-Eduardo Arolas (1892-1924). Una noche de garufa, La guitarrita, La cachila, El Marne, Derecho viejo, Lágrimas, Comme il faut, Qué querés con esa cara, Maipo, Suipacha, Catamarca, Bataraz, La trilla, Retintín.

(Revista "La Maga" - 1994)

 

 

miércoles, 11 de marzo de 2026

La revancha del tango

A  40 años del mítico show de Pugliese en el Colón.

El histórico concierto de 1985 cristalizó una aspiración largamente repetida en las salas populares. La orquesta sonó con autoridad y convicción, ante un público conmovido.

Por: Raúl Devera

Se cumplen cuarenta años de la noche en que Osvaldo Pugliese llenó el Teatro Colón de tango. Cuatro décadas después, aquel concierto sigue funcionando menos como una efeméride que como un punto de inflexión: no porque el tango necesitara ser legitimado, sino porque una institución históricamente asociada a las élites culturales terminó por reconocer, sin mediaciones, el peso artístico de una música que ya había alcanzado su madurez.

Durante décadas, el tango mantuvo con el Colón una relación distante y desigual. Carlos Gardel nunca cantó allí: su consagración fue masiva, popular y mediática, ajena a la validación institucional. Aníbal Troilo recibió homenajes y menciones, pero no una ocupación plena del escenario con la orquesta típica en su forma más reconocible. Astor Piazzolla sí cruzó ese umbral antes, aunque lo hizo en una zona ambigua, presentado como compositor contemporáneo más que como parte de la tradición tanguera. El género, incluso en sus figuras mayores, parecía quedar siempre un paso afuera.

Sin embargo, en los clubes, en los teatros barriales y en las salas populares, circulaba desde hacía años una consigna que condensaba una certeza estética: “¡Al Colón, al Colón!”. No era un chiste ni una provocación ingenua. Era la forma en que el público expresaba que la música de Pugliese -por su complejidad formal, su densidad expresiva y su ambición artística- ya dialogaba de igual a igual con las grandes tradiciones de la música académica. El grito no pedía permiso: anunciaba un destino.

                   

                                    Osvaldo Pugliese y su orquesta en el Teatro Colón. Una postal histórica.

Pugliese, cuando finalmente llegó a ese escenario, no cambió de registro ni de vestuario simbólico. Llevó su orquesta tal como era. Un sonido colectivo, dramático, construido desde el peso del conjunto más que desde el lucimiento individual. El piano marcando un pulso común, los silencios cargados de tensión, el fraseo arrastrado como una forma de memoria musical. El tango no entró al Colón para embellecerlo ni para adaptarse a sus códigos: entró para afirmarse.

Esa noche, el concierto siguió un repertorio pensado como un cruce entre tradición y celebración, donde se alternaron clásicos instrumentales y piezas cantadas por voces históricas de su orquesta. Abrieron con tangos como «Arrabal» y «Los mareados», siguieron obras como «Recuerdo», y pasaron por milongas de fuerte pulso rítmico antes de acercarse a los momentos más intensos del programa, con piezas que cruzaban memoria y virtuosismo.

El cierre, y quizás el momento más celebrado, fue con «La Yumba», el emblemático tango compuesto por Pugliese en 1946 que, por su ritmo onomatopéyico y su mezcla de tensión y alivio, se volvió sinónimo de su estilo. En la interpretación final, varios de los músicos que habían integrado su histórica orquesta se sumaron al conjunto, un gesto que condensó la idea de continuidad y testimonio colectivo que atravesaba toda su trayectoria. El público lo reconoció de inmediato: ovaciones prolongadas, aplausos de pie y la emoción que sigue asociando ese tema con el cruce entre música popular y gran escenario que simbolizó esa noche.

.Pugliese y la revolución

Desde lo estrictamente musical, Pugliese fue uno de los grandes revolucionarios del tango del siglo XX. Amplió las posibilidades expresivas de la orquesta típica, trabajó el contrapunto interno, reforzó el carácter coral del conjunto, su complejidad rítmica y desarrolló un dramatismo contenido que influyó decisivamente en generaciones posteriores. Su obra demostró que el tango podía ser popular y complejo a la vez, sin resignar intensidad ni comunicación.

Ese ideario estético estaba íntimamente ligado a una forma de organización poco común en la música popular argentina. Durante décadas, la orquesta de Pugliese funcionó como una cooperativa: no había patrón ni figura dominante, sino socios, reparto equitativo y decisiones compartidas. Esa estructura no fue una rareza administrativa, sino la traducción práctica de sus convicciones ideológicas. Comunista declarado, Pugliese sostuvo una coherencia infrecuente entre pensamiento, práctica artística y vida cotidiana, aun cuando eso implicara censuras, detenciones y largos períodos de marginación.

El concierto del Teatro Colón se realizó el 26 de diciembre de 1985, a poco más de dos años del regreso de la democracia. En ese contexto, el acontecimiento adquirió una dimensión que excedió lo musical. No fue una consagración tardía ni una concesión institucional, sino el reconocimiento explícito de un valor que ya estaba allí. El Colón no elevó al tango: aceptó escucharlo en igualdad de condiciones.

El gran Osvaldo Pugliese constituye un fenómeno musical y popular único.

Cuarenta años después, aquella noche conserva su potencia simbólica. No como postal nostálgica, sino como recordatorio de que las jerarquías culturales no son naturales ni eternas. A veces, simplemente, terminan cediendo ante la evidencia.

Y volvemos a aquella noche involvidable con la orquesta de Osvaldo Pugliese interpretando su tango: "La yumba".

                                 


Y también, el vals de Rosita Melo: "Desde el alma"

                                           


                                            

martes, 10 de marzo de 2026

Andá que te cure Lola

 Esta milonga la compuso allá por 1947 el bandoneonista Luis Caruso, al que algunos llamaban "Carusito" y que estuvo varios años radicado en Montevideo, donde se fue a sus 20 años. Dirigió conjuntos, volviendo cada tanto a Buenos Aires y a su barrio de Villa Crespo que lo extrañaba. Su tío era José Servidio, que le enseñaría los secretos del fueye y lo incrustaría tempranamente en su orquesta.

Carusito, era un niño cuando ingresó en la formación musical de Servidio y a los 18 años, saltó de la misma para aventurarse  musicalmente. Al viajar, más tarde  a Uruguay, encontraría el refugio definitivo, al frente de su propia orquesta. Pero antes peregrinó por distintas formaciones, de tríos, cuartetos, formándose para la batalla tanguera que lo estaba esperando.

                                         


 

Como compositor y poeta, tuvo muchos aciertos. No sólo con el tema que traigo hoy, sino también con páginas como Bomboncito, Este carnaval, Y siempre igual, Anselmo Acuña el resero, Se va una tarde más, La fulana (b), Quedó en venir a las nueve, Lecherito del Abasto, Es inútil que la llores, Para negros solamente y otros que engrosan su curriculum creador. 

Y esta milonga que compuso en 1947, con letra y música suya, levantó vuelo en la versión que hizo Osvaldo Pugliese de la misma. Incluso lo grabó con su orquesta, cantando Roberto Chanel y llamó mucho la atención por su estilo lunfardesco y el discurso del personaje. Chamuyándole a la paica que lo abandonó para enrollarse con un inglés "chicato" y recordándole todo lo que hizo por ella. 

 Luis Caruso
                                           

Che rea vestida a plazos,
con desplante de señora,
que no me “das ni la hora”
desde que “chapaste al ganso”;
acordate que este “manso”
con paciencia de “mamita”
cuando se acabó la guita
para parar el buyón,
empeñó hasta el bandoneón
para tenerte gordita...
 

La trata de rea ("de baja condición social, que se entrega con facilidad"), que pretende jugarla de gran señora por haber enamorado al incauto inglés que lo desplazó. Y recuerda que él hasta empeñó el bandoneón que era muy importante en su vida, para complacerla económicamente. Y entonces le pide que no lo mire con desprecio, subestimándolo, después de todo lo que hizo por ella. De paso muestra su negativa por una posible vuelta de la damisela.

No me mirés de reojo
por arriba de esas pieles,
yo “manyo bien tus pasteles”
pa’ que esto te cause enojo...
Cuando “con tierra en el coco”
te salvé de la “perrera”,
aunque estaba en la “palmera”
como pude te paré,
hasta que vino ese inglés
que te bajó la bandera...

Perdoname este arrebato
que no es el “guiye de un boncha”
pero “reviento de bronca”
porque hoy me dejaron “pato”...
Seguí con ese “checato”
y a mí no me “des más bola”;
y si la inglesa vitrola
deja un día de sonar
no me vengas a “escorchar”
“Y... andá que te cure Lola”.
 

Los términos lunfardos le dan más fuerza a los versos. El "guiye de un boncha", significa "chifladura, , estado del que pierde la cabeza. Boncha es el revés de "Chabón"(Torpe). Se queja de que lo dejaron "pato", o sea pobretón, y " estaba en la palmera" - mal económicamente- . A su nuevo amor lo trata de "checato" o sea : "Chicato-miope". Y si la cosa con el inglés se termina, le recuerda: "no me vengas a escorchar" (fastidiar) y andá que te cure Lola...".
Pugliese con su orquesta y  la voz de Roberto Chanel la grabó el  1 de febrero de 1947. 

 

                             

                                  


sábado, 7 de marzo de 2026

Aquellos fines de semana milongueros..

 ... con estas orquestas...