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sábado, 31 de enero de 2026

Pompas de jabón

 En 1925, o sea hace un poquito más de cien años, Enrique Cadícamo debutaba en el tango como poeta, con este tango que musicalizaría el pianista Roberto Emilio Goyeneche. Lamentablemente, el 22 de abril de dicho año, fallecería tempranamente el citado músico  que en 1922 viajó a España con la compañía teatral Muiño-Alippi. 

Integraría luego la orquesta de Julio De Caro y dirigió la propia con Laurenz y Pollet en bandoneones, Germino y Marchiano en violines y él al piano. Compuso varios temas como El metejón, Yo te perdono, Roló, que te vaya bien, De mi barrio, Milonga, porque llorás, Albertito, Sin amor, Princeiata y éste que recuerdo ahora y que lleva versos de Enrique Cadícamo.

                                     

 Roberto Emilio Goyeneche
 

Carlos Gardel lo grabó el año de la creación, con su guitarrista  José Ricardo y lo volvería a llevar al disco dos años más tarde, acompañado por Ricardo y Barbieri en guitarras. Y el tema no se iría destiñendo con los años porque fue interpretado por muchos cantantes y también estuvo en el repertorio de orquestas típicas.

Cadícamo en su libro "Mis memorias", recuerda: "La noche de la ciudad me había presentado a algunos músicos de orquestas típicas. Roberto Goyeneche actuaba en "Café Iglesias" de la calle Corrientes al 1500.  Era un excelente pianista que ya tenía en su haber algunas composiciones que, si bien no habían llegado a popularizarse, eran conocidas.

                                             Pompas de jabón. Tango (1925)

A pesar de hallarse sobrellevando una penosa enfermedad, era dinámico y de carácter divertido. De tanto frecuentar aquel café donde  yo concurría para escuchar exclusivamente a su orquesta, nos hicimos amigos. Recuerdo a algunos de sus integrantes: Pedro Laurenz, Germino y Berstein . Con Goyeneche hice mi primera obra utilizando aquellos versos titulados "Pompas de jabón"...

Los versos muestras la cara oscura de las noches alegres disfrutando de una juventud que para la protagonista está llena de sueños interminables. Y Cadícamo le vaticina un final triste, propio de aquellas que piensan que la vida es un camino permanente de felicidad y que las madrugadas se llenarán siempre de mieles y regalos. Las relucientes pompas de jabón se difuminarán al primer soplido. 

Pebeta de mi barrio, papa, papusa,
Que andas paseando en auto con un bacán,
Que te has cortado el pelo como se usa,
Y que te lo has teñido color champán.
Que en los peringundines de frac. y fuelle
Bailas luciendo cortes de cotillón
Y que a las milongueras, por darles dique,
Al irte con tu "camba", batís "allón".

Hoy tus pocas primaveras
Te hacen soñar en la vida
Y en la ronda pervertida
Del nocturno jarandón,
Pensás en aristocracias
Y derrochas tus abriles...
Pobre mina, que entre giles,
Te sentís Mimí Pinsón.

Pensá, pobre pebeta, papa, papusa,
Que tu belleza un día se esfumará,
Y que como todas las flores que se marchitan
Tus locas ilusiones se morirán.
El "mishé" que te mima con sus morlacos
El día menos pensado se aburrirá
Y entonces como tantas flores de fango,
Irás por esas calles a mendigar...

Triunfas porque sos apenas
Embrión de carne cansada
Y porque tu carcajada
Es dulce modulación.
Cuando implacables, los años,
Te inyecten sus amarguras...
Ya verás que tus locuras
Fueron pompas de jabón. 

Escuchamos al polaco Goyeneche interpretando magistralmente este tango. Lo acompaña la orquesta de Baffa-Berlingieri que también se luce musicalmente.
 
                               

 
 
                          


miércoles, 28 de enero de 2026

Cuando miran tus ojos

 El valsecito criollo forma un terceto maravilloso junto al tango y la milonga, todos surgidos del tronco tanguero que les dio alas a sus compañeros musicales gracias a las virtudes de compositores, poetas e intérpretes. En la pista de baile el valsecito nos toca el cuore y nos llama a bailarlo y a disfrutarlo de manera distinta, pero siempre con la emoción que muchas veces nos desborda en los giros.

Las voces históricas de Gardel, Magaldi y Corsini lo consagraron y Gardel ya debutaba con tres valses criollos: Aurora, Ay Elena y Como quiere la madre a sus hijos, en 1919. La grabación que Roberto Firpo realizara en 1920 del vals "Desde el alma", sirvió de señal de partida para que numerosos compositores se dieran a la tarea de crear valsecitos y las orquestas típicas y cantantes los incorporaran de inmediato a sus repertorios.                                                                                                                                                                                   


 "Cuando miran tus ojos" es una creación de Enrique Cadícamo y el guitarrista José María Aguilar. Lo compusieron en 1932 y aunque no ha tenido demasiadas interpretaciones, hay algunas que nos permiten apreciar los abalorios verbales y la música que los acompaña. Ese mismo año lo grabó la orquesta de Adolfo Carabelli con su cantor Luis Díaz, el día 5 de junio.

Cadícamo arranca posándose en los ojos de la mujer que, en la poesía, se los dejó grabados para siempre, como una luz atrapante en sus pupilas, según su narración. Además les da un vuelo notable en la nostalgia ardida y lo lleva a derramar palabras poéticas que desfloran los versos. Cualquiera de las cuartetas tiene frases que guionan el pensamiento, ante los senderos que se bifurcan. 

Tus ojos han quedado grabados en los míos,
sus dulces brujerías volcaron al mirar,
hay luz en tus pupilas de todos los estíos,
lucero que en mis noches los veo parpadear.
 
Heraldos de pasiones, rutilan como extrañas
luciérnagas que llevan la llama del amor...
Tesoros custodiados por sedosas pestañas...
teorías impregnadas de ensueño arrobador.


¿Gitanos son acaso por sus destellos, dime?
¿O son los de una mora presa del español?
Es algo tu mirada que mata o que redime,
que hiere si se mira corno encandila el sol...

Puñales que en las luchas se yerguen iracundos
buscando al pobre pecho con ansias de clavar.
Ensartan corazones, los dejan moribundos...
¡Ah!... Espejos donde el alma se asoma a coquetear.

Si entornan sus pupilas, la luz que los anima
se pierde entre los astros y la constelación
adquiere nuevos brillos... Aunque mi pecho gima
por verlos siempre abiertos, yo doy mi corazón.

Pues ellos van contando las horas venturosas
que pasan a mi lado rimando una canción,
sus párpados abiertos son pétalos de rosas
que ofrecen dos luceros a mi desolación.

Este valsecito lo grabó Charlo con guitarras el 21 de marzo de 1932. Adolfo Carabelli con su orquesta, cantando Luis Díaz, lo llevó al disco 5 de junio de 1932. Raúl Iriarte lo llevó al disco acompañado por la orquesta de Armando Lacava. Entre otros, también lo grabó el destacado folklorista Horacio Guarany. 

Escuchamos la versión de Raúl Iriarte con la orquesta de Raúl Lacava.    

                                           

       Y a Los Solistas de D'Arienzo con Alberto Echagüe y Osvaldo Ramos, grabado en 1972.
 
                                           

                      
  


martes, 27 de enero de 2026

Horacio Salgán

 Porteño de ley, nacido en la calle Gallo, el 15 de julio de 1916, con apenas 3 años veía a su padre castigar el piano y se enamoró del instrumento. Sus primeros estudios musicales los desarrolló en la modesta academia del maestro Luppo, en el barrio de Caballito.  A los 13 ya era un  aventajado alumno del Conservatorio Municipal y consumado intérprete de Bach, Beethoven, Ravel, Debussy y Chopin.

En su casa escaseaban los recursos y a los 14 tuvo que salir a pelearla con sus manos fugitivas, tocando en orquestinas, casamientos, como organista de Iglesia y solista en las matinées de un cine en Villa del Parque. Cuando se sentó en ese taburete del cine Universal, Salgán ya había frecuentado la fuga, la armonía y el contrapunto. 

                       


Pero lo exaltaban otras músicas más íntimas, como a Borges, y el tango lo estaba llamando. Lo portaba en sus genes como una revelación epifánica, aunque antes fue folklorista acompañando al dúo Martínez-Ledesma, sucediendo a dos antecesores de lujo: El Mono Enrique Villegas y Carlos García. También tocó música tropical junto a Angel Riera.  A fines del 2000 recordaba:

"Yo me crié en el tango. Cuando era chico, cuando era joven, se tocaba tango como cosa principal, sin perjuicio de que hubiese otros géneros como los valses y los pasodobles. Pero el tango era la música nuestra y estaba a todas horas y en todos lados...".

Elvino Vardaro primero y Juan Caló luego, lo llaman a formar en las filas tangueras fugazmente. El legendario Roberto Firpo cambia el piano de su orquesta por la batuta y contrata a Salgán para el teclado. Ya había secundado a diversos cantantes en emisoras, era organista fijo en Radio El Mundo, estudió y se familiarizó con el contrabajo y saxofón, perfeccionándose en piano con Scaramuzza, Spivak y Amelia Weigand.

De 1936 -tenía 20 años- es su primer arreglo musical para la orquesta de Miguel Caló: el tango "Los Indios", de Francisco Canaro. Fue incluso una de las primeras orquestaciones, porque entonces, salvo excepciones, no se arreglaba. se estilaba que los segundos violines y bandoneones pusieran unas voces paralelas a los primeros.

                                


Pero su primer tango -"Del uno al 5"-, compuesto dos años antes, ya le había dado chapa de tanguero de ley. A los diez años de edad vio sobre el escenario al sexteto de Julio De Caro y su sueño dorado de emular a aquel ejemplar conjunto, lo cumplió en 1944, cuando armó su propia orquesta que debutaría en el estrechísimo palco de la Confitería Diamante, en Rivadavia y Castelli.

Las motivaciones que lo empujaban a formar su conjunto las definiría así: "En ese entonces actuaban muchas orquestas típicas, pero ninguna expresaba el tango como a mí me gustaba. Es posible que parte de esa diferenciación de sensibilidades tenga este origen: Dos o tres generaciones atrás, probablemente mis bisabuelos, fueron negros. Tal vez de ahí viene mi manera de sentir y de tocar las síncopas, por ejemplo". 


Podemos escuchar a Horacio Salgán con la orquesta Filiberto interpretando su tango: "A fuego lento":

                                  



                                  


lunes, 19 de enero de 2026

Por una cabeza

 Terig Tucci fue un notable músico argentino que acompañó con su orquesta  a Carlos Gardel  en las películas que filmó en Nueva York. También le transcribió al papel la música que creaba Carlos, y relataba así el nacimiento del ahora popularísimo: "Por una cabeza": 

-"Suena el teléfono a las tres de la mañana. Medio dormido levanto el receptor y oigo la voz de Gardel que me dice con evidente satisfacción:                                                                        -¡Ché viejo, acabo de encontrar una melodía macanuda para el tango "Por una cabeza".         Y procedió a cantármela ipso facto.

No sé si sería porque todavía no me había despertado del todo, que al oír por teléfono el fruto de mi inspiración, ni la melodía ni la letra me hicieron mucha impresión; y así se lo dije.            Algo amoscado Gardel me contestó con fina ironía:                                                                      -Mirá, Beethoven, vos te quedás con tus corcheas y semifusas, pero no te metás conmigo en asuntos de matungos.                                                                                                                                                                                    

 
                                  Alberto Castellanos, Terig Tucci, Gardel y Pettorossi. 
                                                    

Me causó gracia la comparación beethooveniana y comprendí que nadie como él -carrerista de caballos empedernido y dueño de un dispendioso stud- podía hablar con más autoridad de temas hípicos; nadie como él podía conocer la emoción de ver a su caballo llegar victorioso al disco, ni sentir desaliento por verlo flaquear en el momento mismo en que un esfuerzo supremo lo hubiese colocado en la categoría de ganador".

Como rezan los versos de Alfredo Le Pera para el tango que mezcla el amor y las carreras de caballos, musicalizado por Carlos Gardel:

Por una cabeza, de un noble potrillo
Que justo en la raya, afloja al llegar
Y que al regresar, parece decir
No olvides, hermano
Vos sabes, no hay que jugar
Por una cabeza, metejón de un día
De aquella coqueta y risueña mujer
Que al jurar sonriendo el amor que está mintiendo
Quema en una hoguera
Todo mi querer

Por una cabeza, todas las locuras
Su boca que besa
Borra la tristeza
Calma la amargura
Por una cabeza
Si ella me olvida
Qué importa perderme
Mil veces la vida
Para qué vivir

Cuántos desengaños, por una cabeza
Yo juré mil veces no vuelvo a insistir
Pero si un mirar me hiere al pasar
Su boca de fuego
Otra vez quiero besar
Basta de carreras, se acabo la timba
Un final reñido ya no vuelvo a ver
Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo
Yo me juego entero
Qué le voy a hacer

Por una cabeza, todas las locuras
Su boca que besa
Borra la tristeza
Calma la amargura
Por una cabeza
Si ella me olvida
Qué importa perderme
Mil veces la vida
¡Para qué vivir...!

La versión de Carlos Gardel es insuperable. Lo cantó en la película "Tango Bar", su película póstuma. Fue estrenada el 5 de julio de 1935, en Nueva York, pocos días después del accidente que le costó la vida. En Buenos Aires el estreno fue el 22 de agosto de 1935.

                                








viernes, 16 de enero de 2026

La milonga y yo

 La letra es de Leopoldo Díaz Vélez y la música de Tito Ribero (Alberto Amado Ribero).  La milonga y yo fue concebida a pedido de Tita Merello, que la cantaría en la película Esto es alegría. dirigida por Enrique Carreras y estrenada en 1968. Tito Ribero le puso música. El propio Leopoldo Díaz la cantaba con la orquesta de Armando Pontier en los bailes de Carnaval del Centro Lucense, en 1980. 

   Y es un tema más de Díaz Vélez dedicado al sitio donde se milonguea a tope. Algunas de sus creaciones que versan sobre el tema y que muestran su sensación al respecto, creo que quedan perfectamente claras: Muchachos, comienza la ronda, En el salón, A bailar el tango, Salimos a bailar, Mil novecientos diez, Muchachos se armó la milonga.


La grabó Tita Merello, acompañada por la orquesta de Carlos Figari, en 1968.



lunes, 12 de enero de 2026

A BUENOS AIRES



En tu baraje gringo, ciudad mía,
vas perdiendo tus zarzos y tu brillo
tu malevaje está en la taquería
y apolilla en orsay tu conventillo.

Sos cadenera flor sin berretines
que currás a los cuores con tu rango; 
Pero el choma que aceita tus patines
es canchero y varón, se llama tango.

Mis escoberos siempre harán candado
y en mi bobo de zurda sin falsía
aunque te dieron juego marquillado
pa' mi valés más que una maría.

Yo seguiré scruchando en tu lunfardo
sin monseñor, ni jirafa, ni bandera
mi voz altillera será el bardo
que te cante la rima más canera.

Cuando llegue el final, si la de blanco
me lleva con el cura antes que al hoyo,
que el responso sea en lunfa, así lo manco.
Yo no aprendí el latín, de puro criollo.

Y así estarás feliz, matina y sera,
más contenta que santo en la leonera.


EDMUNDO RIVERO





domingo, 11 de enero de 2026

A JARDÍN FLORIDO

Este valsecito folklórico tuvo mucha pegada popular  cuando lo interpretaron "Los del Suquía". Su autor, Raúl Fernando Montachini, nacido el 28 de Noviembre 1947 en El Arañado, Córdoba, fue cantor y compositor. Es el autor de varios clásicos del folklore, aunque ninguno llegó tener el éxito  de "A Jardín florido", que fue incluso interpretado por orquestas típicas.

Lo curioso es que "Jardín Florido", era en realidad un personaje cordobés llamado Fernando Albiero Bertapelle, muy popular en las calles céntricas de Córdoba por su elegante vestimenta a toda hora y por su talante piropeador a las mujeres que circulaban por la calle, cerca suyo. Allá por el año 1936 fue cuando la gente comenzó a observarlo con curiosidad por esa faceta tan extraña para la época.

                                                   

 "Jardín Florido"
                                                                     

Curiosamente, su manera de despachar piropos a la damas que encontraba en su trayecto no provocaba rechazo, por el contrario, ella sonreían por su desparpajo y manera de adularlas. Hubo que rebuscar en publicaciones antiguas para descubrir, en la revista "Mistura", que vivía en el barrio Alta Córdoba. Exactamente en la calle Antonio del Viso 738.

"Jardín Florido" trabajaba de camarero en Confiterías del centro de la ciudad cordobesa, al llegar desde su pueblo. Gracias a un político que conoció, logró ser contratado para esa misión en el Jockey Club de esa ciudad, que venía ser un refugio de la aristocracia cordobesa en aquella época. Y allí fue refilando su manera de andar por la calle luciendo sus "presuntos blasones".

Le gustaba salir siempre de frac, galera en la cabeza y un llamativo bastón cuya empuñadura era una bola de marfil. Pero también se enganchaba en la solapa un pequeño y llamativo ramo de flores, que completaban un perfil sumamente llamativo y del que derivaría su sobrenombre de "Jardín florido", tan conocido en toda la ciudad.

                                             


Y en su caminata por las calles no cesaba de piropear a las damas atractivas que pasaban cerca suyo, con frases únicas, distintas, elegantes y elogiosas. Lo conocían y en general aceptaban sus palabras galantes porque eran distintas, novedosas y pronunciadas de forma cariñosa, a la vez que tomaba con la mano su galera y la levantaba un poco, a modo de saludo. 

Con el tiempo fue progresando y se compraría un coche de lujo, al que le agregaría floreros a los costados. Fallecería en 1968, pero por mucho tiempo su figura quedó viva en la memoria de sus paisanos y en la de las mujeres que sonreían por su elegante estilo piropeador. 

El valsecito de Montachini lo recuerda siempre, algo que seguro, ni se imaginaría Jardín Florido. También tendría de título "Caballero de  ley".

Calle 9 de julio esquina Rivera Indarte,
corazón elegante de mi docta ciudad,
donde late la vida al compás de los gritos
de un lustrín y los versos de un cieguito cantor.

Con su paso altanero se acerca el viejecito
que guarda veinte abriles dentro del corazón.
¿Quién no lo conoce? Ahí va Jardín Florido,
en el ojal prendido su infaltable clavel.

El piropo elegante que el caballero brinda
a la cordobesita que acaba de pasar,
la niña se da vuelta y esboza una sonrisa
que es como una caricia para el galán de ley.

Pasaron muchos años y el centro de la docta
lo vio todos los días sus calles caminar
y se fue marchitando el clavel en su pecho,
a la Dama de Negro no pudo galantear.

Galantería fina, piropos respetuosos,
quedaron en el aire del centro cordobés
y un clavelito blanco se fue rumbo al olvido,
murió Jardín Florido, caballero de ley.


El conjunto folklórico cordobés "Los del Suquía", lo grabaron en 1971.

                         


      El Cuarteto de Punta y Taco, lo registró en forma instrumental en 1974 y se hizo viral en la milonga.