-"Tocó siempre como sentía, porque tenía el tango en la piel."
-Debutamos pensando en cumplir una temporada en el Marabú, un cabaret de los más populares de Buenos Aires. Ya había arrancado Juan D'Arienzo, a quien critican muchos músicos que se creen genios y no saben lo que significó D'Arienzo en el tango. Sé que Pichuco lo reconoció muchas veces: fue D'Arienzo quien movió todo y detrás de D'Arienzo se fueron metiendo los demás. Después sí, cada uno encontró su estilo.
-¿También Troilo?
-También. cuando arrancamos en el Marabú, la orquesta tocaba ligerito, con un ritmo mucho más movido porque así lo quería la gente que venía al cabaret, y porque eso era lo que facilitaba la contratación para los bailes en los clubes. Después llegaron los arregladores y entonces el sonido se hizo más melódico, más sentido, más melancólico. Pichuco tocó siempre como sentía y la orquesta se fue formando de acuerdo con los sentimientos de su director.
-¿Troilo se daba cuenta de esa evolución?
-Una de las mejores virtudes suyas era saber escucharse, porque escribir escriben muchos. Lo difícil es tener criterio para saber si lo escrito está bien o mal. El Gordo se daba cuenta y muchas veces prefería dejar un hueco antes que escribir algo que no quedara bien.
-La ausencia ya suma veinte años y esa distancia temporal permite, tal vez, un análisis más desapasionado, apelando a eso uno puede preguntarse si Troilo fue mejor músico como intérprete o como compositor.
-No existen diferencias: fue grande en las dos cosas porque fue completo. Dejó tangos extraordinarios. En cambio hay muchos que compusieron muy bien, pero no alcanzaron el mismo nivel como intérpretes. Eso nunca se dio en Pichuco, Por eso, todo lo que hizo, queda. Hay chicos que le sacan notas muy lindas al bandoneón, pero no dicen nada. El Gordo decía cosas con el bandoneón, fraseaba muy bien.
-Si tuviera que nombrar a un maestro de Troilo, ¿en quien pensaría?
-Muchas veces me lo pregunté yo mismo y poniéndome a analizar, pienso en Ciriaco Ortiz. Pichuco era un hincha tremendo de Ciriaquito y encuentro que tienen muchas cosas en común.
-Dicen que le gustaba cantar...
-Cantar y leer. El leía las letras de los tangos, le daba una importancia fundamental al significado de las palabras, tal vez porque fue muy amigo de la mayoría de los grandes poetas del tango. Pero, además, con la orquesta acompañaba a la perfección a los cantores. Jamás puso una nota de más. Por eso todos se lucían.
-¿Cómo lo definiría?
-¿A quién?
-A Troilo.
-Pichuco era el tango.
-Es una frase.
-No, es una verdad. Pichuco tenía el tango en la piel, para él era una caricia tocarlo, una caricia cantarlo. Él tocaba como bailaban los bailarines de antes, resbalando sobre el piso encerado. Eso no se lo enseñó nadie. Eso no se aprende. Eso viene del alma. Se necesita una sensibilidad muy especial y el Gordo la tenía. Por eso fue lo que fue.
-También fue un gordo bueno...
-Seguro.
(Reynaldo Nichele fue violinista de Troilo desde su primera orquesta, la que debutó en el Marabú el 1º de julio de 1937.Y continuó formando en la misma hasta 1954. En la imagen, se ve a la primera orquesta de Pichuco y Nichele es es el tercero, izquierda, arriba, junto a Fiorentino. )


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