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lunes, 18 de mayo de 2026

Dupla de oro: Pichuco-Fiore

 Esta yunta dejó en el disco 60 temas que siguen empujándonos -¡y cómo!- en la pista, cuando suena alguna tanda de esas. El piano de Orlando Goñi era vital en la expresión musical de la primera orquesta de Pichuco y aunque hayan pasado tantos años y la evolución de Troilo lo haya ido llevando cada vez más alto, más iluminado, y con excelentes músicos en su formación, para bailar, siempre elegiremos ésta.

El 1 de julio de 1937, está grabado  en la historia del tango como el debut de su primera orquesta en el cabaret "Marabú", de la calle Maipú entre Sarmiento y Corrientes. Los fueyes eran Toto Rodríguez, Yanitelli y Pichuco; Stilman, Nichele y Sapochnik en violines, Fassio al contrabajo, Goñi al piano y Fiorentino en los cantables.                                                                                                                          

                          Fiorentino, Orlando Goñi y Aníbal Troilo ensayando una pieza                            

El pianista genial, único, que fue Goñi, fallecido prematuramente a sus 31 años, el Gordo con su talento y el decir inimitable de Fiore, con ese estilo de canzonetta del sur de Italia, convirtieron a la orquesta en una joya para escuchar y especialmente para bailar, Aunque Pichuco diría años más tarde que la RCA Victor le adelantaba los tiempos, era Goñi con su síncopa quien movía a los enfervorizados bailarines.

Había establecido con Pichuco contrapuntos y contra ritmos que aún hoy siguen estremeciéndonos. Y los actuales milongueros de todas partes del mundo siguen apuntándose a esos 71 registros que quedaron  de aquellas primera época genial, irrepetible, aunque la evolución de la orquesta haya sido realmente de gran valía artística y musical. 

Troilo en su interminable inquietud creadora fue el primero que hizo cantar a Fiorentino la primera, segunda y tercera parte de los versos. Hasta allí los cantores eran estribillistas; hacían sólo la segunda parte. Al contratar a Alberto Marino, también estableció la yunta de cantores fijos, que, esporádicamente había esbozado Canaro años antes.

Lamentablemente por un conflicto con la grabadora y por la guerra mundial recién comenzada que impedía la llegada de pasta para registrar el material y fabricar los discos, pasaría tres años sin grabar  con su orquesta. Hasta que sale de Odeón, firma con la RCA Victor y comienza a registrar placas con la vez de Fiorentino el 4 de marzo de 1941.

                                 

Fiorentino había comenzado su carrera en el tango como bandoneonista. Había estudiado el fueye con Minotto y comenzó a tocar  en un trío con su hermano Vicente Fiorentino, que era violinista y José Martínez al piano. Luego harían un cuarteto con Joaquín Mora y Simoni Alfaro. Pasaría a la orquesta de Francisco Canaro y allí  realiza las dos funciones,  bandoneón y canto de estribillos. Cantaría luego en varias orquestas: D'Arienzo, Cobián, Pollero, Maffia y Zerrillo.

Cuando Troilo lo llama para su orquesta inicial, iba a cumplir 32 años, había andado por Alemania, Uruguay, provincias varias de Argentina y no parecía ser la voz ideal para esa orquesta debutante. Pero sucedió todo lo contrario. La magia de Pichuco (cumpliría 23 años en esos días) le daría vuelo al melodismo de Fiore que debutó en el disco de 78rpm con la milonga Mano brava y el tango de Troilo y José María Contursi: Toda mi vida

Dejaría 60 temas grabados con Pichuco, quien luego iría incorporando a su orquesta a los cantores más festejados. La orquesta bajó el ritmo bailable y se hizo más propensa a escucharla y festejar sus creaciones y arreglos. Las voces que fue incorporando, encontrarían su consagración con Troilo. La etapa de Fiore había quedado atrás, pero es la que sigue sonando en las milongas de todo el mundo.

Porque nos impulsa con las genialidades de Orlando Goñi y Pichuco, la voz melodiosa de Fiorentino y las notas que brotan de esos instrumentos que anidan en la orquesta y sobreviven en el disco. Pichuco decía sobre Fiorentino. "Fiore fue el hombre que nos enseñó cómo subir a un escenario, sonrientes y bien "jaileifes"".

Un día como hoy, en 1975, Aníbal Troilo se despidió de este mundo (En realidad se lo da como fallecido el 18 de mayo, porque eran las 12 y 10 de la noche.). Sin embargo, 51 años más tarde, sigue vivo en el disco y su dupla con Fiore es el motor que nos sigue iluminando, junto al piano de Goñi. Una de las tantas claves mágicas que tiene el tango y que se hacen inmortales para los milongueros de ambos sexos.

Con sólo un ejemplo bastaría para demostrarlo. Y lo hago con este tango de Jorge Curi y Pedro Maffia : "Te aconsejo que me olvides".  Lo grabaron el 16 de abril de 1941. ¡Una maravilla!

                                 


 

                                        

 

domingo, 17 de mayo de 2026

Malevaje

 La figura quijotesca de Juan de Dios Filiberto representó el espíritu fraternal de la Boca. Esmirriado, de andar compadre, aliquebrado el sombrero, moño caído de  poeta finisecular, poseído por un yo fuerte y malhumorado, sus excesos se veían compensados por la entrega a causas comprometidas. Su sentido de la amistad y esa lealtad oscura a las causas anarquistas que implantaron los inmigrantes del barrio.

Ellos lo volcaron al gremialismo en defensa de los intereses de músicos. Así como peleó en la huelga de los astilleros, lo hizo con los derechos autorales y estuvo en la fundación de una Sociedad de Autores Nacionales que luego sería SADAIC, donde consta que fue el socio fundador nº 36. Siempre quiso aprender más y fue integrante de la famosa tertulia del artista plástico Hebecquer, de la calle Monasterio.                                                                                                                                                                                  

Juan de Dios Filiberto

A ella concurría gente como González Castillo, Riganelli, González Pacheco, Quinquela Martín, Fortunato Lacámera, Florencio Sánchez, Armando Discépolo y su hermano Enrique. Allí trenzaría una amistad especial con Enrique Santos, y de esa amistad nacería el tango "Malevaje" que tendría una gran repercusión popular y se instalaría en el cuore de los porteños.

Filiberto había compuesto esa música, Discépolo se llevó el monstruo y pese a su intenso esfuerzo, no le encontraba la vuelta y no lograba ensamblarlo con la música. Julián Centeya me contaba las vueltas que había dado para encontrar ese "dao", en "Decí por Dios que me has dao...". El ritmo un tanto marcial de la música chocaba con el fraseo que el poeta buscaba y eso los llevó a ásperas desintonías.

Ambos fueron cediendo poco a poco, pero la fecha de entrega se dilataba y Azucena Maizani debía estrenarlo en el Teatro Maipo, dentro de la revista musical "Fiesta del Tango".

El 21 de septiembre de 1928, la cantante y Discepolín fueron a la casa del músico a exigirle la partitura definitiva, pero la casa estaba cerrada. Filiberto iba con su armonium portátil, festejando el "Día de la Primavera", con toda la gente del barrio desfilando por la calles boquenses. Al llegar la caravana a la puerta del domicilio de Filiberto, se agolparon al reconocer al ilustre dúo. 

Y se produjo un hecho histórico: Al subir, "La Ñata Gaucha", tuvo que abrir los ventanales y fue aclamada por la multitud. Los faros de los automóviles iluminaron el improvisado escenario, como en una película de Hollywood. Y presa de una gran emoción, Azucena, sin micrófono y acompañada por Filiberto, desde el balcón estrenó improvisadamente Malevaje, mientras se abrían las ventanas vecinas.                                                                                                                                                                              


Fue una noche inolvidable y la mejor manera de entrar en el reconocimiento popular.  Ese mismo año lo grabaron la Maizani y Corsini y un año más tarde lo haría Gardel. Filiberto sostenía que por sobre todas las cosas, sus creaciones debían tener sentimiento. Y es evidente que lo tenían y, debido a ello, su obra ha superado el paso del tiempo, como es el caso de este tango.

El destino me acercó a Filiberto fortuitamente. Para una fecha patria ensayamos los del Colegio Nacional Pueyrredón junto al Otto Krause, durante dos meses coralmente: El pañuelito y Clavel del aire. El día indicado Filiberto dirigió la Orquesta Porteña y hasta Juan Domingo Perón en primera fila cantó íntegramente los dos temas junto a nosotros a la manera Filibertiana: ese estilo lento, con cierta ingenua y dulzona languidez.

Cubría su calva trasladando una guedeja de pelo de una oreja a la otra, de luengas patillas, cuerpo enjuto y nervioso. El vademécum de este músico perfeccionista al extremo, se enriquece con tangos como Yo te bendigo, Cuando llora la milonga, Ladrillo, Amigazo, Botines viejos, Linyera y una extensa lista que incluye valses, zambas, gatos, canciones, rancheras y hasta un shimmy que le grabó Gardel.

Ese shimmy lo firmó como Oscar de Ramenti (revés de Mentira), pues consideraba una traición firmar música extranjera. Gardel le grabó 16 temas suyos. Dirigió la Orquesta Porteña  con inclusión de flauta, clarinete y armonio. Intervino en la película Tango, tocó en las playas de Mar del Plata junto a Quinquela, con su armonium y en Universidades acompañó a González Tuñón que lo llamaba cariñosamente San Juan de Dios.

(Podemos verlo en la película "Tango", dirigiendo su orquesta en la interpretación del tango "Malevaje", en 1933.)                                                                                                                                                                         

                                                                                                                                                       (Y también la versión de Roberto Goyeneche, acompañado por la orquesta de Raúl Garello. Grabado el 5 de septiembre de 1977. )                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

                   

 

 

martes, 12 de mayo de 2026

Pugliese: "Tursky me avisó que salió un trabajo..."

 -"Como laburante de la música, andaba como pescado que buscaba a otro pescado para comérselo, andábamos de un lado a otro.La cosa vino hilvanada del siguiente modo: En los años 37 y 38 yo andaba sin trabajo, o haciendo trabajos sueltos.

Tocábamos en fiestas de casamiento o bautismo con mi hermano, o nos enganchábamos en laburos que duraban quince días o un mes. Organizábamos conjuntos de rejuntados por el momento.  Cosas así.

                                 

 Una vez iba caminando por Corrientes  a eso de las diez u once de la noche, cuando, al pasar por el Café Germinal, que estaba al lado de El Nacional, me encontré con Valentino, un muchacho que trabajaba de representante.

Nos saludamos y me preguntó si tenía trabajo. Le dije que no. Entonces me preguntó:        "¿No querés meterte en el Germinal?"                                                                                         -Lo que vos digas - le respondí.                                                                                                   -Andá a verlo entonces al gallego (que era el dueño)                                                                    Fui  y arreglamos el debut.

Al día siguiente comencé a hablar a gente para formar el conjunto.                                              De  bandoneones estaban Alfredo Calabró, un muchacho empleado en subterráneos cuyo nombre no recuerdo y otro que se llamaba Lamura. De violines el Flaco Rolando y dos o tres muchachos más. Todos eran gente que trabajaba de músicos, como yo, y nos juntamos. 

Actuamos poco. Luego caí preso y mientras yo estaba detenido, el Chino Tursky, que hacía gestiones para encontrar laburo, me avisa por medio de una carta, que había arreglado para actuar en El Nacional. Le había dicho al dueño que yo estaba veraneando en Devoto.            Y el dueño respondió: "Pues, si no sale, comienzan lo mismo sin él". 

 

                                 

 

Yo, desde la cárcel, le mandé decir al Chino, que aceptaba. Fue Tursky quien también se encargó de ver a algunos muchachos para organizar el conjunto. 

Salí de la cárcel cinco días antes del debut. comenzamos con la orquesta en agosto de 1939 y seguimos durante un año y pico.                                                                                                                                     

A partir de ahí empezaron las audiciones por radio y los bailes en los clubes...".. 

(Testimonio recogido por Arturo Marcos Lozza en el libro "Osvaldo Pugliese, al Colón".) 


 

jueves, 7 de mayo de 2026

SUR

 "-Desde la barranca de Boedo hacia el sur, se presentían Pompeya y Puente Alsina, con sus portones, sus chimeneas y sus inundaciones; y hacia el norte, el último pedazo de Almagro, escenario de José Betinotti, el pequeño muchacho que inventó, vaya a saberse cómo, la primera canción de Buenos Aires. Y al otro lado, Cochabamba arriba, las calles anchas y los árboles verdes y hasta retazos de alfalfares y quintas misteriosas.

Y por San Juan ganando al río, el San Cristóbal bravo lleno de mostradores y de escudos de comité y de canchas de taba y de pedanas a cuchillo. "Y a los cuatro rumbos casas sin salas y corredores profundos y huecos sembrados de vidrios y de latas y de hombres traídos por los mares y mujeres con pañuelos atados a la cabeza y muchachos argentinos que estaban fundando, sin saberlo, al hijo nuevo de la patria vieja. 

Y tal vez, este mismo cielo, esta misma mañana y la estrellas de siempre y el mismo calor de barrio y un amor parecido entre sus gentes sencillas. Boedo era algo así como un peso pesado que diera Puente Alsina para llegar al centro, como también el tránsito obligado de las gentes del centro cuando querían acercar su alma hasta el Riachuelo..." .

Así me hablaba un día de 1947 Homero Manzi, talentoso amigo y camarada. En esos momentos hilvanaba su mente las estrofas de un tango que se llamaría Sur, y en esas palabras le subía la génesis desde el corazón. No era un hijo de Buenos Aires el que con tanto fervor me hablaba de un barrio porteño. Homero Manzi (apócope de su apellido Manzione), había nacido en 1907 en Añatuya,  (Santiago del Estero).

                                 

 

Pero a la vida del espíritu en vuelo, de la emoción íntima, del numen poético, nació varios años después en Buenos Aires. Muchacho sensitivo avecindado al barrio de Nueva Pompeya y educado en las aulas del siempre bien recordado colegio de los Luppi. Seguidor adolescente de Don José González Castillo, prohombre de la barriada, Manzi afirmó la vocación literaria en su cenáculo.

Y un día, ya profesor normal, abandonó por ello la cátedra, como abandonaría después la carrera de Derecho cuando lo expulsaron de la Facultad por pertenecer a los rebeldes "estudiantes de alpargatas", que en 1930 desfilaban por la calle Florida para establecer distingos con otro tipo de calzado que gobernaba "de facto" el país.

Las letras de canciones populares y lis libretos de películas con verdadera calidad, le dieron renombre exitoso. Y por otro capricho de los suyos, cuando era positivamente "alguien" en el ambiente artístico  e intelectual, se dejó crecer la barba (modalidad desacreditada por por los que la usan para conseguir que hablen de ellos). Además, su gremialismo renovador lo llevó a los más altos cargos directivos de la Sociedad de Autores y Compositores, hasta presidirla.

                                            Tangos al bardo: SUR

A fines de 1947, Homero Manzi y Aníbal Troilo (dos "gordos" de físico, con lirismo etéreo) daban los retoques finales a su tango "Sur". Letrista y músico se comprendían en la recíproca palpitación del cariño y el arte. Su anterior composición -Barrio de tango- lo demostraba. Ya entonces Manzi sospechaba que estaba herido de muerte.

En una tarde del mes de julio de ese año, cuando sepultábamos en la Chacarita al Negro Cele, el de Mano a mano, que nos tocó despedir a Manzi y a mí con sendas oraciones, en nombre de amigos y colegas de la canción popular, él me confió en un aparte que había dicho su discurso sobreponiéndose angustiosamente a un terrible dolor interno que venía a unirse con otros anteriores síntomas horribles.

Era el anuncio de un mal que no perdona. Nuestras sospechas tuvieron desgraciado aserto. Simulábamos ante él un franco optimismo en su recuperación, pero, ¿cómo podía engañarse él con su carne dolorida, sumida al tremendo arsenal médico que lo rodeaba? En ese estado de ánimo escribió "Sur". Añorando la lozana mocedad en su barriada de adopción. Partiendo de:                                                                     

                                             San Juan y Boedo antiguo, y todo el cielo                                                                                     Pompeya, y más allá la inundación..

Caminando en un sueño de retorno, hacia el arrabal que amó..                                                                                                Sur, paredón y después... Sur, una luz de almacén...

Despidiéndose del tiempo florido del idilio:                                                                                                                                Ya nunca alumbraré con las estrellas                                                                                            nuestra marcha sin querellas por las noches de Pompeya...

Más aún. despidiéndose de la vida definitivamente...                                                                                  Las calles y la lunas suburbanas y mi amor y tu ventana, todo ha muerto; ya lo sé.

En los días del Carnaval de 1948 visité a Manzi en el sanatorio donde acababa de ser operado. Le hablé del estreno afortunado de su tango. Él, hundido en el lecho, me sonreía agradecido entre las hebras de su barba, y sus ojos me decían que le gustaba más volver a la vida empujado por esas coplas de Sur que por el filoso expediente del cirujano.

Salió mucho después de aquel sanatorio, cargando la sentencia  ineluctable. Vivió tres años más, dos de ellos cayendo y levantándose, hasta el último resto de su dinamismo heroico; postrado el último. No había cumplido cuarenta y cuatro de edad cuando la muerte le quebró la ambición de hacer montones de cosas que estaban bullentes en su pensamiento...     

Para revancha de sus manes, diré que no fue una muerte sin remedio, porque él se ha salvado del olvido".

FRANCISCO GARCÍA JIMÉNEZ  ("Así nacieron los tangos")  

-Escuchamos la interpretación maravillosa de este tango magistral, único, lleno de simbolismo para los que que transitamos por el sur de Buenos Aires, caminando Parque Patricios, Barracas, Pompeya...  Aníbal Troilo y Edmundo Rivero, en la primera grabación de Pichuco (luego lo repetiría con Goyeneche), realizado el 23 de febrero de 1948.-    
 

                                 


 

             

                                                                           

martes, 5 de mayo de 2026

Pasional

Este tango hizo furor en los años cincuenta, con la interpretación de Alberto Morán en la orquesta de Osvaldo Pugliese. Las mujeres, sobre todo, dejaban de bailar y corrían hacia el escenario, donde El Flaco se desgarraba cantando estos versos de Mario Soto que musicalizaría Jorge Caldara, cuando ambos militaban en la orquesta de Don Osvaldo. 

Morán había comenzado a dramatizar todos los temas y se especializó en los desencuentros del amor. Sus fans le gritaban emocionados: "¡Caruso!...¡Caruso!...  Él se aferraba al micrófono con sus dos manos, cerraba los ojos, parecía incluso que estaba llorando y creaba un clima increíble. Muchas parejas suspendían el baile y las mujeres se sobreexcitaban al máximo.También los hinchas del Flaco.                                                                  

                                                                                                                                                        Pasional, sobre todo, fue un tema especial por el argumento tan especial del amor imperioso, de la ansiedad que imprime en la pareja, o en uno de los integrantes de la misma. Como es el caso del personaje de este tango, que Alberto Morán lo asumía como propio en la interpretación calibrada, enganchadora, que tanto rédito le daba. Me parece estar viéndolo cuando arrancaba con estos versos. 

No sabrás, nunca sabrás
lo que es morir mil veces de ansiedad.
No podrás, nunca entender
lo que es amar y enloquecer.
Tus labios que queman,
tus besos que embriagan
y que torturan mi razón.                                                                                                                  Sed, que me hace arder
y que me enciende el pecho de pasión.
Estás clavada en mí, te siento en el latir
abrasador de mis sienes.
Te adoro cuando estás y te amo mucho más
cuando estás lejos de mí. 

Tangos al bardo: Mario Soto

Mario Soto, el autor de los versos, era en esa época el presentador de la orquesta de  Pugliese, y también representante de la misma, como había sido antes con la de Ángel D'Agostino.  Es el que está a la derecha de Pugliese cuando éste firma un contrato de actuación en radio Splendid.                                                                                                          Y disfrutaba mucho con la interpretación de Alberto Morán que atrapaba a las parejas milongueras en una atmósfera emocional tan única y especial. 

Así te quiero dulce vida de mi vida.                                                                                              Así te quiero sólo mía siempre mía.                                                                                          Tengo miedo de perderte,                                                                                                            de pensar que no he de verte.                                                                                                  ¿Por qué esa duda brutalPor qué me habré de sangrarsi en cada besote siento desmayar?

Sin embargo me atormentoporque en la sangre te llevo.Y a cada instante, febril y amantequiero tus labios besar.                                                                                                                  Tus manos desatan, caricias que me atana tus encantos de mujer.Sé, que nunca más, podréarrancar del pecho este querer.

Te quiero siempre así, estás clavada en mícomo un puñal en las carnes.Y ardiente y pasional, temblando de ansiedadquiero en tus brazos morir.
 
Y en el final de los versos, el Flaco conmocionaba a todos y los envolvía en el ungüento amoroso de la historia que reflejaba el tango. Lo curioso fue cuando tiempo más tarde, Mario Soto reveló la realidad, la verdadera historia del hombre que sufre por una mina que lo enloquece...
 
-Nada que ver - contaba- porque yo me inspiré para componer este tango en dos hermanitas chiquititas y feúchas que asistían a todos los bailes de Pugliese en la zona sur, por clubes de Quilmes, Sarandí y Villa Domínico. 
Eran tímidas, insignificantes y planchaban toda la noche. Sentí algo así como compasión y recreé en silencio el tema basado en esas dos ratitas transformadas en una mina terrible".. 
 
(En 1952, Mario Soto se retiró porque lo operaron de un pulmón. Se fue a España y allí estaría 18 años viviendo en Madrid y Barcelona, dedicado a la radio y el cine. Regresaría a su casa de La Plata, y allí fallecería ).
 
-Pugliese con su orquesta y Alberto Morán, grabó este tango en 1951 y 1952.                          Escuchamos la segunda versión del 24 de noviembre del 52. 
 
                             

  

  

 

domingo, 3 de mayo de 2026

Milonguereando


 

                                                Te juro: se me piantaron los cables

                                          Cuando ocurrió algo inefable

                                          Que en la milonga principia.

                                          Un tangazo, serendipia

                                          convocándolo al charol

                                          Y un conato de arrebol:

                                          En mi lunga iridiscencia

                                          Sufrí cierta limerencia

                                          Y me atacó la elocuencia

                                          Al invitarla a bailar.

                                          La música del estéreo

                                          Nos llevó hacia lo etéreo.

                                          Parecía inmarcesible

                                          Y vivimos lo indecible

                                          Con el melifluo sonido,

                                          Serendipia que ha unido

                                          En una efímera tanda

                                          A un chabón y a la miranda

                                          Qué gotán… ¡Flor de zaranda!

 
                                                                    José María Otero