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viernes, 18 de febrero de 2022

Un lugar de pasión

   

   Si, se puede decir algo de ella, es que de todos modos lleva un tiempo comprenderla si nunca fuiste a una milonga. Lo primero que pienso es que amo todo lo referido a la milonga. Amo aún aquello que llaman vicios, costumbres o código de milonga. Después de muchos años, hace muy poco, oí decir a un señor –bien milonguero, hombre de mucha experiencia– algo coherente, aceptable y digno sobre lo que significa esta ceremonia. 

   La llamaré ceremonia, pues estos actos tienen una validez de ritual y un profundo compromiso emocional. El hombre dijo, primero es que, los pasos, sí, los pasos del tango, son las cosas que hacemos con los pies, pero lo otro… ni aunque te lo enseñen, si no sale de adentro tuyo, no te gastes en ir a una milonga.


                             
             

   Hizo fuerte referencia al abrazo, a las manos, a la danza, a la unión de las almas. Luego dijo que no todos los pasos están inventados y que la estática no es una pertenencia del tango, el tango es diverso y permite mucho más aún. Él lleva la música dentro de sí, y cuando abraza ya estás imaginando lo que será estar abrazados, sumado a la música de ese tango. Y entonces, ¿qué es la milonga? Es el espacio del conjuro, del manifiesto perfecto para algunos elegidos. 

   Quizá hace algunos años no lo hubiera comprendido, pero ahora sí, ahora sé que nunca se puede olvidar o dejar de pertenecer o descartar aquello que se arraiga sin miedos, sin castigos, sin pedir nada a cambio. No se puede dejar de pertenecer y ese único espacio te brinda todo aquello que puedes o no compartir.

   ¿Las diversidades? Las hay a raudales; en todo lugar ocurre. Pero la milonga tiene algo que no cualquier quehacer presta. La milonga iguala las pasiones. Allí no hay joven o adulto, linda o fea. Allí hay apasionados, tristes, melancólicos, sutiles o felices que comparten “la misma pasión”. Y qué mejor nombre para la ceremonia que “Un lugar de pasión”. ¿Sabés qué es pasión? Es en verdad una emoción, un sentimiento vehemente que perturba la razón. Es como el amor, el odio, los celos. 

   Sentimientos que de por sí, pueden rondar la milonga, de tanto en tanto, y así es como formarás parte de la ceremonia. Verás que es mucho lo que se siente por esto que llamamos milonga, verás que no se puede trasmitir así nomás, sin haber al menos oído, alguna vez, algún tango y pensado en sus letras. Aquello que alguna vez alguien sintió y tuvo la virtud exacta de plasmarlo en un tango.

   La atrevida milonga se mete en las almas, para dar en un tango la sentida emoción. Irrumpe en oportunidad las soledades y muchas veces, ampara algún dolor. Adormece y acuna. Tal vez enseña a sostener una mirada de placer compartido. Adivinar en el silencio de las almas la proeza de seguir respirando Buenos Aires o las madrugadas de recuerdos. Todo así, en la milonga


                                                                                                                            Teresa Chaio

jueves, 17 de febrero de 2022

Virgilio Expósito

 Cómo componíamos con mi hermano Homero

   Yo empecé en la música a los siete años, tocando melodías muy pobres y me gustaban otras de las que no podía sacar los acordes: eran tangos de Francisco De Caro. Cuando Homero tenía quince años, mi viejo lo mandó sólo a Buenos Aires con cien pesos en el bolsillo, que era una barbaridad de guita.

   Apenas se bajó del tren, caminó derecho por Maipú y se encontró con dos casas de música, Breyer y Neumann, que eran muy completas. Se enloqueció y empezó a pedir partituras.

-Yo quiero todo-, decía.

                                           

   Cuando volvió a Zárate, donde vivíamos, traía Gershwing, un álbum de Duke Ellington; traía todo.  Esto fue en 1933, yo tenía nueve años. Ahí nos dimos cuenta que la música popular no era como nosotros pensábamos. Yo me puse a estudiar sobre eso. Tardé 23 días en poder tocar una obra del álbum de Ellington porque había mucha extensión de dedos y muchas décimas. Cuando llegué a hacerlo con gusto, le dije a Homero:

-La pucha, pero esto es en serio. Mirá lo que escribe este tipo...

   No íbamos a encontrar en ninguna parte del tango algo semejante, era otra cosa. Yo me di cuenta de que la armonía era el eje fundamental de todos esos movimientos, y me dije que tenía que saber todos los acordes que existían, porque si no, no podía vivir.

   Empezamos a componer cuando yo tenía once años y Homero diecisiete. Al principio hacíamos canciones que respondían a formas que ya se habían hecho. Entonces nos dimos cuenta que nos salían todas canciones cuadradonas y tratamos de escapar de eso. Lo primero que compusimos seriamente fue uno de los últimos tangos que nos estrenaron, Maquillaje, cuando yo tenía catorce años.

   Lo que mi hermano dijo en ese tema, a  los veinte, es terrible. Está basado en Leonardo de Argensola, que decía: "Porque este azul que todos vemos, / ni es cielo, ni es azul. / ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!".

   Un día, mi hermano me llevó a SADAIC y me presentó a Discépolo dijo: "Ah, nos vamos a divertir un rato con esta gente. Es fenómeno lo que son capaces de hacer estos tipos". Con Homero ya se estaban divirtiendo, hacía un tiempo.

                               

Homero y Virgilio Expósito

   Poco después nos estrenaron Farol, y más adelante Naranjo en flor. En este tema hicimos letra y música al mismo tiempo, y no empezó por la primera parte sino por la segunda. Homero me pidió que le pusiera música a unos versos: "Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir, por fin andar sin pensamiento". 

   Yo le contesté: "Ahí está toda la canción, ya lo dijiste todo, ¿qué vas a inventar ahora?". Después llegamos a la conclusión de que no era una primera parte sino una segunda. Nunca empezábamos las canciones por el principio. Con Naranjo en flor nos planteamos que, ya que la segunda parte tenía tanta letra, la primera debía tener muy pocas sílabas, para que el cantante que lo interpretara no se volviera loco cantándolo.  Hay más de cuatrocientas versiones de ese tema.

   Cuando él viajó a Europa, me mandaba una estrofa apenas y me pedía que escribiera la música. Yo se lo devolvía con la melodía cifrada para la guitarra y él decía: "Ah, fenómeno, ya sé cómo seguir...".

   Juntos compusimos ochocientos temas, de los cuales se grabaron setenta. Componer era nuestro trabajo y vivíamos de eso. Enseguida empezamos a ganar mucho dinero. A los dieciséis años, con cada liquidación semestral de SADAIC me podía comprar un Ford. 

   Homero introdujo en el tango el lenguaje que usaba para la poesía. Cuando hizo quinto año en el Colegio San José, en esos doce meses escribió unos 1.300 o más sonetos. Cuatro por día... ¡cómo no iba a dominar el soneto! Entonces se dio cuenta de que podía ser buen cancionero, porque la canción tiene dos versos más que el soneto.

   Él era un tipo muy calavera y yo todo lo contrario. Lo último que compusimos juntos fue "¡Chau, no va más!", que tuvo 87 versiones hasta que estuvo por fin lista. A Homero le costaba mucho sentarse a escribir porque estaba todo el tiempo tomando tragos y le tuve que tirar de los huevos para hacerlo.

                                           


martes, 15 de febrero de 2022

BIEN MILONGA

                                                     Bailen todos, compañeros

                                               porque el baile es un abrazo,

                                               bailen todos, compañeros,

                                               que este tango lleva el paso.

                                               Entre el lento ir y venir

                                               del tango va, la frase dulce...


   Sí, el baile del tango es un abrazo sentido, emotivo, vibrante. que te conduce a situaciones especiales durante la noche. Como sucede en BIEN MILONGA este martes y todos los martes del año, en la convidante sala de la madrileña Casa de Aragón, desde las 23 a las 0 horas, con una música exclusiva para milongueros.

                             

   Preparando máquinas para la milonga de esta noche, echamos una miradas por pistas variadas donde comprobamos que el tango ha echado costumbre permanente y se lo baila con la debida pasión.

   Por ejemplo, en el Recuerdo Tango Festival de Varsovia (Polonia), en el que nos encontramos a Vanesa Villalba y Facundo Piñero, bailando el tango Cantemos corazón, por la orquesta de Carlos Di Sarli, cantando Roberto Florio. 

                         
     Un saltito hasta San José (California- U.S.A.) y allí vemos a Miriam Larici y Leonardo Barrionuevo que se mandan con el valsecito Dichas que viví interpretado por Rodolfo Biagi, su orquesta y Andrés Falgás.

             

    Y cierro el viajecito en la milonga Tango Místico, de Budapest (Hungría), donde Octavio Fernández y Noelia Hurtado se lucen bailando la milonga Sacachispas, por la orquesta de Julio De Caro, cantando Héctor Farrell. 

                                         
           La vueltita nos ha dado un empujonazo para esta noche de BIEN MILONGA.                     

sábado, 12 de febrero de 2022

Esta ciudad

    Reconozco que toda la obra del poeta Héctor Negro me fascina, me acerca al barrio natal, a la adolescencia y la juventud,  las primeras aventuras, los códigos de la barra y todo aquello que fue quedando atrás pero que tanto sirvió para transitar la ruta de la vida. Sus versos son filosofía pura. Porteñería al mango. El lenguaje que se encuentra imaginariamente con lo visual.

   No me canso de releer su poesía que actúa como conjuro. Sin caer en estereotipos ni clichés. Ese halo nostálgico y crepuscular, en un estallido de ilusiones y desilusiones, si bien tiene una sensación de melancolía en su pintura, muestran a un gran retratista poético. Los recuerdos difusos de la infancia van forjando un espacio y un tiempo. 

                                     

Héctor Negro, un poeta del tango con mayúsculas

   Cómo no sentirnos impregnados de esa nostalgia por el pasado en las baldosas y adoquines que acunaron los juegos y sueños compartidos. El paisaje de la realidad palpitante no logra eclipsar el tiempo transcurrido, sino que agranda la fuerza biyectiva de la juventud que soñaba con perpetuarse en los lugares de su vida donde fue tan feliz. Y entonces llegan esos cambios bruscos. La continua metamorfosis del supuesto progreso que él lo interpreta en modo opuesto. Aferrándose a lo vivido.

Ciudad,
que se me va de las manos.
A mí
que la amasé en luz y barro.
Ciudad,
abeja de hollín porfiado.
Neón,
sobre el desvelo clavado.

Jaulón,
de bache, pared y asfalto.
La grúa sobre la pena
y una garúa de antenas
desplumándome el gorrión. 

    El poeta que nos va desvelando su amor por el mapa envolvente de sus sueños lejanos, se va adaptando, como es lógico, a los adelantos de la modernidad que mejoran la vida de los habitantes de la ciudad y los nuevos inquilinos que llegan de otras partes en ese mundo nuevo. Todo cambia, como le sucede también al muchacho que va formando su vida, pateando nuevos rumbos y adaptándose felizmente a su querida y renovada ciudad.

Me la mojaron raras olas de otra playa.
Entró a orejear un caracol a transistores.
Y hasta el amor, el pan y la baraja
se los trampearon con mentiras de colores.

Y yo tras ella manoteando entre las llagas,
buscándola en las madrugadas fabriqueras,
en el amor, en la amistad que no se paga,
en esa bronca que nos une con cualquiera.

Y así,
hasta entender su locura,
yo perseguí su ternura
y con la luz que me dura
le hice esta mueca de amor.

   Hermosos versos que serían musicalizados por el guitarrista-compositor Osvaldo Avena y que representaría la última grabación de Jorge Maciel con la orquesta de Osvaldo Pugliese, en  noviembre de 1967. La podemos recordar aquí.

                       



martes, 8 de febrero de 2022

Bien Milonga

¡Seguime, corazón!

    Sí, la mujer sigue al hombre y también propone en la pista, porque ése es el dúo no hablado de la pareja, bailando tangos, milongas y valses. Como sucede todos los Martes del año en BIEN MILONGA.

                                      

Y esta noche en la coqueta pista de la madrileña CASA de ARAGÓN, te recibimos para que puedas vivir ese ambiente milonguero que nos envuelve desde las 21 a las 0 horas.

   Ahora arranco con esas exhibiciones de distintas parejas por esas milongas del ancho mundo donde el tango sigue pegando fuerte y ganando adeptos día a día con la magia de aquellas orquestazas...

Me instalo en La milonga del puerto, en Valparaíso Chile, con Carla Rossi y José Luis Salvo, que se mandan con El tango es el tango, por la orquesta de Ricardo Tanturi, cantando Alberto Castillo. 


   De ahí salto a Moscú, donde Sebastián Achával y Roxana Suárez, bailan el Valsecito criollo que interpretan Juan D'Arienzo y su conjunto.
       
                                           

   Sigo en Rusia, ahora en el Festival La Boca, para ver a Sebastián Arce y María Marinova, luciéndose al compás de Milonga de mis amores, por el quinteto de Fernando Marzán. 


   Y ahora... es el turno de los milongueros que nos citamos esta noche en BIEN MILONGA.



domingo, 6 de febrero de 2022

El rito


“Puedo vistear tu estampa, tu arquetipo…”
Héctor Chaponick  

La calza en un abrazo de rante malevaje
enfunyinado el mate, con aire de shofica,
masticando compases su sangre shomistraje,
y la paica ensobrada, lo chaira y lo replica.

El punto se embalurda de’sparo y farolea
dibujándole verduras de furca a la chirusa
que con sabia menesunda, el fato relojea
cinchándolo al breón, sarpada de carpusa.

En el orre bailetín, va diquera la papusa,
colibriando, reluciendo cartel con el bramaje,
alardeada de musa, abrojada al pogua como chusa

pa' que su Cacha choree perfil en el baraje
arrastrando los fangruyos, ¡dequerusa!
mostrando en el leiba prontuario sin truchaje.

Y en la feria del engrupe taya fuerte el misturaje
del gavión de gacho gris y la grela rantifusa,
floriándose bajo la luna naerma, ranera y comifusa

                                                                      jmo


martes, 1 de febrero de 2022

Bien Milonga

                                                   Yo soy el tango, señores
                                                   bien porteño, siempre fui,
                                                   mi viejo es un bandoneón,
                                                   mi cuna es este compás
                                                   que los invita a bailar.                                                  

     Sí, y nosotros, Charo y un servidor, les invitamos a disfrutar de una noche de Martes Bien Milonga, en la entrañable sala de la madrileña CASA de ARAGÓN (Pza. República Argentina nª6). Desde las 21 a las 0 horas le damos caña a los remos con una música muy milonguera.

                    


   Y para ir calentando motores y preparando el cuore, nos damos la consabida vueltita por esas milongas, que siguen creciendo a lo largo y ancho del planeta, para ver en acción a algunas de las parejas que  convocan gente con sus exhibiciones.

   Arrancamos en Francia, más concretamente en el Festival de Tarbes, donde Ricardo Calvo y Sandra Messina se lucen bailando el tango Emancipación, por la orquesta Color Tango.

    

  Saltamos al Southern California Tango Champioship, en Estados Unidos. Acá son Facundo Piñero y Vanesa Villalba los que se mandan con el valsecito Recuerdos de la pampa, que interpretan Juan D'Arienzo, su orquesta y Alberto Echagüe.  

                                          

   

   Cerramos el tour en el Salón Margherite de Nápoli (Italia), para ver en acción a Javier Rodríguez y Fátima Vitale dando caña al compás de la milonga La espuela, por la orquesta de Juan D'Arienzo.

                                         


   Y esta noche BIEN MILONGA convoca a la fiesta de los Martes para darnos el gustazo.