Translate

martes, 31 de mayo de 2022

Bien Milonga

                                              Tango como ese del tiempo de antes,
                                               medio sencillo, medio compadre,
                                               con sus desplantes como era el tango
                                               cuando era tango con otro traje.
  
   Efectivamente el tango va cambiando en aquella etapa en que se fue aposentando en la sociedad porteña y en las milongas de los clubes de barrio, donde adquirió su formato definitivo, social y elegante, que iría conquistando a gente de todo el mundo.  

                     
    Para muestra basta un botón, reza el refrán, pero yo buscaré más demostraciones del porqué el tango ha ganado un lugar tan importante en las milongas y festivales que se realizan en distintas pistas bailables del planeta.

   Por ejemplo, arranco en Ghedi (Provincia de Brescia -Lombardía- Italia). Allí, en la milonga La rotonda, están  Alejandra Mantiñán y Aoniken Quiroga, que bailan el tango Cristal, por la orquesta de Aníbal Troilo, cantando Alberto Marino.

                              
   Sigo en Italia. Ahora en el Tango Meeting Caserta, de esta localidad. Son en este caso Vanesa Villaba y Facundo Piñero, los que se mandan con el valsecito Miedo, por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Héctor Mauré.
                                           

       Y cierro el meeting en Moscú. Concretamente en la milonga Me gusta. Allí bailan tangueando Sebastián Arce y Eleonora Kalganova, esta canción que interpreta el israelí Yehuda Emanuel.

                                          


   Es el precalentamiento para esta nochecita de Martes 31 de mayo en BIEN MILONGA...                              

             

domingo, 29 de mayo de 2022

Las voces que lucieron con Pichuco

    No cabe duda alguna de que la orquesta de Aníbal Troilo fue "La orquesta de los cantores". La lista de voces que lucieron en su orquesta elimina cualquier sospecha de error. Después de Gardel -el inventor del tango cantado- los mejores cantores que tuvo el tango, se alinearon con Pichuco en algún momento de su trayectoria.

   Floreal Ruiz, Edmundo Rivero y Roberto Goyeneche fueron, a mi juicio -y al de la mayoría- los tres intérpretes más destacados del género. Y Raúl Berón no desmerece en esa lista de lujo. Debemos tener en cuenta que el tango tuvo muy buenos intérpretes vocales, tanto en el género masculino como en el femenino. Y el hecho de que Pichuco contara con todas estas figuras lo dimensionan aún más y demuestran que él fue todo un maestro en la elección y formación de cantores.

                                 

Orlando Goñi y Troilo inspirando a Fiorentino

   Si analizamos los logros del primero que formó en la orquesta: Francisco Fiorentino, tendremos que confirmar una vez más que Troilo tuvo algo de  maestro en el tema. Porque, el que se transformaría en Fiorentino a secas, o Fiore para las barras milongueras y tangueras, pasó por varias orquestas sin el menor brillo. Había arrancado como bandoneonista y Canaro prefirió que cantara.porque no le gustaba como músico.

   En su misión de bandoneonista-estribillista, estaría sin pena ni gloria en conjuntos varios: Juan Carlos Cobián, Roberto Firpo, Pedro Maffia, Juan D'Arienzo, Roberto Zerrillo, en la orquesta de quien había sido su maestro de bandoneón: Minotto Di Cicco, Daniel Álvarez, Ricardo Malerba. En 1931 con la orquesta Fogelman-Gorrese, realizó una extensa gira por Europa sin resultados positivos.

   Es sabido que, cuando Troilo forma su primera orquesta, en 1937, había escogido a Rodríguez Lesende como cantor, pero éste tenía un buen trabajo y no aceptó. O sea,  Fiorentino llegó de casualidad y porque el tiempo se les venía encima. El trabajo que tuvo Pichuco para encausarlo vocalmente con la música, fue tremendo. Y el resultado sorprendente. Si uno escucha culaquier versión anterior de Fiore cantando no puede creer que sea el mismo que estuvo casi 7 años con Troilo dejando 60 hermosas grabaciones. Ni siquiera después, volvió a ser aquel Fiorentino. 

                                  

Troilo con su dulaa de cantores: Edmundo Rivero y Floreal Ruiz.

   Y después vendrían dos cantorazos como Alberto Marino y Floreal Ruiz. El tano Marino tenía un timbre de voz de mucho calibre. Había pasado por las orquestas de Fortunato Martino, Emilio Balcarce, Luis Moresco y Emilio Orlando, cuando Pichuco le ofrece un lugar en su orquesta para compartir con  Fiorentino. Justo iba a ingresar en  la orquesta de Biagi, pero creyó que con Troilo encajaría mejor y aceptó la proposición. 

   Tenía veintitrés años entonces y pronto se ganaría los aplausos de crítica y público. A tal punto que Alfredo Gobbi lo bautizaría como "La voz de oro del tango". Tenía una potencia vocal notable que Pichuco supo atemperar en busca de la interpretación ideal y semejaba a un tenor reducido a barítono.  

   Y llegaría el compañero ideal para Marino. Un Floreal Ruiz que estaba en la orquesta de Alfredo De Angelis y haría historia con Troilo, al reemplazar a Fiorentino. Rápidamente la nueva dupla se ganó los galones a pulso y pasarían a tener un sinfín de admiradores.

   Aníbal Troilo fue siempre muy comprensivo con sus cantores y les abría la puerta cuando alcanzaban un status superior que les permitiría ganar más dinero, liberándolos. Así fue como Marino se lanzó como solista y su puesto sería cubierto por ese cantor de pinta rara, alejada de la pinta gardeliana y con una voz que no terminaba de convencer, aunque Horacio Salgán ya le había dado el plácet en su orquesta.

   Edmundo Rivero, efectivamente,  en  se ganó la gloria con Pichuco y con Floreal lograron una cota aún superior. Alcanzaría a dejar 22 registros discográficos en los dos años que Rivero militó en la orquesta de Troilo, pero sus interpretaciones de temas como Sur, Tu pálido final, La viajera perdida, consagraron a un cantor distinto, genial.

 La lista completa publicada en la revista La Maga
                                          

   Fueron pasando Aldo Calderón Jorge Casal (que tuvo problemas en su garganta y no alcanzó el pico esperado), Raúl Berón (cantorazo), Carlos Olmedo, Pablo Lozano y llegaría otro grande que haría pata ancha en la orquesta abriendo las puertas hacia su cartel definitivo: Roberto Goyeneche.

   El Polaco supo aprovechar la ocasión, ya había mostrado sus garras con Salgán y Troilo le dio todo su apoyo y las armas para que luego saliera por la puerta grande rumbo a la consagración definitiva que le estaba esperando. No era una buena época para el tango, habían ido desapareciendo las milongas donde se bailaba y en las que las orquestas amenizaban dichas reuniones masivas. Pero Pichuco con el Polaco lograron ir sobreviviendo, maravillosamente, antes de que éste se marchara rumbo a la gloria definitiva.

   Pasarían Ángel Cárdenas, Rufino, Nelly Vázquez, Tito Reyes cumpliendo con su rol, aunque en otra etapa menos tanguera. Los discos grabados por todos estos intérpretes están instalados en la historia del tango. Y son imborrables.

viernes, 27 de mayo de 2022

Sentimental y dramático

 El tango alcanzó su destino el día que el bandoneón le dio su sello definitivo a la gran creación.


   ¿Qué misterioso llamado a distancia hizo venir a un popular instrumento germánico a cantar las desdichas del hombre de Buenos Aires?

   Hacia fines del siglo, Buenos Aires era una gigantesca multitud de hombres solos, un campamento de talleres improvisados y conventillos.

   En los boliches y prostíbulos hace vida social es masacote de estibadores y canfinfleros, de albañiles y matones de comité, de musicantes criollos y extranjeros, de cuarteadores y proxenetas; se toma vino y caña, se canta y se baila; salen a relucir epigramas sobre agravios recíprocos.

                                  


   El compadre es el rey de ese submundo, mezcla de gaucho y malo y de delincuente siciliano, viene a ser el arquetipo envidiable de la nueva sociedad: es rencoroso y corajudo, jactancioso y macho. La pupila es su pareja en este ballet malevo; juntos bailan una especie de pas de deux sobrador, provocativo y espectacular.

   Es el baile híbrido de gente híbrida: tiene algo de habanera traída por los marineros, restos de milonga y luego, mucho de música italiana. Todo entreverado, como los músicos que lo inventan: criollos como Ponzio y gringos como Zambonini. 

   Artistas sin pretensiones que no estaban haciendo historia. Orquestitas humildes y rejuntadas que sabían tener guitarra, violín y flauta, pero que también se las arreglaban con mandolín, con arpa y hasta con armónica.

   Hasta que aparece el bandoneón, el que le dio sello definitivo a la gran creación. El tango iba a alcanzar ahora aquello a que estaba destinado, lo que Santo Tomás de Aquino llamaría "lo que era antes de ser", la quidditas del tango.

                                  


 Instrumento sentimental, pero dramático y profundo, a diferencia del sentimentalismo fácil y pintoresco del acordeón, terminaría por separarlo para siempre del firulete divertido y de la herencia candombera. De los lenocinios y piringundines, el tango salió a la conquista del centro en organitos con loros que inocentemente pregonaban atrocidades: "Quisiera ser canfinflero / para tener una mina..."

   Encarnaba los rasgos esenciales del país que empezábamos a tener: el desajuste, la nostalgia, la tristeza, la frustración, la dramaticidad, el descontento, el rencor y los problemas. Negar la argentinidad del tango es un acto tan patéticamente suicida como negar la existencia de Buenos Aires.   

   Y con la invencible energía que tienen las expresiones genuinas conquistó el mundo. Nos plazca o no (generalmente, no), por él nos conocieron en Europa, y el tango era la Argentina por antonomasia, como España eran los toros. 

   Y, nos plazca o no, también es cierto que esa esquematización encierra algo profundamente verdadero, pues el tango encarnaba los rasgos esenciales del país que empezábamos a tener: el desajuste, la nostalgia, la tristeza, la frustración, la dramaticidad, el descontento, el rencor y la problematicidad. 

   En sus formas más delicadas iba a dar canciones como Caminito; en sus expresiones más grotescas, letras como Noche de Reyes; y en sus modos más ásperos y dramáticos, la tanguística de Enrique Santos Discépolo.

Ernesto Sábato



martes, 24 de mayo de 2022

Bien Milonga

                                                Bailar el Tango es un hipnótico andar,
                                                siendo uno el otro en un instante y, al fin,
                                                espiritualizadamente bailar
                                                sobre el pañuelo del adiós al partir.

    Así como lo bailamos todos los Martes del año en BIEN MILONGA. Como algo que aviva el espíritu en el reencuentro esperado, en la pista de los sueños. Sabiendo que el tango nos unirá siempre. Y así lo disfrutamos, con mucho sentimiento.
 

   Esa manera de sentirlo, interpretándolo con los cuerpos y el alma, podemos apreciarlo permanentemente en diversos lugares del mundo, en los que el tango ha echado el ancla para disfrute de sus gentes.

    Como ejemplo, arranco en Serbia, concretamente en el Belgrado Tango Encuentro, donde Sara Grdan e Iván Terrazas bailan el tango El adiós, por la orquesta de Osvaldo Pugliese, cantando Jorge Maciel.  

                             
     Salto al Benidorm Tango Festival, en España, para ver cómo lucen Facundo Piñero y Vanesa Villaba bailando este valsecito clásico: Violetas, que interpreta Alberto Castillo, acompañado por la orquesta de Enrique Alessio.
               
                                           
   
   Y cierro el viaje en La Tanguería, de Bruselas (Bélgica). En este caso son Melisa Sacchi y Cristian Palomo los que se mandan con esta milonga: Meta fierro, por la orquesta de Juan D'Arienzo.

                                           

   Y ahora nos toca a nosotros. Esta noche de Martes en BIEN MILONGA.


sábado, 21 de mayo de 2022

Atilio Talín

    Mi entrañable amigo Atilio, o Tanuca, como le llamaba Piazzolla, dado que ambos tenían raíces itálicas en su genealogía, acaba de ver editado su libro "Mi vida junto a  los grandes del tango", y es realmente un documento imperdible. En la portada se puede ver al autor junto a grosas figuras del tango que lo trataron y lo acogieron en su maraña de amigos. Porque Atilio Talín, no sólo frecuentó  y se ganó a pulso esas amistades, sino que supo hacerse un hueco importante en el mundo del tango.

                            

Atilio Talín con su flamante libro (Foto de  Juan Manuel Foglia)

   De parola sabia, veterano de noches y madrugadas junto a los grandes, lunga pinta que no desluce el paso de los años y sobre todo el tono mesurado, que siempre respeta las reglas de la intimidad. La amistad como ejercicio máximo de entendimiento, tan valorizada por los hombres de la noche, y por ese rito tácito de los porteños, fue fundamental en su andadura y por eso fue apreciado y admitido en la plana mayor  del tango. Respeto, oídos abiertos y conducta, fueron su santo y seña.

   Su padre vivía junto a la casa de Aníbal Troilo y ambos nacieron en 1914, por lo cual fueron amigos desde pibes. Y cuando Atilio tenía trece años, su padre lo llevó a la casa de Pichuco y se lo presentó.

-Acá tenés al pibe - le dijo.

   Pichuco lo abrazó, le dio un beso , le dijo "¡Qué lindo pibe" y como el papá y el Gordo eran hinchas y socios de River, iba con ellos a ver los partidos en la platea del Monumental, desde que contaba diez años de edad. Y luego conversaban con los futbolistas del equipo millonario, cosa que al chico le parecía algo maravilloso. Así fue cómo estar cerca de Aníbal Troilo le fue abriendo puertas importantes.

   Tenía ya los dieciséis, pantalones largos y Pichuco, lo ensarta en la rueda de amigos que se juntaban en el boliche de Corrientes y Paraná por las noches. Entre ellos estaban Alfredo Gobbi, locutores-animadores como Augusto Bonardo y Armando Rolón y amigos que se iban sumando.                                                                                                                             

    -Lo cierto es que Troilo fue como un padre para mí, me orientó, me cuidó y me presentó a infinidad de gente. Una de aquellas noches  salimos de allí y me llevó a la casa de Mariano Mores.

                                         




   -Pichuco le había grabado varios temas a Mores que tuvieron mucho éxito como Cristal, Copas, amigas y besos, Sin Palabras, Una lágrima tuya, Uno, El patio de la morocha... Y lo increíble y muy importante para mí fue que Mariano me tomó mucho cariño, me hizo pasar muchos momentos hermosos en el seno de su familia y de paso me dio un pequeño trabajo junto a él, como asistente. 

   Y de repente, en la conversa, Atilio me detiene y me dice: "Vos viviste esas cosas tan lindas que tenía Buenos Aires. Y yo tuve el privilegio de conocer lugares como el Chantecler, el Ta Ba Ris, que era algo impresionante. Una belleza, un lujo total: los caballeros de smoking, las mujeres vestidas de primera... ¡Qué maravilla! Ahora que repaso todo aquello, siento que Buenos Aires nunca volverá a ser lo que fue.. Algo irrepetible.".

   Pensó que debía estudiar música y fue durante un breve tiempo a la academia de los De Caro. Pero le duró poco porque los días se le ocurrían muy breves debido a las ocupaciones. Conocería y trataría a grandes del tango como Discépolo, Cadícamo, y todos lo recibían como un personaje del tango, aunque  era apenas un jovencito que crecería a toda máquina dentro de aquel ambiente inolvidable.

                                  


   -A mí me gustaba Piazzolla. Desde que escuché su tango Lo que vendrá, tocado por Troilo y su orquesta, quedé impactado. Ya le había grabado cinco temas a Astor, que era bandoneonista de su orquesta, pero Lo que vendrá me transportó. (A mí me pasó lo mismo). Y comencé a seguirlo.  Él supo instalar en los atriles de sus conjuntos un énfasis nuevo, distinto, que para muchos tangueros era un disparate.

   Yo tenía una agencia de autos importados (ahora la lleva mi hijo), y solía ir a escucharlo a la boite Jamaica, en la calle San Martín al 900. Tenía entonces el Primer Quinteto y era un lugar de culto. Actuaba también Horacio Salgán (con quien yo desarrollaría gran amistad), concurrían músicos de jazz de la talla de Lalo Schifrin,  Baby López Fürst, Jorge y Oscar López Ruiz, o el Gato Barbieri. Incluso pasaban por allí extranjeros de gran nivel como Count Basie, Ella Fitzgerald, Harry James o Burt Bacharach.

   Me hice fan de Piazzolla en una época en que tenía más contras que hinchas. Y pese a que con todos los grandes que conocí, intimé rápidamente, con Piazzolla no me animaba. Quizás por sus reacciones explosivas, que, con el tiempo descubrí que era su manera de vivir en guardia permanente, ante los ataques. Una noche escogí un auto Giuletta, de mi Agencia de coches importados y me fuí al Jamaica. Siempre hacía estas cosas para vender mis autos porque llamaban la atención.

   Cuando terminan su actuación, los músicos salen a la calle para dirigirse a otros sitios. Yo hago lo mismo y me dirijo al coche, cambiándole la mirada a Piazzolla. Éste de repente me mira junto al auto y me larga:                                                                                                          

-¡Lindo el Alfa Romeo... verdad!

                             


   Yo no lo podía creer, me temblaron las piernas. Y me dijo que desués de la música, lo que más le gustaban eran los coches. Ahí empezó nuestra relación. Lo invité a dar una vuelta por varios lugares de la ciudad, incluso por el autódromo y le caí fenómeno. Al mudarse cerca del Congreso y de mi agencia, venía seguido a charlar y me acompañaba. No sé qué le atrajo de mí, tal vez la relación con Pichuco, la organización que yo tenía de espectáculos, o la pasión que ponía en mi negocio. Lo cierto es que una tarde me dice:                                                          -Quiero que seas mi apoderado.

   Yo le cité varios nombres apropiados y él negando con la cabeza, insiste:                                   -No te pedí que me dieras ningún nombre, sino que fueras mi apoderado. Vos te encargás de los negocios y yo de la música.

   Ahí nomás me pidió la cédula y me firmó el contrato. Incluso luego pasé a ser su mánager. Mantuvimos treinta años de gran amistad y trato profesional. Fue realmente maravilloso. Hablar de todo lo que vivimos juntos en tantos lugares del mundo sería interminable. La última charla que tuve  con él fue el día antes que le diera el ataque cerebral. Estaba de buen humor. Todo lo que hubo que hacer con él y los papeles hasta su muerte fueron agotadores. Yo lo extraño cada día que pasa. 

   Vivo en el piso que que fuera suyo, con mi familia, en Libertador y Olleros. En la sala donde él tenía el piano monté un Museo Personal del Tango, con miles de recuerdos. Las vistas son al Hipódromo, al estadio de River, al Aeroparque. Y quería despedirme en esta charla contigo recordándote que me dedicó el tango Verano porteño. Y también Tango para una ciudad. Además fué padrino de mi hijo Christian y le dedicó un tango: Chris- Talín.

   

   

jueves, 19 de mayo de 2022

Mocosita

      1926. De vuelta en Montevideo y a la barra de amigos. Algunos habían seguido estudiando, se habían recibido y habían desertado. Otros seguían al firme... ¿Para qué preocuparnos de la vida? Hay que dejarla deslizarse... Mañana lloraremos igual el tiempo ido, la juventud que se fue para no volver... Entretanto vivíamos lo más alegremente posible.

   Montevideo había crecido, se había puesto pantalones largos y tenía un nuevo cabaret, haciéndole la competencia al Moulin Rouge. El "Royal Pigall"  se llamaba y se levantaba sobre las ruinas de un famoso tambo, cerrado por el Municipio junto con todos los demás tambos que estaban ubicados dentro de la ciudad.

                                       

Gerardo Matos Rodríguez

   Yo no faltaba jamás a las tertulias de cada noche. La concurrencia era de lo más heterogénea y no había despedida de soltero o festejo de algún acierto en el hipódromo de Maroñas que no se hiciese allí. Pero nosotros éramos habitués, La "barra ateniense", nos autodenominábamos. Nos querían mucho. 

   No por lo que pudiera ganar el dueño con nosotros, sino por el buen humor, el ingenio para divertirnos con poca plata, la desfachatez y la simpatía.Más vale caer en gracia que ser gracioso... dicen. El dueño, de apellido Visconti, nos servía los copetines a mitad de precio de artista: nos cobraba exactamente la mitad.

   Fue a mi vuelta de Europa que compuse Mocosita, inspirado en esas veladas y especialmente en una buena amiga, alegre y generosa, que las compartía con nosotros. Víctor Soliño, uno de los de la barra, le escribió una letra preciosa. Tiene emoción y tiene ternura. Me gusta.

                                   


   Mocosita se estrenó en el Teatro Odeón (que tiempo después fue el Royal), cantado por Pepita Cantero. Era parte de una revista desopilante: "Seguí Pancho por la vía", escrita por Roberto Fontaina y por Víctor Soliño, dos atenienses de pura cepa. 

   La noche del estreno no había una sola butaca disponible. Se ve que el agotamiento o la emoción que le produjo el éxito fueron demasiado para Pepita. A los dos días hubo que transformar a "Mocosita" en "Mocosito" y dejar que lo cantara Luisito Viapiana.

Gerardo Matos Rodríguez 

(Del libro: Yo Matos Rodríguez), por Rosario Infantozzi Durán, descendiente del autor de "La cumparsita")

   Carlos Gardel lo grabó en ese año 1926, acompañado por las guitarras de José Ricardo y Guillermo Barbieri. Alfredo De Angelis con su cantor Carlos Dante, le dieron nueva vida al estrenarlo en el Glostora Tango Club y grabarlo con gran éxito, el el 29 de abril de1949. Lo escuchamos:

                                      


martes, 17 de mayo de 2022

Bien Milonga

                                                Salir a bailar este tango
                                                es empezar a quererte,
                                                es mucho decir callando
                                                dejando que hables, tan sólo vos.
 
                                               Tu música es Buenos Aires
                                               valor, guapeza y dolor,
                                               ternura y pinta compadre
                                               querido tango, ése sos vos.

   Todo eso y mucho más es lo que encierra el tango en sí. Y cuando lo bailamos, lo sentimos profundamente. Es la clave de todo: el sentimiento. Por eso es que ha ganado un lugar privilegiado en tas milongas que hay hoy día distribuidas por todo el universo. Y en BIEN MILONGA esta noche, desde las 21 a las 0 horas lo disfrutaremos una vez más.

                              


     Como de costumbre, una passeggiata por distintos festivales de Tango nos permien ver a parejas que dan exhibiciones y muestran los atributos de esta danza tan especial.

   Por ejemplo, Nos damos una vuelta por el Tango Festival de Sofía (Bulgaria), donde Carlitos Espinoza y Noelia Hurtado bailan el tango  Rondando tu esquina, por la orquesta de Osvaldo Pugliese, cantando Roberto Chanel.

               

  Un saltito hasta el Lisboa Tango Festival (Portugal) y vemos a Roxana Suárez y  Sebastián Achával, que se mandan con la Milonga del 83, interpretada en vivo  por la orquesta La Juan D'Arienzo.

                                             


     Cerramos el viaje en el Lime Tango Café de Seúl (Correa del Sur), donde Sebastián Plñero y Vanesa Villalba giran al compás del valsecito Como la margarita, por la orquesta de Alfredo De Angelis cantando Carlos Dante y Oscar Larroca.

                                         


    Ya nos dimos manivela y ahora a prepararnos para esta nochecita en BIEN MILONGA