A veces, escuchando música, reaparecen temas perdidos en la historia del tango, tan poblado de temas exitosos y otros perdidos en archivos históricos a los cuales acudimos ya pocas veces. Porque el tango, las orquestas, cantores, letras, músicas, autores, compositores, fueron dejando su sitio a las nuevas ondas y todo cambia, se moderniza, deja paso a lo novedoso.
Pero que los tangueros seguimos firmes, milongueando con los antiguos registros discográficos e incluso escuchándolos en el ordenador, el teléfono, la radio o el reproductor, permite que sigan teniendo vigencia. Y entonces reaparecen aquellos temas que en su día recibieron mucha repercusión, porque el tango tuvo un protagonismo especial durante los años de gran eco popular.
Como este de Francisco Lomuto, por ejemplo, que compuso en 1934 firmando la letra como Pancho Laguna (su seudónimo) y la música con su verdadero nombre y apellido. El tema ganó el Primer Premio en el Concurso de Tangos que organizó ese año Francisco Canaro, en su comedia teatral "La canción de los barrios". Segundo se clasificaría nada menos que el tangazo de Manzi y Piana: "El pescante".
Y lo más notable es un Ministro de Japón le entregó a Lomuto un Diploma por este tango que compusiera, a raíz del premio de “Churrasca”, en aquel concurso. El tango ya empezaba a encantar a los japoneses y esta gentileza del Ministro lo vino claramente a demostrar. Los versos del propio Lomuto le hablan a la "churrasca", término lunfardo que señala a la mujer bella.
para explicarte, vidita,
mi querer;
frases bonitas
que hablaban con ternura
de tu atrayente figura,
tus encantos de mujer.
Pero no pude
terminar esa cartita
para poderte, vidita,
convencer;
y tantas cosas
en ella te decía
que al final ni yo entendía
y la tuve que romper.
¡Mi churrasquita!...
Yo no encuentro otra palabra
que mejor la puerta me abra
para expresarte mi amor.
Ahora que siento
que se abriga en mí un cariño
lo confieso, como un niño,
así, estoy.
¡Churrasca!...
¡Mi churrasquita!...
Entendé esta palabrita
que te dice tantas cosas...
y abrí tu corazón.
y te hablo con franqueza:
temo perder la cabeza
y el valor.
Pasé las horas
consultando diccionarios,
libritos, epistolarios
y formularios de amor;
pero en ninguno
de esos libros con versitos
encontré mi amor escrito
con calor.
No hubo un poeta
que me diera un buen consejo...
Por eso, derecho viejo,
yo me haré entender mejor.

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