Se trata de una pareja de bailarines norteamericanos que impactan por su profunda comprensión del género, su compenetración y la capacidad que demuestran para sorprender permanentemente, bailando seriamente o hasta haciendo algún número humorístico con el tango.
Nicholas Jones comenzó a aprender a bailar tango en 1996, y hoy es un cotizado profesor que incluso ha dado clases en Buenos Aires. Pero además no tiene reparos en confesar que si encuentra algo que le interese en otro colega, no dudaría en ponerse a sus órdenes para seguir aprendiendo. Cabe agregar que es discjockey, músico y coreógrafo. Y en cada una de esa facetas muestra una capacidad asombrosa. La suma no deja lugar para la duda.
Diana reúne numerosas disciplinas en su andamiaje lo que le permite hacer de todo con su cuerpo. Con una plasticidad que pareciera no tener límites, siempre abrevando en la musicalidad, por supuesto. Ha hecho ballet, danza contemporánea, bailes folklóricos latinoamericanos, pilates, yoga y canto, lo que combina con sus conocimientos de la biomecánica, que le dan un plus como profesora y como bailarina de tango, género que terminó atrapándola y en el que demuestra una enorme solvencia y profesionalidad. Y le sienta de maravilla.
Tanto Nick como Diana, hurgan en la técnica y la estructura para que cada alumno, con los que se vuelcan, pueda en última instancia. llegar a tener su propia expresión en la danza. Como profesores se sienten obligados a darlo todo para el estudiante, mientras que, como artistas, tienen el objetivo de ocultar sus secretos para poder enamorar y deslumbrar a la audiencia con su técnica poderosa. Y lo logran, vaya si lo logran. Diana, en realidad, parece de goma. Su flexibilidad es asombrosa.
Han trabajado en Festivales con Gustavo Naveira y Giselle Anne, entre muchas otroas parejas, y Nicholas parece tener algunas cosas de Gustavo. Lo increíble es que pueden bailar un tema de Ignacio Corsini con guitarras, o a Alfredo Zitarrosa, Jimmy Hendrix, o blues con pasos de tango. Y hasta hacer un mix con Chopin y Edgardo Donato. Son unos verdaderos artistas y me da mucho placer verlos, aunque a algunos puristas les disguste este tipo de shows. Pero ellos tienen mucho tango y lo demuestran como acá, bailando este tema de Osvaldo Pugliese
Nick sabe hacer un divertimento que encandila a la concurrencia, porque le sobran condiciones para ello. Incluso en caricaturas. Como aquí, en sus comienzos, con Amy Anderson.
Y ahora los vemos a Nick y Diana, milongueros al mango. Buenísimos.
O a orillas del Sena, dándole a D'Arienzo en el tango: No mientas.
Nick ha hecho y hace de discjockey porque conoce a las distintas orquestas y sabe cuales son los temas y la música que hace bailar a los milongueros. Y como decían aquellos vendetuttis que subían a los colectivos y ofertaban su mercadería para terminar con aquello de: ..."Y por si esto fuera poco", y sacaban algún otro utensilio del bolso interminable, este bailarín dirige su Orquesta Natural Tango y ¡toca el bandoneón! Y Diana canta en la misma. Mariano Mores sentenció un día. "Es una vieja y actualizada maldición: El que toca nunca baila". Junalo Marianito... Algo increíble pero cierto y lo podemos ver en este video de Youtube, donde tocan al más puro estilo Di Sarli, el tango de Arolas: La cachila.
Es ídolo popular en Finlandia y ha realizado giras por infinidad de países, triunfando en todos con su hermosa voz de tenor y el tango que destila a través de ella. Se consagró como ídolo muy lejos de su Buenos Aires natal y en un país que ama el tango pero de costumbres tan disímiles. Tuvo que dejar la cálida succión del cobijo hogareño y lanzarse a la aventura, en una de esas tantas crisis económicas que azotan a la Argentina y que hunden a muchísimas familias en la desesperanza total.
Martín nació en el barrio de Flores que nunca olvida, en su casa de la calle Aranguren que sigue manteniendo y donde se aloja cada vez que regresa. También vivió con su familia 4 años en Mar del Plata, que recuerda muy felices, sobre todo por los partidos de fulbito con los chicos amigos. En 2002, cuando después de seis meses de pensárselo seriamente, decidió afrontar sus miedos y dudas y partió a España, porque en Barcelona estaban amigos suyos, dió el paso para iniciar una aventura que lo ha llevado a realizar desde entonces más de 400 conciertos en toda Europa y Sudamérica con auditorios colmados. Ha realizado cuatro álbumes y ha ganado recientemente el premio "Latin UK" en el Reino Unido en la categoría "Concierto del año de Artista Internacional"
En su casa porteña no había antecedentes artísticos pero su padre era tanguero. A Martín le gustaba la música y a los 19 años decidió estudiar seriamente guitarra. En ese entonces tocaba rock, jazz, pop, en diferentes bandas, hasta que un día vio en televisión a Rubén Juárez cantando tango y su cabeza y su corazón sintieron un bandazo. El padre de Martín escuchaba siempre música de este género. Y entonces el muchachito comenzó a sentir y cantar tango hasta convertirse en uno de los valores jóvenes de mayor proyección.
Martín Alvarado en Rusia
Esa ilusión se fue desvaneciendo cuando estando en Barcelona y para subsistir, se vio obligado a cantar tangos en la calle. Algo muy duro para un artista, pero que hoy lo recuerda con mucho cariño y alegría. Porque fue mágico. Un día, dos turistas finlandesas se acercaron a escucharlo, lo aplaudieron, le compraron sus discos y le dijeron que debía ir a Finlandia a cantar, que allí sería ídolo y demás. Intercambió con ellas los respectivos correos electrónicos y mantuvieron la relación epistolar.
De Barcelona, Martín saltó a Nantes y a París, y en la capital francesa recibió un mensaje de Anne una de las dos señoras del encuentro en las Ramblas de Barcelona. Ella le decía: "No nos defraudes a los finlandeses y ven acá". Le habían conseguido dos contratos en la ciudad de Tampere, una ciudad situada a 170 kilómetros al norte de Helsinki. Voló hacia la nueva aventura, se encontró con una pequeña comarca desolada en ese domingo a la noche que nunca olvida. Y allí comenzó la aventura hacia la fama para consagrarse en el que es, para muchos, el mejor cantor de tango del Siglo XXI.
Ha cantado con Orquestas filarmónicas, incluye tangos nuevos y antiguos en su repertorio, incluso algunos que no han tenido gran repercusión y así ha ido cosechando aplausos en Rusia, Finlandia, Polonia, Eslovenia, Bélgica, Francia, Hungría, Uruguay, Letonia, Suecia, Bulgaria, Noruega, España, Italia, Austria, Estonia, Holanda, Ecuador...y Argentina. En Buenos Aires actúa con gran repercusión cada vez que puede, con las guitarras de Horacio Avilano y su cuarteto, con la orquesta que dirige Raúl Garello, con la de Fabián Bertero y otros conjuntos.
Martín, que conserva la melena que se fue dejando, imitando a Glenn Hughes, un músico de rock británico muy conocido por haber sido bajista y cantante de Deep Purple, y que lo impactó allá por los setenta, usa ropa informal para actuar. Con su estilo, su carisma y el fraseo de su cálida voz crea el clima temporal y emocional perfecto y sus conciertos son un éxito asegurado de público y aplausos.
Pero su sentido de pertenencia lo lleva una y otra a vez a sus ciudad. Al lugar donde descubrió a su ídolo: Ruben Juárez. Adonde tiene a sus amigos, afectos y gente del tango que lo espera para redondear actuaciones y grabaciones que siguen dando la vuelta al mundo.
Les invito a verlo y escucharlo en dos temas. De Roberto y Miguel Ángel Puccio: Una tarde cualquiera. Lo acompañan José Ogivieki en el piano, Mariano Cigna en bandoneón y Marcos Ruffo en contrabajo.
A continuación Fruta amarga, el tangazo de Homero Manzi y Hugo Gutiérrez con el cuarteto de Horacio Avilano.
Y va la yapa. Un hermoso e íntimo tango de Joaquín Mora y José María Contursi, donde Martín brilla con todas las luces y la calidez de su voz: Más allá. Joyitas.
Hoy he decidido subir al Blog esta nota que le hicieron a todo un hombre de tango como es Horacio Godoy. Reúne varias facetas que lo distinguen y su ejemplo puede servirle a mucha gente que quiere aprender a bailar bien el tango o a pasar música. El reportaje lo escribió Muriel Rébori y lo publicó la Revista: La Milonga argentina. Además me placer ver bailar a Godoy con mi amiga Cecilia Berra que pasó un tiempo viviendo y milongueando en Madrid. Siempre tuvo unas condiciones notables para bailar tango y lo hacía y lo hace de forma natural, sin esfuerzo.
Horacio Godoy: "Artista es aquel que logra transmitir diferentes emociones"
Comenzó como DJ, y en Michelángelo “lloraba todas las
noches” escuchándolo a Roberto Goyeneche. Defiende la evolución del
tango, pero “primero hay que cultivar la raíz”. De sus grandes maestros
dice: “Tenías que aprender viéndolos. Uno preguntaba: ¿Pero, cómo? y
te respondían: “miralo, pibe”. Hincha confeso de D’Arienzo, reconoce su
admiración por Troilo, y cuenta que en Europa lo asocian a las
milongas “rabiosas” de Hugo Díaz.
Artista de pura cepa, no se toma pausas a la hora de buscar nuevos
rumbos. Sabe nadar muchos mares y cruzar fronteras, sin perderse y
evolucionando en forma admirable. Horacio Godoy, o “el Pebete” como le
dicen popularmente, sobresale en todo lo que se propone: como bailarín,
docente, productor, y musicalizador de “La Viruta”, la milonga que
junto a Luis Solanas y Cecilia Troncoso, organiza desde hace 15 años.
Además, es papá de Carmela y Catalina, y esposo de Mercedes D’Orta,
periodista e instructora de yoga, a quien conoció en la milonga del
subsuelo del club Armenio. Y hermano de Mora Godoy, e hijo de la
periodista Blanca Rébori.
Godoy cultivó su propio estilo para bailar, y cuando lo hace el
público a través de su cuerpo va escuchando la música. En lo que va del
año, ya dejó su huella por Europa, Estados Unidos, México y Ecuador. Y
lo esperan nuevas giras para los meses venideros…
En esta entrevista, abordó todos los temas de su versátil trabajo y la actualidad tanguera: - ¿Te gusta participar de los festivales internacionales?
- Era algo que tenía pendiente. En un comienzo no pude porque estaba
en “Tanguera” y después me dediqué a la familia, pero ahora llegó el
momento de meterme un poco en el mercado y la verdad lo disfruto porque
quería vivenciar qué era eso de estar en Europa.
- ¿Cómo empezaste a bailar tango?
- Comencé como DJ en 1991, en Michelángelo, y luego arranqué a tomar
clases en la escuela de Miguel Ángel Zotto. Mis grandes referentes han
sido Miguel Ángel, Julio Balmaceda padre, Graciela González, y a los
milongueros de Urquiza les debo todo: Al Chino Perico, Carlitos Moyano,
el Turco José, Gavito, que si bien no era de Urquiza, también me enseñó
mucho, y por supuesto, a Pepito Avellaneda. Por suerte, llegué a
agarrar el último eslabón de la cadena, y eso fue lo que me dio el
sello. Ahí tenías que aprender viéndolos. Uno preguntaba: ¿Pero, cómo? y
te respondían: “miralo, pibe”. - ¿Y después llegó La Viruta?
- Antes hicimos con Juan Fabbri la milonga de Almagro, los martes, y
después, sí, nos asociamos con Luis y Cecilia para organizar La Viruta,
hace más de 15 años ya. - ¿Crees que hay verdaderos artistas en el tango?
- Muchas veces se confunde el artista con el género. No todos los
bailarines y músicos son artistas, muy pocos llegan a esa línea. Ojalá
yo llegue algún día porque es muy difícil. Mi primer encuentro con el
arte fue con el Polaco Goyeneche. Yo trabajaba en Michelángelo y todas
las noches me hacía llorar. Trataba de mentalizarme de que esa vez no
lo iba hacer y no podía. Toda la sala lloraba. El no era un cantante,
era un artista. El logró cruzar ese límite que muy pocos pueden hacer.
Lo mismo pasa con los bailarines. Artista es el que logra transmitir
distintas emociones, como llorar, calentarse, enojarse y todas las que
se te ocurran. Es el que consigue que la emoción se apode del público.
Bailando con Cecilia Berra
- ¿Qué opinás de lo que dijo Gustavo Naveira en nuestra edición anterior respecto de la evolución del tango?
H: Creo que siempre tiene que haber un desarrollo evolutivo de
cualquier arte, porque la sociedad va cambiando. Primero uno tiene que
cultivar la raíz para después poder darle su propio criterio de
evolución, que es lo que a veces no pasa porque arrancan directamente
con lo que es tango nuevo. Por eso, muchas veces la gente no sabe lo
que es un tango milonguero, o de salón, o canyengue, como tampoco
tienen idea si está sonando D‘Agostino, Pugliese o D’Arienzo. Se pierde
la esencia si uno no tiene la base, y después se ve algo hueco, vacío,
mas allá del desarrollo que quieran hacer. - ¿Cuántos estilos de tango hay?
- El Milonguero y el de salón, es un Boca-River. Después, el tango se
divide en los bailarines de festivales, en los de milonga, en los de
casas de tango y en los de tango escenario.
Tango de “poros abiertos”
Como dis-jockey, “El Pebete” colecciona en su computadora “12 mil
grabaciones de tango”, y admite que para poder escucharlas “necesitaría
muchos años, así que lo hago cuando puedo”. Cuando se le pregunta cuál
es su orquesta favorita, responde enseguida con una sonrisa: “¡Yo soy
hincha de Juan D’Arienzo! Pero la mejor orquesta, el que me parece que
entendió la esencia del tango fue Aníbal Troilo. Por robo”. Una
“travesura” artística muy recordada fue su experiencia de “director de
la Orquesta Color Tango”, y así lo recuerda: “Estábamos con Roberto
Álvarez sentados en La Viruta y él me cuenta que sabe que yo soy hincha
de D’Arienzo y no de Pugliese, a lo que yo le respondo que Pugliese me
gusta, pero mi corazón esta en D’Arienzo, entonces Roberto me dice que
van a tocar “Este es el rey” para mi. Y ahí fue que me desafió a que
yo los dirigiera porque le dije que no hacían bien las pausas. ¡Salimos
y salió increíble!”. - ¿Qué significa La Viruta para vos?
- Más allá de que sea un slogan, es el semillero del tango.
Realmente, cumple con ese rol y cumplimos con un formato de milonga que,
sin perder la esencia, mutó. Porque no es una práctica, ni es una
milonga tradicional. Logró tomar carácter propio a lo largo del tiempo y
es un punto de encuentro para muchos de los bailarines cuando vuelven
de las giras. El trabajo que hacemos con Cecilia y Luis es muy fino,
muchas veces nos sentamos a pensar hacia dónde queremos que vaya el
barco… Hay que estar 15 años en un lugar que abre de miércoles a
domingos.
- ¿Cómo ves el circuito de milongas hoy?
- En las milongas porteñas se generó, como nunca en la historia, un
clima de camaradería increíble. La relación con Omar Viola, con los
chicos de Práctica X, de Malcom, de Gricel, de Sunderland es realmente
excelente. Entendimos que con las milongas cumplimos un rol cultural
recreativo. - ¿En La Viruta es difícil aprender a bailar?
- El objetivo de La Viruta es que la gente baile de manera social y
muchas veces no es bailar estilísticamente bien. Ahora, si la persona
se quiere perfeccionar sabe qué días puede venir porque hay maestros que
enseñan niveles avanzados con criterio y buen desarrollo pedagógico.
La principal meta nuestra es que las personas que nunca bailaron en su
vida se animen hacerlo y se incorporen a este mundo que tiene algunos
códigos de convivencia. El poder de retención que tiene La Viruta, de
alumnos intermedios y principiantes, es muy alto a comparación de otras
escuelas.
- ¿Cómo elegís los tangos para una exhibición?
- Ahora estoy bailando algunas milongas más rabiosas de Hugo Díaz, o
hago algo antes del ‘35 o después del ‘50, no bailo mucho tango
tradicional del 40. Esta es una decisión porque me gusta bailar desde un
lugar más visceral que no estaba del todo cubierto y que funciona
bien. Hace unos meses, en Turquía bailamos cuatro tangos muy viscerales
con mi compañera, Cecilia Berra. Evidentemente, estoy asociado en
Europa y los Estados Unidos a un tango “de poros abiertos”. - ¿Alguna vez soñaste con todo esto?
- Siempre me puse objetivos e intenté cumplirlos y hasta que no los
lograba no paraba. A mi me costó muchísimo, yo era un patadura. A los 20
años era una silla bailando, no como los pibes de ahora que vuelan. La
tuve que pelear, los primeros años tomaba clases todos los días y
bailaba mínimo 8 horas, de lunes a lunes.
“Es muy difícil conseguir pareja de baile”
Desde hace seis meses, Horacio baila con Cecilia Berra, aunque
también hace algunos trabajos puntuales con Alejandra Mantiñan y con
Marcela Durán en “Forever Tango”. Anteriormente, bailó con Cecilia
García. “Lo que encontramos con Cecilia García, mi anterior compañera,
fue muy productivo. Cecilia tiene mucha presencia. Y con “Ceci” Berra
estamos hace poco tiempo y lo estamos trabajando”, describe. - ¿Qué tiene que tener una bailarina para bailar con vos?
- Hoy, lo que yo necesito para bailar es que tenga un mix de lo
tradicional y lo nuevo. Es muy difícil conseguir pareja de baile tanto
para la mujer como para el hombre. - ¿Por qué?
- Principalmente por el lado humano, porque uno convive mucho en las
giras con la pareja, y también le tiene que gustar a mi mujer porque yo
me voy a ir con esa persona, y ya tenemos dos cosas “extra baile”.
Después, está el tema de la danza en donde uno tiene que coordinar
energías, dinámicas, estilos y sobre todo gustos. Ahí esta el verdadero
crecimiento de la pareja, en las diferencias.
- ¿Quién es “la Maradona” del tango?
- En el escenario es Mora Godoy, y por robo. Lo que hizo ella como
bailarina, empresaria, coreógrafa y con su escuela no lo ha hecho
ninguna bailarin
- ¿Bailás lo mismo en un festival que en un escenario?
- Muchas veces si, pero lo que no se comparte son los niveles de
energía. Por ejemplo, en un festival de Portugal cambiamos todo a
último momento porque el público era muy milonguero y nosotros habíamos
preparado un show “muy arriba”. Era un salón señorial, pequeño y con
luces blancas. Fue la primera vez en mi vida que abrí una exhibición
con Troilo-Fiorentino, y una milonga de Donato. En cambio, en el
escenario uno juega con las luces, los frentes y otras cosas más,
entonces podés hacer un tema como los del Polaco Goyeneche muy abajo o
muy arriba como Hugo Díaz. Esa es la magia del escenario. - También produjiste el CD de Esteban Morgado.
- Produje el CD de Morgado con el que ganamos el premio Carlos
Gardel, estuvo nominado al Grammy y estamos en miras de producir un
show. Además estoy haciendo un micro de tango en radio con Pablo de
León, los lunes a las 20:30. - ¿Qué consejo le darías al lector en relación a su vínculo con la milonga?
- Creo que en este mundo tan mentalizado y globalizado, hacer
corporal algo es buenísimo. En los tiempos que corren, uno tiene que ser
ganador, efectivo, y el arte es precisamente todo lo contrario. Cuanto
más efectivo, menos artístico es. Por ejemplo, a veces, les explico a
los chicos que para bailar a “El Tuerto” (N. de R.: Carlos Di Sarli),
tienen que salir a perdedor, porque si salen a ganador no van a
entender su esencia
Muriel Rébori Fotos: Alejandra Marín, Daniel C. Mora y gentileza H. Godoy
Y acá lo vemos bailando en un Festival en Italia en el año 2009, con la genial Alejandra Mantiñán. Lo hacen con el tango Mano a mano por Hugo Díaz con su armónica y acompañamiento.
Es imposible dejar de recordar las noches porteñas, esas horas en que los sueños quieren materializarse y la vida se ve y se vive de otra manera. No hubo ciudad en el mundo que tuviera la vida nocturna de la ciudad de Buenos Aires.
Héctor Marcó lo reflejaba en su hermoso tango: Esta noche de luna. Una declaración de amor en la que desliza estos versos incitantes:
La noche es azul, Convida a soñar, ya el cielo ha encendido su faro mejor. Si un beso te doy, pecado no ha de ser: culpable es la noche que incita a querer.
Con la obsesión insalubre de los veinte años, me sentí atrapado por la magia de aquellas noches irrepetibles en que el tango habitaba los boliches, los cafés, las discusiones, las confiterías y cabarés. En aquellos periplos nocturnos de una ciudad y época irrecuperables, cimentado en los afanes, venturas y deseos, recorrí milongas, postas noctámbulas y el tango se afincó en mi oreja y mi cuore.
Eran unos tiempos en los que sonar en la radio garantizaba llegar a nutridas cantidades de público y se constituía en un impacto hoy sólo reservado, quizás, a una final futbolística de alto nivel. Así amasé una historia de formación y descubrimiento, con aquellas grandes orquestas y cantores que poblaban las noches de Buenos Aires en sus recintos íntimos.
Con el correr de los años y el descubrimiento de distintas ciudades de Europa y Estados Unidos, en los años sesenta, sentí más que nunca, que el mapa de la noche porteña era único. Como un dictum desde el cual la nocturnidad no se presenta como un tiempo sino como un espacio donde expandir la otra vida. La de la aventura incierta.
El tango lo refleja con rotundidad. La primera letra del género escrita por Pascual Contursi no habla del día sino de Mi noche triste. Como el tango de José María Contursi y Osmar Maderna: La noche que te fuiste. Porque la noche es el amor consumado, o el fin del romance, las copas compartidas, la ilusión que nos lleva a la milonga, la belleza de las mujeres preparadas para la fiesta, el abordaje cognitivo de las emociones, el espesor de las apariencias que nos permiten ignorar lacras y miserias cirncundantes.
Incluso, Manolo Ferradás Campos en el tango al que le puso música José Tinelli: Será una noche, sólo imagina la vuelta del amor, en horas noctámbulas.
Yo sé que habrá una noche
feliz de mi existencia,
será la noche aquella
triunfal de mis amores,
cuando el cansancio de vivir
te haga volver,
yo sé que habrá una noche
en que vendrás a mí.
Y en ese valsecito que no nos cansamos de escuchar o bailar: Pedacito de cielo, Homero Expósito hasta metaforiza la noche y las cosas que con la luz del día cobran otro cuerpo. Otro espíritu. Y necesita recurrir a la noche para pintar la felicidad del amor y la tristeza del final.
La casa tenía una reja pintada con quejas y cantos de amor. La noche llenaba de ojeras la reja, la hiedra y el viejo balcón. Recuerdo que entonces reías si yo te leía mi verso mejor. Y ahora, capricho del tiempo, leyendo esos versos lloramos los dos.
Anoche estaba romántico, un amigo me mandó uno de esos modernos power point, donde aparecen imágenes nocturnas de Buenos Aires, un fondo del fueye de Rodolfo Mederos sobre Romance de barrio, el valsecito deTroilo y Manzi; y unas palabras del escritor y poeta Abelardo Castillo, extractadas de un texto suyo titulado: Buenos Aires azul. Me gustó mucho, agudizó mi estado romántico y por primera vez decidí introducir uno de ellos en el Blog. Es corto, pero lindazo.
Lo titulan: Nocturno de barrio y lo pueden disfrutar a piaccere manejando el ratón o el enter.
La etapa de formación inevitable la fue cumpliendo Osvaldo Pugliese en los palcos de cafés, como se estilaba y luego, a medida que avanzaba en sus conocimientos musicales, integrándose en conjuntos como el de Paquita Bernardo, aquella mujer bandoneonista; con Enrique Pollet ("El francesito"); y contratado por Pedro Maffia debutó en el Sexteto de éste en noviembre de 1926, que completaban Alfredo De Franco como segundo bandoneón, Elvino Vardaro, primer violín, Cayetano Puglisi, segundo violín y Francisco De Lorenzo en contrabajo.
Sexteto Vardaro-Pugliese
El que ya era autor nada menos que del tango Recuerdo, formaría con Elvino Vardaro el recordado Sexteto que debuta en el año 1929, en el Café Nacional, de la calle Corrientes. No les fue nada bien en una gira que realizaron por provincia y se disolvieron. Pero al año siguiente ya habían conseguido rearmarlo con Pugliese al piano, Elvino Vardaro y Alfredo Gobbi en violines, Miguel Jurado (luego entraría Aníbal Troilo en su lugar) y Ciriaco Ortiz en fueyes y Luis Pucherito Adesso en contrabajo. El debut fue en 1930 en el cine Metropol de la calle Lavalle, pero, por lo que fuera, la suerte no les acompañó.
Osvaldo Pugliese (arriba 2º por der.) en la orquesta de Laurenz
En 1932 actúa en otro Sexteto, con Alfredo De Franco, Eladio Blanco, Elvino Vardaro, Carlos Campanone, Alfredo Corleto y la famosa (por el tango que le dedicó Homero Manzi), Malena Tortolero como cantante. En el interin, con Alfredo Gobbi y Aníbal Troilo cuando conseguían contrato en alguna sala o Café, formaban conjunto y a la cabeza del mismo figuraba el que había logrado el acuerdo respectivo con el sitio. Pedro Laurenz lo incluye en su orquesta que actúa en "Los 36 billares" de la Avenida de Mayo y su nombre ya tiene chapa ganadora en el ambiente.
Orquesta Pedro Maffia 1926. Pugliese está arriba.
Es en 1936, cuando Osvaldo Pugliese se larga como director con una orquesta de siete miembros: Alfredo Calabró, Juan Abelardo Fernández y Marcos Madrigal en bandoneones; Rolando Curzel y Juan Pedro Potenza (violines), Aniceto Rossi (contrabajo) y Pugliese al piano. Arrancaron en el Germinal de Corrientes 942 y allí estrena uno de sus primeros tangos: Las marionetas. Vendría la disolución, el paso del muchacho de Villa Crespo por las orquesta de Elvino Vardaro y Eduardo Chon Pereyra, otro fugaz intento en 1938 con conjunto propio que toca en el Germinal y otra vez en la rueda de la espera, buscando cumplir su sueño.
La primera orqueta de Pugliese que debutó en el Café El Nacional
Por fin el 11 de agosto de 1939, ahora sí, el Café El Nacional de Corrientes 1974, es el escenario del debut con su nueva orquesta, que según cuenta su hija Beba, es la que siempre añoró. La conforman Enrique Alessio, Osvaldo Ruggiero y Luis Bonnat en bandoneones y en ese orden jerárquico; Enrique Camerano, Julio Carrasco y Jaime Tursky en los violines; Aniceto Rossi al contrabajo, Pugliese al piano y Amadeo Mandarino como cantor. Y Beba recuerda que su padre había salido de la cárcel cinco días antes del debut en el Café El Nacional. El Chino Tuursky fue quien iba consiguiendo los músicos que le recomendaba Pugliese desde el canuto.
-Cuando terminaban la actuación , cada día a las 7 de la tarde, Mandarino -comentaba mi viejo- tenía un cochecito, y en él íbamos con el Chino Tursky a recorrer todos los clubes ofreciendo la orquesta -rememora Beba en su libro-.
Pugliese y Mandarino de traje blanco. Ruggiero y Alessio últimos (arriba y abajo)
En el pequeño palco del Café-Bar Argentino de Villa Crespo (Corrientes y Canning) comenzaron a convocar a un público fervoroso que aplaudía a rabiar cada una de las interpretaciones de la orquesta. En 1940 la orquesta estaba integradaEl éxito le permitió escalar rápidamente posiciones y actuarían en clubes, cabarets y en Radio El Mundo, adonde llegan finalmente en el año 1941. "No se imaginan la de matrimonios que salieron de aquellos bailes" -comentaría Pugliese años más tarde.
Fueron pilares fundamentales de la orquesta: Aniceto Rossi -al que el bandoneonista de la Orquesta, Esteban Gilardi le dedicaría su tango Don Aniceto en señal de reconocimiento-, Enrique Camerano, Julio Carrasco y Osvaldo Ruggiero que arrancó como segundo fueye con 17 años y en 1945 pasaría a ocupar el primer atril de los bandoneones al alejarse Enrique Alessio. En 1940 (foto de arriba) se habían agregado Antonio Roscini en bandoneón, Antonio Puleio en violín y Augusto Gauthier como cantor,
El 15 de julio de 1943, la orquesta debuta por fin en el disco, en el Sello Odeón. El primero que sale a la calle es uno de 78rpm, como se estilaba por entonces, conteniendo, de un lado Farol, el tango de Homero y Virgilio Expósito, cantado por Roberto Chanel, y en la otra faz, El rodeo, de Agustín Bardi. Osvaldo Pugliese ya estaba en la Historia grande del Tango. La incorporación de Chanel a la orquesta fue otro gran acierto del Director, ya que "El Turco", con su voz nasal y su chamuyo de barrio, le dió gran relieve a las obras que interpretó con la orquesta de Pugliese.
Creo que vale la pena recrear hoy esos dos primeros temas que Pugliese largó a las calles porteñas para demostrar que se identificaba plenamente con el pueblo que habría de seguirlo para siempre.
Como lo anuncié hace unos días, el próximo 11 de junio, la Embajada Argentina en Madrid organiza un homenaje a Aníbal Troilo, al cumplirse cien años de su nacimiento. El lugar escogido para dicho evento, es La Casa de Vacas de Madrid, ubicada en el hermoso Parque del Retiro.
Tendré el honor de ser el Presentador de esa fiesta tanguera y de poder contar historias y anécdotas relacionadas con Pichuco. La entrada es gratuita y una vez completado el aforo, se cierran las puertas de dicha Casa de Cultura.
Participan destacados artistas, orquesta, cantantes, guitarristas, parejas de bailarines, como está detallado en el Programa respectivo. Casa Argentina de Madrid colabora en la organización y difusión del Homenaje.
Y para ir entrando en calorcito, nada mejor que esta interpretación del tango de Julián Plaza: Danzarín, por la Orquesta de Aníbal Troilo, en el Teatro Colón, espectáculo que tuve la enorme fortuna de poder disfrutarlo en vivo, en ese Coliseo que algunas veces le abrió la puerta al tango.
Se llamaba en realidad Ángel Amato, pero desde joven le gustó usar ese seudónimo cuando empezó a guitarrear en boliches y cantinas de los barrios porteños de Villa Luro y Mataderos. En aquella época de dúos y trios se alineó con los guitarristas Juan José Riverol y Ángel Robledo, aunque éste último dejaría su sitio a Alfredo Lucero Palacios. Sería esta última la etapa en que compuso su renombrado vals.
Así se fue introduciendo en el mundo de la bohemia, de la noche, la radio y...las carreras de caballos. En el hipódromo, donde lo conocí, tuvo un compañero de correrías: Enrique Dizeo, que colaboraría con él en la letra de ese valsecito peruano que lo haría famoso y daría la vuelta al mundo: Que nadie sepa mi sufrir. Ese vals del cual se enamoró Edith Piaf en su visita a Argentina y con el título de La foule, lo paseó por Europa. Raphael, Julio Iglesias, Claude Lelouch, Plácido Domingo, Franck Pourcel, Nati Mistral, Francis Lai, María Dolores Pradera, o Charles Aznavour serían algunos de los artistas famosos que lo interpretaron, además de numeros cantores y orquestas de tango. Alberto Castillo, Argentino Ledesma, De Angelis-Carlos Dante, Gobbi-Alfredo Del Río-Tito Landó, Alberto Marino.
Con las regalías que le fueron produciendo este tema, contaba que las había aprovechado para comprarse un casa grande en Mercedes, donde invitaba a su barra de amigos a cantar, guitarrear y a saborear los suculentos asados que preparaba en la misma.Y también le sirvieron a él y a su compadre de aventuras, Enrique Dizeo, para apostar parvas de boletos en Palermo o San Isidro, a caballos que les dejaron algunas alegrías pero sobre todo bastantes desencantos.
Curiosamente, ni Dizeo ni Cabral llegarían a casarse aunque tuvieron novias de larga duración y también efímeras. La bohemia de ambos les impediría llegar a formalizar la unión con una mujer y obligarse a mantener un ritmo de vida más ordenado y quizás más sedentario. Entre ambos compondrían otras páginas: Y con eso dónde voy, La miel de tu boquita, Que sea lo que Dios Quiera, Un cielo para los dos y La hormiguita.
Cabral fue autor de unas doscientas páginas. Colaboraron con él numerososos poetas, pero sobre todo su vecino y amigo del barrio, Reinaldo Yiso (Ghiso), con quien, entre muchas otras obras firmaron juntos: El clavelito (Roberto Rufino también aportó), Maldito Corazón, Desagradecida, Mentiras y una larga lista.
Otros temas que tuvieron bastante relieve fueron: Su nombre era Margot (letra y música suyas, que escribió pensando en un amor del barrio frustrado y que le permitió lucirse a Morán con Cupo), Adiós adiós (Con Félix Lipesker y Sara Rainer), Incomparable con Manolo Barros; Tu beso y nada más (Con Floreal Ruiz y José Basso); Corazón con Atahualpa Yupanqui; Amor de chiquilina con Erma Suárez; Fueron tres palabras con Titi Rossi, por citar algunos.
Bien cargada de vida y aventuras su mochila y su guitarra (también tocaba el violín) , murió en su ley a los 86 años. Un poco antes, cuando el periodista le preguntaba por Que nadie sepa mi sufrir, el tema que lo instaló en las orejas y el corazón de tantos enamorados, con su parsimonia y elegancia sempiternas, no tuvo reparos al responder modestamente:
-Es un lindo valsecito peruano, pero pienso que a mí me tocó el ser supremo con la varita mágica. No lo puedo comprender, sinceramente. Si hay veinte mil canciones mejores...Incluso creo que he hecho otras superiores, pero así es la vida... y no me puedo quejar, todo lo contrario, he sido un afortunado. Un gran afortunado.
Hoy traigo al Blog ese vals peruano que todos cantamos en algún momento. Hay innumerables versiones, y yo lo traigo por Alfredo Gobbi con sus cantores Alfredo Del Río y Tito Landó. Lo grabaron el 30 de junio de 1950. Y por Osvaldo Pugliese con la voz de Miguel Montero el tango: Y con eso donde voy, también de la yunta Cabral-Diseo. Fue llevado al disco el 28 de noviembre de 1956.