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sábado, 17 de agosto de 2013

Héctor Mauré con D'Arienzo

Fue una de las voces emblemáticas en la orquesta de Juan D'Arienzo y dejó 50 temas grabados que son la muestra cabal de su estilo, su timbre de voz cristalino y melódico, no exento de cierto toque de dramatismo, en algunas piezas que así lo exigían.

De corte bien gardeliano y físico de cantor de ópera, curiosamente sus primeras apariciones en público fueron en pantalones cortos, porque le gustaba el boxeo, tan de moda en la Buenos aires de entonces, en que los barrios desbordaban de cantores, guitarreros y boxindangas. Lo practicaba en el Boxing Club Colegiales y un nocáut sufrido a tiempo, le hizo abandonar este deporte que le dejó el recuerdo del hueso de la nariz algo abollado.
                                 


Entonces, como buen hincha de Gardel, a la vez que trabajaba, comenzó a cantar en un Café, donde entrevió sus posibilidades, que fue despuntando brevemente en algunas orquestas con su itálico apellido: Falivene y el nombre de  entrecasa: Tito, aféresis de Vicentito. Porque se llamaba en realidad Vicente José Falivene. Pintaba para cantor de orquestas como Di Sarli o Fresedo, por su estilo, cuando se presentó a uno de aquellos concursos de vocalistas tangueros que tanto apasionaba por entonces.

En este caso lo organizaba la firma Puloil, un polvo limpiador de vajilla, que convocó a una ristra de aspirantes a la popularidad canora. Y lo ganó con apenas 18 años, gracias al voto del numeroso público oyente, cantando Lo han visto con otra y Confesión. Y de paso cañazo, un contrato de seis meses en radio ganando 500 pesos mensuales.

 Se dió cuenta que podía desarrollar una carrera y comenzó a tomar lecciones en la Academia PAADI de Luis Rubistein, donde conocería a Fidel Pintos, el futuro cómico, que sería su primer representante. Y la oportunidad le llega cuando se retira Carlos Casares de la orquesta de Juan D'Arienzo, que decide probar a varios cantores, para sucederlo. Se realiza la prueba en la mítica sala B de Radio El Mundo, y Fulvio Salamanca es el encargado de probar a los aspirantes que son bastantes. Cuando Tito Falivene canta La mariposa, en el estilo bien  gardeliano, la sonrisa final de Salamanca, que a su vez recibe el guiño de D'Arienzo, lo dice todo.

La orquesta de D'Arienzo con sus cantores Mauré y Reynal
Debutará en el Cabaret Chantecler con su nuevo alias artístico: Héctor (por Varela, el primer bandoneón) Mauré (apellido de la esposa de D'Arienzo). Y su primer registro del 12 de diciembre de 1940, es el vals Flor del mal, de Juan Carlos Graviz.

En esta hermosa etapa que dura cuatro años, Mauré aporta 50 registros con el director de Balvanera. El último será Amarras, de Carmelo Santiago y Carlos Marchisio, realizado el 21 de julio de 1944. Y comienza su celebrada etapa de solista, que lo llevará a dejar de recuerdo sus 293 grabaciones. Lástima que, como suele suceder en un país cainita, por su adscripcion al peronismo, con la caída del gobierno de Perón en 1955, debido a un golpe militar, es prohibido en radio y televisión y en su ostracismo sólo le queda el resquicio de cantar en un boliche de La Paternal.

Antonio Maida presenta a Mauré, junto a Centeya
 Hoy evoco aquella brillante etapa suya con Juan D'Arienzo, en dos temas. El vals de Héctor Marcó (Marcolongo) y Servando Félix Domínguez: Tan sólo tú, registrado el 22 de diciembre de 1942. Y de Carmelo Santiago y Carlos Marchisio, el tango Judas, grabado una semana más tarde, el 29 de diciembre de  1942. Bellezas, para escuchar y para milonguear.

111- Tan sólo tú - D'Arienzo-Mauré

112- Judas - D'Arienzo-Mauré






viernes, 16 de agosto de 2013

Pugliese con el Sexteto Mayor

Estas improvisaciones han sido más frecuentes de lo esperado y conocido, en el mundo del tango, donde se forjaron grandes amistades y complicidades. Se movían en un mismo territorio emocional y la fecundidad espoleadora los llevaba a juntarse en salas de ensayos, en boliches, en algún restaurante o en los lugares donde defendían sus derechos.

Había entonces un entusiasmo febril, candor en el ambiente, y entrecruzaban sus vidas recomendándose músicos o cantores cuando les hacía falta a uno u otro. Algunos fueron compañeros desde el arranque, como Troilo, Pugliese y Gobbi que juntaban sus ansias y se fogueaban trabajando en distintos lugares, y poniendo al frente el nombre  de aquel que conseguía el contrato.
                                       
Achával, el Chino Hidalgo, Pugliese, Piro, Abel Córdoba, Raúl Galán y Julián Centeya
Troilo y Di Sarli se estimaban muchísimo y Pichuco iba a disfrutar con el maestro de Bahía Blanca al Marabú, compartiendo  muchas charlas sobre música. Pugliese y Gobbi nunca dejaron de ser amigos aunque estuvieran un tiempo sin verse. D'Arienzo y D'Agostino arrancaron juntos de pantalones cortos porque eran amigos del barrio. Canaro era muy amigo de D'Arienzo, Mores de Troilo, Demare de Canaro y viceversa.

Troilo y Zita con Di Sarli en el Marabú
Piazzolla respetó muchísimo a Troilo, que le dió un lugar en su orquesta triunfadora, lo quiso y le dedicó temas. Igual que a Gobbi o Pugliese con quien compartió escenario en Holanda. ¿Y quién no fue amigo de Cadícamo, de Julián Centeya, de Cátulo Castillo, de Manzi, de Expósito? Igual que Rivero, Marino, Echagüe, Dante, Berón, voces que compartieron sitio en varias orquestas y que se hicieron respetar por su don de gentes.

D'Arienzo y Canaro en Montevideo
Hoy quiero traer al sitio, esta improvisación de Osvaldo Pugliese con el Sexteto Mayor. Ocurrió en 1988 y me divierte ver la carita de pícaron de Don Osvaldo tocando en cancha ajena. O al tano Libertella desesperado por entrar a magullar el bandoneón y aguantando, esperando el momento de dar rienda suelta a su temperamento.

Tocan La mariposa, en el estilo Pugliese, con el hermoso arreglo del bandoneonista y pianista pampeano Julián Plaza. Vale la pena recrearse con  ellos.

                        

jueves, 15 de agosto de 2013

Carlos Buono

Es increíble el mundo que lleva recorrido este bandoneonista de Junín que tiene un ángel en cada mano y que se ha presentado en las mejores plazas europeas y norteamericanas, aunque él siga añorando su pueblo bonaerense y la laguna donde iban a pescar con los amigos del barrio.

Hijo del conocido periodista deportivo Pepe Buono, desde pequeño se sintió atraído por el fueye y aprendió en la academia de un profesor de Junín apellidado Balduzzi. Pero el pueblo le queda pequeño y se va a la Capital a estudiar con Calixto Sallago, Tití Rossi y con Marcos Madrigal. Y no sólo se recibiría con nota sino que toca en la orquesta de Alfredo Gobbi Y se va a Japón con Horacio Salgán.

                                               

Desde entonces no ha parado y ha recibido toda clase de trofeos. Lo vi hace unos unos 6 años en la sala moderna montada bajo un restaurante nuevo, invitado por el dueño que además se había hecho cargo de un club de fútbol cordobés.  Carlitos Buono estaba con su quinteto y acompañaban además a Alberto Podestá. Justamente me tocó en la mesa pegada a la mía, Pepe Libertella, que estaba con su señora y yo le decía que me encantaba por su forma de tocar y la desenvoltura que transmitía.

Libertella no sólo asintió: "Es un fenómeno. No ha tenido el reconocimiento que se merece. Claro que, como tiene siempre la valija armada para volar, eso también le impide asentarse. Pero es un gran músico y un tipo excelente".

Luego Pepe lo recomendaría como solista en la Orquesta de la Radio y TV de Frankfurt. Y en Europa ha tocado en todo tipo de grandes orquestas y es muy reconocido. Pasó por las formaciones de Mariano Mores (en Estados Unidos), Julián Plaza, Osvaldo Berlinghieri, Atilio Stampone. Lo vi en Madrid con el ballet de Ginebra que dirigía Oscar Aráiz, interpretando obras de Piszzolla.

                                 

Hizo la música de tres películas importantes y trabajó en una de ellas (Plata quemada, Evita, Funes, un gran amor), dirigió salas importantes en Buenos Aires y la Casa de Ástor Piazzolla. También estuvo en el Musical de Miguel Ángel Zotto: TangoX2, y acompañó a una gran cantidad de cantantes como Libertad Lamarque, María Graña, Raúl Lavié o el Polaco Goyeneche entre muchos otros.

Y, curiosamente, es más famoso y popular en Europa que en Buenos Aires, aunque suele escaparse cada tanto a su pueblo: Junín que lo espera con ansias y emoción para aplaudirlo y emocionarse con él y su fueye. Ha grabado en diferentes países europeos con mucho éxito de ventas.

                                            
Acá podemos verlo tocando a cielo abierto, como solista en la  Johann Strauss Orkest, la gran Orquesta del violinista holandés André Rieu, el hombre que se propuso llevar la música clásica a los sectores más populares. Y actúan ante una multitud, precisamente en Maastrich, la ciudad natal del Director, que toca con un violín Stradivarius. Maastrich es una ciudad de 120.000 habitantes, enclavada cerca de las fronteras con Alemania y Bélgica, y a unos 200 kilómetros al sur de Amsterdam. Es la menos nórdica y neerlandesa de las ciudades holandesas y recibe a gran cantidad de turistas, atraídos por su alta moda y un estilo de vida bastante cosmopolita.

                                   

 En este ambiente emociona ver a André Rieu tocando con su gran orquesta: Adiós Nonino, el enorme homenaje de Ástor Piazzolla a su padre  en el momento de su muerte. Y a Carlitos Buono con su sonrisa y su fueye haciendo de solista mientras la gente asiste, con una emoción im-pre-sio-nan-te, al concierto. Me gustaría ver la cara de Piazzola si viviera y pudiera verlo. Maravilla.

                                          

                  


miércoles, 14 de agosto de 2013

Mano a mano

Forma parte de la decena de tangos cantados, que son conocidos desde años en el mundo entero y que han sido modelo de muchos otros, por su envergadura, su polenta y la magistral creación de esos versos lunfas que hizo Celedonio, abriendo juego con el octosílabo inmortal: Rechiflao en mi tristeza.

Celedonio Esteban Flores, uno de los fundadores de la sociedad entre el tango y la lunfardía que inauguró con tanto éxito Pascual Contursi, concibió sus dos primeras letras, que consagrara Carlos Gardel, como poemas. El ojo avizor y la certeza de descifrar que en esas quintetas bravas había material para el tango, lo llevaron al gran cantor a incorporarlas a su repertorio, poniéndoles música.
                                     

Primero fue Margot, que en los versos alejandrinos del Negro Cele se titulaba Por la pinta. Con él granó Cele un premio de 5 pesos nacionales que otorgaba el diario vespertino Última hora. Tanto a Gardel como a Razzano les gustó el tema y el guitarrista José Ricardo le puso música, pasando a llamarse Margot. Un tango que bastantes años más tarde Edmundo Rivero volvería a traer a la palestra, como otros temas de Celedonio.

Nadie sabía quien era Cele, el que firmaba con esas cuatro escuetas letras los versos, pero cuando se disponían a grabarlo, la empresa grabadora logró ubicar al muchacho , que entonces tenía 25 años, pero parecía menor. Gardel sospechaba que el autor era alguien mayor que lo mandaba al muchacho y le soltó en su estilo:
-Vos sos el sobrino del autor del verso, ¿no?
-De quién - respondió el morochito.
-De tu tío... bueno, del que escribió esos versos rantes de Margot...
-Soy yo el que escribió esos versos rantes. Y aquí les traigo estos otros versos rantes a ver si le gustan.
- Y ahí estaba Mano a mano.

Gardel comenzó a leerlo en alta voz y con Razzano se cruzaban gestos de admiración. Y lo felicitó al muchacho que por aquel entonces practicaba boxeo y había llegado a una final amateur de pesos pluma. Los versos  a los que Gardel y Razzano le pondrían música  con unos punteos de guitarras entre estrofa y estrofa, se convertirían a partir de ese año 1923, en que lo grabó, en un tango inmortal.

Celedonio en su época de boxeador
Gardel terminaría grabándole nada menos que 21 temas al morochito aquél que se convertiría en gran amigo suyo y de Rosita Quiroga que durante unos años lo contrató como letrista en exclusividad.

La letra de Mano a mano, refleja la historia que le contara a Cele, el cantor Fernando Nunziatta en el famoso bulín de la calle Ayacucho 1443 y la terminaron en un café cercano. Nunziatta cantaba en un dúo con Cicarelli y tenía una enfermedad pulmonar grave. Le mostró la foto de la mujer que lo había abandonado y sobre esa historia escribió el Negro Cele el tango célebre, que se empinó en la voz de Gardel mientras el flaco Nunziatta moría en Córdoba.

                             
 También moriría Celedonio, joven,  a los 51 años, cargado de problemas y deudas por la timba y la noche larga. Pero su legado artístico devengaría enormes y justos beneficios, y ausente la mano pródiga y derrochadora,  su viuda le hizo construir un mausoleo en Chacarita gracias a aquellos tangos geniales, y sus colegas instalaron sus restos en dicho sitio.

                                 
Recordamos Mano a mano, en estas dos versiones: Por Carlos Gardel con la guitarra de los negros José Ricardo y Guillermo Barbieri. Y por la orquesta de Francisco Canaro con la voz de Roberto Maida, grabado en 1938.

Carlos Gardel - Mano a mano

Roberto Maida con Francisco Canaro - Mano a mano


martes, 13 de agosto de 2013

Roberto Pansera

Músico importante, aunque no tenga el respaldo de la fama que rodea a muchos de sus congéneres. Pero la gente del tango sabe quien ha sido y todo lo que ha representado este bandoneonista, organista, director, compositor, orquestador y arreglador.

                                    
Eterno viajero, nació en Mar del Plata, se crió en el porteño barrio de Barracas y su pasión por el fueye nació cuando su tío y padrino le regaló un pequeño bandoneón con el que comenzó a juguetear y a sacar canciones ante el asombro de la familia. Su padre lo mandó a estudiar con el maestro Domingo Federico y a los seis años ya tocaba en un espectáculo con el sobrenombre familiar de Chispita.

Chispita Pansera.
Esta precocidad y el talento innato que lo fusionó con el fueye, le permitió incrustarse en la fila de bandoneones de la orquesta de Juan Carlos Cobián, en los salones del Automóvil Club Argentino. Y recién contaba apenas 12 años. Se fogueará en el sexteto de Cristóbal Herreros y enseguida pasa a la orquesta de Francini-Pontier, recomendado por el propio Herreros. Allí lo conoce Piazzolla que queda impresionado con el muchachito y le recomienda que estudie con su maestro, Alberto Ginastera, que era vecino del chico en el barrio de Barracas.

En esa casa  aprenderá todo lo que necesita, sobre armonía, composición, el manejo del piano. Devora casi con desesperación, como una esponja, todo lo que le enseñan y recomendado por Piazzolla viajará becado a Italia para seguir estudiando en el Instituto Santa Cecilia.

   
                                
Vuelve imbuido de nuevos conocimientos y su pasión agigantada. Se enrola con el pianista Lalo Scalise para tocar en Punta del Este y cuando terminan la temporada ingresan juntos en la orquesta de Osvaldo Fresedo. Allí ya sería arreglador, orquestador y primer bandoneón de la misma.  Y pasaría a componer temas de inspirada línea melódica, aunque cada tanto se enfundaba las alas y volaba por el mundo.

Lo encontré en Colombia acompañando a Olga Guillot, la gran cantante cubana. Años más tarde nos veíamos en Madrid, cuando vino al festival de Granada con su orquesta, y mientras nos despachábamos unos tragos, hablamos de Olga, de Fetiche, amigas comunes,  me contaba de su amistad con Pichuco y todo lo que representaba en el tango. Incluso le arregló a pedido algún tema de Piazzolla que luego repetiría con Fresedo para disgusto del Gordo. Pero fueron grandes amigos y le realizaría más trabajos a Troilo, a quien equipararía con Gardel como símbolos del tango.

Vivió en Estados Unidos invitado por Dizzy Gillespie, tocó jazz, allí editó el disco Pansera 3, acompañó a cantantes norteamericanos, entre ellos a Paul McCartney, a quien le hizo arreglos para su álbum: Working classical. La lista de cantantes internacionales a los cuales les arregló y acompañó con su orquesta, incluye a gente como la Guillot, Plácido Domingo, Fetiche (en órgano), Chabuca Granda, Enrique Iglesias. Y en Argentina a Goyeneche, Rivero, Horacio Deval, Susy Leiva, Néstor Fabián, Mercedes Sosa. Y fue uno de los fundadores del famoso Octeto de Piazzolla. Fue incluso presidente de SADAIC (Sociedad argentina de autores y compositores) con el beneplácito general.

Vivió en Venezuela donde siguió componiendo tangos que recordaban a su Buenos Aires. Yiró con el espectáculo Tango argentino,  y en cada regreso volvía con Fresedo, o con Mariano Mores, en cuya orquesta tocó diferentes instrumentos con excelente resultado, dado que era un músico completísimo.  Hizo música para películas. Con Fresedo y Roberto Lambertucci compusieron y grabaron los doce temas del LP: Los doce mandamientos.

Pansera (der.), Fresedo y Lambertucci
Aquel bandoneón pequeño que fue el germen de su pasión lo perdió, como se pierden todas esas cosas de los niños. Lo buscó por todas partes y no hubo caso. Un tarde, su tío lo descubrió en una vidriera de aquellos cambalaches de la calle  Libertad que inmortalizó Discépolo en su famoso tango. Entró como loco a la tienda, lo alzó con su manos y allí encontró en la caja las iniciales R.P, que le había inscripto el chico. Cuando se lo llevó a Roberto, éste no lo podía creer. "Es la segunda vez que me lo regalás, qué lindo. Un milagro.", le dijo.

                                             


Murió en su ley. Actuando con su conjunto en el local Esquina Tango, sufrió un infarto que resultaría fatal. Dos años antes había formado un conjunto juvenil llamado El espejo, con arreglos y dirección propios reflotando el estilo orquestal de Aníbal Troilo, su gran amigo e ídolo.

                             

Lo recuerdo en dos temas que grabó con uno de sus tantos conjuntos. Un cuarteto de 1977, donde, entre los doce temas del LP, interpretan su tango: Flor de barra y  de Aníbal Troilo: A la guardia nueva.

027- Flor de barra- Roberto Pansera

034- A la guardia nueva - Roberto Pansera






domingo, 11 de agosto de 2013

Lomuto-Montero

El Negro Montero fue una de las voces importantes del cincuenta y debutó con la orquesta de Osvaldo Pugliese, a quien lo recomendó el bandoneonista Mario Demarco -que ya lo había tenido en su conjunto- en el Club Atlético Huracán en 1954. Justo el club de mi barrio donde, con la barra, pasamos tantas noches milongueando. Y, por supuesto, ahí estaba yo, firme como estatua.

Miguel Montero era tucumano, nacido en la Capital de esa provincia conocida como El jardín de la República. Y con su familia vivió un tiempo en Córdoba para luego radicarse en el barrio porteño de Saavedra. Su padre era pintor y decorador y el oficio lo continuó con sus hijos varones, pero también era aficionado al canto y supo transmitírselo a ellos. Y en su casa se escuchaba mucho tango porque el jefe de familia era hincha de los tres grandes: Gardel, Corsini y Magaldi.
Miguel fue el que más se embaló con el canto ciudadano y de pantalones cortos, entonaba temas en el barrio, en cualquier fiestita que le dejaban un hueco. A los dieciséis ya despachaba algunos tangos por Radio Del Pueblo y lo iban conociendo. Tanto, que dos años más tarde le habla Pedro Maffia para incorporarlo a su orquesta y en su casa se festejó de lo lindo hasta la madrugada.

Después se enrolaría en la de Juan Carlos Cobián, con veinte años, cuando el gran pianista y compositor bahiense volvió de sus aventuras locas por Estados Unidos. Y entonces comenzó a cuidarse y entendió que tenía su futuro en el tango.

                                       
Sería ese excelente pianista, Juan Carlos Howard, quien lo recomienda a Francisco Lomuto, que buscaba un reemplante por la ida de su vocalista Carlos Galarce, para hacer dupla con Alberto Rivera. Con esta orquesta dejaría seis grabaciones (en una selección de temas interviene con Alberto Rivera) y la muerte del Director da fin a esa etapa, en diciembre de 1950.

El Negro Montero tenía una voz potente, recia y dramática, con un deje quejoso que lo identificaba y definía su estilo. Fue muy buen cantor y su muerte a los 53 años, impidió que dejara más grabaciones en su época de solista, cuando era representado por mi querido amigo, el gallego Fernández, con quien pasamos tantas noches y madrugadas geniales en lo de Pepe Fechoría.

   

Hoy lo escuchamos a Montero  en dos temas con la orquesta de Francisco Lomuto: Una pena, de Adolfo Rosquellas y Arturo Luis Albert, grabado el 2 de noviembre de 1949. Y Nunca más, de Francisco y Oscar Lomuto (Pascual Tomás Lomuto), registrado el 25 de abril de 1950.

                                 

Pero también les dejo la yapa. Miguel Montero como solista, secundado por la orquesta de José Libertella, en esa belleza de tango de Joaquín Mora y José María Contursi, que es: Como aquella princesa. Grabación del 18 de noviembre de 1964.

Una pena- Miguel Montero con Francisco Lomuto

Nunca más - Francisco Lomuto-Miguel Montero

017- Como aquella princesa - Miguel Montero

sábado, 10 de agosto de 2013

Leopoldo Federico

El tango engloba lo existencial, lo moral, lo costumbrista, ráfagas, rachas, fulgores y su fascinación torrencial. Es música y es poesía. Un laboratorio de alquimia existencial y emocional. Y el bandoneón es el rezongo vital en medio de un torbellino ordenado.

Entre los grandes ejecutantes de fueye que trascendieron los umbrales del anonimato, Leopoldo Federico sigue manteniendo incólume su lugar en el podio de los elegidos, pese a los rigores de los años. Porque se necesita fuerza, además de talento y personalidad para seguir brillando con todas sus luces después de tantos años sacándole virutas de emoción  al bandoneón compañero.

              
Porque pocos pueden presumir de haber debutado siendo un adolescente de 17 años, con una orquesta de segunda fila en el cabaret Tabarís y de inmediato pasar a la de Juan Carlos Cobián. Y el curriculum posterior es para hamacarse: estuvo con Víctor D'Amario, Osmar Maderna, Horacio Salgán, Carlos Di Sarli, Alfredo Gobbi, Carlos García, Héctor Stamponi, Miguel Caló, Lucio Demare, Mariano Mores, Osvaldo Manzi, Florindo Sassone o con Ástor Piazzolla. Con  la orquesta de éste y en el recordado Octeto que marcó toda una época.

                         
Con la orquesta de Maderna, 1947.  Federico es el 2º, de derecha a izquierda.

También formó en la orquesta de Emilio Balcarce que acompañaba a Alberto Marino y sería director y arreglador del conjunto que secundaba musicalmente a Julio Sosa, así como fue Director de la Orquesta estable de Radio Belgrano y en 1958 tuvo su propia orquesta en dupla con Atilio Stampone y luego otra en solitario con Roberto Rufino y Elsa Rivas.

Incluido musicalmente por su estadía junto a Ástor Piazzolla y Horacio Salgán -de cuya orquesta fue primer bandoneón-, sus ideas se reflejan en ese espejo actual, aunque él no crea demasiado en los estilos, pero sí reconoce que todas las orquestas en que actuó, influyeron en él. Por sobre todas las cosas cree que los músicos que lo acompañan en cada momento son quienes determinan que la orquesta tenga un color particular. Como sucede con los futbolistas en un equipo.

En el recordado Octeto de Piazzolla
Lo vi hace un par de año en Buenos Aires tocando en la orquesta de Salgán -conducida por su hijo César- en una actuación especial como hicieron otros ex bandoneonistas de dicha orquesta (Pane, Mosalini, Marconi) y aunque se lo ve disminuido por la artritis en el físico, su talento y temperamento expresivo no han sufrido desgaste. Sin duda, Leopoldo Federico quedará en  la historia como una de las personalidades que más han aportado al brillo de su instrumento. por imaginación, temperamento, virtuosismo y naturaleza purísima de su sonido.

Desde 1958 en que forma su primera orquesta, no ha parado de trabajar y colaborar incluso  en actuaciones y grabaciones con numerosos colegas. Además de los viajes a Japón y otros sitios donde es aplaudido por esa polenta que transmite en cada ejecución.
                           


De uno de sus numerosos LP, extraemos dos temas con su orquesta, para masajear el cuore. Libertango, de Ástor Piazzolla y Amurado de los dos Pedros: Laurenz y Maffia, con arreglos suyos.

¡Música maestro!

09- Libertango - Leopoldo Federico

11- Amurado - Leopoldo Federico