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domingo, 23 de agosto de 2026

La fulana

 La milonga tiene algo de particular, porque, aunque sea pariente directo del tango, muestra su lado más pícaro, más volantero, con la diversidad de voces  y geografías implícitas en su chatarrería sentimental. En sus epifánicas variaciones musicales arrastran historias de vida y siguen enganchándonos pese al paso de los años, con muchas de estas piezas milongueras  que vuelven una y otra vez.

Juan D'Arienzo decía que "la milonga es un género musical sumamente rápido, alegre y bailable, con un ritmo muy marcado, de cuatro acentos fuertes por compás...". El estilo acelerado y estricto de su orquesta revolucionó  la forma de tocar y bailar este género rioplatense, que se adhirió rápidamente a las filas tangueras formando parte definitiva y vital de su arquitectura muscial.

                                     

Alberto Mastra

El guitarrista-cantor uruguayo Alberto Mastra (Hilario Alberto Mastracusa) tuvo su racha creadora y se lució con esta milonga compuesta en 1957, a la que le puso música el bandoneonista Luis Caruso (sobrino de José Servidio, que le transmitió su pasón por el fueye). Rápidamente entró en el repertorio de orquestas y voces exitosas, convirtiéndose en el tema del momento.

Los versos de Mastra hurgan en la percepción sensual, y ese lado de tristeza y melancolía fragmentadas en la historia, forman la rama de matices que le dan vida a la letra de esta milonga. En la liturgia del recuerdo: Sueño y realidad,  cápsulas de sueños, un horizizonte que se abre y se cierra, dándole paso a los inesperados claroscuros que lo envolverán sin remedio, con la fulana...

Tal vez
Por ser afortunado en el querer
No he sido desconfia'o pa' la mujer
Siempre supe entreverarme
Sin complicarme y al fin largué
La fui de mozo vivo y rompedor
Mientras duró el jueguito ligador
Pero la última fulana
Me adelantó al reloj.

Unos instantes felices de la intuición y la epifanía en ese golpe de azar que enlaza vidas. Aunque la poliédrica relación es un hecho casual y la revelación del final inesperado, lo apresa en el sol negro de la melancolía. Ya no había vientos de regreso y en su evocación idealizada por la nostalgia, viene el deschave amargo de la gravedad emocional

La vi pasar y me enredé en la armonía de su andar
Qué monumento el churro aquel, qué calidad
Nunca creí, pobre de mí
Que esa fulana fuera mi fin
Cuando mi orgullo de varón entró en un juego
De plantones y de ruegos que ya no esquivaba así
Que no puedo, que quién sabe
Que esta noche, que mañana
La cuestión, que esta fulana
Me dio el dulce y lo mordí

Ya ven
Que aquel mocito vivo y rompedor
Hoy es un convencido yugador
Bien calladito y conforme
Con su uniforme de changador
La pinta es puro grupo y nada más
Hay que vivir en serio y trabajar
Hasta hallar a la fulana
Que a uno lo haga cambiar.


Hay varias grabaciones de esta milonga y acá podemos recordar la de Floreal Ruiz con la orquesta de José Basso. La llevaron al disco el 27 de marzo de 1957.

                     




 




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