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viernes, 9 de agosto de 2013

Vargas con D'Amario

Angelito Vargas como otros cantores de orquesta de su tiempo, aunque era indisoluble en su dupla genial con Ángel D'Agostino, cada tanto buscaba una salida económica que se correspondiese a su caché y prestigio, y se alejaba de la orquesta buscando buenos contratos como solista.

Generosas épocas en que el tango formaba parte de la vida diaria de los porteños, en la radio, con orquestas en vivo, cantores acompañados de guitarras, cafés céntricos donde se podía consumir un café para escuchar a los grandes conjuntos, clubes, cabarés. El tango, siempre el tango, compartiendo espacio con el fútbol y el hipódromo.
                                                   
La dupla de los dos Ángeles: Dágostino-Vargas

La orquesta de Ángel D'Agostino le dió a Vargas el acompañamiento decisivo para su despegue artístico. Calzaban como el guante a la mano, en la medida ideal. Parece inconcebible, despegar a uno del otro. Las grandes creaciones de Ángel Vargas, son las grandes creaciones de Ángel D'Agostino y viceversa. Este tono entrañable, cercano, confidente, del cantor de Parque Patricios, y el piano cadenero de D'Agostino habían nacido para caminar juntos.

Se conocieron artísticamente en 1932, cuando Vargas estaba cantando con el cuarteto de Armando J. Consani. Antes había estado con la orquesta Landó-Mattino en el Café Marzotto, con José Luis Padula y con Augusto P. Berto. Eran los balbuceos iniciales de su brillante carrera que arranca cuando Consani se lo presenta a D'Agostino quien lo incopora a su orquesta.

                       
Pero será recién casi siete años más tarde cuando se vuelven a unir y esta vez será todo un acontecimiento. El 11 de octubre de 1940, Vargas graba sus dos primeros temas con D'Agostino: los tangos No aflojés y Muchacho. Y en Buenos Aires nace una nueva hinchada: la de esta dupla.

Fueron años de éxitos continuos, con creaciones maravillosas, casi imposibles de empardar: Tres esquinas, Ahora no me conocés, Adiós arrabal, Trasnochando, Pero yo sé, Palais de glace. Los barrios porteños se sintieron identificados y representados por esa voz chiquita, ese chamuyo del muchacho del cuarenta. Y a D'Agostino no le hizo falta otro cantor para formar la dupla.

                                   

En julio de 1943, Vargas decide alejarse y formar su propia orquesta con el bandoneonista Alfredo Attadía, al frente de su acompañamiento. Pero un mes más tarde decide volver al nido y la alegría de la hinchada es doble. Aunque en 1946, disconforme con una resolución del Ministerio de Trabajo, D'Agostino disuelve su orquesta y Vargas forma la suya propia que lo secundará. La dirige el bandoneonista Eduardo Del Piano y, curiosamente ninguno de los dos Ángeles volverían a abrazarse con el éxito como lo habían hecho en común, aunque el cantor supo explotar el tirón de su popularidad hasta el final joven de su vida.

                                                   
El debut de Vargas con Del Piano. Y están Rufino, Campoamor, Berón, Pontier, Insúa, Piazzolla, Rótulo y el Buenos Aires tanguero en el año 1947.
Sucesivamente Luis Stazo, Armando Lacava, Alejandro Scarpino con su trío,  Edelmiro D'Amario, Daniel Lomuto, Luis Stazo y José Libertella dirigirán la formación que lo acompaña. Y hoy lo traigo al Ruiseñor de las calles porteñas, como lo bautizó artísticamente el locutor Raúl Astor, secundado por la orquesta de Edelmiro Toto D'Amario, un bandoneonista y arreglador nacido en La Plata, (capital de la Provincia de Buenos Aires) que desarrolló una exitosa carrera en Uruguay. Incluso allí grabó un tango dedicado al club de sus amores: Gimnasia y Esgrima La Plata.

Con el Toto D'Amario, Angelito Vargas grabó 18 temas, desde el 24 de noviembre de 1955 al 30 de agosto de 1957. Y de esos 18 temas he seleccionado los tangos: Morenita mía, de Enrique Cadícamo, grabado el 21 de mayo de 1956 y Mocito guapo de Saverio de Rosas y Antonio Bitocchi, del 23 de agosto de 1957.

Mocito guapo - Angel Vargas - E. D'Amario

Morenita mía - Ángel Vargas - E. D'Amario




jueves, 8 de agosto de 2013

Canta pajarito

Este tango se creó en el año 1943 y aunque no ha sido muy reiterado en distintos repertorios, ha dejado una hermosa estela en las versiones de Raúl Berón con la orquesta de Lucio Demare y  por Roberto Rufino con el maestro Carlos Di Sarli. Quizás por ser insuperables en estos dos registros, no se han repetido.

La letra del mismo le pertenece a uno de los miembros del clan Rubistein. En este caso se trata de Oscar Rubens, que a finales de los años 30 fundara Ediciones Musicales Select (EMI), una editora importante que daría lugar a la edición de las primeras obras de  jóvenes promisorios de aquellos años, que de inmediato se convertirían en clásicos.

Oscar Rubens (Rubistein)
Como ejemplo bastaría con citar: Nada, de Dames y Sanguinetti; Tarde, de José Canet; Milongueando en el cuarenta, de Pontier y de éste y Homero Expósito: Trenzas. O Flor de lino y Pedacito de cielo: El primero de Héctor Stamponi y Expósito, y el segundo, de Stamponi, Francini y Homero Expósito.

Rubens también editaría en ella sus temas, varios de los cuales tuvieron gran proyección, como Inquietud, Triste comedia, Desorientado, Tu melodía, Tarareando, Cuatro compases, Domingo a la noche, Calla bandoneóm, El vals soñador, Lejos de Buenos Aires, Gime el viento o Al compás de un tango, entre muchos otros, que fueron musicalizados por distintos compositores, ya que Rubens escribía las letras de las mismas, como su hermano Luis. Aunque éste a veces también les ponía música a sus temas.

                           

Juan José Guichandut fue un excelente compositor, del barrio de Barracas,  que dejó algunas páginas inolvidables en su febril creación. Curiosamente, aunque se recibió como pianista tempranamente, nunca militó en orquestas profesionales y lo suyo fue la composición. Tenía apenas 18 años cuando presentó al concurso de Discos Nacional su tango Perfume de mujer, con letra del fino poeta Armando Tagini. Obtuvo el segundo premio de dicho concurso y Carlos Gardel lo grabó con sus guitarristas el 22 de octubre de 1927, el mismo año de su creación.

Con Tagini dejaron otras dos páginas geniales que también las llevaría al disco Gardel: Marioneta y Misa de once. Poeta romántico enrolado en la corriente renovadora del lenguaje poético tanguero, Tagini fue cantor en sus comienzos, pero se consagraría con su pluma depurada y su lenguaje.

                                               

Canta pajarito, lo llevó al disco Carlos Di Sarli con el pibe Rufino el 17 de marzo de 1943. Lucio Demare con Raúl Berón lo hizo el 10 de junio del mismo año. ¡Qué orquestas! ¡Qué cantores!

Eran los lujos que se daba el tango todos los días en aquellos hermosos días de los años cuarenta.

Canta pajarito - Roberto Rufino-Carlos Di Sarli

Canta pajarito - Raúl Berón-Lucio Demare


miércoles, 7 de agosto de 2013

Reconocimiento

A veces, dentro del vademécum tanguero hay músicos, poetas, compositores y cantores que han pasado sin mayor reconocimiento y sin hacer ruido. Los que caminamos aquellas noches de Buenos Aires en que el tango reinaba por todos los rincones, pudimos conocer a muchas de esas orquestas de segunda o tercera fila, que sonaban bien y con las cuales se podía bailar.

Son muchas más de lo que se pueda imaginar, porque en los suburbios y provincias brotaban como setas después de las lluvias, esos conjuntos que animaban las veladas en clubes de barrio, o aparecían en programas de radio que no podían llevar a orquestas de cierto relieve.

                                           

Otro tanto sucedía con los cantores. Buenos Aires fue un surtidor interminable de intérpretes en aquellos años en que el mimetismo con Gardel y los grandes cantores, estaba a la orden del día. Hubo muchos de éstos que pasaron desapercibidos para la mayoría porque no encontraron el lugar ideal para mostrar sus condiciones, o por falta de conducta y fe en sí mismos, y no supieron pelear con la debida constancia.

Y para demostrar lo que estoy diciendo, hoy traigo a una orquesta semidesconocida que actuó en Buenos Aires desde los años 1939 a 1960 aproximadamente. Es una pena que haya grabado muy poco, porque tiene un ritmo muy  milonguero y un lindo sonido.

Su director, el bandoneonista Dionisio Delgado, no figura en ninguna enciclopedia importante y si lo traigo al Blog, es porque me parece que vale la pena.


Además tuvo en sus filas a un cantor muy reconocido por sus pares, pero que tampoco está incluido en las Historias de tango, aunque anduvo bastante, cantó en recintos céntricos, y como me dice un cantor de gran relieve como Roberto Mancini, este  porteño de Villa Urquiza merecía haber cantado con Aníbal Troilo.

Se trata de José Torres, conocido en el ambiente como El Toto, que militó en el conjunto de Dionisio Delgado, y que tiene más de 80 grabaciones con orquestas como las de Romeo Gentile, Howard-Landi, Alfredo Calabró, Eduardo Bianco, Jorge Pino, Alfredo Attadía, Juan Polito, Enrique Rodríguez y otras, además de cantar con guitarras. Un excelente intérprete, muy melódico, de hermoso timbre de voz y de grato fraseo.
                                         


Los invito a escuchar a la orquesta de Dionisio Delgado en el tango de Edgardo y Osvaldo Donato: El Huracán. Luego con la voz de José Torres en una hermosa interpretación, el tango de Pedro Maffia y Cástulo Castillo: Se muere de amor. Y por último cantando en la orquesta de Enrique Rodríguez, escuchamos a Torres en el tango del propio director y L. Lira: Te quiero igual, registrado en 1949.

05- El huracán - Dionisio Delgado

Se muere de amor - D.Delgado / J.Torres

 Te quiero igual - José Torres/Enrique Rodríguez




domingo, 4 de agosto de 2013

Una noche de garufa

Merece que nos detengamos un rato, aparquemos por un momento el mate y le dediquemos un poco de atención al primer tango de uno de los más geniales compositores: Eduardo Arolas. Y pensemos que éste, su primer tango, lo compuso en el año 1909 cuando apenas garabateaba en el fueye y no sabía ni escribir ni leer música.

El título lo dice todo. Garufa es una palabra del lunfardo y signica juerga. Garufiar, ir de garufa: Salir de juerga.  Y esa noche Arolas había caído con su bandoneón y su pinta bacana de cafirulo a la esquina tanguera de Suárez y Necochea, con sus cafés en las cuatro esquinas que jugaban al "tute cabrero" histórico  del tango...donde todos iban a más, según metafórica definición de Francisco García Jiménez.

                                 
En el Café La Marina, estaba el Tano Genaro. En Las Flores, Roberto Firpo. En La Popular, el alemán Bernstein con su bagayo de choppes al lado. Y en el Royal hacía punta el trío de Francisco Canaro (violín), Samuel Castriota (piano) y Vicente Loduca (bandoneón), Incluso una parte importante de la intelectualidad de entonces se desplazaba en carruajes al viejo barrio poblado de genoveses, vecino al Riachuelo, para escuchar tangos, que hasta entonces eran para los bailarines.

Por el Royal se apareció una noche de 1909, Eduardo Arolas con su bandoneón y cuando se cerraron las puertas, quedaron los del trío, algún que otro músico y varios parroquianos tomando copas, prolongando la velada y dándole cuerda a la afición tanguera. En un momento dado, Arolas dejó la copa de ginebra en la mesa, peló el fueye y se puso  a divagar en el instrumento que había aprendido a descifrar pocos días antes, indicando que había compuesto ese tango.

Eduardo Arolas
-Ché, que lindo tanguito, es macanudo, tocalo otra vez -lo animó Loduca, intentando seguirlo en el acompañamiento, mientras los presentes aplaudían, porque no había demasiados tangos registrados y cada página nuevo era como un alumbramiento esperado.

Arolas tenía 17 años en ese momento y andaba con su alma artística pintando motivos para las carátulas de las partituras de tango. Y el tango le había entrado fuerte. Repitió el mismo porque tenía buena retentiva y Canaro le fue trascribiendo la música como si fuera para el violín. Luego su gran amigo Carlos Hernani Macchi, violinista y flautista, le pasaría la parte del piano, como haría posteriormente con Vicentito, ópera prima de Agustín Bardi, antes que éste supiera escribir música.

-¿Y cómo se llama el tanguito? - inquirió un entusiasmado parroquiano.

-Una noche de garufa, respondió  Arolas ante las sonrisas de los presentes.

Y la garufa sería a partir de allí su modo de vida,  a la vez que tocaba y componía tangos maravillosos con una celeridad increíble, dejando a su prematura muerte una herencia impresionante de páginas que siguen sonando fuerte en todas partes.

                           


Hubo varios registros de este tango inaugural, y en este domingo madrileño de alta temperatura, lo traigo en dos versiones muy buenas. Por el sexteto de Carlos Di Sarli, grabado en 1931. Y bien milonguero, por Ricardo Tanturi con su orquesta, registrado el 6 de mayo de 1941.

Una noche de garufa - Sexteto Carlos Di Sarli

Una noche de garufa - Ricardo Tanturi

sábado, 3 de agosto de 2013

Luis Teisseire

Hoy quiero recordar a este músico de la guardia vieja, flautista para más señas, que no ha tenido la debida relevancia dentro de los anecdotarios tangueros, aunque sí fue muy respetado por su lucha por los derechos de los músicos y ha dejado una obra muy interesante sintetizada especialmente en un racimo de temas que siguen dando vuelta en el carrusel musical rioplatense.

Era hijo de un marsellés y una genovesa, como no podía dejar de ser en aquel arrebozar de inmigrantes que buscaban su lugar en el mundo dentro de la colmena porteña, que también crecía al impulso luchador de aquellos recién llegados de tierras convulsas y problemáticas. Con todas las dificultades añadidas de lenguas y costumbres distintas.

Luis Teisseire
Su padre lo preparó para desarrollar una carrera, pero todo se enturbió con el accidente en que se vió envuelto éste, al caer en un pozo y fracturarse las piernas y varios huesos del cuerpo. Luisito, que cursaba el sexto grado, vioó entonces cómo los sueños paternos se difuminaban y comenzaban las privaciones.

A los 15 años debió salir a buscar trabajo y estuvo 3 días en una farmacia, luego en florerías y de todas salió malparado porque su espíritu anarquista, formado en muchas lecturas, lo llevaba a pelear tempranamente contra las injusticias sociales de aquellas duras épocas. En todos los sitios que trabajó terminó organizando huelgas y en algunas tuvo éxito, sus compañeros comenzaron a respetarlo.
                                       
Con su flauta en el Quinteto de Augusto P. Berto

Le enseñaría a leer y a escribir a un chico de su barrrio y éste en gratitud le regaló una flauta. Feliz obsequio que indujo a Luisito a soplar melodías por el canuto y a dedicarse a su estudio, al principio de motu proprio  y luego con el profesor Mauricio Guariglia. Y por allí encontraría un argumento para abandonar su peregrinaje laboral y enrolarse en las filas tangueras que buscaban músicos.

                               

Entraría en Lo de Hansen, como flautista en un trío con el cieguito Aspiazu en guitarra y el vasco Urdapilleta en violín. De allí vendría el salto a El Quiosquito, en aquella ruta nochera del Palermo multicolor y divertido. Luego la ciudad feérica, el centro, los Cafés con palco orquestal, los discos fonográficos del sello Atlanta, instalado en el quinteto de Augusto Berto; bailes, cabarets, sainetes teatrales.
                                             

Pero nunca se había separado de los libros y hasta escribió dos obritas en las cuales reflejaba su pensamiento ácrata: La calumnia y La vuelta del capitán, que fueron representadas por Teatros de aficionados. También tocaba en un Orfeón, a los 20 años, cuyo repertorio lo constituían solamente obras del propio Teisseire.

En 1918, tocando en el cabaret L'Abbaye, de la calle Esmeralda casi Corrientes, en el cuarteto de Augusto P. Berto (el autor de La payanca), que completaban José Sassone al piano y Peregrino Paulos en violín, encontró inspiración en uno de esos sucesos que se contemplaban a menudo en dichos lugares y creó su perdurable: Entrada prohibida. Allí tendría lugar una discusión con una de aquellas pupilas francesas que traían los maquereaux marselleses y el portero, por orden de los dueños del sitio la echaron del lugar, prohibiéndole la entrada. Al ritmo de su flauta, fueron agregándole letrillas: "Del cabaret te espiantaron / y te prohibieron la entrada; / eras la paica mimada...", aunque después Juan Andrés Caruso le pondría versos definitivos distintos.


Siempre fue fiel a sus ideales, luchó por los derechos de los músicos e intérpretes sin cansancio, promovió distintos paros laborales, peleó con dueños de grabadoras, de locales, formó el Sindicato junto con otros músicos y aunque se fue alejando de los estrados, dejaría una  abundante obra donde también brilla su Bar exposición, dedicado a un bar de la calle Florida 656, al que primero llamó Cosa linda y barata. Pero además compuso con numerosos colegas y Gardel le grabó 7 de sus temas: A contramano, Calandria, Celeste y blanco, El ramito, Farolito viejo, Mano mora y Por ella. Hasta le dedicó un tango a Nuestras Malvinas con letra de Gabino Coria Peñaloza.

Vamos a recordarlo con: Bar exposición en la gran interpretación de Carlos Di Sarli. Lo registró en tres oportunidades y acá escuchamos la primera de ellas del 5 de mayo de 1943. Y José Basso, hace una hermosa creación de Entrada prohibida (casi troileana del 40), grabándola el 20 de mayo de 1950.

Bar exposición - Carlos Di Sarli

15- Entrada prohibida - José Basso

viernes, 2 de agosto de 2013

Marino con Caló

Alfredo Gobbi le endosó el eslogan "La voz de oro del tango", y efectivamente, cuando se alista en la triunfadora orquesta de Aníbal Troilo en los años cuarenta, mereció largamente el concepto que le quedó impregnado a su nombre. Alberto Marino fue uno de los grandes vocalistas que ha tenido el tango en su historia. Sabio intérprete de las letras que le proponían, oreja precisa para captar la sugerencia musical y gola, mucha gola para expresarse.

Formó con Fiorentino una dupla encantadora por la diferencia de ambos registros pero con afinada musicalidad, que encajaron perfectamente en el estilo Pichuco de esa época. Marino era un tenorino, como batían los tangueros, rebajado a barítono para modular la voz y adaptarse a la orquesta. Admirador de Gardel, de Charlo, y especialmente del gallego Antonio Rodríguez Lesende, como él mismo confesara; su escuela canora desvela ese estilo que tantos aplausos le devino.

La gran época. Troilo con Fiore y Marino
Nació en Verona, Italia, se llamaba Vicente Alberto Marinaro y sus padres Ángel Marinaro y Ángela Musso eran cantantes líricos. Tenía 6 años el futuro cantor cuando arribó con sus cinco hermanos y sus progenitores a la ciudad de Salta, donde el abuelo explotaba una mina de carbón. Dos años más  tarde anclaron en el porteño barrio de Palermo, debido a las dificultdes de adaptación de la familia a un pueblo pequeño y sin mayores atracciones para los pequeños.

El tango le llegó rápido porque sonaba en todas partes, incluso en el café de la esquina donde siempre había guitarreros y cantores, y la raíz familiar hizo su parte. Estudió con el maestro Eduardo Bonessi cuando cumplió los 18 años para acomodar esa potente voz joven y un año más tarde cantaba en una emisora. Allí se topó con Emilio Balcarce que lo llevó a su recién formada orquesta con el nombre de Alberto De Mari. Le agarró el gustito y así fue pasando por otros conjuntos hasta que Troilo busca un cantor para acompañar a Fiorentino.

                                 
Así terminaría Pichuco de consolidar la dupla de vocalistas que había insinuado Francisco Canaro y Marino encuentra el ámbito ideal para lanzarse a la admiración de los tangueros. Había cumplido los 22 años y debutrará en el Tibidabo, cantando Tango y copas, un tango de Héctor Artola y Carlos Bahr. Con Pichuco dejará un total de 52 registros y luego de cuatro años de consolidar su imagen en la orquesta,  se lanzará como solista, bajó la dirección de varias batutas, la primera de las cuales vuelve a ser Emilio Balcarce. Con grandes éxitos al principio y forrzando demasiado la voz más tarde, dejando al descubierto sus vibratos, que lo desmerecían..

Pasamos de largo por las siguientes experiencias y sus viajes por el extranjero, incluido Hollywood, y hoy lo traigo en dos grabaciones que realizara con la orquesta de Miguel Caló, 25 años más tarde de su debut en la orquesta de Aníbal Troilo.

                             

Se trata de Cuando caigan las hojas, tango de Emilio Balcarce e Ítalo Curio, grabado el 20 de mayo de 1967, y Mi tango triste, de Aníbal Troilo y José María Contursi, registrado el el 29 de mayo de ese mismo año.

Orq. Miguel Caló-A.Marino- Cuando caigan las hojas

Orq. Miguel Caló-A.Marino - Mi tango triste




jueves, 1 de agosto de 2013

Fabián Bertero y su Big Band Tango

Es la orquesta  dirigida por este violinista, compositor, arreglador, con un concepto renovador y a la vez clásico, respetuoso de los grandes que hicieron el camino. Da verdadero gusto ver y escuchar a Fabián Bertero manejando su instrumento y codeándose con próceres de la cuerda.

Pero, a la vez ha sabido conjuntar a sus  músicos para lograr un sonido refinado y de llegada larga y profunda.  Lo contratan permanentemente en Teatros, en Los 36 billares, donde tuve la suerte de estar presente para deleitarme y aplaudirlo, en giras y en Festivales de Tango.

                                       
Precisamente el crítico musical del Diario Clarín, Andrés Casak, que los vió  y apreció recientemente en un  concierto, dejó escrito:
"Eminentemente rítmica ybailable, sin perder el sentido de música y concierto...los pasajes más destacados estuvieron marcados por la obra del director...la orquesta se mostró con un ensamble ajustado y preciso. El cierre del concierto con Tierra querida (Julio De Caro) y Cara Sucia (Franciaco Canaro) no dejó espacio para la distracción."

Los genes influyeron porque todos los descendientes, desde el bisabuelo, y una lunga familia piamontesa que se instalaron en la colonia de un pueblo santafesino, llamado mágicamente: Esperanza, se dedicaron a la música. Y allí sonaban flautas, bandoneones, violines y hasta había alguna ración de mandulinatta para recordar los orígenes.

A Fabián le colocaron un violín entre sus manos y peregrinaba a Buenos Aires para tomar clases nada menos que con el maestro Ljerko Spiller. Y ya instalado en la Capital, olfateando el tango, pero dedicado a la música clásica, continuó sus experiencias previas de violín solista en las Sinfónicas de Santa Fe y Entre Ríos y en 1989 lo enrolaron en la Filarmónica de Buenos Aires y 1990 en la orquesta estable del Teatro Colón.

Afortunadamente para la música ciudadana, el tango que le inocularon su padre y su abuelo, le permitió costearse una vida de recién casado, en una de las crisis que cada tanto sacuden al Cono Sur. Y ahí anduvo, foguéandose con Daniel Binelli, Con Osvaldo Piro, Leopoldo Federico, tango de prima que en su instrumento sonaba goloso. Y en medio de una inflación asfixiante, Carlos García lo engancha en su orquesta y viaja por primera vez a un Japón económicamente floreciente.

                                   
Será la primera de las siete estancias en el país del Sol naciente, porque seguirá yendo y rebibiendo parabienes de los oídos expertos de melómanos tangueros nipones. Y mientras se gradúa haciendo arreglos a lo bestia, acompañando a estrellas como Libertad Lamarque y el Polaco Goyeneche en su carácter de violín solista dentro de la orquesta de Carlitos Buono o en la estable del local, recorre Europa con el Quinteto de Fernando Marzán y así conoce las mieles del reconocimiento en Francia, Finlandia, Suecia, Lituania, Israel, Martinica, Japón, Dinamarca y Chile.

Se codeó con los grandes violines de su época, compartiendo atriles con Fernando Suárez Paz, Antonio Agri, Mauricio Marcelli, Ariel Spandrio, Mario Abramovich o Raúl Finito Domínguez. Este último le pasó muchos secretos de su militancia en las filas de Di Sarli, Basso y Rotundo. Este tono orquestal de época, de época gloriosa, también se fue metiendo en sus venas y así Fabián Bertero nos puede sorprender con un tango sinfónico o un tango bien milonga para gastarse las tabas.

Y entonces enfoca el futuro en su gran creación: La Bertero Big Band tango que intenta superar las limitaciones económicas que implica tener una orquesta estable de 15 personas, cuando el Estado nunca apoyó este tipo de actividades artísticas, que representan nuestra música con gran dignidad en el mundo. Pero los sueños sueños son, decía Calderón de la Barca y por algo Fabián es descendiente de esforzados inmigrantes y nació en un lugar llamado Esperanza.
                           
La Bertero Big Band Tango al completo. Un lujo.

Él pondrá su talento, su fervor, su trayectoria vital y su sueño del pibe. Lo demás lo harán las grabadoras, los productores y la fuerza de su hinchada que espera cada aparición de la orquesta para deleitarse con la calidad del tango que emana de ese violín y de los integrantes de su Big Band. Que son: Violín solista, arreglos y dirección: Fabián Bertero. Primer bandoneón Pocho Palmer y completan la fila: Bruno Longoni, Santiago Cirmi Obón y Simone Tolomeo. Violines: Laura Bertero, Manuel Quiroga, Emanuel Taper, Gustavo Bertero. Viola: Carlos Ghiraldi. Violoncello: Diego Sánchez. Piano: Adrián Enríquez. Contrabajo: Nicolás Zacarías y canta (muy bien) Alfredo Pittis.

                          
Fabián con Horacio Ferrer
Su último CD rubrica la categoría de la orquesta. Contiene 16 temas y en uno de ellos: Balada para un loco, está la voz de Horacio Ferrer, su autor y padrino artístico de la orquesta. Sacamos dos temas del mismo al voleo, porque son todos muy lindos y escuchamos Cara sucia, el tango de Canaro, en una versión algo salganiana, con hermoso arreglo. Y la Milonga de la calle, del propio Fabián, donde, de repente se instala en el imaginario, un afán de vehículos y de gentes nerviosas desfilando por las calles porteñas.

12- Cara sucia - Fabián Bertero

8- Milonga de la calle - Fabián Bertero