-Corre el año 1922.
Como profesional y compositor, Cobián ha llegado al pináculo, ubicándose su nombre en lo más alto, con nuevas producciones que afluyen de su incontenible caudal. A "Mi refugio" le siguen "Snobismo" y "Almita herida", cantado por todas las bocas y difundido por todas las orquestas.
Después de actuar en diferentes conjuntos (entre ellos el de Fresedo) Cobián forma nuevamente una orquesta propia, que integran: Pedro Maffia y Luis Petruccelli (bandoneones), Humberto Costanzo (contrabajo), Agesilao Ferrazzano y Julio De Caro (violines). Este debut se realiza en el "Abdulla Club" con un éxito sin precedentes. Amplía su conjunto, para grabar con Remo y Astor Bolognini. Y la verdad es que la orquesta de Cobián hizo época.
| Juan Carlos Cobián |
A fines de 1923 Cobián parte a Norte América para hacer flamear el tango con todos los honores que su gran maestría le prestase. Ejecutando también música de jazz. Y a fe que lo consigue ampliamente, no sólo como artista de cartel, sino además con su proverbial caballerosidad, clase y desprendimiento de millonario; pues bohemio, tan pronto recibía su dinero, lo volatilizaba, arguyendo siempre que se practicaba un sólo lema: "Vivir y dejar vivir". romántico al extremo, su vida oscila afectivamente, muy a menudo, dejándole como saldo hondas heridas...
Regresa a la patria después de permanecer también en Europa algún tiempo, y actúa en radio "El Mundo" con el terceto nº1, integrado por él, Ciriaco Ortiz y Cayetano Puglisi. Más tarde, en la misma emisora, lo hace con un gran conjunto, al par que inaugurando la boite "Charleston" de la calle Florida, centro de la flor y nata de nuestra sociedad.
Allí da a conocer "Nostalgias", tango suyo que traspasa fronteras en el orbe, pues su melodía es purísima, de diáfana inspiración, demostrando a las claras, que su producción jamás declinó. Le sigue "Nieblas del Riachuelo"... Casi todas sus obras llevan letras del extraordinario Cadícamo. Más no obstante poseer este fecundo patrimonio, comienzan sus actuaciones a verse entorpecidas y con ello... el vía crucis en el trabajo... De esto puedo hablar, por haberme ligado a él una estrecha e inalterable amistad.
Cobián enfrentó valientemente su mala racha tan injusta en este especial caso. Sus leales amigos, uno de ellos Carlos Muñoz (Carlos de la Púa), distinguido periodista, el que suscribe y otros, entre ellos Cadícamo, tratamos de abrirle una brecha para ubicarlo nuevamente dentro de su justo marco, pero por desgracia, sin conseguirlo. No encontrando eco en quienes pudieron respaldarlo artísticamente.
Así pasó el tiempo, en un presente sombrío, que no pudo doblegar a Juan Carlos, sostenido en la esperanza de mejores alboradas. Y en esa gris espera, tan prolongada pero sobrellevada con altura, saboreando a solas sinsabores y penurias... llega para él la hora de su liberación material, el 9 de diciembre de 1953, encontrándose a su lado, Juan Carlos Lamadrid, Martínez y el que suscribe.
Tocándome a mí, recoger su último suspiro, por haberse alejado del lecho por instantes, los comunes amigos. Debo destacar como justo recuerdo, cuánto se preocupó Juan Carlos Lamadrid, en esas tristes circunstancias, evidenciando una vez más sus sentimientos hacia tan carísimo amigo. Durante esos días no se despegó de Cobián.
No olvidaré las noches en que solíamos ir a comer los tres juntos, cuando Lamadrid trataba de infundirle buen ánimo, sabiendo de las vicisitudes que pasaba Cobián en tan especial momento. Debo agregar que Lamadrid, atento al aniversario de la muerte de Juan Carlos, se ocupa personalmente de que se le rinda homenaje a su querida memoria.
(Del libro de Julio De Caro: "El Tango en mis recuerdos".)

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