Translate

miércoles, 28 de enero de 2026

Cuando miran tus ojos

 El valsecito criollo forma un terceto maravilloso junto al tango y la milonga, todos surgidos del tronco tanguero que les dio alas a sus compañeros musicales gracias a las virtudes de compositores, poetas e intérpretes. En la pista de baile el valsecito nos toca el cuore y nos llama a bailarlo y a disfrutarlo de manera distinta, pero siempre con la emoción que muchas veces nos desborda en los giros.

Las voces históricas de Gardel, Magaldi y Corsini lo consagraron y Gardel ya debutaba con tres valses criollos: Aurora, Ay Elena y Como quiere la madre a sus hijos, en 1919. La grabación que Roberto Firpo realizara en 1920 del vals "Desde el alma", sirvió de señal de partida para que numerosos compositores se dieran a la tarea de crear valsecitos y las orquestas típicas y cantantes los incorporaran de inmediato a sus repertorios.                                                                                                                                                                                   


 "Cuando miran tus ojos" es una creación de Enrique Cadícamo y el guitarrista José María Aguilar. Lo compusieron en 1932 y aunque no ha tenido demasiadas interpretaciones, hay algunas que nos permiten apreciar los abalorios verbales y la música que los acompaña. Ese mismo año lo grabó la orquesta de Adolfo Carabelli con su cantor Luis Díaz, el día 5 de junio.

Cadícamo arranca posándose en los ojos de la mujer que, en la poesía, se los dejó grabados para siempre, como una luz atrapante en sus pupilas, según su narración. Además les da un vuelo notable en la nostalgia ardida y lo lleva a derramar palabras poéticas que desfloran los versos. Cualquiera de las cuartetas tiene frases que guionan el pensamiento, ante los senderos que se bifurcan. 

Tus ojos han quedado grabados en los míos,
sus dulces brujerías volcaron al mirar,
hay luz en tus pupilas de todos los estíos,
lucero que en mis noches los veo parpadear.

Heraldos de pasiones, rutilan como extrañas
luciérnagas que llevan la llama del amor...
Tesoros custodiados por sedosas pestañas...
teorías impregnadas de ensueño arrobador.

¿Gitanos son acaso por sus destellos, dime?
¿O son los de una mora presa del español?
Es algo tu mirada que mata o que redime,
que hiere si se mira corno encandila el sol...

Puñales que en las luchas se yerguen iracundos
buscando al pobre pecho con ansias de clavar.
Ensartan corazones, los dejan moribundos...
¡Ah!... Espejos donde el alma se asoma a coquetear.

Si entornan sus pupilas, la luz que los anima
se pierde entre los astros y la constelación
adquiere nuevos brillos... Aunque mi pecho gima
por verlos siempre abiertos, yo doy mi corazón.

Pues ellos van contando las horas venturosas
que pasan a mi lado rimando una canción,
sus párpados abiertos son pétalos de rosas
que ofrecen dos luceros a mi desolación.

Este valsecito lo grabó Charlo con guitarras el 21 de marzo de 1932. Adolfo Carabelli con su orquesta, cantando Luis Díaz, lo llevó al disco 5 de junio de 1932. Raúl Iriarte lo llevó al disco acompañado por la orquesta de Armando Lacava. Entre otros, también lo grabó el destacado folklorista Horacio Guarany. 

Escuchamos la versión de Raúl Iriarte con la orquesta de Raúl Lacava.    

                                           

       Y a Los Solistas de D'Arienzo con Alberto Echagüe y Osvaldo Ramos, grabado en 1972.
 
                                           

                      
  


No hay comentarios:

Publicar un comentario