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viernes, 20 de marzo de 2020

Los primeros bandoneonistas en Buenos Aires

   -A Domingo Santa Cruz, lo conocí tocando con su hermano Juan, en una casa de bailes en San Martín (Provincia Bs. Aires). A Santa Cruz la afición al bandoneón le venía de herencia, pues su padre fue gran ejecutante de bandoneón allá por el año 1865, según refiere Héctor Bates en su libro "La Historia del Tango", en el que también menciona en el año 1870 a Pedro Ávila y Tomás Moore (El Inglés), al ciego Ruperto y a otros que también llegué a conocer, pero ya mucho más adelante.

   A principios del 900, conocí y oí tocar a Sebastián Ramos Mejía, que era motorman de tranvía y que tenía muchos alumnos; a Zambrano, Repetto, Mazzuchelli, Solari, el Negro Romero, un moreno grandote; a Antonio Chiappe, que era dueño de una carnicería y fuimos bastante amigos. Estos nombres pertenecen a los primeros ejecutantes de bandoneón en Buenos Aires, y es curiosa la afición criolla por este instrumento, siendo que el bandoneón, en realidad, es de origen alemán.

   También conocí a Antonio Gutman (El Ruso Antonio), que era carrero de chata de caballos, y, de puro compadre que era , tenía la originalidad de hablar todo al revés. Un día que se encontró con Vicente Greco ("Garrote"), le dijo: "Ché Terroga, porque no se nevie un día por mi linbu, me sapa un gotán y yo le sopa un selva"... Que quería decir: "Ché Garrote, porque no se viene un día por mi bulín, usted me pasa un tango y yo le paso un valse". Domingo Santa Cruz fue el maestro del célebre Juan Maglio (Pacho). Y en cuanto a Vicente Greco, se dedicó al bandoneón por una circunstancia muy especial.

                                   

   Resulta que una noche que andaban dando serenatas, cayeron a un conventillo donde vivía un sargento de policía, quien se levantó indignado porque le había perturbado el sueño, y empezó a dar pitadas de auxilio, lo que motivó que los muchachos disparasen en todas direcciones para evitar la "cana", y el bandoneonista dejó el instrumento a Vicente Greco, que vivía en la misma casa, para que lo guardara. Pasó un largo tiempo sin que el dueño apareciese a buscarlo, y entonces Greco empezó a teclearlo y a examinarlo, y tanto le fue entusiasmado que poco a poco aprendió a tocarlo.

                               
   Debo advertir que Vicente Greco era un muchacho con cierta cultura, medio romántico y afecto a la literatura, tanto que escribió una obra teatral titulada "Almas que sufren", que no llegó a estrenarse nunca. Como músico, era de una gran inspiración, y estoy convencido que de no haber desaparecido tan joven, hubiera producido grandes obras. Su primer tango fue "El Pibe"; luego compuso "El Morochito", "Rodríguez Peña", La viruta", "Ojos negros", "El Flete" y muchos otros.



   Vivíamos a principio de siglo, casa por medio; él vivía en el conventillo de la calle Sarandí nº 1356 y yo en el Nº 1358. Los Greco eran una familia de músicos y estudiosos. además de lo que fue Vicente, su hermano Domingo fue guitarrista y pianista. Ángel fue guitarrista y cantor, y compuso un tango de éxito: "Naipe marcado".  Elena tocaba el tango de intuición, pero maravillosamente. Fernando, el mayor de ellos, era carnicero, y había otro hermano, Emilio.

   Todos fallecieron, menos una de las hermanas, María, que aún vive y era maestra de escuela y la primera contadora pública que se recibió en Buenos Aires. Vicente, el más popular de todos, nació en el año 1886 y murió el 12 de octubre de 1924, cuando aún tanto se esperaba de su talento y de su vocación.

(Francisco Canaro en su libro "Mis Memorias")

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