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domingo, 8 de septiembre de 2019

José Luis Padula

La historia del tango reúne biografía, anécdotas y travesías de los personajes más dispares que enriquecieron su cancionero y su voltaje emocional. Entre ellos figura este tucumano que se forjó a sí mismo con una confianza a prueba de dificultades y desgracias, como la temprana muerte de su padre italiano, el que le transmitió la pasión por la música y lo dejó huérfano de su guía cuando apenas el niño tenía 12 años.

La pobreza agudiza los instintos y debió soportar muchas vicisitudes para poder ir cumpliendo con sus sueños. Manejaba la guitarra y la armónica, de modo elemental,  y supo fabricarse el compendio de ambas, asegurando la segunda al mástil de la guitarra, al modo Villoldo, lo que muchos años más tarde le serviría para interpretar el rol del gran creador de El Choclo y tantas páginas, en la revista teatral "De Villoldo a Gardel", que se representaba en el Teatro Nacional.

                                   
En busca de las latitudes musicales que le bullían en el alma, comenzó a caminar su provincia y otras linderas, llevando su quimérica ambición  hasta Rosario, donde se hizo conocer rápidamente, por sus modales y el cargamento de temas folklóricos y tangueros que iba componiendo. Las peripecias del personaje, su maniera de época, su simpatía, le fueron abriendo puertas y Buenos Aires estaba ahí nomás y lo recibiría con la generosa acogida de músicos y público que comenzaron a valorarlo.

Empezaría a tocar el piano, de manera adventicia, en Buenos Aires pero le agarró el gustito. Los próceres del tango en aquellos años le parecieron grandes para su estatura musical y volvió a Rosario, a Córdoba, siempre empuñando instrumentos y formando orquestas. Hasta que pegó la vuelta a la capital, desafiando al tiempo, a su escasez permanente de medios económicos, estrecheces dolientes y ya con el tango instalado en su cuore, aunque siempre reservó un lugar para el folklore.

Sería empero en Rosario, donde Padula compone dos tangos que harían roncha en el vademécum tanguero y le darían alas para instalarse en el gran feudo porteño: 9 de julio y Lunes. El primero lo creó en 1916 y su repercusión alcanzaría dimensiones increíbles, estribando en el repertorio de orquestas y cantores de la época. Fue editado en la capital de Santa Fe, en 1918, como Tango-milonga cuando Padula andaba por los 25 años de edad y tendría varias letras, que ocasionarían problemas judiciales. Las de  Ricardo Llanes, Eugenio Cárdenas y Lito Bayardo, siendo los versos de éste último los que más trascendieron, sobre todo cuando lo grabó Agustín Magaldi acompañado por la orquesta de Ricardo Brignolo.

 Por su parte, Lunes 13 -su título original- llevaría letra posterior de Francisco García Jiménez en 1929, unas pinceladas muy porteñas que consagraría Carlos Dante con la orquesta de Alfredo de Angelis años más tarde, en 1947. Un exitazo. Anteriormente lo habían grabado en su forma instrumental orquestas como las de Roberto Firpo, la Típica Victor, el trío de Padula o Juan D'Arienzo.

Con su bohemia viajera y noctámbula, Padula se fue abriendo puertas gracias a que las artes inventan otros futuros y les van dando forma. A su capacidad de impregnarse de la música con diversos instrumentos, el bandoneón entre ellos,  le agregó esa gran baza que fue su creatividad como compositor. Y es toda una llamada a las esencias, cuando mira hacia su provincia natal para componer otro tango que demuestra su vigorosa capacidad de inyectar emoción al tema y a la historia. Se llama Tucumán y lo lleva al disco JuanD'Arienzo con su orquesta en 1940 y 1950. Y lo seguimos bailando en pistas de medio mundo...

 Otra gran baza de Padula fue su milonga Picante, que grabara Rodolfo Biagi con su orquesta. Años más tarde también lo ejecuta nada menos que Lalo Schifrin al frente de su conjunto en la película de Carlos Saura: Tango. Por su parte Osvaldo Fresedo le lleva al disco el tango: Memoria. También se luce creando valsecitos como: Noche de estrellas, Noches de invierno (Ambas con letra de Cadícamo) y otros. En cuanto a páginas folklóricas también compuso unas cuantas, destacándose sobremanera su zamba La llorona o la ranchera La mentirosa, que tuvieron muchas grabaciones.

José Luis Padula comenzó a grabar con su orquesta en el sello Odeón en 1935 y lo curioso es que dirigía tocando el bandoneón y en ocasiones el piano. Su cantor fue el por entonces novato Ángel Vargas, que dejaría impresas dos placas con la orquesta: el tango: Brindemos compañero y la ranchera Ñata linda. Ambos temas eran de Padula, con Cadícamo el primero y con Lito Bayardo la segunda.

Pero además dejó una obra cuantiosa que sirve para valorar a este bohemio pertinaz, gran creador, modesto, sufridor, casado, con 6 hijos, que supo pelear contra las duras circunstancias de su vida y fue muy apreciado por sus colegas. Una persona digna de admiración que falleció, entre penurias,  a los 52 años dejando  una obra  incombustible que obliga a abrurnos de orejas para valorarla.

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