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martes, 13 de marzo de 2018

Bien milonga

       Compás floreado de tango
       que al apretarme en tus brazos,
       me está encendiendo en los labios
       una palabra de amor.   

       Otro tango si no es tarde 
       para bailarlo los dos
       sin son de un ritmo que late
       lo mismo que un corazón.

                    Carlos Bahr


Martes, noche de velada milonguera, para bailarines que gustan de  estrecharse en el abrazo de un tango torrencial, una milonga atropellada o un valsecito romántico y porteño. En la CASA de ARAGÓN -Pza. República Argentina nº 6 - Madrid- BIEN MILONGA te ofrece ese placer sibarítico, para los que conocen los secretos y entresijos de esta danza de moda en el mundo entero, desde las 21 a las 0 hs. Para ello preparamos una selección  que te induce a milonguear sin tasa.

                                 

Y también te llevamos de paseo por esas milongas que se expanden y nos ofrecen su cálido refugio. Así vas calentando motores con vista a esta hermosa velada nocturna. Arranco en Moscú, con la Orquesta "Solo Tango" y la pareja Dmtry Vasin y Sagdiana Hamzina. Que bailan al compás del tango: Canaro en París.
                                
Ahora enfilo  a Catania-Italia, para ver  a Sigrid Van Tilbeurgh y Murat Erdemsel en acción. En este caso, me deslizan y giran con la orquesta de Fulvio Salamanca, su cantor Armando Guerrico y el valsecito Ansiedad.


Y cierro el viajecito, con los argentinos Suyay Quiroga y Diego Chandia. Están en la milonga porteña Parakultural. Aquí se mandan con la milonga: No hay tierra como la mía, por la orquesta de Francisco Canaro, cantando Ernesto Famá.


¡Que cacho de pichicata te dí...! Bueno, a las 21 empezamos.... ¡Dale...!                                                                                

viernes, 9 de marzo de 2018

Paquita Bernardo

Ayer fue el Día Internacional de la Mujer, y se festejó prácticamente en el mundo entero, produciéndose manifestacioines multitudinarias y declaraciones que vale tener en cuenta., y a las cuales, en general, me adhiero porque la mujer merece todos nuestros respetos y porque la historia y la realidad actual no han sido todo lo generosas que debiéramos, con ellas.

Y a propósito de este homenaje a la mujer, traigo al blog esta nota sobre la mítica bandoneonista Paquita Bernardo, fallecida tempranamente y escrita y publicada por otra dama: Mónica López Ocón en el periódico: Tiempo argentino.


La primera mujer que se atrevió a abrir y cerrar las piernas en público para tocar el bandoneón


Nació en 1900 y murió en 1925. fue la primera bandoneonista argentina cuando el fuelle era sólo cosa de hombres, porque interpretarlo implicaba hacer movimientos "poco decorosos" para el género gfemenino. fundó una orquesta cuyo pianista fue el entonces adolescente Osvaldo Pugliese y fue compositora. Carlos Gardel la admiraba y cantó uno de sus tangos, "Floreal"

                          


A todas las luchas reivindicatorias, las mujeres agregan una que es exclusiva del género femenino: la lucha por la conquista del propio cuerpo. Si en pleno siglo XXI en la Argentina no les es posible decidir sobre el destino de un embarazo no deseado aunque sean quienes llevan el hijo en el vientre, a comienzos del siglo XX tampoco podían decidir sobre cosas aparentemente tan nimias como la elección de un instrumento musical. Para las señoritas de “buena familia” la guitarra y el piano eran los instrumentos por antonomasia.


Pero a Francisca "Paquita" Bernardo se le ocurrió tocar el bandoneón, un “instrumento de hombres” para interpretar un género que nació también con la marca de la masculinidad, el tango. Elegir el bandoneón era realmente un gran desafío porque implicaba hacer en público algo que jamás haría una mujer “decente”: abrir y cerrar las piernas sobre el escenario. Una verdadera desfachatez. El padre de Paquita, José María, de origen andaluz, se negaba terminantemente a que su hija se dedicara al bandoneón por el "qué dirán". Su madre, también de origen español, María Giménez, tenía otras razones para negarse: temía que su hija fuera castigada por su conducta impropia y le tiraran piedras cuando se presentara en público. Confesarles su vocación a sus padres no fue fácil para Paquita. Se trató casi de la confesión de un pecado en el confesionario de una familia bien constituida. Tan difícil fue dar aquel paso que necesitó de la complicidad de sus hermanos para darlo.

                                       

Nacida con el siglo y muerta cuando le faltaban pocos días para cumplir 25 años, su breve vida le bastó para alcanzar su sueño, tocar el bandoneón, fundar una orquesta de tango y componer. Pero lograr todo eso no le resultó fácil. Según lo refiere Diego A. Del Pino en Paquita Bernardo. La primera mujer bandoneonista (Ediciones BP), al conocerse la decisión de Paquita, se acercaron varios amigos de su padre. “Allí estaban Fernando Dubini, dueño de una herrería no lejos del barrio y Alejandro Pérez (…). También el andaluz don Nicolás, dueños de una peluquería de Villa Crespo, en Serrano al 300 a la que acudía el notable vecino Leopoldo Marechal. (…) Al enterarse de la pretensión de la hija de su buen amigo no pudo evitar decirle: ´Niña, eso está muy feo…¡Pero muy feo! (…) Otro amigo comentó: ´Además, tendrías que tocar por las noches y usar pantalones´.”


Pero a Paquita Bernardo no lograron disuadirla ni la oposición de la familia ni los prejuicios de los vecinos. Quizá presintiendo que su vida sería muy corta se dedicó por entero a realizar su vocación. Había tomado la decisión y no estaba dispuesta a dar un paso atrás. No sólo rechazó el delantal de cocina que en su casa era una tradición pasar a la hermana menor cuando ya tenía edad para cocinar, sino que rechazó también una propuesta de casamiento porque, según le dijo a su pretendiente, ella ya estaba casada con el bandoneón.

                                                              


 Apenas comenzaba la adolescencia cuando les pidió a sus padres que la enviaran a un conservatorio a aprender música. Allí recibió, además de las clases, la influencia de uno de sus compañeros, José Servidio, quien sería el autor del famoso tango El bulín de la calle Ayacucho. Posiblemente él haya tenido mucho que ver en el hecho de que Paquita se dejara seducir por la música porteña por antonomasia y por su instrumento emblemático, el bandoneón.

Paralelamente a sus estudios oficiales, la niña rebelde comenzó a practicar en secreto el instrumento prohibido con el método que creara en 1915 Arturo Berro. Recibió más tarde lecciones de Garci y de otro bandoneonista conocido en el medio como “Chumbita”. Luego de haberles confesado a sus padres su gran pecado, entre 1917 y 1919 se dedicó a presentarse en su barrio a cuanto bautismo, cumpleaños, casamiento o fiesta familiar fuera invitada una vez que comenzó a afianzarse su fama de ser una buena “música”.

Jamás utilizó pantalones para atenuar los "poco recatados"  movimientos de piernas que le exigía el bandoneón. Sí, en cambio, usó camisa y, en ocasiones,  corbata. Su fama comenzó a crecer en forma vertiginoso. Tocó en diversos cafés hasta recalar en el famoso café Domínguez. Para ese entonces ya se la llamaba “La flor de Villa Crespo” y, ocupadas las mesas del famoso café, sus seguidores se amontonaban en la calle para poder escucharla. Pedro Maffia, que tenía su misma edad, en ocasiones la aconsejó respecto del bandoneón, instrumento en que él se convirtió en un innovador. 

                                         



Muy pronto fundó la Orquesta Paquita, un sexteto cuyo pianista era nada menos que Osvaldo Pugliese, quien por entonces tera apenas un adolescente. La fama de Paquita, que también se presentaba en hospitales y otras instituciones, fue proporcional al prejuicio de la época respecto de las actividades que eran propias de mujeres. Puede decirse que se convirtió en un verdadero fenómeno y que su calidad como intérprete y compositora terminó por imponerse a los estrechos esquemas mentales de la sociedad machista, mucho más machista entonces que hoy, aunque los prejuicios no se hayan acabado.

 En un documental sobre su vida cuya autoría pertenece a G. Zitzer, C. Miranda. M. Sayago. R. Gurevich, una sobrina de Paquita, Beatriz, cuenta: “En el 18 formó su propia orquesta, pero tocaba también en las fiestas patronales y en los patios de las casas. Luego debutó en el Bar Domínguez con el sexteto Orquesta Paquita que ya integraba el maestro Osvaldo Pugliese que tenía 16 años cuando integró la orquesta de ella. Fue la primera mujer que se atrevió a cortarse el pelo porque en esa época las mujeres lo usaban largo. Además, se puso camisa y corbata. En esa época las mujeres eran amas de casa. En 1910, con la situación del país, era muy raro que una mujer estudiara. Estudiaban muy pocas. Ella siempre estaba acompañada por mi tío porque en esa época que una mujer saliera a tocar a la noche en los bares no era común. Por eso iba con el hermano. No la dejaba ni a sol ni a sombra. Mi tío Arturo era como el manager de ahora, así que sola no estaba. Pugliese era del barrio de Villa Crespo y empezó con ella. En 1921 estrenó en el bar Domínguez su primer tango, "Floreal” que fue cantado nada menos que por Carlos Gardel". 

                                          



Paquita compuso varios tangos –Cachito fue muy famoso en su época- algún vals y dos pasodobles, en total unas catorce piezas. En el mismo documental, Hugo Tornese cuenta una anécdota que da la dimensión que la primera mujer bandoneonista ocupó en su época. “Paquita –relata- participa de un concurso de tango en el que le piden que toque Soñando. No se podían repetir los temas porque estaba prohibido, pero al público le gustó tanto que aplaudió a rabiar y pidió que se vuelva a tocar. El director se negó porque no era lo que estaba establecido. Interviene entonces Carlos Gardel diciéndole: ´Maestro, el público es el que manda. Entienda que Paquita es una mujer y es la única que ha sabido dominar al taura del bandoneón´. Esto marca el respeto y la admiración de Carlos Gardel por Paquita Bernardo y el talento de esa jovencita.

 El 14 de abril de 1925, la tuberculosis la venció. El último disco que se conservaba de ella, según lo relata su sobrina, se rompió accidentalmente en la década del 60. En 2013 en Villa Crespo, su barrio, se pintó un mural que la recuerda. Como dice su sobrina, fue una verdadera transgresora en una época en que las mujeres no eran dueñas siquiera de abrir y cerrar las piernas en público para tocar un instrumento prohibido para el género femenino, el bandoneón.

 Luego de ella surgieron otras mujeres bandoneonistas como Nélida Federico, Eva Méndez o Carla Algeri por citar sólo unos pocos ejemplos. Sin embargo, el “fuelle” sigue siendo un instrumento prioritariamente masculino como si a casi un siglo de la muerte de Paquita Bernardo, el bandoneón no se hubiera liberado del todo de su estigma machista.
 

                                                                                                   Mónica López Ocón

N. de la R.- Como dato agregado cabe acotar que Carlos Gardel grabó dos temas de Paquita: El tango La enmascarada, que lleva letra de Francisco García Jiménez, en 1924, con sus guitarristas Ricardo y Barbieri, y en 1925, Soñando, con versos de Eugenio Cárdenas, acompañado por los mismos.

martes, 6 de marzo de 2018

Bien milonga

          Al alma sabe llegar
          porque es sentida y candonga, 
          que para bailar milonga
          hay que saberse arrugar...
         Milonga para bailar 
         con fueyes que ya rezongan,
         que esto es bailar milonga 
         y esto es saberla bailar...
         
               Elizardo Martínez Vilas



Primer martes del mes de Marzo y bailaremos como si estuviéramos en el Marzotto, de la Avenida Corrientes al 1100, donde actuaron tantos grandes del tango.  Lo digo por el ambiente, ya que en ese legendario café que desapareció en el '50, se iba a escuchar. Y nosotros escuchamos y bailamos, con los discos de muchas orquestas de leyenda que pasaron por dicho sitio. Por eso Marzo en Marzotto...

La recurrencia es para volcar todo eso que uno lleva adentro, ¿viste? y que nos gustaría trasladar a  los amigos milongueros que concurren al salón de la Casa de Aragón (Pza. República Argentina nº 6-Madrid), donde Bien milonga funge como cabeza de puente entre aquella música y estos bailarines de tango actuales en la capital de España. Desde las 21 da las 0 hs. nos damos un banquete de música y pasos en la pista, con la oreja, el cuore y los remos lanzados a fondo.

                                 

Para terminar de picarte con el bichito de la milonga, te llevo a dar una vuelta por varias pistas de este planeta y así  te vas imaginando como lo harías vos, mirándolos a él y a ella.Y arranco en Floreal milonga, donde Pancho Martínez Pey y Elina La Negra Roldán, se lucen bailando al compás de la orquesta de Pedro Laurenz y Juan Carlos Casas cantando el tango: De puro guapo.



Y me voy a París. En la milonga Danse avec moi, desarrollado en el estadio Charléty, baila la pareja que integran Patrice Meissirel e Irene Moraglio (que venía de la gimnasia artística y práctica de danzas clásicas).Y se mandan con el valsecito Para tí madre, por la orquesta de Francisco Canaro, cantando Agustín Irusta..


Ahora me piro a San Petersburgo-Rusia-, al Kochubey Club de dicha city. Allí están Pablo Inza y Mariana Dragone bailando la milonga Mi vieja linda, por la orquesta uruguaya de Emilio Pellejero, cantando Enalmar De María

                                        
¿Y... que me contursi....? ¡Te gustó el paseíto, eh! Bueno, entonces andá planchando la ropa para esta noche, que en Bien milonga no te dejaremos planchar...                                        

lunes, 5 de marzo de 2018

Tapera

Este hermoso tango es un  acuarela de Homero Manzi, con brochazos paisajísticos y humanos, recordando su nacimiento y primera niñez en un pueblo de Santiago del Estero, llamado Añatuya, Allí había nacido el 1 de noviembre de 1905 en la estancia "13" de dicho pueblo. Su padre, Luis Manzione, tenía ese lugar un pequeño campo y en 1905 decidió trasladarse a Buenos Aires con su mujer, Ángela Prestera y sus ocho hijos.  Homero recordaba en su poema Añatuya, aquellos días y lugares de su infancia:

Añatuya es un lugar
que jamás podré olvidar.
Porque al fin es Aña... mía...
Tras un verde ventanal
junto al mismo algarrobal
conocí la luz del día.

La palabra Tapera, proviene del guaraní: Taperé que significa: Casa abandonada. En el campo argentino siempre fue muy común divisar ranchos o habitaciones abandonadas que los peones rurales que buscaban changas en sembrados o cosechas, utilizaban para descansar mientras iban de un lado a otro con su pequeño bagayo al hombro.

                                       
                                        
Homero volvió algunas veces a Añatuya y le impresionó fuertemente aquella llanura de clima subtropical, árboles centenarios -quebracho, lapacho, algarrobos, espinillos, chañares...-, y escasos pobladores distribuidos en una provincia grande, donde su capital es la más habitada. Se había convertido en un porteño más y de hecho su pluma fecundó grandes páginas del acerbo popular.

En este tango que musicalizaría el violinista y cantor Hugo Gutiérrez, Homero deja volar su imaginación y va dibujando el pueblo donde vio la luz por vez primera, y la tapera, esos ranchos abandonados por doquier, llaman tanto su atención que los traslada al verso con su sabia paleta poética.

Al fin, un rancho más que se deja,
total, porque no ha vuelto la prenda;
allí, donde se muere una senda;
allí, donde los pastos se quejan 
y el viento se aleja
silbando un dolor.
Total, otra cocina sin brasas
y un gaucho que pasa
sin rumbo ni amor...

Con sus padres vivíeron inicialmente en una casa de Boedo y Garay, en la metrópoli porteña, y no tuvo reparos en  confesarse como era entonces: "Un provinciano otario que quedaba con la boca abierta delante de un tranvía". Estaría internado como pupilo  en el Colegio Luppi, de Centenera y Esquiú, ubicado en el barrio de Nueva Pompeya, cerca de las vías del tren que evocaría en tangos magistrales, con aquellas inundaciones, luz de almacenes, casitas bajas, el farol titilando en la barrera...

                                                 
Manzi -con sombrero- en uno de sus regresos a Añatuya, con Charlo -izq. y el paisano Barraza

Volvería a la casa de Boedo, al terminar la primaria y en un viaje de regreso a Añatuya, encuentra los motivos para volcarlos en este delicioso tango. La nostalgia juega su parte y alborota los recuerdos infantiles del niño creciendo en el campo.

Roldanita de mi pozo
que cantaba su alborozo
ya no habrás de cantar nunca más.
Sombra fresca del alero
donde estaban los jilgueros,
los jilgueros que hoy no están. 
Brillazón de mis trigales
que mancharon los cardales 
cuando un día comencé a penar,
cuando entraron los abrojos
a morder en mis rastrojos y me eché a rodar.

El hombre de la ciudad. el político, el profesor de Literatura y Castellano en los Colegios Nacionales Mariano Moreno y Domingo Faustino Sarmiento, el que fue expulsado por sus ideas políticas de la Facultad de Derecho, el que participó con Arturo Jauretche en aquellas luchas estudiantiles, el que integró la lista de fundadores de F.O.R.J.A (Fuerza de Organización Radical de la Joven Argentina), opuesta a la dirección del conservador Marcelo T. de Alvear en la Unión Cívica Radical... El que peleaba por una Argentina libre y pacífica, volvía a su lugar de nacimiento y describía así aquellos pueblos del interior despoblados:

Se fue, dirá la gente del pago;
se fue, tal vez detrás de otro sueño...
Al fin, otro ranchito sin dueño;
al fin, otra tapera tirada
sin tropa ni aguada
sin gente ni Dios.
Total, otro fogón desdichado,
que un alma ha dejado
sin fuego ni amor. 

                                          
El pequeño Homero Nanzione y su casa natal en Añatuya - Santiago. del Estero

Recuerdo que en una oportunidad que yo estaba en Lima, capital del Perú, coincidí en un boliche tanguero (El Rincón de Pipo), con Alberto Fontán Luna, que había cantado en la primera orquesta de Piazzolla. Intentamos sacar con el pianista y un fueye este tango, pero Fontán Luna me recordó que lo había grabado Aldo Campoamor con Piazzolla y no recordaba entonces la letra, que fui memorizando para que pudiera interpretarla.

Es muy buena la versión de Campoamor con Piazzolla pero la de Aníbal Troilo con Edmundo Rivero, registrada  el 24 de octubre de 1947 es toda una joyita. Muy llegadora. La escuchamos.

Tapera - Aníbal Troilo - Edmundo Rivero


jueves, 1 de marzo de 2018

David Roccatagliata

Cada tanto le echo una mirada hacia atrás, a la llamada Guardia vieja del tango, por los valores que nutrieron sus filas, por lo mucho que aportó al futuro del género, por las piezas que fueron generando en ese granero que hoy alimenta las milongas del mundo entero, y por los personajes que estuvieron desfilando a lo largo de su variopinta historia.

Entre ellos está el destacado y respetado violinista y compositor Tito Roccatagliata, como siempre se le conoció en el ambiente. Pilar en la evolución del instrumento dentro del tango, que se movía en los ambientes de los recreos de Palermo, y estilísticamente ubicado en primera fila por los propios músicos. Incluído Julio De Caro que fue uno de sus seguidores y se apoyaría precisamente en su estilo y calidad de ejecución.

David Tito Roccatagliata
                                         
Descendiente de inmigrantes italianos que amaban la música, Tito Roccatagliata aprendió de niño a tocar el violín con profesores de su barrio y fue evolucionando con otros de mayor jerarquía hasta lograr, en su completa formación, integrar algunos conjuntos de música clásica. Nacido en  enero de 1891, el tango se le fue haciendo familiar en el barrio, a tal punto que decidió seguir ese camino popular, pese a las reticencias de su progenitor.

En aquellos tríos iniciáticos del tango, debutaría este violinista, junto a Roberto Firpo en piano y Juan Carlos Bazán en flauta, allá por 1908, en El Tambito palermitano.  El camino se presentaba muy favorable y realmente su capacidad pronto le permitiría abrirse camino y ser respetado por los colegas de entonces. Un año más tarde, se lo verá en un cuarteto con Eduardo Arolas en el fueye, Luis Astudillo en flauta y Emilio Fernández en guitarra.

                                 
Trío de Roberto Firpo, Tito Roccatagliata y Juan Carlos Bazán

En 1910, año del Centenario, el tango encuentra más abiertas sus puertas, y Tito destaca en un cuarteto del Juan Carlos Bazán. Lo convocan algunos directores y va alternando en formaciones varias, hasta llegar al disco con el cuarteto de Eduardo Arolas. Roberto Firpo da sus primeros pasos al frente de un conjunto y lo convoca a Roccatagliata  para actuar en el cabaret Tabarin y enseguida pasan también  a los registros discográficos.

En aquella famosa fusión de las orquestas de Francisco Canaro y Roberto Firpo que se presentó en los bailes de carnaval del Teatro Colón de Rosario -año 1917-, Eduardo Arolas con su bandoneón y Roccatagliata con el violín, lograr sobresalir con sus particulares estilos. A este último le encantaba lucir sus celebrados pizzicatos y con Agesilao Ferrazzano en las filas de la orquesta de Firpo, encandilaban a los parroquianos con sus diabluuras, dado que no tocaban al unísono. Harían escuela y años más tarde, esas diferencias en los dúos de violines se establecerían en las orquestas generando un mayor musicalidad en la melodía.

                                   
Tito -centro- en el sexteto de Fresedo. Están Francia, Cobián, Rodríguez, Thompson y un saxo

Sobre la base de bandoneón, piano y violín se asentará la definitiva conformación de la orquesta típica. Precisamente, un año más tarde de aquella aventura en Rosario, se conforma el trío que integran Juan Carlos Cobián al piano, Osvaldo Fresedo en bandoneón y Tito Roccatagliata en violín.
En 1919, con su compañero Ferrazzano, Fresedo y Enrique Delfino, lucirían un cuarteto de maestros que hace escuela y da que hablar.

Precisamente, a raíz de aquel éxito, son contratados por la RCA Victor para actuar en Estados Unidos y grabar allí bajo el nombre de Típica Select. Estarán tres meses en dicho país, refuerzan el conjunto con otro violinista y un cello que les presentan allí. Actúan en distintos sitios,  dejan 54 placas grabadas,y regresan con problemas por falta de atenciones. Incluso Roccatagliata tiene problemas de adicciones alcohólicas y drogas que van minando su salud.

                              

Al regreso se conforma el cuarteto con Delfino, Fresedo, Ferrazzano y Tito, que actúan en el cine Capitol y otros lugares. Delfino dejará su sitio a Cobián . Roccatagliata también formará en la orquesta de Canaro durante los carnavales de 1921, en el Teatro de la Ópera y posteriormente se integrará en el Sexteto de Osvaldo Fresedo que arranca con fulgor su carrera artística como director.

Los altibajos en su salud y sus adicciones van encogiendo la carrera de Tito Roccatagliata. Se lo verá fugazmente  en la orquesta de Antonio Scatasso, allá por 1924 y en octubre de 1925 lo encuentran muerto en su casa de la céntrica calle Rodríguez Peña. El médico que firma el parte de defunción  dictamina que la muerte se debe a un síncope cardíaco y la causa es la sobredosis de droga.

                                         


Tenía apenas 34 años, cuando falleció. Aunque muchos de sus amigos músicos preveían el desenlace, su fallecimiento provocó muchas muestras de empatía con Tito. Julio De Caro no dudó en afirmar: "Siento una gran pena. Fue un grande con el violín. Sus floreos, verdaderas creaciones de su gran alma tanguera, pude admirarlos en todo su valer. Años después tuve el honor de ser felicitado por tan gran maestro".

No dejó muestras de su capacidad como compositor. Apenas una media docena de temas, entre las que destaca el tango Elegante papirusa, por su valor melódico y armónico. Precisamente podemos escucharlo por la orquesta de Miguel Caló, en su registro del 27 de diciembre de 1943. Y por Edgardo Donato y su conjunto, grabado el 20 de noviembre de 1935.

Elegante papirusa - Miguel Caló

Elegante papirusa - Edgardo Donato


martes, 27 de febrero de 2018

Bien milonga

       El asilo que brindan tus brazos,
       voraz experiencia,
       fragor en mi pecho.
      Es empuje, un faro en mi noche,
      ahuyenta la niebla 
      regala ilusión.

                  Haidé Daiban


Llegó el último martes de febrero, rojo el 27,  y en Bien milonga lo saludamos, disfrutamos y despedimos a puro tango, valsecito y milonga. Como debe ser. Porque es nuestro día milonguero y lo celebramos con una selección ideal para bailar a troche y moche, sintiendo en el pecho la pasión interminable del gotán.

La sala de la Casa de Aragón (Pza. República Argentina nº6-Madrid) se presta para que la barra se reúna y le demos con tutti, en ese ambiente tan lindo que se forma en la milonga, ¿viste? Así que desde las 21 a las 0 horas, la pasamos genial, senza cuento.

                               

Y como aperitivo te embarco en el viaje tanguero conmigo por distintas pistas del mapa, para que junes cómo las gastan en el encerado los milongas y las paicas. Pero quiero arrancar hoy con dos cracks bailando hace un tiempito en el Salón Canning porteño. Son el malogrado y recordado amigo Osvaldo Zotto y Alejandra Mantiñán, que se mueven a ritmo con el tango Jamás retornarás, por la orquesta de Miguel Caló, cantando Raúl Berón.
                               
                             

Y me marcho a Stuttgart-Alemania, para ver nuevamente a Sigrid Van Tilbeurgh y Murat Erdemsel --francesa y turco-, bailando en la Milonga del Schnebal Festival. Y giran con su clase de siempre , a los compases del valsecito Damisela encantadora, por la orquesta de Francisco Lomuto, y el cantor Jorge Omar.
                                       


Y ahora voy con el otro Zotto, Miguel Ángel, que baila con Daiana Gúspero, en Gaillard, comuna francesa ubicada en Ródano-Alpes. Y se mandan a la pista con la milonga No hay tierra como la mía, por Francisco Canaro, su orquesta y la voz de Charlo.

                                                                        

Con este espiche ya estarás ensayando las figuritas y firuletes para esta noche. Ci veddiamo.