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martes, 16 de abril de 2019

BIEN MILONGA

       Soy milonguero de ley,
       me gusta el tango arrastrao,
       el que al bailar amargao
       hace gozar al alma. 
       Soy milonguero de ley;
       ¡Milonga mía!
       vos solamente sabés
       de la alegría que me vendés. 

                  Mario César Gomila


Semana Santa  y nada mejor que festejar de arranque esta noche en BIEN MILONGA. Porque estamos con ánimo de celebración y una noche milonguera al mango nos levanta el ánimo y nos impulsa en la pista de madera bien cuidada, de la CASA DE ARAGÓN, en Madrid. Desde las 21 a las 0 horas, con la música seleccionada por este ñorse milonguero, nos movemos y ascendemos mentalmente a la cima de los sentimientos.

                               
Me voy de viaje en forma virtual para calentar motores con vistas a la que se viene esta nochecita de abril, y nada mejor que ver cómo las gastan los muchachos y muchachas que siembran pasos y alma milonguera por distintas pistas de este planeta Tierra.

Me planto como parada inicial en Mocú, la capital rusa, donde Sebastián Arce y Mariana Montes han sentado sus blasones para que el tango progrese velozmente entre las huestes de bailarines locales. Los podemos ver bailando el tango El adiós, por la orquesta de Osvaldo Pugliese, cantando Jorge Maciel.


Acto seguido me desplazo a la ciudad francesa Montpellier. En la milonga La Pituca,  de dicha ciudad, están Ariadna Naveira y Fernando Sánchez, luciéndose a los sones del Valsecito criollo, que interpreta la orquesta de Juan D'Arienzo.


El cuore y lo recuerdos me tiran para atriqui y no puedo dejar de verlos cada tanto. De cuando formaban esa parejita juvenil que deslumbró a todos, incluídos los milongueros veteranos. Son Javier Rodríguez y Geraldine Rojas. Ellos dejaron su marca genial en algunos videos, uno de los cuales los muestra bailando la milonga La espuela, por la orquesta "Los solistas de D'Arienzo", en la Confitería "La Ideal".

                                                                                     
Y ahora nos toca a nosotros. ¡Esta noche a gastar suela en BIEN MILONGA! ¡Sí señor!

domingo, 14 de abril de 2019

Los bailongos machistas

Es cierto que en esa década del treinta, aquí o allá, en una radio o en un salón, en un set de filmación o en una grabadora, iba a tener oportunidad de conocer a la mayoría de los famosos. pero aun así, la verdad... la verdad, yo los iba a conocer a ellos, pero ellos a mí todavía no tanto.

   Desde el punto de vista de la canción, la década se caracterizó por el apogeo y el final físico de Carlos Gardel pero, musicalmente, así como los veinte marcaron la era renovadora de Roberto Firpo, los treinta iban a ser copados por los aportes de Julio De Caro, famoso ya por sus obras y su sexteto, desde mucho antes. Con él iba a cruzarse también mi camino pero bastante más tarde. No podía todavía soñar con pararme delante de los fueyes de los dos Pedros: Maffia y Laurenz.

                         


   Empezó a funcionar el cambio el dúo con mi hermana Lidia Eva (nombre artístico Eva Rivero). hacíamos algunas actuaciones racdiales y, cuando en casa lo permitieron, también estuvieron anunciados los "Hermanos Rivero" en alguna cartelera de lugar "decente". Los sitios que descartaba el dúo los podía atender en cambio el guitarrista o el cantor Edmundo Rivero.

   En uno de esos bailes formativos (perdón: con entrada paga), me tocó presenciar una escena memorable, de las que hacen parar la música y hasta el vuelo de las moscas. Sucedió en un barrio bravo, de esos que todavía tenían guapos de paso cortito y rítmico, tipos que andaban siempre pegaditos a las paredes. Uno de aquellos temidos malevos sacó a bailar, como correspondía, a una de las muchachas más lindas del aile y, no bien habían hecho la primera corrida los interrumpió otro hombre:
-Con permiso -dijo-. Y le dio a la mujer un cachetazo que resonó en el silencio que el mismo agresor había inaugurado.

   La mujer se hizo a un lado llorando, y entonces el guapo, sin perder la frialdad preguntó:
   -¿Por qué le pegó a la dama?
   -Porque se negó a "salirme" a mí y enseguidita nomás "le salió a usté".
   -Si fue así, tiene razón, hizo bien, fájela nomás.

   El guapo miró a la mujer como buscando confirmación o desmentida y debe haber opinado que el llanto no cambiaba la cosa. así que la dejó plantada, hizo una seña de "aquí no ha pasado nada" y volvimos a hacer el tango "da capo". Los dos hombres se fueron juntos, pero no a pelear sino a compartir en el bar una caña quemada. "La ley de la milonga" podría ser el título ¿no?

                         


   Y sin embargo, en años de andar "amenizando" bailongos de todas las categorías, casi nunca me tocó presenciar más que discusiones y riñas menores. Si supe de alguna cosa grave nunca fue a la vista, como si los rivales estuviesen de acuerdo en no dar el feo espectáculo de amasijarse.

  Lo otro habrá sido en lugares que no vi o en tiempos que no viví, pero me parece que esos duelos fanfarrores, históricos, con padrinos o testigos, eran moda de otro ambiente o fantasía venida de las cintas de los "cow boys". El criollo es más sobrio para estas cosas.

EDMUNDO RIVERO / De su libro "Una luz de almacén")

viernes, 12 de abril de 2019

El Tango es cultura

Va siendo hora que se le reconozcan los méritos a la música popular que en Argentina y Uruguay lleva alimentando la memoria y el paisaje ciudadano desde hace más de 130 años. Es cierto que ha tenido altibajos pero una y otra vez ha renacido con más fuerza, y después de esos inviernos en que otros géneros y el desinterés de gobiernos y discográficas lo van opacando, retorna con bríos primaverales, y con la polenta vital de las viejas y eternas grabaciones que demuestran cotidianamente su clase ancestral.

Hce muchos años que el tango  se expandió por toda América y ganó el corazón de europeos y japoneses. Pero hoy día se ha extendido y ramificado como nunca antes, y se baila se toca y se canta en casi todo el mundo. Las milongas multitudinarias de los años cuarenta/cincuenta en Argentina, han encontrado su réplica infinita y ya no sorprende el nivel de muchos milongueros de Rusia, Turquía, Estados Unidos, Canadá, China o Japón,  y de tantos otros lugares del mundo.

Milongueros chinos bailando en un barrio de Pekín

La música de Astor Piazzolla ha encontrado eco en orquestas sinfónicas que interpretan sus tangos en Teatros no habituados a este tipo de música. Hay orquestas rusas, turcas, norteamericanas que imitan los estilos de Pugliese, D'Arienzo, Di Sarli. Bailarines de ambos sexos, formados en la escuela del ballet, se han volcado a la secta tanguera porque el baile de pareja es único, impactante en este tipo de género popular.

Maestros  argentinos de ambos sexos viajan permanentemente por infinidad de países, impartiendo clases de esta danza y haciendo notar su trabajo en el resultado final, en muchos casos. Como el de Sebastián Arce y Mariana Montes en Rusia. La misma  Mariana Montes, Miguel Ángel Zotto, Daiana Gúspero, Aoniken Quiroga,  Alejandra Mantiñán  en Italia. Podría nombrar muchos otros casos pero dejo estos nombres en Rusia e Italia como ejemplo.

Precisamente fueron los italianos quienes llevaron a Félix Picherna como discjockey y lo pasearon por todo el país, musicalizando milongas y festivales. De este modo fue sembrando conocimientos, sabiduría sobre el oficio y preparando el terreno en los años noventa para la revolución que llegó con las nuevas hornadas de milongueros y musicalizadores. La obra de Picherna evitó los errores que se cometieron en otros países europeos por colegas novatos y desconocedores de las orquestas bailables.

                           
La cumparsita, el Choclo, A media luz, Nostalgias, Mi Buenos Aires querido, Cambalache, son páginas legendarias que recuerda todo el mundo, porque las cantaban, bailaban o silbaban sus padres, sus tíos, sus abuelos. Pero con la gran revolución y propagación  del tango, ahora Osvaldo Pugliese, Juan D'Arienzo, Carlos Di Sarli, Aníbal Troilo, Ricardo Tanturi, Miguel Caló, también son nombres familiares para muchas personas que abrazaron la causa de la danza del tango y tienen incluso sus orquestas preferidas para bailar  en otros países lejanos. 

La poesía es una de las tres patas del género. Ese fugaz instante del verso, cantado por tantos intérpretes brillantes, es también un toque al corazón y deja su poso en la marea de la melodía. Hubo poetas maravillosos que unieron su destino al tango, como Homero Manzi, Cátulo Castillo, Homero Expósito, Alfredo Le Pera, Enrique Santos Discépolo, Francisco García Jiménez, Enrique Cadícamo, Celedonio Flores y muchos vates que orlaron el destino del mismo.  Como los que les fueron sucediendo: Eladia Blázquez, Horacio Ferrer, Héctor Negro y otros.

Quién, en el mundo no repitió alguna vez aquello de: "Que es un soplo la vida. que veinte años no es nada...". O "Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir, y al fin andar sin pensamiento...". "Hoy vas a entrar en mi pasado...".  "Tus ojos son oscuros como el olvido, tus labios apretados como el rencor...".  "Igual que en la vidriera irrespuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida...".  "Y es todo, todo, tan fugaz, Que es una curda, -nada más- mi confesión"... Y podríamos recordar esos octosílabos golpeadores de Pascual Contursi: "Percanta que me amuraste",  y Celedonio Flores; "Rechiflao en mi tristeza".


Las películas de Carlos Gardel llevaron el espíritu del tango a todos los rincones y abrieron puertas, desnudaron la poesía que encerraba, transmitieron sentimientos, el aire de nostalgia y pasión que genera. Eduardo Arolas y Agustín Bardi en aquella etapa iniciática del tango, parieron páginas maravillosas, invencibles al paso del tiempo. El edificio instrumental que armaron con los Delfino, Cobián, Fresedo, De Caro, sirvió de sustento a todo lo que vino después y cimentó las futuras hornadas que harían historia y dejarían un legado invalorable que nos sigue iluminando, empujando en la pista, compensándonos de las malas noticias. Vale la pena recordar, con ellos,  a los brillantes compositores que ha tenido y también a los grandes arregladores que embellecieron tants páginas.

El tango es ARTE. Por todo lo que encierra en su prontuario y su espíritu. Por la música, el verso y la danza.Casi nunca ha tenido el apoyo de los que manejaron la cultura, debió soportar la invasión de fugaces ritmos extranjeros que  fueron respaldados por las casas discográficas, en detrimento del género nacional. Pero termina ganando todos los combates y retornando pleno de salud y energías, mientras las musiquitas que lo relegaron cayeron en el olvido. Algún día ocupará el lugar que merece en los despachos ministeriales, en clases de música y en el Teatro Colón que se dignó abrirle circunstancialmente sus puertas con un éxito rotundo..

                               
De momento sigue ganando batallas porque el ARTE  y la CULTURA siempre terminan imponiéndose a las modas, y el Tango está en el corazón no sólo de los rioplatenses, sino también de grandes legiones de tangueros y milongueros de todo el mundo. Como dijo Leonardo da Vinci: "La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte".

martes, 9 de abril de 2019

BIEN MILONGA

     Hermano te ha vencido el modernismo, 
     tu figura de ayer también cambió,
     solo queda en tus compases melodiosos
     el pasado corazón a corazón.

     Ya te alejaste del suburbio que te viera
     bajo la luz palpitante de un farol,
     que perfilaba tu figura caprichosa
     bailando a los acordes, de un organito al son

                            Juan F. Mazzaroni

Martes 9 de abril. Esta noche la coqueta pista de la Casa de Aragón nos recibe para milonguear a tutiplén, desde las 21 a las 0 horas. Con la música bien milonga de este muchacho que lleva años en el encerado y en los secretos de esta danza, y la sociedad con Charo para recibir a los visitantes ansiosos de buena música y leña al mono...

                                    

Como ya es costumbre en Bien milonga, me doy una vuelta por otros lares y así vichamos como algunas parejas  mueven los remos al compás de nuestra entrañable música y esas orquestas imbatibles e interminables que nos dan changüí para el lucimiento ante la masa.

Nada mejor que arrancar por la matriz, y un lugar polenta es el grato Palais de Glace porteño. En este caso son Jorge García -veterano milonguero, hermano del Flaco Dani- y Susana Soar, los que se mandan con esta milonga: La espuela, por la orquesta de Juan D'Arienzo.

                        
Un salto groso a la Escandinavia europea y a sacar pase en el Frostbite Tango Festival de Helsinsky-Finlandia. Acá son Magdalena Gutiérrez y Germán Ballejo quienes se lucen bailando el tango Comparsa criolla por la Típica de Ricardo Tanturi.

                                    
Ahora vuelo a Londres aunque sea en forma virtual y pese al Brexit con que los locales se quieren divorciar de Europa. Vale la pena ver en acción a María Inés Bogado y Roberto Zuccarino, girando al compás de un valsecito: Miedo, que interpreta Juan D'Arienzo, su orquesta y el cantorazo Héctor Mauré.


Ya viste estilos y géneros, Y ahora qué esperás: ¿La carroza? Dale, empilchate y venite                                         

sábado, 6 de abril de 2019

José Bragato

La vanguardia del tango

por Elsa Bragato* - periodista (Buenos Aires)

Este movimiento surgió a fines de 1954. Y el hogar de mis padres tuvo la suerte de ser uno de sus centros. Mi padre, José Bragato, violoncellista solista del teatro Colón, y mi madre, Herminia Domínguez, su abnegada esposa, amante de la música y estudiante de piano ya adulta, inundaron el hogar con esta revolución musical. En nuestra casa, aquélla de Avenida Córdoba 2053, departamento 3 en Planta Baja, hoy un edificio muy moderno, se reunieron todos los músicos que ansiaban generar nuevos conjuntos tanto de música clásica como popular. 

Mi padre fue un fervoroso difusor de la música folklórica nacional, paraguaya, brasileña, así como del tango y sus nuevas modalidades. Todo parecía ser más o menos normal, si bien mi hermana (Adriana) y yo ya éramos consumadas "bohemias" siguiendo los caminos de mi padre y nos costaba ir al colegio, tan tempranito, al querido Normal Nø 1, por dormirnos a las 4 o 5 de la madrugada.
                                              
José Bragato (1915/2017)

Un buen día apareció en casa Astor Piazzolla. Conocía a mi padre del teatro Colón y como director joven de las orquestas estables de las radios. Y junto a otros músicos, decidió formar el llamado Octeto Buenos Aires. Fue un aluvión, un huracán, una tormenta que azotó a nuestra familia, al hogar de mis padres, tanta energía junta, tantas ofensas por encarar el "nuevo tango" y tantas mentiras también. Piazzolla era muy inquieto, fogoso, apasionado, hacedor de bromas pesadas, siempre riéndose, siempre pensando en el tango que estaba generando con la ayuda de virtuosos en sus instrumentos como Leopoldo Federico, José Vasallo, Elvino Vardaro, Atilio Stampone, el Nene Nicolini, Horacio Malvicino, Enrique Mario Francini, Hugo Baralis, y mi padre, José Bragato. Su único violoncellista en los conjuntos con los que recorrió el mundo, así como su único arreglador y también su copista por excelencia.

Nunca más nuestro hogar fue el mismo. Se vivió una locura musical de la que no éramos conscientes. Recuerdo que, en el viejo Canal 7, cuando debutaron, se los trataba de "locos, váyanse al Colón!" y esto lo escuchaba, metida entre el público, esperando a mi padre a quien ayudaba a llevar las partituras y hasta los atriles con sólo 9 años. En el teatro Colón, donde mi padre formaba parte de la orquesta estable y luego fue solista, lo trataban de "tipiquero", una gran ofensa para un músico clásico. Era una suerte de "condena social" para un músico surgido de las filas de los conservatorios Iacopo Tomadini de Udine (su ciudad natal, capital del Friuli, Italia del Norte) y del Manuel de Falla en Buenos Aires.
                                 
José Bragato y Astor Piazzolla

La llamada Vanguardia tuvo ese nombre por un tango que escribió mi padre. Haciendo una broma musical con Astor Piazzolla, le dijo que iba a escribir un tango imitando su instrumentación, y así surgió "Vanguardista" que fue un himno del movimiento tanguero y le dio apodo para siempre.
Entre otras cosas, que merecen ser destacadas y aclaradas, es que la Vanguardia del Tango que generó Piazzolla junto con sus músicos nunca se propuso dejar de lado el tango-baile, como se creyó, se dijo y se publicó. 

Recuerdo muy bien que Piazzolla hablaba de "generar un conjunto de tango para aquel que quiera escuchar y no bailar, como hacés vos, José, con los cuartetos de música clásica". Esta frase la escuché muchas veces en mi hogar. Luego se afirmó lo contrario, que la Vanguardia del Tango quería "matar" al tango tradicional y destruir su danza, y esto sí que no fue cierto nunca.
Tanto Piazzolla como Bragato ganaban su sustento no sólo en orquestas como la del teatro Colón sino en las orquestas típicas de entonces, haciendo giras en la época de carnavales por las localidades vecinas a la ciudad de Buenos Aires. Se iban de sus hogares en las madrugadas de los viernes y sábados para ganar algo más tocando en los bailes de entonces, viajando en ómnibus durante toda la noche.

El Octeto Pîazzolla. Bragato está entre Astor y Francini

Armar el octeto como hizo Piazzolla fue una manera de hacer un tango que les gustaba, una armonía nueva, diferente. Nada más que eso: proponían la convivencia del tango para escuchar junto con el tango para bailar. Pero no se entendió.
La vanguardia significó varias cosas para nuestra familia: nunca más volvimos a ser los mismos. La condición de "vanguardistas" fue casi un estigma. Por un lado, nos hizo vivir de lleno un gran movimiento cultural, la enorme amistad de mi padre con Astor y su familia, y por otro lado también nos alejó de nuestro padre, así como la familia de Astor vivió lo mismo. Fue una experiencia de vida que marcó a fuego dos hogares.
Fue también un tiempo de ensayos en nuestra casa, de músicos que ocupaban la mesa del comedor copiando partituras, de mi padre corriendo al Colón y a los recitales con Astor. Fue un tiempo de bohemia musical inigualable, de vivencias profundas e imborrables. Ni Piazzolla ni mi padre ganaron dinero o "cachets" como los actuales. Piazzolla tuvo que achicar su amado octeto por un quinteto porque no lo contrataban: los empresarios no querían pagar más que a cinco músicos como mucho. Piazzolla y su quinteto existieron sólo por una razón empresarial que, en un comienzo, no satisfizo las ansias musicales del gran bandoneonista.
                                   
José Bragato también colaboró con Mariano Mores

Mi recuerdo de Astor Piazzolla es el de un tío riente, feliz, enérgico, apurado, chistoso. Y conservo como regalos inapreciables su tango para mi casamiento con Carlos Pierre, llamado "Melodía en La Menor", que se tocó como concierto previo a mi ingreso al Patrocinio San José, su juego de café, sus tarjetas dedicadas, sus fotos autografiadas y algunas partituras que nos legó.
Lo mejor queda en mi corazón: la alegría de una música que compartimos, su generación, su maduración, y su final.
Ese tango frenético que vivimos a partir de 1954 jamás nos abandonó. Mi padre, a sus 93 años de edad, continúa realizando arreglos de toda la obra de Piazzolla para cuartetos de cuerda, un pedido que en los 80 le hiciera Astor.
Y estos arreglos para músicos clásicos son los que han difundido el nombre de Piazzolla en las grandes salas de conciertos de todo el mundo. "Chapeau" a la Vanguardia, sus hacedores y a dos grandes mujeres: Dedée y Herminia.

* La autora escribió "La vanguardia, de entrecasa", contando las experiencias de las familias Piazzolla y Bragato y la estrecha amistad que las unió.

                                       

jueves, 4 de abril de 2019

La "mugre" del tango

El término puede llevar a confusiones por todo lo que la palabra encierra. Según el diccionario castellano, mugre es "una suciedad, especialmente grasienta,  que se acumula en una cosa o un lugar.
El polvo y la lluvia de todo un año han dibujado franjas de mugre y cuajarones de barro reseco sobre la tarlatana plisada (fig.) por desconocer ignoran incluso que el rechazo a una niña genera un tipo de mugre maloliente que infesta las arrugas del alma y ennegrece el carácter  para siempre".

La mugre en el tango representa otra cosa totalmente distinta.  Es un término porteño que identifica metáforicamente al cúmulo de emociones que transmiten los músicos de tango  al ejecutar una pieza, y que no figura en la partitura. Es una especie de comunicación oral y empírica que se sucede entre las distintas generaciones, difícil de graficar.

                                    
Un  solo de bandoneón de Aníbal Troilo, por ejemplo, siempre tendrá más mugre que el de muchos colegas que ostentan en su haber una mayor formación académica. Vendría a representar, por ejemplo, la diferencia entre una caricatura realizada mediante un ordenador y otra hecha por un artista, que logrará como resultado un retrato mucho más vivo.

No se trata, por supuesto de tocar mal, todo lo contrario, esos efectos lo consiguen precisamente los que tocan bien, muy bien. Y es muy elogiable porque así se han conseguido verdaderas maravillas de interpretación que siguen haciéndonos cosquillas en el cuore, y en los pies cuando las bailamos. Esa sención de sonido embarrado, algo sucio, pero que produce un efecto instántaneo de regusto en el oyente o el bailarín.

Es el condimento extra del tango, del músico y del milonguero. Vendría a ser algo así como esa definición tan nuestra de "tener potrero", para referirnos a futbolistas que aprendieron la picardía, el secreto de su técnica tan especial y distinta, lo que les lleva a conseguir resultados maravillosos y sorprendentes. Que aprendieron los secretos de su arte y mañas en campos silvestres plagados de dificultades para poder controlar la pelota, rodeados de rivales ansiosos por quitársela.

En Argentina ya se extiende esa definición tan certera de "le falta potrero" a cualquier político, comunicador o figura pública que desconoce la cultura popular. A algunos bailarines provenientes de otros bailes de salón y recién arribados a las milongas, también se les endilga con propiedad y cierto demérito, el "le falta mugre".
                                         
María Nieves y Juan Carlos Copes

Aunque hayan aprendido las figuras y se muevan con la música sin desentonar técnicamente, se les menta así para diferenciarlo del salido de las huestes milongueras, que atesora una sensibilidad muy característica de su grupo de permanencia. Los avezados saben distinguir esas desigualdades. Algo similiar sucede con los bailarines que vienen de disciplinas clásicas y no están formateados en la milonga, por lo cual los puristas o tradicionales le suelen endilgar esta muletilla.

El resultado final de la mugre en el tango, puede apreciarse en muchos temas de Pichuco, por ejemplo. Los que tuvimos la suerte de verlo, bailarlo y escucharlo en vivo podemos dar fe de ese sonido sucio que nos exaltaba. Los arrastres de Pugliese, los solos de violín  de Cayetano Puglisi con D'Arienzo, o los de Gobbi, las variaciones de Ruggiero, los pizzicattos de Edgardo Donato, el contrabajo de Kicho Díaz y hasta la interpretación del Polaco Goyeneche están llenos de mugre. Una mugre que ennoblece y enriquece al tango, como los dibujos de Copes y María Nieves en el escenario, después de haberlos laburado y madurado en noches milongueras interminables.

martes, 2 de abril de 2019

BIEN MILONGA


    Bailemos del vals
    su alegre compás,
    girando los dos
    se enciende el amor.
    Bailemos el vals,
    bailemos amor,
    su raudo girar
    es dulce emoción..
.
          Enrique Cadícamo


Martes 2 de abril, noche ideal para darle a las tabas, al cuore y al alma, en BIEN MILONGA. Desde las 21 a las 0 horas en el bello salón de la Casa de Aragón, Madrid  (Pza. República Argentina nº 6), el que suscribe y Charo te atienden para que la milonga no decaiga y la pases bomba.  La selección musical de este ñorse hace el resto...


La previa me encuentra yirando por las distintas pistas del globo terráqueo donde el tango  pasó a ser santo y seña de los bailarines de ambos sexos.

Arranco, por ejemplo, en Roma, la capital italiana, donde se unen Roxana Suárez y Javier Rodríguez, para bailar con toda su solercia milonguera, el tango Gallo ciego, interpretado  por la orquesta de Osvaldo Pugliese.

                                    
Me doy una passegiatta hasta Génova. En el Palacio Durazzo de dica ciudad, están Lucas Páez y Fátima Vitale, que se mandan con este valsecito. Lejos de tí, por la orquesta de Rodolfo Biagi, cantando Teófilo Ibáñez.


Cierro mi periplo viajero en el Festival de Lisboa, la capital portuguesa. Roxana Suárez baila acá con su pareja habitual (aunque se luce con todos) Sebastián Achával. Y con la Juan D'Arienzo en vivo se engrampan al compás de la Milonga del 83.

                                                                          

¡Y nosotros también le damos lindo, eh! Venite esta noche a comprobarlo y mostrate...