Va llegando gente al baile y hay que ver como al compás como al compás del tango sentimental está la muchachada rindiendo homenaje al tango triunfal.
Lito Bayardo
Sí, va llegando gente al baile para disfrutar del ambiente cordial y entrañable que tenemos en Bien Milonga. La que nos llena el cuore todos los martes del año en La Casa de Aragón (Pza. República Argentina nº 6-Madrid).
Desde las 21 a las horas horas bailamos con tutti, aprovechando la música especial para milongueros, esa que no nos deja pensar en descansar porque nos llama constantemente a la pista. Como debe ser.
Vamos subiendo la cuesta que afuera la noche se viste de fiesta. Y pispeamos como las gastan esas parejas por tantas pistas que congregan milongueros y milongueras a troche y moche.
Arranco por Tokio, porque los ponjas son súper aficionados al gotán desde hace muchos años y allí están viendo a Melisa Sachi y Cristian Palomo como bailan el tango Loca, interpretado por la orquesta de Juan D'Arienzo.
Acto seguido, pongo máquina rumbo a Praysac- Francia, para ver en acción a la pareja yanqui, Frank Aragón y Jenny Gil, que la pasan very well moviéndose al compás de La milonga de Buenos Aires, por la orquesta de Francisco Canaro, cantando Ernesto Famá.
Cierro el viajecito milonguero en Nantes, también dans la France, En este caso son Magdalena Gutiérrez y Germán Ballejo, que, en La noche blanca del Tango, giran con elegancia al son del valsecito Isabelita, por Enrique Rodríguez, su conjunto y Armando Moreno.
...y va llegando gente a la pista de Bien Milonga... Papita pa'l loro...
Dos grandes del tango coincidieron en el anclaje de estos versos y esta música que se harían historia en el silbo de los porteños, en las piernas de los milongueros y el canto de hombres y mujeres en el patio de sus casas, en el boliche de la esquina, en el rumor de las fábricas, en las ondas de emisoras radiales.... Y de orquestas como las de Troilo, Caló, Pontier y voces que lo inmortalizarían: Floreal Ruiz, Raúl Iriarte, Roberto Goyeneche, María Graña, Malena Muyala, Lidia Borda...
Osmar Maderna fue un genio que se despidió muy temprano de este mundo cuando tanto se esperaba de él. Y da gusto comprobar cómo, en esta página, envuelve en un tono melancólico, lírico, los versos del Catunga Contursi. Haciendo gala de una penetración profunda en los mismos, con un aliento medido, gracias a su profunda sensibilidad. Por algo lo llamaron "El Chopin" del tango".
José María Contursi adoró hasta la idolatría a su padre, el que inventó los versos del tango con "Mi noche triste". Incluso admiró profundamente a Celedonio Flores, pero su paleta poética no tuvo nada que ver con ellos, jamás utilizó el lunfardo, ni el lenguaje barrial. Aunque la facundia para escribir poemas tangueros, estaba en su sangre. Fue un gran lector, desde su época de estudiante. Por eso en el colegio San José, donde estudiaba, lo designaron bibliotecario Y sería periodista, locutor de radio, y destacaría por su estampa, alto, espigado, elegante...
EL encuentro con Gricel, en 1935 (ella 15 años, él 24), provocaría toda una catarsis en su espíritu que se desbordaría en infinidad de tangos Éstos, desde Gricel, con Mores, se instalarían a perpetuidad en la memoria y el corazón de los amantes del género. La intensidad de ese amor frustrado, el fuego interior que lo consumía, preso de sus deseos deshechos, etéreos y volátiles como la fe y la juventud, se plasman en su pluma. En 1945 escribe estos versos a los que Osmar Maderna pone música. En ellos asoma el neorromanticismo del poeta que desnuda su intimidad con toda crudeza.
A veces, cuando en sueños tu imagen aparece
radiante y fugaz como un rayo de sol,
siento que tus manos entibian las mías
trémulas y frías... ¡y hablas de tu amor!
Entonces lentamente mi espíritu adormeces,
arrullo sutil de una vieja canción,
aquella que cantabas cuando tú eras mía,
fantasma febril que se aleja burlón.
Precisamente, aquel alejamiento que despuebla su vida, mientras ambos viven en lugares lejanos uno del otro, y casados -años después- cada uno por su lado, ahonda el costado de tiniebla que inunda al poeta. Debido a ello salpicará de temas redundantes pero hermosos, el vademécum tanguero. Palabras que resabian, solitarias, la raigal belleza de la amada y su inexorable ausencia. El reclamo de la vida en la ciudad soñolienta retratándose con los deslumbramientos de la aventura ...
La noche que te fuiste
(más triste que ninguna)
palideció la luna
y se tornó más gris la soledad...
La lluvia castigando mi angustia en el cristal
y el viento murmurando: Ya no vendrá jamás.
La noche que te fuiste
nevó sobre mi hastío
y un hálito de frío
las cosas envolvió...
Mis sueños y mi juventud
cayeron muertos con tu adiós...
La noche que te fuiste
se fue mi corazón...
Esas emociones atrapadas en la letra de un tango que bailamos en la pista, ajenos al dolor que late en cada frase, agrandan la épica y signan una soledad sin retorno. Aunque el final real de la historia diga otra cosa. Las palabras que él siente secretas, se harán perpetuas y estallarán en el corazón de la lejana Gricel, pese al inmenso espacio que los separa. Versos llorados inundando un escenario dramático, real, con su espesor y sortilegio vitales.
Más fuerte que tu olvido, el tiempo y la distancia,
se ensaña, tenaz con mi desolación
el remordimiento de todo el pasado
¡todo mi pasado trágico y burlón!
Por eso cuando en sueños tu imagen se agiganta
y entonas sutil esa vieja canción,
yo vuelvo a ser entonces el de aquellos días
radiante y feliz como un rayo de sol.
El 20 de febrero de 1945 lo grabó Miguel Caló con su orquesta y la voz de Raúl Iriarte. Poco después lo hizo Aníbal Troilo con Floreal Ruiz, el 5 de junio de dicho año. Ambos registros siguen vigentes en emisoras y pistas de medio mundo. Yo les dejo la versión de Lidia Borda, con la orquesta El Arranque, en vivo, en la radio.
Pedro Maffia, recientemente casado con una hermana del gran músico compositor Sebastián Piana, a raíz de ello decidió independizarse, dedicándome de inmediato a buscar un digno sucesor, y por cierto nada fácil esa aguja en el artístico pajar.
Pensé entonces, como anterioremtne lo hiciera, localizar a Enrique Pollet, no escatimando visitas a numerosas orquestas, y en la búsqueda... hasta el Café del Parque, cuyo conjunto típico en ese momento descansaba, haciendo una impasse a su labor.
Quiso la suerte, con ese detalle, facilitarme percibir en forma muy tenue a uno de sus componentes que, estudioso, detrás del palco de la orquesta, practicaba con su bandoneón.
Acercándome, vi a un muchacho, que pareció no verme, y siguió cual si estuviese solo, tocando con muy buena digitación; le pregunté cómo se llamaba:
-Blasco -respondió- ...y usted quién es?
-Julio De Caro.
Dejando su instrumento, se puso de pie para añadir:
-Permítame tocarlo, maestro, ya que sólo lo conozco a través de ir a escucharlo cuando puedo, porque su música me deleita.
De inmediato, por lo dicho, me dí cuenta que era ciego, y por disimular mi impresión, continué, como si no lo hubiese notado:
-¿Cuando tiempo hace que estudias?
-Dos años.
-Bueno, ahora podré apreciarte cuando salgan todos a tocar...
-Es que... ésta... no es mi especialidad... lo mío es el violín...
-Caramba, pero no importa... hazme oír algo en el bandoneón (cosa que hizo con "Buen amigo"); y asombrándome su retentiva auditiva, tal cual lo hiciesen mis profesionales.
La orquesta que armó Julio De Caro en 1932. Blasco está sentado delante de Troilo
Me despedí, no sin antes pedirle su dirección, para luego hablar con Laurenz sobre este magnífico hallazgo, quien, quedando solo al retirarse Maffia, toda la responsabilidad recaería sobre él, aunque su pericia ya lo ubicase entre los grandes.
Su respuesta no pudo ser más acertada, como también excelente idea:
-¿Por qué, maestro, no repetimos con Blasco lo que usted conmigo, cuando me conoció? Podríamos entrenarlo, ensayando en privado, y doy fe que es bueno; si lo trae, no escatimaré esfuerzo alguno.
Padrinazgo de Laurenz y, prácticamente su obra, correspondiendo generosamente a cuanto de anterior le brindásemos con Francisco. Justicia reconocer ean noble gesto de este extraordinario ejecutante que, a muy breve plazo, resumiría en una sola las escuelas de Maffia, Arolas, Minotto, Petrucelli y Carlos Marcucci.
El Sexteto de Julio de Caro en 1930. Blasco está detrás del violinista José Niesso
Así fue como Armando Blasco (el cieguito), formó con Pedro Laurenz un dúo que "dio que hablar". Esta comunión perfecta de sentido interpretativo y compañerismo ilimitado, muy raro, en la actualidad significaría en mucho, el mejor affiattamiento, tan indispensable, y aunque existen buenos elementos dentro de una muchachada estudiosa, de gran tecnicismo, lamentablemente muy independizada, en su ejeecución académica, y muchos de ellos distanciados de la verdadera realidad del tango: fraseos, rezongos, octavados, pilares espirituales que sostienen a nuestra danza-canción en su verdadero expresar.
Julio De Caro
Podemos escuchar al dúo Luarenz-Blasco interpretando el tango de Julio De Caro: Guardia vieja.
A tango limpio, nada más muy suavemente la abrazás, un paso aquí y el otro allá,
media vuelta y ya está.
A tango limpio sentirás
su respirar, su palpitar
y lo demás es emoción,
ya lo sabrás si sos varón
Jorge Antonio Bocacci
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Los martes de BIEN MILONGA son un clásico en Madrid. Esta noche del 26 de febrero, estamos como siempre disfrutando de la hermosa velada milonguera, en la Casa de Aragón, de Madrid, sito en la Pza. República Argentina nº 6. Desde las 21 a las 0 horas le damos caña a las piernas que están preparadas para el reto de siempre, con ese gustito que te queda en el cuerpo al llegar la tanda final.
Y para ir creando el ambiente, me hago esos viajecitos previos que estimulan el cuore. Por ejemplo, me planto en Trento-Italia, situado en el valle del Adigio, donde bailan Alejandro Larenas y Marisol Morales. En este caso lo hacen con el tango Guapeando por la orquesta de Aníbal Troilo.
Le tengo que dar paso a un veterano milonguero, de esos que no arrugan con los años. A sus 76 pirulos, Jorge García baila en el porteño Salón Canning, con su compañera, la milonga Parque Patricios, por la orquesta de Francisco Canaro, cantando Ernesto Famá.
Y ahora me espianto a Estocolmo, la capital de Suecia para ver en acción a esta pareja tana, que integran Ciccio Aiello y Sofía Galanaki. Acá se lucen bailando el valsecito Viejo portón, por la orquesta de Rodolfo Biagi, cantando el estribillo Teófilo Ibáñez..
¿Viste la variedad de estilos? Bueno, así también la verás en Bien Milonga....
Esta semana tuvimos el milagro de una luna que iluminó de manera especial, como guiándonos por el camino y acompañándonos en nuestra caminata noctámbula o mientras le dábamos máquina al coche. Ese pedazo de círculo luminoso, tan hermoso, me llevó por las calles y me retrotrajo a muchas páginas del historial tanguero que la recuerdan, la veneran y precisamente, por ser nocheros, en nuestras vigilias milongueras la apreciamos de modo especial.
Y recordaba tangos tan entradores y recordados como Esta noche de luna, Vieja luna, Luna arrabalera, Luna curiosa, los valsecitos Luna de invierno, Luna de arrabal, Luna de plata. O la hermosa milonga de Homero Manzi: Luna, por nombrar algunos de los temas que enfocan al planeta que nos sirve de vigía en las trasnochadas.
La realidad es que poetas de todas las épocas y lenguas le han dedicado páginas, poemas y versos que incluso han sido acompañados por música, a lo largo de la historia.
En El asno de oro, de Apuleyo, termina así el Libro de las Metamorfosis:
-Y verdaderamente si los hombres deben gratitud a nuestra dulce vecina la Luna, ella no debe quejarse del lugar que nuestros poetas le han hecho en nuestros corazones.
Nada mejor, quizás, que recordar este tango de Cátulo Castillo, al que le puso música el violinista Mario Perini. Tiene todos los ingredientes necesarios para emocionar, por lo sentido de sus versos, por esa pluma inflamada de buhonero filosófico, el punto de onirismo vital, y esa especie de foto abarquillada por el paso del tiempo, en la artificialidad cosmopolita que nos envuelve.
La luna llena del cielo
se aburre colgada
sobre el callejón cortón.
Y está tirado en el suelo
el rojo pañuelo
de un patio en reunión.
Allí, se oye gotear la pileta
y aquí, soñando se oye gotear el aljibe,
la estrella que exhibe
la luz de un farol.
Y está girando coqueta,
la eterna veleta, cortada en latón.
Esa primera estrofa es realmente una pintura maravillosa, deliciosa, tal vez de una de esas casas proletarias del barrio de Boedo, donde Cátulo se crió. En su sensorialidad perceptiva de enorme riqueza, el violinista, boxeador, hijo de un hombre de letras, ya ha pergeñado lo que será el gran tejedor de versos que harán historia en el tango. Con demorada pero afirmada expresividad semántica y detallismo topográfico nos habla de ese paisaje que tantas veces hemos disfrutado y escuchado. Por ejemplo, en aquellos bailes que se organizaban en el patio orlado de macetas de una de las casas-chorizo de inquilinato que agrupaba a familias de todos los orígenes.
Luna llena,
giró carmín la pollera,
que cimbra en gracia y pasión
sirviendo al gesto del varón
la vida entera.
Luna llena
redonda, monda y serena,
más en la calle que grita
juega un hombre su rencor
a cara o cruz...
como una sombra maldita
que se agita en su infinita luz.
Cátulo Castillo y Aníbal Troilo afinan detalles para componer juntos
En el colofón, sin énfasis retórico, ni arenisca de los adjetivos, tal vez cabe vislumbrar un sentimiento grave de tristeza, que no empaña los fogonazos líricos que enmarcan al poema. Es un vaivén emocional con la luna de testigo y el crepúsculo fluorescente. La geografía del alma y la vida pausada. La melancolía es un resultado espiritual y vital y este tema de Cátulo Castillo nos demuestra una vez más que el vademécum tanguero contiene páginas de enorme belleza.
La luna mira, callada
la danza apretada
que tiene emoción y acción.
Y hay un despecho que viste
la música triste de aquel corazón.
Total, el son del tango se apaga,
y al fin, frente a la dicha que pierde,
hay alguien que muerde
su pena de amor...
Y con borrones de bruma
la luna se esfuma por el callejón.
Hay una hermosa versión del Polaco Goyeneche acompañado por la orquesta dirigida por Raúl Garello. Y también otra impagable de Floreal Ruiz con la orquesta de Aníbal Troilo, grabada el 19 de diciembre de 1944. ¿Lo recordamos?
Fue un personaje que llenó mi infancia quien me llevó, creo que era en 1926, al Select Lavalle para que escuchara a la orquesta de Julio De Caro. Era una tía mía, hermana de mi madre, llamada Julia pero a la que vaya Dios a saber por qué le decíamos "Tata", la que de la mano me hizo cruzar los umbrales del tango. Diré de ella que su finura, su amor a todo lo que fuera expresión de belleza, su curiosidad juvenil que consevó hasta su muerte, su alegría de vivir y su señorío, que la hacía prescindir de las convenciones cuando éstas se convertían en algo ridículo e inhumano, definían su alma.
Era en fin "alguien", hubiera dicho Flaubert. Y como si todo esto fuera poco, sentía amor por el tango. Apenas cumplidos mis cinco años me llevó al teatro Empire, ubicado en la esquina de Maipú y Corrientes, para que escuchara ese día que para mí tuvo destino de fecha, al dúo Gardel-Razzano.
Pero esa aproximación, diré así, a De Caro en el Select Lavalle fue fugaz. Sólo unos años después -un chico todavía- pude saborear con asiduidad a ese conjunto del que muchos piensan que en el aspecto orquestal la historia del tango deve dividirse en dos épocas: antes y después de que él apareciera.
Memorizo lo que voy a contar como referido a los comienzos de 1928, ya en los finales de la presidencia dle doctor Alvear, un gran gobernante y también sea dicho, admirador de Julio De Caro. Confieso que al inventariar este más de medio siglo que se ha vivido, evoco el mundo de ayer y me lleno de melancolía.
Por aquellos días, el maestro dejaba "el centro" para debutar en uno de los cines más elegantes del barrio norte: el Petit Splendid. Estaba ubicado en la calle Libertad, frente a la plaza, a unos pocos metros de la confitería "París", y era lo que hoy llamaría un lugar exlusivo. La casa paterna quedaba apenas a una cuadra del cine (Cerrito, entre Paraguay y Córdoba), y con mis hermanas menores y la miss que las acompañaba íbamos inexorablemente los jueves y domingos a devorarnos de cabo a rabo el programa.
Y De Caro llegó hasta allí e hizo el milabgro: impuso el tango. Por supuesto, él aparecía en la sección vermouth. Los aplausos se convirtieron muchas veces en ovaciones y el pedido del bis fue frecuente. Años después, conversando con mi viejo, querido y admirado Julio, me dijo que esa temporada le había dado una de las grandes satisfacciones de su vida.
Con mi hermana menor, con la que compartimos la pasión por el tango, no olvidaremos nunca aquellas tardes del Petit Splendid. ¿podríamos borrar de nuestra memoria las interpretaciones de El monito, Tierra negra, Lorenzo,Sobre el pucho,Buen amigo, La última cita y de tantos otros tangos...?
Julio De Caro, Emilio de Caro, Blasco, Francisco De Caro, Laurenz y Sciarreta.
Por esos días, si recuerdo bien, la orquesta estaba constituída así: Pedro Laurenz y Armando Blasco, el cieguito, tenían a su cargo los bandoneones; Francisco de caro era el pianista; Vicente Sciarreta, con una pinta que mataba, el contrabajo, y Emilio De Caro y Julio De Caro los violines. El cantor, creo, Pedro Lauga.
Cada uno de esos nombres es de por sí un capítulo de la historia del tango. Julio De Caro consiguió que la suma de ellos dieran una voz inédita y perdurable en el universo de nueastra música. Mucho se ha elogiado al maestro como virtuoso, compositor o director de orquesta. Pero todo eso es poco, muy poco, frente a lo que él es y representa.
Mi querido Julio: lo que en síntesis te quise decir es ésto. Desde la primera vez que escuché tu orquesta me encanutaste. Hoy, a esta altura de la calle Rivadavia, tu recuerdo y el de aquellos días ya lejanos del Petit Spdlendid son como una luz amable que apacigua las aristas de la vida . Gracias.
Hipólito Jesús Paz
(Tuco para los amigos, Abogado, Político, Ministro, Embajador, Profesor, Escritor.
"Tuco" Paz, con el presidente norteamericano Harry Truman
Apasionado desde joven por el tango, era miembro de la Academia Nacional
del Tango. Un Acta notarial labrada en la casa de Felipe Yofre el 17 de
Mayo de 1974 por Jorge Garrido, Escribano General de Gobierno, y
suscripta por Cátulo Castillo, Homero Expósito, Héctor Stamponi, Ariel
Ramírez y Albino Gómez, caratulada “Acta a Tuco el grande sus gomias de
la noche” exterioriza su condición de hombre de tango, así como también
sus vínculos con Manzi, Discépolo, Anibal Troilo, Piazzolla, Horacio
Ferrer y su admiración por Carlos Gardel y Julio de Caro).
Con la cadencia de un tango se van armando mis pasos, el torso erguido y el brazo envolviendo su figura. Le marco un giro a su talle y ella, elegante, responde con una vuelta adelante que me apresuro a esquivar. (Juan C. Martínez)
Martes 19 de febrero, y como todos los martes, Bien Milonga te recibe
para disfrutar de una noche milonguera a todo trapo, en el muy cuidado
salón de la Casa de Aragón (Pza. República Argentina nº-6-Madrid). donee
le damos cuerda a los remos y al cuore con una selección súper
milonguera, desde las 21 a las 0 horas
Ya sabés que me gusta mandarme un espiro en toda regla para ver a las
parejas bailando en distintas milongas del ancho mundo, donde no ponen
muros para separar a la gente.
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Arranco en el Festival de Antalya-Turquía, donde lucen en una
exhibición, Rubén y Sabrina Véliz. Que bailan el tango Bordoneo y 900
por la orquesta de Osvaldo Pugliese.
La siguiente passegiatta es por Catania-Italia. En esa isla donde también se encurdelan de tango y lo bailan cada día más sicilianos, como hemos podido comprobar incluso en nuestra milonga. En este caso son los maestros Gustavo Naveira y Giselle Anne, que se mandan una linda exhibición bailando el Valsecito criollo, interpretado por Juan D'Arienzo y su conjunto.
Y me pianto a París. Al Festival Tango Roots. Aquí están Los Totis, como se les conoce a la pareja que forman Christian Márquez y Virginia Gómez. Los que se destacan con la Milonga del 83, por la orquesta del rey del compás: Juan D'Arienzo.
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Y así vamos calentando motores con vistas a la que se viene esta nochecita de luna llena...