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viernes, 11 de marzo de 2016

Roberto Perfumo

Ha muerto sorpresivamente ayer en Buenos Aires el que fuera, seguramente, mejor defensa central en la historia del fútbol argentino. Además  de eso, un tipo genial, maravilloso conversador, sincero al máximo, y con el quien he tenido una amistad linda a lo largo de nuestras profesiones: Él jugaba al fútbol y yo era periodista deportivo. La primera nota se la hice en Birmingham (Inglaterra) en el Mundial de 1966. Ambos éramos jóvenes y nos encontraríamos infinidad de veces en entrenamientos, partidos, en vestuarios, en televisión, en radio o en la redacción del periódico.

Anoche me impactó de tal manera su muerte inesperada, que no pude dejar de pensar en todos los momentos que vivimos juntos. No sólo en su etapa de futbolista de Racing, Cruzeiro de Belho Horizonte y River Plate, también en los años posteriores en que seguíamos conversando y riéndonos de tantas cosas del fútbol, de la política y de la vida...

                                 


Pero tenía, además, algo distinto a todos sus congéneres, le gustaba el tango, lo seguía, lo vivía en profundidad. Fue con el único  de todos ellos que hablé de tango. En una oportunidad -él, ya retirado, yo viviendo en Madrid- nos reencontramos con ocasión de un partido en Londres entre la selección argentina y la inglesa en Londres. A los albicelestes los dirigía Coco Basile, gran compañero suyo en la zaga de Racing, y otro de los tipos entrañables que guardo en mis recuerdos por su honestidad, su manera de ser, y la amistad que mantuvimos, sin necesidad de hacer yo ninguna concesión en mis análisis críticos sobre él o sus equipos.

Eran otros tiempos, aunque no estuviesen tan lejanos. Existían unos códigos, una ética que nos impedía personalmente bucear en cosas extradeportivas, vidas privadas, encuentros nocturnos y cualquiera de los excesos que se viven en la época juvenil y con tanta exposición pública. En esa época yo entraba a los vestuarios con total naturalidad, y muchas veces escuchaba a algún futbolista diciendo cosas que, de publicarlas, podían perjudicarlo. Y, por supuesto, conociendo la calentura y los nervios que obran en en el estado anímico de un deportista, después de un partido, jamás publiqué nada al respecto.

                                       


Y cuando entraba con el camarógrafo de televisión para el programa de la noche o el noticiero del día siguiente, más de una vez, borré algunas expresiones que, sabía, se dicen en esos momentos de nervios. Perfumo era muy reflexivo en la victoria o la derrota. Si había ganado porque los había favorecido la suerte o el error arbitral, no tenía reparo alguno en soltármelo a la primera:

-¡Viste qué tarro que tuvimos hoy! Si fuimos un desastre...

Así era Roberto Perfumo, luego entrenador, y por fin comentarista deportivo en televisión hasta el momento de su lamentable desaparición. Me lo encontré muchas veces en mis retornos permanentes a Buenos Aires. Vino a la presentación de un libro mío de poemas tangueros, futboleros y  lunfardos, en el que, por supuesto, le dediqué una poesía. Cené con él en una cantina de Garay y Pichincha donde esa noche tocaba el guitarrista tanguero Hugo Rivas, y otros artistas del género.

También me lo encontraba en El Club del vino, donde cantaba Luisito Cardei con el bandoneón de Antonio Pisano. O en el Café Homero, de ese amigo común: Rubén Juárez. Y más atrás, en el inolvidable Caño 14... También coincidimos en un programa nocturno de deportes en ATC y a la salida nos fuimos caminando y charlando sobre tantas cosas lindas que habíamos vivido por separado, mientras nos poníamos al día sobre las peripecias de distintos compañeros de profesión en los campos de juego.

                                     
Periodistas y futbolistas. Yo arriba junto a Ramos Delgado. Perfumo abajo junto a Sá y delante de Bargas


Aquel reencuentro en Londres, fue en 1991. Roberto venía con el presidente de Racing -también amigo mío- Juan Distéfano. Una noche cenamos los tres juntos en el hotel y después nos quedamos tomando una copa en el bar del hotel. Como mi antiguo compañero Natalio Gorín, me regaló en esa oportunidad su libro sobre Ástor Piazzolla, recién editado, comenzamos a hablar de tango. Y a Roberto le entusiasmaba y sabía un montón. No le gustaba el pesimismo de Discépolo- recuerdo- y ahí nos trenzamos. A las tres de la mañana, Distéfano se despidió, agotado.
-No los aguanto más, parecen la Biblia del tango... Me voy a dormir...

Y nosotros dos la seguimos hasta las cuatro.. Fue el único futbolista con el que hablé de tango,  y a gusto además. Años atrás había algunos cracks de fútbol como Pedernera o José Manuel Moreno, que iban a bailar con Di Sarli al Marabú y vivían la noche a tutiplén, cuando el centro de Buenos Aires era algo único en el mundo. Pero, ésa no la viví por razones lógicas.  En la etapa más moderna, sólo con Roberto llegué a tener este tipo de diálogos.

                           
River, campeón 1975. Perfumo arriba, penúltimo derecha, junto a Fillol
     


Por eso puedo traerlo a esta página tanguera, pero igual escribiría sobre él, porque me partió el corazón, la noticia que me golpeó en la madrugada de anoche. Y entré a rebobinar cosas... Y me acuerdo de su cara de niño lindo, por el que tantas mujeres suspiraran. Pero siempre fué muy reticente a exponerse a posibles habladurías, porque era muy respetuoso de su familia y sus cosas personales..

Lo que es la vida, el miércoles a la noche, en su programa de radio, junto a Horacio Pagani y el cantor Ariel Ardit, sugirió cerrar el mismo con el tango de Gorrindo y Lomuto: Mala Suerte...
Me gustaría despedirlo en su lecho definitivo, pero como, lamentablemente, no puedo hacerlo, lo hago yo también con un tango. A él, sé que le agradaría. Aníbal Troilo, además de hincha de River lo quería mucho y acá traigo Buen amigo, de Julio De Caro,  por Pichuco, grabado el 11 de julio de 1946

Chau, Roberto.... ( y como decía Discépolo: allá en el horno nos vamo'a encontrar...)

071- Buen amigo - Aníbal Troilo






miércoles, 9 de marzo de 2016

Antonio Arcieri

Hoy quiero ocuparme de uno de los tantos músicos que pasaron en puntas de pie -para el público- por las filas del tango, pobladas por las grandes figuras que lo orlaron, lo popularizaron y engrandecieron. Porteño del barrio de Balvanera, de chico tuvo el berretín de aprender a tocar el violín, que fungía de a ratos su hermano mayor. El padre quería que estudiase y dejase ese instrumento y buscó muchas artimañas para negárselo. Pero las ganas del pequeño fueron tantas que lo tocó a escondidas, aunque, entre otras cosas, tuviese que trabajar en la zapatería de su progenitor.

Arcieri en 1933
Finalmente y mediando sus promesas de estudiar, el hermano sería quien le daría las primeras lecciones con el instrumento que tanto lo ilusionaba. Tenía un amigo del barrio, Juan Carlos Aquilini que estudiaba piano, y en casa de éste se juntaban e intentaban dúos iniciáticos. El almacenero de la esquina de ambos, era un entusiasta de la música y conformó un pequeño equipo con los dos chicos para lucirse en algunas fiestas de la vecindad. Entonces el berretín se le metió a fondo al pequeño Antonio, desde esa aventura infantil.

 El bandoneonista Antonio Sureda le vió condiciones y el entusiasmo de ambos, les motivó a formar un cuarteto con Aquilini en el piano y Humberto Canataro en guitarra. Aparecieron los contratos en cine y en bailes, de la mano dae Adolfo R. Avilés. El cuarteto quedaría reducido a lo que llamaron el "Trío América" -Sureda, Aquilini-Arcieri-, que debutaría en Radio Brusa y extendería su radio de acción y popularidad creciente a otras emisoras.

En esa época (comienzos del año veinte), Aricieri compondría su primer tango: Mi nena, ayudado por su hermano. Y avanza en sus afanes integrándose en la orquesta Rostán, que co-dirigían Rosich y Ricardo Tanturi, que años más tarde lo llevaría a su notable orquesta. Ya era alguien en el ambiente y Julio De caro lo convoca a su consgrada formación y viajarán tres años seguidos a Brasil. Incluso De Caro lo dejaría al frente de una orquesta suya, mientras él actuaba con la "titular", en el vecino pais.

Sería en Brasil donde Arcieri forma su primer conjunto, con Luis Visca al piano, los bandoneonistas Fortunado y Caruso, y Abruzese en violín, además del propio Arcieri. Le iría muy bien con este conjunto en Río de Janeiro donde estuvo un período prolongado y a la vuelta decidió parar un poco, hasta que retornó al ruedo convocado por Raúl Sánchez Reynoso, con el conjunto Los matreros, como un club de rugby que acababa de fundarse en Morón, provincia de Buenos Aires. En dicho conjunto sería el director, imprimiéndole su estuilo decareano.


Reporteado en Radio Fénix por Héctor Bates en 1935

Después despuntó su talento durante unos años en la orquesta de Ricardo Tanturi que haría roncha en los años cuarenta y estuvo aprovechando ese tirón para gozar de aquella bien ganada  popularidad. En el ínterin, siguió plasmando algunos temas que tuvieron recorrido y otros de menor fortuna. Vale la pena destacar a Pinta orillera, que grabó Rodolfo Biagi con Jorge Ortiz o Derrotado, que tendría una linda versión de Carlos Di Sarli, cantando Rodolfo Florio, y Enrique Rodríguez con Oscar Galán..

Falleció cuando aún no había cumplido los 45 años y dejó escasos registros discográficos con su orquesta. Hoy lo traigo al blog con un tango desconocido, y que se hizo en homenaje a una colonia que alojaba a enfermos de lepra. Se llama Soldadito ausente y lo canta Juan Carlos Miranda. Lo grabó la orquesta de Arcieri el 12 de septiembre de 1942.

23- Soldadito ausente- Antonio Arcieri-Juan Carlos Miranda




sábado, 5 de marzo de 2016

Bien milonga

Sábado milonguero. Fresquito. Las tabas piden movimiento y la vitrola las empuja que da gusto. Cuando nos aprestamos para la milonga de esta noche, como todos los sábados y martes del año, en la Casa de Aragón, de Madrid (Pza. República Argentina nº 6), uno se afana en la elección, entre mates y bizcochitos, para no perder la costumbre,  Es fácil sentir esa picazón por dentro. Entonces podemos carburar con los temas que arrean con todo, rumbo a la pista.

La elección, para los que sabemos un cacho, es seleccionar entre música bailable y la que no lo es. Imposible errarle. Es cierto que todas las músicas pueden bailarse con mayor o menor fortuna, pero hay temas que inspiran, y otros con menos poderío milonguero. Eso es todo. La base. Era muy difícil en las milongas porteñas de los cincuenta, que el encargado "anónimo", de esta selección fallara en su cometido. Y ni sabían que eran discjockeys, como se llamarían luego, y eran desconocidos al público, en general.

                                             


Por eso hoy me gusta echar la vista atrás, para recordar a algunas parejas de tango que, en su momento, nos enamoraron visual y estéticamente. No existía la gran proliferación de duplas exitosas que circulan hoy día por todo el mundo, pero tenían sus laureles y sus seguidores, muy bien ganados.

Por ejemplo, la inolvidable pareja que compusieron los jovencitos Javier Rodríguez y Geraldine Rojas, que cautivaron a los públicos de medio mundo, cuando el tango comenzaba su gran avanzada en el alma de diferentes pueblos. No resisto a la tentación de volver a verlos cada tanto, porque, como los grandes binomios que se fueron desarmando por esos avatares de la vida, dejaron una estela luminosa que da gusto revivir.

En este caso, podemos verlos en la ciudad italiana de Bologna, bailando el tango de Mariano Mores: Tanguera. Y lo hacen de maravilla. Rompedores.

                                    
                          
                                
Y también recuerdo nuevamente a uno de los bailarines de tango que más me gustó siempre. Lamentablemente se nos fue de repente, en pleno éxito, cuando tenía tanto para dar, enseñar y hacernos disfrutar. Tuve la suerte de presentarlo en dos festivales en Madrid y fuimos amigos. Osvaldo Zotto, que de él hablo, con su pareja de entonces, Lorena Ermocida, nos deleitan con su interpretación del tango de Osvaldo Ruggiero: Para dos, interpretado por la orquesta Color Tango, siguiendo los cánones de Osvaldo Pugliese. Lo hacen en una milonga de Los Ángeles (U.S.A.)


                                                                          

Como dice el valsecito: Muchachos esta noche se hará recordación...  Y cierro con Los mismos Javier Rodríguez y Geraldine Rojas. En este caso se lucen un montón bailando la milonga La espuela, con orquesta, en vivo.


                                           

Me viene a la cabeza el portorriqueño Tito Rodriguez cantando en los años sesenta: "En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse". Al menos en el recuerdo de las cosas hermosas que vimos realizar en la pista a algunas parejas, y que vale la pena revivir. Y aunque para sus protagonistas son cosas olvidadas que vuelven desteñidas,  en el recuerdo de todos los que les hemos disfrutado viéndolos bailar, están vivitos y coleando.


                  
                                                           


                                                     















   

 

 

 

jueves, 3 de marzo de 2016

Una emoción

El título ya está describiendo certeramente algunos de esos momentos que atravesamos en una pista de baile, cuando nos sentimos transportados por un sentimiento íntimo, poderoso, especial, que va guiando nuestros pasos. Cuando nuestro cuenta kilómetros milonguero está al mango, le prestamos más nuestra oreja a los versos que van acompañando a la música y seguimos descubriendo profundidades en algunos de ellos, como en éste del título, por ejemplo.

La letra le pertenece a José María Suñé, hombre del tango, que además de formidable hacedor de páginas que perduran en el recuerdo y el presente, fuera representante de varias orquestas de lustre, en aquellos años felices para el tango, seguido por multitudes. Y la música es de ese violinista maravilloso que se llamó Raúl Kaplún, representante dilecto de la escuela judía del violín, que tantos  instrumentistas aportó al tango.

                                         

Que lo hayan cantado Raúl Berón con la orquesta de Lucio Demare, Enrique Campos con Tanturi o años más tarde Roberto Goyeneche y Atilio Stampone acompañándolo con su orquesta, le da un calor especial, cercano, hermoso, porque nos transmite cosas que hemos vivido, que conocemos, que sentimos, que nos emocionan...

Vengan a ver que traigo yo
en esta unión de notas y palabras,
es la canción que me inspiró
la evocación que anoche me acunaba.
Es voz de tango modulado en cada esquina,
por el que vive una emoción que lo domina,
quiero cantar por este son
que es cada vez más dulce y seductor.

                                           


Es cierto que las versiones citadas lo enriquecieron aún más, pero estos versos sencillos, entradores, los llevamos anclados a nuestro pasado barrial, cuando los muchachos lo silbaban, tarareaban o cantaban en la esquina, mientras soñaban con hazañas milongueras. Y debatían con calentura sus preferencias por una u otra orquesta, por los cantores impresionantes de aquellos momentos.

Envuelto en la ilusión anoche lo escuché
compuesta la emoción por cosas de mi ayer,
la casa en que nací,
la reja y el parral,
la vieja calesita y el rosal.
Su acento es la canción de voz sentimental,
su ritmo es el compás que vive en mi ciudad,
no tiene pretensión,
no quiere ser procaz,
se llama tango y nada más.

Esta última frase (se llama tango y nada más)..., me recuerda a todos esos inventos: tango de salón, tango milonguero, tango nuevo, tango fantasía, tango electrónico....Y era sólo esa palabra sencilla, como la humildad registrada en todos los componentes de la familia del tango. Se admiraba a los mejores bailarines como se admiraba a los que estaban arriba del escenario, inspirándonos con su música y esos versos que entonaban cantores  que hoy están en los discos y en la leyenda. El tango era cosa del pueblo, que arrastraba a los bailarines de ambos sexos, o a los fieles que se arremolinaban en los cafés, confiterías y teatros para seguir a sus ídolos. Tiempos de radio que descargaba sus emociones en casas y conventillos, con orquestas y cantores en directo.

                                             


Esta emoción que traigo yo,
nació en mi voz cargada de nostalgia.
Siento un latir de rebelión cuando a este son
sus versos le disfrazan.
Si es tan humilde y tan sencillo en sus compases,
porque anotarle un mal ejemplo en cada frase.
Con este resto de emoción
muy fácil es llegar al corazón.

Nos detenemos a meditar en esta primera bis, y se nos ocurre pensar en la orquesta de Di Sarli, por ejemplo. ("Si es tan sencillo y tan humilde en sus compases..."). A tantos años de su desaparición física, seguimos hablando de los valores de su orquesta, de la falta de arreglos y orquestaciones especiales. que no le impidieron ser genial.  Simple, muy simple, pero maravilloso en sus resultados. Y los milongueros tenemos el privilegio de poder seguir bailando con sus grabaciones. Modelo de tango clásico, el tiempo lo jerarquiza aún más, y bailar Di Sarli con la pareja ideal, es como acercarnos al cielo presentido. O D'Arienzo, Tanturi, con esas interpretaciones  sencillas pero llenas de fuerza milonguera. O Pichuco borrando "todo lo que sobraba", en los bellos arreglos de Galván, Piazzolla o quien fuere, para acercarse más a la gente del tango.

                                       


Porque anotarle un mal ejemplo en cada frase... Si lo comprendieran y entendieran todos aquellos músicos que han querido darle otro barniz al tango... Y que en lugar de inventar un género distinto con otra denominación, usan la palabra  tango para conseguir los favores del público, se evitarían los constantes fracasos que observamos en la fugaz aparición de constantes renovadores que son apenas advenedizos que desaparecen con la misma rapidez con que intentan sorprender a incautos. Por supuesto no incluyo a Ástor Piazzolla en este apartado, porque fue un músico genial, renovador, que dejó una obra maravillosa.

Escucho estas versiones que cito en la nota y más me reafirmo en la belleza de este tango y estas interpretaciones que me arrastran a la pista de baile. ¡Cuánto sentimiento porteño atesoran! ¡Cuántas veces nos hace poner la marcha atrás y sumergirnos en aquellas inolvidables veladas tangueras que inspiraron los versos y la hermosa música de Kaplún!

                         
Raúl Kaplún -centro- al frente de su orquesta típica.


Sencillito pero querendón, como aquellas barras de muchachos y muchachas que llenaron las pistas de los clubes de barrio, donde muchos de ellos encontraron su pareja, se casaron, tuvieron hijos... al compás de una emoción, tanguera....

Y me mando con las tres versiones citadas, "en esta unión de notas y palabras"....  La de Demare-Berón grabada el 3 de septiembre de 1943. La de Tanturi-Campos, del 17 de noviembre de 1943. Y la del Polaco acompañado por Stampone, del 3 de octubre de 1972.

01- Una emoción - Lucio Demare - Raúl Berón

10- Una emoción - Ricardo Tanturi-Enrique Campos

Una emoción - Roberto Goyeneche - Atilio Stampone

lunes, 29 de febrero de 2016

Tanturi y su ritmo milonguero

Me escribe una amiga que baila muy bien el tango, para pedirme que le hable de la orquesta de Ricardo Tanturi. Yo le explico que ya hice un par de notas sobre este músico, su conjunto y sus cantores fundamentales. Y sigo opinando que es indispensable la tanda de Tanturi en la selección que armo para las milongas, en las que funjo de discjockey, anche de milonguero.

Pero hoy aprovecho para apoyarme en el Informe completísimo que realiza  Tango Tecnia, en una investigación que abarca a numerosos países donde se baila tango, ya sea en Europa, Sudamérica, Estados Unidos, Canadá, Asia, Centroamérica, México, Oceanía, África, Oriente o Caribe. Luego de desmenuzada toda esa valiosa información, entre los años 2014 y 2015, sobre la predilección de los milongueros, nos encontramos con la realidad de que todas esas orquestas englobadas dentro del tango nuevo, electrónico y demás, figuran muy alejadas de los puestos importantes en estas votaciones. O sea, se han ido diluyendo...

                                                 



    Las ocho más votadas son, en este orden: Juan D'Arienzo, Carlos Di Sarli, Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Francisco Canaro, Miguel Caló, Alfredo De Angelis y Ricardo Tanturi. O sea, las más milongueras. Entre uno y otro año hay ligeras variantes. Por ejemplo: Rodolfo Biagi está en décimo lugar, Ángel D'Agostino se ubica en el puesto 11, ¡La Juan D'Arienzo en el puesto 12!, Pedro Laurenz en 13, Enrique Rodríguez en el 14, Lucio Demare en el 15 o La Típica Victor en el 16...

    Es bueno que tomen nota los historiadores de tango que no lo bailan. Es algo que yo siempre he dicho y comentado: los milongueros que forman una parte muy grande de los amantes del tango, tienen una oreja distinta que la muchos catedráticos que jamás lo bailaron. Por eso se pueden extrañar  que la orquesta de Alfredo Gobbi aparezca en el puesto 24, detrás de Francisco Lomuto (20) y adelantando por un puesto a la de Ricardo Malerba (25). Sólo he puesto algunos casos para ejemplificar.

                                       
La orquesta de Ricardo Tanturi con Alberto Castillo

    Y vamos con Tanturi. Un caso especial de formación porque se recibió de médico y profesor de piano casi a la vez, empujado en este último caso por su hermano Antonio, que también lo era. Luego de actuar con su compañero Raúl Sánchez Reynoso en un piccolo conjunto de jazz, arrancó en el tango con un trío, en el que estaba también Sánchez Reynoso -fundador luego de la Santa Paula Serenaders- y el violinista Antonio Arcieri que seguiría junto a Tanturi más tarde.

    Ya metido de lleno en la música popular, forma un sexteto al que llamó "Los indios" -por un conjunto de polo que estaba en auge-, y en su performance fue creciendo hasta convertirse en orquesta. Su entrada en Radio El Mundo le dió el pasaporte a la popularidad, lo que le permitió alternar en veladas tangueras que llegarían a su punto máximo cuando entra Alberto Castillo como cantor de la misma. Fue una verdadera revolución.

                                               
El arrastre impresionante del cabezón Castillo en el público

    Castillo cambió las formas de canto y pasó de los estribillistas "que no hacían ruido", a imponerse con su voz canchera, distinta, arrabalera al mango y rompedora. Pero además cantaba a compás, igual que todos esos grandes del cuarenta, "y, ojo, que no le erraba a una nota", como me dijo una noche Pichuco. Castillo le sacó lustre a todos los temas que cantó e incentivó a la masa milonguera con su forma de empujarlos al realzar el canto merced a una voz potente, afinada y muy porteña.

    Se alejó de la orquesta en 1944, sin haber cumplido 4 años con la misma, pero quedó el legado de sus 37 grabaciones y el subidón de la marca Tanturi en el escalafón tanguero. La buena oreja del Director se volvió a demostrar cuando contrata a un desconocido cantor uruguayo, Enrique Troncone, a quien prueba y lo contrata de inmediato, bautizándolo artísticamente como Enrique Campos. La contrafigura de Castillo. Se trataba de un cantor sencillo, que le daba una coloratura especial, familiar, amiga, a cada tema que cantaba y que, con el paso de los años, se ha vuelto indispensable en las milongas, gracias a las 52 hermosas grabaciones que dejó con la orquesta del maestro de Barracas.

                                 
Enrique Campos, a la derecha, cuando debuta y triunfa con Tanturi


    Y hablando de la orquesta, yo admiro muchísimo el talento de su pianista Armando Posada, que comanda magistralmente el ritmo genial del conjunto. Además le incorporó ese final marca-Tanturi, a casi todos los temas subrayando la penúltima nota y acabando con un pianissimo sfumante en la última. Para mí fue pilar de la orquesta y el sostén del ritmo, como Goñi con Troilo, o Salamanca con D'Arienzo. El primer violín Vicente Salerno, estuvo 25 años en la orquesta y comandó una fila de cuerdas de mucho nivel, además de aportar sus propias obras.

   Tanturi alinearía siempre a cinco bandoneones, que descuellan magistralmente, marcando el paso, encabezados por José Raúl Iglesias, que entró de pibe en la orquesta y además de su relumbre en el instrumento, también aportó varios temas de éxito. Néstor Gondre fue el encargado de los solos de fueye y Francisco Ferraro estaría 18 años en la orquesta con su bandoneón. Como Horacio Perri que se mantuvo 15 años en el conjunto, o Juan Saetone. Entre los violinistas destaco a Milo Dojman que también formó allí.

                                   
La orquesta de Tanturi en 1942. Posadas es el segundo parado izq. junto al piano


    El  musicólogo Luis Adolfo Sierra analiza así a esta formación histórica del tango:

    - Ricardo Tanturi , que al frente de su orquesta "Los indios"  había logrado un amplio prestigio en nuestro medio (....), mantuvo una línea de ejecución también de corte tradicional, sin alardes de mayor inquietud musical. Fué otro de los exponentes más fieles de una forma de tango expresado con entera sencillez, que satisface cumplidamente las exigencias de un público que opta decididamente por ese tipo de ejecuciones. Y en el caso de Ricardo Tanturi es necesario además destacar la importancia conferida a la labor de los vocalistas del conjunto, como que compuso con Alberto Castillo otro de los rubros artísticos más cotizados de aquel momento.


   Es cierto que grabó pocos temas instrumentales, pero los que dejó tienen una polenta tremenda. Son de los que hacen temblar el piso, por la urgencias de los zapatos de baile, repiqueteando al compás de la orquesta, en el suelo.

   Como ejemplo, y para sintetizar, traigo dos de ellos: La huella, de Manuel Aníbal Villanueva, grabado por la orquesta de Tanturi, el 27 de noviembre de 1941. Y Adiós pueblo, de Agustín Bardi, registrado en disco, el 14 de agosto de 1941. ¡CHAN...chan!...

021- La huella - Ricardo Tanturi

018- Adiós pueblo

sábado, 27 de febrero de 2016

De la milonga



Después de tantos años militando en ese mundo sonoro y plástico, sensual y social, cordial y ameno, uno podría estar días enteros hablando de sus experiencias en la milonga. Sobre todo ahora que se viaja por todo el mundo y uno se encuentra con salones de baile destinados al tango, convocando a legiones de milongueros de ambos sexos. Y que siguen girando con las viejas selecciones de grabaciones de los años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo pasado.

Los que  tenemos carretel en el mettier, sabemos distinguir a aquellos que sobresalen entre tantos maestros y figuras de escenario, y que han trabajado con dignidad y sapiencia. Con un sincero y valioso ejercicio de magisterio que florecerá en los frutos del futuro. Con ligeros cambios por la imparable marcha de la evolución y lo que traen aparejadas las distintas épocas, pero dejando la raíz, la semilla del tango bien bailado.

                                                  

Como casi siempre hablamos de los hombres, hoy, día de ajetreo en BIEN MILONGA, la que hacemos sábados y martes de todo el año en la CASA DE ARAGÓN de Madrid, quiero traer unas reflexiones de esa grande del tango que es Alejandra Mantiñán, milonguera, bailarina y profesora de postín, que nos deja un par de frases con mucho sentido y sentimiento conductor.

-El sentimiento es entender que el cuerpo entiende una lógica motriz y autónoma. Y cuando vamos en contra de su propia función, llámese tango, salsa, o ballet, nunca nos deja llegar a nuestro propio límite. Eso nos genera frustraciones y no nos deja viajar en el elixir de la danza. Yo predico por una danza libre de tensiones y posiciones no naturales, de eso se trata mi forma de enseñar.

                     


-Del tango me quedaron grabadas muchas cosas. Pero, lo que más me impresiona, es la intensa necesidad general de vivir una vida opuesta a su realidad. Es como un escape, una especie de puerta a la felicidad. La gente está sonriente, se siente importante y especial, y aunque todos lo somos, muchas veces no lo sentimos. Sin embargo, en el tango es casi un estado natural. Eso es lo que no sólo me ha sorprendido siempre, sino que me sigue sorprendiendo cada vez.

Y cuánta razón tiene Alejandra que se ha pasado gran parte de su vida, bailando, dando exhibiciones por el mundo y enseñando. Por eso, para inspirar a las milongueras que tenemos eta noche en nuestra sala, y las que tenemos los martes, la traigo bailando y dejando su hermoso e inconfundible estilo.

                                       
                          
      Acá la vemos bailando la milonga Ella es así (sí, es así), con Leandro Palou, por el sexteto milonguero en Olé Lola, que se realiza en la sala El Obelisco de Buenos Aires.                




Y acá, la misma pareja se luce bailando el tango Todo, por Pedro Laurenz y la voz de Alberto Podestá.

 (¡Qué grosa es Alejandra!...)                                              

viernes, 26 de febrero de 2016

Un retrato de Ciriaco

Fue una persona del tango, irrepetible. Por su arte y su jocundia perpetua. Por sus dedos mágicos ansiosos de chamuyo, de gracia, silabeando las letras de los tangos o su melodía, como si quisiera darle voz humana, cordobesa,  a su fueye travieso, inigualable. Alguien dijo que tenía algo así como un punteo guitarrístico en la ejecución del bandoneón.

Pero hoy le cedo la palabra a un gran experto en este tema del fueye y sus ejecutantes. Es un gran amigo y sus intervenciones en el blog merecen un espacio mayor que el simple acompañamiento en un comentario debajo de mi nota. Oscar Zucchi, que también supo tañer el instrumento de los 71 botones, escribió sus apuntes bajo mi entrada de hace cuatro años. Como creo que vale la pena darle más relevancia a sus parolas sobre el gran Ciriaco Ortiz, lo saco de ese rincón y lo traigo acá, al presente para que podamos disfrutarlo como se merece.

                                           


Amigazo José María:

Después del afectuoso saludo, me gustaría dejar algunos conceptos con referencia a "Ciriaquito", que a poco de su arribo a esta capital, procedente de Córdoba, su sumó con prontitud al trío de los máximos estilistas de la época, es decir, entre los creadores de un estilo. Como lo fueron y lo son Pedro Maffia y Pedro Laurenz, los tres de mayor gravitación creadora, en cuanto hace a la interpretación del bandoneón en el tango.

En otras palabras, ellos inventaron cómo se toca el bandoneón en el tango. "Ciriaquito" aportó al tango, y en particular al bandoneón, una modalidad distinta y personalísima, definida por su fraseo entrecortado y su marcada devoción por cantar con claridad la melodía. Como si se tratase de una voz humana semejando un estilo conversado, una suerte de parloteo lírico, mucho más locuaz desde su teclado derecho que desde el izquierdo, por la menor riqueza armónica, con  relación a los otros dos miembros de la trilogía señalada.

                                                         
Ciriaco, con 16 años en la orquesta de Bazán

Fué además Ciriaco, junto a Laurenz y a Anselmo Aieta, uno de los que impuso la utilización de fraseo octavado, pulsando la misma nota con una y otra mano, pero en distintas octavas. Recurso, éste, que provee a las interpretaciones de un legítimo acento tanguero envuelto en las gratas remininiscencias ancentrales del fueye de Arolas. A quien oyó tocar de muchachito, allá en El Abrojal cordobés, habitado por negros, indios y mestizos (los europeos aún no habían llegado hasta allí).

De esa pasta esta hecho "Ciriaquito". Él transmitió mucho de su estilo a "Pichuco", y aunque fueran de semejante velamen, Ciriaco reconocía picarescamente los méritos del Gordo. En cierta oportunidad en que iban a tocar juntos, al sentarse, le dice a Pichuco:
- Tocá tranquilo que yo voy a menos...

                                       
¡Qué nenes! Laurenz, Maffia, Ciriaco, Marcucci, Piana y Manzi


Además te señalo que en la integración de la orquesta "Los provincianos", se deslizó un error de imprenta en el apellido del bandoneonista Horacio Gollino, que aparece allí como Horacio Molino. Gollino era un excelente instrumentista que formara parte de la Orquesta Sinfónica de Francisco Canaro... (Canaro no sabía lo que era una Orquesta sinfónica, pero fué creador de los tangos Fantasía).

A Gollino tuve la suerte de tratarlo, ya muy entrado en años, y había perdido toda la movilidad de uno de sus brazos; pero aún así continuaba enseñando música, cambiando el bandoneón por un modesto piano. En el sector violinístico también intervenieron Benjamín Holgado Barrio y Manlio Francia. La alineación de "Los Provincianos" era muy cambiante.

                                     
Típica Los Provincianos. Pichuco a la derecha de Ciriaco

Aquí corto y te hago llegar un fuerte abrazo.
                                                                             Oscar D. Zucchi - 24 de febrero de 2016.

Y así, Tangos al bardo, se enriquece con esta pluma sabia y por su gran experiencia en la materia. Porque el amigo Zucchi, la ha vivido a fondo y conoce el terreno como nadie.

Yo sólo agrego: Gracias.

Y me voy con La cachila, el tangazo de Eduardo Arolas, que grabó la orquesta Los Provincianos, dirigida por Ciriaco Ortiz, el 7 de febrero de 1931.

 La cachila (Arolas) - Orq. Los provincianos