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miércoles, 24 de febrero de 2016

Luna de arrabal

Este valsecito de Enrique Cadícamo y Julio César Sanders, busca revivir aquellas serenatas al pie de la ventana de la novia, como se estilaba en los barrios porteños. Ambos autores vivieron en el mismo barrio de Flores donde se conocieron y compartieron aquella bohemia jovial que alargaba la noche en las calles y los cafés. Luego se verían muchas veces en el centro de la ciudad porteña, donde Cadícamo ya había sacado chapa de grande del tango.

Es un tema que renace cada tanto y que volvió con una fuerza inusitada a las milongas de Buenos Aires para trasladarse con la misma alegría contagiante a Europa y Estados Unidos en la fiebre renacedora de la danza. En esta ocasión fue el pianista uruguayo, Miguel Ángel Villasboas, quien embocó en 1999, una adaptación al estilo del cuarteto  Roberto Firpo, alargando las secuencias y que le permitía a los bailarines exhibir su destreza con los valsecitos, alegrando las pistas.

                                     


Y así, este vals porteño que nace en 1934, cobra nueva vida desde aquella grabación de Charlo con guitarras en 1935. Ese mismo año, logra también muy buena versión Francisco Lomuto con su orquesta y el cantor Fernando Díaz. Dos años más tarde lo toca Aieta en el filme Los locos del cuarto piso y Alberto Castillo, en la cumbre de su popularidad lo lleva al canto y el silbo de los porteños grabándolo, en 1943 acompañado por la orquesta que dirigía Emilio Balcarce. Y otro nuevo peldaño de fama lo escala con el mismo Alberto Castillo cantándoselo a la amada (María Concepción César) en la película La barra de la esquina, que tuvo un tirón enorme.

Muchachos, hoy que es noche clara y estival
invito a todos, la barriada a recorrer
hay mucha luna y es que la luna de arrabal
nos acompaña por las calles como ayer.
Es medianoche, ella duerme y su balcón
entornado me espera que llegue,
junto al gemir del diapasón
yo quiero alzar, sentimental,
la serenata de mi amigo, el corazón...

                                             


Esa ceremonia que hemos tenido la suerte de presenciar varias veces con Paquito, el fueye del barrio, los guitarreros y el cantor de melena engominada, al pie de alguna ventana, está maravillosamente descripta por la pluma de Cadícamo. El pianista Julio César Sanders, eterno bohemio de la calle Corrientes, pianista que llegó al gran éxito con Adiós muchachos, que le permitiría juntar mucho dinero y viajar varias veces a Europa; le encajó la música justita y el valsecito sigue vivito y coleando, aunque él falleciera tempranamente con apenas 45 años.

Y entonces al oír, la introducción
del valsecito criollo y pasional,
dormida su belleza angelical
nombrandomé, despertará...
Su pecho de emoción ha de latir
sus ojos de otro azul se vestirán,
y se pondrá la noche
sus galas embrujadas
y tú, mi dulce amada, temblarás...

Sencillo pero llegador. Mi amigo Abel, desde San Pedro, provincia de Buenos Aires,  me recordaba días pasados la grabación de Hugo del Carril que  también engalana la nómina de los que cantaron este valsecito porteño serenatero. Pero, además, lo hizo acompañado por tres próceres del tango, para dejarnos un disco único, especial. Ciriaco Ortiz en el fueye, Joaquín Mora en el piano y Cayetano Puglisi en el violín. Pavaditas... La gola de Hugo hace el resto, porque él también cantó serenatas con su compinche Floreal Ruiz por esas calles de Flores.

                                           


Hoy, yo también amanecí serenatero y envolviéndome en recuerdos, me mando con esta versión de Hugo del Carril y la de Lomuto con Fernando Díaz, del 27 de Diciembre de 1935, que está muy lograda.

Muchachos vamos que la luna quiere oír
la serenata pintoresca de arrabal,
la noche es tibia, duerme el barrio y es zafir
el cielo lleno de estrellitas de cristal.

Qué lindo!

Luna de arrabal - Hugo del Carril

170- Luna de arrabal - F.Lomuto-F.Díaz

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lunes, 22 de febrero de 2016

Obsesión

Fue el gran éxito de Juan Carlos Godoy en Colombia. Este tango de Ricardo Lanzetta no tuvo en Buenos Aires la repercusión que alcanzara en Colombia, donde lo grabara con la orquesta de Alfredo de Angelis y que fuera todo un golazo. La orquesta del Colorado de Banfield, marcó una etapa impresionante en dicho país, llenando teatros y estadios de fútbol y grabando en discos Fuentes.

El otro cantor de la orquesta en ese momento era mi querido amigo Roberto Mancini, que me contó infinidad de anécdotas de aquella etapa; donde hizo un formidable dúo con Godoy y encontró el amor en aquellas tierras poniéndose de novio y casándose luego con Mercedes Tobón,  la actual madre de sus dos hijos: Marisa y Mario.


                                                           

Godoy acaba de dejar este mundo, a los 93 años y seguía cantando con esa voz finita y melódica que tenía,  alternándolo con sus visitas perennes a los  circos de Palermo y San Isidro, para despuntar su vicio de toda la vida: el turf, donde me lo crucé en algunas oportunidades. Nacido en la localidad boanerense de Campana, llegó con su familia al barrio porteño de la Boca. Tenía 15 años y le costó adaptarse al nuevo hábitat pero terminó integrándose a las barras de muchachos que se mandaban picardías habitualmente.

Le gustaba cantar pero no se tenía demasiada fe, y un día se lo encontró a Edmundo Rivero en una fiesta y no dudó en encararlo.
-Mire -le espetó-, me gusta cantar pero no sé si tengo las suficientes condiciones para ganarme la vida con el canto, por eso le pediría que me diera su opinión de si realmente cree que puedo hacerlo profesionalmente. Rivero, gauchamente, desenfundó la viola y lo acompañó en La novia ausente. Después de escucharlo, le aconsejó:

-Mirá pibe, tenés un lindo timbre de voz. Pero no la malgastes ni te tires a lo loco. Andá a ver a este profesor de canto. -Y le dió una tarjeta-.

-El mismo se llamaba Ricardo Domínguez y le enseñaría entre otras cosas a vocalizar, cosa que hizo hasta el final de sus días. Empezó su carrera pasando por las orquestas de Mario  Luzzi, en 1950, Manuel Buzón y el gran salto a la de Ricardo Tanturi. Éste le cambiaría su nombre: Domingo Llanos, por el artístico de Juan Carlos Godoy. Después llegaría a la de Alfredo De Angelis, que le permitió alcanzar un gran renombre en todo el país, por el Glostora Tango Club.

                                       
El festejado dúo: Roberto Mancini-Juan Carlos Godoy

En aquellos momentos bajos del tango en Buenos Aires, Colombia fue la gran salida. Su dúo con Roberto Mancini hizo época en la orquesta de De Angelis y en visitas de años posteriores. En Colombia precisamente, Francisco Yoni (Francisco Fortunato Silva), que era inspector de SADAIC, y autor de numerosos temas,  en un viaje de visita a dicho país, le llevó a De Angelis, su tango: Son cosas mías. De Angelis lo agarró al voleo, le puso música y lo grabó de inmediato con Roberto Mancini,  en Discos Fuentes de Colombia, lo que le aparejaría un conflicto con la Odeón, sello del cual era artista exclusivo.

                                                       


-Los dos elepés se grabaron en dos días -me recuerda Mancini-, en medio de ocho salidas diarias que hacíamos entre radio, teatros y clubes nocturnos. Y tuvieron un éxito impresionante. Fueron unos años maravillosos. Otro autor colombiano Luis Saldarriaga, le trajo su tema: Calvario, a De Angelis, que lo aceptó, lo adaptó y lo grabamos, haciendo yo la parte vocal, teniendo gran aceptación del público.

Tanto Godoy como Mancini, se abrieron de la orquesta y se instalaron en Colombia. Y me sigue contando, Roberto.

-En 1973, estábamos en el hipódromo de Bogotá (El Hipotecho que yo conocí en mis viajes a ese hermoso país): Raúl Iriarte, Antonio Prieto, Gonzalo Amor y yo. De repente Raúl dice: "El año que viene voy a organizar el Festival de Tango en Colombia". Entonces yo le tiré: !Traé al Juanca y armamos nuevamente el dúo!. Y así fué. Armando Moreno iba a hacer el cierre. Subió Godoy y cantó. Luego subí yo y se me ocurrió invitar a subir a Godoy para cantar a dúo. Hicimos Ilusión azul y Pastora.  Fue tal el entusiasmo del público que muchos subieron al escenario para abrazarnos. En los años siguientes, siempre hacíamos el cierre con el Juanca Godoy...

                               
Festival:. Jorge Ortiz, A.Moreno, H.Galán, N.Moreno, Echagüe, Iriarte, Mancini, Godoy, Larroca, Víctor y M.Ayos


La aventura de toda esa barra de artistas argentinos dejó una profunda huella en el corazón de los colombianos. Y quedaron los discos grabados de los propios autores de dicho país, como Lejos de tí, que cantó Raúl Garcés (compañero de Mancini en la orquesta de Caló) con los Caballeros del Tango.

                         
                                      


                                         
Yo los traigo a Godoy y Mancini con estos éxitos labrados en Colombia. Obsesión, por De Angelis con Godoy. Son cosas mías, por Mancini con la misma orquesta, ambos de 1964. Y el vals Llamarada del colombiano Jorge Villamil, con el que se lucen cantando a dúo Godoy y Mancini acompañados por la orquesta dirigida por el bandoneonista argentino José Márquez.

14- Obsesión- De Angelis-Godoy-Mancini

Son cosas mías - De Angelis-Mancini

Roberto Mancini-Juan Carlos Godoy- Llamarada


sábado, 20 de febrero de 2016

BIEN MILONGA

Hoy es día de milonga y la Casa de Aragón de Madrid la encendemos con la música en la cual nos formateamos de pibes, allá en los clubes y salones porteños. Es fundamental hacer una buena selección de piezas sumamente bailables para tener el entusiasmo milonguero en alza permanente y así, al final nos vamos con una senación maravillosa en el cuerpo por el disfrute del tango bailado.

Decía el legendario bailarín Petróleo en su manifiesto, sobre lo que él buscaba en la milonga, entre otras cosas:

-Yo quiero un tango danza que hable de recuerdos, que diga de tiempos, que me emborrache de emociones, que dramatice el sentir y al volcarlo en vivencias puras, que transmita estados anímicos superiores, que dicte normas elevando el mensaje a la suprema forma de expresarlo.


                                                   

-Yo quiero un tango milonguero que arranque de un compás y me lleve a las figuras verdaderas donde se encuentre la raíz de la danza, cuando al verlas ejecutar, suene y las baile al mismo tiempo con el que las desarrolla. Yo busco la calidad, lo superior de lo bueno, de lo mejor, lo infinito, para poder decir como Ashton: "Detrás del movimiento, aún del más perfecto, hay un vacío, cuando no hay sentimiento"

Qué difícil nos resulta a veces transmitir a los que se inician en el tango, la sensación de "ese sentimiento" para poder bailarlo con toda intensidad, despreciando tanto firulete inútil, sin sentido y poner el corazón interpretando lo que la música nos está transmitiendo e inundándonos con su polenta mágica.

Y esto del tango de escenario y de exhibiciones produce a veces una lógica confusión de los espectadores que intentan atrapar esas figuras, que son precisamente parte de un espectáculo visual y no lo que bailamos en la pista. Por eso traigo hoy a la pareja Sebastián Arce-Mariana Montes, que tienen una formación milonguera y son grandes figuras en Rusia y varios países europeos.

                                       

Y acá juntan sus emociones a lo que está sonando en los altavoces: Una emoción, por Roberto Goyeneche con Atilio Stampone. Tango salón en Rusia.

                            
                                       
Y ahora la Milonga criolla por Francisco Canaro con Ernesto Famá.


                                        
Y para finalizar la demostración, se mandan en San Pablo, con este valsecito: Ilusión azul. Por Alfredo De Angelis con sus cantores Carlos Dante y Julio Martel.

Si ésto no es bien milonguero, que baje Petróleo y lo vea.


jueves, 18 de febrero de 2016

Pa'que seguir

Es un tango que hemos escuchado en infinidad de ocasiones, lo hemos bailado en otras tantas y  he decidido traer hoy al blog porque lo tengo zumbando en mi cabeza desde temprano y porque aúna motivos de sobra para merecer un análisis destacado. En primer término, sencillamente, por que es hermoso. Y tiene unas representaciones maravillosas, arrancando por la de Troilo con Fiorentino.

Los versos de Pedro Lloret, un hombre que vivió apenas 42 años (1903/1945), son difíciles para adosarles la música, y ése fue el gran mérito de Fiore. Pero, además encierra un drama de amor, que enfoga al protagonista en su pasión y sus dudas envueltas en el dolor de la ruptura, el regreso sin luz, el crepúsculo que deja una estela de sinsabores tremendos, que muerden, atoran y que lo persiguen constantemente. Vale la pena detenernos unos segundos en los versos.

                                     


Con la noche enfrente, revolviendomé,
dolorosamente, a mi conciencia pregunté:
¿Pa'que seguir?...
Cada paso por la vida
es un fracaso, es una herida más.
Mientras que luchando por no ser y por vivir
me despedazan el deber y mi sentir.

Ya tenemos el carozo del dolor humano en la primera parte del tango y todo ese tormento que se refleja en las dudas. ¿Quién no sabe de esas penurias angustiantes del corazón? Pero está muy bien descripto, máxime si tenemos en cuenta que Lloret es como un forastero dentro de los enormes poetas que escribieron las páginas mayores de nuestro tango. En la segunda, aparece el drama en toda su verdadera dimensión y el poema crece a pasos acelerados.

Y por pensar, cuando volvió llorando
buscando mi piedad, pidiéndome perdón,
mirándola en el barro, más la hundí, riéndome...
Llorándola después, después cuando al partir
vivía el drama de estar solo, con la voz de mi sentir...

                                           

Creo que este tango merece nuestra reflexión y la concesión de una mención especial a su autor porque nos planta todo su problema de una manera cruda y dura. Para la reflexión. Porque con la muerte del amor intenso, dramático, sobrevive la angustia infinita por el recuerdo. Lacerante recuerdo que hostiga y persigue al que en su momento pareció ser un victimario y ahora es la verdadera víctima. Como nos muestra en la primera bis, que cierra el telón.

Trágico dilema, drama sin final,
llama en que se queman tantas ansias, tanto mal
por este amor
que me llora su agonía
hora tras hora, más, todavía más.
Noches y más noches sin morir, no vivo yo
más que una angustia dolorosamente atroz.

Después de esta confesión, poco puedo aportar yo, más que admiración por estos versos difíciles de musicalizar. Y eso sirve para valorar en toda su justa dimensión, el trabajo de Fiorentino, no sólo en su hermosa interpretación del tema. sino en la melodía que le agregó a los mismos, convirtiéndolo en un tango para el recuerdo permanente.

                               
Francisco Fiorentino con José Martínez en los años veinte


Fiorentino comenzó su carrera como bandoneonista, formado con Minotto Di Cicco, su maestro y alentado por su hermano Vicente, que era violinista. Fiore tocaría en un trío con el gallego José Martínez, se alistó en el cuarteto de su hermano Vicente, que completaban los negros Plácido Simoni Alfaro en piano y Joaquín Mora en fueye. Actuaría en la orquesta de Francisco Canaro y en una gira por el sur del país se enfermó el cantor y él lo suplantó con bastante fortuna.

Así arrancó su carrera de cantor, al comienzo como estribillista, con Canaro, D'Arienzo, Juan Carlos Cobián, Julio Pollero y Pedro Maffia. Viajó a Europa con un conjunto que se disolvería en el viejo mundo y al regresar se incorporó, siempre como cantor, a la orquesta de Roberto Zerrillo. Y así fue pasando en puntas de pie por otros conjuntos hasta que en 1937, Aníbal Troilo le abre las puertas de la fama para siempre. Fueron seis años maravillosos en esa orquesta, que dejaron una herencia en forma de grabaciones que nos embriagan en la pista de baile. Ni antes ni después fue ese tano Fiore que creó una parva de éxitos imperecederos con Pichuco. Nada menos que 81 temas que parecen mejores con el tiempo y nos salpican el corazón con confetti, cuando los escuchamos.


                               

       

Como ejemplo, nada mejor que este tango suyo del título que lo grabó con Pichuco y su orquesta el 14 de diciembre de 1942. Miguel Caló con el cantor Jorge Ortiz también nos dejó una muy buena versión, registrada en disco el 19 de enero de 1943. Años más tarde, en 1978, el Polaco Goyeneche nos trajo su interpretación con la Orquesta Típica Porteña dirigida por Raúl Garello.

¿Qué les parece si escuchamos las tres?

14- Pa'que seguir- Troilo-Fiorentino

Orq. Miguel Caló- Jorge Ortiz - Pa'que seguir

Orq. Típica Porteña- Goyeneche - Pa'que seguir




martes, 16 de febrero de 2016

Vardarito y su orquesta

Ya he hablado en algunas oportunidades, dentro del blog, de este maravilloso violinista que recorrió gran parte de la historia del tango con su instrumento, y que fue un verdadero lujo para la música popular. Porque estudió música de pequeño, con grandes profesores y estaba destinado a lo que hizo al final de su carrera: la música clásica. Pero el tango, por fortuna para todos nosotros lo atrapó, merced al oportuno llamado de Juan Maglio Pacho en 1921.

Tenía entonces dieciseis años y tocaba, para pagarse los estudios, en el cine Colón de la calle Entre Ríos al 600. Allí acompañaba  a las películas mudas, que eran entonces las únicas que se veían y lo acompañaba otro jovencito que también haría carrera en el tango: Rodolfo Biagi con sus quince añitos. Cuando éste se retira para tocar en la orquesta de Miguel Orlando, en el Maipú Pigall, Luis Visca pasa a ocupar su lugar en el piano, formando el dúo con Vardarito.

                                         


La vida artística de Elvino Vardaro es sumamente extensa, después de triunfar con Pacho en el Bar Iglesias, de la calle Corrientes, de grabar discos y hacer una extensa gira por el interior del país. ingresará en la orquesta de Paquita Bernardo, la bandoneonista de efímera existencia. Allí entabla amistad con el pianista de la misma: Osvaldo Pugliese que además de compañero pasa a ser su más rendido admirador.

La orquesta de Maffia en 1926. Pugliese arr. Vardaro ab.
El destino los uniría en el sexteto Vardaro-Pugliese, recién desvinculados ambos de la orquesta de Pedro Maffia, que prometía ser toda una revolución dentro del tango. Y se quedaron en promesa, porque los empresarios y directores de grabadoras no supieron descubrirlos, frustrándose una de las grandes perspectivas que tuvo el tango en aquellos años.

Osvaldo Pugliese supo siempre respetar y destacar toda la obra de su amigo Vardaro, y en un reportaje radial, cuando le preguntaron de su experiencia con el reconocido violinista, no duró en realzarlo en términos laudatorios. "Vardaro es un lujo para el tango -dijo- y sabe mucho más de música que algunos de nosotros. Debió tener mucho más reconocimiento y suerte en sus emprendimientos como director, porque además era humilde pese a sus grandes conocimientos".

                                                 
                                      
Elvino Vardaro, Carmen del Moral y Carlos Di Sarli


La historia dirá que después de pasar por infinidad de conjuntos, integrar todos los de la RCA Victor, el quinteto Los virtuosos -seleccionado por el público en un concurso de la revista Sintonía-, Firpo, Fresedo, la orquesta estable de Radio El Mundo, Los astros del tango, Joaquín Do Reyes, Di Sarli y un porrón de formaciones, tuvo su nueva oportunidad. Martín Darré, entonces director musical de la Colombia, le abrió las puertas del sello en 1953 para grabar con su orquesta.

                                           


La misma se integró con Julio Ahumada (Primer bandoneón), Marcos Madrigal, Antonio Marchese y Orlando Ponzoni en fueyes; Vardaro, José Niesow, Enrique Cantore y Domingo Mancuso en violines; Piano: César Zagnoli; Violoncello: Enrique Bourguet y Contrabajo Alfredo Sciarreta. El arreglador fue Héctor María Artola.

De todos modos sólo alcanzaron a grabar dos tangos: Pico de oro, de Juan Carlos Cobián y El cuatrero, de Agustín Bardi.

                                   

                               
                                               

Son los que traigo aquí para que puedan escucharlos.

Elvino Vardaro - Pico de oro

Elvino vardaro - El cuatrero


viernes, 12 de febrero de 2016

José Martínez

Siempre me llamó la atención, este pianista y compositor, por la obra que dejó en forma de tangos imperecederos que se siguen escuchando y bailando a tantos años de su aparición. Unos me gustan más que otros, pero quizás lo más notable de todo, es que este hombre al que apodaban curiosamente "el gallego", que tenía antecedentes familiares argentinos hasta sus bisabuelos, como él lo aclaró en varias oportunidades, no sabía ni leer ni escribir música. Era un intuitivo que aprendió a tocar el piano viendo ejecutar el instrumento a algunos amigos.

Incluso hubo varios momentos de su vida en que dejó la música para ponerse a trabajar en una escribanía, o en la Casa Dreyfus, en Bunge y Born "para parar el puchero", como le confesaba a Héctor Bates. Se iniciaría en las filas del tango en 1911 junto a Augusto Berto y Julio Doutry, en un trío de bandoneón, violín y piano muy al uso de la época. Luego, como sucedía con todos aquellos jóvenes personajes, se iban armando tríos, cuartetos y alguna que otra formación orquestal, porque el trabajo no daba para mucho y había que tocar en recintos complicados, a veces.

José Martínez
También se integró en otra formación con Berto y Francisco Canaro, que le trasladaría al papel pautado su primera obra, el tango Pura uva, en 1912. Lo curioso es que las melodías las pergeñaba, en principio, al mismo tiempo que las ejecutaba, una improvisación total y muy feliz. Cuando Pirincho se fue de la orquesta de Vicente Greco, formó ese trío con Martínez al piano, él en violín y Pedro Polito en el bandoneón. Tocaban en el Teatro Olimpo, de la calle Pueyrredón 1461.

El Teatro, el que habían actuado destacadas compañías nacionales de comedia, había sido transformado en Academia de baile "a diez centavos la pieza". El local proveía de bailarinas, incluso, a los numerosos milongueros que pagaban para bailar con las mujeres contratadas. Muchos estudiantes acudían a este encuentro y también El Cachafaz, renombrado bailarín de la época, a quien no se le cobraba entrada porque él sólo ya arrastraba a mucha gente.

1916. Quinteto de Pirincho en Rosario: Thompson, Martínez, Canaro, Pedro Polito y Rafael Rinaldi

Con una experiencia ya adquirida junto a diversos músicos, su paso por los cafetines de la Boca, cuando el tango se había trasladado a la Ribera del Riachuelo, lo convoca Eduardo Arolas para reemplazar nada menos que a Agustín Bardi, actuando en el Cabaret Royal, que luego sería el Tabaris, de la calle Corrientes. Su nombre ya pesa fuerte en el ambiente, sigue componiendo tangos mientras toca y Arolas le escribiría algunos de ellos.

Es en 1917, cuando Francisco Canaro había trepado en la consideración de los tangueros con su orquesta, se fusiona con la de Roberto Firpo para actuar en los carnavales de 1917 en el Teatro Colón de Rosario. Músicos como Eduardo Arolas, Osvaldo Fresedo, Bachicha Deambroggio, Tito Roccatagliata, Pedro Polito, Agesilao Ferrazano, Juio Doutry, Leopoldo Thompson, Alejandro Michetti, forman en ese equipo innovador. Los pianistas son el propio Firpo y José Martínez.  


Osvaldo Fresedo, se desvincula de la orquesta de Canaro para formar conjunto propio y tocar en el Casino Pigall. Poco tiempo después el "gallego" Martínez es el que se independiza para formar su propia orquesta que tocará en el cabaret L'Abbaye, de la calle Esmeralda. Y el propio Canaro lo confesará tiempo después de aquellos alejamientos que, pensaba, debilitarían y mucho a su orquesta.

 -Los bandoneonistas eran escasos -diría Pirincho- y recurrí a Minotto, que trabajaba en Montevideo. Y como nada tenía que envidiarle a Fresedo, se impuso al poco tiempo. El problema vino cuando José Martínez decide formar orquesta propia para debutar con ella en el cabaret L'Abbaye, de la calle Esmeralda. Y esa sí que fué una lamentable baja. Lo suplanté con Luis Riccardi, pianista de estudios y buena técnica...y me tuve que aguantar las quejas de la muchachada del Royal. Notaban el cambio y echaban de menos el típico compás de Martínez. ¡Me costó un triunfo ir convenciendo a la clientela del cabaret!

Martínez también se dedicó un tiempo a tocar con varias compañías teatrales de éxito, y en una de ellas, El Gran Premio Nacional, estrenaría su hermoso tango Polvorín, dedicado a un caballo de carreras, con letra de Manuel Romero, grabado por Gardel en 1922. Retirado del ambiente, moriría a los 49 años, pero nos dejó una parva de tangos que enriquecen los suelos de las milongas por su belleza. Y cito algunos que nos son muy familiares: Pablo (dedicado a Pablo Podestá), Canaro (1915, dedicado a Pirincho), El pensamiento, Punto y coma, El cencerro, De vuelta al bulín (con Pascual Contursi), Yerba mala (dedicado a Bardi), La torcacita (genial interpretación de Di Sarli), Olivero (maravilla de Pugliese), Punto y coma, El matrero, Lepanto, El palenque, temas que nutrieron el repertorio de infinidad de orquestas.

 Hoy lo revivo en dos de esos temas: Punto y coma, grabado por la oquesta de Osvaldo Pugliese el 13 de septiembre de 1948. Y El pensamiento, que llevó al disco Juan D'Arienzo con su orquesta el 26 de julio de 1945.

Osvaldo Pugliese - Punto y coma

130- El pensamiento - Juan D'Arienzo




miércoles, 10 de febrero de 2016

Vendrás alguna vez

Este tango de Luis César Amadori y el pianista Alfredo Malerba, lo compusieron en 1938 para incluirlo en una de las escenas de la película Madreselva, que fue consagratoria para Libertad Lamarque. Me tocó a mí convencerla que viajara de Miami a Madrid para un homenaje que le haríamos en el Bellas Artes de la capital de España y sobre todo a su representante de ese momento, una cubana bastante inflexible, pero al fin logré mi objetivo.

Tuvimos gran éxito de público, que desbordó el recinto, varios artistas de primera línea como Alberto Cortez, Nati Mistral o Narciso Ibáñez Menta  y otros se sumaron al homenaje  y sus intervenciones fueron muy aplaudidas. Se la veía muy bien a Libertad en ese ambiente, estaba visiblemente contenta y al final del acto le hicimos entrega del Sos Gardel, que un reconocido  dibujante y pintor realizaba para nosotros. Con Osvaldo Parrondo hicimos todo el trabajo y la sorpresa inicial se fue acrecentando cuando vió quien  le entregaba dicho trofeo.

                                       


Era Alfredo Di Stéfano, viejo conocido de Libertad, que vivía a la vuelta de la casa de Alfredo en Buenos Aires, en el Bajo flores. Y su hija Mirtha iba permanentemente a visitar la familia de Alfredo para jugar con sus hermanas, ya que eran todos muy jóvenes y ella ya trabajaba permanentemente entre el teatro, grabaciones y diversas actuaciones radiales y demás.

La mejor presentación fue su escena donde canta hermoseándolo, el tango que daba nombre a la película. Con aire nostálgico miraba aquella escena y por su cabeza pasarían infinidad de recuerdos y cargas emocionales. Habíamos conseguido una versión todalmente modernizada y el acto, realmente, no pudo comenzar mejor.

                             
                                       

El filme, al estilo de Manuel Romero lo utilizó Amadori para mechar canciones interpretada por la gran artista y un joven Hugo del Carril, que también tendrá un peso grande en la misma, mostrando sus grandes dotes de cantor y artista de primera línea en el firmamento de su época. El argumento se nutre de estas actuaciones y levanta la puntería del argumento del propio Amadori e Ivo Pelay.

Alguna vez hablé de todo esto en el blog, pero hoy me quiero quedar con Hugo Del Carril, su voz, su pinta y esa manera de interpretar los temas dramáticos o sentimentales con sus inflexiones  y el gesto. Su estampa le ayuda muchísimo, evidentemente, pero  lo cierto es que había nacido para ser artista, aunque fuera criado por sus padrinos franceses, luego de la separación de sus padres, italianos, en el barrio de Flores donde supo prenderse de entrada en serenatas galantes con su amigo Floreal Ruiz.

                                           


Sería locutor de radio con el seudónimo de Pierrot (como le llamaban sus padres adoptivos), cantor de éxito, actor, director de convocantes películas e incluso debió exiliarse en México, a la caída del gobierno de Juan Domingo Perón en 1955. Allí triunfaría en ambas facetas, como cantor y actor en filmes mexicanos, cuando la cinematografía de este país estaba en los primeros planos de América.

Me gusta mucho este tango que canta Hugo en Madreselva. Amadori, aunque no fuese poeta, se las arregló para escribir los versos de algunos tangos como este Vendrás alguna vez. Con Charlo hicieron Rencor, Cobardía y Tormento. Con Discépolo: Alma de bandoneón, Desencanto y Confesión. Y otros temas conocidos fueron Fondín de Pedro Mendoza, Olvido, Yo también soñé, Serenata o Quién hubiera dicho.

El que hoy me ocupa tiene felices interpretaciones de  Rubén Juárez con Pontier-Garello, Vanesa Quiroz con Nicolás Ledesma, Jorge Omar con Francisco Lomuto y ésta de Hugo del Carril acompañado por la orquesta de Tito Ribero.

Inolvidable.