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jueves, 19 de febrero de 2015

Pedro Laurenz

Entre las muchas cosas que lamento de la herencia que nos dejaron los músicos enormes que tuvo el tango y sus orquestas, está la escasa producción discográfica de algunos de ellos. Sobre todo de algunos grandes, como Pedro Laurenz por ejemplo. Es cierto que hay numerosos grabaciones de su etapa en el sexteto de Julio De Caro o con el Quinteto Real, pero echo de menos que su excelente orquesta de fines de los años treinta a los cuarenta, nos dejara apenas 60 temas registrados en placas.

Es decir  que entre julio de 1937 y enero del 47, repartidos entre los sellos RCA victor y Odeón, grabó 30 discos de 78rpm conteniendo dos temas cada uno de ellos. Temas que tantos años más tarde sigan explotando en las pistas de baile como fuegos de artificio por la belleza de su interpretación musical y cantable. Es una orquesta que se presta para el baile, porque te enciende por dentro y más allá de la pirotecnia de su bandoneón genial, único, la orquesta tiene un sonido impactante.

                                        

Ya sabemos que los intereses de las discográficas pocas veces se condicen con el buen gusto de los consumidores de su mercancía, pero ¿cuántas placas vendería hoy una orquesta como esta, en plena actualidad? Por algo integra el lote de la música más llamadora para los milongueros y siempre, invariablemente, selecciono entre estos escasos 60 títulos para derramar confetti sobre la pista.

Pedro Blanco Laurenz, ha sido seleccionado unánimemente entre los ejecutantes de bandoneón, incluso por Ástor Piazzolla o Aníbal Troilo, como un genio. El violinista Francisco Oréfice, que formó en su orquesta decía: "Como bandoneonista Laurenz era excepcional; sus variaciones fueron las mejores que se hicieron; pocas, pero las que hizo fueron las mejores. En ellas se reconocía siempre la melodía. Tocaba fuerte pero con un gran sonido, sin golpear. Conocía muy bien el instrumento y trabajaba con las dos manos. Recuerdo que siempre a las cuatro de la tarde venía Troilo a "Los 36 billares" a escucharlo y después se iba al Germinal que estaba enfrente".

                                           
Pedro Laurenz, su orquesta y su cantor  Alberto Podestá,  en Radio Belgrano


Reporteados por el historiador de los bandoneonistas Oscar Zucchi, numerosos entrevistados destacados como Eduardo del Piano, Ángel Domínguez, Armando Brunini, Benito Calvá, hablan maravillas del sonido que consiguió sacar de su bandoneón Pedro Laurenz. Incluso Arturo Penón describió en un largo artículo todo lo que significó para los ejecutantes de este instrumento, la doble expresividad que tiene el fueye y que nadie logró extraérsela como este grande del tango.

Por la orquesta que me ocupa hoy, desfilaron músicos como Osvaldo Pugliese, Alfredo Gobbi (que me habló varias veces de las hermosas creaciones de la misma), Ángel Domínguez, Vicentte Sciarreta, Mauricio Mise, Milo Dojman, Sammy Friendenthal, Jacobo Dojman, Alberto Celenza, Héctor Grané, Armando Federico, Miguel Jurado, Héctor Gentile, Armando y Alejandro Blasco, entre otros. Y entre los cantores que militaron en la misma, los más destacados fueron Alberto Podestá en primer término y Carlos Bermúdez. Pero no desentonó ninguno de los otros que intervenieron en esa etapa citada: Juan Carlos Casas, Héctor Farrel y Jorge Linares. Cabe destacar que fue arreglador de la orquesta el merecidamente  afamado Julio Rosenberg.

                                         
Pedro con sus cantores Jorge Linares y Carlos Bermúdez


Esa brillante sonoridad que tuvo la orquesta de Laurenz, según definiera incluso el musicólogo Luis Adolfo Sierra, está adosada a la enorme creatividad que expresó siempre como creador de páginas bellísimas. Con citar Mal de amores, Milonga de mis amores, La revancha, Amurado, Esquinero, Orgullo criollo, Vieja amiga, Risa loca, Coqueta, Mala junta, De puro guapo, Como dos extraños, Marinera, Veinticuatro de agosto, o Berretín, ya damos la pauta de lo que fue en ese sentido. Y muchos colegas aseguraban que regaló muchos temas que llevan la firma de otros autores.

Me conozco de memoria todo su repertorio, pero vuelvo a escucharlo mientras escribo, y cada tanto interrumpo mi tarea y poniéndome a bailar solo para completar la emoción que me transmite con sus interpretaciones. ¡Como marca compás y te lleva ese fueye! Y sigo lamentando que haya sido tan escasa su producción discográfica, porque uno podía esperar mucho más de su enorme capacidad musical que luego seguiría reflejando con el Quinteto Real, esa conjunción de talentos, aplaudidos en medio mundo.




De esas maravillas extraigo dos temas para completar la homilía-homenaje a un groso del tango. Y son dos temas suyos: Vieja amiga, una hermosura que creó con José María Contursi y que logró un resultado espectacular en ventas de discos. Lo canta Juan Carlos Casas, fue grabado el 12 de mayo de 1938 y se lo dedico a Gaby, "La voz sensual del tango". Y detrás viene sonando Orgullo Criollo, compuesto con Julio De Caro, y registrado en la placa, el 5 de septiembre de 1941.

05- Vieja amiga - Pedro Laurenz- Juan Carlos Casas

13- Orgullo criollo - Pedro Laurenz


martes, 17 de febrero de 2015

Rondando tu esquina

A pesar de los años que llevo en el tango, de haber participado en un famoso y exitoso programa de televisión (Odol pregunta), cuando tenía unos 23 años, contestando sobre La historia del tango, de haber charlado muchas horas con grandes del género, de haber reporteado a muchos de ellos, de haber escrito páginas y páginas sobre el tema, me siguen sorprendiendo muchas cosas.

Por ejemplo, esa facilidad que tenían muchos poetas y compositores para crear temas hermosos que alcanzaron gran repercusión y que siguen sonando gratísimos al oído, y al corazón de los milongueros de numerosos países del mundo. Hace unos días hablaba de Cadícamo y hasta causa cierta gracia comprobar cómo se sacaba los poemas que acompañarían a la música previamente compuesta, o a la inversa. La cabeza le daba para todo, especialmente para vivirla a lo grande.

                                           


Y llama más la atención la forma sencilla suya de contar cómo creaba sobre la marcha algunos de sus tangos que tanto juego dieron en la partitura de orquestas y cantantes. No sólo argentinos sino incluso de muchos otros países. Es cierto que hay gente que tiene una predisposición natural que los lleva a destacar en diversas materias con bastante facilidad. Algo que a sus colegas les cuesta muchísimo más.

Resultado de imagen de Charlo y Cadícamo
Charlo
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Cadícamo
Charlo, además de ser un cantor excepcional, sabía manejarse musicalmente tanto con el piano como con el acordeón. Fue un compositor de largo recorrido que dejó una obra muy extensa y muy valiosa en muchos casos. Colaboró con poetas insignes y con Cadícamo especialmente, labraron una cantidad de temas en común que sirvieron para mayor gloria de orquestas y cantores. 

Entre ambos registraron temas como: Y qué mas, De a traición, Viejas alegrías, Se fue para siempre, Colombina, La barranca, El bailarín de tangos, Alborada de amor, Mal de ausencia, Rondando tu esquina, Y aquel cariño se fue, Sol de medianoche, Zorro plateao, Buenos Aires querido, No hay tierra como la mía, Vas muerto con el disfraz, Lindo tipo de varón o Ave de paso que era el tango que le servia a Charlo para presentación en radios o cabarets y que realizaron en Brasil. Yo lo vi en Radio Belgrano cantando con smoking, un par de veces.

                                                            


Cadícamo lo cuenta como si tal cosa:

-Charlo había comenzado a grabar estribillos con Francisco Canaro y colaboramos en muchos tangos suyos, inéditos. Entre ellos: Lindo tipo de varón, Buenos Aires querido y De a traición, que fueron llevados por su voz al disco. Además escribí estribillos de algunos valses americanos: Juanita, El vals de las sombras, etc., muchos de éstos hechos en la misma sala de grabación, momentos antes de que Charlo los grabara, leyéndolos...

Parece algo insólito pero así era la cosa en esa época. Luego se juntaban en mesas muy pobladas de confiterías del centro, como la Real, e invariablemente concurrían Cátulo Castillo, Troilo, Cobián, Razzano, D'Agostino, De Caro, Tito Lusiardo, Visca, De la Púa y un Mariano Mores muy jovencito.

Y Cadícamo sigue contando de sus composiciones con Charlo (Carlos José Pérez)

-Charlo me envía desde Chile, donde se hallaba actuando con gran éxito, el manuscrito de un inspirado tango que terminaba de componer, a fin de que yo le adaptara versos. Tratándose de mi colaborador, puse manos a la obras tan pronto como lo recibí. Luego de escuchar la melodía varias veces, muy inspirada por cierto, comencé a escibir la letra, titulándola La barranca, que meses después, cuando ya se hallaba en Buenos Aires, popularizó al estrenarla por radio, en una de sus notables interpretaciones. Más tarde D'Agostino y Vargas realizaron también una magnífica creación.

                                       


Algunas de estas cosas pude conversarlas y estirarlas con el propio Charlo en el Café El Águila de la calle Lavalle, cerquita de SADAIC, donde solían reunirse mucha gente del ambiente. Esa tarde yo estaba con Pipo Rossi, el gran jugador que en esa época entrenaba a Boca Juniors y que era amigo de Charlo también, por haber coincidido en Colombia y en lungas trasnochadas. 

Y para terminar con el tango del título, que me acompaña desde hace muchos años, dice el vate.

                                         


-Nuevamente con Charlo colaboramos en un tango que titulé Rondando tu equina. Charlo sale en gira artística por América latina popularizándolo en tal forma que el éxito llega del exterior a Buenos Aires. En México fue uno de las más grandes hits argentinos de todos los tiempos.

Y tan es así, que numerosos cantantes de toda América lo grabaron en forma de tango, canción o bolero. También lo llevaron al disco entre otros, Pugliese con Chanel, Basso con Belusi, Miguel Caló en forma instrumental, Agustín Irusta y especialmente D'Agostino con Vargas, que para mí es la versión más lograda.

                                           


Yo los invito a escucharlo por el propio Charlo con su orquesta en 1952. Y confirmando lo del suceso de este tango en toda América, también escucharemos al celebrado cantante ecuatoriano Julio Jaramillo que lo interpreta con sus guitarristas y él mismo también con la guitarra.

08- Rondando tu esquina - Charlo

08- Julio Jaramillo- Rondando tu esquina




lunes, 16 de febrero de 2015

Cuando el amor muere

Este tango tiene un subtítulo que dice: Una vez y adiós. Lo pergeñó el imaginativo e inagotable Héctor Marcó (Marcolongo), que dejó de cantar para escribir versos de tango y en este último rubro fue realmente un portento, alumbrándonos  largos ratos con esas letras que dejan rastro. Porque además de su prolificidad, supo pintar situaciones románticas especialmente, pero también de otra índole. Y lo hizo en colaboración con una gran cantidad de compositores -Di Sarli lo eligió especialmente-, que supieron valorar sus pinturas cotidianas transformadas en verso.

Héctor Marcó, cantor, poeta, turfman.

El tango que traigo hoy como motivo para el blog, lo realizó en sociedad con el pianista Alfredo Malerba, para mayor gloria de Libertad Lamarque que lo cantó en la película Una vez en la vida. En este filme la diva tuvo como compañero de rubro a Luis Aldás que poco tiempo después se radicaría para siempre en México, y fue dirigido por el chileno Carlos Borcosque (desde los 12 años residía en Argentina).

                                   

La música de la película estuvo a cargo del destacado pianista, compositor y arreglador Mario Maurano, que secundó a Libertad en este tema y en otros muchos a la largo de su carrera.  Una vez en la vida se estrenó el 30 de junio de 1941, y el tango de marras lo grabó la misma dupla el 4 de agosto de ese mismo año.

El tango también encierra otro dato llamativo, dado que fue el único tema que registró Carlos Acuña con la orquesta de Carlos Di Sarli, pese a que estuvo en dicha formación prácticamente un año y medio, haciendo rubro con el exitoso Roberto Rufino. Actuó incluso en la brillante etapa del Marabú y realizó giras con la orquesta. Cuando el amor muere, lo grabaron el 2 de agosto de 1941.

                                               

Acuña, nacido y criado en el porteño barrio de Constitución, tuvo buenos maestros y dejó grabaciones muy interesantes con Rodolfo Biagi y Mariano Mores. Estuvo en dos oportunidades con Ernesto De la Cruz, y cuenta con la ánecdota de haber tenido como presentador, nada menos a Celedonio Esteban Flores, en su etapa de solista, antes de irse a España donde radicaría largo tiempo con un notable éxito, y su repertorio gardeliano.

Para completar la trilogía, el gran Floreal Ruiz grabaría este tango de Maurano y Marcó, en 1963 con la orquesta de José Basso. Se había integrado a la misma en 1956, reemplazando al mendocino Rodolfo Galé, y en dicha formación estuvo alrededor de ocho años, teniendo como compañeros de rubro, entre otros a Oscar Ferrari, Alfredo Belusi, Jorge Durán o Roberto Florio. Y dejaría nada menos que 40 hermosas grabaciones con Basso durante esta etapa brillante de su carrera.

                                             


Y después de estas mini historias vale la pena escuchar a los protagonistas a través del disco. Primero  paramos la oreja para oir a Carlos Acuña con Carlos Di Sarli, en el tango que traigo a la palestra. A continuación, el registro de José Basso con Floreal Ruiz.

11- Cuando el amor muere - Carlos Di Sarli-Carlos Acuña

14- Cuando el amor muere - José Basso-Floreal Ruiz


Y para cerrar el tema podemos también ver y escuchar a Libertad Lamarque en la película citada, cantando este tango, acompañada por la orquesta de Mario Maurano.

                              


sábado, 14 de febrero de 2015

BIEN MILONGA

Como todos los sábados y martes, le damos cuerda a nuestra pasión milonguera, en una sala con mucho encanto.

                           


Y...tin...tin...tin... Hoy, San Valentín...

Motivo más que suficiente para exhibirte con tu pareja bailando unos tangos entrañables, aparte del regalito que se entrecruzan entre los integrantes de la misma. O con otras parejas.

Noche linda para milonguear con ese ingrediente extra que significa todo un aliciente ritual.
Dale gusto al cuerpo y festejá San Valentín cómo se merece.

                                  

      
Y para ir calentando el cuerpo y el espíritu, vemos a la pareja Gustavo Naveira-Giselle Anne, bailando en Pisa el tango de Héctor Quesada: Indio manso, por la orquesta de Carlos Di Sarli.

                                                                           

              


viernes, 13 de febrero de 2015

Recuerdos de Cadícamo

Si no fue el escritor de poemas de tango más prolífico de la historia, pega en el palo. Y además, sus letras tienen un encanto especial, invitan a cantarlas y a ponerles música. Porque también, y esa fue otra gran virtud del inolvidable vate, colaboró con los grandes músicos de sus épocas, dado que murió cuando estaba por cumplir los cien años de edad y dejó mil trescientos temas musicales  que alumbran el cancionero popular argentino. Algunos de sus tangos llevan música propia.

Me encanta repasar una y otra vez esos temas, tan interpretado por cantores de todos los estilos, y tan bailados por los  milongueros de varias generaciones, incluidas las actuales. Además Gardel, que murió en 1935, alcanzó a grabar 23 de sus obras, que ya es decir. ¿Y quien no cantó o silbó un tango de Cadícamo de regreso a casa o mientras manejaba o caminaba rumbo al trabajo? Son temas que los porteños llevamos adheridos a la piel que envuelve al cuore, porque nos devuelven a los paisajes prístinos de nuestra juventud y adolescencia.

                                          

Y lo más admirable es que los construía en un rapto, pulsando las teclas de su pianito y los versos se caían solos sobre las mismas. Su sociedad con Juan Carlos Cobián, en la manera de vivirla a todo tren, escanciando todos los placeres de la existencia, además de los beberajes noctámbulos que les servían de afrodisíacos y de linimento espiritual y filosófico, derivó en la fabricación de temas imposibles de olvidar. La parva de tangazos exitosos que crearon, es increíble. Bastaría citar algunos de ellos como Nostalgias, El motivo, Los mareados, La casita de mis viejos, Niebla del Riachuelo, A pan y agua, Piropos, Rubí o Shusheta para sentirnos obligados a rendirle un homenaje a tanto talento.

En otra oportunidad narré como escribió Garúa de un día para el otro, sobre la música previa de Pichuco. Y también contaba como si tal cosa:

                                           

-Compré un minipiano Carlit, en el que empecé a componer temas. Se me ocurrió a título de ensayo escribir letras y adaptarles yo mismo la música, que por exceso de modestia comencé a firmar con el criollísimo seudónimo de Rosendo Luna. El primero de esta serie se tituló El cuarteador. Aníbal Troilo, que actuaba en Radio El Mundo, solía venir después de la audición a tomar una copa. En una de esas fugaces visitas le hice escuchar precisamente El cuarteador.

-Muy entusiasmado se llevó el manuscrito y días después lo estrenó en la radio y en el cabaret Tibidabo. La voz de su cantor Fiorentino realizó una creación original transformándolo en un éxito., identificándose tanto con esa novedad que sus admiradores comenzaron a llamarlo El Cuarteador de Barracas...

-Aquel piano me había traído suerte. Tratando de aprovechar su fluido, compuse muy poco tiempo después Tres amigos, que como el anterior lo estrenó Troilo, esta vez con la voz de Alberto Marino. Luego continuaron Por las calles de la vida, A quien le puede importar, No vendrá, popularizando en esta forma el seudónimo de Rosendo Luna. Yo escribía éxitos y mi amigo el editor los publicaba. Trabajábamos y nos divertíamos.

-Un día llega Troilo muy entusiasmado a nuestro departamento trayéndome una vieja grabación por la orquesta de Fresedo, del tango de Cobián Los dopados, Como era sólo para orquesta, me pidió que le adaptase versos porque quería estrenarlo urgentemente y con letra. Yo le expliqué que no me parecía correcto hacerlo sin la autorización de Cobián, que se hallaba fuera del país.

-Insistió en que le hiciera ese favor que me pedía, agregando que cuando Cobián regresara a Buenos Aires se encontraría con un éxito. Me convenció y pusimos la placa en el tocadiscos varias veces. No hubo necesidad de sacar el monstruo porque ya lo tenía pegado en los oídos desde los tiempos de Abdulla y además porque lo tocaba en el piano.

-Contando con la amistad que tenía con Cobián, me decidí a hacerle la letra cambiándole el título por el de Los mareados. Troilo realiza sobre el mismo un arreglo magnífico y lanza un impactante hit...

  Y parece tan fácil como lo cuenta... Por estas cosas es que los quiero y admiro tanto a estos vates y músicos que nos dejaron tamañas obras de arte. No sólo para escucharlas, tomando un mate o un scotch, sino incluso para bailarlas y sentirlas muy adentro. Son cosas tan nuestras que emocionan, al leerlas.  Es una linda manera de terminar la noche o iniciar el día escuchándolas una y otra vez.


Por ejemplo, vamos a escuchar a Troilo con Fiore, en aquel milagro de Los mareados, que grabaron el 15 de junio de 1942. Me emociono de verdad, se me estruja el cuore. Y a continuación: No vendrá, por la dupla D'agostino-Vargas, que lo llevaron al disco el 2 de noviembre de 1945.

¿En quien pensabas Enrique cuando los ibas escribiendo?

01- Los mareados - Aníbal Troilo-Fiorentino

11-No vendrá - D'Agostino-Vargas






miércoles, 11 de febrero de 2015

Manuel Romero

Lo llamaban el gallego, por ser hijo de inmigrantes andaluces, pero era más porteño que el Obelisco, o el pomo en los carnavales. Sus hermanos y primos se destacarían como hábiles artesanos gráficos, pero él enfiló otros horizontes que lo llevarían al periodismo, la crítica teatral, el tango, el arte de Talía y el cine. Hombre múltiple al que parecía que nunca le alcanzaba el tiempo, filmó y estrenó películas en tiempo record, y su comienzo fue al irse interiorizando de lo que sucedía en escenarios teatrales y entre bambalinas, donde destacaría primero como un prolífico autor y productor.

Personaje único, porteñazo al mango, le dió incluso tiempo para dedicarse a la milonga cuando terminaba su trabajo en el teatro, y siempre tuvo lugar para meter en sus sainetes y películas algún tango que entendió como vital para las apetencias populares. Comenzó escribiendo en periódicos y en la revista Martín Fierro, donde firmaban los mejores literatos de la época. Y pasaría por el diario Crítica, La montaña y Última hora. Había estudiado en la Escuela de Fogoneros de la Armada y trabajó allí un tiempo mientras aportaba monedas de tiempo a su verdadera pasión.

                                       


Precisamente en la película que dirigió: La muchachada de a bordo, con Luis Sandrini, arrastra reminiscencias de su tiempo en la Armada.Tenía 28 años cuando se lanza a realizar sainetes en aquel racimo de teatros que orlaban el centro porteño. Su primer trabajo, Teatro breve, lo realizó con Ivo Pelay y ya no paró más. La llegada de la Revista de Mme. Rasimi con su elenco de bataclanas, dejó huella en Buenos Aires y muchas compañías intentaron seguir esa huella, entre ellos Romero.

El gallego llegó a pergeñar y estrenar 178 obras teatrales, y no dejó nunca de ir mechando tangos en  las mismas. Así estrenaría su tango Polvorín con música del pianista José Martínez en la obra turfística: Gran Premio Nacional, siguiendo todas las pasiones de los porteños. Lo cantaría el barítono uruguayo José Muñiz. Ignacio Corsini le estrenaría Patotero sentimental con un eco impresionante en el público, durante la obra: El bailarín de cabaret. El pianista catalán Manuel Jovés, que aunque llegó de España con la intención de triunfar con el cuplé, dirigía orquestas desde el foso de los teatros y realizaría con el mismo Romero, ese tango y otros  de largo recorrido como Buenos Aires, Nubes de humos o Pobre milonga.

                                               


La vida lo llevaría a éste último a España con una compañía de revistas que co-dirigía junto al bilbaíno Luis Bayón Herrera, quien realizaría toda su vasta obra en Argentina. En aquella compañía del Teatro Sarmiento, militaban artistas de la talla de Gloria Guzmán, Sofía Bozán o Pedro Quartucci entre otros. Viajan a París, donde Romero se reencuentra con Gardel que estaba por filmar con la Paramount y a pedido de éste escriben Romero y Bayón Herrera, el guión para la primera película sonora del gran cantor: Luces de Buenos Aires. El empresario del Sarmiento y del Broadway, Augusto Álvarez, insta a Romero para que peleara por la inclusión de Gardel en el filme, dado que el director del Mismo, el chileno Adelqui Millar, prefería un cantante español. Y además Romero logró meter en la película a todos los integrantes de la revista, incluídas las 16 bailarinas del elenco.

Gearardo Matos Rodríguez, que estaba en París, le puso música al filme y Gardel canta tres temas. Dos de ellos de Romero y Matos. El primero, la canción El rosal, donde lo acompañan sus guitarristas y Tomo y obligo, tema en el que lo secundan Julio De Caro, Pedro Laurenz y Francisco De Caro, que justo estaban también en la capital francesa con la orquesta de Julio. El 23 de septiembre de 1931, se estrenaría esta película en el Cine Capitol, de Buenos Aires.

                                 


Fue debut de Manolo en el cine y a partir de ahí no paró más. Le agarró el fierrito del arte cinematográfico y ya de vuelta en Buenos Aires filmaría 12 películas, en las que la parte musical la dirigirían Enrique Delfino, Alberto Soifer y Francisco Lomuto. Las realizaría con todos los elementos cotidianos que atañían a la vida de sus conciudadanos, igual que en el teatro; filmes con argumentos sencillos pero llegadores a la sensibilidad popular. Y también en ellos fue incluyendo tangos que interpretarían Merecedes Simone, Alberto Vila o un novel Hugo del Carril que encontraría su camino.



Marcos Caplán, un conocido actor de vis cómica, decía: "Trabajé tango con Bayón Herrera como con Manuel Romero, dos monstruos en los mejores años de la revista. Se complementaban y corrieron juntos hasta que Romero se aburrió del colaborador, o se aburrieron mutuamente. En la revista, Bayón era mejor versificador y Romero mejor director. Sin embargo, me parece, escribiendo tangos Romero fue lejos mejor letrista que Bayón. En cuando persona, Romero, a pesar de sus broncas, era más gaucho, cálido, se lo sentía amigo aun bajo el peso de su autoridad. Y otra cosa: era un fenómeno de velocidad para escribir.Necesitaba producir; siempre estaba en baja de dinero porque jugaba demasiado, a los caballos y a lo que venga. Una noche, en esa urgencia, escribió de un tirón el salinete La muchachada de a bordo. No era un premio Nobel....pero resultó un éxito de boletería".

                                 



Manuel Romero no fue un profesional del tango como poeta (era un tipo culto), pero escribió tangos para sus obras teatrales y sus filmes y dejó un  tendal de temas que calaron hondo en el pueblo. Gardel grabó 17 de esos temas que aún siguen sonando en los reproductores. Títulos como los ya nombrados y otros como Aquel tapado de armiño, Corazón de arrabal, El rey del cabaret, El taita del arrabal, Estampilla, Haragán, La canción de Buenos Aires, La muchacha del circo, La provinciana, Tango porteño. Y otros de su extensa producción fueron, por ejemplo: Tiempos viejos, Naufragio, Tres recuerdos, Parece que fue ayer, Tango amigo, Cuando un viejo se enamora, Noches de Buenos Aires, Sin rumbo, Recuerdos de bohemia, Necesito olvidar, El vino triste, Milonga criolla, Dos caminos, Pobre soñador, Guapo y varón,  Mi provinciana, Rosa poneme una ventosa, Largá las penas, Mi piba linda  Mentira, Abandonada, Carnaval de antaño... y sigue la lista.



Firmaron también con él  estos temas y otros: Francisco Canaro, Matos Rodríguez, Alberto Soifer, Edgardo Donato, Rodolfo Scianmarella,  Francisco Lomuto, Enrique Delfino, Juan D'Arienzo, Charlo, Azucena Maizani, Orestes Cúfaro, Carlos Gardel, Sebastián Piana, Antonio Scatasso, Francisco Pracánico, José Padilla, Héctor Quesada, Raúl de los Hoyos y más ilustres.

Y yo cierro estos recuerdos con dos de sus temas. Primero, El vino triste (Romero-D'Arienzo), por Osvaldo Pugliese cantando Alfredo Belusi, registrado en mayo de 1962. Y a continuación El taita del arrabal, que Romero escribiera con Bayón Herrera y el músico español, autor de La violetera: José Padilla. Lo grabó con su orquesta y el cantor Raúl Figueroa, el pianista Juan Polito, el 26 de diciembre de 1952.

06- El vino triste - Osvaldo Pugliese- Alfredo Belusi

952- El taita del arrabal- Juan Polito-Raúl Figueroa

lunes, 9 de febrero de 2015

D'Arienzo y los milongueros

Despreciado por los críticos, criticado por Piazzolla pero apoyado por los directores de orquesta como Pugliese o Troilo, fue el público quien instaló a D'Arienzo en la cima del gusto popular, especialmente para bailar. Fue durante años la orquesta que más discos vendió y en ese sentido batió record tras record. Yo recuerdo como mi hermano y otros muchachos mayores se juntaban en la plaza vecina con una victrola de aquellas de darle a la manivela y se pasaban el rato poniendo discos de D'Arienzo, cuando arrasaba en todos los barrios porteños.

Atesoro además mis viajes a la casa de mis tíos en Mendoza, por ejemplo, donde la orquesta más importante imitaba su estilo, e incluso el cantor hacía el repertorio de Alberto Echagüe, en su manera. Se trataba de Los Mancifesta, que llenaban en toda la provincia. Y cuando íbamos al Centro Lucense de Olivos,  con la barra los domingos, la orquesta que estaba siempre allí, Víctor Di Capua, hacía exactamente lo mismo. O Tito Martín en la Confitería Montecarlo de la calle Corrientes. En todo el país había orquestas que tocaban en el Estilo D'Arienzo, copiando prácticamente sus partituras.

                                             


Hoy a tantos años de su arranque impresionante en la segunda mitad de los años treinta, en el Reporte de investigación de 2014 que ha realizado Tango Tecnia en toda América, Europa, Asia y Caribe, hay un apartado sobre las Orquestas preferidas para bailar. Y muestra en la Gráfica 27, primero  a D'Arienzo con 773 votos y el 81,28% de aprobación. Le siguen Di Sarli, Pugliese, Troilo, Canaro, Caló, De Angelis, Tanturi, Fresedo y Biagi, en ese orden, entre los diez más votados.

Es lo que uno ha vivido a lo largo de su periplo milonguero. A los 18 años, yo ponía la música en los festivales que hacíamos en el Club del Barrio para diversos fines. Y ya me conocía esta historia porque la vivía a diario, en la radio, en los discos que compraba mi hermano y  en las primeras prácticas que hice con los muchachos grandes de la barra.  La frase de Barquina (Francisco Loiácono) "D'Arienzo hace bailar a los muertos" o "Los fiambres se levantaban", muy de su estilo festivo, pinta a las claras el impacto que ejercía sobre los bailarines de ambos sexos.

                           
La Orquesta de Juan D'Arienzo que rompía records con Laborde y Echagüe (1945)


Hace 5 o 6 años fui a bailar por la tarde a Lo de Celia, un lugar muy concurrido de la calle Humberto 1º, al que se asciende por una escalera. Se había retirado bastante gente y la dueña se acercó y en voz baja me mandó el aviso: "Aquella mujer quiere bailar contigo. Justo ahora que voy a poner a D'Arienzo..." No soy de aceptar tales invitaciones, pero para no hacer un desprecio le pregunté si bailaba bien y me dijo: "Sí, es muy milonguera, la que está de blanco mirando para acá". Era una mujer que pasaba los cincuenta cómodamente. La saqué y bailamos. Como noté que lo hacía muy bien, me dí máquina como si tuviéramos veinte años y volábamos por la pista. Cuando terminamos, me dijo: "Me hiciste volver a mi juventud. No sabés cómo lo he disfrutado... Una maravilla:"

Ése era y es D'Arienzo. Por eso me causaban gracia ciertas opiniones de organizadores de milongas o disc jockeys noveles que llegaban a España y despreciaban profundamente a esta orquesta y preferían a otras que no me provocaban reacción alguna. Aunque, lógicamente como se trataba en su mayoría de bailarines que estaban llegando al tango y no dominaban los registros, ni distinguían una orquesta de otra, bailaban los que les echaran.

                                               
Polito en el piano y Puglisi con su violín, D'Arienzo dirige


Todavía sigo sintiendo un fuego especial cuando pongo a D'Arienzo en sus versiones de Don Pacífico, La catrera, Indiferencia, Pampa, Felicia, No mientas, Derecho viejo, Mandria, El Marne, o cualquiera de esa época en que era imbatible. Me hace cosquillas en los pies y en el cuore y me mando a bailarlo con el mismo ímpetu que en aquellos años. Y ojo que también batió records en sus presentaciones en provincia o en la vecina Uruguay, donde lo idolatraban, y en la que surgieron muchas orquestas que imitaban su estilo sin disfraz alguno.

Cuando se lanzó como director, con la batuta, luego de varias experiencias, igual que todos, supo que el pianista sería el músico fundamental en su orquesta. Y tuvo tres que le dieron ese toque maravilloso y único que lo distinguiría para siempre: Rodolfo Biagi, Juan Polito y Fulvio Salamanca. Estos dos últimos consolidaron y enriquecieron  lo que apuntó Biagi en sus tres años sentado en el dientudo de la orquesta. Además tuvo bandoneonistas de la talla de Héctor Varela, Enrique Alessio, Eladio Blanco, Felipe Ricciardi, Aldo Junnissi, Alberto San Miguel, Carlos Lázzari, Ernesto Franco y otros destacados que cuando entraban a saco en esos stacattos impresionantes, hacían temblar el piso con los tacos de los bailarines.

                                     


Incluso si nos fijamos bien, D'Arienzo tuvo grandes violinistas, comenzando por el inolvidable Cayetano Puglisi, el que realizaba los solos. Y los Milo Dojman, Bernardo Weber, Mauricio Misé, Blas Pensato, Moisés Svidsky, Pedro Liserre y otros que enriquecieron musicalmente a la orquesta. Cuando la orquesta arrancaba en Radio El Mundo con aquella marchita inolvidable y la voz de Antonio Carrizo: "¡Yo me presento así...!", a la que se agregaban las glosas de Barreiro Bazán, era todo un boom.

Lindos recuerdos que revivo permanentemente porque D'Arienzo sigue siendo el alma de las milongas, sin despreciar a otras grandes, que en un estilo distinto también dejaron una huella imborrable. Dicen que para muestra basta un botón, pero yo voy a poner dos para darle máquina a la página con ese ritmo que "hace bailar a los muertos"...

                                                     
La orquesta del arranque con Biagi al piano (de negro izq.)


Y arrastro de triunfo con el tango El resero, de Raimundo Petillo, grabado el 21 de noviembre de 1941. Y a continuación. Enamorado (Metido) del Príncipe cubano (Ángel Sánchez Carreño) que fuera portero del Chantecler; lo canta Héctor Mauré y lo grabaron el 23 de junio de 1943.

12- El resero - Juan D'Arienzo

18- Enamorado (Metido) - D'Arienzo-Mauré