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miércoles, 9 de julio de 2014

9 de Julio

Para los argentinos, hoy es el aniversario de la DECLARACIÓN DE LA INDEPENDENCIA, de España, que ocurrió en San Miguel de Tucumán, el 9 de julio de 1816.

En este día patrio deseo a todos los compatriotas que tengan un hermoso día de festejos, y sobre todo, en paz. Que se olviden de las riñas políticas, de las victorias o derrotas futbolísticas ("Ganamos o perdemos al equipo lo queremos", como decíamos de niños), y que sea una linda jornada para disfrutar con la familia y amigos.

El tango no podía faltar en esta cita y fue precisamente un inspirado músico tucumano, José Luis Padula, quien compuso el tango alegórico que festejaba este día: 9 de Julio

José Luis Padula conduciendo su orquesta típica
                 

Lo curioso es que a dicha música le adosaron tres letras distintas, los poetas: Ricardo M. Llanes Eugenio Cárdenas y Lito Bayardo, aunque preferentemente fue ejecutado como pieza instrumental, destacando en ese sentido la versión de Juan D'Arienzo que le dio el tono rítmico ideal para los milongueros.

Hoy traigo al Blog la interpretación de Agustín Magaldi con la orquesta de Ricardo Brignolo, cantando la letra que escribiera el poeta de Carmen de Areco, Eugenio Cárdenas (Acencio Eugenio Rodríguez), a quien Carlos Gardel le grabara nada menos que 29 composiciones.

                                                       



Lo notable del caso es que José Luis Padula compuso 9 de Julio cuando tenía 15 años de edad y estaba en ese momento en Rosario. Con respecto a la versión de Magaldi, el cantor de Casilda se encontró con Padula y le dijo que el tango le gustaba mucho, pero la letra de Cárdenas no le atraía, para poder grabarlo.

Entonces Padula habló con el cantor y poeta Lito Bayardo (Juan Manuel García Ferrari), otro rosarino, para que escribiera nuevos versos. Y así nació la letra que tuvo más popularidad y que grabara Magaldi con la orquesta de Brignolo en 1931.

Lo curioso del caso es que también intervinieron las guitarras que acompañaban a Magaldi e incluso aparece un serrucho. También traigo una versión instrumental de Francisco Canaro.

¡Feliz día!

07- 9 de julio - Agustín Magaldi

9 de julio - Francisco Canaro


martes, 8 de julio de 2014

Cuando un amigo se va

Se nos fue Alfredo Di Stéfano, y más que un amigo, se fue con él una especie de hermano mayor con quien compartí tantas horas, comidas, charlas, reuniones y partiditos de fútbol. Cuando llegué a Madrid me arrimó a la barra del Real Madrid y los vermuts del mediodía eran infaltables e interminables, como las anécdotas que brotaban de todos los rincones.

                                     
Labruna, Di Stéfano y Muñoz con la camiseta de River

Él fue quien me llevó a la Ciudad Deportiva del Real Madrid y me prendí en infinidad de partidos de fútbol de los veteranos. Allí estaban entre muchos otros Pancho Puskas, el nene Rial, Amancio, Manolo Velázquez, Pachín, Marquitos, Félix Ruiz y tantas anciennes gloires, del equipo merengue.  Todos los martes y viernes, aunque lloviese o nevase, jugábamos el partidito contra un equipo de jóvenes y socios entre los que también se apuntaban los cantantes Miguel Ríos, Bertin Osborne (que recién empezaba), toreros y demás.

                                         
Estamos con los amigos en los festejos

A continuación el almuerzo interminable y luego las partidas de mus o dominó. Con Alfredo me unieron muchas cosas. Sobre todo, cuando estaba conmigo volvía a ser el muchachito porteño de Barracas. Le gustaba muchísimo el tango y recordaba una oportunidad en que Miguel Caló con su orquesta tocó para el equipo de Millonarios en Colombia, donde jugaba por entonces.

                         
Alfredo, parado,  apoya su brazo izquierdo sobre mí que estoy sentado sobre el balón

En la última visita de Antonio Carrizo a Madrid, fuimos a comer los tres, dos días seguidos, y si no contamos doscientas anécdotas, le anduvimos raspando.Le organicé a Alfredo dos homenajes muy grandes. Uno para entregarle el "Sos Gardel" y otro en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid en el que actuaron numerosos artistas -Alberto Cortez entre ellos- y bailaron seis parejas de bailarines de tango. Esa noche estrenamos una milonga que compuse con Marcelo Raigal dedicada a él, que la estrenó la orquesta y fue cantada por Agustín Bancalari. Le gustó muchísimo, además de los regalos, que ahora están en el Museo del Real Madrid. entre ellos una escultura en hierro de Pichuco tocando el fueye. La letra de la milonga está en mi libro: Versos de lejos.

Acá estamos en el homenaje a Darín con Valdano, Darín y Alterio
                                             
Vino a todos las cenas y entregas del "Sos Gardel" un premio que diseñé y que fue muy apreciado. Lo recibieron artistas como Héctor Alterio, Susana Rinaldi, Miguel Ángel Solá, Federico Luppi, Libertad Lamarque, Alberto Cortez, Ricardo Darín  y el propio Alfredo. Di Stéfano lo obtuvo dos veces. Y tuve la suerte de organizar y conducir todos esos homenajes. En una gran cena que organicé en un restaurante porteño de Madrid para agasajar a Pepe Fechoría, concurrieron unas 70 personas y Rubén Juárez estuvo toda la noche cantando y tocando para Alfredo. Nunca se puedo olvidar de esa cena, de los tangos de Rubén,  y cada tanto me volvía a hablar de aquella velada.

Pero además fueron muchas las comidas, los encuentros, los chamuyos y los recuerdos. Nos hicimos amigos en Buenos Aires cuando lo contrató como técnico Boca Juniors. Lo iba a buscar al Hotel de concentración del equipo de Boca, en Mar del Plata, y salíamos a caminar por las calles de la gran ciudad balnearia. Tenía una memoria prodigiosa que fue perdiendo al final y recurría a mí para recordar nombres de futbolistas, orquestas, cantores y demás. En España me llamaban a casa para que lo convenciera de que fuera a un ágape, a Guijuelo en Salamanca para darle el "jamón de oro", a un homenaje en un teatro romano de Motril con los "pentacampeones de Europa". Llevé a 5 veteranos de aquellas Copas y después de la charla y los recuerdos de las Copas que les extraje en el escenario, en la segunda parte del espectáculo di una conferencia sobre la danza del tango y bailé canyengue, tango, vals, milonga. Aplaudieron muchísimo, el Alcalde estaba exultante y Alfredo me pidió que lo hiciéramos en otros lugares de España. Éramos muy compinches.

             
Acá estamos disfrutando otra comida con gente amiga
En esta despedida triste, me lo recordó ayer un periodista que quería tener un reportaje con él, pero Alfredo siempre fue muy arisco, producto de una timidez mal disimulada. Al final fuimos a almorzar los tres al restaurante argentino De María y ahí se aflojó y recordamos su época de River, de Huracán, de Colombia y hasta le hice cantar el tango futbolero: El sueño del pibe, para asombro del periodista. No creía que esta misma persona era el gruñón, el de los monosílabos que trataba con la gente de prensa, siempre cortante, ácido.

                             
Mar del Plata 1949. Rossi, Alfredo, Ferrari y Vaghi, jugadores de River.

En la triste despedida, lo recuerdo con ese tango de Reinaldo Yiso y Juan Puey. Lo grabó, en este caso, Ricardo Tanturi con la voz de Enrique Campos, el 14 de junio de 1945.

Chau Alfredo.

 095- El sueño del pibe - Tanturi-Campos



lunes, 7 de julio de 2014

Fabián Bertero y su Big Band Tango

Fabián Bertero es un músico de alto nivel que ha mostrado toda su capacidad expresiva en orquestas filarmónicas,y la del Colón, pero que llega al tango desde los sonidos familiares que escuchó en su casa y que fueron germinando en su alma. En la fluidez del proceso, como solista o como director de orquesta típica, como se denomina a las que ejecutan tangos y otros frutos del mismo árbol, demuestra con hechos que el resultado de su obra es la consecuencia de una necesidad expresiva.

Su Big Band tango, asegura al espectador oyente un tango serio, solvente, ya sea de los tradicionales o los nuevos que surgiendo de los atriles de su orquesta y de su potente imaginación musical. Ha visitado numeros países en distintas formaciones y en Japón es un músico muy reconocido.

                               


Por todo ello los temas de su repertorio conllevan una fidelidad a ciertas premisas que buscan reflejar luces y sombras, con belleza, sin vulgaridad. Somos hijos de lo fungible y presas fáciles para el diagnóstico apresurado y demonizador de la cultura contemporánea. Especialmente en lo  relacionado con el ríquisimo venero que encierra la historia de nuestro tango y, a veces, creemos que el baúl de las creaciones se cerró a mediados de los años cincuenta para apagarse luego las luces definitivamente. Aunque, como reza el tópico, el tiempo -el mejor antólogo- termina poniendo a cada uno en su sitio.

Pero Fabián Bertero sabe que la interacción entre generaciones es fundamental para el tango y respetando a las grandes creaciones anteriores, sabe imprimirle a sus interpretaciones, un tono apasionado, emotivo, particular. A la vez, las cosas nuevas que va creando con su gente siguen estando aromadas de porteñidad, son de una hondura que nos deja la emoción a flor de piel, sin perder un ápice de tanguidad. y pese a haber perdido a su primer bandoneón Pocho Palmer, elemento vital de la orquesta, recientemente fallecido, el nivel musical de la orquesta sigue siendo muy alto.

                                           
Acá estamos sus amigos del tango, compartiendo con  Fabi un asadito en Buenos Aires.

Al fin de cuentas, como decía Camus: "El tiempo son las cosas que pasan". Y la Big Band Tango de Bertero suena cada día mejor. Y el director, violinista, compositor y arreglador, que ha recibido un número importante de distinciones de todo tipo, sigue creyendo y construyendo música de la buena.

Fabián nació en Colonia Esperanza, un sitio muy especial de la Provincia de Santa Fe, fundada en 1856 por un inmigrante vasco-francés y poblada por inmigrantes alemanes, suizos, italianos y demás orígenes que desarrollaban tareas agrícola-ganaderas. Y aunque está radicado en Buenos Aires desde hace tiempo, cada tanto vuelve a reencontrarse con sus raíces. En este caso lo hizo con su orquesta, el cantor Alfredo Pittis y hasta un malabarista invitado: Javier Bertero,  que le da un tono poético al tema que interpretan orquesta y cantor. Actuaron en el Teatro Dante Alighieri de la localidad.

Los podemos ver y disfrutar precisamente en dicha actuación, En primer término ejecutan el tango que compusiera Bertero con Raúl Garello: Un decibel.




Y a continuación, la orquesta, el cantor Alfredo Pittis, el malabarista Javier, en el tango de Bertero y Pittis: Llueve.

Pura delicatessen.









                                         
















sábado, 5 de julio de 2014

Osvaldo Montes

Este eximio bandoneonista conocido en el ambiente como Marinero, nos dejó ayer a los 80 años de edad, cuando seguía tocando como en sus buenos tiempos. Nacido en Rosario, en una familia aficionada a la música, desde muy pequeño sintió la emoción que le proporcionaba la misma, y su madre le compró un bandoneón en cuotas, cuando Osvaldo tenía apenas ocho años de edad, porque no les alcanzaba el dinero para adquirir un piano.

A los 12, después de estudiar con un afamado profesor que dió cátedra a muchos fueyes rosarinos, se incorporó a la orquesta de Raúl Bianchi, en la que cantaba Alfredo Belussi. Con esa edad tocaba en el cabaret y el padre lo llevaba y lo iba a buscar. El salto a Buenos Aires estaba cantado y en su carrera en la ciudad porteña tocaría en las orquestas de Miguel Caló, Ángel Domínguez, Horacio Salgán, Atilio Stampone, Carlos García, Enrique Mario Francini, Mariano Mores, Leopoldo Federico Armando Lacava, Enrique Alessio y acompañó a los cantores Alberto Marino y Siro San Román.

                                             


Pero su afición lo llevaría a ser bandoneón solista y en los últimos años conformó un gran dúo con el guitarrista Aníbal Arias, fallecido hace dos años. Incluso hicieron varias giras donde fueron muy aplaudidos. A Montes todo el mundo lo conocía como Marinero, apodo que le quedó desde que  hizo el servicio militar en la marina, e iba a tocar a radio El Mundo con su uniforme de soldado.

De aquella época le quedó un lindo recuerdo. Cuando dieron la vuelta al mundo en la Fragata Sarmiento, en el legendario viaje de instrucción, el barco atracó en el puerto de Marsella, Francia, y los cadetes de la Armada, sus compañeros, le compraron allí un bandoneón y se lo regalaron. Era en reconocimiento a los momentos en que tocando en el barco les traía recuerdos de la lejana patria, arráncandole páginas tan nuestras a su fueye.

                                       


Con una orquesta de 36 músicos que dirigía su gran amigo, el pianista Carlos García viajaron a Japón y Montes le hizo grabar varios temas a la misma que recibieron el cálido reconocimiento del entendido público nipón, como De puro guapo, El flete o Ensueños.

Con Aníbal Arias dejaron un par de LPs grabados: Juntos por el tango y Bien tanguero.

Como se dice en el mundo del tango, para recordar a Osvaldo Marinero Montes, que ayer partió de gira..., podemos apreciar su calidad de artista del fueye y su sincronización con Arias en un par de temas que tocaron en el barrio parisino de Chaillot durante varias actuaciones en Europa.

En primer término, nos iluminan la mañana con la famosa milonga de Pedro Laurenz: Milonga de mis amores, donde muestran toda su categoría artística.


                                   


Y a continuación acompaño mis matecitos matinales con esa otra muestra del gran talento de estos maestros, nada mejor que un valsecito bien porteño que ilumina como este sol que entra por la ventana de mi escritorio, Un placer, de Vicente Romeo. ¡Gracias muchachos! ¡Chau Marinero!

                                         
               


viernes, 4 de julio de 2014

Oscar Alonso

Fue un cantor reconocido por todos los expertos del arte tanguero, pero quisicosas de la vida, cómo diría aquel hombre porteño de la radio, tuvo las armas para triunfar y se fue apagando como una vela para desesperación de la gente del ambiente que lo admiraba.

Tengo grabado en mis recuerdos un corto que vi en el Cine Urquiza de la avenida Caseros, en mi barrio, cuando era un pibe, en el que Alonso sale cantando el tango de Héctor Marcó y Héctor Morales: Que nunca me falte. Me impresionó por su registro potente de barítono y la forma de cantar dicho tema. Más tarde lo escucharía en Qué viejo estoy, el tango de Audón López, Francisco De Rose y Juan Manuel Velich y me volvería a producir la misma sensación de admiración.

                                       

Nunca llegué a entender ni saber las causas por las cuales  ese cantor que tanto me había impresionado en mi adolescencia, no figuraba en ninguna parte, ni se escuchaba por radio, ni pasaban grabaciones suyas. Con el tiempo supe de su bohemia, y de sus giras que lo anclaban especialmente en Cuba, en una época feliz para el tango, que en esa hermosa isla había arraigado con mucha fuerza.

Mis andanzas de muchacho me llevaron a intimar con Julio Sosa,  cuando cantaba en la Confitería Richmond de la calle Esmeralda.  En cada intervalo de sus actuaciones me tomaba del hombro, desenfundaba la boquilla y un cigarrillo, cruzábamos de vereda y nos íbamos a tomar un café en el bolichito que estaba junto al Teatro Maipo. En una de aquellas charlas con hinchas suyos, y estando yo presente, diría a toda voz: "El mejor cantor que tiene este bendito país es Oscar Alonso, y ustedes no se enteran....".

                                     
Oscar Alonso cantando en Radio Prieto. Año 1936

Fui recorriendo la trayectoria de este hombre nacido en Ameghino, provincia de Buenos Aires, que ya instalado con su familia en Buenos Aires, llegó a cantar con la orquesta de Anselmo Aieta detrás, teniendo apenas 19 años, en 1931. Con 17 a punto de cumplirlos, ya cantaba en La Voz del aire, como solista, especialidad que jamás abandonó, aunque la fama necesitaba adquirirse desde mediados del treinta y ya entrando en los cuarenta, como cantor de orquesta.

Pero Alonso -que se llamaba Pedro Carlos Brandán y su padre era capataz de la estancia de los Güiraldes en san Antonio de Areco-, no pudo atarse nunca a esa disciplina, porque lo suyo era volar. Y así recorría toda América, arrancando desde Chile por el Pacífico, hasta anclar un tiempo en México y sobre todo en Cuba, donde era muy querido y por razones sentimentales que también le llevaban a aparcar largos períodos en dicho país.

Fue muy amigo de Hugo del Carril, con quien compartió programa de radio y en sus comienzos profesionales lo acompañó el trío de Vicente Fiorentino. Con Hugo desarrollaron una gran amistad y la misma inclinación política que los llevó a afiliarse a la causa peronista desde el comienzo. Por ello cantó un tema suyo: "Versos de un payador al Juan Domingo Perón y Eva Perón", que como a tantos otros artistas le significaría el destierro o el silencio, con el golpe militar del 55.

                               
Horacio Pettorossi y Oscar Alonso en 1936

Dicen que Alberto Vaccarezza, en 1933, lo hizo escuchar a Gardel y éste, favorablemente impresionado,  fue al camarín a saludarlo y a decirle: "Seguí así, no te engrupas y cuidate que tenés todo para ser número uno". Alonso grabó en Montevideo, y en Buenos Aires lo hizo con las orquestas de Carlos García y Héctor Artola. Con este último dejó registrados unos temas donde está latente todo su potencial. José Canet, que lo acompañó varias veces le hizo estrenar su tango: La abandoné y no sabía, que salió a la calle como caballo ganador desde el arranque.

Cuando yo trabajaba en el Diario la Razón, Coco D'Agostino y Luis Pedro Toni, que hacían la última página con chimentos del espectáculo, le metieron un brulote, y al otro día vino al diario Alonso a increparlos. Los muchachos, apenas les avisaba el ordenanza de la visita, salían por la calle Rivadavia y lo dejaban pagando. Al segundo día volvió la visita, y Coco me dijo, "vos que sos tanguero, andá y chamuyalo para calmarlo. mientras salimos por la puerta de atrás...".

                                     


Entonces yo salgo por la entrada que daba acceso a la Redacción y lo saludé. Me preguntó por ellos y le dije que se habían ido. Al final lo invité a tomar un Café en el Tortoni y fuimos. Estuvimos conversando cerca de una hora y era un hombre muy agradable. Tendría 55/56 años y cuando yo le contaba la impresión que me produjo la primera vez que lo vi y escuché en el cine, de los comentarios que escuché de Gobbi y de Carlitos Almada, me dijo que él no podía tener la disciplina de vivir cantando en una orquesta. Le gustaba volar, como los pájaros de su infancia en San Antonio de Areco, y de los países de América que visitó no tenía más que palabras de agradecimiento.

Hoy lo vamos a recordar en dos temas grabados en los años cincuenta. Acompañado por sus guitarras, canta el tango de Abel Aznar y Manuel Sucher Jamás lo vas a saber. 

                               


Y acompañado por orquesta, grabado en Cuba: Igual que una sombra de Enrique Cadícamo y Osvaldo Pugliese. 
                                          

      

                

                              

jueves, 3 de julio de 2014

Una vez

Hay numerosos temas que coinciden en el título, dentro del vademécum tanguero, aunque la música y/o las letras sean completamente diferentes. Incluso casos como los de De flor en flor-Desvelo, Que nunca me falte; El Choclo, La cumparsita, etc, , que llevan la misma música pero distintas letras. 

Hoy traigo un tango en que el título es idéntico pero el resto no se parece en absoluto. Y se trata de dos temas que me gustan igualmente por la brillante interpretación artística. Se trata de Una Vez, cuya primera versión les pertenece a Carlos Marcucci y Lito Bayardo (Manuel Juan García Ferrari). Un tema muy bueno que grabó la Orquesta Típica Víctor con el cantor Ortega del Cerro, que dicho sea de paso realiza una acertada interpretación de los versos.

                               

Posteriormente, Osvaldo Pugliese y Cátulo Castillo componen otro tango con idéntico título, que Pugliese lleva al disco con Alberto Morán para el lucimiento del cantor que encandilaba a su hinchada femenina. Era el tema número doce que grababa con Pugliese el gran cantor nacido en Italia, y que arrancó su carrera de vocalista admirando a Fiorentino.

Cuando yo trabajaba con Antonio Carrizo en un programa diario que iba por Radio el Mundo, hasta el mediodía, al finalizar comenzaba el que llevaba Cátulo Castillo con el actor Luis Medina Castro. Cuando terminábamos nuestro programa, solíamos almorzar con Carrizo en el boliche frente a la radio, más que nada para darle cuerda al placer de la conversación, la buena costumbre de Antonio.

                                         


En un par de oportunidades, aún estábamos allí de sobremesa cuando se asomó Cátulo y se arrimó al fogón. En una de dichas ocasiones Carrizo comenzó a diseccionar los temas de Cátulo, y eran tantos y tan buenos que el tema resultaba inacabable. El poeta hacía algunos pequeños comentarios sobre dichas creaciones y llegué a mencionarle el tema que hizo con Pugliese.

Entonces me explicó que lo realizó sobre la música previa del maestro de Villa Crespo intentando adaptarse a ella. Y en una muestra más de su humildad y sentido común, sentenció: "En realidad es un tema menor pero el barniz que le dieron la orquesta y Morán, le permitió alcanzar un realce importante al tango y quedó realmente muy bien".

                                                                      

Curiosamente, el tango de Pugliese-Castillo fue grabado por la orquesta de Osmar Maderna con la voz de Pedro Dátila, ocho días antes que el propio autor, el 31 de octubre de 1946.

Y para que juguemos a comparar acá, como hacíamos en aquella juventud,  van las grabaciones de la Orquesta Típica Víctor con Ortega del Cerro, en la primera versión que comento, realizada el 9 de agosto de 1943. Y Pugliese con Morán, que registró su tema el 8 de noviembre de 1946.

Atenti.

Una vez - Típica Víctor-O. del Cerro

03- Una vez - O.Pugliese-A.Morán




martes, 1 de julio de 2014

Trío de Reinas

En el machista territorio del tango, como han sentenciado tantas voces, una mera observación del historial, nos revela la infinidad de compositoras, poetas y especialmente cantoras que influyeron decisivamente y para bien, en la relevancia del género.

En este sentido, las que surgieron en torno a los años veinte marcaron las pautas futuras para las cancionistas que se iban a atrever con esas letras que describían generalmente sentimientos y desventuras del hombre, salvo escasísimas excepciones. Y entre aquellos pioneras sobresalieron nítidamente Ada Falcón, Libertad Lamarque y Mercedes Simone. Vienen a ser la correspondencia femenina a aquel trío masculino que galvanizó la poesía del tango: Gardel-Corsini-Magaldi.

                                           
Libertad Lamarque


Y no me olvido ni de Rosita Quiroga ni de Azucena Maizani, ocurre que hoy estoy chiflado por estas tres minas que hicieron historia grande en la cancionística porteña. Libertad Lamarque fue la primera de las tres en llegar al reconocimiento popular. Tenía 16 años cuando con su papel de "Doce pesos" en el famoso sainete "El conventillo de la Paloma", de Alberto Vaccarezza, es elogiada por la crítica y la obra llega a las  2000 representaciones en el Nacional, algo pocas veces visto en el teatro.

Fue un empujón que la encumbraría rápidamente y su voz de contralto empinó una gran cantidad de tangos que se estrenaban casi todos los días. Fue estrella de cine, entró por la puerta grande de la filmografía mexicana donde se convirtió en ídola definitiva. Teatro, radio, cine, boites, actuaciones en grandes espectáculos galvanizaron para siempre su figura y dejó una cantidad enorme de grabaciones que la mantienen siempre en su carrera de largo aliento.

Con Alfredo Di Stéfano en el homenaje de 1998
                                       
Fue la única de las tres que llegué a conocer. Primero en Canal 9 de televisión, donde yo trabajaba y ella hizo un ciclo. Compartí algunos breves momentos en la sala de maquillaje y me impresionaba su estado de ánimo. Se la veía como una señora bajita bastante mayor. Pero en cuanto la cámara la enfocaba rejuvenecía milagrosamente y ahí estaba la artista total. Luego de la suerte de convencerla telefónicamente para que aceptara la invitación de venirse de Miami a Madrid donde le daríamos el premio "Sos Gardel", en el Bellas Artes. Un hermoso espectáculo al que concurrieron figuras notables como Alberto Cortez, Nati Mistral, Narciso Ibáñez Menta, Carlos Estrada, Alfredo Di Stéfano, 6 parejas de bailarines y demás. Tuve la fortuna de conducir el espectáculo, que se televisó a 5 países,  y otra vez volvió a sorprenderme con su espíritu vital.

Ada Falcón también comenzó a cantar desde muy pequeña, como sus dos hermanas, Adhelma y Amanda. Se llamaba Ada Aída Falcone, aunque ella sostenía que no era hija de su padre, Domingo Falcone, sino de Miguel Nazar Anchorena, con que su madre había tenido un romance. Fue una artista con gran aureola de misterio, jamás actuó en público, y en la radio cantaba sin que pudieran verla sus numerosos admiradores. Tenía una voz de mezzosoprano  maravillosa, como sus grandes ojos negros que encandilaron a Gardel y a príncipes y millonarios.

Ada Falcón

Grabó 217 temas, casi todos con la orquesta del gran amor de su vida, Francisco Canaro, con quien sostuvo un largo y volcánico romance. Pero Pirincho estaba casado, y aunque tuvo un enorme metejón con Ada, no se animó a la separación. Ada entró en una etapa mística en pleno éxito artístico y resolvió drásticamente abandonar la fama, los lujos y su hermosa casa, para recluirse en un pueblo cordobés, después de regalar todos sus bienes y vivir en un pequeño departamento de Salsipuedes,  junto a un convento de monjas, que la recibieron, imponiéndose un voto de frugalidad y austeridad. El vals que le dedicó Canaro y que grabó con ella: "Yo no sé que me han hecho tus ojos", simboliza la pasión del músico-director.

                                     

                                                   
Mercedes Simone es para muchos críticos del tango, la mejor voz femenina. Incluso cuando a Libertad Lamarque la erigieron como "La reina del tango" en un Concurso organizado por la Municipalidad porteña, además de los 500 pesos del premio, ella no se lo tomó en serio el término porque no había participado en el concurso Mercedes Simone, a quien admiraba realmente.

Mercedes Simone
Simone era de Villa Elisa, cercana a La Plata, y un poco a regañadientes y de forma casual subió al escenario en una confitería de Bahía Blanca, y cantó acompañada por el guitarrista Pablo Rodríguez, que era entonces su esposo. Mezzosoprano de voz cálida, sugerente, de baja timbradura, que le abrió las puertas del género a cantantes que le sucederían. Su dicción clara, perfecta y su ductilidad para interpretar las letras de todo tipo que dejó registradas en sus casi 250 grabaciones, le ganaron el reconocimiento que con afecto supieron distinguirla a esta morocha ejemplar: La dama del tango.

                               


Les propongo que las recordemos escuchando a estas tres grandes artistas. Libertad Lamarque nos deja el tango de Alfredo Malerba y Héctor Marcó: Cuando el amor muere, acompañada por la orquesta de Mario Maurano, que grabó el 4 de agosto de 1941. Ada Falcón canta con la orquesta de Francisco Canaro el tango de Héctor Varela, Alfredo Lattero y versos de Héctor Marcó: No mientas, grabado el 28 de septiembre de 1938. Y Mercedes Simone nos recuerda el hermoso tango de Carlos Di Sarli y José María Contursi: Verdemar, que grabó con la orquesta de Emilio Brameri en 1966.

152- Cuando el amor muere - Libertad Lamarque

No mientas - Ada Falcón-Canaro

Verdemar - Mercedes Simone