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jueves, 8 de mayo de 2014

Juan Andrés Caruso

Vivió apenas cuarenta años y le dio tiempo para ser un destacado comediógrafo, periodista, y uno de los mas prolíficos letristas de tango. En este sentido bastaría con decir que fue el autor más cantado por Gardel. Nada menos que 39 obras suyas figuras en la discografía del máximo cantor. Y entre ellos, algunos tan logrados como: Cascabelito, Tierrita, La garçonniere, La brisa, Se acabaron los otarios, Sentimiento gaucho, Desengaño, La última copa o El piccolo navío.

No sólo por lo prolífico de su obra sino por la contribución a consolidar los cimientos de la letrística del tango (término de Homero Expósito) junto a los pioneros como Pascual Contursi, José González Castillo y otros, merece el reconocimiento a toda una obra que pudo iluminar  con notable acierto, aunque su vida fuera muy corta y bastante desafortunada en sus comienzos y el rápido final.

                                             

Porque quedaría huérfano tempranamente y era el menor de los tres hermanos del matrimonio Francisco Caruso-Rosa Tocci. Nació en La Plata y debió trasladarse a la Capital para vivir con otros familiares como le sucediera a Discépolo. Entre el colegio y la calle le enseñaron el alimento de los libros y las experiencias vitales. Como la de un chico amigo suyo que hacía de "claque" en el Teatro y lo invitó a entrar por vez primera en el templo que años más tarde lo aguardaba para consagrarlo.

Pero, en esta oportunidad, su compañero sustrajo algunos objetos del camarín de Lola Membrives, y con el susto posterior en el cuerpo, éste le propuso a Juan que se fuera a Bahía Blanca. Como es de suponer, no tenían dinero, viajaron escondidos, huyendo en las paradas y allí llegarían exhaustos y hambrientos. Apenas arribados, el amigo desapareció. El pobre Juan caminando por la ciudad desconocida, entró en la primera imprenta que encontró, puesto que ya había frecuentado los linotipos, y el dueño, impresionado, lo llevó al periódico La Hoja del Pueblo, de Juan G. Franzetti. Sería ésta la persona que lo salvó, lo guió, se encariñó con él y lo puso a trabajar en el pequeño periódico.

                                                   


De esta forma encontró su vocación de periodista-escritor, Juan Andrés Caruso. De resto se encargaría la veleta del destino. El gran actor Enrique Muiño pasaría años más tarde por Bahía Blanca con su compañía, conoció al muchacho que le fue presentado, y le instaría a escribir obras teatrales. Con esta recomendación, Caruso, que luego sería incluso secretario de Muiño,  aterrizó nuevamente en Buenos Aires, y por recomendación de su protector bahiense, entró en el Diario La montaña, del que terminaría siendo subdirector. Pero además viviría en la calle Pasco y Constitución.
Justo al lado estaban instalados los Canaro y ese fue otro golpe de la diosa fortuna.

                                         

Porque no sólo sería gran amigo de Francisco Canaro, sino de muchos otros músicos que integraban la barra de éste. Los hermanos Greco, Castriota, Agustín Bardi, Prudencio Aragón, el Tano Genaro, el Tuerto Camarano y otros. Y con algunos de ellos escribiría luego varios de sus tangos. Cara sucia, realizado en 1916 en colaboración con Pirincho fue el primer tango que lo instaló en el sentimiento popular. Y en 1919 Canaro haría con él un sainete musical titulado Nobleza de arrabal, estrenado en el Teatro Variedades, en el que darían a conocer el tango que lleva el título de la obra. Años más tarde Homero Manzi realizó nuevos versos para el mismo, que son los que perduran.

                                     

Recordaba Canaro: "Caruso congenió mucho conmigo y de ahí nació una íntima y grande amistad que nos unió hasta su muerte. Fue para mis tangos el primer y eficaz colaborador letrista que volcó su ingenio y su gracia sobre los acordes de mis composiciones. Más tarde puso letra a mis tangos: Los Indios, ¡Sufra!..., Sos bueno vos también, Vos también tenés tu historia, Se acabaron los otarios, Sentimiento gaucho, La brisa, Federación y otros. Hallándome en París, en 1925, y siendo Caruso secretario-representante de la compañía Muiño-Alippi, me escribió pidiéndome música para un tango al que él le pondría letra para ser estrenado por dicha compañía en el Teatro Buenos Aires en una obra titulada "La última copa". Correspondí gustoso al pedido del viejo y buen amigo de tantas horas, enviándole el tango que bauticé con el mismo título de la pieza de Escobar y que cantó con gran suceso Agustín Irusta. Caruso fue un poeta nato y podría decirse de refinada inspiración. Era un mozo de de apostura elegante, alto y bien parecido: tuvo por esposa a la actriz argentina Elvira Quiroga. Falleció hace algunos años y dejó un sensible vacío..."

 Juan Andrés Caruso escribió en su corta vida 32 piezas teatrales y unos 85 temas musicales. la mayoría de los cuales siguen iluminando programas radiales, milongas y latiendo en la memoria ciudadana. Como por ejemplo: No me escribas, con Bardi; Entrada prohibida, con Teisseire; Alma de bohemio con Firpo;  Caricias con María Isolina Godard, Destellos, La garçonniere y tantos títulos con Francisco Canaro; Cascabelito, Medias de seda y otros con José Bohr; Ladrillo con Filiberto; Nuestro vals y Un placer con Vicente Romeo y varios que ya nombré al comienzo, por citar temas que muestran la ductilidad de este hombre que padeció una enfermedad que lo desmejoró rápidamente. Y cuya vida finalizó con estas palabras dirigidas a su querida esposa y consejera: "Bueno...¿listo ya?, en la habitación del Hospital Fernández, en presencia de Enrique Muiño, Alberto Vacarezza y otros fieles amigos que lo acompañaron en el final.

Me zambullo en la Disco y saco al bardo dos temas suyos: No me escribas, con Bardi, por Ricardo Tanturi cantando Roberto Videla, grabado el 23 de julio de 1946. Y por Francisco Lomuto, cantando Jorge Omar, Caricias, que realizara con la pianista y compositora María Isolina Godard y que grabaron éstos el 7 de mayo de 1937.

11- No me escribas- Roberto Videla-Ricardo Tanturi

Caricias- Jorge Omar-Francisco Lomuto

martes, 6 de mayo de 2014

Alberto Gómez

Fue un cantor de larga permanencia en las carteleras no sólo de Argentina, sino de toda América incluyendo México y Cuba. Ídolo en muchos de dichos países grabó en varios de ellos dejando el recuerdo de su voz melodiosa que le venía de nascita pero que supo formar con el maestro Antonio Codegoni, un tenor que había destacado en la Scala de Milán. Más tarde estudiaría con Eduardo Bonessi.

Se llamaba Egidio Alberto Aducci, era el mayor de cuatro hijos del matrimonio de inmigrantes que vivían en Lomas de Zamora y en el Colegio de dicha localidad sobresalió tempranamente en todos los coros. De advertía su futuro cuando cantó un trozo de Cavallería Rusticana en una fiesta del Colegio realizada en el Teatro Español de dicha localidad bonaerense, donde lo conoció Gardel

                               
Su amigo Tito (Augusto Vicenti), que cantaría con el apodo artístico de Augusto Vila, formaría con él un dúo que animaba fiestas o actuaba en algún café, recreando la moda que impusieron Gardel-Razzano, Magaldi-Noda y tantas otras duplas de la época. Con el guitarrista español Manuel Parada se completaría un trío que ganaría fama en el centro de la ciudad, donde un músico le sugirió que adoptase un seudónimo y así pasó a ser conocido como Alberto Gómez.

La película Tango, estrenada en 1933, lo contará como actor y cantor junto a las celebridades del momento. Ya había mostrado sus condiciones en su debut con la compañía de César Ratti en el Teatro Apolo y Carlos Gardel, nada menos, lo bautizaría como El pingo de Lomas (por su ciudad natal). Lo del "pingo" está relacionado con el idioma turfístico, hobby en el cual tanto Carlos como Alberto eran conocidos como  asiduos concurrentes al Hipódromo de Palermo. Incluso uno de los más grandes éxitos de Gómez como autor, fue su Milonga que peina canas que recrea la historia de pingos famosos que dejaron huella en la arena palermitana y su leyenda.

Enrique Santos Discépolo se haría gran amigo de Alberto y como vivían cerca lo llamaba para ensayar y hacerle estrenar varios de sus tangos famosos. El primero de ellos fue Soy un Arlequín en 1928. Para ello el cantor debía soportar sus constantes correcciones y la filosofía que emanaba de las letras de esas canciones. Y así se lo contaba luego Alberto a mi amigo y compañero José Barcia:

-Empezaba por preguntarme: "¿Vos sabés lo que es un arlequín? Claro que lo sabés, un títere, un autómata. Bueno, entonces metete dentro del personaje, viví lo que él sufre, fijate el dolor que le atraviesa el alma. con tu voz tenés que imitar los brincos del desventurado, dar la sensación de que está sacudiéndose. Es su tremenda angustia...¿entendés?". Era inflexible en todo cuanto se relacionase con la fidelidad a la imagen que había creado en cada poema".

                                     

Convertido en solista y acompañado por guitarristas como José Canet y otros destacados músicos, se convirtió en artista de la radio y comenzó su periplo viajero por Uruguay que se iría extendiendo por Chile, Brasil, Colombia, Venezuela, Cuba, México, República Dominicana, Puerto Rico, lugares, donde alcanzaría un prestigio impresionante y sería requerido constantemente. También grabaría con las Típica Víctor y la de Adolfo Carabelli, varios temas con su nombre artístico o el de Nico. Y con Los Provincianos, el conjunto que dirigía Ciriaco Ortiz. Lo hizo incluso con Edgardo Donato con quien dejó una bella interpretación de Madame Ivonne. También grabó boleros en Centroamérica, donde estrenaría con enorme éxito la zamba de Enrique Santos Discépolo: Noche de abril.

                                             


La década del cuarenta la vivió casi fuera del país por sus permanentes contratos y las grabaciones en otros lugares. Pero filmaría en Argentina como actor principal Juan Moreira o Donde comienzan los pantanos, además de otras donde tendría una actuación menor. Ya entrados en los cincuenta lo encontraría numerosas veces en los hipódromos de Palermo o San Isidro. Y generalmente en la calle Corrientes donde me lo presentaría un amigo común y hasta tomamos una copa en el Bar Suárez de Lavalle y Esmeralda. En la charleta destacaría su predilección por Fiorentino, Floreal Ruiz, Rufino y Ángel Vargas. Y también destacó a los fresedianos Ray y Ricardo Ruiz.

                             
Corsini, Scianmarella, Gómez y Alberto Cosentino

Salía de su casa sobre las 20/21 horas y me lo crucé en numerosas ocasiones, por la calle Corrientes, siempre con su sombrero tapando la despoblada cabeza. El jocundo Ciriaco Ortiz en uno de sus miles de chistes tan festejados decía que cuando Alberto Gómez se despertaba por la mañana, su mujer le llevaba a la cama el mate y el sombrero...

                                       
Tuvo un gran arrastre en su mejor momento, lucía una melodiosa voz de tenor que se fue  haciendo más aplomada con el tiempo y dejó una gran cantidad de temas grabados en diversos países. Hoy lo traigo del recuerdo con el tango de Pedro Maffia y Homero Manzi: Abandono, grabado el 26 de noviembre de 1937 con la Orquesta Típica Víctor. Y en el vals Samaritana, de Alberto Cosentino por la Orquesta Los Provincianos registrado el 27 de febrero de 1932.

Abandono - Típica Víctor-Alberto Gómez

16- Samaritana - Los Provincianos-Alberto Gómez



domingo, 4 de mayo de 2014

Noelia y Carlos

Días pasados un amigo me mandó el vídeo de Noelia Hurtado y Carlos Espinoza bailando La payanca por D'Arienzo en un Festival y me preguntó si los conocía. A ella yo la seguía desde que ganó el Campeonato Mundial de Tango en pareja con Pablo Rodríguez en 2006. En el rubro Milonga, fueron segundos, pero se les abrió un gran abanico de posibilidades, no sólo en la Argentina sino en Festivales internacionales donde mostraron su donaire y se formaron como maestros.

Noelia tenía 18 años cuando obtuvieron el galardón que los lanzó a la fama. Pablo, con 22,  llevaba tres años bailando y mejorando su técnica en el Club Sunderland. Ella a los 12 años y a regañadientes debió seguir los pasos de su progenitor que quería que toda la familia aprendiese a bailar tango con él y la llevaron a la fuerza a las prácticas. Finalmente, Noelia que estaba en el Secundario y pensaba seguir la carrera de Medicina, terminó siendo la única de la familia que siguió con el tango.

Noelia Hurtado y Pablo Rodríguez
                                 

 Fue en una de esas prácticas donde coincidió con Pablo y la pareja se formó casi de inmediato. La mano de los profesores Carlos Pérez y Rosa Forte se notó en los avances de ambos y la cosa funcionó de tal manera que darían algunas exhibiciones en clubes antes de alcanzar el entorchado en el Mundial. Y en 2011, justo en la misma milonga donde dieron la primera exhibición: La Baldosa, situada en el salón El Pial de la calle Ramón Falcón, ofrecerían su despedida como pareja. Con la emoción reflejada en los rostros y los movimientos de ambos, más  las lágrimas de ella, terminaba una etapa en la vida artística  -y quizás algo más- de Pablo y Noelia.

Noelia y Pablo en el final de la romántica novela.

Ella bailaría con algunos conocidos y finalmente la brújula del destino la emparejó con Carlos Espinoza, un  chileno que aprendió a bailar tango en El Bolsón, esa hermosa comarca patagónica situada en en el estremo noroeste de la Provincia de Río Negro, a 130 km al sur de Bariloche. La comunidad de artesanos y de amantes de la vida en contacto con la naturaleza le han dado a El Bolsón una cultura distinta a nivel nacional.

                                 
Noelia y Carlos

Allí Carlos Espinoza o el Che Carlitos como le llaman en sus pagos, tomó clases con su primer maestro, Carlos Malone, a quien considera uno de los mejores que ha tenido. Pero siguió perfeccionando su estilo con gente como Sergio Natario, Carlos Gavito, Gustavo Naveira, Alejandra Arrue, Javier y Andrea Pero también aspiró el perfume de tango que destilaban Javier y Geraldine y ésa y otras parejas fueron muy importantes en su desarrollo profesional.

Carlos asegura que tiene un romance con la música. Noelia realizó investigaciones con diversos maestros, para adquirir el estilo y las formas  del tango tradicional, como también las nuevas tendencias. Y aprendió, según sus propias palabras, tanto de los grandes representantes de la moderna historia del tango, como con los famosos milongueros veteranos.

Con sus 25 años, Noelia ya sabe de los aplausos en ciudades donde el tango ha prendido muy fuerte y donde compiten los mejores. Carlos es clásico en su baile. Más milonguero que contorsionista. Asegura que aunque la gente tenga una idea determinada del tipo de baile de algunos famosos, mecánicamente son todos iguales. Ha probado casi todo: canyengue, tango nuevo, salón, escenario, milonguero. Yo lo ubico entre los representantes del tango clásico. A él le interesa mucho el aspecto dinámico del baile, sobre todo que los movimientos fluyan sin interrupción.El componente rítmico le fascina. Pero por sobre todas las cosas se sigue aferrando al baile abrazado.

                                             
Noelia y Carlos constituyen hoy por hoy una pareja de muchos quilates que giran por diversos países, ciudades y continentes. Están en una etapa de madurez artística y seguramente continuarán creciendo en este aspecto aunque como cantara Humberto Correa: la fama es puro cuento. La musicalidad de la pareja está fundamentada en la pasión que sienten ambos por el tango.

Acá los vemos en Seúl, el año pasado, bailando el Tango Martirio por Canaro-Famá.


                                            
Y con la Orquesta Solo Tango, la milonga No hay tierra como la mía.





Para divertirnos, nada mejor que esta improvisación de Noelia con el gran bailarín turco Murat Erdemsel, en el vals Lirio Blanco, por Canaro-Famá.  Y con el prolegómeno tipo de los boxeadores sobre el ring, en un Festival de Bruselas.

                                     
                                            







                                         




viernes, 2 de mayo de 2014

El Sexteto Di Sarli

El gran pianista, compositor y director, merece recordarse a cada momento. Además de todo lo que aportó al tango,  por lo mucho que debió luchar para ser reconocido en el medio y poder vivir de la música que más quería. Por sus convicciones y por no haber bajado la guardia nunca, pese a que lo pasó muy mal en sus primeros tiempos en la ciudad porteña, como él mismo reconocería en reportajes posteriores. Por ejemplo en la revista "Mundo radial" de la Editorial Haynes:

-Me costó muchos sacrificios mantener la línea de los fundadores de la estructura melódica que sostengo en mi orquesta -refiriéndose a Posadas, Bardi y Arolas- . Lo he logrado, pero había días en que de tanta hambre, no sabía si tenía apetito.

                                           

Di Sarli y Juan Carlos Cobián, venidos por separado de Bahía Blanca, se reencontraron de casualidad en Buenos Aires, y pasaron jornadas muy duras,  juntos. En las Navidades de 1923 soñaban con poder instalarse artísticamente en la gran ciudad, encontrar su sitio, y juntaron un dinero entre ambos para poder tomar unas copas como festejo para aliviar sus soledades.

-Se necesita vivir en provincia, para tener noción real de lo que atrae Buenos Aires. -confesaba en la revista "Radiolandia" ya con trabajo en la radio y felizmente seguido por su público- Se necesita tener una inquietud, para anhelar febrilmente, calmarla en la gran ciudad. En ese estado de ánimo vine a Buenos Aires. Era muy joven, la idea romántica, además de venir a triunfar, me alentaba. Y así me puse frente a la vida, con un libro de música bajo el brazo, dispuesto a ganarle una partida brava...¡Demasiado brava! Conocí el dolor muy de cerca. Canillitas niños, en las madrugadas, cargados los ojos de sueño. El martirio de hombres jóvenes con los botines rotos, que leen en las plazas diarios atrasados. Mujeres jóvenes despeinadas en las madrugadas. Actué como pianista de algunos conjuntos demasiado pobres... demasiado cerca del río...

                                   
Ernesto Famá con el sexteto Di Sarli en la radio


Y no le fue nada fácil. Iba sumando amarguras junto a los amagues del arranque feliz. Pasaría fugazmente por los conjuntos de Anselmo Aieta, Juan Pedro Castillo, y por fin en 1925, llega al frente del Sexteto al famoso Chantecler de la calle Paraná. Pero la suerte le seguía siendo esquiva y también actuó muy brevemente teniendo que volver a los rincones de la espera. Su amigo José Pécora, violinista que formó en su sexteto lo acompañó en largas ruedas de café y logró recomendarlo a Osvaldo Fresedo que tenía dos orquestas.

En la que tocaba en el cabaré Abdulla de la Galería Güemes, recalaría finalmente el hombre de las gafas negras quevedianas, que le trajeron una discusión con el propietario del lugar, dado que le exigía actuar sin ellas, aunque parezca insólito, y ante su negativa le mostraron la puerta de salida. Di Sarli tuvo un accidente a los 13 años, en la armería de su padre, en Bahía Blanca y había perdido un ojo. El problema del cabaré lo devolvió a la incertidumbre.

                           
Pero ahí estaba su fiel amigo Pécora, que le consiguió el lugar en la Orquesta de Humberto Canaro y finalmente el conjunto actuaría bajó el rótulo de Orquesta Carlos Di Sarli. Y el Café Guaraní de la calle Lavalle sería testigo del éxito impresionante de la formación que actuaba en dos sesiones con la gente arremolinándose en la calle, buscando sitio para entrar a escucharlo. Ese Sexteto de 1927 forma con Di Sarli al piano, César Ginzo y Tito Landó en bandoneones, José Pécora y David Abramsky en violines y Adolfo Krauss en el contrabajo.

                                 


Con algunas variantes en su formación (Roberto "Tierrita" Guisado entró en 1929 en el mismo y desarrollaría su carrera prácticamente junto a Di Sarli como primer violín), llegarían los plácemes, el cine Renacimiento, la radio,  y la firma con el sello RCA Victor donde graba sus dos primeros temas: La guitarrita de Arolas y T.B.C, de Edgardo Donato. En esa etapa, entre 1928 y 1931, colaborarían en grabaciones los cantores Santiago Devin, Ernesto Famá y Fernando Díaz.

Para recordar aquellos años de lucha de uno de los más grandes exponentes del tango de los años cuarenta y cincuenta -nada más y nada menos- , les traigo dos temas: Belén, instrumental de Augusto P. Berto, grabado en 1929, y Cicatrices de A.Avilés y E.P.Maroni, de 1930, con la voz de Santiago Devin.

Belén - Sexteto Carlos Di Sarli

Cicatrices - Santiago Devin-Carlos Di Sarli




miércoles, 30 de abril de 2014

Rodolfo Scianmarella

Me lo presentó mi compañero Coco D'Agostino en el Café Tortoni. Como sabía que yo era muy tanguero, me llamó y me invitó a tomar un café con él. Acababa de llegar de España, adonde había recalado durante 12 años,  huyendo de la dictadura que derribó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, al que Scianmarella había adherido fervientemente. Incluso fue el autor de Evita capitana, una marcha partidaria que pasaban en las canchas durante los intervalos de los partidos de fútbol.

Elegante, simpático, buena figura, me costaba en principio mezclar al autor de tantos tangos y valses de mucho éxito, con su creación de Por cuatro días locos, la marcha-canción que Alberto Castillo convirtió en un éxito sensacional en 1953. Incluso lo canta en la película del mismo nombre que protagoniza el "cabezón" y que dirigiera Julio Saraceni con guión de Scianmarella y Ariel Cortazzo.

El autor, guionista y compositor en 1936
 Se reía cuando le comenté el caso. Y me respondía que venía muy bien en aquellos días, para alegrar a la gente y disfrutarlo en los carnavales, porque hasta lo tocaban las orquestas de jazz y otras de distintos géneros populares, y recuerdo el revuelo que se armaba con ese tema en la pista..

Pero Scianmarella, un porteño del barrio de Barracas que no perdió el acento después de sus exilios en México y España, dejó una hermosa estela en su paso por la vida.  En Madrid concurría normalmemente a la Quinta Puerta de Hierro y Perón lo recibía afectuosamente sabedor de que le haría pasar buenos ratos por su chispa permanente, buen humor y salidas jocosas. Además festejaban juntos el cumpleaños porque ambos habían nacido un 8 de octubre. Curiosamente, cuando yo me radiqué en Madrid y concurría habitualmente a hacer deportes en la Ciudad deportiva del Real Madrid, luego de los mismos, almorzábamos y despuntábamos algunas partidas de naipes o de dominó. Y uno de los integrantes de la rueda apellidado Batlló (de la familia de la célebre casa de Barcelona, realizada por Antoni Gaudí) me contó unas deliciosas anécdotas de Scianmarella.

                                       


Resulta que este hombre tenía una de las agencias de publicidad más grandes de la época, en la Ciudad condal. Y allí, por intermedio de otro argentino, conoció a Scianmarella y le encargó un "jingle" publicitario. El éxito del mismo fue tan grande que a partir de ahí le dieron nuevos trabajos y todos corrieron la misma suerte. España en esos momentos, es cierto, resultaba un país chato en la parte cultural, y el hombre de Barracas era muy ducho en el tema como ya había demostrado en su tierra. Y Batlló siempre me lo recordaba porque decía que aparte de su talento, cuando entraba en la Agencia, era una pequeña fiesta para todos por sus dichos.

                                         
Esa faceta de su vida, donde siempre había destacado, le creó una suerte de desprestigio entre algunos colegas de Argentina, como si fuera algo malo. Yo conocí a Carlos Bahr vendiendo cuadros de mariposas disecadas y a Julio Camilloni haciendo lo propio con artículos para talabartería. Y no por ello son menos valiosos sus temas. Además ya hacía sus pinitos colaborando con sus jingles en las campañas políticas de Hipólito Yrigoyen o en las de los socialistas Palacios y Sánchez Viamonte.

                               
Scianmarella en la foto con su hijo

La cuestión fue que Coco se tenía que ir y yo seguí charlando con Scianmarella en el Tortoni y disfrutando con sus anécdotas vividas con Gardel y Perón. El gran cantor le grabó nada menos que cinco temas: Ché Bartolo, Dos en uno, No te engañes corazón, Vieja recova (los cuatro con letra de Cadícamo) y ¿Porqué me das dique?, con versos de Luis Alonso. La obra de este autor-compositor es realmente impresionante. Gracias a su padre, de quien me contó maravillas (un modesto inmigrante que tuvo 11 hijos), toda la familia estudió música y a él se le dió por el piano. Pero su inventiva fue tan fecunda que durante su carrera artística puso música a unas setenta películas, e insertó en ellas temas que superaron a su época y siguen rodando.


  Desde que Ignacio Corsini, en 1926 estrenara su tango "No te engañes corazón, en la obra teatral La vida comienza mañana, el éxito lo acompañó para siempre. Estaba tocado por la varita mágica y lo mismo acertaba con la música que con la letra. Y me aseguró que como cantor no desafinaba y supo hacerlo por varias radios de su época. Su música iluminó diversas obras teatrales.

 Para no hacerlo muy largo, recuerdo simplemente algunas de sus obras, solos o en colaboración: Otra noche, Andate, Necesito Olvidar, Los cien barrios porteños, Virgencita de arrabal, Parece mentira, Llevátelo todo, Cuando estaba enamorado, Salud, dinero y amor (Mariano Mores dijo que en principio era una zamba dedicada a Julián Centeya y él se la transformó en tiempo de vals), ¡Qué fácil es decir, ¡Quien hubiera dicho!, Mi piba, Hacelo por la vieja, No quiero verte llorar, No te perdono más, Se pasó tu cuarto de hora, Adiós Buenos Aires, De igual a igual, Total para qué, Arrepentido, No quiero verte más, Demasiado tarde, Tres recuerdos y una ristra impresionante que pintan la paleta talentosa de un músico-poeta de aquella Buenos Aires azarosa y bohemia.

Scianmarella laureado por su obra en SADAIC
Varias generaciones de argentinos cantaron, silbaron y bailaron/bailan sus tangos que siguen airosos en el repertorio de orquestas y cantantes de ayer y de hoy. Me tienta traer al Blog diez o doce temas suyos, pero debo elegir al voleo un par para ilustrar la semblanza de un tanguero que merece ser recordado con todos sus méritos.Que son muchos y muy destacables.















Y un poco a la sans façon, hurgo en la Discoteca y extraigo Parece mentira, de Antonio Rodio y Scianmarella, grabado el 22 de noviembre de 1935 por Francisco Canaro con la voz de Charlo. Mi piba de Scianmarella y Manuel Romero, del 16 de marzo de 1943, en el registro de Ricardo Tanturi con Alberto Castillo y No quiero verte llorar con música de Agustín Magaldi y versos suyos, por Osvaldo Fresedo cantando el estribillo Roberto Ray, grabado el 12 de mayo de 1937.

Parece mentira - Charlo-Fco. Canaro

11- Mi piba - Tanturi-Castillo

No quiero verte llorar- Ray-Fresedo

martes, 29 de abril de 2014

Ciriaco y Ubaldo

Estos genios se sentaban un rato a jugar con sus intrumentos y la armaban en grande. Épocas maravillosas de aquella bohemia interminable, que todos los que tuvimos la suerte de poder vivirla la llevamos prendida en el cuore, como el abrojito que cantaba Morán.

Al margen de los espectáculos que podíamos presenciar en vivo y en directo, estaban esos momentos minúsculos e íntimos que nos dejaban palpitando con más fuerza el cuore, porque había entonces un estusiasmo febril y candor en el ambiente.  Era como una manera de reiventarse cada noche, ya sea en una milonga, o en la silla de uno de estos salones, confiterías o boliches donde estaban los grandes maestros del tango y su fecundidad espoleadora.

Ciriaco Ortiz- Edmundo Zaldívar- última actuación en El viejo Almacén (8-7-1970)

Después de una vida de tantas mudanzas, se nos concede el privilegio de habitar aquel pasado, que nos tuvo de testigos, con documentos que nos desbarrancan los recuerdos en una marcha atrás galopante. De cuando educábamos los sentidos y la sensibilidad.  Y se nos quedan gambeteando en la memoria.

Semejantes despliegues emocionales que muchas veces necesitaron macerarse en la contención, retornan cada vez con más fuerza cuando intentamos desvelar los secretos de aquella música. Su velocidad, sus lentitudes súbitas, su hermetismo. "El hilo tendido entre lo que fue y lo que será, es una apuesta ciega", repetía el poeta Juan Gelman, que fue gran tanguero. Cuando bailamos , necesitamos entregar todo el amor durante el tiempo en que se consume un tango. Y eso es lo que hacían aquellos músicos, cantores, compositores y poetas que orlaron la etapa más gloriosa de nuestra música nacional.

Ubaldo De Lío
Las quimeras que habitan en nuestros deseos nos dejan reconocer aquellos sueños trasnochados de bailar hasta el infinito, así como los artistas pertenecen al espacio misterioso y despejado del escenario. Y cuando las imágenes alborotadas se van poniendo en orden, me zambullo en la inventiva de un fueye cordobés jocundo que hace hablar a su instrumento, junto a un capo guitarrero de enorme imaginación melódica y armónica, que en sus trasnoches lungas, juegan con los instrumentos.

                                         

Se asocian así los talentos, sin preparación previa, sin ensayos. "Vamo'a darle". Y le dan. Ciriaco Ortiz y Ubaldo de Lío, en 1965, dejaron una serie de temas inéditos grabados, y escuchándolos se me encurda de emociones el cuore. Se trata de un archivo de grabaciones personales y exclusivos de Julio Álvarez Vieyra, realizados bajo su dirección. Vamos a compartirlos en un par de temas.

Primero en el tango de Cobián y Cadícamo: Los mareados. Y a continuación, No le digas que la quiero, de Enrique Delfino y Alberto Vaccarezza.

11- Ciriaco Ortiz y U. De Lío- Los mareados

09- Ciriaco Ortiz-U. De Lío - No le digas que la quiero

lunes, 28 de abril de 2014

Argentino Galván

Fue uno de los arregladores más importantes que tuvo el tango y junto con Héctor Artola destacaron firmemente en la hermosa década del cuarenta con infinidad de intervenciones en los temas de diversas orquestas de primera línea, sucediendo a inspirados precursores que habían lucido en el género.  El Indio Galván como le llamaban sus amigos en la intimidad, fue violinista, instrumento que estudió a fondo durante cinco años con su profesora e incluso tuvo orquesta propia en sus pagos de Chivilcoy, localidad bonaerense situada a 170 kilómetros de la Capital. Allí lo descubriría Alfredo Gobbi en una actuación y le habló para que buscara mejores horizontes para su talento.

                                                

En 1935, con 21 años, se largó a Buenos Aires a tentar fortuna con su violín y sería uno de los varios inquilinos pobres de la famosa Pensión La Alegría de la calle Salta, donde convivió con tantos músicos venidos del interior,  que harían carrera en aquella ciudad que respiraba tango por todos sus poros. Pasaría por las orquesta de Florindo Sassone y la de José Luis Padula o Miguel Caló, para luego compaginar su labor en el conjunto de Enrique Delfino y la dirección de la formación que acompañaba a Roberto Maida en lugares nocturnos.

Fue muy importante su trabajo en ese sentido, porque respaldó con su orquesta a numerosos cantores de primera línea: Ocar Alonso, Horacio Deval, Virginia Luque, Jorge Vidal, Raúl Berón, Jorge Casal,  Agustín Irusta y otros artistas destacados. Pero cuando comenzó su trabajo de arreglador, fue el momento en que entraría en la historia como figura preponderante.

                                                     
Troilo, Galván, Stamponi, Grela y Francini

Decía el musicólogo  Luis Adolfo Sierra que Argentino Galván, con su indiscutida autoridad profesional, sostuvo que el tango  acepta otros instrumentos además de los que le son ya habituales, sin que tales inclusiones afecten su esencia misma. Pero está estrictamente condicionado a la circunstancia de que los elementos a utilizarse y su tratamiento orquestal se ajusten al verdadero sentido del tantgo, en lugar de que sea éste quien deba  amoldarse a una estructuración tímbrica previamente establecida.

Como consecuencias de esta premisa fundamental, entendía Argentino Galván que los ejecutantes llamados a interpretar con instrumentos que le son todavía extraños al tango, deben poseer la necesaria ductilidad  como para imprimirle a sus versiones el carácter temperamental que le es propio. De lo contrario las orquestas de tangos sonarán como bandas comunes.

Al retirarse Piazzolla de la orquesta de Aníbal Troilo, en julio de 1944, Pichuco llamó a Galván para que le llevara la mayoría de los arreglos para su formación. Y allí dejaría una obra muy importante para el tango, aunque la goma de borrar de Troilo funcionase para que no se saliese el arreglo de su forma de sentir el tango y su orquesta.  También arreglaría Galván para Caló,  Fresedo, Francini-Pontier (muy bueno su trabajo en La Beba), Pugliese, Basso y hasta orquestas de otros géneros como las de Efrain Orozco o Eugenio Nóbile.

                         

Sin desconocer todo lo que hizo con sus trabajos para el conjunto Los Astros del Tango, o en La Historia de la Orquesta típica, su labor musical en la Editorial Julio Korn o la banda de sonido para diversas películas, lo cierto es que se nombre quedó adherido firmemente a la figura del arreglador, que luego sería vital para todas las orquestas del futuro.

Además dejó varios temas con su firma de los que destacaría: Cafetín, El día de tu ausencia, Esta noche estoy de tangos, Me están sobrando las penas, con  poetas fundamentales.

                                     


Y para calibrar su trabajo de arreglador-orquestador, traigo estas dos versiones: Adiós Bardi de Osvaldo Pugliese, por la orquesta de éste, grabado el 17 de octubre de 1944.Y Me están sobrando las penas, que compuso Galván con José Basso y Carlos Bahr,  registrado el 1 de agosto de 1944 por Aníbal Troilo con la voz de Alberto Marino. Dos joyitas, sí señor.

037- Adiós Bardi - Osvaldo Pugliese

048- Me están sobrando las penas - Troilo-Marino