Enrique Cadícamo: "Cobián estaba a cargo de la asesoría musical de la Editorial Ricordi y un día me telefonea pidiéndome que me acerque allá, a San Martín al 500, para escuchar un tango que acaba de componer. Aquella sería nuestra primera colaboración.
Llego a su despacho y luego de invitarme con un café, me hace escuchar al piano una melodía, tan de su estilo que me agradó muchísimo, pidiéndole que la repitiera a fin de compenetrarme y de retenerla en mis oídos. Comencé a tomar un "monstruo" de la misma y al probar sus acentos, notamos que funcionaba perfectamente dentro de la medida musical.
Cobián se entusiasmó con el "monstruo" y se puso a cantarlo. Al terminar me dijo muy convencido de que lo dejara tal cual estaba, porque ya era una letra. Le rogué que habláramos en serio porque había que mascar mucho aquello para sacar una letra presentable.
Yo alquilaba un pequeño departamento en Talcahuano 309. Habiendo quedado desocupado el del piso de arriba y sabiendo que Cobián buscaba uno para mudarse, lo llamé para que viniera a verlo. A los pocos días lo tuve de vecino.
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| Juan Carlos Cobián |
Nos comunicábamos de balcón a balcón proyectando el programa de la noche, Yo escribía unos sketchs para una revista teatral que encabezaban María Esther Pomar y Segundo Pomar, en la sala del teatro Astral y su debut se produjo el 12 de diciembre del 31.
La nuestra era una bohemia de camisa de seda y gomina. Quizás hayamos sido con Cobián unos de los primeros "sin-sombreristas"; esto le hacía exclamar muy divertido: "Nos van a tomar por legionarios". En ese tiempo se denominaba así a una legión juvenil político-nacionalista cuyo líder era Carlés, que se identificaba precisamente en las calles por no usar sombrero.
Poco tiempo después le llevo la letra de su tango al que había titulado "La casita de mis viejos". El mismo fue estrenado por una cancionista llamaba Ïtala Ferreyra, que actuaba en el Teatro Buenos Aires con la compañía revisteril de Jardel Jércolis. "La casita de mis viejos" fue publicada por Ricordi.
Tania se hallaba actuando en el Teatro Maipú. Una tarde fuimos a visitarla a su domicilio de la calle Cangallo 1700, donde vivía con Discepolín, con el propósito de hacérselo conocer. Cobián se sentó al piano y comenzó a ejecutarlo. Discepolín era la primera vez que lo escuchaba tocar. Le miraba las manos prodigiosas, aladas, llenas de recursos técnicos, asombrado...
Pensando quizá cómo se atrevía a tocar él con un dedo ese mismo teclado que ahora Cobián hacía sonar como una orquesta. Cuando concluyó, sin duda impresionado por el vigor de su pulsación, Discepolín le dijo felicitándolo a su manera: "¡Sos un caballo...!"
Pocos días después Tania lo estrenó en el Maipú".
(Enrique Cadícamo: "Mis memorias".)
(Entre las numerosas grabaciones de este tango, podemos escuchar la de Julio Sosa con la orquesta de Armando Pontier. Grabado el 12 de agosto de 1958.)


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