"Para Raquel, es decir para mí...". Debajo de la sentida dedicatoria fechada en 1946, un pentagrama ilustra los compases y la letra de una de las composiciones más célebres de Enrique Santos Discépolo: Canción desesperada.
Raqauel Díaz de León, la musa de ese desgarrador tango que habla de dolores y traiciones, tiene hoy 85 años, vive en México y, a seis años de la muerte del genial artista, sigue esperando que la justicia argentina reconozca a su hijo como fruto del romance de tres años que los unió. -"Para mí sería una gran satisfacción, porque ya no soy ninguna jovencita y necesito irme tranquila", aseguró la mujer que supo conquistar el corazón de Discepolín durante su paso por tierras aztecas.
-No se trata de un interés económico. lo que quiero es que mi hijo, Enrique Luis obtenga un reconocimiento legal en el país en que el padre es una leyenda. -¿Cuándo conoció a Discépolo? -Lo conocí en 1945, en Cuernavaca. Yo tenía 18 años y me habían dicho que él había sido invitado por otros compositores mexicanos para darle una comida en un hotel. Al llegar a aquella comida vi a un hombre flaquito, alegre, muy entusiasta. Entonces le pregunté al mesero y me respondió que era Santos Discépolo. -¿Cómo se produjo el encuentro?
-Él también preguntó por mí y me invitó a su mesa. Me senté y nos agarró un amor a primera vista. Yo lo miraba con una locura tremenda porque era un hombre muy gracioso, alguien que siempre tenía algo que decir. Me conquistó inmediatamente.
-¿Y quién dio el primer paso? -¡Él, claro! En un momento, tiró su servilleta al piso, la levantó y aprovechó para decirme: "Me voy para México porque mañana salgo para Cuba". Se iba a La Habana porque allí lo esperaba Tania. ¿Y si nos vamos juntos?, me preguntó. Ya estábamos enamorados.
-¿Conocía sus tangos? -Sí, -Estaba enamoradísima de sus composiciones.... Ya en México, me dijo que al otro día se iba muy temprano, pero que volvería en 15 días a buscarme. ¡Estaba enloquecida de la emoción, que Discépolo se fijara en mí! -¿Y volvió? -Sí, antes del tiempo anunciado. Me llamó y empecé a gritar como una loca. Iba a quedarse por tres meses en México porque él y Tania habían firmado contrato con un club para presentarse. En ese tiempo, nuestro amor fue creciendo cada día. -¿Tania estaba al tanto de la relación? -Entiendo que ellos tenían una relación abierta, o al menos esa señora tenía fama de que andaba con quien le diera la gana sin importarle poner en ridículo a su marido. Por esa época, de hecho, mantenía una relación con un futbolista muy famoso y se sabía que le gustaban los hombres grandotes. Todo lo contrario de lo que era Discépolo. -Pero él la seguía considerando su esposa... -El decía que era su representante, pero la verdad que le despertaban mucho temor sus reacciones. De hecho, ella estaba en Buenos Aires cuando se enteró que Discépolo y yo esperábamos un hijo. Vino hasta México y lo obligó a volver con ella a Argentina. -¿Cuántos meses llevaba de embarazo? -Seis. Él estaba muy triste, me besaba, me hizo muchas promesas por cumplir,... Pero antes de irse le pidió a su amigo. Jorge Reyes, que me consiguiera un departamento. Estaba permanentemente en contacto para saber cómo estaba, y siempre se las ingeniaba para que nada me faltara.
-¿Llegó a conocer a su hijo? -No, pero designó a a Tita Merello y a Luis Sandrini como sus padrinos, porque ellos vivían en México por entonces. Tita, de hecho , declaró a favor de mi hijo en uno de los juicios por filiación, algo que Tania nunca le perdonó. -¿Cómo se enteró de la muerte de Discépolo? -Estaba trabajando como periodista en el Excélsior de México. Llegué a la redacción y vi la noticia. No podía parar de llorar; nuestro hijo tenía apenas 4 años. -¿Qué recuerdos le quedan de él? -Sesenta años después de su muerte, lo sigo amando. Y lo sigo esperando, porque sé que va a venir por mí y nos vamos a ir a la mar de la mano..
Martín Artigas
(Escuchamos la versión de "Canción desesperada", el tango de Discépolo que Troilo grabó con su orquesta y el cantor Alberto Marino. Lo llevaron al disco el 9 de octubre de 1945.)
Discépolo y Raquel
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