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sábado, 13 de junio de 2015

Sábado milonguero

Es uno de los grandes atractivos motivadores que tienen los fines de semana. Cuando andaba por los 17/18 años, los sábados solamente nos empilchábamos y nos poníamos a cien, si venía una orquesta típica a Huracán. Lo teníamos en el barrio y además los salones de dicho club eran espectaculares. Los domingos la milonga en el citado salón, era con grabaciones.

A unas cuantas décadas de aquellos festines milongueros, se ve que la afición no la he perdido porque en la Casa de Aragón organizo una milonga bien milonga, a  ver si logro acercarme a aquellas inolvidables veladas de los años cincuenta, cosa imposible, claro, si recordamos que estamos en España y en otras épocas. Pero como la semilla está plantada de hace rato, le doy un repaso a aquellas orquestas maravillosas y la pasamos fenómeno milongueando a tope.

Incluso los martes a la noche repetimos la gesta, aunque este próximo martes 16, hay Asamblea y elecciones en la Casa de Aragón y la suspendemos para retomarla el siguiente martes 23 de junio. Pero en  la de esta noche vamos con tutti i fiocchi.


                                     
Y ya saben, que para inspirarme y mientras desayuno mis matecitos sabatinos con bizcochitos, recorro el espinel viendo a algunas parejas que andan milongueando por el mundo y lo hacen fenomenal. Por ejemplo, hoy recalo en los exquisitos Murat y Michelle (turco y hawaiana), que están entre mis preferidos, bailando en Copenhague, el tango de Le Pera y Discépolo: Carillón de la Merced por la Típica Víctor, cantando Ernesto Famá.

               

El arranque no puede ser más acertado. Ahora me voy a un Festival en Estambul para ver en acción a los tanos Giampiero Cantone y Francesca del Buono, bailando el tango: Mirame en la cara de Héctor Varela y Luis Castiñeira, por Juan D'Arienzo y la voz de Héctor Mauré.


             

Y ya que estamos en el baile, bailamos, con el Pájaro Diego Remer y María Belén Giachello, también en Estambul,  un valsecito: Dos corazones. Es de Francisco Canaro e Ivo Pelay y lo interpreta la orquesta de Lucio Demare con el cantor Horacio Quintana.

¡A volar, Pájaro!


                                                                                        

viernes, 12 de junio de 2015

Bailando con Pugliese

Fue una de las orquestas preferidas de los milongueros durante muchos años y movió multitudes en sus presentaciones en clubes y salas de baile. Tenía además una colección de hinchas que lo seguían a todas partes y mostraban características insólitas. Se colocaban una curita en la cara como si tuvieran alguna herida, usaban el yuguiyo del cuello alto y la corbata con nudo filipino. Entraban y salían -de madrugada- de los bailes gritando la consigna característica: "¡Ese...ese...ese...la barra de Pugliese!"

En la barra que me cobijaba, y con la que frecuentaba especialmente el Club Huracán, de Parque Patricios, la mayoría de los integrantes eran hinchas de Pugliese. Y, afortunadamente fue la orquesta con la cual más veces bailé en vivo y en directo. Recuerdo los cantores que pasaron por esa formación y que actuaron en Huracán: Morán, Vidal, Cobos, Montero y Maciel. Es más, Montero debutó con la orquesta en dicho club y su última actuación con Pugliese, también la realizó en Huracán. Hasta llegamos a tenerlo en las 7 grandes noches 7, de Carnaval.

                                      


A mí me encantaba bailar Pugliese, especialmente con un par de milongueras determinadas porque con ellas podía sentir a fondo la música de esta orquesta y expresarme en la pista derramando sentimientos. Porque me llegaba a fondo. Aunque yo era dariencista a muerte a la hora de elegir orquestas bailables, no puedo negar que Pugliese me permitió llegar a alturas milongueras geniales.

Juan Carlos Copes, que era un gran milonguero, también recuerda aquellos años maravillosos:
  -Bailaba para mí, me sentía en libertad. En Atlanta empecé a fantasear  y a demostrar que con Troilo tenías que bailar de una forma, con Pugliese de otra, con D'Arienzo de otra...

                                        
Juan Carlos Copes en la milonga


 -Así como cada orquesta tenía una diferencia de ritmo, de sabor, de sentimiento para escucharla, eso también se tenía que demostrar bailando, con los cuerpos, en pareja. Aún con tu estilo de baile, a cada orquesta la tenía que masticar distinto.

Y así fue como también los interpreté yo, y supongo que cualquier milonguero que se preciara de bailar bien. Esos tempos y estilos distintos que los directores imprimían a sus orquestas, eran uno de los más grandes atractivos que tuvo el tango y lo sigue conservando en el presente, ahora extendidos a todo el mundo gracias a aquellas grabaciones maravillosas.

Por eso no llego a descubrir el porqué de tantos bailarines que les cuesta entrar en el estilo Pugliese, y lo califican de "difícil". Hasta en Buenos Aires me he topado con esta situación y no lo entiendo. Pugliese, como D'Arienzo o Di Sarli, siempre tocó para los bailarines. La marca de Pugliese, yumbeando, golpeando en el primer y tercer tiempo de cada compás, y el arrastre posterior lo identifican de inmediato, y para el milonguero pocas marcaciones son tan claras para bailarlas.

                                          


El propio Pugliese le decía a Arturo Marcos Lozza:

  -Nosotros partimos de la etapa de Julio De Caro. Yo, de joven, viví esa etapa. No la viví escuchándola, la viví. Se deduce que tenía que haber una superación, no porque yo me lo hubiera impuesto, no. Vino solo, vino por necesidad específica, también por necesidad interna, espiritual. Por ejemplo, los norteamericanos en el jazz hacen una marcación dinámica, mecánica, regular, monocorde. Para mi concepto, la batería no corre en el tango. Ya han hecho experiencias Canaro, Fresedo y qué sé yo cuántos, pero para mí la batería es un elemento que golpea. El tango, en cambio, tiene una característica procedente de la influencia del folclore pampeano, que es el arrastre, aplicado por la escuela de Julio De Caro, por Di Sarli y nosotros también. Y después viene la marcación que Julio De Caro acentuó en el primer y tercer tiempo, en algunos casos con arrastre. Y nosotros hemos hecho la combinación de las dos cosas: La marcación del primer tiempo y del tercero, y el arrastre percusivo y que sacude.

Más claro, imposible. La técnica, en el baile del tango, es imprescindible, pero no  podemos olvidar por que bailamos el tango, la transmisión que conlleva el abrazo con una persona de otro sexo y qué nos sugiere esa música que estamos interpretando con nuestro baile. Debemos dejar de lado la necesidad de hacer figuras, de bailar de memoria, haciéndolo igual con cualquier orquesta. Son distintas Pugliese, D'Arienzo, Di Sarli, Tanturi o Caló, por citar algunas y deberíamos poner el alma en la pareja y sobre todo el oído en la música, para bailar lo que nos transmite cada una de ellas.

                         


Por eso pienso que aquellos que dicen que "Pugliese es difícil" es porque bailan mal y deberían volver al profesor, al maestro que les indique cómo interpretar lo que están escuchando a través de esa música que sale de los altavoces. Hasta que lo comprendan y puedan experimentar el sentimiento que implica bailar a Pugliese. Y así entre todos podamos eliminar este latiguillo de las pistas  que volverán a colmarse al compás yumbeado de esta orquesta cuando hayamos aprendido la lección.

Vamos entonces a bailarlo imaginariamente en dos versiones: Mi fueye rezonga, de Pedro Toscano, grabado el 13 de diciembre de 1954. Y Don Agustín Bardi, de Horacio Salgán, en la grabación de 1961.

Osvaldo Pugliese - Mi fueye rezonga

01- Don Agustín Bardi - Orquesta Osvaldo Pugliese

miércoles, 10 de junio de 2015

Martín Darré

Hace tiempo que tenía ganas de escribir algo sobre este hombre increíble, a quien conocí en la Academia del Lunfardo, donde me lo presentó Don José Gobello, y con quien charlamos de la gran personalidad de un músico autodidacto que llegó a ser arreglador de orquestas tan disímiles como las de Héctor (Lomuto) y su jazz, la típica de su hermano Francisco o la de Mariano Mores, entre otras, en las que se incluyen las gigantes de Radio El Mundo o la de Dajos Bela y su música europea.

Para mi gusto, de todas las orquestas de jazz é anche piú, que poblaron las carteleras y bailes populares de las décadas del cuarenta-cincuenta, la de Héctor fue la más exquisita y la mejor dotada en términos musicales. Y Darré (Martín Vicente), no sólo fungió de pianista de aquella agrupación, sino que incluso fue su brillante arreglador durante unos diez años. Lo que realza los méritos de un hombre que llevaba la música dentro suyo pese a no haber tenido una formación académica.

Martín Darré -derecha- junto a Mariano Mores
                                   

 Antes de ello había militado en la orquesta típica de su hermano Francisco Lomuto, en la que ingresó como adolescente bandoneonista, con 17 años, y en la que pasaría a ocupar el primer atril en la fila de fueyes, ante el alejamiento de Daniel Sardina Alvarez.  Y sin maestro alguno que lo formara en esa tarea tan difícil que es la de orquestar y arreglar piezas para el conjunto, se dedicó a indagar en un oficio que por entonces apenas contaba con maestros de la capacidad de Julio Rosenberg -que lo hacía en las orquestas de Julio De Caro o Laurenz- o el organista belga Julio Perceval, pioneros del mettier.

En esta faceta Martín Darré (1916/1991), logró laureles muy bien ganados. Pero su brillo se agigantó cuando logró armar y conjuntar a distintos instrumentistas de diferentes orquestas para formar la Orquesta Gigante de radio El Mundo, en la cual cohabitaban músicos de Fresedo, Juan Canaro, Julio De Caro,  Tanturi o Donato. Y el resultado del sonido final de dicha agrupación era impecable.

Darré cuando era pianista y arreglador de Héctor y su jazz

Con Mariano Mores mantuvo una larga colaboración, tanto en los arreglos orquestales, muy al estilo espectacular que siempre caracterizaron a las orquestas de Mores, como en algunos temas que compusieron juntos: Yo creo en un mundo de amor, Viejo Buenos Aires, Todos juntos y adelante, Soy la ranchera, Llueve en mi alma. OK Mr. Tango, Llegó el sábado, Mil estrellas, o Canto a las tierras de América.

Se dedicó en esa época casi con exclusividad a la orquesta de Mores, "buscando unir las esencias más puras de nuestra música popular con la riqueza instrumental de la gran música", según afirmó oportunamente. Era la etapa en que Mores incoporó elementos como los bronces o los vientos a su orquesta internacional, como él mismo la definiera, diferenciándola de las orquestas típicas tan nuestras y especializadas. Fue la época en que Mariano Mores triunfó con temas como Frente al mar, El Firulete o Por que la quise tanto, entre otros. Incluso Darré arregló y orquestó Taquito militar, para orquestas tan disímiles como las de Mores o Héctor y su jazz.

Darré en la orquesta de Lomuto, es el 3º fueye de  izq. a der.
                                 
                                        
Sería además autor (letra y música) de letra y música del himno del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978, realizado en Argentina. "He tratado que la música -explicaba-, resulte fácil, pero no tonta. Para la letra he buscado un sentido educativo; fervor deportivo, pero no localista, sentido de bienvenida, de cordialidad, de convivencia".

                                            
Darré y su imagen en este tango suyo

Darré presidió el Sindicato Argentino de Músicos, fue miembro de número de la Academia Porteña del Lunfardo. Afirmaba que "todo timbre, todo sonido puede ser tango; todo sonido alguna vez fue tango". Como autor registró tangos, valses, boogies, mambos, Himnos patrióticos, o el del Mundial de Fútbol 1982, de España. Y entre sus tangos como letrista o compositor, también podría citar La calle maldita y Vuela paloma blanca,  (ambos con Roberto Lambertucci), Julio y Francisco (dedicado a los hermanos De Caro), Personaje de sainete (con Héctor Marcó), Yo soy tu viejo tango, Dos por cuatro de los de antes, El cantar de un tango y unos treinta temas más, incluidas marchas.

Pianista, bandoneonista, arreglador, poeta, director, compositor, este porteño del barrio de Belgrano excedió límites sin prejuicios y con una enorme capacidad. Dirigió la orquesta que acompañó a la malograda cantante Susy Leiva en un elepé. Y del mismo extraigo este tema de Roberto Nievas Blanco y Eugenio Majul: Antes del adiós. Y también podemos escuchar a Lucio Demare y el cantor Jorge Linares en su tango: La calle maldita.

Antes del adiós - Susy Leiva-Martín Darré

10 - La calle maldita - Lucio Demare-Jorge Linares




lunes, 8 de junio de 2015

Piazzolla, Troilo y El Motivo

Le decía Ástor Piazzolla a mi compañero Natalio Gorín, en el libro que éste escribió sobre aquel, y me lo regaló, dedicado, en un encuentro que tuvimos en Londres, en ocasión de un partido de fútbol entre las Selecciones de Inglaterra y Argentina:

  -Durante muchos años toqué sentado, como la gran mayoría de mis colegas, hasta que me convertí en solista. Ahí sentí la necesidad de buscar otra posición, que se adecuara más a mi personalidad. Sentado me daba la sensación de estar atado. Me paré, clavé la pierna izquierda en el piso y acomodé el instrumento sobre la rodilla derecha. Desde entonces toco con mis tripas sobre la parte del "fueye", y creo que bailamos juntos: el bandoneón y yo. A veces siento que estoy llorando mientras toco un solo, pero sin lágrimas en los ojos. Es como el Gordo Troilo  tocando El Motivo, ahí llora a través del bandoneón. Eso se llama transmisión, electricidad. En ese momento puede pasar un tren por arriba del escenario y el que toca no se da cuenta. Y un buen hincha de Troilo o de Piazzolla, tampoco.

                                     
 

 -El tango tuvo grandes bandoneonistas. Hay un estilo Maffia y un estilo Laurenz. Uno es más intimista, el otro más desbordante. El Gordo Troilo fue otra cosa, no era deslumbrante, pero sí un intérprete maravilloso, me hacía caer las medias tocando dos notas incomparables. En materia de técnica también está Minotto, y posiblemente el más grande para todos nosotros, aunque desconocido para el gran público porque un día se cansó del tango y se fue a tocar el oboe en la orquesta del Teatro Colón, se llama Roberto Di Filippo. En la primera línea no puede faltar Leopoldo Federico, el mejor de todos en esta época. En la generación posterior hay dos muy buenos: Dino Saluzzi y Néstor Marconi.

  -Yo soy distinto a todos. No digo mejor ni peor que Troilo o Federico. No. Lo que no tiene nadie es mi toucher. Esto quiere decir que alguno me puede superar, o no, de lo que estoy seguro es que como Piazzolla no puede tocar ninguno.

                                                   
Los dos Pedros: Maffia y Laurenz, yunta mágica.


  -Pero yo no nací en un frasquito ni el sonido de mi bandoneón es una rareza del cielo. Todo está íntimamente ligado. Y yo lo expreso con música. En el primer tema de la Suite Troileana, que se llama justamente Bandoneón, el Gordo está permanentemente a mi lado, por momentos toco como Piazzolla y de a ratos él me contesta. Lo mismo en Tristezas de un Doble A, en la versión del quinteto hay un solo de bandoneón que dura diez o quince minutos, según como me agarre. Ahí me voy de viaje y llevo conmigo a Maffia, a Laurenz, a Di Filippo, a Federico, y tengo la sensación de estar tocando con ellos. No hay cables sueltos, algo nos une.

Tres grandes del fueye: Piazzolla-Troilo-Laurenz
                                           


  -Lo peor que le puede ocurrir a cualquier bandoneonista es ser tímido. Lo que nosotros los músicos decimos tocar para adentro. Eso no sirve. No hay que tener miedo. Si uno se equivoca se va a escuchar, pero también se va a escuchar y muy bien lo mejor que uno tiene adentro. Leopoldo Federico y yo tocamos fuerte, en cambio Troilo fue más bien intimista, lo que no significa tener miedo, él tenía una gran personalidad en el escenario.

No se me ocurre nada mejor para acompañar estas reflexiones de Piazzolla, que traer a Aníbal Troilo y su cuarteto con Grela, tocando este tango mencionado de Juan Carlos Cobián, con versos de Pascual Contursi: El motivo. Lo canta Alberto Marino. Y cómo casualmente en la mañana del 13 de agosto de 1970,  se levantaron medio colos y se fueron los dos, Ástor y el Gordo a grabar al bardo dos temas, yo vuelvo a con esa interpretación que hacen entre esos dos grosos fueyes, a la parrilla, de El motivo.

El Motivo- Troilo-Grela- Marino 


El Motivo - Troilo-Piazzolla -Dúo 

 

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sábado, 6 de junio de 2015

BIEN MILONGA

Sabádo night, ya lo saben, milonga y fútbol. Fútbol y milonga no están reñidos, al ser pasiones populares, por eso tendremos un ojo en la Final de Europa entre el Barça y la Juve, y las piernas y el cuore en la milonga, porque, además, antes -a las 20 hs-tenemos clases. Un sábado más, que diría Chico Novarro, pero a tutiplén, con el agregado del calorcito veraniego que ha llegado a Madrid. Y si gana el Barça y con baile diremos que fue "Flor de milonga".

La Casa de Aragón tiene además los elementos que nos ayudan a pasarla fenómeno. Restaurante-Bar-Pantalla de TV- Salón de baile y una hermosa terraza con vista a la Fuente de los Delfines, en la Plaza República Argentina. La completa. Realizamos las clases de 20 a 21 hs -previa inscripción-, y luego la milonga de 21 a 0.30 horas. Los Martes milongueamos  de 21 a 24 hs.

                                     


Hoy día, el tango ha conquistado el mundo entero. Y ver bailar a gente de distintas culturas y generaciones tan bien, nos sorprende incluso a los milongueros de largo recorrido. La difusión del tango, las giras de orquestas y cantantes, la presencia de maestros en clases y festivales all'uso, ha calado hondamente en bailarines de procedencias tan diversas, y permanemente emergen parejas que alcanzan la categoría de profesionales con toda justicia.

Como ejemplo de lo que estoy relatando, los invito a ver nuevamente a la pareja integrada por el italiano Fausto Carpino y la francesita Stephanie Fesneau. En este caso lo hacen con Te aconsejo que me olvides, de Maffia y Curi, por la Orquesta de Aníbal Troilo, cantando Fiorentino.


                                              


Vamos cambiando de aire y de países y en este caso los vemos a Mila Vigdorova y Özgür Karahan, bailando con Juan D'arienzo y la voz de Alberto Echagüe, el tango de Iriarte y Navarrine: Trago Amargo.

                               


Y vamos subiendo la cuesta, que arriba la noche se viste de fiesta, como escribió Leopoldo Díaz Vélez... Para cerrar las felices exhibiciones, desfilan nuestros estimados Gustavo Naveira y Giselle Anne, con el Valsecito de antes, de Sureda y Manzi,  por Juan D'Arienzo y su orquesta.

                  


                                   






jueves, 4 de junio de 2015

Mi refugio

Hoy me desperté con este tangazo en el bocho, y lo llevo escuchando en numerosas versiones, de orquestas y cantores. Mejor dicho del cantor máximo: Carlos Gardel. En la milonga lo pongo seguido por Carlos Di Sarli, que lo grabó en dos oportunidades con su conjunto, en 1941 y 1950. La letra de este tango es de Pedro Numa Córdoba y pareciera ser un vaticinio sobre la futura vida del play boy Juan Carlos Cobián, que no se corresponde con lo que sería la interminable aventura cotidiana del gran músico bahiense.

El tango en cuestión fue creado a finales de 1921 y la primera orquesta en grabarlo sería la de Osvaldo Fresedo. Gardel la registró dos años más tarde con los negros José Ricardo y Guillermo Barbieri en las guitarras. Posteriormente lo irán llevando al disco Adolfo Carabelli con la voz de Alberto Gómez, Ástor Piazzolla y su recordado Octeto Buenos Aires, Horacio Salgán, Aníbal Troilo, La orquesta Típica Corrientes, Atilio Stampone, Pablo Mainetti con su quinteto, Troilo-Grela, Alfredo de Angelis y varios más.

                                             


Numa Córdoba decía en estos versos, algo aplicable al supuesto final de la vida alegre y creadora de Cobián. De todos modos la música del tango fue más venturosa que la letra.

Ya se acabó de la farra el dulce encanto,
con que embriagué mi juventud,
aquellas locas correrías
ya se acabaron para nunca más volver.
No soy aquel mocito alegre
que todo a risa lo tomó...

Pero en realidad Cobián siguió con sus hábitos de gourmet, noctámbulo y correrías, emparejadas con su enorme capacidad para crear melodías imperecederas que están retenidas en nuestros oídos para simpre. Uno piensa en Nostalgias de inmediato, pero la lista es larga y difícil de empardar: Niebla del Riachuelo, Rubí, A pan y agua, Shusheta, Los mareados, Salomé, La casita de mis viejos, Pico de oro, El cantor de Buenos Aires, Piropos, Almita herida, Carnavales de mi vida, El motivo, Dolor milonguero, Es preciso que te vayas, Mujer, Snobismo, é anche piú...

                                   
Juan Carlos Cobián en 1943


Y como hoy arranqué con Mi Refugio voy a terminar con este tango. Por eso lo traigo cantado por Carlos Gardel y a continuación la versión de Carlos Di Sarli de 1941, rapidito y milonguero. Y como regalo de este día feriado, va una grabación radial súper especial.

Se trata de un homenaje que le hicieron (Evocación a Juan Carlos Cobián), y en el cual, el actor Pedro Maratea recita unos versos de Cátulo Castillo titulado: Romance para Juan Carlos, dedicado a Cobián. Y a continuación se juntan para el recuerdo: Horacio Salgán, Aníbal Troilo, Enrique Mario Francini, Kicho Díaz y Roberto Grela y se mandan una improvisación sobre Mi refugio.

Maravilla.

13- Carlos Gardel y guitarras - Mi refugio

05- Mi refugio - Orquesta Carlos Di Sarli.

01- Evocación a Juan Carlos Cobián



miércoles, 3 de junio de 2015

Una vez

Las letras de tango reflejan el desamor, tan frecuente en las vidas de gente que conocemos, amigos, artistas, hombres y mujeres públicas, parejas que parecían soldadas ante la desventura de los tiempos y las sombras de nostalgia y tristeza que se desprenden de tales rupturas amorosas que se nos antojaban enamoradas para siempre.

Los hermosos versos que ideó José María Contursi en la parva de tangos que le dedicó a la lejana Grisel, son toda una antología del género. Y no se le agotaba la imaginación al Catunga que siempre se sacaba otro poema para recordarla con tristeza y dolor. Pero, además, se superaba constantemente y era uno mejor que el anterior y así sucesivamente. Páginas eternas que no mueren nunca y envejecen como los buenos licores, porque se trata de historias universales maravillosamente  descriptas.

                                                      
Homero Expósito tuvo un amor juvenil en Zárate, que se cortó abruptamente, y como lo contaba su hermano Virgilio, nunca pudo superar aquel romance frustrado. No hay más que detenerse en Naranjo en flor para comprenderlo. Tremendo el recuerdo.

¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho
para dejarme en el pecho
tanto dolor?

Y lo mismo sucede en la narración de Yuyo verde, otro hermosísimo tango que musicalizó Domingo Federico:

¿Dónde estás?...¿Dónde estás?...
¿Adónde te has ido?...
¿Dónde están las plumas de mi nido,
la emoción de haber vivido
y aquel cariño?... 

                                                   

                                               


 Homero Manzi no se queda atrás. Poeta enamorado de la vida y del amor, dejó páginas maravillosas en este sentido. La letra de Ninguna, por ejemplo, es tremenda por el dolor que refleja en la pérdida y con la cual Raúl Fernández Siro ideó la música.

Es tan triste vivir entre recuerdos...
Cansa tanto escuchar ese rumor
de la lluvia sutil que llora el tiempo
sobre aquello que quiso el corazón. 


Los versos de Le Pera, algunos de Discépolo relativos al dolor del desamor, son clásicos del género y ejmplares en su construcción. Cátulo Castillo en su tango Desencuentro, suelta un latigazo poético tremendo, cuando pinta la frustración de la traición en el amor.

Quisiste con ternura, y el amor
te devoró de atrás hasta el riñón.

Qué fuerza tienen estas estrofas. Qué manera de relatar las vicisitudes de los romances pasionales. Podría seguir describiendo muchos más, pero hoy me emberretiné con este tango que el mismo Cátulo compuso con Osvaldo Pugliese y que nombro en el título de la nota: Una vez.

                                         


Lo grabó magistralmente Pugliese con Alberto Morán en los cantables, en esa media voz que colocaba al principio el Flaco, en el tipo de letras que forjarían su fama y poblarían el repertorio de este cantor. Muy buena versión que enriquece los versos de Cátulo y la música de Don Osvaldo. Mirá la discepoleana que  se manda acá Cátulo:

un mal querer me hizo así,
gané en el perder, ya no creí.

Me encanta este tango y la melancolía que emana de él al escucharlo. Curiosamente, Osmar Maderna con su orquesta y el cantor Pedro Dátila, lo grabó una semana antes que Pugliese, el 31 de octubre de 1946. Osvaldo Pugliese con Morán lo hizo el 8 de noviembre del mismo año. Y les traigo ambas versiones para que saboreen y comparen, porque Maderna también apuntaba alto.

Una vez - Osmar Maderna-Pedro Dátila

Una vez - Osvaldo Pugliese-Alberto Morán