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domingo, 10 de enero de 2021

Cuando el tango cambió de ritmo

Del 2x4 al 4x8

Mucho se ha acusado a Piazzolla de haber desnaturalizado el tango. Suponemos que lo mismo habrá ocurrido cuando Mendizábal estrenó “El entrerriano”(1897). O cuando surgió el sexteto de Julio De Caro (1923). Pero,más allá de ello, lo cierto es que el tango es un género musical que ha estado en constante evolución.

La modificación más radical que debió sufrir fue cuando, en algún momento de la década de 1910, pasó del ritmo de corchea con puntillo-semicorchea-dos corcheas (generalmente escrito en dos por cuatro) al de cuatro corcheas (que suele escribirse en cuatro por ocho). A lo cual se le sumó una desaceleración que venía,además, a alterar el tempo (velocidad).

 

 Arolas con Roccatagliata y Firpo

La primera vez que escribimos sobre el tema fue en 1985, en una comunicación de la Academia Porteña del Lunfardo. A pesar del paso de los años, la falta de documentación no nos ha permitido arribar a conclusiones definitivas. De todos modos, no está de más volver sobre el asunto. Resulta arduo establecer en qué momento se le imprimió al tango el Nuevo ritmo. De todos modos, hay algunos hechos sugerentes. Digamos, pues, que hacia 1917 Eduardo Arolas llevaba al disco su tango “La guitarrita”, grabación en la que se oye tal ritmo. 

De allí podríamos inferir que ese compás fue concebido por su autor en 1913, aunque el armonizador que lo llevó al pentagrama haya escrito para la mano izquierda el viejo ritmo. En 1916, Roberto Firpo al frente de su cuareteto lleva por primera vez al disco La cumparsita. En esa grabación ya se interpretaba el acompamiento de cuatro corcheas. En consecuencia, podría suponerse que el cambio pudo haber sido creado porArolas o Firpo. Pero hay más aún por decir.

Un año antes, en 1915, Agustín Bardi componía “Tinta verde”: Si observamos su partitura, advertiremos que en la armadura dice dos por cuatro, pero al dirigir la vista al pentagrama en clave de Fa, veremos que está escrito, indudablemente, en compases de cuatro corcheas. Entonces,  ¿el cambio fue producido por Bardi..?

Todo puede resultar más complejo aún, Veamos. En 1913, cuando la orquesta det violoncellista Carlos Marchal interpretó los tangos del concurso organizado por el barón Antonio De Marchi en el Palace Théatre, hizo decir, al dia siguiente, a un cronista del diario “Critica” ("El concurso tanguero en el Palace Théatre anoche”, 24:1X-1913): “En cuanto a tas composiciones musicales ejecutadas anoche, ninguna se ajusta al estilo clásico del verdadero tango. Todas ellas tienen compás de habanera./ El tango fue tango pero nunca habanera”.

¿Qué queria significar el cronista? Qué el tango se habia interpretado más lentamente? Qué, además se le otorgaba el nuevo ritmo? Es probable. Nuestra danza venía de triunfar en Paris y aquel cronista seguía diciendo al respecto que de lo antedicho “se deduce que, el ambiente europeo con que está impregnado el tango, lo ha devuelto a la patria con otro acento y otra indumentaria”.

                                      

"El tango en París"- Raúl Soldi 1963

¿Interpretaría aquella orquesta de 1913 el tango ya con el nuevo ritmo? ¿Habrá sido en París donde comenzó  a modificarse el ritmo tradicional? Podría ser... Quizá todo tenga que ver con otra
modificación, la obrada por los jóvenes de la sociedad porteña que lo bailaron, por entonces, en la capital francesa, como Ricardo Güiraldes, Daniel Videla Dorna, Vicente Madero y otros. Al respecto, resulta interesante el siguiente párrafo de José Gobello ("Bailarín'e tranco largo”, en Precisiones, 26-VII-1979):

-¿Cómo bailaba Vicente Madero?, preguntamos a su hija Mali. 

No con firuletes, no -se apresura a responder- Era un tango caminado. Recuerdo que me decía cuando me enseñaba a bailar: Tenés que tranquear largo. eso era bailar elegante, fino, aristocrático”. 

Y aclara el autor del artículo: "ellos tomaron el tango de los pies de los compadritos, lo adecentaron, lo refinaron, lo convirtieron en un rito casi litúrgico".

 Y nos preguntamos: ¿No era, pues, preciso que el ritmo se adecuara a ese tango caminado? No sería demasiado arriesgado inferir, entonces, que, a causa de tal innovación en la danza del tango, los músicos que lo interpretaban en París se hubieran propuesto limar asperezas en su ritmo, es decir, reemplazar la corchea con puntillo y la semicorchea de la primera mitad del compás por dos corcheas.

Con ese nuevo ritmo, probablemente, haya hecho oir el tango Marchal en el Palace Théatre. Pero, ya sin dudas, con ese ritmo tocaron,  a partir del 17, Arolas, Firpo, Canaro, Berto y siguió  haciéndolo toda la tanguería posterior.

Roberto Selles

viernes, 8 de enero de 2021

Los recuerdos del Polaco

 Los comienzos

   Empecé a cantar en la orquesta de Raúl Kaplún. Hacía tres salidas y luego me metía en una pieza con una gaseosa y un sánguche. Al finalizar, el mismo Kaplún me acompañaba al tranvía, hasta el Correo Central, y en Saavedra me esperaba mi mamá. Después de Kaplún, ella murió. Yo no quería cantar más.

                              


Homero Expósito

   Fue el genio que le faltó al mundo. Era un hombre que hablaba con comas y puntos y decía cosas entendibles, por ejemplo, cuando escribe: "Era más blanda que el agua, que el agua blanda", ¿acaso no existe el agua dura?. El hielo es agua dura. Y me hizo Afiches, Naranjo en flor, Chau no va más.

Homero es una barbaridad cuando dice: "Te arreglas el dolor después de sollozar". O "tú compras el carmín y el pote de rubor que tiembla en tus mejillas / y ojeras con verdín para llenar de amor tu máscara de arcilla". ¡Qué hijo de puta! ¡Dios te bendiga Homero querido! No, no, mirá, se me paran los pelos. Cuando dijo: "tu forma de partir nos dio la sensación de un arco de violín clavado en un gorrión".

En Óyeme no faltó quien le preguntara qué era eso. ¡Qué analfabeto! Explicó que se había muerto un amigo suyo (se refiere a Horacio Francini, hermano de Enrique, fallecido a los 21 años) que había estado un rato antes con él. "Murió un amigo mío -dijo- y tuve ganas de comerme un colectivo". Mirá lo que escribió. Destacámelo: "Quiero que desde el cielo se acuerde de mí"

Horacio Salgán

   Estuve nueve años, comencé por el 49, Salgán es el genio del piano. De lo que hace él, nadie. Porque vos hablás de que fulano es buen pianista, buena persona, pero como Salgán, cuidado. Es el inventor. Yo era en la orquesta un instrumento más. Eso se percibe poco a poco en las grabaciones porque antes se grababa derecho, todos juntos, ahora graba la orquesta y se va, el cantor lo hace después.

   Con Salgán fue mi perfeccionamiento, cantar con él no te creas que es fácil, es muy difícil, hace un ¡tan! y tenés que entrar justo ahí. No es como el gordo Pichuco que entrabas donde querías y te empujaba, te pateaba. Después de haber cantado con el Gordo y Salgán no querés más. Canté con Federico, con Baffa, con Berlingieri, con Pontier, con Stampone, ¡qué querés de mi vida!

Astor Piazzolla

   Hay gente que dice que Piazzolla es raro y Piazzolla es perfectamente entendible, al que no le guste que se embrome, viejo...

 

Pichuco

   Una vez le dijeron a Pichuco por qué no iba a Japón y contestó que para qué iba a ir si allá no conocía a nadie. ¿Viste alguna película del gordo Pichuco? La cuna de genio se le nota hasta en la manera de sentarse. Él se desabrochaba el saco, se sentaba, si venía una dama se levantaba, se abrochaba el saco, eso es un señorito nato, eso es enseñar a vivir, a respetar, a querer. El orgullo mío es haberme formado con esa gente. Barquina, Barquinazo venía todos los días al cabaret; yo le canté Barquina cantor de mi barrio.

La noche 

   Parece un pozo de sombras la noche... De la noche podría hablar mucho, pero del día no. A mí el sol me hace mal, yo soy amigo de la luna. La noche te enseña qué es lo bueno. Vos estás a mitad de cuadra y la noche te indica: agarrá para el lado bueno que vas a andar derecho, respetá al amigo grande que es el que te va a aconsejar bien. Hay gente que cree que fulano o mengano son atorrantes porque salen de noche. ¡Pero sale porque no tiene sueño! Hay que tener patente para ser atorrante, hay que hacerse amigo de la noche, que ella te cobije.

El amor al tango

   Yo hice de todo, viejo, trabajé de colectivero, en el taxímetro, en los camiones, en los micros. Pero mi pensamiento fue siempre cantar tangos. Si yo no hubiese cantado tangos, me hubiese gustado cantar tangos. Lo tomé con cariño porque amo al tango. Y mirá qué pedante soy, yo creo que el tango me quiere a mí. ¿Sabés por qué? Porque en algunos tangos me dice despacito: "gracias". Ahora, en otros, me pega patadas...

(De "Ángeles trotamundos": libro de Jorge Boccanera -.Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos)

miércoles, 6 de enero de 2021

Fiesta y milonga

 En estos momentos pandémicos que estamos viviendo, lejos de nuestros lugares de encuentro, de los amigos, del café, de la charla, del cine y especialmente de la milonga que nos depara una satisfacción íntima, desbordante, acudimos una y otra vez a las fuentes para vivificarnos con la música. Esa que nos iluminó con su fosforescencia desde niños, nos entibió los días invernales desde la radio y nos ahormó en la milonga. En esa fiesta popular que se ha ido desparramando por el mundo con su sortilegio y la escenografía que es todo un trampolín para la imaginación, los sentimientos y para el cuore milonguero.. 

Hay muchos tangos, milongas y valsecitos dedicados a esa fiesta popular que iluminó Buenos Aires en los años cuarenta y cincuenta, donde tantos clubes de barrio y confiterías céntricas le abrieron sus puertas a las parejas endomingadas para disfrutar las dimensiones emocionales y sensoriales de esta danza porteña y huir de las tinieblas de la vida cotidiana. Ese, si se quiere, pequeño ritual, es todo un trampolín para la imaginación. Incluso en los preparativos, por su vitalidad  fugaz y hedonista. 

                                   

 

Eladia Blázquez, entrañable poeta que supo trasladar al papel, e incluso a las partituras, tantas cosas reales de nuestras vidas diarias con un trabajado concepto estético, también rescató los rituales que formaron y forman parte del acervo porteño. Con la lucidez de su imaginación y como referencial del género que ha sido, nos lleva de paseo con el lenguaje que florea el pentagrama. Reverberancias de esa fiesta popular que tanto estamos extrañando.  

Milonga y tango,
Tango y milonga de mi ciudad.
Estoy de fiesta
Y en mí la orquesta sonando está.
Me bamboleo
Al balanceo de su compás,
Milonga y tango,
Tango y milonga de mi ciudad.

Y el resonar de sus sones
Va diciendo por el aire:
¡Para tener ciertos dones
Hay que ser de Buenos Aires!
Hay que sentir en las venas la magia
De su latido febril,
Y conocer la nostalgia
Al estar lejos de aquí.

Milonga y tango,
Tango y milonga de mi ciudad.
Estoy de fiesta
Y en mí la orquesta sonando está.
Me bamboleo
Al balanceo de su compás,
Milonga y tango,
Tango y milonga de mi ciudad.

Cuando aparecen los duendes
Misteriosos de la noche,
Mi Buenos Aires se prende
En el alma como un broche...
Entonces flotan los ecos de un aire,
Sentimental y burlón,
Y hay un dolor Buenos Aires
Y un olor a bandoneón.

Milonga y tango,
Tango y milonga de mi ciudad.
Estoy de fiesta
Y en mí la orquesta sonando está.
Me bamboleo
Al balanceo de su compás,
Milonga y tango,
Tango y milonga de mi ciudad. 

Podemos escucharla a la propia Eladia cantando este tema tan llegador...

                                  




domingo, 3 de enero de 2021

GARDELIANAS

                                        

                                              Peina leones, bananeros,
                                              brócolis y rastrillos
                                              te pisaron el espejo,
                                              el arpa de los huérfanos
                                              y mandaron al frente
                                              al fantasma insepulto
                                              de algún cantor suicida
                                              y parapsicológico
                                              que aterrizó en tu hambre sin salida,
                                              despiadada orfandad 
                                              rodando en el Abasto
                                              entre la potentada podredumbre
                                              de bufarrones, gratas y vencidos.

                                              ¿Quién sabe qué dialéctica
                                              de matemática y locura
                                              te eligió para el juego
                                              de juglar penetrante,
                                              testigo presencial y alucinado
                                              de la quemante espuma
                                              miserable, profunda,
                                              musa fatal,
                                              testimonio de cargo
                                              tenebroso y secreto
                                              que en tu voz
                                              impulsada
                                              por sangre zodiacal,
                                              elevó su estatura
                                              a dimensiones filosóficas
                                              de un porteñismo vertical
                                              y metafísico;
                                              el potencial y turbio
                                              que ha tocado a su fin
                                              en este fin de siglo
                                              de gardelismo agonizante.

                                                   Juan Carlos Lamadrid (Año 1980)
                  

sábado, 2 de enero de 2021

Aquellos que se fueron

                    
                                      Los sueños que alenté y en música forjé.
                                      De otros lo aprendí y están latiendo en mí.
                                      Los ecos imborrables de sus sones…

                                      Aquellos que se fueron… pero están…
                                      tocando en algún cielo, sin zaguán…
                                      No sé qué sortilegio ni qué magia
                                      me devuelven cada día
                                     ¡con un poco de nostalgia!…
                                     
                                      Aquellos que me traen desde el confín,
                                      como un olor a tango y a jazmín…
                                      Aquellos que encendieron el destello
                                      de lo bello que me dieron y me dan
                                      los sueños que por siempre vivirán…

                                      Aquellos que me nutren… ¡Mis maestros!
                                      Me regalan siempre un resto de su pan
                                      aquellos que se fueron… ¡pero están!…

                                                             Eladia Blázquez

 

viernes, 1 de enero de 2021

Barrio Once

                                  

                               Para vos, barrio Once, este verso emotivo
                               con un cacho grandote de cielo de rayuela.
                               Yo soy aquel muchacho, el fullback de Sportivo
                               Glorias a Jorge Newbery, que alborotó la escuela.

                               Yo soy aquel que al rango no erraba culadera,
                               que hizo formidables proezas de biyarda.
                               Rompedor de faroles con mi vieja gomera,
                               tuve dos enemigos: los botones y el guarda.

                               Y, los bolsillos bolsas de bochones y miga,
                               llené toda la calle de repes y de chante.
                               ¡Mi bolita lechera!... ¿Dónde andarás amiga?
                               ¡Y aquellas mil colores, cachusa y atorrante!

                               Se fueron con el viejo pepino corralero
                               el terror de los trompos, mi troyero baqueano.
                               Partía las cascarrias con su púa de acero
                               y a las chicas del barrio les zumbaba en la mano.

                               Se fueron con los cinco carozos de damasco
                               de mi ainenti querido... ¡Payanita primera!
                               Si te habremos jugado con el grone y el vasco
                               y con Casimba, el hijo de la bicicletera.

                               Barrio mío, donde garabatié con tiza
                               robada del colegio: ¡Yo la quiero a Adelita!
                               ¡Abajo el Cachirulo! ¡Boicot al Patalisa!
                               El que lee esto es un... Toto afila con Lita.

                               Barrio mío, donde quedara abandonado
                               el simbólico tejo diezañero y querido,
                               hoy -que en esta quiniela del vivir voy sobrado-
                               tu recuerdo me abuena como un verso sentido.

                               Tu recuerdo es el gol que me da la victoria...
                               Porque he jugado mucho, miro claro la vida...
                               Barrio mío, en tus calles está toda mi historia.
                               Es un piedra-libre y una gata-parida.

                                                  Carlos de la Púa