La figura quijotesca de Juan de Dios Filiberto representó el espíritu fraternal de la Boca. Esmirriado, de andar compadre, aliquebrado el sombrero, moño caído de poeta finisecular, poseído por un yo fuerte y malhumorado, sus excesos se veían compensados por la entrega a causas comprometidas. Su sentido de la amistad y esa lealtad oscura a las causas anarquistas que implantaron los inmigrantes del barrio.
Ellos lo volcaron al gremialismo en defensa de los intereses de músicos. Así como peleó en la huelga de los astilleros, lo hizo con los derechos autorales y estuvo en la fundación de una Sociedad de Autores Nacionales que luego sería SADAIC, donde consta que fue el socio fundador nº 36. Siempre quiso aprender más y fue integrante de la famosa tertulia del artista plástico Hebecquer, de la calle Monasterio.
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| Juan de Dios Filiberto |
A ella concurría gente como González Castillo, Riganelli, González Pacheco, Quinquela Martín, Fortunato Lacámera, Florencio Sánchez, Armando Discépolo y su hermano Enrique. Allí trenzaría una amistad especial con Enrique Santos, y de esa amistad nacería el tango "Malevaje" que tendría una gran repercusión popular y se instalaría en el cuore de los porteños.
Filiberto había compuesto esa música, Discépolo se llevó el monstruo y pese a su intenso esfuerzo, no le encontraba la vuelta y no lograba ensamblarlo con la música. Julián Centeya me contaba las vueltas que había dado para encontrar ese "dao", en "Decí por Dios que me has dao...". El ritmo un tanto marcial de la música chocaba con el fraseo que el poeta buscaba y eso los llevó a ásperas desintonías.
Ambos fueron cediendo poco a poco, pero la fecha de entrega se dilataba y Azucena Maizani debía estrenarlo en el Teatro Maipo, dentro de la revista musical "Fiesta del Tango".
El 21 de septiembre de 1928, la cantante y Discepolín fueron a la casa del músico a exigirle la partitura definitiva, pero la casa estaba cerrada. Filiberto iba con su armonium portátil, festejando el "Día de la Primavera", con toda la gente del barrio desfilando por la calles boquenses. Al llegar la caravana a la puerta del domicilio de Filiberto, se agolparon al reconocer al ilustre dúo.
Y se produjo un hecho histórico: Al subir, "La Ñata Gaucha", tuvo que abrir los ventanales y fue aclamada por la multitud. Los faros de los automóviles iluminaron el improvisado escenario, como en una película de Hollywood. Y presa de una gran emoción, Azucena, sin micrófono y acompañada por Filiberto, desde el balcón estrenó improvisadamente Malevaje, mientras se abrían las ventanas vecinas.
Fue una noche inolvidable y la mejor manera de entrar en el reconocimiento popular. Ese mismo año lo grabaron la Maizani y Corsini y un año más tarde lo haría Gardel. Filiberto sostenía que por sobre todas las cosas, sus creaciones debían tener sentimiento. Y es evidente que lo tenían y, debido a ello, su obra ha superado el paso del tiempo, como es el caso de este tango.
El destino me acercó a Filiberto fortuitamente. Para una fecha patria ensayamos los del Colegio Nacional Pueyrredón junto al Otto Krause, durante dos meses coralmente: El pañuelito y Clavel del aire. El día indicado Filiberto dirigió la Orquesta Porteña y hasta Juan Domingo Perón en primera fila cantó íntegramente los dos temas junto a nosotros a la manera Filibertiana: ese estilo lento, con cierta ingenua y dulzona languidez.
Cubría su calva trasladando una guedeja de pelo de una oreja a la otra, de luengas patillas, cuerpo enjuto y nervioso. El vademécum de este músico perfeccionista al extremo, se enriquece con tangos como Yo te bendigo, Cuando llora la milonga, Ladrillo, Amigazo, Botines viejos, Linyera y una extensa lista que incluye valses, zambas, gatos, canciones, rancheras y hasta un shimmy que le grabó Gardel.
Ese shimmy lo firmó como Oscar de Ramenti (revés de Mentira), pues consideraba una traición firmar música extranjera. Gardel le grabó 16 temas suyos. Dirigió la Orquesta Porteña con inclusión de flauta, clarinete y armonio. Intervino en la película Tango, tocó en las playas de Mar del Plata junto a Quinquela, con su armonium y en Universidades acompañó a González Tuñón que lo llamaba cariñosamente San Juan de Dios.
(Podemos verlo en la película "Tango", dirigiendo su orquesta en la interpretación del tango "Malevaje", en 1933.)
(Y también la versión de Roberto Goyeneche, acompañado por la orquesta de Raúl Garello. Grabado el 5 de septiembre de 1977. )

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