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domingo, 22 de noviembre de 2020

Tormenta

   Los tangos de Enrique Santos Discépolo, inevitablemente, nos hacen pensar. Ya sean dramáticos, de fracaso amoroso, cómicos, de miradas personales sobre el cafetín, e incluso de misticismo. En todos ellos vibra la llama de su espíritu comprometido con sus coetáneos, con sus amigos, el mundo que lo rodea, la injusticia que detecta permanentemente. Huérfano de padre y madre a los 8 años de edad, su vida está dominada por la tristeza que lo envuelve tempranamente.

                              


   El tango fue el campo magnético que lo atrapa y en el cual vuelca toda su angustia existencial, su propia naturaleza de explorador de emociones y sus dotes para sintetizarlas en unos versos reveladores. Es cierto que también supo desarrollar sus dotes de autor y actor, tanto en el cine como en el teatro y allí , incluso,  volcó su capacidad de observación de la vida y los acontecimientos diarios 

   Por ejemplo, cuando realiza la obra teatral Caramelos surtidos, en dos cuadros, los críticos señalaron  que era "un tango de Discépolo en dos cuadros". Las crisis que vive el país, el hambre de los desposeídos, las guerras interminables... El poeta se encarnó en todos ellos y lo fue reflejando a lo largo de sus distintos campos de actuación, poeta, director, músico improvisado, actor, guionista. Es cierto que a veces su pesimismo agudiza la percepción de los oprimidos, pero ello no desmiente el realismo de su creación.

                                      

   En 1939, creó los versos y música de este tango: Tormenta. En Argentina, dominada por los conservadores se conoció esta etapa como La década infame. Se inició la Segunda y devastadora Guerra Mundial y las cosas se agravaron en la Argentina, acusada de simpatía con el gobierno nazi por la alianza comandada por Estados Unidos. En ese contexto deprimente Discépolo sumido en un trance religioso escribe: 

¡Aullando entre relámpagos,
... perdido en la tormenta
de mi noche interminable, ¡Dios!
busco tu nombre!...
¡No quiero que tu rayo
me enceguezca entre el horror,
porque preciso luz
para seguir!...
¿Lo que aprendí de tu mano
no sirve para vivir?
Yo siento que mi fe se tambalea,
que la gente mala vive ¡Dios!
mejor que yo...

   Es evidente que el realismo, la pincelada de Discépolo caló hondo en el pueblo y por eso sus tangos, su obra, permanece en el candelero. Incluso muchos de sus temas han dado la vuelta al mundo. La opresión, la explotación del ser humano, la insatisfacción, están presentes en muchos de ellos. Y en el título de éste,  ya está mostrando la gran sombra que se extiende sobre el mundo. Filosofa sobre ese Dios que los humanos tienen como creador y redentor, su gran esperanza pero que no puede detener la mano destructora del hombre y entonces razona sobre su poder terrenal. 

¡Si la vida es el infierno
y el honrao vive entre lágrimas!
¿Cuál es el bien?
Del que lucha en nombre tuyo
limpio, puro, ¿para qué?
Si hoy la infamia del sendero
y el amor mata en tu nombre, Dios,
lo que has besao...
El seguirte es dar ventaja
y el amarte sucumbir, al mal.

  Está claro que tampoco él tiene respuestas absolutas, son sus tremendas dudas ante la masacre de los pueblos, la ignominia de los gobernantes, la infinita pobreza de los desamparados.  Y que en toda su obra  demuestra una profunda solidaridad y empatía con todos los que sufren, el naufragio, la deriva colectiva, el desconsuelo perpetuo. Su calvario emocional lo lleva a la confesión, al pedido clemente a ese Dios en el que no ha dejado de creer. Y en un final de gran intensidad vital, ruega:

No quiero abandonarte, yo
Demuestra una vez sola
que el traidor no vive impune, ¡Dios!
para besarte...
Enséñame una flor que haya nacido
del esfuerzo de seguirte, ¡Dios!
para no odiar...
Al mundo que me desprecia
porque no aprendo a robar...
Y entonces de rodillas
hecho sangre en los guijarros
moriré con vos,
¡feliz, Señor!

Podemos escuchar la versión de Carlos Di Sarli con su cantor Mario Pomar, grabado el 8 de septiembre de 1954.

                                           

También esta versión en vivo de Virginia Luque






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