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viernes, 27 de abril de 2018

Goyeneche y el tango vuelven de París

Esta nota fue publicada en la revista argentina SOMOS, en diciembre de 1984. Y como tiene mucho interés, por todo lo que representaron Tango argentino y el mismo Polaco Goyeneche, pienso que vale la pena reproducirla en el blog.


Fue el miércoles a la tarde de la semana pasada. El cronista de SOMOS llegó hasta una sala de grabación de la calle Hipólito Yrigoyen. Del otro lado del vidrio que separa el control del estudio, Carlos Franzetti dirigía a 38 músicos que ejecutaban 'Los mareados'. De este lado,del mismo vidrio, apoyado sobre la consola, entre el técnico de sonido y el productor del álbum, Roberto Goyeneche —pantalón de gimnasia y una remera con la inscripción "Oh la la París"— se exaltaba y gritaba para nadie: "No, viejo, esto es mucho, escuchá, escuchá: ma'que la Sinfónica de Nueva York ni de Berlín, ésta es la Sinfónica del Cielo, escuchá. Voy a tener que grabar tirado en un catre. Tengo noventa longplays grabados, pero éste, para mí, es el primero". El cronista de SOMOS, desconcertado, buscó la explicación de Mochín Marafioti, representante de Goyeneche, dueño de Caño 14 y productor de este LP que "va a salir en abril y que seguramente se llame París 1984. Porque después de lo de Europa El Polaco nació de vuelta", y Marafioti quiso seguir contando, pero otra vez la voz de Goyeneche: "No, no, esto es mucho. Mi vieja tenía razón: los caballos no comen bombones".


"Lo de Europa", como lo llama Marafioti, no es otra cosa que la gira del grupo Tango Argentino, que encabezó Roberto Goyeneche y que salió de Buenos Aires el 8 de setiembre y debutó el 14 en el teatro Châtelet,de París, que durante 28 días sostuvo en su boletería el cartel de "'No hay más localidades''. El grupo Tango Argentino lo formaban Horacio Salgán,con De Lío y su orquesta, María Graña, Elba Berón y media docena de bailarines y, según cuenta Goyeneche, "rompimos todo, vendimos hasta los pasillos". Y no exagera, porque a los 2.800 franceses que llenaron el Châtelet —a 18 dólares la entrada— se sumaron los que quedaron afuera y presionaron hasta que se colocaron sillas en los pasillos. Y lo mismo pasó después, en el Teatro Nacional de Nimes, y en Grenoble, y en Lyon, y cuando dejó Francia y fue a Bari, Italia. Y el año que viene será Tokio, Los Ángeles y Nueva York.
 
Monsieur Le Polacó

Pero el éxito de Goyeneche en Europa hay que rastrearlo a partir de corresponsales y diarios como Le Monde, que no trepidó al decir: "Goyeneche, con todos los recursos de su bien cuidado profesionalismo, logra el milagro: fascina y nos recuerda a nuestra querida Piaf". O el diario Liberation, cuando asegura que "Roberto Goyeneche -silueta y voz patética-, capaz de sumir en la angustia a cualquiera con sólo cantarle la guía telefónica porteña y que petrifica a toda una sala cuando canta 'La última curda' ''.
Pero hay que rastrearlo por ahí. No se le puede preguntar esto a Goyeneche, porque como anticipa Marafioti: "El problema de hacerle un reportaje a El Polaco es que él no se da cuenta de que es Roberto Goyeneche''.
                  
                                   
"¿Y qué quieren? ¿Que hable de mi? —dice y parece enojarse—. Yo no sirvo para hablar de mí, de mí que hable Marafioti. Yo estoy para cantar, y nunca en mi vida tuve tantas ganas de cantar como ahora. Y ojo, eh, ojo, porque yo transpiro la camiseta los noventa minutos, y ojo, eh, ojo,porque ahí sí, arriba del escenario me la juego y si hay que ir a cara de perro voy a cara de perro y que me lo pongan a Frank Sinatra, a Tony Bennet, a Ella Fitzgerald, al que venga. Y cuando yo me juego hay que hamacarse, ojo, eh."
La charla se daba en el camarín de Michelangelo mientras Goyeneche se preparaba para salir a cantar, peinándose frente al espejo del que colgaba una cadenita con un camafeo que enmarca la foto de su madre y, al lado de un vaso vaciado, una esfinge chiquita de la Virgen de Notre Dame que, de a ratos. El Polaco besuquea intermitente y apasionado.
 
"Porque me hizo muchos milagros —cuenta y explica—. Estando en París vamos con Mochín a la catedral de Notre Dame. Entro, empiezo a recorrer, a mirar y me mando hasta el altar donde está la Virgen y entonces ahí me empieza a palpitar el corazón con tanta fuerza que le digo a Mochín: 'Sácame, Mochín, sácame de acá porque me muero, sácame'. Y claro, después me explicaron lo que me había pasado: se me estaba manifestando la Virgen, ahí, en ese momento. Desde entonces la tengo siempre conmigo. Y mire si será milagrosa,que me devolvió el smoking.
—¿Cómo? ¿Qué esmoquin?
—Claro; le cuento: llegamos a París, bajamos del avión, pasamos la aduana, vamos al hotel y resulta que cuando abrimos la valija mi smoking no estaba. Todo el mundo revolviendo todo y mi smoking no aparece. Yo ya lo daba por perdido, llega la hora de cenar, bajamos, salimos del hotel y ¡zas!: ahí, colgadito de un auto estacionado, mi smoking, solo, esperándome.

—¿Le gustó París?
—Sí, sí, muy lindo, muy lindo. Pero tenía dos problemas. Uno la comida: estuve dos meses comiendo sánguches, porque como no sabía el idioma no me entendían nada de lo que pedía así que tuve que conformarme con lo único que podía decir: sandwich. Y el otro, que era más grave todavía, era no saber cómo había salido Platense, así que todos los domingos a la noche tenía que ir hasta la oficina de Aerolíneas Argentinas y pedir que me averiguaran cómo había salido El Marrón. Y, viejo, nos jugábamos el descenso. Pero sí, me gustó París, lo que pasa es que lejos de Buenos Aires yo extraño mucho. Para mí Buenos Aires es todo, me dio todo lo que tengo: mi familia, mi música, mi nieta —que me tiene trastornado—, me dio a Pichuco que todavía hoy, cuando siento un bandoneón detrás de mí me parece que es el Gordo.
 
                                        


—¿Cómo llegó a Pichuco?
—De casualidad. Era un homenaje a Osmar Maderna, en el Café El Nacional. Yo estaba cantando con la orquesta de Salgan y entró él. Entonces la gente empezó: "Mira a Pichuco, ahí va Pichuco", y entonces yo me enojé y pedí silencio. Terminé de cantar y él me llamó y me dijo: "Quiero hablar con usted a ver si podemos arreglar algo". Pero a mí me pareció que me lo decía como para arreglar el bochinche que armó cuando entró. Pero no, me equivoqué, porque al poco tiempo me mandó a llamar de vuelta, me hizo una prueba y me dijo: "Nunca vi un cantor de tangos rubio, y menos que cante bien". Y me quedé con él hasta que un día me dijo: "Bueno, pibe, llegó la hora de que deje la orquesta". Yo no entendía nada. "Que pasa, Gordo —le pregunté—, ¿andan mal las cosas?". "No —me dijo—, lo que pasa es que usted está llamado a ganar mucha guita y yo no se la puedo pagar." Nos despedimos y lloramos como locos, pero él me dijo: "No se preocupe, va a llegar el día en que nos volvamos a cruzar y ya no va a ser Goyeneche en la orquesta de Troilo sino Troilo acompañando a Goyeneche". Y así fue.
—Claro que para entonces usted ya no trabajaba de colectivero.
—No, no, claro, eso ya había pasado. Eso fue en la época de Horacio Salgán, porque en esa época no se ganaba mucho, porque Salgán tocaba poco, hacía una o dos presentaciones por semana. ¿Y sabe por qué? Porque vivía en Gonnet, la loma del diablo, y no se podía venir todos los días para la Capital. Entonces trabajábamos poco y como acá (y se pasa las manos por el estómago) tenemos algo que se llama aparato digestivo y que si no lo llenamos con algo empieza a hacer un ruido que no te deja ni escuchar la orquesta, llegamos a la conclusión de que había que laburar de otra cosa. Y me metí en la línea 67, después estuve en otra, después trabajé con un taxi. Una linda época, sí. Me acuerdo que un día iba en el taxi y sube Ricardo Tanturi. Veníamos callados y por radio pasan un disco mío, entonces Tanturi dice: "Anda bien el pibe éste, ¿eh?" Yo me di vuelta y le dije: "Gracias". Y me acuerdo que Tanturi me miró sin comprender, como dice el tango, y entonces le aclaré: "Soy yo". "Pero viejo —me dijo—, ¿qué hace usted acá? No, usted tiene que largar esto, usted está para cantar."
 
                                      


—¿Y qué cantante es el que más le gusta? ¿Gardel?
—No (y mira para los costados como si fuese a confesar lo inconfesable); a mí me gusta Tony Bennet, viejo, Sinatra y Sara Vaughan en ese orden.
—¿Algún sueño?
—Sí —y se me dio— que Platense se salve del descenso, por favor.
Y SOMOS y Marafioti salen del camarín y Marafioti sigue contando a Goyeneche: "El Polaco es un chico. La otra vez me llama Antonio Carrizo y me dice que tiene una cena privada con Vittorio Gassman. Quería que fuera El Polaco para presentárselo a Gassman. Entonces agarro el teléfono y lo llamo a la casa, le explico y sabés qué me contesta: Che, Mochín, ¿te parece que hay que ir? ¿Sabes qué?: estoy viendo una película en el 2 que viene fenómeno y todavía no sé cuál es el asesino. Por eso te digo: El Polaco vive en su mundo, como un pibe".
Y Marafioti sonríe, se resigna y se va.
Sobre el escenario de Michelangelo, él, como siempre: el pañuelo en una mano, el micrófono temblándole en la otra, un pie a los golpes como para reconocer el piso y la lengua humedeciéndole los labios entre verso y verso de Malena. Desde la platea alguien grita: "Mucho Polaco", y Goyeneche se pasa el pañuelo, desde la nuca hasta la boca "Y en cada verso pone su corazón".
 

Daniel Ares


"El tango, el Polaco y yo"
A Antonio Carrizo basta nombrarle el tango y Goyeneche para que se active y después no hay más que dejarlo hablar: "el fenómeno no es el resurgir del tango en Europa. El fenómeno fue su ausencia, es decir, la desaparición del tango después de la segunda guerra. Con la guerra el gran tango desaparece de Europa y entonces los europeos, los franceses fundamentalmente, saltan de Gardel a Piazzolla. Porque después de la guerra ya no va nadie a llevar el tango a Europa. ¿Por qué? Porque por un lado en Francia irrumpe el existencialismo y entonces es la era de la balada, la Francia de Chevalier, de Gilbert Becaud, de Edith Piaf, después vendrá George Brassens. Y por otro lado, en la Argentina, se da el florecimiento de la cosa paisajista, es como que empezamos a mirar más hacia adentro: surgen Juan L. Ortiz, Horacio Rega Molina, María Elena Walsh y, junto a ellos, el tango que entra en su mejor momento con Aníbal Troilo a la cabeza, y Osvaldo Fresedo, y Cátulo Castillo, y Homero Manzi, y Expósito.
Y después el tango vuelve a Europa de la mano de Piazzolla, de la Tana Rinaldi. Claro que el tango nunca había desaparecido totalmente, quedaban discos, lugares para bailarlo, pero hasta la vuelta de esta gente no retoma la fuerza que había tenido antes de la guerra.
Es entonces cuando llega el Polaco y lo pone en un punto óptimo. Y los franceses recuperan el tango con tanta inteligencia que vienen a buscarlo y señalan: lo queremos a ése. Y se llevan a Goyeneche. ¿Por qué? Porque se dieron cuenta de que el Polaco tiene misterio. Porque el tango hay que cantarlo desde las tripas. Pero eso sí: sin mostrarlas. Porque ahí lo tenés a Julio Sosa, un gran cantor, pero que muestra las tripas, es como un poco impúdico. Pero Goyeneche no, Goyeneche tiene intimidad. Se podría decir que el Polaco es Proust, es el Camino de Swan, es 'En busca del tiempo perdido'. Eso es lo que amamos en Goyeneche, porque cuando lo escuchamos a él encontramos muchas cosas, nos encontramos a nosotros mismos. El fenómeno del Polaco es ése para los argentinos y, quizás, también para los franceses. Que seguramente, por ese lado y sin darse cuenta, se engancharon con el tango y con Roberto Goyeneche. Como no podía ser de otra manera."

Revista Somos
diciembre 1984
 

martes, 24 de abril de 2018

Bien milonga

    Milonga, milonga mía
    repique del corazón,
    tu compás es como un rito
    que modula el bandoneón.

    Milonga, vieja milonga
    sos chamuyo y emoción,
    te impusieron los muchachos
    a fuerza de corazón.
                  José Rótulo



Último martes del mes de abril... Y cómo corren los días... Y las noches. Por eso hay que aprovecharlas al mango, como hacemos nosotros en nuestro reducto de la Casa de Aragón de Madrid. Que está en la Plaza República Argentina nº 6. Podés aparcar al lado con tu coche o prácticamente en la entrada si te apilás en el Metro y te bajás en la parada: República Argentina. Más fácil...

Estamos bailando desde las 21 hasta las 0 horas, con la música que preparo a conciencia para que estén despiertas las ansias de los bailarines por enrollarse en la pista, al compás de esas grabaciones maravillosas que nos legaron los grandes del tango.  Yo no invento nada. Está todo inventado. Si a los 18 años ya pinchaba en la milonga que organizábamos en el club del barrio, cómo voy a errarle ahora que llevo todo en el bocho y en el cuore.

                                            


Como es de rigor, los días de milonga me hago un tour previo por esas pistas del ancho mundo para ver cómo despliegan figuras y mueven sus pieses los bailarines de ambos sexos que actúan en encuentros y festivales de tango, tan de moda hoy día.

Arranco por Moscú, la milonguera capital rusa, igual que otras ciudades de este país. Allí la pareja que integran Gastón Torelli y Mariana Dragone, bailan con la orquesta de Pedro Laurenz, y el tango Nunca tuvo novio, que canta Alberto Podestá.



Despacho mi equipaje y me embarco hacia Belgrado, la capital serbia. En este caso me los encuentro a Sebastián Jiménez y María Inés Bogado. Ellos saben que los valsecitos gustan mucho en Europa y se despachan con  Adoración, por la orquesta de Rodolfo Biagi y las voces de Hugo Duval y Carlos Heredia, recibiendo una canasta de aplausos..



Y ahora un clásico: TangoAmadeus, donde desfilan desde hace años las parejas argentas. En este caso, como se trata de una milonguita graciosa, Diego Riemer El Pájaro y María Belén Giachello, se lo toman en solfa y bailan Haceme cu cu, por Héctor Varela , como un divertimento de primera y logran la total aquiescencia del público con su actuación.  Lo cantan Jorge Falcón y Fernando Soler.

                                     

Ya te metí gasolina de avión en el cuore y las patitas se te mueven solas. Ya sabés donde queda Bien milonga. Ta'luego...                                                               

viernes, 20 de abril de 2018

Flor de lino

Hoy giro en mis recuerdos con las notas y los versos de este valsecito que compusieron Homero Expósito y Héctor Stamponi en 1947. Ya comenté en otra oportunidad que a Stamponi le llamó Piazzolla "El Strauss del tango", y Chupita, modestamente, decía que era por los valses porteños que él había compuesto y que tienen todos unos componentes musicales y románticos muy especiales.

Bajo un cielo de estrellas, Un momento, Delantal, Pedacito de cielo, Flor de vals, Pequeña, son algunos exponentes de este género musical, creados por él y recreados por orquestas y cantantes. Stamponi, pianista, director, compositor, acompañó a grandes cantantes, dirigió su orquesta, tuvo estudios importantes, viajó por toda América, radicó en México con Amanda Ledesma, vivió un año con Discépolo allí, aunque no escribieron nada juntos, y su comprovinciano Enrique Francini fue un hermano del alma.

                                              

Homero Expósito le dio una vuelta de tuerca del lenguaje poético en el tango. Stamponi se refería al misterio de  la cancionística .-como la denominaba este poeta- y decía que "hay frases musicales, tristes,  frases de felicidad, frases ambiguas, de simple unión o amalgama. El vocabulario, la intención, el idioma poético debe estar correctamente montado sobre la frase musical. Ésa es la magia. Y Homero Expósito fue un poeta renovador, un hombre cultísimo. Él trajo una propuesta nueva".

Las pesadas sombras temáticas del tango encontraron una ventana nueva con la renovación del cuarenta que tan bien representó Expósito. Es cierto que cada época, guardia o generación supo interpretar -con sus debes y haberes-- las distintas circunstancias vividas en sus momentos particulares. En esa suma de felices aciertos, la llegada de este  fino letrista fue un soplo de aire fresco, con el surrealismo revelador de instancias impensadas. En Flor de lino deja constancia de su inspiración.

                                         

Deshojaba noches esperando en vano que le diera un beso
pero yo soñaba con el beso grande de la tierra en celo,
flor de lino
qué raro destino
truncaba un camino
de linos en flor...

Deshojaba noches cuando me esperaba por aquel sendero
llena de vergüenza como los muchachos con un traje nuevo,
¡cuántas cosas que se fueron,
y hoy regresan siempre, por la siempre noche de mi soledad...!

Yo la vi florecer como el lino
de un campo argentino maduro de sol,
¡si la hubiera llegado a entender
ya tendría en mi rancho el amor!
Yo la vi florecer pero un día
¡mandinga la huella que me la llevó!
Flor de lino se fue
y hoy que el campo está en flor
¡Ah mal haya! me falta su amor!

Su hermano Virgilio, a la muerte de Homero, lo recordaba con tremenda nostalgia y confesaba que "Era un poeta de trabajar mucho, de hacer y rehacer noventa veces un texto. Usaba una máquina de escribir y con su trabajo, no era un bohemio. Tenía esa imagen porque era un poeta, pero no era un tipo de pararse en un boliche  a hablar cualquier cosa. Era un poeta limpio, aunque en sus letras siempre hay una cosa fatal, algo que nunca se le dio. En la quiniela de la vida hay un número que nunca le cantaron: cuando era muy joven hubo una novia que no lo quiso. Él estaba muy enamorado en aquel entonces, y es posible que su obra, a través de tantos años, haya sido sobre ese problema".

                               
Y es fácil advertirlo al escuchar el hermoso valsecito y mucho más al leer el texto. Los llamados interiores macerando la pena, la fosforencia, los resplandores de los años mozos, brillan en las flores de lino que describe acá. Aunque después de infinidad de retoques que preocupaban a Stamponi, lo llamó  el último día y le preguntó al músico:
-Chupita, decime: ¿El lino tiene flor?
 El decorado elemental, el temblor de estos versos, tienen una luminosidad muy especial.


Hay una tranquera por donde el recuerdo vuelve a la querencia,
que el remordimiento de no haberla amado siempre deja abierta,
flor de lino 
te veo en la estrella, 
que alumbra la huella 
de mi soledad...
Deshojaba noches cuando me esperaba como yo la espero
llena de esperanzas, como un gaucho pobre cuando llega al pueblo, 
flor de ausencia, tu recuerdo...
me persigue siempre por la siempre noche de mi soledad.


Hermosura de nostálgico recuerdo transformado en poema. Y que vuela con la música del valsecito. 
Hay varias versiones de este tema, pero me quedo con esta creación de la orquesta de Aníbal Troilo con la voz de Floreal Ruiz. Lo grabaron el 29 de abril de 1947.




miércoles, 18 de abril de 2018

Murales de tango

Ha costado mucho, muchísimo más de lo que se pueda pensar, que el Tango sea un bien cultural muy valioso, valiosímo que tiene Argentina -lo mismo Uruguay-. Que ha sido necesario esfuerzo, éxitos, apoyo popular, triunfos en Europa, América y Japón de orquestas y cantantes, con el desinterés permanente de tantos gobiernos que jamás lo apoyaron. Por eso las caídas en ventas de discos, actuaciones y salas de baile, que sufrió el género popular en distintas etapas.

Hoy día son famosas en el mundo entero las orquestas que supieron enfervorizar al público en los años 30, 40, 50 y 60. Sus discos engalanan las milongas de casi todo el mundo y son imprescindibles para poder sentir el tango en profundidad a la hora de bailarlo. Las milongas porteñas reciben constantemente bailarines de todas partes que llegan a la Argentina para tomar clases y desplegar su pasión en una pista milonguera.

                       

Ha existido un control exagerado sobre la seguridad en muchos de estos sitios y se han clausurado numerosos clubes y salas que, según las autoridades municipales no cumplían las reglas exigidas. No terminan de entender la función social que cumplen dichos lugares, reuniendo a personas de distintos ámbitos que se reúnen para disfrutar tres, cuatro horas abrazando, bailando, compartiendo la pasión del tango.

Muchos clubes que llevan años sirviendo a su barriada han debido cerrar momentáneamente sus puertas al tango. Muchos de nosotros albergamos nuestras alegrías de niños o adolescentes, aprendiendo en estos clubes de barrio, que eran un refugio, a jugar al billar, al ping pong, a bailar, a juntarnos en aquellos grupos de pertenencia y  a vivir grupalmente, sanamente, y alejados de esos problemas tan duros que hoy afectan a muchas ciudades.

Por eso quiero destacar este aspecto difusor que se le ha dado al Tango en los últimos festivales internacionales que se  organizan en Buenos Aires y a los que acuden numerosas parejas de distintos lugares del país y del mundo. De paso, como en este caso del año 2016, se exhiben estos hermosos murales en distintos barrios, para publicitar los mismos.

                     
Di Sarli y D'Arienzo en la pared de la calle Maure 3410 del barrio Colegiales





                               
El recuerdo de Julio Sosa en la céntrica 25 de mayo 806. Barrio San Nicolás



                       
                             
En Estados Unidos al 1500 el inolvidable recuerdo de D'Agostino-Vargas


                              
Pichuco no podía faltar. Está en la esquina de Alsina y Santiago del Estero


                              
Pugliese, Alberto Morán y Tita Merello en Mahatma Gandhi 749, Villa Crespo


Me parece un hermoso homenaje y una publicidad de mucha pegada. Esta es mi ciudad porteña y tanguera. ¡Sí señor!

martes, 17 de abril de 2018

Bien milonga

  Fue en el baile del Club Eslava
  donde prendado quedé,
  de los ricos zapatitos,
  precioso estuche
  de un lindo pie.

  Zapatito de cristal
  de mi amable cambrillón, 
  eres cuna de mi amor
  lama dorada de mi ilusión.  


Martes 17 de abril, emociones mil...  si se te da por venir a milonguear con nosotros en los abismos de esta noche de luna, como cantaba Rufino, te darás un verdadero baño de placer. Acércate a mi y oirás mi corazón contento latir como un brujo reloj... Sí, se me pegó la gola de Rufino cuando cantaba con Di Sarli. Y ya sabés que los martes selecciono música para esta night milonguera y se me engrampan los temas... 

Como todos los martedi del año estamos girando en sentido opuesto a las agujas del reloj en el coqueto salón de la Casa de Aragón (todo me sale en rima) de la Plaza República Argentina nº 6-Madrid. Bailamos desde las 21 hasta las 0 horas en un ambiente muy cordial y bien milonga.

                           
    

Y ya hecha la presentación de rigor, me largo a explorar otras milongas del planeta terrícola y ver cómo se mueven las parejas al compás de un gotán, un valsecito o una milongaza. Arranco con esta dupla de campanillas, Murat Erdemsel y Sigrid Van Tilbeurgh, que en la Saturday Night Milonga de Bologna-Italia, bailan el tango La maleva, por la orquesta de Rodolfo Biagi.

                                


La nostalgia me lleva a esa inolvidable local porteño de la calle Humberto Primo 1462, donde pasé tantas noches al mango, dámndole a las tabas y al cuore. Ahora se llama Yira Yira la milonga, y allí María Tsiatsiani y Leandro Palou se mueven al compás de este valsecito: Corazón de artista, por la orquesta de Juan D'Arienzo.


 Vuelvo al viejo continente, concretamente a Italia, para campanear en el 18 Tango Torino Festival a la gran pareja: Sebastián Arce y Mariana Montes. Acá, se lucen con la milonga El Torito, por el quinteto Pirincho. El sitio es de fábula. Como ellos.


La noche es azul, convida a soñar, el cielo ha encendido su faro mejor y yo ya le dí cuerda a tu motor milonguero. Empilchate debute y tocá el timbre, vas a ver qué música te ilumina el balero y el cuore...