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sábado, 14 de octubre de 2017

Recordando a Carlos Di Sarli

En en el mes de agosto de 1994, la revista La Maga, publicó una edición especial que tituló: Homenaje al tango. En la misma se pueden ver tres artículos de personas, que en varios momentos estuvieron ligados al maestro Carlos Di Sarli. Y creo que vale la pena volver a repasar dichos comentarios que nos permiten tener una aproximación a todo lo que representó en el tango, el maestro de Bahía Blanca. Sus grabaciones se bailan hoy día en casi todo el mundo, gracias al desarrollo del tango y  las milongas donde se lo baila.

El bandoneonista Julián Plaza, El periodista, conductor radial y autor de numerosos tangos, Federico Silva y el bandoneonista Félix Verdi, fueron las autorizadas voces que emitieron dichas opiniones que acá podemos repasar.

                                 
Carlos Di Sarli, una leyenda

   No me llamaba la atención la orquesta de Carlos Di Sarli. No le daba ningún valor. Me parecía de una ejecución muy simple y yo, hincha de Troilo, sentía como verdad todo lo nuevo, ya me gustaba Piazzolla, por ejemplo. Di Sarli tenía una parte de piano a la que le sacaba una efecto muy especial. Eso era lo que pensaba como oyente. Cuando en 1956 me convertí en un intérprete de su orquesta, me di cuenta de que lo que me parecía sencillo, era difícil de interpretar. Él pedía un matiz que de tan simple resultaba complicado, al menos para los bandoneonistas que teníamos influencias de Aníbal Troilo y de Ástor Piazzolla.

   Con Troilo y Piazzolla había que tocar fuerte. Con Di Sarli, livianito. Íbamos a clubes que tenían pistas abiertas, como Comunicaciones, por ejemplo, y nos exigía que tocáramos livianito, como si estuviéramos en el estudio de la radio. El efecto de Di Sarli era todo lo que caracterizaba su estilo.  Tocaba el tango como lo había hecho el autor, matizándolo un poquito. Los ligados, el stacatto,  y el matiz definían el estilo sobre la base pianística que ponía el propio director.  Hoy eso no lo hace nadie. Cuanto interpretábamos Organito de la tarde, le sacaba un efecto al piano que sonaba como un organito verdadero, después le agregaba un contracanto de violines y el efecto. Eso era todo.

   La dificultad mayor de él era contenernos y la nuestra, la de mantenernos medidos. Dirigía como quien empuja un carrito: nos daba un empujón al principio y enseguida largaba. Y la orquesta  seguía como impulsada por ese primer envión. El propio Di Sarli era la base de todo. Él hacía los arreglos. Hoy me asombra que con recursos tan simples le haya arrancado a su orquesta un sonido tan lindo. Como Pugliese de Julio De Caro, él era una derivación de Osvaldo Fresedo. Fresedo era el único músico al que admiraba y ese sentimiento lo sintetizó en el tango que le dedicó: Milonguero viejo.
                                                                                      Julián Plaza.

                                  

“La vida no fue amable con este hombre”

   En la década del 30, en su período más negro, tuvo el accidente que le obligó a llevar anteojos negros para siempre.  Y ese complejo se agregó a los otros hasta hacerlo brusco,  huraño, poco tratable. La vida no fue amable con este hombre triste, al que infligió toda suerte de privaciones por muchos duros años de aprendizaje profesional, y al que luego persiguió en una campaña de rumores maledicentes hasta el mismo momento de su desaparición física. Fue, sin embargo –y podemos asegurarlo-, amigo de verdad de sus amigos y, al cabo, encontró en su segunda esposa y dos niñas, el remanso familiar inviolable.
  
   Entendía el piano tanguero como adornos y campanitas en la mano derecha, una marcación milonguera en la mano izquierda, con potencia poco usual y sonido personalísimo. Inclusive, en la manera de picar ñps bajos. La orquesta también tocaba así, usando los bandoneones prácticamente solo para la marcación y la cuerda en largos unísonos cantando la melodía. Marcó todos sus arreglos, de los cuales donfió la parte mecánica (poner las voces, escribir) a su amigo el pianista Emilio Brameri. Tuvo y descubrió cantores, algunos famosos y otros importantes. Pero su propia grandeza y su lugar ganado en la historia del tango derivan de una trayectoria firme, obstinada, sosteniendo un punto de vista quizás equivocado, que muchos discuten. Pero esa discusión, ese estilo y el nombre de Carlos Di Sarli han entrado, con justicia, en la leyenda de la música típica.
                                                                                          Federico Silva

                                

“Esa manera de comenzar livianito”

   La orquesta de Carlos Di Sarli tenía algo que la diferenciaba de las demás. Poseía eso tan difícil de encontrar que yo llamo fuego sagrado. A mí me gustaba todo: la fuerza que le imprimía a los crescendos, el stacatto fuerte con la derecha, esa manera de comenzar livianito, llegar al fuerte y quedarse en un acorde, mientras arrancaban los violines.  Debuté con Di Sarli en 1932 y a partir de ese momento me consustancié con esa forma de ejecución. Sin embargo me fui varias veces de su orquesta. Pero volvía en cuanto él me llamaba. La primera vez fue en 1941. La segunda fue en 1948. Tuvimos un cambio de palabras y me fui.
   
   Di Sarli era un obsesivo de la perfección y era fácil que se enojara cuando advertía alguna falla. “Ustedes son profesionales”, nos decía. Pero no era cuestión de técnica sino de interpretación. Enseguida que me fui  desintegró la orquesta y cuando decidió volver, en 1950, me llamó por teléfono y le dije que sí. Seguí con él hasta 1956, cuando los músicos decidieron separarse del maestro y formar Los Señores del Tango. Me fui con ellos.
   Recuerdo que Di Sarli intentó formar otra orquesta y los nuevos músicos nos venían a escuchar a la Richmond de Suipacha, para aprender el estilo. Ellos decían que el maestro, en lugar de darles indicaciones, les contaba cuentos.
                                                                                         Félix Verdi
                                      
(Extractado de un reportaje en Tango, un siglo de historia)

jueves, 12 de octubre de 2017

Los bailes de carnaval

Luis Adolfo Sierra ha sido una persona fundamental en los estudios de los orígenes  y la evolución del tango en todos sus aspectos. Fue alumno de teoría musical de Sebastián Piana, y de bandoneón, de Pedro Maffia, cuyas enseñanzas contribuyeron a cimentar luego sus conocimientos técnicos como historiador y crítico del tango. Su inclinación temperamental lo incorporó a las corrientes evolucionistas del género, encabezadas al promediar la década del veinte por Julio De Caro.

Abogado, egresado de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Profesionalmente dedicado a los derechos intelectuales. Asesor de numerosas entidades vinculadas a la actividad musical del país. Fundador de la Sociedad Argentina de Orquestadores y Arregladores de música. Fue asesor de SADAIC. Nacido en París, Francia, fundamentalmente lo valoramos como analista y estudioso del tango, alejado del simple anecdotario tan común entre los historiadores del género. Publicó libros muy valiosos al respecto y hoy me detengo en su relato sobre los antiguos carnavales en los teatros, con grandes orquestas de tango.

                               
Luis Adolfo Sierra, Luis Alposta Y Edmundo Rivero en una conferencia.


   -Con los grandes bailes de Carnaval, que en 1921 organizaron los empresarios Mario Lombart - en la "Ópera"- y José Gerino -en el "San Martín"-, se iniciaba otro tradicional acontecimiento artístico, en el que correspondía también al tango participación preponderante. En aquella oportunidad, Francisco Canaro en la "Ópera" y Julio De Caro en el "San Martín", presentaron orquestas de más de cuarenta ejecutantes, con nutridas filas de bandoneones y violines.

   Y en lo sucesivo, los bailes de Carnaval de los teatros se convirtieron en las fiestas anuales del tango. Reservaban los autores para tales ocasiones el estreno de sus mejores obras, que alcanzarían luego enorme difusión popular.

                                         


   Magníficos espectáculos de luz, color y alegría ofrecían las salas teatrales de la "Ópera", "Coliseo", "San Martín", "Politeama", "Casino", "Victoria", "Broadway", "Astral", "Smart", "Pueyrredón" de Flores, con las orquestas de Canaro, Firpo, De Caro, Lomuto, Berto, Fresedo, Maffia, Brignolo, Donato-Zerrillo, reuniendo en formaciones excepcionalmente numerosas a los ejecutantes más destacados del tango. Incluso en el "Teatro Colón" -a partir de 1931- se realizaron durante varios años consecutivos bailes de Carnaval actuando sucesivamente las orquestas dirigidas por Arturo De Bassi, Enrique Santos Discépolo y Julio De Caro.

   La aparición de los amplificadores de sonido determinó el cambio de estructura de las orquestas para los bailes de carnaval. El volumen mecánico de los equipos amplificadores permitía la prescindencia de las costosas formaciones instrumentales, lográndose con muy pocos ejcutantes despliegues orquestales. y con ello, desaparecía uno de los grandes  atractivos del carnaval porteño cuando se esperaba  con verdadero interés el estreno de los tangos y las actuaciones de las distintas orquestas, anunciadas con larga anticipación.

                                   
La Orquesta Donato_Zerrillo, en el Teatro San Martín. Carnavales 1930


   Paulatinamente fueron perdiendo vigencia aquellas tradicionales fiestas anuales, que eran por sobre todo, el más eficiente medio de comunicación de nuestra música ciudadana.

Y para añorar un poco aquellas fiestas carnestolendas, los invito a eascuchar el tango Cuando muere el carnaval,  de Pierre Henderson. Lo grabó Francisco Canaro con su orquesta y Charlo, el 12 de marzo de 1930. Y También el Vals del carnaval, de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo, que llevó al disco Roberto Goyeneche con el Sexteto Tango, el 12 de junio de 1983.

Cuando muere el carnaval - Francisco Canaro-Charlo

Vals del carnaval - Roberto Goyeneche-Sexteto Tango

martes, 10 de octubre de 2017

Bien milonga

 Tu conoces el secreto de los tangos
  y es por eso que los bailas como nadie,
  y en los brazos que te abrazas
  que mística que pasas
  danzando en el salón.
  
 Sacerdotisa del tango,
 sacerdotisa sentida,
 rito es la danza en tu vida
 y el tango que tú amas
 te quema en su llama.
           
                 Horacio Sanguinetti 


 Martes, noche de tango, de milonga sentida y convocante. Como cada día de la semana, los martes son bienmilonga para los milongueros que acuden a la casa de Aragón de Madrid, sita en la Plaza República Argentina, nº 6. Donde bienmilongueamos desde las 21 hasta las 0 horas, en un hermoso piso de madera lustrada y un salón ideal para dibujar en el piso, siguiendo el compás de las grandes orquestas.

Porque en eso no te fallamos. la experiencia es un grado y sabemos lo que es bailar en las milongas grosas de la Buenos Aires tanguera al mango. Y cual es la música ideal para empujarte a la pista, con el fin de que disfrutes de esos lindos momentos que no se olvidan.

                               


Sabemos como motivarte y algunos ejemplos de las parejas que se exhiben en distintas pistas del mundo, también servirán para estimular tu adicción milonguera. 

Por ejemplo, nos desplazamos al Tango Cazino Festival en Rumania. Allí podemos ver bailando a la pareja que integran Selen Sürek y Alper Ergökmen. En este caso se mandan con el tango La madrugada por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Alberto Echagüe.

                             

Y me piro al Valen Tango, el Festival que se desarrolla en Hilton, Portland, Oregón-USA. En este caso son Luciano Brigante y Alexandra Orozco, los que bailan flor de valsecito: Pobre flor, por la orquesta de Alfredo De Angelis, cantando Carlos Dante y Julio Martel.


Esta semana tenemos un puente y mucha gente se desplaza a distintos destinos para pasarla debute. Por eso creo oportuno que veamos a esta pareja que integran  Vladimir Estrin y Meng Wang. Son dos machotes que la pasan bomba y hacen un divertimento macanudo en la Milonga Del Cine, de Los Angeles-California-USA. Y juegan con la milonga No hay tierra como la mía, por la orquesta de Francisco Canaro, cantando Charlo.
                                         
                                         


Vos, dejá nomás, que algún chabón chamuye al cuete y sacudile tu firulete...                                   

lunes, 9 de octubre de 2017

Danzarín

Escojo este título de la intensa y admirable obra realizada por Julián Plaza, porque de algún modo simboliza la esencia de su creación y el espesor del sonido de la misma. Y sorprende y aún valoriza mucho más su trabajo, el hecho de que haya nacido en un minúsculo pueblo pampeano llamado General Manuel Campos. Para más inri, su padre era español, trabajaba en el campo y compró un bandoneón usado que aprendió a tocar por correspondencia.

Años después encargó otro para Julián y le enseñó lo poco que sabía, pero gracias a lo cual organizaban pequeñas fiestas  y algunos bailes en la zona. El chico se aquerenciaría con la música y su progenitor lo manda a Buenos aires para satisfacer sus metas. Allí conoce y estudia con Vicente Demarco, con Félix Lipesker y más tarde con Julián Bautista las disciplinas musicales. Ello explica que además de bandoneonista y pianista, resultase finalmente un gran compositor y arreglador.

                             


Con 15 años debutará en la orquesta de Edgardo Donato. Dos años más tarde en la de Antonio Rodio y en 1946, con sus 18 años, se instala en la fila de fueyes de la orquesta de Miguel Caló, a la vez que compagina sus funciones con la de arreglador. Se va a Europa como integrante de la orquesta de Eduardo Bianco y recorrerá en gira diversos países, Al regreso vuelve con Caló, pero a la vez encadena su trabajo con la formación de Atilio Stampone y pasará por orquestas como las de Florindo Sassone, Manuel Buzón o Joaquín Do reyes, completando su formación.

Su salto a las huestes de Carlos Di Sarli y más tarde a la de Osvaldo Pugliese le permiten mayor vuelo a su vocación, que él definiría con palabras mesuradas y justas.


    -Como profesional uno se adapta. Con Di Sarli había que tocar suave y sencillo, con un estilo antiguo pero que era muy difícil de lograr. Era una expresión muy particular, con pocos arreglos. Con Caló, en cambio, era más movidito, con más staccatos. Y otro estilo muy complicado fue el de Pugliese porque era muy caprichoso. A mí me costó bastante. Por eso, nunca anduvieron bien los arregladores que no eran del grupo. Había que estar en la cocina para entenderlo.

                                
1966. Pugliese con sus fueyes: Plaza, Lavallén y Ruggiero


Con 17 años comienza a despuntar su trabajo de compositor. Su tango inicial, A lo moderno, entró en los atriles de la orquesta de Miguel Caló, pero no llegó a ser grabado. A éste le sigue la milonga Dominguera, que continúa igual proceso. El primer éxito en este rubro lo consigue con Sensiblero, en 1954, que estrena y graba Caló, y es arprobado en el ambiente. A tal punto que lo graba la orquesta de Enrique Francini y también Piazzolla que ya estaba poniéndose de moda.

De 1956 a 1968, siembra más éxitos como  Danzarín, Melancólico, Nostálgico ("Lo escribí en Nápoles"), Buenos Aires-Tokio, Disonante. Y crea unas milongas muy especiales, con sello propio que también ingresan en el lote de las preferidas por músicos y tangueros: Morena, Nocturna, Payadora, y aunque su obra es prácticamente instrumental, también le pone música a unos versos de Jorge Luis Borges y se convierte en la Milonga de marfil negro. Con Manolo Barros compuso: Cuánta angustia. Aníbal Troilo, que lo llamaba a su casa para realizar los arreglos de sus temas, le grabó nada menos que 8 obras suyas. "Troilo tenía mucho criterio, cuando cambiaba algo siempre estaba bien. El estilo Pugliese es muy difícil porque lo que está escrito no es lo que finalmente suena. Se hace distinto por el rubato." (afirmaba)

                                 


Pero hoy me centro en Danzarín, ese tango que elevó la temperatura de su obra y que es toda una joyita. Contaría de este modo su nacimiento:

   -Danzarín se fue armando, fue surgiendo, madurando, entre el invierno y la primavera del 55. Primero fue la base melódica, una idea musical de dieciseis compases, que se me cruzó camino al trabajo, por aquel entonces en el cabaret Empire, de Corrientes y Esmeralda. La idea necesitaba un título, un nombre para evocarla desde la memoria, y así poder trabajarla. Piazzolla y La Madrid me dieron una pista con Fugitiva, interpretada por María de la fuente, al decir "danzarina en la tarde".

Aníbal Troilo con su orquesta lo llevó al éxito, con el arreglo del propio Plaza, consituyéndose en una obra insoslayable. Lo grabó el 15 de diciembre de 1958 y lo repitió el 24 de abril de 1963. Además lo instaló en su repertorio permanente.  Otras grabaciones de Danzarín,  fueron las de Osvaldo Fresedo, Osvaldo Piro, Enrique Francini, Sexteto Tango, Arias-Montes, Víctor Lavallén y su orquesta, Federico-Grela, Sexteto Mayor, Florindo Sassone, Orquesta Escuela de Tango; Color Tango, o la Orquesta de Tango de Buenos Aires.

Los invito a escuchar la segunda y hermosa versión que hiciera de Danzarín la orquesta de Aníbal Troilo en 1963. Y a continuación la versión del dúo Aníbal Arias-Osvaldo Montes.






jueves, 5 de octubre de 2017

Taquito militar

-Discépolo, Tania y yo , con mi Orquesta de Cámara del Tango, habíamos sido invitados a un acto en el Ministerio (de Guerra), con la presencia del General Perón. Al terminar mi actuación se acercó un señor a quien no conocía, para pedirme que tocáramos algo más. Como solo quedábamos en el salón dos de los músicos, Pepe Corriale y Ubaldo De Lío, improvisamos los tres un tema. Al final el mismo señor me solicitó una pieza más. Entonces me puse a improvisar sobre un motivo de milonga que tenía en mente: en esa improvisación se fue desarrollando "Taquito militar". Fue tal el entusiasmo de este señor -de quien después supe que era el General Franklin Lucero, ministro de Guerra-, que tuvimos que repetirla tres veces esa misma noche. Después, plasmé la forma definitiva y pasó el tiempo.
                                                                 


Así narraba Mariano Mores el nacimiento de su famosa milonga Taquito Militar, que dedicaría al General Lucero, por aquella anécdota, y sería oficialmente estrenada en el Teatro Colón en 1952, aunque realmente la creó para la película dirigida por Tulio demicheli, La voz de mi ciudad, donde Mores hacía un papel protagonista. Se estrenó en enero de 1953.

                                 

El mismo Mariano Mores, nos contaba, en una ocasión que vino a Madrid con su orquesta y compartió escenario con la de Ariel Ramírez, que en los compases iniciales de Taquito militar, pretendía imitar a los antiguos bailarines que hacían resonar su taco francés en el suelo de la milonga cuando acudían a encontrarse con su pareja de turno y también en el comienzo del baile. Había estado diez años en la orquesta de Francisco Canaro y recordaba sus actuaciones en clubes y en el Luna Park. Y comentaba que siempre le llamaron la atención los bailarines.

Esta milonga fue todo un aldabonazo en el cuore tanguero de Buenos Aires, cuando se estrenó,  por su efecto candombero y el canto sincopado. Los versos que campan en la pieza musical también constituyeron una pegada, aunque en la mayoría de las versiones grabadas del tema, se escucha en forma instrumental. Francini-Pontier, Aníbal Troilo, Francisco Canaro, Francini-Stamponi y los violines de oro, el Quinteto Real, la Fernández Fierro y la propia versión de Mores con su conjunto.
Cabe acotar que la Legislatura porteña organizó una votación popular en el año 2000, y Mariano Mores fue elegido como "El compositor del siglo" y su Taquito militar como la mejor milonga del siglo.

                                              

Los versos les pertenecen a Daniel Gilardoni y Raúl Capablanca (Sebastián Paglione), pero hubo problemas entre ellos y Mariano Mores, por lo cual no figuran en los registros de SADAIC, como co-autores de Taquito militar. Esa letra, que entre otros, grabó María Graña, dice en el comienzo:

Para bailar
Esta milonga, hay que tener primeramente
Una buena compañera que sienta en el alma
El ritmo de fuego así...
Hay que juntar las cabezas mirando hacia el suelo
Pendientes de su compás,
Dejar libres los zapatos que vayan y vengan
En repiqueteo sin fin.
Y que mueva la mujer las caderas
Al ritmo caliente que da el tambor,
Olvidarse de la vida y del amor...


Para bailar...
Porque en este baile insinuante
Hay que tener,
Desde el corazón palpitante
Hasta los pies,
El repiquetear del taquito
Se hace obsesión,
Hasta que se funde en el ritmo
Del corazón...

Hoy podemos recordar la milonga Taquito militar en dos versiones:  la de Mariano Mores y su orquesta, en grabación del 15 de abril de 1957. Y la de Héctor y su jazz en tiempo de rumba, grabada en 1954. Curiosamente, ambas versiones fueron arregladas por el talentoso Martín Darré, que trabajó en las dos orquestas y fue felicitado por Mores, al escuchar el trabajo que hizo con Héctor Lomuto..


martes, 3 de octubre de 2017

Bien milonga

    El tango suena tristón
   y por supuesto a los dos,
   con su voraz combustión  
   los va quemando.
   En su voz dulce y feliz
   como el tenaz copetín,
   perverso influjo
   que lo indujo al bailarín.
         Enrique Cadícamo 


Martes a la noche, milonga en la Casa de Aragón de Madrid (Pza. República Argentina nª 6). Noche cálida, convidante y una música que te arrastra los pies hacia la hermosa pista de madera lustrosa. Allí estaremos bienmilongueando desde las 21 hasta las 0 hs. Y nos agrada que formes partes de este núcleo amigo que se cita en nuestra milonga.



                               
Y volverás porque el ambiente te hará feliz y el buen rollo, la música y la compañía milonguera te permitirán disfrutar de una noche a tutiplén.  

Para que te vayas colocando con vistas a esta velada tanguera, nada mejor que recorrer milongas y festivales de tutto il mondo, donde se ha colado triunfal, el tango argentino. 

Arranco, en esta ocasión por Rumania, donde en el Casino Tango Festival, del Cluj Napoca, la pareja integrada por Sonja Bruyninckx y Sven Breynaert, se mandan al ruedo con ese tangazo: Mandria, por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Alberto Echagüe.



Me tomo el buque, o mejor dicho el aéreo, y me rajo a Tango on the Rocks; en Denver, Colorado, USA, para ver en acción a esta destacada pareja rusa que borda el tango, la milonga y tutti quanti: Michael Nadtochi y Eleonora Kalganova. En este caso se bailan el valsecito Corazón de artista, por la orquesta de Juan D'Arienzo.



Y como cierre voy con una pareja turco-rusa, que el tango hace milagros y junta a gente de todos los países del mundo. Son los bailarines Yalcin Ugur y Elizabeta Tavrosvkaya, en el Festival Planetango 2016, celebrado en el Moscú Muscic Hall. Bailan la milonga No hay tierra como la mía, por la orquesta rusa Solo Tango.


 

Como aperitivo no te podés quejar. Ahora tirate un ratito para juntar ganas y te esperamos luego...

lunes, 2 de octubre de 2017

Los arregladores

Fueron  fundamentales en la etapa que la evolución del tango dejaría atrás al empirismo inicial y fundador del género. Se trataba de músicos profesionales que se dedicaron de lleno a la escritura de los arreglos en las grandes orquestas. Los vanguardistas en ese sentido fueron Osvaldo Fresedo, Juan Carlos Cobián y Julio De Caro, que encargaron dichos trabajos a especialistas, buscando las formas precisas adecuadas a su orquesta.

El excelente organista belga radicado en Argentina, Julio Perceval, resultó decisivo en los arreglos que hiciera para Julio De Caro, de los temas: Flores negras, Copacabana, Un poema e Ideal. El mismo De Caro me lo explicó una mañana en el programa que yo tenía en radio Argentina. Cuando Julio De Caro, en noviembre de 1936, realizara un concierto matutino en el cine Ópera, con la orquesta sinfónica de  radio el Mundo, las orquestaciones estuvieron a cargo de tres ilustres: Julio Perceval, Julio Rosenberg y Alejandro Gutiérrez del Barrio.Por su parte, Fresedo contaba con el talento de Alejandro Gutiérrez del Barrio y Sebastián Lombardo. Años más tarde sería Roberto Pansera, el bandoneonista y arreglador del hombre de La Paternal.

                        
Julio Rosenberg, Julio De Caro, Luis Díaz y Francisco De Caro

¿En qué consiste el arreglo? Se trata de un trabajo musical realizado en la adaptación de un tema original a determinada manera de interpretación -instrumental y/o vocal, mediante la distribución de las voces, la combinación de los sonidos y la introducción de aquellas variantes -rítmicas, melódicas, armónicas, contrapuntísticas o de otro carácter- que resulten necesarios para la creación propuesta y el estilo de la orquesta, y/o vocalista, en cuestión.

Notamos en alguna ocasión que saltan chispas cuando se habla del arreglo que hiciera Roberto Firpo en Montevideo, de La cumparsita, de Matos Rodríguez, adaptándolo a su orquesta y mejorando su escritura. El mismo Matos Rodríguez, en el libro biográfico que escribiera su sobrina nieta Rosario Infantozzi Durán, viene a decir:

                                    

   -El tango ya pentagramado se lo llevaron los muchachos y mi tío Armando Matos a Roberto Firpo, quien precisamente ese año actuaba en el famoso café La Giralda, que se encontraba donde hoy se levanta, majestuoso, el Palacio Salvo. 
   -Firpo casi se muere cuando vio la obra de mi querida Becha (hermana de Matos), porque me enteré que la música se divide en compases y que los sostenidos y bemoles que tan prolijamente anotó mi hermana delante de cada nota, deberían, por una ley conocida por todos menos por mí, ponerse al principio de cada pentagrama.

Y también conviene recordar, como Roberto Frpo arregló el vals-Boston de Rosita Melo: Desde el alma, transformándolo con su concertación instrumental en el valsecito criollo que sigue emocionando en las pistas de baile, provocando hermosos giros y arreboles de las parejas danzantes. O que grandes creadores como José Martínez o Anselmo Aieta, y hasta el gran Roberto Grela, desconocían la notación y debían recurrir a otros músicos para plasmar las partituras de sus hermosas obras.

                         
 Osvaldo Pugliese, Ariel Ramírez, Carlos Guastavino, Lucio Demare y Argentino Galván.



Héctor María Artola y Argentino Galván también fueron decisivos en el tema de los arreglos que han hecho, transformando obras y adecuándolas a la orquesta o cantante que requerían su trabajo. Y es muy real incluso que Aníbal Troilo u Osvaldo Fresedo borrasen muchas de las anotaciones de estos especialistas, cuya meritoria labor no se ha visto reconocida en los discos, como ellos justamente pretendieron durante años. El mismo Piazzolla arregló muchos temas para Pichuco. Y también para otras orquestas como Basso o Francini-Pontier, de sus renovadores tangos que iban calando en el ambiente.

Osvaldo Pugliese tuvo el enorme mérito -entre muchos otros- de crear entre los músicos de su orquesta, el hábito del arreglo, ya fuere de los temas personales de cada uno, o de otros que se incorporaran a su repertorio. Y así surgieron interpretaciones maravillosas como Gallo ciego o Adiós Bardi, arreglados por Víctor Lavallén. O Suipacha, Emancipación, Quejumbroso, trabajos magistrales de Mario Demarco. La mariposa, arreglado por Julián Plaza es otra joya.

                                   
Plaza, Balcarce, der. arriba y Lavallén abajo, centro


Y ni hablar de lo que hizo este último con su obra instalada en los atriles de la orquestas del citado Pugliese o de Aníbal Troilo. Lo mismo que su compañero Emilio Balcarce, reflejando su gran tealento en composiciones inmortales. Troilo le grabó La bordona, tema suyo como el arreglo, en tres oportunidades. También, claro, interpretó y llevó al disco Pugliese esta obra genial de Balcarce.

Martín Darré, fue un caso especial. Porque fue bandoneonista de la orquesta de Francisco Lomuto, con tan sólo 16 años. Luego sería pianista y arreglador de la mejor orquesta de jazz que hubo en Buenos Aires en aquellos años, la de Héctor Lomuto, hermano de Francisco. También fue arreglador de la orquesta de Dajos Bela, de la Banda Sinfónica de Buenos Aires y de la "Gran Orquesta-lírica y popular" de Mariano Mores, durante años.

                                     
Mariano Mores y Martín Darré


Argentino Galván y el tangólogo Luis Adolfo Sierra  formaron la "Sociedad Argentina de Orquestadores y Arreglador de Música". Ellos aspiraban a que en las etiquetas de los discos, junto al nombre de los auotres, constara en el del arreglador. Pero hasta hoy, ello no ha sido posible y lo considero una verdadera injusticia. La lista de estos músicos es muy larga y en la nota me he limitado a poner algunas muestras de su trabajo.

Creo que como ejemplo, vale la pena escuchar el tango de Eduardo Arolas: Suipacha, por la orquesta de Osvaldo Pugliese y el arreglo de Demarco, grabado el 27 de octubre de 1956. Curiosamente, Ástor Piazzolla, manifestó públicamente su desdén por La cumparsita, descalificándola por su carencia de méritos. Sin embargo la grabó en cuatro oportunidades. En esta ocasión, con su arreglo personal y orquesta de cuerdas lo registró en Music-Hall, en 1957.  Escuchamos ambos temas.

Osvaldo Pugliese - Suipacha

Ástor Piazzolla - La cumparsita