"La noche , la magistral sapiencia de lo oscuro". Alejandra Pizarnik
¡Qué hacés, tres veces, que hacés! ¿Viste que hoy me vine bien tanguero? Es que me dio el ramalazo y me parece estar tomando mate bajo el fiel ombú de Parque Patricios. Ya sé que es un gomero pero siempre le dijimos ombú y es como si a vos que te dijeron toda la vida Tito, Zurdo o Pirulo, y me vas a venir ahora con que te llame por tu nombre de pila.
¿Junás a alguno a quien llamemos por su nombre de verduque? Sí fierita, hoy hacé de cuenta que estamos caminando por la alfombra de adoquines viejos y asfalto cuarteado de aquel barrio que nos marcó en la hormiguesca ciudad querida. En esta globalización que es ante todo un proceso político donde las decisiones se toman cada vez más lejos, las errancias introspectivas me sopapean de continuo y me invade como una nostalgia ardida, ¿viste?
Buenos Aires es un barrio grande que puede estar en el Sur de Manzi, en Tres esquinas de Cadícamo, el Bajo Belgrano de García Jiménez, o la Boca y el Doque de González Castillo en Silbando. ¿Qué sería de Buenos Aires sin las letras de tango y el bandoneón de Pichuco? Proust decía que todos somos reflejos del sitio en que vivimos.Nos mimetizamos, somos parte de su fauna y su paisaje. Estamos envueltos en el rioba como cubiertos por un manto paternal y maternal a la vez.
Arrastrás contigo aquellas historias banales o increíbles. Y aunque algún salamín picado fino se intente quitar esa costra y busque el glamour de otras latitudes, en algún momento se le caerá la careta trucha y se desayunará con que está pegado a esa paisajística barrial que lo marcó, y el subconsciente lo sacará a relucir como el "otro yo del Doctor Merengue".
El mismo Proust batía que la realidad se forma en la memoria. Y el bocho te encana en un truco a cara de rrope en el boliche esquinero, un chamuyo lunfardiano, el desfile de pebetas diqueras que saben amar, la cumbia colectivera, esa forma de discutir epidérmicamente, la Coca con Fernet, los cantos de la tribuna... Y el turmix con la posmodernidad te ancla en una realidad hecha de adoquines y malvones, de pava, mate y bizcochitos...
Y aunque el chabón se quiera hacer el friki imitando a los políticos que se han dado cuenta que no hay que creer sino hacer creer, por más lavandina que le eche al fato, en la molicie de la vida diaria el Yo interior lo deschava y la canta la tosca. Mirá fierita que no me quiero hacer el filósofo aunque hay 37 millones de filósofos en nuestro ispa y sobre todo, uno clavado en cada esquina porteña o en la same del feca.
Es que estas cosas me sacan, te juro, al ver como bardean. El punto puede ser un banana, pero que muestre la chapa, viejo, que no la esconda. Y que no bata fulerías de ese rioba que estará desvencijado, pero arrastra las arquitecturales voces del pasado. Si querés darte una biaba en el repaso de las estaciones de tu vida, dejá un rato Interné, el ipod, la playestéishon y escuchate unos tanguitos de Angelito Vargas para volver a espejear la ciudad que te dejó su marca, como al ganado, y esgunfiarte de estos plomazos...
(Continúa...)

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