Uno de los valsecitos que introdujeron su ronda tempranera en el tango y que dejó una estela que llega hasta nuestros días, fue sin ninguna duda éste que compusieron Ricardo Podestá y Pablo Vázquez. Puede engramparse sin dudas entre los clásicos de esa lista que incluye a Desde el alma, Lágrimas y sonrisas, El aeroplano, Orillas del Plata, Pabellón de las rosas, Tu diagnóstico, A su memoria, Un placer, Obsesión...
En este caso, muchos cantores y payadores de la época, tomaron la métrica del vals "Santos Vega", que el payador-cantor Pablo Vázquez había compuesto en 1895, para crear otros temas. Se tomaba como algo normal por entonces. Lo cierto es que la raíz creada por el "Rey de los payadores", como se le trataba a Vázquez, dio tela inventiva para los compositores, aunque él falleciera dos años más tarde, en 1897.
Se inició en el año 1880 y como todos los payadores, recorrió el país de uno a otro extremo en busca de adversarios o sosteniendo desafíos que hacían vibrar a los concurrentes. Sus encuentros más duros los tuvo con Nemesio Trejo en 1884 y con Gabino Ezeiza en la más célebre payada que se recuerda en toda la historia del contrapunto y realizada en Pergamino en el mes de octubre de 1894.
El uruguayo Ricardo Podestá le adosó unos versos a la música original de Vázquez y la letra sería entonada por diversos cantantes, acompañados por guitarras o con orquesta. En su desarrollo el poeta va pintando la vida de la "Loca de amor" en la tierra pampeana, cuando se va su amor. Los versos tienen 18 estrofas, son muy extensos, pero se cantan sólo cuatro de ellas. En la partitura figura Enrique Caviglia como compositor, pero Caviglia era realmente el editor.
En los anchos de montes frondosos
Do la vida pasara el paisano,
Vaga sola en el suelo pampeano
Una loca con lánguida faz;
Esta loca que en tiempos pasados
Habitara en las horas de amores,
Hoy esparce sus tiernos clamores
En la pampa que duerme en la paz.
Esa gentil escultura
Que a la virgen fue copiada,
Hoy ya se encuentra bañada
Por un profundo dolor;
La magnánima dulzura
De su voz, casi no suena,
Y al sonar pinta la pena
Que le ha causado el amor.
A los rayos del sol que iluminan
El sendero que va atravesando,
Con su llanto lo va tapizando
Que en torrentes le brota al llorar;
El cabello, en los hombros reposa
De la boca, color rubicela,
Y es su talle gentil de gacela
Lo sublime que deja extasiar.
Llámase Lola, la loca
Del paisano condolida,
Y en el pago conocida
Por una “loca de amor”;
A Marcelo le quería
Pero la patria adorada,
Lo llamó, cuando ultrajada
Se vio por el invasor.
Rodolfo Biagi con su cantor Teófilo Ibáñez, lo grabaron el 15 de agosto de 1938.
Los Reyes del compás (antiguos músicos de D'Arienzo), lo llevaron al disco el 12 de septiembre de 1956 en su forma instrumental. Y está lindo para bailarlo...
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