Palpiten faltas y envidos
en este truco los giles:
nadie tiene más abriles
que los que lleva vividos
y nunca los años idos
deschavan al que vendrá.
No hay púa que manye acá
lo que le habrá de ocurrir;
a veces el porvenir
piantó al otro barrio ya.
Debo batir a conciencia
que te amasijan al par
el no saber chamuyar
y el sobrar en elocuencia.
¡Gran balurdo la experiencia!
Dos por tres me pone chivo
el junar que lo que ortivo
no es fruto de lo que sé
sino de lo que sabré
cuando deje de estar vivo. (...)
Me enseñó que la cuestión
se define por derecha.
Al tajo no le aprovecha
el ser hijo de un facón.
Pintan calva a la ocasión
y escurridiza a la luca
pero, calva o con peluca,
sin la ayuda de algún otro,
la copa el taura que es potro
si hace patancha y retruca.
Me enseñó que al Cielo van
los piolas, no los creyentes:
si vos te ponés los dientes
Dios no te tira más pan.
Nunca termina un gotán
quien se duerme en la sentada.
Si marcas el 8 y … ¡nada!,
ensayá con la corrida,
que la milonga es movida
y recién está empezada.
Me enseñó sotas que bato
y ases que escondo en la manga.
En fin… una linda tanga
como pa’ pasar el rato.
La vida me dio un barato
y aprovecharlo he sabido.
Me voy del mundo vestido
con mi pilcha de experiencia.
¿Qué dejo aquí? En mi creencia,
palabras: polvo y olvido.
DANIEL GIRIBALDI
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