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sábado, 16 de enero de 2021

Farol

   Todos los versos que Homero Expósito escribió para ser transformados en tangos, milongas o valsecitos, tienen una marca indeleble. La de un poeta que refleja las situaciones de la vida diaria con un estilo distinto,  madurado, renovador, profundo. Una pluma de alto vuelo, un escenario viviente, historias que destilan experiencias emocionales. La luz y la sombra, la realidad y su negativo.
  
   Con sus frases cinceladas, rigor y hondura, muestra siempre la certidumbre que preste refugio a la mirada. El encanto de su escritura tiene esa voz sustentandora, con palabras certeras que sabe bucear tanto en los ardores y desamores, como en lo impúdico de la mirada humana, los profundos bares porteños, o un atisbo de cielo en una pompa de jabón. 
 
                                 


  
   Pero también habrá de darle una forma del verso al deprimido arrabal. Ese arrabal que conocimos de niños y que por ello nos llega con tanta fuerza este tango suyo. El farol que iluminaba los barrios más deprimidos, tiene toda una significación. Y lo hace de una forma distinta a la que pintarían Homero Manzi o Julián Centeya, dos maestros dibujando aquel arrabal de antaño. Pero con un intenso poder de evocación, un baño de nostalgia y el aura otoñal donde el farol es el testigo y lumen en la intimidad silenciosa de la noche.

Un arrabal con casas
que reflejan su dolor de lata...
Un arrabal humano
con leyendas que se cantan como tangos...
Y allá un reloj que lejos da
las dos de la mañana...
Un arrabal obrero,
una esquina de recuerdos y un farol...

   Homero Expósito venía de Zárate y quiso conocer aquellos barrios donde el tango se había aposentado  tempranamente. Y vaya si supo expresar su visión, su itinerario por esas calles donde el faro nocturno iluminaba el pobrerío, las tramas de la vida de aquellos obreros que madrugaban para poder sobrevivir con sus familias. La capacidad de transmisión emotiva, su visión sobre el barrio en el devenir del tiempo, el caudal sanguíneo de unos vecinos que van y vienen por esas calles grises con su carga de angustia, lo lleva a representar en el farol el símbolo del ayer y hoy.
   
                                    


   Si Homero Manzi fue el gran poeta del sur porteño, si Cátulo Castillo y Julián Centeya habitaron en ese arrabal y lo pintaron maravillosamente en sus letras de tango, habrá que tener en cuenta que Barrio de tango lo creó Manzi en 1942 y el enorme Sur, en 1948. Cátulo hizo otra hermosa acuarela: Tinta roja, en 1941 o El último farol, en 1969. Expósito escribió Farol en 1943. O sea, también supo atrapar y pintar en su momento, con imágenes poéticas, nostálgicas, los aledaños tristres de la ciudad radiante, luminosa. Y las angustias existenciales en la cotidianeidad de aquellos humildes obreros.


Farol,
las cosas que ahora se ven...
Farol,
ya no es lo mismo que ayer...
La sombra,
hoy se escapa a tu mirada,
y me deja más tristona
la mitad de mi cortada.
Tu luz,
con el tango en el bolsillo
fue perdiendo luz y brillo
y es una cruz...

Allí conversa el cielo
con los sueños de un millón de obreros.
Allí murmura el viento
los poemas populares de Carriego,
y cuando allá a lo lejos dan
las dos de la mañana,
el arrabal parece
que se duerme repitiéndole al farol....

Farol,
las cosas que ahora se ven...
Farol,
ya no es lo mismo que ayer...

   Roberto Goyeneche acompañado por la Orquesta Típica Porteña dirigida por Raúl Garello hizo una hermosa interpretación en 1981. Pero siempre recordaremos esa grabación de Osvaldo Pugliese con Roberto Chanel que tanto nos llegaba. Lo llevaron al disco el 15 de julio de 1943 y podemos revivirlo una vez más.
                                   


                                 

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