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viernes, 19 de abril de 2019

Tres esquinas

Ya conté en este mismo blog, hace 4 años, cómo nació este bellísimo e inagotable tango de Ángel D'Agostino, Enrique Cadícamo y Alfredo Attadía. Incluso,  recordaba que Ángel D'Agostino lo había creado como instrumental para un sainete llamado Armenonville, poniéndole de título Pobre piba. Una noche en la boite Chez Nous, después de la actuación lo extrajo de sus papeles y se lo hizo escuchar a Cadícamo para ver si podía ponerle versos.

                           

 Y así nacería lo que resultaría un suceso tremendo de la orquesta de D'Agostino con la voz de Ángel Vargas. Tan estupendamente logrado, que pese al éxito obtenido y a tantísimos discos vendidos, ninguna orquesta quiso repetir la experiencia de llevarlo a su repertorio. Porque D'Agostino, Vargas, Cadícamo, y Attadía con sus variaciones acompañando al recitado, habían realizado una obra genial, perfecta. Una pintura tan linda, el almacén de palabras y música, la poesía zahareña de la calle, que diría César Tiempo, y la interpretación de Angelito Vargas, que parecía describir una esquina de su barrio natal, Parque Patricios.

Ya sabemos que el título y la simbología paisajística que emplea Cadícamo para crear su verso y su estremecimiento emocional, la divisó en aquella esquina de las avenidas Montes de Oca y Osvaldo Cruz, donde estaba el café Tres esquinas, luego llamado Cabo Fels. Pero además caminó por el barrio, vio a esas muchachas de delantal que iban o venían de las numerosas fábricas que había en la zona (Noel, Pittaluga, Canale, Bagley, Chocolates Águila, Fabril Financiera, Almacenes de Pescado Santa María, etc.).

La esquina de Montes de Oca y Osvaldo Cruz - foto Germán García Adrasti
                         
También los corralones donde se guardaban los carros y los caballos que  se usaban para distribuir mercaderías, las casitas bajas con jardín adelante, rosales, malvones... La noche tenía una postal distinta y esos esforzados obreros, muchos de ellos inmigrantes, ya habían adoptado las costumbres porteñas y tomaban mate bajo la sombra que da el parral, algo que no faltaba en aquellas casas-chorizo, a la entrada, y del que se extraían los racimos de uvas. Cadícamo lo dice revelando todo ese decorado humano y pintoresco que tenían los barrios del sur porteño.

Yo soy del barrio de Tres esquinas
viejo baluarte de un arrabal,
donde florecen como glicinas
las lindas pibas de delantal...
donde en la noche tibia y serena
su antiguo aroma vuelca el malvón
y bajo el cielo de luna llena
duermen las chatas del corralón...

Sí, así era aquel barrio de Barracas que caminé en mi adolescencia, cuando acompañé alguna vez a mi padre a visitar a un paisano de su pueblo español. De todos modos, los que vivíamos en Parque Patricios, estábamos envueltos en un paisaje parecido, aunque alejado del Riachuelo, que era la frontera de Barracas con Avellaneda y el sur de la provincia de Buenos Aires. Y el tango sonaba en nuestros oídos con la misma llamada y frecuencia, en toda la zona sur de la capital.

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental...
Soy de ese barrio que toma mates
bajo la sombra que da el parral...
En sus ochavas compadrié de mozo,
tiré la daga por un loco amor,
quemé en los ojos de una maleva
la ardiente ceba de mi pasión.

                       


Cadícamo no tocaba de oreja, vivió en Floresta, pero conoció toda la algarabía y energía de esos barrios. Sus giros, sus hallazgos sentimentales, la vigencia del tango en la urbe... Todo ello cobra vida en esas historias rimadas mostrando un arrabal con la nostalgia del inmigrante, el almacén de la esquina, el bullicio juvenil, decorado y gestos vivos que atraviesan el tiempo, percibiendo muy bien el pulso de la época. Y coloreando la grisura de los barrios pobres.

Nada hay más lindo ni más compadre
que mi suburbio murmurador,
con los chimentos de las comadres
y los piropos del Picaflor...
Vieja barriada que fue estandarte
de mi arrojos de juventud...
Yo soy del barrio que vive aparte
en este siglo de Neo-Lux.

Qué emoción ver D'Agostino, a Cadícamo, a Attadía, la orquesta y a Angelito Vargas cantándolo. Una marcha atrás en el tiempo que me sumerge  en recuerdos hermosos de todo tipo. Sobre todo por haber conocido a varios de ellos...

                                 

                            

1 comentario:

  1. El barrio que vive aparte en este siglo de Neo Lux , que frase! .Hermosa combinacion de talentos, con un resultado tan autentico.

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