En 1930, la empresa Discos Nacional, organizó un Concurso de tangos y el primer premio lo obtuvo el tango "Linyera", con versos de María Luisa Carnelli (que firmaba como Luis Mario), y música de Juan de Dios Filiberto. El tema no tuvo un gran recorrido, pero las versiones grabadas de la orquesta de Francisco Canaro, cantando Ada Falcón o Charlo, le dieron vida durante años.
El término Linyera es lunfardo, proviene del piamontés jergal lingéra: que significa: pandilla de vagabundos y éste del piamontés Llinger: pobre. Una voz traída a la argentina por los inmigrantes piamonteses, quienes repetían una canción en la que aparece la voz Lingera con el significado de "pandilla errante" y una de cuyas variantes se canta en Gabino el mayoral, de Enrique García Velloso.
José Gobello que estudió muy bien los orígenes de nuestras palabras lunfardas y elaboró un diccionario maestro sobre el tema, nos ilustró definitivamente sobre esta palabrería que fueron incorporando a nuestra comunicación los inmigrantes de distintos países de Europa, especialmente los italianos. Los primeros de la mayoría de estos que se mudaron a Argentina, fueron campesinos norteños originarios de regiones como Piamonte.
María Luisa tuvo problemas con su padre que rechazaba el tango "por ser una música cuyas letras estaban dedicadas al malevaje, a gente de mala raíz y mal vivientes". Pero sus hermanos lo escuchaban a escondidas, para hacerlo le quitaban la bocina al gramófono para que apenas se pudiera escuchar el disco. Así conoció el tango. Contaba que cierta vez una hermana tuvo la ocurrencia de bailar un tango en una casa de familia y el padre la castigó por haberlo hecho.
Según aquellos que la conocieron tenía una voz canyengue y halagadora de la zeta, era menuda y afable, conversadora, memoriosa y puntual a las citas. Fue la primera mujer letrista de tango y la más fecunda pero, por las características machistas de la época y para no contradecir a su familia, firmaba sus obras utilizando los dos seudónimos mencionados: Mario Castro (nombre de su hijo) y Luis Mario (su nombre invertido y masculinizado).
En un reportaje lo explicó así: “Mi padre, por supuesto, jamás supo que era yo quien los escribía. Él no quería que yo fuera demasiado libre”. En estos versos que musicalizó con éxito Filiberto, se pone en la piel de aquellos vagabundos tildados de linyeras que caminaban con su fardo al hombro, y podían pasar por las casas de barrios pidiendo limosnas. O trabajar accidentalmente en algo para volver luego a vagabundear.
¡Cierta noche fue del barrio y de mi hogar!
No quisiera recordar,
por mala estrella me alejé,
firme en el dolor,
me largué a vagar
hacia algún lugar
donde la traición
no pueda herir el corazón.
Al pasar, ¡linyera!, oigo murmurar,
los que son felices como yo no fui
tras de mí sus burlas, suelen arrojar,
tal vez sin advertir
que sobre un dolor
cien más han de abrir.
Siempre voy en pos de vana ilusión,
y al caer la noche túrbame el llorar
soñador de algún lejano acordeón,
que historia en su sonar
mi vida de azar,
mis penas de amor.
Bajo el chaparrón,
caminando sin sentir
se lavará mi corazón
del barro del sufrir.
Esperando un sol
arrastrando voy
de felicidad,
como un caracol,
mi suerte en larga soledad.
(Escuchamos la interpretación de Canaro, cantando Charlo. Lo llevaron al disco el 3 de diciembre de 1930.)








